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Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; es una bendición y privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Para lo cual leemos en Malaquías, capítulo 4, versos 1 al 6 esta profecía que corresponde al tiempo final (una parte), dice:

“Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama.

Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada.

Hollaréis a los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies, en el día en que yo actúe, ha dicho Jehová de los ejércitos.

Acordaos de la ley de Moisés mi siervo, al cual encargué en Horeb ordenanzas y leyes para todo Israel.

He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.

El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“ELÍAS VIENE ANTES QUE VENGA EL DÍA GRANDE Y TERRIBLE DE JEHOVÁ, DEL SEÑOR.” Ese es nuestro tema para esta ocasión.

La Escritura nos dice que “un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día.” (Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8; y el Salmo 90, verso 4). Cuando se habla de días del Señor o Día Postrero, tenemos que comprender que no se refiere a un día de 24 horas, por ejemplo tenemos una profecía muy importante en Oseas, capítulo 6, que habla de días, y dice en el capítulo 6 de Oseas, verso 1 al 3. Dice:

“Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará.

Nos dará vida después de dos días...”

Estos dos días aquí no son dos días de 24 horas cada uno, son dos días mileniales, los cuales corresponden al quinto milenio y sexto milenio de Adán hacia acá, días que comenzaron en el tiempo en que Jesús había ya nacido y tenía de tres a siete años de edad. Dice:

“... en el tercer día nos resucitará (o sea, en el tercer milenio de Cristo hacia acá va a ocurrir una resurrección para Israel como nación. Dios los va a resucitar en el Reino del Mesías que será establecido en el tercer día de los tres días postreros), y viviremos delante de él.

Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida.”

O sea, la Venida del Señor está dispuesta como la mañana. “A los que temen mi Nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus almas traerá salvación,” dice la Escritura que tuvimos de Malaquías, capítulo 4, verso 2.

El Sol de justicia naciendo, eso corresponde a la salida del sol, o sea, a la mañana, corresponde a la Venida del Señor para el pueblo hebreo en un nuevo día milenial y en un nuevo día dispensacional; nuevo día dispensacional de la Dispensación del Reino, y nuevo día milenial séptimo milenio de Adán hacia acá, o tercer milenio de Cristo hacia acá.

Los días de la semana, que son siete, representan siete milenios delante del Señor, son siete días delante de Dios que para los seres humanos son siete milenios.

Cuando nos habla la Escritura de los días postreros, de lo cual hemos estado escuchando a través de muchos años a los diferentes predicadores hablando acerca de los días postreros y diciendo al pueblo que estamos en los días postreros, y verdaderamente estamos en los días postreros; ¿pero en cuál de los días postreros? Así como los días postreros de la semana son jueves, quinto día; viernes, sexto día; y sábado, el séptimo día y último día de la semana llamado para los que guardan el sábado: el día del Señor o día de reposo o descanso, día guardado también por el pueblo hebreo desde el Antiguo Testamento.

Ahora, vean ustedes, en Joel, capítulo 2, verso 23, dice:

“Vosotros también, hijos de Sión, alegraos y gozaos en Jehová vuestro Dios; porque os ha dado la primera lluvia a su tiempo, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía como al principio.”

Ahora, en este pasaje, vean, nos habla de una Lluvia Temprana y Tardía para el tiempo final, y ese tiempo final, vean, sigue en el verso 28 diciendo cuál es. Dice:

“Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones.

Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días.

Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo.

El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová.”

Antes que venga el día del Señor, el día grande y terrible, o sea, antes que venga ese tiempo del Día Postrero, en donde el juicio divino ha de caer sobre la raza humana, en un lapso de tiempo de tres años y medio, llamado en medio del Cristianismo, la gran tribulación; y en medio del judaísmo, la apretura de Jacob, en donde la segunda parte de la semana número setenta de la profecía de Daniel, capítulo 9, se ha de cumplir, porque ya la primera parte que fueron tres años y medio se cumplieron bajo el ministerio de Cristo que duró tres años y medio.

Y ahora, esa semana se detuvo cuando Cristo fue crucificado, y le falta al pueblo hebreo tres años y medio de trato de Dios con ellos, lo cual corresponde al tiempo de la gran tribulación, en donde los juicios divinos han de venir sobre la raza humana, y en donde se cumplirá “el día ardiente como un horno, en donde todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa,” en palabras más claras, en donde la cizaña será quemada como dice Cristo en la parábola del trigo y de la cizaña, en San Mateo, capítulo 13, versos 30 al 43.

Y ahora, continuamos aquí leyendo, sigue diciendo:

“Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo; porque en el monte de Sion y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho Jehová, y entre el remanente al cual él habrá llamado.”

Luego dice San Pedro citando este pasaje en el libro de los Hechos, capítulo 2, verso 14 en adelante, cuando fueron llenos del Espíritu Santo, dice:

“Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.

Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día.

Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:

Y en los postreros días, dice Dios,

Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne.”

Y ahora, ¿para cuándo Dios dice que derramaría de Su Espíritu sobre toda carne? Para los días postreros, desde el Día de Pentecostés Dios ha estado derramando de Su Espíritu sobre toda carne, sobre toda persona que ha recibido a Cristo como único y suficiente Salvador, ha sido bautizado en agua en Su Nombre y Cristo lo ha limpiado con Su Sangre preciosa, y lo ha bautizado con Espíritu Santo y Fuego.

Y ahora, ¿qué entonces son los días postreros? Delante de Dios los días postreros para los seres humanos son los milenios postreros que son: quinto milenio, el cual comenzó en los días en que Jesús tenía de tres a siete años de edad, sexto milenio y séptimo milenio, y ya nosotros estamos en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio de Adán hacia acá.

Ahora vean, a Pablo el apóstol, el gran apóstol del Señor, San Pablo, hablando también de los días postreros, dice en Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 3:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas.”

¿Cómo Dios habló? Por medio de los profetas: “Porque no hará nada el Señor Jehová sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos, Sus profetas.” (Amós, capítulo 3, verso 7). Y Zacarías, capítulo 7 también nos habla acerca de la forma en que Dios estuvo hablándole al pueblo hebreo, dice de la siguiente manera, en el capítulo 7 de Zacarías, verso 11 al 12.

“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;

y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos.”

Y ahora, Dios hablaba al pueblo hebreo por medio de Su Espíritu, el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, el cual estaba en los profetas, y a través de los profetas Dios por medio del Espíritu Santo le hablaba al pueblo hebreo, y recuerden que el Ángel del Pacto es el Espíritu Santo, el cual es Cristo en Su cuerpo angelical.

Ahora, continuamos aquí leyendo las palabras de San Pablo, en Hebreos, nos detuvimos aquí donde dice.

“...y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días...”

Y ahora, San Pablo dice: “En estos postreros días,” dos mil años atrás está diciendo que ellos están en los postreros días: “En estos postreros días.”

“En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo.”

O sea, que en los días en que Cristo estaba predicando, era Dios por medio del Espíritu Santo a través de Jesús hablándole al pueblo hebreo y a todas las personas que escuchaban su predicación, y dice San Pablo que eran los postreros días ya ese tiempo, dice:

“A quien constituyó heredero de todo...”

¿A quién constituyó Dios heredero de todo? A Su Hijo Jesucristo, Él es el primogénito y también el unigénito, el heredero de toda la creación. Vean, aquí lo dice:

“...a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.”

El universo ¿cómo Dios lo creo? Por medio de Jesucristo, el Ángel del Pacto, estando Cristo en Su cuerpo angelical, todavía no tenía el cuerpo de carne, así que, podemos ver qué personaje tan grande es nuestro amado Señor Jesucristo, es el Ángel del Pacto, es el Verbo que era con Dios, es el Espíritu Santo, Cristo en Su cuerpo angelical, el que libertó al pueblo hebreo por medio del profeta Moisés. Todas las cosas que Dios ha hecho, toda la creación ha sido por medio de Jesucristo en Su cuerpo angelical, Dios en Cristo en el Ángel del Pacto, hablando a existencia todas las cosas, eso y de eso es que habla San Juan, capítulo 1, verso 1 en adelante, donde dice:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.”

Recuerden que el Verbo es el Ángel del Pacto, es el cuerpo angelical de Dios, el cual es Cristo en Su cuerpo angelical:

“Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas (¿ven? Todas las cosas por Él fueron hechas), y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.”

Por eso es que Cristo podía decir: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.” San Juan, capítulo 14, verso 6; y también podía decir: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, mas tendrá la luz de la vida.” San Juan, capítulo 8, verso 12.

“La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.

Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él.

No era él la luz (o sea, que Juan el Bautista no era la luz), sino para que diese testimonio de la luz.”

Juan vino dando testimonio de la luz, vino dando testimonio del que vendría después de Él, vino dando testimonio del Mesías Príncipe, del Ángel del Pacto que vendría después de Él, el cual vendría en carne humana.

“Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.”

El Ángel del Pacto, el Ángel de Dios que le apareció a Moisés en aquella llama de fuego ahora iba a venir a este mundo como un Ser, una persona de este mundo, como un hombre de este mundo, el cual nacería a través de una virgen, y este sería Emanuel: Dios con nosotros, Dios con Su cuerpo angelical llamado el Ángel del Pacto dentro de un velo de carne, el cual le fue puesto por nombre, Jesús, conforme a las palabras del Ángel Gabriel a la virgen María en el capítulo 1, versos 30 al 36 de San Lucas. Sigue diciendo:

“En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.”

¿Por quién fue hecho el mundo? Por aquella luz verdadera que alumbra a todo hombre, por el Verbo que era con Dios, por el Ángel del Pacto, Cristo en Su cuerpo angelical. Recuerden que Cristo dijo en una ocasión: “Antes que Abraham fuese, yo soy.” San Juan, capítulo 8, verso 56 al 58. Ahora sigue diciendo:

“A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.”

O sea, vino al pueblo hebreo, Su pueblo, y Su pueblo no lo recibió, lo rechazó allá en Su tierra.

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.”

Todos aquellos que escuchan la predicación del Evangelio de Cristo, nace la fe de Cristo en su alma, creen en Cristo y le reciben como Salvador, son bautizados en agua en Su nombre, Cristo los bautiza con Espíritu Santo y Fuego y produce en ellos el nuevo nacimiento, nacen a la Vida eterna como hijos e hijas de Dios en el Reino de Dios; les fue dado derecho y les fue dada potestad de ser hechos hijos de Dios.

Cuando usted nació en la Tierra, fue hecho hijo o hija de su padre y de su madre, pero el nuevo nacimiento da lugar a nacer como hijos e hijas de Dios en el Reino de Dios por medio de Cristo nuestro Salvador, nuestro hermano mayor. Sigue diciendo:

“Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.”

Son engendrados por medio del Espíritu Santo, el cual produce el nuevo nacimiento en la persona, el nuevo nacimiento no es terrenal, es celestial, es del Cielo; y por eso todas las personas, así como obtuvieron una ciudadanía terrenal al nacer en esta Tierra, ahora al nacer de nuevo tienen ciudadanía celestial, nuestra ciudadanía está en los Cielos, de donde esperamos al Señor, dice San Pablo en Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21, dice:

“El cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.” (Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21).

Y ahora, no solamente somos ciudadanos del país donde hemos nacido físicamente, sino que somos ciudadanos de la Jerusalén celestial por medio del nuevo nacimiento, de haber nacido del Espíritu Santo en el Reino del Señor. Por eso cuando Nicodemo fue donde Jesús una noche y le dice: “Señor, sabemos, Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro porque nadie puede hacer estas cosas que tú haces si Dios no está con él.” Jesús le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios.”

¿Y qué significa esto? Usted para ver este reino terrenal donde hay diferentes países con diferentes presidentes o reyes y gobernantes, gobernadores en los estados o departamentos, y alcaldes en las ciudades y así por el estilo, para usted ver todo esto, tuvo que nacer en esta Tierra, para ver este reino terrenal temporero.

Y para ver el Reino de Dios tiene que nacer de nuevo, porque ese Reino está en la esfera espiritual, y luego más adelante va a materializarse en el Reino del Mesías y para entrar y ver ese Reino, hay que nacer de nuevo, hay que nacer en ese Reino por medio de creer en Cristo como nuestro único y suficiente Salvador, ser bautizados en agua en Su Nombre y recibir el Espíritu de Cristo y así nacer en el Reino de Cristo, que está en la esfera espiritual, y así tener la vida de ese Reino que es Vida eterna.

Por eso Cristo decía: “El que cree en mí, aunque esté muerto vivirá, y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente.” (San Juan, capítulo 11, versos 21 al 27). Y también a los creyentes en Cristo Él les dice en el capítulo 5 de San Juan, verso 24.

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.”

Así que, es necesario escuchar la Palabra del Señor, la Palabra de Cristo para obtener la Vida eterna. No hay otra forma para obtener la Vida eterna, miren la continuación de este verso, dice... del mismo capítulo 5 de San Juan, verso 25, dice:

“De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán.”

La raza humana está muerta desde que Adán y Eva pecaron en el Huerto del Edén, pues Dios le dijo a Adán que no comiera del árbol de ciencia del bien y del mal, porque el día que lo hiciera, moriría.

Ahora, encontramos que Adán y Eva pecaron y siguieron viviendo físicamente, pero murieron a la Vida eterna, y solamente les quedó vida temporera que a Adán se le acabó a los 930 años.

Y ahora, en medio de la raza humana que murió a la Vida eterna, ahora surge el mensaje del Evangelio de Cristo, para que así los que están muertos, muertos a la Vida eterna, que murieron a la Vida eterna, que no tienen Vida eterna, escuchen la Voz de Cristo y lo reciban como Salvador, y resuciten a la Vida eterna, obtengan la Vida eterna. Dice que el que escucha, el que escucha vivirá. Dice:

“Cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán.”

Obtendrán la Vida eterna, ese es el Programa Divino que ha estado llevándose a cabo durante estos dos mil años en la Dispensación de la Gracia, y en donde se ha estado predicando el Evangelio de Cristo, que es la Voz de Cristo, la Voz del Hijo de Dios para todo ser humano, para que escuche y obtenga la Vida eterna.

Ahora, continuando el pasaje que teníamos acá de San Juan, capítulo 1, dice el verso 14 de San Juan... de ahí en adelante sigue diciendo:

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.”

Y ahora, el Verbo que era con Dios, el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo se hizo carne en el velo de carne llamado Jesús, era Emanuel: Dios con nosotros visitando Su pueblo Israel y por consiguiente visitando la raza humana, la familia humana. Dios estaba velado en carne humana, Dios estaba dentro de un cuerpo de carne llamado Jesús. Por eso Jesús decía: “Yo no hago nada de mí mismo, el Padre que mora en mí, Él hace las obras.”

Todos aquellos milagros y aquella predicación de Cristo, no era de un hombre, era Dios por medio de un hombre haciendo todas aquellas cosas, Cristo decía que Él no hablaba nada de Sí mismo, ¿era quién? Era el Padre hablando por medio de Cristo.

“En estos postreros días nos ha hablado por su Hijo.” ¿Ven? Por medio de Su Hijo Jesucristo.

Y ahora, el Verbo hecho carne, el Ángel del Pacto hecho carne en medio del pueblo hebreo. Eso fue lo que fue prometido en la Escritura de Malaquías, capítulo 3, donde nos dice:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí (ese fue Juan el Bautista); y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.”

¿Quién envía al precursor, a Juan? El Señor, el Ángel del Pacto, o sea, Dios el Padre, y Su cuerpo angelical que es el Ángel del Pacto, es enviado Juan el Bautista en cumplimiento a esta profecía; y por eso también Juan el Bautista viene a ser el tercer Elías que precursaría la Venida del Señor, prepararía al pueblo para la Venida del Señor.

Por eso Jesús identificó a Juan como el Elías que tenía que venir en aquel tiempo preparándole el camino; y el mismo Juan el Bautista se identificó con esa profecía. El ministerio de Elías manifestado por tercera vez por el Espíritu Santo en un hombre llamado Juan el Bautista, la primera ocasión que ese ministerio fue operado por el Espíritu Santo fue en Elías Tisbita, la segunda vez fue en Eliseo, el cual pidió una doble porción del Espíritu que estaba en el profeta Elías, y recibió una doble porción. Por eso los hijos profetas cuando vieron que Eliseo abrió el Jordán con el manto de Elías como lo había hecho Elías, dijeron: “El espíritu de Elías reposó sobre Eliseo.”

La tercera ocasión fue en Juan el Bautista, que fue visto ese ministerio operado por el Espíritu Santo; y luego por cuarta ocasión ya en medio del Cristianismo fue visto ese ministerio siendo operado por cuarta ocasión en el reverendo William Branham como precursor de la segunda Venida de Cristo, pero ya se fue ese mensajero en el cual el Espíritu Santo operó el ministerio de Elías por cuarta ocasión.

Pero la promesa es que Elías vendrá antes que venga el día grande y terrible de Jehová. Y ahora, todos los ministerios de Elías que serían manifestados o las veces que ese ministerio sería manifestado, que son cinco ocasiones, aparecen antes del día grande y terrible del Señor.

En la cuarta manifestación de ese ministerio fue en medio del Cristianismo, y fue levantado ese ministerio en Norteamérica, donde se cumplió la séptima etapa de la Iglesia del Señor Jesucristo. Pero la promesa es que Elías estará en este tiempo final como uno de los dos Olivos de Zacarías, capítulo 4, versos 11 al 14, como uno de los dos Olivos, de los dos ungidos que están delante de la presencia de Dios, y luego aparecen en Apocalipsis, capítulo 11, versos 3 en adelante.

Ahora, esto es para ser cumplido en este tiempo final en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo y después en medio del pueblo hebreo, es el ministerio que el Espíritu Santo estará operando para la restauración de todas las cosas, pues el mismo Cristo fue el que dijo que ese ministerio será para la restauración de todas las cosas.

En San Mateo, capítulo 17, versos 9 en adelante cuando descendieron del Monte de la Transfiguración donde habían visto a Jesús transfigurado delante de ellos, y a cada lado de Jesús un profeta: Moisés a un lado y Elías al otro lado, en donde Cristo estaba mostrando en esa visión el orden de Su Venida para el tiempo final.

Ahora vean, cuando bajan del monte, dice capítulo 17, verso 9 al 13 (esto está en San Mateo):

“Cuando descendieron del monte, Jesús les mandó, diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del Hombre resucite de los muertos.

Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?

Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas.”

El ministerio de Elías para el tiempo final antes que venga el día grande y terrible del Señor, antes que vengan los juicios divinos de la gran tribulación, es un ministerio para la restauración de todas las cosas, porque Dios va a restaurar a Su Iglesia a la Vida eterna, Dios va a restaurar a cada hijo de Dios a la Vida eterna física, con la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos glorificados y la transformación de los vivos, para tener así un cuerpo eterno, inmortal, incorruptible y glorificado, como el cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador, y va a restaurar también el Reino de David al pueblo hebreo.

Por lo tanto, el ministerio de Elías es para restaurar, ese es el ministerio de Elías en su quinta manifestación, y viene juntamente con el ministerio de Moisés, porque el Hijo del Hombre está prometido que vendrá con Sus Ángeles, y entonces pagará a cada uno, a cada cual conforme a sus obras, y vendrá en la gloria de Su Padre, y vendrá en el Reino de Dios.

Por lo tanto (vamos a finalizar aquí), dice:

“Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos.

Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista.”

Cuando les dice que ya Elías vino, se refiere a Juan el Bautista en aquellos días, y cuando les dice que vendrá, se refiere a Elías en su quinta manifestación, que vendrá para restaurar todas las cosas, para la restauración de todas las cosas.

Y ahora, nos dice también San Pedro en el libro de los Hechos, capítulo 3, verso 18 en adelante, dice:

“Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer.

Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,

y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado;

a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.”

¿Hasta cuándo Jesucristo tiene que permanecer en el Cielo en el Trono del Padre? Hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, y por consiguiente hasta los tiempos de la manifestación del ministerio de Elías por quinta ocasión, porque ese es el tiempo para la venida del Espíritu Santo operando el ministerio de Elías por quinta ocasión para restaurar todas las cosas: para la restauración de los hijos de Dios a la Vida eterna física con cuerpos eternos, para la restauración también del Reino de David que será la restauración del Reino de Dios en la Tierra, para la restauración del Trono de David que es el Trono del Mesías prometido por Dios al Mesías conforme a San Lucas, capítulo 1, versos 30 en adelante, donde el Ángel le aparece a la virgen María para hablarle acerca del niño que ha de tener ella. Dice:

“Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.

Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS.

Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;

y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.”

Esa es la promesa de Dios hablada por el Ángel Gabriel a la virgen María con relación al niño que iba a nacer de la virgen María. El heredero al Trono de David es Cristo, el heredero al Reino de David es Cristo, y nosotros somos coherederos con Él de ese Reino y de todas las bendiciones que habrá en ese Reino.

Ahora, para la restauración de ese Reino, Elías, dice Cristo: “Vendrá primero y restaurará todas las cosas,” y será su venida antes del día grande y terrible del Señor, antes que comience la gran tribulación y caigan los juicios divinos sobre la Tierra, Elías en su quinta manifestación estará en la Tierra.

 ¿Y de dónde tiene que surgir? Tiene que surgir de en medio del Cristianismo para luego hacer contacto con el pueblo hebreo y llamar y juntar ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu. Tan simple como eso, porque el Espíritu Santo que es el que opera los ministerios, está en medio de la Iglesia por estos dos mil años, y para pasar del Cristianismo a los judíos, tiene que hacerlo por medio del ministerio de Elías en su quinta manifestación. Tan simple como eso, y todo eso tiene que ocurrir antes que venga el día del Señor grande y terrible. Y eso es lo que corresponde a este tiempo final.

Los judíos lo están esperando, ellos están esperando un hombre que venga proclamando la paz imperecedera y haciendo la introducción al Mesías y Su Reino en medio y para el pueblo hebreo y en medio del pueblo hebreo; por eso es que ellos no han recibido a ningún predicador: están esperando un profeta, porque ellos creen a los profetas.

Y ahora, todo esto estará siendo visto antes que venga el día grande y terrible del Señor.

Y ahora, antes que venga el juicio divino, en ese día grande y terrible del Señor, porque dice: “No sea que yo venga y hiera la tierra con destrucción,” antes que venga esa destrucción, Elías estará llevando a cabo la introducción al Reino milenial, estará llevando a cabo la introducción a la restauración de todas las cosas y así por el estilo, y estará con el mensaje final para la Iglesia del Señor Jesucristo, para así que la Iglesia reciba la fe para ser transformada y llevada con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Toda la revelación divina para el Día Postrero vendrá por medio del Espíritu Santo a través del ministerio de Elías siendo operado por quinta ocasión en medio del Cristianismo y después en medio de los judíos.

Y ahora, todavía la puerta de la misericordia está abierta para entrar a formar parte de la Iglesia del Señor Jesucristo todos los que faltan por entrar a ella, que tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, de los cuales Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo las conozco y yo les doy Vida eterna.”

Esas son las almas de Dios, las ovejas del Señor que le fueron dadas por el Padre a Cristo para que las busque y les dé Vida eterna, San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30; y San Mateo, capítulo 18, versos 11 al 14; y San Lucas, capítulo 19, verso 10, donde dice:

“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”

O sea, que vino a buscarme a mí y a salvarme a mí, ¿y a quién más? A cada uno de ustedes también, por lo cual Él envió a predicar el Evangelio a toda criatura, y dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” Tan simple como eso. (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16). Y también él dijo en San Mateo, capítulo 10 de la siguiente manera, para que así tengamos un cuadro claro de la realidad para nuestras vidas, dice:

“A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.

Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.”

Si le negamos delante de los hombres, de los seres humanos, si le negamos como nuestro único y suficiente Salvador, Él nos negará delante de nuestro Padre celestial; pero si le confesamos delante de los hombres como nuestro único y suficiente Salvador, lo recibimos como nuestro Salvador, Él nos confesará delante de nuestro Padre celestial.

Por lo tanto, todo ser humano tiene la oportunidad de escuchar la predicación del Evangelio de Cristo y nacer la fe de Cristo en su alma, creer en Cristo y confesarlo públicamente como su único y suficiente Salvador, y así Cristo lo recibe y lo confiesa públicamente en el Cielo delante del Padre celestial para que entre al Reino de Dios.

También en San Marcos nos dice en el capítulo 8, nos dice Cristo, vamos a ver este pasaje que es muy importante (San Marcos), él nos dice:

“Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.” (San Mateo, capítulo 16, verso 24 al 28; y también en San Marcos, capítulo 8).

Así que, cada ser humano tiene una responsabilidad consigo mismo y con su futuro eterno, con su alma, no puede conformarse su alma con una vida temporera que solamente le dura como máximo cien años; y el que pasa de cien años ya tiene muchos problemas, mucho trabajo. Teniendo la oportunidad de vivir eternamente en alma, con un cuerpo nuevo que Cristo le va a dar a todos los creyentes en Él, ¿cómo va a conformarse solamente con una vida temporera que se le termina a las personas, y después no tienen Vida eterna para poder continuar viviendo con Cristo en Su Reino por toda la eternidad?

Para poder vivir eternamente necesitamos todos a Cristo: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo las conozco y yo les doy Vida eterna.” Ninguna otra persona le puede dar a usted o a mí Vida eterna, solamente Jesucristo, por eso todos necesitamos a Cristo.

Yo escuché la predicación de Su Evangelio y nació la fe de Cristo en mi alma, creí y lo confesé públicamente como mi único y suficiente Salvador y Él me dio Vida eterna, y ahora, tengo mi futuro asegurado con Cristo en Su Reino, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también.

Miren aquí, capítulo 5, verso 21 de san Juan, dice:

“Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida.”

A los que quiere da Vida eterna, y es a aquellos que lo reciben como único y suficiente Salvador.

Y ahora, todos los que todavía no han recibido a como Salvador, pueden hacerlo, pueden pasar acá al frente y estaremos orando por ustedes para que Cristo les reciba en Su Reino; lo más importante es la Vida eterna, y la Vida eterna no la podemos obtener a menos que sea a través de Jesucristo nuestro Salvador.

Pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo para así orar por ustedes en esta ocasión, los que están a través del satélite Amazonas o de internet también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Dice Primera de Juan, capítulo 5, verso 10 en adelante:

“El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo.

Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.”

Dios nos ha dado Vida eterna, ¿y dónde está esa Vida eterna? En Jesucristo. Por eso lo recibimos como nuestro Salvador y Él nos da la Vida eterna, no podemos conseguir la Vida eterna fuera de Jesucristo.

“El que tiene al Hijo, tiene la vida (o sea, tiene la Vida eterna); el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.”

Solamente tiene una vida temporera que se le va a terminar y no sabe cuándo se le va a terminar; y cuando se le termine, ahí se acabó para la persona su futuro eterno, se quedó sin futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno.

“Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.”

La buena noticia para los creyentes en Cristo es que tenemos Vida eterna, esa es la noticia que da aquí Juan, dice:

“Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna...”

Tenemos Vida eterna con Cristo en Su Reino, y por consiguiente hemos asegurado nuestro futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno.

En las demás naciones pueden continuar viniendo también a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos, y los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador, pues Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los Cielos.”

Todavía vienen más personas que como ustedes quieren vivir eternamente, quieren recibir la Vida eterna de parte de Jesucristo nuestro Salvador.

La buena noticia es que se predica el Evangelio de Cristo a todo el mundo para aquel que cree en Cristo y es bautizado en agua en Su Nombre, dice, tenga Vida eterna, “el que creyere y fuere bautizado, será salvo, mas el que no creyere, será condenado.”

Miren la bendición tan grande que pierden los que no creen en Cristo, pierden la salvación y Vida eterna, pero el que cree en Cristo recibe la bendición más grande, la salvación y Vida eterna para vivir con Cristo en Su Reino por toda la eternidad. Su Reino físicamente va a ser establecido en este planeta Tierra; y ahí van a estar con Cristo todos los que le han recibido como su único y suficiente Salvador.

Todavía vienen más personas de camino, y por eso estamos dando unos segundos en lo que llegan para orar por todos ustedes. Vamos a estar puestos en pie mientras llegan también las personas que vienen de camino.

Dios tiene mucho pueblo aquí en la Ciudad de Cartagena y en todas las ciudades de la República de Colombia y los está llamando en este tiempo final, y también en toda la América Latina tiene mucho pueblo y en todas las naciones, y los está llamando en este tiempo final para completar Su Iglesia, para completar Su pueblo que tiene Su nombre escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

Lo más importante es la Vida eterna. Sin la Vida eterna todas las cosas son pasajeras, son temporales y hasta la juventud se acaba; por eso el proverbista dice que la juventud es algo pasajero.

Y ahora, vamos a orar por todas las personas que han venido a los Pies de Cristo para recibirlo como vuestro único y suficiente Salvador, para lo cual levantamos nuestras manos al Cielo, a Cristo; los que están también a través del satélite Amazonas o de internet con sus manos levantadas al Cielo, y todos con nuestros ojos cerrados y los que han venido a los Pies de Cristo repitan conmigo esta oración que estaremos haciendo por ustedes.

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, creo en Tu Nombre glorioso como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos. Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor.

Señor, me rindo a Ti en alma, espíritu y cuerpo y doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre y sea hecho en mí el nuevo nacimiento.

Señor, sálvame, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.

Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más proto posible, porque Él dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo.” El mismo Cristo fue bautizado por juan el Bautista. Cuando Cristo entró a las aguas del río Jordán para que Juan lo bautizara, Juan no quería bautizarlo y le dice a Jesús: “Señor, yo tengo necesidad de ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí para que yo te bautice?” Y Jesús le dice: “Deja, nos conviene cumplir toda justicia.” Y entonces Juan lo bautizó.

Si Cristo tuvo necesidad de ser bautizado para cumplir toda justicia, cuánto más nosotros, aun los mimos apóstoles fueron bautizados por Juan el Bautista y cuando Cristo predicaba, los que creían eran bautizados por los apóstoles, y aun el Día de Pentecostés cuando Pedro predicó, como tres mil personas creyeron y fueron bautizadas en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, en el libro de los Hechos, en el capítulo 2, aquí lo encontramos cuando Pedro termina su mensaje, al final dice de la siguiente manera: capítulo 2, verso 36 del libro de los Hechos, dice Pedro predicando.

“Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.”

Por eso es que llamamos a Jesús: SEÑOR JESUCRISTO, porque Dios lo ha hecho Señor y Cristo. Dice:

“Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.

Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.”

Como tres mil personas creyeron y fueron bautizadas y fueron añadidas a la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y ahora, la pregunta está contestada para ustedes también: “¿Qué haremos?” Pedro les dijo:

“Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.”

Y ahora, ustedes me dirán: “¿Cuándo me pueden bautizar?” Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida con Cristo en Su Reino eterno, está resucitando a la Vida eterna.

El agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo nuestro Salvador; pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, el cual ha estado siendo obedecido todo el tiempo por todos los que han recibido a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

Dejo al ministro Walberto Ceballos para que les indique hacia dónde dirigirse y colocarse las ropas bautismales y ser bautiza dos en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Continúen pasando todos una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. En cada país dejo al ministro también correspondiente.

 “ELÍAS VIENE ANTES QUE VENGA EL DÍA GRANDE Y TERRIBLE DEL SEÑOR.”

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