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Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes, y todos los que están a través del satélite Amazonas o de Internet en diferentes naciones; es un privilegio y bendición grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Aprecio y agradezco mucho vuestro respaldo dado al gran proyecto La gran Carpa-Catedral, en Puerto Rico; y también por el respaldo que le están dando a AMISRAEL.

Para esta ocasión leemos en San Mateo, capítulo 13, versos 36 en adelante, donde Jesucristo da la explicación de la parábola del sembrador, el cual lleva cabo la siembra del trigo y la cizaña, o sea, de dónde explica la siembra o la parábola del trigo y de la cizaña; y leemos en el capítulo 13, verso 36, en adelante de San Mateo:

“Entonces, despedida la gente, entró Jesús en la casa; y acercándose a él sus discípulos, le dijeron: Explícanos la parábola de la cizaña del campo.

Respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre.

El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo.

El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del siglo; y los segadores son los ángeles.

De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo.

Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad,

y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.

Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga.”

Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

 “EL QUE SIEMBRA LA BUENA SEMILLA,” o sea, la buena simiente.

En esta parábola del trigo y de la cizaña, Cristo identifica dos clases de personas: los hijos del malo los representa en la cizaña, y los Hijos del Reino los representa en el trigo, y el campo representa el mundo. El mundo es donde han sido sembrados los seres humanos, los buenos y los malos, los hijos del Reino de Dios y los hijos del malo. Y dice Jesús que el malo es el diablo, o sea, que Él señala que el enemigo que sembró la cizaña es el diablo, y el campo es el mundo. O sea, que en este mundo hay hijos de Dios e hijos del diablo, o sea, hijos del bueno e hijos del malo: el trigo y la cizaña.

Ahora nos habla que el que sembró la buena semilla es el Hijo del Hombre, el cual es Cristo, el cual es el Ángel del Pacto.

Los obreros preguntan: “¿No sembraste buena semilla en el campo? ¿Cómo es que hay cizaña, mala semilla, mala simiente?” Él ahí es donde explica que un enemigo suyo hizo eso, sembró la cizaña. Esto físicamente ocurrió allá en el Génesis. Aquí nos habla algo que tuvo cumplimiento allá en el Génesis donde fue sembrada la buena semilla, y la mala semilla también fue sembrada. Caín es la mala semilla y Abel, que viene de Adán, es buena semilla; Adán es buena semilla, buena simiente, y así por el estilo.

Pero ahora en el campo espiritual, encontramos en medio del Cristianismo el trigo y la cizaña también, los buenos y los malos: los hijos de Dios, los Hijos del Reino de Dios, que son los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo nacidos de nuevo y los hijos del malo, los hijos del maligno persiguiendo y matando a los hijos de Dios, a través de la historia del Cristianismo.

Y ahora, encontramos que los obreros preguntan, los siervos del Padre preguntan: “¿Quieres que arranquemos la cizaña?” El Padre de familia dice: “No, porque arrancando la cizaña pueden también arrancar el trigo; por lo tanto dejen crecer todo junto hasta el tiempo de la siega, hasta el tiempo de la cosecha.” Y en el tiempo de la siega es que va a haber la separación... dice verso 30:

“Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.”

Para el tiempo final, para el Día Postrero, en el tiempo de la tarde en donde la Lluvia Tardía tiene que caer, pues es la lluvia para venir la cosecha; y la Lluvia Temprana y tardía son nada menos que la predicación del Evangelio de la Gracia como la Lluvia Temprana, y la predicación del Evangelio del Reino como la Lluvia Tardía en el tiempo de la tarde, en el tiempo en que tiene que ser llevada a cabo la cosecha.

Para este tiempo final se estará predicando el Evangelio del Reino, el mismo que predicaba Juan el Bautista y Jesús, para preparar todo para la cosecha, la cosecha del trigo, y la cizaña para ser quemada, la cual no pasará al glorioso Reino del Mesías, el Reino milenial; solamente pasará el trigo, los Hijos del Reino que reinarán con Cristo por mil años y luego por toda la eternidad.

Y ahora, para este tiempo final es que se tiene que llevar a cabo la cosecha, el recogimiento de los escogidos de Dios, conforme a San Mateo, capítulo 24, verso 31, dice:

“Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos.”

Esos escogidos son ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu, los cuales serán llamados en el tiempo final. Esos ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu, para así cumplirse la profecía del recogimiento de esos judíos entre los cuales están los doce mil de cada tribu, de las diez tribus perdidas de la casa de Israel o reino del Norte. Y también están incluidos veinticuatro mil de las dos tribus del reino del Sur. O sea, doce mil de cada una de esas dos tribus del Sur, llamado el reino de Judá.

En el tiempo final, en el Día Postrero o séptimo milenio de Adán hacia acá, es que todo esto tiene que llevarse a cabo: la cosecha de los Hijos del Reino representados en el trigo para ser colocados en el alfolí de Dios, ser llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Y ahora, el que siembra la buena semilla, ¿quién es? El Hijo del Hombre, dice Cristo, o sea, el profeta ungido con el Espíritu Santo, el cual es el Mesías en Su primera Venida, el cual ha sembrado en el campo, en este mundo la simiente de Dios, los hijos e hijas del Reino. Han venido de Cristo del Hijo del Hombre, pues Cristo dijo: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, él sólo queda, pero si cae en tierra y muere mucho fruto lleva.” (San Juan, capítulo 12, verso 24).

Y ahora, así como del grano de trigo es que nace la planta de trigo, y de la planta de trigo muchos granos de trigo; de Cristo el grano de trigo, nació la Iglesia del Señor Jesucristo, la planta de trigo el Día de Pentecostés, y a través de la Iglesia, los granos de trigo, los hijos e hijas de Dios, los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo, que son nada menos que los Hijos del Reino que Él ha sembrado en este mundo, en este planeta Tierra; los cuales a través de la diferentes etapas o edades de la Iglesia han estado naciendo en la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y para este final nacen los últimos hijos e hijas de Dios en el Reino de Dios, en la Iglesia del Señor Jesucristo; y luego se completará así el número de los hijos e hijas de Dios, de los miembros del Reino de Dios, y serán transformados todos los que estén vivos y los que murieron serán resucitados en cuerpos glorificados, y todos juntos, luego de una manifestación grande de parte de Dios, que aunque durará poco tiempo será manifestada, será vista en la Tierra esa manifestación gloriosa de los hijos de Dios, y entonces nos iremos de esta Tierra a la Cena de las Bodas del Cordero, para esa gran fiesta celestial que está prometida y a la cual yo he sido invitado, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también.

La invitación ha sido dada a cada persona, ha sido la predicación del Evangelio de Cristo, y cuando la persona la ha escuchado, ha escuchado la predicación del Evangelio de Cristo y lo ha recibido como Salvador, ha aceptado la invitación para ir a la Cena de las Bodas del Cordero; y le ha sido dada la vestidura de Boda, que es el Espíritu Santo, esa primera parte de la vestidura de Boda, y la segunda parte será el cuerpo glorificado; y entonces tendremos la plenitud de Dios. Estaremos vestidos completamente para ir a la Cena de las Bodas del Cordero con ropa nueva, un traje nuevo, una vestidura nueva, un cuerpo nuevo, eterno, inmortal y glorificado como el cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador. Yo estoy esperando esa vestidura nueva, ese cuerpo nuevo, eterno, inmortal y glorificado, y joven para toda la eternidad.

Y ahora, hemos visto que el que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre, Cristo, Él es el que ha estado sembrando en esa buena semilla, en este planeta Tierra. Y yo soy uno de esas buenas semillas que ha sido sembrado en este planeta Tierra, que ha sido sembrado en la Iglesia del Señor Jesucristo, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también; hemos nacido en la planta de trigo, la Iglesia del Señor Jesucristo, en el Reino de Dios en la esfera espiritual.

Y ahora, estamos muy agradecidos a Dios por Cristo, el cual nos ha sembrado en este planeta Tierra, en la Iglesia del Señor Jesucristo. Y esperamos nuestra transformación en la cosecha, en donde seremos transformados, la cosecha en la parte física y la cosecha en la parte espiritual, que es el llamado final de Dios para ser colocados en el Cuerpo Místico de Cristo en la etapa correspondiente a este tiempo, que es la Edad de la Piedra Angular.

Por lo tanto, creemos todo lo que Dios ha prometido en Su Palabra, y esperamos el cumplimiento de lo que falta por cumplirse. Esperamos nuestra transformación y el arrebatamiento o rapto de la Iglesia, de todos los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Por lo tanto, esperamos nuestra transformación y arrebatamiento al Cielo para estar con Cristo en la Cena de las Bodas del Cordero.

Todavía Él está llamando y juntando los escogidos de este tiempo final, Cristo, por medio del mensaje final correspondiente al tiempo en que nos toca vivir.

Yo escuché la Voz de Cristo por medio de la predicación del Evangelio de Cristo y lo recibí como mi Salvador, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también, porque ustedes son buena semilla, buena simiente, los hijos e hijas del Reino de Dios; así están identificados los hijos e hijas de Dios, los hijos de Reino están identificados en la buena semilla, la buena simiente, el trigo, el trigo de Dios.

Y ahora, si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, y ha escuchado en estos momentos la predicación del Evangelio de Cristo y ha nacido la fe de Cristo en su alma, en su corazón, recuerde: su nombre está escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida, por eso usted está escuchando la predicación del Evangelio de Cristo; ha sido Dios por medio de Su espíritu que lo ha traído para escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, porque su nombre está escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida.

Y ahora, ha nacido la fe de Cristo en su alma, y por consiguiente tiene la oportunidad de dar testimonio público de su fe en Cristo, recibiéndole como su único y suficiente Salvador; para lo cual puede pasar acá al frente y estaremos orando por usted. Recuerde: “El que es de Dios, la Voz de Dios oye,” dice Cristo en San Juan, capítulo 8, verso 47; y también en el capítulo 10, versos 27 al 30, cuando dice:

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna.”

Su Voz es el Evangelio de Cristo, el Evangelio de nuestra salvación, el Evangelio de la paz; y por consiguiente llega a nuestra alma y nace la fe de Cristo en nuestro corazón, porque la fe viene por el oír la Palabra, el Evangelio de Cristo y con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.

Y ahora, los que todavía no habían recibido a Cristo como Salvador y están aquí presentes o en otras naciones, y están escuchando en estos momentos, pueden venir a los Pies de Cristo para dar testimonio público de vuestra fe en Cristo, porque con la boca se confiesa, se da testimonio para salvación, y se recibe a Cristo como único y suficiente Salvador, para lo cual y por lo cual pueden pasar al frente todos los que todavía no habían recibido a Cristo, para recibirlo como único y suficiente Salvador, y luego estaremos orando por ustedes.

En las demás naciones también pueden venir a los Pies de Cristo para que queden incluidos en esta oración que estaremos haciendo.

También los niños de diez años en adelante pueden venir a los Pies de Cristo, pues Cristo tiene lugar en Su Reino para los niños también. Cristo dijo: “Dejad venir a los niños a mí y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los Cielos.” Vamos a dar algunos minutos mientras vienen a los Pies de Cristo para dar testimonio público de vuestra fe en Cristo, los que todavía no lo han hecho, los que todavía no han recibido a Cristo como vuestro único y suficiente Salvador.

Si hay alguno que todavía no ha recibido a Cristo puede hacerlo en estos momentos, si no lo hay estaremos… sí, hay algunos. Recuerden que Cristo tiene mucho pueblo en todas las naciones, o sea, Cristo tiene mucho trigo, muchos hijos e hijas de Dios en todas las naciones y los está llamando en este tiempo final por medio de la predicación del Evangelio de Cristo, la cual llega a lo profundo del alma, del corazón de las personas, y la persona sabe que Cristo le está hablando directamente a su alma.

Es la experiencia personal que tiene cada persona que escucha la predicación del Evangelio de Cristo, y nace la fe de Cristo en su alma y lo recibe como único y suficiente Salvador; sabe que es Cristo por medio de Su Palabra y de Su Espíritu hablándole directamente a su corazón, a su alma; y ahí nace la fe de Cristo, porque la fe está acá en el alma de la persona.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo; si falta alguno por venir puede venir.

Algunas veces hay personas tímidas y les da timidez o vergüenza venir a los Pies de Cristo, pero Cristo es la persona más importante de los Cielos y de la Tierra, es la persona más importante que ha pisado este planeta Tierra, y está sentado en el Trono de Dios como Rey, Rey de reyes y Señor de señores. Recibir a Cristo es recibir a la persona más importante, no solamente de la Tierra sino del Cielo también, el que está sentado en el Trono a la diestra de Dios el Padre. Por lo tanto, es un privilegio grande recibir a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador.

Vamos ya a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo y están aquí presentes, y también por los que están en otras naciones conectados a través de esta transmisión, a través del satélite Amazonas o de Internet. Si falta alguno todavía por venir puede venir, y a las demás naciones también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo.

Y ahora, con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados los que han venido a los Pies de Cristo, repitan conmigo esta oración.

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Ti, creo en Tu primera Venida y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados. Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador.

Señor, doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador, Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre y sea producido en mí el nuevo nacimiento, quiero nacer en Tu Reino, quiero nacer en y a la Vida eterna, quiero vivir Contigo por toda la eternidad.

Señor, Te ruego sálves mi alma; en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo, Te lo ruego, para quién sea la gloria y la honra por los siglos de los siglos. Amén.Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.

Cristo dijo: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura, el que creyere y fuere bautizado será salvo, mas el que no creyere será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

Ahora ustedes me dirán: “¿Cuándo me pueden bautizar? Pues yo escuché la predicación del Evangelio de Cristo, creí y lo recibí como mi Salvador. Quiero se bautizado en agua lo más pronto posible.” En el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

El agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo nuestro Salvador la que nos limpia de todo pecado. Pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, aun el mismo Jesucristo fue bautizado por Juan el Bautista para cumplir toda justicia; y los discípulos del Señor Jesucristo también habían sido bautizados por Juan el Bautista; y cuando Jesucristo predicaba los que creían eran bautizados por los apóstoles del Señor Jesucristo. Y el Día de Pentecostés cuando Pedro predicó, como tres mil personas creyeron y fueron bautizadas en agua en el Nombre Jesucristo; y toda persona que ha escuchado la predicación del Evangelio de Cristo y lo ha recibido como Salvador, ha sido bautizado en agua en el Nombre del Señor.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados en agua sabiendo, conociendo el significado del bautismo en agua en el cual nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando es sumergida en las aguas bautismales por el ministro, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando, levantándose a una nueva vida, a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Conociendo el simbolismo del bautismo en agua y su importancia para nosotros, y el mandamiento de Cristo para ser bautizados en agua en Su Nombre, pueden ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de nuestro amado Señor Jesucristo.

Continúen pasando todos una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. Dejo con ustedes al ministro en esta noche aquí presente, y también a cada ministro en cada nación para que les indiquen hacia dónde dirigirse para colocarse las ropas bautismales y ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“EL QUE SIEMBRA LA BUENA SEMILLA.”

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