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Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes; es para mí una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión, en el día en que vine a este mundo, a esta dimensión terrenal, hace 60 años atrás por medio de mi amada madre Nereida Santiago y por medio de este matrimonio de Nereida Santiago con mi padre Victor Soto Rodríguez, los cuales 60 años atrás me trajeron a esta dimensión terrenal, me trajeron a este cuerpo terrenal que Dios me ha permitido tener; por lo cual pido a Dios Sus bendiciones sobre ellos y espero verles en el glorioso Reino de nuestro amado Señor Jesucristo en cuerpos jovencitos y eternos para compartir con ellos por toda la eternidad.

Mi madre todavía está con nosotros aquí en la Tierra, ya tiene unos 84 años o más y todavía Dios le ha permitido continuar viviendo en esta Tierra y estar también en el Programa de Dios correspondiente a este tiempo final. Que Dios bendiga grandemente a mami y la llene del conocimiento de Su Programa Divino.

Hay un propósito por el cual Dios me ha enviado en este tiempo final a esta dimensión terrenal, como también hay un propósito por el cual Dios los ha enviado a cada uno de ustedes a esta dimensión terrenal en este tiempo final.

También en esta noche le pido a Cristo bendiga a mi esposa y también a mi hija América y a todos mis hijos, les bendiga grandemente.

Hoy es un día en el cual celebro mi cumpleaños y también mi aniversario de boda con Erica mi amada esposa; que Dios la bendiga grandemente y la use grandemente en Su Obra en este tiempo final; y les bendiga a cada uno de ustedes que están presentes y a los que están también a través de Internet y otros medios de comunicación, y también a los que leerán esta conferencia de esta ocasión, y también a mí me bendiga en esta noche y por toda la eternidad.

Veamos en Romanos, capítulo 8, versos 28 en adelante, dice - 28 al 39, dice San Pablo:

Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.

Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.

¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?

El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?

¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.

¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.

¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?

Como está escrito:

Por causa de ti somos muertos todo el tiempo;

Somos contados como ovejas de matadero.

Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.

Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,

ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Tomamos el verso 37 que dice: “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.”

Y nuestro tema es: “NACI PARA VENCER.”

Hemos visto que “a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien, a los que conforme a Su propósito son llamados; porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen de Su Hijo, para que El sea el Primogénito entre muchos hermanos.” A los que antes conoció: antes de la fundación del mundo; porque Dios es omnipresente y omnisciente, y El nos conoció antes de la fundación del mundo y El sabía que ibamos a estar viviendo aquí en la Tierra en este tiempo final y que ibamos a estar viviendo en el territorio donde estamos viviendo.

Y ahora, la promesa es que a los que antes conoció para que sean hechos conforme a la imagen de Su Hijo... para que obtengan el nuevo nacimiento y obtengan el cuerpo teofánico de la sexta dimensión, ese cuerpo teofánico de la sexta dimensión que es llamado también el Angel de Jehová que acampa en derredor de los que le temen y los defiende, del cual también Cristo dijo que “los ángeles de estos pequeñitos ven el rostro de mi Padre cada día”; ese ángel es el cuerpo teofánico de cada hijo e hija de Dios.

Por eso cuando San Pedro estuvo preso, el ángel le libertó, un ángel de Dios lo libertó; y cuando fue a la casa donde estaban orando por él, pensaron que era el ángel de Pedro, y cuando tocó a la puerta, una joven llamada Rode vino para abrir la puerta, pero cuando vio que era Pedro... de seguro miró por alguna ventanita pequeña, como en algunos países tienen en la puerta principal; y cuando vio que era Pedro, de gozo no abrió la puerta sino que corrió y dio la noticia a los que estaban orando por Pedro; pero todos dijeron a la joven Rode: “Rode, estás loca; no es Pedro, es su ángel.” Ellos tenían conocimiento que cada persona, cada cristiano tiene un ángel, el cual es su cuerpo teofánico de la sexta dimensión; solamente los cristianos nacidos de nuevo tienen un ángel de la sexta dimensión.

Y ahora, por esa causa es que se requiere el nuevo nacimiento, para que todos tengan un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, y así todos tengan un ángel de la sexta dimensión, un espíritu de la sexta dimensión, de la dimensión de la Palabra.

Y ahora, en el Programa Divino estaba que todos seamos conforme a la imagen de Jesucristo nuestro Salvador. Estando Jesucristo en Su cuerpo teofánico de la sexta dimensión, apareció a todos los profetas que El envió en diferentes edades y dispensaciones; pero cuando aparecía podía aparecerle en sueños o en visiones, o podía aparecerle en la Columna de Fuego, o podía aparecerle en la forma de un hombre. Vean, en Hebreos, la carta de San Pablo a los Hebreos, en el capítulo 1, verso 7, dice:

Ciertamente de los ángeles dice:

El que hace a sus ángeles espíritus,

Y a sus ministros llama de fuego.”

Por eso el Angel de Jehová, siendo un espíritu... Y cuando se dice ‘un espíritu’ se habla de un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, parecido a nuestro cuerpo. Y “hace a sus ministros llama de fuego.” Y siendo ese Angel de Jehová el Angel del Pacto, y siendo el ministro de la sexta dimensión que ministró la liberación del pueblo hebreo, es un ministro que apareció en llama de fuego, porque Dios hace a Sus ministros llama de fuego...

Y ahora, vean ustedes, ¿cómo podía aparecer el Angel de Jehová en la forma de una llama de fuego o en la forma de un hombre, un ángel, un cuerpo angelical de la sexta dimensión? Y así también es nuestro cuerpo teofánico.

Y ahora, nos dice en el mismo capítulo 1 de la carta a los Hebreos, verso 14, dice San Pablo:

¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?”

Los profetas de Dios, los mensajeros de Dios, en el Antiguo Testamento y también en el Nuevo Testamento, encontramos que son espíritus ministradores enviados a los herederos de Salvación; por eso es que estos Ministros son los siete ángeles mensajeros de las siete edades y el Angel del Señor Jesucristo para la Iglesia de Jesucristo entre los gentiles.

Encontramos que en Apocalipsis nos dice que las siete lámparas de fuego que aparecen en Apocalipsis, capítulo 4, verso 5, son los siete espíritus de Dios:

Y del trono salían relámpagos y truenos y voces; y delante del trono ardían siete lámparas de fuego, las cuales son los siete espíritus de Dios.”

Y aquí están en estas siete lámparas de fuego, los cuales son los siete espíritus de Dios.

Y en Apocalipsis, capítulo 1, verso 4, dice:

Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante de su trono.”

Y ahora vean, los siete espíritus que están delante de Su Trono son las siete lámparas de fuego que arden delante del Trono de Dios.

Y en Apocalipsis, capítulo 5, verso 6 dice: “Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.”

Y ahora el cordero tiene los siete espíritus de Dios, que son los siete ojos, que son los siete espíritus de Dios enviados por toda la Tierra. Han sido enviados de edad en edad estos siete espíritus de Dios manifestados en carne humana y han sido los siete ángeles mensajeros en los cuales ha estado el Espíritu de Dios manifestado llevando a cabo la Obra correspondiente a cada edad. Ellos fueron los mensajeros vencedores de las siete edades de la Iglesia entre los gentiles.

Aparecen también estos siete ojos en el capítulo 3, verso 9 del libro del profeta Zacarías, y dice: “Porque he aquí aquella piedra que puse delante de Josué; sobre esta única piedra hay siete ojos; he aquí yo grabaré su escultura, dice Jehová de los ejércitos, y quitaré el pecado de la tierra en un día.”

Luego en el capítulo 4 nos habla de la Iglesia y nos habla aquí de un candelabro con siete brazos y siete lámparas que tomaban el aceite de un vaso que estaba sobre él. Dice, capítulo 4 de Zacarías:

Volvió el ángel que hablaba conmigo, y me despertó, como un hombre que es despertado de su sueño.

Y me dijo: ¿Qué ves? Y respondí: He mirado, y he aquí un candelabro todo de oro, con un depósito encima, y sus siete lámparas encima del candelabro, y siete tubos para las lámparas que están encima de él;

Y junto a él dos olivos, el uno a la derecha del depósito, y el otro a su izquierda.

Proseguí y hablé, diciendo a aquel ángel que hablaba conmigo: ¿Qué es esto, señor mío?

Y el ángel que hablaba conmigo respondió y me dijo: ¿No sabes qué es esto? Y dije: No, señor mío.

Entonces respondió y me habló diciendo: Esta es palabra de Jehová a Zorobabel, que dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.

¿Quién eres tú, oh gran monte? Delante de Zorobabel serás reducido a llanura; él sacará la primera piedra con aclamaciones de: Gracia, gracia a ella.

Vino palabra de Jehová a mí, diciendo:

Las manos de Zorobabel echarán el cimiento de esta casa, y sus manos la acabarán; y conocerás que Jehová de los ejércitos me envió a vosotros.

Porque los que menospreciaron el día de las pequeñeces se alegrarán, y verán la plomada en la mano de Zorobabel. Estos siete son los ojos de Jehová, que recorren toda la tierra.”

Miren dónde están representados en el Antiguo Testamento en esta visión que tuvo el profeta Zacarías; ahí están los siete ojos de Jehová que recorren toda la Tierra, los cuales son los siete espíritus de Dios que recorren toda la Tierra, los cuales son los siete ángeles mensajeros en los cuales estuvo el Espíritu Santo llevando a cabo la Obra correspondiente a cada una de esas siete edades de la Iglesia.

Y ahora vean cómo aquí nos habla de la construcción de un templo. Y aquella reconstrucción del templo que fue llevada a cabo por Zorobabel (el príncipe descendiente del rey David) y por Josué (el sumo sacerdote) es tipo y figura de Jesucristo el Príncipe descendiente del rey David, que es Jesucristo, y el Sumo Sacerdote del Templo Celestial, que es Jesucristo, el cual es Melquisedec.

Y ahora, Cristo estaría llevando a cabo la construcción de un Templo, el cual es un Templo Espiritual; y con la construcción de ese Templo Dios restaurará al ser humano a lo que era antes de la caída del ser humano, lo cual era un templo de Dios.

Y ahora, Cristo está creando una Nueva Raza con Vida Eterna, produciendo en esas personas pertenecientes a esa Nueva Raza, produciendo el nuevo nacimiento a medida que escuchan la predicación del Evangelio, se arrepienten de sus pecados, lavan sus pecados en la Sangre de Cristo, son bautizados en Su Nombre y reciben el Espíritu Santo, y así reciben el nuevo nacimiento; y reciben así el cuerpo teofánico de la sexta dimensión, y así nacen primeramente en la sexta dimensión como hijos e hijas de Dios.

Y así como Jesús, Jesucristo, estuvo antes de venir en carne humana en un cuerpo creado por Dios, antes de eso estuvo en Su cuerpo teofánico de la sexta dimensión. Y todo hijo e hija de Dios, antes de tener su cuerpo eterno tiene que tener su cuerpo teofánico de la sexta dimensión, el cual obtiene en el nuevo nacimiento.

Por eso la predicación del Evangelio desde el día de Pentecostés hacia acá, para llevarse a cabo la Creación, la construcción de ese Nuevo Templo formado por seres humanos, el cual es una Nueva Creación; y la Cabeza, el primero de esa Nueva Creación es nuestro amado Señor Jesucristo, el principio de la Creación de Dios, como nos dice Apocalipsis, capítulo 3, verso 14; El es el primero de esa Nueva Creación tanto en Su cuerpo teofánico como en Su cuerpo físico que El recibió.

Y ahora, siendo Cristo el principio de la Creación de Dios, antes de venir a la Tierra El estuvo manifestado en esta Tierra pero en Su cuerpo teofánico. El fue el que le apareció al Profeta Moisés, también le apareció a otros profetas del Antiguo Testamento. El fue el Arbol de la Vida en el Huerto del Edén, pues El es el Angel del Pacto, el Angel de Jehová.

Y ahora, en el Nuevo Testamento encontramos que vino en carne humana y fue conocido por el Nombre de Jesús. Vino en y con ese Nombre, porque ese es el nombre humano de Dios para Redención; y con ese Nombre llevó a cabo la Obra de Redención en la Cruz del Calvario.

Moisés quiso conocer Su Nombre cuando estaba en cuerpo teofánico, cuando le dijo: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob,” y envió a Moisés para la liberación del pueblo hebreo; pero le fueron dadas a Moisés cuatro consonantes como Nombre de Dios, Nombre del Angel del Pacto. Porque el Nombre de Dios está en Su Angel, el Angel del Pacto, el Angel de Jehová, como nos dice en Exodo, capítulo 23, verso 20 en adelante:

He aquí yo envío mi Angel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él (¿Dónde está el Nombre de Dios? En Su Angel).

Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.

Porque mi Angel irá delante de ti, y te llevará a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo, a los cuales yo haré destruir.”

O sea, los llevará a la tierra prometida. ¿Quién? El Angel del Pacto, el Angel de Jehová, que es Jesucristo en Su cuerpo teofánico.

En Proverbios, capítulo 30, verso 4, dice en esta profecía:

¿Quién subió al cielo, y descendió?

¿Quién encerró los vientos en sus puños?

¿Quién ató las aguas en un paño?

¿Quién afirmó todos los términos de la tierra?

¿Cuál es su nombre, y el nombre de su hijo, si sabes?”

Y ahora aquí nos presenta a Dios el Padre, y nos presenta aquí al Hijo de Dios. Y ahora, nos habla en esta profecía, nos habla Dios por medio de este instrumento que usó, nos habla o nos hace la pregunta: “¿Cuál es su nombre, y el nombre de su hijo, si lo sabes?”

Y por cuanto todo hijo viene en el nombre de su padre, ahora, ¿en qué Nombre vino el Angel del Pacto, el Angel de Jehová allá a Moisés, siendo el Angel de Jehová el mismo Dios?

Y ahora, Dios en Su cuerpo teofánico es, ese cuerpo teofánico, el Hijo de Dios; salió de Dios. Así como usted es hijo del hombre del cual usted ha venido a través de la madre que le ha tocado en esta Tierra. Y ahora, vean ustedes, el Nombre de Su Hijo en la sexta dimensión, es el Angel del Pacto, ése es el Hijo de Dios antes de venir en carne humana.

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

La luz en las tinieblas resplandece...”

Y ahora, hemos visto Quién es el Verbo: el Angel del Pacto, el Angel de Jehová, el cual es el cuerpo teofánico de Dios. Ese es el Verbo que era con Dios y era Dios, porque Dios estaba dentro de ese cuerpo teofánico; y El es la Luz de todo hombre que viene a este mundo.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan (o sea, Juan el Bautista).

Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él.

No era él la luz (Juan no era esa luz), sino para que diese testimonio de la luz.

Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.”

¿Y cómo venía a este mundo aquella luz verdadera que alumbra a todo hombre? ¿Cómo venía a este mundo el Verbo, la Columna de Fuego? Venía en carne humana.

En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.

A lo suyo vino (o sea, el pueblo hebreo), y los suyos no le recibieron (pues lo rechazaron y pidieron Su muerte en la Cruz del Calvario; deseo que fue cumplido a ellos por Poncio Pilatos).

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.”

Para la persona nacer como un hijo de Dios es por medio del nuevo nacimiento: al creer en Cristo como su Salvador, lavar sus pecados en la Sangre de Cristo, ser bautizado en Su Nombre y recibir Su Espíritu Santo; y así nace de nuevo y obtiene un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, el cual puede aparecer en la forma de un ángel o en la forma de una columna de fuego.

¿Recuerdan cuando el día de Pentecostés recibieron el Espíritu Santo 120 personas? Lenguas como de fuego vinieron sobre ellos. Ahí tenemos los cuerpos teofánicos pero en forma de lenguas de fuego viniendo a los creyentes que allí estaban esperando el Espíritu Santo.

Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.”

Hemos leído San Juan, capítulo 1, verso 1 al 14. Y el verso 18 de este mismo capítulo 1, dice: “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.”

Y el Hijo de Dios, el Angel del Pacto al hacerse carne y estar vestido de carne humana, fue conocido en la Tierra y estuvo dando a conocer, revelando el Padre, a Dios, a los seres humanos. Por eso Jesús decía: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.” El también decía: “Yo no hago nada de mí mismo, sino lo que yo veo al Padre hacer, eso es lo que yo hago, y lo que yo oigo al Padre hablar, eso es lo que yo hablo.” No hablaba nada de Sí mismo ni hacía nada de Sí mismo.

Y cuando en una ocasión le dicen: “Muéstranos al Padre y nos basta...” Jesús le dice a Felipe en el capítulo 14 de San Juan: “¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, Felipe, y todavía no me has conocido? ¿No sabes que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? ¿No sabes que el me ha visto a mí, ha visto al Padre?” Y Felipe no podía comprender este misterio de Dios: el Padre Celestial dentro de un velo de carne.

Este es un misterio muy grande que muchas personas no pueden comprender. Y no lo pueden comprender por la simplicidad en que es manifestado, revelado, ese misterio. Felipe quería ver al Padre, pues Jesús les decía a ellos en el capítulo 14, verso 7 en adelante:

Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto.

Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta.

Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?

¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras.

Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras.”

Y aquí, vean ustedes, Cristo muestra dónde estaba el Padre: estaba en El, el Padre se había hecho carne en medio de la raza humana. Ya el Padre Celestial, Dios, tenía un cuerpo teofánico llamado el Angel de Jehová o Angel del Pacto, en el cual estaba el Nombre de Dios, y luego se creó un cuerpo de carne; “por cuanto los hijos participaron de carne y sangre El también participó de lo mismo.” Y por medio de ese cuerpo de carne Dios llevaría a cabo la redención de todos los hijos e hijas de Dios, o sea, de toda persona que tiene su nombre escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, de toda alma de Dios, de todo trigo de Dios.

“Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, él sólo queda, pero si cae en tierra y muere, mucho fruto lleva.” O sea, muchos granos de trigo, muchos hijos e hijas de Dios a imagen y semejanza de nuestro amado Señor Jesucristo, que es el Grano de Trigo que tenía que morir para darnos un nuevo nacimiento.

El vino para vencer y El venció al mundo, El venció al diablo, El venció la dimensión del diablo, El venció al infierno y a la muerte y al sepulcro; El obtuvo la victoria contra el diablo: le quitó al diablo las llaves del infierno y de la muerte y trajo con El, en la resurrección, los santos del Antiguo Testamento (en el capítulo 26, verso 51 en adelante de San Mateo) y se levantó victorioso; y así estuvo con los discípulos por unos 40 días luego de Su resurrección; y también los santos que resucitaron con El aparecieron a muchos de sus familiares en la ciudad de Jerusalén.

Hay un lapso de tiempo, cuando la resurrección ocurre, hay un lapso de tiempo para luego Jesús y los que resucitaron con El ser raptados e ir al Cielo; y habrá un lapso de tiempo también, luego que los muertos en Cristo resuciten y nosotros seamos transformados, habrá un lapso de tiempo en el cual estaremos aquí, y los santos que resucitarán, los santos del Nuevo Testamento, estarán aquí también en cuerpos glorificados, y nosotros seremos transformados y también tendremos cuerpos glorificados.

En ese lapso de tiempo habrá una manifestación plena de Dios en Su Iglesia, Su Templo Espiritual; porque así como fue dedicado a Dios el templo que construyó como restauración Zorobabel y Josué, así también será dedicado a Dios el Templo Espiritual, que es la Iglesia de Jesucristo, cuando sea completado ese Templo y los muertos en Cristo resuciten y nosotros seamos transformados. Y entonces Dios morará en Su Iglesia en toda Su plenitud; y será la primera ocasión en que Dios morará en toda Su plenitud en personas con cuerpos eternos. La primera fue en Jesucristo nuestro amado Salvador.

Y AHORA, TODAS LAS PERSONAS QUE PERTENECEN AL CUERPO MISTICO DE CRISTO DE EDADES PASADAS Y DE NUESTRO TIEMPO, ASI COMO JESUS NACIO PARA VENCER, HEMOS NACIDO NOSOTROS JUNTAMENTE CON LOS DE LAS EDADES PASADAS ¿PARA QUE? PARA VENCER.

Cada ángel mensajero nació para vencer y el Angel Mensajero del Señor Jesucristo del Día Postrero habrá nacido en esta Tierra para vencer también. Y la victoria que obtendrán los escogidos del Día Postrero y el Angel Mensajero de Jesucristo será la victoria en el Amor Divino, en donde obtendremos la victoria en contra de la muerte física también, pues cuando seamos transformados entonces tendremos la victoria contra la muerte física también, pues tendremos un cuerpo glorificado; y entonces se cumplirá la Palabra que está escrita: “Sorbida es la muerte en victoria”; porque habrá una gran victoria, la gran victoria en el Amor Divino para los que estarán viviendo en el Día Postrero y pertenecerán al Cuerpo Místico de Cristo; y para los que partieron en el pasado habrá una gran victoria, porque resucitarán en cuerpos eternos, inmortales y glorificados.

Vean lo que nos dice San Pablo en su carta a los *Corintios, en el capítulo 15, verso 49 en adelante, dice (Primera de Corintios - Editor):

Y así como hemos traído la imagen del terrenal (o sea, de Adán), traeremos también la imagen del celestial (o sea, la imagen de Jesucristo).

Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.

He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados,

en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.

Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.

Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.

¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?

Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley.

Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da (siempre) la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.”

Por medio de nuestro Señor Jesucristo El siempre nos da la victoria; porque hemos nacido para vencer, para obtener la victoria. Y en este tiempo final, así como hemos obtenido la victoria al recibir a Cristo como nuestro Salvador, lavar nuestros pecados en Su Sangre y recibir Su Espíritu Santo y recibir un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, y así nacer de nuevo, nacer como hijos e hijas de Dios, lo cual es una victoria; así como es una victoria nacer por nuestros padres terrenales, pero eso es una victoria temporal; pero la victoria del nuevo nacimiento es una victoria para toda la eternidad.

Y ahora, obtenemos el nuevo nacimiento obteniendo el cuerpo teofánico de la sexta dimensión; y luego obtendremos la victoria física obteniendo el cuerpo glorificado, inmortal e incorruptible cuando seamos transformados. Y esa será la gran victoria en el Amor Divino, de este tiempo final en el cual Dios libertará, liberará, a todos Sus hijos e hijas que estarán viviendo en esta Tierra en cuerpos mortales, corruptibles y temporales; y a los que ya partieron los libertará físicamente del sepulcro sus cuerpos, pues les dará un cuerpo nuevo, inmortal e incorruptible y estarán de regreso a la Tierra en cuerpos eternos, y estarán con nosotros en la Edad de la Piedra Angular; y así entrarán a una nueva dispensación.

Y ahora, hemos visto que cada ángel mensajero, como también los apóstoles de Jesucristo, y como Jesucristo venció, porque nació para vencer; los apóstoles (excepto Judas Iscariote) y los ángeles mensajeros, todos ellos obtuvieron la victoria en su tiempo, aunque no obtuvieron la victoria física del cuerpo eterno; pero para el Día Postrero la obtendrán porque resucitarán en cuerpos eternos, y el grupo de cada ángel mensajero también.

También el Angel del Señor Jesucristo obtendrá la gran victoria en el Amor Divino en el Día Postrero juntamente con el grupo de escogidos del Día Postrero, porque el grupo de escogidos del Día Postrero nació para vencer, para obtener la gran victoria en el Amor Divino; y también el Angel Mensajero del Señor Jesucristo en el Día Postrero nacería para vencer, en el tiempo final nacería en esta Tierra para vencer, para vencer en el Día Postrero.

Y ahora, Dios ha estado confirmando Su promesa y ha estado confirmando Su Pacto bajo la Sangre del Nuevo Pacto, o sea, que ha estado confirmando el Nuevo Pacto a Su Iglesia, de edad en edad. Y en este tiempo final, en la Edad de la Piedra Angular confirma Su Pacto a Su Iglesia, al grupo de escogidos de este tiempo final, para que así se complete Su Iglesia en este tiempo final bajo el Nuevo Pacto, y así obtengamos nosotros una doble victoria: la victoria del nuevo nacimiento obteniendo un cuerpo teofánico, recibiendo el Espíritu Santo, y luego recibamos la otra parte de la victoria, que es el cuerpo eterno, inmortal y glorificado que El ha prometido para cada uno de ustedes y para mí también, y así estaremos con una doble porción.

Primero recibimos las primicias del Espíritu, que es el bautismo del Espíritu Santo, en donde obtenemos el cuerpo teofánico de la sexta dimensión, ese cuerpo angelical; y luego obtendremos la segunda porción, en donde obtendremos el cuerpo físico, eterno, inmortal, incorruptible y glorificado, para así tener una total victoria en el Amor Divino.

Y todo esto es por una razón: porque hemos nacido para vencer. Yo he nacido para vencer. ¿Y quién más ha nacido para vencer? (La congregación responde: ¡Amén! - Editor). Cada uno de ustedes también, que están aquí presentes, y ustedes que están a través de Internet en los diferentes países de la América Latina, del Caribe y de Norteamérica también, y cualquier otro país que está a través de Internet escuchando esta conferencia; y también los que la escucharán en cualquier otra ocasión, y los que leerán esta conferencia en folletos que serán distribuidos para todos los hijos e hijas de Dios.

NACI PARA VENCER.” Cada hijo e hija de Dios, los apóstoles y los mensajeros de las diferentes edades han podido decir que han nacido para vencer. ¿Y quiénes más pueden decir que han nacido para vencer? ¡Nosotros también hemos nacido para vencer! Por lo tanto cada uno de ustedes como individuo puede decir: “¡Nací para vencer!”

NACI PARA VENCER.”

No tenga miedo, ¿por qué? Porque usted nació para vencer y yo nací para vencer también. Por eso está prometida la gran victoria en el Amor Divino para este tiempo final, en donde seremos libertados físicamente también de la muerte física y de la esclavitud humana, terrenal, en que vive la humanidad; y ya cesarán los trabajos terrenales nuestros, porque ya estaremos completamente celestiales físicamente también. “Tal el Celestial, tales también los celestiales.” ¿Por qué? Porque hemos nacido para vencer.

Ha sido para mí un privilegio estar con ustedes dándoles testimonio que yo nací para vencer y que cada uno de ustedes también nació para vencer.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Angel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y pronto nos dé la gran victoria en el Amor Divino y nos transforme y glorifique - nos dé el cuerpo glorificado, y así toda Su Iglesia esté glorificada, como El ha prometido. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Muchas gracias por vuestra atención y también por vuestra presencia en esta noche a esta actividad, en donde les he dado testimonio bajo este tema: “NACI PARA VENCER,” que ustedes han nacido para vencer y que yo también he nacido para vencer. Y para vencer se requiere que haya una lucha, una batalla; y esa batalla nosotros la ganamos en el Amor Divino.

Muchas gracias también a cada uno de ustedes que están a través de Internet, por estar reunidos en esta noche en la cual yo estoy celebrando también, celebrando mi nacimiento en esta Tierra, celebrando el año número 60 de haber nacido en esta Tierra para vencer.

Cuando celebramos nuestro cumpleaños - cada uno cuando celebra su cumpleaños, está celebrando que ha nacido para vencer. Y es un misterio el que estemos aquí en la Tierra; pero todo ha sido para que nosotros obtengamos la gran victoria en el Amor Divino, en la cual también recibirán la victoria los muertos en Cristo que han partido.

Que las bendiciones de Jesucristo, el Angel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y pronto se complete el número de los escogidos de Dios y pronto los muertos en Cristo resuciten en cuerpo eternos y nosotros los que vivimos seamos transformados. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Dejo nuevamente al Rvdo. Miguel Bermúdez Marín para continuar luego del cántico de Erica y América que nos habla del Hombre que nos transformó, el cual es nuestro amado Señor Jesucristo; ha realizado una transformación interior y realizará una transformación física dándonos un nuevo cuerpo eterno y glorificado; porque nosotros hemos nacido para vencer.

Cada uno siempre diga en su alma, creyéndolo con toda su alma: “¡Yo nací para vencer!”

Tenemos ya el cántico listo. Será hasta el viernes próximo en la actividad del próximo viernes y luego el domingo próximo también, donde tendremos en la primera actividad la conferencia de la mañana, y luego en la segunda actividad tendremos la Santa Cena. El viernes tendremos bautismo para los que todavía no han sido bautizados en el Nombre del Señor Jesucristo.

Que Dios les bendiga, les guarde y los acompañe todos los días de su vida terrenal y por toda la eternidad. Muchas gracias y pasen todos muy buenas noches.

NACI PARA VENCER.”

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