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Muy buenos días, amados hermanos y amigos presentes; es para mí una bendición grande estar con ustedes nuevamente en este lugar, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor del Programa Divino correspondiente a este tiempo final.

En esta ocasión, en esta tarde, como hemos escuchado al Rvdo. Miguel Bermúdez Marín, tendremos bautismos en agua en el Nombre del Señor Jesucristo para los que no están bautizados, y así tengan la oportunidad de cumplir con este requisito bíblico establecido por Jesucristo y practicado por los apóstoles y toda la Iglesia allá en el tiempo de los apóstoles, entre los hebreos y también ente los gentiles. Lo que causó que la gente fuese bautizada en el Nombre del Señor Jesucristo fue el mismo Jesucristo y Su Obra de Redención llevada a cabo en la Cruz del Calvario.

Hoy comienza la Semana Santa en la cual se conmemora la entrada triunfal de Jesucristo, hoy domingo, y luego los demás eventos sucedidos durante esa semana; como el viernes santo se conmemora la muerte y sepultura de Cristo, y luego el domingo la resurrección de Jesucristo con los santos del Antiguo Testamento.

Como nos dijo Miguel, habrá bautismos toda la semana. Miguel quiere dar la oportunidad para que todos puedan estar en los bautismos, y como son muchos —son como cuatrocientos y algo, como 400 personas o más— pues, para que puedan ser bautizados, Miguel entonces va a usar todos los días desde las 7:00 de la noche para ir bautizando a todas las personas. Así que tendremos actividades en toda la semana, para los que puedan estar en los bautismos, tendremos el culto, cánticos, algunas palabras y luego los bautismos.

Recuerden que el bautismo en agua es como cuando va la novia y el novio para casarse. Por eso se le pregunta si lo recibe como su Salvador y así lo está recibiendo como Su Esposo, porque Cristo es el Esposo.

Bueno, ahora veamos todo lo que causó que los creyentes en Jesucristo fuesen bautizados en Su Nombre. Vamos a ver la entrada triunfal de Jesucristo a Jerusalén la cual aparece en los evangelios. Vamos a leer la que está contenida en San Mateo, capítulo 21, verso 1 al 11, donde dice:

“Cuando se acercaron a Jerusalén, y vinieron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió dos discípulos,

diciéndoles: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos.

Y si alguien os dijere algo, decid: El Señor los necesita; y luego los enviará.

Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo:

Decid a la hija de Sion:

He aquí, tu Rey viene a ti,

Manso, y sentado sobre una asna,

Sobre un pollino, hijo de animal de carga.

Y los discípulos fueron, e hicieron como Jesús les mandó;

y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y él se sentó encima.

Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino.

Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!

Cuando entró él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, diciendo: ¿Quién es éste?

Y la gente decía: Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema es: “NUESTRA ENTRADA TRIUNFAL CON JESUCRISTO.”

Todo hijo e hija de Dios ha estado en Dios eternamente, y cuando Dios se hizo carne y habitó entre los seres humanos, en Jesucristo estaban todos los hijos e hijas de Dios; por eso todos estamos representados en Jesucristo, el Segundo Adán. Por eso en el bautismo en agua se da testimonio de que nosotros cuando El murió, estábamos muriendo con El en la Cruz del Calvario; cuando El fue sepultado, estábamos siendo sepultados con El; y cuando El fue resucitado, estábamos siendo resucitados con El. Así como Melquisedec le apareció a Abraham, y Abraham le dio los diezmos de todo a Melquisedec y Melquisedec le dio pan y vino. San Pablo dice que cuando Abraham diezmó a Melquisedec, Leví diezmó a Melquisedec, el cual estaba en los lomos de Abraham.

Y ahora vean ustedes, Abraham todavía no había tenido a su hijo Isaac; y por consiguiente Isaac no había tenido a sus hijos: Esaú y Jacob; y por consiguiente Jacob no había tenido a Leví. Pero vean, estaba en Abraham Leví, todos los patriarcas, estaba también Jacob y estaba Isaac; estaban en Abraham, en los lomos de Abraham.

Y ahora vean dónde nos lleva esta revelación tan grande que da Pablo aquí, nos lleva a nosotros hasta Dios.

Y ahora, en todo momento y en toda cosa que Dios ha hecho a través de Su Programa de creación, allí estábamos con Dios. Atributos de Dios somos nosotros, y por esa causa teníamos que ser manifestados aquí en la Tierra, donde Dios estaría llevando a cabo Su Obra de este tiempo, así como los que fueron manifestados en tiempos pasados les tocó el tiempo y territorio donde Dios estaba manifestándose.

Ahora, la trayectoria que tuvo Cristo viniendo a la Tierra, es la misma trayectoria que seguirían todos los hijos e hijas de Dios, todas esas almas de Dios que son enviadas a la Tierra; por cuanto el ser humano cayó, pues vienen temporalmente en un cuerpo mortal, corruptible, y viven cierta cantidad de tiempo, obtienen también un espíritu del mundo en la permisiva Voluntad de Dios; porque el ser humano cayó, el primer Adán cayó, y por eso entonces los atributos de Dios, hijos e hijas de Dios, almas de Dios, tienen que venir en cuerpo mortales, corruptibles y temporales y con un espíritu del mundo.

Y por esa causa es que se requiere el nuevo nacimiento, nacer de nuevo para nacer como un hijo o una hija de Dios, en donde obtiene el espíritu teofánico de la sexta dimensión; y así tiene un cuerpo teofánico como el cuerpo teofánico de Jesucristo, en el cual aparecía a los profetas del Antiguo Testamento y fue llamado Elohím, en otras ocasiones fue llamado Melquisedec; y cuando le apareció a Moisés y Moisés le preguntó por Su Nombre, El le dijo: “Yo Soy ‘Yo Soy me envió a vosotros,’ le dirás al pueblo.”

Y ahora, el Yo Soy del Antiguo Testamento es el Jesucristo del Nuevo Testamento, porque el Yo Soy del Antiguo Testamento es el mismo Dios en Su cuerpo teofánico, cuerpo angelical; por eso aparece como el Angel de Jehová, porque está en un cuerpo angelical.

Y luego cuando ese Angel de Jehová, el Angel del Pacto, se hace carne y habita entre los seres humanos, siendo el Angel del Pacto, el Verbo que era con Dios y era Dios, el mismo Dios en Su cuerpo teofánico, luego se hace carne y habita en medio del pueblo hebreo y es conocido por el Nombre de Jesucristo.

San Juan, capítulo 1, verso 1 al 18 da testimonio de esta verdad; y el verso 18... capítulo 1, verso 18 de San Juan, dice:

“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.”

Y ahora, por medio de Jesucristo es que Dios se ha dado a conocer, porque siendo el Verbo que era con Dios y era Dios, el Angel del Pacto, se hizo carne y habitó en medio del pueblo hebreo, con el cual El tenía un Pacto y tuvo un Ministerio de tres años y medio, Sus últimos tres años y medio aquí en la Tierra en Su cuerpo que había nacido a través de la virgen María, cuerpo creado por Dios. Dios creó una célula de sangre en el vientre de María, la cual se multiplicó célula sobre célula y así fue creado el cuerpo de Jesús, el cuerpo donde Dios habitó en toda Su plenitud.

Fue Dios hecho hombre, hecho carne, Emanuel —Dios con nosotros.— Por lo tanto allí estábamos nosotros con El. Siendo atributos de Dios, todos esos atributos estaban en Dios desde antes de la fundación del mundo. Cuando Dios se manifestó en Su cuerpo teofánico, allí estábamos con El y nuestros cuerpos teofánicos en ése cuerpo teofánico; y cuando se hizo carne, allí estábamos nosotros con El, porque El es Carne de nuestra carne y nosotros Carne Suya.

Así que en Cristo estábamos todos nosotros. Y por esa causa es que al venir a la Tierra nos hemos identificado con El al escuchar la predicación de Su Palabra, y así obtenemos la salvación de nuestra alma, para así tener un cuerpo teofánico de la sexta dimensión por medio del nuevo nacimiento que El produce en nosotros y para el Día Postrero en adición nos dará un cuerpo físico, eterno, inmortal e incorruptible, un cuerpo glorificado como Su propio cuerpo; El lo dará a cada uno de nosotros.

Ahora, en la entrada triunfal de Jesucristo a Jerusalén, allí estábamos nosotros con El entrando a Jerusalén.

Ese pasaje de la entrada triunfal de Jesucristo a Jerusalén se cumplió conforme a cómo había dicho el profeta Zacarías, en el capítulo 9 y verso 9, donde dice:

“Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.”

Vean ustedes, esto conmovió el día en la entrada triunfal de Cristo a Jerusalén, ya era una profecía dada en el Antiguo Testamento, la cual tenía que ser cumplida por el Ungido de Dios con el Espíritu de Dios en toda Su plenitud; esta era una profecía que tenía que ser cumplida por el Mesías, el Ungido; y cuando llegó el tiempo para el cumplimiento de esa profecía, Jesucristo sabía cuál era el tiempo: era el final de Su Ministerio en donde ya El, pues había sido adoptado en el monte de la transfiguración; y de ahí en adelante hubo profecías que tenían que ser cumplidas en ese lapso de tiempo entre la Adopción en el monte de la transfiguración y Su muerte - Su entrada triunfal, muerte, sepultura y resurrección de Cristo.

O sea, que las profecías que corresponden al tiempo en que ya la persona tiene que estar adoptada no pueden ser cumplida antes, sino hay que esperar hasta que llegue ese momento.

Y ahora, en la parte del Ministerio de Cristo hasta el monte de la transfiguración, El estuvo predicando el Evangelio, sanando los enfermos, echando fuera demonios y así por el estilo, y llevando a cabo así la Obra del Padre, llevando a cabo así los negocios del Padre Celestial, ¿que estaba dónde? En El. El que lo envió venía manifestado en toda Su plenitud en Su enviado, y las Obras que el que le envió, el Padre había dicho que El haría, que Dios haría para este tiempo, las estaba haciendo pero por medio de Su enviado, y el Nombre de Dios estaba siendo manifestado en Su enviado.

Cristo dijo: “Yo he venido en el Nombre de mi Padre.” Y en ése Nombre Jesús hacía todas esas maravillas. El no tenía que estar mencionando el Nombre porque El era el dueño de ese Nombre, El llevaba el Nombre.

Y ahora vean ustedes, es como cuando usted va y hace algo. Alguien le dice a otro: “¿Quién hizo esto?” —“Lo hizo fulano de tal.” ¿Por qué? Porque esa persona lleva el nombre.

Y ahora, en el Enviado estaba el Nombre de Dios para salvación, para llevar a cabo la Obra de Redención. Pero esa Obra de Redención no podía ser llevada a cabo hasta que Jesús fuese adoptado, lo cual ocurrió en el monte de la transfiguración.

Lo que sucedió en el monte de la transfiguración había sido prometido por Cristo, cuando dijo: “Muchos de los que están aquí no gustarán la muerte hasta que vean...” Vamos a leerlo: capítulo 16 de San Mateo, verso 27 al 28, dice:

“Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.

De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.”

Aquí tenemos la promesa de la Venida del Reino de Dios y el Hijo del Hombre viniendo en ese Reino. Esta es una promesa para ser cumplida en este tiempo final en la Segunda Venida de Cristo viniendo en Su Reino. Y por cuanto nosotros estábamos con El allá, lo que estará sucediendo en este tiempo fue mostrado en el monte de la transfiguración. Allí Jesús en el capítulo 17, subió al monte de la transfiguración con Pedro, Jacobo y Juan...

“y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.

Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.

Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías

Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd.”

Ahí tenemos la Adopción de Jesús en el monte de la transfiguración con Moisés a un lado y Elías al otro lado, y Pedro, Jacobo y Juan allí presentes. Este evento en el monte de la transfiguración, por cuanto estamos nosotros representados allí en Cristo, este evento proféticamente señala también lo que Cristo estará haciendo en este tiempo final en donde Dios ha prometido que enviará Sus Dos Ungidos, Sus Dos Olivos y Dos Candeleros, los cuales son los ministerios de Moisés y Elías en Apocalipsis, capítulo 11, verso 3 en adelante, y Zacarías, capítulo 4. Con la Venida del Hijo del Hombre con Sus ángeles se estará cumpliendo lo del monte de la transfiguración, y el Reino de Dios estará así, viniendo en el Día Postrero.

En otros lugares Cristo habla acerca de la Venida del Reino de Dios, como en San Mateo 24 y también San Lucas. En San Mateo dice, capítulo 24, verso 32 en adelante... o un poquito antes, 30 en adelante, dice:

“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.

Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.

De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca.

Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas.”

Y en San Lucas, vamos a ver cómo nos dice acerca... capítulo 13, verso 26 en adelante también dice:

“Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en las nubes con gran poder y gloria.

Y entonces enviará sus ángeles, y juntará a sus escogidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.

De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca.

Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas.”

Aquí les leí San Marcos, capítulo 13, verso 26 al 29.

Y ahora, veamos San Lucas cómo nos habla de este Gran Evento en el capítulo 21, verso 27 en adelante, dice:

“Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria.

Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca (porque vuestra Redención, o sea, la transformación de nuestros cuerpos y la resurrección de los muertos en Cristo)... vuestra redención está cerca.

También les dijo una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles.

Cuando ya brotan, viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano está ya cerca.

Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.

De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día.

Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra.

Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre.”

Hemos visto que para este tiempo final hay grandes profecías que tienen que ser cumplidas, y para este tiempo final habrá un grupo de escogidos de Dios conforme a la profecía que serán llamados, juntados y preparados para ser transformados e ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Y de los hijos e hijas de Dios que han partido, para ellos habrá una resurrección en cuerpos eternos y así llegaremos a ser a imagen y semejanza de Jesucristo nuestro Salvador, con cuerpos glorificados como el cuerpo de Jesucristo glorificado; esa es la clase de cuerpo más sublime y más importante que hay: un cuerpo glorificado, eterno, inmortal e incorruptible, que nunca se pone viejo y que nunca se enferma; ese es el cuerpo que yo necesito, ¿y quién más? Y ustedes también [La congregación responde: Amén - Editor], y ese es el que El ha prometido.

Ahora, para este tiempo final El cumplirá esa promesa en la Venida del Hijo del Hombre con Sus ángeles; porque es ése el tiempo para la Redención del cuerpo. El ya ha obrado la Redención en el campo espiritual, y hemos estado obteniendo esa Redención al recibir a Cristo como nuestro Salvador, lavar nuestros pecados en Su Sangre, y ser bautizados en Su Nombre y recibir Su Espíritu Santo y así hemos obtenido esa Redención espiritual obteniendo un nuevo cuerpo espiritual, un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, recibiremos también la Redención del cuerpo físico al recibir un cuerpo inmortal, eterno y glorificado que El creará para cada uno de nosotros.

Ahora, en la entrada triunfal de Cristo a Jerusalén estábamos allí entrando nosotros con El.

Y ahora vean ustedes, la muerte y sepultura y resurrección de Cristo, por cuanto estábamos con El allí, la representamos en el bautismo y así se materializa, se hace realidad, en nuestra vida.

Ahora, la entrada triunfal de Cristo a Jerusalén se materializa en lo espiritual en la persona cuando la persona obtiene el nuevo nacimiento, y ha entrado triunfante a la Jerusalén Celestial, ha entrado como Rey; porque somos Reyes y Sacerdotes con Cristo y Jueces también. El nos ha lavado con Su Sangre Preciosa, nos ha redimido con Su Sangre y nos ha hecho para nuestro Dios Reyes y Sacerdotes.

Y ahora, para el Día Postrero en lo físico también tendremos la entrada triunfal al ser adoptados, pues Cristo tuvo Su entrada triunfal a Jerusalén cuando fue adoptado, luego de ser adoptado ya se encaminó hacia la entrada triunfal que sería cumplida en aquella ocasión.

Y ahora, la Iglesia del Señor Jesucristo en este Día Postrero sube a la Cima del Monte de Sión, sube a la Edad de la Piedra Angular donde serán adoptados todos los hijos e hijas de Dios para entrar a la Nueva Jerusalén con un cuerpo eterno, inmortal e incorruptible, y así llegar a la Cena de las Bodas del Cordero. Porque serán los que han recibido a Cristo como su Salvador, han lavado sus pecados en Su Sangre, han sido bautizados en Su Nombre y han recibido Su Espíritu Santo los que han nacido de nuevo y tienen un cuerpo teofánico; y luego tendrán un cuerpo físico, eterno, inmortal e incorruptible para ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Ahora nosotros entramos a Jerusalén, allá cuando El entró a Jerusalén.

Y ahora nosotros entramos a la Jerusalén Celestial con Cristo porque El ascendió al Cielo, y en la Jerusalén Celestial se encuentra Cristo y allí nosotros estamos con El. Por eso es que entramos a la Jerusalén Celestial que es Su Iglesia acá en la Tierra; pero Su Iglesia es Celestial.

Y ahora, en nuestra entrada triunfal con Cristo a Jerusalén, vean todos los eventos que allí sucedieron: Cristo vio el juicio divino que vendría sobre Jerusalén, porque habían rechazado la hora, el tiempo de la visitación de Dios, habían rechazado a Cristo, y por consiguiente le esperaba el juicio divino.

San Lucas, capítulo 19, versos 35 en adelante, dice:

“Y lo trajeron a Jesús (o sea, el asno, el burrito) lo trajeron a Jesús; y habiendo echado sus mantos sobre el pollino, subieron a Jesús encima.

Y a su paso tendían sus mantos por el camino.

Cuando llegaban ya cerca de la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzó a alabar a Dios a grandes voces por todas las maravillas que habían visto,

diciendo: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor; paz en el cielo, y gloria en las alturas!

Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos.

El, respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían.

Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella,

diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos.

Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán,

y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.”

Y ahora, en la entrada triunfal de Cristo a Jerusalén El vio que la ciudad lo había rechazado, la religión dirigida por el concilio del sanedrín y el sumo sacerdote lo habían rechazado; El vio las consecuencias de ese rechazo por cuanto no conocieron el día de Su visitación, entonces vendría la destrucción para Jerusalén y para sus habitantes. Porque después que la persona rechaza la Misericordia por última vez, entonces le viene el juicio divino.

Y ahora, este momento tan importante en la historia del Ministerio de Jesucristo, miren ustedes, traería unas bendiciones para los creyentes y unos juicios para los incrédulos. Esa semana fue una semana muy difícil, la más difícil para Jesús. A tal grado que luego de ser rechazado por la religión hebrea bajo la ley, bajo el liderato del sumo pontífice y el concilio del sanedrín; encontramos que con ese rechazo rechazaron la bendición de Dios, pues estaban ciegos a la Primera Venida de Cristo.

Y ahora, todo eso daría lugar al cumplimiento de otras profecías las cuales tenían que ser cumplidas, y solamente estando ciegos ellos al cumplimiento de la Venida del Mesías era que podían cumplir esas profecías; con ojos no veían, con oídos no oían, lo que Dios estaba haciendo en ese tiempo.

Y ahora, de todas las semanas esa fue la más importante para Jesús. De domingo a domingo fue ese el tiempo donde El cumplió la Obra de Redención que tenía que llevar a cabo en Jerusalén.

Ahora, para la entrada triunfal de Cristo a Jerusalén, del Mesías a Jerusalén, El profeta Zacarías en el capítulo 9, verso 9 decía que el pueblo tenía que estar gozándose. Dice:

“Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey viene a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.”

La profecía decía que Sion estaría alegre: “Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén.”

Y ahora miren, aquellos que estaban gozosos con la entrada triunfal de Cristo a Jerusalén estaban cumpliendo esta profecía. Los que no estaban de acuerdo y no estaban contentos con la entrada triunfal de Cristo a Jerusalén y no daban gloria a Dios, pues estaban actuando en contra de lo que Dios dijo que tenían que estar haciendo.

Ahora, en esa semana fue en donde Cristo se sintió más débil, la noche en que orando sudó gotas de sangre. Pero vean, la parte más importante de Cristo en Su Primera Venida sería en una semana así, en donde El llegó a sentirse débil y triste y rechazado. Pero como hay un Programa Divino que tiene que ser llevado a cabo y tenía que ser llevado a cabo por El y a través de El, El lo cumpliría. El decía: “Para esta hora he venido.” O sea, que todos los 33 años de vida en la Tierra en un cuerpo de carne era para cumplir la Obra correspondiente a esa semana.

Y ahora, nosotros estábamos con El allí también. Por eso es que lo hemos recibido cerca de dos mil años después de Su Primera Venida.

Ahora, nuestra entrada triunfal con Jesucristo a Jerusalén, miren ustedes,: fue rechazado Cristo y por consiguiente nosotros con El. Pero cuando El entró al Cielo, fue recibido y por consiguiente nosotros también. Por eso es que con el nuevo nacimiento entramos nosotros al Cielo, con el nuevo nacimiento somos recibidos en la Jerusalén Celestial. Dice San Pablo en el libro de Gálatas, capítulo 4 o carta a los Gálatas, capítulo 4 y también en el capítulo 12 de los Hebreos que nosotros pertenecemos a la Jerusalén Celestial, que es Madre de todos, esa es la Iglesia del Señor Jesucristo; y nos dice también que nuestros nombres están escritos en el Cielo. Capítulo 12 de Hebreos, verso 21 en adelante, dice:

“y tan terrible era lo que se veía (eso fue en el monte Sinaí cuando Moisés), que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando;

sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,

a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,

a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.”

Vean, los espíritus de los justos hechos perfectos, espíritus teofánicos que son cuerpos teofánicos perfectos.

Y ahora, hemos visto que nuestros nombres están inscritos en el Cielo, o sea, en la Jerusalén Celestial. Y con Cristo nosotros entramos, no solamente a la Jerusalén terrenal, sino a la Jerusalén Celestial.

Y ahora, nuestra entrada triunfal con Jesucristo - fue un triunfo aquella entrada, aunque algunos la podían ver como una derrota porque luego fue tomado preso, condenado y crucificado. Pero lo que parecía ser una derrota, Dios estaba llevando a cabo un Programa para dar una victoria para Cristo y para todos los que estaban en Cristo entrando con El allí a Jerusalén; tanto los que eran creyentes y estaban con El, como los que estaban en El pero que serían manifestados más adelante en cuerpos humanos.

Y ahora, siendo que fue de éxito Su entrada triunfal a Jerusalén aunque fue rechazado, vean, el pueblo, el común del pueblo, creía en El. La mayor parte del pueblo creía en El; los incrédulos eran el sumo sacerdote, parte del concilio del sanedrín —la mayor parte del concilio del sanedrín— o sea, los líderes religiosos de la religión hebrea, del judaísmo; y eran los que querían impedir que el pueblo creyese en Jesucristo. Ellos decían: “Miren cómo le sigue el pueblo, si lo dejamos así el pueblo se irá tras El.” O sea, que fueron los líderes religiosos, teólogos del judaísmo los que rechazaron a Cristo —la mayoría de ellos lo rechazaron.—

Y ahora, nosotros estando con El y en El, fuimos rechazados, pero aceptados por el pueblo. Y Su entrada triunfal, por cuanto tuvo éxito todo en Su entrada triunfal, porque se cumplió lo que estaba escrito acerca de El que tenía que suceder en aquella Semana Santa; así se cumplió y el beneficio lo recibimos todos nosotros.

Cuando el pueblo hebreo rechazó a Cristo y fue crucificado, Dios dejó de tratar con el pueblo hebreo, allí se detuvo la semana número setenta, a la mitad de esa semana —y le quedan para el pueblo hebreo tres años y medio en los cuales Dios tratará con él como nación— y se tornó Dios a los gentiles; y de entre los gentiles también Dios ha estado llamando un pueblo para Su Nombre, y ha estado así llevando a cabo la creación de una Nueva Raza, una Nueva Raza de Reyes y Sacerdotes y Jueces que reinarán con Cristo por el milenio y por toda la eternidad.

La Iglesia del Señor Jesucristo está compuesta por hebreos y por gentiles, comenzó con hebreos y luego llegó hasta los gentiles; y Dios ha estado enviando esas almas, esos atributos divinos, los ha estado enviando a la Tierra en diferentes naciones; ya no solo en medio del pueblo hebreo sino entre los gentiles también; para que así sean llamados y colocados en el Cuerpo Místico de Cristo; y por un Espíritu tenemos entrada a ese Cuerpo Místico de creyentes. Esa es la Raza del nivel más alto en la Tierra, y no solamente en la Tierra sino en el Cielo también: Reyes y Sacerdotes y Jueces con Cristo para reinar con El por el milenio y por toda la eternidad.

Ya nuestra entrada triunfal a Jerusalén se cumplió estando nosotros en Cristo cuando El entró a Jerusalén. Pero hemos de tener una entrada triunfal literal cuando tengamos el nuevo cuerpo y con Cristo regresemos para reinar por el milenio y por toda la eternidad.

Es una bendición grande estar representado en Cristo, en Su entrada triunfal, porque eso muestra que somos atributos divinos manifestados aquí en la Tierra en carne humana en este tiempo final.

Al recibir a Cristo, todo lo que Cristo hizo allá se torna en bendición, en beneficios, para todos nosotros, y se materializa en nosotros Su Programa, se materializa en nosotros Su Redención.

Nuestra entrada triunfal con Jesucristo a Jerusalén fue un evento glorioso y de gozo para todos los creyentes en Jesucristo en aquellos días, y para todos creyentes a través de la historia del cristianismo.

Y ahora, para este tiempo final la Segunda Venida de Cristo, la Venida del Hijo del Hombre con Sus ángeles, está establecida para ser cumplida en la Jerusalén Espiritual que es la Iglesia del Señor Jesucristo; porque la Iglesia de Jesucristo es la que ha estado esperando la Segunda Venida de Cristo.

La Iglesia del Señor Jesucristo es el Israel Celestial compuesta por hebreos y por gentiles creyentes en Jesucristo nuestro Salvador. Y Cristo cuando termine el recogido de todos Sus escogidos y complete, cumpla lo contenido en el Séptimo Sello, luego terminará Su Obra de Intercesión en el Cielo, regresará, resucitará, a los muertos en Cristo y a nosotros nos transformará; y así la entrada triunfal de Cristo a Su Iglesia, la Jerusalén Celestial, será de grande bendición para todos los creyentes en Cristo.

Ahí es donde el pueblo hebreo verá a Cristo victorioso, obrando en medio de Su Iglesia en este tiempo final, y dirán: “Este es al que nosotros estamos esperando.” Y nosotros, pues estaremos con Cristo en esa etapa gloriosa de Adopción. Recuerden que la entrada triunfal fue después que El fue adoptado en el monte de la transfiguración; la Adopción fue en el capítulo 17 de San Mateo y la entrada triunfal fue en el capítulo 19.

Así que la entrada triunfal nuestra con Jesucristo allá, da testimonio de lo que será la entrada triunfal de nosotros con Cristo en este tiempo final; tanto nuestra entrada triunfal con Cristo en Su Iglesia entrando triunfantes al obtener cuerpos eternos, y luego nuestra subida a la Casa de nuestro Padre Celestial con Jesucristo, y luego nuestro regreso con Cristo para el Glorioso Reino Milenial.

Todo será triunfo para todos los escogidos de Dios en este tiempo final.

Por cuanto el pueblo hebreo no reconoció la hora, por cuanto no reconoció la hora de Su visitación, el juicio divino cayó sobre Jerusalén en el año 70. Pero para todos los que reconocerán Su entrada triunfal a la Jerusalén Celestial será de bendición y los juicios divinos no podrán caer sobre esas personas porque serán transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero durante tres años y medio, mientras en esta Tierra los juicios de la gran tribulación caerán sobre los que no estaban preparados para ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Por eso es tan importante comprender, ver, nuestra entrada triunfal con Jesucristo.

Entramos triunfantes con Jesucristo a la Jerusalén Celestial, la Iglesia de Jesucristo en la Edad de la Piedra Angular.

Y ahora, cuando seamos transformados ahí será la manifestación de la Gloria de Dios, ahí estará Dios en toda Su plenitud en cada uno de ustedes y en mí también, con cuerpos físicos, eternos y glorificados y cuerpos teofánicos dentro del cuerpo físico; porque son dos cuerpos: el cuerpo teofánico de la sexta dimensión (que es cuerpo angelical) y el cuerpo físico glorificado; esa es la clase de cuerpo más grande, más importante que hay en cuanto a un cuerpo físico, un cuerpo físico glorificado.

Y ahora, la entrada triunfal nuestra con Jesucristo. Hemos visto que estábamos con El allá, por eso estamos con El acá y estaban con El los escogidos en cada edad; y todo moviéndose en el campo espiritual en otra dimensión, la sexta dimensión, en donde han estado entrando al Reino de Dios, Reino de los Cielos millones de seres humanos, entrando triunfantes al Reino de Dios.

“NUESTRA ENTRADA TRIUNFAL CON JESUCRISTO.”

Miren, allá proclamaban: “¡Hosanna al Rey que viene en el Nombre del Señor! ¡Bendito el que viene en el Nombre del Señor! ¡Bendito el Reino de David Su Padre!” Y así por el estilo; ya que el Reino de David, el Trono de David, será restaurado y Cristo es el heredero a ese Trono; siendo el heredero a ese Trono entonces El es el que comenzará, abrirá el Glorioso Reino Milenial.

Estamos nosotros viviendo en un tiempo muy grande y glorioso en donde pronto se completará el número de los escogidos de Dios; y cuando se haya completado entonces vendrá la parte de la Adopción en donde recibiremos el cuerpo eterno, inmortal y glorificado.

En estos días se ha abierto una etapa muy importante en donde no sabemos si ya han sido llamados o faltan algunos por venir, y ahora pues están siendo bautizados. Es una etapa muy importante, la cual ya comenzamos a disfrutar, y en donde hay grandes bendiciones de parte de Dios.

Hoy aquí en Cayey, Puerto Rico se nos abre esta etapa y no se cerrará hasta que haya entrado hasta el último de los escogidos de Dios al Cuerpo Místico de Jesucristo; y aun esta etapa no solamente cubrirá a las vírgenes prudentes, sino que llegará hasta las vírgenes insensatas y llegará también hasta los 144 mil hebreos. Pero por cuanto estamos comenzando, dejamos quietas a las otras vírgenes por ahora, y dejamos quietecitos a los 144 mil hebreos por ahora; esperamos que les llegue esa parte a ellos; puede ser de un momento a otro. Se tiene que entrelazar todo.

Así que aprovechamos nosotros esta etapa que se ha abierto para nosotros y que traerá grandes bendiciones para todos los hijos e hijas de Dios.

“NUESTRA ENTRADA TRIUNFAL CON JESUCRISTO.”

Este ha sido nuestro tema para esta ocasión, y ya la próxima actividad será de bautismos, se hablarán algunas palabras antes, y luego bautismos para todos los creyentes que no han sido bautizados todavía en el Nombre del Señor Jesucristo.

Como les dijo Miguel, él va a estar todos los días, y habrá actividades todos los días a las 7:00; el viernes ya es a las 2:00 de la tarde la actividad porque es el día de viernes santo y también el sábado será a las 2:00 de la tarde; y luego el domingo será en la mañana la primera, y luego a las  2:00 o 3:00 de la tarde la segunda para bautismos también; y esperamos que todos los que no han sido bautizados queden bautizados en esta semana.

Queremos que todos estén seguros en el Reino de Dios, y que todos estemos listos para nuestra transformación.

Que Dios les continúe bendiciendo grandemente a todos, que Dios les guarde y les llene de todas Sus bendiciones, todas Sus promesas siendo cumplidas en ustedes y en mí. Y oren mucho por mí para que Dios me ayude en todo en esta etapa que ha comenzado.

Muchas gracias por vuestra amable atención y dejo nuevamente al Rvdo. Miguel Bermúdez Marín para finalizar ya esta partecita; algún toquecito que él quiera dar ó algo, y luego algún cántico con el director de los cánticos Félix Caro; y así terminaremos luego.

Bueno, que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“NUESTRA ENTRADA TRIUNFAL CON JESUCRISTO.”

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