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Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes; es para mí una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final. Para lo cual quiero leer en el libro o evangelio según San Juan, capítulo 6, donde dice... capítulo 6, versos 51 en adelante, donde nos dice:

“Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.

Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?

Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.

El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.

Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí.

Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente.

Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“COMIENDO Y BEBIENDO LA CARNE Y LA SANGRE DEL HIJO DEL HOMBRE.”

A través de la historia bíblica podemos ver que antes de aparecer Jesús y hablar acerca de este tema, ya se había reflejado tanto en el libro del Génesis como también en el libro del Exodo, se había reflejado ya todo eso que iba a ser llevado a cabo.

Encontramos en el libro del Génesis cuando le apareció Melquisedec al profeta y patriarca Abraham, allí estaba como Melquisedec, cuando Abraham regresaba de la victoria obtenida sobre aquellos reyes que se habían llevado cautivo a Lot y su familia y demás personas de allá de Sodoma. Y ahora cuando Abraham regresa victorioso, le apareció Melquisedec, Rey de Salén, o sea, de Jerusalén, Rey de Justicia y Rey de Paz; le apareció, le dio pan y vino a Abraham. Abraham pagó los diezmos a Melquisedec, y cuando pagó los diezmos a Melquisedec, San Pablo dice que allí Leví, el cual estaba en los lomos de Abraham, estaba pagando los diezmos a Melquisedec.

Y ahora, siendo que Melquisedec es el mismo Cristo, el Sacerdote del Dios Altísimo, el Sumo Sacerdote del Templo Celestial, encontramos que allí cuando le da pan y vino a Abraham, está apareciendo allí en el Génesis la Santa Cena. Y así como el padre de la fe recibió pan y vino, los hijos de Abraham estarían recibiendo lo que el pan y el vino representan. Porque el pan y el vino representan: el Pan, el Cuerpo de Cristo y el vino representa la Sangre de Cristo.

Y ahora, es Melquisedec el que estaría dándole a la descendencia de Abraham el Pan (Su Cuerpo) y el Vino (Su Sangre) para salvación.

Encontramos que también esto fue representado en el tiempo de Moisés, en el capítulo 2 del Exodo, cuando Dios ordenó al profeta Moisés que le ordenara al pueblo a tomar un cordero de un año, lo tomaban el día diez, un cordero sin defecto, y lo guardaban hasta el día catorce; durante esos días lo examinaban y el día catorce en la tarde lo sacrificaban —eso es la pascua—, colocaban la sangre sobre el dintel y los postes de los hogares, y el cordero lo asaban y lo comían dentro de sus hogares durante la noche de la pascua. O sea, que desde que comenzaba el día de la pascua, ellos comían ese cordero; en la víspera de la pascua, que era el día catorce, lo sacrificaban; y ya comenzaban luego de haberlo sacrificado y haberlo asado y colocado dentro de sus hogares, de haber colocado la sangre sobre el dintel de los postes, comenzaba la pascua, la gran cena pascual, en donde comían el cordero con hierbas amargas.

Y esa era una noche muy especial, porque esa noche Dios heriría a Egipto, y los primogénitos de todos los hogares morirían (de seres humanos y también de los animales). Por lo tanto, las personas que no tenían la revelación divina del cordero pascual siendo sacrificado, y colocada su sangre sobre el dintel y postes de las puertas, y el cordero siendo asado y comido dentro de esos hogares, los que no tenían esa revelación tenían una noche muy difícil, era una noche de luto para todos ellos, era una noche en donde el juicio divino caía sobre todos ellos, sobre todos esos hogares, comenzando con la casa del faraón.

Y ahora, todo esto nos habla del tiempo de la noche que vendría sobre la raza humana, en donde toda persona necesita tener la Sangre del Cordero aplicada en su alma, en su corazón, y estar  comiendo la Carne del Cordero Pascual, que es Cristo.

Y durante estas siete etapas o edades de la Iglesia, la Iglesia ha estado viviendo en el tiempo de la noche, y la muerte ha estado azotando la raza humana —la muerte espiritual— y han estado muriendo espiritualmente millones de seres humanos. Pero aquellos que han tomado la Sangre del Cordero y la han aplicado en el dintel y los postes de la puerta de su corazón, y se han estado comiendo el Cordero, a Cristo, la Palabra, esas personas han sido libradas de la muerte espiritual, esas personas han estado a salvo, y ahora como individuos; y esas personas han estado en una Casa, en una Casa que tiene aplicada la Sangre en el dintel de la Puerta y tiene el Cordero dentro de esa Casa, en donde se están comiendo ese Cordero de edad en edad. Esa Casa es la Casa de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo; y en la Puerta está la Sangre de Salvación, la Sangre del Cordero. Y la Puerta es Cristo.

Por lo tanto, la Sangre del Cordero fue derramada en la Cruz del Calvario, y en Cristo está la Sangre de Salvación. Vean, y Cristo es la Puerta; por lo tanto, el que entra por esa Puerta será salvo. Cristo dijo: “Yo Soy la Puerta de las ovejas.” El dijo: “El que por mí entra será salvo, y hallará pastos.” Comparándose El con la Puerta del Redil de las ovejas y comparando a los hijos de Dios con las ovejas.

Y ahora, en la Casa de Dios, la Iglesia de Jesucristo, se entra por Cristo, la Puerta, y ahí está la  Sangre de la Expiación, la Sangre de Salvación, la Sangre que impide que la muerte entre a esa Casa. La muerte no puede entrar a la Casa de Dios, la Iglesia de Jesucristo, el Cuerpo Místico de Cristo. Y la muerte no puede entrar, la muerte espiritual no puede entrar a su casa, a usted, allá dentro, si la Sangre de Cristo está aplicada en su corazón.

Y ahora, ¿cómo queda aplicada la Sangre de Cristo en la persona? En los tiempos pasados encontramos que llevaban a cabo la pascua y la sangre literal era aplicada en los postes y en el dintel de las casas, allá en la víspera de la pascua. Pero ahora, vean ustedes, el espíritu del animal no podía venir sobre los creyentes, porque era un animal.

Pero ahora cuando ese cordero pascual literal se actualizó y se convirtió en Jesucristo, ahora la Vida de la Sangre de Jesucristo es el Espíritu Santo, y viene al creyente; y ahí el creyente al recibir el Espíritu Santo tiene la Sangre de Cristo aplicada en su alma y la muerte no puede entrar a esa persona; la muerte espiritual no puede entrar. Y esa persona pasa los días de su vida comiendo la Palabra, comiéndose a Cristo, creyendo en Cristo con toda su alma, recibiendo Su Palabra y viviendo en la Iglesia de Jesucristo; o sea, que pertenece al Cuerpo Místico de Jesucristo; por un espíritu ha entrado a un cuerpo, el Cuerpo Místico de Jesucristo,  ha entrado a la Casa de Dios, la Casa que tiene la Familia de Dios.

Y de edad en edad Dios ha enviado un Siervo fiel y prudente, como dice en San Mateo, capítulo 24, versos 42 al 47, para que les de el Alimento a tiempo. ¿Qué les dará? La Carne del Hijo del Hombre. ¿Para qué? Para que sean bien alimentados. Les dará la Palabra, y esas personas estarán comiendo la Carne del Hijo del Hombre y bebiendo la Sangre del Hijo del Hombre, estarán recibiendo el Espíritu Santo en la edad que les toca vivir; y así estarán seguros en esa Casa, que es la Casa de Dios, la Casa que tiene la Señal de la Sangre. Y la Señal de la Sangre es el Espíritu Santo. La Vida de la Sangre, el Espíritu Santo está en esa Casa. Y ha estado de edad en edad manifestada la Vida de la Sangre, manifestado el Espíritu Santo en cada edad, en el mensajero de cada edad, a través del cual Cristo ha estado manifestado hablándole a Su Iglesia y alimentando a Su Iglesia. Y ha estado Cristo colocando en Su Casa a todos los hijos e hijas de Dios, a todas esas almas que tienen sus nombres escritos en el cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

Ahora podemos ver que lo mismo que sucede en el Cuerpo Místico de creyentes, la Iglesia de Jesucristo, sucede en la persona como individuo.

Y ahora, la Iglesia de Jesucristo tiene el Angel guardián correspondiente a cada edad, que es el mensajero de cada edad, en el cual Cristo en Espíritu Santo está; y ahí está la Vida de Cristo a través del mensajero en cada edad, manifestándose la Vida de Cristo, el Espíritu Santo, para traer las bendiciones de Cristo a Su Iglesia en cada edad, y producir en cada edad el llamado, recogimiento, y nuevo nacimiento de los escogidos de Dios de cada edad.

Y cada individuo que nace de nuevo ha entrado a la Casa de Dios; porque se entra por medio de un espíritu, por medio del Espíritu Santo, produciendo el nuevo nacimiento en la persona; y por consiguiente cada escogido de Dios tiene un Angel guardián que es su cuerpo teofánico. Y ahora, ese Angel Guardián, su cuerpo teofánico, acampa en derredor de los que le temen y los defiende; así como el Angel, el Angel mensajero de cada edad, acampa en la Iglesia en la Edad en que Dios lo envía.

Y ahora, por medio de esa manifestación de Cristo en Espíritu Santo en el ángel mensajero de cada edad, la Iglesia de Jesucristo es protegida por el Espíritu  Santo en cada edad; y es alimentada con el Pan y el Vino, que representan el Cuerpo de Cristo y la Sangre de Cristo.

Por eso, así como en el Antiguo Testamento, luego el pueblo hebreo guardaba la pascua cada año, el día catorce sacrificaba la pascua, en la víspera de la Pascua, y ya en la tarde comenzaba luego el día quince. Y era la pascua donde comían el cordero pascual y tenían la sangre aplicada, en memoria de lo que sucedió en Egipto, en la víspera de la pascua y en la pascua; lo cual fue para luego salir libres en la mañana, en donde todo el pueblo hebreo quedó completamente libre y salió rumbo a la tierra prometida.

Luego de las siete edades de la Iglesia, que corresponden al tiempo de la noche, el Israel Celestial en la Edad de la Piedra Angular saldrá libre físicamente; como hemos salido libres espiritualmente, saldremos libres físicamente al recibir el cuerpo eterno, inmortal e incorruptible y glorificado.

Ahora, para el Día Postrero la Iglesia del Señor Jesucristo como Cuerpo Místico de creyentes, obtiene una experiencia celestial muy grande.

Miren ustedes, una persona como individuo puede tener el Espíritu Santo manifestado en su cuerpo o puede tener el Espíritu Santo manifestado en su espíritu, en el espíritu de la persona. Pero cuando tiene el Espíritu Santo en su alma, eso es el Bautismo del Espíritu Santo que produce el nuevo nacimiento.

Ahora, podemos ver que hay personas que pueden tener manifestaciones del Espíritu Santo en su cuerpo, las cuales son muy buenas; pueden tener manifestación del Espíritu Santo en su espíritu humano, el Espíritu Santo en el espíritu de la persona, obrando, colocando dones, haciendo milagros y cosas así.

¿No dice Cristo que muchos en aquel día le dirán: “Señor, Señor, en Tu Nombre profetizamos y echamos fuera demonios”; y así por el estilo? Y El les dirá: “Apartaos de mí obradores de maldad.” Es que todo eso ha ocurrido en el espíritu de la persona, estaban ungidos con el Espíritu Santo pero en el espíritu de la persona. Pero cuando el Espíritu Santo pasa más adentro, al alma de la persona, eso produce el nuevo nacimiento, y esa persona está sellada por el Espíritu Santo, y obra en y a través de esa persona. ¿Ven?

Ahora, personas que están solamente ungidas en su espíritu por el Espíritu Santo, pueden hacer milagros, maravillas y señales también. Pero vean ustedes, Cristo dice: “En aquel día les dirá: Apartaos de mí, obradores de maldad.”

¿Y cómo puede ser posible que personas que hagan grandes maravillas, señales y milagros, puedan después ser condenados; puedan después ser echados a las tinieblas de afuera, a la gran tribulación, y no ser transformados e irse en el Rapto? Porque no habían nacido de nuevo, no habían recibido el Espíritu Santo en el alma; solamente tenían esa manifestación del Espíritu Santo en sus espíritus.

Y ahora, miren ustedes la Iglesia del Señor Jesucristo como Cuerpo Místico de creyentes: como Cuerpo Místico de creyentes encontramos que durante las siete etapas o edades de la Iglesia, el Espíritu Santo velado y revelado en cada ángel mensajero, ha estado en el Lugar Santo del Templo Espiritual de Cristo. El Lugar Santo está representado en el espíritu de la persona. Pero es, vean ustedes, mientras ha estado el Espíritu Santo en el Lugar Santo del Cuerpo Místico de Cristo, no ha podido ocurrir ni la resurrección de los muertos en Cristo ni la transformación de nosotros los que vivimos.

Con esa manifestación en el individuo también como persona, en el espíritu de la persona, no puede ocurrir la transformación de la persona; tiene que el Espíritu Santo ir más adentro en la persona: al alma. Y en el Cuerpo Místico de Cristo como Cuerpo Místico, tiene que el Espíritu Santo ir más adentro: al Lugar Santísimo de Su Templo Espiritual, que es el Alma de la Iglesia de Jesucristo; y ahí el Espíritu Santo tiene que entrar. ¿Y cómo va a entrar? Y ahí tiene que entrar el Espíritu Santo, Cristo tiene que entrar ahí, y tiene que entrar ahí con Su Palabra, con el Arca del Pacto, que es Cristo, la Palabra.

Y ahora vamos a ver cómo entra el Espíritu Santo al Alma de la Iglesia del Señor Jesucristo, y el Alma de la Iglesia del Señor Jesucristo es el Lugar Santísimo, es la Edad de la Piedra Angular. El Mensaje que predicó el Rvdo. William Branham, titulado: “Tratando de hacer servicio a Dios fuera de su voluntad,” nos dice en las páginas 83, 84 y 85 dice:

“Cristo es nuestra Arca, la Palabra. Ellos quieren una denominación. El no puede, noten, no puede ser llevado en carros nuevos denominacionales, Su Mensaje no puede ir en el carro nuevo de una nueva denominación cuando El está supuesto a estar contenido y venir en el corazón de un profeta. No puede. El lo prometió, así sería, y ésa es la forma en que debe ser.”

Y ahora, pasamos a la página 85, donde nos dice:

“Hay tan solo un Arca, es Jesucristo, ¡y El es la palabra!.

Noten, Dios le dijo al profeta (en el antiguo testamento), dijo: ‘Come el rollo,’ en el Viejo Testamento...”

Vamos a leerlo de nuevo: “Noten, Dios le dijo al profeta, dijo: ‘Come el rollo,’ en el Viejo Testamento. Al profeta del Nuevo Testamento, El le dijo: ‘Come el librito.’ ¿Por qué? ¡Para que el Profeta y la Palabra fueran uno. ¿Ve? Ese es el Arca, la Palabra de Dios.”

Y ahora, para que el Arca, la Palabra, Cristo, pueda entrar al Lugar Santísimo de Su Templo Espiritual, miren ustedes, Cristo, el Angel Fuerte que desciende del cielo, le dice al Profeta del Nuevo Testamento: “Come el librito.” ¿Para qué? Para que la Palabra, el Librito, y el Profeta, se hagan Uno.

Y por cuanto ése para el Día Postrero es el profeta de la Edad de la Piedra Angular, la Palabra, Cristo, entra al Lugar Santísimo, que es la Edad de la Piedra Angular, entra al alma del Cuerpo Místico de Cristo; y es en la Edad de la Piedra Angular que la Iglesia de Jesucristo obtendrá el Rapto, se irá con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, y los muertos en Cristo resucitarán en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seremos transformados.

Ahora, hemos visto cómo recibir y aplicar la Sangre del Cordero Pascual: eso es recibiendo la Vida de la Sangre, el Espíritu Santo, en nosotros como individuos, en el alma. Y la Iglesia del Señor Jesucristo como Cuerpo Místico de creyentes, recibiendo al Espíritu Santo en Su manifestación del Día Postrero. ¿Recibiendo al Espíritu Santo dónde? En el alma, en la Edad de la Piedra Angular, la Edad del Lugar Santísimo del Templo Espiritual de Jesucristo.

Y ahora, hemos visto lo que es el Espíritu Santo viniendo a la persona como individuo, y lo que es el Espíritu Santo viniendo a la Iglesia de Jesucristo como Cuerpo Místico de creyentes.

La Iglesia para poder recibir el Espíritu Santo viniendo a ella en Su manifestación final, a Cristo en Espíritu Santo viniendo a Su Iglesia en el Día Postrero, tiene que estar en la Edad que le corresponde; porque ahí es donde El llega en el Día Postrero, ahí es donde El sube, sube al Lugar Santísimo, sube al Alma de la Iglesia. Por eso el llamado de Cristo en Apocalipsis, capítulo 4 es: “Sube acá y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas.” ¿Y cómo las mostrará? Apocalipsis 22, verso 6, dice:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto.”

¿Ven? Es por medio de la manifestación de Cristo, el Espíritu Santo, a través de Su Angel Mensajero que El nos da a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto. ¿Y dónde? Arriba, en la Edad de la Piedra Angular, que es el alma de la Iglesia de Jesucristo como Cuerpo Místico de creyentes.

Y el Mensaje que sale del Lugar Santísimo es un Mensaje para el alma de cada individuo, un Mensaje de corazón a corazón; un Mensaje directo del corazón de la Iglesia al corazón de cada escogido de Dios. Y es un Mensaje que viene directamente del Trono de Dios; por lo tanto es un Mensaje que viene del corazón de Dios al corazón de la Iglesia, y del corazón de la Iglesia al corazón de cada individuo. Es un Mensaje que viene directamente del Alma para el alma, y para el alma de todo ser humano.

Y ahora, el Pan y el Vino en la Santa Cena representa: el Pan representa el Cuerpo de Cristo que fue crucificado por nosotros, y el Vino representa la Sangre de Cristo. Es un memorial en recordación de lo que Cristo llevó a cabo por nosotros en la Cruz del Calvario, en donde nos muestra que hemos entrado a un Nuevo Pacto bajo la Sangre del Nuevo Pacto, que es la Sangre de Cristo representada en el vino de la Santa Cena. No es que el pan es literalmente el Cuerpo de Cristo o Carne de Cristo, y el Vino no es la Sangre de Cristo literal; solamente es el símbolo de la Sangre de Cristo y el Pan es el símbolo del Cuerpo de Cristo.

Ahora, nosotros damos testimonio de que hemos recibido a Cristo como nuestro Salvador, y que hemos comido Su Palabra y que hemos bebido Su Sangre, Su Sangre nos ha limpiado de todo pecado, y hemos recibido la Vida de la Sangre (que es el Espíritu Santo) como individuos; y la Iglesia del Señor Jesucristo como Cuerpo Místico de creyentes da testimonio también de estas cosas.

Y ahora, podemos ver este gran misterio de estar comiendo y bebiendo la Carne y la Sangre del Hijo del Hombre, al estar creyendo en Cristo nuestro Salvador, como nuestro Salvador, habiéndolo recibido y habiendo recibido Su Espíritu Santo; así la Sangre de Cristo está aplicada en nuestras almas, y estamos sellados en el Reino de Dios, hemos nacido en el Reino de Dios, en la Iglesia de Jesucristo; y así hemos sido sellados para el Día de la Redención, para el día en que nuestros cuerpos serán redimidos, o sea, serán transformados y obtendremos el cuerpo eterno, inmortal, incorruptible y glorificado.

En Efesios, capítulo 4, verso 30, dice San Pablo:

“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención (o hasta el Día de la Redención).”

Y en Romanos, capítulo 8, versos 14 al 25 nos habla San Pablo de que hemos recibido no el espíritu del mundo, sino que hemos recibido el Espíritu de Adopción, o sea, el Espíritu Santo, por el cual clamamos: “¡Abba, Padre!” O sea, Abba quiere decir Padre. Y nos dice que la naturaleza, toda la creación, gime a una, y a una está de parto hasta hoy, y no solamente ella... ¿Y por qué clama? ¿Por qué está con dolores de parto? Dice: “Esperando la Adopción, la Redención (que es la Redención), esperando la manifestación de los hijos de Dios.” ¿Y qué es la manifestación de los hijos de Dios?  La manifestación de los hijos de Dios en cuerpos eternos, inmortales e incorruptibles y glorificados, en donde todos ya estaremos redimidos físicamente también; y todos seremos iguales a nuestro amado Señor Jesucristo, con un cuerpo inmortal.

La naturaleza completa está clamando, gimiendo, y clamando por esa manifestación gloriosa de los hijos de Dios, la cual se cumplirá en este tiempo final.

Y San Pablo dice: “Y no solamente ella, no solamente la naturaleza, sino que nosotros mismos que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros mismos gemimos dentro de nosotros mismos esperando la Redención, la Adopción, la Redención de nuestros cuerpos.” La Redención del cuerpo es la transformación de nuestro cuerpo, en donde volveremos, volverán los hijos de Dios a tener cuerpos eternos, un cuerpo eterno como nuestro amado Señor Jesucristo, para vivir por toda la eternidad; y eso es la restauración de todas las cosas para todos nosotros. Y así comienza con la restauración a las cosas eternas: somos restaurados a una Edad Eterna, la Edad de la Piedra Angular; somos restaurados luego a un cuerpo eterno, como también fuimos restaurados a un espíritu eterno, al recibir a Cristo como nuestro Salvador, lavar nuestros pecados en Su Sangre, ser bautizados en Su Nombre y recibir Su Espíritu Santo; y seremos restaurados a un cuerpo eterno también, y seremos restaurados a una herencia eterna y a un Reino eterno también.

San Pedro predicando en el capítulo 3 del libro de los Hechos, dice... en el capítulo 3, verso 18 en adelante, dice:

“Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer.

Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados...”

Miren cómo son borrados los pecados de las personas: arrepintiéndose y convirtiéndose a Cristo, ser bautizados en Su Nombre y recibir el Espíritu Santo; así es como la persona recibe la salvación. Ahora:

“...arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,

y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado;

a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.”

Ahora, podemos ver que tenemos la promesa de la restauración de todas las cosas en la Segunda Venida de Cristo. Vean:

“...para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,

y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado;

a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas.”

Y ahora, nosotros estamos viviendo en el tiempo en que van a ser restauradas todas las cosas para todos los hijos e hijas de Dios.

Cuando termine Cristo Su Obra de Intercesión, lo cual será cuando entre hasta el último de los escogidos de Dios en el Cuerpo Místico de Cristo, en la Edad que corresponde a este tiempo que es la Edad de la Piedra Angular, entonces Cristo restaurará a Sus hijos todas las cosas, restaurará la vida eterna física a los creyentes en El que ya partieron y a los creyentes en El que estarán vivos en este tiempo final, en la Edad que corresponde al Lugar Santísimo de Su Templo Espiritual, que es la Edad de la Piedra angular, la Edad de Oro de la Iglesia de Jesucristo; y a los que vivimos nos restaurará físicamente en y a un cuerpo eterno, inmortal, incorruptible y glorificado.

Ahora podemos ver que los primeros que entran a esa restauración son los miembros de la Iglesia de Jesucristo: los que partieron y nosotros los que vivimos; y eso es la Adopción de los hijos e hijas de Dios, la Redención del cuerpo.

Y ahora, podemos ver como Dios en Espíritu Santo viene haciendo una obra en cada creyente como individuo, de adentro hacia afuera. Una obra de adentro hacia afuera viene haciendo Cristo en el individuo; al entrar en su alma, vean ustedes, produce el nuevo nacimiento y le da un cuerpo teofánico, un espíritu teofánico de la sexta dimensión; y en el Día Postrero le dará un cuerpo físico, eterno, inmortal e incorruptible.

Y ahora, la Iglesia del Señor Jesucristo como Cuerpo Místico de creyentes, todo el tiempo ha tenido Sus miembros en cuerpos mortales; pero Cristo en este tiempo final restaurará a Su Iglesia, los hijos e hijas de Dios, a cuerpos inmortales; y entonces la Iglesia de Jesucristo será una Iglesia inmortal, incorruptible, con cuerpos inmortales e incorruptibles, para el milenio, ¿y para que más? Para toda la eternidad. Y así glorificará Cristo a Su Iglesia en este tiempo final, como glorificará a cada uno de sus hijos.

En Isaías, capítulo 60 miren lo que nos dice ahí Dios... capítulo 60, verso 7, dice:

“Y glorificaré la casa de mi gloria...”

Y la Casa de la Gloria del Señor es la Iglesia del Señor Jesucristo. Ya no tiene el tabernáculo que construyó Moisés, ni tiene el templo que construyó Salomón; pero El tiene Su Iglesia que es el Israel Celestial. Y El glorificará Su Casa, Su Iglesia, al glorificar todos los miembros de Su Iglesia; y será una Iglesia glorificada, con miembros glorificados para vivir por toda la eternidad a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

Vean el porqué es de grande bendición estar comiendo y bebiendo la Sangre del Hijo del Hombre. Hay grandes promesas de grandes bendiciones para todos los que estarán comiendo y bebiendo la Sangre del Hijo del Hombre.

Vean, el mismo Cristo cuando nos habló de las bendiciones que hay en estar comiendo la Carne y bebiendo la Sangre del Hijo del Hombre, dice en el mismo capítulo 6, verso 53 en adelante, dice:

“Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.”

Y ningún ser humano tiene vida en sí mismo, vida eterna; lo que tiene es una vida temporal que se le va agotando a medida que se van agotando los rayos de luz que tiene.

El ser humano tiene unos rayos de luz que se van agotando a medida que van pasando los años; cada diez o quince años, se le agota un rayo de luz; eso es comenzando por ahí, desde los 20 a 25 años comienzan a agotarse esos rayos de luz; se le va el primero, después el segundo, después el tercero; y así por el estilo. Hasta que cuando ya tiene muchos años —digamos—, cuando ya pasa de los 70 años, se da cuenta que ya no tiene la misma energía, la misma fuerza, que tenía cuando era un joven, ¿por qué? Algo ha pasado: se han ido agotando esos rayos de luz. Y llega a cierta etapa el ser humano cuando le siguen pasando los años, y algunas veces se encuentra como los carritos que ya tienen la batería agotada, que tratan de encender el auto y comienza a mover el motor tan lentamente, que usted sabe que la batería está agotada; y hay que estar empujando el auto para echarlo a caminar. Y algunas veces pasa así: cuando la persona llega a ser muy ancianita que hay que estarlo aguantando y empujándolo para ayudarlo a caminar.

Pero en el nuevo cuerpo no tendremos ese problema, en el nuevo cuerpo tendremos el espíritu nuevo, cuerpo teofánico, con todos los rayos de luz para alumbrar y para mantener el cuerpo nuevo por toda la vida, jovencito, sin que nunca se le agote ese cuerpo.

Ahora, podemos ver que el ser humano no tiene vida permaneciente en sí, es  una vida temporal, no es vida eterna. La vida eterna se recibe al recibir a Cristo y Cristo producir en la persona el nuevo nacimiento, luego que la persona ha cumplido con los requisitos establecidos: arrepentimiento de sus pecados al recibir a Cristo como su Salvador, y ser bautizado en el Nombre del Señor Jesucristo.

Y San Pedro dice, en el libro de los Hechos, capítulo 2, cuando le preguntan:

“¿qué haremos?

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.”

La persona se arrepiente de sus pecados, recibe a Cristo como su Salvador, se arrepiente de sus pecados, echa sus pecados en la Sangre de Cristo, reconociendo el Sacrificio de Cristo, y es bautizado en el Nombre de Jesucristo; la persona obtiene perdón de pecados de parte de Cristo, por la fe en Cristo obtiene la salvación, y Dios le da el Espíritu Santo; y así la persona nace de nuevo y entra a formar parte del Cuerpo Místico de Cristo. Y ahora la persona ha obtenido vida eterna, tiene vida eterna, ya tiene un cuerpo teofánico, eterno, inmortal e incorruptible, el cual morará dentro, plenamente dentro del cuerpo nuevo que ha de tener; y no dejará que el cuerpo nuevo se agote.

Ahora, para el Día Postrero viene la transformación de nuestros cuerpos. Por lo tanto, los cuerpos teofánicos nuestros tendrán una labor muy importante en este tiempo final; y vamos a ser transformados, esos cuerpos teofánicos nuestros van a estar manifestados en nosotros en toda su plenitud. Va a venir una transformación, este cuerpo mortal va a ser transformado, y vamos a tener un cuerpo inmortal, vamos a ser cambiados en nuestros átomos; o sea, que la composición atómica o molecular va a cambiar; porque la que tenemos en nuestros cuerpos nos hace mortales. Por lo tanto, va a venir un cambio en donde Dios cambiará nuestros átomos, y entonces serán eternos.

Es  un misterio. Pero no se preocupen, ese misterio ya pronto va a estar abierto completamente cuando tengamos el nuevo cuerpo.

Nuestros cuerpos teofánicos tendrán que ver con ese cambio que vamos a recibir. Dice:

“El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.

Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí.” [San Juan 6:54-57 - Editor].

La vida eterna es por Jesucristo nuestro Salvador, el cual se está reproduciendo como el grano de trigo, se está reproduciendo en más granos de trigo, en más hijos e hijas de Dios. Pero El es el Principio de la creación de Dios, de esa nueva creación de hijos e hijas de Dios. Y ahora:

“Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron;  el que come de este pan, vivirá eternamente.”

Después que la persona ha asegurado la inmortalidad al recibir a Cristo como su Salvador, lavar sus pecados en la Sangre de Cristo, y ser bautizados en Su Nombre y recibir el Espíritu Santo, ya la persona tiene vida eterna, ya se produjo en él al recibir el Espíritu Santo el nuevo nacimiento, ya pertenece a una Nueva Raza.

Cuando nacimos en la Tierra hemos nacido como descendientes de una raza caída que comenzó con Adán; pero cuando nacemos de nuevo, nacemos en una Nueva Raza como descendientes de Jesucristo, el Segundo Adán; y por cuanto el Segundo Adán tiene vida eterna, los descendientes del Segundo Adán tienen vida eterna. Y en el proceso de ese nacimiento en una Nueva Raza, se comienza con el nacimiento espiritual al nacer de nuevo, y luego en el día Postrero en adición obtendremos el nacimiento físico que será el nuevo cuerpo, en donde estaremos en un cuerpo eterno, inmortal e incorruptible; no naciendo a través de una mujer, sino más bien: Cristo creando un nuevo cuerpo para todos nosotros, dándonos un cuerpo eterno, inmortal e incorruptible. Para los muertos en Cristo resucitándolos en un cuerpo eterno, inmortal e incorruptible, y para nosotros los que vivimos transformando nuestro cuerpo.

Por eso es tan importante estar comiendo y bebiendo la Carne y la Sangre del Hijo del Hombre: “Porque el que no coma mi carne y beba mi Sangre, no tiene vida permaneciente en sí.”

Por lo tanto, ¿de qué le vale al hombre si ganare todo el mundo y pierde su alma? Si gana todo el mundo y pierde su alma es porque no ha comido ni ha bebido la Carne y la Sangre del Hijo del Hombre.

ES MEJOR SER POBRE, PERO COMIENDO LA CARNE Y BEBIENDO LA SANGRE DEL HIJO DEL HOMBRE; QUE SER RICO SIN COMER LA CARNE DEL HIJO DEL HOMBRE Y BEBER LA SANGRE DEL HIJO DEL HOMBRE.

Miren al hombre rico (del cual habló Jesucristo) y Lázaro el mendigo: El hombre rico murió y fue al infierno, Lázaro el mendigo murió y fue al Paraíso. ¿Cual era más bienaventurado de los dos? El mendigo. Aunque era un pobre en la Tierra, pero vean ustedes, fue al Seno de Abraham, por lo tanto viviría eternamente. El rico creyó que lo más importante para el ser humano eran la riquezas, y cuando murió se dio cuenta que un rico que no se ha ocupado de la salvación aquí en la Tierra, después cuando terminen sus días aquí en la Tierra terminaron sus días de rico, y después no tiene ni para un vaso de agua a donde va; después es tan pobre que hasta pide un dedo mojado en agua y no se lo llevan; porque allí no se compra con dinero las cosas; y allí tampoco hay nada. Por lo tanto, allí no puede estar pidiendo, porque es rico, pidiendo cosas; porque allí es una cárcel, la quinta dimensión, el infierno, para los que no han recibido la salvación cuando vivieron aquí en la Tierra.

Para los que no comieron la Carne del Hijo del Hombre y bebieron Su Sangre, la vida después... la muerte, o la vida después de la muerte, es terrible. Pero para los que han comido y bebido la Sangre del Hijo del Hombre, después que termina su vida terrenal van al Paraíso, que es la sexta dimensión, y viven allí en el cuerpo teofánico que recibieron cuando nacieron de nuevo. Y luego serán resucitados en cuerpos eternos para estar con nosotros nuevamente, y  luego ir con nosotros a la Cena de las Bodas del Cordero. Pues nosotros seremos transformados e iremos con Cristo y los santos que resucitarán, iremos con Cristo a la Casa de Nuestro Padre Celestial, a la Cena de las Bodas del Cordero.

Por lo tanto, niños, jóvenes, adultos y ancianos: Lo más importante es la vida eterna. Comiendo y bebiendo la Carne y la Sangre del Hijo del Hombre, así obtenemos la vida eterna, y viviremos con Cristo por toda la eternidad.

Hemos visto la importancia de estar comiendo y bebiendo la Carne del Hijo del Hombre en el tiempo que nos ha tocado vivir.

Nunca se aparten de nuestro amado Señor Jesucristo, permanezcan fieles a El, comiendo la Carne del Hijo del Hombre y bebiendo la Sangre del Hijo del Hombre.

Y representen, simbolicen, en la Santa Cena, la Carne del Hijo del Hombre en el pan y la Sangre del Hijo del Hombre en el vino, la Sangre del Nuevo Pacto bajo el cual estamos colocados todos nosotros con vida eterna; dando testimonio de que hemos recibido la Carne del Hijo del Hombre y la Sangre del Hijo del Hombre, siendo aplicada en nuestras almas por el Espíritu Santo que está en nuestras almas.

“COMIENDO Y BEBIENDO LA CARNE Y LA SANGRE DEL HIJO DEL HOMBRE.”

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta tarde, dándoles testimonio de cómo estamos comiendo y bebiendo la Carne y la Sangre del Hijo del Hombre.

Continuemos todos los días de nuestra vida comiendo y bebiendo la Carne y la Sangre del Hijo del Hombre.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Angel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y pronto se complete el número de los escogidos de Dios, y pronto los muertos en Cristo resuciten y nosotros los que vivimos seamos adoptados, seamos transformados, y todos llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y Amén.

Dejo nuevamente con nosotros el Rvdo. Miguel Bermúdez Marín, para continuar en esta ocasión, mientras escuchamos el cántico que nos habla del Hombre que nos transformó, o sea, nos habla de Jesucristo nuestro Salvador. Con nosotros el cántico, y mientras está el cántico el Rvdo. Miguel Bermúdez Marín pasará para continuar.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“COMIENDO LA CARNE Y BEBIENDO LA SANGRE DEL HIJO DEL HOMBRE.”

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