ImprimirImprimir

Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes, y los que están a través del satélite Amazonas o de Internet o en diferentes naciones.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes.

Para esta ocasión leemos en San Lucas, capítulo 24, verso 44 en adelante, y dice de la siguiente manera:

“Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.

Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras;

y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día;

y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.

Y vosotros sois testigos de estas cosas.

He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“JESUCRISTO, LA SALVACIÓN PARA TODOS.”

El apóstol Pedro hablando también en el capítulo 4 del libro de los Hechos, en el verso 12, dice “que no hay otro Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos.” La salvación. La salvación para el ser humano es la liberación; así como para el pueblo hebreo que estaba esclavizado en Egipto, Dios les envió a Moisés para libertarlos, salvarlos y llevarlos a la tierra prometida donde había vivido Abraham, Isaac y Jacob.

Y ahora, todo ser humano desde que Adán y Eva pecaron quedó preso, esclavo en el reino de las tinieblas, pero por medio de Cristo, un profeta como Moisés, enviado para libertar a su pueblo, libertarlos del reino de las tinieblas y llevarlos al Reino de Dios; y así darles la Vida eterna, que es la clase de vida que hay en el Reino de Dios.

Primeramente el ser humano recibe la Vida eterna espiritual interior, para el alma y su espíritu, y luego en el Día Postrero Cristo ha prometido que resucitará a todos los creyentes en Él que han muerto físicamente, y a los vivos los transformará. Eso lo encontramos aquí en el Evangelio según San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40, donde dice:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Ninguna otra persona a hecho una promesa tan grande como esa a los seres humanos. Toda persona que escucha la predicación del Evangelio de Cristo, nace la fe de Cristo en su alma, y cree en Cristo, lo recibe como Salvador, y Cristo lo recibe, lo perdona y con Su Sangre lo limpia de todo pecado y lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego, luego que ha sido bautizado en agua en Su Nombre; y así la persona ha obtenido el nuevo nacimiento, del cual le habló Cristo a Nicodemo en San Juan, capítulo 3, versos 1 al 6, en donde le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.”

Toda persona desea entrar al Reino de Dios, desea vivir eternamente, y ahora miren lo sencillo que es entrar al Reino de Dios: naciendo del Agua y del Espíritu, o sea, de la predicación del Evangelio de Cristo, lo cual es nacer del Agua y del Espíritu Santo, recibiendo el espíritu de Cristo la persona, y así obtiene el nuevo nacimiento.

Así como nosotros para ver y vivir en este reino terrenal, tuvimos que nacer, para ver y vivir en el Reino de Dios, tenemos que nacer de nuevo, nacer del Agua y del Espíritu; y así aseguramos nuestro futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno. Y cuando sea establecido en la Tierra físicamente el Reino de Dios, ahí vamos a estar nosotros; ahí estaré yo, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también.

En ese Reino que se va a materializar, estarán todos los creyentes en Cristo, todos los redimidos por Cristo, o sea, todos los que han recibido la salvación y Vida eterna. Por eso el apóstol Pablo, un hombre tan sabio como él, nos dice en el capítulo 6 de Romanos, nos dice (verso 22 al 23):

“Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.

Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”

La Vida eterna solamente en Cristo y a través de Cristo, el ser humano la puede obtener. No hay otra forma para obtener la Vida eterna. El apóstol Pedro dice: “Porque no hay otro Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos.”

Por lo tanto, todos los seres humanos necesitamos a Jesucristo como nuestro único y suficiente Salvador, para obtener la salvación y Vida eterna, porque Jesucristo es la salvación para todos. No hay otra salvación fuera de Jesucristo para el ser humano.

El ser humano viene a esta Tierra a vivir una vida temporera, pues desde que Adán y Eva pecaron, la Vida eterna la perdió el ser humano y solamente le quedó a Adán y a Eva vida temporera, que es lo que nosotros hemos heredado como descendientes de Adán y Eva físicamente.

Pero todos deseamos vivir eternamente, por lo tanto necesitamos otro Adán, otro Adán que no haya pecado, y ese es el segundo Adán, Jesucristo (nuestro segundo Adán) para nacer como descendiente del segundo Adán con Vida eterna. Y se nace del segundo Adán por medio de creer en Él (Cristo), y de recibir Su Espíritu, y así se nace a una nueva vida, a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno; y así es como aseguramos nuestro futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno.

Vean cómo el apóstol Pablo en Colosenses nos habla acerca de este misterio tan grande, y nos dice, capítulo 1, verso 12 en adelante de Colosenses:

“Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz;

el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo.”

Hemos sido trasladados de las tinieblas, o sea, del reino de las tinieblas al Reino de Jesucristo, el Hijo de Dios.

“En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.

El es la imagen del Dios invisible (o sea, Él es la imagen del Dios invisible), el primogénito de toda creación (Cristo es el primogénito de toda creación).

 Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.

Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten.”

Y ahora, Cristo es antes de todas las cosas. Es que por medio de Cristo, estando en Su cuerpo angelical, Dios creó los Cielos y la Tierra, o sea, toda la creación la llevó a cabo, Dios, por medio de Jesucristo nuestro Salvador. Esto lo dice San Pablo en Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 3, diciendo:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo (por medio de Cristo fue que Dios creó el Universo).”

Ahora, este misterio de la creación, el ser humano lo ha estado buscando, la ciencia ha estado buscando el misterio de la creación, cómo vino a existencia la creación. Pero aquí la Escritura nos dice en el Evangelio San Juan [capítulo 1], verso 1 en adelante (así como San Pablo dijo en Hebreos), dice:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.”

El Verbo es el Ángel del Pacto, ese Ángel de Dios, en donde está el Nombre de Dios, el Ángel que le apareció al profeta Moisés y le dijo: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.” (Éxodo, capítulo 3). Ese Verbo es nada menos que Cristo en Su cuerpo angelical.

“Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.”

¿Ve? Todas las cosas fueron hechas por el Verbo, en palabras más claras: Dios por medio de Cristo, el Ángel del Pacto, habló a existencia todas las cosas. Dice:

“En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.”

Y ahora, en el verso 14, dice:

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.”

El Verbo se hizo carne, o sea, el Ángel del Pacto se vistió de un cuerpo de carne humana el cual creó en el vientre de María y nació en Belén de Judea. Por eso nuestro amado Señor Jesucristo es la persona más importante que ha pisado este planeta Tierra, Él es la salvación para todos; no hay otro Salvador, Él es el único Salvador. Y todos los seres humanos necesitan un Salvador. Y hay un Salvador común para todos, y Su Nombre es SEÑOR JESUCRISTO. Él es mi Salvador, mi Redentor, mi Libertador.

Ahora, en la lectura que teníamos de Hebreos, capítulo 1, allí el apóstol San Pablo expresa este misterio tan claramente, que no hay dudas de que Jesucristo es el Heredero de toda la creación, y es también la persona a través de la cual Dios creó los Cielos y la Tierra. Aquí él dijo, el apóstol Pablo:

“...a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.”

Dios por medio de Cristo hizo el Universo; por eso Jesucristo no es cualquier persona, es la persona más importante que ha pisado el planeta Tierra, y es el Rey de los Cielos y de la Tierra, pues está sentado a la diestra de Dios en el Cielo. Por eso Él dijo luego de resucitado y antes de subir al Cielo: “Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra.” [San Mateo 28:18].

También le había dicho a los miembros del concilio del Sanedrín, encabezados por el sumo sacerdote, allá en San Mateo, cuando lo estaban juzgando, entre las preguntas que le hicieron hubo una muy pero que muy importante, y se la hizo el sumo sacerdote en el capítulo 26, versos 63 en adelante, y dice de la siguiente manera:

“Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo (si Tú eres el Cristo), el Hijo de Dios.

Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.”

Cristo sabía que iba heredar el Trono de Dios celestial. La lucha entonces era por el Trono, porque el que está en el Trono es que el obtiene todo el poder, y es el que puede hacer algo por las personas que viven en la Tierra o en los Cielos. Y el que está sentado en el Trono, al tener todo el poder, él hace de acuerdo a cómo está determinado por Dios. Por eso Cristo es el que ha estado llevando a cabo el Programa Divino, el programa de la creación del Universo, y el programa de la creación del ser humano.

La raza humana cayó, perdió la Vida eterna, y Dios está creando una nueva raza con Vida eterna; y los miembros de esa nueva raza son los creyentes en Cristo. Por lo tanto, esas son las personas que son hechas, creadas por Dios a imagen y semejanza del Señor Jesucristo. El Señor Jesucristo está tan joven como cuando subió al Cielo, porque está glorificado, tiene Su cuerpo glorificado, y el cuerpo glorificado es joven para toda la eternidad. Esa es la clase de cuerpo que Cristo ha prometido para todos los creyentes en Él.

Por eso cuando el apóstol Pablo, y el mismo Cristo, nos habla de la resurrección de los muertos, nos está hablando de la resurrección en cuerpos eternos, un cuerpo eterno que Dios le va a dar a todos los creyentes en Él que murieron, y a los que estén vivos en ese tiempo los va a transformar. Y entonces todos seremos jóvenes para toda la eternidad, con cuerpos glorificados, cuerpos perfectos, cuerpos eternos. En palabras más claras: seremos físicamente inmortales, porque la nueva creación, que está encabezada por Cristo, es de inmortales, por eso nos habla la Escritura que Él nos da Vida eterna.

Y ahora, podemos ver este Programa Divino de la creación de una nueva raza, en donde para todos Jesucristo es la salvación. Él es el que nos ha salvado y nos ha colocado en Su Reino con Vida eterna.

Para el Día Postrero, que es el séptimo milenio de Adán hacia acá, Dios ha prometido que va a resucitar a los muertos creyentes en Él en cuerpos glorificados, y a los vivos los va a transformar (a los vivos creyentes en Cristo). Y entonces estará sobre la Tierra esa nueva creación, esa nueva raza con Vida eterna para luego ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, a una gran fiesta que durará tres años y medio en el Cielo; la fiesta más importante que se haya llevado a cabo en el Cielo. Y luego regresarán con Cristo a la Tierra para el establecimiento del Reino de Dios en la Tierra, restaurando el Reino de David, y sentándose sobre el Trono de David, el Mesías Príncipe, y en ese Reino los creyentes en Cristo estarán con Él con cuerpos eternos, o sea, que será un Reino dirigido, gobernado por inmortales, por el Mesías Príncipe y todos los creyentes en Él que estarán con cuerpos eternos.

Por lo tanto será un Reino en donde la justicia y la paz traerán la felicidad al ser humano. Será un Reino que dominará, gobernará todas las naciones. Es un imperio, un reino mundial conforme a Isaías, capítulo 9, versos 6 al 7; y en ese Reino yo voy a estar con el Señor, ¿y quien más? Cada uno de ustedes también; es para todos los creyentes en Cristo.

Vean aquí en el capítulo 9 de Isaías, verso 6 al 7, dice:

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz.

Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.”

Será una obra divina para beneficio de la familia humana. La venida y establecimiento del Reino de Dios en la Tierra, será la solución a todos los problemas de la raza humana. Por eso Cristo dijo en San Mateo, capítulo 6, verso 10, que orando pidamos la venida del Reino de Dios.

“Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.”

Porque es en ese Reino en que el ser humano logrará la felicidad, pues esa es la meta para el ser humano: la felicidad. Y eso es lo que Dios tiene para todos los creyentes en Cristo; por lo tanto todo creyente en Cristo ha asegurado su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno.

Job, este hombre justo, pregunta: “¿Si el hombre muriere, volverá a vivir?” El ser humano, dice Cristo que volverá a vivir. Dice: “Todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente.” Y le pregunta a Marta, la hermana de Lázaro: “¿Crees esto?” Y ella le dice: “Sí, Señor.” Esto fue cuando fue a resucitar a Lázaro en San Juan, capítulo 11, versos 21 al 27. Yo también lo creo así, como Cristo lo prometió, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como su único y suficiente salvador, para poder decir: “Jesucristo es mi salvación,” puede recibirlo en estos momentos para que así Cristo le reciba, le perdone y que con Su Sangre le limpie de todo pecado, sea bautizado en agua en Su Nombre, y que Cristo lo bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento; para lo cual puede pasar acá al frente y estaremos orando por usted. Y los que se encuentran en otras naciones, también pueden venir a los Pies de Cristo para que Cristo les reciba en Su Reino.

Cristo hablando acerca de lo que causa gozo en el Cielo, dijo en una ocasión: “Cuando un pecador se arrepiente hay gozo en el Cielo.” Por lo tanto, en el Cielo hay gozo en estos momentos. Es como en una familia que está esperando un bebé, cuando nace, hay gozo en la familia, y eso es lo que sucede cuando un pecador se arrepiente y recibe a Cristo como Salvador; es que va a nacer en la familia de Dios un hijo o una hija.

“JESUCRISTO LA SALVACIÓN PARA TODOS,” Él es nuestro único y suficiente Salvador.

Pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo los que están presentes y no lo habían hecho, y los que están en otras naciones también, conectados en estos momentos a través del satélite Amazonas o de Internet.

Dios tiene mucho pueblo en todas las naciones, tiene mucho pueblo también en Norteamérica, en la América Latina, en Europa y en todas las naciones, y los está llamando en este tiempo final. Por eso es que dice San Pablo, citando al Antiguo Testamento: “Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón.”

 Es que es Dios está llamando directamente al corazón de la persona, o sea, al alma de la persona para darle Vida eterna. Por eso Cristo hablando de esto dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y Yo las conozco, y Yo les doy Vida eterna.” Es Vida eterna lo que recibimos cuando escuchamos la Voz de Cristo, que es el Evangelio de Cristo, y lo recibimos como nuestro único y suficiente Salvador.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo. Los que están en otras naciones también puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en diferentes naciones en esta ocasión.

Algunas veces hay personas que son tímidas y les da vergüenza, timidez, de que lo vean pasar al frente para recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, pero Cristo dijo: “El que se avergonzare de mí, Yo me avergonzaré de él delante de mi Padre que está en los Cielos.” Dijo:

“A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.” [San Mateo 10:32].

Y, “el que se avergonzare de mí, Yo me avergonzaré de él delante de mi Padre que está en los Cielos.” Si nos avergonzamos de Cristo, Él se avergonzará de nosotros también. Si le confesamos delante de los seres humanos, Él también nos confesará públicamente delante de Dios y Sus Ángeles.

 Hemos visto que Jesucristo es la persona más importante. Para una persona recibir al presidente de su nación en su casa, es un privilegio, todos desearían recibirlo. ¿Y qué de recibir al Rey del Cielos y de la Tierra acá en el corazón? Eso es lo más grande que una persona puede recibir: a Jesucristo, el Rey de reyes y Señor de señores, nuestro Salvador y nuestro hermano mayor.

Ya vamos a orar por las personas que han venido a los pies de Cristo; con nuestros ojos cerrados y nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, los que han venido a los Pies de Cristo repitan conmigo esta oración.

Señor Jesucristo, escuché Tu Palabra, Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Ti con todo mi corazón, creo en Tu primera Venida, creo en Tu muerte como el Sacrificio de Expiación por mis pecados y por los de todo ser humano; y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos; reconozco que soy pecador y necesito un Salvador; doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mí único y suficiente Salvador.

Sálvame, Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso; Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Sálvame, Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Cristo dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” [San Marcos 16:15-16].

Por cuanto ustedes han creído en Cristo, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua es tipológico, el agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado. Pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo. Aun el mismo Cristo fue bautizado por Juan, y le dijo a Juan: “Nos conviene cumplir toda justicia.” Y si Cristo fue bautizado, cuánto más nosotros necesitamos ser bautizados para cumplir toda justicia, y ser identificados con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando es sumergido en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida, a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Por lo tanto, en el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Conociendo el simbolismo del bautismo en agua, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador, porque Jesucristo es nuestra salvación, la salvación para todos.

Continúen pasando todos una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo. Dejo al ministro aquí correspondiente, para que les indique hacia dónde dirigirse para colocarse las ropas bautismales (si hay bautisterios); y dejo aquí al reverendo Luis Mejía, para que les indique hacia dónde dirigirse para colocarse las ropas bautismales, y ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y que Cristo los bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Continúen pasando una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“JESUCRISTO LA SALVACIÓN PARA TODOS.”

Encuéntrenos

Carretera No.1 Km 54.5
Barrio Monte Llano
Cayey, Puerto Rico
00736

Twitter