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Muy buenas noches, amados hermanos y amigos presentes aquí en Guayaquil, Ecuador.  Reciban saludos de mi esposa y de América también. Es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo cristiano alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Para lo cual leemos en el libro del Exodo, capítulo 34, versos 5 al 9, donde dice:

“Y Jehová descendió en la nube, y estuvo allí con él (o sea, con Moisés), proclamando el nombre de Jehová.

Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad;

que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y la cuarta generación.

Entonces Moisés, apresurándose, bajó la cabeza hacia el suelo y adoró.

Y dijo: Si ahora, Señor, he hallado gracia en tus ojos, vaya ahora el Señor en medio de nosotros; porque es un pueblo de dura cerviz; y perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado, y tómanos por tu heredad.”

Que Dios bendiga nuestra alma con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema es: “APROVECHANDO LA MISERICORDIA DE DIOS,” la cual es grande, y la cual es guardada por Dios y extendida a todos los que Le buscan en el tiempo en que El está extendiendo esa Misericordia.

Este pasaje aquí nos habla de la Misericordia de Dios y de lo grande que es la Misericordia de Dios. Dios en Su Misericordia le ha dado tiempo al ser humano para que se arrepienta de sus pecados y busque a Dios. Y toda persona que viene a este planeta Tierra, por cuanto viene por medio de una raza caída, la cual cayó en el huerto del Edén; cuando Adán y Eva cayeron allí en el huerto del Edén, cayeron de la vida eterna al pecar.

Ahora, toda persona que nace por medio de la unión de un hombre y de una mujer, pertenece a esa raza caída. Adán es la cabeza de esa raza caída, la cual recibió muerte. Y por eso nacemos, vivimos un tiempo, y después muere nuestro cuerpo; se pone viejo, porque es una raza caída, la raza en la cual nosotros vivimos, es una generación... dice Jesús y Juan el Bautista y demás profetas: una generación perversa, pecaminosa; la cual por medio de la Palabra, Dios dictó el juicio de la muerte; porque la paga del pecado es muerte.

Y ahora, todo ser humano que viene a esta Tierra ha tomado un cuerpo mortal, corruptible y temporal al nacer en esta Tierra por medio de sus padres terrenales; y ha recibido un espíritu del mundo, o sea, de la quinta dimensión —y la quinta dimensión es el infierno.—

Cristo dijo a Nicodemo, el cual buscaba el Reino de Dios, le dijo: “De cierto, te digo que el que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios.” Nicodemo pensó en un nacimiento natural como el que ya había tenido en la Tierra, pero Jesús le enseñó que no era esa clase de nacimiento. Nicodemo le dice: ¿Cómo puede hacerse esto? ¿Puede acaso un hombre ya siendo viejo, entrar en el vientre de su madre y nacer de nuevo?

Nicodemo era un gran maestro. Jesús le llama “El maestro de Israel”; y no sabía el misterio de cómo nacer de nuevo para tener vida eterna, para entrar al Reino de Dios.

Y ahora, Cristo le dice (le dice Cristo a él): “De cierto, de cierto, te digo que el que no nazca del agua y del espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del espíritu, espíritu es.”

Y ahora Cristo le enseña aquí a Nicodemo el nuevo nacimiento, para que así como Nicodemo toda persona tenga la oportunidad de nacer de nuevo, y así entrar al Reino de Dios y entrar a una Nueva Raza con vida eterna, de la cual Jesucristo nuestro Salvador es la Cabeza. Por eso se le llama en la Biblia... San Pablo en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 42 en adelante le llama el Segundo Adán.

Y ahora, la decendencia, los hijos del Segundo Adán son los que reciben a Cristo como su Salvador, arrepentidos de sus pecados y lavan sus pecados en la Sangre de Cristo, y son bautizados en Su Nombre y reciben el Espíritu Santo y así nacen de nuevo, y así han nacido del agua y del espíritu.

Ahora vean la forma tan sencilla de nacer de nuevo, y así entrar en el Reino de Dios. Se nace así en el Reino de Dios y la persona obtiene un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, y para el Día Postrero, para el Día de la Redención, tiene la promesa de que su cuerpo físico será redimido; o sea, eso significa: será transformado, si está vivo, y tendrá un cuerpo eterno, inmortal e incorruptible; y los que ya partieron serán resucitados en cuerpos eternos, esa es la Redención del cuerpo para ellos; y para nosotros, pues nuestra transformación, si permanecemos vivos hasta que los muertos en Cristo resuciten.

Ahora, el ser humano necesita mientras la Misericordia de Dios está disponible, recibir esa Misericordia de Dios.

¿Y cómo recibimos la Misericordia de Dios? Recibiendo a Cristo como nuestro Salvador, lavando nuestros pecados en Su Sangre, siendo bautizados en Su Nombre, y recibiendo Su Espíritu Santo; y así obtenemos la Misericordia de Cristo; y así es como nacemos en el Reino de Dios, que es la Iglesia del Señor Jesucristo. La Iglesia del Señor Jesucristo es la Familia de Dios, la descendencia de Dios, los hijos e hijas de Dios redimidos por la Sangre de nuestro amado Señor Jesucristo.

Hemos llegado a este planeta Tierra con y por un propósito divino, para que nosotros nos identifiquemos con Cristo y ocupemos nuestro lugar en el Reino de Dios, o sea, en la Iglesia del Señor Jesucristo, recibiendo a Cristo como nuestro Salvador, lavando nuestros pecados en Su Sangre y siendo bautizados en Su Nombre, y recibiendo Su Espíritu Santo; y así naciendo en el Reino de Dios. Y así nosotros como hijos e hijas de Dios, tomando nuestro lugar en la vida eterna, confirmando nuestro lugar en la vida eterna.

Aquí en la Tierra es que nosotros confirmamos nuestro lugar en la vida eterna, aquí es donde la persona confirma si va a vivir eternamente, o no va a vivir eternamente.

¿Y quiénes son los que no van a vivir eternamente? Pues los que no aprovechan el tiempo en que la Misericordia de Dios está extendida para el ser humano, y no reciben a Cristo como su Salvador. Y por esa causa esas personas no han confirmado su vida, o su lugar en la vida eterna. Es como cuando una persona va o quiere viajar para otra nación en un vuelo aéreo, pues tiene que comprar un boleto, y tiene que confirmar el día en que va a viajar; y después viene una re-confirmación también.

Ahora, recibir el boleto, eso es recibir el nuevo nacimiento. Al recibir a Cristo como su Salvador y recibir Su Sangre y ser limpiado con Su Sangre y recibir Su Espíritu Santo, la persona ha obtenido el boleto para volar a la Casa de nuestro Padre Celestial; y tiene que ser reconfirmado. Y esa re-confirmación para el Día Postrero nos dará a nosotros un cuerpo eterno, inmortal, incorruptible; porque sin un cuerpo eterno no podemos salir hacia la Casa de nuestro Padre Celestial.

Ahora, podemos ver que hay muchas personas en la Tierra que no tienen boleto para ir a la Casa de nuestro padre Celestial, para vivir eternamente; no han sacado el boleto, ni han confirmado su boleto; por lo tanto, no tienen derecho a vivir eternamente; pero tuvieron la oportunidad estando aquí en la Tierra.

Miren lo que dice el Evangelio según San Juan, capítulo 3, verso 12 en adelante, dice así:

“Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?”  Esto es cuando está hablando con Nicodemo.

“Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del hombre, que está en el cielo (y estaba en la Tierra, pero también estaba en el Cielo; vivía en dos dimensiones a la misma vez).

Y como Moisés levanto la serpiente en el desierto, así es necesario que el hijo del hombre sea levantado.”

Moisés levantó una serpiente de bronce en el desierto cuando los hijos de Israel al pecar ante Dios, fueron mordidos por serpientes venenosas; y estaban muriendo por millares, los hijos del pueblo hebreo, los hijos de Israel. Pero Dios le dijo a Moisés que levantara una serpiente de bronce, y toda persona que era mordida por serpientes venenosas mirase - mirara a esa serpiente de bronce levantada, y la persona no moriría; o sea que sería anulado el veneno de la serpiente venenosa.

¿Y por qué una cosa tan sencilla como esa lograba hacer ese milagro? Porque aquella serpiente siendo de bronce representaba el juicio divino ya juzgado, y representaba a Cristo en el cual el juicio divino cayó, y fue juzgado nuestro pecado cuando Dios juzgó a Cristo y murió por todos nosotros; porque en Cristo fue hallado todo nuestro pecado, El tomó nuestros pecados; por lo tanto, la muerte que nosotros teníamos que recibir, la recibió Cristo en la Cruz del Calvario; y se hace efectivo todo ese Sacrificio en la vida de la persona, cuando la persona recibe a Cristo como su Salvador.

Y ahora, podemos ver el porqué aquella serpiente que fue levantada, al mirar a esa serpiente la persona quedaba libre del veneno del pecado, del efecto del veneno del pecado. Y cuando las  personas  miran  a Cristo crucificado, miran a Cristo y Su Sacrificio en la Cruz del Calvario, y lo reciben como su Salvador, el veneno, el pecado, que la serpiente en el Huerto del Edén colocó en la raza humana, queda anulado, y entonces puede seguir viviendo la persona para toda la eternidad, recibe vida eterna, es restaurado a la vida eterna.

Ahora, vean, aquellas personas que eran mordidas por serpientes venenosas estaban condenadas a la muerte al ser mordidas; y todo ser humano ha sido condenado a la muerte porque la raza humana fue mordida por la serpiente allá en el huerto del Edén, y colocó el veneno del pecado; por lo tanto la paga del pecado es muerte.

Por eso es que Cristo y los apóstoles como San Pedro también y demás apóstoles y los profetas, decían: “Sed salvos de esta perversa generación, de esta generación pecadora”; es por causa de que todos pecaron, y todos están destituídos de la Gloria de Dios, a causa del pecado allá en el Huerto del Edén. Pero la Sangre de Cristo nos limpia de todo pecado, y quita la muerte que produce el pecado, lo quita de nosotros, y hace nulo, hace nula esa mordida de la serpiente allá en el huerto del Edén; la cual colocó veneno, el veneno del pecado, en la raza humana.

¿Y el veneno de la serpiente venenosa qué produce? La muerte. ¿Y el pecado que colocó la serpiente allá cuando hizo pecar a Eva qué produce para la raza humana? La muerte.

Y ahora, podemos ver el porqué Cristo fue levantado en la Cruz del Calvario, como Moisés levantó la serpiente en el desierto. Sigue diciendo:

“Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado (¿Para qué?).

Para que todo aquel que en él cree, no se pierda,, más tenga vida eterna.”

¿Ven la forma tan sencilla de obtener la vida eterna? Así como el pueblo miraba aquella serpiente de bronce, cuando estaban mordidos por serpientes venenosas, y por consiguiente estaban condenados a muerte, iban a morir, solamente una mirada a aquella serpiente de bronce levantada, los libraba de la muerte.

Y una mirada de fe a Jesucristo, nuestro Salvador, crucificado, llevando a cabo la Obra de Redención en la Cruz del Calvario, nos da vida eterna, nos libra de la muerte, libra nuestra alma de la muerte, tanto de la muerte espiritual como de la segunda muerte que es el lago de fuego, donde serán echadas las personas en cuerpo, espíritu y alma, y dejarán de existir. Pero con una mirada de fe a Cristo, llevando a cabo Su Sacrificio en la Cruz del Calvario, nos libra de la muerte y del pecado, o del pecado y de la muerte.

“Para que todo aquel que en El cree no se pierda, más tenga vida eterna.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en El cree, no se pierda, más tenga vida eterna.”

Para que todo aquel que en El cree no se pierda, más tenga vida eterna. ¿Si no se pierde qué sucede? Entonces tiene vida eterna. Pero si se pierde, entonces no tiene vida eterna.

“Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por El.

El que en El cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el Nombre del unigénito Hijo de Dios.

Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.”

Podemos ver que para el ser humano solamente hay dos cosas, de las cuales solamente una puede escoger: la vida o la muerte; la bendición o la maldición. Y solamente puede de esas dos cosas escoger una. Si escoge la vida vivirá eternamente.

¿Y cómo se escoge la vida? (Porque todo el mundo quiere vivir eternamente) Se escoge la vida recibiendo a Cristo como su Salvador, lavando nuestros pecados en Su Sangre, recibiendo el bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo y recibiendo Su Espíritu Santo; y así nacemos de nuevo, nacemos en el Reino de Dios, nacemos en la Iglesia del Señor Jesucristo como hijos e hijas de Dios, y así obtenemos vida eterna.

Dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en El cree, no se pierda, más tenga vida eterna.”

¿Y esa vida está escondida en quién? En Jesucristo nuestro Salvador.

“Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mi.” [San Juan, capitulo 14, verso 6].

No busque la vida eterna en otra persona, solamente en Jesucristo. No busque el camino hacia Dios en otra persona, sino en Jesucristo nuestro Salvador. No busque la verdad en otra persona, sino en Jesucristo nuestro Salvador.

Y ahora, el que no cree, ya es condenado; o sea, que la persona está condenada; y si no cree, pues está condenada, no puede vivir eternamente. La única forma de salir de esa situación es creyendo en Cristo como nuestro Salvador, lavando nuestros pecados en Su Sangre y recibiendo el bautismo en agua en Su Nombre y recibiendo el Espíritu Santo; para así salir de la condenación y de la muerte, para poder vivir con Cristo por toda la eternidad.

Por eso ustedes encuentran que cuando San Pedro predicó su primer Mensaje el día de Pentecostés, cuando ya estaba lleno del Espíritu de Dios, San Pedro al presentar a Cristo como nuestro Salvador, presentar a Cristo resucitado para Salvación de todo aquel que en El cree. Le preguntan a Pedro y a los otros apóstoles: “Varones, hermanos, ¿qué haremos?” Hubo miles de personas allí escuchando. Y ahora veamos en el capítulo 2, verso 37 en adelante del libro de los Hechos:

“Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

 Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: sed salvos de esta perversa generación.

Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.”

Tres mil personas sedientas de vida eterna, tres mil personas que vieron la Puerta de la Misericordia abierta cuando Pedro les predicó, y aprovecharon la Misericordia de Dios que estaba disponible para ellos allí.

Así ha estado sucediendo de edad en edad y de siglo en siglo, hasta este tiempo final. Pero esa Puerta de la Misericordia va a ser cerrada en este tiempo final en algún momento, cuando entre hasta el último de los escogidos de Dios entonces se cerrará la Puerta de la Misericordia, y el que esté sucio ya no podrá ser limpio con la Sangre de Cristo, porque ya la Sangre de Cristo no estará en el Trono de Intercesión en el Cielo, haciendo Intercesión; ya esa Puerta de Misericordia, que es la única oportunidad que tiene el ser humano aquí en la Tierra se habrá cerrado.

De esto también nos habló San Lucas en el capítulo 13, versos 22 al 25, donde dice:

“Pasaba Jesús por ciudades y aldeas, enseñando, y encaminandose a Jerusalén.

Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo:

Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.

Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor ábrenos, El respondiendo os dirá: no sé de donde sois.”

Cuando Cristo, el Padre de la Familia cierre la Puerta, de ahí en adelante las personas podrán arrepentirse de sus pecados, clamar a Dios por Misericordia, pero ya se habrá cerrado la Puerta conforme a estas palabras de Jesús, ya la Puerta de la Misericordia que es Cristo se habrá cerrado, y por consiguiente lo que les esperará a todos los seres humanos que no aprovecharon la oportunidad que tuvieron de recibir la Misericordia de Dios, lo que les esperará será el juicio divino de la gran tribulación, donde las plagas caerán sobre la raza humana, y en donde será el lloro y el crujir de dientes.

En la parábola también de las diez vírgenes encontramos que Cristo nos presenta un cuadro claro de lo que será en el Día Postrero, en el tiempo final, en el cual nosotros estamos viviendo. Nos dice en el capitulo 25 de San Mateo, versos 10 en adelante, dice:

“Pero mientras ellas iban a comprar (o sea, las vírgenes insensatas o fatuas que no tenían aceite en sus lámparas)...”

“Pero mientras ellas iban a comprara aceite, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él (con Cristo) a las bodas; y se cerró la puerta.

Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos!

Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco.

Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir.”

¿Y cómo tienen que estar las personas velando? Tienen que estar las personas velando, vigilando por la Segunda Venida de Cristo, arrepentidos de sus pecados, habiendo lavado sus pecados en la Sangre de Cristo, habiendo sido bautizados en el Nombre del Señor Jesucristo en agua, y habiendo recibido el Espíritu Santo, para así estar nacidos de nuevo, nacidos en la Casa de Dios, y ser hijos e hijas de Dios, descendientes del Segundo Adán que es Jesucristo.

Así es como todo ser humano tiene que esperar la Venida del Hijo del Hombre. Porque dice Jesucristo en San Mateo, capítulo 16, verso 24 en adelante, dice:

“Entonces dijo Jesús a sus discípulos: si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.

Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.

Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su padre con sus ángeles, y entonces pagará  a cada uno conforme a sus obras.

De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su Reino.”

Y luego llevó a Pedro, a Jacobo y Juan, a un monte alto, al monte de la transfiguración, se transfiguró delante de ellos; aparecieron con Jesús, uno a cada lado, Moisés y Elías. Y allí Dios le mostró a los discípulos lo que será la Venida del Hijo del Hombre en Su Reino, en el Día Postrero. Allí fue visto Jesús con Su rostro resplandeciente como el sol y Sus vestiduras resplandecientes como la luz.

Y ahora, todo eso siendo una visión, muestra lo que será la Venida del Hijo del Hombre en el Día Postrero, para pagar a cada uno conforme a sus obras. Quizás hay personas que dicen: “Yo voy a esperar la Venida del Señor para entonces arrepentirme y recibirlo como mi Salvador.”

La Venida del Señor se espera ya uno arrepentido de los pecados y convertido a Cristo, habiendo lavado sus pecados en la Sangre de Cristo y habiendo sido bautizado en Su Nombre, y habiendo recibido el Espíritu Santo. Porque El viene para pagar a cada uno según sea su obra. Unos recibirán el pago del juicio divino que caerá durante la gran tribulación, otros recibirán el pago divino de la transformación, en donde recibirán un cuerpo nuevo y eterno, e irán con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Y ahora, mientras la Misericordia de Dios está disponible para toda persona, hay que aprovechar esa oportunidad, porque cuando ya no se tenga esa oportunidad, ya en vano las personas podrán decir: “Yo quiero recibir a Cristo como mi Salvador.” Pero ya no habrá Sangre sobre el Propiciatorio en el Cielo, ya entonces las personas tienen que atenerse al juicio divino de la gran tribulación que ha de venir sobre la raza humana. El que no cree, ya ha sido condenado. Pero el que cree tiene vida eterna, recibe vida eterna; por lo tanto, no vendrá a condenación, ha pasado de muerte a vida eterna.

“APROVECHANDO LA MISERICORDIA DE DIOS”; como Noé y su familia aprovecharon la Misericordia de Dios, estuvieron trabajando en la construcción del Arca, o sea, estuvieron trabajando en la Obra de Dios, que era la construcción del Arca, y con sus pecados confesados a Dios y cubiertos con la sangre de aquellos sacrificios que Noé llevaba a cabo, los cuales eran tipo y figura del Sacrifico de Cristo en la Cruz del Calvario.

Cuando Noé y su familia ya terminaron la labor y Dios les dijo que entraran al arca, entraron al arca también los animales, aves y reptiles; y luego Dios cerró la puerta; estuvo disponible la Misericordia de Dios desde Adán hasta Noé. Y aún cuando ya Enoc predica que Dios vendrá con Sus  millares de ángeles para hacer juicio en la Tierra (profecía que tiene doble cumplimiento), se cumplió ya en el tiempo de Noé. Pero ahora Cristo dice que la Venida del Hijo del Hombre será como en los días de Noé. Por lo tanto, esa profecía de Enoc vuelve a cumplirse en este tiempo final; esa profecía tiene un doble cumplimiento, porque ahora vivimos nuevamente en tiempos paralelos a los de Noé [San Judas 1:14-15 - Editor].

La Venida del Hijo del Hombre con Sus ángeles es la promesa de Dios para este tiempo final, para bendición de los que han aprovechado la Misericordia de Dios, recibiendo a Cristo como su Salvador y recibiendo Su Espíritu Santo, y así naciendo de nuevo. Pero también será de juicio divino para los que despreciaron la Misericordia de Dios.

La Misericordia de Dios por última vez en los tiempos ante-diluvianos se manifestó en el tiempo de Noé. En el tiempo de Noé la Misericordia de Dios estaba siendo manifestada por última vez, y en todo el ministerio de Noé, desde que Dios le habló para que construyera el arca, pues Dios le dijo que iba a destruir la raza humana; todo ese tiempo la Misericordia de Dios y la Paciencia de Dios estaba esperando, ¿esperando qué? Esperando que Noé construyera el arca, terminara el arca. Porque no destruirá Dios al justo con el injusto.

Si Dios destruye la raza humana antes de Noé terminar el arca, si trae el diluvio, Noé también y su familia, morirían. Pero la Misericordia de Dios y la Paciencia de Dios estaba extendida por causa de Noé. Pero cuando Noé terminó, completó, el arca, entonces Dios le dijo: “Ahora entren al arca, porque dentro de siete días viene el diluvio, de aquí a siete días.”

Y ahora, todo eso es tipo y figura de lo que estará pasando en este tiempo final, pues Cristo dijo que como en los días de Noé será la Venida del Hijo del Hombre, como en los días de Noé que no conocieron y vino el diluvio y se los llevó a todos.

Ser ignorante en las cosas espirituales, en las cosas de Dios, es la cosa más triste para una persona.  La ignorancia no es causa para la persona decir: “Yo no lo sabía.” Pues miren: los que no lo sabían, los que no conocieron los días de Noé, vino el diluvio y se los llevó. Pero saben ustedes: cuando estuvo cayendo el diluvio, entonces sí: “Ahora si creemos, ahora sí sabemos que lo que Noé predicaba era la verdad.” Pero ya era demasiado tarde, demasiado tarde. Ellos no reconocieron que el Mensaje de Noé era verdadero y que Noé era el verdadero profeta de Dios para aquel tiempo. Pero ya la puerta estaba cerrada y Noé dentro, a salvo.

Y ahora, muchas personas podrán decir como podían decir en el tiempo de Noé: “Hace ya muchos años que están  predicando que viene un juicio divino.” Podían decir: “Enoc estuvo predicando que vendría un juicio divino, y ya Enoc desapareció y no vino el juicio divino. Y ahora Noé, descendiente también de la línea de Enoc, todavía continúa con el mismo Mensaje diciendo que viene el juicio divino sobre la raza humana.”

Y miren, podían decir: “Mire, ya lleva 10 años predicando lo mismo y no ha sucedido.” Y después, más adelante podían decir: “Ya lleva 20, y tampoco ha sucedido.” Después  más adelante podían decir: “Ya lleva 30, y tampoco ha sucedido. ¿Ven que no va a suceder nada?” Podían decir así. Pero no sabían que era que la Paciencia de Dios se estaba agotando poco a poco, era la Paciencia de Dios, Dios teniendo Paciencia con Noé. Noé tenía que construir el arca para él y su familia ser salvos del juicio divino.

Muchas personas pensaban: “Es que Noé esta loco. Dice que viene un juicio divino, que viene un diluvio, y miren, no ha sucedido nada.” Pero cuando Noé terminó el arca, la gente podían decir: “¿Ven? Ahora tiene ahí un barco muy grande, colocado ahí en un lugar alto, acabó con los árboles, hizo un barco, y ahora ¿cómo va a nadar ese barco, si no tiene agua ahí?” Podía ser para muchas personas un centro turístico, ese lugar; y quizás las personas que venían, miraban y se echaban a reír: “¡Un loco más!”

Pero cuando entró Noé en el arca y todos los animales, Dios cerró la puerta, y entonces podían decir: “Y ahora para colmo, han entrado animales: leones, fieras, de todos estos animales, dentro del arca, y Noé también. ¡Pobrecito Noé y su familia!.” Pero Noé podía decir desde dentro: “¡Pobrecita gente que está fuera!. Se les acabó el tiempo de Misericordia, no lo aprovecharon.” Miren, a Noé no lo tenían en alta estima; solamente ocho personas se salvaron.

¿Saben lo que significa que de millones de seres humanos solamente ocho personas se salven? Algunas personas dicen: “Es que no puede venir un juicio divino, porque Dios es amor.” Eso mismo proclamaban en aquel tiempo. Y es verdad que Dios es Amor. Pero también dice la Escritura: “Pero es fuego consumidor.”

Y ahora cuando se agota la Misericordia de Dios, cuando se agota la Paciencia de Dios, la Puerta de la Misericordia es cerrada, y entonces Dios es fuego consumidor; y trae el juicio divino, porque Dios es Justo. Y el juicio divino es una manifestación de la Justicia Divina en contra de los que violan las leyes divinas, y en favor de los que sirven a Dios y guardan las leyes divinas.

Y ahora, miren ustedes, Noé ya en el arca estaba tranquilo, los que estaban afuera se estaban burlando. Pero cuando comenzaron a sentir agua cayendo, podían decir: “Cuidado, si Noé tiene razón.. Cuidado si Noé pega eso que él dijo.” Y cuando sigue cayendo agua, y ya es un aguacero, entonces sí que estaban bien asustados. ¿Pero para dónde iban a ir? No tenían ni donde esconderse. ¿Por qué? Porque habían despreciado la Misericordia de Dios por última vez.

Siempre la Misericordia de Dios cuando es despreciada por última vez, es despreciada cuando Dios tiene el ministerio final, el profeta final que envía; porque ahí hay un lapso de tiempo en donde Dios extiende Su Misericordia por última vez, teniendo Paciencia, la Paciencia de Dios esperando que termine la labor de ese profeta Mensajero, porque es enviado para llevar a cabo una labor en favor de todos los que tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

Y estando ese Profeta en la Tierra, la Misericordia de Dios estará manifestada; porque Dios estará esperando que ese Mensajero termine Su Obra, la Obra de Dios a través de ese Mensajero es manifestada; lo que Dios ha prometido hacer para ese tiempo, en favor de su pueblo, es hecho, y cuando la labor termina y están dentro de esa labor de Dios, y son sellados dentro, la Puerta de la Misericordia se cierra y la Paciencia de Dios llegó hasta ahí.

Dios soportó aquella generación todos esos años, aunque ya cuando Noé comenzó a construir el arca, ya se merecían que en ese momento Dios los destruyera; pero la Paciencia de Dios fue por causa de Noé.

Vean, con toda la predicación de Noé por 100 ó 120 años, ninguno se salvó; solamente entraron al arca Noé y su familia. Podían decir: “Pero Dios no va a destruir tanta gente.” Pues miren: destruyó todos aquellos millones de seres humanos, y solamente se salvaron ocho personas.

Ahora, podemos ver que la Misericordia de Dios ha estado extendida desde los días de Jesucristo y Su Sacrificio en la Cruz del Calvario, está extendida en una nueva dispensación, la Dispensación de la Gracia. Y hemos visto cómo millones de seres humanos han entrado al Reino de Dios: porque han visto la Puerta de la Misericordia abierta y han aprovechado la Misericordia de Dios que ha estado disponible para los seres humanos.

Se ha estado escuchando aún por los apóstoles,  por el mismo Jesús, por los apóstoles y por los siete ángeles mensajeros de las siete edades de la Iglesia o siete etapas, que viene el juicio divino. Alagunas personas podrán decir: “Los apóstoles predicaron que venía el juicio divino, y no ocurrió.” Pero vendrá el juicio divino de la gran tribulación, y todas esas plagas que están profetizadas que caerán durante la gran tribulación, han de caer.

Cuando se haya completado la Iglesia de Jesucristo, cuando haya entrado hasta el último de los escogidos al Cuerpo Místico de Cristo, habiendo recibido a Cristo como su Salvador, lavado sus pecados en Su Sangre y bautizado en Su Nombre, y habiendo recibido Su Espíritu Santo, y así obteniendo el nuevo nacimiento, entonces la Puerta de la Misericordia el Padre de Familia la cerrará, Cristo la cerrará, y entonces el tiempo de Misericordia para la raza humana habrá terminado, el tiempo de Misericordia para los gentiles habrá terminado, y ya la plenitud de los gentiles habrá entrado; porque la plenitud de los gentiles entrando, son nada menos que los hijos e hijas de Dios naciendo en el Reino de Dios, y completándose así el número de los escogidos de Dios en la Iglesia de Jesucristo; y así la plenitud de los gentiles se habrá cumplido, la plenitud de los gentiles tiene que ver con la Iglesia, y el tiempo de los gentiles tiene que ver con el reino de los gentiles.

Y ahora, la plenitud de los gentiles termina primero, entra la plenitud de los gentiles al Cuerpo Místico de Cristo, se completa la Iglesia de Jesucristo; y luego los muertos en Cristo serán resucitados en cuerpos eternos, nosotros los que vivimos seremos transformados, y estará completa la Iglesia de Jesucristo con cuerpos eternos, estarán aquí con nosotros y estaremos en el nuevo cuerpo aquí en la Tierra como 30 o 40 días; y después iremos con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, y entonces los juicios divinos caerán sobre la raza humana, ya no habrá Misericordia para la raza humana.

Ahora, el tiempo de los gentiles, que es el tiempo del reino de los gentiles, continuará un poquito más, por tres años y medio, bajo el gobierno del anticristo, de la bestia. Pero los juicios divinos caerán sobre el reino de la bestia, y quitará el reino de la bestia y será establecido el Reino de Jesucristo en este planeta Tierra, y Cristo gobernará sobre el Trono de David, sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones. Para las naciones, para los gentiles y para el reino de los gentiles, y para las naciones, el tiempo de Redención se les ha acabado, a todas las naciones en las cuales se cumplieron las siete edades.

Y ahora, solamente hay un territorio donde la Misericordia de Dios está extendida, y desde ahí se extiende a todo ser humano que quiera aprovechar la Misericordia de Dios.

Ese territorio donde la Misericordia de Dios está extendida para seres humanos, llamando y juntando los escogidos de Dios, es la América Latina y el Caribe. Pero algún día se completará el número de los escogidos de Dios, en el Cuerpo Místico de Cristo, en la Edad de la Piedra Angular. Y cuando se complete, siendo que esa es la Edad del Trono, en esa Edad en donde Cristo se manifiesta como Sumo Sacerdote; así como se manifestó en cada edad, intercediendo en el Cielo como Sumo Sacerdote... cuando se complete el número de los escogidos de Dios en la Iglesia de Jesucristo, Cristo cambiará de Obra. De Cordero cambiará a León de la Tribu de Judá. Y de Sumo Sacerdote, de Intercesor, cambiará a Juez y entonces hablará no Misericordia, sino juicio para naciones, pueblos, lenguas y reyes; y les dará a conocer que ya el tiempo se acabó, y les dirá las cosas que estarán viniendo sobre la raza humana, señalará también naciones y la desaparición de naciones.

Y ahora, podemos ver el porqué también nosotros oramos por la América Latina y el Caribe, y le pedimos a Cristo que le permita entrar al glorioso Reino Milenial de Jesucristo: porque la Misericordia de Dios está extendida en la América Latina y el Caribe, para que los que tienen sus nombres en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, aprovechen la Misericordia de Dios extendida por última vez en este planeta Tierra, en el Cuerpo Místico de Cristo, en la Edad de la Piedra Angular.

Así está extendida la Misericordia de Dios, de Cristo, en la América Latina y el Caribe, hasta que se complete la labor de Cristo, de la creación de Su Templo Espiritual, de Su Iglesia. Y pronto se completará esa labor, y Cristo cerrará la Puerta. El es el que tiene la llave de David, y El es el que cierra y ninguno abre; y abre y ninguno cierra.

Cuando cerró la puerta del arca, nadie la podía abrir. Cuando cerró la Puerta de la Dispensación de la Ley, nadie ha podido abrir esa Puerta; ya esa dispensación termino. Y cuando El cierre la Puerta de la Dispensación de la Gracia, ya por esa Puerta nadie más podrá entrar para recibir salvación, nadie más podrá recibir a Cristo como su Salvador, lavar sus pecados en la Sangre de Cristo y recibir el Espíritu Santo y así recibir salvación; porque ya esa Puerta de salvación estará cerrada.

Pero mientras está abierta esa Puerta, toda persona que tiene su nombre escrito en el cielo, en el Libro de la vida del Cordero, estará aprovechando la Misericordia de Dios.

Por eso cuando escucha el Mensaje de la Palabra de Cristo, le llega al alma, y la persona se da cuenta que Cristo le está hablando directamente a su corazón, a su alma, ¿para qué? Para que aproveche la Misericordia de Dios que está extendida por última vez en este planeta Tierra.

Este tiempo en que vivimos y este movimiento espiritual en donde la gente está buscando a Cristo en este tiempo final, es que están aprovechando la Misericordia de Dios por última vez.

Hemos visto cómo aprovechar la Misericordia de Dios por última vez: recibiendo a Cristo como nuestro Salvador, lavando nuestros pecados en Su Sangre, siendo bautizados en el Nombre del Señor Jesucristo y recibiendo Su Espíritu Santo, y así naciendo de nuevo.

Hemos visto este misterio de la Misericordia de Dios y cómo está manifestada por última vez en el planeta Tierra, y cómo aprovechar esa Misericordia de Dios disponible para nosotros en este tiempo final.

Toda persona que no ha recibido a Cristo como su Salvador, puede hacerlo en esta noche; y así estará dando un testimonio público de que cree en Jesucristo como su Salvador, mira a Cristo con una mirada de fe para salvación.

Vamos a pedirle al Rvdo. Miguel Bermúdez Marín, pase aquí. Y mientras escuchamos el cántico, meditemos en nuestro corazón, y rindamos nuestro corazón a Jesucristo, nuestro Salvador; porque Jesucristo nos transformará.

“APROVECHANDO LA MISERICORDIA DE DIOS.”

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