ImprimirImprimir

Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos reunidos aquí en Acapulco, República Mexicana; es para mí una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final. Para lo cual quiero leer en el Salmo primero, número 1, en el Salmo 1, versos 1 en adelante, donde nos dice el salmista:

“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos,

Ni estuvo en camino de pecadores,

Ni en silla de escarnecedores se ha sentado;

Sino que en la ley de Jehová está su delicia,

Y en su ley medita de día y de noche.

Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas,

Que da su fruto a su tiempo,

Y su hoja no cae;

Y todo lo que hace, prosperará.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema es: “EL ARBOL QUE SIEMPRE PRODUCE El BUEN FRUTO.”

Dios compara los seres humanos con árboles, o sea, simboliza con los árboles a los seres humanos. Y por eso es que en el Génesis tenemos el árbol de ciencia del bien y del mal, pero también tenemos el Arbol de la Vida; y ambos árboles allí son dos personas que existían y estaban allí en medio del Huerto del Edén.

Nos dice el Rvdo. William Branham, para leer directamente de lo que él dijo en el libro de “Las Edades,“ página 108 del libro de “Las Edades,” —en español, editado este libro en español—, dice:

“Empezamos con el hecho de que hay dos árboles en medio del huerto, el Arbol de la Vida era Jesús. Y el otro árbol definitivamente era satanás por causa de lo que vino como fruto de aquel árbol.”

Aquí tenemos dicho por el Rvdo. William Branham que estos dos árboles, uno era Jesucristo y el otro era el diablo. Estas dos personas estaban allí en espíritu. Jesucristo estaba en Su cuerpo teofánico de la sexta dimensión y el diablo estaba en espíritu, en su cuerpo, en espíritu de la quinta dimensión. Pues el espíritu de la persona es un cuerpo de otra dimensión.

Cuando la persona nace aquí en la Tierra por medio de sus padres terrenales obtiene un espíritu del mundo, o sea, de la quinta dimensión; un cuerpo espiritual de la quinta dimensión parecido a nuestro cuerpo pero de otra dimensión. Y cuando la persona ha nacido de nuevo ha obtenido un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, o sea, un espíritu teofánico de la sexta dimensión parecido a nuestro cuerpo físico pero de otra dimensión.

Y cuando la persona muere, si es una persona que no ha recibido a Cristo como su Salvador, pues lo que murió fue su cuerpo físico pero la persona sigue viviendo en su cuerpo espiritual, que es su espíritu, que es un cuerpo de otra dimensión; si es un pecador, pues sigue viviendo en su cuerpo espiritual de la quinta dimensión, y la quinta dimensión es el infierno. Y si la persona es un creyente en Cristo, un convertido a Cristo, entonces la persona al morir su cuerpo físico sigue viviendo en su cuerpo espiritual de la sexta dimensión, que es un cuerpo parecido a nuestro cuerpo pero de la sexta dimensión, y la sexta dimensión es el Paraíso.

Por eso cuando la persona muere, ahí es que unos van para la quinta dimensión que es el infierno, si no era un creyente en Cristo; pero si era un creyente en Cristo entonces esa persona va para la sexta dimensión que es el Paraíso.

Por eso es tan importante mientras la persona vive en este planeta Tierra recibir a Cristo como Su Salvador, porque El es el Camino, la Verdad y la Vida; “y nadie viene al Padre sino por mi,” dice Jesucristo.

Toda persona quiere ir al Cielo, pero la única forma para ir al Cielo es por medio de nuestro amado Señor Jesucristo. Por eso es tan importante recibir a Cristo como nuestro Salvador mientras vivimos en este planeta Tierra, para cuando terminen nuestros días aquí en la Tierra ir al Paraíso, donde toda persona quiere ir. Pero no toda persona entra por la Puerta que es Cristo y toma el Camino angosto que es Cristo para ir a la Casa de nuestro Padre celestial.

Ahora, podemos ver que Dios ha hecho todo sencillo para que toda persona pueda alcanzar la vida eterna, y cuando terminen sus días aquí en la Tierra pueda ir a vivir al Paraíso; y luego cuando Cristo resucite a los creyentes en El, pueda la persona resucitar en un cuerpo eterno para vivir por toda la eternidad con Jesucristo nuestro Salvador.

Ahora, podemos ver que todo es sencillo conforme al Programa Divino.

Ahora, siendo que hay dos árboles en el Huerto del Edén, uno es el Arbol de la Vida el cual es Cristo y el otro es el árbol de ciencia del bien y del mal el cual es el diablo; los cuales estaban allí en sus cuerpos, pero cuerpo espirituales; porque todavía Jesucristo no se había hecho carne, no tenía el cuerpo de carne, el cual luego nació por medio de la virgen María; y el diablo pues no tenía un cuerpo de carne tampoco. Pero miren, ambos se iban a hacer carne.

Y ahora, por cuanto Dios es Creador, Dios se iba a crear un cuerpo de carne, el cual lo creó en el vientre de María. Pero el diablo por cuanto no es un creador, entonces para poderse manifestar en un cuerpo de carne tuvo que meterse en la serpiente que era el animal más cercano al hombre, el cual era parecido al hombre, caminaba como el hombre y razonaba como el hombre, y hablaba; no era un reptil, era un personaje muy parecido al hombre, el eslabón perdido que la ciencia está buscando; y lo único que le faltaba para ser un hombre a ese animal era el alma; pero tenía lugar para el alma, y ahí en ese lugar para el alma fue que el diablo se metió y habitó en él, y por medio de ese animal, la serpiente, engañó a Eva.

Y ahora, para venir la Salvación, la Redención, del ser humano y ser restaurado a la vida eterna de la cual cayó allá en el Huerto del Edén, tenía que Jesucristo, el Angel del Pacto, que es el mismo Dios en Su cuerpo teofánico, hacerse carne para llevar a cabo la Obra de Redención; y por eso se hizo carne al crear en el vientre de María una célula de vida, la cual se multiplicó célula sobre célula, y así fue creado el cuerpo de Jesús, el cual nació en Belén de Judea, y en ese cuerpo habitó Dios en toda Su Plenitud; y ese cuerpo fue ofrecido en la Cruz del Calvario para llevar nuestros pecados y morir por nosotros, y así ser restaurados nosotros a la vida eterna.

Por eso es que Jesucristo decía: “El que cree en mi como dice la Escritura, ríos de agua viva correrán por su vientre.” Hablando del Espíritu que habrían de recibir todos los que creyesen en El.

Y ahora, El dice también... eso fue en San Juan, capítulo 7, verso 37 al 39, y en San Juan también capítulo 5, verso 24, dice:

“El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.”

Vean cómo Cristo nos pasa de muerte a vida.

Al nacer en esta Tierra hemos nacido en una raza que perdió el derecho a la vida eterna. “Por cuanto todos pecaron, todos están destituidos de la Gloria de Dios.” Por lo tanto el ser humano no tiene vida eterna. Pero Cristo restaura al ser humano a la vida eterna cuando la persona cree en Jesucristo como su Salvador, lava sus pecados en Su Sangre y es bautizado en Su Nombre y recibe el Espíritu Santo; y así es restaurada a la vida eterna, y obtiene un espíritu, un cuerpo teofánico, de la sexta dimensión; la misma clase de cuerpo que tenía Jesucristo allí en el Huerto del Edén, la misma clase de cuerpo que Jesucristo tenía antes de venir a la Tierra en un cuerpo de carne humana.

Jesucristo estando en Su cuerpo teofánico en el Antiguo Testamento era llamado el Angel de Jehová o Angel del Pacto, el cual era el mismo Dios en Su cuerpo teofánico, cuerpo angelical de la sexta dimensión, o sea, de la dimensión que es el Paraíso. Y luego se hizo carne y habitó en medio del pueblo hebreo y fue conocido por el Nombre de Jesús, para poder llevar cabo la Obra de Redención.

El diablo haciéndose carne trajo la desgracia para la raza humana, trajo la muerte para la raza humana; pero Jesucristo, el Angel del Pacto, haciendose carne, trajo la salvación para la raza humana. El Arbol de la Vida, Jesucristo, trajo la vida eterna para el ser humano.

Y ahora, Cristo es el Arbol de la Vida el cual aparece en el Huerto del Edén en tres lugares, tres veces aparece en el Huerto del Edén mencionado el Arbol de la Vida, y también tres veces aparece en el libro del Apocalipsis el Arbol de la Vida mencionado. Y tanto en el Génesis como en el Apocalipsis (el primer libro de la Biblia, el Génesis, y el último libro de la Biblia, el Apocalipsis), ahí en ambos libros el Arbol de la Vida es el mismo Señor Jesucristo.

Y ahora, por eso es que Cristo nos habló de la vida eterna y nos dijo que El era la vida eterna, y que creyendo en El obteníamos de parte de El la vida eterna. Por eso en San Juan, capítulo 6, Cristo nos dice (verso 39 en adelante):

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero (o sea, en el séptimo milenio que es el Día Postrero delante de Dios).”

Ahora, ¿en qué año del Día Postrero, qué año del Séptimo milenio? No sabemos. Pero en algún año del séptimo milenio Cristo resucitará a los creyentes en El que ya físicamente han muerto y a nosotros los que vivimos nos transformará.

Ahora, hemos visto este misterio del Arbol de la Vida en el Huerto del Edén y en el libro del Apocalipsis. Cristo es el Arbol de la Vida que siempre produce buen fruto.

Y ahora, siendo que nosotros somos hijos e hijas de Dios también; como Jesucristo es el Hijo de Dios, nosotros somos hijos e hijas de Dios. Y por cuanto El es el Heredero de Dios, de todo lo que Dios tiene, de toda la herencia de Dios, la Biblia también dice de nosotros que somos herederos de Dios y coherederos con Cristo Jesús, Señor nuestro.

Y ahora, lo que Cristo es lo somos también nosotros. Por eso es que en ese Salmo nos habla acerca del justo que es como el árbol plantado junto a corrientes de agua que da su fruto a su tiempo y su hoja no cae, y todo lo que hace prosperará.

Y ahora, nosotros así como Jesucristo estaba plantado junto a la Fuente, la Fuente es el Espíritu Santo; y Jesús tenía el Espíritu Santo.

Y ahora, nosotros hemos sido plantados junto a corrientes de aguas, de lo cual le habló Cristo a la mujer samaritana en el capítulo 4, la cual se encontraba allá en el pozo de Jacob y Jesús se detuvo allí. Vean, dice el capítulo 4, verso 5 en adelante, dice:

“Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José.

Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta (o sea, de 11:00 a 12:00 del mediodía).

Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber.

Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer.

La mujer  samaritana  le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer  samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí.

Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.

La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva?

¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?

Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed;

mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.”

Y está hablando del Espíritu Santo que El daría a todos los creyentes en El.

Y ahora, vean ustedes cómo se sentó Jesús allí en aquel pozo, el pozo de Jacob, el cual le había El dado a Su hijo José; José fue el que obtuvo la Bendición de la Primogenitura.

Y ahora, se va reflejando todo esto, lo cual en el libro del Génesis, encontramos que cuando fue echada la bendición de Jacob o por Jacob sobre José en el capítulo 49 del Génesis, verso 22 en adelante, dice:

“Rama fructífera es José,

Rama fructífera junto a una fuente,

Cuyos vástagos se extienden sobre el muro.”

Y aquí podemos ver que ya le está hablando de una fuente, una fuente de agua a José.

Y ahora, cuando Jacob le da a su hijo José heredad, le da heredad allí en Sicar y le da el pozo llamado el pozo de Jacob; o sea, que es colocado junto a una fuente. La bendición que le había hablado también hablaba de una fuente.

Todo esto nos habla de que así como José es el que tuvo los derechos de la Primogenitura, todos los Primogénitos de Dios escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero estarían junto a una Fuente, a la Fuente del Agua de la Vida eterna que es Jesucristo. Y Jesucristo nos daría del Agua de la Vida eterna que es el Espíritu Santo.

Por eso en San Juan, capítulo 7, verso 37 al 39, dice:

“En el último y gran día de la fiesta (esta era la fiesta de pentecostés), Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.”

 ¿Y cómo vamos a beber de un hombre? Es a beber del Espíritu Santo, del Agua del Espíritu Santo para tener vida eterna.

“El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.

Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.”

Ahora vean cómo nos habla de esta Agua de Vida eterna, el Agua de la Fuente de la vida eterna es el Espíritu Santo, y Cristo es la Fuente del Agua de la vida eterna, Cristo es esa Fuente que contiene el Espíritu Santo, el cual nos daría a todos los creyentes en El, y así nos daría vida eterna. Por eso en San Juan, capítulo 14, verso 26, dice:

“Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.”

Y también en San Juan, capítulo 15, verso 26, dice:

“Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.

Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio.”

También en el capítulo 14 de San Juan, verso 20 en adelante, dice:

“En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.

El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.

Le dijo Judas (no el Iscariote) (el Iscariote no hacía esas preguntas, no estaba interesado en recibir el Espíritu): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo?

Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.”

Aquí nos muestra Jesús que El vendrá a la persona, ¿y cómo va a venir? Pues en Espíritu Santo. Cristo vendrá a la persona y producirá en la persona el nuevo nacimiento y la persona obtendrá un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, y así entrará la persona al Reino de Dios. “Porque el que no nazca del Agua y del Espíritu no puede entrar al Reino de Dios.” Dijo Cristo a Nicodemo.

Ahora, el Espíritu Santo es para todos los que creen en Jesucristo, para todos aquellos que el Señor nuestro Dios llame es la bendición del Espíritu Santo para así obtener el nuevo nacimiento la persona. Por eso San Pedro en el libro de los Hechos, capítulo 2, verso 38 en adelante, dice:

“Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.”

Y ahora, podemos ver cómo es que se nace en el Reino de Dios como un hijo o una hija de Dios: arrepentidos de nuestros pecados y recibiendo a Cristo como nuestro Salvador, lavando nuestros pecados en Su Sangre y siendo bautizados en Su Nombre y recibiendo el Espíritu Santo y así obteniendo el nuevo nacimiento. ¿Vieron lo sencillo que es todo?

Ahora, podemos ver que hay un Programa Divino para la creación de una Nueva Raza la cual comenzó con nuestro amado Señor Jesucristo. Por eso es que Jesucristo es el Segundo Adán. Así como en Adán (el primer Adán) todos mueren, en el Segundo Adán, Jesucristo, todos son vivificados, traídos a vida eterna.

Y ahora, por medio del Primer Adán, al nacer nosotros en la Tierra pertenecemos a esa creación que cayó en el Huerto del Edén. Pero por medio de creer en Cristo como nuestro Salvador, recibir Su Espíritu al ser bautizado y luego recibir Su Espíritu Santo y nacer de nuevo, nacemos en una Nueva Creación la cual comenzó con nuestro amado Señor Jesucristo, una Creación nueva con vida eterna. Y por eso es que luego nos dará el cuerpo eterno, inmortal y glorificado igual al cuerpo Suyo, para que físicamente también vivamos con El por toda la eternidad y reinemos con Cristo como Reyes y Sacerdotes en este planeta y en el universo completo; porque El es Rey de reyes y Señor de señores, y nosotros hemos sido hechos por Jesucristo Reyes y Sacerdotes, porque El nos lavó con Su Sangre Preciosa y nos ha hecho para nuestro Dios Reyes y Sacerdotes y reinaremos sobre la Tierra. Capítulo 1 del Apocalipsis, versos 4 al 8, y también Apocalipsis, capítulo 5, versos 8 al 10, y Apocalipsis, capítulo 20, versos 4 al 6. En esos pasajes nos habla que El nos ha hecho Reyes y Sacerdotes y que reinaremos con El en la Tierra por mil años, y luego, pues por toda la eternidad.

Ahora podemos ver que hay una Nueva Creación, una Nueva Raza, que está siendo creada por Dios a través de Jesucristo nuestro Salvador. Para pertenecer a esa Nueva Raza con vida eterna, tenemos que venir por medio de nacer de nuevo, a través de creer en Jesucristo como nuestro Salvador, lavar nuestros pecados en Su Sangre, ser bautizados en Su Nombre y recibir Su Espíritu Santo, y así es como nacemos en el Reino de Dios, nacemos en la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y ahora, cuando así hacemos, ¿qué estamos haciendo? Pues estamos comiendo el Arbol de la Vida que es Jesucristo, el cual produce siempre el buen fruto.

Y ahora, nosotros también como hijos de Dios por medio de Jesucristo somos —como individuos— frutos de Jesucristo, del Arbol de la Vida; y ahora como individuos también llevamos fruto, porque estamos plantados junto a esa Fuente de Agua de vida eterna, estamos plantados como  árboles junto a esa Fuente de Agua de vida eterna; y recibimos de esa Fuente esa Agua que es el Espíritu Santo, para producir frutos en abundancia como cristianos servidores de nuestro amado Señor Jesucristo; tanto como individuos en nuestra vida personal producir frutos agradables a Dios en nuestra vida como cristianos, y también en nuestro trabajo en la Obra del Señor, producir el trabajo, la labor que nos corresponde llevar a cabo en nuestro tiempo, lo cual es también un fruto de cada hijo e hija de Dios.

Y Cristo, la Fuente del Agua de la vida eterna, vean ustedes, nos ha dado vida eterna a nosotros como árboles de Dios. La Escritura nos habla de estos árboles de Dios refiriéndose a seres humanos, y nos dice la Escritura que somos árboles de Dios, plantillo de Dios, y siendo árboles del Dios Todopoderoso, del Huerto de Dios, entonces nosotros llevamos el buen fruto correspondiente a nuestro tiempo; así como los árboles de Dios, los miembros de la Iglesia de Jesucristo de edades pasadas llevaron el fruto correspondiente a cada edad como individuos y también como Cuerpo Místico del Señor Jesucristo.

La Iglesia del Señor Jesucristo es la Planta de trigo producida por el Grano de trigo que fue sembrado en Tierra, el cual fue Jesucristo.

En San Juan, capítulo 12, verso 24, el mismo Cristo nos dice que si el Grano de trigo no cae en Tierra y muere El solo queda, pero si cae en Tierra y muere mucho fruto lleva.

¿Y cómo va a llevar mucho fruto muriendo El? Como el grano de trigo cuando es sembrado en tierra muere, pero entonces nace en la forma de una plantita de trigo; y en esa plantita de trigo a medida que va creciendo y va pasando por sus diferentes etapas, luego aparecen granos de trigo, los cuales luego maduran, y luego se lleva la cosecha a cabo y se recogen muchos granos de trigos iguales al grano de trigo que fue sembrado en Tierra.

Y para este tiempo final, para el tiempo de la cosecha se recogerán muchos granos de trigo, muchos hijos e hijas de Dios iguales a nuestro amado Señor Jesucristo, a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo; ya tenemos la imagen al recibir Su Espíritu Santo y nos falta la semejanza física que es el cuerpo físico, eterno, inmortal e incorruptible y glorificado que El ha prometido para cada uno de ustedes y para mí también; para así ser físicamente inmortales con cuerpos inmortales y ser iguales a Jesucristo nuestro Salvador.

Y ahora, el Arbol que siempre produce el buen fruto podemos ver que es Jesucristo; y por cuanto lo que El es lo son todos los hijos e hijas de Dios también, entonces nosotros también somos árboles que siempre producimos el buen fruto correspondiente a nuestra Edad y a nuestra Dispensación.

Lo que El es nosotros somos herederos también a lo que El es. Por eso El una vez dijo: “Yo Soy la luz del mundo.” Y luego hablando a Sus discípulos dijo: “Vosotros sois la luz del mundo.” Porque lo que Cristo es lo son también todos los hijos e hijas de Dios. El es el Heredero de Dios, y nosotros somos herederos de Dios y coherederos con Cristo Jesús Señor nuestro. El es el Rey de los cielos y la Tierra, El es el Rey de Israel y nosotros somos Reyes con El. El es el Sumo Sacerdote Melquisedec del Templo Celestial, y nosotros somos Sacerdotes también. El es el Juez de toda la Tierra y nosotros somos Jueces con El también.

¿Ven? A todo lo que El es, nosotros somos herederos con El. Y El es el Arbol de la Vida, el Arbol que siempre produce buen fruto y Su Iglesia es ese Arbol de trigo, esa Planta de trigo, que produce el buen fruto, o sea, que produce los hijos e hijas de Dios, produce hijos e hijas de Dios la Iglesia del Señor Jesucristo por medio de Jesucristo manifestado en Su Iglesia a través de Su Espíritu Santo trayéndonos Su Palabra para cada edad.

Por medio de esa Palabra creadora o por medio de esa Palabra simiente son traídos a existencia en la Iglesia de Jesucristo esas almas que vienen de Dios, que vienen del Cielo y tienen Sus nombres escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, y entonces Cristo los trae y produce en ellos el nuevo nacimiento y nacen así en la Iglesia del Señor Jesucristo, o sea, en la Planta de trigo nacen como granos de trigo.

Y ahora podemos ver este misterio de: “EL ARBOL QUE SIEMPRE PRODUCE EL BUEN FRUTO.”

Y ahora en el libro del Apocalipsis encontramos que Cristo nos hace una promesa en Apocalipsis, capítulo 2, verso 7, donde nos dice:

“Al que venciere, yo le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.”

El Paraíso de Dios es la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y ahora, en medio del Paraíso de Dios está Jesucristo, el Arbol de la Vida, y El nos da a comer, nos da a comer de ese Arbol, ¿para qué? Para que tengamos vida eterna.

Y ahora vean ustedes, al creer en Jesucristo como nuestro Salvador y lavar nuestros pecados en Su Sangre y ser bautizados en Su Nombre, y recibir el Espíritu Santo, estamos comiendo de Cristo y estamos obteniendo la victoria, y obteniendo un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, parecido a nuestro cuerpo pero de la sexta dimensión. Y por consiguiente usted es una persona de esta dimensión pero también es una persona de la sexta dimensión al nacer de nuevo, usted tiene representación en el Paraíso, en la sexta dimensión.

Por eso estamos sentados en lugares celestiales con Cristo Jesús Señor nuestro. Y pronto El nos dará un cuerpo físico, eterno, inmortal, incorruptible y glorificado, lo cual es la semejanza de Dios; y la semejanza de Dios es Jesucristo, Su cuerpo físico glorificado es esa semejanza de Dios; la imagen de Dios es Su cuerpo teofánico, cuerpo angelical llamado el Angel de Jehová o Angel del Pacto; y cuando El nos ha dado el cuerpo teofánico nos ha dado Su imagen, nos ha hecho a Su imagen. Y cuando nos dé el cuerpo eterno, inmortal y corruptible, nos habrá dado Su semejanza física y eterna para vivir por toda la eternidad.

Y ahora, en el libro del Apocalipsis nos dice [Apocalipsis 22:1 - Editor], vean ustedes:

“Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero.

En medio de la calle de la ciudad, y a uno lado y al otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones.”

Siendo que es el Arbol de la Vida el que está aquí a un lado y al otro lado de este río que sale del Trono de Dios, y siendo que el Arbol de la Vida es Cristo: Cristo en Su Primera Venida es el Arbol de la Vida y Cristo en Su Segunda Venida es el Arbol de la Vida, y ahí tenemos a un lado y al otro lado del río el Arbol de la Vida.

Así como en Ezequiel, donde leyó el Rvdo. Miguel Bermúdez Marín, donde dice:

“Y junto al río, en la ribera, a uno y otro lado, crecerá toda clase de árboles frutales; sus hojas nunca caerán, ni faltará su fruto. A su tiempo madurará, porque sus aguas salen del santuario; y su fruto será para comer, y su hoja para medicina.”

Es lo mismo de Apocalipsis - aquí lo que dice el profeta Ezequiel en el capítulo 47, verso 12 es lo mismo que luego aparece en Apocalipsis, capítulo 22, verso 1 en adelante.

Y ahora, podemos ver que estos árboles: el Arbol de la Vida (uno al lado y el otro lado del río) es el Arbol que siempre produce el buen fruto. Y ahí tenemos a Jesucristo en Su Primera Venida y a Jesucristo en Su Segunda Venida, y tenemos también a la Iglesia del Señor Jesucristo. Porque así como El es el Arbol de la Vida, nosotros somos árboles con El, El nos ha dado vida eterna.

Y ahora, junto a la Fuente dijo Jacob que fue colocado José, junto a la Fuente, a esa Fuente de Agua de vida eterna; y José tenía la Bendición de la Primogenitura. Y por eso todo Primogénito de Dios está junto a la Fuente del Agua de la Vida, junto a la Fuente que es Cristo, y el Agua de la Vida es Su Espíritu Santo; ahí estamos nosotros plantados junto a la Fuente, como Primogénitos de Dios escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero.

En Apocalipsis, capítulo 21, verso 6:

“Y me dijo: Hecho está. Yo soy el  Alfa  y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.

El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.”

¿Quiénes serán los que tomarán de la Fuente del Agua de la Vida? Pues los hijos; y así obtendrán esas grandes bendiciones de Dios. Y como mensajeros, los mensajeros de Cristo; y para el Día Postrero el Angel del Señor Jesucristo, el cual en el Día Postrero estará tomando de la Fuente del Agua de la Vida para luego tener la bendición de la victoria, tener esa victoria y heredar todas las cosas.

Y Cristo dice: “Y Yo seré Su Dios y El será mi Hijo.” Uno de los hijos, mensajeros de Jesucristo, tendrá está bendición en el Día Postrero en toda Su plenitud. El tiene muchos hijos e hijas, y Uno de ellos estará tomando y con El los de Su tiempo también estarán tomando para obtener su transformación en el Día Postrero; así como tomamos para obtener nuestro cuerpo teofánico, al  tomar del Agua de la Vida que es el Espíritu Santo, en el Día Postrero para recibir el cuerpo físico y eterno tomamos también de la Fuente del Agua de la Vida.

Y ahora, creyendo en nuestro amado Señor Jesucristo en Su Primera Venida y Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario, obtenemos la bendición de la Redención, la Salvación, y obtenemos el nuevo nacimiento, para así obtener el cuerpo teofánico de la sexta dimensión, el cuerpo angelical. Y para el Día Postrero con la Segunda Venida de Cristo y Su Obra de Reclamo, obtendremos la bendición del cuerpo físico y eterno. Por lo tanto estaremos creyendo y recibiendo a Cristo en Su Segunda Venida como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo, para obtener nuestro cuerpo eterno, inmortal e incorruptible y glorificado.

En Apocalipsis, capítulo 22, verso 16 al 17, dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.

Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.”

Para así obtener el cuerpo físico, eterno, inmortal e incorruptible, así como obtenemos el cuerpo teofánico de la sexta dimensión al tomar de la Fuente del Agua de la Vida. Al tomar de la Fuente del Agua de la Vida en Su Primera Venida y recibir Su Espíritu obtenemos el cuerpo teofánico de la sexta dimensión; y al recibirlo en el Día Postrero y creer en Su Venida como el León de la tribu de Judá, Rey de reyes y Señor de señores, obtendremos el cuerpo físico, eterno, inmortal e incorruptible que El ha prometido para todos nosotros.

Y ahora, podemos ver EL ARBOL QUE SIEMPRE PRODUCE EL BUEN FRUTO.

Cristo es ese Arbol de la Vida que estaba en el Huerto del Edén en el Génesis y también es el mismo Arbol del libro del Apocalipsis, el Arbol de la Vida, y nosotros somos árboles también en el Huerto de Dios, colocados, plantados, junto a la Fuente del Agua de la Vida para tomar, como los árboles toman agua cuando están colocados cerca de un río, de una fuente de agua, ellos reciben de ese río, de esa fuente de agua, ellos reciben el agua por sus raíces.

Y ahora los árboles de Dios, los hijos e hijas de Dios, reciben de esa Fuente el Agua de la Vida, de ese río del Agua de la Vida que sale del Trono de Dios, reciben el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo y así ellos son los árboles —como individuos— que siempre producen el buen fruto en la Edad que les toca vivir en el Cuerpo Místico del Señor Jesucristo.

Hemos visto a Cristo como el Buen Arbol que siempre produce buen fruto; y hemos visto a la Iglesia de Jesucristo como el buen árbol que produce el buen fruto; y hemos visto a cada creyente en Cristo como el buen árbol que produce el buen fruto. Porque lo que El es lo somos también nosotros como creyentes en nuestro amado Señor Jesucristo, para producir siempre el buen fruto que está señalado que nosotros hemos de producir; porque todo buen árbol produce buen fruto; y el árbol que no lleva buen fruto será cortado y echado al fuego; porque el hacha está puesta a la raíz de todo árbol, y el árbol que no lleva buen fruto será cortado y echado al fuego dijo Juan el Bautista.

Y ahora, podemos ver la importancia de estar produciendo fruto, y que sea buen fruto, que sea de acuerdo a la Palabra de Dios; y así ser como individuos nosotros el árbol que siempre produce buen fruto; así como Cristo es el Arbol que siempre produce buen fruto; y la Iglesia de Jesucristo como Cuerpo Místico de creyentes es el árbol que siempre produce buen fruto, la Iglesia Novia de Jesucristo produce hijos e hijas de Dios, ese es un fruto bueno, es el mejor fruto que un árbol puede producir.

“EL ARBOL QUE SIEMPRE PRODUCE EL BUEN FRUTO.”

Vean, la planta de trigo pues produce trigo, ese es el buen fruto para la planta de trigo; la cizaña pues lo que produce, ¿qué es? Cizaña. Ese es un mal fruto. El árbol que produce mal fruto será cortado y echado al fuego, la cizaña será recogida en manojos y será echada en el horno de fuego para ser quemada durante la gran tribulación; y luego será echada en el lago de fuego; donde desaparecerá en cuerpo, espíritu y alma, toda persona que sea identificada como cizaña. Pero el trigo, el trigo es recogido por los ángeles del Hijo del Hombre para ser colocados en el Alfolí de Dios, y ser llevados a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo.

Hemos visto este misterio del BUEN ARBOL QUE SIEMPRE PRODUCE EL BUEN FRUTO.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio de: “EL ARBOL QUE SIEMPRE PRODUCE EL BUEN FRUTO.”

Que las bendiciones de Jesucristo, el Angel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mi también, y que el Espíritu de Cristo siempre esté manifestándose en la vida de cada uno de ustedes, para que se produzca el buen fruto en la vida de cada uno de ustedes como individuos y en el Cuerpo Místico de Cristo como Cuerpo Místico de creyentes. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Muchas gracias por vuestra amable atención amados amigos y hermanos presentes, y televidentes también. Y dejo nuevamente con nosotros al Rvdo. Miguel Bermúdez Marín para continuar y finalizar en esta ocasión nuestra parte, dándole gracias a Cristo por el Arbol que siempre produce el buen fruto, y dándole gracias por el buen fruto producido por el Arbol que está junto a ese río, a esa Fuente de Agua que salé del Trono de Dios.

Que Dios les bendiga y les guarde y con nosotros el Rvdo. Miguel Bermúdez Marín para continuar y finalizar en esta ocasión.

“EL ARBOL QUE SIEMPRE DA BUEN FRUTO.”

Encuéntrenos

Carretera No.1 Km 54.5
Barrio Monte Llano
Cayey, Puerto Rico
00736

Twitter