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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; es un privilegio y bendición grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Para lo cual leemos en el Evangelio según San Mateo, capítulo 24, versos 30 en adelante, donde dice el Señor Jesucristo:

“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.

Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.

De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca.

Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas.

De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre.

Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre.

Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca,

y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre.”

Que Dos bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“LA VENIDA DEL SEÑOR Y LA GRAN COSECHA DEL FIN DEL TIEMPO, ” eso nos habla de la Venida del Hijo del Hombre como en los días de Noé.

El evento más importante prometido para este tiempo final es la Venida del Señor, la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles. De lo cual también el mismo Jesús dijo en San Mateo, capítulo 16, versos 26 al 27 (del capítulo 16 de San Mateo), dice Jesús:

“Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.

De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.”

Y luego, seis días después de estas palabras, tomó a Pedro, a Jacobo y Juan (en el capítulo siguiente, que es el capítulo 17), y los llevó aparte a un monte alto, y se transfiguró delante de ellos, y aparecieron allí con Jesús, Moisés y Elías, uno a cada lado, allí mostrando Cristo lo que será la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles. En San Lucas también nos narra este importante evento, y en el capítulo 9, dice cómo todo esto aconteció. Dice capítulo 9, versos 24 en adelante de San Lucas, dice:

“Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará.

Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo?

Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de éste se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria, y en la del Padre, y de los santos ángeles.

Pero os digo en verdad, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios.

Aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar.

Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente.

Y he aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías;

quienes aparecieron rodeados de gloria, y hablaban de su partida, que iba Jesús a cumplir en Jerusalén.

Y Pedro y los que estaban con él estaban rendidos de sueño; mas permaneciendo despiertos, vieron la gloria de Jesús, y a los dos varones que estaban con él.”

Este evento es muy importante, porque allí Jesús está mostrando lo que será la Venida del Señor, la Venida del Hijo del Hombre en el Día Postrero. En donde estarán los ministerios de los dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías siendo operados por el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, el cual los operó en el pasado en aquellos importantes hombres como Elías tisbita y Moisés. Nuevamente estarán sobre la Tierra, estos ministerios, en la Venida del Hijo del Hombre. Estos son los ministerios llamados en la Escritura: los Ángeles que envía el Hijo del Hombre con gran Voz de Trompeta para juntar a todos los escogidos.

Por lo tanto, en el Programa Divino para la raza humana, el evento más importante prometido por Dios es la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles (o sea, la Venida del Señor con Sus Ángeles), los cuales enviará con gran Voz de Trompeta, o sea, con el mensaje de la gran Voz de Trompeta, el mensaje del año de jubileo, el mensaje del Evangelio del Reino. Para llamar y juntar ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu; y así restaurar las tribus de Israel, unirlas para la restauración del Reino de David, que será la restauración del Reino de Dios en la Tierra.

Por eso es tan importante la Venida del Señor, la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles; lo cual fue representado allí en el Monte de la Transfiguración, en donde aparecieron Moisés y Elías, y estaban hablando con Jesús acerca de la partida de Jesús hacia Jerusalén.

Ahora, para el tiempo final tenemos que esta profecía va a ser cumplida y va a ser vista por millones de seres humanos, pero no todos van a entender lo que estará sucediendo, como fue en los días de Jesús, en donde se estaba cumpliendo la Venida del Señor, pero solamente un grupo pequeño comprendió lo que estaba sucediendo.

Ahora, es muy importante saber que la Venida del Señor tiene dos partes, las cuales son: la Venida del Señor como Cordero de Dios, para morir como Sacrificio de Expiación por el pecado del ser humano; luego ser sepultado y al tercer día resucitar glorificado, estar con Sus discípulos una temporada ya glorificado, y luego subir al Cielo para sentarse en el Trono de Dios, en el Trono del Padre, como dijo Cristo en San Mateo, capítulo 26, versos 63 en adelante, donde dice (esto fue cuando estaba siendo juzgado por el sumo sacerdote y el concilio del Sanedrín. El concilio del Sanedrín es el concilio de los ancianos, y consta de setenta personas sabias, líderes religiosos y el sumo sacerdote, con el cual son setenta y uno):

“Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo (este fue Caifás): Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios.”

Ahora vean, él quería que Jesús dijera si Él era el Cristo. No todas las personas quieren saber qué dice una persona para creer, sino para combatirlo. Y ese era el caso, pues querían condenarlo a muerte y estaban buscando la forma para que tuvieran un motivo por el cual podía ser condenado a muerte.

“Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.”

“Veréis al Hijo del Hombre,” o sea, cuando se usa el termino “Hijo del Hombre” se refiere a un profeta, a un hombre. Y Jesús siendo un Profeta mayor, el mayor de todos los profetas, se identifica con el título de profeta: el Título de Hijo del Hombre. A Ezequiel Dios le llamó también Hijo del Hombre.

“Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: ¡Ha blasfemado! (vean para lo que quería que Jesús le dijera que Él era el Cristo, para entonces el sumo sacerdote decir: ‘Ha blasfemado,’ para que así fuera condenado a muerte) ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora mismo habéis oído su blasfemia.”

Jesús decir que sí, que Él era el Hijo de Dios, el Cristo, para el sumo sacerdote y la mayor parte de los miembros del concilio religioso del Judaísmo, el concilio del Sanedrín, aquello era una blasfemia, pero era la verdad divina siendo cumplida en este joven carpintero de Nazaret. Es que siempre las obras de Dios son realizadas en forma sencilla, y usa personas sencillas; y mientras más grande es la obra que Dios va a realizar, más sencillo es el instrumento que Dios tiene para hacer esa obra.

Y ahora, veamos lo que dicen los miembros del concilio del Sanedrín; vea, el sumo sacerdote entonces pregunta:

“¿Qué os parece? Y respondiendo ellos, dijeron: ¡Es reo de muerte! (Es digno de muerte).

Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron de puñetazos, y otros le abofeteaban,

diciendo: Profetízanos, Cristo, quién es el que te golpeó (o sea, luego se burlaban de Jesús).”

Ahí vemos la justicia pervertida, en manos de personas que no podían creer que en el aquél hombre tan sencillo estaba cumpliéndose la primera parte de la Venida del Señor, de la Venida del Mesías, de la Venida del Ungido de Dios con el Espíritu de Dios. Recuerden que Mesías, Cristo y Ungido es lo mismo, y significa: “El Ungido con el Espíritu de Dios.” Por eso es que Cristo en San Lucas, capítulo 4, versos 11 al 21 dijo: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido.” Y comienza a enumerar las cosas para las cuales había sido ungido.

Y eso Él lo estaba leyendo del libro del profeta Isaías, del capítulo 61, verso 1. Porque esa era la profecía de la Venida del Mesías, que sería cumplida en la primera parte de la Venida del Mesías, de la Venida del Señor. Por eso Él se detuvo donde decía: “Para proclamar el Día de la buena voluntad o año de la buena voluntad del Señor;” y luego entregó el libro del profeta Isaías, al ministro. No continuó leyendo, porque si continúa leyendo, lo que a continuación seguía era: “Y el día de venganza del Dios nuestro.” Y esa parte es para ser proclamada, ser predicada en la segunda parte de la Venida del Señor, de la Venida del Hijo del Hombre.

Por lo tanto, en la segunda parte de la Venida del Señor que es para el Día Postrero, el cual es el Día del Señor, así como para el Judaísmo y los sabatistas del Cristianismo, el Día del Señor es el séptimo día de la semana, o sea, el sábado. Y por cuanto un día delante del Señor son como mil años y mil años como un día, el día milenial del Señor es el séptimo milenio de Adán hacia acá, en donde la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles se va a llevar a cabo. Y en donde el Hijo del Hombre enviará Sus Ángeles (o sea, a los dos Olivos), que son Moisés y Elías, esos ministerios de Moisés y Elías con gran Voz de Trompeta, o sea, el Evangelio del Reino para llamar y juntar ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu conforme al libro del Apocalipsis, capítulo 7, versos 1 en adelante. En donde aparece el Ángel, el Mensajero con el Sello del Dios vivo para llamar y juntar, y sellar ciento cuarenta y cuatro mil escogidos de Dios, sellarlos en sus frentes; y dice que son doce mil de cada tribu de los hijos de Israel.

Y luego en el capítulo 14, ya aparecen... capítulo 14 de Apocalipsis, ya aparecen llamados y juntados en el Monte de Sión con el sello del Dios vivo. Ya aparecen con el Nombre de Dios, o sea, del Padre y del Cordero escrito en sus frentes; o sea, con el conocimiento del Nombre de Dios y Nombre del Cordero, del Señor.

Ahora, encontramos que estos son eventos prometidos que van a estar siendo cumplidos en la segunda parte de la Venida del Señor llamada en medio del Cristianismo: la segunda Venida de Cristo.

Ahora, la Venida del Señor para el Día Postrero tiene la parte misteriosa del Señor viniendo a Su Iglesia, para preparar a Su Iglesia, viniendo con el mensaje de la gran Voz de Trompeta o Trompeta final, dándole la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Esa promesa de la Venida del Señor a Su Iglesia, la Escritura dice que será como ladrón en la noche; será para Su Iglesia Novia que va a ser transformada y llevada con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; o sea, que el mundo, los no creyentes en Cristo, que no forman Su Iglesia Novia, no van a ver, a entender el cumplimiento de la Venida del Señor a Su Iglesia.

Para el mundo continuará siendo un misterio la promesa de la Venida del Señor. Pero el pueblo hebreo y sus líderes van a ver esa manifestación en medio de la Iglesia del Señor, y van a decir: “Éste es el que nosotros estamos esperando.”

Van a ver la manifestación del Ángel del Pacto que los libertó de la esclavitud en Egipto, el cual se manifestó a través del profeta Moisés, lo van a ver nuevamente manifestado en la Tierra en carne humana en un hombre, en donde estará el Espíritu de Dios operando los ministerios de los dos Olivos: los ministerios de Moisés y Elías. E Israel representado en sus líderes religiosos dirá: “Éste es el que nosotros estamos esperando.” Pero Él viene por Su Iglesia.

Aunque es el Mensajero a Israel, el Ángel del Pacto, pero viene por Su Iglesia, porque el tiempo para Su Iglesia Novia (o sea, todos los nacidos de nuevo que forman la Iglesia del Señor Jesucristo), a ellos les ha llegado el tiempo para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero antes que comience la gran tribulación, que se cumplirá en los tres años y medio que le faltan a la semana número setenta de ser cumplidos, a la semana número setenta del capítulo 9 del libro del profeta Daniel. Durante esos tres años y medio los gentiles, el reino de los gentiles estará pasando por el tiempo del juicio divino, de las plagas que han de caer sobre el reino de los gentiles, pero Dios va a tratar con los judíos; cuando decimos “los judíos” estamos incluyendo a las doce tribus.

Aunque el término: “los judíos” se refiere a la tribu de Judá, y como reino, a la tribu de Judá y tribu de Benjamín (el reino de Judá o reino del Sur). Y cuando se habla de la Casa de Israel, se está hablando de las diez tribus del reino del Norte, que fueron esparcidas por el mundo, pero que para el tiempo final por medio del ministerio de los dos Ángeles, los dos ministerios de los dos Olivos, que estarán siendo operados por el Espíritu Santo en un hombre, con gran Voz de Trompeta, el Espíritu de Dios en ese mensajero, estará llamando y juntando las tribus perdidas del reino del Norte para la restauración de las tribus de Israel y unificación de ellas, de las doce tribus, para luego la restauración del Reino de David, que es la restauración del Reino de Dios en la Tierra.

Porque el Reino de David es el Reino terrenal de Dios y el trono de David es el Trono terrenal de Dios, al cual es heredero el Señor, el Mesías, el Ungido con la Presencia de Dios. Por eso el Ángel Gabriel le dijo a la virgen María en el capítulo 1 de San Lucas versos 30 al 36, que “ella era bienaventurada, que el Señor era con ella;” y le dijo que ella “tendría un hijo, un niño, y que Dios le daría el trono de David Su padre, y reinará para siempre.” O sea, que el heredero al trono de David es el Mesías Príncipe, el Hijo del Hombre. Y por consiguiente, Él va a recibir ese Reino conforme a lo que ha sido prometido. Pero antes Él, luego de morir y resucitar glorificado subiría al Cielo y recibiría el Reino celestial, sentándose en el Trono celestial. Y por esa causa fue que Él en San Mateo, capítulo 28, versos 16 al 20, dice, ya resucitado:

“Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.”

Porque el poder está en el Trono, y el que se siente en el Trono es el que recibe ese poder, y por consiguiente recibe el Reino que es gobernado desde ese Trono celestial.

Ahora, la representación del Reino de Dios en la Tierra y del Trono de Dios en la Tierra, es el reino de David y trono de David. Por eso cuando el rey David introdujo a su hijo para sentarse en el trono de David como el heredero al trono, dice la Escritura que Dios escogió a Salomón para que se siente en el trono de David su padre, para que se siente en el Trono de Dios sobre Israel, para que se siente en el Trono del Reino de Dios sobre Israel.

Israel es la única nación que por decreto divino tiene el Trono de Dios y Reino de Dios literal. Y es la única nación al cual le será restaurado el Reino de Dios, siéndole restaurado el reino de David y el trono de David. Y es el Mesías Príncipe en Su segunda Venida el que obtendrá la herencia del Reino terrenal de Dios y Trono terrenal de Dios. Por eso Jerusalén es la ciudad eterna, la Ciudad de Dios.

Es de la única ciudad que la Escritura da testimonio que es la Ciudad de Dios, la Ciudad del Rey, la ciudad donde Dios ha colocado Su Trono, por lo tanto Israel es la nación más bienaventurada de todas las naciones. A tal grado que el Reino del Mesías, el Trono del Mesías, la capital del Reino del Mesías será Jerusalén; y allí yo voy a estar, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también.

Y todo eso es por decreto divino, Jerusalén es la capital del Reino terrenal de Dios. Es la ciudad del Trono de Dios, y por eso es la Ciudad-Trono de Dios donde está el Nombre eterno de Dios.

Ahora, Cristo mismo dice en el libro del Apocalipsis, capítulo 3, verso 20 al 21:

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.”

Eso es una cena espiritual de la Palabra de Dios. Pero ahora también nos dice en el capítulo... les leí primero otro pasaje, ahora el capítulo 3, verso 20 al 21 del Apocalipsis, dice:

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”

Es el Espíritu Santo, Cristo en Espíritu Santo, hablando estas palabras. En palabras más claras: es el Ángel del Pacto, el cual es Cristo en Su cuerpo angelical, y el cual dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.” (San Mateo, capítulo 28, verso 20). Él ha estado en medio de Su Iglesia en Espíritu Santo desde el Día de pentecostés, y todavía continúa en medio de Su Iglesia; y ha estado hablándole a Su Iglesia por medio de diferentes mensajeros que Él ha enviado para cada una de las etapas de Su Iglesia, y la Iglesia ha tenido por consiguiente la Voz de Dios, la Voz de Cristo hablándole directamente al corazón a través de cada mensajero, de cada hombre de Dios mensajero para cada etapa de Su Iglesia.

Y ahora, aquí la promesa es:

“...le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.”

Aquí encontramos dos tronos: el Trono del Padre que está en el Cielo, y el Trono de Cristo que es el Trono de David, al cual Cristo es el heredero. Ya Cristo venció al morir y resucitar glorificado, y subir al Cielo, y sentarse en el Trono del Padre como Él dijo que haría. Él dijo que se sentaría en el Cielo a la diestra de Dios; y así sucedió. Y en esa misma forma en que el Padre hizo con Jesús, ahora Cristo dice que va a hacer con el vencedor, en la misma forma.

Por lo tanto, así como con el Padre se sentó Cristo en el Trono celestial, y por eso recibió autoridad sobre toda la creación. Él es el Rey de reyes y Señor de señores, Rey en el Cielo y en la Tierra. Pero ahora Él ha prometido sentar con Él al vencedor, por lo tanto habrá una persona en la Tierra en el tiempo final que obtendrá la victoria y estará viviendo en el tiempo señalado como el Día del Señor, que es el séptimo milenio de Adán hacia acá, que estará viviendo en medio del pueblo, será un creyente también en Cristo.

Será un creyente al que lo va a sentar en Su Trono, será un mensajero dispensacional, la clase de mensajero del nivel más alto que Dios tiene. Dios ha tenido muchos mensajeros, muchos profetas, pero la clase de mensajero, la clase de profeta más grande que Dios tiene es mensajero dispensacional.

Y son tan importantes en el Programa Divino que son pocos; tan pocos que con los dedos de nuestras dos manos se pueden contar y sobran dedos. Solamente hay siete mensajeros dispensacionales para siete dispensaciones, que son: Adán para la Dispensación de la Inocencia; Set para la Dispensación de la Conciencia; Noé para la tercera dispensación, la Dispensación del Gobierno Humano; Abraham para la cuarta dispensación, la Dispensación de la Promesa; Moisés para la quinta dispensación, la Dispensación de la Ley; Jesús para la sexta dispensación, la Dispensación de la Gracia, en donde todo ser humano por medio del Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario obtiene la Salvación y Vida eterna.

Es el mensajero correspondiente a cada dispensación el que tiene el Programa Divino para esa dispensación; y a través de ese mensajero, Dios lleva a cabo ese Programa.

Ahora, les dije que son siete dispensaciones y ya les hablé de seis, y también de sus mensajeros y del mensaje correspondiente a cada una de esas dispensaciones.

El Evangelio de la Gracia, el Evangelio de Cristo es el mensaje para la Dispensación de la Gracia, la sexta dispensación.

Luego, para la séptima dispensación, la Dispensación del Reino donde va a ser restaurado el Reino de Dios en la Tierra, donde va a ser restaurado el Reino de David, dice el mismo Cristo cuando baja del Monte de la Transfiguración con Pedro, Jacobo y Juan, sus discípulos que habían visto en el Monte de la Transfiguración a Moisés y Elías hablando con Jesús (uno a cada lado), le preguntan: “Señor, ¿por qué dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?” Y Cristo les dice: “A la verdad Elías vendrá primero y restaurará todas las cosas.”

La restauración para todas las cosas será llevada a cabo por el ministerio de Elías. Así como él restauró el altar de Dios que estaba disperso, las piedras todas dispersas allá en el monte Carmelo, lo restauró para colocar el sacrificio y el fuego de Dios caer del Cielo y consumir el sacrificio.

Y ahora, Cristo les dice: “A la verdad Elías vendrá primero y restaurará todas las cosas.” La restauración de todas las cosas ya estamos viendo que está ligada al ministerio de Elías. Por lo tanto, el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo que es el que tiene y opera los ministerios, estará operando en el Día Postrero el ministerio del profeta Elías para la restauración de las tribus perdidas, la restauración de todas las cosas.

“A la verdad Elías vendrá primero y restaurará todas las cosas.” Pero hablando de Juan el Bautista, Cristo dijo: “Mas yo os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, e hicieron de él todo lo que quisieron.” Y entonces también entendieron que les había hablado de Juan el Bautista; porque en Juan el Bautista, el Espíritu Santo estaba operando el ministerio de Elías por tercera ocasión para prepararle al Señor un pueblo bien apercibido en Su primera Venida.

Ahora veamos lo que nos dice San Pedro en el libro de los Hechos, capítulo 3, verso 19 en adelante donde dice:

“Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,

y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado;

a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.”

Y ahora, el Señor conforme a las palabras de San Pedro inspirado por el Espíritu Santo, o en palabras más claras: las palabras del Espíritu Santo siendo habladas a través de la boca de San Pedro, dice que el Cielo tiene que retener o mantener a Cristo en el Cielo, ¿hasta cuándo? Hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, para las cuales es necesario que Elías venga y restaure todas las cosas; porque el Hijo del Hombre vendrá con Sus Ángeles, los cuales son los dos Olivos, Moisés y Elías, como aparecieron en el Monte de la Transfiguración en el capítulo 17 de San Mateo, y capítulo 9 de San Lucas.

Y ahora, el misterio más grande de todos los misterios de la Biblia en este tiempo final va a cumplirse, va a hacerse una realidad, y los que van a ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero van a tener el conocimiento de ese misterio y les va a da la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Van a recibir la revelación de ese misterio, van a creer, y por consiguiente van a recibir la transformación física y los muertos en Cristo van a resucitar en cuerpos glorificados.

Todos los que van a ser transformados que estarán vivos en ese momento, juntamente con los que han muerto físicamente creyentes en Cristo, estarán escuchando la Gran Voz de trompeta o Trompeta final, que es el Evangelio del Reino siendo predicado por el Espíritu Santo a través del instrumento que Él tendrá en la Tierra en este tiempo final. En donde estará operando el ministerio del profeta Elías, y el ministerio del profeta Moisés y el ministerio de Jesús.

Esos son los ministerios prometidos para ser manifestados en el Día Postrero, y por consiguiente el Espíritu Santo que es el que tiene y opera los ministerios, los estará operando en un mensajero dispensacional, que será el mensajero final, el mensajero que Él enviará a Su Iglesia y después al pueblo hebreo.

Ese mensajero es el que está esperando el pueblo hebreo y la Iglesia del Señor Jesucristo, el cual aparecerá primero en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo y en el cual estará el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios, que los libertó de la esclavitud en Egipto y los llevó a la tierra prometida. En ese mensajero estará el Ángel Fuerte que desciende del Cielo en Apocalipsis, capítulo 10, clamando como cuando un león ruge y siete Truenos emitiendo Sus voces.

Estará en él clamando como cuando un león ruge porque habrá cambiado de Cordero a León. Y estará abriendo el misterio del séptimo Sello, que es el misterio de la Venida del Señor a Su Iglesia. Cristo dijo que Él vendría como ladrón en la noche; el mundo está en oscuridad espiritual, está en oscuridad económica, está en oscuridad con tantos problemas que tiene. Pero San Pablo dice en Efesios, capítulo 5, verso 14:

“Despiértate, tú que duermes,

Y levántate de los muertos,

Y te alumbrará Cristo.”

 Así ha sido en la Dispensación de la Gracia, un despertamiento espiritual, un despertamiento del alma para los seres humanos y Cristo les ha alumbrado el entendimiento, les ha alumbrado el alma, y lo han recibido como Salvador. Para la Dispensación del Reino también tenemos la promesa de un despertamiento espiritual, para obtener todas las bendiciones espirituales y físicas que Él ha prometido para Su Iglesia. Y para, por consiguiente, obtener nuestra transformación.

Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia en el libro del Apocalipsis encontramos que dice:

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”

Es el Espíritu Santo, el Espíritu de Cristo en medio de Su Iglesia hablando de etapa en etapa, por medio de Sus mensajeros. Y escuchar lo que habla el Espíritu Santo en cada edad por medio del mensajero de cada edad, es escuchar la Voz del Espíritu Santo, la Voz de Cristo, la Voz de Dios.

Y ahora, para nuestro tiempo hay grandes promesas divinas. Tenemos, entre todas esas promesas, la adopción que es la redención del cuerpo, o sea, la transformación de los vivos en Cristo y la resurrección de los muertos en Cristo. Cristo dijo para los creyentes en Él, en San Juan, capítulo 6, cuándo sería el tiempo para la resurrección; capítulo 6, versos 39 al 40, dice Cristo:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.”

 Y ya sabemos que el Día Postrero es el séptimo milenio de Adán hacia acá, conforme al calendario gregoriano ya estamos en el séptimo milenio y ya tenemos nueve años dentro del séptimo milenio. Sigue a continuación diciendo Cristo, el verso 40:

“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Y ahora, no puede ser cambiado el día para la resurrección. Ya fue establecido que será en el Día Postrero.

Y ahora, pasamos al capítulo 11 de San Juan, donde nos dice Cristo cuando fue a resucitar a Lázaro (está hablando Marta con Jesús), capítulo 11, verso 21 en adelante de San Juan:

“Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.

Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará.

Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.

Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.”

Marta sabía para qué tiempo se llevaría a cabo la resurrección: en el Día Postrero.

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Le dijo (o sea, Marta contestándole le dice)...

Le dijo: Sí, Señor...”

Y la pregunta también es para nosotros: ¿Crees esto? Y nosotros decimos: “¡Sí, Señor!” Por lo tanto, si permanecemos vivos estamos esperando la transformación, si alguno parte, pues estará esperando en el Paraíso la resurrección; porque yo creo esto que dijo Jesús aquí. ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también lo cree.

Ya hemos visto que el Día Postrero es el séptimo milenio de Adán hacia acá, así como el día postrero de la semana es el séptimo día, el sábado, el día de reposo, de descanso para ser dedicado a Dios. El Señor en una ocasión dijo que el Hijo del Hombre es Señor del sábado, del día de reposo.

Y en los días de Dios, “porque un día es como mil años y mil años como un día,” dice Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8, y el Salmo 90, verso 4, ahora, el Día Postrero delante de Dios es el séptimo milenio.

Muchas personas hemos escuchado que han predicado que estamos en los días postreros, y es cierto, pero días, significa más de un día. Día Postrero es una cosa y días postreros es otra. Días son más de uno, día es uno solo. Pero el Día Postrero es uno de los días postreros, es el ultimo de los días postreros.

El apóstol Pedro y el apóstol Pablo tenían conocimiento de lo que significaba los días postreros. Actualmente estamos todavía en los días postreros, ¿pero en cuál de los días postreros? San Pablo hablando en Hebreos, a los hebreos, capítulo 1, verso 1 en adelante, vamos a ver cuándo comenzaron los días postreros:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas...”

¿Cómo hablaba Dios? Por medio de los profetas, Dios siempre habla por medio de un hombre.

“...en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo...”

Y ahora, San Pablo está diciéndonos que en aquellos días en que Cristo estaba predicando, Dios estaba hablando por medio de Jesucristo al pueblo. Y dice: “En estos postreros días,” mencionando que ya aquellos días en que Cristo estaba predicando eran los días postreros. Dice:

“...el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia...”

La imagen de Dios ¿quién es? Cristo en Su cuerpo angelical, el Ángel del Pacto. Y la semejanza física de Dios ¿cuál es? El cuerpo físico de Jesucristo, el cual ya está glorificado.

Ahora, vamos a ver las palabras de San Pedro en el libro de los Hechos, capítulo 2, para que tengamos el cuadro claro de lo que son los días postreros, capítulo 2, verso 15 en adelante, esto fue cuando San Pedro predicó el Día de Pentecostés su primer mensaje lleno del Espíritu Santo:

“Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día (era en la mañana).

Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:

Y en los postreros días, dice Dios,

Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,

Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;

Vuestros jóvenes verán visiones,

Y vuestros ancianos soñarán sueños...”

¿Para qué tiempo Dios prometió que derramaría de Su Espíritu Santo? Para los días postreros. Cuando Cristo tenía de cuatro a siete años de edad comenzaron los días postreros, que son delante de Dios: quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio. En los días de Jesús comenzó el primero de los días postreros, o sea, el quinto milenio. Y fue en los días de los apóstoles cuando ya Cristo había subido al Cielo, diez días después, Dios derramó de Su Espíritu Santo sobre todos los creyentes en Cristo que estaban en el aposento alto. Y luego San Pedro predicó, y como tres mil personas creyeron y fueron bautizadas; también Dios los bautizó con Espíritu Santo y Fuego, y fueron añadidos a la Iglesia como tres mil personas.

Son añadidos a la Iglesia cuando reciben el Espíritu Santo, o sea, que nacen de nuevo, nacen en la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y ahora, hemos visto que los días postreros no son dos o tres días de 24 horas, son tres milenios, tres milenios y ya dos de ellos han transcurrido.

Y ahora, estamos en el tercer milenio de los tres milenios postreros, que viene a ser el séptimo milenio de Adán hacia acá.

Es el séptimo milenio, el Día Postrero, en donde la Venida del Hijo del Hombre, la Venida del Señor se hará una realidad en medio de la raza humana.

Dijo Cristo que será como en los días de Noé y como en los días de Lot; y la humanidad está como en los días de Noé y como los días de Lot. En los días de Noé Dios le apareció a Noé, le habló y le dio el mensaje, y también le dio la orden de la construcción del arca para la salvación de él y su familia; le dio la forma para escapar del juicio divino que vendría sobre la raza humana. Noé, un mensajero dispensacional.

Para el Día Postrero la Iglesia Novia del Señor Jesucristo recibirá la revelación para escapar del juicio divino que ha de venir sobre la Tierra. Recibirá la revelación del misterio de la Venida del Señor, la revelación del séptimo Sello, y obtendrá por consiguiente la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Así como la persona que obtiene la revelación de la primera Venida de Cristo por medio de la predicación del Evangelio de la Gracia, la predicación del Evangelio de la sexta dispensación, obtiene la fe para recibir a Cristo como Salvador y obtener el perdón de sus pecados, ser limpios de todo pecado con la Sangre de Cristo, ser bautizado en agua en Su Nombre, y recibir el espíritu de Cristo y obtener el nuevo nacimiento. Y así entrar al Reino de Dios.

Con la revelación de la segunda Venida de Cristo, la revelación de la Venida del Hijo del Hombre a Su Iglesia en el Día Postrero, obtendremos la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Por medio de la predicación del Evangelio del Reino, es que vendrá la revelación divina del misterio de la Venida del Señor a Su Iglesia, para ser transformados y ser llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

El Evangelio del Reino es el mensaje de la gran Voz de Trompeta, el mensaje de la Trompeta final, el mensaje del Año del Jubileo.

Y ahora, ese mensaje llegará a lo profundo del corazón de todos los que van a ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

El mismo Cristo hizo una pregunta en San Lucas, capítulo 18, verso 8, y preguntó:

“Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?”

Ahora, la fe, la revelación de la Venida del Señor a Su Iglesia en el Día Postrero para ser transformados, esa no la habrá pero Él la va dar por medio de la predicación del Evangelio del Reino, o sea, por medio del sonar de la Trompeta final, de la gran Voz de Trompeta de la cual San Pablo habla en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58, en donde nos dice de la siguiente manera, y vamos a leerlo ya que todo esto está unido al misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles en el Día Postrero. Es la misma gran Voz de Trompeta con la cual son enviados los Ángeles para llamar y juntar ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu.

Ahora, en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 en adelante, dice San Pablo:

“Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.”

La imagen es el cuerpo angelical que reciben los creyentes en Cristo cuando obtienen el Espíritu de Cristo, obtienen el nuevo nacimiento; y la semejanza física es el cuerpo físico pero glorificado, que van a recibir los creyentes en Cristo nacidos de nuevo en el Día Postrero. Los que estén vivos en ese tiempo serán transformados, los que murieron serán resucitados en cuerpos glorificados. Este es un misterio muy grande que está dentro del gran misterio de la Venida del Hijo del Hombre para el Día Postrero.

Es tan grande que habrá un grupo de personas que estando vivos obtendrán la inmortalidad física y la juventud eterna, la cual vendrá de la fuente de la juventud, que es Cristo nuestro Salvador.

“Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.”

Por cuanto tenemos un cuerpo corruptible, no podemos vivir eternamente con este cuerpo; se enferma, se pone viejo, y se le acaban los días aquí en la Tierra y tiene que morir, porque es un cuerpo temporero. Para que tengamos la oportunidad de hacer contacto con la Vida eterna mientras vivimos en estos cuerpos mortales, para así asegurar nuestro futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno: ese es el propósito de nuestra vida aquí en la Tierra, el propósito de Dios para con nosotros.

Ahora, vean lo que dice San Pablo:

“He aquí, os digo un misterio (es un misterio grande del Reino de Dios):No todos dormiremos...”

Dormir aquí significa: “morir.” O sea, no todos moriremos. Usa la palabra “dormimos” porque los santos no mueren, siguen viviendo. Lo que muere es el cuerpo físico, pero la persona en alma y espíritu pasa a otra dimensión, va al Paraíso si es un creyente en Cristo. Ahora dice:

“No todos dormiremos (o sea, no todos vamos a morir); pero todos seremos transformados,

en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta...”

Ahora vean, señala las cosas que han de acontecer y el tiempo en que todo esto va a suceder. Dice que será a la final Trompeta, o sea, al final mensaje, que es el mensaje del Evangelio del Reino, el mensaje para la séptima dispensación; porque ya los demás mensajes para otras dispensaciones han transcurrido, y los mensajes para cada edad de la Iglesia durante estos dos mil años también ya han transcurrido; ya han sido dados. Pero ahora, viene el mensaje para la Dispensación del Reino. Por eso el mismo Jesús profetizando dijo en San Mateo, capítulo 24, verso 14:

“Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.”

El Evangelio del Reino que será predicado por testimonio a todas las naciones es el que estaba predicando Cristo, pero cuando fue rechazado en Jerusalén ahí se detuvo cuando fue crucificado; ya Cristo les hablaba del Reino a Sus discípulos pero ya no aparecía en público, era en privado; y el Día de Pentecostés, San Pedro comenzó predicando el Evangelio de la Gracia, el Evangelio de Cristo, y se detuvo por consiguiente la predicación del Evangelio del Reino.

Pero volverá a predicarse el Evangelio del Reino en medio de la Iglesia del Señor, y de ahí luego al pueblo hebreo. Por lo tanto, la Iglesia del Señor Jesucristo que va a ser transformada y raptada, o sea, llevada a la Cena de las Bodas del Cordero, primero escuchará la predicación del Evangelio del Reino, que será la gran Voz de Trompeta o Trompeta final para recibir la fe para ser transformados y raptados. Y luego los judíos escucharán la predicación del Evangelio del Reino, del Reino de Dios, la predicación del Reino de David, Reino que será restaurado en la Tierra, y entonces creerán. Para que pueda ser restaurado el Reino de Dios en la Tierra.

Por eso Juan el Bautista y Jesús predicaban el Evangelio del Reino, por eso les hablaban de la restauración del Reino de David, les hablaban acerca del Reino de Dios en la Tierra, porque todo eso está dentro del Evangelio del Reino que Dios tendrá en medio del pueblo hebreo.

Ahora, hemos visto que hay una bendición muy grande para el Día Postrero, que ya sabemos que es el séptimo milenio de Adán hacia acá, y tercer milenio de los tres milenios postreros, los cuales están representados en los días de la semana. El quinto día de la semana que es el jueves, representa el quinto milenio; el viernes, sexto día de la semana, representa el sexto milenio, y el sábado, séptimo día de la semana, representa el séptimo milenio; o sea, que jueves, viernes y sábado son los días postreros de la semana, y quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio son los milenios postreros delante de Dios, los días postreros delante de Dios.

Ya han transcurrido dos milenos de Cristo hacia acá. Delante de Dios, dos días. Y ya estamos en el Día Postrero o milenio postrero delante de Dios para disfrutar todas las bendiciones que Él tiene para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también.

Ahora continuamos aquí con las palabras de San Pablo, palabras proféticas, dice:

“...en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros (y nosotros) seremos transformados.”

Primero los muertos en Cristo van a resucitar en cuerpos glorificados, cuerpos jóvenes; si usted tiene un familiar que partió y es creyente, y tenía cuarenta, cincuenta, sesenta, setenta, ochenta o noventa años, no esté esperando un ancianito o una ancianita que aparezca. Esté esperando una jovencita o un jovencito de 18 años a 21 años de edad con un cuerpo eterno, glorificado, inmortal. Y cuando lo vea o la vea, ahí también usted será transformado. Ahí usted será transformado.

Ahora, vean aquí:

“Porque es necesario que esto corruptible (nuestro cuerpo de carne, corruptible, mortal)... porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.

Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.”

Y ahí se acabó el problema de los funerales, se acabó el problema de que cuando nos miramos en el espejo cada año, nos encontramos con un poquito más de edad, y cuando nos pasan veinte años encontramos que tenemos el cabello que va cambiando de color. Ya se habrá terminado todo problema que afecta al ser humano. Por lo menos para esos que van a ser transformados y para los que murieron y que serán resucitados en cuerpos eternos.

Así que, el problema mío lo resolverá Jesucristo. ¿Y de quién más? De cada uno de ustedes también. Nuestro futuro está en las manos ¿de quién? De Jesucristo.

Y ahora teniendo toda esta evidencia bíblica profética, dada en la Escritura, no podemos hacer otra cosa que darle gracias a Dios por esta bendición que Él ha prometido para todos nosotros. Hasta el salmista está contento y da testimonio que él también estaba esperando su transformación. Dice en el Salmo, y es de David, es una oración de David, Salmo 17, verso 15, dice:

“En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia;

Estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza.”

Él sabía que tenía que dormir, o sea, dormir para los creyentes es morir el cuerpo físico, y despertar es resucitar, y ahora él espera la resurrección a semejanza a Dios, o sea, con un cuerpo eterno. Él resucitó cuando Cristo resucitó, en donde resucitaron muchos santos del Antiguo Testamento que habían dormido, o sea, que habían muerto físicamente. Resucitó Abraham, Isaac, Jacob, también Sara y todas estas mujeres importantes de la Biblia.

Y ahora, para el Día Postrero tenemos la promesa de la resurrección de todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo de todas las edades, y para los que estén vivos la transformación. La cual yo estoy esperando y continuaré esperando hasta que obtenga esa transformación, la cual está muy cerca y está prometida para el Día Postrero, o sea, séptimo milenio de Adán hacia acá, que es el día Postrero delante de Dios.

Hemos visto la Venida del Señor, la Venida del Hijo del Hombre, y los ministerios de los Ángeles del Hijo del Hombre para llevar a cabo el recogimiento de los escogidos, o sea, la cosecha del trigo. Por lo cual le damos gracias a Dios por todas estas promesas y el conocimiento, revelación de todas estas promesas proféticas que ha hecho para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también.

“LA VENIDA DEL SEÑOR Y LA GRAN COSECHA DEL FIN DEL TIEMPO.”

Eso es lo que está prometido en la parábola también del trigo y la cizaña. Dice que para el fin del tiempo Él enviará a Sus Ángeles para llevar a cabo esa labor; para el fin del siglo la señal será la aparición de los dos Olivos, la aparición de estos ministerios siendo operados por el Espíritu Santo en el Día Postrero, con la gran Voz de Trompeta, el Evangelio del Reino, proclamando el Evangelio del Reino, proclamando todas estas cosas que han sido prometidas.

Estamos en el tiempo más glorioso de todos los tiempos, en el tiempo en que de un momento a otro se va a completar la Iglesia del Señor Jesucristo, y luego Cristo cambiará de Sumo Sacerdote a Rey y entonces reclamará todo lo que Él ha redimido con Su Sangre: a los que murieron creyentes en Él los reclamará, los resucitará en cuerpos eternos, y a nosotros los que vivimos nos transformará.

Ese es el Programa, el plan divino para conmigo, ¿y con quién más? Para con cada uno de ustedes también.

La Venida del Señor, la Venida del Hijo del Hombre, eso es lo más importante que está en el Programa de Dios y es para bendición de todos los creyentes en Cristo y también para el pueblo hebreo.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo se le está haciendo bastante tarde, pero todavía hay oportunidad. Yo escuché la predicación del Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en mi alma y lo recibí como mi Salvador, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también.

Y ya tengo asegurado mi futuro eterno. Cristo me lo aseguró, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo para que le asegure su futuro eterno, puede hacerlo en estos momentos y estaremos orando por usted. Los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo para que Cristo les reciba en Su Reino, les perdone, y con Su Sangre les limpie de todo pecado, sean bautizados en agua en Su Nombre y Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y así entren al Reino de Dios, así obtengan el nuevo nacimiento, nazcan de nuevo: nazcan del Agua y del Espíritu, nazcan del Evangelio de Cristo y del Espíritu Santo. Esa es la forma en que se entra al Reino de Dios.

Cristo tiene mucho pueblo, muchas personas en Lima, Perú, y en toda la República del Perú, y los está llamando en este tiempo. El mismo Cristo dijo que hay gozo en el Cielo cuando un pecador se arrepiente, y cuando dos o tres se arrepienten pues hay más gozo, y cuando un grupo como ustedes vienen a los Pies de Cristo arrepentidos de sus pecados recibiendo a Cristo hay más gozo. Y hay gozo también en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo en este planeta Tierra.

Por lo tanto, hay gozo en la Tierra y gozo en el Cielo. La presencia de ustedes recibiendo a Cristo como Salvador causa gozo en el Cielo, y también en mi corazón; porque sé que los voy a estar viendo por toda la eternidad en el Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

Cristo dijo: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” (San Lucas, capítulo 19, verso 10). Y en San Mateo, capítulo 18, verso 11 al 14, Él dice: “El Hijo del Hombre vino a salvar lo que se había perdido.” Y ahí Él comienza a mostrar quiénes son esas personas y las compara con ovejas. Y dice, capítulo 18, verso 11 en adelante de San Mateo:

“Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.

¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado?

Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquélla, que por las noventa y nueve que no se descarriaron.

Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.”

No es la voluntad de Dios que usted se pierda. La voluntad de Dios es que usted obtenga la salvación y Vida eterna. La voluntad de Dios es que usted viva eternamente en el Reino de Dios. La voluntad de Dios es que yo viva eternamente, ¿y quién más? Y usted también viva eternamente en cuerpo eterno, joven, glorificado, igual al cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador.

Jesucristo está tan joven como cuando subió al Cielo, porque Su cuerpo está glorificado. Y así va a ser conmigo, ¿y con quién más? Con cada uno de ustedes también; porque aquí en la Sagrada Biblia, Sagrada Escritura, está prometido; y Dios cumple lo que Él prometió.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión. También los que están en otras naciones pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo, y los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, pues Cristo tiene lugar en Su Reino para los niños también. Pues Él dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los cielos.”

El Reino de Dios se está llenando de peruanos, el Reino de Cristo, está teniendo en el Reino de Cristo una representación del Perú, una representación de creyentes en Cristo aquí en el Perú, lo cual es una bendición grande para el Perú.

Vamos a pedirle a los que están en las cámaras y computadoras cuando estén listos en las demás naciones, aquí estamos con la imagen, ¿la imagen de qué país? Ahí tenemos unas cuántas imágenes porque en diferentes países así como aquí están viniendo a los Pies de Cristo, pues estamos conectados a través del satélite Amazonas y de internet con diferentes países, en y con actividades como esta que se está llevando a cabo aquí en Lima, Perú.

Es que Dios tiene mucho pueblo en toda la América Latina, en Norteamérica, en África, y en todos los demás países y los está llamando en este tiempo final. Y Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y me siguen; y yo las conozco; y yo les doy Vida eterna.” (San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30).

Es que el nombre suyo y el mío están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida. En una ocasión en que Jesús envió a Sus discípulos a predicar el Evangelio, y a echar fuera demonios y sanar enfermos, luego que van y tienen éxito regresan muy contentos, muy felices; y le dicen a Cristo: “Señor, aun los espíritus se nos sujetan en tu nombre,” o sea, que los apóstoles ordenaban a las personas que estaban poseídas de espíritus malos, le ordenaban a esos espíritus que salieran de las personas y salían, y quedaban libres.

Y llegaron muy felices, muy contentos, y Cristo les dice:

“Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.”

Eso es lo importante: que nuestros nombres están escritos en el Cielo. Y por eso usted es una oveja del Señor que ha sido llamada en esta ocasión. Él dijo que el buen Pastor llama a Sus ovejas por su nombre. Él nos llamado desde el Cielo por nuestro nombre, porque Él tiene el Libro donde están escritos nuestros nombres.

Ya vamos a orar por todas las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión. Si falta alguno por venir puede venir, y en las demás naciones también si falta alguno por venir puede venir a los Pies de Cristo. Ya están listas en las demás naciones las personas... si estamos listos en los diferentes países ya vamos a orar por todos los que han estado recibiendo a Cristo como su único y suficiente Salvador.

San Pablo también, Colombia también, ahí lo tenemos, en todos los países Cristo está llamando a Sus ovejas, las está trayendo a Su Redil, pues ya estamos en el Día Postrero. México también lo tenemos allí en la pantalla, o sea, que Dios tiene muchas ovejas, muchos hijos e hijas, y los está llamando en este tiempo final. Ya vamos a orar por todas las personas que han venido a los Pies de Cristo.

Vamos a estar con nuestras manos levantadas al Cielo, nuestros ojos cerrados y los que han venido a los Pies de Cristo y están aquí presentes o en otras naciones, repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio, y nació Tu fe en mi corazón, en mi alma. Creo en Tu primera Venida, creo en Tu muerte como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos. Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados, y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino, quiero nacer en y a la Vida eterna. Quiero vivir eternamente Contigo en Tu Reino. Sálvame, Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora, habiendo aceptado nuestra salvación de parte de Cristo decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados, y con Su Sangre nos ha limpiado de todo pecado, porque lo hemos recibido como nuestro único y suficiente Salvador; y hemos aceptado Su Sacrificio expiatorio en la Cruz del Calvario por nosotros.

Ahora, ustedes me dirán: “Cristo dijo: ‘Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.’ ¿Cuándo me pueden bautizar?”

Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón. Y también San Pedro dijo en el libro de los Hechos, el Día de Pentecostés, cuando le preguntaron lo mismo, dice (cuando Pedro predicaba) en el capítulo 2, verso 36 en adelante, dice Pedro:

“Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.

Al oir esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.

Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.”

El mismo día que Pedro predicó y las personas creyeron, ese mismo día fueron bautizadas y fueron añadidas a la Iglesia como tres mil personas, las cuales fueron bautizadas en el Nombre del Señor Jesucristo.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado. El bautismo en agua es tipológico, pero es un mandamiento del Señor Jesucristo.

El mismo Jesucristo fue bautizado por Juan el Bautista. Cuando fue donde Juan para ser bautizado, Juan le dice: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí para que yo te bautice?” Y Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia.” Y entonces lo bautizó.

 Y también los discípulos del Señor Jesucristo fueron bautizados por Juan el Bautista. Si Cristo necesitaba ser bautizado para cumplir toda justicia, cuánto más nosotros.

En el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador muere al mundo; y tipológicamente cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado. Y cuando es levantado de las aguas bautismales está resucitando a una nueva vida, a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan simple como eso es el significado, el simbolismo del bautismo en agua.

Estábamos con Cristo eternamente. Y ahora nos identificamos con Cristo al ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de nuestro amado Señor Jesucristo.

Continúen pasando todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Jesucristo nuestro Salvador.

Dejo con ustedes al reverendo, doctor Humberto Balbín, para que les indique hacia dónde dirigirse para colocarse las ropas bautismales y ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Continúen pasando todos unas tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Los que están en otras naciones también pueden ser bautizados, para lo cual dejo al ministro correspondiente de cada lugar, de cada nación, de cada auditorio o lugar donde se encuentren en estos momentos para que les indiquen en la misma forma en que estará haciendo el reverendo Humberto Balbín.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“LA VENIDA DEL SEÑOR Y LA GRAN COSECHA PARA EL FIN DEL TIEMPO.”

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