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Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes aquí en Valparaíso, República de Chile. Es para mí una bendición grande y privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, en la dedicación de este hermoso lugar para la gloria de Dios, para adorar a Dios y escuchar aquí Su Palabra.

Para esta ocasión quiero leer en Apocalipsis, capítulo 12, verso 1 en adelante, donde dice:

Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas.

Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento.

También apareció otra señal en el cielo: he aquí un gran dragón escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas;

y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se paró frente a la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese.

Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono.

Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios, para que allí la sustenten por mil doscientos sesenta días.

Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles;

pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo.

Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.

Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche.

Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.

Por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos. ¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo.

Y cuando vio el dragón que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al hijo varón.

Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águila, para que volase de delante de la serpiente al desierto, a su lugar, donde es sustentada por un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo.

Y la serpiente arrojó de su boca, tras la mujer, agua como un río, para que fuese arrastrada por el río.

Pero la tierra ayudó a la mujer, pues la tierra abrió su boca y tragó el río que el dragón había echado de su boca”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema es: “LA LUZ DEL DÍA POSTRERO”.

Este capítulo 12 del Apocalipsis es un capítulo profético y tiene un doble cumplimiento. La primera parte encontramos que se cumplió en la Primera Venida de Cristo, donde el Hijo que nació de la mujer encontramos que fue Cristo; Él nació de una virgen, la virgen María, y encontramos que fue arrebatado al Cielo para sentarse en el Trono de Dios y regir sobre los Cielos y la Tierra, porque Él es el Rey de reyes y Señor de señores.

Él es Rey en la séptima dimensión: Rey-Dios, Él es Rey en la sexta dimensión: Rey-Teofanía, y Él es Rey en la Tierra: Rey-Jesús, para reinar sobre el pueblo hebreo y sobre toda nación, pueblo y lengua en el Reino Milenial.

Y ahora, la segunda parte del cumplimiento de este capítulo 12 del Apocalipsis corresponde a este tiempo final.

Y ahora, para comprender este gran misterio de este capítulo 12, en donde aparece en el Cielo una gran señal:

... una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas.

Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento (encontramos que esta mujer es la Iglesia)”.

Y ahora, la Iglesia con una corona con 12 estrellas, las 12 estrellas son los 12 apóstoles.

Y ahora, encontramos que la Iglesia hebrea bajo la Ley, luego que pasó por sus siete etapas, luego los escogidos salieron de la séptima etapa o edad de la Iglesia hebrea bajo la Ley, donde Juan el Bautista fue su mensajero, y pasaron a ser discípulos de Cristo.

Y aquellos que pasaron a ser discípulos de nuestro amado Señor Jesucristo, pasaron de la etapa de la Iglesia del Antiguo Testamento que estaba bajo la etapa de la luna, por esas diferentes etapas por las cuales pasó, y luego subió a la Primera Venida de Cristo, subieron los escogidos de aquel tiempo, y vinieron a estar vestidos del Sol, vestidos de la Segunda Venida de Cristo, que es el Sol de Justicia. Ya no estaban bajo las etapas de la luna, sino que la luna quedó bajo sus pies.

Y ahora, la Primera Venida de Cristo estaba cumplida en medio de aquel grupo de escogidos que estaban vestidos del Sol, vestidos de la Primera Venida de Cristo.

Ahora, podemos ver que la Luz de aquel tiempo fue la Primera Venida de Cristo, eso fue la Luz en toda Su plenitud; así como la Luz en cada edad fue la manifestación del Ángel del Pacto a través del mensajero de cada edad del Antiguo Testamento, y luego la Luz en toda Su plenitud fue la manifestación del Ángel del Pacto en carne humana en la persona de Jesús de Nazaret. Él es el Hijo que nació para ser arrebatado al Cielo y reinar sobre todas las naciones.

Y ahora, por cuanto este capítulo 12 tiene un doble cumplimiento, la otra parte del cumplimiento de este capítulo corresponde a este tiempo final, en donde la Iglesia ha estado pasando por sus diferentes etapas durante las siete edades de la Iglesia, que están representadas en las diferentes etapas de la luna; y luego, cuando los escogidos de Dios del Día Postrero suben a la Edad de la Piedra Angular, suben a la Edad de la Luz del Sol, y por consiguiente los escogidos del Día Postrero quedan vestidos del Sol, con la luna bajo sus pies, con las siete edades de la Iglesia (esas edades representadas en la luna pasando por diferentes etapas la luna, eso es la Iglesia pasando por diferentes etapas).

Y ahora, para el tiempo final, las siete edades estarán bajo los pies de la Iglesia del Señor Jesucristo, porque la Iglesia del Señor Jesucristo sube al Sol, sube a una edad solar, en donde estará vestida del Sol la Iglesia del Señor Jesucristo en la Edad de la Piedra Angular.

Y ahora, es ahí donde la Iglesia del Señor Jesucristo tendrá un Hijo varón, un Mensajero en el Día Postrero. Ha tenido diferentes mensajeros de edad en edad, como la Iglesia hebrea bajo la Ley tuvo diferentes mensajeros, bajo sus diferentes etapas correspondientes a la luna; pero cuando llegó a la etapa de la Primera Venida de Cristo, la Iglesia de Dios del Antiguo Testamento subió más arriba, a la Edad de la Piedra Angular, la Edad de la Venida del Hijo del Hombre, y allí se vistió del Sol, y allí la Iglesia tuvo un Hijo, un Mensajero: Jesucristo nuestro Salvador, el cual nació de la virgen María.

Y ahora, ese Mensajero encontramos que el dragón (Roma) lo persiguió y lo crucificó en la Cruz del Calvario. Él tuvo Su ministerio de tres años y medio, pero luego fue quitada su vida por el dragón (Roma), que lo crucificó en la Cruz del Calvario a petición del sumo sacerdote y de la mayor parte de los miembros del Concilio del Sanedrín, y de la mayor parte del pueblo hebreo.

Y ahora, para el Día Postrero, que es el séptimo milenio y que es también el tiempo en que la Iglesia se encuentra en la Edad de la Piedra Angular vestida del Sol, vestida de Cristo en el cumplimiento de Sus promesas correspondientes a este tiempo final...; porque Cristo es el Sol, y Él es el Verbo, la Palabra.

Y cuando Cristo cumple Su Palabra prometida para este tiempo final, la Iglesia del Señor Jesucristo al subir a la Edad de la Piedra Angular queda vestida del Sol. Por lo tanto, la Iglesia del Señor Jesucristo tendrá un Hijo varón, uno nacido en la Iglesia del Señor Jesucristo por medio de creer en Cristo como nuestro Salvador, lavar nuestros pecados en Su Sangre, ser bautizado en Su Nombre y recibir el don del Espíritu Santo; y así nace en la Iglesia del Señor Jesucristo ese Hijo varón, así como todos los escogidos de Dios del Día Postrero, y así como nacieron en edades pasadas los hijos e hijas de Dios.

Pero ahora la Iglesia del Señor Jesucristo es una Iglesia rejuvenecida, es una Iglesia transformada (espiritualmente hablando), y el primer Mensajero que tiene en la Edad de la Piedra Angular es ese Hijo prometido, que será adoptado y se sentará con Cristo en Su Trono.

Por eso es que ese Hijo varón, el cual en el Antiguo Testamento estaba prometido para venir al pueblo hebreo, fue Cristo, el cual vino a la Tierra, tuvo Su ministerio, venció, murió, resucitó y ascendió al Cielo victorioso, y se sentó en el Trono de Dios, fue arrebatado para sentarse en el Trono de Dios.

Y ahora, para el Día Postrero, en la misma forma en que el Padre arrebató al Cielo a Su Hijo (el cual resucitó victorioso) y lo sentó en el Trono (Su Trono en el Cielo, le dio que se sentará con Él en Su Trono en el Cielo), ahora eso mismo hace Cristo en el Día Postrero. Vean, y así cumplirá la promesa de Apocalipsis, capítulo 2, versos 26 al 28, donde dice:

Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones,

y las regirá con vara de hierro, y serán quebrantadas como vaso de alfarero; como yo también la he recibido de mi Padre”.

O sea que es algo paralelo a lo que ocurrió con Cristo en Su Primera Venida, en donde Dios adoptó a Su Hijo y lo sentó en Su Trono. Cristo resucitó en cuerpo glorificado y se sentó en el Trono de Dios.

Y en este tiempo final el Hijo que nacerá a la Iglesia-Virgen, el Mensajero que nacerá a la Iglesia-Virgen en la Edad de la Piedra Angular, llegará a la adopción y se sentará con Cristo en Su Trono. Esa es la promesa de Cristo para el Vencedor.

Y así como para sentarse en el Trono de Dios tuvo que ser glorificado Jesús, tuvo que obtener la victoria y ser glorificado, así también el Vencedor del Día Postrero: para sentarse en el Trono de Cristo con Cristo, que es el Trono de David, en donde Cristo reinará sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones, ahora para el Vencedor sentarse en ese Trono con Cristo y recibir autoridad sobre las naciones, tiene que obtener la gran victoria en el Amor Divino.

Y ahora, vean cómo es paralelo a lo que ocurrió en la Primera Venida de Cristo para sentarse en el Trono del Padre en el Cielo y así tener autoridad sobre todas las cosas en el Cielo y en la Tierra.

Y ahora, aquí la promesa es:

Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones,

y las regirá (las gobernará) con vara de hierro, y serán quebrantadas como vaso de alfarero; como yo también la he recibido de mi Padre”.

En la misma forma en que Jesús recibió del Padre esa autoridad al sentarse en el Trono de Dios, la recibirá también el Ángel Mensajero que nacerá de la Iglesia-Novia del Señor Jesucristo en la Edad de la Piedra Angular, que es la Edad en donde la Iglesia del Señor Jesucristo se viste del Sol, con la luna bajo sus pies, las siete edades bajo sus pies, porque quedan abajo. Y ahora la Iglesia queda arriba, en la Edad de la Piedra Angular, como sucedió allá en la Primera Venida de Cristo.

Y ahora, vean ustedes cómo dice:

Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono”.

Y ahora, en la misma forma en que Cristo fue arrebatado al Cielo para sentarse en el Trono de Dios, ahora Cristo colocará en Su Trono al Vencedor y le dará autoridad sobre las naciones.

La autoridad que Cristo ha recibido del Padre sobre todas las naciones, la conferirá a ese Vencedor, que será un Hijo del Señor Jesucristo por medio de la Iglesia-Novia del Señor Jesucristo, en la Edad de Oro de la Iglesia del Señor Jesucristo, en donde estará rejuvenecida, como Sara fue rejuvenecida para tener el hijo prometido.

Ahora la Iglesia del Señor Jesucristo es rejuvenecida en el tiempo final, en la Edad de la Piedra Angular, y da a luz ese Hijo; porque la Iglesia del Señor Jesucristo es la que está dando a luz hijos e hijas de Dios. Y ahora, para este tiempo final dará a luz un Hijo de la Palabra, el Hijo de la Palabra prometida, el Hijo de la Promesa.

Y ahora, este capítulo 12 de Apocalipsis, vean cómo en su doble cumplimiento nos estará dando una bendición muy grande en este tiempo final.

Y ahora, la batalla vista aquí, en el libro del Apocalipsis, en el capítulo 12, vean cómo será esta batalla... vamos a ver algunos lugares para poder comprender esta batalla.

Ya hemos dicho que se cumplió en el tiempo de Cristo, y Cristo fue ese Hijo prometido que nacería de esa mujer vestida del Sol. Y su doble cumplimiento es en el Día Postrero, donde la Iglesia del Señor Jesucristo dará a luz un Hijo conforme a la promesa de Dios; es un Hijo del segundo Adán, un Hijo de Jesucristo nuestro amado Salvador.

Esto está prometido también en Apocalipsis, capítulo 21, versos 5 al 7, donde dice:

Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.

Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.

El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo”.

Y aquí tenemos un Hijo de Dios que obtendrá la victoria en el Día Postrero para obtener esta bendición profética aquí, y heredar todas las cosas, así como Cristo ascendió al Cielo victorioso y se sentó en el Trono de Dios, y heredó todas las cosas, los Cielos y la Tierra.

Y ahora, nosotros somos coherederos con Él, herederos de Dios y coherederos con Cristo Jesús.

Por lo tanto, habrá un Vencedor, ese será un Ángel Mensajero del Señor Jesucristo, que estará en el Día Postrero en medio de la Iglesia de Jesucristo, el cual nacerá en y a través de la Iglesia de Jesucristo por la Palabra creadora hablada a la Iglesia de Jesucristo para producir ese Hijo prometido.

Y ahora, conforme a esa Palabra prometida que le ha sido hablada a la Iglesia del Señor Jesucristo, de ese Hijo prometido que vendrá, el Hijo de la Promesa, conforme a esa promesa vendrá ese Hijo prometido a través de la Iglesia del Señor Jesucristo.

En la página 368 del libro de Los Sellos en español, dice el reverendo William Branham:

[188]. Todo está contaminado, el mundo, toda la naturaleza. ¡Dios tenga misericordia! El mundo entero está con dolores de parto. El mundo está haciendo el esfuerzo, está en angustias, como dijo Isaías. Pero ¿por qué? Es que está tratando de dar a luz un mundo nuevo para el Milenio, donde no existirá el pecado; está tratando de dar a luz un mundo nuevo para un pueblo nuevo que no pecará ni lo corromperá. Correcto. Todo está en angustias.

189. Por eso nosotros también estamos en angustias. La Novia está en angustia para dar a luz a Cristo Jesús. Todo está en angustia gimiendo, porque algo está a punto de acontecer. Y este Sexto Sello da lugar a todo eso (el Sexto Sello da lugar a todo eso). ¡Oh, hermano! Será un tiempo cuando acontecerán todos los terremotos, las estrellas caerán del cielo, habrá erupciones volcánicas, y en eso la Tierra se renovará. La lava volcánica brotará del centro de la Tierra y entonces se regará por todos lados mientras la Tierra gira.

190. Y les aseguro esto: Un amanecer de estos, cuando Jesús y Su Novia vengan de nuevo a la Tierra, encontrarán un Paraíso de Dios tan perfecto. Los guerreros de la batalla de la fe caminarán por todo eso juntamente con sus amigos y sus seres queridos; se oirán por todos lados los dulces cánticos de las huestes celestiales. Entonces Él dirá: ‘¡Oh, bien, buen siervo y fiel! Entrad pues en el gozo de tu Señor que ha sido preparado para ti, desde allá, antes de que Eva, por el pecado, echara a perder este asunto’”.

Y ahora, vean ustedes la bendición tan grande que tiene la Iglesia del Señor Jesucristo, señalada para este tiempo final: dará a luz a Cristo, la Palabra, el Hijo prometido.

Y ahora, la Iglesia da a luz, de edad en edad, hijos. Pero ahora para el Día Postrero tiene que dar a luz al Hijo Palabra, al Hijo Palabra prometido para este tiempo final, el cual obtendrá la gran victoria en el Amor Divino y se sentará con Cristo en Su Trono.

Encontramos también en la página 270 del libro de Los Sellos, que nos dice el reverendo William Branham: “Aquí vemos...”. Esto es mostrando el capítulo 19 de Apocalipsis, dice:

197. Aquí vemos la Vida y la Muerte llegando a su último encuentro. El caballo blanco de Vida verdadera (ese es el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19) y el caballo amarillo de credos mezclados. La cosa está llegando a un verdadero reto”.

El caballo amarillo es ese caballo de Apocalipsis, capítulo 6, que tiene por nombre Muerte. Por eso el caballo amarillo de Apocalipsis, capítulo 6, versos 7 al 8, dice:

Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente, que decía: Ven y mira.

Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades (o sea, el infierno) le seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra”.

Ese Jinete del caballo amarillo es el anticristo, y viene montado sobre credos, dogmas y tradiciones religiosas, viene sobre algo que es falso; y viene en este tiempo final en la cuarta etapa de la manifestación del anticristo, en donde el diablo se encarnará en el hombre de pecado, en el anticristo, y entonces será la bestia.

Y entonces se cumplirá el capítulo 17, verso 11 en adelante, donde dice:

La bestia que era, y no es, es también el octavo; y es de entre los siete, y va a la perdición.

Y los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aún no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la bestia.

Estos tienen un mismo propósito, y entregarán su poder y su autoridad a la bestia”.

Estos reyes entregarán su poder y su autoridad a la bestia, y el diablo le dará su trono a la bestia también.

Estos tienen un mismo propósito, y entregarán su poder y su autoridad a la bestia.

Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles”.

Y esto es para ser cumplido en este tiempo final.

En Apocalipsis, capítulo 19, también encontramos ese enfrentamiento, cuando nos dice en el verso 19 en adelante:

Y vi a la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo (o sea, para guerrear contra el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, que es Cristo), y contra su ejército”.

El Ejército de Cristo, el Ejército del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, es Su Iglesia, la cual para el Día Postrero será resucitada (la parte de sus miembros que han partido en edades pasadas y algunos de los nuestros que han partido), y los que estamos vivos seremos transformados cuando los veamos a ellos resucitados. Y ese será el poderoso Ejército de Jesucristo. Ese es el Ejército más poderoso que Dios tiene.

Y ahora, habrá un enfrentamiento entre Cristo y el anticristo, entre Dios y el diablo; el diablo estará hecho carne en el anticristo, en el hombre de pecado.

Vamos a ver cómo lo explica en el capítulo 13 del Apocalipsis. Capítulo 13 del Apocalipsis, dice:

Me paré sobre la arena del mar, y vi subir del mar una bestia que tenía siete cabezas y diez cuernos; y en sus cuernos diez diademas; y sobre sus cabezas, un nombre blasfemo.

Y la bestia que vi era semejante a un leopardo, y sus pies como de oso, y su boca como boca de león. Y el dragón le dio su poder y su trono, y grande autoridad.

Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia,

y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella?

También se le dio boca que hablaba grandes cosas y blasfemias; y se le dio autoridad para actuar cuarenta y dos meses”.

Ese es el tiempo de la gran tribulación. Y para el tiempo de la gran tribulación el diablo estará encarnado en el anticristo, en el hombre de pecado, y su recorrido final será en ese caballo amarillo de Apocalipsis, capítulo 6, versos 7 al 8.

Y ahora, eso será el enfrentamiento entre Cristo y el anticristo, entre Dios y el diablo, porque el diablo estará encarnado en el anticristo, en el hombre de pecado; pero Dios, Cristo, estará en carne humana también. Vamos a ver cómo lo dice el reverendo William Marrion Branham. En la página 277 del libro de Los Sellos, dice (orando dice):

[240]. ... pedimos que el Espíritu Santo venga ahora mismo, el Jinete del verdadero caballo blanco (o sea, del caballo blanco de Apocalipsis 19. Ese Jinete es el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, Cristo), mientras Su Espíritu, el Espíritu de Cristo, entre en confrontación con el anticristo, y Él llame los suyos”.

¿Y cómo entrará en confrontación con el anticristo el Espíritu Santo, el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19 (que es Cristo)? Vamos a ver cómo entrará en confrontación. En la página 134 del libro de Los Sellos, dice:

142. Y noten ustedes: Cuando este Espíritu Santo que tenemos llegue a encarnarse, el que está en nuestro medio ahora mismo en la forma del Espíritu Santo, cuando Él llegue a ser encarnado en la Persona de Jesucristo, entonces nosotros le coronaremos como Rey de reyes y Señor de señores”.

El Espíritu Santo para el Día Postrero se hará carne, y entonces estará manifestado como Rey de reyes y Señor de señores, para llevar a cabo Su Obra de Reclamo.

¿Y cómo será esto? Recuerden que esto será la Venida del Jinete del caballo blanco de Apocalipsis. Dice en la página 131 del libro de Los Sellos:

“131. Y ahora Jesús: Su Nombre sobre la Tierra fue Jesús el Redentor, porque fue el Redentor cuando estuvo sobre la Tierra; pero cuando conquistó el infierno y la muerte, los venció y ascendió, entonces recibió un nuevo Nombre. Por esa razón es que gritan y hacen tanto ruido y no reciben nada. Será revelado en los Truenos.

132. Fíjense en el misterio. Él viene cabalgando. Tiene que haber algo para cambiar esta iglesia. Ustedes saben eso. ¡Tiene que venir algo! Ahora noten: Nadie entendía ese nombre, sino Él mismo”.

“Tiene que venir algo”, y lo que viene es el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, que es el Espíritu Santo viniendo en el Día Postrero. Y la promesa es que el Espíritu Santo vendrá y se encarnará en el Día Postrero. Este Espíritu Santo, cuando se encarne, entonces le coronaremos Rey de reyes y Señor de señores.

“ ‘Y estaba vestido de una ropa teñida en sangre: y su nombre es llamado EL VERBO DE DIOS.

Y los ejércitos que están en el cielo le seguían en caballos blancos, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio.

Y de su boca sale una espada aguda, para herir con ella las gentes; y él los regirá con vara de hierro...”.

Y aquí vemos de nuevo que Él las regirá con vara de hierro. En el capítulo 2, verso 26 al 28, dice que el Vencedor es el que recibe autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro, y ahora aquí dice que es el Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19. Y Cristo dice: “Así como yo he recibido de mi Padre”, porque Cristo recibió esa autoridad del Padre sobre todo pueblo, nación y lengua, y sobre todo el universo.

... y él pisa el lagar del vino del furor, y de la ira del Dios Todopoderoso”.

Por lo tanto, Él es que trae el día de venganza del Dios nuestro, lo predica y se cumple. Él es el que dicta el juicio divino sobre todos los pueblos, naciones y lenguas, el juicio divino de la gran tribulación, que es dictado sobre el reino del anticristo, el reino de la bestia en su etapa final, que corresponde a los pies de hierro y de barro cocido, de la estatua que vio el rey Nabucodonosor.

... y él pisa el lagar del vino del furor, y de la ira del Dios Todopoderoso (para predicar el año de venganza del Dios nuestro).

Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.

Apocalipsis 19:13-16

133. Allí viene el Mesías, allí es donde está”.

Es la Venida del Espíritu Santo conforme a la promesa divina. Pero el Espíritu Santo vendrá encarnado.

En la página 146 del libro de Los Sellos, dice:

[192]. Y al mismo tiempo que el diablo cae del Cielo y se encarna en un hombre, el Espíritu Santo sube y viene encarnado en un hombre”.

Y entonces tendremos en la Tierra la encarnación del diablo en el anticristo y la encarnación del Espíritu Santo en un hombre. Y si encontramos el hombre en quien se encarnará el Espíritu Santo, estaremos encontrando al Jinete del caballo blanco de Apocalipsis 19, el Espíritu Santo, Cristo en Espíritu Santo, el Ángel del Pacto manifestándose por medio de carne humana en medio de Su Iglesia. Y ese es el cumplimiento del Hijo prometido que le nace a la Iglesia del Señor Jesucristo en el Día Postrero.

Y ahora, veamos un poquito más acerca de este misterio en la página 256 del libro de Los Sellos, donde dice:

“121. Pero cuando nuestro Señor aparezca sobre la Tierra, Él vendrá sobre un caballo blanco como la nieve, y será completamente Emanuel —la Palabra de Dios encarnada en un hombre”.

Si encontramos ese hombre, habremos encontrado el velo de carne donde la Palabra, el Verbo, el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo, estará manifestado en carne humana en el Día Postrero, para responder al reto del Día Postrero en el Monte de Sion, y en donde el Espíritu Santo se enfrentará al espíritu del maligno.

Ambos estarán en cuerpos de carne. El espíritu del maligno, el espíritu del diablo estará en el cuerpo del anticristo, del hombre de pecado, y el Espíritu Santo estará en el Hijo que le nace a la Iglesia del Señor Jesucristo, el Mensajero que le nace a la Iglesia del Señor Jesucristo en el Día Postrero, la Edad de la Piedra Angular.

Ahí es donde encontramos que las promesas de la manifestación de la Tercera Etapa en toda su plenitud se cumplirán por medio de esa manifestación de Cristo, el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo a través de ese Mensajero que le nace a la Iglesia del Señor Jesucristo en la Edad de la Piedra Angular, en donde la Iglesia del Señor Jesucristo está vestida del Sol.

Cristo le dará Su poder y Su autoridad; así como Él ha recibido del Padre le dará a ese Vencedor, y se manifestará ese poder por medio de ese Vencedor. Y ese es el que se sienta con Cristo en Su Trono.

Vean, el diablo le da su poder, su autoridad y su trono al anticristo, al hombre de pecado; pero Cristo le da que se siente con Él al Vencedor del Día Postrero que nace en la Iglesia del Señor Jesucristo.

Hay dos tronos: el Trono de Cristo, que es el Trono de David; y el trono del diablo, que es el trono que le da al anticristo, al hombre de pecado.

Pero por cuanto encontramos a través de la historia bíblica que hay una guerra entre dos reinos, desde dos tronos; pero el Reino de Dios y el Trono de Dios es el que permanecerá por el Milenio y por toda la eternidad.

El reino del diablo será quitado, y el diablo será echado en el lago de fuego. El diablo será atado y echado en el pozo del abismo, luego será desatado por un corto tiempo (que no sabemos cuántos años será) después que haya terminado el Reino Milenial; pero volverá a actuar mal, tratará de dar un golpe de Estado a Cristo y Su Reino, tratará de darle un golpe de Estado al Trono de David, que estará ocupado por Cristo y el Vencedor; pero no tendrá éxito.

El diablo siempre ha sido un perdedor, y seguirá siendo un perdedor. Porque toda persona que se rebele en contra de Dios es un perdedor, para comenzar. ¿Porque quién podrá con Dios, contra Dios? ¿Quién podrá vencer a Dios? Nadie.

Es un tonto el que se levante en contra de Dios. Por lo tanto, el más tonto de todos los tontos es el diablo, que se levantó en contra de Dios y Su Trono.

Y ahora, podemos ver cuál será el fin del diablo, de su reino y de su trono, y podemos ver cómo el Trono de Dios permanecerá por toda la eternidad.

Y el Trono de David será restaurado y permanecerá sobre el pueblo hebreo, gobernando sobre el pueblo hebreo; y allí estarán sentados Cristo y el Vencedor, ese Hijo de Cristo que nace por medio Su Iglesia-Novia en la etapa, la edad de Su Iglesia: esa mujer vestida del Sol, esa mujer virgen embarazada que da a luz ese Hijo varón, para Cristo sentarlo en Su Trono, darle autoridad sobre todas las naciones y reinar con Cristo por el Milenio y después por toda la eternidad.

Así que podemos ver que la bendición para ese Vencedor es grande, y para los que estarán con Él en el Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular, que es la edad en donde la Iglesia del Señor Jesucristo se viste del Sol. Ya no pertenece a las siete edades de la Iglesia, ya no está vestida de la luna, sino del Sol, la luna quedó bajo nuestros pies.

Ahora, podemos ver la bendición tan grande que hay en este tiempo final para los escogidos de Dios, en donde Cristo, el Sol de Justicia, resplandece sobre Su Iglesia y la viste del Sol, de Cristo; está vestida de Cristo, del Sol que resplandece en este tiempo final, en el cumplimiento de Su promesa para este tiempo final, en el cumplimiento de la Palabra prometida.

No hay luz fuera de la Palabra prometida siendo cumplida. Y la Palabra prometida siendo cumplida en el Día Postrero es la Luz del Sol de Justicia, porque Cristo es el Sol resplandeciendo en la Edad de la Piedra Angular y vistiendo a Su Iglesia del Sol. En nuestro tiempo tenemos la Iglesia vestida del Sol.

Y ahora, podemos ver este Hijo como individuo, que es un ángel mensajero, el último Ángel Mensajero; como Cuerpo Místico de creyentes: el grupo de la Edad de la Piedra Angular.

Ahora, hemos visto la bendición tan grande que hay para nosotros en este tiempo final; y eso es Cristo en Su Ángel Mensajero y Cristo en todos Sus escogidos de este tiempo final, para transformarnos y ser perfectos, estar a la estatura de un Varón perfecto, de Jesucristo nuestro Salvador, con cuerpos perfectos, eternos, inmortales e incorruptibles, jovencitos y glorificados, para vivir con Cristo como reyes y sacerdotes por toda la eternidad, y como jueces también, para juzgar con Cristo en Su Reino y en el Juicio Final. Porque los santos del Altísimo juzgarán al mundo, y aun a los ángeles1.

Los santos del Altísimo son los que reciben el Reino de Dios, les es restaurado el Reino de Dios a los santos del Altísimo, y por consiguiente será establecido el Reino de Dios en este planeta Tierra, conforme a como Cristo enseñó a Sus discípulos a orar cuando les dijo (entre las cosas que les enseñó a orar): “Venga Tu Reino. Hágase Tu voluntad, como en el Cielo, aquí en la Tierra”2.

También así en la Tierra será hecha la voluntad del Padre celestial, como se hace en el Cielo será hecha aquí en la Tierra durante el Reino Milenial, porque será establecida la voluntad de Dios, las Leyes Divinas estarán establecidas, y toda persona hará conforme a las Leyes Divinas; porque Dios las escribirá en el corazón y en la mente de las personas que vivirán en el Reino Milenial, así como las ha escrito en nuestro corazones y en nuestras mentes.

“Y toda la Tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar”3. Serán llenos todos del conocimiento de la gloria de Dios manifestada en el tiempo final, en el cumplimiento de la Segunda Venida de Cristo como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo. Por lo tanto, serán llenos del conocimiento de la gloria de Jehová, manifestada esa gloria de Jehová en la Luz del Día Postrero.

LA LUZ DEL DÍA POSTRERO. Eso fue la Palabra hecha carne, cumplida dos mil años atrás en toda su plenitud, la Luz resplandeciendo en toda su plenitud.

Durante las diferentes etapas o edades, a través de los profetas, la Luz, la Palabra hecha carne en esos profetas en la porción correspondiente a cada edad resplandeció en una porción; pero en Cristo resplandeció en toda Su plenitud.

Y durante las siete etapas o edades de la Iglesia, Cristo, la Luz del mundo, por medio de cada ángel mensajero ha resplandecido en la Palabra prometida para cada edad, esa porción de la Palabra prometida en cada edad y para cada edad, cumplida en el mensajero de cada edad; ha sido una porción de Cristo, la Luz del mundo. Pero para el Día Postrero resplandecerá en toda su plenitud en la Edad de la Piedra Angular, y vestirá a Su Iglesia del Sol, y quedará bajo sus pies (bajo los pies de la Iglesia) la luna, o sea, las siete etapas o edades de la Iglesia, representadas en siete etapas de la luna.

Y ahora no estamos ya en etapas de la luna sino en la etapa del Sol, que es una etapa eterna, o sea, es una manifestación para toda la eternidad.

De edad en edad, encontramos al mensajero de cada edad predicando sobre la luna (parado sobre la luna), o sea, parado en la edad correspondiente al tiempo en que él vino. Y por cuanto la Iglesia estaba representada en esa etapa de la luna (o en la luna pasando por esa etapa), el mensajero estaba parado sobre la luna, parado sobre la Iglesia representada en la luna en esa etapa.

Pero ahora para el tiempo final, por cuanto la Iglesia del Señor Jesucristo ha subido más arriba, ha subido al Sol, y está vestida del Sol, el Mensajero del Día Postrero estará predicando sobre el Sol; no estará ya en la luna, sino sobre el Sol parado predicando. Por eso el reverendo William Branham fue visto en un sueño predicando parado en el sol4; y también en el libro del Apocalipsis encontramos a un Ángel parado en el sol predicando, hablando5.

Y ahora, con la Iglesia del Señor Jesucristo vestida del Sol tenemos la Luz del Día Postrero, la Luz del Sol resplandeciendo sobre la Iglesia y vistiendo a la Iglesia del Señor Jesucristo de la Luz del Sol.

La Iglesia está vestida del Sol en este tiempo final, y por eso es que serán transformados los escogidos del Día Postrero y —por consiguiente— la Iglesia del Señor Jesucristo en la etapa del Día Postrero, la etapa en donde está vestida del Sol.

Recuerden que cuando Cristo fue transfigurado en el Monte de la Transfiguración, Su rostro resplandeció ¿cómo? ¿Como la luna? No, como el sol; porque Él estaba en la Edad de la Piedra Angular, que es la Edad del Sol, y Él era el Sol de Justicia resplandeciendo allí.

Por lo tanto, en el Monte de la Transfiguración, en donde Cristo mostró el orden de Su Segunda Venida, encontramos a Cristo transfigurado resplandeciendo Su rostro como el sol, Su cabello blanco como blanca lana, y lo encontramos con Moisés y Elías, uno a cada lado.

Por lo tanto, en la etapa o edad de la Iglesia del Señor Jesucristo que corresponde a la etapa en donde está vestida del Sol, estarán Moisés y Elías, los ministerios de los Dos Olivos manifestados en la Edad de la Piedra Angular.

Y todas las promesas que Dios ha hecho para este tiempo final para Su Iglesia, para recibir Su transformación, serán cumplidas en esta etapa de la Iglesia del Señor Jesucristo que corresponde a la Edad de la Piedra Angular, donde la Iglesia de Jesucristo es vestida del Sol, y está con dolores de parto para dar a luz el Hijo prometido.

Ahora, da a luz el Hijo prometido, primero en y con el nuevo nacimiento de ese Hijo prometido, eso es un parto espiritual, recibe un nacimiento espiritual, obtiene el nuevo nacimiento; pero luego recibirá un nacimiento físico, en donde obtendrá un cuerpo físico, eterno, inmortal, incorruptible y glorificado.

Y ahora, no solamente él recibirá ese cuerpo glorificado, sino también todos los escogidos que están en la Edad de la Piedra Angular. Por eso la Iglesia del Señor Jesucristo está con dolores de parto para dar a luz a Cristo, el Hijo prometido como Mensajero y el Hijo prometido como grupo de escogidos del Día Postrero; dar a luz a ese grupo de escogidos en cuerpos glorificados y dar a luz al Mensajero en un cuerpo glorificado también, eterno, inmortal, incorruptible y jovencito para toda la eternidad.

Cuando nos vemos ya con unos cuantos años de edad y deseamos ser jóvenes, lo que estamos deseando es ser transformados para ser jóvenes para toda la eternidad en un cuerpo glorificado; ahí es que queremos ser jóvenes, porque será para toda la eternidad.

En nuestros cuerpos mortales la juventud es temporal, y por consiguiente es nada menos que vanidad, porque es algo efímero, es algo temporal, es algo que es real por unos pocos años pero al poco tiempo desaparece esa realidad y se nos pone viejo el cuerpo.

Por eso es que es, la juventud humana, vanidad; es algo que tiene y se le escapa de las manos sin poder la persona hacer nada; porque en un cuerpo mortal, corruptible y temporal es por un tiempo la juventud y es por un tiempo la vida, para que hagamos contacto con la vida eterna y pasemos de esa etapa de vanidad a una etapa de realidad eterna, en un cuerpo inmortal, incorruptible y glorificado.

Si somos fieles estando en estos cuerpos mortales, seremos fieles en el cuerpo eterno. Si somos fieles en estos cuerpos mortales, sirviendo a Cristo, entonces tendremos la oportunidad de vivir en el cuerpo eterno, y seremos fieles también en el cuerpo eterno.

El que no es fiel en el cuerpo mortal, corruptible y temporal, que tiene juventud temporal, lo cual es vanidad, si no es fiel estando en este cuerpo temporal no puede estar en el cuerpo eterno, si no es fiel en el cuerpo de carne.

“En lo poco has sido fiel...”. ¿Ve? En este cuerpo es en lo poco, pocos años, pocas facilidades, y así por el estilo; pero en el cuerpo nuevo no será en lo poco, será en lo mucho. En este cuerpo es en lo poco, pocos años de vida y así por el estilo, poco en todo; pero en el nuevo cuerpo es plenitud, mucho.

“En lo poco has sido fiel, en lo mucho te pondré”6: años de vida interminables, por toda la eternidad, juventud interminable, poder ilimitado, un Reino glorioso, el Reino de Jesucristo, donde seremos reyes y sacerdotes por el Milenio y por toda la eternidad.

Miren, los políticos en nuestro tiempo luchan por cuatro o seis años, y la lucha que tienen es bien grande, y algunas veces ni salen elegidos; si así lucharan para buscar y servir a Cristo tendrían una bendición bien grande.

Pero la gente para servir a Cristo quieren que todo se lo faciliten, hasta que se lo lleven a la casa. Pero hay que luchar, hay que luchar para obtener las bendiciones de Dios que están prometidas para todos nosotros. Jacob luchó y obtuvo las bendiciones de Dios.

Y ahora, “al Vencedor yo le daré...”, dice Cristo. Y si es el vencedor, una persona que obtiene la victoria, que vence: tuvo una lucha; si no hay una lucha, ¿qué va a vencer?

Así que recuerden: tenemos una lucha en contra del enemigo de Dios, el diablo, el cual lucha en contra de nosotros para que nosotros no obtengamos la bendición de Cristo; pero nosotros luchamos y obtenemos la bendición de Cristo, y Cristo nos ayuda.

Y ahora, con la Luz del Día Postrero, el camino a la vida eterna está completamente alumbrado para caminar en él, trabajar en la Obra de Cristo y vivir conforme a Su voluntad, y obtener la victoria en el Amor Divino.

Hemos visto “LA LUZ DEL DÍA POSTRERO” y cómo resplandece en este tiempo final en y sobre la Iglesia del Señor Jesucristo, en la Edad de la Piedra Angular, en este Día Postrero en el cual nos ha tocado vivir a nosotros por la Gracia de Jesucristo.

Ha sido para mí una bendición y privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio de “LA LUZ DEL DÍA POSTRERO”.

Que las bendiciones de Jesucristo, la Luz del Día Postrero, sean sobre todos ustedes y sobre mí también; y se materialicen en ustedes y en mí Sus bendiciones prometidas para este tiempo final, y pronto se complete el número de los escogidos de Dios en Su Cuerpo Místico de creyentes, y pronto los muertos en Cristo sean resucitados en cuerpos eternos y nosotros los que vivimos seamos transformados, y luego llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo. En el Nombre Eterno del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Muchas gracias por vuestra amable atención, y dejo nuevamente con ustedes al reverendo Miguel Bermúdez Marín.

LA LUZ DEL DÍA POSTRERO”.

[Revisión marzo 2019]

1 1 Corintios 6:2-3

2 San Mateo 6:10

3 Habacuc 2:14

4 SPN62-1104M “Nombres blasfemos”

5 Apocalipsis 19:17

6 San Mateo 25:21, 23; San Lucas 16:10

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