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Muy buenas noches, amados y amigos hermanos presentes aquí en la hermosa ciudad de Trujillo, República del Perú. También mis saludos para todos los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; es un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

 Para lo cual leemos en el Evangelio según San Mateo, capítulo 17, versos 1 en adelante, donde dice:

“Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto;

y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.

Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.

Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías.

Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd.

Al oír esto los discípulos, se postraron sobre sus rostros, y tuvieron gran temor.

Entonces Jesús se acercó y los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis.

Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron sino a Jesús solo.

Cuando descendieron del monte, Jesús les mandó, diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del Hombre resucite de los muertos.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Tomando las palabras habladas por Dios en este pasaje, en donde Dios dijo:

“Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd.”

“AL QUE TODOS TENEMOS QUE OÍR.”

A través de la historia del ser humano, se han levantado muchas personas hablando y diciendo que tienen algo para que las demás personas lo escuchen. Así ha sido en la esfera política: cada candidato a un puesto político, tiene algo que decir a la gente para que lo elijan como la persona que ocupará la posición que estará para servir al pueblo. Así es en todos los campos en la esfera humana.

Ahora, lo importante es a quién Dios dice que tenemos que oír; porque ése trae de parte de Dios lo que todos nosotros necesitamos oír de parte de Dios. En el monte Sinaí, encontramos que Dios estuvo presente, y le habló a Moisés, y le estuvo hablando al pueblo, pero el pueblo dijo: “No hable Dios a nosotros para que no muramos, hable Dios a Moisés y Moisés nos hable a nosotros.” Y Dios dijo: “Bien han dicho,” eso está en Deuteronomio, capítulo 18, versos 15 en adelante, y lo vamos a leer para tener un cuadro claro de lo que esto significa para nosotros, capítulo 18, verso 15 en adelante, dice:

“Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis...”

Le dijo Moisés al pueblo, porque Dios le dijo a Moisés en esa forma. Dice:

“...conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera.

Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho.

Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.

Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta.”

Todo ser humano desea oír la Voz de Dios, la Palabra de Dios, para conocer el camino de Dios y obtener por consiguiente la Vida eterna. Todos queremos oír la Voz de Dios, ¿y dónde podemos encontrar la Voz de Dios, la Palabra de Dios? Ya aquí está establecido que Él pondrá Su Palabra en la boca del hombre, del profeta que Él levante de en medio de Su pueblo. Y por esa causa esta profecía se cumple plenamente en la Venida del Mesías, en donde ese profeta como Moisés, viene a ser el Mesías en Su Venida.

Aunque Dios ha hablado a través de diferentes profetas, en los cuales ha colocado Su Palabra, el profeta que cumple en toda su plenitud esta profecía es el Mesías. El Mesías tiene que ser un profeta mayor, un profeta dispensacional. Y la Venida del Mesías tiene dos partes: por eso se habla de la primera Venida del Mesías y se habla de la segunda Venida del Mesías.

En medio del Cristianismo se le llama la primera Venida de Cristo y la segunda Venida de Cristo. La primera Venida del Mesías para el Cristianismo se cumplió en Jesús, el cual nació en Belén de Judea a través de la virgen María, sin la unión de María con José o algún otro hombre: fue por creación divina. El mismo Ángel Gabriel hablándole a la virgen María en el capítulo 1 de San Lucas, cuando le apareció allá en Nazaret, vean lo que le habló, capítulo 1 de San Lucas, versos 26 en adelante, dice:

“Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,

a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María.”

José era de la casa, o sea, de la familia del rey David, un descendiente del rey David por medio o por la línea del rey Salomón. Y María era también de la casa de David, descendiente del rey David por la línea de Natán, hijo del rey David. Así que eran José y María: José un príncipe y María una princesa (aunque eran pobres), pero la pobreza no quita lo que una persona es delante de Dios.

Y ahora, por cuanto la promesa dada en Génesis, capítulo 3, verso 15, decía que la simiente de la mujer herirá en la cabeza a la serpiente (en la cual estaba el diablo), tenía que nacer a través de una mujer esa simiente, y ese sería el Mesías Príncipe que nacería a través de una mujer. Y por eso en Isaías, capítulo 7, verso 14, dice:

“He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel (que traducido es: Dios con nosotros).”

Sería Dios visitando a Su pueblo en un niño que nacería en la Tierra a través de una mujer virgen. Por lo tanto sería por creación divina que surgiría el cumplimiento de esa promesa divina.

Y ahora, veamos, cuando llegó el tiempo para cumplimiento de esta promesa, encontramos al Ángel o Arcángel Gabriel siendo enviado de la presencia de Dios para comunicarle a esta joven virgen esta buena noticia; pues todas las jóvenes tenían la esperanza de ser esa joven virgen que traería en su vientre al Mesías. Ese sería el privilegio más grande que una joven tendría en este planeta Tierra. Sigue diciendo:

“Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres (era la mujer más bendecida por Dios).

Mas ella, cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta.

Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.

Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS.

Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;

y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.

Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón.

 Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.”

Aquí tenemos la historia de cómo vino Jesús a esta Tierra, o sea, Su cuerpo físico, porque Su espíritu vino de otra dimensión. Por eso Jesús podía decir: “Antes que Abraham fuese, Yo soy,” pero Su cuerpo físico apareció en la Tierra a través del nacimiento por medio de la virgen María. Aquí en la aparición de Jesús en la Tierra, tenemos el cumplimiento de la primera parte de la Venida del Mesías. La Venida del Mesías, como les dije, tiene dos partes, por eso en medio del Cristianismo a esas dos partes se les llama: la primera Venida de Cristo y la segunda Venida de Cristo.

En la primera Venida viene como Cordero para morir como el Sacrificio de Expiación por los pecados del ser humano, para que no solamente Israel tenga un Sacrificio de Expiación por los pecados, sino todo ser humano tenga el sacrificio de Cristo, el Sacrificio de Expiación por los pecados de todo ser humano; y pueda recibirlo como su único y suficiente Salvador, y obtener el perdón de sus pecados, y con la Sangre de Cristo ser limpios de todo pecado y ser bautizados en agua en Su Nombre, y Cristo bautizarlo con Espíritu Santo y Fuego, y producir en la persona el nuevo nacimiento, y así la persona obtener la Vida eterna.

Luego Cristo, luego de morir en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por los pecados de Su pueblo, fue sepultado, luego resucitó al tercer día (un domingo muy temprano en la mañana), y luego estuvo con Sus discípulos apareciéndole en diferentes ocasiones por un lapso de tiempo de cuarenta días. En esos cuarenta días, no menos de ocho ocasiones apareció a Sus discípulos. Y Sus discípulos pensaban que era un fantasma.

El mismo día que resucitó no creían que había resucitado, y María Magdalena y las otras mujeres que lo vieron, no sabían que era Jesús. La última vez que lo habían visto antes de la resurrección, estaba todo desfigurado por la forma cruel en que lo trataron. Su aspecto humano había cambiado, pero ahora cuando resucita, resucita glorificado, y cuando la persona resucita glorificada, resucita joven representando de 18 a 21 años de edad. Así será también la resurrección para todos los creyentes en Cristo, de los cuales Cristo dijo en San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40, de la siguiente manera:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

¿Cómo va Cristo a resucitar a todos los creyentes en Él en el Día postrero? Lo primero que tenemos que entender es que esta es una promesa para los creyentes en Cristo; y lo otro que tenemos que entender es que hay un tiempo determinado por Dios, llamado el Día Postrero. “Un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día,” dice Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8 y el Salmo 90, verso 4.

Ahora, el Día Postrero delante de Dios es el séptimo milenio de Adán hacia acá. Y ya la raza humana desde Adán hacia acá, ya ha cumplido seis mil años, y ha entrado al milenio séptimo; por lo tanto ya ha comenzado el séptimo milenio conforme al calendario gregoriano, y ya lleva nueve años dentro del séptimo milenio, lo cual significa que ha entrado la raza humana al Día Postrero delante de Dios.

Así como el día postrero para los seres humanos es el sábado, el séptimo día delante de Dios, el Día Postrero es el séptimo milenio; ese es el milenio sabático delante de Dios para el Mesías traer la paz para Israel y a toda la humanidad en Su Segunda Venida. Es el tiempo para la restauración de todas las cosas.

Vean, por eso es que cuando Cristo bajó del Monte de la Transfiguración con Sus discípulos, vean lo que le preguntan a Jesús, en el mismo pasaje que leímos al principio, del verso 10 en adelante dice, (capítulo 17, versos 10 en adelante de San Mateo):

“Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?

Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas.

Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos.

Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista.”

Juan el Bautista fue el Elías de aquel tiempo, precursor de la primera Venida del Señor. Para el tiempo final tenemos la promesa que Elías vendrá y restaurará todas las cosas; o sea, será el ministerio del profeta Elías siendo repetido nuevamente en medio de la raza humana, porque el Espíritu Santo que es el que opera los ministerios en seres humanos, estará operando nuevamente el ministerio del profeta Elías, y ese ministerio es para restaurar todas las cosas. Es para el tiempo final en donde la restauración de todas las cosas se llevará a cabo.

La restauración de los creyentes en Cristo que murieron, siendo restaurados a la vida física nuevamente, con la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos nuevos, no en el mismo cuerpo que tuvieron, porque si resucitan en el mismo cuerpo que tuvieron en la Tierra volverán a morir. Será en cuerpos eternos, inmortales, glorificados; eso lo dice San Pablo en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 en adelante, donde dice:

“Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.

Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.

He aquí, os digo un misterio...”

 Este es un misterio muy grande, porque es en el Programa o Proyecto Divino, la parte en donde el ser humano subirá a lugar más alto que puede subir: a la inmortalidad física con un cuerpo eterno. Vean como dice:

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos (o sea, no todos vamos a morir); pero todos seremos transformados,

en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta (una trompeta es un mensaje de Dios para los seres humanos); porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles (o sea, serán resucitados en cuerpos incorruptibles, cuerpos eternos, cuerpos glorificados y jóvenes para toda la eternidad), y nosotros seremos transformados.”

Los creyentes en Cristo que estén vivos serán transformados:

“Porque es necesario que esto corruptible (nuestros cuerpos físicos) se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.

Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.”

Y ya se obtendrá la inmortalidad física, la juventud eterna, ¿recuerdan que los conquistadores buscaban la fuente de la juventud? Pues la fuente de la juventud es Cristo. Él es la roca que prometió dar el agua de la Vida eterna al ser humano. Por eso a la mujer samaritana le dijo que el agua que Él le daría, sería en ella una fuente que salta para Vida eterna. Eso está en San Juan, capítulo 4, verso 14. Y en San Juan, capítulo 7 versos 37 al 39, también Jesucristo hablando consciente de lo que Él es y de lo que Él tiene para el ser humano, dice de la siguiente manera, y esto fue en la fiesta de los tabernáculos, el último día de esa fiesta, dice:

“En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.

El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.”

Del mismo río de agua viva que le ofreció a la mujer samaritana, la misma agua viva.

“Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él (o sea, que está hablando esa agua viva, es el Espíritu Santo); pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.”

¿Ven? Jesús iba a ser glorificado cuando muriera y resucitara glorificado, inmortal, incorruptible y joven para toda la eternidad.

Y ahora, hay un Programa Divino, un Proyecto Divino para que el ser humano obtenga la inmortalidad, la Vida eterna, la juventud eterna. Y ese proyecto o Programa Divino lo tiene Dios por medio de Cristo, el Salvador del mundo, y por consiguiente de cada ser humano. Pero cada sr humano tiene que aceptar esa bendición tan grande que Dios tiene para el individuo.

Y ahora, en la primera Venida del Mesías Él llevó a cabo el programa de Redención, para que todo ser humano tenga el derecho y la oportunidad de obtener la Vida eterna por medio de Cristo y Su Obra Redentora en la Cruz del Calvario. Todo ser humano tiene a su disposición el Sacrificio de Expiación por los pecados, el cual Cristo efectúo en la Cruz del Calvario; ese Sacrificio, esa muerte de Cristo es el Sacrificio de Expiación por los pecados de ser humano. Y eso estaba profetizado en Isaías, capítulo 53, versos 11 en adelante, vamos a ver... 10 en adelante dice, hablando esta profecía mesiánica, hablando del Mesías, dice:

“Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.

Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos.”

Aquí podemos ver que el Mesías Príncipe tenía que morir como el Sacrificio de Expiación por los pecados del ser humano, lo cual estaba tipificado en los sacrificios que el pueblo hebreo efectuaba en el templo allá en Jerusalén, y también en el tabernáculo, cuando venían de la liberación que Dios por medio de Moisés había efectuado en Egipto. Y durante cuarenta años tuvieron el tabernáculo en donde efectuaban los sacrificios por el pecado.

Pero ahora, ya no se requieren esos sacrificios, porque el Mesías Príncipe en Su primera Venida, efectuó el Sacrificio por el pecado muriendo en la Cruz del Calvario y llevando nuestros pecados. Tan simple como eso.

Luego que Él resucitó, cuarenta días después de su resurrección subió al Cielo delante de todos Sus discípulos, y se sentó a la diestra de Dios en el Cielo, en el Trono de Dios; y ha estado allí como Sumo Sacerdote en el Templo celestial haciendo intercesión por todos los que le reciben como su único y suficiente Salvador.

Aunque en Jerusalén ya no hay sacrificios de animalitos por el pecado del ser humano, porque ya pasó el tiempo de esos sacrificios, con el Sacrificio de Cristo ya se efectúo un Sacrificio perfecto en favor de todo humano.

Y ahora, es en el Templo celestial donde está el Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec, el cual es Jesucristo, haciendo intercesión por toda persona que lo recibe como su único y suficiente Salvador. Y con Su Sangre Cristo lo limpia de todo pecado, y lo mantiene limpio todos los días de su vida; pues si comete alguna falta, error o pecado, lo confiesa a Cristo y Cristo lo limpia con Su Sangre de todo pecado; o sea, que Cristo mantiene limpio al creyente con Su Sangre.

Y ahora, todo eso que está en la Escritura, es lo que se ha estado cumpliendo. Cuando se complete el número de los que han de ser salvos, de los que han de vivir eternamente, de los que han de ser parte de la Iglesia del Señor, que están representados en las ovejas del Padre que le han sido dadas a Cristo, de las cuales Cristo dijo: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” (San Lucas, capítulo 19 verso 10; y San Mateo, capítulo 18, versos 11 al 14). Él vino a buscarme y a salvarme, ¿y a quién más? A cada uno de ustedes también.

Ahora, el cuerpo físico suyo es de aquí de la Tierra, pero usted vino de otro mundo, de otra dimensión; usted vino, y yo también, de donde vino Jesús: del Cielo. Estábamos con Dios eternamente.

Y ahora, en el Programa de la Redención, es el programa para restaurar esas almas de Dios al Reino de Dios. Luego cuando se complete el número de todos esos hijos e hijas de Dios, se complete ese número en la Iglesia del Señor Jesucristo, Cristo habrá terminado Su Obra de intercesión en el Cielo, y entonces sale del Trono de intercesión y ya no es más el Sumo Sacerdote, cambia a Rey, el Cordero cambia a ser el León de la Tribu de Judá.

Como León es el Rey de reyes y Señor de señores. Y entonces, comienza la parte correspondiente a la Venida del Señor, la segunda parte, llamada la segunda Venida del Señor como León, como Rey y como Juez. Por lo tanto, antes que Él cambie de Cordero a León, de Sumo Sacerdote a Rey, todo ser humano que desea vivir eternamente necesita recibir a Cristo como su único y suficiente Salvador.

Cristo dijo: “El que cree en mí como dice la escritura...” usted no puede creer en Cristo como usted desee creer, o como usted piense, tiene que ser como dice la Escritura. Dice que “ríos de agua viva correrán de su interior, de su vientre, hablando del Espíritu Santo que recibirán todos los creyentes en Él.”

Y ahora, se requiere que toda persona que vivirá eternamente, toda persona que está identificada en la Escritura como los hijos e hijas de Dios, representados en el trigo, que son los hijos del Reino, representados en las ovejas del Padre de las cuales Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi voz y me siguen.” ¿Ven? Y Dios, el Padre, en el Monte de la Transfiguración dijo: “Éste es mi hijo amado, a Él oíd.”

¿Quiénes escucharán la Voz de Jesucristo? Las ovejas del Padre, las ovejas que le son dadas a Cristo y por eso Cristo las llama “Mis ovejas.” “Mis ovejas oyen mi voz y me siguen.”

¿Y cuál es la Voz de Cristo? El Evangelio del Señor Jesucristo siendo predicado. Por eso es que ustedes están aquí presentes en esta ocasión, y también los que están a través del satélite Amazonas o de internet escuchando la predicación del Evangelio de Cristo, lo cual es la Voz de Jesucristo, el Hijo amado de Dios. Y por eso es que la fe de Cristo ha nacido en vuestra alma, en vuestro corazón, porque la fe viene por el oír la Palabra, el Evangelio de Cristo, “y con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación,” para la persona obtener la salvación y Vida eterna, y asegurar así su futuro con Cristo en Su Reino eterno.

Por lo tanto, se predica el Evangelio de Cristo conforme a la orden divina, la orden de Cristo, que dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

Yo escuché la predicación del Evangelio Cristo y nació la fe de Cristo en mi alma, y creí en Cristo de todo corazón, y lo recibí como mi único y suficiente Salvador dando testimonio público de mi fe en Cristo. Y Él me recibió, me perdonó, con Su Sangre me limpió de todo pecado, fui bautizado en agua en Su Nombre y Él me bautizó con Espíritu Santo y Fuego y produjo en mí el nuevo nacimiento, nací en Su Reino. Y ahora, tengo Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Pero esto no es solamente para mí, ¿para quién más? Para ustedes también; es para todos los que escuchan el Evangelio de Cristo, nace la fe de Cristo en su alma y lo reciben como su único y suficiente Salvador. Y así aseguran su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno. Y si mueren físicamente no tienen ninguna preocupación, saben que van a ir al Paraíso donde están todos los santos que han partido en tiempos pasados. Y saben que en el Día Postrero, en el tiempo en que se complete Su Iglesia, Él va a resucitar a todos los creyentes que murieron físicamente, y a los que estén vivos los va a transformar. Y entonces seremos todos inmortales físicamente, con cuerpos glorificados, como el cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador, y jóvenes para toda la eternidad.

Estaremos en la flor de la juventud, que es de 18 a 21 años de edad. Eso es lo que Cristo tiene para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo, y por consiguiente no ha asegurado su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted. Ya usted estuvo escuchando la Voz de Cristo conforme a como Dios dijo: “Este es mi Hijo amado en quien tengo complacencia a Él oíd.” Hemos estado escuchando la Voz de Cristo, el Evangelio de Cristo; y ahora puede venir a los Pies de Cristo para que Cristo lo reciba como su único y suficiente Salvador. No hay otro Salvador. Yo no lo puedo salvar a usted, solamente hay un Salvador y Su Nombre es: SEÑOR JESUCRISTO.

Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, pues Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los Cielos.” En todas las naciones pueden también continuar viniendo todos los que están en diferentes naciones a través del satélite Amazonas o de internet, para que Cristo les reciba en Su Reino.

El Reino de Cristo es un Reino con Vida eterna, por lo tanto todos queremos vivir en Su Reino por toda la eternidad. Cristo dijo: “Yo he venido para que tengáis vida, Vida eterna, vida en abundancia.” Vida en abundancia es Vida eterna; en abundancia, que nunca se acaba.

También le dijo a Marta, la hermana de Lázaro, cuando fue a resucitar a Lázaro que ya tenía cuatro días de haber muerto, y estar ya sepultado le dice: “Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí aunque esté muerto vivirá, y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente.”

Y le pregunta a Marta: “¿Crees esto?” Marta le dice: “Si, Señor.” Y nosotros decimos lo mismo: “Si Señor, nosotros creemos lo que Tú has dicho, creemos que Tú eres la resurrección y la vida, y creemos que el que cree en Ti, aunque muera físicamente, no morirá eternamente, va a ser resucitado en un cuerpo eterno y glorificado.” Es la promesa de Cristo.

Todavía vienen más personas que como ustedes quieren entrar al Reino de Dios, quieren vivir eternamente con Cristo en Su Reino. Todos ustedes que están escuchando en esta ocasión el Evangelio de Cristo, ustedes que están presentes y lo que están en otras naciones, tienen sus nombres escritos en el Cielo, y esa es la buena noticia para ustedes, que el nombre de ustedes está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida. Por eso Cristo dijo: “El que es de Dios, la voz de Dios oye.” Por eso han estado ustedes escuchando la Voz de Cristo, la Voz de Dios, que es el Evangelio de Cristo. Él dijo: “Mis ovejas oyen mi voz y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna.” (San Juan, capítulo 10, verso 27 al 30).

Es para recibir la Vida eterna que se predica el Evangelio, y lo recibimos a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador. Para obtener la Vida eterna es sencillo: recibiendo a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador, creyendo en Cristo. Lo difícil lo hizo Cristo, lo más sencillo, más fácil nos toca a nosotros. Lo difícil no lo podíamos hacer nosotros, solamente podía hacerlo una persona perfecta, y ese fue Jesucristo nuestro Salvador.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo. Cristo tiene mucho pueblo aquí en la ciudad de Trujillo, República del Perú, y en toda la República del Perú, y los está llamando en este tiempo final. Y podemos decir que el Reino de Cristo se está llenando de peruanos; y esa es una bendición para el Perú. Y también se está llenando de muchos latinoamericanos que en estos momentos están recibiendo a Cristo en otras naciones.

Cristo dijo en una ocasión, que cuando un pecador se arrepiente hay gozo en el Cielo, así que el Cielo está con gozo, porque ustedes están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Y hay gozo en todos los que ya han recibido a Cristo, al verlos a ustedes recibiendo a Cristo como vuestro único y suficiente Salvador.

En una ocasión los discípulos habían recibido la orden de ir predicando y sanando enfermos; y cuando regresaron, luego de cumplir el mandato de Cristo, le dicen a Cristo muy contentos, llegaron con gozo donde Cristo, y le dicen: “Señor, aun los espíritus malos se sujetan a nosotros en tu nombre.” O sea, les ordenaban que salieran de las personas y salían. Cristo les dice: “Nos os alegréis en que los espíritus os sujetan a ustedes en mi nombre, gozaos de que vuestros nombres están escritos en el cielo.”

Y ahora, yo les digo: Vuestros nombres están escritos en el Cielo, es motivo de gozo para mí verlos venir a los Pies de Cristo. Hay gozo en el Cielo, y hay gozo en vuestro corazón porque vuestros nombres están escritos en el Cielo. Y aunque alguno de ustedes no lo sabían, ahora lo están sabiendo. Cristo dijo que Él llamaría a Sus ovejas por su nombre. Él me conoce a mí, le conoce a usted desde antes de la fundación de este planeta Tierra.

Por lo tanto, ahora ha llegado el tiempo de Él llamarnos a Su Reino; y ahora usted le ha tocado en el Programa Divino.

Todavía continúan viniendo más personas, por eso he estado dando unos minutos en lo que llegan. En las demás naciones pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo. Ya vamos a orar por todas las personas que han estado recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Algunas veces hay personas tímidas y les da timidez venir a los Pies de Cristo, porque piensan que los van a estar mirando y se sienten tímidos, pero recibir a Cristo es recibir a la persona más importante, no solamente de la Tierra, sino del Cielo; Él es la persona más importante.

¿Cómo se sentiría usted recibiendo al presidente su nación en su casa? Feliz, no estaría avergonzado sino feliz, agradecido por esa visita. Cuánto más recibiendo a Cristo acá en nuestra alma, felices y agradecidos a Dios por el privilegio de recibirlo en nuestra alma, en nuestro corazón. Ya vamos a orar por todos ustedes, vamos a levantar nuestras manos al Cielo, a Cristo, y con nuestros ojos cerrados todos los que están presentes y los que están en otras naciones, los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos, repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por mis pecados y por los de todo ser humano. Creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados, y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino, quiero nacer a y en la Vida eterna, quiero vivir Contigo en Tu Reino por toda la eternidad. Señor, sálvame; Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible, porque Cristo dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado será salvo.” Y la pregunta de ustedes es: “¿Cuándo me pueden bautizar?”

El agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado. El bautismo en agua es tipológico, es un mandamiento del Señor Jesucristo. El mismo Cristo fue bautizado en agua por Juan el Bautista. Juan no lo quería bautizar, pero Cristo le dice: “Deja, nos conviene cumplir toda justicia.” Y si Jesús tuvo que ser bautizado para cumplir toda justicia, cuánto más nosotros.

Aun los apóstoles del Señor Jesucristo fueron bautizados por Juan el Bautista. Y luego cuando Cristo predicaba, los que creían eran bautizados por los apóstoles. Y así ha sido todo el tiempo en medio del Cristianismo.

Por lo tanto, en el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo. Y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida en el Reino eterno de Jesucristo nuestro Salvador; o sea, resucitando a la Vida eterna.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de nuestro amado Señor Jesucristo.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión. Dejo al ministro reverendo Humberto Balbín, para que les indique hacia dónde dirigirse para colocarse las ropas bautismales. ¿Hay ropas bautismales y agua? Hay ropas bautismales y bautisterios, por lo tanto él les indicará hacia dónde dirigirse para colocarse las ropas bautismales y ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

En las demás naciones también pueden ser bautizados en estos momentos, para lo cual dejo también al ministro correspondiente en cada lugar y nación que están conectados por el satélite Amazonas o de internet en estos momentos con esta actividad.

Y que Dios les bendiga grandemente a todos, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de nuestro amado Señor Jesucristo, del cual el Padre dijo: “Este es mi hijo amado en quien tengo complacencia, a Él oíd.”

Hemos escuchado a Cristo, Su Voz, Su Evangelio y lo hemos recibido porque Él dijo: “A Él oíd,” hemos escuchado Su Evangelio y hemos hecho como Él ha dicho que hagamos.

Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando todos una noche feliz llena de las bendiciones de Jesucristo nuestro Salvador.

Con nosotros el reverendo, doctor Humberto Balbín para indicarles hacia dónde dirigirse y colocarse las ropas bautismales, y ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Pasen todas muy buenas noches.

“AL QUE TODOS DEBEMOS OÍR.”

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Barrio Monte Llano
Cayey, Puerto Rico
00736

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