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Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes, y también los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; y también un saludo muy especial para el doctor Miguel Bermúdez Marín y para el doctor Salomón Cunha, la doctora Kélita Machado.

Que Dios les bendiga grandemente y les use grandemente en Su Programa en este tiempo final.

Aprecio y agradezco mucho a todos ustedes acá presentes y a los que están a través del satélite Amazonas o de internet, el respaldo que le están dando al mega proyecto de La gran Carpa-Catedral, y también el respaldo que le están dando a AMISRAEL. Ya ustedes vieron el documental de Jerusalén que fue pasado hace algunos momentos, o sea, de la Conferencia Internacional: Jerusalén 2009. Y pueden ver que fue un éxito grande allá en Jerusalén.

Para esta ocasión leemos en San Lucas, capítulo 18, verso 8, que dice:

“Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?”

Para esta ocasión nuestro tema es: “LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE Y LA FE EN LA TIERRA.”

 Y que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

La Venida del Hijo del Hombre. A través de la Escritura encontramos que en los días de Jesús la Venida del Hijo del Hombre estaba allí presente; porque cuando se usa el título: Hijo del Hombre, se refiere a profeta.

Veamos algunos lugares, como en Ezequiel. En Ezequiel, capítulo 2, verso 3, dice... en este capítulo le habla mucho a Ezequiel y le dice (capítulo 2, verso 1):

“Me dijo: Hijo de hombre, ponte sobre tus pies, y hablaré contigo.

Y luego que me habló, entró el Espíritu en mí y me afirmó sobre mis pies, y oí al que me hablaba.”

Luego el verso 3, de ese mismo capítulo, sigue diciendo:

“Y me dijo: Hijo de hombre, yo te envío a los hijos de Israel, a gentes rebeldes que se rebelaron contra mí; ellos y sus padres se han rebelado contra mí hasta este mismo día. Hijo de hombre, yo te envío a los hijos de Israel, a gentes rebeldes que se rebelaron contra mí; ellos y sus padres se han rebelado contra mí hasta este mismo día.”

Luego en el capítulo 3, verso 1, dice:

“Me dijo: Hijo de hombre, come lo que hallas; come este rollo, y ve y habla a la casa de Israel.

Y abrí mi boca, y me hizo comer aquel rollo.

Y me dijo: Hijo de hombre, alimenta tu vientre, y llena tus entrañas de este rollo que yo te doy. Y lo comí, y fue en mi boca dulce como miel.

Luego me dijo: Hijo de hombre, ve y entra a la casa de Israel, y habla a ellos con mis palabras.”

Con las palabras contenidas en ese Libro que él se comió, tenía que hablarle al pueblo; porque era la Palabra de Dios. Ese rollo contenía la Palabra de Dios, como en el libro de Apocalipsis, capítulo 5 y capítulo 10; en el capítulo 5, está el Libro en la diestra de Dios, que es el que está sentado en el Trono, y llega el León de la Tribu de Judá que también es el Cordero de Dios, el cual es Cristo, el Mesías, y le es ordenado que lo tome; lo toma (el Libro) y lo abre en el Cielo. Y en Apocalipsis, capítulo 10, aparece Cristo, el Mesías, el Ungido (que significa el Cristo) con el librito abierto en Su diestra, en Su mano, y clama como cuando un león ruge y siete Truenos emiten Sus voces (los siete Truenos es la Voz de Cristo, el Ángel fuerte con el librito abierto en Su mano).

Y en esa Voz de Cristo clamando como cuando un león ruge y siete Truenos emitiendo Sus voces, está la revelación del Séptimo Sello, la revelación que le da la fe a los que van a ser transformamos y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; porque esa fe que se requiere para ser transformados y ser raptados o trasladados, llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, gira alrededor de la Venida del Señor, gira alrededor del Séptimo Sello, que es la Venida del Señor con Sus Ángeles, los cuales son los ministerios de los dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías.

Por eso Cristo hablando de la Venida del Hijo del Hombre, en San Mateo, capítulo 16, nos dice (capítulo 16 de San Mateo), veamos lo que nos dice para tener un cuadro claro del tema sobre el cual estamos hablando (capítulo 16, versos 26 al 28, San Mateo):

“Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.”

Cristo dice que el Hijo del Hombre vendrá, ¿con quién? Con Sus Ángeles. Sigue diciendo:

“De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.”

Y Él dijo cómo va a venir el Hijo del Hombre, y viene en Su Reino. Y ahora Él dice que algunos de los que están allí con Él, los cuales luego sabemos que serían Pedro, Jacobo y Juan, dice:

“Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto;

y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.

Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.” [San Mateo 17:1-3].

En esta visión del Monte de la Transfiguración, Cristo está mostrándoles en esta visión el orden de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, y los Ángeles aquí los mensajeros (recuerden que ángel significa mensajero), los Ángeles, los mensajeros que aparecen uno a cada lado de Jesús son Moisés y Elías, pues esto es lo que está prometido para el tiempo final conforme al libro del Apocalipsis, capítulo 11, donde nos dice de la siguiente manera y vamos a leerlo para que tengamos el cuadro claro del tema más importante correspondiente a este tiempo final. Vamos a ver la Escritura de Apocalipsis, capítulo 11, para ver aquí lo que está señalado; capítulo 11, versos 3, en adelante, dice:

“Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio.

Estos testigos son los dos olivos, y los dos candeleros que están en pie delante del Dios de la tierra.”

Y ahora, los dos Olivos y los dos candeleros que están en pie delante del Dios de toda la Tierra, vean, son los dos ungidos, son los ministerios de Moisés y de Elías. Esto también está en el libro de Zacarías, capítulo 4. Por lo cual, lo que dice en Apocalipsis, capítulo 11, es tomado de Zacarías, capítulo 4, versos 11 al 14, que dice:

“Hablé más, y le dije: ¿Qué significan estos dos olivos a la derecha del candelabro y a su izquierda?

Hablé aún de nuevo, y le dije: ¿Qué significan las dos ramas de olivo que por medio de dos tubos de oro vierten de sí aceite como oro?

Y me respondió diciendo: ¿No sabes qué es esto? Y dije: Señor mío, no.

Y él dijo: Estos son los dos ungidos que están delante del Señor de toda la tierra.”

Aquí los dos ungidos son los dos Olivos, y las dos ramas de Olivo que están a cada lado del candelabro que vio Zacarías. El candelabro con sus siete lámparas tipifica la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y ahora, en Apocalipsis, capítulo 7, encontramos lo que va a ser hecho, o sea, el ministerio aquí de los dos Olivos, ministerios que estarán en el Ángel que viene con el Sello del Dios vivo en Apocalipsis, capítulo 7, verso 1, en adelante, dice:

“Después de esto vi a cuatro ángeles en pie sobre los cuatro ángulos de la tierra, que detenían los cuatro vientos de la tierra, para que no soplase viento alguno sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre ningún árbol.

Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar,

diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios.

Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel.

De la tribu de Judá, doce mil sellados. De la tribu de Rubén, doce mil sellados. De la tribu de Gad, doce mil sellados.”

Y así sigue enumerando doce mil de cada tribu, este Ángel que viene con el Sello del Dios vivo, viene con el Espíritu Santo que es el Sello del Dios vivo. Recuerdan que San Pablo, en Efesios, capítulo 4, verso 30, dice:

“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.”

O sea, para el día en que van a obtener la redención del cuerpo que será la transformación, los que estén vivos en Cristo, y los muertos en Cristo la resurrección en cuerpos eternos, cuerpos jóvenes, inmortales y glorificados como el cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador.

Para lo cual, necesitan tener la fe que se requiere, llamada por algunos: la fe de rapto o fe de transformación y rapto; porque con lo que se tiene no se puede obtener la transformación y el rapto, excepto si tenemos la fe que se requiere, la cual gira alrededor de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles; porque el Hijo del Hombre viene en el tiempo final con Sus Ángeles y la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles es lo que está prometido para el Cristianismo y para el Judaísmo.

Ahora, para tener un cuadro claro de lo que será la Venida del Hijo del Hombre, leemos en Deuteronomio, capítulo 18, versos 15 en adelante. Ya vimos que Dios llama a Sus profetas: Hijo de Hombre, porque es título de profeta. En Deuteronomio, capítulo 18, versos 15 al 19, dice:

“Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis...”

¿A quién dice Moisés por orden divina que el pueblo está llamado a escuchar? Al profeta que Dios levantará como Moisés, un profeta en el cual vendrá el ministerio de Moisés. Ese profeta, está prometido.

Y ahora, dice:

“...conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera.

Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho.

Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú...

O sea, le dice a Moisés: “Le voy a levantar un profeta como tú.” Ese profeta como Moisés será el Señor, el Hijo del Hombre viniendo, en el cual tenemos la promesa que vendrá el Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

“Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca...”

 ¿Dónde estará la Palabra de Dios? En la boca de ese profeta: “Porque no hará nada el Señor, sin que revele Sus secretos (¿a quién?) a Sus profetas.” (Amós, capítulo 3, verso 7).

Y ahora, en la boca de ese profeta, que será como Moisés, y por consiguiente será un profeta dispensacional, porque Moisés es un profeta dispensacional y está vivo, y Elías también está vivo, aparecieron a Jesús en el Monte de la Transfiguración.

Y ahora:

“...y pondré mis palabras en su boca y él les hablará todo lo que yo le mandare.”

Para el Día Postrero Dios va a colocar Su Palabra en la boca de un profeta dispensacional, de un hombre que fue representado o tipificado en el apóstol San Juan, en el libro del Apocalipsis, capítulo 10, al cual le fue entregado el Título de Propiedad, el Libro que había estado sellado con siete Sellos; pero que el León de la Tribu de Judá, el Rey de reyes y Señor de señores, que también es el Cordero, pero ya había cambiado de Cordero y de Sumo Sacerdote a León, a Rey y Juez; por eso el anciano le dice a Juan, en el capítulo 5, del Apocalipsis: “No llores, he aquí el León de la Tribu de Judá ha prevalecido para tomar el Libro y abrir sus Sellos.”

Cuando Juan miró vio un Cordero, o sea, vio a Cristo, porque Juan conocía a Cristo y lo conocía como Cordero; porque Juan el Bautista lo había presentado como el Cordero de Dios, cuando dijo:

“He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” [San Juan 1:29].

Durante la Dispensación de la Gracia, Cristo es reconocido como Cordero y como Sumo Sacerdote; Él es nuestro abogado. Pero ahora, y eso es para la Dispensación de la Gracia, cuando termina Él de hacer intercesión por todos los escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, que serían los que lo recibirían como Salvador y vendrían a formar la Iglesia del Señor Jesucristo; cuando concluye, o sea, cuando complete Su Iglesia, entonces cambia de Cordero a León, de Sumo Sacerdote a Rey y Juez de toda la Tierra, y entonces el tiempo para las personas recibir a Cristo como Salvador concluye, termina: la puerta de la Dispensación de la Gracia se cierra, que es Cristo presentado en Su primera Venida como el Cordero de Dios que llevó el Sacrificio de Expiación por nosotros a cabo en la Cruz del Calvario, y como Sumo Sacerdote que ha estado por dos mil años en el Cielo haciendo intercesión, en el lugar de intercesión: el Trono del Padre, por cada persona que lo recibe como único y suficiente Salvador.

En el Evangelio según San Lucas, en el capítulo 13, versos 25 al 27, dice: “Cuando el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta...” Ahora, la puerta es Cristo, Cristo dijo: “Yo soy la puerta, el que por mí entrare será salvo.” (San Juan, capítulo 10, verso 9).

Cristo entregó las llaves del Reino de los Cielos a San Pedro, en el capítulo 16 del Evangelio según San Mateo, y él abrió la puerta de la Dispensación de la Gracia, la puerta del Reino de los Cielos, la abrió el Día de Pentecostés. ¿Y qué fue lo que hizo? Abrió el misterio de la primera Venida de Cristo y Su muerte en la Cruz del Calvario, para redención, para salvación, “para que todo aquel que en Él cree no se pierda más tenga Vida eterna.” Para que todo aquel que lo recibe como Salvador y es bautizado en agua en Su Nombre recibe el Espíritu de Cristo, y por consiguiente obtenga el nuevo nacimiento.

San Pedro abrió la puerta allá el Día de Pentecostés, pero esa puerta que fue abierta, la puerta de la primera Venida de Cristo como el Cordero de Dios será cerrada algún día cuando haya entrado al Cuerpo Místico de Cristo hasta el último escrito en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, y por consiguiente se haya completado la Iglesia del Señor Jesucristo, lo cual está muy cerca.

Cristo no puede salir del Trono de Intercesión hasta que entre hasta el último escrito en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero; pero cuando haya entrado, saldrá, y entonces reclamará ese Título de Propiedad para hacer Su Obra de Reclamo como León de la Tribu de Judá y como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo, tomará ese Libro, lo abrirá en el Cielo y luego lo traerá a la Tierra y lo entregará a un hombre para que se lo coma.

Ese hombre será un profeta como Moisés, un profeta dispensacional; por eso cuando Juan el Bautista estuvo predicando, le preguntaron:

– “¿Eres tú Elías? Dijo:

– “No.”

– “¿Eres tú el profeta?” ¿A qué profeta se refería? A este que Moisés dijo: “Profeta como yo os levantará el Señor vuestro Dios, a él oiréis.” El pueblo hebreo estaba esperando ese profeta, y estaban esperando a Elías, y Jesús les dijo que Juan el Bautista era el Elías que había de venir en aquellos días, y también el Ángel Gabriel le dijo lo mismo al sacerdote Zacarías, que vino a ser el padre de Juan el Bautista, y le dijo que vendría en el espíritu de Elías.

Y ahora, el ministerio de Elías ha sido manifestado ya cuatro veces en la Tierra y será manifestado por quinta ocasión, es el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto el que opera esos ministerios, lo operó en Elías Tisbita por primera vez; y por eso es que es llamado todo profeta en el cual el Espíritu Santo opere ese ministerio, es llamado por el nombre de Elías, pero no tiene el mismo nombre de Elías. La segunda persona en la cual fue operado el ministerio de Elías fue en Eliseo, los hijos de los profetas cuando vieron que Eliseo habría el Jordán con el manto de Elías como lo había hecho Elías Tisbita, dijeron: “El Espíritu del Señor, el espíritu de Elías reposó sobre Eliseo.” Pues eso fue lo que pidió Eliseo: una doble porción del espíritu que estaba en Elías.

Por lo tanto, Eliseo fue el segundo Elías, o sea, la segunda persona en que el ministerio de Elías fue operado; la tercera persona fue Juan el Bautista; la cuarta persona fue el reverendo William Branham, y será operado por quinta ocasión. En la única ocasión en que la persona tiene el nombre de Elías, es Elías Tisbita. En las demás personas no tiene que tener el nombre de Elías sino el ministerio de Elías, y para lo cual tiene que estar el Espíritu Santo operando ese ministerio; y también el ministerio de Moisés será operado nuevamente, y no se tiene que llamar Moisés, el nombre que le pongan sus padres terrenales no tiene que ser Moisés; pero el ministerio que el Espíritu Santo estará operando, sí será el ministerio de Moisés.

Y ahora, la séptima Trompeta, que son los dos Olivos, Moisés y Elías, la séptima Trompeta y el Séptimo Sello, que es la Venida del Señor... séptima Trompeta y Séptimo Sello es la Venida del Señor. “Porque el Hijo del Hombre viene con Sus Ángeles.” Tan sencillo como eso. Y en palabras más claras, en un hombre estará el Sello del Dios vivo, el Espíritu Santo operando esos ministerios: el ministerio de Elías Tisbita, el ministerio de Moisés y el ministerio de Jesús.

Pero ni será Elías Tisbita, ni será Moisés, el que libertó al pueblo hebreo, ni será tampoco Jesús, es el ministerio de Elías, de Moisés y de Jesús siendo operados por el Espíritu Santo, que fue el que los operó en esos hombres, operando esos ministerios nuevamente en el tiempo final, serán operados en ese ángel mensajero.

Recuerden que Ángel significa “mensajero,” un profeta mensajero dispensacional en el cual el Espíritu Santo estará operando esos ministerios.

Y así la revelación de ese misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, será abierta esa revelación, ese misterio, a la Iglesia del Señor Jesucristo en el Día Postrero, en la etapa de Oro de la Iglesia, la edad de Oro, que es la Edad de la Piedra Angular. Ahí es donde ese misterio será abierto, y por consiguiente el Séptimo Sello, que es la Venida del Señor, la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles a Su Iglesia, será abierto ese misterio y le dará la fe, producirá la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

La fe para una transformación espiritual, para obtener el nuevo nacimiento, gira alrededor de la primera Venida de Cristo, y la fe para una transformación física gira alrededor de la segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles, de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

Así como la fe para Salvación y Vida eterna, una transformación interior recibiendo el Espíritu de Cristo, gira alrededor de la primera Venida del Hijo del Hombre; por eso Cristo hablaba de Sí mismo como el Hijo del Hombre. Para el Día Postrero habrá un Hijo del Hombre en el cual estará el Espíritu de Cristo, el Espíritu Santo operando esos ministerios. Recuerden que cuando Ezequiel estuvo frente al que tenía el Libro (un rollo escrito; en esa forma se escribía en el Antiguo Testamento la Escritura, la Biblia y también los mensajes que Dios le daba a los profetas), le fue dicho: “Come lo que encuentres.” Y él vio un rollo escrito, lo tomó y se lo comió. Era dulce en boca, pero en su vientre, ya ustedes saben que era amargo.

Y le fue dicho: “Alimenta tu vientre.” Pero no era una comida física, era la Palabra de Dios para el alma; y luego que lo comió le fue dicho: “Ahora profetiza, háblale a Israel con estas palabras (con las palabras que estaban contenidas en ese rollo).” Es lo mismo en el Libro de Apocalipsis, capítulo 10, ese librito abierto que Cristo tomó en el Cielo, el cual estaba cerrado, sellado con siete Sellos; Él lo tomó y lo abrió, es el Título de Propiedad de la Vida eterna, es el Título de Propiedad de toda la creación, es el Libro de la Vida del Cordero donde están escritos los nombres de todos los hijos e hijas de Dios que serían manifestados en esta Tierra y recibirán a Cristo como único y suficiente Salvador.

En esa sección del Libro de la Vida, está la sección llamada el Libro de la Vida del Cordero, pero en el resto del Libro hay nombres escritos también que pueden ser borrados por alguna causa.

Por eso también encontramos que la Escritura dice que no borrará el nombre del Libro de la Vida de algunas personas, y también dice en el final, en el capítulo 21 del Apocalipsis...vamos a ver, dice (capítulo 22, verso 19):

“Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro.”

Esas personas a los cuales les puede ser quitado el nombre del Libro de la Vida, no son los escogidos de Dios, no son los miembros de la Iglesia, son...pueden ser personas creyentes en Cristo, pero que no han nacido de nuevo, o sea, no tienen el aceite en sus lámparas, o sea, el Espíritu Santo, o sea, son de las vírgenes insensatas o son de otro tipo de personas; pero principalmente los que le pueden quitar o añadir son de las vírgenes insensatas, que son creyentes, pero que no tienen el Espíritu de Cristo.

También hay otros lugares en la Escritura en donde Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia habla y les promete no quitar sus nombres del Libro de la Vida; y eso lo encontramos en el capítulo 2 y capítulo 3 del Apocalipsis.

Por lo tanto, hay nombres que pueden ser quitados y hay nombres que no pueden ser quitados; los que están en la sección del Libro de la Vida del Cordero, no puede ser quitados, esos están escritos en el Libro de la Vida del Cordero y son los que recibirían a Cristo como único y suficiente Salvador, y Cristo los bautizaría con Espíritu Santo y Fuego y obtendrían la Vida eterna; y la Vida eterna no se la pueden quitar a uno que la tenga, porque entonces no sería Vida eterna.

Y esos que reciben la Vida eterna son los creyentes en Cristo nacidos de nuevo, nacidos del Agua y del Espíritu, y esos son también los que verán y recibirán al Hijo del Hombre con Sus Ángeles, al Hijo del Hombre viniendo con Sus Ángeles en el Día Postrero, para darles la revelación del misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles; y así obtendrán la fe, la revelación para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Así que, la fe para ser transformados y raptados gira alrededor de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles para el Día Postrero, o sea, para el séptimo milenio. Porque es el Día Postrero el cual y para el cual Cristo dijo que resucitará a todos los creyentes en Él que estarán muertos físicamente. Dice Cristo: “Yo les resucitaré en el Día Postrero.”

El Día Postrero de Adán hacia acá, es el séptimo milenio, así como el día sábado, que es el día séptimo de la semana, es llamado también el Día del Señor en el Antiguo Testamento, y todavía por los hebreos o judíos, y también por parte del Cristianismo que guarda el sábado. “Pero un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día.” Dice Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8; y el Salmo 90, verso 4.

Por lo tanto, delante del Señor un día para los seres humanos son mil años. Esto lo vamos a ver aquí en Oseas, capítulo 6, verso 1 al 3, donde dice:

“Venid y volvamos a Jehová (esta versión dice: Jehová, otras versiones dicen: el Señor); porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará (esto corresponde al pueblo hebreo).

Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará.”

¿Y cuál es el tercer día? Es el Día Postrero de *Cristo hacia acá, o tercer día de Cristo hacia acá, o sea, tercer milenio de Cristo hacia acá; porque de Cristo hacia acá comenzaron los días postreros delante de Dios, que son los milenios postreros; y todavía estamos en los días postreros. ¿Pero en cuál de los días postreros? En el último, en el postrero de los días postreros. En el milenio postrero o tercer milenio de Cristo hacia acá, en donde Cristo va a resucitar a los muertos creyentes en Él, y a los vivos creyentes en Él, nacidos de nuevo, los va a transformar; para lo cual les dará la fe, la revelación para ser transformados y llevados con Él a la Cena de las Bodas del Cordero, les va a dar la fe, la revelación de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

Por eso en San Lucas, dice Cristo de la siguiente manera... San Lucas, capítulo 21, versos 34 en adelante, dice:

“Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día.”

O sea, que nos habla de un día; un día delante de Dios para los seres humanos son mil años. El día del Hijo del Hombre y de la Venida del Hijo del Hombre, es el tercer milenio de Cristo hacia acá, o séptimo milenio de Adán hacia acá. Sigue diciendo:

“Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra.

Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre.”

Escapar de todos estos juicios de la gran tribulación que han de venir sobre la Tierra y estar en Pie delante del Hijo del Hombre, estar en pie delante del Hijo del Hombre que viene con Sus Ángeles ¿para qué? Para recibir la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Por lo tanto, el pueblo de Dios, la Iglesia del señor Jesucristo, y también el pueblo hebreo, estarán esperando la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, para que se cumpla el Programa Divino. Para los judíos, serán llamados y juntados ciento cuarenta y cuatro mil de las doce tribus de Israel, doce mil de cada tribu, esos son los elegidos, los escogidos del pueblo hebreo; y esos serán los que servirán a Cristo y a Su Iglesia, al Rey y a la Reina en el Reino milenial.

Por eso son representados en eunucos en Apocalipsis, capítulo 14, verso 1 en adelante. Ellos van a ver la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, en cierto momento, y lo van a reconocer y van a decir: “Este es el que nosotros estamos esperando.” Unos dirán: “Este es Elías.” Otro dirán: “No, este es Moisés.” Y otros dirán: “No, este es el Mesías, el Ungido.” Porque Mesías lo que significa es: Ungido. Ungido, ¿con qué? Con el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo.

Y ahora, podemos ver que va a ser todo más sencillo de lo que muchos se imaginan; así será la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, para traer la revelación del misterio del Séptimo Sello, del misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, para que así tengan la fe, la revelación para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Y esto será para preparar los que van a ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, los cuales estarán en el Cuerpo Místico de Cristo, los cuales habrán nacido del agua y del Espíritu, o sea, del Evangelio de Cristo y del Espíritu Santo, luego de ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Como todavía faltan algunas personas que están escritas en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, de entrar al Cuerpo Místico de Cristo, todavía se está predicando el Evangelio de Cristo, el Evangelio de nuestra salvación, el Evangelio de la paz. Y ese es el llamado de Cristo el buen Pastor, llamando y juntando las ovejas del Padre que le han sido dadas para que les dé Vida eterna.

Por eso Cristo dijo: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” O sea, que vino a buscarme a mí y a salvarme a mí, ¿y a quién más? A cada uno de ustedes también. Y Él comparó a esas personas en y con ovejas. San Lucas, capítulo 19, verso 10, fue lo que les cité; y San Mateo, capítulo 18, versos 11 al 14, Él vuelve a decir ahí: “Porque el Hijo del Hombre vino a salvar lo que se había perdido.”

Y luego, ahí compara a esas personas con ovejas, y dice:

“¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había perdido?

Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquélla, que por las noventa y nueve que no se descarriaron.

Así, no es la voluntad de Vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños (uno de los hermanos menores de Jesús).”

Recuerden que Cristo también está tipificado en un Cordero. Juan dijo: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.” Todo lo que Cristo es, también lo son los creyentes en Cristo; están tipificados en ovejas. Por eso Él dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz, y me siguen, y Yo las conozco, y Yo les doy Vida eterna.” (San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30).

Se predica el Evangelio y eso es la Voz de Cristo por medio del Espíritu Santo en Sus mensajeros, en Sus ministros, hablando a través de ellos, como habló a través de San Pedro y demás apóstoles, y a través de San Pablo entre los gentiles llamando Sus ovejas y colocándolas en Su Redil; Su Redil es Su Iglesia, Su rebaño, ¿quiénes son? Somos nosotros, y el buen Pastor, ¿quién es? Nuestro amado Señor Jesucristo; y Él también es la puerta. Cristo dijo:

“Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo.” (San Juan, capítulo 10, verso 9).

Es la puerta que se va a cerrar algún día, la puerta de las ovejas; porque así como el pastor luego que ha reunido todas sus ovejas en su redil, luego cierra la puerta.

Y ahora, para este tiempo final, la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles es la promesa más grande para traer la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los creyentes vivos en Cristo; para lo cual el Hijo del Hombre nos dará la fe, la revelación del Séptimo Sello, la revelación de Su Venida, de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles. La fe para ser transformados y raptados gira alrededor entonces de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles para el Día Postrero.

Así como la fe para obtener la salvación y Vida eterna gira alrededor de la primera Venida de Cristo, para obtener la transformación espiritual; pero para obtener la transformación física gira alrededor de la segunda Venida del Hijo del Hombre con Su Ángeles en el Día Postrero. Todo descansa y espera en la Venida del Señor en este tiempo final con Sus Ángeles.

“LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE Y LA FE EN LA TIERRA.”

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted. Y los que están en otras naciones también lo pueden recibir, si todavía no lo han recibido, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que estarán recibiendo a Cristo como su único y suficiente Salvador.

También los niños de diez años en adelante pueden venir a los Pies de Cristo, pues ya tienen conocimiento del bien y del mal.

Vamos a dar algunos minutos mientras vienen a los Pies de Cristo los que todavía no lo han hecho, y también los que habían recibido a Cristo pero se habían apartado de Cristo, para que sean reconciliados con Cristo. En las diferentes naciones vamos a pedirles que nos indiquen cuando están listos para orar por todos los que están viniendo a los Pies de Cristo, en diferentes naciones.

Y si hay personas aquí presentes que no han recibido a Cristo todavía como Salvador, lo pueden hacer en estos momentos. Recuerden que es un asunto entre Dios y usted.

Usted está presente porque el nombre suyo está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida, usted es una oveja del Señor, y Cristo le está llamando por medio de Su Espíritu y por medio de Su Evangelio. ¿Para qué? Para darle Vida eterna. La exclusividad de la Vida eterna la tiene solamente una persona; por lo tanto el que quiera la Vida eterna tiene que ir al que tiene la exclusividad de la Vida eterna, y Su Nombre es: SEÑOR JESUCRISTO.

Cristo dijo:

“El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.” (San Juan, capítulo 5, verso 24).

¿Y cómo es que pasó de muerte a vida? Es que cuando Adán y Eva pecaron, ellos tenían Vida eterna y murieron a la Vida eterna, y solamente les quedó vida temporera; pues Dios les había dicho a ellos, sobre todo a Adán, antes que Eva fuera sacada de Adán, le dijo Dios a Adán que no comiera del árbol de la ciencia del bien y del mal, porque el día que comiera, ese día moriría; moriría a la Vida eterna. Y luego que pecó Eva y Adán, perdieron la Vida eterna, y perdieron su herencia, o sea, el planeta Tierra con todo lo que tenía y tiene el planeta Tierra.

Y por cuanto nosotros hemos nacido a través de nuestros padres terrenales, hemos obtenido la vida que le quedó a Adán, o sea, vida temporera y por eso es que nacemos en la Tierra y luego nuestro cuerpo físico tiene que morir; tiene una cantidad de tiempo para vivir; y este cuerpo físico que tenemos no puede vivir eternamente, porque es corruptible, es temporero. “La carne y la sangre no pueden heredar el Reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción, ni lo mortal hereda lo inmortal.” [Primera de Corintios 15:50]. Estos cuerpos mortales no pueden heredar la inmortalidad; tenemos que recibir un nuevo cuerpo eterno que tenga Vida eterna; y eso será lo que Cristo le dará a los muertos creyentes en Él. En el Día Postrero, Él dice: “Yo les resucitaré en el Día Postrero.” O sea, séptimo milenio de Adán hacia acá, o tercer milenio de Cristo hacia acá.

Y la resurrección, San Pablo dice en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58, que será una resurrección en cuerpos incorruptibles, cuerpos inmortales, cuerpos glorificados. Dice: “Seremos transformados.” Y luego dice: “Y nosotros que vivimos seremos transformados.” Esa es la promesa de Dios, y dice que será a la final Trompeta. Dice, Primera de Corintios, capítulo 15, versos 51 en adelante:

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados,

en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta.”

¿Qué es la final Trompeta? El mensaje final de Dios, que es la predicación del Evangelio del Reino, la predicación del mensaje de la séptima dispensación, la Dispensación del Reino. Eso es lo que dice Cristo en San Mateo, capítulo 24, verso 14.

“Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.”

O sea, que antes de venir el fin, la predicación del Evangelio del Reino es proclamada o proclamado por testimonio a todas las naciones. San Mateo, capítulo 24, verso 14; y Apocalipsis, capítulo 14, también nos habla de esta predicación del Evangelio del Reino, y nos dice de la siguiente manera; capítulo 14, versos 6 al 7, dice:

“Vi volar por en medio del cielo a otro ángel (o sea, a otro mensajero), que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo.”

¿Ven? Y en San Mateo, Jesús dice, capítulo 24, verso 14: “Y será predicado este Evangelio del Reino por testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.” Ahora vean:

“Diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado.”

En la predicación del Evangelio del Reino, la predicación del Evangelio eterno, se anuncia también el juicio divino que ha de venir para la humanidad; porque se anuncia la hora del juicio de Dios, o sea, se anuncia ese tiempo de juicio que ha de venir sobre la raza humana, y dice: “Temed a Dios.”

“Diciendo a gran voz (este mensajero): Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.”

Este es un tiempo para buscar a Dios antes que comience el día de venganza del Dios nuestro, antes que comience ese tiempo de los juicios divinos sobre la raza humana; porque la hora de Su juicio va a llegar, y ese Ángel mensajero es el que tiene la revelación de lo que va a acontecer sobre la raza humana.

Pero antes que acontezcan estos terribles juicios divinos que caerán sobre la Tierra, hay una oportunidad para las personas que están viviendo y escucharán ese mensaje del Evangelio eterno, el mensaje del Evangelio del Reino que predicaba Juan el Bautista y que predicaba Jesús, y que cuando Cristo fue rechazado en Jerusalén cuando entró allí en Su entrada triunfal sobre aquel burrito, aquel pollino hijo de asna, y preguntaban: “¿Quién es este?” Ahí, de ahí en adelante, se detuvo la predicación del Evangelio del Reino para Israel, aunque Cristo continuó hablando el Evangelio del Reino, aun cuando había resucitado hablándoles a Sus discípulos, pero había llegado a su final esa etapa de la predicación del Evangelio del Reino, que duró tres años y medio.

Y ahora, el Día de Pentecostés comenzó a predicarse el Evangelio de la Gracia, el Evangelio de nuestra salvación, el Evangelio de la paz, el Evangelio de Cristo.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo. Si hay alguna otra persona que todavía no ha recibido a Cristo, puede venir a los Pies de Cristo para que quede incluido en esta oración que estaremos haciendo. Cristo tiene mucho pueblo aquí en el Paso, Texas (o Tejas), y los está llamando en este tiempo final. “Porque no es la voluntad de nuestro Padre celestial que se pierda uno de estos pequeñitos, de estos hermanos de Jesús.” Recuerden que los hermanos de Jesús son los creyentes en Jesucristo. Él dijo: “Estos son mis hermanos y mis hermanas, y mi madre, los que hacen la voluntad de Dios.”

Ya vamos a orar por todas las personas que han venido a los Pies de Cristo, y están aquí presentes o en otras naciones. Si hay alguno más que falta por venir a los Pies de Cristo, puede pasar para que quede incluido en esta oración que estaremos haciendo. Con nuestras manos levantadas en alto, a Cristo, al Cielo, repitan conmigo esta oración que estaremos haciendo; con nuestros ojos cerrados, repitan:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida, y en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados. Creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos. Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Señor, Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente Contigo en Tu Reino. Sálvame, Señor; Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible.” Porque Cristo dijo:

“El que creyere y fuere bautizado será salvo, más el que no creyere será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, el mismo Cristo dijo:

“El que creyere y fuere bautizado, será salvo.”

Y aun el mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista, le dijo a Juan: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y si Cristo... le convenía a Cristo cumplir toda justicia siendo bautizado, cuánto más a nosotros nos conviene cumplir toda justicia.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador muere al mundo; y cuando es sumergido en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida, a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Por lo tanto, el bautismo en agua siendo tipológico y siendo un mandamiento del Señor, nos conviene a todos cumplir toda justicia, siendo bautizados en agua en Su Nombre. Los apóstoles de Cristo también fueron bautizados por Juan el Bautista, y toda persona que escuchaba la predicación de Cristo, los discípulos los bautizaban en agua. Y luego, el Día de Pentecostés como tres mil personas creyeron en Cristo, cuando Pedro predicó y fueron bautizados en agua como tres mil personas.

El mismo San Pedro dijo el Día de Pentecostés, en el capítulo 2, del libro de los Hechos, versos 36 en adelante, dice:

“Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.

Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.

Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.”

Como tres mil personas creyeron, fueron bautizadas y fueron añadidas a la Iglesia del Señor Jesucristo. Así es como son añadidos a la Iglesia del Señor, al Redil del Señor, las personas que tienen sus nombres escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero; y así es como nacen del Agua y del Espíritu, del Evangelio de Cristo y del Espíritu de Cristo.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de nuestro amado Señor Jesucristo.

Los que están en otras naciones conectados con esta transmisión, esta conferencia, escuchando el Evangelio de Cristo y recibiendo a Cristo, también pueden ser bautizados en estos momentos. Y que Cristo les bautice también con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y también nos continuaremos viendo por toda la eternidad, en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Continúen pasando todos una tarde o una noche llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Dejo en estos momentos con ustedes al reverendo Julián Saucedo, y en cada nación al ministro correspondiente, para que les indique hacia dónde dirigirse para colocarse las ropas bautismales y ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. ¿Hay bautisterio aquí? Hay bautisterio, ¿ropas bautismales también? Ropas bautismales también, y ministros que les bautizarán.

Así que Dios les bendiga y les guarde a todos; y con ustedes dejo al reverendo Julián Saucedo para continuar.

“LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE Y LA FE EN LA TIERRA.”

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