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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, y también los que están a través del satélite Amazonas y de internet en diferentes naciones. Que las bendiciones del Dios eterno, creador de los Cielos y de la Tierra, sean sobre todos ustedes, y sobre mí también.

Para esta ocasión leemos en la Escritura un pasaje muy importante, pero antes quiero expresarles mi aprecio y agradecimiento por el respaldo que le están dando al proyecto de La gran Carpa-Catedral, en Puerto Rico, y también por el respaldo que le están dando a AMISRAEL. Que Dios les bendiga por eso, y les recompense grandemente.

En Segunda de Tesalonicenses, capítulo 2, versos 13 al 17, leemos y dice de la siguiente manera el apóstol San Pablo.

“Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad,

a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo.

Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra.

Y el mismo Jesucristo Señor nuestro, y Dios nuestro Padre, el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia,

conforte vuestros corazones, y os confirme en toda buena palabra y obra.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su palabra y nos permita entenderla.

“ESCOGIDOS DESDE EL PRINCIPIO PARA SALVACIÓN.”

A través de la historia del ser humano hemos encontrado que hay personas que buscan a Dios y hay otros que no buscan a Dios; hay unos que creen en Dios y hay otros que no creen en Dios.

Ahora, en esta Escritura nos habla que hemos sido escogidos desde el principio para salvación, lo cual indica o establece que desde antes de la fundación del mundo ya hemos sido elegidos por Dios para obtener la salvación y Vida eterna.

Veamos algunas palabras del apóstol Pablo, para comprender este misterio con más claridad, dice en Romanos, capítulo 8, versos 14 en adelante:

“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.

Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.”

Aquí nos habla de que si tenemos el Espíritu de Dios, somos hijos de Dios.

Y ahora, continua diciendo el apóstol San Pablo:

“Porque el anhelo ardiente de la creación...”

Dice que es ver la manifestación de los hijos de Dios, o sea, la manifestación de los hijos de Dios con Vida eterna física, o sea, con cuerpos eternos como el cuerpo glorificado de Jesucristo. Sigue diciendo, dice que somos herederos de Dios y coherederos con Cristo Señor, con Cristo nuestro Señor, somos coherederos de Dios; porque Cristo es el Heredero de toda la creación. Vamos a verlo más claro aquí en Hebreos, capítulo 1, versos 1 al 3, dice San Pablo.

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.”

Dios por medio de Cristo hizo el universo, por medio de Su Hijo, el cual estaba en Su cuerpo angelical llamado el Ángel del Pacto. Y luego más adelante se hizo carne y habitó en medio del pueblo hebreo y fue conocido por el nombre de Jesús, por eso Él tenía poder, autoridad y control sobre toda la creación, por eso le podía hablar a los vientos que se calmaran allá en la tempestad, en el mar de Galilea, y se calmaron. Podía hablarles a los árboles; por ejemplo le habló a la higuera y le dijo que no nacieran más frutos de ella, y se secó. Podía tomar unos panecitos y unos pececitos y multiplicarlos para alimentar miles de personas; por medio de Él fue que Dios creó todas las cosas, pero lo vamos a ver aquí, dice:

“En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo (no solamente este planeta Tierra sino todo el Universo); el cual, siendo el resplandor de su gloria (o sea, Cristo), el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia.”

La imagen es el cuerpo angelical de Dios, el cual es el Ángel del Pacto, y el cual es Cristo en Su cuerpo angelical. Por eso Él podía decir: “Antes que Abraham fuese, yo soy.” (San Juan, capítulo 8, verso 58).

“...y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas,

hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos.”

Y ahora, para comprender ese misterio de los escogidos desde el principio para salvación, tenemos que saber quién es el Señor Jesucristo, por medio del cual reciben estos elegidos, escogidos, reciben la salvación y Vida eterna.

Ahora estamos viendo que Jesús o Jesucristo no es cualquier persona que apareció en medio del pueblo hebreo, es nada menos que el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios, el Ángel del cual Dios dice en Éxodo, capítulo 23, las siguientes Palabras, en donde encontramos el Nombre de Dios colocado en ese Ángel.

El mismo Ángel que le apareció al profeta Moisés y lo envió para la liberación del pueblo hebreo, y el cual Moisés le pregunta cuál es su nombre, preguntándole si ellos le preguntan: “¿Cuál es su nombre?” O sea, el Nombre del Dios de Abraham, Isaac y de Jacob, que lo está enviando para la liberación del pueblo hebreo, y entonces el Señor que está en el Ángel del Pacto le da a conocer a Moisés Su Nombre, el cual está escrito en estas cuatro consonantes, las cuales son Y H W H. Eso está en el Éxodo, capítulo 3, versos 13 al 16, y también en el capítulo 6 del Éxodo, verso 1 al 3; y ahí en el capítulo 6 del Éxodo, Dios le dice a Moisés que con ese Nombre, Su Nombre eterno, nunca se había dado a conocer a otras personas, no se había dado a conocer ni a Abraham, ni a Isaac, ni a Jacob, solamente a Moisés.

Por lo tanto, Moisés viene a ser la primera persona y el primer profeta que obtiene la revelación divina del Nombre eterno de Dios.

Y ahora, aquí en el capítulo 23 del Éxodo, versos 20 al 23, Dios le habla a Moisés para que Moisés le hable esto mismo al pueblo, y dice:

“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.”

Este Ángel les dije que es el Ángel del Pacto, el cuerpo angelical de Dios, el cual es Cristo en Su cuerpo angelical, en el cual estaba antes de Abraham y también antes de Adán; porque en este cuerpo y a través de este cuerpo angelical Dios habló a existencia toda la creación; y Dios en Su Libro tiene escrito todo lo que Él crearía. Y en ese Libro de la Vida del Cordero, están escritos también los nombres de todos estos escogidos desde el principio para salvación, para salvación por medio del Cordero de Dios y Su Sacrificio que Él realizaría en la Cruz del Calvario, realizando así el Sacrificio de Expiación por el ser humano.

Ahora, veamos aquí cómo continua diciendo:

“Guárdate delante de él (o sea, guárdate delante del Ángel,)... porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.”

Ahora, aquí vemos donde Dios colocó por primera vez Su Nombre: en Su Ángel. Y vimos también a quién le fue revelado el Nombre de Dios.

“Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.”

Las personas creyentes en Dios que oyen la Voz de Dios por medio del Ángel del Pacto, el cual es Cristo, están protegidos por Dios. El que los bendiga será bendito, pero el que se levante como enemigo de una esas personas elegidas de Dios, aquí dice: “Yo...”

“...seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.”

O sea, que el que se levante en contra de estos, del pueblo de Dios, tendrá grave problemas delante de Dios, porque se ha buscado de enemigo a Dios.

Ahora, veamos la promesa que hay. Dice acerca de este Ángel del Pacto en Malaquías, capítulo 3, la Venida de este Ángel del Pacto en medio del pueblo hebreo en carne humana, o sea, hecho hombre en medio del pueblo hebreo, será la Venida del Mesías que está prometido a través de todas las profecías mesiánicas. Dice capítulo 3 de Malaquías, verso 1:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí.”

El mensajero que Dios por medio del Ángel del Pacto envía para prepararle el camino es el precursor de la primera Venida de Cristo, el cual fue Juan el Bautista, el cual vino con el Espíritu y virtud de Elías. No era Elías literalmente, sino que el Espíritu Santo estando en Juan el Bautista operaba el ministerio de Elías por tercera vez. La primera vez la operó en Elías Tisbita, la segunda vez en Eliseo, porque el Espíritu que estaba en Elías vino sobre Eliseo, y después en Juan el Bautista. Luego, más adelante para precursar la segunda Venida de Cristo sería enviado por cuarta ocasión en medio del Cristianismo, que es el que está esperando a Cristo en Su segunda Venida, está esperando al Mesías en Su segunda Venida.

El pueblo hebreo está esperando al Mesías en Su primera Venida; porque no lo recibió en Su primera Venida dos mil años a atrás, y todo esto estaba en el Programa Divino.

Por lo tanto, no debe un cristiano hablar mal contra el pueblo hebreo, porque era un Programa Divino para llevar a cabo en la Obra de Redención en favor, no solamente del pueblo hebreo, sino de todo ser humano, para que toda persona que tenga el Sacrificio de Expiación por sus pecados, que es el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario: para eso fue que Cristo murió en la Cruz del Calvario.

Y ahora, Juan el Bautista fue el precursor de la primera Venida de Cristo, el cual estaba aquí anunciado que sería enviado, dice:

“...y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.”

Y ahora, luego de llegar el precursor que le prepararía el camino, el cual fue Juan el Bautista, luego aparecería ¿quién? El precursado, el Señor, el Ángel del Pacto vestido de un cuerpo de carne, el cual fue Jesús. El cuerpo de carne llamado Jesús, tenía dentro, venía dentro de Él, el Padre y el Espíritu Santo; venía dentro de Él, Dios y el Ángel del Pacto. Dios y Su cuerpo angelical estaban dentro de aquel velo de carne llamado Jesús.

Por eso, Jesús decía: “Las obras que yo hago no las hago de mí mismo, el Padre que mora en mí Él hace las obras.” Y también las Palabras que Él hablaba, Él decía que no las hablaba de sí mismo, sino que como Él escuchaba al Padre hablar, así Él hablaba. Por eso, lo que Él hablaba era la Palabra de Dios, el cual estaba en Él.

Y ahora, ya tenemos un cuadro claro de quién es Jesucristo, el Salvador del mundo; y ya tenemos el cuadro claro del motivo por el cual Él vino a la Tierra.

Ahora, vamos a ver acerca de estos escogidos desde el principio para salvación. En el libro del Éxodo nos dice de la siguiente manera, cuando Moisés quería que Dios perdonara al pueblo, y Moisés sabía que tenía que hacer o realizar unos sacrificios para que Dios mirara al pueblo a través de la sangre de esos sacrificios, y no viera los pecados; fueran perdonados, y pudiera Moisés continuar hacia adelante con el pueblo.

Ahora, Moisés le dice a Dios, está orando porque el pueblo había hecho el becerro de oro, o sea, Aarón con algunas personas hizo el becerro de oro, mientras Moisés estaba en el Monte Sinaí hablando con Dios y recibiendo las tablas de la ley, las tablas del Pacto. Dice, capítulo 32, verso 30 en adelante:

“Y aconteció que al día siguiente dijo Moisés al pueblo: Vosotros habéis cometido un gran pecado, pero yo subiré ahora a Jehová; quizá le aplacaré acerca de vuestro pecado.

Entonces volvió Moisés a Jehová, y dijo: Te ruego, pues este pueblo ha cometido un gran pecado, porque se hicieron dioses de oro,

que perdones ahora su pecado, y sino, ráeme ahora de tu libro que has escrito.”

Dios tiene un Libro, el Libro de Dios donde están los nombres de todos los hijos e hijas de Dios, y Moisés lo sabe.

“Y Jehová respondió a Moisés...”

Vamos a ver, Moisés dice que Dios... le dice: “Raéme de Tu Libro que has escrito,” pero vamos a ver si Dios dice que tiene un Libro:

“Y Jehová respondió a Moisés: Al que pecare contra mí, a éste raeré yo de mi libro.”

Aquí Dios está aceptando que sí que Él tiene un Libro, y que tiene escrito en ese Libro los nombres de seres humanos.

Y ahora, vamos a ver también palabras del salmista, en el Salmo 139, para ver lo que aporta aquí el salmista con relación a este Libro divino. Si es un Libro de Dios, es un Libro divino y está en el Cielo. Salmo 139, les dije, verso 36... vamos a verificar esta cita donde el salmista habla del Libro, 139:16, para que la tengan clara, dice, es un Salmo del rey David (15 en adelante), dice:

“No fue encubierto de ti mi cuerpo,

Bien que en oculto fui formado,

Y entretejido en lo más profundo de la tierra.

Mi embrión vieron tus ojos,

Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas

 Que fueron luego formadas,

 Sin faltar una de ellas.”

O sea, que el plan o genoma con todas las cosas que tendría el cuerpo de David, estaban escritas en el Libro de Dios, y también la de mi cuerpo, ¿y de quién más? De cada uno de ustedes también; y damos gracias a Dios por el cuerpo que Él nos ha permitido tener. Y así es también con el cuerpo inmortal, incorruptible y glorificado que Él va a darle a todas esas personas elegidas, escogidas por Dios para Salvación y Vida eterna, todo fue diseñado por Dios. Todavía el ser humano no puede diseñar un cuerpo así como el que tenemos, que es mortal, mucho menos un cuerpo eterno.

Y ahora, teniendo nosotros estas evidencias de que hay un Libro en donde están escritos nuestros nombres, y que ese Libro es llamado el Libro de Dios, para ver si en el Nuevo Testamento también nos habla de ese Libro y de los nombres escritos en ese Libro, el cual es un Libro del Cielo, veamos lo que nos dice San Pablo en su Carta a los Hebreos, en el capítulo 12, verso 22 en adelante, donde dice:

“Sino que os habéis acercado al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,

a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos.”

¿En dónde están inscriptos? En el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero. Por eso es que el apóstol Pablo en Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21, dice:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya...”

O sea, para que sea, o para que tengamos un cuerpo glorificado como el cuerpo que Él tiene, el cual es joven y está tan joven como cuando Él subió al Cielo dos mil años atrás. Sigue diciendo... dice que esa es la congregación ¿de qué? De los primogénitos, esos son los elegidos de Dios, los primogénitos de Dios; los primeros en los cuales Dios pensó, y los cuales obtendrían la salvación y Vida eterna. Sigue diciendo [Hebreos 12:23]:

“...a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos.”

O sea, a los cuerpos angelicales de los profetas hechos perfectos, o sea, cuerpos angelicales, teofánicos, eternos en los cuales los profetas que ya partieron están viviendo; y los cristianos creyentes nacidos de nuevo también tienen un cuerpo inmortal, un cuerpo angelical en el cual viven, llamado el Ángel del Señor de cada persona.

Recuerden el caso de San Pedro cuando estuvo preso y le apareció el Señor, el Ángel del Señor, y lo libertó; cuando tocó a la puerta donde estaban orando por él, una joven llamada Rode salió para abrir la puerta, y cuando escuchó que era Pedro, de gozo no abrió la puerta, y da la noticia a los que estaban en la casa y les dice: “Es Pedro el que está tocando la puerta.” Y ellos le dicen: “Rode, estás loca, es su ángel.”

Es la misma creencia que tienen muchas personas en diferentes países de que cuando una persona va a morir o murió, luego el espíritu le aparece a otras personas y desaparece, aparece y desaparece, y dice que está desandando, algo así, pues ese era el caso en la cual estaban pensando aquellos cristianos de aquel tiempo, que Pedro estaba, sí, allí, pero no en el cuerpo de carne, sino en el cuerpo angelical, cuerpo espiritual, en el cual viven los que ya murieron físicamente; porque la persona cuando muere físicamente, muere su cuerpo físico, no murió su alma, la persona sigue viviendo, sigue viviendo pero en otra dimensión y en otro cuerpo que no es de carne, un cuerpo espiritual de otra dimensión.

Por eso es que en las parábolas de Jesús, en la parábola del mendigo Lázaro y el hombre rico. Cristo muestra que cuando murió el hombre rico fue al infierno y allí sintió sed, sintió calor y necesidad de tomar agua. Y murió también el mendigo, y fue al seno de Abraham, que es el Paraíso de ese tiempo. Vean, siguieron viviendo, pero en otra dimensión; la vida no termina cuando muere el cuerpo físico, usted y yo continuamos viviendo.

Los creyentes en Cristo que mueren van al Paraíso, donde están los apóstoles y donde están todos los creyentes de todos los tiempos pasados del Cristianismo. En palabras más claras: es como ir de viaje o de vacaciones a otra nación, a otro país donde usted no había estado, pero ahora va a ver árboles, pajaritos, animales, lagos, peces y otras personas; pero jóvenes todos y en túnicas blancas.

Así es el Paraíso donde van los creyentes en Cristo cuando físicamente mueren. Los incrédulos van a otro lugar, a otra dimensión, a la dimensión a donde fue Judas Iscariote, a la dimensión donde van todos los que no quisieron ir al Paraíso, hay otro lugar; es otra dimensión: la quinta dimensión, la cual es llamada también el infierno, al mismo lugar donde fue el hombre rico de la parábola que Cristo estuvo dándole al pueblo.

Ahora, hemos visto que hay vida después de esta vida terrenal, hemos visto que hay un Libro en el Cielo donde están escritos los nombres de todas las personas que viven en la Tierra. En ese Libro, Libro de la Vida hay una sección que se llama el Libro de la Vida del Cordero, la parte del Libro donde están escritos todos los que recibirían a Cristo como único y suficiente Salvador y serían perdonados, bautizados en agua en Su Nombre y recibirían el Espíritu de Cristo y obtendrían el nuevo nacimiento. Esa sección del Libro es llamada el Libro de la Vida del Cordero.

Vamos a verlo aquí en el capítulo 13 del libro del Apocalipsis, verso 8, nos dice que a la bestia la adoraron todos los que no tenían sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero. Vamos a leerlo, dice:

“Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.”

Y ahora, podemos ver que hay personas que no están escritas en esa sección, esa área del Libro, el Libro de la Vida del Cordero; porque esa es el área donde están los elegidos, los escogidos de Dios. En palabras más claras: los que no se pueden perder. “Porque no es la voluntad de nuestro Padre celestial que se pierda uno de estos pequeñitos.” Eso lo dijo Cristo en San Mateo, capítulo 18, versos 11 al 14, cuando dijo al pueblo de la siguiente manera, y vamos a leerlo, porque esas personas son aquellas a las cuales Cristo dice que vino para buscarlos y salvarlos. Dice, capítulo 18, versos 10 al 14:

“Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos.”

Y ahora, Cristo aquí dice que los ángeles de estos pequeñitos ven el rostro de Dios en el Cielo, del Padre celestial. ¿Ven que tiene un ángel? El ángel de cada persona, el cuerpo angelical de cada persona.

“Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.”

Viene para salvar esas personas, esos elegidos de Dios, esos hijos e hijas de Dios.

“¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado?

Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquélla, que por las noventa y nueve que no se descarriaron.

Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.”

La voluntad de Dios es la salvación y Vida eterna para estos elegidos de Dios, que sus ángeles... sus ángeles es el espíritu de esas personas; ese es el ángel de cada persona.

Y ahora, en San Lucas, capítulo 19, nos dice Cristo; capítulo 19 de San Lucas, nos dice que “el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” Esa es la voluntad de Dios, la salvación de todos aquellos que están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, San Lucas, capítulo 19, verso 10:

Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”

Por lo tanto, Él vino a buscarme a mí y a salvarme a mí, ¿y a quién más? A cada uno de ustedes también. Necesitamos saber quiénes somos, de dónde hemos venido, porqué estamos aquí en la Tierra, y adónde iremos luego que terminen nuestros días en este cuerpo terrenal.

Y ahora estamos descubriendo a través de la Escritura que hemos venido de donde vino Jesucristo. Él dijo: “Salí de Dios y vuelvo a Dios; salí del Padre y vuelvo al Padre.” Y también Él dijo: “Nadie subió al Cielo sino que el que descendió del Cielo, el Hijo del Hombre que está en el Cielo.” De donde Él vino, hemos venido todos nosotros, nuestra alma ha venido del Cielo; aunque nuestro cuerpo físico surgió en esta Tierra, pero nuestra alma, que es lo que somos: almas vivientes, ha venido del Cielo de donde vino Jesucristo.

Y ahora, hemos visto que hay personas que están escritas en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, en esa sección; esas personas no se pueden perder, esas personas son las ovejas del Padre que le han sido dadas a Cristo para que las busque y les dé Vida eterna. Por eso en San Juan, capítulo 10, versos del 1 al 30, Cristo habla de esas personas y las representa en ovejas, y dice:

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco (¿desde cuándo nos conoce? Desde antes de la fundación del mundo)... y yo las conozco, y yo les doy vida eterna.”

Para eso es que se predica el Evangelio de Cristo, y se les da la oportunidad a las personas para que reciban a Cristo como su único y suficiente Salvador. ¿Para qué? Para que Cristo les dé la Vida eterna, y así aseguran su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno, pues ya saben de dónde han venido: del Cielo, saben porqué están aquí: para hacer contacto con la Vida eterna, con Cristo, y ser rociados con la Sangre de Cristo y limpiados de todo pecado; y recibir el Espíritu de Cristo luego de ser bautizados en agua en Su Nombre y obtener el nuevo nacimiento, nacer de nuevo, nacer en el Reino de Dios que está en la esfera espiritual en medio de la raza humana.

Y así, queda asegurada la persona en el Reino de Dios con Vida eterna, y entonces ya sabe de dónde vino: del Cielo, sabe porqué está aquí: está por causa del Programa de Redención para ser redimidos por Cristo y ser restaurados a la Vida eterna, y sabe lo que será su futuro luego de esta vida terrenal, sabe hacia dónde va, va al Reino eterno de Dios para vivir eternamente con Cristo en Su Reino, Reino que va a ser establecido en este planeta Tierra; y estos escogidos elegidos de Dios, vendrán a ser el gabinete del Mesías en Su Reino, cuando Él lo establezca en este planeta Tierra; o sea, que el futuro de estas personas que están identificadas en la Escritura como “los escogidos desde el principio para salvación,” su futuro es el más glorioso que pueda tener una persona.

Aunque en este reino terrenal, que es temporero, no tengan una posición tan importante, en el Reino del Mesías tendrán la posición más importante que una persona pueda tener: ser un miembro del gabinete del Señor, ser un miembro de la familia real, de la realeza; y los miembros de la realeza son siempre los hijos del rey y la reina.

Así que, la posición más alta en el Reino del Mesías la tienen estas personas llamadas los escogidos, los elegidos de Dios desde antes de la fundación del mundo que tienen sus nombres escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero. También hay personas que no tienen sus nombres ahí escritos, y por eso Cristo dice: “El que es de Dios, la Voz de Dios oye.” Pero vean, vamos a verlo aquí... a unas personas que no querían escucharlo, Cristo les dice en el capítulo 8, verso 47 de San Juan, dice:

“El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios.”

Y ahora, aquí Cristo dice que los que son de Dios, oyen la Voz de Dios; y los que no son de Dios, no oyen la Voz de Dios. Por eso podemos encontrar a personas que escuchan la Voz de Dios, el Evangelio de Cristo y lo reciben a Cristo como Salvador, y otros no están interesados en el Evangelio de Cristo, no están interesados en recibir a Cristo como Salvador. Cristo los identifica a ambos aquí, en el capítulo 10, también de San Juan, versos 22 en adelante, veamos la escena de esta ocasión aquí:

“Celebrábase en Jerusalén la fiesta de la dedicación. Era invierno,

y Jesús andaba en el templo por el pórtico de Salomón (esto se desarrollo allá en Jerusalén en el lugar del Templo).

Y le rodearon los judíos y le dijeron: ¿Hasta cuándo nos turbarás el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente.”

No toda persona quiere saber la verdad para aceptarla, hay muchos que quieren saber cuál es la verdad o cuál es dicha que es la verdad, para combatirla. Y vamos a ver:

“Jesús les respondió: Os lo he dicho, y no creéis...”

Ya se los había dicho en otras ocasiones y no creyeron y ahora querían escuchar de nuevo que Él dijera que Él era el Cristo, o sea, el Mesías, el Ungido.

“...las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí;

pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho.”

Y aquí Cristo les pone en claro el porqué ellos no creen; porque no son de las ovejas del Padre que le han sido dadas para darles salvación y Vida eterna, no pertenecen al grupo de los escogidos, de los escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero. Fueron Palabras duras, pero la verdad aunque sea dura, será siempre la verdad.

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

Yo y el Padre uno somos.”

Y ahora, estas personas, los escogidos, lo elegidos de Dios son estas ovejas, estas almas de Dios, estas personas del Padre que le han sido dadas a Cristo para que Él las busque y les dé Vida eterna, éstos son los que recibirán a Cristo como único y suficiente Salvador en el tiempo que les toque vivir en la Tierra y escuchen la predicación del Evangelio de Cristo.

Por esa causa hemos visto a través de la historia del Cristianismo millones de personas que han escuchado el Evangelio de Cristo y lo han recibido como único y suficiente Salvador, y han sido bautizados en agua en Su Nombre, Cristo les ha bautizado con Espíritu Santo y Fuego, y ha producido en ellos el nuevo nacimiento, han nacido en el Reino de Dios, en el Reino de Cristo; han sido trasladados del reino de las tinieblas al Reino de luz, al Reino de Cristo nuestro Salvador; y han asegurado su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno.

Estas personas sí que tienen futuro, tienen asegurado el futuro eterno más glorioso que persona alguna pueda tener, lo tienen asegurado con Cristo en Su Reino eterno. Son hechos por Cristo Reyes y Sacerdotes para Dios, en el Reino del Mesías; son los benditos de Dios, son los primogénitos de Dios escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero; y nunca puede ser borrado un nombre de esa sección, llamada el Libro de la Vida del Cordero; y esa sección está en el mismo Libro de la Vida, pero en las otras partes del Libro de la Vida, en donde están escritos también nombres de personas, nombres de personas que vienen a vivir a la Tierra; por lo tanto, viene a vivir la vida terrenal, y ahí está la sección de la vida terrenal y temporera, de esa parte del Libro pueden ser borradas algunas personas; en esa parte están millones de seres humanos, pero también hay personas que no están escritas en el Libro de la Vida, no están escritas y por esa causa no obtendrán nunca la Vida eterna.

Y vamos a ver si la Escritura lo dice, porque si la Escritura lo dice, es así, aunque no lo podamos comprender bien. En el libro del Apocalipsis, nos dice en el capítulo 20 (del libro del Apocalipsis), vamos a ver lo que aquí nos dice, versos 11 al 15:

“Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos.

Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos (¿ven? Hay Libros en el Cielo donde están escritos los nombres de los seres humanos y también las obras que hicieron en esta tierra)... y los libros fueron abiertos y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras.”

Cada cual responderá ante Dios en ese juicio final por las obras que hizo aquí en la Tierra, eso será el juicio para las demás personas; pero para los elegidos, ya ellos no pasarán por ese juicio, aunque estarán en ese juicio, pero están allí como jueces con Cristo para juzgar al mundo y también juzgar a los ángeles. “Porque los santos juzgarán al mundo y aun a los ángeles,” dice Primera de Pedro, capítulo 6, verso 1 en adelante. Vamos a revisar esa cita que les dí para que la tengan correcta. Está correcta, capítulo 6, versos 1 en adelante. O sea, que los escogidos, los elegidos, en el juicio final también serán Jueces con Cristo el que juzgará a los vivos y a los muertos. Por lo tanto, pertenecen ¿a qué? Al poder judicial del Reino del Mesías y del Reino celestial también.

Vamos a continuar leyendo aquí este pasaje de Apocalipsis, pasamos al verso 13.

“Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras.

Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda.

Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.”

Hay personas que no están escritas en el Libro de la Vida en ninguna de las dos secciones, y algunos que estuvieron escritos en la sección del Libro de la Vida, donde pueden ser borrados, fueron borrados como sucedió con Judas Iscariote y como sucedió con muchas otras personas, pues Dios dice: “El que pecare contra mí, a ese yo raeré de mi Libro.” Lo que leímos allá en el Éxodo, capítulo 32, versos 32 al 33, cuando Moisés le pedía a Dios diciéndole “que perdones a este pueblo, o si no raéme de Tu Libro.” Y Dios le dice: “Al que pecare contra mí, yo lo raeré de mi Libro.” O sea, que Moisés no le puede decir a Dios a quien va a quitar, a borrar del Libro de la Vida, ya eso es asunto de Dios. Pero Dios dice quién va a borrar, al que pecare contra Dios. Dice: “Al que pecare contra mí a es yo lo raeré de mi Libro.” Y el que no fue hallado escrito en el Libro de la Vida, pues fue lanzado al lago de fuego, ¿ve? Ese es resultado final para los que no están escritos en el Libro de la Vida; ese es el lugar para estas personas de Apocalipsis, capítulo 17, verso 8.

“La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo e ir a perdición; y los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida, se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será.”

Aquí encontramos que en los seguidores de la bestia, que estará dirigida por el anticristo, sus nombres no están escritos en el Libro de la Vida desde la fundación del mundo, no están escritos. Por lo tanto, esas personas ya sabemos que serán echadas en el lago del fuego, ese es el futuro triste para ellos; pero el futuro glorioso para los escogidos desde el principio es para salvación y Vida eterna, para vivir eternamente con Cristo en Su Reino; esas son las personas que escuchan la predicación del Evangelio de Cristo, nace la fe de Cristo en su alma y dan testimonio público de su fe en Cristo recibiéndolo como único y suficiente Salvador.

Yo escuché el Evangelio de Cristo siendo predicado, nació la fe de Cristo en mi alma y lo recibí como mi único y suficiente Salvador, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también. Por lo tanto, tenemos nuestro futuro eterno asegurado con Cristo en Su Reino eterno.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, y nació la fe de Cristo en su alma mientras escuchaba la predicación del Evangelio de Cristo, ahora tiene la oportunidad de dar testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como su único y suficiente Salvador; para lo cual puede pasar acá al frente y estaremos orando por usted.

Cristo en San Mateo, capítulo 10, dice de la siguiente manera, versos 32 al 33.

“A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.

Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.”

Si le negamos, Él nos negará; si lo confesamos públicamente como nuestro único y suficiente Salvador, Él nos confesará delante de nuestro Padre celestial como personas que hemos creído y lo hemos recibido como nuestro único y suficiente Salvador.

Por lo tanto, pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo para dar testimonio público de vuestra fe en Cristo recibiéndole como vuestro único y suficiente Salvador. Ustedes están escuchando la predicación del Evangelio de Cristo por una causa, porque el nombre de ustedes está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida; y por eso nace la fe de Cristo en vuestra alma, y creen en Cristo y lo reciben como único y suficiente Salvador.

Ustedes al escuchar la predicación del Evangelio de Cristo descubren que son elegidos de Dios, escogidos de Dios para Vida eterna, para salvación; descubren que son las ovejas del Padre que le han sido dadas a Cristo para que Cristo les dé salvación y Vida eterna, descubren que son las ovejas de las cuales Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen; y Yo las conozco y Yo les doy Vida eterna.” ¿Desde cuándo Cristo lo conoce a usted y a mí? Desde antes de la fundación del mundo; y ahora nosotros lo reconocemos a Él como nuestro hermano mayor, como nuestro único y suficiente Salvador.

En las demás naciones también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador, la Escritura nos dice hablando de estos hijos e hijas de Dios que son los elegidos, los escogidos, los predestinados de Dios para Vida eterna, dice en Hebreos, capítulo 2, versos 10 en adelante, dice:

“Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos.”

Vean, Cristo vino y murió ¿para qué? Para llevar muchos hijos a la gloria, para que todos podamos obtener la Vida eterna, y obtener un cuerpo eterno y glorificado que Él dará a todos los creyentes en Él. Los que ya murieron los resucitará en cuerpos glorificados y jóvenes para toda la eternidad, y a los que estemos vivos en ese tiempo nos transformará, y entonces seremos inmortales físicamente. Pero ya la persona cuando recibe a Cristo, recibe la Vida eterna aunque todavía el cuerpo físico no es eterno, es mortal, es corruptible. Pero en el Día Postrero Él ha prometido resucitar en cuerpos glorificados a todos los creyentes en Él, y a los que están vivos transformarlos, y entonces habrá una nueva raza, una raza con Vida eterna. Eso es la Iglesia del Señor Jesucristo, la creación de una nueva raza.

Cristo es el segundo Adán, y por consiguiente a Su imagen y semejanza Dios está creando esa nueva raza, la raza que heredará con Cristo toda la creación, que gobernará con Cristo toda la creación; son los herederos y coherederos con Cristo de toda la creación, son los miembros de la realeza, de la realeza celestial, del Rey de los Cielos y de la Tierra, son los hijos e hijas de Dios; por eso es que dice la Escritura que a los que creen en Él, Dios les ha dado potestad de ser hechos hijos de Dios, los cuales no son engendrados según la carne, o sea, no son engendrados por medio de la unión de un hombre y de una mujer, no son engendrados de sangre y carne sino de Dios, o sea, por medio del Espíritu de Dios produciendo el nuevo nacimiento.

Y ahora, continuamos aquí mientras continúan viniendo a los Pies de Cristo, continuamos leyendo:

“Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos...”

Cristo no se avergüenza de llamarnos hermanos, y nosotros no nos avergonzamos de Cristo, de llamarlo nuestro hermano mayor. Él es el Primogénito de la familia de Dios, de los hijos e hijas de Dios, de la Casa de Dios, Él es nuestro hermano mayor que vino para buscarnos y regresarnos a Dios; y por consiguiente a la Vida eterna:

“...diciendo:

Anunciaré a mis hermanos tu nombre,

En medio de la congregación te alabaré.

Y otra vez:

Yo confiaré en él.

Y de nuevo:

He aquí, yo y los hijos que Dios me dio.”

Y ahora, todos los hijos e hijas de Dios vienen al Reino de Dios por medio de Cristo nuestro Salvador.

“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre...”

O sea, hemos participado de carne y sangre, tenemos carne y sangre, hemos participado de un cuerpo físico terrenal.

“...él también participó de lo mismo...”

O sea, Cristo, el Ángel del Pacto tuvo que venir en un cuerpo de carne y sangre también; porque los que Él tenía que redimir vendrían también en cuerpos de carne y sangre.

“...para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo,

y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.

Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham.

Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo.”

Ya hemos visto porqué Él tuvo que venir a la Tierra y tuvo que morir: para expiar los pecados del pueblo, para expiar los pecados de los escogidos desde el principio para salvación, para expiar los pecados de esos hermanos, para eso Él vino y estuvo dispuesto a morir por mí, ¿y por quién más? Por cada uno de ustedes.

Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, pues ya tienen conciencia del bien y del mal.

En las demás naciones pueden continuar también viniendo a los Pies de Cristo para que queden incluidos en esta oración que estaremos haciendo por todos los que están recibiendo a Cristo como su único y suficiente Salvador. Dios tiene mucho pueblo aquí en Bogotá, y en toda la República colombiana, y los está llamando; y el Reino de Cristo se está llenando de colombianos en esta ocasión.

También en las demás naciones están viniendo a los Pies de Cristo y se está llenando de Latinoamericanos el Reino de Cristo; y también en las otras naciones, Norteamérica y también África, Europa y demás naciones que están viniendo a los Pies de Cristo, están entrando al Reino del Señor, al Reino de Cristo y se está llenando de americanos, europeos, africanos, y también de las demás nacionalidades.

Todas estas personas que reciben a Cristo, luego están incluidas en las que dijo San Pablo: “Porque vuestra ciudadanía está en los Cielos.” Entonces tendremos también ciudadanía celestial, que es la ciudadanía que es para toda la eternidad.

Vamos a estar puestos en pie mientras llegan las personas que faltan por venir en las demás naciones, y los que faltan por venir aquí pueden continuar viniendo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo. Todavía vienen más personas que desean vivir eternamente y que han descubierto que son de los escogidos desde el principio para salvación, están escritos en el Cielo en el Libro de la Vida, en el Libro de Dios.

Todavía veo que vienen más personas que como ustedes han recibido la Palabra en su alma, la fe ha nacido en su alma, en su corazón, están creyendo en Cristo y ahora vienen para dar testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como único y suficiente Salvador.

La fe viene por el oír la Palabra, y con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.

Y ahora vamos ya a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo, en todas las demás naciones también puestos en pie, y ahora con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Tu primera Venida, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo en que podemos ser salvos; creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer de nuevo, quiero nacer en Tu Reino eterno para vivir Contigo por toda la eternidad. Señor sálvame, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados, porque ustedes le recibieron como vuestro único y suficiente Salvador. Ya Él hizo la obra en la Cruz del Calvario, y ustedes la aceptaron. Y ahora Cristo les ha recibido en Su Reino.

Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo lo más pronto posible, pues Él dijo:

“El que creyere y fuere bautizado, será salvo, más el que no creyere será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).” Y la pregunta de ustedes es: “¿Cuándo me pueden bautizar?”

El bautismo en agua es tipológico; el agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado. Pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, aun el mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista. Juan al principio no quería bautizarlo y le decía: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?” Y Jesús le dice: “ Deja, conviene que cumplamos toda justicia.” Y entonces lo bautizó, y luego vino el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo sobre Jesús. Ese es el orden divino.

Si Cristo tuvo necesidad de ser bautizado, cuánto más nosotros. Los apóstoles del Señor del Señor Jesucristo fueron también bautizados, y todos los que han recibido a Cristo como Salvador han sido bautizados en agua en el Nombre del Señor; así ha sido desde el Día de Pentecostés para todos los que escuchan el Evangelio de Cristo y lo reciben como su único y suficiente Salvador.

En el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando el ministro sumerge a la persona en las aguas bautismales, está tipológicamente la persona siendo sepultada, luego de haber recibido a Cristo como Salvador; porque cuando lo recibió como Salvador, murió al mundo; y cuando el ministro lo sumergió en las aguas bautismales, tipológicamente fue sepultado; y cuando lo levantó de las aguas bautismales, resucitó, se levantó a una nueva vida, a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan simple como eso es el simbolismo del bautismo en agua.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados e identificados con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de nuestro amado Señor Jesucristo.

Dejo al doctor Alejandro Sarria, para que les indique hacia dónde dirigirse cada uno de ustedes para colocarse las ropas bautismales y ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y en cada nación dejo al ministro correspondiente para hacer en la misma forma; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de nuestro amado Señor Jesucristo, porque somos: “ESCOGIDOS DESDE EL PRINCIPIO PARA SALVACIÓN.”

Que Dios le bendiga y les guarde a todos.

“ESCOGIDOS DESDE EL PRINCIPIO PARA SALVACIÓN.”

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