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Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes y todos los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; es una bendición y privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final. Para lo cual leemos la parábola del trigo y de la cizaña en San Mateo, capítulo 13, versos 24 al 30 que dice:

“Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo;

pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue.

Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña.

Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña?

El les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos?

El les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo.

Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“LOS ÁNGELES SEGADORES CUANDO RAYA EL ALBA,” o “LOS ÁNGELES SEGADORES AL RAYAR EL ALBA.”

La Escritura nos dice en San Mateo también, que “el Hijo del Hombre enviará Sus Ángeles con gran Voz de Trompeta y juntarán a Sus escogidos.” (San Mateo, capítulo 24, verso 31).

Y ahora, esta parábola nos muestra el proyecto divino, el Programa Divino que se estaría llevando a cabo desde en medio de la Iglesia en la esfera espiritual en medio del Cristianismo. Si vamos a la familia humana desde su origen en el Génesis, en el Huerto del Edén, también encontraremos lo mismo.

Por lo cual cuando pecó el ser humano en el Huerto del Edén, luego Dios trajo a juicio al ser humano y a la serpiente que había engañado a Eva, y le habló acerca de la simiente de la mujer que heriría en la cabeza a la simiente de la serpiente. O sea, a la serpiente y a su simiente, en palabras más claras, al diablo que estaba manifestado en la serpiente que engañó a Eva; pero no vamos a tocar esta parábola desde los tiempos de Adán y Eva, vamos a tratarla en el campo del Cristianismo.

Encontramos que Cristo dice que así es el Reino de los Cielos, el Reino de los Cielos ha estado en la esfera espiritual manifestándose en medio de la raza humana, y han estado entrando millones de seres humanos al Reino de los Cielos, al Reino en la esfera espiritual en donde millones de seres humanos han escuchado la predicación del Evangelio de Cristo, ha nacido la fe de Cristo en su alma y han dado testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como su único y suficiente Salvador, han sido bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y Cristo los ha bautizado con Espíritu Santo y Fuego y ha producido en las personas el nuevo nacimiento, y así han nacido del Agua y del Espíritu; o sea, han nacido del Evangelio de Cristo y del Espíritu Santo, del Espíritu de Cristo.

Esa es la forma en que se nace de nuevo y se entra al Reino de Dios. Así como para entrar a este reino terrenal en el cual vivimos, tuvimos que nacer, y para entrar al Reino eterno de Dios que está en la esfera espiritual, hay que nacer de nuevo, nacer del Evangelio de Cristo y del Espíritu Santo, del Espíritu de Cristo.

Por eso la meta de Cristo y Su Sacrificio y la orden para predicar el Evangelio a toda criatura, la meta es que nazcan en el Reino de Dios todos los que están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, y así estén asegurados en el Reino de Cristo todas esas ovejas que el Padre le dio a Cristo para que las busque y les dé Vida eterna.

Esas son las personas que escuchan la predicación del Evangelio de Cristo y nace la fe de Cristo en su alma y lo reciben como único y suficiente Salvador, dando testimonio público de la fe en Cristo que han recibido. Tan simple como eso.

Ahora, Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz (que es el Evangelio de Cristo) y me siguen, y Yo las conozco, y Yo les doy Vida eterna.” Se predica el Evangelio, escuchamos, creemos y lo recibimos como Salvador a Cristo, ¿para qué? Para que Él nos dé Vida eterna, y lo seguimos para continuar con Cristo en Su Reino y con Vida eterna.

Ahora, encontramos que así como en medio de la raza humana desde el Génesis hubo simiente de Dios y simiente del maligno, la Escritura nos dice: “No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano Abel.” [Primera de Juan 3:12].

Encontramos que en medio de la raza hay buenos y hay malos, hijos de Dios e hijos del maligno, el mismo Cristo en la parábola del trigo y de la cizaña dice que la cizaña son los hijos del malo, los hijos del diablo, el cual sembró esa mala semilla en la Tierra.

Y ahora, encontramos que el campo es el mundo, y por consiguiente en el mundo entero están las dos simientes: los buenos y los malos.

Y ahora, encontramos conforme a las palabras de Cristo, que también en medio del Cristianismo estarían los buenos y los malos, y como ejemplo en el grupo de seguidores de Cristo, de Sus discípulos, dice Cristo hablando del grupo que estaba con Él: “No os elegí Yo a vosotros doce, ¿y uno de vosotros es diablo?” O sea, que aun desde los días de Jesús en medio de los seguidores estaba también la semilla o simiente mala. Y cuando murió, vean, dice que se fue a su lugar, a su lugar de origen, vino de la quinta dimensión y se fue para la quinta dimensión.

Ahora, encontramos que también en la última cena cuando Cristo le dio el pan mojado, pues vean, allí Cristo les dice que uno de Sus discípulos lo va a entregar, y comienzan los discípulos a preguntar: “Señor, ¿seré yo?” Y así Pedro le dice a Juan el apóstol, el cual estaba (Juan) cerca de Jesús y Pedro pues cerca de Juan, le dice: “Pregúntale quién es.” Jesús le dice a Juan: “A quien yo dé el pan mojado, ése es.” Mojó el pan y lo dio a Judas Iscariote. Y cuando comió el pan mojado la Escritura nos habla que el diablo entró en él, y de ahí en adelante buscaba cómo entregar a Jesús.

O sea, que el diablo se manifestó a través de Judas Iscariote, el cual era uno de los seguidores de Jesús. La Escritura dice que el diablo anda como león rugiente buscando a quién devorar. Por eso tenemos que andar con mucho cuidado en nuestra vida cristiana.

Ahora, si en medio de los discípulos de Jesucristo ya estaba la cizaña, en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo luego de pentecostés, más adelante entraría también la cizaña, unos: el trigo con el Espíritu de Cristo, y la cizaña con el espíritu de Judas, de Judas Iscariote.

Por esa causa es que hemos visto a través de la historia de la Iglesia, que en medio de la Iglesia, en medio del Cristianismo han aparecido personas malas identificadas en la parábola, por consiguiente, como cizaña.

Ahora, para el tiempo en que los obreros, los siervos del padre de la familia ven eso y le dicen al padre de familia: “¿No sembraste buena semilla? ¿Por qué hay cizaña?” El padre de familia en la parábola que Cristo da, y el Padre de familia es Cristo, y en Espíritu Santo el Padre de familia ha estado en medio de Su Familia, en medio de Su Iglesia, pues la Escritura dice en Hebreos, capítulo 3, de la siguiente manera... Recuerden, estamos hablando de una familia: la Familia de Dios, capítulo 3, verso 5 al 6:

“Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir;

pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.”

Y ahora, la casa, la Familia de Dios, es la Iglesia del Señor Jesucristo, esa es la Casa de Jesucristo el Hijo de Dios, o sea, la familia de Jesucristo el Hijo de Dios. ¿Recuerdan cuando vinieron a Jesús su madre (o sea, María) y sus hermanos? Y le dicen a Jesús, algunos de Sus discípulos le dicen: “Señor, tu madre y tus hermanos han llegado, están aquí y te buscan.” Jesús pregunta: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Sino aquellos que hacen la voluntad de mi Padre que está en los Cielos (o sea, la voluntad de Dios).”

Y ahora, Cristo coloca en un nivel más alto la Familia de Dios, la Iglesia, la coloca más alta de lo que es la familia terrenal, la familia humana, o sea, que los hermanos espirituales creyentes en Cristo nacidos de nuevo, esa hermandad es más alta que la física que tenemos con nuestros hermanos según la carne.

Y ahora, la familia celestial, la Familia de Dios, está mencionada por San Pablo en Efesios, capítulo 2, versos 19 en adelante y dice:

“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios.”

Todo creyente en Cristo nacido de nuevo pertenece a una familia celestial: la Familia de Dios, de la cual nuestro hermano mayor es el Señor Jesucristo, Él es el Primogénito entre muchos hermanos, eso lo dice San Pablo también en Hebreos, capítulo 2, dice de la siguiente manera, capítulo 2, verso 10 en adelante, dice:

“Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos.

Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos...”

Y nosotros no nos avergonzamos de llamarnos hermanos los unos a los otros y de llamar a Jesús: nuestro hermano mayor:

“...diciendo:

Anunciaré a mis hermanos tu nombre,

En medio de la congregación te alabaré.

Y otra vez:

Yo confiaré en él.

Y de nuevo:

He aquí, yo y los hijos que Dios me dio.”

Todos los creyentes en Cristo son los hijos e hijas de Dios que Dios le ha dado a Cristo, el cual es el Segundo Adán para que por medio de Cristo, el Segundo Adán nazcan en el Reino de Dios, nazcan en y a la Vida eterna.

Por eso Nicodemo cuando vino a Jesús en San Juan, capítulo 3, verso 1 en adelante, le dice a Jesús: “Maestro (o sea: Rabí), sabemos que Tú has venido a Dios como maestro porque nadie puede hacer estas cosas (o sea, estas señales) que Tú haces si Dios no está con él.” O sea, que Nicodemo reconocía que las obras que Jesús hacía eran de Dios. Jesús le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios.”

Y ahora, ver el Reino de Dios, cualquier persona puede decir: “Pero el Reino de Dios no lo veo,” está en la esfera espiritual. Este reino terrenal que nosotros podemos ver que tiene muchas naciones, tiene muchos gobernantes y un sistema de gobierno con presidentes o reyes, con senadores, diputados, alcaldes, gobernadores y alcaldes, y así por el estilo, vean, así es este reino terrenal y así está organizado.

Para usted y yo poder ver este reino terrenal ¿qué tuvimos que hacer? Nacer, y para ver el Reino de Dios, el Reino de los Cielos Cristo dice que hay que nacer de nuevo, hay que ser parte de ese Reino, tiene que ser parte de la vida de ese Reino, así como para ver el reino terrenal en que vivimos somos parte de esta vida terrenal y temporera que tiene este reino terrenal.

Y también, vean ustedes, tenemos el cuerpo terrenal de acuerdo al reino terrenal en el cual tenemos el privilegio de vivir, aunque es temporero este reino terrenal, pero nos da la oportunidad al vivir en esta Tierra, de hacer contacto con el Reino de Dios por medio de Cristo, y recibirlo como nuestro Salvador para entrar al Reino de Dios, al Reino eterno, y tener por consiguiente Vida eterna.

Y si muere físicamente el cuerpo de la persona, no tiene ningún problema, va al Paraíso, va a esa sexta dimensión, va al Reino de Dios que está en forma invisible para el ser humano, porque está en la forma espiritual en medio de la raza humana.

Pero allí en el paraíso están los Ángeles de Dios, están los Profetas del Antiguo y Nuevo Testamento, están también los diferentes Mensajeros, los apóstoles que ya partieron, están los Mensajeros de cada edad, y también están los creyentes de cada edad pasada, los que ya partieron. O sea, que hay un mundo invisible pero es que real, que existe, y que tiene a todos los creyentes en Cristo que han partido de esta dimensión. Hay árboles, hay lagos, hay ríos, hay animales, hay también aves y así por el estilo; es otro mundo en otra dimensión, pero que tiene Vida eterna.

Aquí en esta Tierra, en esta dimensión es donde tenemos los problemas, allá no hay problemas, ni siquiera de madrugar, porque no duermen, porque no hay necesidad de dormir, ni tampoco hay necesidad de ir a trabajar, no hay necesidades; las personas van a trabajar porque hay necesidades en la vida y en la familia de las personas, trabajamos para cubrir nuestras necesidades.

Pero allá por cuanto ni comen ni duermen, no trabajan, allá no se trabaja y allá todos son jóvenes, no hay que ir a los sitios de belleza porque ellos están en la flor de la juventud con la belleza divina.

Tienen túnicas, es la forma de vestir allá, y allí todo es perfecto y todos jóvenes, y cada cual con el color del cabello que Dios le dio, diferentes colores conforme al color que Dios le dio. Así es en el Paraíso a donde van los creyentes en Cristo cuando muere el cuerpo físico de ellos. En palabras más claras, allí va el trigo, los hijos de Dios.

¿Y la cizaña dónde va? Va a la quinta dimensión a donde fue Judas Iscariote, y esa quinta dimensión es llamada el infierno, lugar al cual nadie quisiera ir. Por eso también, vean ustedes, la Escritura dice, el mismo Jesús dice que en el fin del siglo o fin del tiempo, el Hijo del Hombre enviará Sus Ángeles y van a llevar a cabo la cosecha, la cizaña va a ser atada en manojos y va a ser echada ¿dónde? En el fuego.

El fuego es el lugar para la cizaña que son los hijos del malo. Por eso también van a la quinta dimensión, al infierno, y después irán, después del juicio final, al lago de fuego, para ser quemada allí la cizaña. Pero la cizaña, el cuerpo físico de la cizaña en el tiempo llamado la gran tribulación, que consta de tres años y medio y que corresponden esos tres años y medio a la segunda parte de la semana número setenta de la profecía de Daniel, capítulo 9, en ese tiempo es que la cizaña físicamente, el cuerpo físico de las personas identificadas por Cristo como la cizaña, los hijos del malo, van a ser quemados conforme a la Escritura.

Vamos a ver dónde encontramos algo relacionado a esto, en Malaquías, capítulo 4, verso 1 en adelante, dice:

“Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama.”

¿Ven? Los malos: la cizaña, los hijos del malo, van a ser quemados, esto será fuego atómico, fuego volcánico, y todas las diferentes formas en que el fuego que los quemará, sea manifestado.

Vimos aquí que hay esta sentencia para los malos, los que hacen maldad, ¿y qué del trigo, de los hijos de Dios, de los que temen a Dios?

“Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia...”

El Sol de justicia es el Mesías, es Cristo, el cual dijo: “Yo Soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, mas tendrá la luz de la vida.” (San Juan, capítulo 8, verso 12).

“...y en sus alas traerá salvación...”

Las alas del Sol de justicia son los ministerios de los dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías, en el Monte de la Transfiguración en el capítulo 17 de San Mateo, versos 1 al 9, y de San Lucas, capítulo 9, encontramos... y de San Marcos, capítulo 9, encontramos a Jesús llevando consigo a Pedro, Jacobo y Juan a un monte alto y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció Su rostro como el sol, y Sus vestidos se hicieron blancos como la luz.

Y ahora, sigue diciendo: “Y aparecieron a cada lado de Él, Moisés y Elías, hablando con Él,” hablando de la partida de Jesús a Jerusalén, ahí lo tenemos a Jesucristo, al Mesías, resplandeciendo Su rostro como el sol y a cada lado como las alas de un águila a cada lado, estaba un Profeta importante: Moisés y Elías, los dos Olivos que aparecen en Zacarías, capítulo 4, versos 1 al 14, uno a cada lado del candelero o candelabro.

Y en Apocalipsis, capítulo 11, versos 3 en adelante, también aparecen los dos Olivos, los dos candeleros que son los dos Ungidos que están delante de la presencia de Dios, así lo dice Apocalipsis, capítulo 11, verso 3 en adelante y Zacarías, capítulo 4.

Cuando Zacarías pregunta: “Estas dos ramas de olivo, una a la derecha y la otra a la izquierda del candelabro, ¿qué significan? ¿Qué son?” El Ángel le dice a Zacarías: “¿No sabes esto? Estos son los dos Ungidos que están delante de la presencia de Dios,” son los dos ministerios, los dos Profetas y ministerios proféticos que corresponden a la Venida del Señor con Sus Ángeles.

“Estos son los dos  ungidos  que están delante del Señor de toda la tierra.” (Dice el verso 14 del capítulo 4 de Zacarías).

Y ahora vean, desde el Antiguo Testamento ya se está anunciando la venida y manifestación de los ministerios de Moisés y Elías para el tiempo final, esos son los Ángeles de los cuales dice Cristo en San Mateo, capítulo 24, verso 31:

“Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.”

Esos ministerios son los ministerios que llevan a cabo la cosecha en el tiempo final, por eso también antes de subir al Monte de la Transfiguración, Jesucristo en San Mateo, capítulo 16, versos 26 al 28, dice:

“Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.

De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.”

Lo que fue mostrado en el Monte de la Transfiguración, fue el orden de la Venida del Señor en Su Reino con Sus Ángeles, viniendo con los dos Olivos, viniendo con los dos Ungidos que están delante de la presencia del Dios de toda la Tierra.

Estos ministerios estarán siendo manifestados en medio de la Iglesia, en medio del Cristianismo, pues en medio del Cristianismo Cristo dice que serán enviados los Ángeles para llevar a cabo la cosecha, y dice que eso será, vamos a ver para qué tiempo Cristo señala que eso ocurrirá. Capítulo 13, verso 37 en adelante [San Mateo]:

“Respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre.

El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo.

El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del siglo; y los segadores son los ángeles.”

La siega es el fin del siglo, o sea, que la cosecha será efectuada en el tiempo final, será efectuada en el fin, o sea, en el Día Postrero, el mismo Cristo en San Mateo, capítulo 28, versos 20, dice:

“...y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

También en San Mateo, capítulo 24, verso 14 dice el mismo Jesucristo:

“Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones (o en todas las naciones); y entonces vendrá el fin.”

Ahora, el Evangelio del Reino, el Evangelio del Reino lo predicaba Juan el Bautista y también el Señor Jesucristo, por eso les hablaba Juan y Cristo acerca del Reino de Dios, y les decía: “El Reino de Dios está cerca.” En otras ocasiones también el mismo Cristo decía: “El Reino de Dios entre vosotros está.” Allí estaba el Rey.

Y ahora, el Reino de Dios era predicado por Juan el Bautista y por Jesús, pero cuando fue rechazado Cristo allá en Su entrada triunfal en Jerusalén, y luego más adelante fue crucificado, se detuvo la predicación del Reino de Dios y el Día de Pentecostés comenzó la predicación del Evangelio de la Gracia, la predicación en la cual se presenta a Cristo como el Sacrificio de Expiación por el pecado del ser humano, para que todo ser humano sepa que tiene un Sacrificio de Expiación para obtener el perdón de sus pecados, ser limpio de todo pecado y ser reconciliado con Dios.

Ya en Jerusalén no hay templo, no está el templo donde se sacrificaban aquellos animalitos por el pecado, pero en el Cielo, en el Templo celestial está Cristo, el Cordero de Dios con Su propia Sangre haciendo intercesión por cada persona que lo recibe como su único y suficiente Salvador. Él está allí como Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec.

Por lo tanto, lo que efectuaban en la Tierra en medio del pueblo hebreo, ahora ya no se está efectuando, pero el Sacrificio, hay un Sacrificio en el Cielo: Cristo con Su Sangre ha hecho del Trono de Dios un Trono de Intercesión para que toda persona pueda acercarse a Dios por medio de Cristo y Su Sacrifico en la Cruz del Calvario.

Recuerden que Cristo dijo: “Yo Soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por Mí.” No hay otra forma para llegar a Dios, es por medio de Cristo y Su Sacrificio de Expiación en la Cruz del Calvario.

Y ahora, hemos llegado a un tiempo muy importante en donde la siega, que es la cosecha, se va a llevar a cabo y hay un Orden divino para esta cosecha. Lo encontramos en Apocalipsis, capítulo 14, versos 16 en adelante, nos habla de la siguiente manera... vamos a comenzar un poco antes, verso 14 en adelante, dice:

“Miré, y he aquí una nube blanca; y sobre la nube uno sentado semejante al Hijo del Hombre, que tenía en la cabeza una corona de oro, y en la mano una hoz aguda.

Y del templo salió otro ángel, clamando a gran voz al que estaba sentado sobre la nube: Mete tu hoz, y siega; porque la hora de segar ha llegado, pues la mies de la tierra está madura.”

Y ahora, tenemos aquí un cuadro claro de lo que será la cosecha, la cosecha de la mies:

“Y el que estaba sentado sobre la nube metió su hoz en la tierra, y la tierra fue segada.

Salió otro ángel del templo que está en el cielo (y ahora vean, desde el Templo celestial son enviados estos Ángeles, de la Presencia de Dios), teniendo también una hoz aguda.

Y salió del altar otro ángel, que tenía poder sobre el fuego, y llamó a gran voz al que tenía la hoz aguda, diciendo: Mete tu hoz aguda, y vendimia los racimos de la tierra, porque sus uvas están maduras.

Y el ángel arrojó su hoz en la tierra, y vendimió la viña de la tierra, y echó las uvas en el gran lagar de la ira de Dios.”

¿Dónde echó las uvas? En el lagar de la ira de Dios, serán colocados dentro del día ardiente como un horno, dentro de la gran tribulación que durará tres años y medio en donde el juicio divino se va a derramar sobre el planeta Tierra.

“Y fue pisado el lagar fuera de la ciudad, y del lagar salió sangre hasta los frenos de los caballos, por mil seiscientos estadios.”

Y ahora, vean ustedes lo que estará ocurriendo en esta Tierra, estas son las profecías... ahora continuamos acá en Malaquías, capítulo 4, continuamos en el verso 3, pues nos detuvimos en el verso 2:

“Hollaréis  a los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies (hollaréis  a los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies), en el día en que yo actúe, ha dicho Jehová de los ejércitos.”

En ese lapso de tiempo de tres años y medio en donde se van a derramar los juicios divinos sobre la raza humana, con el fuego atómico y los volcanes en erupción y todas las demás formas de manifestaciones del fuego, serán quemados millones de seres humanos y muchas naciones también como naciones van a desaparecer.

¿Que eso va a suceder? Vamos a ver San Mateo, capítulo 25, versos 31 en adelante:

“Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria...”

El Trono de Su gloria es el Trono de David, el cual será, estará en Jerusalén y será el Trono del Reino de Dios en la Tierra, porque ese es el Trono del Reino terrenal de Dios, y el Reino de Dios en la Tierra es el Reino de David que va a ser restaurado.

Y recuerden que el Ángel Gabriel dijo a la virgen María en San Lucas, capítulo 1, versos 30 al 36, hablando del niño que ella iba a tener, le dijo:

“Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS.

Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;

y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.”

El futuro de la humanidad luego de esos juicios divinos que han de caer sobre la Tierra, el futuro de la humanidad será glorioso, porque tendrá al Deseado de todas las naciones, al Mesías Príncipe, a Cristo, reinando sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones para bendición de la familia humana.

Es el Reino que todos esperamos para obtener la paz permanente, tener justicia social real y permanente, y tener como meta la felicidad. Ese es el único Reino y sistema de gobierno que traerá la felicidad a la raza humana.

Ahora veamos:

“...y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.

Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.

Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.”

Y comienza a decir:

“Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis;

estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.

Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber?

¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos?

¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?

Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.”

Estos hermanos más pequeños de Jesús, son los creyentes en Jesús nacidos de nuevo que forman la Iglesia del Señor Jesucristo, Él mismo dijo en una ocasión: “Cualquiera que diere un vaso de agua fresca a uno de estos pequeñitos, o a estos mis hermanos más pequeños, no perderá su recompensa.” Y la recompensa de Dios siempre es Vida eterna.

“Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.”

Ahí tienen nuevamente a la cizaña siendo representada en los cabritos que están a la izquierda en el juicio que Cristo estará haciendo en su comienzo de Su Reino, y vean, para la cizaña usted encuentra siempre que el fuego está señalado para ella, y dice:

“Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.”

O sea, que para el diablo está pre   parado el fuego eterno, ese fuego que no puede ser apagado, ese fuego que quemará cuerpo, espíritu y alma de las personas que serán echadas en ese lugar.

Si ustedes leen el capítulo 20 del Apocalipsis, encontrarán ahí el juicio, y es mejor conocer esto estando aquí en la Tierra, para estar conscientes de lo que le espera a toda persona que no recibe a Cristo como su único y suficiente Salvador, y es mejor que se enfrente a esta realidad estando vivo, para que tenga así la oportunidad de buscar a Cristo para obtener la Vida eterna.

Miren aquí en el capítulo 20, verso 11 en adelante dice:

“Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos (este es el juicio final).

Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras.

Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras.

Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda.

Y el que no se halló inscrito (y el que no se halló inscrito) en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.”

Toda persona que no aprovecha su tiempo en la Tierra y comprende que está en esta Tierra por un y para un propósito divino: para escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, que nazca la fe de Cristo en su alma y cree en Cristo y lo reciba como su único y suficiente Salvador, para que así sea rociado con la Sangre de Cristo y limpiado de todo pecado, y su nombre no sea borrado del Libro de la Vida.

Recuerden que el que no fue hallado escrito en el Libro de la Vida, fue echado en el lago de fuego, y ahí dejará de existir. Pero los creyentes en Cristo tienen una bendición muy grande.

Veamos, los creyentes en Cristo que han muerto físicamente, la promesa es que Cristo los va a resucitar en cuerpos eternos, inmortales, incorruptibles y jóvenes, iguales a Jesucristo nuestro Salvador. Eso está en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58, y también en Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, verso 13 al 17; y en palabras del mismo Cristo en San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40, en donde Él dice:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Miren la bendición tan grande que hay para los creyentes en Cristo: es Vida eterna. Si muere físicamente, en el Día Postrero que es el séptimo milenio de Adán hacia acá, Cristo lo va a resucitar. Pero si permanece vivo hasta la resurrección Cristo lo va a transformar, y entonces todos seremos jóvenes con cuerpos glorificados, eternos, igual al cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador e iremos con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero en el Rapto o arrebatamiento de la Iglesia.

Por eso son “bienaventurados los que son convidados, invitados a la Cena de las Bodas del Cordero,” dice Apocalipsis, capítulo 19, y los convidados escuchan la invitación que es la predicación del Evangelio de Cristo, la aceptan y tienen la promesa de ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero al Cielo, a la Casa de nuestro Padre celestial, mientras la Tierra estará pasando por el tiempo del juicio divino, de la gran tribulación, como es conocida en medio del Cristianismo o la apretura de Jacob.

Luego regresan con Cristo todos los creyentes en Él ya con cuerpos glorificados, cuerpos eternos, ¿para qué? ¿Para qué regresan? Apocalipsis, capítulo 20, verso 4 al 6, dice.

“Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.”

La promesa es para los creyentes en Cristo que han muerto, que van a resucitar y van a reinar con Cristo por mil años en ese Reino milenial de Cristo.

“Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección.”

Esta primera resurrección no es para ir a ser juzgados, no es para ir al juicio, sino para ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, y luego de la Cena de las Bodas del Cordero ir con Cristo o venir con Cristo a la Tierra para comenzar el Reino del Mesías, el Reino de Dios ser restaurado en la Tierra, lo cual será la restauración del Reino de David:

“Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.”

Y ahora, vean la posición tan importante que van a tener todos los creyentes en Cristo en ese Reino: van a ser Sacerdotes con Cristo, el cual es el Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec, también nos dice el capítulo 1 del Apocalipsis, verso 5 al 6:

“...y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra.  Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre,

y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre (y ahora vean, nos hizo Reyes, Reyes en y para ese Reino del Mesías); a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén.”

Y luego en el capítulo 5 también del Apocalipsis, verso 9 en adelante, dice:

“...y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;

y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.”

Esa es la bendición que tienen todos los creyentes en Cristo: van a estar con Cristo en Su Reino como Reyes, como Sacerdotes y como Jueces, y ahí lo que hemos sufrido en esta Tierra no es de comparar con la gloria venidera que ha de manifestarse para nosotros en ese Reino del Mesías, y aún más: desde el momento en que estemos transformados ya estaremos en un cuerpo de gloria para vivir eternamente, ser inmortales físicamente. Esa es la promesa para todos los creyentes en Cristo nuestro Salvador.

Y ahora, ya hemos visto lo que estará sucediendo en este tiempo final.

“LOS ÁNGELES SEGADORES AL RAYAR EL ALBA.”

Cuando estemos en el momento en que está por amanecer, por surgir el nuevo día dispensacional, nacer un nuevo día dispensacional y nacer un nuevo día milenial, los Ángeles segadores, cosechadores, estarán presentes, esos ministerios los estaremos viendo siendo operados por el Espíritu Santo para bendición del trigo.

Estos Ángeles segadores estarán diciendo las cosas que han de suceder en este planeta Tierra, estarán dando a conocer las bendiciones de Dios que han de venir sobre los creyentes en Cristo y también van a estar dando a conocer los juicios divinos, las plagas que han de venir sobre los que han rechazado a Cristo como Salvador, van a dar a conocer (estos Ángeles segadores), van a dar a conocer el juicio divino que ha de venir sobre el reino de los gentiles.

Por lo tanto, los que estén apercibidos podrán evitar las plagas, podrán evitar los juicios divinos.

“LOS ÁNGELES SEGADORES CUANDO RAYA EL ALBA.”

Es como fue en los días de Noé y como fue también en los días de Lot, en donde le aparecieron los Ángeles, Dios con Sus Ángeles le aparecieron allá a Abraham, almorzaron con Abraham, y luego los Ángeles se fueron donde Lot y cenaron allá en la casa de Lot. Pero ya en la madrugada fueron sacados Lot y su familia de Sodoma por los Ángeles.

Y luego más adelante le salió el sol a Lot, el sol de un nuevo día; por la mañana también Abraham miró hacia Sodoma y veía un humo, humo que subía de Sodoma como de un gran horno. Es que Sodoma y Gomorra y ciudades cercanas fueron quemadas por Dios.

Recuerden que los Ángeles le dijeron a Lot: “Hemos venido para destruir este lugar.” O sea, que fue una intervención de Dios con Sus Ángeles y siempre hay intervención del Cielo cuando el juicio divino es traído a la Tierra.

Pero antes que venga el juicio divino, antes que vengan los juicios de la gran tribulación Cristo va a resucitar a los muertos creyentes en Él y a nosotros nos va a transformar y nos va a llevar de aquí a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo.

Por lo tanto, no nos aterra, no nos da miedo los juicios divinos que han de caer sobre la Tierra durante la gran tribulación. Ahora están viniendo algunos problemas de salud, pero esos no son los juicios de la gran tribulación, ¿por qué sabemos que no son? Porque todavía estamos aquí y no vamos a estar aquí cuando esos juicios caigan sobre la Tierra.

Es una bendición grande ser un creyente en Cristo, haberlo recibido como nuestro único y suficiente Salvador, es la garantía de la Vida eterna, es la garantía de nuestro futuro eterno, es la garantía de nuestra transformación si permanecemos vivos o de nuestra resurrección en cuerpos eternos si partimos físicamente de esta Tierra.

Cristo es nuestra garantía. Por lo tanto, yo le doy gracias a Dios por Cristo y por haberlo recibido como mi único y suficiente Salvador, lo cual ha sido un privilegio grande y bendición grande para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también.

Y ahora, tenemos la certeza, la seguridad de que viviremos eternamente con Cristo en Su Reino y cuando Él establezca, restaure Su reino en la Tierra, el Reino de David lo restaure y Él reine sobre Israel y sobre todas las naciones, sabemos que vamos a estar ahí, yo voy a estar allí, vamos a estar allí ocupando la posición más alta en ese Reino, la posición del gabinete del Mesías, miembros del gabinete del Mesías: miembros del poder político del Reino como Reyes, miembros del poder religioso como Sacerdotes con Cristo el Sumo Sacerdote, y miembros del poder judicial como Jueces con Cristo, a quien Dios ha puesto por Juez de todos los seres, de los vivos y también de los muertos.

Por lo tanto, nuestro futuro es hermoso, es maravilloso, ya está aquí anunciado, ya fue programado por Dios. Toda persona que quiere un futuro hermoso, que quiere un futuro feliz, necesita a Cristo como su único y suficiente Salvador.

Si hay alguna persona que todavía no lo ha recibido como su Salvador, puede hacerlo en estos momentos y estaremos orando por usted, por lo cual puede pasar acá al frente para orar por usted, para que Cristo le reciba en Su Reino.

Vamos a dar unos minutos mientras vienen a los Pies de Cristo para así recibirlo como único y suficiente Salvador, para que Cristo le reciba en Su Reino.

En las demás naciones que están conectadas con esta transmisión vía satélite a través del satélite Amazonas, pueden también venir a los Pies de Cristo, y los que están a través de internet también pueden venir a los Pies de Cristo en donde ustedes se encuentren a través de las diferentes naciones pueden venir a los Pies de Cristo, para que Cristo les reciba en Su Reino.

Estamos en el tiempo más glorioso de todos los tiempos, el tiempo en que de un momento a otro se va a completar la Iglesia del Señor Jesucristo, y luego Él se convertirá en el León de la Tribu de Judá, en el Rey de reyes y Señor de señores, en Juez también de toda la Tierra y resucitará a los muertos creyentes en Él en cuerpos glorificados, y a los que estemos vivos creyentes en Él en ese tiempo nos transformará y entonces estaremos en la flor de la juventud, cuerpos eternos, inmortales, glorificados y jóvenes para toda la eternidad, como el cuerpo glorificado de Jesucristo, el cual está tan joven como cuando subió al Cielo.

Todos queremos vivir eternamente. Estamos conscientes de que existimos, estamos existiendo y queremos continuar existiendo por toda la eternidad. Lo más importante del ser humano es su alma, porque eso es lo que en realidad es el ser humano, el ser humano es alma, alma viviente, el ser humano lo encontramos como alma, espíritu y cuerpo.

El cuerpo físico que tenemos es para estar en esta dimensión terrenal y tener la oportunidad de vivir en este mundo y escuchar la predicación del Evangelio de Cristo y recibirlo como nuestro único y suficiente Salvador para así ser limpios de todo pecado y ser bautizado en agua en Su Nombre y recibir Su Espíritu y obtener así el nuevo nacimiento y por consiguiente la Vida eterna.

“Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y Yo las conozco, y Yo les doy Vida eterna.” Dice Cristo en San Juan, capítulo 10, verso 27 al 30. Es para darnos Vida eterna que Él nos llama, es para recibir la Vida eterna que lo recibimos como nuestro único y suficiente Salvador.

Ahora podemos comprender el porqué Cristo teniendo la oportunidad y el derecho a no morir, a no entregarse para morir crucificado, no quiso aprovechar ese derecho y privilegio que tenía, ¿por qué? Él en una parábola que dio lo da a conocer: “Si el grano de trigo (el cual es Cristo, representado en un grano de trigo) no cae en tierra y muere, él solo queda; pero si cae en tierra y muere, mucho fruto lleva.” O sea, muchos granos de trigo, nace una planta de trigo, y en la planta de trigo nacen muchos granos de trigo, producto del grano de trigo que fue sembrado en tierra.

Cristo es el grano de trigo, la Semilla original, y de Cristo nació la Iglesia del Señor Jesucristo el Día de Pentecostés, y en la Iglesia del Señor Jesucristo han estado naciendo hijos e hijas de Dios a medida que reciben a Cristo como su único y suficiente Salvador. También, eso está en San Juan, capítulo 12, verso 24.

Así que, es en la Iglesia del Señor Jesucristo que es la planta de trigo, donde nacen los granos de trigo, los hijos e hijas de Dios. Como también Él nos habla de que Él es el buen Pastor, y el buen Pastor Su vida da por las ovejas, también Él dice: “Por eso me ama el Padre, porque Yo pongo mi vida para volverla a tomar. Nadie me la quita, Yo la pongo de Mí mismo para luego volverla a tomar.” [San Juan 10:17-18].

Si él no podía Su vida en Expiación por el pecado, estaría viviendo con el cuerpo que tenía, estaría viviendo en este planeta Tierra, pero estaría solo, y el Programa Divino no es para que Cristo esté solo y no es para que este planeta Tierra esté solo, sino que esté con seres humanos viviendo en él.

Y ahora, podemos ver que el propósito de Cristo poner Su vida para así morir en la Cruz del Calvario, tenía un propósito: el propósito de efectuar el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, y luego Él resucitó glorificado, o sea, que Él puso Su vida porque tenía poder para ponerla y luego tenía poder para volverla a tomar, para resucitar nuevamente.

En las demás naciones pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo, pues Cristo tiene lugar para todos ustedes, y los niños de diez años en adelante, también pueden venir a los Pies de Cristo, pues Cristo también tiene lugar para los niños, Él dijo: “Dejad a los niños venir a Mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el Reino de los Cielos.” [San Mateo 19:14].

Así que, podemos ver que Cristo ha tomado en cuenta a todos los seres humanos, no importa la edad que tengan, aun a los bebés los presentamos a Cristo para que Cristo les reciba en Su Reino.

Todavía vienen más personas que como ustedes quieren vivir eternamente, por lo cual estamos esperando unos segundos en lo que llegan y luego oraremos por todos ustedes. El nombre de ustedes que están aquí presentes al frente y de los que están sentados y de los que están en otras naciones escuchando, el nombre de ustedes está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida, por eso es que ustedes han estado escuchando la Palabra del Señor.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo. Si falta alguno por venir, puede venir, pues hay lugar en el Reino de Cristo para todos ustedes.

Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo repitan conmigo esta oración.

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por mis pecados y por los de todo ser humano.

Reconozco y creo que no hay otro Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos, solamente hay uno y ese es Tu Nombre, reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor.

Doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre y sea producido en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero nacer en la Vida eterna, quiero vivir Contigo en Tu Reino por toda la eternidad. Señor, rendido a Ti en alma, espíritu y cuerpo Te ruego me salves, sálvame Señor. En Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo, Te lo ruego. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Cristo dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Tan simple como eso. (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo lo más pronto posible. ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta de ustedes.

Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados en estos momentos. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua es tipológico, el agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado. Pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo.

El mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista, fue donde Juan estaba bautizando, entró a las aguas del río Jordán, y Juan no lo quería bautizar y decía: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Y Cristo le dice: “Deja, conviene que cumplamos toda justicia,” y entonces lo bautizó.

Si Cristo para cumplir toda justicia fue necesario que fuera bautizado, cuánto más nosotros. Él mismo ordenó para todos los creyentes en Él, ser bautizados, aun los apóstoles fueron bautizados por Juan el Bautista; y cuando Cristo predicaba, los que creían eran bautizados por los apóstoles, y desde el Día de Pentecostés en adelante encontramos que se ha estado predicando el Evangelio de la Gracia, el Evangelio de Cristo, y han estado siendo bautizados todos los que han estado recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. El Día de Pentecostés como tres mil personas creyeron y fueron bautizadas en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

En el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo espiritualmente, tipológicamente, muere al mundo; y cuando es sumergido en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Entendiendo, comprendiendo el significado del bautismo en agua, pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

Los que han recibido a Cristo como Salvador y están aquí presentes y los que están en otras naciones, pueden ser bautizados para lo cual dejo al ministro correspondiente aquí, y en cada nación también, para que les indique hacia dónde dirigirse para colocarse las ropas bautismales y ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

El agua, ¿tienen bautisterio? ¿No está fría el agua? Me dicen que el agua no está fría, está temperada, así que para que estén tranquilos.

Así que, Dios los bendiga y les guarde y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

Pasen todos muy buenas noches.

“LOS ÁNGELES SEGADORES CUANDO RAYA EL ALBA.”

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