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Muy buenos días, amados amigos y hermanos presentes, y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; es una bendición y privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Para lo cual leemos en el libro del Apocalipsis, capítulo 10, verso 1 en adelante, donde nos dice:

“Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego.

Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra;

y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces.

Cuando los siete truenos hubieron emitido sus voces, yo iba a escribir; pero oí una voz del cielo que me decía: Sella las cosas que los siete truenos han dicho, y no las escribas.

Y el ángel que vi en pie sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano al cielo,

y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más,

sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas.

La voz que oí del cielo habló otra vez conmigo, y dijo: Vé y toma el librito que está abierto en la mano del ángel que está en pie sobre el mar y sobre la tierra.

Y fui al ángel, diciéndole que me diese el librito. Y él me dijo: Toma, y cómelo; y te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel.

Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido, amargó mi vientre.

Y él me dijo: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema lo encontramos aquí mismo en este pasaje en el verso 7, que dice:

“...el misterio de Dios se consumará...”

“EL TIEMPO NO SERÁ MÁS.” Es nuestro tema para esta ocasión.

“...y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo...”

Y dice:

“...el tiempo no sería más...”

Ahora, para tener un cuadro claro de lo que todo esto significa, este pasaje de Apocalipsis 19 con este Ángel Fuerte descendiendo del Cielo, necesitamos saber quién es este Ángel Fuerte y cuál es el tiempo al cual se refiere que no será más.

En la Escritura nos habla que la puerta va a ser cerrada. Aparece en la parábola de las diez vírgenes y es para el tiempo final o el fin del tiempo, para el tiempo de la Venida del Señor, en donde el Cristianismo está representado en diez vírgenes: cinco prudentes que son las que tienen aceite, o sea, reciben el Espíritu Santo, y por consiguiente han obtenido el nuevo nacimiento; y otras cinco vírgenes que representan las que no recibieron el Espíritu Santo, y por consiguiente no obtuvieron el nuevo nacimiento, no tienen las vestiduras de boda.

Y ahora, para el tiempo final hay ese despertar para buscar la Venida del Señor. Y ahora para el tiempo final, el Señor viene a Su Iglesia. Tenemos que saber la diferencia que hay entre la Venida de Cristo a Su Iglesia, que es antes de la gran tribulación, antes del día grande y terrible del Señor de Malaquías, capítulo 4, donde dice:

“Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama.” (Malaquías, capítulo 4).

Pero vean, eso corresponde al tiempo del juicio divino que ha de venir sobre la raza humana cuando el tiempo haya terminado, cuando el tiempo de la misericordia de Dios para el ser humano haya concluido; o sea, cuando la Dispensación de la Gracia haya terminado, y Cristo ya no esté en el Trono del Padre como Sumo Sacerdote intercediendo por el ser humano. Vean:

“Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada.”

O sea, para los creyentes en el Señor nacerá el Sol de justicia, y esto es la Venida del Señor a Su Iglesia antes que comiencen los juicios de la gran tribulación, antes que venga el día ardiente como un horno, antes que venga ese momento que nos dice el capítulo 14 del Apocalipsis, el cual es proclamado por el Ángel que viene con el Evangelio eterno en Su mano. Dice capítulo 14, verso 6 en adelante:

“Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo,

diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.”

Aquí este Ángel viene con un mensaje: el Evangelio eterno, en el cual está contenido el juicio divino que ha de venir sobre la raza humana. Aquí tenemos un mensaje prometido que estará anunciando el juicio divino sobre la humanidad, estará anunciando los juicios que han de venir en el tiempo de la gran tribulación con los cuales Dios juzgará a todas las naciones. Por eso es un mensaje para toda nación, tribu, pueblo y lengua.

Y luego encontramos que Apocalipsis, capítulo 10, ese Ángel Fuerte que desciende del Cielo, trae un librito abierto en Su mano, lo entrega a un hombre, el cual en aquel tiempo fue Juan el apóstol y el cual tipifica al profeta mensajero final que esté sobre el planeta Tierra para traer el mensaje del Evangelio eterno, el mensaje del Evangelio del Reino que contiene la predicación, el anuncio de los juicios divinos que han de venir sobre la raza humana.

Es el mensaje final de Dios para la humanidad. Es el mensaje del cual Cristo dijo en San Mateo, capítulo 24, verso 14, y vean cómo lo dice Cristo en este pasaje. Capítulo 24, verso 14, dice (13 al 14):

“Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.

Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.”

Cristo, así como Juan el Bautista, predicaron el Evangelio del Reino. Eso lo muestra San Mateo, capítulo 4, verso 16 en adelante, 15 en adelante, dice:

“Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,

Camino del mar, al otro lado del Jordán,

Galilea de los gentiles;

El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz;

Y a los asentados en región de sombra de muerte,

Luz les resplandeció.

Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.”

Y luego en este mismo capítulo 24, verso 23, dice:

“Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.”

Juan el Bautista y Cristo predicaron el Evangelio del Reino, por eso hablaban del Reino de Dios para Israel y les decía (Cristo y Juan el Bautista): “El Reino de Dios está cerca.” Y también Cristo les dijo en una ocasión: “El Reino de los Cielos está entre vosotros (o Reino de Dios),” porque allí estaba el Rey, Cristo.

Ahora, cuando Israel rechazó allí en Jerusalén al Mesías en Su entrada triunfal, allí se detuvo esa etapa de la predicación del Evangelio del Reino, aunque luego de Cristo estar con Sus discípulos continuaba hablándoles acerca del Reino, y aun cuando resucitó les hablaba acerca del Reino de Dios. Pero se detuvo, y ya con la crucifixión de Cristo se detuvo por completo la predicación del Reino de Dios, pero Cristo dijo a Sus discípulos: “Ustedes orando pidan a Dios la Venida del Reino.” (San Mateo, capítulo 6, verso 10).

Él dice, cuando ellos le piden a Jesús que les enseñe a orar, dice:

“Vosotros, pues, oraréis así:

Padre nuestro que estás en los cielos,

Santificado sea tu nombre.

Venga tu reino.

Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.”

Es en la venida y establecimiento del Reino de Dios en la Tierra que se hará la voluntad de Dios, y eso será el Reino del Mesías, el Reino que traerá la paz, la justicia, la paz y la felicidad al ser humano, conforme a Isaías, capítulo 9, verso 6 al 7, que dice:

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz.

Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.”

O sea, que será una obra divina el establecimiento del Reino del Mesías en la Tierra. De esto fue que le habló el Ángel o Arcángel Gabriel a la virgen María en San Lucas, capítulo 1, versos 30 en adelante, cuando le dijo:

“Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.

Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS.

Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;

y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.”

Este Reino de David y Trono de David que le será dado al Mesías, a Cristo, el cual es el heredero al Reino y Trono de David, es el Reino de Dios en la Tierra que será restaurado. El Reino de David es llamado el Reino de Dios sobre Israel, y el Trono de David es llamado el Trono del Reino de Dios sobre Su pueblo Israel. Eso está en Primera de Crónicas, capítulo 28, verso 4 en adelante; y Primera de Crónicas, capítulo 29, versos 21 en adelante, donde el rey David le llama a ese Reino que Dios le dio, vean cómo le llama, capítulo 28, verso 5 en adelante, dice:

“Y de entre todos mis hijos (porque Jehová me ha dado muchos hijos), eligió a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del reino de Jehová sobre Israel.”

El Trono del Reino de Dios sobre el pueblo hebreo ¿cuál es? El Trono de David. El Trono terrenal de Dios es el Trono de David, el Reino de Dios terrenal es el Reino de David, único reino y único trono que por decreto divino es llamado por el mismo Dios Su Reino terrenal y Su Trono terrenal.

En Primera de Crónicas, capítulo 29, verso 22 al 23, dice el rey aquí:

“Y comieron y bebieron delante de Jehová aquel día con gran gozo; y dieron por segunda vez la investidura del reino a Salomón hijo de David, y ante Jehová le ungieron por príncipe, y a Sadoc por sacerdote.

Y se sentó Salomón por rey en el trono de Jehová en lugar de David su padre, y fue prosperado; y le obedeció todo Israel.”

Aquí por segunda vez le dan la investidura de rey a Salomón, y se sentó en el trono, ¿en qué trono? Se sentó en el Trono de Jehová en lugar de David su padre. El Trono de Dios terrenal es el Trono de David, el Reino terrenal de Dios es el Reino de David. Y la ciudad capital de ese Reino es Jerusalén; por eso Cristo dice que es la Ciudad del Rey. Y así lo dice la Escritura, es la Ciudad eterna de Dios, la Ciudad del Trono de Dios.

Y ahora, hemos visto lo que es el Reino de Dios, del cual Cristo dice que oremos para que venga ese Reino. Será la restauración del Reino de David, eso será la Venida del Reino de Dios a la Tierra en donde el Mesías Príncipe que está esperando el pueblo hebreo y que también está esperando el Cristianismo, gobernará sentado en Su Trono sobre Israel, sobre todo el Medio Oriente y sobre todas las naciones, y traerá la justicia, la paz y la felicidad para la familia humana.

Pero antes que eso ocurra habrá ciertos eventos desde los días de Jesús hacia acá. La muerte de Cristo fue necesaria para la redención de Israel, y de toda persona que tiene su nombre escrito en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, y para beneficio de las naciones que van a entrar a ese Reino del Mesías, a ese Reino de Dios que estará establecido en la Tierra.

Ahora, se abrió una brecha desde la muerte de Cristo hacia acá, se detuvo la semana número setenta de la profecía de Daniel, la cual ya había comenzado y estaba por la mitad del tiempo (estaba por la mitad esa semana), y esa es una semana de años; las setenta semanas son setenta semanas de años que son cuatrocientos noventa años, y luego de las sesenta y nueve semanas de años aparecería el Mesías en Su ministerio y a la mitad de esa semana le quitarían la vida al Mesías. Tenía que morir como el Sacrificio de Expiación por el pecado del ser humano. También eso está en el capítulo 9 del libro del profeta Daniel, verso 21 en adelante.

Después de Su muerte Jerusalén sería destruida, y el templo, y ya eso sucedió.

Pero a esa semana número setenta le quedan tres años y medio por ser cumplidos, los cuales serán cumplidos en el tiempo del juicio divino sobre las naciones. Ese tiempo es llamado en medio del Cristianismo como “la gran tribulación” y también como “la apretura de Jacob.”

Y ahora, ¿qué ha estado haciendo Jesucristo después que murió, fue sepultado, resucitó y subió al Cielo glorificado? Ha estado en el Templo celestial, en la Jerusalén celestial, como Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec, del cual Cristo es el Sumo Sacerdote; y ha estado con Su propia Sangre intercediendo por cada persona que lo recibe como su único y suficiente Salvador; o sea, que ya en el templo que estaba en Jerusalén no se están haciendo los sacrificios de expiación por el pecado del ser humano. Ya Cristo lo efectúo en la Cruz del Calvario y ahora está en el Lugar Santísimo del Templo celestial como Sumo Sacerdote, como hacía el sacerdote cuando llevaba la sangre del sacrificio al lugar santísimo en el templo terrenal.

Así es en el Cielo, lo que hacía el sumo sacerdote acá es tipo y figura de lo que el Mesías Príncipe como Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec haría en el Templo celestial, en el Lugar Santísimo, en el Trono de Dios. El Trono de Dios es el propiciatorio allá en el Templo celestial, en el Lugar Santísimo.

Y Cristo con Su sacrificio, con Su Sangre, ha convertido el Trono de Dios en un Trono de misericordia para el ser humano, para todos aquellos que escuchan la predicación del Evangelio de Cristo, y creen en Cristo en Su primera Venida y Su muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, y lo reciben como su único y suficiente Salvador, son bautizados en agua en Su Nombre arrepentidos de sus pecados y Cristo luego los bautiza con Espíritu Santo y Fuego, y produce en esas personas el nuevo nacimiento; y así nacen a la Vida eterna, en el Reino eterno de Dios que está en la esfera espiritual. Por eso le dijo Cristo a Nicodemo en San Juan, capítulo 3, verso 1 al 6:

“De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.”

Así como para usted y yo ver este reino terrenal en el que vivimos, ¿qué tuvimos que hacer? Nacer. Y para ver el Reino de Dios hay que nacer de nuevo, un nuevo nacimiento. Nicodemo pensó que era nacer otra vez a través de su madre, pero Cristo le explicó:

“De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.”

Nacer del agua es nacer del Evangelio de Cristo, y nacer del Espíritu es nacer del Espíritu Santo cuando la persona lo recibe y nace a una nueva vida en un nuevo Reino: el Reino de Dios. Nace del Cielo, porque el nuevo nacimiento es del Cielo. Por eso San Pablo en Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21 nos dice de la siguiente manera, en estas palabras tan hermosas que habla para todos los creyentes en Cristo, diciendo:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Y ahora, así como hemos obtenido una ciudadanía terrenal en el país que hemos nacido, hemos tenido también, obtenido una ciudadanía celestial; nuestra ciudadanía está en los Cielos porque el nuevo nacimiento es del Cielo, usted nace del Cielo, tiene ciudadanía del Cielo, celestial, ciudadanía de la Jerusalén celestial, de la Ciudad de Dios. Y dice que de ahí esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo ¿por qué? Porque Él está ahí como Sumo Sacerdote sentado a la Diestra de Dios, como Sumo Sacerdote intercediendo delante del Padre con Su propia Sangre por toda persona que lo recibe como su único y suficiente Salvador.

Dice que lo estamos esperando.

“...el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra...”

O sea, que va a transformar nuestros cuerpos físicos en Su Venida, para eso es que Él viene, viene por Su Iglesia, viene para buscar a los creyentes en Él, transformarlos y llevarlos con Él a la Cena de las Bodas del Cordero en y a la Casa de nuestro Padre celestial, donde se celebrará la fiesta más grande, más importante que se haya llevado a cabo en el Cielo. Dice:

“...para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya...”

O sea, para que tengamos un cuerpo eterno, inmortal, incorruptible y glorificado como Su cuerpo glorificado, eterno y joven, el cual está tan joven como cuando subió al Cielo. Esa es la bendición prometida para todos los creyentes en Cristo. Y entonces, así como hemos obtenido la Vida eterna en el Reino de Cristo, nuestra alma ya tiene Vida eterna, luego tendremos Vida eterna física en un cuerpo físico, inmortal, incorruptible, glorificado y joven para toda la eternidad.

¿Y para qué tiempo será esto? Cristo dijo a los creyentes en Él de la siguiente manera en San Juan, capítulo 6, para que tengamos el cuadro claro del Programa Divino. Vean, Cristo dice capítulo 6, verso 39 al 40 de San Juan:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.”

¿Para qué tiempo Cristo va a resucitar a todos los creyentes en Él, a esas ovejas que el Padre le dio para que las busque y les dé Vida eterna? Él dice que será en el Día Postrero.

“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Es para el Día Postrero la resurrección de todos los creyentes en Cristo que han muerto físicamente, y para los que estén vivos será la transformación de sus cuerpos siendo transformados de mortales a inmortales, de cuerpos corruptibles a cuerpos incorruptibles, de cuerpos de carne a cuerpos glorificados; eso es para el Día Postrero.

Vean, Marta la hermana de Lázaro, sabía que la resurrección era para el Día Postrero, pues Cristo lo enseñaba en Su Evangelio cuando predicaba el Evangelio del Reino. Dice, capítulo 11, verso 21 en adelante de San Juan:

“Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.

Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará.

Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.

Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.”

Marta sabía que Lázaro va a resucitar en el Día Postrero, en la resurrección de todos los creyentes en Cristo.

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.”

¿Y quién más cree esto que Jesús dijo? Yo también lo creo con toda mi alma.

Así que todo aquel que cree en Cristo, aunque esté muerto vivirá. Él volverá a vivir aquí en la Tierra en un cuerpo eterno, joven, inmortal, glorificado, vivirá con Cristo en Su Reino por el milenio y por toda la eternidad. Y aun más: cuando un cristiano muere lo que muere es el cuerpo físico, porque la persona va en alma y espíritu al Paraíso donde están los apóstoles y donde están todos los creyentes en Cristo de todas las edades de la Iglesia; o sea, que el creyente en Cristo que muere su cuerpo físico, él como individuo, como alma viviente está vivo, tiene Vida eterna, está en el Paraíso.

Y ahora, en el Día Postrero Cristo ha prometido llevar a cabo la resurrección de todos los creyentes en Él.

¿Qué es el Día Postrero? El apóstol Pedro en el libro de los Hechos dice que el Espíritu Santo que ellos habían recibido allí, era conforme a como Dios había prometido en Joel, capítulo 2: “Y en los postreros días, Dios derramará de Su Espíritu sobre toda carne, y sobre vuestros hijos y vuestras hijas,” y así por el estilo.

Los postreros días comenzaron en los días de Jesucristo cuando ya Él tenía de tres a siete años de edad. También San Pablo nos dice en Hebreos, capítulo 1, acerca de los postreros días, dice Dios, capítulo 1, verso 1 al 3:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, 2 en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo...”

San Pablo está diciendo que Dios ha hablado por Su hijo Jesucristo en los postreros días, y ya han transcurrido dos mil años desde las palabras de San Pablo en esta carta a los Hebreos.

¿Qué son entonces los postreros días? “Un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día,” dice el Salmo 90, verso 4; y en Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8. Un día delante del Señor para los seres humanos son mil años. Mil años de los nuestros aquí en la Tierra, delante de Dios es solamente un día. Tan simple como eso. Los días postreros son los milenios postreros delante de Dios, así como los días postreros de la semana para nosotros en la Tierra son jueves, viernes y sábado. Y el último de los días postreros de la semana es el sábado, llamado en el Antiguo Testamento el día del Señor, el día de reposo, el día de descanso, tipo y figura del séptimo milenio de Adán hacia acá.

El séptimo milenio es el Día Postrero delante de Dios en donde Cristo cumplirá Su Venida, y en donde Cristo resucitará a los muertos creyentes en Él, y en donde los llevará con Él a la Cena de las Bodas del Cordero. Y también es el tiempo, el milenio donde vendrá la gran tribulación o juicio divino sobre la raza humana. Es el día del Señor, así como el sábado es llamado el día del Señor en el Antiguo Testamento.

Y ahora, para que lo entendamos mejor, veamos lo que nos dice Joel y Oseas... Oseas, capítulo 6, verso 1 al 3, dice:

“Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará.

Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él.”

Así como también la resurrección de Cristo fue al tercer día.

Y ahora, después de dos días, después de dos mil años, ahora llega el tercer milenio, tercer día de los días postreros delante de Dios, en donde Dios le va a dar vida, va a resucitar al pueblo hebreo, a Israel como nación y les va a dar vida, les va a dar Su Espíritu, va a estar el Espíritu de Dios en medio del pueblo hebreo en el tiempo final. Dice:

“...y viviremos delante de él (esto es una resurrección como pueblo, como nación).

Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová...”

Van a conocer todo lo que no han conocido de qué ha sucedido en el tiempo desde Cristo hasta nuestro tiempo, y demás cosas que no conocían.

...y proseguiremos en conocer a Jehová ( y todas las demás cosas que van a ser dadas a conocer); como el alba está dispuesta su salida...”

Y ahora vean, como el alba. “A los que temen Mi Nombre, nacerá (¿qué?) el Sol de justicia, y en Sus alas traerá salud.” Está hablando de la mañana de un nuevo día milenial y de la mañana de un nuevo día dispensacional.

“...y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra.”

O sea, que estas son evidencias de la Venida del Señor para el pueblo hebreo: vendrá, Su salida será como el alba, o sea, como el Sol de justicia trayendo un nuevo amanecer para el pueblo hebreo, un nuevo día.

“...y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra.”

O sea, vendrá con la enseñanza de la lluvia tardía del Evangelio del Reino y con la lluvia temprana del Evangelio de la Gracia, lluvia de enseñanza. Pues nos habla Deuteronomio acerca... también de agua, de lluvia, y dice en Deuteronomio capítulo 32, verso 1 al 3:

“Escuchad, cielos, y hablaré;

Y oiga la tierra los dichos de mi boca.

Goteará como la lluvia mi enseñanza...”

También nos dice:

“Destilará como el rocío mi razonamiento;

Como la llovizna sobre la grama,

Y como las gotas sobre la hierba;

Porque el nombre de Jehová proclamaré.

Engrandeced a nuestro Dios.”

Y también, vean, en el capítulo 55 de Isaías nos dice... Isaías 55 dice que Su Palabra hará aquello para lo cual Él la envió. Dice [verso 8 en adelante]:

“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.

Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.

Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come,

así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.”

Como cae del cielo la lluvia y no vuelve, sino que hace aquello para lo cual es enviada, así es la Palabra de Dios la cual viene del Cielo como la lluvia, para hacer hecho aquello para lo cual Dios envía esa Palabra.

Y ahora, vendrá al pueblo hebreo como la lluvia tardía y temprana. También Joel dice lo mismo, capítulo 2, verso 23:

“Vosotros también, hijos de Sion, alegraos y gozaos en Jehová vuestro Dios; porque os ha dado la primera lluvia a su tiempo, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía como al principio.”

Aquí también nos habla de lluvia. Recuerden que Dios está tratando con un pueblo que es agrícola y también ganadero, y habla en términos sencillos a su pueblo. Le habla usando la tipología con las cosas que ellos ya conocen. En Zacarías, capítulo 10, verso 1, dice:

“Pedid a Jehová lluvia en la estación tardía. Jehová hará relámpagos, y os dará lluvia abundante, y hierba verde en el campo a cada uno.”

Y ahora, Dios dice aquí que pidamos a Dios lluvia en la estación tardía: es la lluvia tardía. En términos espirituales, en medio del Cristianismo es el Evangelio del Reino la lluvia tardía, y la lluvia temprana es el Evangelio de la Gracia siendo predicado; porque Cristo compara Su Iglesia, el Cristianismo, con un campo que ha sido sembrado de trigo y por consiguiente necesita la lluvia, lluvia temprana, y al final la lluvia tardía para que pueda venir la cosecha.

Ahora, en todos estos dos mil años que han transcurrido ha estado la lluvia temprana cayendo sobre el trigo, sobre el pueblo; y que hayan, que hayan surgido muchos problemas en medio del Cristianismo es normal, porque hay cizaña en medio del trigo, hay cizaña: hijos del malo, dice Cristo, hijos del diablo en medio del campo, en medio del Cristianismo, en medio de los hijos de Dios. Esa ha sido la causa de los problemas en medio del Cristianismo a través de dos mil años.

Pero eso es normal, lo importante es que usted sepa que usted es trigo, que usted es un hijo o una hija de Dios creyente en Cristo nacido de nuevo.

Aun en medio del grupo de los creyentes en Cristo había cizaña: Judas Iscariote. Así que, Judas Iscariote es la cabeza de toda la cizaña, y Cristo la Cabeza de todo el trigo. Cristo es la Cabeza de todos los hijos de Dios y Judas Iscariote es la cabeza de todos los hijos del maligno.

Y ahora, encontramos que en medio del Cristianismo ha estado el Evangelio de la Gracia, el Evangelio de Cristo, el Evangelio de nuestra salvación, el Evangelio de la paz para nuestra alma, el Evangelio de la reconciliación del ser humano con Dios a través de Cristo, que es el eslabón entre Dios y el ser humano; el que une al ser humano con Dios como el eslabón más importante de esa cadena de Dios y Sus hijos, el eslabón que los une es Cristo.

Cristo es el Primogénito y también el Unigénito, de Él vienen todos los hijos e hijas de Dios, porque Él es el segundo Adán; y por medio del nuevo nacimiento han estado naciendo en el Reino de Dios con Vida eterna millones de seres humanos como hijos e hijas de Dios. Cuando hemos nacido en esta Tierra no hemos nacido como hijos de Dios, hemos nacido como hijos de este mundo, pero cuando hemos nacido de nuevo, hemos nacido como hijos de Dios en el Reino de Dios.

Y ahora, han transcurrido ya unos dos mil años y todavía la puerta continúa abierta en el Cielo, pero algún día conforme a la parábola de las diez vírgenes va a ser cerrada; y las vírgenes insensatas cuando vengan la encontrarán cerrada, porque el Esposo, que es Cristo, y las vírgenes prudentes, los que tienen el Espíritu Santo, habrán entrado con el Esposo, con Cristo, y la puerta estará ya cerrada; o sea, los últimos que entrarán al Reino de Cristo, los últimos que recibirán a Cristo como Salvador, ya lo habrán recibido y se habrá cerrado la puerta del Reino de los Cielos. La puerta que fue abierta por Pedro el Día de Pentecostés, al cual Cristo le entregó las llaves del Reino de los Cielos en San Mateo, capítulo 16.

Ahora, vean dónde Cristo dice que se va a cerrar esa puerta, San Lucas, capítulo 13, verso 22 en adelante, dice:

“Pasaba Jesús por ciudades y aldeas, enseñando, y encaminándose a Jerusalén.

Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo:

Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.

Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois.”

Aquí podemos ver que vendrá un día en que la puerta del Reino de los Cielos será cerrada. El Padre de Familia, el cual es Cristo, y el cual está en medio de Su Iglesia en Espíritu Santo por estos dos mil años, la va a cerrar. Cristo es el Padre de Familia que ha sido puesto sobre Su casa, la cual casa somos nosotros: la Iglesia del Señor Jesucristo, dice el apóstol Pablo en Hebreos, capítulo 3, verso 5 al 6, donde dice:

“Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir;

pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.”

 Y ahora, esta casa es la Familia de Dios, no es una casa de madera ni de piedras, es una familia, la Familia de Dios: la descendencia de Dios, la cual está formada por todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo. Vean, en Efesios, capítulo 2, verso 19 al 22, San Pablo dice:

“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios...”

Todo el que nace del Agua y del Espíritu, del Evangelio de Cristo y del Espíritu Santo, al recibir a Cristo como Salvador y ser bautizado en agua en Su Nombre y recibir Su Espíritu, ha nacido en la Casa de Dios, la Familia de Dios como un hijo o una hija de Dios, o sea, como un descendiente de Dios. Y por eso puede orar a Dios diciéndole: “Padre nuestro,” o “Abba,” que significa: “Padre.”

Y ahora, vean:

“...edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,

en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor;

en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.”

Esta Familia, esta Casa es una Templo espiritual, la Iglesia del Señor Jesucristo donde mora Dios en Espíritu Santo, donde Cristo está en Espíritu Santo durante todos estos dos mil años habitando. Pues Él dijo en San Mateo, capítulo 28, verso 20:

“...y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

Por lo tanto, Él ha estado en Espíritu Santo todo el tiempo en medio de Su Iglesia, y ha estado Él hablando por medio de los apóstoles, por medio de los mensajeros, diferentes ministros que han estado predicando el Evangelio por el Espíritu Santo. Cristo en Espíritu Santo en esos mensajeros hablando, trayendo el mensaje de paz, el mensaje de Vida eterna, el mensaje de reconciliación con Dios por medio de Cristo nuestro Salvador, a través del cual somos reconciliados con Dios.

Y ahora, Cristo con Su cuerpo físico glorificado está en el Cielo, en el Trono del Padre sentado a la Diestra de Dios, pues Él lo dijo y así se cumplió cuando Él subió al Cielo. Vean, Él lo dice aquí cuando lo están juzgando el sumo sacerdote con el concilio del Sanedrín (lo están juzgando), y el sumo sacerdote le hace una pregunta a Jesús:

“Mas Jesús callaba . Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios (San Mateo, capítulo *26, verso 63 en adelante).

“Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.”

Una verdad divina tan grande como esta revelada, fue conceptuada como una blasfemia. Y así ha sido en todos los tiempos. Cuando una verdad divina es revelada a los seres humanos, algunos la tildan de una blasfemia. Aun San Pablo cuando predicaba lo que él predicaba, decían muchos que era un camino de herejía. Y San Pablo decía: “Conforme al camino que llaman herejía, sirvo al Dios de mis padres.” Y después vienen a descubrir muchas personas que no era una herejía, que era la verdad divina, el camino de Dios bajo una nueva dispensación. Ahora vean:

“Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras (cosa que no podía hacer porque en Levítico, capítulo 21, verso 10, prohíbe que el sumo sacerdote rasgue sus vestiduras), diciendo: ¡Ha blasfemado! ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora mismo habéis oído su blasfemia.

¿Qué os parece? Y respondiendo ellos, dijeron: ¡Es reo de muerte!”

Por decir una verdad tan grande, divina, lo tildan de blasfemo y de blasfemia la verdad, y lo señalan como reo de muerte, pena de muerte.

Y ahora, Él lleva dos mil años en el Cielo como Sumo Sacerdote sentado en el Trono de Dios, que es el propiciatorio en el Cielo, en el Templo celestial, haciendo intercesión por cada persona que escucha la predicación del Evangelio de Cristo y lo recibe como único y suficiente Salvador. Pero algún día Él va a terminar esa labor, cuando entre el último escrito en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero.

Recuerden que San Pablo también y Jesús, enseñaron que nuestros nombres están escritos en el Cielo. Cuando Cristo envió a Sus discípulos a predicar el Evangelio estando Cristo todavía con ellos, por lo cual predicaban el Evangelio del Reino, y a sanar a los enfermos y a echar fuera demonios, ellos fueron e hicieron así y cuando regresaron estaban muy felices porque decían: “Aun los espíritus se nos sujetan en Tu Nombre.” Cristo les dice: “No os gocéis de que los espíritus se os sujetan en Mi Nombre, gozaos de que vuestros nombres están escritos en el Cielo.”

Eso es lo importante: que nuestro nombre está escrito allá en el Cielo. Y no es la voluntad de Dios, de nuestro Padre celestial, que se pierda una de esas personas que está escrita en el Cielo, esos son hijos e hijas de Dios.

Ahora, vean aquí nuevamente en Hebreos, capítulo 12, verso 22 en adelante, dice:

“...sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,

a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos...”

La congregación de los primogénitos es la Iglesia del Señor Jesucristo, y los que forman la Iglesia son los primogénitos que tienen sus nombres escritos en los Cielos.

“...a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,

a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.”

Y ahora la Sangre está en el Cielo, en el Trono de Intercesión, en el Trono de Dios, y Cristo está como Sumo Sacerdote con Su cuerpo glorificado haciendo intercesión en el Cielo, en el Templo celestial allá en el Lugar Santísimo. Tenemos un Sumo Sacerdote que intercede por nosotros. Dice la Escritura: “Si alguno ha pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo, a Jesucristo Su hijo.” Él es el Sumo Sacerdote que intercede por nosotros.

Por eso nunca se desanime usted en el camino del Señor, tenemos un Sumo Sacerdote en el Cielo, un Abogado que intercede por nosotros.

Y ahora, algún día Él va a terminar esa labor, todos los que han tomado el camino al Cielo, al Padre, todos los que han tomado ese camino, que es Cristo, el cual dijo: “Yo Soy el camino, la verdad y la vida, y nadie viene al Padre sino por Mí.” Para llegar a Dios, al Padre, y ser reconciliados con Dios, con el Padre, hay un camino, el cual es Cristo. Todos los que han entrado por ese camino y han pasado por esa puerta la cual es Cristo también: “Yo Soy la puerta, el que por Mí entrare será salvo; y entrará y hallará pastos.” (San Juan, capítulo 10, verso 9). Y San Mateo, capítulo 7, verso 13 al 15, ahí nos habla de la puerta y del camino, el cual es Cristo.

Y ahora, algún día se va a cerrar la puerta de la salvación. Algún día ya Cristo no estará como Sumo Sacerdote, y entonces ya no habrá oportunidad para que las personas reciban la salvación. Esto lo encontramos en el capítulo 5 del Apocalipsis, el momento en donde esto va a suceder. Dice el capítulo 5 del Apocalipsis, verso 1 en adelante:

“Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos.

Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?

Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo.

Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo.

Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.

Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.

Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono.”

Ese es el momento en que Cristo cambia de Cordero a León, de Sumo Sacerdote a Juez. Es el momento más glorioso para los creyentes en Cristo, pero es el momento más terrible para los que no han recibido a Cristo como Salvador, porque ya Cristo habrá cambiado de intercesor, ya en el Trono del Padre no estará Cristo intercediendo porque ya se habrá completado la Iglesia del Señor Jesucristo. Ya se habrá completado el número de los que están escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, ya estarán en el Cuerpo Místico de Cristo hasta el último escogido de Dios, hasta el último que tiene su nombre escrito en el Libro de la Vida del Cordero.

Y ahora, veamos lo que a continuación sucede del verso 8 en adelante.

Ahora Juan escuchó al anciano, Juan lloraba mucho porque si ese libro el cual es el Libro de la Vida del Cordero, el cual es el Libro de la Vida, el Título de Propiedad de la Vida eterna, el cual Adán lo tuvo, lo perdió y regresó a la diestra de Dios, a Su dueño original.

Y ahora, si ese libro no es tomado por una persona, por un hombre para abrirlo y hacer el reclamo de toda la redención que Cristo realizó en la Cruz del Calvario, y de todos los que Él con Su Sangre ha limpiado de todo pecado, si no es tomado ese Libro de la diestra de Dios, no puede ocurrir la resurrección en cuerpos eternos de los creyentes en Cristo y no puede ser establecido el Reino de Dios en la Tierra; nada de eso puede ocurrir, todo ese trabajo estaría perdido, todo volvería a como era antes de existir, todo estaría perdido.

Por eso Juan lloraba mucho, porque no fue hallado ninguno digno de tomar ese Libro y abrirlo, ni siquiera de mirarlo. Pero ahora el anciano le dice a Juan:

“No llores (no llores). He aquí que el León de la tribu de Judá...”

Ahora no es Cordero, es León. Por eso en Apocalipsis10 que es el mismo Cristo cuando habla, no habla como Cordero, clama como cuando un león ruge y siete Truenos emiten Sus voces. Y ahora, el anciano le dice: “He aquí el león,” y cuando Juan mira ve un cordero. Es que el Cordero y el León es la misma persona: es el Señor Jesucristo, el León de la Tribu de Judá.

Vean, Él es ese personaje, el capítulo 22, verso 16 del Apocalipsis, dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.”

Cristo es la raíz y el linaje de David, Cristo es el heredero al Trono, el León de la Tribu de Judá.

Y ahora, continuamos viendo aquí lo que sucede. Juan conocía al Señor Jesucristo como Cordero, Juan había escuchado también a Juan el Bautista decir, cuando vio a Jesús: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.”

Ahora, el verso 8 en adelante dice:

“Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos...”

Las oraciones de los creyentes en Cristo que ya murieron, que están en el Paraíso, y que están orando por la resurrección, por regresar a la Tierra en cuerpos glorificados.

“...y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación (son los creyentes en Cristo redimidos de entre todas las naciones);

y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.”

Todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo han sido hechos por Cristo para nuestro Dios Reyes y Sacerdotes, y también son Jueces, que juzgarán al mundo conforme a Primera de Corintios, capítulo 6, verso 2 al 3: “Porque los santos juzgarán al mundo, y aun a los ángeles.”

Y ahora, en el reino terrenal en que vivimos quizás no tenemos una posición tan importante como otras personas, pero en el Reino de Cristo tenemos la posición más importante que pueda tener una persona: ser de la realeza. Los únicos que son de la realeza son la familia del rey y la reina, esos son los miembros de la realeza. Y también son el gabinete del Reino de Cristo, miembros del gabinete, por eso dice: “Reinaremos con Él.”

En un gobierno, el gabinete de ese gobierno es el que reina, gobierna con el presidente. Y en el Reino de Cristo los que reinan o gobiernan con Cristo son los creyentes en Cristo, lavados con la Sangre de Cristo que han sido hechos reyes ¿y qué más? Sacerdotes. El orden religioso corresponde a Cristo el Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec con todos los creyentes en Él.

Por eso la Escritura dice que somos sacerdotes de Dios y de Cristo (Apocalipsis, capítulo 1, verso 5 al 6, Apocalipsis capítulo 20, verso 4 al 6 también).

Y ahora, continuamos leyendo aquí cuando abrió, el capítulo 5, dice el verso 11 en adelante [Apocalipsis]:

“Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones,

que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.”

El Cordero que fue inmolado que es Cristo, es digno de tomar el poder, tomar el poder ¿para qué? Para restaurar el Reino de Dios en la Tierra, y por consiguiente establecer Su Reino mesiánico en la Tierra y tomar el poder del gobierno del mundo entero. De eso nos habla Apocalipsis, capítulo 11, verso 15 al 19.

“El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.”

¿Ven? Y ahora los reinos de este mundo van a ser ¿de quién? Del Señor Jesucristo. Él es el Rey prometido para el planeta Tierra completo, porque como Hijo del Hombre Él es el heredero al planeta Tierra, y por consiguiente al Reino del planeta Tierra a nivel mundial.

“Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.

Los cuatro seres vivientes decían: Amén; y los veinticuatro ancianos se postraron sobre sus rostros y adoraron al que vive por los siglos de los siglos. (Amén).” [Apocalipsis 5:13-14].

Los veinticuatro ancianos son los doce patriarcas hijos de Jacob y los doce apóstoles del Señor, sin incluir a Judas Iscariote que perdió la bendición de ese trono y le fue dada esa bendición a otro apóstol. Recuerden que en el Reino de Cristo hay diferentes posiciones. Él dijo a Sus discípulos que iban a sentarse en Su Reino con Él en doce tronos (a Sus apóstoles dijo así) en San Mateo, capítulo 19, verso 27 en adelante dice:

“Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?”

Está preguntándole: “¿Qué vamos a tener en Tu Reino? Porque hemos dejado todo.”

“Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria (o sea, cuando se siente en el Trono de David, en ese Reino de David que va a ser restaurado), vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.”

Esa es la posición que van a tener estos apóstoles en el Reino de Cristo. Ellos son doce de los veinticuatro ancianos que están en veinticuatro tronos; doce tronos pertenecen a los patriarcas hijos de Jacob y los otros doce a los apóstoles del Señor Jesucristo.

Y ahora, podemos ver que es una bendición grande la que hay en el Reino del Mesías, Reino que va a ser establecido en la Tierra, donde habrá justicia, paz y felicidad para el ser humano.

Ahora, antes que todo eso suceda Cristo tiene que terminar Su labor de intercesor como Sumo Sacerdote en el Cielo, salir, tomar ese libro, tiene que hacerlo como León de la Tribu de Judá, tiene que hacer ese cambio; ya cuando eso suceda, ya no habrá Sangre en el Cielo para hacer la intercesión y limpiar la persona de todo pecado. Ya Cristo habrá terminado esa labor como sucedía cuando el sumo sacerdote terminaba su labor en el templo y salía; el que quedó perdonado y reconciliado con Dios tuvo derecho a continuar viviendo, el que no se había arrepentido, ya se le hizo tarde cuando ya el sumo sacerdote terminó sus labores; así será para todo ser humano que estará viviendo en este tiempo final.

Ahora, en Apocalipsis, capítulo 5, toma el Libro y lo abre en el Cielo, en el capítulo 6, capítulo 7, capítulo 8. Y luego en el capítulo 10, desciende a la Tierra con el librito abierto en Su mano para hablar, clamar como cuando ruge un león, o sea, hablar ya no como cordero ni como sumo sacerdote, sino como León, y como León Él es Rey y Juez, y clama, habla y siete Truenos emiten Sus voces. Es el mensaje de Cristo para un nuevo día dispensacional, es el Evangelio del Reino para ser predicado nuevamente por Cristo, por medio de instrumentalidad humana; y trae el librito abierto en Su mano y lo entrega a un hombre para que se lo coma.

Ese libro nunca antes se lo había comido una persona, es el Título de Propiedad de los Cielos y de la Tierra, es el Libro de la Vida del Cordero, es el Libro o Título de Propiedad de la Vida eterna, y se lo entrega a un hombre que está representado en el apóstol San Juan. Por lo tanto, el hombre a quien Cristo se lo entregue en el Día Postrero tendrá que ser un creyente en Cristo.

Y le dice la Voz del Cielo: “Pídele al que está con el librito abierto en Su mano, pídele el librito.” Y Juan le pide el librito y le es entregado, y le dice: “Toma y cómelo, en tu boca será dulce como la miel, pero en tu vientre será amargo.” O sea, que sufrirá persecuciones, malos entendidos habrá acerca de la persona, porque el enemigo lo perseguirá, porque el Título de Propiedad habrá llegado a las manos de un hombre que se lo habrá comido, y eso va a significar el fin del reino de los gentiles y la introducción al Reino del Mesías.

Ese hombre que se coma ese Libro tendrá la comisión divina señalada aquí. Esa comisión divina la da el mismo Ángel [Apocalipsis 10:9-11]:

“Y fui al ángel, diciéndole que me diese el librito. Y él me dijo: Toma, y cómelo; y te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel.

Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido, amargó mi vientre.

Y él me dijo: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.”

Y si tiene la orden de profetizar es un profeta, y la Palabra viene a los profetas, es la Palabra; él tiene el mensaje final para todos los pueblos, naciones y lenguas que estarán existiendo en este tiempo final, en el tiempo de la venida de este Ángel y de la aparición del que se coma este librito, el cual tendrá el mensaje final de Dios, el Evangelio del Reino para predicarlo a toda nación, pueblo, lengua e individuos.

Y ahora, en Apocalipsis 11, es que aparece un hombre, aparece aquí en Apocalipsis 7, también un hombre con el Sello del Dios vivo, un Ángel, un mensajero, un hombre con el Sello del Dios vivo para llamar y juntar ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu. Viene con el Sello del Dios vivo, viene con el Espíritu Santo que es Sello del Dios vivo; o sea, viene con Cristo en Espíritu Santo dentro de él porque ese es el que recibe la promesa de Apocalipsis 22, verso 16; y Apocalipsis 2, verso 28.

Nos dice que al que venciere dice: “Le daré la estrella de la mañana.” (Apocalipsis 2, verso 28). Y Apocalipsis 22, verso 16, dice Cristo: “Yo Soy la estrella resplandeciente de la mañana.” O sea, que Cristo va a venir velado en ese hombre, en ese mensajero que estará predicando, y llamando y juntando y sellando ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu de las tribus de Israel.

Ése es el que hará el entrelace, el contacto con las tribus perdidas y con las otras dos tribus: la tribu de Judá y la tribu de Benjamín; y ése será el que juntará los dos palos: palo de Judá y palo de Efraín. Los juntará, juntará esos dos reinos y así restaurará las tribus de Israel para la restauración del Reino de David.

Y en ese hombre estará el Espíritu Santo, Cristo en Espíritu Santo operando el ministerio de Elías, de Moisés y de Jesús, porque el único que tiene ministerios, opera ministerios, es el Espíritu Santo; no hay otro que tenga y opere ministerios.

Y ahora, podemos ver que un evento grande está por llevarse a cabo en este tiempo final. Pero mientras tanto, sigue la puerta abierta de la misericordia para que todo aquel que escucha la predicación del Evangelio de Cristo, nazca la fe de Cristo en su alma, crea en Cristo de todo corazón y lo reciba como su único y suficiente Salvador. Antes que se cierre la puerta de la misericordia, antes de que Cristo cambie de Sumo Sacerdote a Juez, antes de que cambie de Sumo Sacerdote a Rey y Juez.

Por lo tanto, antes que Cristo, el Ángel Fuerte que desciende del Cielo en Apocalipsis, capítulo 10, tome el Título de Propiedad en el Cielo, lo abra y haga Su obra de reclamo, y traiga el Libro, el Título de Propiedad y lo entregue a un hombre, que se lo coma para profetizar sobre muchos pueblos, naciones y lenguas, vean, Cristo estará en ese hombre, Cristo en Espíritu Santo estará en ese hombre hablándole a toda la humanidad.

Y le estará hablando como Rey, como León. Por eso es que le estará hablando también los juicios divinos que han de venir sobre la raza humana durante la gran tribulación.

Muchas personas verán a un hombre, pero otras verán que Cristo estará en ese hombre hablándole a Su Iglesia y a toda la humanidad. Pero ese hombre no será Jesucristo, pero Jesucristo estará en él hablándole y obrando a través de él.

Estamos muy cerca de ese momento en que habrá un cambio en el Cielo, el cual obrará un cambio aquí en el planeta Tierra. Esta situación de problema climático, es profético. Dice:

“Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará (o sea, los quemará), ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama.” [Malaquías

Todo se está preparando para que eso ocurra. Por medio de los volcanes, y de los vientos solares y de la radiactividad que será desatada en una tercera guerra atómica, dará lugar a todo el cumplimiento de esas profecías.

Por lo tanto, todo se está preparando para el día de venganza del Dios nuestro, para el día del juicio divino, porque la hora de su juicio llegará bajo el ministerio y mensaje de ese Ángel que vendrá predicando el Evangelio eterno y anunciando que el día de la ira del Señor ha llegado.

Pero antes que eso ocurra, el último escogido tiene que también entrar a la Iglesia del Señor Jesucristo, y también ciento cuarenta y cuatro mil tienen que ser despertados, doce mil de las doce tribus de Israel, doce mil de cada una.

Por lo tanto, vamos a ver un entrelace muy importante que hará el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo, por medio de un mensajero, un profeta en el tiempo final, pues ellos están esperando un profeta, están esperando al profeta Elías que vendrá proclamando la paz imperecedera, y el cual será el verdadero precursor de la Venida del Mesías.

Por eso es que no han recibido a otros predicadores, a otros que han tratado de convertirlos al Cristianismo. Ellos saben a quién están esperando, porque Malaquías 5, dice:

“He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.”

O sea, antes que venga la gran tribulación, antes que llegue ese momento tan terrible para la raza humana pero tan glorioso para los creyentes en Cristo. Si usted todavía no ha recibido a Cristo como Salvador es importante que lo haga lo más pronto posible, antes que se cierre la puerta del Reino de los Cielos.

Yo escuché la predicación del Evangelio de Cristo y nació la fe de Cristo en mi alma, y lo recibí como mi único y suficiente Salvador, y lo hice antes del tiempo en que se cierra esa puerta, antes que el tiempo de redención, de misericordia no sea más; porque ese tiempo de misericordia, de redención bajo la Dispensación de la Gracia, va a terminar para dar paso al tiempo de la Dispensación del Reino.

Yo lo recibí como mi Salvador, fui bautizado en agua en Su Nombre y Él me bautizó con Espíritu Santo y Fuego y produjo en mí el nuevo nacimiento, nací en Su Reino, y por consiguiente nací en y a la Vida eterna; y ahora tengo mi futuro asegurado con Cristo en Su Reino eterno. ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también.

Si hay alguna persona que todavía no lo ha recibido como su único y suficiente Salvador lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado, sea bautizado en agua en Su Nombre y Cristo le bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento, y así nazca en el Reino de Cristo a la Vida eterna.

Pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo en estos momentos. Y los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo. Y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes iglesias, diferentes auditorios, y diferentes lugares conectados con esta transmisión, también pueden venir a los Pies de Cristo para que Cristo les reciba en Su Reino, les perdone y con Su Sangre les limpie de todo pecado, sean bautizados en agua en Su Nombre y Cristo los bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y así tengan asegurado su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno.

Lo más importante para el ser humano es la vida, sin la vida nada tiene sentido. Y si nuestra vida terrenal es tan importante, cuánto más la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno, eso es y esa es la Vida más importante: la Vida eterna, vida que no tiene fin y que es con Cristo en Su Reino eterno.

En todas las naciones también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo en estos momentos, pues Cristo tiene lugar en Su Reino para todos ustedes. El nombre de ustedes está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida, y por esa causa usted ha estado escuchando la predicación del Evangelio de Cristo.

Cristo dijo: “El que es de Dios, la Voz de Dios oye.” (San Juan, capítulo 8, verso 47 al 48). Y también Él dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo las conozco; y yo les doy Vida eterna.” (San Juan, capítulo 10, verso 27 al 30; y San Juan capítulo 10, verso 14 al 18). Es para darnos la Vida eterna que Cristo ordenó ir por todo el mundo predicando el Evangelio, y todo aquel que en Él cree tendrá Vida eterna.

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” [San Marcos 16:15-16].

Tan simple como eso es el Programa de Dios por medio de Cristo. Se predica el Evangelio para que nazca la fe de Cristo en el alma de las personas, crean en Cristo y den testimonio público de su fe en Cristo recibiéndolo como su único y suficiente Salvador.

San Pablo dijo que la fe viene por el oír la Palabra, y con el corazón se cree para justicia pero con la boca se confiesa la salvación. Por eso se le da a la persona la oportunidad de que pase al frente confesando a Cristo como su único y suficiente Salvador, para que así Cristo escuche esa confesión, lo reciba, y lo confiese delante del Padre celestial como uno que creyó en Cristo y lo recibió como único y suficiente Salvador.

Dijo Cristo en San Mateo, capítulo 10, verso 32 al 33:

“A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.

Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.”

Si le negamos, Él nos negará delante de Dios; si le confesamos delante de los hombres, Él nos confesará delante de Su Padre celestial en el Cielo. También dice en San Marcos, capítulo 8, verso 36 en adelante:

“Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?

¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.”

Eso es lo que dice para los que se avergüencen de Cristo y no lo confiesen como su único y suficiente Salvador. Pero al que lo confiesa como su Salvador, Cristo lo confiesa delante del Padre y entra al Reino eterno de Dios.

Dios tiene mucho pueblo aquí en la ciudad de Cali, en las ciudades cercanas, y en toda la República de Colombia, y se está llenando el Reino de Cristo de colombianos, lo cual es un privilegio para Colombia. Y también Dios tiene mucho pueblo en Puerto Rico, en Venezuela, en Perú, en Ecuador, en Paraguay, en Bolivia, en Chile, en Argentina, en Uruguay, en México, en Panamá, en Guatemala, en Costa Rica, en Nicaragua, en Honduras, en El Salvador y en todos los países latinoamericanos, incluyendo el Caribe; en Norteamérica y demás naciones también tiene mucho pueblo, y los está llamando antes que se cierre la puerta del Reino de Dios, antes que se cierre la puerta del Reino de los Cielos Cristo los está llamando para que entren; y cuando se cierre, ya estén dentro del Reino de los Cielos con Vida eterna.

Algunas veces hay personas que son tímidas y les da timidez o vergüenza pasar al frente, porque se avergüenzan que lo vean pasando al frente para recibir a Cristo. Cristo es la persona más importante que ha pisado este planeta Tierra, y es Rey de reyes sentado en el Trono celestial de Dios. O sea, que recibir a Cristo como Salvador, es recibir a la persona más importante de los Cielos y de la Tierra.

Por lo tanto, es un privilegio y bendición grande recibir a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Vamos a pedirle a los que están en las cámaras y computadoras que nos indiquen cuando ya estén listos en diferentes naciones, para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Vamos a dar unos segundos para saber cuándo estén listos en las demás naciones que también están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.

Cristo tiene mucho pueblo en toda la América Latina, y el Reino de Cristo se está llenando de latinoamericanos, de caribeños, de ciudadanos que escuchan el Evangelio de Cristo y nace la fe de Cristo en su alma y lo reciben como único y suficiente Salvador.

Ya vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo. Si estamos listos ya en las demás naciones, ya vamos a orar. Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo y nuestros ojos cerrados, repitan conmigo esta oración los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida, creo en Tu muerte como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos. Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti, rendido a Ti en alma, espíritu y cuerpo, y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre; y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Señor, sálvame, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora con nuestras manos levantadas al Cielo todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén y amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.

Y ahora ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo lo más pronto posible, porque Él dijo: ‘Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Él ordenó el bautismo en agua para todos los que creerían y lo recibirían como su único y suficiente Salvador. El mismo Jesucristo fue bautizado por Juan el Bautista, Juan no lo quería bautizar cuando Cristo entró a las aguas del Jordán, y le dice Cristo, le dice Juan a Cristo: “Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Cristo le dice: “Deja, nos conviene cumplir toda justicia.” Y entonces lo bautizó.

Si Cristo tuvo necesidad de ser bautizado para cumplir toda justicia, cuánto más nosotros. Los mismos apóstoles de Jesucristo fueron bautizados por Juan el Bautista; y cuando Cristo predicaba todos los que creían eran bautizados por los apóstoles.

Y el Día de Pentecostés cuando Pedro predicó lleno del Espíritu Santo creyeron como tres mil personas y fueron bautizadas en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y Cristo los bautizó con Espíritu Santo y Fuego, y fueron añadidos a la Iglesia todas esas personas, porque eran añadidos a la Iglesia todos los que han de ser salvos.

El agua en el bautismo no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado. Pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo. En el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultada la persona, y cuando la levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida, a la Vida eterna en el Reino eterno de Jesucristo nuestro Salvador.

Conociendo entonces el simbolismo o tipología del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

En los días que Pedro predicó, dice así en el capítulo 2, verso 36 en adelante del libro de los Hechos:

“Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.”

Por eso llamamos a Jesús: SEÑOR JESUCRISTO, porque Dios lo ha hecho SEÑOR y CRISTO.

“Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.

Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.”

Fueron como tres mil personas las que creyeron y fueron bautizadas y fueron añadidas a la Iglesia del Señor Jesucristo, o sea, fueron colocados dentro del Reino de Jesucristo que está en la esfera espiritual. Por lo tanto, bien pueden ser bautizados cociendo el simbolismo del bautismo en agua y habiendo recibido a Cristo como vuestro único y suficiente Salvador.

Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de nuestro amado Señor Jesucristo.

Dejo al ministro aquí presente, reverendo Mauricio Vivas, para que les indique hacia dónde dirigirse para colocarse las ropas bautismales y ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y en cada nación y en cada lugar dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma, y sean todos también bautizados en agua en las demás naciones en el Nombre del Señor Jesucristo; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Jesucristo nuestro Salvador.

Continúen pasando todos una tarde llena de las bendiciones de Jesucristo nuestro Salvador.

“EL TIEMPO NO SERÁ MAS.”

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