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Muy buenos días, amados amigos y hermanos presentes; es para mí una bendición y privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo cristiano alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final; para lo cual quiero leer en San Juan, capítulo 3, verso 1 en adelante. Este es el pasaje que nos habla de Nicodemo viniendo a Jesús, pues estaba interesado en el Reino de Dios, quería entrar al Reino de Dios. Dice:

“Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos.

Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.

Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?

Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.

Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.

No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.

El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.

Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto?

Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú el maestro de Israel, y no sabes esto?.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Siendo que para el ser humano lo más importante es la vida eterna, entrar al Reino de Dios para tener vida eterna, entonces examinemos LA NECESIDAD DE RECIBIR EL ESPIRITU SANTO; porqué se necesita recibir el Espíritu Santo.

Nuestro tema es: “LA NECESIDAD DE RECIBIR EL ESPIRITU SANTO.”

Conforme a las enseñanzas de Cristo se requiere que el ser humano nazca de nuevo del Agua y del Espíritu; por lo tanto necesita recibir el Espíritu Santo.

Y ahora, siendo que el ser humano al ser colocado en este planeta Tierra, y Dios darle una compañera allá en el Huerto del Edén, donde fueron ellos colocados para labrar el Huerto; encontramos que ellos estaban a prueba aquí en la Tierra, ellos habían venido de otra dimensión, pero sus cuerpos físicos eran de aquí de la Tierra, pero su espíritu y su alma era de otra dimensión: su espíritu era de la sexta dimensión, y su alma de la séptima dimensión: eran hijos de Dios.

Y ahora, cuando Dios colocó al ser humano aquí, colocó un hombre, pero dentro de ese hombre estaba su compañera.

Y ahora, vemos el porqué fue del costado de Adán que Dios tomó una parte y le formó una compañera, y colocó el espíritu femenino que estaba dentro de Adán, lo sacó y lo colocó dentro de ese cuerpo que Dios formó para la compañera de Adán.

Y ahora, estando ellos aquí en la Tierra en carne humana, tenían que pasar por una etapa de prueba, así como todos nosotros. En esa etapa de prueba, al pecar... A causa de que el diablo, el cual no es un creador; por lo tanto se metió dentro de la serpiente. Y la serpiente, esa raza de la serpiente, era parecida al ser humano; con la maldición que Dios le echó fue que vino a ser un reptil, pero antes de eso hablaba. ¿Ven? Habló con Eva, razonaba, tenía conocimiento, era el animal más astuto de todos los animales. Ese es el eslabón perdido que busca la ciencia, pero no lo ha conseguido porque no sabe que es la serpiente que aparece en el libro del Génesis, la cual engañó a Eva; en esa raza de la serpiente, pues está el varón y la hembra, como en todos los animales.

Y ahora, tenemos a través de los descubrimientos científicos que hubo seres antes de Adán y Eva; pero esos son la raza de la serpiente, que ellos descubren, y dicen: “Tenían tantos años o tantos millones de años.” Esa raza de la serpiente era lo más cercano al ser humano; por eso es el eslabón perdido; y la ciencia no lo ha podido conseguir, porque no se imagina que esa serpiente de la cual habla la Biblia era el animal que estaba entre el ser humano y el chimpancé.

Y ahora, a causa de que la raza humana cayó allá en el huerto del Edén cuando estuvo a prueba, todos los descendientes de Adán y Eva, así como Adán y Eva perdieron el derecho a vivir eternamente en el cuerpo que ellos tenían, solamente vivieron una temporada aquí en la Tierra; todos los descendientes de Adán y de Eva también tienen la misma situación: viven aquí en la Tierra una temporada. Y encontramos que a medida que han ido pasando los milenios la vida del ser humano se ha hecho más corta; pues Adán vivió 930 años, y encontramos que Matusalén vivió 969 años.

Pero no importa que sean pocos o muchos, el final siempre es la muerte, ¿por qué? Porque la raza humana cayó de la vida eterna, fue destituida de la Gloria de Dios a causa del pecado. Por lo tanto, el ser humano al nacer en la raza caída obtiene un cuerpo mortal, corruptible y temporal, y un espíritu del mundo. San Pablo en Primera de Corintios, capítulo 15, verso 42 en adelante, vean cómo llama a ese cuerpo que nosotros obtenemos. Dice en el verso 40:

“Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales.

Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria.

Así también es la resurrección de los muertos.

Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción.”

O sea, que nuestra alma ha sido sembrada en un cuerpo terrenal, mortal, corruptible y temporal, nuestra alma es la Semilla o Simiente de Dios, una Semilla de Dios, una Simiente de Dios, un hijo o una hija de Dios; o sea, que lo que es eterno es el alma de cada hijo e hija de Dios; tiene que ser redimida, tiene que ser restaurada a la vida eterna esa alma, y en estos cuerpos mortales, pues estamos en una etapa de prueba, y estamos en una etapa que es temporal.

Pero esto no es todo para los hijos de Dios, estamos en esa etapa de prueba en la cual reconocemos a Jesucristo como nuestro Salvador, nuestro Redentor. El es el único que puede salvar nuestra alma de la muerte eterna, El es el único que puede salvar nuestra alma del lago de fuego, que es la segunda muerte.

Y Dios ha hecho un Programa para la restauración de esas almas de Dios, que vienen de la séptima dimensión y son sembradas aquí en la tierra en cuerpos mortales, corruptibles y temporales. Esas Semillas de Dios son hijos e hijas de Dios en sus almas, pero con cuerpos mortales, corruptibles y temporales. Pero esas almas son la Familia de Dios, los hijos e hijas de Dios, los atributos de Dios; y tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

Y ahora, en el Programa de la Redención encontramos que tenemos un Redentor, que es nuestro amado Señor Jesucristo.

Ahora, veamos un poco más acerca del cuerpo que tenemos y del cuerpo que hemos de tener más adelante. Dice que hay cuerpos celestiales y cuerpos terrenales. Y ahora, dice:

“Así también es la resurrección de los muertos.

Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción...”

O sea, que la resurrección para los muertos en Cristo será en un cuerpo eterno, inmortal e incorruptible, un cuerpo glorificado, igual al cuerpo de nuestro amado Señor Jesucristo. Y para nosotros los que vivimos, cuando los muertos en Cristo resuciten, todos los escogidos de Dios que estén vivos serán transformados, y tendremos todos un cuerpo eterno, inmortal e incorruptible y glorificado, igual al cuerpo glorificado de nuestro amado Señor Jesucristo.

“Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder.

Se siembra cuerpo animal...”

Miren cómo le llama a este cuerpo que tenemos nosotros, San Pablo: cuerpo animal, ¿por qué? Porque a causa de la caída en el Huerto del Edén, causada por el diablo a través de un animal, dio lugar a que el cuerpo que la descendencia de Adán y Eva tendrían, sería cuerpo animal; pero tenemos la promesa de que recibiremos un cuerpo celestial, glorificado, inmortal e incorruptible; ya ese no es un cuerpo animal, sino un cuerpo celestial y glorificado, igual al cuerpo de nuestro amado Señor Jesucristo:

“Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual...”

Cuerpo animal: el cuerpo mortal, corruptible y temporal que tienen todos los seres humanos. Cuerpo espiritual y celestial: el cuerpo de nuestro amado Señor Jesucristo: ese cuerpo glorificado con el cual encontramos que El está viviendo; y ya han transcurrido de su ida al Cielo casi dos mil años, y todavía está vivo. Y esa es la clase de cuerpo que todos nosotros necesitamos, y esa es la clase de cuerpo que Jesucristo ha prometido, ¿para quiénes? Para cada uno de ustedes, ¿y para quién más? Para mí también, y para cada uno de los escogidos de las diferentes etapas o edades de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y ahora, no tenemos que lamentarnos de que tengamos este cuerpo mortal, corruptible y temporal; vivir en estos cuerpos mortales es una experiencia única, la cual no se va a repetir para nosotros. Y estando nosotros en estos cuerpos mortales es que mostramos a Dios que Lo amamos, que recibimos Su Obra de Redención, la creemos con toda nuestra alma, entramos a Su Programa de Redención para ser restaurados a la vida eterna.

Ahora, siendo que al nacer la persona aquí en la Tierra también recibe un espíritu, y ese es un espíritu del mundo, entonces conforme a la promesa divina Dios le dará un espíritu celestial.

Y ahora, para obtener esas dos grandes bendiciones: un espíritu celestial, inmortal e incorruptible, teofánico, y un cuerpo glorificado; tenemos que reconocer el Programa de Redención, el Programa que nos restaura a la vida eterna; y por eso es que Jesucristo dice que es necesario nacer de nuevo.

Con este nacimiento terrenal que hemos tenido, no podemos vivir eternamente; por lo tanto necesitamos nacer de nuevo, nacer con vida eterna, y eso se obtiene recibiendo a Cristo como nuestro Salvador.

Y ahora, veamos en San Juan, ahí donde estábamos leyendo, al principio dice... sigue diciéndole a Nicodemo... vean, vamos en el capítulo 3, verso 10 —fue lo último que leímos—, dice:

“Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?

De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio.

Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?

nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo.”

¿Y cómo iba a entender eso celestial; estando en la Tierra dice que está en el Cielo? Estando en esta dimensión terrenal, también está en la dimensión celestial; porque no tenía limitaciones nuestro amado Señor Jesucristo, teniendo las dos conciencias juntas vivía en esta dimensión terrenal y vivía también en la dimensión celestial.

Y siendo El, aquel que le apareció a Abraham y comió con Abraham y Abraham se gozó; vean ustedes, siendo el que visitó a Abraham en diferentes ocasiones, pues El dijo a los judíos en una ocasión, en San Juan capítulo 8, verso 56 al 58:

“Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.

Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?

Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.”

¿Y cómo era antes que Abraham? ¿Cómo era antes de venir a la Tierra en carne humana? Pues era en Su cuerpo teofánico de la sexta dimensión, que es un cuerpo parecido a nuestro cuerpo pero es un cuerpo de la sexta dimensión, celestial, un cuerpo inmortal; es llamado también el Verbo que era con Dios y era Dios. Por eso en San Juan, en el mismo capítulo 1... vean, cuando El dice esas cosas, entonces toman piedras para apedrearlo, porque no pueden comprender estas cosas celestiales.

Y ahora, en San Juan, capítulo 1, verso 1 en adelante, dice:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho (o sea, que el Verbo que era con Dios y era Dios fue el que creó todas las cosas).”

¿Y no era Dios el Creador de los Cielos y de la Tierra? Pues en Génesis, capítulo 1, verso 1, dice.

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra.”

¿Y ahora dice aquí que fue el Verbo el que creó todas las cosas? Porque el Verbo era con Dios y era Dios, es el mismo Dios en Su cuerpo teofánico de la sexta dimensión, es llamado también el Angel de Jehová o Angel del Pacto, el cual le apareció al Profeta Moisés en el capítulo 3 del Exodo, y le dijo que había descendido para libertar al pueblo; y se identificó diciéndole: “Yo Soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.”

¿Y cómo va a ser el Angel de Jehová, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, cómo un Angel va a ser el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob? Porque ese Angel es el mismo Dios en Su cuerpo angelical. Dios en Su cuerpo angelical es llamado el Angel de Jehová, un hombre de la sexta dimensión en el cual está Dios en toda Su plenitud, y el cual es Dios en Su cuerpo teofánico, Su cuerpo angelical de la sexta dimensión.

¿Qué Dios tiene un cuerpo parecido a nuestro cuerpo de otra dimensión? Claro que sí.

¿No han leído que Dios creó al hombre a Su imagen y semejanza? ¿Entonces a qué se parece Dios? Pues al hombre. ¿Y el hombre a quién se parece? Pues a Dios.

Y ahora, miren ustedes:

“En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan (o sea, Juan el bautista).

Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz (o sea, para que diese testimonio del Verbo), a fin de que todos creyesen por él.

No era él la luz (o sea, Juan el Bautista no era la Luz), sino para que diese testimonio de la luz.

Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.”

Y ahora, el Verbo que era con Dios, la Luz que alumbra a todo hombre, venía a este mundo, el Angel de Jehová, el Angel del Pacto, venía a este mundo; y Juan le estaba preparando el camino; porque Juan es ese profeta del cual el profeta Malaquías dijo, en el capítulo 3, verso 1 en adelante:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí (¿Quién lo está enviando? Dios); y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.”

¿A quién le estaba preparando el camino Juan el Bautista? ¿Quién vendría después de Juan el Bautista? Vendría el Señor, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Angel del Pacto, ese es aquel al cual Juan el Bautista le estaba preparando el camino. Dice:

“Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.

En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció...”

¿El mundo fue hecho por quién? Por aquella Luz verdadera que alumbra a todo hombre, el Verbo que era con Dios y era Dios, o sea, Dios en Su cuerpo teofánico. Dios en Su cuerpo teofánico es un hombre de la sexta dimensión llamado el Angel de Jehová, el Angel del Pacto, el Angel principal.

“A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.”

El Verbo que era con Dios y era Dios se hizo carne, y habitó en medio del pueblo hebreo, y fue conocido por el nombre de Jesús.

Ahora vean cómo Dios cuando se hizo carne se hizo a la semejanza del ser humano, se hizo carne, se hizo un hombre en esta dimensión terrenal, llamado Jesús. El cuerpo físico y visible en esta dimensión de Dios es Jesucristo, ese es Jesús. Dios se vistió de carne humana, el Verbo que era con Dios y era Dios se hizo carne, y habitó en medio de los seres humanos, el Angel del Pacto, el Angel de Jehová, que es el mismo Dios en Su cuerpo teofánico de la sexta dimensión se hizo un cuerpo de carne en esta dimensión, creó en el vientre de María una célula de vida, la cual se multiplicó célula sobre célula y se formó así el cuerpo de Jesús, vino por Creación divina, y en ese cuerpo habitó Dios en toda Su plenitud; y por medio de ese cuerpo, por medio de Su propio cuerpo creado por el mismo Dios, El llevó a cabo la Obra de Redención.

Ninguna otra persona podía salvar al ser humano, porque todos habían venido en medio de una raza caída; por lo tanto se requería Uno que viniera, no por medio de la unión de un hombre y de una mujer, sino por medio de Creación divina, y ese es el cuerpo de nuestro amado Señor Jesucristo: vino por Creación divina en medio de la raza humana, y habitó Dios en ese cuerpo en toda Su plenitud; y Dios así se proveyó de un Sacrificio por el pecado, y para así quitar el pecado de la raza humana.

La sangre de los seres humanos no servía para llevar a cabo la limpieza de los pecados de los seres humanos; por lo tanto se requería una Sangre sin pecado; y esa es la Sangre de nuestro amado Señor Jesucristo; y la Sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado.

Y ahora, todos aquellos sacrificios que el pueblo hebreo efectuaba en el Antiguo Testamento, tanto el cordero pascual el día 14 del mes primero de cada año —del mes religioso, el primero de cada año— y también el macho cabrío de la expiación que se sacrificaba el día 10 del mes séptimo de cada año, en el día de la expiación; esos sacrificios y demás sacrificios representaban a Jesucristo y Su Sacrificio en la Cruz del Calvario.

Por eso es que esos sacrificios no podían quitar el pecado, porque era sangre animal; tenía que ser Sangre Celestial. La sangre animal no podía quitar el pecado, porque la vida de la sangre animal no podía regresar al ser humano, el espíritu del animal no podía regresar al ser humano, para producir el nuevo nacimiento en las personas; por lo tanto solamente aquella sangre de los animales cubría el pecado, en espera de la Venida del Cordero de Dios para quitar el pecado del ser humano.

Y cuando Cristo vino a la Tierra, encontramos que habían partido ya millones de creyentes en Dios, y también Juan el Bautista luego partió, pero iban al Seno de Abraham, el Paraíso en aquel tiempo, en espera de la Venida del Mesías y de la Obra de Redención, el Sacrificio del Mesías. Y cuando Jesucristo murió en la Cruz del Calvario y Su Sangre fue derramada, allí los pecados de todos aquellos santos del Antiguo Testamento, los cuales tenían sus pecados cubiertos con la sangre de aquellos animalitos que ellos habían sacrificado, ahora con la Sangre de Cristo quedaron quitados los pecados de todos ellos.

O sea, que la Sangre de Cristo no solamente quita los pecados de los que han vivido de Cristo hacia acá, sino que también quitó los pecados de todos los creyentes que habían sacrificado los animalitos ordenados por Dios para el sacrificio; hasta el pecado de Adán y Eva fue quitado; por eso fue que resucitaron con Cristo cuando Cristo resucitó. En San Mateo, capítulo 27, nos da testimonio de esos santos que se levantaron. Dice capítulo 27 de San Mateo, verso 51 en adelante, dice:

“Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron;

y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron;

y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él (o sea, después de la resurrección de Cristo salieron de los sepulcros),

...y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos.”

Resucitaron jovencitos, y la ciudad de Jerusalén tuvo un gran encuentro juvenil, de seguro el sumo sacerdote y demás sacerdotes podían decir: “¿Y de dónde están llegando estos jóvenes? Y como que están vistiendo un poquito diferente a nosotros.” Eran los jóvenes que habían servido a Dios, y que habían resucitado con Jesucristo. Y ahora eran jóvenes para toda la eternidad. Y aun el mismo Jesucristo cuando resucitó ni Sus propios discípulos lo conocían, resucitó en cuerpo glorificado, fue glorificado; y ahora ni Sus discípulos lo conocían hasta que se identificó con ellos.

Y ahora, Cristo está en la Tierra unos 40 días con Sus discípulos, apareciéndole a ellos en diferentes ocasiones —no menos de ocho ocasiones apareció a Sus discípulos—; en cuanto a los santos del Antiguo Testamento que resucitaron, en donde también Juan el Bautista resucitó, no dice, no da mucha información de qué hicieron ellos, no sabemos si Juan le apareció a sus discípulos, pero los discípulos de Juan no dicen que Juan le apareció a ellos.

Ahora, los discípulos de Jesucristo sí dicen que Jesucristo apareció a ellos, habló con ellos, les habló acerca del Reino de Dios en diferentes ocasiones, hizo diferentes señales también, y comió con ellos, compartió con ellos; y les dijo que no se fueran de Jerusalén hasta que fueran revestidos de Poder de lo alto.

Ahora, durante esos 40 días ellos fueron de Jerusalén, fueron hasta Galilea también; pero después, vean ustedes, que tuvieron un tiempo de actividades, y Jesús con ellos guiándolos; pero ahora cuando ya se tiene que ir, ya están en el territorio de Judá, y por ahí del monte de los Olivos, por ahí por Betania, es que Jesucristo se despide de ellos y les dice que permanezcan en Jerusalén hasta que sean llenos del Espíritu Santo, hasta que sean llenos de Poder de lo alto.

Cristo les había hablado del bautismo del Espíritu Santo, les había dicho en diferentes ocasiones que El les daría el Espíritu Santo. Juan el Bautista también dijo: “Yo los bautizo a ustedes en bautismo de arrepentimiento, les bautizo en agua, pero el que viene después de mí, detrás de mí, El les bautizará en Espíritu Santo y fuego.”

Era muy importante seguir a Juan, porque con el Ministerio y Mensaje de Juan eran preparados para recibir al que vendría después de Juan; pero no se podían quedar con Juan, sino que tenían que luego seguir al que vendría después de Juan, aquel al cual Juan el Bautista le preparó el camino. Porque los que se quedaban con Juan y no seguían al que vendría después de Juan (a Jesús), pues no podían recibir el Espíritu Santo, porque el Espíritu Santo es para los creyentes en nuestro amado Señor Jesucristo, pues Jesucristo es el que bautiza con Espíritu Santo y fuego.

Y ahora, la promesa es que los que creen en Su Nombre, Dios les ha dado potestad de ser hechos hijos de Dios, los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón sino de Dios, y así se obtiene el nuevo nacimiento.

Vean ustedes, Cristo en diferentes ocasiones prometió la Venida del Espíritu Santo; miren, aquí a Nicodemo le dijo que era necesario nacer de nuevo, nacer del Agua y del Espíritu para entrar al Reino de Dios, para entrar a una Nueva Creación.

Y ahora, a la mujer samaritana en el capítulo 4, verso 10 en adelante, Cristo también le habla del Espíritu Santo cuando le dice:

“Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios (el Don divino estaba siendo manifestado allí en Jesús, en ese Ministerio mesiánico), y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.

La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva?

¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?

Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed;

mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.”

Y ahora, para obtener vida eterna tenemos que tomar de esa Fuente de Agua de vida eterna; esa Agua de vida eterna es el Espíritu Santo. Por eso en San Juan, capítulo 7, verso 37 en adelante, el día de la fiesta de los tabernáculos, en el último día, dice:

“En el último y gran día de la fiesta...”

Para saber que era de los tabernáculos, pues uno lee en el capítulo 7, verso 3. Dice:

“Estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los tabernáculos.”

Y ahora: “En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.

El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.

Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.”

Y ahora, el que bautizará con Espíritu Santo y fuego está haciendo la promesa para los que creerán en El; por lo tanto aun en los discípulos de Juan el Bautista, los discípulos del precursor, tenían que seguir al Precursado, seguir a Jesús, para poder recibir el bautismo del Espíritu Santo; de otra forma se quedaría solamente con el bautismo en Agua que les ministró Juan el Bautista.

Y ahora, Jesús también en el capítulo 15 y verso 26 de San Juan, dice:

“Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí (les leí el capítulo 15, verso 26).

Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio.”

Y ahora, en el capítulo 14, verso 26, dice (de San Juan):

“Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.”

Y también en el capítulo 16 de San Juan, verso 12 al 15, dice:

“Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar.

Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.

El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.

Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber.”

En estas Escrituras hemos visto que Cristo prometió el Espíritu Santo para todos los creyentes en El.

Y ahora, en San Juan, capítulo 3, que estábamos leyendo hace... ya casi desde el principio, pero que nos habíamos detenido aquí, nos habíamos detenido aquí donde dice... capítulo 3, verso 13:

“Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo.

Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado.”

Moisés levantando la serpiente en el desierto fue cuando los hijos de Israel se comportaron mal, y vino juicio divino sobre el pueblo hebreo, y serpientes venenosas mordían a los hebreos y morían; y estaban muriendo grandes cantidades de hebreos a causa de las serpientes venenosas que estaban mordiendo a los hebreos; y cuando una serpiente venenosa muerde a una persona eso es muerte segura para la persona; o sea, que la persona quedó condenada a muerte.

Y así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, para que toda persona que era mordida por las serpientes venenosas mirara a la serpiente, y entonces la persona no moría. ¿Y cuál era el secreto de esa serpiente? Siendo una serpiente de bronce, el bronce representa el juicio divino, esa serpiente de bronce representaba el pecado ya juzgado en esa serpiente de bronce, y cuando las personas miraban esa serpiente de bronce al ser mordidas por las serpientes, el pecado de las personas, vean ustedes, quedaba cancelado en esa serpiente de bronce, porque los juicios divinos por el pecado ya estaba allí cumplido; o sea, que el pecado había sido juzgado, y la serpiente de bronce llevaba los pecados, en la serpiente de bronce estaba juzgado el pecado; por eso ocurría ese milagro para esas personas que habían sido mordidas por las serpientes; y todo esto funcionaba, ¿por qué? Porque aquella serpiente de bronce representaba a Jesucristo, en el cual todo el pecado del ser humano sería colocado y juzgado por Dios, y el juicio de la muerte por el pecado caería sobre Jesucristo.

Por eso es que a través de la Escritura sabemos que Jesucristo murió por nuestros pecados, El se hizo pecado por nosotros, porque tomó nuestros pecados sin El tener pecado de Sí mismo, tomó nuestros pecados, y por consiguiente el juicio divino cayó sobre Jesús, porque la paga del pecado es la muerte.

Por lo tanto, al morir Cristo en la Cruz del Calvario, el juicio por nuestros pecados y la paga del pecado, que es la muerte, estaba cayendo sobre Jesucristo, o sea, que El tomó nuestro lugar para que así nosotros estemos libres del pecado y de la paga del pecado, que es la muerte.

Pero para aquellos hebreos que eran mordidos por serpientes, aún teniendo la serpiente de bronce levantada en una vara, en un asta, si no miraban esa serpiente (aún estando la serpiente de bronce allí levantada que representaba aquel pecado de ellos, ya había sido juzgado por Dios y había sido juzgado en esa serpiente de bronce y ya estaba saldo el pecado de ellos), si no miraban a esa serpiente creyendo con toda su alma que serían perdonados y que no morirían, y que entonces tendrían vida, esas personas si no miraban a la serpiente morían, pero si miraban, y esa era una mirada de fe, con una mirada de fe a esa serpiente de bronce levantada allá en el desierto, la persona no tenía que morir, continuaba viviendo.

Y ahora, la raza humana allá en el Huerto del Edén fue mordida por la serpiente, el diablo a través de la serpiente engañó a Eva y trajo el pecado a la raza humana; y por consiguiente toda la raza humana quedó con el veneno del pecado, y por consiguiente condenado a muerte; porque el alma que pecare, esa morirá, y la paga del pecado es la muerte.

Y ahora, con Cristo levantado en la Cruz del Calvario, una mirada de fe a Jesucristo nos salva y nos libra de la muerte, y queda anulado nuestro pecado, porque reconocemos que nuestro pecado fue llevado por Jesucristo en la Cruz del Calvario y que la paga del pecado, la sentencia que es muerte, que tenía que caer sobre nosotros, cayó sobre Jesucristo; y al nosotros reconocerlo como nuestro Salvador, como el que tomó nuestros pecados y murió por nosotros en lugar de nosotros, con esa mirada de fe a Jesucristo y Su Sacrificio en la Cruz del Calvario, somos librados de la muerte y del pecado.

Y ahora, recibimos vida eterna, vean, la persona obtiene vida eterna, o sea, que ya no muere, sino que vive eternamente; y aunque su cuerpo físico muera, no tiene ningún problema, su cuerpo físico muere porque pertenece a una raza caída, pero Cristo ha prometido un nuevo cuerpo para todos los que han dado esa mirada de fe a Jesucristo levantado en la Cruz del Calvario, como la serpiente fue levantada en el desierto.

Y ahora, podemos ver el porqué Cristo murió en la Cruz del Calvario, si El no muere, la raza humana completa tenía que morir, y por consiguiente tenía que desaparecer del planeta Tierra. Eso fue lo que El dijo, cuando dijo: “Si el grano de trigo no cae en Tierra y muere, El solo queda.” ¿Y si El queda solo que harán los demás? Los demás morirían. Pero si el Grano de trigo cae en Tierra y muere, mucho fruto lleva, o sea, muchos hijos e hijas de Dios a imagen de Jesucristo nuestro Salvador, a imagen del Grano de trigo que cayó en Tierra; son los Granos de trigo que nacen por causa del Grano de trigo que cayó en Tierra; y luego nació en la forma de una Planta de trigo, que es la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y en esa planta de trigo es que el Grano de trigo que cayó en Tierra y murió se reproduce, se reproduce en hijos e hijas de Dios; y por medio del nuevo nacimiento, por medio de creer en Cristo como nuestro Salvador, y lavar nuestros pecados en Su Sangre, se efectúa el milagro del perdón de nuestros pecados y el borrar de nuestros pecados, porque la Sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado; y por medio del Espíritu Santo viniendo a nosotros se produce el nuevo nacimiento y nacemos en el Reino de Dios.

Por eso es que, vean aquí, el mismo Jesús hablando, dice: “Para que todo aquel que en El cree...” Vamos a ver:

“Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado (¿para qué?),

para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna...”

Esto es un asunto de vida eterna. Por eso es tan importante recibir a Cristo como nuestro Salvador y recibir Su Espíritu Santo para nacer de nuevo

“Para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

El que en él cree, no es condenado...”

El que en El cree, pues no es condenado porque no puede ser juzgado, porque sus pecados fueron juzgados ya cuando Jesucristo fue juzgado y condenado y crucificado; así que ya no tiene la persona pecados por los cuales ser juzgado y ser condenado y echado al lago de fuego:

“El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.”

Ahora podemos ver la bendición tan grande que hay en creer en Jesucristo, creer en Su Nombre y Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario. En el capítulo 5, verso 24 de San Juan, también nos dice:

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.”

¿Por qué ha pasado de muerte a vida? Porque la persona al nacer en la Tierra ha nacido en una raza caída, la cual está muerta, la muerte está en la raza caída; así como las personas que eran mordidas por serpientes venenosas tenían el veneno allí dentro de ellos; por lo tanto, aunque estaban vivos, estaban condenados a la muerte, porque la muerte estaba dentro de ellos.

Pero ahora, cuando la persona ha creído en Jesucristo y en el que Lo envió, ha pasado de muerte a vida, a vida eterna.

Y ahora en el capítulo 6, verso 39 al 40 de San Juan también dice Jesús:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.”

Todas esas almas de Dios han sido dadas a Jesús, ¿para qué? Para que las salve, para que les dé vida eterna. Sin Jesucristo no hay vida eterna. Jesucristo dice: “Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida, y nadie viene al Padre, sino por mí.” No busque otro camino, Jesucristo es el Camino, no busque otra verdad, Jesucristo es la Verdad. Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida; no hay otra forma de vida eterna sino Jesucristo. Sigue diciendo:

“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

¿Por qué no ocurrió la resurrección de los apóstoles y de todos esos creyentes en tiempos pasados, siendo creyentes en Jesucristo? Porque la resurrección Cristo aquí la ha establecido para el Día Postrero. Un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día. Desde los días de Jesús hacia acá, cuando ya Jesús tenía unos 4 años de edad —más o menos— comenzó el quinto milenio y por consiguiente comenzaron los Días Postreros, “Porque un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día.” Por eso San Pedro y San Pablo decían que aquellos días en los cuales ellos vivían eran los Días Postreros.

Y de los Días Postreros hay uno que es el Día Postrero delante de Dios, o sea, que para los seres humanos ese Día Postrero delante de Dios es el milenio postrero, ese es el séptimo milenio de Adán hacia acá y tercer milenio de Cristo hacia acá. Y conforme al calendario gregoriano que se usa en la actualidad, ya estamos en el año dos mil de Cristo hacia acá, para el próximo año entrar al año tres mil, comenzar el primer año del año tres mil; y siendo que los Días Postreros, los tres Días Postreros son: quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio, para los seres humanos, estamos ya el próximo año para entrar al milenio postrero.

Cuando se habla de un milenio postrero es el milenio postrero del Programa de Dios, en donde El llevará a cabo esta resurrección de los muertos en Cristo, pero no sabemos en qué año del milenio postrero.

Ahora, si tomamos el calendario profético, pues ya hace años estamos en el Día Postrero delante de Dios, que es el milenio postrero; de Cristo hacia acá el tercer milenio, de Cristo hacia acá es el Día Postrero delante de Dios, y el séptimo milenio de Adán hacia acá es el mismo Día Postrero. O sea, contando el tiempo con el calendario gregoriano, el próximo año comienza el Día Postrero delante de Dios, que es el milenio postrero para los seres humanos. Pero tomando el calendario profético, que es de 360 días al año solamente, pues ya estamos dentro del Día Postrero, del milenio postrero, desde hace alrededor de 29 años —más o menos.—

Así que vean ustedes este misterio de lo qué son los Días Postreros.

Ahora, para los Días Postreros que son quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio, para los seres humanos hay grandes bendiciones que Dios ha prometido en la Escritura. Veamos a San Pedro hablándonos el día de pentecostés, cuando predicó su primer Mensaje, lleno del Espíritu Santo. En el capítulo 2 del libro de los Hechos, verso 14 en adelante, dice:

“Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.

Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día (era de 8:00 a 9:00 de la mañana).

Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:

Y en los postreros días, dice Dios,

Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,

Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;

Vuestros jóvenes verán visiones,

Y vuestros ancianos soñarán sueños;

Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días

Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.

Y daré prodigios arriba en el cielo,

Y señales abajo en la tierra,

Sangre y fuego y vapor de humo;

El sol se convertirá en tinieblas,

Y la luna en sangre,

Antes que venga el día del Señor,

Grande y manifiesto;

Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.”

Y ahora, vean ustedes, Dios nos da los Días Postreros, que son quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio, para creer en Jesucristo como nuestro Salvador, invocar Su Nombre y obtener la salvación.

Ahora, cuando Pedro predica este Mensaje, ya finalizando este Mensaje, en el mismo capítulo 2, verso 32 en adelante, dice:

“A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.

Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.

Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice:

Dijo el Señor a mi Señor:

Siéntate a mi diestra,

Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.

Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.

Al oir esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.”

Y ahora, siendo que es la necesidad principal recibir el Espíritu Santo para así obtener el nuevo nacimiento, porque sin el nuevo nacimiento no se puede entrar al Reino de Dios, por medio del nuevo nacimiento es que entramos al Reino de Dios, así como por medio del nacimiento terrenal fue que entramos a este planeta Tierra para vivir entre los seres humanos.

Y ahora, para entrar al Reino de Dios se requiere nacer de nuevo, un nuevo nacimiento, y esto es del Agua y del Espíritu; por lo cual Pedro dice a los que escucharon la Palabra y creyeron, dice: “Arrepentíos...” ¿De qué se van a arrepentir? De sus pecados:

...y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.”

Arrepentimiento, creyendo en Jesucristo su Salvador y siendo bautizados en el Nombre del Señor Jesucristo, así obtenemos nuestro perdón, el perdón, y así se hace realidad en nosotros el Sacrificio de Cristo y el perdón que El nos dio allí; y luego la promesa es: “Y recibiréis el don del Espíritu Santo.” Se requiere que la persona crea en Jesucristo como su Salvador, lave sus pecados en la Sangre de Cristo arrepentido de sus pecados y sea bautizado en el Nombre del Señor Jesucristo; y luego la promesa es que Dios le dará el Espíritu Santo:

“... y recibiréis el don del Espíritu Santo,

porque para vosotros es la promesa y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.”

Es para toda persona que recibe a Cristo como su Salvador arrepentido de sus pecados, y es bautizado en el Nombre del Señor Jesucristo. Para nosotros es la promesa del Espíritu Santo.

Y ahora, teniendo la necesidad de recibir el Espíritu Santo hemos visto el Orden Divino, la fórmula Divina para recibir el Espíritu Santo. ¿Vieron lo sencillo que es todo? Sigue diciendo:

“Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.

Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.”

Y en este tiempo en el cual vivimos, las personas se han dado cuenta de la necesidad de recibir el Espíritu Santo, y hemos visto la forma sencilla establecida por Dios para recibir el Espíritu Santo: reconocer que somos pecadores, reconocer nuestros pecados, confesarlos a Cristo, creyendo en Cristo como nuestro Salvador, y creyendo en Su Sacrificio en la Cruz del Calvario, y lavando nuestros pecados en Su Sangre y siendo bautizados en Su Nombre; luego la promesa es: “y recibiréis el don del Espíritu Santo.”

Ahora, hemos visto que es un Programa Divino, y con el nuevo nacimiento, al recibir el Espíritu Santo, recibimos un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, llamado el Angel de Jehová o Angel del Señor, que acampa en derredor de los que le temen y los defiende.

Así como recibimos un espíritu del mundo, cuando nacimos en esta Tierra, cuando nacemos de nuevo recibimos un espíritu del Cielo; y ese es un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, un cuerpo parecido a nuestro cuerpo, pero de otra dimensión, de la sexta dimensión, de la dimensión de la cual Cristo tiene Su cuerpo teofánico, llamado el Angel del Pacto o Angel de Jehová, o llamado también el Verbo que era con Dios y era Dios.

Esa misma clase de cuerpo que Cristo tiene (cuerpo teofánico), y que tenía en el Antiguo Testamento, es la misma clase de cuerpo espiritual que recibimos cuando obtenemos el Espíritu Santo, y así nacemos de nuevo. ¿Y ahí qué ha sucedido? Cristo se ha reproducido en un hijo o una hija de Dios, ha nacido en el Reino de Dios un hijo o una hija de Dios. ¿Y se encuentra dónde? En la Iglesia del Señor Jesucristo, porque ahí es donde Cristo llama y junta a Sus hijos, a Sus escogidos, esas almas que vienen de Dios, así sucede de edad en edad.

Y ahora, podemos ver el porqué nació la Iglesia de Jesucristo el día de pentecostés, porque esa es la Planta de trigo que llevaría los granos de trigo, los hijos e hijas de Dios, a medida que iban naciendo de etapa en etapa en el Reino de Dios.

La Iglesia es el Reino de los Cielos o Reino de Dios donde los hijos e hijas de Dios nacerían, y ahí es donde el Espíritu de Dios estaría manifestándose, produciendo el nuevo nacimiento de millones de almas de Dios que vienen a esta Tierra para pasar por esta etapa de prueba, y aquí en esta Tierra identificarse con Cristo, y tomar su posición en el Reino de Dios; aquí es donde Cristo llama y junta Sus ovejas como El dice en San Juan, capítulo 10. Y cuando digo aquí, me refiero aquí en el planeta Tierra, pero recuerden que son colocadas en el Reino de Dios las ovejas de Dios. Capítulo 10, verso 14 al 16 de San Juan, dice:

“Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,

así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas que no son de este redil (o sea, que no son del redil hebreo); aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.”

El Rebaño es la Iglesia del Señor Jesucristo, el Pastor es nuestro amado Señor Jesucristo. ¿Y esas otras ovejas quiénes son? Pues somos nosotros en medio de los gentiles. Así como en cada edad el Espíritu Santo, Cristo en Espíritu Santo, a través del Mensajero de cada edad llamó Sus ovejas en cada edad; por lo tanto el Mensajero con su grupo de cada edad podía decir: “Aquí estamos las ovejas de este tiempo, y hemos sido todos llamados al Redil del Señor.”

Y así es en este tiempo final, de etapa en etapa, de edad en edad, el Buen Pastor, Jesucristo en Espíritu Santo, ha estado en cada ángel mensajero llamando y juntando a Sus ovejas en cada etapa, en cada edad, en Su Redil, o sea, Su Iglesia.

Y ahora, estando en la Edad de la Piedra Angular, Cristo está en la América Latina y el Caribe llamando y juntando a Sus ovejas, Sus escogidos, de este tiempo final, juntándolos en Su Iglesia en la Edad de la Piedra Angular; y cuando se complete el número de esos escogidos, cuando sea llamado hasta el último, entonces se habrá completado el Redil del Buen Pastor.

Y ahora, miren lo que nos dice Cristo aquí... en el mismo capítulo 10, verso 1 en adelante, dice:

“De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador.

Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es.

A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca.”

 ¿Las llama cómo? Las llama por nombre. Pues Cristo, el Buen Pastor, tiene el Título de Propiedad, el Libro de la Vida del Cordero, donde están los nombres de todas Sus ovejas; ahí están los nombres de todos los escogidos de Dios, de todas esas almas que serían enviadas a la Tierra, para hacer contacto luego aquí en la Tierra con Cristo, la vida eterna, y ser restaurados a la vida eterna. Dice:

“Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.

Mas al extraño no seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.”

También en el mismo capítulo 10, verso 27 en adelante, dice:

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

Yo y el Padre uno somos (ahora podemos ver aquí que ninguna de las ovejas del Señor Jesucristo se perderá, todas escucharán Su Voz).

También tengo otras ovejas que no son de este redil las cuales también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.”

A través de la historia de la Iglesia del Señor Jesucristo en estos dos mil años aproximadamente que han transcurrido, hemos visto cómo Dios ha estado llamando a Sus hijos, eso ha sido Cristo, el Buen Pastor, llamando Sus ovejas de edad en edad a través del mensajero de cada edad; esa fue la revelación de Jesucristo en cada edad a través del Mensajero de cada edad; y ese fue el misterio de Cristo en cada edad llamando Sus ovejas, dándole vida eterna a Sus ovejas, dándoles el Espíritu Santo y produciendo así el nuevo nacimiento; y así Cristo creando una Nueva Raza con vida eterna; y de esa Nueva Raza Cristo es el primero, el principio de la Creación de Dios, de esta Nueva creación de la cual Jesucristo es el Segundo Adán.

Siendo el Segundo Adán El es la cabeza de una Nueva Raza con vida eterna, por eso El le da vida eterna a Sus ovejas, y así está creando una Nueva Raza; le da primeramente el espíritu teofánico de la sexta dimensión, que es un cuerpo parecido a nuestro cuerpo, un cuerpo angelical, por eso en ese cuerpo la persona está como un ángel, porque es la clase de cuerpo que tienen los ángeles.

Y lo primero que recibe en la Nueva creación la persona es el cuerpo de la sexta dimensión, y luego si la persona muere, pues va a vivir en ese cuerpo en la sexta dimensión; ese cuerpo siempre estará con él y la persona estará dentro de ese cuerpo, o sea, el alma de la persona estará dentro de ese cuerpo teofánico allá en el Paraíso, cuando la persona termina sus días aquí; pero Cristo ha prometido también la resurrección de todos los creyentes en El que han partido, y la ha prometido para el Día Postrero, o sea, para el séptimo milenio, cuando se haya completado el número de Sus ovejas, el número de Su Iglesia.

Cristo está en el Trono de Intercesión haciendo Intercesión por Sus ovejas, por todos los escogidos de Dios, por todos los que tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero; cuando termine El de juntar, reunir, todas Sus ovejas, todos Sus escogidos, llamándolos, juntándolos y produciendo en ellos el nuevo nacimiento, pues se habrá completado el número de la Iglesia de Jesucristo, entonces Cristo saldrá del Trono de Intercesión en el Cielo; porque El allí es el Sumo Sacerdote y también el Rey; y El entonces tomará el Título de Propiedad, el Libro de los Siete Sellos, de la Diestra del que está sentado en el Trono, lo abrirá y reclamará todo lo que El ha redimido con Su Sangre Preciosa, y resucitará a los muertos creyentes en El, y a nosotros nos transformará; y entonces tendremos el cuerpo físico eterno, inmortal, incorruptible y glorificado, y así estaremos con vida eterna físicamente también.

Ese es el Programa de Cristo en esta Nueva Raza, esta Nueva Creación, que El está llevando a cabo, de la cual Cristo es la Cabeza, el Primero.

Así como en Adán todos mueren, en Cristo todos son vivificados, todos son traídos a vida eterna, traídos a vida eterna por medio de creer en Cristo como nuestro Salvador, lavar nuestros pecados en Su Sangre arrepentidos de nuestros pecados y ser bautizados en el Nombre del Señor Jesucristo, y luego recibir el Espíritu Santo, y así obtener el nuevo nacimiento, nacer en el Reino de Dios.

Por eso es que todos tenemos la necesidad de recibir el Espíritu Santo, sin recibir el Espíritu Santo, la persona no ha nacido de nuevo; y si no ha nacido de nuevo, la persona no tiene vida eterna. Cuando la persona ha creído en Cristo como su Salvador, ha lavado sus pecados en Su Sangre, ha sido bautizado en el Nombre del Señor Jesucristo y ha recibido el Espíritu Santo, la persona tiene vida eterna, y es una nueva criatura, una Nueva Creación, una persona nueva, una persona que ha nacido en el Reino de Dios; y ahora tiene un cuerpo teofánico, un espíritu teofánico de la sexta dimensión que le cuida, le acompaña; y jamás se perderá esa persona; ha confirmado su lugar (esa persona) en la vida eterna, para lo cual Dios lo envió a este planeta Tierra. Dios nos ha enviado a este planeta Tierra para confirmar nuestra posición, nuestro lugar, en la vida eterna: por eso es que recibimos a Cristo como nuestro Salvador, lavamos nuestros pecados en Su Sangre y recibimos Su Espíritu Santo, y así queda confirmado nuestro lugar en la vida eterna; y Cristo confirma Su Pacto, Su Nuevo Pacto, a nosotros en este tiempo, así como lo ha confirmado a cada alma de Dios que ha venido a esta Tierra de edad en edad.

Cuando la persona ha creído en Cristo como su Salvador, ha lavado sus pecados en Su Sangre y ha recibido Su Espíritu Santo, luego de ser bautizado, la persona ha sido sellada en el Reino de Dios con el Sello del Dios vivo, el Espíritu Santo, está sellada, y nunca se podrá perder, ha sido sellada; y la persona ha confirmado su lugar en la vida eterna, ha confirmado su lugar en la vida eterna, cuando eso ha sucedido en la vida de la persona.

Hemos visto el porqué LA NECESIDAD DE RECIBIR EL ESPÍRITU SANTO: para así obtener el nuevo nacimiento y vivir eternamente.

¿Quiénes serán los que serán resucitados en la primera resurrección en cuerpos eternos? Los que han recibido el Espíritu Santo. Y para eso hay que pasar por este Programa Divino que El ha establecido en Su Palabra; tan sencillo que hasta los niños lo pueden creer y entender.

Y ahora, hemos visto que es un asunto de creer, un asunto de creer en Jesucristo como nuestro Salvador, arrepentidos de nuestros pecados, lavar nuestros pecados en Su Sangre, ser bautizados y recibir el Espíritu Santo.

¿Vieron lo sencillo que es todo? Todo es sencillo.

Dios es el que ha hecho la Obra de Redención, y nosotros somos los que creemos Su Obra de Redención, y obtenemos el beneficio de Su Obra de Redención al creer con toda nuestra alma.

“LA NECESIDAD DE RECIBIR EL ESPÍRITU SANTO.”

Este mismo Orden del cual hemos hablado para las personas como individuos es también el mismo Orden aplicado a la Iglesia de Jesucristo como Cuerpo Místico de creyentes, de lo cual hablaremos en otra ocasión.

Toda persona que no ha recibió a Cristo como su Salvador arrepentido de sus pecados, y no ha sido bautizado en el Nombre del Señor Jesucristo para recibir el Espíritu Santo, tiene la oportunidad de hacerlo, porque todavía Cristo está en el Trono de Intercesión en el Cielo.

Cuando El salga del Trono de Intercesión en el Cielo, ya no habrá oportunidad para las personas decir: “Yo creo en nuestro amado Señor Jesucristo, y yo estoy arrepentido de mis pecados y yo quiero ser bautizado en Su Nombre para recibir el Espíritu Santo.” Ya será demasiado de tarde cuando El salga del Trono de Intercesión.

Pero todavía El está en el Trono de Intercesión en el Cielo, el Trono del Padre, haciendo Intercesión, y está llamando y juntando a Sus escogidos de este tiempo final, los cuales tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, para que así los pecados de ellos sean perdonados, borrados, con la Sangre de Cristo, sean bautizados en el Nombre del Señor Jesucristo y reciban el Espíritu Santo, y nazcan de nuevo, nazcan en el Reino de Dios, nazcan en el Reino de los Cielos, y así tengan vida eterna, reciban vida eterna, sean restaurados a la vida eterna, para vivir con Cristo por toda la eternidad; y viviremos con El en cuerpos eternos, inmortales, incorruptibles y glorificados, cuerpos parecidos a estos cuerpos pero inmortales y glorificados, cuerpos iguales al cuerpo de nuestro amado Señor Jesucristo; y eso es para el Milenio y para toda la eternidad.

Y ahora, ¿cuántos quieren vivir eternamente? [La congregación responde: ¡Amén! - Editor] Todos queremos vivir eternamente, por eso es que todos tenemos la necesidad de recibir el Espíritu Santo.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio de: “LA NECESIDAD DE RECIBIR EL ESPIRITU SANTO.”

Todos los que desean recibir el Espíritu Santo, y por consiguiente desean arrepentidos de sus pecados, colocar sus pecados en la Sangre de Cristo, y luego ser bautizados en el Nombre del Señor Jesucristo en agua, para luego recibir el Espíritu Santo, pueden levantar sus manos para orar por ustedes, y nuestro Hno. Bermúdez pasará para orar por todos ustedes en estos momentos, para que así la promesa de Cristo hecha de que El enviará Su Espíritu Santo sobre todos nosotros se haga una realidad en la vida de cada uno de ustedes; porque la promesa es para ustedes y para mí, y para nuestros hijos y para todos aquellos que el Señor nuestro Dios llame.

Dejo al Rvdo. Miguel Bermúdez Marín con nosotros para que así él continúe y ore por todos los que quieren vivir eternamente, todos los que quieren arrepentidos de sus pecados recibir el perdón de Cristo, y ser bautizados en el Nombre de Jesucristo, y recibir el Espíritu Santo. Con sus manos levantadas los que de todo corazón desean recibir el Espíritu Santo, yde sus pecados.

Dejo con nosotros al Rvdo. Miguel Bermúdez Marín.“LA NECESIDAD DE RECIBIR EL ESPIRITU SANTO.”

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