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Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes aquí en Quito, Ecuador; es para mí una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo cristiano alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Estaremos hablando bajo el tema: “ENTRAD ANTES QUE EL PADRE DE FAMILIA CIERRA LA PUERTA.” Y de eso fue que Jesús habló en San Lucas, capítulo 13, versos 22 en adelante, dice:

“Pasaba Jesús por ciudades y aldeas, enseñando, y encaminándose a Jerusalén.

Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo:

Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.

Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“ENTRAD ANTES QUE EL PADRE DE FAMILIA CIERRE LA PUERTA.”

La Puerta es Cristo. Pues El en San Juan, capítulo 10 nos dice (verso 1 en adelante):

“De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador.

Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es.

A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca.

Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.

Mas al extraño no seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.

Esta alegoría les dijo Jesús; pero ellos no entendieron qué era lo que les decía.

Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas.

Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas.

Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.”

Aquí podemos ver que Cristo se presenta como la Puerta del Redil de las ovejas. Todo esto que Cristo presenta en diferentes parábolas, es un cuadro en parábolas acerca del Reino de los Cielos. Cristo es la Puerta para entrar al Reino de los Cielos. Por eso es que Cristo habla tanto del Reino de los Cielos y se muestra El mismo como la Puerta para entrar al Reino de los Cielos. El en San Juan, capítulo 14, verso 6, dice:

“Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.”

O sea, que Cristo es el Todo en el Programa Divino para la entrada al Reino de los Cielos, El es la Puerta, El es el Camino, El es la Verdad, El es la vida eterna. El es el Todo para todos nosotros.

Y ahora, hablando acerca de la Puerta abierta para entrar al Reino de los Cielos, Cristo dice que esa Puerta es estrecha y son pocos los que la hallan, nos dice en San Mateo, capítulo 7 hablándonos de lo mismo... hablándonos de lo mismo en el capítulo 7 de San Mateo, verso 13 en adelante dice (13 al 14):

“Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella (o sea, por la puerta ancha);

porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.”

Y ahora, en esta vida terrenal en la cual por la Gracia de Dios y elección de Dios, nos ha tocado vivir a nosotros en este tiempo final (y ya hemos entrado al siglo XX conforme al calendario gregoriano); nuestra estadía aquí en la Tierra tiene un propósito divino, el cual toda persona debe comprender; toda persona tiene que al venir a la Tierra confirmar su lugar en la vida eterna; y eso únicamente lo puede hacer recibiendo a Cristo como su Salvador, lavando sus pecados en Su Sangre, siendo bautizado en Su Nombre y recibiendo el Espíritu Santo y así obteniendo el nuevo nacimiento.

Cristo dijo a Nicodemo, un hombre muy sabio, un maestro de Israel, un teólogo grande y miembro del concilio del sanedrín, El le dijo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios (o sea, no lo puede entender).” Nicodemo pensó que era nacer otra vez por medio de una mujer, y le pregunta: “¿Cómo puede hacerse esto, puede acaso el hombre ya siendo viejo (pues Nicodemo por lo que dice ahí, ya estaba viejo, y si él estaba viejo ¿cómo estaría su mamá? Si estaba viva)... ¿Cómo puede hacerse esto, puede acaso el hombre ya siendo viejo, entrar en el vientre de su madre y nacer de nuevo?” No comprendió lo que era el nuevo nacimiento para obtener así vida eterna.

Cristo le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios.” O sea que hay un requisito para entrar al Reino de Dios. No es asunto de que la persona diga: “Es que yo soy bueno, no le hago mal a nadie; por lo tanto yo cuando muera voy a llegar al Cielo.” Hay una sola Puerta y ése es Jesucristo, y hay un solo Camino y ése es Jesucristo. Y ahora, hay también una sola Verdad y ése es Jesucristo.

Así que por cuanto todos queremos vivir eternamente en el Reino de Dios, nos conviene conocer estos misterios del Reino de los Cielos, del Reino de Dios, para así entrar por la Puerta mientras está abierta.

La Puerta de Salvación, Jesucristo, durante la Dispensación de la Gracia ha sido abierta para que el que lo reciba como su Salvador reciba vida eterna. “Para que todo aquel que en El cree no se pierda más tenga vida eterna; pero el que no cree ya es condenado, porque no ha creído en el unigénito hijo de Dios.”

Y ahora, todos queremos ir al Cielo, nadie quiere ir al infierno, todos queremos ir al Cielo. Y hay una forma para ir al Cielo ¡Eso es lo bueno! Hay una forma para ir al Cielo y es sin dinero y sin precio; o sea, que el más rico puede entrar y el más pobre también.

Ahora, Cristo pregunta en San Mateo, capítulo 16, versos 24 en adelante (dice Jesús):

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.

Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.

Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.”

No hay recompensa que el ser humano pueda dar por la salvación de su alma; la salvación para el alma es de Gracia, gratuitamente la da Cristo para la persona, la persona no tiene que pagar ningún precio, no es por dinero; Cristo ya pagó el precio de nuestra salvación, ninguna otra persona podía pagar el precio por nuestra salvación.

El ser humano es cuerpo, que es lo que nosotros vemos; espíritu, ese es un cuerpo de otra dimensión, un cuerpo espiritual que la persona tiene y se llama espíritu; y alma, que es lo que en realidad es la persona: alma viviente, alma que está viviendo dentro de un cuerpo físico y un cuerpo espiritual que está dentro de ese cuerpo físico. O sea, que el ser humano es cuerpo, espíritu y alma; cuerpo y espíritu son dos cuerpos: uno de esta dimensión y otro de otra dimensión.

Cuando la persona nace en esta Tierra, por cuanto nace en medio de una raza caída, la cual cayó allá en el tiempo de Adán y Eva y perdió el derecho a la Gloria de Dios, fue destituido el ser humano juntamente con Adán y Eva de la Gloria de Dios; de ahí en adelante el ser humano cuando nace en la Tierra, nace en un cuerpo mortal, corruptible y temporal y obtiene un espíritu del mundo, o sea, de la quinta dimensión; un espíritu, o sea, un cuerpo de otra dimensión, de la quinta dimensión. Todo eso es en la permisiva voluntad de Dios, porque todo eso es temporal; con ese espíritu del mundo y ese cuerpo mortal, corruptible y temporal, no puede vivir eternamente, porque la carne y la sangre no pueden heredar la incorrupción, y no pueden heredar la vida eterna.

Así que se requiere un cambio, y para que ocurra ese cambio tiene que surgir un nuevo nacimiento, es necesario nacer de nuevo; para eso entramos por la Puerta del Reino de los Cielos, del Reino de Dios, que es Cristo, y confesamos a Cristo nuestros pecados, lo recibimos como nuestro Salvador, lavamos nuestros pecados en Su Sangre (porque la Sangre de Cristo nos limpia de todo pecado, para eso fue derramada en la Cruz del Calvario), y somos bautizados en Su nombre en agua, y recibimos Su Espíritu Santo y así obtenemos el nuevo nacimiento; y ahí se opera el nuevo nacimiento y la persona obtiene un cuerpo teofánico, un espíritu teofánico de la sexta dimensión. La sexta dimensión es el Paraíso.

Si la persona luego muere físicamente no tiene ningún problema, va al Cielo, al Paraíso, que es la sexta dimensión donde están los santos, los apóstoles, los cristianos de edades pasadas y donde van también los cristianos de este tiempo en el cual vivimos nosotros, todos los creyentes en Cristo que han nacido de nuevo; por lo tanto esas personas tienen vida eterna; y aunque su cuerpo físico todavía es mortal, corruptible y temporal, recibirá un cuerpo eterno, inmortal e incorruptible en el Día Postrero, conforme a las promesas de Cristo cuando dice: “Y yo le resucitaré (¿cuando?) En el Día Postrero.”

San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40, dice:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.”

¿Cuándo será la resurrección que Cristo llevará a cabo para aquellos que el Padre le dio, los cuales han recibido a Cristo como su Salvador? Para el Día Postrero es la resurrección de los que han partido.

“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Ahí tenemos dos ocasiones en donde Cristo dice: “Y yo le resucitaré en el Día Postrero.” Y el Día Postrero es el séptimo milenio, porque un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día; de Adán hacia acá ya han transcurrido seis mil años, y de Cristo hacia acá dos mil años; estamos en el año 2000 conforme al calendario gregoriano de Cristo hacia acá. En los días de Jesús y de los apóstoles ya habían comenzado los Días Postreros; porque los Días Postreros delante de Dios son los milenios postreros para los seres humanos, que son: el quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.

Cristo cuando tenía unos cuatro a siete años de edad comenzó el quinto milenio, y por eso es que San Pablo nos dice en su carta a los Hebreos, que Dios habló por medio de Su Hijo, o sea, por medio de Jesús en los Días Postreros. Dice así, capítulo 1, verso 1 al 3 de la carta de San Pablo a los Hebreos:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.”

¿Cuándo dice San Pablo que Dios habló por medio de Jesucristo, por medio de Su Hijo? Dice: “en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo”; y ya han transcurrido dos mil años de Cristo hacia acá.

¿Se equivocaría San Pablo al decir que aquellos eran los Días Postreros? No se equivocó. San Pedro también dijo que aquellos eran los Días Postreros, cuando predicó el día de pentecostés. Dice en el capítulo 2 del libro de los Hechos, verso 15 en adelante, dice:

“Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día (o sea, de 8:00 a 9:00 de la mañana, fue la hora en que Pedro se levantó a predicar el día de pentecostés, cuando fueron llenos del Espíritu Santo, cuando vino el Espíritu Santo sobre 120 creyentes en Cristo que estaban allí orando a Dios).

Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:

Y en los postreros días, dice Dios,

Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,

Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán.”

Ahora vean cómo también San Pedro dice que aquellos eran los Días Postreros; es que los Días Postreros delante de Dios para los seres humanos son los milenios postreros, porque un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día. Pedro también explica eso en el capítulo 3, verso 8 de Segunda de Pedro, donde dice:

“Mas, oh amados, no ignoréis esto (o sea, que es algo que uno no puede ignorar): que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día.”

El Salmo 90, verso 4, del Profeta Moisés, también nos da testimonio de que un día es como mil años.

Ahora sigue diciendo San Pedro:

“El Señor no tarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.”

Aquí nos muestra San Pedro que el Amor y Misericordia de Dios es tan grande que nos da tiempo para que cada persona se arrepienta de sus pecados, reciba a Cristo como su Salvador, lave sus pecados en la Sangre de Cristo, y sea bautizado en el Nombre del Señor Jesucristo, y reciba el Espíritu Santo.

Vean cómo el día en que predicó San Pedro, de lo cual ya leímos una parte en el capítulo 2 del libro de los Hechos, luego que llega al final de su Mensaje... En el capítulo 2 del libro de los Hechos, verso 37 al 41, dice:

“Al oir esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; y para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.

Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.”

La necesidad del perdón de los pecados, y de recibir el Espíritu Santo para así nacer de nuevo y tener vida eterna, vean ustedes, esa necesidad estaba en el corazón de aquellas personas como está en el corazón de todos nosotros, y cuando escucharon a Pedro, siendo que ellos querían la salvación y la vida eterna preguntaron: “¿Qué haremos?” Pedro dice: “Pues, arrepentíos.” Hay que arrepentirse de los pecados; no puede la persona ser bautizada en el Nombre del Señor Jesucristo en agua sin haberse arrepentido de sus pecados y haber recibido a Cristo como su Salvador. Luego es bautizado en el Nombre del Señor Jesucristo como lo hacían los apóstoles y recibirán el don del Espíritu Santo, y así obtendrá el nuevo nacimiento y así entra al Reino de Dios o Reino de los Cielos, y así viene a formar parte de la Iglesia del Señor Jesucristo que está compuesta por los Redimidos de Jesucristo.

Ninguna persona puede decir: “Yo me voy a meter a la religión.” Eso no es así. Ninguna persona puede decir: “Yo me voy a meter a la Iglesia.” La persona para ser parte de la Iglesia de Jesucristo tiene que haberse arrepentido de sus pecados, haber recibido a Cristo como su Salvador y haber lavado sus pecados en la Sangre de Cristo, haber sido bautizado en Su Nombre y haber recibido el Espíritu Santo, y así haber nacido de nuevo; y nace en la Casa de Dios, la Familia de Dios que es la Iglesia del Señor Jesucristo. No hay otra forma. Hay que entrar por la Puerta que es Cristo.

Y ahora la Iglesia de Jesucristo es la Casa de Dios compuesta por los creyentes en nuestro amado Señor Jesucristo. De lo cual San Pablo nos habla en los Efesios, capítulo 2, verso 19 en adelante diciendo:

“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios.”

 Y ahora la persona pertenece a la Familia de Dios, es un hijo o una  hija de Dios nacida en el Reino de Dios:

“Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,

en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor;

en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.”

Y ahora podemos ver que la Iglesia del Señor Jesucristo compuesta por los creyentes en Jesucristo nacidos de nuevo, es la Casa de Dios, es el Templo Espiritual de Jesucristo; y por consiguiente somos la Familia de Dios, los hijos e hijas de Dios, y tenemos un Hermano Mayor, ¿saben cómo se llama? Nuestro amado Señor Jesucristo, y El es la Puerta a esa Casa.

Así como en medio del pueblo hebreo allá cuando estaban en Egipto e iban a ser libertados por Dios a través del Profeta Moisés, en la víspera de la pascua sacrificaron un cordero, cada familia sacrificó un cordero, por orden de Dios a través del Profeta Moisés; colocó la sangre de ese cordero en el dintel y los postes de sus casas, y el cordero lo asaron y lo llevaron dentro de la casa cada familia; cada familia sacrificó un cordero de un año y lo llevó dentro de sus hogares, y durante la noche de la pascua comieron ese cordero.

¿Y qué significaba todo esto? Esa noche la muerte pasaría por la Tierra de Egipto y todo primogénito en todos los hogares moriría; excepto aquellos que estarían en las casas de los hebreos y que tendrían la señal de la sangre aplicada en el dintel y los postes de la puerta, y el cordero dentro de sus hogares comiendo ese cordero. Y ya al otro día en la mañana ellos saldrían libres rumbo a la tierra prometida. El faraón de Egipto y sus sabios y sus políticos y toda la gente de Egipto, los Egipcios no tenían esa revelación divina, por lo tanto la muerte llegaría a sus hogares y habría luto en sus hogares, porque la muerte llegaría esa noche para todos los primogénitos de los Egipcios.

Ahora vean ustedes, la muerte llegó a los Egipcios, pero no entró a las casas de los hebreos, porque tenían aplicada la sangre del cordero pascual y estaban comiendo el cordero pascual en sus hogares, y estaban dentro de esa casa que tenía esa señal en la puerta.

Y ahora la Puerta es Cristo, y Cristo también es el Cordero Pascual, El es nuestra Pascua. Por eso el Profeta Juan el Bautista cuando estuvo diciendo que después de él vendría un varón del cual él no era digno de desatar la correa de su calzado, cuando lo vio, dijo: “Este es aquel del cual yo dije que vendría un varón después de mí, El es el que los bautiza con Espíritu Santo y fuego.” El dijo también cuando lo vio: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.”

Ese Cordero de Dios, Jesucristo, está representado en el cordero pascual que el pueblo hebreo sacrificó la víspera de la pascua; y luego cada año el día 14 celebraban la fiesta de la pascua en conmemoración a aquel gran evento en el cual Dios libró a los primogénitos de los egipcios y luego salieron todos libres en la mañana.

Aquella pascua es tipo y figura de Jesucristo el Cordero Pascual siendo sacrificado, para que cada uno de los que tienen sus nombres en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, llamados por Cristo: “Las ovejas que el Padre le ha dado,” no mueran, sino que puedan vivir eternamente.

La muerte ha estado pasando por el planeta Tierra, y ha estado entrando a todos los hogares la muerte espiritual; pero la muerte espiritual no puede entrar al alma de las personas que tienen la Sangre aplicada en su corazón, porque esas personas tienen la Sangre de Jesucristo, el Cordero de Dios, aplicada en sus almas, porque tienen el Espíritu de Cristo, que es la Vida de la Sangre; y están comiendo la Palabra del Evangelio, y eso es estarse comiendo el Cordero Pascual, porque están comiéndose el Evangelio, creyendo en Jesucristo como nuestro Salvador y lavando nuestros pecados en Su Sangre y recibiendo Su Espíritu Santo, y perseverando en Su Iglesia todos los días de nuestra vida.

Y ahora, la Iglesia como Cuerpo Místico de creyentes y como Templo Espiritual, tiene en la Puerta la Sangre del Cordero aplicada. Cristo siendo la Puerta de Su Iglesia, en El la Sangre de Redención fue derramada, El la derramó. Por lo tanto El bañado en Su propia Sangre de Redención y siendo la Puerta, la Puerta está con la Sangre del Cordero; por lo tanto la muerte espiritual no puede entrar a la Iglesia del Señor Jesucristo, por lo tanto los que están ahí dentro están a salvo, porque han creído en Cristo como su Salvador, han lavado sus pecados en Su Sangre y han sido bautizados en Su Nombre y han recibido Su Espíritu Santo, y tienen vida eterna.

¿Ahora ven por qué Juan el Bautista presentó a Cristo como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo? Y para que se haga efectivo el Sacrificio de Cristo en el ser humano, el ser humano tiene que recibirlo como su Salvador; porque de otra forma la persona no se puede quitar él mismo sus pecados, es Cristo con Su Sangre y Su Sacrificio en la Cruz que nos limpia de todo pecado.

Y ahora, la Puerta de la Misericordia que es Jesucristo, y El es la Puerta del Reino de los Cielos, El es la Puerta de Su Iglesia por donde entran los creyentes en El y reciben salvación y vida eterna.

Ahora, Cristo siendo esa Puerta de Salvación como el Cordero de Dios sacrificado en la Cruz del Calvario, para extender Su Misericordia y Su Gracia al ser humano, esa Puerta será cerrada. Porque cuando se termina una dispensación, se cerró la Puerta de esa dispensación. Y la Dispensación de la Gracia ha tenido una Puerta abierta que es Cristo, una Puerta por donde entran las personas que tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero y donde reciben salvación, y donde están seguros, y donde Dios envía de etapa en etapa un Siervo Fiel y Prudente para que les dé el Alimento Espiritual a tiempo y así sean alimentados los hijos e hijas de Dios en cada etapa de la Iglesia de Jesucristo; esa es la única Casa que tiene vida eterna, y tiene los hijos e hijas de Dios de edad en edad, llamados y juntados, ¿juntados dónde? En Cristo dentro de esa Casa.

Y ahora, a los Siervos fieles y prudentes que son los ángeles mensajeros de Jesucristo para cada etapa, El les ha ordenado que vigilen por la Venida del Hijo del Hombre y tengan velando al pueblo, vigilando por la Segunda Venida de Cristo, tengan el pueblo esperando a Cristo en Su Segunda Venida, esperando a Cristo, habiendo nosotros recibido a Cristo como nuestro Salvador, habiendo confesado nuestros pecados a Cristo, y habiendo lavado nuestros pecados en Su Sangre, y habiendo sido bautizados en Su Nombre, y habiendo recibido Su Espíritu Santo, y perseverando en Cristo sirviéndole todos los días de nuestra vida, y escuchando Su Voz, Su Palabra, para así ser alimentados. “Porque no solamente de pan vivirá hombre, sino de toda Palabra que sale de la Boca de Dios.”

La Boca de Dios han sido siempre los profetas de Dios, por eso la Palabra de Dios ha salido para la raza humana a través de los profetas de Dios, que son los mensajeros de Dios, la Boca de Dios a través de la cual Dios ha hablado de etapa en etapa y de dispensación en dispensación.

Y ahora, toda persona que tiene su nombre escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, necesita estar dentro de la Casa de Dios, dentro de la Iglesia de Jesucristo. ¿Y cómo va a estar dentro, cómo va a entrar a la Casa de Dios? Por la Puerta, que es Cristo, habiéndolo recibido como Su Salvador y lavado sus pecados en su Sangre, y siendo bautizado en Su Nombre y recibiendo Su Espíritu Santo, y así naciendo dentro de la Casa de Dios, dentro de la Familia de Dios. La Familia de Dios son los hijos e hijas de Dios nacidos de nuevo.

En Hebreos también San Pablo nos dice en el capítulo 3 de su carta a los Hebreos, verso 5 al 6:

“Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir;

pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros (¿Cuál es la Casa de Dios? La Iglesia del Señor Jesucristo compuesta por los Redimidos con la Sangre de Jesucristo)... la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.”

Así que hemos visto cuál es la Casa de Dios, hemos visto cuál es la Puerta de la Casa de Dios, dónde está el Nombre de Dios para Redención, el Nombre del Señor Jesucristo; y hemos visto cómo entrar a esa Casa, y hemos visto también quiénes son los que entran a esa Casa: todas las personas que tienen sus nombre escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, porque esos son los que El señala como Sus ovejas que oyen Su Voz y le siguen; y El dijo que El llamaría por su nombre esas ovejas, esas personas.

¿Y cómo va a llamar por su nombre esas ovejas, esas personas? Porque El tiene el Título de Propiedad, el Libro de la Vida del Cordero, donde están los nombres de todas esas ovejas, esas personas.

En San Juan, capítulo 10, verso 14 al 16, dice Jesús:

“Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,

así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas (¿Por quién puso Cristo Su vida en la Cruz del Calvario? Por Sus ovejas. ¿Y dónde están esas ovejas en este tiempo final? Pues aquí estamos [la congregación dice: ¡Amén! - Editor], aquí estamos recibiendo Su Amor y Misericordia).

También tengo otras ovejas que no son de este redil (otras ovejas que no son del redil Hebreo, son de entre los gentiles); aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.”

Y ahora, ¿cómo van a escuchar la Voz de Cristo, el Buen Pastor, las ovejas que El tiene entre los gentiles como las que tiene también entre los hebreos, si Cristo murió, resucitó y luego ascendió al Cielo y se sentó en el Trono de Dios? Es que Cristo en Espíritu Santo vino el día de pentecostés y ha estado en medio de Su Iglesia, la cual nació el día de pentecostés y ha estado usando los apóstoles en el tiempo de los apóstoles; luego envió a San Pablo a los gentiles y por medio de San Pablo también habló a los gentiles y llamó a Sus ovejas en aquellos tiempos; y luego envió a los otros ángeles mensajeros que aparecen en este diagrama que el Rvdo. William Branham usó para predicar sobre la estatura de un varón perfecto y otros Mensajes también; y en este diagrama él representó la Iglesia del Señor Jesucristo como un monte alto o una pirámide, y colocó las diferentes etapas por las cuales pasaría la Iglesia de Jesucristo y los diferentes mensajeros que Cristo enviaría a Su Iglesia en cada una de esas etapas.

Y ahora ya han transcurrido todas estas etapas hasta aquí [El Hno. William muestra el diagrama “La estatura de un hombre perfecto,” - Editor], y solamente nos queda la etapa de la Edad de la Piedra Angular, esa es la Etapa que nos corresponde a nosotros en este tiempo final.

Estas diferentes etapas que ya han transcurrido se cumplieron en diferentes territorios del planeta Tierra, como la primera edad de la cual San Pablo fue el mensajero de Jesucristo, a través del cual Cristo se veló y se reveló a los gentiles y habló por medio de San Pablo. San Pablo decía: “No vivo ya yo, vive Cristo en mí.”

Y ahora Cristo en San Pablo estaba llamando y juntando Sus ovejas de aquella primera etapa de la Iglesia de Jesucristo entre los gentiles, como había usado a Pedro el apóstol y a los otros apóstoles, para llamar a los hebreos en aquellos tiempos de los apóstoles.

La Iglesia del Señor Jesucristo está compuesta por hebreos y gentiles que han recibido a Cristo como Su Salvador, han confesado sus pecados a Cristo, y han lavado sus pecados en la Sangre de Cristo, y han recibido Su Espíritu Santo y así han nacido de nuevo, y han nacido en el Reino de Dios, han nacido en la Iglesia del Señor Jesucristo.

Los miembros de la Iglesia de Jesucristo son nada menos que una Nueva Raza que Cristo está creando, Cristo es el Segundo Adán.

Por medio del primer Adán, a causa de que Adán y Eva pecaron, pues todos mueren, todo ser humano que vive está sentenciado a muerte; por eso se vive una temporada aquí en la Tierra en estos cuerpos mortales y después el cuerpo muere, porque es un cuerpo temporal, para que nosotros estando en este cuerpo terrenal hagamos contacto con Jesucristo, la vida eterna, y entonces confirmemos nuestro lugar en la vida eterna; así como confirmamos nuestro lugar en la vida terrenal, ¿cómo? Pues naciendo aquí en la Tierra confirmamos nuestro lugar en esta vida terrenal; y ahora naciendo de nuevo confirmamos nuestro lugar en el Reino de Dios, en la vida eterna.

Y ahora podemos ver cómo es que Cristo ha estado llamando a Sus hijos, a todas las personas que tienen sus nombres escritos en el Cielo; esas almas de Dios que vienen de la séptima dimensión, aunque vienen a esta dimensión terrenal en un cuerpo mortal, corruptible y temporal y obtienen un espíritu del mundo, tienen la oportunidad de nacer de nuevo para poder vivir eternamente. El que no nazca de nuevo no puede ver ni puede entrar al Reino de Dios; el que quiera nacer de nuevo y quiera vivir eternamente tiene la oportunidad, hay una Puerta abierta y Cristo es la Puerta “el que por mí entrare, será salvo.” [San Juan 10:9 - Editor]. Dice Jesucristo nuestro Salvador.

¿Ven lo sencillo que es obtener vida eterna? Algunas personas quieren comprar la vida eterna; pero si Dios le fuera a vender vida eterna a una persona, ningún ser humano tendría tanto dinero y tanta riquezas como para comprar la vida eterna. “¿Por que qué recompensa dará el hombre por su alma? No la hay. Cristo era el único que podía con Su vida pagar el precio de la Redención, y pagó el precio de la Redención para que nosotros sin dinero y sin precio obtengamos la vida eterna, esta vida está escondida en Jesucristo.

Y ahora podemos ver cómo Cristo va llamando y juntando Sus ovejas.“... aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.”

‘Un rebaño,’ esa es la Iglesia de Jesucristo. ‘Un pastor,’ ese es nuestro amado Señor Jesucristo, El es el Pastor, El también es la Puerta.

Y ahora, la Casa de Dios es la Iglesia del Señor Jesucristo donde nacemos por medio de creer en Cristo como nuestro Salvador y lavar nuestros pecados en Su Sangre, y ser bautizados en Su Nombre y recibir Su Espíritu Santo. Vean lo sencillo que es entrar por la Puerta que es Cristo, la Puerta a la vida eterna, porque El es la vida eterna, “Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida, y nadie viene al Padre sino por mí.”

Y por cuanto todos queremos ir al Padre Celestial, a Dios, y vivir con Dios por toda la eternidad, entramos por la Puerta que es Cristo, tomamos el Camino de la vida eterna que es Jesucristo, y tomamos la vida eterna que es Cristo, y tomamos la Verdad que es Jesucristo, para vivir eternamente con nuestro amado Señor Jesucristo.

Siendo El la Puerta por donde se entra para tener vida eterna, tenemos que comprender que esa Puerta ha estado abierta de etapa en etapa durante estos dos mil años aproximadamente, pero que algún día se cerrará. Ya han entrado millones de seres humanos. Cada edad y cada etapa de la Iglesia se ha cumplido en cada territorio ordenado por Dios en Su Programa: Asia Menor... después de comenzar todo el Programa Divino allá en la tierra de Israel, luego con los gentiles comenzó todo en Asia Menor; luego Francia, la segunda etapa; luego Hungría y Francia, la tercera etapa; luego Irlanda y Escocia la cuarta etapa; luego Alemania la quinta etapa; luego Inglaterra la sexta etapa; luego Norte América la séptima etapa; y la etapa final, la etapa octava, la etapa de la Edad de la Piedra Angular, ¿dónde? La América Latina y el Caribe. Esas son las buenas noticias para los latinoamericanos y caribeños.

La Puerta está abierta y Cristo, el Buen Pastor, está llamando y juntando a Sus escogidos del Día Postrero en la América Latina y el Caribe, y los está juntando dentro de Su Iglesia, dentro de Su Templo Espiritual, dentro del Reino de Dios.

Y ahora, la América Latina y el Caribe es la que tiene la Bendición del llamado final de Jesucristo.

En Apocalipsis y en el evangelio según San Mateo nos habla de una Trompeta. En San Mateo, capítulo 24, verso 31, dice:

“Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos...”

En este tiempo final los escogidos de Dios del Cuerpo Místico de Cristo, de la Iglesia de Jesucristo, son llamados con la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, y son juntados en el Cuerpo Místico de Cristo, en la Edad de la Piedra Angular. Cristo por cuanto está construyendo un Templo Espiritual con seres humanos, esta etapa final entre los latinoamericanos y caribeños corresponde al Lugar Santísimo de ese Templo Espiritual, un Templo Espiritual que Cristo está construyendo con piedras vivas, con seres humanos vivos que ha enviado a este planeta Tierra.

Y ahora, en el llamado final de este tiempo final serán recogidos todos los escogidos con la Gran Voz de Trompeta bajo el Ministerio de los ángeles del Hijo del Hombre, y se completará la Iglesia del Señor Jesucristo, se completará ese Templo Espiritual y entonces Cristo terminará Su Obra de Intercesión en el Cielo, donde El está desde que ascendió al Cielo en el Trono del Padre que es el Asiento de Misericordia, mientras la Sangre de Cristo está allí.

Y Cristo ha estado haciendo Intercesión como lo hacía el sumo sacerdote en el tabernáculo que construyó Moisés y el templo que construyó el rey Salomón, el día 10 del mes séptimo de cada año el sumo sacerdote entraba al lugar santísimo con la sangre de la expiación del macho cabrío, y ofrecía sobre el propiciatorio en el lugar santísimo esa sangre para la reconciliación del pueblo hebreo con Dios; ese era el día de la reconciliación.

Cuando ya el sumo sacerdote salía, ya se acababa la oportunidad de reconciliación para aquellos que no se habían arrepentido y no habían afligido sus almas por sus pecados, ya esas personas no alcanzaban Misericordia; porque antes del sumo sacerdote entrar al lugar santísimo con la sangre y luego salir el sumo sacerdote, esas personas tenían que arrepentirse de sus pecados; así era la reconciliación para el pueblo hebreo el día 10 del mes séptimo de cada año, ése era el único día en el año que el sumo sacerdote entraba al lugar santísimo, y tenía que entrar con sangre; como Cristo entró al Lugar Santísimo del Templo Celestial con Su propia Sangre para hacer Intercesión.

Cuando ya el sumo sacerdote salía del lugar santísimo terminando todas sus labores de ese día, ya quedaba hecha la reconciliación de los hijos de Israel, de los hebreos que se habían arrepentido de sus pecados y habían dado su confesión y corazón a Dios; y el que no se había arrepentido y no se había lamentado, sería cortado del pueblo; eso está en Levítico, capítulo 23, versos 26 en adelante. Dice:

“También habló Jehová a Moisés, diciendo:

A los diez días de este mes séptimo será el día de expiación; tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas, y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová.

Ningún trabajo haréis en este día; porque es día de expiación, para reconciliaros delante de Jehová vuestro Dios (¿Para qué es ese día? Para ser reconciliados con Dios).

Porque toda persona que no se afligiere en este mismo día, será cortada de su pueblo.”

Y ahora, tenemos que desde que Cristo ascendió al Cielo, el día de la Gracia empezó, el día de la Gracia con la Puerta abierta, la Puerta de Salvación, Cristo. “Para que todo aquel que en El cree no se pierda mas tenga vida eterna.” Toda persona que arrepentido de sus pecados recibe a Cristo como su Salvador, lava sus pecados en la Sangre de Cristo y es bautizado en el Nombre del Señor Jesucristo y recibe Su Espíritu Santo, no se perderá, esa persona ha guardado La Fiesta de la Expiación, y Cristo es la Expiación para nosotros; cuando Lo recibimos, hemos recibido la Fiesta de la Expiación; por lo tanto, la Misericordia de Dios ha sido manifestada en favor nuestro y hemos sido reconciliados con Dios. Pero las personas que en el tiempo que les ha tocado vivir no han recibido a Cristo como su Salvador, no han sido reconciliados con Dios; por lo tanto el derecho a la vida eterna ellos mismos lo han perdido. “Toda persona que no se afligiere en ese mismo día, será cortado del pueblo,” dice Dios aquí en esta fiesta de la expiación y Cristo es nuestra Expiación.

Por eso es que en el día de la Gracia Dios le ha dado oportunidad a todo ser humano para que se arrepienta de sus pecados, aflija su alma por ser un pecador, y reciba a Cristo como su Salvador y obtenga la Misericordia de Cristo, lave sus pecados en la Sangre de Cristo, sea bautizado en Su Nombre, y reciba el Espíritu Santo y así reciba el nuevo nacimiento, y así sea reconciliado con Dios. San Pablo cuando predicaba decía: “Reconciliaos hoy con Dios.” Es por medio de Jesucristo la reconciliación del ser humano con Dios. Todo esto Dios lo reflejó en el Antiguo Testamento con el pueblo hebreo.

Y ahora, la oportunidad final la estamos teniendo nosotros en este tiempo final, en donde la Puerta de la Gracia todavía está abierta, pero cuando entre hasta el último de los escogidos de Dios, entonces la Puerta se cerrará, porque Cristo habiendo terminado las labores de Reconciliación, habiendo terminado las labores del día de La Expiación, como lo hacía el sumo sacerdote en el lugar santísimo del templo, y Cristo es lo que hace en el Lugar Santísimo del Templo Celestial, porque El es el Sumo Sacerdote Melquisedec, Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec.

Por eso el Orden de Melquisedec y las labores de ese Sumo Sacerdocio de Melquisedec se reflejó en el sacerdocio de Aarón. Pero ya no necesitamos el sacerdocio levítico, porque tenemos un Orden Celestial Sacerdotal: el Orden de Melquisedec, haciendo Intercesión en el Cielo por cada uno de ustedes y por mí también. Y mientras esa Puerta esté abierta hay oportunidad de entrar por esa Puerta de Misericordia, de Salvación, para todo el que oye la Voz de Cristo, todo el que escucha Su Voz: “Si oyes hoy Su Voz, pues no endurezcas tu corazón, como hizo el pueblo hebreo que endureció su corazón en el desierto. Oye Su Voz.”

Escuchando Su Voz y siguiendo lo que Su Voz te dice a ti y a mí en este tiempo, entramos por la Puerta de la vida eterna que es Cristo, para vivir con Cristo por toda la eternidad; esa es la decisión más grande que una persona hace en la vida: entrar por la Puerta de la vida eterna que es Jesucristo, recibiéndolo como su Salvador, lavando sus pecados en Su Sangre, siendo bautizados en Su Nombre y recibiendo Su Espíritu Santo; porque el que no nazca de nuevo, no puede ver ni puede entrar en el Reino de Dios.

“Pero de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su hijo unigénito para que todo aquel que en El cree no se pierda mas tenga vida eterna (San Juan, capítulo 3, verso 15 al 16).” El que en El cree no es condenado, El que en El cree ha pasado de muerte a vida.

“ENTRAD POR LA PUERTA ANTES QUE EL PADRE DE FAMILIA CIERRE LA PUERTA.”

El Padre de Familia es Cristo, El es el Padre de esta Familia Celestial, de hijos e hijas de Dios, El se está reproduciendo en hijos e hijas de Dios porque El es el Segundo Adán, se está reproduciendo y está por Creación divina, por medio del nuevo nacimiento a través de Su Espíritu Santo creando una Nueva Raza de hijos e hijas de Dios, y pronto nos dará el cuerpo físico, eterno, inmortal e incorruptible y glorificado, igual a Su propio Cuerpo, y así seremos todos a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo.

El Padre de Familia es Cristo y El cerrará esa Puerta muy pronto; pero no la cerrará hasta que haya entrado hasta el último de los escogidos de Dios.

Algunas personas que no comprenden estas cosas, cuando escuchan que se predica el Evangelio, dicen: “Disque se dice que Dios va a llevarse a Sus escogidos al Cielo, que va a resucitar a los muertos en Cristo, que los va transformar y los va a llevar al Cielo a la Cena de las Bodas del Cordero y luego va a derramar sus juicios sobre la Tierra (los juicios de la gran tribulación).” Algunos dicen: “Eso lo están predicando desde hace dos mil años y no ha sucedido.” ¡Gracias a Dios que no ha sucedido todavía! Pero va a suceder. ¿Y por qué no ha sucedido todavía? Porque Dios no destruirá al justo con el injusto, Dios no destruirá a las personas que tienen sus nombres escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, no los va a destruir con los injustos que van a ser quemados durante la gran tribulación con fuego atómico:

“Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama.” [Malaquías 4:1 - Editor].

Ese es el juicio divino que ha de venir y se está predicando desde hace más de dos mil años, porque en el Antiguo Testamento también se habló de ese día de venganza del Dios nuestro. Pero gracias a Dios que no ha venido todavía, ¿por qué? Porque antes Dios llama y junta a Sus escogidos de edad en edad y ahora está juntando Sus últimos escogidos de entre los gentiles, y cuando termine con ese recogimiento de entre los gentiles, entonces llamará 144 mil hebreos, 12 mil de cada tribu, con el mismo Mensaje de la Gran Voz de Trompeta. Esa es la Voz de Cristo, el Angel del Pacto, el Buen Pastor llamando y juntando a Sus ovejas en este tiempo final, es Cristo, el Angel del Pacto, en Su manifestación final por medio de Su Angel Mensajero llamando y juntando a todas Sus ovejas de este tiempo final.

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias.” Apocalipsis, capítulo 22, verso 16. Y Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, dice Juan el apóstol:

“Y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas.”

Y luego en Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, para dar a conocer esas cosas que deben suceder pronto, Jesucristo, vean... Dios, vean lo que hace... Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, dice:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto.”

¿Ven ustedes, por medio de quién es que Jesucristo nos da a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto? Jesucristo, el Buen Pastor, hablándole a Su Iglesia, a Sus hijos, en este tiempo final nos da a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto por medio de Su Angel Mensajero, del cual también dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias.” Apocalipsis 22, verso 16.

Y ahora le ha tocado a la América Latina y el Caribe escuchar la Voz del Buen Pastor, la Voz de Jesucristo, entre tanto que la Puerta de la Gracia y Misericordia está abierta; y entrarán, oirán la Voz de Cristo, todos los latinoamericanos y caribeños que tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero y entrarán por esa Puerta, la Puerta de Salvación que es Cristo, para vivir eternamente con nuestro amado Señor Jesucristo.

Y entre tanto que la Puerta está abierta, entrad por la Puerta, porque cuando el Padre de Familia se levante del Trono de Intercesión en el Cielo, entonces cerrará esa Puerta y no habrá más oportunidad para los gentiles, de salvación; porque no habrá Sangre sobre el Propiciatorio del Templo que está en el Cielo, y si no hay Sangre sobre el Propiciatorio del Templo que está en el Cielo, entonces no hay con qué lavar los pecados y quitar los pecados de la gente.

Cuando Cristo se levante del Trono de Intercesión, el Trono de Dios, el Trono del Padre donde El está, se convertirá en un Trono de Juicio, y entonces el juicio divino caerá sobre todas las personas que no se afligieron, que no afligieron sus almas, y no recibieron a Cristo como su Salvador y ya se le habrá pasado el tiempo para Redención a esas personas; pero los que habrán entrado antes de que se cierre la puerta, podrán decir: “Gracias a Dios que entré por esa Puerta antes que fuese cerrada esa Puerta por Jesucristo, el Padre de la familia.”

Y ahora la Puerta está abierta y están entrando latinoamericanos y caribeños, y cuando entre hasta el último de los escogidos de Dios, Cristo se levantará del Trono de Intercesión, porque habrá terminado Su Obra de Intercesión, como sucedía con el sumo sacerdote cuando terminaba su obra de intercesión allá en el lugar santísimo del templo terrenal, luego que él terminaba ya no había más oportunidad para otras personas recibir la reconciliación.

Ahora podemos ver el Programa de Cristo para nuestro tiempo, y podemos ver ese día de Gracia, que comenzó en el tiempo de Jesucristo y Sus apóstoles, como ha llegado hasta este tiempo en el cual vivimos, y todavía está abierta esa Puerta; pero pronto se va a cerrar. En esta etapa latinoamericana y caribeña es que se cerrará esa Puerta de Misericordia para los gentiles. Pero Dios  tiene mucho pueblo en la América Latina y el Caribe. Como dijo Pablo en una ciudad donde Pablo estaba, Dios le dijo: “Yo tengo mucho pueblo en esta ciudad, predica, habla la Palabra.” Porque donde hay mucho pueblo de Dios lo que hay es que hablar la Palabra de Dios para que oigan la Voz de Cristo y sean reconciliados con Dios todo ese pueblo de Dios.

Y ahora Dios tiene mucho pueblo en la América Latina y el Caribe para ser reconciliados con Dios, recibir vida eterna y recibir un cuerpo eterno en el Día Postrero y vivir con Cristo por toda la eternidad. Por lo tanto los que no han entrado por esa Puerta al Reino de Dios: ENTRAD ANTES QUE EL PADRE DE FAMILIA CIERRE LA PUERTA. Aprovechen la oportunidad que hay todavía. Quien necesita es cada persona, y es para cada persona el beneficio de la vida eterna. ¿Porque de qué le vale al hombre si gana todo el mundo, lucha, trabaja como un esclavo y se vuelve millonario y pierde su alma? De nada le sirvió, cuando se muere ni se puede llevar todo lo que se ganó, se queda para los hijos o para el gobierno y él va a otro lugar a donde no quería ir, a la quinta dimensión. Como el rico del cual Cristo habló que era muy rico y hacía muchas fiestas y todo, y cuando murió fue al infierno; pero también murió un pobre, un mendigo y cuando murió fue llevado por los ángeles al Seno de Abraham. Porque cuando muere un cristiano, un hijo o una hija de Dios, es llevado al Cielo, al Paraíso por los ángeles de Dios.

Ahora, para los que no han entrado: ENTRAD ANTES QUE EL PADRE DE FAMILIA CIERRE LA PUERTA. Y los que ya han entrado den gracias a Cristo que están dentro y sirvan a Cristo con toda vuestra alma todos los días de vuestra vida, sin apartarse de Cristo en ningún momento de su vida, no importa los problemas que puedan tener aquí en el Tierra. Pero cuando ya estemos con el cuerpo nuevo en el Reino de los Cielos, en el glorioso Reino de Cristo, ya no tendremos más problemas y viviremos por toda la eternidad con Jesucristo nuestro Buen Pastor, que es también la Puerta para entrar a la vida eterna.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Angel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y pronto llegue la Voz de Cristo hasta el último de los escogidos de Dios, hasta la última de las ovejas de Jesucristo, y entre al Cuerpo Místico de Cristo por la Puerta que es Jesucristo, y se complete así el número de la Iglesia de Jesucristo, el número de los escogidos de Dios, y Cristo salga del Trono de Intercesión, reclame todo lo que El ha redimido con Su Sangre y El resucite a los muertos en Cristo, y nos transforme a nosotros los que vivimos, y nos lleve con El a la Casa de nuestro Padre Celestial, a la gran Cena, a la Gran Fiesta, de la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Muchas gracias por vuestra amable atención, amados amigos y hermanos presentes, y continúen pasando una noche llena de las bendiciones de Jesucristo nuestro Salvador.

Dejo nuevamente con nosotros al Rvdo. Miguel Bermúdez Marín para continuar y finalizar nuestra parte en esta noche. Pero antes tenemos a mi esposa Erica y a mi hija América en el cántico que se usa para finalizar mi parte.

“ENTRAD ANTES QUE EL PADRE DE FAMILIA CIERRE LA PUERTA.”

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