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Muy buenas noches, amados amigos y hermanos (o buenas tardes, porque estamos en tiempo de verano); es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir unos momentos de compañerismo con ustedes, alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Para esta ocasión tenemos la lectura de San Mateo, capítulo 13, versos 16 en adelante, donde dice:

Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.

Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.

Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador:

Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino.

Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo;

pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza.

El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa (o sea, sin fruto).

Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema es: “PRODUCIENDO EL MAYOR FRUTO PARA DIOS.”

En esta parábola Jesucristo muestra las cuatro clases de personas que escuchan la predicación del Evangelio:

• Está la clase de persona que escucha le predicación del Evangelio y no entiende, luego viene el malo, que es el maligno, el diablo, y arranca del corazón de esa persona lo que escuchó, vino a ser un oidor olvidadizo, porque el diablo arrancó del corazón lo que fue sembrado en el corazón, en el alma de la persona; por lo tanto esa persona no se convierte a Jesucristo; es la clase de persona que escucha la predicación cuando se dan las actividades y se lleva la predicación de la Palabra, pero no se convierten a Cristo, porque el diablo saca del corazón de ellos esa Palabra que fue predicada; y ésos están representados en la semilla que fue sembrada junto al camino.

• Luego, tenemos el segundo oyente de la Palabra, que es el que recibe la Palabra, la oye en la predicación y la recibe con gozo (o sea, que recibe a Cristo como su Salvador), pero no tiene raíz, sino que es de corta duración; ésas son las personas que escuchan la predicación del Evangelio, reciben a Cristo como su Salvador y al poco tiempo, a la semana o al mes o a los dos o tres meses, o a los seis meses, deja de ir a la Iglesia, no tiene raíz porque no se ocupó de profundizar en el conocimiento de Dios y Su Programa, para así arraigarse bien en el Reino de Dios.

Vean el porqué no es solamente oír la predicación del Evangelio, y luego solamente ir los domingos a la iglesia y nada más; la persona está llamada a profundizar en el conocimiento de la Palabra de Dios, para echar buenas raíces y que en tiempos difíciles, cuando vengan vientos y tormentas de pruebas o persecuciones, ya sean pruebas en su país o en su ciudad, o en su Iglesia o en su hogar, la persona esté tan bien agarrada de Cristo que nadie lo puede mover.

Pero estas personas que reciben la Palabra con gozo, y que fueron representados en las personas que han sido sembradas en pedregales; vean, en pedregales encontramos que las plantas no pueden profundizar para echar buenas raíces, y ahí tiene problema la semilla que se siembra.

Y esos pedregales pueden ser un sinnúmero de piedras de tropiezo que la persona tenga en su vida: puede ser su negocio, o puede ser alguna otra cosa que le estorba en la vida para profundizar, puede ser su trabajo también, y diga: “Es que no tengo tiempo, no tengo tiempo para leer la Biblia, no tengo tiempo para leer la Palabra de Dios, no tengo tiempo para ir a la Iglesia y escuchar la enseñanza de la Palabra, solamente voy los domingos, y un ratito, y de ahí tengo que salir para el trabajo.”

Pues no está echando buenas raíces esa persona, y en algún momento le puede venir una prueba por causa de la Palabra, y la persona se puede apartar, ¿por qué? Porque no está bien arraizado en el Reino de Dios; por lo tanto cualquier prueba, cualquier problema en su vida, en su trabajo, en su hogar, o aun en la misma iglesia donde va, puede ocasionar que esa persona diga: “Bueno, ya no vuelvo mas a la iglesia”; le pasó lo que Cristo dice aquí con relación al que fue sembrado en pedregales; la Palabra fue sembrada en pedregales, o sea, que esa persona es un terreno malo para la Palabra de Dios.

Y ahora, vean ustedes lo importante que es entender estas cosas, porque el que no entiende tiene problemas en su vida cristiana. El primero (el que fue sembrado junto al camino) oyó y no entendió; por lo tanto no creyó y no recibió a Cristo como su Salvador. Es necesario oír y entender.

Cristo en San Mateo, capítulo 13, verso 11, dice: “Mas a vosotros es concedido (¿qué?) conocer, entender, los misterios del Reino de Dios o Reino de los Cielos.” (capítulo 13, verso 11 de San Mateo).

Y ahora, vean ustedes: lo importante que es saber la clase de tierra, de terreno, que es usted, para la Palabra de Dios, para esa semilla divina.

En Hebreos, capítulo 6, nos dice, verso 4 en adelante:

Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo,

y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero,

y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio.

Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios;

pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada.”

Y por cuanto Cristo en esa parábola del sembrador, representa o tipifica a los seres humanos en el terreno donde es sembrada la Semilla de la Palabra de Dios, y hay terreno lleno de pedregales, de piedras, hay terreno lleno también de espinas, y así por el estilo; pero hay también terreno bueno.

Y así está representada la humanidad, en tres clases de terrenos; terreno junto al camino, por donde pasa todo el mundo y donde las aves del Cielo van, y como el camino no es propiedad de alguna persona, no puede estar protegiendo lo que ahí ha sido sembrado.

Y ahora, vean, es importante el que cada persona sea buena tierra, buen terreno, para que la Semilla de Dios, la Palabra de Dios, sea sembrada, la predicación del Evangelio la escuche y reciba la Palabra, y crea en Jesucristo como nuestro Salvador, y esa Palabra crezca en la persona, obtenga el nuevo nacimiento y lleve mucho fruto como individuo. Porque la tierra que produce espinos y abrojos es reprobada por Dios, ¿y qué pasa con ella? Está próxima a ser maldecida y su fin es el ser quemada.

Y ahora, continuemos aquí con las explicaciones de Jesucristo.

Hemos visto aquel que escuchó la Palabra (ése fue en la segunda clase de personas representado en terreno pedregoso), escuchó, recibió la Palabra con gozo, pero luego por cuanto no tenía raíces vino la etapa de aflicción y de persecución por causa de la Palabra, y luego la persona tropezó y se apartó del Señor. Y de ésos todos ustedes conocen muchos, conocen muchas personas que han hecho en esa forma en su vida, luego de haber creído y estado un tiempo en la iglesia.

Luego vienen los otros que son: el que fue sembrado entre espinos, y este es el que oye la Palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la Palabra y se hace infructuosa (o sea, se hace sin fruto en esa persona), no puede producir el fruto que debe producir en la persona, para que la persona al creer lave sus pecados en la Sangre de Cristo, sea bautizado en Su Nombre y reciba el Don del Espíritu Santo, esa clase de persona no llega a recibir el Don del Espíritu Santo, no llega a nacer de nuevo.

Vean el porqué el ser humano no puede colocar su corazón en la riquezas terrenales: porque no es la vida las riquezas terrenales, la vida es Cristo; y cuando uno Lo recibe como su Salvador, está recibiendo la Vida Eterna.

¿De qué le vale al hombre si gana todo el mundo y pierde su alma? Pues de nada le sirvió vivir en este planeta Tierra. Lo más importante de la persona es su alma, porque la persona es alma viviente.

Y ahora, toda persona necesita a Cristo para que quite sus pecados, se materialice en la persona el Sacrificio de Cristo, y sean así quitados los pecados de la persona; ya Cristo tomó nuestros pecados y murió por causa de nuestros pecados, El llevó nuestros pecados y nuestras dolencias y nuestras enfermedades, y por Su llaga fuimos nosotros curados.

Y cuando nosotros Lo recibimos como nuestro Salvador se materializa en nosotros todo lo que El hizo por todos nosotros, y entonces tenemos los beneficios del Sacrificio de Cristo. Pero hasta que no lo recibimos no obtenemos los beneficios del Sacrificio de Cristo, y por consiguiente la persona tiene sus pecados. Pero cuando lo recibe como su Salvador (a Cristo), lava sus pecados en la Sangre de Cristo, es bautizado en su Nombre y recibe Su Espíritu Santo, esa persona ha nacido de nuevo, tiene Vida Eterna, sus pecados han sido quitados de la persona, porque la Sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado; es lo único que puede limpiar a la persona de todo pecado, no puede buscar otra cosa, porque solamente la Sangre de Cristo es lo que limpia al ser humano de todo pecado.

Ahora, pasemos o veamos un poquito más aquí: Las riquezas no es lo más importante, las riquezas para algunos en vez de ser de bendición le son de maldición, porque le ocupan todo el tiempo de su vida y siempre están diciendo: “No tengo tiempo, es que tengo que atender mis negocios, es que si yo saco unas cuantas horas, de mi negocio y de mi trabajo, para ir a la iglesia, estoy perdiendo miles de dólares.” Pues no está perdiendo miles de dólares, ni millones de dólares tampoco, está perdiendo su alma si no va, está perdiendo su alma si no busca a Cristo como su Salvador.

¿Y qué recompensa dará el hombre por su alma? No hay dinero que pueda dar por su alma, para la salvación de nuestra alma Cristo lo dio todo, dio Su vida por todos nosotros y nadie puede dar otra cosa, ya Dios recibió la ofrenda por el pecado, la ofrenda de Jesucristo ofrecida por Cristo voluntariamente.

El es nuestra Pascua, nuestro Cordero Pascual, como lo presentó San Pablo en su carta a los Corintios y también como lo presentó Juan el Bautista cuando dijo de Jesús: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.”

Presentando a Cristo así, estaba presentando el Cordero Pascual que el pueblo hebreo había sacrificado en Egipto, y que luego cada año sacrificaba, el día 14 del mes primero de cada año del calendario eclesiástico (o sea, calendario religioso del pueblo hebreo).

Y ahora, en Jesús se estaba materializando aquel sacrificio del cordero pascual, por eso fue presentado por Juan como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, y para quitarlo tenía que morir. O sea, que ahí Juan aún no solamente está anunciando que Jesús es el Cordero de Dios, sino que va a quitar el pecado del mundo y para eso, pues va a morir; por lo tanto está anunciando hasta la muerte de Jesucristo.

Porque el cordero pascual en el Antiguo Testamento tenía que morir, y cuando Juan presenta a Jesús como el Cordero de Dios, está señalando que tiene que morir, porque de otra forma no es efectivo Su Ministerio y Su Venida como Cordero de Dios, si no lleva a cabo la Obra de Redención como Cordero de Dios; Obra que en el Getsemaní se vio un poco tambaleándose, pero cuando Jesús decía al Padre si era posible pasar esa copa de El, pero también El dijo: “Mas no sea como Yo quiero, sino como Tu quieras, no sea conforme a mi voluntad, sino conforme a Tu voluntad, hágase conforme a Tu voluntad.”

Y la voluntad de Dios era que tomara la copa de la muerte, que muriera, para así salvar el alma de millones de personas, que tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, desde antes de la fundación del mundo.

Así como la muerte del cordero pascual allá en Egipto era para la salvación, ¿para la salvación de quiénes? De los primogénitos del pueblo hebreo, para evitar que murieran los primogénitos del pueblo hebreo. Y para evitar que esas almas escritas en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero mueran, el Cordero de Dios, el Cordero Pascual, tenía que morir en la Cruz del Calvario. El también es el Macho Cabrío de la Expiación que el pueblo hebreo sacrificaba el día 10 del mes séptimo de cada año, para la reconciliación del pueblo hebreo con Dios.

Y el pueblo hebreo cuando reciba a Cristo como su Salvador (donde 144 mil lo van a recibir), lo van a recibir como el Macho Cabrío de la Expiación, van a ver que Jesucristo es la Expiación por el pecado, para la reconciliación del pueblo hebreo con Dios, y por consiguiente de cada hebreo como individuo, para ser reconciliado con Dios; así como para la reconciliación de cada uno de nosotros con Dios, El es la Expiación realizada por nosotros allá en la Cruz del Calvario.

• Y ahora, los que están representados en el terreno lleno de espinas, esas personas, vean ustedes, tienen como espinas, y cosas así, el afán de este siglo y el engaño de las riquezas, las cuales ahogan la Palabra y se hace infructuosa, no permite que la Palabra crezca y produzca fruto en esa persona, es un terreno (la persona) que no da fruto como cristiano y no da fruto como miembro de la Iglesia de Jesucristo. Por lo tanto el Espíritu de Dios no se puede manifestar en esa persona, esa persona no puede recibir el Don del Espíritu Santo, porque los afanes de este mundo y las riquezas, ahogan esa Palabra y no permiten que lleve fruto en la persona.

Pero ahora vean ustedes: de cuatro clases de personas que escuchan la predicación del Evangelio, tres de ellos son personas que no reciben a Cristo y son bautizados en su Nombre y llenos del Espíritu Santo, para seguir sirviéndole a Cristo por toda su vida terrenal, y por toda la eternidad.

• Pero hay un grupo de personas en las cuales están representados todos los que creen en Cristo como su Salvador, al escuchar Su Palabra, lo reciben como su Salvador, lavan sus pecados en la Sangre de Cristo, son bautizados en Su Nombre y reciben el Don del Espíritu Santo, para así llevar mucho fruto: los frutos del Espíritu Santo en su vida.

Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la Palabra... (¿ven que hay que hay que escuchar? Pero también hay que entender lo que ha sido hablado. La diferencia entre éste que es representado en la buena tierra, es que éste oye y entiende la Palabra), éste es el que oye y entiende la Palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.”

Ese es el que oye la Palabra, echa buenas raíces, ése es el que no deja que en los estorbos de la vida, y que las persecuciones y problemas y aflicciones, a causa de haber creído en Cristo, no deja que esas cosas lo aparten de Cristo, él recibe a Cristo para nunca apartarse de Jesucristo nuestro Salvador; no importa que vengan las pruebas, las aflicciones, las persecuciones, él permanece firme, porque él es buena tierra, el cual oye y entiende la Palabra y se arraiga bien en la Palabra, echa raíces y lleva fruto a ciento, a sesenta y a treinta por uno.

O sea, que ese tipo de personas representado en la buena tierra, no permiten que haya piedras o espinas, que se interpongan entre él y Cristo, no dejan que su trabajo o su negocio o las riquezas le impidan para servir a Cristo; pueden ser personas con dinero, ricos y con negocios o pueden ser personas de la clase media o de la clase pobre; pero actúan correctamente, sirviendo a Cristo y sacando siempre el tiempo que se requiere para servir a Cristo y para trabajar en Su Obra, y llevar en cuanto al trabajo fruto, son personas que trabajan en la Obra de Dios en una forma o en otra forma. Y llevar frutos del Espíritu de Dios en sus vidas como individuos; y así los frutos del Espíritu Santo pueden manifestarse a través de la persona y en esa persona.

Cristo mismo hablando nos dice en el capítulo 15 de San Juan, verso 1 en adelante:

Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador (la vid de uvas).

Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.”

Los pámpanos aquí son las ramas de la planta de uvas, y Cristo es la Vid, o sea, la planta de uva, desde el tronco hacia arriba; pero las ramas es lo que representa a los creyentes en Cristo, y es en las ramas donde tiene que estar el fruto. Cristo produce fruto a través de las Ramas, como la vid produce el fruto a través de sus ramas, y sus ramas son los creyentes en Cristo, ésas son las ramas de la vid verdadera, Jesucristo nuestro Salvador.

Y la rama (o sea, el pámpano) que no lleva fruto será cortado y echado fuera, porque Dios no quiere personas sin fruto en Su Reino, todos tienen que llevar fruto: unos a treinta por uno, otros a sesenta por uno y otros a ciento por uno. El que lleva fruto, dice: “Lo limpiará, para que lleve más fruto.” La rama que lleva fruto es bendecida por Cristo, por Dios, que es el Labrador, ¿para qué? Para que lleve más fruto. Dios le quitará cualquier cosa que le estorbe en su vida cristiana (¿para qué?) para que pueda llevar más fruto, pueda ser más productivo en el Reino de Dios.

Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.

Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.”

Una rama de un árbol o una rama de una vid, la planta de uva sola, separada de esa planta de uva no puede llevar fruto, porque la vida viene de la planta, viene del tronco, y de ahí es que viene el fruto el cual se manifiesta a través de la rama:

Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer (no pueden llevar los frutos de Cristo separados de Cristo).

El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden.”

Y eso es que serán echados en el lago de fuego y serán quemados los pámpanos malos, las ramas malas, que no llevan fruto.

Ahora, podemos ver este misterio de cómo producir mucho fruto, el mayor fruto en el Reino de Dios como individuos.

Y ahora, la Iglesia del Señor Jesucristo como Cuerpo Místico de creyentes ha estado produciendo fruto de etapa en etapa. Cristo dijo: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, él solo queda; pero si cae en tierra y muere, mucho fruto lleva.”

Y ahora, Cristo es el que va a llevar fruto, y para eso tiene que morir, como el grano de trigo que es sembrado en tierra.

Y ahora, Cristo murió y por lo tanto se cumplió lo de la siembra del grano de trigo, y tiene que ser conforme al orden de la siembra y de la cosecha.

Y ahora, ¿si se siembra un grano de trigo qué va a suceder? Pues tiene que nacer una planta de trigo; esa Planta de trigo es la Iglesia del Señor Jesucristo que nació el día de Pentecostés.

Y ahora, el fruto lo va a producir Cristo, el Grano de trigo, pero lo tiene que producir a través de la Planta de trigo; por lo tanto la Iglesia del Señor Jesucristo tiene que producir fruto a través de la manifestación de Cristo, que es la Vida de la Iglesia; Cristo en Espíritu Santo en Su Iglesia, moviéndose en Su Iglesia y a través de Su Iglesia, tiene que producir el fruto correspondiente a cada edad.

Y ahora, si el grano de trigo que fue sembrado en tierra es un Hombre, Jesucristo, el Hijo de Dios, el fruto que Jesucristo tiene que producir a través de Su Iglesia tiene que ser hijos e hijas de Dios; y eso es lo que ha estado sucediendo en y con la Iglesia de Jesucristo de etapa: en etapa, la Iglesia ha estado produciendo fruto a través de la vida de Cristo, siendo manifestada la vida de Cristo, el Espíritu Santo, en Su Iglesia. De Cristo fue que nació Su Iglesia, y el Espíritu que en Su Iglesia se manifiesta es el Espíritu de Jesucristo ¿para qué? Para que así la Iglesia produzca mucho fruto. Y eso es la reproducción de Cristo reproduciéndose en y a través de Su Iglesia en hijos e hijas de Dios.

Y ahora vean, así como en la unión de unos jóvenes (un joven y una joven) que son novios y se comprometen y luego se casan, luego se casan para llevar fruto, y el fruto es el fruto del vientre que tendrá la novia, la esposa; y ese fruto viene del varón a través de su esposa y ese fruto son hijos e hijas en ese matrimonio.

Y ahora, el fruto o los frutos de Cristo y Su Iglesia somos los hijos e hijas de Dios.

Y ahora, de etapa en etapa, vean ustedes cómo ha estado llevando fruto la Iglesia de Jesucristo, hijos e hijas de Dios por medio de la manifestación del Espíritu Santo a través del mensajero de cada edad, a través del cual ha llamado y ha juntado a Sus escogidos, y así han sido añadidos a la Iglesia de Jesucristo los que han de ser salvos, los cuales están escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero.

Así como una persona que conoce de agricultura, un buen agricultor que tiene una finca y que está acostumbrado a sembrar y cosechar, puede decir: “Yo siembro, yo siembro mil kilos de maíz, y voy a recoger tantos kilos de maíz en la cosecha.” ¿Sabían ustedes que hay agricultores que saben cuánto va a producir cada kilo de maíz, o de trigo, o de avena, o de frijoles? Cada kilo que se siembra, se reproduce en muchos kilos para y en la cosecha.

Y ahora, si los agricultores saben cuánto van a cosechar, de acuerdo a la cantidad de kilos que han sembrado, cuánto más Dios el Labrador. El sabe cuántos granos de trigo, cuántos hijos e hijas de Dios, va a tener ese Grano de trigo que fue sembrado en Tierra, Jesucristo, nuestro Salvador, el Hijo de Dios; el Hijo de Dios se va a reproducir en millones de hijos e hijas de Dios, por medio de la manifestación de Cristo en y a través de Su Iglesia. Por eso Su Iglesia tiene que estar dando fruto, el fruto correspondiente a cada edad, que son los hijos e hijas de Dios de cada edad. Esto es dando el fruto como hijos e hijas de Dios.

Y ahora, la Iglesia de Jesucristo dando el fruto como la Obra, la labor que lleva a cabo, ésa es la labor de la evangelización, llevando el Mensaje por todos los lugares.

Y la Iglesia de Jesucristo como Cuerpo Místico de creyentes lleva a cabo esa labor de etapa en etapa con el mensajero de cada edad y con los miembros de Su Iglesia de cada edad, o sea, los miembros del Cuerpo Místico de cada edad llevan a cabo ese trabajo.

Por lo tanto, es la Iglesia de Jesucristo la que está llevando fruto, llevando fruto como trabajo, llevando fruto como hijos, y así por el estilo, llevando el fruto correspondiente a su tiempo, a cada etapa de su vida.

Y cada congregación como congregación local tiene que llevar también el fruto, el fruto de hijos de Dios y el fruto de la labor que le corresponde hacer en su congregación, en su comunidad, en su ciudad y en su nación, y por consiguiente en el Cuerpo Místico de Jesucristo.

No pueden haber congregaciones vagas, ¿por qué? Porque no estarían produciendo el fruto que tienen que producir en el Cuerpo Místico de Cristo, en el tiempo que les ha tocado vivir.

Cristo dice que el pámpano o el árbol que no lleva fruto, será cortado y echado en el fuego; eso es así para individuos, es así también para iglesias, es así para congregaciones, y es así para todo grupo que se llama cristiano; y aun es así para todas las agrupaciones religiosas de todas las religiones; si no llevan el fruto de Cristo por medio de la vida de Cristo, manifestada esa vida de Cristo, el Espíritu Santo, en ellos, serán cortados y echados en el fuego y no existirán para el Reino Milenial, ¿por qué? Porque el pámpano que no está en Cristo será cortado y echado al fuego.

Hay muchas ramas, muchos pámpanos, muchas ramas religiosas, tanto de diferentes religiones, como también hay muchos grupos o muchas sectas religiosas en el cristianismo también; pero se requiere llevar el fruto, y para eso se tiene que estar unido a Cristo. “Porque separados de mí nada podéis hacer (dice Cristo).”

O sea, no pueden llevar fruto, ¿por qué? Porque el fruto es el producto que viene de la raíz a través de la planta, y pasa a través de las ramas para reproducirse en aquello que es esa planta. Si es una planta de trigo, pues se va a reproducir en muchos granos de trigo; si es una planta de uvas, es una vid, entonces se va a reproducir en muchas uvas; y si es el Arbol de la Vida, Cristo, el Hijo de Dios, ¿pues se va a reproducir en qué? En hijos e hijas de Dios.

Y ahora, podemos ver desde los diferentes ángulos o aspectos de la vida de la Iglesia, y de la vida del cristiano, cómo se requiere que se lleve el fruto correspondiente a la edad y dispensación en que la persona está viviendo y en que la Iglesia de Jesucristo está viviendo, para así estar produciendo el fruto para Dios.

Y ahora, para este tiempo se requiere llevar el fruto mayor; y éste es el tiempo en donde la gran cosecha está prometida para ser llevada a cabo; y esa cosecha será de acuerdo a lo que fue sembrado, a lo que fue sembrado en el corazón, en el alma, de la persona, lo cual la persona tiene que cuidar y regar con el agua de la enseñanza de la Palabra de Dios y con el agua del Espíritu Santo, para que así crezca y lleve mucho fruto esa Palabra que fue sembrada en el corazón, en el alma de la persona; así como la Iglesia como Cuerpo Místico de creyentes tiene que cuidar esa Palabra que es sembrada en la Edad en que está viviendo, para que esa Palabra produzca mucho fruto y sean añadidos a la Iglesia los que están escritos en el Libro de la Vida del Cordero para esa etapa, para esa edad.

Tenemos nosotros que en este tiempo final estar produciendo el fruto mayor, ¿para quién? Para Dios, el Labrador. Y eso será Cristo en nosotros produciendo ese fruto. Dejamos que la vida de Cristo se manifieste en nuestra vida como individuos y que se manifieste en la Iglesia de Jesucristo como Cuerpo Místico de creyentes, y entonces estaremos produciendo el fruto mayor para Dios; y todos queremos producir al ciento por uno, ése es el deseo de nuestra alma y ése es el deseo de Dios también; porque en ese mismo capítulo 15 de San Juan, dice [San Juan 15:8 —Editor]:

En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.”

Vean, Dios es glorificado cuando nosotros llevamos mucho fruto; como también encontramos que un hombre, un labrador, que tiene una finca y su siembra produce mucho fruto, todo el mundo dice: “Ese si que es un buen agricultor, ése si que sabe de agricultura. Miren, todos los demás siembran mil kilos de maíz y cosechan cinco mil kilos de maíz; pero éste siembra igualmente mil kilos de maíz y cosecha cien mil kilos de maíz; tiene una buena tierra, sabe sembrar la semilla, y sabe cuidar esa semilla y tenerle el agua necesaria para que crezca correctamente y lleve mucho fruto.”

En eso glorifican al agricultor, al labrador, lo glorifica la gente diciendo: “Ese si que sabe y es bendecido por Dios, miren que bendición tan grande tiene este hombre; los demás siembran mucho y cosechan un porciento muy pequeño, la reproducción es muy poca comparada con la que sembraron; pero éste siembra lo mismo y la reproducción es en grande escala, obtiene el mayor fruto que se puede obtener”; su siembra produce el mayor fruto para el labrador, para el dueño de esa finca. Y vean cómo la gente lo alaban, lo glorifican.

Pero ahora con Dios, dice el mismo Cristo: “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.” Llevando mucho fruto es glorificado Dios.

Y ahora, nosotros queremos que sea Dios glorificado, y llevando mucho fruto es una de las formas que Dios es glorificado; y nosotros queremos llevar mucho fruto para que Dios sea glorificado, sea glorificado Dios, sea glorificado Dios llevando nosotros mucho fruto en el Reino de Cristo.

PRODUCIENDO EL MAYOR FRUTO PARA DIOS.”

Y ahora, hemos visto cómo la Iglesia de Jesucristo como Cuerpo Místico lleva mucho fruto de edad en edad, y también cada cristiano como individuo.

De edad en edad, la Vida de Cristo, el Espíritu Santo, se ha movido de territorio en territorio, para reproducirse y así recibir mucho fruto de Su Iglesia y en Su Iglesia, y de los creyentes en El como individuos. La tierra de Israel, luego Asia Menor, luego Europa, luego Norteamérica, ¿y ahora dónde? La América Latina y el Caribe.

Y ahora, así como en cada edad la tierra buena fue el territorio donde (como territorio), donde estuvo el Espíritu de Dios, Cristo en Espíritu Santo, reproduciéndose en hijos e hijas de Dios; pero ya que han terminado esas etapas, esas edades, ya no es buena tierra para la reproducción de Cristo en Su Iglesia y a través de Su Iglesia, para reproducirse en hijos e hijas de Dios.

Pero hay una buena tierra, la cual Cristo tiene y a la cual Cristo ha venido, para reproducirse en hijos e hijas de Dios a través de Su Iglesia; por lo tanto, la Iglesia estará en la etapa que corresponde a la buena tierra, la etapa latinoamericana y caribeña, para reproducirse en hijos e hijas de Dios en este tiempo final, en la Edad de la Piedra Angular en este entrelace de la Dispensación del Reino con la Dispensación de la Gracia, para así reproducirse Cristo en y a través de Su Iglesia, en hijos e hijas de Dios, en la Edad de la Piedra Angular.

Ahora, hemos visto como territorio cuál es la buena tierra en este tiempo final, y el resto ya está llena de piedras, pedregales y espinas, y no tienen tiempo para servir a Dios casi en sus vidas.

Y la tierra que produce espinas y cardos, y que no es buena tierra para la simiente, la semilla que Dios siembra, la Palabra de Dios, es una mala Tierra y está cerca de maldición, para ser quemada, ser quemada con fuego atómico, porque dice Malaquías, capítulo 4, verso 1 en adelante:

He aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará (o sea, los quemará), ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama.

Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación.”

Nacerá el Sol de Justicia, Cristo es la Luz del mundo, el Sol de Justicia, y Cristo en Su Segunda Venida es el Sol naciente, para todos nosotros que esperamos Su Venida, para ser transformados y llevados con El a la Cena de las Bodas del Cordero, porque la buena tierra es la que escucha la Palabra de Dios y la entiende, y produce fruto a ciento por uno, a sesenta por uno, o a treinta por uno.

Y ahora, la buena tierra como territorio es la América Latina y el Caribe en el Programa de Cristo con Su Iglesia; y en la Iglesia de Jesucristo como edad, la buena tierra es la Edad de la Piedra Angular; y la buena tierra como individuos son los escogidos de Dios de este tiempo final que estarían en la Edad de la Piedra Angular y estarían en el territorio latinoamericano y caribeño, y aun hay algunos que han salido del territorio latinoamericano y caribeño, y han ido a otras naciones o continentes para tener una mejor condición económica, pero hasta allá les llega el Mensaje si tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, porque son buena tierra como individuos.

Y ahora, podemos ver este misterio de la buena tierra, para producir el mayor fruto para Dios, la buena tierra como Cuerpo Místico de Cristo, la buena tierra como edad, la buena tierra como territorio donde se cumple esta edad, y la buena tierra como cristianos, como creyentes en Cristo, en la etapa de la Edad de la Piedra Angular, en este entrelace de la Dispensación del Reino con la Dispensación de la Gracia.

Y ahora, esa buena tierra está cerca a ser bendecida con la transformación de sus cuerpos como individuos, y la Iglesia del Señor Jesucristo como Cuerpo Místico de creyentes en esa etapa, está cerca a ser transformada y ser llevada con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Por eso es tan importante estar produciendo el mayor fruto para nuestro Dios. Y cuando vemos estas cosas en las Escrituras, esto no llena de entusiasmo, nos llena de ánimo y nos llena de fuerzas, para trabajar cada día más en el Reino de Jesucristo, para producir el fruto mayor para Dios.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta tarde, dándoles testimonio de cómo estar produciendo el fruto mayor para Dios, y así ver cómo estamos produciendo el fruto mayor correspondiente a este tiempo final.

Estaré nuevamente con ustedes mañana en la mañana, a la hora que el Rvdo. Miguel Bermúdez Marín les dirá, para la actividad de la mañana; y luego también estaré para las otras actividades que tendrán, ya será el último día de este recorrido y de esta visita acá a Villahermosa, en donde esperamos que Cristo derrame de Sus bendiciones sobre todos ustedes y sobre mí también.

Que Cristo, pues, siga derramando de Sus bendiciones, para continuar produciendo el fruto mayor para Dios.

Muchas gracias por vuestra amable atención, amados amigos y hermanos, y que Jesucristo continúe bendiciéndoles a todos.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

Mientras escuchamos el cántico que nos habla del Hombre que nos transformó, pasará el Rvdo. Miguel Bermúdez Marín, para continuar y finalizar nuestra parte en esta ocasión.

Hemos terminado, todavía de día Miguel, el tiempo nos rindió; y Dios no ha ayudado en esta tarde y nos ha permitido ver cómo estar produciendo el fruto mayor, y porqué hay que arraigar, echar raíces en Cristo, para que esas etapas de pruebas, de persecuciones y cosas así no vayan a arrancar a la persona de Cristo y Su Reino, porque todos queremos permanecer en Cristo para toda la eternidad.

Bueno, que Dios les continúe bendiciendo a todos, y con nosotros el Rvdo. Miguel Bermúdez Marín para continuar.

PRODUCIENDO EL MAYOR FRUTO PARA DIOS.”

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