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Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes; es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo, con ustedes que están presentes y con los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes.

Para esta ocasión les expreso mi aprecio y agradecimiento por todo lo que están haciendo por el proyecto de La gran Carpa-Catedral en Puerto Rico, y también por lo que han estado haciendo y están haciendo por AMISRAEL. Que Dios les bendiga y les continúe usando grandemente en esos proyectos tan importantes del Programa Divino.

Para esta ocasión leemos en San Lucas, capítulo 17, verso 22 en adelante:

“Y dijo a sus discípulos: Tiempo vendrá cuando desearéis ver uno de los días del Hijo del Hombre, y no lo veréis.

Y os dirán: Helo aquí, o helo allí. No vayáis, ni los sigáis.

Porque como el relámpago que al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro, así también será el Hijo del Hombre en su día.

Pero primero es necesario que padezca mucho, y sea desechado por esta generación.

Como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del Hombre.

Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que entró Noé en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos.

Asimismo como sucedió en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban;

mas el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos.

Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Tomamos el verso 24, dice:

“...Así también será el Hijo del Hombre en su día.”

“EL DÍA DEL HIJO DEL HOMBRE.” “EL DÍA DEL HIJO DEL HOMBRE.”

Si Cristo habla del día del Hijo del Hombre, hay un día, y hay que saber cuál es ese día, a qué se refiere cuando nos habla del día del Hijo del Hombre, ya que la promesa de parte de Dios para Su pueblo, para Su Iglesia y para el pueblo hebreo es la Venida del Hijo del Hombre, para un tiempo que será como el tiempo de Noé y como el tiempo de Lot.

En el tiempo de Noé encontramos que hubo un hombre, un profeta dispensacional llamado Noé, al cual Dios le hablaba, al cual Dios le reveló lo que iba a suceder, o sea, del juicio divino que vendría sobre la raza humana, porque la humanidad se había multiplicado y la situación del ser humano era contraria al Programa Divino, y la Tierra estaba llena de violencia, así como está en nuestro tiempo.

Pero hubo un profeta mayor, un profeta dispensacional el cual conocía a Dios, el cual ofrecía a Dios el sacrificio por el pecado, y el cual temía a Dios y el cual halló gracia delante de Dios, era perfecto delante de Dios; y Dios le reveló Su Programa que sería llevado a cabo de juicio divino sobre la raza humana, el mundo antediluviano; “porque no hará nada el Señor, sin que antes revele sus secretos (¿a quién?) a Sus siervos, Sus profetas,” dice Dios en Amós, capítulo 3, verso 7.

Por lo tanto, todo lo que Dios ha de hacer, primero lo revela a Sus profetas, y Sus profetas al pueblo de Dios. Por eso es que tenemos la Biblia, la cual es la revelación de Dios dada por medio de los profetas a Su pueblo.

Y ahora, nos habla Dios por medio de Jesucristo y por medio del Apocalipsis, del día del Hijo del Hombre. El Hijo del Hombre siempre cuando se manifiesta, eso es Dios en un hombre, en un profeta velado y revelado, porque el título de Hijo de Hombre pertenece a profeta, es título de profeta, el título de Hijo de Hombre.

Por eso Cristo usaba el título de Hijo de Hombre, porque era profeta, pero no solamente Cristo usó el título de Hijo del Hombre, sino vean ustedes también lo que Dios le dice al profeta Ezequiel en el capítulo 37, verso 1 en adelante, donde dice:

“La mano de Jehová vino sobre mí, y me llevó en el Espíritu de Jehová, y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos.

Y me hizo pasar cerca de ellos por todo en derredor; y he aquí que eran muchísimos sobre la faz del campo, y por cierto secos en gran manera.

Y me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos?...”

Ahora, vean cómo aquí Dios le dice a Ezequiel: Hijo de Hombre:

“...Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos?...”

¿Por qué le dice Hijo de Hombre? Porque es un profeta, ese es un título que se usa y se aplica a los profetas:

“Y me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos ? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes.

Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová.

Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos : He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis.”

Ahora, ustedes encontrarán aquí en el libro del profeta Ezequiel que en diferentes ocasiones Dios le llama a Ezequiel, Hijo de Hombre; vean, también en este mismo capítulo 37, verso 15 en adelante, dice:

“Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:

Hijo de hombre, toma ahora un palo, y escribe en él: Para Judá, y para los hijos de Israel sus compañeros. Toma después otro palo, y escribe en él: Para José, palo de Efraín, y para toda la casa de Israel sus compañeros.”

Y también otros libros de diferentes profetas, también encontraremos que Dios llama a esos profetas en algunas ocasiones, Hijo de Hombre, porque es título de profeta que Dios usa para con sus profetas.

Ahora, siempre que se lleva a cabo la manifestación del Hijo del Hombre en la Tierra, está un profeta en la escena, al cual Dios le habla, y a través del cual Dios se manifiesta a Su pueblo.

Por lo tanto, el día del Hijo del Hombre, o sea, el día en que Dios estará en un hombre velado y revelado a través de ese hombre hablándole a Su pueblo, ese día del Hijo del Hombre es el día del Señor, del cual nos habla Apocalipsis, capítulo 1, versos 10 al 11, al cual Juan el apóstol fue transportado en el espíritu, y nos dice de la siguiente manera, y vamos a leerlo para que tengamos un cuadro claro de ese gran día. Apocalipsis, capítulo 1, verso 10 al 11, dice:

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último. Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia: a Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea.

Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro,

y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro.

Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego;

y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas.

 Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza.

Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último;

y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.

Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas.

El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias.”

O sea, que en esta visión que tiene Juan, él está viendo todos los tipos y figuras de las cosas que han de ser; por ejemplo, las siete estrellas son los siete ángeles mensajeros de las siete etapas de la Iglesia entre los gentiles; y los siete candeleros son las siete Iglesias.

Por eso aquí mismo en Apocalipsis, capítulo 13, verso 4, dice:

“Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante de su trono.”

Y los siete espíritus es nada menos que el Espíritu de Dios en los siete ángeles mensajeros, son los siete mensajeros a través de los cuales Dios recorre toda la Tierra, pues de eso nos habla Apocalipsis, en el capítulo 4 y el capítulo 5, cuando nos habla acerca de estos espíritus que están delante del Dios de toda la Tierra.

Ahora, estamos hablando del día del Hijo del Hombre. El Señor en una ocasión allá en San Mateo, cuando Él estaba un día sábado con sus discípulos y sanaba los enfermos; y también en otras ocasiones los discípulos tomaban de las espigas de trigo y comían, y los fariseos, los judíos veían a los discípulos haciendo esto, y le decían: “No pueden estar haciendo eso porque hoy es sábado.”

Ahora, Cristo vean lo que dice en una ocasión aquí en el capítulo 12 de San Mateo, con relación al sábado, para que tengamos un cuadro claro de lo que será el día del Hijo del Hombre. Capítulo 12, verso 8 de San Mateo... este es el día en que los discípulos están tomando, recogiendo las espigas y comiendo los granos de trigo.

No sé si algunos recuerdan cuando éramos muchachitas y muchachitos que en el campo en donde habían frutas, agarraban ahí mismo sin lavarlas ni nada, y comían, pues así están haciendo los discípulos, porque cuando uno tiene hambre, de lo que hay de comer agarra, come en lo que viene la cena o el almuerzo.

Y ahora, dice capítulo 12, verso 8:

“Porque el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo.”

Es Señor ¿de qué? Del sábado que es el día de reposo. De esto también en San Marcos, capítulo 2, verso 28, nos habla diciendo:

“Por tanto, el Hijo del Hombre es señor aun del día de reposo.”

Y en San Lucas, capítulo 6, verso 5, también tenemos el mismo mensaje de parte de Cristo. Dice... esto es la misma ocasión en que los discípulos recogían de las espigas:

“Y les decía: El Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo.”

El día de reposo, el sábado en el Antiguo Testamento (y todavía se guarda en medio de los judíos), es llamado el día del Señor, el día de reposo, y ese día no se puede hacer nada, es el día del Señor para los que guardan la Ley, pero el Señor es Señor de ese día, Señor del sábado. Ese día representa al Día Postrero, representa al séptimo milenio de Adán hacia acá, porque el séptimo milenio es el milenio sabático, es el milenio donde el Hijo del Hombre establecerá Su Reino; y como fue en los días de Noé, como fue en los días de Lot, así será ese tiempo en donde la humanidad habrá llegado a su final, en donde el trigo y la cizaña han llegado al tiempo de la cosecha.

Y así como la cizaña del tiempo de Noé fue echada en el diluvio y murieron todos, excepto Noé y su familia, y en el tiempo de Lot la cizaña de Sodoma y Gomorra fue quemada por fuego que cayó del Cielo, el cual los Arcángeles Gabriel y Miguel tuvieron intervención, pues ellos le dijeron a Lot: “Hemos venido para destruir esta ciudad.” Así que, en los juicios divinos, aparecen Gabriel y Miguel para ejecutar la orden divina.

Ahora, “como fue en los días de Noé y como fue en los días de Lot, así será el día en que el Hijo del Hombre se manifestará, se revelará.” En aquel tiempo estaban los Arcángeles Gabriel y Miguel. Por eso es que Cristo en San Mateo, capítulo 16 hablándonos de la Venida del Hijo del Hombre, nos dice en San Mateo, capítulo 16, versos 26 en adelante:

“Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.”

Aquí nos habla de la Venida del Hijo del Hombre y es para recompensar a cada uno según sus obras; por lo tanto, estarán los Arcángeles Gabriel y Miguel en la escena para ejecutar las órdenes divinas. Sigue diciendo:

“De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.”

La Escritura nos habla mucho de la Venida del Hijo del Hombre, de la Venida del Hijo del Hombre en Su Reino, nos habla mucho del día del Hijo del Hombre, el día como milenio es el séptimo milenio llamado el Día Postrero por Cristo, es el día en que Cristo resucitará los muertos creyentes en Él y a los que están vivos creyentes en Él los transformará.

Por eso es que Cristo en San Juan, capítulo 6, nos dice de la siguiente manera, versos 39 en adelante:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.”

Ahí tenemos el día en que Cristo va a resucitar a los muertos creyentes en Él y a transformar los creyentes que estarán vivos. Ya sabemos que es para el Día Postrero porque ése es el día del Hijo del Hombre, en que el Hijo del Hombre se manifestará:

“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

La voluntad de Dios es que tengamos Vida eterna. La voluntad de Dios es que todo aquel que vea al Hijo y crea en Él tenga Vida eterna: “Y yo le resucitaré (¿cuándo dice?) En el Día Postrero.” Y en San Juan, capítulo 11, verso 21 en adelante cuando Cristo fue a resucitar a Lázaro, dice capítulo 11, verso 21 en adelante de San Juan:

“Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.

Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará.

Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.

Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.”

Marta sabía en qué día iba a efectuarse la resurrección. Cuando se dice el Día Postrero, no se refiere a un día de 24 horas, se refiere al milenio postrero, milenio postrero delante de los hombres que para Dios es el Día Postrero, “porque un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día.” (Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8; y el Salmo 90, verso 4).

Así que, cuando transcurren mil años entre los seres humanos, delante de Dios solo ha transcurrido un día; de Cristo hacia acá han transcurrido dos mil años, dos milenios, pero delante de Dios dos días (son dos días proféticos).

Ahora, eso lo vamos a ver en Oseas, capítulo 6, verso 1 al 3. Pero continuemos aquí para concluir aquí esta lectura, dice:

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

(Ella le contesta) Le dijo: Sí, Señor (y nosotros decimos: “Sí Señor, también nosotros lo creemos) yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo (y también nosotros así lo creemos).”

Ahora, hemos visto que la resurrección es para el Día Postrero, y el Día Postrero delante de Dios es el séptimo milenio, y los días postreros delante de Dios son el quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio. Por eso San Pablo y San Pedro podían decir que aquellos días en los cuales Jesucristo tuvo Su ministerio y también en los cuales el Espíritu Santo vino el Día de Pentecostés eran los días postreros, estaban ya los días postreros en medio del pueblo hebreo y por consiguiente en medio de la raza humana, los días postreros delante de Dios.

Así como los días postreros para los seres humanos son: quinto día, que es el jueves, sexto día que es el viernes y séptimo día que es el sábado, esos son los tres días postreros de la semana para los seres humanos, los cuales son tipo y figura del quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.

Ahora, en Oseas, capítulo 6 veamos cómo aquí se aplican estos días a tiempos de mil años. Oseas, capítulo 6, verso 1 al 3, dice:

“Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará.

Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él.”

Vean, la resurrección es para el tercer día, tercer día de Cristo hacia acá, o sea, tercer milenio de Cristo hacia acá o tercer milenio de los tres milenios postreros, de los días postreros delante de Dios, el tercero que delante... para los hombres es el tercer milenio de Cristo hacia acá o séptimo milenio de Adán hacia acá. Dice:

“Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará...”

Por eso también la resurrección de Cristo tenía que ocurrir al tercer día para guardar el tipo y figura. La resurrección para los muertos en Cristo será en el tercer día de Cristo hacia acá o séptimo milenio de Adán hacia acá. Ese es el Día Postrero delante de Dios. Sigue diciendo:

“...en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él.”

La resurrección es a vida, para vivir, y esta resurrección de los muertos en Cristo es para vivir físicamente por toda la eternidad, con un cuerpo eterno, inmortal, incorruptible y glorificado, como el cuerpo glorificado de nuestro amado Señor Jesucristo, cuerpo que yo necesito lo más pronto posible, porque ya el que tengo, ya se está poniendo muy avanzado en edad, pero puede llegar a muchos años, pero no quiero llegar a tantos años, prefiero el nuevo, porque en el nuevo el tiempo no cuenta, no se pone viejo el cuerpo nuevo.

Miren, Jesucristo está tan joven como cuando subió al Cielo, y en ese cuerpo nuevo, eterno, inmortal, incorruptible y glorificado, que es para vivir eternamente, se mantiene joven representando siempre de 18 a 21 años de edad.

Ahora, veamos a continuación lo que dice:

“Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová...”

Para el pueblo hebreo como nación, una resurrección de la nación hebrea resucitará al Reino de Dios, al Reino de David, el Reino de David será restaurado y en ese Reino Israel como nación vivirá delante de Dios, porque ese es el Reino de Dios en la Tierra, y el Trono de David es el Trono de Dios terrenal, al cual es heredero el Mesías Príncipe, Cristo. El Ángel Gabriel le dice a la virgen María que “Dios le dará el Trono de David su Padre, y reinará sobre la casa de Israel para siempre.” (San Lucas, capítulo 1, versos 30 al 36). Ahora dice:

“Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová (o sea, el Señor)...”

En esa resurrección se entra a una etapa de conocimiento que va aumentando, aumentando hasta que se llega al completo conocimiento del Dios de Israel, eso es así para la nación hebrea (para Israel como nación) y para cada creyente en Cristo en el cuerpo eterno. Es que se llegará al conocimiento máximo de Dios, se conocerán todas las cosas, no habrá limitaciones. Dice:

“...como el alba está dispuesta su salida...”

O sea, como la mañana; y por la mañana nace un nuevo día para la naturaleza y para los seres humanos y para todo lo que está en la Tierra, y así nacerá un nuevo día, nuevo día milenial y nuevo día dispensacional, nuevo día de la Dispensación del Reino para el establecimiento del Reino de Dios en la Tierra, que será la restauración del Reino de David. Dice que será como el alba, así como la mañana surge para darle al ser humano un nuevo día. Dice:

“...y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra.”

Y venir como la lluvia, esto es venir con el Evangelio del Reino y con el Evangelio de la Gracia, esa será la identificación del que Israel está esperando.

Ahora miren, Malaquías, capítulo 4... aquí hemos visto que dice que vendrá... dice: “Como el alba está dispuesta su salida,” en Malaquías, capítulo 4, verso 2, dice:

“Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia...”

Lo mismo, si nace el sol de justicia, entonces viene un nuevo amanecer para el pueblo hebreo como nación. “Como el alba está dispuesta su salida,” dice Oseas, capítulo 6, y Malaquías, dice:

“Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada.”

Durante el Reino milenial la alegría será tan grande como la es en los becerritos de la manada; ustedes los ven siempre brincando muy felices, así estarán los hijos de Dios en el glorioso Reino Milenial. Ahora el verso 5 de aquí de Malaquías 4, dice.

“He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible...”

O sea, antes que venga ese momento de la gran tribulación, antes que llegue ese momento en que comience el Reino Milenial, todo eso antes del Reino y antes de la gran tribulación que antecede al Reino: “yo os envío al profeta Elías.” dice.

“...antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.

El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.”

Antes de Dios herir la Tierra con la maldición que caerá en esos tres años y medio de la gran tribulación, antes de eso, Elías en el ministerio de Elías, los dos Olivos, Moisés y Elías, estarán aquí en la Tierra.

¿Dónde van a surgir primero? En medio del Cristianismo, en medio de la Iglesia del Señor y después con los judíos, por lo tanto, la presencia de Dios en Espíritu Santo estará operando esos ministerios en el velo de carne que Él tenga en esta Tierra en medio de Su pueblo, en medio de Su Iglesia y después en medio del pueblo hebreo, porque con esa manifestación del Espíritu de Dios operando esos ministerios, Dios obrará en medio del Cristianismo y en medio del judaísmo.

Con los gentiles y con los hebreos, Dios obrará operando esos ministerios de los dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías, esos son los ministerios que aparecen en Zacarías, capítulo 4, versos 1 al 14, los dos Olivos y las dos ramas de olivo, y cuando Zacarías pregunta al Ángel qué significan estas dos ramas de olivo, el Ángel le dice: “¿No lo sabes?” Zacarías le dice: “Señor, no,” él le dice: “Estos son los dos ungidos que están delante de la presencia de Dios.”

En el Cielo son Gabriel y Miguel, en la Tierra son los ministerios de Moisés y Elías que estarán siendo operados en un hombre, en un Hijo del Hombre, en un profeta. Recuerden que Hijo del Hombre es profeta, título de profeta.

Por lo tanto, ahí estaremos viendo los ministerios de Moisés y Elías y también el ministerio de Jesús siendo operado por el Espíritu Santo, el mismo Espíritu Santo que estuvo en los profetas, el mismo Espíritu Santo que envió Moisés a libertar al pueblo hebreo y que a través de Moisés lo libertó; el mismo Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, que estuvo velado en carne humana en el velo de carne llamado Jesús, y luego del Día de Pentecostés en adelante ha estado en medio de Su Iglesia; habló a través de San Pedro y a través de los demás apóstoles, a través de San Pablo y a través de los diferentes mensajeros de las diferentes etapas o edades de la Iglesia, porque Él ha estado en medio de Su Iglesia todo el tiempo, pues Él dijo: “He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” San Mateo, capítulo 28, versos 16 al 20.

 Él ha estado, Cristo, el Ángel del Pacto, en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, Él ha sido el que ha estado hablando en medio de Su Iglesia, por eso dice en el libro del Apocalipsis, en cada carta a cada Iglesia, dice al final: “El que tiene oídos para oír, oiga lo que el Espíritu Santo dice a las Iglesias.”

Es la Voz de Cristo por medio de Su Espíritu hablando de edad en edad por medio de cada ángel mensajero, ese es el mensaje de Dios por medio de Su Espíritu a Su Iglesia en cada una de las etapas de Su Iglesia. Y para el Día Postrero, Cristo, el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo, estará hablándole a Su Iglesia luego de las siete edades, en la etapa de la Edad de la Piedra Angular, en y a través del velo de carne que Él tenga en el Día Postrero, en el día del Señor, que es el séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá, ese es el Día Postrero y ese es el día del Señor, y ese es el día del Hijo del Hombre en el cual el Hijo del Hombre se manifestará, se revelará, lo cual será Cristo en Espíritu Santo manifestándose en medio de Su Iglesia por medio del instrumento que Él tenga en medio de Su Iglesia en el Día Postrero. Tan sencillo como eso.

Pero el velo de carne que Él tenga no será el Señor Jesucristo, tampoco será Moisés y tampoco será Elías, será un hombre del Día Postrero en medio de la Iglesia y de la Iglesia, a través del cual Cristo en Espíritu Santo operará esos ministerios.

Por lo tanto, no lo vamos a confundir ni con Elías, ni con Moisés ni con Jesús. Todos sabremos que será un creyente en Cristo, en el cual estará Cristo en Espíritu Santo operando esos ministerios, será el mensajero del Día Postrero de la etapa de la Edad de la Piedra Angular.

Por lo tanto, no estaremos con fanatismos, sino con realismo, siendo personas realistas y reconociendo que no será Jesucristo, ni será Moisés, ni será Elías, sino que será el Espíritu Santo en él operando esos ministerios. Tan simple como eso. Y todo eso para bendición de los escogidos, de los miembros de la Iglesia de Jesucristo, para por medio de esa manifestación el Espíritu Santo darnos la fe para ser transformados y raptados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, y para el llamado de ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu.

A través de esos ministerios operados por el Espíritu Santo será que así como los judíos trajeron el Evangelio a los gentiles, esto fue por medio del Espíritu Santo operando el ministerio en Pedro y en San Pablo; San Pedro en la casa de Cornelio trajo el Evangelio a los gentiles, porque Cornelio era un gentil romano, y luego San Pablo a los de Asia Menor trayendo el Evangelio; así también será que el Evangelio retornará a los hebreos por medio de los ministerios de los dos Olivos, por medio de los ministerios de Moisés y Elías operados por el Espíritu Santo en el velo de carne que Él tenga en el Día Postrero.

Y así será el día en que el Hijo del Hombre se manifestará, así será en el día en que el Señor, el Espíritu Santo se manifestará por medio de un velo de carne, por medio de un profeta, por medio de un Hijo del Hombre que estará en la Tierra viviendo en el Día Postrero, un profeta mensajero dispensacional que tendrá las dos conciencias juntas y podrá ver todo lo que Dios le dé a conocer y transmitirlo a Su pueblo, a la Iglesia primeramente y después al pueblo hebreo.

Así que, podemos ver el misterio del día del Hijo del Hombre. No es un día de 24 horas, es un milenio, el milenio postrero, el séptimo milenio de Adán hacia acá, o tercer milenio de Cristo hacia acá; y como dispensación es la séptima dispensación, séptimo día dispensacional, la Dispensación del Reino, que es la séptima dispensación.

Y por cuanto el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo, del sábado, del séptimo día, el Hijo del Hombre es Señor del séptimo milenio y es Señor de la séptima dispensación, para establecer Dios por medio de... Su Reino en ese Día Postrero, en ese séptimo día milenial, y en ese séptimo día dispensacional. Es todo sencillo.

Y ahora, podemos ver lo sencillo que es todo el Programa Divino, por eso es que la Escritura nos dice que el Hijo del Hombre viene ¿con quién? Con Sus Ángeles, viene con los ministerios de Moisés y Elías para operarlos y para hacer la obra que esos ministerios están llamados a realizar.

“EL DÍA DEL HIJO DEL HOMBRE.”

Y ahora, podemos decir que ya estamos en el Día Postrero delante de Dios, que es el séptimo milenio, y conforme al calendario gregoriano ya hemos entrado al séptimo milenio de Adán hacia acá y ya tenemos 9 años dentro de ese séptimo milenio.

O sea, que ya estamos dentro del Día Postrero conforme al calendario gregoriano; conforme al calendario judío, faltan algunos años, pero si se cuadran los años de atraso que tiene el calendario judío, como también los años de atraso que tiene el calendario gregoriano, y el calendario gregoriano aún sin añadirle los años de atraso que tiene, ya estamos dentro del séptimo milenio, o sea, dentro del día del Hijo del Hombre.

Por lo tanto, ese es el tiempo para Cristo por medio de Su Espíritu Santo operar los ministerios de Moisés y Elías y el ministerio de Jesús, en medio de Su Iglesia y después en medio del pueblo hebreo.

Con los ministerios de Moisés y Elías Dios tratará con el pueblo hebreo, y lo que es el séptimo Sello para la Iglesia, para el Cristianismo, es la séptima Trompeta para los judíos; la séptima Trompeta para los judíos son Moisés y Elías, los dos Olivos, y el séptimo Sello para la Iglesia es la Venida del Señor, del Ángel del Pacto, del Espíritu Santo visitando a Su Iglesia y dándole la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Antes de la gran tribulación la Iglesia no verá físicamente a Cristo en Su cuerpo glorificado, será después que estemos transformados y nos reunamos con Él, pero veremos a Cristo manifestado por medio del ministerio del Día Postrero en medio de Su Iglesia, y también los judíos lo verán y dirán: “Éste es el que nosotros estamos esperando.” Pero ver a Cristo literalmente será después que ya estemos transformados.

¿Y qué es lo que vamos a ver? Pues un hombre joven de 18 a 21 años, eso será lo que veremos cuando veamos a Jesucristo literalmente en Su cuerpo glorificado, ¿y qué será lo que va a ver Cristo cuando ya estemos transformados? Pues millones de jóvenes con cuerpos iguales al que Él tiene, cuerpo glorificados, va a ver todos los creyentes en Cristo desde el tiempo de los apóstoles hasta este tiempo final, jovencitos en la flor de la juventud, inmortales.

O sea, que lo va a verse será un gran ejército de inmortales, un pueblo de inmortales y jóvenes para toda la eternidad. Esa es la Familia de Dios, los descendientes de Dios, hijos e hijas de Dios y hermanos, hermanos menores de Cristo, sus hermanos menores, porque Él es nuestro hermano mayor.

Así que, podemos ver que hay una bendición muy grande para todos los creyentes, para ser cumplida en el día del Hijo del Hombre. Marta sabía cuándo iba a ser la resurrección: “Yo sé que resucitará en el Día Postrero,” y como hemos entrado ya al Día Postrero, estamos esperando la resurrección de los muertos en Cristo de edades pasadas, y de algunos de los nuestros que han partido de nuestro tiempo y nuestra transformación.

Es la única etapa de la Iglesia en que estarían esperando la resurrección de los muertos y la transformación de los vivos y se va a cumplir en esa etapa, porque es la etapa que corresponde al Día Postrero como milenio, y al Día Postrero o dispensación postrera, la Dispensación del Reino.

Por lo tanto, pronto... y cuando decimos “pronto,” eso es en nuestra edad, la única edad que tendrá las personas que van a ser transformadas; las otras edades tuvieron las personas que van a ser resucitadas en cuerpos eternos. La única edad que obtendría la fe para ser transformados sería la nuestra, las demás recibieron la fe para ser resucitados en cuerpos glorificados.

¿Y por qué las demás edades no recibieron la fe para ser transformados? Porque la fe para ser transformados gira alrededor de la Venida del Hijo del Hombre con sus Ángeles, y eso ellos no lo comprendieron, a quienes será abierto ese misterio será a la Iglesia del Señor Jesucristo en la etapa de la Edad de la Piedra Angular, o sea, será abierto ese misterio ¿a quiénes? A mí, ¿y a quién más? A cada uno de ustedes también.

Y así como el misterio revelado de la primera Venida de Cristo como Cordero para llevar a cabo la Obra de Redención en la Cruz del Calvario, fue abierto ese misterio el Día de Pentecostés y como tres mil personas creyeron, fueron bautizadas en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y Cristo los bautizó con Espíritu Santo y Fuego y los añadió a Su Iglesia que había nacido el Día de Pentecostés y ya tenía ciento veinte personas, y se multiplicaron; de ciento veinte más tres mil: tres mil ciento veinte. En un solo día vean cómo se multiplicó, y después todos esos días siguientes, el Espíritu Santo siguió obrando a través de San Pedro y Pedro predicando, y luego también los demás apóstoles y continuó multiplicándose la Iglesia del Señor Jesucristo, y así ha continuado hasta nuestro tiempo.

Por eso es que ustedes ven que en los llamamientos para que reciban a Cristo, vienen las personas y eso es multiplicándose la Iglesia hasta que se complete la Iglesia del Señor Jesucristo, y luego Cristo terminará Su Obra de Intercesión en el Cielo, saldrá, tomará el Título de Propiedad que es el Libro de los siete Sellos, lo abrirá en el Cielo y hará Su Obra de Reclamo, reclamará todo lo que Él ha redimido con Su Sangre, reclamará los muertos creyentes en Él y los resucitará en cuerpos eternos y glorificados, y a los que estemos vivos nos transformará, en ese programa de reclamo.

Y entonces seremos inmortales físicamente. Yo estoy deseoso de ver y estrenar enseguida el cuerpo nuevo, el cuerpo glorificado que Él ha prometido para mí, porque será el cuerpo en el cual físicamente podré vivir por toda la eternidad.

¿Y quién más está deseoso de estrenar ese cuerpo? Cada uno de ustedes también. Esa será la solución a nuestros problemas físicos de salud y de edad, y ya la muerte no existirá para nuestro cuerpo, porque será un cuerpo eterno y glorificado como el de Jesucristo nuestro Salvador.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en esta noche; en esta ocasión estaremos orando por usted, tanto ustedes que están aquí presentes como los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones. Para lo cual vamos a tener unos minutos para que puedan pasar acá al frente para así estar orando por usted para que Cristo les reciba en Su Reino.

También los niños de diez años en adelante pueden venir a los Pies de Cristo, pues Cristo tiene lugar en Su Reino para los niños también. Recuerden que Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis porque de los tales es el Reino de los Cielos.”

También para los adultos Él dijo que “si no fuereis como uno de estos niños, no entraréis al Reino de Dios.” Es que para ser como un niño hay que nacer de nuevo, nacer del Agua y del Espíritu, así es como se nace y se entra al Reino de Dios, como le dijo Cristo a Nicodemo cuando le dijo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.”

Pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo los que están en diferentes naciones, y los que están aquí presentes también, los que todavía no han venido a los Pies de Cristo; pueden hacerlo y estaremos orando por usted.

Dios tiene mucho pueblo en todas las naciones, tiene mucho pueblo en toda la América Latina y también en Norteamérica, tiene mucho pueblo latinoamericano; aun en Norteamérica tiene muchos latinoamericanos, está llamando a todos los que están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, pues Él dijo que Él llamaría Sus ovejas por su nombre, y dice: “Y mis ovejas oyen mi Voz y me siguen y yo las conozco, y yo les doy Vida eterna,” capítulo 10 de San Juan, versos del 1 al 30.

Es un asunto de Vida eterna recibir a Cristo como nuestro Salvador, para la persona obtener la Vida eterna necesita escuchar la Voz de Cristo, que es el Evangelio de Cristo, y necesita recibirlo como único y suficiente Salvador, y entonces Cristo le da Vida eterna; o sea, lo restaura a la Vida eterna, pues nosotros hemos venido de la eternidad; de donde Cristo vino, de ahí nosotros hemos venido, por eso Él decía: “No soy del mundo,” y también Él dijo hablando de las ovejas que el Padre le dio, Él dijo: “No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.”

Recuerden que el nombre de todos ustedes está escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida, y eso es motivo de alegría, de gozo como dijo Cristo: “Antes gozaos de que vuestros nombres están escritos en el Cielo.” ¿Y dónde? En el Libro de la Vida, ahí es donde están escritos nuestros nombres. Por eso es que escuchamos la Voz de Cristo, el Evangelio de Cristo, nace la fe de Cristo en nuestra alma y lo recibimos como nuestro único y suficiente Salvador, porque nuestro nombre está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida, y eso es una buena noticia que nos causa alegría, que nos causa regocijo.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión, los que están en otras naciones también puestos de pie para la oración por los que han venido a los Pies de Cristo. Si falta alguno por venir aquí presente o en alguna otra nación, puede hacerlo en estos momentos, y también los niños que están en diferentes naciones pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo.

Lo más importante es la vida. Sin la vida, no hay nada, uno puede obtener una profesión lo cual es bueno (y yo recomiendo que todos los jóvenes estudien hasta hacerse profesionales); pero una profesión si la persona pierde su vida física ya perdió también la profesión porque no se la puede llevar para donde va a otra dimensión.

Es algo temporero, es una añadidura, pero es buena, no decimos que es mala, porque con una profesión se puede ganar más y estar más cómodo trabajando. Pero lo más importante es asegurar nuestro futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno, por eso Cristo decía:

“Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.”

Tenemos que asegurar nuestro futuro eterno con Cristo, por eso Él decía: “Buscad primeramente el Reino de Dios y Su justicia, y las demás cosas serán añadidas, tenemos que asegurar nuestro futuro eterno, porque eso es lo único eterno que podemos obtener aquí en la Tierra: la Vida eterna.

Trabajo es temporero, y aun sin la persona morir se le puede acabar el trabajo, y más en este tiempo en donde las cosas están muy, pero que muy difíciles; pero la Vida eterna cuando la persona la recibe de parte de Dios por medio de Cristo, esa será para toda la eternidad, no importa que muera físicamente, en alma y espíritu continuará viviendo en el Paraíso de Dios donde están los apóstoles del Señor y todos los creyentes en Cristo de otras edades. Por lo tanto, lo más importante es la Vida eterna, y solamente por medio de Cristo la podemos obtener.

Vamos ya a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo; con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo y nuestros ojos cerrados todos, repitan conmigo esta oración, también los que están en otras naciones:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres en que podemos ser salvos, creo en Tu primera Venida, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados. Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Señor, Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre y sea producido en mi el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente Contigo en Tu Reino, sálvame Señor. Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.

Ahora, ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible.” El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo.

El mismo Jesucristo fue bautizado por Juan el Bautista, y le dijo: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces Juan lo bautizó. También los discípulos de Jesucristo fueron bautizados por Juan, y toda persona que escuchaba a Cristo predicar y creía, luego era bautizada por los apóstoles.

Es que en el bautismo en agua, vean ustedes, la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección, por eso el Día de Pentecostés cuando creyeron, como tres mil personas *fueron añadidas a la Iglesia (como tres mil personas).

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo, y cuando el ministro lo levanta de las aguas bautismales, tipológicamente está... cuando lo sumerge, tipológicamente está siendo sepultado, y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo en el día en que el ministro les haga saber dentro de algunos momentos; no sé si será hoy o será el domingo, pero cuando sea, pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Recuerden que Cristo dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” Tan simple como eso.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes amables amigos y hermanos presentes, y con ustedes que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones, los cuales también pueden ser bautizados en el momento correspondiente que les anuncie el ministro.

Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando todos una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Dejo con ustedes al reverendo Joel para continuar, Dios les bendiga y les guarde a todos.

“EL DÍA DEL HIJO DEL HOMBRE.”

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