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Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes en Pereira, República de Colombia; y también en toda la República de Colombia en los diferentes lugares que están conectados con esta transmisión vía satélite a través del satélite Amazonas y de internet, y también todos los países de la América Latina, también de Norteamérica y de todas las demás naciones que están conectados con esta transmisión. Mis saludos para todos. Y que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean con todos ustedes.

Nos llama la atención las palabras de Jesucristo en San Lucas, capítulo 18, verso 20, cuando Él está hablando de una viuda que fue a un juez injusto para que le hiciera justicia, y al final el juez le hace justicia, y ahora, Cristo dice en el capítulo 18, verso 6 al 8 de San Lucas:

“Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto.

¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles?

Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema es: “LA IGLESIA DEL SEÑOR JESUCRISTO RECIBIENDO LA FE DE RAPTO.”

La Iglesia del Señor Jesucristo ha entrado al nuevo Pacto del cual Cristo en San Mateo estuvo hablando, y esto fue conforme a lo que dice Jeremías, capítulo 31, versos 31 en adelante, y vamos a leerlo para que tengan un cuadro claro de lo que es la Iglesia del Señor Jesucristo, y la espera por la fe de rapto para ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Dice en Jeremías, capítulo 31, versos 31 en adelante, dice de la siguiente manera:

“He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá.

No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová.

Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.”

Y luego en San Mateo, capítulo 26, Jesucristo habla acerca del nuevo Pacto (en el capítulo 26 de San Mateo), en la última cena, la última cena pascual que Él llevó a cabo con Sus discípulos, y vean cómo dice:

“Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.

Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos;

porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.

Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.”

Jesús habló de este nuevo Pacto y estableció que Su Sangre es la Sangre del nuevo Pacto, del nuevo Pacto que Dios haría con la casa de Israel; y el Sacrificio de Cristo es el Sacrificio de Expiación por los pecados del ser humano, del pueblo hebreo y para toda la familia humana, para que así todos tengan el Sacrificio de Expiación por sus pecados.

Y ahora, desde el Día de Pentecostés comenzaron a entrar al nuevo Pacto miles de personas, y siguió aumentándose hasta llegar a millones y así ha estado ocurriendo desde sus comienzos allá en Jerusalén, en toda Judea, en toda la tierra de Israel, y ha pasado a los gentiles, a Asia Menor por medio del ministerio de San Pablo; y de ahí ha pasado a Europa por medio del ministerio de otros mensajeros de Dios que han predicado el Evangelio de Cristo y de Europa pasó a Norteamérica, y de Norteamérica a la América Latina incluyendo por supuesto al Caribe.

Y así se ha extendido el Evangelio de Cristo, el Evangelio de nuestra salvación, el Evangelio de la paz, por todo el mundo, por todas las naciones; y así es como ha venido a formarse la Iglesia del Señor Jesucristo, los cuales tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, y algún día se completará la Iglesia del Señor Jesucristo y por consiguiente concluirá el ministerio de Cristo en el Cielo como Sumo Sacerdote haciendo intercesión por todos los que tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, se levantará del Trono del Padre, tomará el Título de Propiedad que es el Libro de los siete Sellos que está sellado en el Cielo y está en la mano del que está sentado en el Trono, o sea, de Dios.

Le es entregado el Libro, ya Él está como León de la Tribu de Judá, como lo demuestra y lo da a conocer el anciano que le habla a Juan, y le dice: “No llores, he aquí el León de la tribu de Judá ha vencido, ha prevalecido para tomar el libro y abrir sus sellos.”

Juan mira y ve un Cordero, o sea, Juan mira y ve a Jesucristo, al cual él conocía, el cual es el Cordero de Dios como lo presentó Juan el Bautista, y el anciano le dice: “Es el León de la tribu de Judá,” cuando lo presenta y Juan mira, y cuando Juan mira ve al Cordero.

Es que Cristo es el Cordero de Dios que vino en Su primera Venida para quitar el pecado del mundo, y también Él es el León de la Tribu de Judá, Él es la raíz y linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana, Él es el Cristo, el Mesías.

Y ahora, hay un cambio en el Cielo en el Templo celestial, de Sacerdote a Rey, de Cordero a León, lo cual implica un cambio para la raza humana. En el tiempo en que esto ocurra en el Cielo, traerá cambios importantes para el planeta Tierra y para toda la familia humana, y por consiguiente para el Medio Oriente en el cual se va a establecer o se va a llevar a cabo el establecimiento del Reino de Dios en la Tierra, Reino que gobernará todo el Medio Oriente y todas las naciones que van a entrar a ese Reino.

Algunas no van a entrar porque han tratado mal a los judíos y han tratado mal a la Iglesia del Señor Jesucristo, y ya esos se encuentran en San Mateo, capítulo 25, versos 31 al 46, donde dice que cuando el Hijo del Hombre se siente en el Trono de Su Padre, juntará o reunirá delante de Él todas las naciones, pondrá unas a Su derecha como ovejas, y pondrá otras a Su izquierda como cabritos, y las juzgará: a las de la derecha les dará entrada a Su Reino, y a las de la izquierda, las echará en un lago de fuego, serán destruidas con poder atómico y volcánico.

Fuego atómico y fuego volcánico, lo cual indica una tercera guerra mundial atómica y unos cambios sobre el planeta Tierra, cambios climáticos y de todos los sentidos, en el orden del planeta, tanto el orden físico del planeta como el orden que tiene el ser humano en el planeta Tierra, o sea, el cosmos.

Y ahora, habrá un cambio de imperio, un cambio de Reino: el reino de los gentiles concluirá y el Reino del Mesías comenzará.

Ahora, antes de eso encontramos que surge ese tiempo llamado la gran tribulación, donde Dios juzgará a todos los pueblos, el reino de los gentiles, el imperio de los gentiles, y al anticristo con su reino, que corresponde a los pies de hierro y de barro cocido de la estatua que vio el rey Nabucodonosor y también el profeta Daniel y se lo interpretó.

Es en ese tiempo en que la piedra no cortada de manos que es el Mesías, vendrá, la Venida del Mesías como la piedra no cortada de manos, viene en este tiempo final y es la presencia de esa piedra la que establecerá el Reino de Dios en la Tierra, y esa piedra no cortada de manos crecerá y llenará toda la Tierra; ese monte se volverá un Monte que llenará toda la Tierra, o sea, un Reino que cubrirá el planeta Tierra completo.

Esto también está de acuerdo a Isaías, capítulo 9, versos 6 al 7, donde nos dice de la siguiente manera; y vamos a leerlo para que tengan el cuadro claro de lo que será el Reino del Mesías, Reino tan anhelado por los judíos y también por los cristianos y por todas las naciones, es el deseado de todas las naciones, el Mesías Príncipe, el cual vendrá y establecerá el Reino de Dios en la Tierra, que será la restauración del Reino de David en la tierra de Israel, desde donde gobernará sobre todas las naciones.

Jerusalén vendrá a ser la Capital del mundo en el Reino del Mesías y vendrá a ser el territorio donde estarán las riquezas de todas las naciones, por lo tanto, la bolsa de valores de todas las naciones estará en Jerusalén; y también de ahí saldrá la enseñanza para todas las naciones, la enseñanza del Reino de Dios con la cual “la Tierra será llena del conocimiento de la gloria del Señor,” como dice Habacuc, capítulo 2, verso 14 y también Isaías, capítulo 11, verso 9. Ahora, leamos lo que dice Isaías, capítulo 9, verso 6 al 7:

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz.

Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová (o sea, el celo del Señor) de los ejércitos hará esto.”

O sea, que será una obra divina, una obra divina que por medio del Mesías Príncipe Dios realizará y así establecerá Su Reino en este planeta Tierra, así es como vendrá el Reino de Dios a la Tierra, del cual Cristo en San Mateo, capítulo 6, verso 10 (dijo Cristo), que cuando estemos orando, digamos: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad como en el cielo también en la tierra.”

Él pidió a todos los creyentes en Él que oren por la venida del Reino de Dios en la Tierra, o sea, la venida y establecimiento del Reino de Dios que el Mesías Príncipe administrará. En el Mesías Príncipe estará Dios gobernando sobre el pueblo hebreo, sobre todo el Medio Oriente y sobre todas las naciones.

Ahora, antes que eso ocurra, tenemos a la Iglesia del Señor Jesucristo, un pueblo celestial en términos espirituales, que han entrado al Reino de Dios que está en la esfera espiritual, y han obtenido la Vida eterna, han nacido de nuevo, han nacido en el Reino de Dios y así han entrado al Reino de Dios como dijo Cristo a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del agua y del Espíritu (o sea, del Evangelio y del Espíritu Santo), no puede entrar al reino de Dios, o no entrará al reino de Dios.” La forma para entrar al Reino de Dios en la esfera espiritual en que se encuentra, es en la forma en que Jesús la explicó.

Y ahora, millones de seres humanos han entrado al Reino de Dios en la esfera espiritual, y esos son los cristianos, los que han recibido a Cristo como único y suficiente Salvador, y confesando sus pecados a Cristo, han sido bautizados en agua en Su Nombre, Cristo los ha perdonado, con Su Sangre los ha limpiado de todo pecado y los ha bautizado con Espíritu Santo y Fuego, y ha producido en ellos el nuevo nacimiento.

Esa es la Iglesia del Señor Jesucristo, la cual para el tiempo final estará esperando la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, antes que comience el lapso de tiempo llamado la gran tribulación o apretura de Jacob, lapso de tiempo en que la semana número setenta de la profecía de Daniel, capítulo 9, continuará, porque a esa semana le faltan tres años y medio, porque cuando Cristo tuvo Su ministerio comenzó esa semana, y tuvo un ministerio de tres años y medio y ahí se detuvo la semana número setenta, y luego se abrió una brecha en donde entró la Dispensación de la Gracia con la predicación del Evangelio de Cristo llamando y juntando a todos los que vendrían a obtener la salvación y Vida eterna dentro del nuevo Pacto, en donde la Sangre del nuevo Pacto que es la Sangre de Cristo derramada en la Cruz del Calvario nos limpiaría de todo pecado.

Por lo tanto, la Iglesia del Señor Jesucristo son los creyentes en Cristo nacidos de nuevo, y son los que han entrado al nuevo Pacto en donde millones de ellos son descendientes hebreos de las doce tribus de Israel, muchos de las tribus perdidas, diez tribus perdidas que fueron sus miembros esparcidos por Siria y luego por el mundo entero, y les ha alcanzado a esa simiente de Abraham la bendición del nuevo Pacto, y la bendición de Abraham ha pasado a esas personas descendientes de Abraham.

También hay gentiles que han entrado al nuevo Pacto y han recibido esa bendición; para también los descendientes de la tribu de Judá y la tribu de Benjamín que corresponden al reino de Judá, también muchos han entrado al nuevo Pacto, y vienen a ser miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo a través de estos dos mil años que han transcurrido de Cristo hacia acá.

Pero para el tiempo final va a haber un llamado para las doce tribus de Israel, en donde serán llamados doce mil de cada tribu, y ahí entrarán doce mil de cada una de las diez tribus perdidas de la casa de Israel, o sea, del reino del Norte, y también doce mil de cada una de las dos tribus del reino del Sur, del reino de Judá, que vienen a ser veinticuatro mil del reino de Judá, y ciento veinte mil del reino de Israel o de la casa de Israel o reino del Norte.

Dios los conoce, y por medio de la gran Voz de Trompeta o gran Trompeta de Isaías, capítulo 27, verso 13, serán llamados y vendrán a ese llamado, responderán a ese llamado, y también los veinticuatro mil de las dos tribus del reino de Judá. Todo eso está prometido para este tiempo final, esos son los escogidos del pueblo hebreo para el Día Postrero, y el Día Postrero es el séptimo milenio de Adán hacia acá.

Al calendario, a los calendarios... también los calendarios han tenido cambios, y conforme al calendario gregoriano ya estamos en el séptimo milenio, ya estamos en el año número nueve del séptimo milenio de Adán hacia acá, y al calendario hebreo le faltan algunos años, pero ha tenido algunos cambios que sumándole los años que le faltan, está muy cerca el momento para la restauración del Reino de David y para por consiguiente la restauración del Reino de Dios en la Tierra, y más que eso, para recibir la justicia divina y la paz divina y la felicidad para Israel, todo el Medio Oriente y toda la familia humana.

Ahora, antes del tiempo de los juicios divinos caer sobre la Tierra, antes del día de venganza del Dios nuestro, de ese momento de los tres años y medio de gran tribulación, la Iglesia del Señor Jesucristo recibirá la fe para ser transformada, cada miembro de la Iglesia nacido de nuevo ser transformado, y los muertos en Cristo ser resucitados primeramente en cuerpos eternos, inmortales, glorificados, igual al cuerpo de Jesucristo, el cual está glorificado y joven para toda la eternidad.

Así también serán los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo nacidos de nuevo, que serán resucitados y los que estén vivos que sean transformados. Eso fue lo que enseñó San Pablo a la Iglesia en su tiempo allá en medio de la Iglesia de los Corintios y también de la Iglesia Tesalónica; a la Iglesia de los Corintios les dice comenzando el capítulo 15, verso 51, dice:

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos (o sea, no todos vamos a morir); pero todos seremos transformados,

en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta...”

Aquí nos indica la misma trompeta de Isaías, capítulo 27, verso 13 y la misma trompeta del año del jubileo de Levítico, capítulo 25, verso 8 al 13, que es la trompeta que se sonaba o se suena cada cincuenta años en medio del pueblo hebreo, la trompeta que anuncia el año del jubileo, el año de la liberación, en donde todos regresan a su familia, a su casa y a su herencia. Sigue diciendo el apóstol Pablo:

“...porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.”

Los muertos en Cristo resucitarán en cuerpos glorificados, cuerpos incorruptibles, cuerpos inmortales, cuerpos eternos, ahí es donde obtienen la inmortalidad física los creyentes en Cristo que ya partieron, y los vivos obtienen la inmortalidad física al recibir la transformación, al recibir un cuerpo nuevo, eterno, inmortal, incorruptible y glorificado como el cuerpo glorificado de Jesucristo y joven para toda la eternidad. Sigue diciendo:

“Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.

Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.

¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?”

Cuando todos los muertos en Cristo resuciten, la victoria del sepulcro será nula, todos los creyentes en Cristo de tiempos pasados estarán nuevamente en la Tierra con cuerpos eternos junto a los que estén vivos y hayan sido transformados.

En Tesalonicenses también el apóstol Pablo nos habla de ese gran evento, y nos dice de la siguiente manera, y vamos a leerlo también... Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, verso 13 en adelante:

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen (o sea, de los que han muerto), para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.

Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.

Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.

Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.”

Es este evento tan maravilloso prometido por el mismo Cristo en San Juan, capítulo 6; y también en San Juan, capítulo 11; en el capítulo 6, verso 39 al 40, dice Cristo:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.”

¿Para qué tiempo es la resurrección prometida por Cristo? Para el Día Postrero:

“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

También sigue diciendo en San Juan, el mismo capítulo 6 nos dice [verso 54]:

“El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Luego también dice en el verso 58 y 57:

“Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí.

Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente.”

Esto es, el que cree en Cristo, está comiendo a Cristo, el pan, está creyendo en Cristo, es comer espiritualmente.

Ahora, en el capítulo 11 de San Juan, versos 21 en adelante, Cristo hablando con Marta y Marta con Cristo, el día que fue Cristo a resucitar a Lázaro (el cual ya llevaba cuatro días de muerto y ya estaba sepultado y ya su cuerpo hedía porque ya había comenzado la corrupción en el cuerpo), y Marta le dijo a Jesús, capítulo 11, verso 22 en adelante de San Juan:

“Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.

Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará.

Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.

Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.”

Marta había asimilado bien la enseñanza de Jesús que había dicho que para todos los creyentes en Él, Él los resucitaría en el Día Postrero:

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Le dijo (Marta): Sí, Señor.”

Marta creyó esas palabras de Cristo. Y yo también las creo, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también las cree, por lo tanto, ustedes también vivirán eternamente, ustedes también serán resucitados si mueren físicamente; pero si permanecen vivos hasta ese momento de la resurrección la promesa es que serán transformados, y entonces obtendrán la inmortalidad física que será obteniendo un cuerpo eterno y glorificado, lo cual todos los creyentes en Cristo han estado esperando en todas las etapas de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y ahora, para finalizar leemos las palabras del apóstol San Pablo escritas a los Filipenses en el capítulo 3, verso 20 al 21, y dicen así:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos...”

¿Cómo puede estar nuestra ciudadanía en los Cielos? Si hemos nacido en alguna nación terrenal, tenemos una nacionalidad terrenal del país en el cual hemos nacido, del país al cual pertenecemos; pero por cuanto hemos nacido de nuevo, al tener un nuevo nacimiento, tenemos una ciudadanía del lugar, de la ciudad, del país en el que hemos nacido de nuevo.

El nuevo nacimiento no es terrenal, es del Cielo, es del Reino de Dios, es de la Jerusalén celestial. Por lo tanto, nuestra ciudadanía del nuevo nacimiento es de la nueva Jerusalén o de la Jerusalén celestial, que será la nueva Jerusalén en la Tierra en el Reino eterno.

Y ahora, siendo ciudadanos de esa ciudad celestial, la Jerusalén celestial donde están escritos los nombres de todas esas personas que nacerían de nuevo y están escritos desde antes de la fundación del mundo, de lo cual San Pablo dice en Hebreos, capítulo 12, para que tengan el cuadro de lo que estamos hablando de estos nombres escritos en el Cielo... dice en el capítulo 12 de Hebreos, verso 22 en adelante:

“Sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,

a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos (¿ven?)...a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,

a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos.”

La congregación de los primogénitos que están inscritos en los Cielos, es la Iglesia del Señor Jesucristo; por eso Cristo cuando envió a Sus discípulos a predicar y a sanar enfermos y a echar fuera demonios, cuando ellos fueron e hicieron así, y regresaron, vinieron a Jesús diciendo a Jesús: “Mira, aun los espíritus se nos sujetan en tu nombre, nos obedecen en tu nombre.”

Estaban muy felices, muy contentos porque pudieron hacer como Jesús hacía, pero Cristo les dice: “No os gocéis de que los espíritus se nos sujetan en mi Nombre, gozaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.”

Y ahora, los nombres de los primogénitos de Dios están escritos en los Cielos, y los primogénitos de Dios son los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo, pertenecen a la Ciudad celestial, Jerusalén la celestial, como dice aquí San Pablo, y ahí es donde están escritos los nombres de esas personas que han nacido de nuevo y vienen a formar parte de la Iglesia del Señor Jesucristo. Sigue diciendo:

“A Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,

a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.”

Y ahora, continuando, dice [Filipenses 4:20]:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo.”

Él está como Sumo Sacerdote en el Cielo haciendo intercesión con Su propia Sangre por cada persona que lo recibe como su Salvador, esas son las personas que tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, esas son las personas de las cuales Cristo dice: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo las conozco y yo les doy Vida eterna.” San Juan, capítulo 10, verso 27 al 30 y San Juan, capítulo 10, versos 14 al 18, esas son las almas de Dios, los hijos e hijas de Dios representados, tipificados en ovejas y también en el trigo.

Y ahora, vean para qué estamos esperando la Venida del Señor:

“...de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

“Con el poder con el cual puede sujetar a Sí mismo todas las cosas,” ¿por qué? Porque todo poder le fue dado en el Cielo y en la Tierra, dice Cristo en San Mateo, capítulo 28, verso 16 al 20. Y luego también dijo: “Y estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

¿Cómo estaría? En Espíritu Santo, Él ha estado en Su Iglesia en Espíritu Santo, pero Su cuerpo glorificado ha estado en el Cielo como Sumo Sacerdote haciendo intercesión por cada persona que lo recibe como su Salvador, Su cuerpo glorificado está a la diestra de Dios sentado en el Trono de Dios. Por esto todo poder le ha sido conferido a Cristo.

Y ahora, la Iglesia del Señor Jesucristo espera la Venida de Cristo a Su Iglesia para la transformación de los que están vivos y la resurrección de los muertos en Cristo, de los muertos creyentes en Cristo de nuestro tiempo y de edades pasadas.

Por eso la Iglesia está esperando la fe, la revelación de la Venida del Señor a Su Iglesia para el Día Postrero, está esperando la revelación de la segunda Venida de Cristo a Su Iglesia, porque después de la gran tribulación también Cristo viene, pero viene con Su Iglesia para establecer el Reino milenial o Reino del Mesías, que será la restauración del Reino de David.

Y tenemos que saber hacer la diferencia entre la Venida del Señor a Su Iglesia que vendrá como ladrón en la noche: es Su Venida para Su Iglesia; y luego poder comprender lo que será la Venida del Señor para el mundo entero, para Israel físicamente, para el establecimiento del Reino mesiánico, y Él viene con Su Iglesia, con Su Reina para el establecimiento de ese Reino.

Y ahora, la Iglesia está esperando al Señor para recibir la fe para ser transformada e ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; cada individuo, cada creyente en Cristo nacido va a ser transformado cuando tenga la revelación de la Venida del Señor a Su Iglesia, eso será la fe de rapto para ser transformados e ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

El rapto ocurrirá con personas que estén transformadas miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo nacidos de nuevo. Todavía el llamado para completar la Iglesia se está llevando a cabo, con la Voz del Espíritu Santo, Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, así como fue desde el Día de Pentecostés.

Cristo ha estado en medio de Su Iglesia en Espíritu Santo haciendo el llamado por medio de los apóstoles y por medio de los diferentes mensajeros que Él ha enviado a Su Iglesia.

Por medio de la predicación del Evangelio de Cristo se ha estado el llamado para obtener la salvación y Vida eterna, “y el que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado,” esas son las palabras de Cristo en San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16; y también en San Mateo, capítulo 10, verso 32 al 33, donde Cristo dice de la siguiente manera, y lo vamos a leer para que tengan el cuadro claro de la importancia de escuchar el Evangelio de Cristo y de recibir a Cristo como Salvador:

“A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.

Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.”

De la actitud de cada persona frente a la predicación del Evangelio de Cristo, depende el futuro de todo ser humano. Por eso el apóstol Pablo dice que la fe viene por el oír la Palabra, el Evangelio de Cristo, y con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.

O sea, se confiesa a Cristo públicamente para obtener la salvación y Vida eterna, eso es lo que dice en Romanos, capítulo 10, verso 10 al 15. Por lo tanto, han sido enviados predicadores llevando el Evangelio de Cristo para anunciar las buenas nuevas de la paz, las buenas nuevas de salvación y Vida eterna, por lo cual ahora todos ustedes que han estado escuchando la predicación del Evangelio de Cristo, tienen la oportunidad de dar testimonio diciendo: “Yo escuché el Evangelio de Cristo y lo recibí como mi Salvador.” Yo también lo recibí, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también.

Si hay alguna persona que todavía no lo ha recibido como Salvador, lo puede hacer en estos momentos y yo estaré orando por usted, para que Cristo lo reciba en Su Reino y perdone sus pecados, lo limpie con Su Sangre de todo pecado, sea bautizado en agua en Su Nombre y Cristo lo bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en usted el nuevo nacimiento, y así entre al Reino de Cristo, al Reino que está en la esfera espiritual, al Reino del Mesías y entre por consiguiente a la Vida eterna, y así asegure su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno.

Para lo cual puede pasar al frente allí en el auditorio o en la Iglesia en que usted se encuentra, para que quede incluido en la oración que estaremos haciendo por todos ustedes que vienen a los Pies de Cristo para recibirlo como vuestro único y suficiente Salvador.

Ustedes que ya están allá en Pereira, pueden venir a los Pies de Cristo en estos momentos pasando al frente, los que están en Bogotá también, los que están en otras naciones o en diferentes ciudades de la República de Colombia, también en Brasil, también en Venezuela, también en el Perú, también en Paraguay, también en Bolivia, también en Chile, también en Uruguay, también en la Argentina, también en la República Mexicana, también Guatemala, en el Salvador, en Honduras, en Nicaragua, en Costa Rica, en Panamá, en Norteamérica y en todas las naciones pueden venir a los Pies de Cristo en estos momentos, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo. Y también los niños de diez años en adelante por cuanto ya tienen conciencia del bien y del mal, pueden venir a los Pies de Cristo, y estaremos orando por todos ustedes dentro de algunos minutos.

Ya nos van avisar en todas las naciones cuando ya hayan venido todos a los Pies de Cristo, los que todavía no lo han recibido y también los que se habían apartado de Cristo y vienen para ser reconciliados nuevamente con Cristo.

Ya estamos en contacto con las diferentes naciones y diferentes lugares, para que nos indiquen cuando se complete el llamamiento para orar por todos ustedes. Es muy importante estar conscientes de que todos necesitamos a Cristo para obtener la salvación y Vida eterna.

Cristo dijo: “El que oye mis palabras y cree al que me envió, tiene Vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.” Esas son las palabras de Cristo en San Juan, capítulo 5, verso 24.

Por lo tanto, la esperanza de la Vida eterna para todo ser humano está en Cristo, está en el Señor Jesucristo y Su Sacrificio Expiatorio efectuado en la Cruz del Calvario.

Cristo es la persona más importante y es el eslabón entre Dios y el ser humano, es el que une al ser humano con Dios, ese es el eslabón importante para la raza humana y para Dios: nos une con Dios.

Por eso Cristo dijo en San Juan, capítulo 14, verso 6: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.” No hay otro camino para llegar a Dios, no hay otra verdad, y no hay otra vida, no hay otra Vida eterna.

La Vida eterna, la vida de Dios, la Vida eterna es Cristo, y se manifestó en forma de hombre en la persona de Jesucristo, allí estaba la Vida eterna, el Ángel del Pacto manifestado, el Ángel de Dios para traer la salvación y Vida eterna al ser humano.

Todos necesitamos a Cristo, todos sabemos que “no hay otro Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos,” eso lo dice San Pedro en el capítulo 4, verso 12 del libro de los Hechos o en palabras más claras, lo dice el Espíritu Santo a través del apóstol San Pedro.

Por lo tanto, todos necesitamos a Cristo. Por eso San Pedro decía allá en el capítulo 3 del libro de los Hechos, hablando de la Venida del Señor y señalando el tiempo en que Él ha de venir para restaurarnos a la Vida eterna y restaurar todas las cosas a la Vida eterna, dice en el capítulo 3 del libro de los Hechos, versos 18 en adelante... dice:

“Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer.

Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,

y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado;

a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.”

Dios ha dado un tiempo desde el Día de Pentecostés en adelante, para que todo ser humano pueda venir arrepentido a los Pies de Cristo para obtener el perdón de los pecados, y así todo ser humano tenga sus pecados borrados con la Sangre de Cristo, y tenga por consiguiente la restauración, la reconciliación con Dios y por consiguiente la Vida eterna, y tenga paz con Dios y tenga la felicidad.

La Venida de Cristo es para los tiempos de la restauración de todas las cosas, la restauración del ser humano a la Vida eterna con la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos eternos, la transformación de los vivos en Cristo para ser por consiguiente restaurados a la Vida eterna física, la restauración de la Iglesia a la Vida eterna y así por consiguiente la restauración para todas las cosas.

Hay un tiempo para la restauración de todas las cosas. Por esa causa fue que cuando le preguntan a Cristo acerca de lo que los escribas decían acerca de la venida de Elías, en el capítulo 17 de San Mateo, cuando Cristo bajó del Monte de la Transfiguración, donde Pedro Jacobo y Juan vieron a Jesús acompañado de dos profetas mayores, uno a cada lado que eran Moisés y Elías hablando con Jesús de Su partida a Jerusalén, en su bajada del Monte los discípulos le preguntan en el mismo capítulo 17, verso 9 en adelante:

“Cuando descendieron del monte, Jesús les mandó, diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del Hombre resucite de los muertos.

Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?

Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas.

Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos.

Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista.”

Porque Juan el Bautista era el Elías precursor de la primera Venida de Cristo; pero para el Día Postrero tenemos la promesa que también Elías vendrá antes que venga el día grande y terrible del Señor, antes que Dios hiera la Tierra con maldición. Eso está en Malaquías, capítulo 4, verso 5 en adelante, dice:

“He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.

El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.”

O sea, que antes de la Venida del Señor el ministerio de Elías estará en la Tierra preparando al pueblo para darle la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, así vendrá la fe de rapto, fe para transformación y rapto para la Iglesia del Señor Jesucristo. Y luego también vendrá el trato de Dios con el pueblo hebreo.

Así que, la Iglesia del Señor Jesucristo recibiendo la fe de rapto, estará recibiendo el mensaje de la Gran Voz de Trompeta o Trompeta final que contiene el Evangelio del Reino, el cual revela y gira alrededor de la segunda Venida de Cristo, de la Venida de Cristo a Su Iglesia para transformarla y llevarla con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

“LA IGLESIA DEL SEÑOR JESUCRISTO RECIBIENDO LA FE DE RAPTO.” Ese ha sido nuestro tema.

Y ahora, en este tiempo están entrando los últimos elegidos, los últimos escogidos que tienen sus nombres en el Cielo escritos desde antes de la fundación del mundo en el Libro de la Vida del Cordero.

Ya vamos a orar por todos ustedes que han escuchado el Evangelio de Cristo y ha nacido la fe de Cristo en vuestra alma, y han pasado al frente para dar testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como único y suficiente Salvador, para lo cual estemos con nuestros rostros inclinados, nuestros ojos cerrados y repitan conmigo esta oración los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida, creo en Tu Sacrificio en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por mis pecados y por los de todo ser humano, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres en que podemos ser salvos.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti rendido a Ti en alma, espíritu y cuerpo, y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Salva mi alma Señor, Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego y produzcas en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino.

Señor, Te ruego me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre y sea producido en mi el nuevo nacimiento.

Sálvame, Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido, les ha perdonado y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, Él está haciendo intercesión en el Templo celestial en el Cielo, por cada uno de ustedes, ha estado haciendo intercesión con Su Sangre por ustedes que lo están recibiendo como vuestro único y suficiente Salvador.

Por lo cual Cristo les ha aceptado, y ahora ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, porque Él dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo.”

El mismo Cristo vino a Juan el Bautista, cuando Juan estaba bautizando en el Jordán, entró a las aguas y Juan no lo quería bautizar, pero Cristo le dice: “Juan deja, nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces lo bautizó.

Si Jesús para cumplir toda justicia necesitó ser bautizado en agua por Juan, cuánto más cada uno de nosotros. Ahora los discípulos de Jesús habían sido bautizados por Juan el Bautista. Y toda persona que escuchaba a Cristo predicar, los apóstoles luego lo bautizaban.

Y el Día de Pentecostés en donde vino el Espíritu Santo sobre ciento veinte creyentes en Cristo, luego Pedro predicó y como tres mil personas creyeron y fueron bautizadas en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Eso lo dice en el capítulo 2 del libro de los Hechos, versos 31 en adelante... y un poquito antes luego dice hablando de Cristo, verso *30: “Viéndolo antes...” o sea, David el rey, viendo a Cristo en visión antes. Dice:

“Pero siendo profeta (David), y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono,

viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción.

A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.

Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.

Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice:

Dijo el Señor a mi Señor:

Siéntate a mi diestra,

Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.

Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.

Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.

Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.

Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.”

Y luego el verso 46 al 47, dice:

“Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón,

alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.”

Los que han de ser salvos, los que han de vivir eternamente en cuerpos eternos, glorificados con Cristo en Su Reino, y que gobernarán con Cristo, reinarán con Cristo, son estas personas que son añadidas a la Iglesia del Señor Jesucristo para ser salvos; el Señor añadía a Su Iglesia los que han de ser salvos, esos son los primogénitos de Dios escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, añadidos a la Iglesia del Señor Jesucristo, como miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y ahora, el bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo para todos los que lo reciben como su único y suficiente Salvador.

Y en el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo. Cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales en el Nombre del Señor, está siendo sepultado. Y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a la Vida eterna, a una nueva vida con Cristo en Su Reino eterno.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados en agua. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino del Señor Jesucristo.

Bien pueden ser bautizados, para lo cual dejo al ministro correspondiente en cada país, para que les indique hacia dónde dirigirse para colocarse las ropas bautismales y ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y les reitero: nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de nuestro amado Señor Jesucristo.

Continúen pasando todos una noche feliz.

“LA IGLESIA DEL SEÑOR JESUCRISTO RECIBIENDO LA FE DE RAPTO.”

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