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Muy buenas tardes o buenas noches, amados amigos y hermanos presentes aquí en Villahermosa, Tabasco, República Mexicana; es para mí una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Reciban también saludos de mi esposa Erica y América mi hija, quienes les aman y les envían  saludos a todos ustedes; y América también les envía saludos a los Cahorritos del León de la tribu de Judá.

En esta ocasión leemos en San Mateo, capítulo 19, versos 16 en adelante (al 26), donde dice:

“Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?

El le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.

Le dijo: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio.

Honra a tu padre y a tu madre; y, Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

El joven le dijo: Todo esto he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta? Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme.

Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos.

Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.

Sus discípulos, oyendo esto, se asombraron en gran manera, diciendo: ¿Quién, pues, podrá ser salvo?

Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema es: “TOMANDO LA MEJOR DECISION.”

Por causa del libre albedrío que Dios le ha dado al ser humano, le corresponde al ser humano tomar la mejor decisión de su vida; y solamente hay una para poder obtener la vida eterna. Este joven del cual nos habla este relato bíblico quería la vida eterna, quería entrar al Reino de Dios, y vino interesado ante Jesús porque él quería la vida eterna; pregunta a Jesús este joven rico: “¿Qué haré maestro bueno?” Vean:

“Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?”

Toda persona desea tener la vida eterna, y por cuanto se trata de vida eterna, por consiguiente la persona tendrá un cuerpo eterno, inmortal, incorruptible, porque este cuerpo terrenal que nosotros tenemos no puede heredar la vida eterna, no puede heredar la incorrupción porque es un cuerpo corruptible. Por lo tanto los que heredarán la vida eterna recibirán un cuerpo eterno, inmortal, e incorruptible y glorificado, como también reciben un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, inmortal e incorruptible, cuando nacen de nuevo.

Ahora, lo que es imposible para los hombres es posible para Dios, pues Dios ha hecho un Programa en el cual el ser humano recibe la vida eterna, y tiene que ser de acuerdo a ese Programa; no porque la persona sea buena recibirá la vida eterna, sino porque ha entrado en el Programa Divino que Dios ha hecho para que el ser humano obtenga la vida eterna.

Y ahora, el ser humano tiene que tomar la mejor decisión, la decisión que lo llevará a vivir eternamente con Dios.

En el Cielo hubo un momento en que los arcángeles y ángeles tuvieron que tomar la mejor decisión; pero hubo algunos que no tomaron la mejor decisión, el cual fue luzbel, el diablo, o lucero; y los que escucharon la voz de lucero, del diablo, y siguieron al diablo pues no tomaron la mejor decisión.

Así que si ellos siguieron a ese arcángel caído, vean ustedes, usaron un libre albedrío que tuvieron para seguirlo. Pero Gabriel y Miguel se quedaron al lado de Dios, esos tomaron la mejor decisión, y todos los demás arcángeles y ángeles que se quedaron al lado de Dios tomaron la mejor decisión.

Y ahora a la Tierra viene la misma lucha, la misma batalla, en donde los seres humanos son ahora los que les toca tomar la mejor decisión, como sucedió allá en el Cielo.

Y ahora, por cuanto la raza humana en el Huerto del Edén cayó cuando Eva tomó una decisión incorrecta, no tomó la mejor decisión, y por consiguiente pecó y entró la muerte a la raza humana; ahora cuando ellos fueron visitados por Dios luego de haber caído y recibieron las vestiduras de pieles de ovejas, allí estaban tomando la mejor decisión.

Y ahora, el ser humano en el Antiguo Testamento encontramos que usaron los sacrificios de animalitos ofrecidos a Dios, para sus pecados ser cubiertos con la sangre de esos animalitos. Esas personas que así hicieron, hicieron conforme al Programa Divino y estaban tomando la mejor decisión, porque aquellos sacrificios de aquellos animalitos y la sangre de ellos derramada para cubrir sus pecados —no quitarlos, sino cubrirlos— representaba a Jesucristo el Cordero de Dios siendo sacrificado, para con Su Sangre limpiarnos de todo pecado.

Por lo tanto aquellos que tomaron la decisión de ofrecer a Dios esos sacrificios que Dios había establecido, tomaron la mejor decisión en el tiempo que ellos vivieron; y fueron llamados justos como Job, y como también Noé había sido llamado justo y como Moisés y todas las demás personas que sacrificaban a Dios esos sacrificios por el pecado; como también el padre de la fe Abraham.

Y cuando Cristo murió en la Cruz del Calvario y derramó Su Sangre, los pecados de aquellas personas que en el Antiguo Testamento habían hecho esos sacrificios, pero que solamente quedaron cubiertos sus pecados, esas personas estaban en el Seno de Abraham, en el Paraíso; y cuando Cristo murió y derramó Su Sangre, la Sangre de Jesucristo los limpió de todo pecado, porque ellos en tipo y figura habían ofrecido a Dios el sacrificio por el pecado; o sea, que ellos habían creído en el Sacrificio por el pecado que más adelante vendría y se materializaría en un Hombre, el Mesías, el Hijo de Dios.

Por lo tanto, cuando la Sangre de Cristo fue derramada los limpió de todo pecado a aquellas personas que tenían sus pecados cubiertos con aquellos sacrificios, con la sangre de aquellos sacrificios, y estaban en el Paraíso, no podían ir a la Presencia de Dios; pero cuando Cristo murió sus pecados fueron quitados con la Sangre de Cristo, y cuando Cristo resucitó, resucitaron con Cristo; y cuando Cristo ascendió al Cielo, ascendieron al Cielo con Cristo.

Y ahora, vean ustedes cómo esas personas habían hecho la mejor decisión.

Cuando el pueblo hebreo también fue visitado por Dios. ¿Y cómo fue visitado por Dios? Pues de acuerdo a lo que Dios había prometido que el pueblo hebreo sería cautivo en tierra extraña (Génesis, capítulo 15, verso 12 al 19), pero que Dios los libertaría de aquella esclavitud; esa fue la promesa de Dios dada al profeta y patriarca Abraham. Dice:

“Mas a la caída del sol sobrecogió el sueño a Abram, y he aquí que el temor de una grande oscuridad cayó sobre él.

Entonces Jehová dijo a Abram: Ten por cierto que tu descendencia morará en tierra ajena, y será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años.

Mas también a la nación a la cual servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con gran riqueza.

Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez.

Y en la cuarta generación volverán acá; porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí.”

Aquí podemos ver cómo Dios hace un pacto con Abraham y le hace una promesa a Abraham: le dice que su descendencia, su simiente, va a estar cautiva, esclavizada en tierra ajena por 400 años; pero a los 400 años o cumplidos los 400 años en la cuarta generación Dios los libertaría, castigaría a la nación que los tendría oprimidos y los libertaría y los llevaría de regreso a la tierra donde Abraham estaba, la tierra de Israel, la tierra prometida.

Conforme a esta promesa... porque Dios no puede obrar ni puede manifestarse fuera de lo que El ha prometido. El antes de manifestarse, El antes de llevar a cabo una Obra, tiene que haberlo ya prometido. Y la Obra que Dios lleva a cabo es el cumplimiento de lo que El prometió.

Y ahora, en el cumplimiento de lo que El prometió para Abraham y para la descendencia de Abraham, Dios le aparece a Moisés y le dice: “Yo Soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.” Se identifica con Moisés como el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob; luego le habla acerca de la promesa que Dios le había hecho a Abraham: de libertar a Su simiente luego de cumplidos los 400 años de esclavitud, y le da todos los pormenores a Moisés.

Y luego Moisés le pregunta a Dios: “Bueno, ¿si ellos me preguntan por Tu Nombre, qué les diré yo a ellos?” Dios ahí se identifica con Su Nombre, con Moisés, Moisés escuchó la pronunciación de ese Nombre, el cual ha sido traducido como YHWH, y ése es el Nombre del Angel de Jehová que le apareció a Moisés.

Y ahora, Dios le dice a Moisés... vamos a ver aquí, le dice... Moisés le pregunta: “¿Si ellos me preguntaren por Tu Nombre....?” Capítulo 3, verso 13 al 14 del Exodo.

“Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?

Y respondió Dios a Moisés: “Yo Soy El Que Soy. ” Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: Yo Soy me envió a vosotros.”

Luego en el capítulo 6, verso 1 en adelante, dice Dios a Moisés:

“Jehová respondió a Moisés: Ahora verás lo que yo haré a Faraón; porque con mano fuerte los dejará ir, y con mano fuerte los echará de su tierra.

Habló todavía Dios a Moisés, y le dijo: Yo soy Jehová.

Y aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Omnipotente, mas en mi nombre Jehová no me di a conocer a ellos.”

O sea, que en ese Nombre YHWH no se había dado Dios a conocer a Abraham, a Isaac y Jacob; pero ahora se está dando a conocer a Moisés como el Yo Soy, YHWH.

Y luego este Angel de Jehová, miren ustedes, en el capítulo 23, verso 20 en adelante, dice Dios:

“He aquí yo envío mi Angel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.”

O sea, que el Nombre de Dios está en Su Angel, en Su Angel, en Su enviado, en el cual está Dios. Porque el Angel de Jehová es el mismo Dios en Su cuerpo teofánico, Su cuerpo angelical. Ese Angel de Jehová siendo el cuerpo teofánico de Dios, tenía ahí el Nombre de Dios; así como el nombre suyo ¿dónde lo lleva usted? En el cuerpo suyo. Porque cuando nació ese cuerpecito suyo lo registraron, lo inscribieron, con ese nombre, le pusieron a ese niñito o niñita que nació un nombre; y dondequiera que va su cuerpo, ahí va su nombre.

Y ahora, dondequiera que va el Angel de Jehová, ahí va el Nombre de Dios. Y luego cuando el Angel de Jehová se hizo hombre, pues ahí iba el Nombre de Dios. Por eso Jesús decía: “Yo he venido en Nombre de mi Padre.”

Y ahora vean ustedes, cuando también oró en el capítulo 12, verso 28 de San Juan, cuando también allí Jesús oró... vamos a verificar si es el capítulo 12, verso 28, dice:

“Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez.”

Dios ha glorificado Su Nombre en Su Primera Venida y lo glorificará de nuevo en Su Segunda Venida.

Ahora vean ustedes que en el velo de carne donde Dios estaba en toda Su Plenitud, ahí estaba el Nombre de Dios, vino en el Nombre del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob; ahí estaba el Nombre de Dios para llevar a cabo Dios por medio de esa manifestación en carne humana, llevar a cabo la Obra de Redención por medio del velo de carne donde Dios estaba. Era el Angel de Jehová, el Angel del Pacto, el Verbo hecho carne en Jesús de Nazaret.

Y ahora podemos ver cómo el Nombre de Dios está en Su Angel. Eso es muy importante entenderlo, porque en el Nuevo Testamento en el Apocalipsis, capítulo 3, verso 12, Jesús dice:

“Al que venciere, yo le haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá fuera; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo.”

Es muy importante entender este misterio del Nombre de Dios, dónde ha estado en el Antiguo Testamento y luego cómo estaba en el Nuevo Testamento en el velo de carne donde estaba Dios manifestado en toda Su Plenitud: era nada menos que el Angel del Pacto, el Angel de Jehová, Jesucristo en carne humana.

El Angel de Jehová cuando se hizo hombre, cuando se hizo carne en medio del pueblo hebreo llevaba el Nombre de Dios.

Y ahora, para el tiempo final Jesucristo ha prometido escribir sobre el Vencedor el Nombre de Dios, el Nombre de la ciudad de nuestro Dios y Su Nombre Nuevo. Cuando Jesucristo ascendió al Cielo recibió un Nombre Nuevo; y por eso es que en Apocalipsis, capítulo 2, verso 17, El dice: “Al que venciere, yo le daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita blanca un Nombre Nuevo escrito, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe.” Alguien recibirá esa bendición y vendrá en el Nombre Nuevo de esa Piedrecita.

El Nombre Nuevo que tiene esa Piedrecita, la Piedrecita es Cristo, El es la Piedra del Angulo, la Piedra no cortada de manos que vio el profeta Daniel en la interpretación que le dio al rey Nabucodonosor en el capítulo 2 del libro de Daniel. El es esa Piedrecita blanca que para el Día Postrero vendrá con un Nombre Nuevo.

Por eso es que Cristo dice que esa Piedrecita blanca que le dará al Vencedor tiene un Nombre Nuevo. La Piedrecita blanca viniendo con un Nombre Nuevo es la Segunda Venida de Cristo; y alguien recibirá a Cristo en Su Segunda Venida con un Nombre Nuevo, y ése que lo recibirá conocerá ese Nombre Nuevo y conocerá la Venida, el misterio de la Venida de esa Piedrecita blanca, el misterio de la Venida de Cristo en el Día Postrero.

Y ahora, ése será el que recibirá la bendición de parte de Jesucristo. Cristo escribirá sobre El el Nombre de nuestro Dios, el Nombre de la ciudad de nuestro Dios y el Nombre Nuevo Suyo.

Por eso en Apocalipsis, capítulo 19, el Jinete del caballo blanco que es Cristo, el Espíritu Santo, viene con un Nombre que nadie conoce, y Su Nombre es el Verbo de Dios. El Verbo regresa, el Verbo se hace carne en el Día Postrero, viene el Verbo para manifestarse y viene con un Nombre que nadie entiende, que nadie conoce; porque no viene con el Nombre Jesús, viene con un Nombre Nuevo; y solamente lo conocerá aquel que lo recibirá en Su Venida, él será el que tendrá esa bendición.

Y así como la bendición de la Primera Venida de Cristo y el Nombre de Dios para Redención en la Primera Venida de Cristo fue Jesús, y lo recibió y fue escrito sobre un hombre llamado Jesús que nació de la virgen María; para el Día Postrero habrá un hombre, un Mensajero, el Angel del Señor Jesucristo enviado por Jesucristo que conocerá el misterio de la Segunda Venida de Cristo y el Nombre Nuevo del Señor Jesucristo; ése será el único que conocerá plenamente ese misterio. Y él es enviado por nuestro amado Señor Jesucristo a Su Iglesia en el Día Postrero.

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias (o sea, de todas estas cosas que deben suceder pronto).” Apocalipsis, capítulo 22, verso 16 y Apocalipsis 22, verso 6. Capítulo 22, verso 6, dice:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto.”

O sea, que el que es enviado para dar testimonio de estas cosas que deben suceder, dar a conocer estas cosas que deben suceder en este tiempo final es el Angel del Señor Jesucristo. El vendrá en el Nombre del que Lo envió, él vendrá en el Nombre del Señor Jesucristo, él conocerá ese misterio de la Venida de esa Piedrecita blanca con un Nombre Nuevo, El conocerá el misterio del Nombre Eterno de Dios, Nombre Nuevo de la ciudad de nuestro Dios y - Nombre Nuevo del Señor Jesucristo y Nombre de la ciudad de nuestro Dios.

¿Hay acaso un Nombre mejor que el Nombre de Dios para la ciudad de nuestro Dios? No lo hay. ¿Hay acaso un Nombre mejor que el Nombre Eterno de Dios para nuestro amado Señor Jesucristo (como Nombre Nuevo del Señor Jesucristo)? No lo hay. Ese es el Nombre que Moisés allá escuchó del Angel de Jehová. El Angel de Jehová es el que lleva ese Nombre.

Y ahora, el Angel de Jehová se hizo hombre, se hizo carne y lo conocimos por el Nombre del Señor Jesucristo. Y ahora El dice que tiene un Nombre Nuevo, el cual escribirá sobre el Vencedor. Ese misterio sería revelado a la Iglesia de Jesucristo en el Día Postrero por el Angel del Señor Jesucristo, que es el que viene para dar testimonio de estas cosas en las Iglesias, de estas cosas que deben suceder pronto.

Y ahora, vean ustedes, este Angel de Jehová siendo el mismo Dios en Su cuerpo teofánico, cuando Dios aparecía en Su cuerpo teofánico era llamado el Angel de Jehová, es un hombre de la sexta dimensión, un Angel, el cual llamó a Moisés, le dio a conocer Su Nombre, y por medio de Moisés se manifestó y libertó al pueblo hebreo.

Moisés cuando aceptó la comisión que le dio el Angel de Jehová, hizo la mejor decisión para lo cual él había nacido en la Tierra.

Y todos nosotros hemos nacido en la Tierra con y para un propósito divino, y cuando hacemos la mejor decisión de nuestra vida que es recibir a Cristo como nuestro Salvador, lavar nuestros pecados en Su Sangre arrepentidos de nuestros pecados, y ser bautizados en Su Nombre para recibir el Espíritu Santo, hemos hecho la mejor decisión de nuestra vida.

Por eso San Pedro dijo en el libro de los Hechos, capítulo 2, versos 38 en adelante... cuando predicó el día de pentecostés donde ellos habían recibido el Espíritu Santo, dijo a aquellos que estaban escuchando su predicación y los cuales fueron compungidos de corazón ese día de pentecostés... capítulo 2 del libro de los Hechos, versos 34 en adelante, dice:

“Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice:

Dijo el Señor a mi Señor:

Siéntate a mi diestra,

Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.

Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.

Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?

 Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.

Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.”

Aquellas tres mil personas fueron los que creyeron de todo corazón, arrepentidos de sus pecados y fueron bautizados, y fueron las personas que hicieron la mejor decisión.

Siempre hay que hacer la mejor decisión, la decisión que nos lleva a la vida eterna. Mejor que esa decisión no hay ninguna. Esa es la decisión que contará por toda la eternidad para todos nosotros.

Por eso es que se predica el Evangelio y se llama a las gentes, a las personas, a arrepentimiento, recibiendo a Cristo como Su Salvador, lavando sus pecados en la Sangre de Jesucristo y siendo bautizados en el Nombre del Señor Jesucristo; porque no hay otro Nombre dado a los hombres en quien podamos ser salvos, sino en el Nombre de nuestro amado Señor Jesucristo.

Cristo dijo que fuesen y predicasen el Evangelio a todas las naciones y bautizaran en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; y el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo es el Señor Jesucristo, Señor Jesucristo; porque Dios ha hecho a Jesús Señor y Cristo. Por lo tanto el Nombre de Señor Jesu-cristo es el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Por eso es que los apóstoles bautizaban a los convertidos, a los que arrepentidos recibían a Cristo como Su Salvador, los bautizaban en el Nombre del Señor Jesucristo, porque ese es el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Por eso cuando le apareció en la columna de Fuego el Angel de Jehová a Saulo de Tarso, le dice: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” Capítulo 9 del libro de los Hechos (capítulo 22 y capítulo 26); en el 9 está la experiencia, en el 22 y 26 del libro de los Hechos Saulo o Pablo cuenta, narra, su experiencia.

Y cuando Saulo se encuentra con esa Columna de fuego y le dice: “¿Por qué me persigues Saulo?” Saulo sabiendo que esta era la Columna de Fuego que le había aparecido a Moisés y le había dicho: “Yo Soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.”Y se había identificado como YHWH. Ahora Saulo pregunta: “¿Quién eres, Señor?” Y la Columna de Fuego, el Angel de Jehová, le dice: “Yo Soy Jesús a quien Tu persigues.”

Y ahora, Saulo queda ciego, es llevado a la calle de la derecha allá en Damasco donde permanece ciego por algunos días; pero Dios envía a Ananías, un hombre justo, el cual tenía visiones de parte de Dios y era creyente en Jesucristo; y lo envía siendo Ananías un hombre de Dios, un profeta, para... lo envía a Saulo de Tarso. En el capítulo 9, verso 17 en adelante, dice:

“Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos (sobre Saulo), dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo.

Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado.

Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas. Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco.”

Luego en el capítulo 22, versos 16 en adelante, del libro de los Hechos también Saulo o Pablo ya, pues él recibió un cambio de nombre en el capítulo 22, vean ustedes cómo él narra su experiencia. Dice, cuando ya le aparece Ananías, dice... capítulo 22, verso 12 en adelante, dice:

“Entonces uno llamado Ananías, varón piadoso según la ley, que tenía buen testimonio de todos los judíos que allí moraban,

vino a mí, y acercándose, me dijo: Hermano Saulo, recibe la vista. Y yo en aquella misma hora recobré la vista y lo miré.

Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo, y oigas la voz de su boca.

Porque serás testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído.

Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre.”

El Nombre del Señor Jesucristo es invocado sobre la persona cuando es bautizado; y esto es de acuerdo a la Escritura del libro de los Hechos y también de Joel, capítulo 2; y libro de los Hechos, capítulo 2, donde nos dice:

“El sol se convertirá en tinieblas,

Y la luna en sangre,

Antes que venga el día del Señor,

Grande y manifiesto;

Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.”

Y sobre todas las personas que reciben a Cristo como Su Salvador, lavan sus pecados en Su Sangre y son bautizados, se invoca el Nombre del Señor Jesucristo al ser bautizados conforme a la ordenanza de nuestro amado Señor Jesucristo. Pues en San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16, dice:

“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Pues el que no creyere, pues no va a ser bautizado; son bautizados los que creen en nuestro amado Señor Jesucristo arrepentidos de sus pecados, y son bautizados y es invocado el Nombre del Señor Jesucristo sobre la persona.

En San Lucas, capítulo... vamos a ver San Lucas, capítulo 24, versos 46 al 49, dice Jesús:

“Y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y que resucitase de los muertos al tercer día;

y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.

Y vosotros sois testigos de estas cosas.

He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.”

Aquí podemos ver que el arrepentimiento y el perdón de los pecados se predica en el Nombre del Señor Jesucristo. Y Pedro dijo: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.” [Hechos 2:38 - Editor].

Por eso es llamado todo ser humano a hacer la mejor decisión de su vida: arrepentirse de sus pecados y recibir a Cristo como su Salvador personal, Unico y Suficiente Salvador, arrepentido de sus pecados la persona y ser bautizado en el Nombre del Señor Jesucristo; ese es el Programa de Cristo para que pueda recibir el don del Espíritu Santo y así obtenga el nuevo nacimiento y obtenga un cuerpo teofánico de la sexta dimensión.

Y luego en el Día Postrero cuando se complete el número de todos los que tienen sus nombres escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, Cristo termine Su Obra de Intercesión en el Cielo, salga del Trono de Intercesión; como lo hacía el sumo sacerdote en el templo: que salía del trono de intercesión, que era el lugar santísimo, el día diez del mes séptimo donde llevaba a cabo la expiación, donde llevaba la sangre de la expiación y rociaba sobre el lugar santísimo, sobre el propiciatorio que estaba sobre el arca del pacto; y cuando terminaba todas sus labores de ese día, salía del trono de intercesión ya, y quedaba reconciliado el pueblo hebreo con Dios, y cada persona quedaba reconciliada con Dios, los que habían creído y habían ese día llevado a cabo lo que Dios había establecido.

Vean, en Levítico, capítulo 23, verso 26 en adelante, dice:

“También habló Jehová a Moisés, diciendo:

A los diez días de este mes séptimo será el día de expiación; tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas, y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová.

 Ningún trabajo haréis en este día; porque es día de expiación, para reconciliaros delante de Jehová vuestro Dios.

Porque toda persona que no se afligiere en este mismo día, será cortada de su pueblo.”

Y ahora, en el Nuevo Testamento la Expiación es nuestro amado Señor Jesucristo, para nuestra reconciliación con Dios, El es el que nos reconcilia con Dios por medio de Su Sacrifico en la Cruz del Calvario al recibirlo como nuestro Salvador y lavar nuestros pecados en Su Sangre y ser bautizados en Su Nombre y recibir el Espíritu Santo, quedamos reconciliados con Dios como hijos e hijas de Dios, y obtenemos así el nuevo nacimiento y somos colocados en el Reino de Dios, nacemos en el Reino de Dios. Por eso Jesucristo dijo: “Buscad primeramente (¿qué?) El Reino de Dios y Su justicia, las demás cosas serán añadidas.”

Y ahora, se requiere que cada persona haga la mejor decisión de su vida y busque el reino de Dios y Su justicia, arrepentidos de sus pecados, recibiendo a Cristo como Su Salvador y lavando sus pecados en la Sangre de Cristo y siendo bautizado en el Nombre del Señor Jesucristo para recibir el don del Espíritu Santo, y así obtener el nuevo nacimiento del cual le habló Cristo a Nicodemo porque le dijo que el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios; o sea, el que no nazca del Agua y del Espíritu no puede entrar al Reino de Dios, no puede nacer en la Iglesia de Jesucristo; es por medio del nuevo nacimiento que la persona nace en el Cuerpo Místico de Jesucristo y viene así a formar parte de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y vean ustedes, se requiere hacer la mejor decisión de la vida, y eso le corresponde a cada persona como individuo, porque cada persona tiene libre albedrío. Dios le ha dado al ser humano el libre albedrío para que haga la mejor decisión de su vida, la decisión que lo coloca en y con vida eterna, para vivir por toda la eternidad con nuestro amado Señor Jesucristo.

Toda persona que ha recibido a Cristo como su Salvador arrepentido de sus pecados y ha sido bautizado en Su Nombre y ha recibido el Espíritu Santo, ha nacido de nuevo; esa persona ha hecho la mejor decisión de su vida, porque esa decisión lo lleva a la vida eterna. No hay mejor decisión que esa para cada individuo que vive en este planeta Tierra.

Y ahora, ¿dónde están los que han hecho la mejor decisión de su vida en este tiempo final? Pues aquí estamos en este tiempo final.

Que las bendiciones de Jesucristo sean sobre todos ustedes que han hecho la mejor decisión de su vida, y los que no han sido bautizados en el Nombre del Señor Jesucristo y serán bautizados en el Nombre del Señor Jesucristo hoy y en estos días: Que el Espíritu Santo venga sobre ustedes y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta noche dándoles testimonio de LA MEJOR DECISION QUE EL SER HUMANO PUEDE TOMAR EN LA VIDA, y que necesita tomar en su vida para poder vivir eternamente.

Y ahora, hemos visto nuestro tema: “TOMANDO LA MEJOR DECISION.”

Dejo al Rvdo. Miguel Bermúdez Marín en esta noche para continuar y finalizar nuestra parte y luego ser bautizados los que en esta noche han de ser bautizados, y los que ya están en la lista para ser bautizados hoy. ¿Mañana también continuarán Miguel? Mañana también continuarán los que están en lista para mañana. ¿Y después pasado mañana? Pasado mañana también continuarán para los que están en lista para pasado mañana.

En Puerto Rico estuvo con nosotros nuestro amado hermano Miguel Bermúdez Marín y se estuvieron llevando a cabo los bautismos de todos los que no estaban bautizados en el Nombre del Señor Jesucristo. ¿Y cuántos fueron bautizados Miguel? Dice: “Un poquito más de 500”; fueron bautizados en 4 días. Cuando era durante la noche, estaba Miguel hasta las 10:00 o 11:00 de la noche bautizando; porque este es un asunto muy importante, es un requisito del Programa de Dios para todos nosotros, y por consiguiente deben ser bautizados lo más pronto posible.

Como en el día de pentecostés los que creyeron fueron bautizados. Y el carcelero de Filipo creyó en esa noche, llevó a Pablo, lo sacó de la cárcel, le lavó las heridas allá en la casa del carcelero y Pablo le predicó a toda su familia, creyeron y fueron bautizados también, los bautizó rapidito.

O sea, que el bautismo le sigue a la persona cuando ha creído; y lo más pronto posible la persona debe ser bautizada invocando el Nombre del Señor Jesucristo sobre la persona.

Toda persona sobre la cual no ha sido invocado el Nombre el Señor Jesucristo cuando ha sido sumergido en las aguas, debe ser bautizado; no lo bautizaron sino que lo colocaron en las aguas sin invocar el Nombre en la persona; por lo tanto debe ser bautizado de nuevo; porque cuando primero lo bautizaron y no invocaron el Nombre del Señor, pues no lo llegaron a bautizar realmente.

Por eso también los discípulos de Juan el Bautista que encontró San Pablo en Efeso... ¿fue Efeso Miguel? En el capítulo 19 del libro de los Hechos, le preguntan: “¿Recibieron ustedes el Espíritu Santo cuando creyeron?” Le dicen: “Ni sabemos que hay Espíritu Santo”; y eran discípulos de Juan, discípulos del precursor, y no sabían que ya se estaba produciendo el nuevo nacimiento, y ya el que Juan dijo que los bautizaría con Espíritu Santo ya estaba bautizando con Espíritu Santo a los creyentes en El. Juan había dicho que el que vendría después de él los bautizaría con Espíritu Santo.

Y ahora, ellos le dicen: “No, no sabemos acerca de si hay o no hay Espíritu Santo.” Pablo les dice: “¿Entonces en qué nombre ustedes fueron bautizados?” Le dicen: “Pues en el bautismo de Juan.” Y entonces les habló Pablo y les dijo: “Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo que creyesen en el que vendría después de él.” Y entonces creyeron aquellos discípulos de Juan y fueron bautizados en el Nombre del Señor Jesucristo. Y Pablo oró por ellos y recibieron el Espíritu Santo; porque para todos los creyentes sobre los cuales es invocado el Nombre del Señor Jesucristo es la promesa del Espíritu Santo.

“Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre del Señor Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.”

¡Créalo con toda su alma! Cumpla lo que Cristo ha dicho y sea bautizado en Su Nombre y crea con toda su alma que El le dará el don del Espíritu Santo; porque para vosotros es la promesa y para mi también, y para todos, para nuestros hijos, y para todos cuantos el Señor nuestro Dios llame.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Angel del Pacto, sean sobre todos ustedes y cuando sean bautizados (los que no han sido bautizados) Cristo les dé el don del Espíritu Santo.

Con nosotros el Rvdo. Miguel Bermúdez Marín para continuar con ustedes.

Que Dios les bendiga y pasen todos muy buenas noches.

“TOMANDO LA MEJOR DECISION.”

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