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... que les aman grandemente, y que esperan verles nuevamente y les volverán a ver; pues todos vamos a estar juntos cuando tengamos el nuevo cuerpo, y nunca nos separaremos los unos de los otros. Ya las distancias también serán para nosotros nada, porque el mismo lapso de tiempo que usted toma de donde usted está a donde yo estoy, es el mismo lapso de tiempo que tomaría de aquí al planeta más lejano; así es en el nuevo cuerpo, porque será un cuerpo glorificado igual al cuerpo glorificado de Jesucristo.

De esto nos habló San Pablo en el capítulo 8 de su carta a los Romanos, comenzando en el verso 14, donde nos dice:

“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.

Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados (y así tendremos un cuerpo glorificado).

Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.

Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.

Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza;

porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora;

y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla, a todos los aquí presentes y a todos los ministros y hermanos que están en San Pablo en la reunión de ministros y la actividad general que están llevando a cabo con Miguel allá. Por motivos ajenos a mi voluntad no pude estar con ustedes allá en San Pablo; pero a través de la línea telefónica estoy con ustedes, con el mismo tema y con la misma Palabra de Dios.

El tema es: “PREPARADOS PARA LA ADOPCION.”

Y para la tarde el tema era: “TIEMPO DE ADOPCION.”

En este pasaje que leímos San Pablo nos habla de la Adopción, y nos dice que esa Adopción es la Redención del cuerpo; o sea, para los que han muerto en el pasado pero que son - fueron creyentes en Jesucristo nuestro Salvador y habían recibido el Espíritu de Cristo, por consiguiente habían nacido de nuevo y pertenecían a la Iglesia de Jesucristo, al Cuerpo Místico de Cristo; para esas personas Cristo ha prometido una resurrección en cuerpos eternos. Como nos dice en San Juan, capítulo 6, versos 39 en adelante:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.”

¿Para cuándo El ha prometido resucitar a todos los que el Padre le ha dado? Para el Día Postrero. Un día delante del Señor es como mil años para nosotros, nos dice San Pedro en su segunda carta, capítulo 3, verso 8, y el profeta Moisés en el Salmo 90, verso 4.

Cuando se nos habla de un día delante del Señor, para los seres humanos es un milenio, o sea, un día milenial. Este Día Postrero es el séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá. Sigue diciendo el Señor en el verso 40 de este mismo capítulo 6 de San Juan:

“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Es para el creyente en Cristo la vida eterna.

Vean cómo nos dice también en San Juan, capítulo 3, verso 14 en adelante... vamos a comenzar en el verso 13, dice:

“Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo.

Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado,

para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.”

La única forma de evitar la condenación es recibiendo a Cristo como nuestro Salvador, lavando nuestros pecados en Su Sangre, siendo bautizado en Su Nombre —en agua— y luego recibir el Espíritu Santo y así obtener el nuevo nacimiento del cual habló Cristo a Nicodemo en el capítulo 3 de San Juan, verso 1 al 6; cuando le dijo que el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios. “El que no nazca del agua y del Espíritu no puede entrar al Reino de Dios,” y todos queremos entrar al Reino de Dios, y hay una forma para entrar al Reino de Dios: y Cristo es ese Camino. El dijo en el capítulo 14, verso 6 de San Juan:

“Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.”

No hay otro camino, no hay otra verdad ni hay otra vida eterna, es Jesucristo el Camino al Padre, es Jesucristo la única verdad, y es Jesucristo la vida eterna. Por eso recibiéndolo como nuestro Salvador, lavando nuestros pecados en Su Sangre, siendo bautizado en agua en Su Nombre y recibiendo Su Espíritu Santo obtenemos el nuevo nacimiento y tenemos vida eterna con Cristo para vivir con El por toda la eternidad.

¿Ven lo sencillo que es todo? Todo el Programa Divino Dios lo ha hecho sencillo para los seres humanos, para que pueda obtener vida eterna hasta la persona que no sabe ni leer ni escribir; escucha la predicación del Evangelio, escucha cómo obtener el perdón de sus pecados, escucha cómo recibir el Espíritu de Dios, y así escucha cómo obtener el nuevo nacimiento. Y la persona dice: “Yo quiero la salvación de mi alma.”

Jesucristo dijo: “¿De qué le vale al hombre si ganaré todo el mundo y perdiere su alma?” Eso lo dijo Jesucristo en San Mateo, capítulo 16.

De nada le sirve al ser humano vivir en este planeta Tierra, convertirse en una persona multimillonaria, tener todos los bienes que pueda obtener una persona, y perder su alma; de nada le sirvió venir a este planeta Tierra para vivir en un cuerpo humano. Hubiera sido lo mismo que viniera en un cuerpo de un mono o de una vaca o de lo que sea, ¿por qué? Porque no se dio cuenta que era un ser humano y que podía obtener vida eterna, podía evitar la perdición de su alma.

El ser humano es cuerpo, que es lo que vemos; y las personas piensan: “Ese es el todo del ser humano, cuando se muere se acabó todo.” Los que piensan así, actúan ocupándose de las cosas de este mundo, pero no buscan a Dios. Y cuando se les termina el tiempo aquí, pasan a otra dimensión y les sucede lo mismo que al hombre rico del cual habló Jesucristo, el cual murió y fue llevado al infierno; y en el infierno el hombre rico era tan pobre que no tenía ni para obtener un vaso de agua; y allí no vendían vasos de agua tampoco. Luego miró hacia el Seno de Abraham que en aquel tiempo se podía ver desde el infierno, se podía ver el otro lugar, el Seno de Abraham donde estaban los creyentes en Dios que habían muerto físicamente; y allí estaba el padre de la fe —Abraham— y ahí estaba Lázaro el méndigo que se paraba, o se sentaba a la puerta de entrada de la casa del hombre rico para pedir limosnas y comida. Pero el méndigo aún con su condición de salud difícil era un creyente en Dios.

Y el que cree en Dios, le sirve a Dios, esté bien económicamente o esté mal económicamente, esté bien de salud o esté mal de salud. UN CREYENTE EN DIOS LE SIRVE A DIOS, NO IMPORTA LAS CONDICIONES HUMANAS EN QUE SE ENCUENTRE.

Como Job el cual era un hombre rico y le servía a Dios. Y el diablo le dijo a Dios que Job le servía a Dios porque Dios lo había bendecido económicamente, y le dice: “Permíteme quitarle todo lo que tiene y verás como te maldice, deja de servirte.” Pero Dios sabía que Job era un verdadero creyente, y le permitió quitarle todos sus bienes. Y el hombre rico vino a ser pobre y bendijo a Dios, dijo: “Dios dio, Dios quitó. Sea el Nombre de Jehová bendito.”

Luego el diablo le dice a Dios: “Job te sirve; pero déjame quitarle su familia.” Le quitó los hijos, unos hijos hermosos, varones y mujeres. Y Job dijo: “Dios dio, Dios quitó. Sea el Nombre de Dios bendito.”

Cuando parte un familia nuestro, por más querido que sea de nosotros, nosotros decimos: “Dios nos dio ese hijo o esa hija, y ahora la llamó para Su Reino, El la llamó para estar allá en el Paraíso. Bendito el Nombre del Señor. En la resurrección regresará en un cuerpo eterno y estará conmigo de nuevo.”

Job sabía que Dios le daría todas las bendiciones de nuevo, porque volvería a ver a sus hijos.

Y todo creyente en Dios sabe que volverá a ver a sus hijos queridos, si ellos mueren físicamente. Y todo hijo sabe que volverá a ver a sus padres si ellos mueren físicamente, porque regresarán en un cuerpo eterno.

Ahora, Job era un verdadero creyente en Dios.

Todo creyente en Dios se mantiene firme creyendo en lo que Dios ha prometido, y su vida terrenal sea económicamente de buena posición económica o sea de la clase pobre, le sirve a Dios con agradecimiento.

Y ahora, el hombre o el méndigo Lázaro le servía a Dios aún estando con su problema de salud. Pero cuando murió fue al Paraíso a descansar.

Cuando la persona muere, siendo que es cuerpo, espíritu y alma, lo que muere es el cuerpo físico, pero la persona sigue viviendo en otra dimensión, ¿en qué dimensión? Miren ustedes, el hombre rico fue a vivir a la dimensión quinta que es el infierno.

¿Y por qué Lázaro no fue al infierno? Porque Lázaro servía a Dios, fue al Seno de Abraham, sus pecados estaban cubiertos con la sangre de los sacrificios que él efectuaba.

Ahora, el hombre méndigo fue al Paraíso en espíritu, o sea, en su cuerpo espiritual. El espíritu del ser humano es un cuerpo de otra dimensión.

Cuando la persona nace en esta Tierra, es enviada por Dios a esta Tierra el alma de esa persona.

El ser humano es cuerpo, espíritu y alma. Y lo más importante de la persona es el alma, eso es lo que en realidad es la persona. Por eso Jesús dijo: “¿De qué le vale al hombre si gana todo el mundo y pierde su alma?” Porque puede perder el cuerpo, pero no se ha perdido la persona; se murió el cuerpo, lo enterraron, pero Dios le dará un nuevo cuerpo. En cuanto al espíritu, es otro cuerpo de otra dimensión. Y cuando la persona nace en esta Tierra, el alma de esa persona recibe un cuerpo físico que es el que tenemos, y recibe un cuerpo espiritual llamado el espíritu (un cuerpo de otra dimensión).

Siendo que el ser humano nace en una raza caída, la cual cayó de la vida eterna en el Huerto del Edén, por consiguiente la persona al nacer en esta Tierra ha nacido en una raza caída sin vida eterna, recibe un cuerpo con vida temporal, no puede ser con vida eterna porque ha nacido en una raza mortal, que murió, que perdió el derecho a la vida eterna; y no puede recibir un espíritu eterno, porque ha nacido en una raza mortal, en una raza que cayó de la vida eterna; por lo tanto recibe un espíritu en la permisiva voluntad de Dios, del mundo, de la quinta dimensión, o sea, del infierno; y  por eso se requiere que la persona nazca de nuevo. Si no nace de nuevo, la persona al morir va a vivir a la dimensión a la cual pertenece el espíritu de la persona, ese espíritu que recibió cuando nació en la Tierra, va a vivir a la quinta dimensión. Por eso se requiere nacer de nuevo, para entrar al Reino de Dios.

Cuando la persona nace en el Reino de Dios al recibir a Cristo como Su Salvador, lavar sus pecados en la Sangre de Cristo, ser bautizado en Su Nombre y recibir el Espíritu Santo, la persona ha nacido de nuevo, ha recibido un espíritu teofánico de la sexta dimensión, de la dimensión del Paraíso. Por lo tanto la persona aunque físicamente muere, la persona va a vivir al Paraíso (que es la sexta dimensión), va a vivir en ese cuerpo teofánico, la misma clase de cuerpo teofánico de Jesucristo, la misma clase de cuerpo teofánico de los ángeles; es un cuerpo angelical.

Y ahora, podemos ver el porqué cada ser humano tiene la necesidad de nacer de nuevo. Es la persona la que tiene esa necesidad, y solamente tiene una oportunidad: la oportunidad es la que tiene aquí en la Tierra mientras vive en la Tierra. Y cuando escucha la Palabra de Dios siendo predicada, Dios le está dando la oportunidad para que reciba la vida eterna, y sea restaurado a la vida eterna.

Cuando la persona ha recibido a Cristo como su Salvador, miren lo qué ha sucedido en su vida: San Juan, capítulo 5, verso 24:

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.”

Miren cómo se pasa de muerte a vida, miren cómo se pasa de una raza mortal, corruptible y temporal, de una raza condenada a la muerte eterna; cuando digo ‘la muerte eterna,’ me refiero al lago de fuego donde serán echados aquellos que no aprovecharon el tiempo para recibir la salvación. El lago de fuego es la segunda muerte donde Dios echará a todas las personas que serán juzgadas y condenadas en el juicio del Trono blanco, serán echadas a ese lago de fuego donde serán quemadas en cuerpo, en espíritu y alma, y dejarán de existir, perdieron la oportunidad de continuar existiendo cuando vivieron aquí en la Tierra y tuvieron la oportunidad de escuchar la predicación de la Palabra de Dios y recibir a Cristo como su Salvador; todos los años que tenga la persona, fueron años de oportunidad que tuvo la persona para recibir vida eterna, y así evitar la condenación de su alma, así evitar la perdición de su alma.

“El alma que pecare esa morirá.” Pero quitamos nuestros pecados con la Sangre de Cristo, y entonces no tenemos que morir, podemos vivir eternamente con Jesucristo nuestro Salvador. Jesucristo dijo que así como Moisés levantó la serpiente en el desierto es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en El cree no se pierda mas tenga vida eterna.

Cuando Moisés levantó la serpiente en el desierto el pueblo hebreo a causa de sus pecados estaba siendo castigado y serpientes venenosas habían aparecido y estaban mordiendo a la gente, y estaban muriendo por miles las personas; serpientes venenosas mordían las personas y la persona quedaba condenada a la muerte, en pocos minutos moría. Pero vean ustedes, Dios le dijo a Moisés: “Levanta una serpiente de bronce en el desierto, en una vara, y todo el que mire a esa serpiente de bronce levantada no morirá.”

¿Cuál era el misterio de esa serpiente de bronce, que el que la miraba no moría si había sido mordido por una serpiente venenosa? Representaba a Jesucristo siendo crucificado. Por eso Jesucristo dijo que como Moisés levantó la serpiente en el desierto el Hijo del Hombre sería levantado, para que todo aquel que en El creyera no se perdiera más tuviera vida eterna.

Y ahora, el misterio de la serpiente de bronce es que el bronce representa el juicio divino ya juzgado, el pecado ya juzgado; por lo tanto el bronce representando el juicio divino, la persona cuando mira esa serpiente de bronce, su pecado quedaba en la serpiente de bronce; por lo tanto ya el pecado de esa persona estaba juzgado en esa serpiente de bronce y la persona quedaba libre del pecado, y entonces no tenía que morir.

Y Jesucristo siendo representado en la serpiente de bronce, cuando nosotros damos una mirada de fe a Jesucristo crucificado en el Calvario, y creemos en El, nuestros pecados quedan en Jesucristo. El tomó nuestros pecados, se hizo mortal y murió por ellos. Pero eso se materializa en nosotros cuando damos una mirada de fe a Jesucristo crucificado y creemos en El, y así nuestros pecados pasan a El, y nosotros quedamos libres de pecados, y la Sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado y entonces no tenemos que morir, nuestra alma no se tiene que perder, no tiene que morir en el lago de fuego, no tiene que ser destruida, ¿por qué? Porque Jesucristo quitó nuestros pecados.

No hay otra forma para el ser humano poder vivir eternamente, solamente por medio de Jesucristo nuestro Salvador.

Ahora podemos ver el misterio de la serpiente de bronce levantada en el desierto.

La única esperanza que el ser humano tiene es Jesucristo, y si no se agarra con fe de Jesucristo, no hay esperanza para la persona, el alma de la persona tiene que morir entonces; Dios juzgará la persona y echará su alma al lago de fuego. Pero tenemos la oportunidad de evitar la perdición, la segunda muerte de nuestra alma.

Somos alma viviente, aunque estamos viviendo en un cuerpo mortal, corruptible y temporal; Pablo le llama ‘cuerpo animal’; así le llama San Pablo en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 40 en adelante. Pero nos dice que así como hemos traído la imagen del terrenal, o sea, de Adán, traeremos también la imagen del celestial, o sea, de Jesucristo. Tenemos la promesa de que seremos a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo, para vivir por toda la eternidad en Su Reino, y ser Reyes y Sacerdotes con El en ese glorioso Reino.

La primera parte del Programa de vida eterna, encontramos que Cristo la ha llevado a cabo en Su Primera Venida, para darnos el nuevo nacimiento, muriendo en la Cruz del Calvario, llevando así a cabo la Obra de Redención, para poder quitar nuestros pecados con Su Sacrificio, y Su Sangre derramada en la Cruz del Calvario limpiarnos de todo pecado, y luego darnos Su Espíritu, darnos un cuerpo teofánico del Paraíso, de la sexta dimensión (eso es un cuerpo angelical).

Y para el Día Postrero tenemos la promesa de que nos dará en adición un nuevo cuerpo físico, eterno, inmortal, incorruptible y glorificado, igual a Su propio cuerpo, igual al cuerpo de Jesucristo; así tendremos nosotros un cuerpo; El lo ha prometido; y esto es para el Día Postrero, y eso es la Adopción para todos los hijos de Dios, para los muertos en Cristo al ser resucitados obtendrán la Adopción, estarán manifestados como hijos e hijas de Dios en cuerpos eternos; esa es la manifestación gloriosa de los hijos de Dios manifestados en cuerpos eternos.

Y para nosotros los que vivimos tenemos la promesa de que si permanecemos vivos hasta que Cristo resucite a los muertos creyentes en El, nosotros entonces seremos transformados, y entonces tendremos un cuerpo eterno y jovencito para toda la eternidad, representará siempre de 18 a 21 años de edad, un cuerpo glorificado igual al cuerpo de Jesucristo, y esa es la clase de cuerpo que todos deseamos: un cuerpo con vida eterna.

Y ahora, podemos ver el misterio de la Adopción, para lo cual o para la cual tenemos que estar preparados, habiendo creído en Cristo como nuestro Salvador, habiendo lavado nuestros pecados en Su Sangre, habiendo sido bautizados en Su Nombre y habiendo recibido Su Espíritu Santo, y así por consiguiente habiendo nacido de nuevo, habiendo nacido en el Reino de Dios, y siendo así miembros de la Iglesia de Jesucristo, de ese Cuerpo Místico de creyentes.

Y ahora, en lo espiritual cuando la persona ha recibido el Espíritu de Cristo ha recibido el nuevo nacimiento, ha recibido la Adopción espiritual, pero falta la Adopción física donde obtendremos un cuerpo eterno; y el tiempo para esa Adopción, Cristo dijo que es el Día Postrero: “Y Yo le resucitaré en el Día Postrero.” Eso es para los creyentes en El que han partido y para nosotros los que vivimos nuestra transformación.

Y ahora, conforme al calendario gregoriano estamos viviendo el último año del milenio número 6 de Adán hacia acá o segundo milenio de Cristo hacia acá, y también estamos viviendo el último año del siglo XX.

¿Y qué significa todo esto? Que el próximo año conforme al calendario gregoriano es el primer año del próximo milenio, o sea, del séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá, y también es el primer año del siglo XXI; aunque el calendario está atrasado y también el calendario profético es de menos días. Pero mirando el tiempo con el calendario gregoriano, estamos en el fin del siglo. Cristo dijo que para el fin del siglo El enviaría Sus ángeles, ¿para qué? Para llevar a cabo la cosecha. El trigo es recogido en el granero y la cizaña es atada en manojos para ser echada en el horno de fuego donde será el lloró y el crujir de dientes; o sea, que para el fin del siglo los ángeles del Hijo del Hombre estarán en la Tierra.

En San Mateo, capítulo 13, verso 30 al 43, Cristo nos habló en esa parábola del trigo y la cizaña, de los ángeles que El enviaría; y El dijo que así sería en el fin del siglo. También en la parábola de la red, capítulo 13, verso 47 al 50 de San Mateo, El también nos enseña cómo será en el fin del siglo. Dice:

“Asimismo el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en el mar, recoge de toda clase de peces;

y una vez llena, la sacan a la orilla; y sentados, recogen lo bueno en cestas, y lo malo echan fuera.

Así será al fin del siglo (¿Cuándo será así? Al fin del siglo)... Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los buenos,

y los echarán en el horno de fuego (¿A quiénes? A los malos); allí será el lloro y el crujir de dientes.”

En la gran tribulación donde caen los juicios divinos sobre la raza humana, la cizaña será quemada, los hijos del malo serán quemados. De eso habló también Jesús en otros lugares. Pero también Malaquías, en el ultimo libro del Antiguo Testamento, capítulo 4, verso 1 en adelante, dice:

“Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama.”

Es lo mismo que habló Jesús en la parábola del trigo y la cizaña, donde la cizaña, los hijos del malo, serán echados al horno de fuego, a la gran tribulación donde se va a desatar la radioactividad por medio de una guerra atómica, y también los volcanes, y así por el estilo.

¿Pero qué será de los que aman a Dios y sirven a Dios? Sigue diciendo en el verso 2:

“Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada.”

Para los que temen el Nombre del Señor, para los que han recibido a Cristo como Su Salvador, nacerá el Sol de Justicia. ¿Y qué significa eso? Cristo dijo: “Yo Soy la Luz del mundo.” El sol representa a Cristo. Y Cristo en Su Primera Venida dijo que El era la Luz del mundo. Y Cristo en Su Segunda Venida sigue siendo la Luz del mundo, El es el Sol de Justicia. El sol es el astro rey, y Cristo es el Rey de reyes y Señor de señores.

El sol naciendo conforme a Malaquías, capítulo 4, verso 2 es la Segunda Venida de Cristo para el Día Postrero; o sea, para el séptimo milenio ser manifestada la Segunda Venida de Cristo como el Sol de Justicia, como la Luz del mundo para reinar sobre el planeta Tierra. Por eso en el monte de la transfiguración Cristo se transfiguró delante de Sus discípulos y Su rostro resplandeció como el sol, y aparecieron Moisés y Elías, uno a cada lado. Ahí tenemos el Orden de la Segunda Venida de Cristo, tenemos el Orden de la Venida del Reino de Dios.

Cristo en la oración que enseñó a Sus discípulos, en una parte de ella dijo a Sus discípulos que oraran pidiendo la Venida del Reino de Dios: “Venga Tu Reino, hágase Tu voluntad así como en el Cielo aquí en la Tierra.” Y el Orden de la Venida del Reino de Dios está mostrado en el monte de la transfiguración: allí tenemos la Adopción de Jesús; luego tenemos a Moisés y Elías.

Y para la Adopción de todos los hijos e hijas de Dios en el Día Postrero, la Segunda Venida de Cristo como el Sol de Justicia estará presente y los ministerios de los Dos Olivos, los ministerios de Moisés y de Elías. Por lo tanto para este tiempo final la Iglesia del Señor Jesucristo, todos los creyentes en Jesucristo estarán siendo preparados para ser adoptados, para ser transformados, en este tiempo final.

Cristo ha prometido la resurrección para el Día Postrero, o sea, para el séptimo milenio de Adán hacia acá, pero no dijo en qué año, por lo tanto tenemos que estar preparados para nuestra Adopción, tenemos que estar preparados en este año; y si no ocurre en este año, estar preparados también el próximo año; y si no ocurre el próximo año, estar preparados el otro año también, hasta que seamos transformados; porque va a ocurrir en el Día Postrero, en el séptimo milenio. Y conforme al calendario gregoriano el próximo milenio comienza el próximo año, en enero primero del próximo año; el año 2001 es el primer año del próximo milenio y del próximo siglo.

Ahora podemos ver que tenemos motivos para estar preparados, con nuestra vida preparada con Dios, tener todo arreglado con Dios, habiéndole recibido como nuestro Salvador, habiendo lavado nuestros pecado en Su Sangre, habiendo sigo bautizados en Su Nombre —en agua— y habiendo recibido el Espíritu Santo, y así habiendo nacido de nuevo, y teniendo así un cuerpo teofánico, un espíritu teofánico, de la sexta dimensión que es un cuerpo angelical como el cuerpo angelical del Señor Jesucristo; en ese cuerpo angelical Jesucristo apareció en el Antiguo Testamento, ese Angel de Jehová que le aparecía a los profetas del Antiguo Testamento, a Abraham, a Noé también, también a Adán, a Enoc, a todos esos profetas, a Moisés, ése era Jesucristo en Su cuerpo teofánico de la sexta dimensión, su cuerpo angelical. Y de esa clase de cuerpo es que El nos da a nosotros cuando lo recibimos como nuestro Salvador, lavamos nuestros pecados en Su Sangre, somos bautizados en Su Nombre, y entonces El nos da esa clase de cuerpo teofánico. Y cuando el cristiano muere no tiene que ir al infierno, va al Paraíso, porque tiene un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, es la dimensión del Paraíso. Y para el Día Postrero en adición nos dará el cuerpo físico, eterno, inmortal y glorificado, y entonces tendremos un cuerpo físico igual al de Jesucristo, un cuerpo glorificado.

Y ahora, ¿cuál es el tiempo para la Adopción física de los creyentes en Cristo? Es el Día Postrero que es el séptimo milenio de Adán hacia acá. Ese es el tiempo para la Adopción, o sea, para la Redención del cuerpo físico que es la transformación nuestra y la resurrección de los muertos en Cristo. Para lo cual todos tenemos que estar preparados. ¿Preparados para qué? Para la Adopción, para la transformación de nuestros cuerpos. Y los que han partido, pues estuvieron preparados en la Tierra esperando el cuerpo nuevo, y tuvieron que irse; por lo tanto ellos serán resucitados en un cuerpo eterno, pues ellos estaban esperando un cuerpo eterno, y serán testigos de la resurrección cuando nos aparezcan a nosotros, y entonces nosotros seremos transformados.

Hemos visto el porqué tenemos que estar preparados: tenemos que estar preparados para la Adopción, que es nuestra transformación, la cual ha prometido Jesucristo nuestro Salvador.

Mire ustedes, para este gran evento dice Jesucristo en San Mateo, capítulo 24, verso 31:

“Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.”

Y este es el tiempo para ese llamado de Gran Voz de Trompeta, Sus ángeles son los ministerios de Moisés y Elías, los ministerios de los Dos Olivos, llamando con la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino a todos los escogidos de Dios. Es un llamado para todos los escogidos de Dios de entre los gentiles primeramente, para ser colocados en el Cuerpo Místico de Cristo, y después vendrá el llamado para los escogidos del pueblo hebreo que son 144 mil hebreos, 12 mil de cada tribu. Pero de entre los gentiles para la Iglesia de Jesucristo no sabemos cuántos escogidos hay. Y ojala y sean millones los escogidos del Cuerpo Místico de Cristo del Día Postrero, de este tiempo final, de la Edad de la Piedra Angular.

Y ahora, miren lo que San Pablo dice en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 42 en adelante:

“Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción.

Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder.

Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual (por eso es que la ciencia dice que nuestro cuerpo es animal, pero hemos de tener un cuerpo celestial).

Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante.

Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual.

El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo.

Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales.

Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.

Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.

He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados.”

Esa es la Adopción, la transformación nuestra, en donde ya no tendremos más un cuerpo mortal, corruptible y temporal, sino que tendremos un cuerpo eterno; y así seremos iguales a Jesucristo, con vida eterna físicamente también, el cuerpo será jovencito, de 18 a 21 años de edad, para toda la eternidad.

La lucha del ser humano es con el tiempo, que su cuerpo se le pone viejo y después se muere; todavía no ha podido conseguir por medio de la ciencia la vida eterna, no ha podido conseguir la inmortalidad, porque solamente se encuentra en Jesucristo, El es la vida eterna.

Ahora podemos ver que es por medio de Jesucristo que obtenemos la inmortalidad, todos tendremos un cuerpo jovencito para toda la eternidad; se podrá mirar en el espejo cuando reciba ese cuerpo y después a los 100 años mirarse de nuevo y decir: “Ni una arruga, ni una canita, nada, está igual que cuando lo recibí hace 100 años atrás,” ¿por qué? Porque es diferente a este cuerpo, será un cuerpo eterno. Después podrá mirarse de nuevo, mirarse en el espejo, cuando hayan pasado mil años y decir: “Ni una arruga todavía, ni una cana, jovencito todavía como de 18 a 21 años de edad. Ahora puedo comprender lo que es un cuerpo eterno, un cuerpo glorificado como el cuerpo de Jesucristo.”

Jesucristo ascendió al Cielo hace cerca de dos mil años, pero la gente no pueden pensar que ya está hecho un ancianito, porque si se pusiese viejo el cuerpo con el cual El ascendió al Cielo, pues ya estaría muerto. Pero Jesucristo está tan jovencito en Su cuerpo con el cual ascendió al Cielo, como estaba cuando ascendió al Cielo.

Ahora podemos ver la bendición tan grande que tendremos en ese cuerpo, esas son las glorias venideras que en nosotros se han de manifestar en el nuevo cuerpo. Sigue diciendo San Pablo, luego de decir que todos seremos transformados, dice:

“...en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.”

Los muertos serán resucitados en cuerpos eternos, en cuerpos incorruptibles, y nosotros seremos transformados si permanecemos vivos hasta que ocurra la resurrección.

“Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.

Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.”

Y de ahí en adelante no habrá más muerte para ninguno de los hijos de Dios, para ninguno de nosotros habrá muerte después que tengamos el nuevo cuerpo; y para los resucitados en Cristo tampoco habrá muerte porque resucitarán en un cuerpo eterno; la muerte terminará para los hijos de Dios (la muerte física), porque la muerte espiritual también desaparece cuando la persona ha recibido a Cristo como su Salvador, ha lavado sus pecados en Su Sangre, ha sido bautizado en Su Nombre y ha recibido el Espíritu Santo y así ha recibido el nuevo nacimiento, y así ha recibido vida eterna, pasó de muerte a vida.

Hemos visto el misterio de la Adopción, es el misterio del nuevo cuerpo, es el misterio que está contenido en la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos eternos y la transformación de nosotros los que vivimos, para lo cual tenemos que estar preparados. PREPARADOS PARA LA ADOPCION.

Y este es el tiempo para Adopción, este es el tiempo correspondiente para este Gran Evento. Estemos preparados, no sabemos en qué año, pero ya sabemos que El dijo que es para el Día Postrero, y el Día Postrero delante Dios es el séptimo milenio para los seres humanos, el cual comenzará el próximo año conforme al calendario gregoriano; pero el calendario gregoriano está atrasado, y el calendario profético tiene menos días en el año. Así que si Dios aplica el calendario profético, ya estamos en el Día Postrero, y si se le añaden los años de atraso que tiene el calendario gregoriano ya estamos en el Día Postrero; si dejamos el calendario como está, pues el próximo año comienza el Día Postrero delante de Dios.

Ahora, ¿cómo lo estará mirando Dios? El lo mira conforme a como El programó, y El estará cumpliendo las cosas que El ha prometido para este tiempo en el cual vivimos. Por lo tanto nos toca a nosotros estar preparados para la Adopción, todos queremos tener un cuerpo nuevo.

La juventud es muy hermosa, la juventud es tan hermosa delante de Dios que todos Sus escogidos, todos los miembros de Su Iglesia van a ser jóvenes. La juventud representa el cuerpo nuevo que hemos de tener.

Ahora, la juventud en este cuerpo mortal, dice el proverbista que es vanidad. ¿Por qué es vanidad? Porque es una cosa pasajera. La persona llega a su juventud —digamos— de 13 a 15 años y ya de los 40 en adelante ya se le ha ido de las manos, o sea, que es pasajera. Pero la juventud en el nuevo cuerpo no es vanidad, ¿por qué? Porque será para siempre. Y lo que es eterno no es vanidad.

Así que todas las personas que les agrada la juventud, que les gustaría ser jóvenes siempre, recuerden: Cristo ha prometido un cuerpo eterno, inmortal, incorruptible y jovencito para toda la eternidad, representará de 18 a 21 años de edad para toda la eternidad, y sin los  problemas y defectos que tiene este cuerpo mortal. El que El nos dará será creado por El. Por eso es un cuerpo perfecto el que hemos de tener, no le encontraremos ninguna falta, será creado por El y eso El lo tiene en Sus planes desde antes de la fundación del mundo. Así que nuestra parte es estar preparados para la Adopción, para la transformación de nuestro cuerpo.

Estemos preparados porque estamos en el tiempo. No les digo en el año, sino en el tiempo, y el tiempo es el séptimo milenio de Adán hacia acá y tercer milenio de Cristo hacia acá.

Estamos en el mejor tiempo para estar preparados para nuestra Adopción.

Antes de ser adoptados, los escogidos tienen que ser llamados y juntados, ¿con qué? Con la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino. ¿Y quién tocará esa Trompeta? Los ángeles del Hijo del Hombre, los Ministerios de Moisés y Elías, será Cristo manifestándose por medio de esos Ministerios.

Y estamos en el tiempo del llamado final, del llamado de la Gran Voz de Trompeta, estamos en esa etapa; y cuando un hijo de Dios va a ser adoptado, como era costumbre en el Antiguo Testamento: primero el hijo que iba a ser adoptado, tenía que haber sido enseñado en los negocios de su padre, conocer los negocios de su padre y haber aprendido los negocios de su padre bajo la guianza del tutor. Y el Tutor para los hijos de Dios es el Espíritu Santo.

Para la Adopción de Jesús, miren ustedes, en el Monte de la Transfiguración estaban Moisés y Elías con El, y desde el Cielo Dios dijo: “Este es mi Hijo amado en quien tengo complacencia, a El oid.” Pero Cristo había trabajado en los negocios de Su Padre, aun desde niño El decía: “En los negocios de mi Padre me conviene estar.” Y a todo hijo e hija de Dios le conviene estar en los negocios de Su Padre trabajando.

Cristo también en Su Ministerio estuvo trabajando en los negocios del Padre, cumpliendo las cosas que el Padre dijo que El haría, y luego en el Monte de la Transfiguración fue adoptado.

Los escogidos de Dios, como Cuerpo Místico, desde el día de pentecostés hacía acá han estado trabajando en los negocios de nuestro Padre Celestial, en los negocios de nuestro amado Señor Jesucristo, trabajando en la Obra de Jesucristo; y en la Obra de Jesucristo nos conviene estar trabajando.

Y para este tiempo final, la Iglesia de Jesucristo en la Edad de la Piedra Angular, la Edad de Oro, será adoptada; pero tiene que haber trabajado en los negocios de quién la va a adoptar, o sea, en los negocios de Jesucristo, en la Obra de Jesucristo.

Y nosotros como individuos también tenemos que estar trabajando en Su Obra, estar en Su Iglesia habiendo nacido de nuevo y estar trabajando en los negocios de Jesucristo hasta que seamos adoptados, hasta que seamos transformados.

Estamos en el tiempo para la Adopción, puede ser este año o el año próximo o el año más arriba; en alguno de los años tiene que ocurrir. Así como la resurrección de los creyentes en Dios del Antiguo Testamento, ocurrió cuando Cristo resucitó en la mañana del domingo de resurrección (o sea, la cuarta vigilia del domingo).

Ahora, la resurrección para los muertos en Cristo será en la cuarta vigilia del Día Postrero, y si un día es como mil años, siendo que una vigilia tiene tres horas, ¿cuántas son tres horas delante de Dios para los seres humanos? Una hora son 41 años con 8 meses. Y tres horas, usted multiplica 41 años con 8 meses por 3 y le va a dar 125 años. Esa es la cuarta vigilia del Día Postrero para los seres humanos: los primeros 125 años del séptimo milenio.

Ahora, ¿dónde pondremos el primer año del séptimo milenio? Esperemos que los muertos en Cristo resuciten y nosotros seamos transformados, y entonces examinaremos cuándo comenzó el séptimo milenio; porque es en el séptimo milenio que seremos transformados y los muertos en Cristo resucitados, y eso corresponde a la cuarta vigilia del Día Postrero, o sea, a los primeros 125 años.

Así que esperamos que muy pronto ocurra la resurrección de los muertos en Cristo, y la transformación de nosotros los que vivimos, porque de otra forma nuestros cuerpos no resistirían muchos años. Pero pronto va a ocurrir para todos aquellos que estarán escuchando la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, y siendo recogidos y preparados para la Adopción.

“PREPARADOS PARA LA ADOPCION.”

Que las bendiciones de Jesucristo nuestro Salvador sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y pronto todos seamos adoptados, pronto todos seamos transformados. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Muchas gracias por vuestra amable atención, y dejo con ustedes al Rvdo. Gian del Corto, para continuar y finalizar nuestra parte en esta ocasión con ustedes aquí en San José, y con ustedes allá en San Pablo, en la reunión o actividad de esta mañana en San Pablo.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos, y estén PREPARADOS PARA LA ADOPCION.

Muchas gracias y pasen todos o continúen pasando todos un día feliz, lleno de las bendiciones de Jesucristo. Amén y amén

“PREPARADOS PARA LA ADOPCION.”

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