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Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; es una bendición y privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final. Para lo cual leemos en San Marcos, capítulo 13, versos 26 al 27, y luego continuaremos hasta el 33. Dice:

“Pero en aquellos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor,

y las estrellas caerán del cielo, y las potencias que están en los cielos serán conmovidas.

Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en las nubes con gran poder y gloria.

Y entonces enviará sus ángeles, y juntará a sus escogidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.

De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca.

Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas.

De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre.

Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“LA HORA DE LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE.”

Este es el tema más importante para este tiempo final en el cual nosotros estamos viviendo, es un tema del cual han investigado los apóstoles y aun los profetas del Antiguo Testamento. San Pedro nos dice que estemos atentos a la Palabra profética que alumbra en lugar oscuro.

Por lo tanto, es necesario que estemos atentos a la Palabra profética, que es la que nos da luz acerca de este tema tan importante: la Venida del Hijo del Hombre, de la cual Cristo dijo que habría un día y una hora, pero que nadie sabría cuándo sería el día y la hora.

Por lo tanto, tendría que ser revelado por el Espíritu de Dios a la Iglesia del Señor Jesucristo en el Día Postrero, y esa revelación divina tiene que venir en un mensaje profético llamado la Trompeta final o gran Voz de Trompeta, que es la Voz de Cristo, el Ángel del Pacto en Apocalipsis, capítulo 10, donde muestra el Ángel Fuerte que desciende del Cielo, el cual es el Ángel del Pacto (el mismo Ángel que libertó al pueblo hebreo a través del profeta Moisés) el cual es nada menos que la imagen del Dios viviente, o el Espíritu Santo.

Este Ángel Fuerte que desciende del Cielo con el librito abierto en su mano, vean ustedes, lo tomó en Apocalipsis, capítulo 5 de la mano del que está sentado en el Trono, que es Dios, y cuando lo tomó, vean ustedes, el anciano lo había presentado a Juan el Apóstol como el León de la Tribu de Judá, el cual había prevalecido para tomar el Libro y abrir sus sellos, y cuando Juan miró, vio un Cordero como inmolado, porque el Cordero y el León es la misma persona en dos labores diferentes.

Es Cristo, el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios que apareció en el Antiguo Testamento en la forma de un hombre de otra dimensión, el cual libertó al pueblo hebreo, el mismo que le apareció a Abraham y le dio la promesa de que tendría un niño y le pondrían por nombre, y le pusieron por nombre Isaac; era el mismo que apareció con Sus Ángeles o Arcángeles Gabriel y Miguel en el capítulo 17 y capítulo 18 del libro del Génesis, antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra.

Y los Ángeles que acompañaban a Dios, al Ángel del Pacto, luego que almorzaron con Abraham, se levantaron del almuerzo y se fueron a Sodoma, y a la caída del sol estaban sentados allá en la plaza de la ciudad de Sodoma, y Lot los vio, habló con ellos y les dijo que no pasaran la noche allí en la plaza, que fueran con él y él les prepararía la cena, algo de comer.

Pero ellos no querían ir, ellos decían: “Nos quedaremos aquí en la plaza,” ellos tenían una misión muy, pero que muy importante. Pero luego encontramos que Lot continuó y continuó pidiéndole a ellos que lo acompañaran, y ellos fueron con Lot a la casa de Lot, cenaron con Lot, y le dijeron a Lot: “Hemos venido para destruir esta ciudad.”

Estos Arcángeles Gabriel y Miguel vienen para bendición o para juicio divino a la Tierra, entre las naciones. El Ángel Gabriel juntamente con el Arcángel Miguel estuvieron peleando contra el príncipe de Persia, para el cambio de gobierno del imperio medopersa al imperio de Grecia, porque estos Arcángeles tienen que ver con estos cambios del imperio de los gentiles.

Donde quiera que Dios esté, también estarán estos Arcángeles, son los Arcángeles de la diestra de Dios, son los Arcángeles que están en la presencia de Dios, y a través de ellos Dios se revela, se manifiesta, para traer bendición o hablar bendición o juicio a los seres humanos.

Y ahora, nos habla la Escritura de la Venida del Hijo del Hombre, del día y de la hora; para la venida de Juan el Bautista fue enviado de la presencia de Dios el Ángel Gabriel para dar la buena nueva o buenas noticias al sacerdote Zacarías que estaba ministrando en el templo, el cual era ya de edad avanzada y su esposa también; y su esposa, estéril también.

Pero el Ángel le dijo que la oración, su oración, la oración de Zacarías que era la petición por un hijo, había sido oída en el Cielo, había sido oída por Dios y él le trajo la respuesta, que tendría un hijo que sería grande delante de Dios, vendría con el espíritu y virtud de Elías y vendría para preparar al pueblo, para convertir al pueblo a Dios, para hacer la obra prometida en Malaquías, capítulo 4 y capítulo 3, el mensajero que Dios enviaría delante del Señor.

Luego para el nacimiento del Señor Jesús, también fue enviado el Ángel Gabriel para anunciar la primera Venida de Cristo, la primera Venida del Señor, y ese Ángel Gabriel anunciará también la segunda Venida de Cristo, la Venida del Mesías para el Día Postrero, la Venida del Hijo del Hombre para el Día Postrero.

Y ahora, encontramos que la Venida del Hijo del Hombre para el Día Postrero es el evento más importante correspondiente al tiempo final o Día Postrero; el Día Postrero, así como el día postrero de la semana es el sábado, el séptimo día, el Día Postrero para los seres humanos en donde Cristo dijo que resucitará a todos los creyentes en Él que han muerto, San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40, donde dice:

“Y yo le resucitaré en el Día Postrero.”

Y en San Juan, capítulo 11, versos 25 al 27 dice... vamos a leerlo aquí para que lo tengan claro en sus mentes y también sepan dónde Cristo lo dice:

“Y le dijo Jesús (verso 25): Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? (Y Marta vean lo que dice)

Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.”

¿Y nosotros creemos esto que Cristo dijo? Si señor, también yo lo creo, ¿y quién mas? Cada uno de ustedes también, por lo tanto, nosotros lo creemos y todos los muertos en Cristo van a resucitar en el Día Postrero en cuerpos glorificados y eternos, y los que vivimos creyentes en Cristo nacidos de nuevo, seremos transformados, y entonces tendremos cuerpos jóvenes, eternos, inmortales y glorificados, como el cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador.

Esa es la promesa para todos los creyentes en Cristo, y esto ocurrirá en el Día Postrero que es el séptimo milenio de Adán hacia acá, o tercer ,milenio de Cristo hacia acá, pues los días postreros son los milenios postreros, que son el quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.

De Cristo hacia acá comenzaron los días postreros delante de Dios que son los milenios postreros para los seres humanos. Cuando ya Cristo nació en la Tierra faltaban de tres a siete años para comenzar el quinto milenio y por consiguiente para comenzar los días postreros, los días en que Dios hablaría por medio de su Hijo, el Mesías, Cristo, y en los días en que Dios derramaría de Su Espíritu sobre toda carne, o sea, sobre toda persona que recibirá a Cristo como único y suficiente Salvador.

Y eso ha estado ocurriendo desde el Día de Pentecostés hacia acá, y todavía sigue ocurriendo porque es una promesa para los días postreros delante de Dios que son los milenios postreros: quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.

De acuerdo al calendario gregoriano que es el que se usa en la América Latina y también en Norteamérica y en Europa, encontramos que ya estamos viviendo en el séptimo milenio de Adán hacia acá, o tercer milenio de Cristo hacia acá, y por consiguiente ya estamos dentro del Día Postrero, y ya llevamos nueve años dentro del Día Postrero.

Por lo tanto, el Día Postrero, que es el séptimo milenio de Adán hacia acá, o tercer milenio de Cristo hacia acá, ya está siendo manifestado en la Tierra, y es el tiempo señalado por Cristo para resucitar a los muertos creyentes en Él, pues Él dijo: “Y yo le resucitaré (¿cuándo?) en el Día Postrero.”

Ahora, no sabemos en qué año o en qué mes, en qué semana o en qué día ocurrirá la resurrección de los muertos en Cristo. Pero es para el milenio postrero o séptimo milenio y ya estamos en ese día milenial en que ese evento ocurrirá, para lo cual la Venida del Hijo del Hombre tiene que ser cumplida en medio del Cristianismo. Y luego el pueblo hebreo verá ese evento ocurrir y dirán: “Este es el que nosotros estamos esperando.”

Ahora, la Venida del Hijo del Hombre será por consiguiente el evento que el Cristianismo está esperando para la transformación de los vivos creyentes en Cristo, y los judíos están esperando la Venida del Mesías y están esperando la venida de Elías.

El Cristianismo tiene la profecía de parte de Cristo que el Hijo del Hombre vendrá con Sus Ángeles, y Sus Ángeles encontramos que vendrá o son enviados con la gran Voz de Trompeta para llamar y juntar a los escogidos, para llamar y juntar ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu. Por lo tanto, vendrán esos ministerios para bendición del pueblo hebreo, para el llamado de los escogidos del pueblo hebreo.

Y ahora, el Hijo del Hombre, dice Cristo que muchos de los que estaban con él en aquella ocasión en que Él habló estas cosas, dice: “Muchos de los que están aquí, no verán la muerte (o sea, no van a morir) hasta que vean al Hijo del Hombre viniendo en la gloria de su Padre con Sus Ángeles.” eso está en San Mateo, capítulo 16, versos 26 al 28, y San Mateo, capítulo 17, versos 1 al 9.

Allí en el Monte de la Transfiguración en aquella visión, Cristo mostró a Pedro, Jacobo y Juan el orden de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles; como fue visto allí, así será el cumplimiento de la Venida del Hijo del Hombre. O sea, que en el cumplimiento de la Venida del Hijo del Hombre los ministerios de Moisés y de Elías estarán presentes, pues allí aparecieron Moisés y Elías, uno a cada lado de Jesús, y Jesús apareció allí transfigurado.

Y ahora, encontramos que ese es el orden de la Venida del Hijo del Hombre para el Día Postrero, por lo tanto, lo reconoceremos en Su Venida. El mismo Señor Jesucristo en una ocasión que habló de la destrucción de Jerusalén y del templo, en San Mateo, capítulo 24, versos 1 al 3, principalmente, vamos a ver aquí del 1 al 3, dice:

“Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo.

Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada.

Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?”

Tres preguntas tenían Sus discípulos: “¿Cuándo serán éstas cosas? O sea, cuándo será la destrucción de Jerusalén y del templo, la destrucción de aquellos edificios. “¿Y cuándo será o qué señal habrá de Tu Venida?” Y la otra: “¿Y del fin del siglo?” O sea: “¿Qué señal habrá de Tu Venida y qué señal habrá del fin del siglo?”

La señal del fin del siglo vamos a verla en la misma Escritura de San Mateo, o sea, en la misma Biblia, en San Mateo, capítulo 13. Recuerden que el Hijo del Hombre viene con Sus Ángeles, que son los ministerios de Moisés y Elías que aparecieron allí en el Monte de la Transfiguración. San Mateo, capítulo 13, verso 30, dice:

“Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.”

Y luego en el mismo capítulo 13, versos 36 en adelante, dice:

“Entonces, despedida la gente, entró Jesús en la casa; y acercándose a él sus discípulos, le dijeron: Explícanos la parábola de la cizaña del campo.

Respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre.

El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo.

El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del siglo; y los segadores son los ángeles.”

Y ahora, la siega, o sea, la cosecha, es el fin del siglo y los segadores son los Ángeles. Por lo tanto, la señal del fin del siglo es la cosecha que llevarán a cabo los Ángeles del Hijo del Hombre que vendrán con gran Voz de Trompeta para llamar y juntar a los escogidos.

Cuando estén los Ángeles del Hijo del Hombre, o sea, los ministerios de Moisés y Elías sonando la Trompeta final, la gran Voz de Trompeta, el Evangelio del Reino siendo predicado, con el cual serán llamados y juntados los ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, esa es la señal más grande del fin del siglo, y para la Iglesia será una señal demasiado de grande que ella la verá, la Iglesia que va a ser transformada y llevada con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

“De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo.

Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles...”

¿A quién enviará? A Sus Ángeles, van a ser enviados estos ministerios de Moisés y Elías para llevar a cabo la labor correspondiente a este tiempo final:

“...y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad,

y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.”

O sea, serán echados en la gran tribulación, donde será quemada la cizaña con fuego atómico y fuego volcánico y fuego a causa del calentamiento global que causará que el sol queme multitud de seres humanos y de territorios:

“Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre.”

Luego también en el mismo capítulo 13 de San Mateo, versos 47 al 50 dice:

“Asimismo el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en el mar, recoge de toda clase de peces;

y una vez llena, la sacan a la orilla; y sentados, recogen lo bueno en cestas, y lo malo echan fuera.

Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos,

y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes (serán echados en el tiempo o etapa para la gran tribulación, donde serán quemados los malos).”

“Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa... y no les dejará ni raíz ni rama (Malaquías, capítulo 4, verso 1).

Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación (Capítulo 4, verso 2 de Malaquías).”

Así que hay una bendición muy grande para los creyentes en Cristo, pero hay también un juicio divino para la cizaña, los hijos del malo, y todo esto será para el tiempo o día de la Venida del Hijo del Hombre, que viene con Sus Ángeles para enviar los Ángeles con gran Voz de Trompeta, estos ministerios de Moisés y Elías para llamar y juntar ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu, que son los escogidos del pueblo hebreo.

Y luego encontraremos a los creyentes en Cristo para ese tiempo, siendo resucitados los que ya partieron, y los creyentes siendo transformados para ser llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Por lo tanto, tenemos que estar preparados como Cristo dice en San Lucas, capítulo 21, versos 34 en adelante y también capítulo 21, verso 27 en adelante que dice:

“Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria.

Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.”

La redención para los creyentes en Cristo será la transformación de los que están vivos para así tener un cuerpo eterno y glorificado e inmortal como el de Cristo, y los muertos en Cristo ser resucitados en cuerpos glorificados; esa es la redención del cuerpo, esa es la redención de la cual habla San Pablo en Efesios, capítulo 4, verso 30, cuando dice:

“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.”

El día de la redención es el día del Hijo del Hombre, es el día de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, es el Día Postrero, o séptimo milenio de Adán hacia acá, y la hora delante de Dios... por cuanto un día delante de Dios es como mil años para los seres humanos, si contamos a razón de mil años por un día delante de Dios, una hora son cuarenta y algo de años, y si es aplicado a una hora en relación a un día como mil años, entonces habrá un ciclo de cuarenta y algo de años en donde la Venida del Hijo del Hombre se va a cumplir, y eso será en el tiempo final en el cual nosotros estamos viviendo.

Y en cuanto a la hora en términos espirituales, y día en términos espirituales, pues el día de la Dispensación del Reino, que es la séptima dispensación, día dispensacional y hora, la hora de la Edad o etapa de la Piedra Angular. Todo esto está prometido para la Iglesia del Señor Jesucristo, y también hay bendición para el pueblo hebreo.

Ahora, vemos lo que Cristo nos dice a continuación:

“También les dijo una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles.”

La higuera es Israel, el pueblo hebreo, y todos los árboles son las demás naciones. Dice:

“Cuando ya brotan, viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano está ya cerca.

Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.”

Cuando nos habla del verano se refiere al Reino de Dios, que va a ser establecido en la Tierra, por el cual Cristo dijo en San Mateo, capítulo 6, verso 10 que orando pidamos la venida del Reino de Dios para que se haga en la Tierra, para que como en el Cielo se haga en la Tierra la voluntad de Dios.

Y ahora, la venida del Reino de Dios para ser establecido en la Tierra en medio del pueblo hebreo, sentándose el Mesías Príncipe en el Trono de David y restaurando el Reino de David y gobernando, reinando sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones.

Jerusalén vendrá a ser la Capital del mundo entero, y Jerusalén vendrá a ser también el lugar de donde saldrá toda la enseñanza de Dios porque la Tierra será llena del conocimiento de la gloria del Señor,” dice Habacuc, capítulo 2, verso 14 y también Isaías, capítulo 11, verso 9. O sea, que todo el conocimiento que se va a tener en el Reino del Mesías, saldrá de Jerusalén, por lo tanto, allá estará el Departamento de instrucción o Ministerio de instrucción, de todo el conocimiento y de toda la enseñanza en todas las materias, y también Jerusalén vendrá a ser el lugar en donde estarán todas las riquezas de todas las naciones.

O sea, que vendrá a ser el lugar donde las personas llevarán las riquezas, y todas las naciones llevarán las riquezas, en palabras más claras, la bolsa de valores va a ser en Jerusalén, es una bendición grande que está prometida en la Escritura, todo eso es para el Reino del Mesías.

Por lo tanto, Israel y todas las naciones necesitan la venida del Reino de Dios que será la restauración del Reino de David para que haya justicia social, paz y felicidad en Israel, en el Medio Oriente y todas las naciones, y así la raza humana, la familia humana sea feliz, lo cual alcanzará en el Reino del Mesías.

Ahora, hemos visto este tema: “LA HORA DE LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE.” de la Venida del Ángel del Pacto, el cual vendrá a Su Iglesia para transformarla y llevarla con Él a la Cena de las Bodas del Cordero, dándole la fe para ser transformada por medio de la trompeta final, o sea, del mensaje final de Dios que es el Evangelio del Reino que gira alrededor de la Venida del Hijo del Hombre en el Día Postrero, gira alrededor de la segunda Venida de Cristo para el Cristianismo.

Dice Cristo en San Lucas, capítulo 21, verso 34 al 36 la importancia que tenemos que darle a las cosas espirituales, a las cosas de Dios para estar listos, estar preparados. Dice:

“Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día.

Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra.

Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre.”

Estar en pie delante del Hijo del Hombre en Su Venida en este tiempo final, estar en pie delante del Ángel del Pacto el cual ha estado en medio de Su Iglesia todo el tiempo, pues Cristo dijo: “He aquí yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.”

Para este tiempo final Cristo, el Espíritu Santo cumplirá lo que Él ha prometido, o sea, cumplirá la promesa de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, lo cual será en forma sencilla, pero estaremos viendo el Espíritu Santo operando dos ministerios de Sus Ángeles, que son los ministerios de Moisés y Elías con el mensaje de la gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, llamando y juntando a los escogidos del pueblo hebreo, que son ciento cuarenta y cuatro mil, doce mil de cada tribu, y estará el Espíritu Santo operando el ministerio de Jesús, dándole el mensaje de la gran Voz de Trompeta o trompeta final, revelándole el misterio del séptimo Sello, o sea, el misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, porque ese misterio es para ser revelado a la Iglesia del Señor Jesucristo en el Día Postrero, en el día del Hijo del Hombre.

Por lo tanto, será como en los días de Noé y como en los días de Lot, dice Cristo en San Lucas, capítulo 17, así será el día en que el Hijo del Hombre se revelará, se manifestará, vendrá; y si podemos observar la condición de la humanidad, realmente estamos como en los días de Noé, como en el tiempo antediluviano, con mucha violencia como dice que era en los días del mundo antediluviano, y como era en los días de Sodoma y Gomorra. La humanidad, las naciones están en la misma condición.

Ahora, Cristo pregunta en San Mateo, capítulo 24, versos 41 al 47: “¿Quién es el siervo fiel y prudente al cual su Señor puso sobre su casa para que le dé el alimento a tiempo?” La casa del Señor es Su Iglesia. Eso lo encuentra usted en Hebreos, Hebreos capítulo 3, verso 1 al 6, y dice: “Para que le dé el alimento a tiempo.”

No solamente de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios. El alimento para la casa de Dios, para los creyentes en Cristo es la Palabra de Dios, el Evangelio; el Evangelio de la Gracia y el Evangelio del Reino es alimento espiritual para el alma de los creyentes en Cristo, y dice:

“Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.

De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá.”

O sea, que vendrá a ser el virrey, el segundo en el Reino de Cristo, Cristo es el primero y ese siervo fiel y prudente será segundo en el Reino del Señor. También dice Apocalipsis, capítulo 3, verso 21. Dice acerca del vencedor, dice:

“Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.”

En la misma forma en que Cristo venció y se ha sentado con el Padre celestial en Su Trono celestial, en esa misma forma Cristo le dará al vencedor que se siente con Él en Su Trono. El Trono del Padre es el Trono celestial, donde está Cristo a la diestra de Dios, y el Trono de Cristo es el Trono terrenal, el Trono de David al cual Él es heredero, aun el Ángel Gabriel le dice a la virgen María que este niño que ella va a tener, al cual dice el Ángel que le ponga por nombre Jesús, y que será llamado Hijo de Dios, dice: “Dios le dará el Trono de David su Padre, y reinará sobre la casa de Jacob para siempre.”

El heredero al Trono de David que es el Trono terrenal del Señor, del Mesías, vean, es el Trono del cual Cristo dice en Apocalipsis, capítulo 3, verso 21.

“Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono (en ese Trono terrenal, el Trono de David), así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.”

El poder del Reino está en el Trono, por lo tanto, ese que se sentará con Cristo en Su Trono, es el siervo fiel y prudente que le estará dando el alimento a tiempo a los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo en el Día Postrero, en el día de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

Así que, hay una bendición muy grande para el siervo fiel y prudente que estará como estuvo Noé en aquel tiempo, y como estuvo Abraham en aquel tiempo en que vino el juicio divino sobre Sodoma en los días de Abraham y sobre el mundo antediluviano en los días de Noé.

Noé era un profeta mensajero dispensacional y también Abraham era un profeta mensajero dispensacional, esa es la clase de profeta mensajero más grande que Dios envía a la tierra, a tal grado que Dios solamente tiene siete profetas mensajeros dispensacionales: Adán para la Dispensación de la Inocencia; Set para la Dispensación de la conciencia (segunda dispensación); y Noé para la dispensación tercera: la Dispensación del Gobierno Humano; Abraham para la cuarta dispensación: la Dispensación de la Promesa; Moisés para la quinta dispensación: la Dispensación de la Ley; Jesús para la Dispensación de la Gracia, la sexta dispensación. Y luego, el siervo fiel y prudente que estará en el Día Postrero dándole el alimento a tiempo a todos los miembros de la casa de Dios, o sea, toda la Iglesia del Señor Jesucristo, es enviado para dar el alimento a tiempo al Cristianismo y luego al Judaísmo (o a los judíos).

Ese es el séptimo mensajero dispensacional, y con ese traerá y a ese le traerá, y a través de él traerá el mensaje de la Dispensación del Reino que es el Evangelio del Reino, el Evangelio eterno, del cual Juan predicaba y también Jesús, pero que se detuvo cuando Cristo fue crucificado y luego aunque le preguntaban acerca de la restauración del Reino de Israel y aunque Cristo les habló del Reino, ya resucitado, el Día de Pentecostés se comenzó a predicar el Evangelio de la Gracia, el Evangelio para la Dispensación de la Gracia, o sea, para la sexta dispensación con el sexto mensaje dispensacional, el Evangelio de la Gracia.

Para el Día Postrero se va a entrelazar como se entrelazó el Evangelio de la Gracia con el Evangelio de la Ley o las noticias o nuevas o mensaje de Ley, así se va a entrelazar el mensaje del Evangelio del Reino con el mensaje del Evangelio de la Gracia, y esa labor la hará el Espíritu Santo por medio del siervo fiel y prudente que será un mensajero dispensacional que Dios enviará a la Tierra, a Su Iglesia y luego al pueblo hebreo.

Así que, todo esto está señalado para el tiempo del día del Hijo del Hombre, para el tiempo en que la humanidad estará como en los días de Noé y como en los días de Lot, y por consiguiente la humanidad estará cerca del día grande y terrible del Señor, cerca de la gran tribulación y los juicios que caerán sobre la raza humana durante la gran tribulación.

Pero antes de eso los creyentes en Cristo nacidos de nuevo serán transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, porque estarán escuchando la gran Voz de Trompeta o trompeta de Dios, el Evangelio del Reino, por medio del ángel mensajero, del profeta mensajero que en el Día Postrero estará predicando el Evangelio del Reino para todas las naciones y estará anunciando los juicios divinos que han de venir sobre la raza humana, y estará diciéndole a la humanidad que la hora del juicio del Señor ha llegado.

Eso es lo que dice Apocalipsis, capítulo 14, que estará proclamando, dando a conocer o hablando este Ángel que viene predicando el Evangelio eterno. Eso está en Apocalipsis, capítulo 14, verso 6 al 7, y dice:

“Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo,

diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.”

Este ángel mensajero, vean ustedes, viene predicando el Evangelio eterno de Dios, es un predicador porque viene predicando el Evangelio eterno, y por consiguiente eso cumplirá la promesa de Cristo en San Mateo, capítulo 24, verso 13 al 14, que dice:

“Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.

Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.”

O sea, antes que venga el fin, antes que venga la gran tribulación, estará siendo predicado el Evangelio del Reino, el Evangelio eterno, que predica este ángel mensajero, este profeta mensajero que está prometido aquí también en Apocalipsis, capítulo 14, verso 6 al 7.

Por lo tanto, lo estaremos viendo predicar el Evangelio eterno, el Evangelio del Reino, y Dios nos abrirá el entendimiento por Su Espíritu al escuchar la predicación del Evangelio eterno, del Evangelio del Reino, a través de ese mensajero dispensacional que será el siervo fiel y prudente que estará en la casa de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo, dándole el alimento espiritual, la Palabra de Dios, el Evangelio del Reino y el Evangelio de la Gracia a la Iglesia del Señor Jesucristo. Tan simple como eso.

Y por medio de ese mensajero con el Evangelio eterno, el Evangelio para ser predicado a todas las naciones, el Evangelio del Reino, vean ustedes, será abierto todo el misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

En Apocalipsis, capítulo 10 el Ángel Fuerte que desciende del Cielo que es Cristo, el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo, entrega ese librito abierto a un hombre para que se lo coma; estará en la Tierra el hombre que se lo comerá que será el siervo fiel y prudente que estará en la Tierra en la casa de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo, y estará dándole el alimento espiritual a tiempo, le estará dando de ese alimento, de esa Palabra que Él se comerá.

Y le es ordenado que luego que se lo coma, le es dicho: “Es necesario que profetices...” Vamos a leerlo aquí:

“Y él me dijo: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.”

Y luego encontramos en Apocalipsis, capítulo 11 al que profetiza sobre muchos pueblos, naciones y lenguas, que son los dos Olivos, y los dos candeleros de oro que están delante de la presencia de Dios, que son los ministerios de Moisés y Elías siendo manifestados y trayendo esa Palabra profética y hablándole al pueblo hebreo y llamando y juntando ciento cuarenta y cuatro mil hebreos.

Ese será el mismo Ángel que sube de donde nace el sol, el mismo Ángel que viene con el sello del Dios vivo, o sea, que viene con el Espíritu Santo que es el sello del Dios vivo, porque el Espíritu Santo, Cristo, el Ángel del Pacto, estará en él hablándole a Su Iglesia y hablándole al pueblo hebreo y hablándole a todas las naciones.

Ese Ángel viene con el Sello del Dios vivo, con el Espíritu Santo para llamar y juntar ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu, Apocalipsis, capítulo 7, verso 1 al 11. Y en Apocalipsis, capítulo 14, verso 1 en adelante aparecen ya sellados en sus frentes y tienen el Nombre de Él, dice capítulo 14 del Apocalipsis:

“Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente.”

Y ahí encontramos que ya la labor de llamar y juntar ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu, ya fue llevada a cabo aquí en el capítulo 14 del Apocalipsis.

Así que, vamos a estar viendo cosas grandes y maravillosas que están en la profecía bíblica siendo cumplidas en este tiempo final, que es nada menos que el Día Postrero delante de Dios, el día del Hijo del Hombre, porque el Hijo del Hombre es Señor del sábado, dice Cristo, y el sábado es el séptimo día de la semana que el pueblo hebreo guarda y que también los que pertenecen a grupos religiosos del Cristianismo, que guardan el sábado, también lo llaman el día del Señor.

En términos proféticos el día del Señor, por cuanto un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día, el día del Señor es el séptimo milenio de Adán hacia acá, o tercer milenio de Cristo hacia acá.

Por lo tanto, este es el día para el Hijo del Hombre venir con Sus Ángeles, es el día para el Hijo del Hombre venir para establecer el Reino de Dios en la Tierra, es el día para el Hijo del Hombre resucitar a los muertos creyentes en Él en cuerpos glorificados y a los vivos creyentes en Él nacidos de nuevo, transformarlos y llevarlos con Él a la Cena de las Bodas del Cordero, para lo cual se requiere la fe para ser transformados y raptados, que Él nos dará al darnos a conocer el misterio del séptimo Sello, o sea, el misterio de Su Venida con Sus Ángeles, lo cual nosotros estaremos creyendo de todo corazón, porque Él nos dará la revelación y nos abrirá el entendimiento, la mente, el corazón para ver, entender y creer el misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

“LA HORA DE LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE CON SUS ÁNGELES.”

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio de la hora de la Venida del Hijo del Hombre. Cristo dijo que estemos velando y estemos preparados para ser tenidos por dignos de estar en pie, ¿delante de quién? Delante del Hijo del Hombre, estar delante de Él en pie, delante del Hijo del Hombre en la Venida ¿de quién? Del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

Yo escuché la predicación del Evangelio de Cristo y nació la fe de Cristo en mi alma y lo recibí como mi único y suficiente Salvador, y para este tiempo estaré en pie delante del Hijo del Hombre en Su Venida, en la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, ¿y quién más?

Si hay alguno que todavía no ha recibido a Cristo de los que están aquí presentes o en otras naciones escuchando en estos momentos esta conferencia, pueden recibirlo en estos momentos, dando testimonio público de vuestra fe en Cristo la cual ya nació al escuchar la predicación del Evangelio de Cristo.

Por lo tanto, tienen la oportunidad ahora de pasar acá al frente para que oremos por usted, para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado, sea bautizado en agua en Su nombre y Cristo lo bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en usted el nuevo nacimiento, pues usted desea estar en pie delante del Hijo del Hombre, usted desea vivir eternamente, usted desea entrar al Reino de Dios.

Cristo dijo a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo que el no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.” Nacer del Agua es nacer de la predicación del Evangelio de Cristo, y nacer del Espíritu es nacer del Espíritu Santo, recibir el Espíritu Santo.

Todos queremos entrar al Reino de Dios porque todos queremos vivir eternamente, y tenemos esa oportunidad de parte de Dios por medio de Cristo. Cristo dijo: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.” San Juan, capítulo 14, verso 6. Y también Él dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo las conozco y yo les doy Vida eterna.” San Juan, capítulo 10, verso 27.

Por lo tanto, nace la fe de Cristo en nuestra alma, creemos en Cristo y damos testimonio público de nuestra fe en Cristo recibiéndole como nuestro único y suficiente Salvador.

El nombre de ustedes está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida, por esa causa ustedes han estado escuchando la predicación del Evangelio de Cristo, ha nacido la fe de Cristo en vuestra alma, han creído en Cristo y lo han recibido y lo están recibiendo en estos momentos como vuestro único y suficiente Salvador.

Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo les doy Vida eterna.” No hay otra persona que nos pueda dar Vida eterna, solamente hay uno, y Su Nombre es Señor Jesucristo; Él es el buen Pastor, es el único que tiene la exclusividad de la Vida eterna, le fue dada esa exclusividad por Dios. Por eso en Primera de Juan, capítulo 5, verso *12, dice:

“El que tiene al Hijo, tiene la vida (o sea, tiene la Vida eterna); el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.”

O sea, no tiene la Vida eterna aunque tenga vida física temporera, pero se le va acabar en algún momento. La vida temporera es por un tiempo para que busquemos a Dios y le sirvamos a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador, para que Él nos dé la Vida eterna. Para eso es que se predica el Evangelio de Cristo.

Si hay a través de las demás naciones, personas que todavía no lo han recibido como Salvador, lo pueden hacer en estos momentos para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que lo están recibiendo como único y suficiente Salvador.

Dios tiene mucho pueblo, muchas almas, muchas ovejas en esta ciudad, Ciudad Juárez, del Estado de *Chihuahua en la República Mexicana y en todas las ciudades de la República Mexicana y los está llamando; y también en toda la América Latina, en Norteamérica, en África y demás naciones, y los está llamando en este tiempo final para completar Su Iglesia y resucitar los muertos creyentes en Él, en Cristo, y transformar luego a los creyentes vivos en este tiempo final que es el Día Postrero.

Es una bendición grande tener el nombre escrito en el Libro de la Vida. ¿Recuerdan cuando Cristo envió a Sus discípulos a predicar y sanar los enfermos y a echar fuera demonios y ellos fueron? Y ellos hicieron como Cristo les ordenó y tuvieron éxito, y regresaron muy felices y le dicen a Cristo cuando regresan: “Señor, hasta los espíritus se nos sujetan en Tu Nombre.” Cristo les dice: “No os gocéis de que los espíritus se os sujetan a ustedes en mi nombre, gozaos de que vuestros nombres están escritos en los Cielos.”

Es la parte más importante, que nuestros nombres están escritos en el Cielo en el Libro de la Vida, y por consiguiente usted es una oveja del Señor, y Dios en este tiempo lo ha estado llamando para colocarlo en el redil, redil del Señor por medio de recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, ser bautizado en agua en Su Nombre arrepentido de sus pecados, y Cristo lo bautizará con Espíritu Santo y Fuego y producirá en usted el nuevo nacimiento, y así nacerá en el Reino de Dios, en el Reino de Cristo, y por consiguiente tendrá Vida eterna.

Todavía continúan viniendo más personas a los Pies de Cristo, por lo cual estamos esperando unos segundos en lo que llegan para orar por las personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador aquí en Ciudad Juárez y en diferentes ciudades de la República Mexicana y también de otras naciones.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que están viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Cristo dijo:

“A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.

Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.”

Si le negamos, Él nos negará delante del Padre celestial, si le confesamos delante de la gente, Él nos confesará delante de nuestro Padre celestial. (San Mateo, capítulo 10, versos 32 al 33).

Algunas veces hay personas tímidas que les da timidez o vergüenza que lo vean pasar para recibir a Cristo, pero Cristo es el Rey de los Cielos y de la Tierra, la persona más importante de los Cielos y de la Tierra; y si es un privilegio y una honra recibir al presidente de la nación donde uno vive, recibirlo en nuestro hogar, cuánto más privilegio es recibir a Jesucristo en nuestro corazón.

No hay privilegio más grande que pueda tener una persona, que recibir a Cristo en su corazón, en su alma.

Vamos ya a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo. Si falta alguno por llegar, por venir, puede venir; y los niños también de diez años en adelante pueden venir a los Pies de Cristo. Con nuestras manos levantadas al Cielo y nuestros ojos cerrados, repitan conmigo esta oración.

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario, como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados. Creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres en que podemos ser salvos.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre y sea producido en mi el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, Señor, sálvame, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y todo esto porque ustedes escucharon el Evangelio de Cristo siendo predicado y lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador, pues Cristo dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado. Pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, el cual también Él mismo cumplió cuando fue al Jordán: entró a las aguas donde Juan estaba bautizando, para que Juan lo bautizara. Juan le decía: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por ti, ¿y Tú vienes a mi para que yo te bautice?” Y Jesús le dice: “Deja, nos conviene cumplir toda justicia.”

Y si a Cristo le convenía ser bautizado en agua por Juan el Bautista para cumplir toda justicia, ¿cuánto más a nosotros? Aun los mismos discípulos de Jesucristo fueron bautizados por Juan el Bautista, y aun cuando Cristo predicaba, los que creían eran bautizados por los apóstoles, y el Día de Pentecostés cuando San Pedro predicó allá en el capítulo 2 del libro de los Hechos, los que creyeron, una multitud como de tres mil personas, vean lo que pasó. Capítulo 2, verso 34 en adelante del dice, del libro de los Hechos:

“Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra,

Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.

Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.

Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.

Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.”

Como tres mil personas creyeron y fueron bautizadas en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. El bautismo en agua es tipológico, es simbólico. Cuando el ministro lo sumerge en las aguas baustimales... o cuando la persona recibe a Cristo, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

En el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de nuestro amado Señor Jesucristo.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, continúen pasando todos una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Dejo al reverendo Luis Gómez con ustedes, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y a los que están en otras naciones y han recibido en estos momentos a Cristo como Salvador, también pueden ser bautizados en estos momentos. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca también en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo también por toda la eternidad en el Reino de Cristo.

Por lo cual dejo el ministro correspondiente en cada nación, para que haga en la misma forma en que estará haciendo el ministro aquí, reverendo Luis Gómez.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“LA HORA DE LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE.”

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