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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes y todos los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones.

También un especial saludo para el doctor, misionero Miguel Bermúdez Marín. Que Dios te bendiga Miguel, y te use siempre grandemente en Su Obra en este tiempo final junto a tu esposa Ruth, y a todos los ministros en todas las naciones.

Para esta ocasión leemos en la carta de San Pablo a los Romanos, capítulo 8, versos 18 al 23, donde dice San Pablo:

“Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.

Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.

Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza;

porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora;

y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión es: “PREPARÁNDONOS PARA LA ADOPCIÓN EN LA TERCERA ETAPA.” “PREPARÁNDONOS PARA LA ADOPCIÓN.”

Y ahora, ¿qué es la adopción para la cual nos estamos preparando? ¿Y por qué nos estamos preparando? Esas son preguntas que serán contestadas a medida que escuchemos todo lo relacionado a este tema. Cristo nos habló sobre estas cosas en Su mensaje.

Desde que el ser humano que fue colocado en la Tierra: Adán y su compañera Eva, la cual fue sacada de Adán, los cuales tenían Vida eterna, pero estaban en la etapa en donde todavía no estaban adoptados, estaban en una etapa de prueba.

Luego que ellos pecaron, perdieron la Vida eterna y solamente les quedó vida temporera; esa es la vida que obtiene todo ser humano que viene a esta Tierra: vida temporera, esa es la vida que como herencia Adán y Eva dejaron a los que nacerían en la Tierra, y serían por consiguiente miembros de la familia de Adán y Eva, del primer Adán y su compañera.

Por esa causa es que nacemos en la Tierra, vivimos un tiempo, después morimos y todo el trabajo que hicimos en la Tierra: las riquezas o la profesión que hemos obtenido, no nos las podemos llevar, porque es una vida temporera.

Pero luego Dios mostró lo que iba a hacer más adelante, y eso lo mostró primero en los tipos y figuras con sacrificios de animalitos, los cuales comenzaron en el tiempo de Adán, cuando Dios le dio vestiduras a Adán y a Eva, por lo cual tuvo que morir un animalito, pues le dio vestiduras de pieles, y por consiguiente un animalito tuvo que morir para las pieles de ese animalito ser dadas a Adán y a Eva para cubrir su desnudez.

Luego encontramos que la descendencia de Adán, encontramos a Abel ofreciendo a Dios una ofrenda de un animalito, de una de las ovejas, y agradó a Dios, y así encontramos esa descendencia de Adán ofreciendo sacrificios de animalitos a Dios.

Luego, más adelante, encontramos también a Noé ofreciendo sacrificios a Dios de animalitos; y más adelante encontramos también a Abraham ofreciendo sacrificio a Dios de animalitos; y cuando fue a sacrificar a su hijo por mandato de Dios a través del Ángel del Pacto, luego Dios le dijo: “No lo hagas, detén tu mano.” Y entonces le proveyó un carnerito, una ovejita para el sacrificio, Dios lo creó allí y Abraham lo tomó y lo sacrificó a Dios.

Isaac es tipo y figura del Mesías que vendría para hacer el Sacrificio de Expiación por el pecado del ser humano, y aquel animalito que fue sacrificado por Abraham, también es tipo y figura de Cristo. Abraham tomando a Isaac, habla de resurrección (tomándolo luego que lo iba a sacrificar); y más adelante encontramos a todos ellos, Isaac, Jacob y los patriarcas, ofreciendo sacrificios a Dios, sacrificios y ofrendas de animalitos que sacrificaban.

Luego, encontramos más adelante también a Moisés ofreciendo a Dios sacrificios allá con el pueblo hebreo, luego que se encuentra con ellos en Egipto y les habla que el tiempo para la liberación ha llegado conforme a las palabras que le habló el Ángel del Pacto en el Sinaí a Moisés, y le dijo que Dios estaría con él y con el pueblo y que todo eso, pues era de acuerdo a la promesa que le había hecho a Abraham en el capítulo 15, verso 12 en adelante del Génesis.

En la víspera de la Pascua por orden divina le dice al pueblo que cada familia tome un corderito, el cual tenían que separar días antes (cuatro días antes) y tenerlo en observación para ver si tenía alguna falta o no, tenía que ser un cordero perfecto y de un año.

Y el día de la víspera de la Pascua lo sacrificarían a Dios, colocarían la sangre de ese animalito en el dintel y los postes de las puertas de los hogares hebreos y eso sería señal para Dios, donde Él viera esa sangre en el dintel, los postes de las puertas, el ángel de la muerte no entraría a ese lugar.

Por lo tanto, estarían seguros los primogénitos, porque esa era para la preservación de la vida de los primogénitos hebreos; y cubría también a los animales primogénitos del pueblo hebreo, lo cual es tipo y figura del Sacrificio de un Cordero perfecto que sería un hombre: el Mesías, por los primogénitos escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero escritos.

Y ese cordero, durante la noche de la Pascua, los hebreos en sus hogares se lo comerían asado; no lo podían hervir, no podían prepararlo como una comida corriente, tenía que ser asado en fuego. Todo eso es tipo y figura de Cristo el Mesías, porque dice San Pablo en Romanos capítulo 5, verso 7... o Primera de Corintios, capítulo 11, vamos a verlo aquí (les voy a dar la cita correcta para que la tengan), Primera de Corintios, capítulo 5, verso 7, dice:

“Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.

Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad.”

Y ahora, nuestra Pascua es Cristo, por consiguiente fue tipificado o representado en el Cordero pascual, por eso Juan el Bautista cuando vio a Jesús dijo:

“He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” [San Juan 1:29].

Y ahora, podemos ver que todo esto del Antiguo Testamento y los sacrificios que se efectuaban, era tipo y figura del Sacrificio del Mesías Príncipe, por todos los escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero. Él murió por Su pueblo Israel y por todos los escritos en el Libro de la Vida del Cordero, que estarían alrededor del mundo durante todo el tiempo de la Dispensación de la Gracia; y por consiguiente serían llamados todas esas personas, todos esos individuos, y se cumpliría la Palabra de Dios que dice que llamaría de entre los gentiles un pueblo para Su Nombre, para el Nombre del Señor, para el Nombre del Mesías que lleva el Nombre de Dios, pues Él dijo: “Yo he venido en Nombre de mi Padre.” (San Juan, capítulo 5, verso 43).

Y ahora, podemos ver que estos sacrificios que se efectuaban en el Antiguo Testamento y que el pueblo hebreo luego de sacrificar ese cordero pascual allá en Egipto para la preservación de la vida de los primogénitos, luego continuaron ofreciendo sacrificios de animalitos a Dios; y cuando tuvieron el tabernáculo construido, ahí ofrecían sacrificios de animalitos a Dios, tenían también el macho cabrío de la expiación y el otro macho cabrío sobre el cual el sumo sacerdote colocaba sus manos y confesaba los pecados del pueblo, y luego lo enviaba por una persona ordenada para eso, por el desierto llevando los pecados del pueblo.

Ambos machos cabríos son tipo y figura del Mesías, uno sería sacrificado, moriría, y el otro no; y por cuanto tipifican al Mesías, vean ustedes, Cristo en Su cuerpo de carne murió, pero en Espíritu no murió, en Espíritu Él llevó todos los pecados del pueblo y los regresó al diablo, que es el originador del pecado.

Eso estuvo haciendo cuando Él descendió a las partes más bajas de la Tierra, allá al infierno, y allá también hubo una lucha y le quitó las llaves del infierno y de la muerte al diablo; y en Apocalipsis, capítulo 1, dice Cristo: “Y tengo las llaves del Hades (o sea, del infierno) y de la muerte.”

Y ahora, Él dice ahí, en Apocalipsis, capítulo 1, que Él es el que estuvo muerto, pero que vive. Juan dice en el capítulo 1, versos 17 en adelante:

“Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último;

y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.”

Por lo tanto, Él podrá sacar de la muerte a todos los muertos creyentes en Él, en la resurrección de los muertos en Cristo que Él ha prometido.

Y ahora, podemos ver todos estos sacrificios del Antiguo Testamento, cumplidos en Jesucristo muriendo en la Cruz del Calvario; por eso Él decía: “Nadie me quita la vida, yo la pongo por mí mismo para volverla a tomar.” (Capítulo 10 de San Juan, versos 14 al 18).

Él tomaría nuestros pecados y entonces moriría por nosotros, era la única forma para poder morir, porque Él tenía Vida eterna, no podía morir; por eso decía: “Nadie me quita la vida, yo la pongo por mí mismo para volverla a tomar.” Y para ponerla, tuvo que tomar nuestros pecados para hacerse mortal y tomar la responsabilidad que correspondía a nosotros, tomarla Él para Sí, y morir por todos nosotros.

Y ahora, el Programa y la meta divina es que todos seamos a imagen y semejanza de Dios. La imagen de Dios es el cuerpo angelical, el cual aparece en el Antiguo Testamento como el Ángel del Pacto o Ángel de Dios, o Ángel de Jehová, en las traducciones que usan el Nombre de Dios como Jehová.

Ese Ángel del Pacto que le hablaba a Adán, a Abel, a Set, a Enoc, a Noé, a Moisés, a Abraham, a Isaac, a Jacob, a José, a Moisés y a todos los profetas, ese Ángel, es nada menos el cuerpo angelical de Dios, donde Dios estaba habitando y a través del cual creó los Cielos y la Tierra; es llamado también el Ángel del Pacto, es también llamado el Verbo que era con Dios y era Dios y creó todas las cosas. Y dice la Escritura:

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.” (San Juan, capítulo 1, versos 1 al 14).

Y también dice: “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo que está en el seno del Padre, él le declaró (o sea, le dio a conocer).” (San Juan, capítulo 1, verso 18).

Y ahora, encontramos que en el Antiguo Testamento personas dijeron que vieron a Dios, como Abraham cuando se encontró con los tres Ángeles que vinieron para la destrucción de Sodoma y Gomorra, pero que antes pasaron por la casa de Abraham para almorzar con él y confirmarle la promesa del hijo que Dios le había prometido, y decirle que el próximo año ya tendrían el hijo.

Y también el mismo que le apareció a Jacob, ese Ángel con el cual Jacob luchó toda la noche, y ya cuando rayaba el alba tenía que irse el Ángel, y Jacob no lo soltaba y el Ángel le decía: “Suéltame, porque raya el alba.” Jacob le decía: “Yo no te soltaré hasta que me bendigas.”

Así tiene que estar todo creyente en Cristo: agarrado de Cristo, que es el Ángel del Pacto, hasta recibir todas las bendiciones que Dios tiene para todos los creyentes en Cristo, o sea, que Jacob estaba agarrado del Ángel del Pacto, que es Cristo en Su cuerpo angelical.

Y cuando ya recibió la bendición dice que continuó caminando y le salía el sol cuando llegó a cierto lugar, el cual llamó allí... del nombre correspondiente a ese lugar, vamos a ver el nombre de ese lugar para tener el cuadro claro, capítulo 32, del Génesis, dice:

“Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí.

Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma.

Y cuando había pasado Peniel, le salió el sol; y cojeaba de su cadera.”

Y ahora, vean ustedes, le colocó por nombre Peniel porque dijo que había visto a Dios cara a cara. Y Manoa (esto está en el capítulo 32, del Génesis, versos 24 al 32)... Y Manoa en el capítulo 13 del libro de los Jueces, vio al Ángel de Dios, al Ángel del Pacto, que es Cristo en Su cuerpo angelical en quien estaba Dios, y dijo: “Hemos de morir (le dice a su esposa) porque hemos visto a Dios cara a cara.”

Y también encontramos a diferentes hombres de Dios que hablaban con Dios, como Samuel y como los demás profetas que Dios envió; aun Isaías dijo que vio a Dios sentado en Su Templo, y otros hombres también de Dios.

El mismo Jacob en el capítulo 28 del Génesis, dice que vio una escalera que se posaba en tierra y la parte alta llegaba al Cielo, y vio Ángeles de Dios que subían y bajaban por esa escalera y en la parte alta de la escalera estaba Dios, Jehová (Jehová conforme a la traducción de algunas versiones). Y Dios le habló desde la parte alta de la escalera.

¿Desde dónde le va a hablar Dios al pueblo hebreo en el tiempo final? Desde la parte alta de Su Templo espiritual que corresponde a la Edad de la Piedra Angular, que corresponde al Lugar Santísimo de ese Templo espiritual; desde ahí le hablaba a Moisés también en el templo, y desde ahí dijo Dios que le hablaría a Moisés todas las cosas que Dios quería decirle a Moisés para el pueblo. Eso lo encontramos en Levíticos, capítulo 16, verso 1 en adelante, donde dice:

“Habló Jehová a Moisés después de la muerte de los dos hijos de Aarón, cuando se acercaron delante de Jehová, y murieron.

Y Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón tu hermano, que no en todo tiempo entre en el santuario detrás del velo, delante del propiciatorio que está sobre el arca, para que no muera; porque yo apareceré en la nube sobre el propiciatorio.”

Y ahí, vean ustedes, encontramos que Dios estaba en el lugar santísimo para hablarle a Su pueblo, pero lo haría hablándole a Moisés todas las cosas que tenía que hablarle al pueblo. También en el Éxodo, capítulo 25, versos 21 en adelante:

“Y pondrás el propiciatorio encima del arca, y en el arca pondrás el testimonio que yo te daré.

Y de allí me declararé a ti, y hablaré contigo de sobre el propiciatorio, de entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio, todo lo que yo te mandare para los hijos de Israel.” (Capítulo 25, versos 21 al 22 del Éxodo).

Y ahora, encontramos que el ministerio de Moisés operaba cuando ya estaba el tabernáculo, operaba allí en el templo donde Dios estaba habitando, y Dios desde el lugar santísimo, de en medio de los dos querubines de oro que estaban sobre el propiciatorio, se manifestaba en la Nube, la Columna de Fuego, y le hablaba a Moisés.

Moisés podía entrar al lugar santísimo y Aarón, pero Aarón no podía entrar en cualquier momento, Moisés sí podía entrar en todo momento que tuviera necesidad o que Dios lo llamara.

Y ahora, el ministerio de Moisés tiene que ver con el Lugar Santísimo del Templo de Dios.

Y ahora, el Templo de Dios es la Iglesia del Señor Jesucristo, es Templo de Dios y puerta del Cielo, es la Iglesia del Señor Jesucristo, el Cuerpo Místico de Cristo y un Templo espiritual para Dios, porque es un lugar de morada de Dios.

Él ha estado de etapa en etapa llamando a Su pueblo, de edad en edad, y Su pueblo ha ido subiendo de edad en edad como la escalera que vio Jacob por donde subían ángeles de Dios.

Y recuerden que los hijos e hijas de Dios, miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo, son como los ángeles en el Reino de Dios; por eso cuando le preguntaron a Jesús aquellas personas que le dijeron:“Dinos: si un hombre se casó y no tuvo hijos y murió; y luego su hermano se casó con ella y también murió su hermano; y entonces el otro hermano (el tercer hermano) se casó con ella y también murió; y el cuarto hermano se casó con ella y también murió.” Y así sucedió con siete hermanos, los cuales se casaron con la misma mujer a medida que iba muriendo el esposo correspondiente de esa mujer. Y los siete fueron esposos, fueron esposos de esa mujer.

–“¿En el Reino, de quién ella será la esposa?” Cristo les dice:

–“En el Reino de los Cielos, el Reino de Dios, ni se casan ni se dan en casamiento, sino que serán como los ángeles.” Problema resuelto.

Y ahora, éstos son los ángeles que suben y bajan. Suben por esa escalera que es Cristo en Su Iglesia; y por consiguiente es la Iglesia, que es Su Cuerpo Místico de creyentes, de edad en edad subiendo unos en una edad, otros en otra edad; pero como son la Iglesia del Señor, el Cuerpo Místico de Cristo, que son como los ángeles del Cielo, vean: en una edad la Iglesia sube a esa etapa, y en otra edad la Iglesia sube a otra etapa, es la misma Iglesia pero con personas diferentes.

Y luego llega al lugar más alto donde está Dios; así es de edad en edad hasta llegar a la parte alta donde está Dios; y esa parte alta es el Lugar Santísimo allá en el Cielo, y en la Iglesia del Señor Jesucristo es la Edad de la Piedra Angular; por eso desde ahí es que así como le habló a Jacob, le hablará a Israel, al pueblo hebreo en este tiempo final; y así como le habló a Moisés, y Él le hablaba a Moisés desde el Lugar Santísimo.

El ministerio de Moisés estará en medio de la Iglesia, el de Elías también y el de Jesús también; porque el que operó los ministerios de Moisés, de Elías y de Jesús, ha estado en la Iglesia todo el tiempo: el Espíritu Santo, Cristo el Espíritu Santo de edad en edad hablándole a Su pueblo, y en el Día Postrero le estará hablando a Su pueblo en la Edad de la Piedra Angular y de ahí también le hablará al pueblo hebreo. El pueblo hebreo lo verá ahí y dirá: “Éste es el que nosotros estamos esperando.” Pero cada cosa tiene su momento, su tiempo.

Así que, primero es la Iglesia del Señor Jesucristo, porque esos son los que obtendrían primeramente la redención.

Ahora, la redención, que es la Adopción como hijos e hijas de Dios, se obtiene recibiendo el Espíritu de Cristo, así se obtiene la primera parte o primera etapa de la redención, o sea, que la redención tiene dos etapas: la etapa espiritual y la etapa física; en la etapa espiritual en la cual está el Reino de Dios también, se obtiene el nuevo nacimiento cuando se escucha la predicación del Evangelio de Cristo y nace la fe de Cristo en el alma de la persona, y la persona cree en Cristo y da testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como único y suficiente Salvador; y ahí obtiene la persona la bendición en el Reino de Cristo, la persona es bautizada en agua en el Nombre del Señor Jesucristo y Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego, y produce en la persona el nuevo nacimiento, y así la persona ha entrado al Reino de Dios. Lo mismo que le explicó Cristo a Nicodemo cuando le dijo:

“De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere del agua y del Espíritu...”

Nacer del Agua es nacer del Evangelio de Cristo, y nacer del Espíritu es nacer del Espíritu Santo, recibir el Espíritu Santo, pues el que no nazca del Agua y del Espíritu no puede entrar al Reino de Dios.

Se entra al Reino de Dios escuchando la predicación del Evangelio de Cristo, creyendo en Cristo y recibiéndolo como único y suficiente Salvador, eso es nacer del Agua; y nacer del Espíritu es recibiendo el Espíritu Santo, luego de ser bautizado en agua en el Nombre del Señor y por consiguiente luego de haberlo recibido como Salvador; y así la persona ha obtenido el nuevo nacimiento, ha nacido de nuevo, ha nacido en el Reino de Cristo, en el Reino de Dios que está en la esfera espiritual, y ha obtenido el cuerpo espiritual, cuerpo angelical, del cual la Iglesia primitiva tenía conocimiento.

Y cuando Pedro estuvo preso en la cárcel, en el libro de los Hechos habla de esto, y fue libertado por el Señor que le apareció en una Luz y las cadenas se cayeron de sus pies y sus manos, y le dijo a Pedro: “Sígueme.” Pedro lo siguió y lo sacó a la parte de afuera, a la calle, y allí lo dejó.

Y Pedro se fue, tocó la puerta donde estaban los cristianos orando por él, y cuando toca la puerta una joven llamada Rode que escuchó, fue a abrir la puerta, pero de gozo no abrió la puerta cuando escuchó que era Pedro, y regresa donde estaban los que estaban orando por Pedro y les dice: “Es Pedro.” Ellos le dicen: “Rode, estás loca, es su ángel.” O sea, que ellos tenían conocimiento de que cada persona tiene su ángel, o sea, su cuerpo angelical, su cuerpo espiritual. Ella sigue diciéndoles: “No, es Pedro el que está tocando la puerta.” Entonces van, abren la puerta y es Pedro, no era su ángel, estaba vivo.

Ellos pensaban quizás que venía en un cuerpo espiritual a visitarlos o que había muerto y ya estaba en su cuerpo angelical o cuerpo espiritual viviendo; porque cuando el cristiano muere sigue viviendo en cuerpo angelical, cuerpo espiritual, en la sexta dimensión, que es el Paraíso, y regresará en la resurrección de los muertos en Cristo, regresará a la Tierra para obtener el cuerpo físico glorificado que Cristo le dará, pues Cristo dijo en San Juan, capítulo 6, verso 39 al 40:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

O sea, que los muertos creyentes en Cristo, los cuales están viviendo en el Paraíso, que es la sexta dimensión, en cuerpos angelicales van a regresar a la Tierra en el tiempo de la resurrección en el Día Postrero que es el séptimo milenio de Adán hacia acá, y Cristo les va a dar un nuevo cuerpo, volverán a tener un cuerpo físico, eterno, joven, inmortal y glorificado.

El apóstol Pablo, conocedor de este misterio también nos habla de esto, pero antes veamos también en San Juan, capítulo 11, versos 25 en adelante, donde Cristo le dice... verso 23, en adelante, Jesús le dijo:

“Tu hermano resucitará.

Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.”

Marta tenía conocimiento que la resurrección va a ser en el Día Postrero, pues Cristo ya lo había predicado ahí en San Juan, capítulo 6. Y ella tenía conocimiento del mensaje de Cristo y creía en Cristo.

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.”

¿Y quién más cree esto que Jesús dijo? Yo también. ¿Y quién más? Ustedes también. Por lo tanto, no hay ningún problema para un creyente en Cristo nacido de nuevo si muere físicamente; aunque esté muerto vivirá, vivirá en el Paraíso con cuerpo angelical y vivirá nuevamente en la Tierra en la resurrección en un cuerpo físico, inmortal, incorruptible y glorificado como Él lo ha prometido.

Y ese cuerpo nuevo será joven y perfecto, será un cuerpo igual al cuerpo de Jesucristo nuestro Salvador y ahí es donde seremos completamente a imagen y semejanza de Dios, porque tendremos un cuerpo angelical como Dios tiene (un cuerpo angelical) llamado el Ángel del Pacto o Ángel de Dios, y esa es la imagen del Dios viviente que fue vista en el Antiguo Testamento.

Cuando las personas, profetas que vieron a Dios y que dijeron que vieron a Dios cara a cara, lo que vieron fue al Ángel del Pacto en Su cuerpo angelical o la Columna de Fuego; y de la Columna de Fuego, de esa Luz es que sale, surge, aparece ese Ángel del Pacto; o sea, que el que habla en esa Luz es Dios por medio de Su cuerpo angelical.

Y ahora, las palabras de San Juan, capítulo 1, verso 18, son comprensibles a nuestra mente:

“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer (le declaró).”

Dios estaba en Cristo, el Ángel del Pacto manifestado en el Antiguo Testamento; y luego cuando se hizo carne Dios en el Ángel del Pacto, que por medio del Ángel del Pacto creó un cuerpo en la virgen María, el cual nació, y ese bebé que nació es el velo de carne donde Dios estaba en toda Su plenitud; y ahí vemos a Dios plenamente velado y revelado, ahí vemos: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Por eso Jesús decía: “Yo no hago nada de mí mismo, sino que el Padre que mora en mí, Él hace las obras.” [San Juan 14:10]. Ahí Él dice que el Padre está en Él.

Y también en San Mateo, cuando Cristo fue bautizado, Juan vio al Espíritu Santo descender sobre Jesús. Y en San Lucas, capítulo 4, Cristo leyendo la profecía de Isaías, capítulo 61, dice: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido.” Y comienza a enumerar para las cosas que fue ungido, o sea, que en Jesús estaba Dios el Padre y estaba el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, pues eso es lo que dice Malaquías, capítulo 3, que sería la Venida de aquél al cual el mensajero que Él enviaba delante de Él, estaría precursando, estaba precursando la Venida del Señor y del Ángel del Pacto. Vean, aquí lo dice capítulo 3 de Malaquías, dice:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí (ese mensajero fue Juan el Bautista); y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.”

¿Quién vendría? El Señor vendría, ¿y quién más? Y el Ángel del Pacto, o sea, el Ángel de Dios, el cual es el cuerpo angelical de Dios, y por consiguiente es el cuerpo angelical de Cristo, o Cristo en Su cuerpo angelical; y vendría, ¿a dónde? Vendría a Su Templo humano, el cuerpo que nació a través de la virgen María llamado Jesús.

Y así como el Nombre eterno de Dios está en Dios, está también en el Ángel del Pacto, y luego tenía que estar en el velo de carne donde estaría Dios en toda Su plenitud: Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahí está Dios en toda Su plenitud con todos Sus atributos y todo Su poder.

Y ahora, el cuerpo de carne tenía que ser adoptado, estuvo pasando por una etapa de prueba toda Su vida, pero sobre todo en Sus tres años y medio de ministerio. Cuando Él fue al Monte de la Transfiguración, luego de hablarle a Sus discípulos diciéndoles: “Hay algunos de los que están aquí que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en la gloria de Su Padre.” Vamos a ver cómo lo dice aquí, en el capítulo 16 de San Mateo, verso 27 en adelante, dice:

“Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.

De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.”

Y luego de eso en el capítulo 17 de San Mateo, dice:

“Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.

Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.”

Esta visión que tuvieron los tres apóstoles más cercanos a Jesús: Pedro, Jacobo y Juan, es ahí la adopción, y es tipo y figura también de lo que será la adopción de la Iglesia del Señor y de cada miembro de la Iglesia del Señor. Ahí fue, se transfiguró, eso nos habla de glorificación, fue cambiado de mortal a inmortal, glorificado con Pedro, Jacobo y Juan allí como testigos, y Moisés y Elías allí uno a cada lado.

Para el tiempo de la adopción de todos los hijos e hijas de Dios, esto aquí viene a ser el tipo y figura de lo que será la Venida del Señor en medio de Su Iglesia y la adopción para todos los hijos de Dios, estarán viendo a Moisés, a Jesús y a Elías; estos tres personajes son los que están prometidos que estarán en la Tierra en cuanto a sus ministerios, los cuales estará operando el Espíritu Santo en la parte alta de la Iglesia del Señor, que es la Edad de la Piedra Angular.

Allí dice Pedro, luego que ellos estuvieron en el Monte Santo. Y ahora, el Monte Santo es la Iglesia del Señor Jesucristo. Esto lo dice San Pablo, en Hebreos, capítulo 12, donde nos dice que nosotros no nos hemos acercado al Monte Sinaí, el monte que se podía ver y se podía tocar, dice, capítulo 12, versos 22 en adelante (y lo que está anterior a eso nos habla del Monte Sinaí), dice:

“...sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,

a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,

a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.”

Ahí es adonde nos hemos acercado: al Monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial; o sea, que la Iglesia del Señor Jesucristo viene a ser en la Tierra el Monte de Dios, el Monte de Sión, la Jerusalén del Dios vivo, la ciudad del Dios vivo, porque los miembros de la Iglesia son los miembros de la Jerusalén celestial, pertenecen a la Jerusalén celestial, sus nombres están escritos en esa ciudad celestial en el Libro de la Vida del Cordero; y por eso San Pablo nos dice en Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21, de la siguiente manera:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo...”

Nuestra ciudadanía está ¿dónde? En los Cielos, la ciudadanía de todo creyente en Cristo nacido de nuevo, porque el nuevo nacimiento no es de la Tierra, es del Cielo, es celestial; y por consiguiente la persona ha nacido del Cielo y pertenece a la Jerusalén celestial. Tiene la persona dos ciudadanías: una ciudadanía espiritual, del Cielo, y una ciudadanía terrenal, del país donde su cuerpo físico nació, dice:

“...el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya.”

O sea, al ser semejante, ahí obtiene la semejanza de Dios, que es el cuerpo físico de Dios, el cual es el cuerpo de Jesús, el cual ya está glorificado y está sentado a la diestra de Dios en el Cielo, está como Sumo Sacerdote haciendo intercesión por cada persona que lo recibe como su único y suficiente Salvador.

Luego en Primera de Corintios, capítulo 15, el apóstol Pablo nos habla de esto mismo diciéndonos, capítulo 15, versos 49 en adelante:

“Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.

Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.

He aquí, os digo un misterio...”

Ahora vean, no pueden heredar el Reino de Dios la carne y la sangre, estos cuerpos mortales no pueden heredar el Reino de Dios. La corrupción no puede heredar la incorrupción, o sea que estos cuerpos mortales, corruptibles, terrenales, no pueden ser eternos.

Tenemos que tener un cuerpo eterno, un cuerpo glorificado, inmortal y joven, igual al cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador, el cual Él ha prometido que nos dará, transformará nuestro cuerpo, he aquí este es un misterio. Ahora vean, San Pablo dice:

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos...”

Los creyentes no mueren sino que duermen, porque serán despertados en la resurrección en el Día Postrero. Cuando Cristo supo que Lázaro había muerto, dijo a Sus discípulos: “Nuestro amigo Lázaro, duerme.” Y los discípulos pensaron que hablaba del sueño normal o terrenal y dijeron: “Si duerme, estará bien.” Entonces como no entendieron bien, Cristo les dijo abiertamente: “Nuestro amigo Lázaro ha muerto (y entonces entendieron); pero voy a despertarlo (o sea, a resucitarlo).”

Y fue y lo resucitó, por eso es tipo y figura de todos los muertos en Cristo que van a ser resucitados en el Día Postrero en el séptimo milenio de Adán hacia acá, y en la etapa o Edad de la Piedra Angular que corresponde al día cuarto en que Cristo fue y resucitó a Lázaro.

Y ahora, esto es un misterio, pero por cuanto Cristo es la resurrección y la vida, no tiene ningún problema para resucitar a un creyente que haya muerto físicamente y lo mostró resucitando a Lázaro. Y ahora dice:

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos...”

O sea, que no todos van a dormir, no todos van a morir, habrá un grupo de personas creyentes en Cristo que no verán muerte, sino que serán transformados cuando los muertos en Cristo sean resucitados. ¿Y dónde está la mayoría de esas personas? Son ustedes y soy yo.

Habrá un grupo en la Tierra en el tiempo de la resurrección de los muertos en Cristo que estarán vivos pero con cuerpos mortales, y esos son los que van a ser transformados luego que Cristo haya resucitado a los muertos creyentes en Él, por eso dice:

“Pero todos seremos transformados (¿cuándo va a ser? Vamos a ver), en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.”

La resurrección de los muertos en Cristo será en cuerpos incorruptibles, en cuerpos glorificados, igual al cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador, y por eso van a ser jóvenes para toda la eternidad; y los que estemos vivos seremos transformados. Esa es la promesa divina para todos los creyentes en Cristo, y eso será para los creyentes en Cristo la bendición más grande, vendrán a ser los miembros de una super raza con Vida eterna.

Por eso encontramos que Hitler trató de imitar algo que Dios tiene en Su Programa, él trató de producir una super raza y decir que era esa raza ariana, pero estaba tratando de imitar algo que Dios tiene en Su Programa.

Todas estas personas creyentes en Cristo nacidas de nuevo pertenecen a la super raza, de la cual Cristo es la cabeza. Éstos son hijos e hijas de Dios, directos de Dios por medio de Cristo nuestro Salvador.

Por lo tanto, esta es la super raza que heredará todas las cosas, son coherederos con Cristo Jesús, y Cristo es el heredero de todas las cosas, de toda la creación incluyendo este planeta Tierra; y lo va a reclamar cuando haya terminado Su Obra de Intercesión y se convierta en el León de la Tribu de Judá, y tome el Libro, el Título de Propiedad, el Libro sellado con siete Sellos en la diestra de Dios en Apocalipsis, capítulo 5, lo tome, lo abra en el Cielo y luego lo trae a la Tierra, en Apocalipsis, capítulo 10, y clama como cuando un león ruge.

¿Ven? Ya no es Cordero ni es Sumo Sacerdote, es León y Juez para traer el mundo a juicio, y para establecer el Reino en la Tierra; y lo entrega a un hombre para que se lo coma, el cual tiene que ser un profeta mensajero dispensacional vigente, que esté ministrando en el Día Postrero en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo, la cual va a ser transformada, la cual va a ser adoptada juntamente con ese mensajero que se comerá el Libro.

Él dará de esa Palabra a esa Iglesia, le revelará el misterio del Séptimo Sello y así le dará la fe, la revelación para ser transformada y llevada con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Así como la revelación de la primera Venida de Cristo como Cordero de Dios da la fe para recibir a Cristo como Salvador, ser bautizados en agua en Su Nombre y recibir Su Espíritu y obtener el nuevo nacimiento y obtener el cuerpo angelical.

Y la revelación de la segunda Venida de Cristo, de la Venida del Señor a Su Iglesia en el Día Postrero como el León de la Tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores y Juez de toda la Tierra, le dará la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Por lo tanto, la primera Venida de Cristo nos da la fe para obtener el cuerpo angelical; se recibe el cuerpo angelical cuando se recibe el Espíritu de Cristo.

Un espíritu es un cuerpo de otra dimensión, un cuerpo espiritual y es un cuerpo angelical, y luego el cuerpo físico glorificado es un cuerpo interdimensional, puede estar en esta dimensión, aparecer y luego desaparecer pasando a otra dimensión, esa es la clase de cuerpo que tiene Jesucristo y por eso luego de resucitado aparecía, estaba unos momentos con Sus discípulos, y desaparecía delante de ellos.

El cuerpo glorificado trae todo el equipo para viajar y para también hacer toda la labor que Dios desea que se haga.

Por lo tanto, esa es la clase de cuerpo que yo necesito, un cuerpo glorificado, eterno, inmortal, incorruptible, igual al cuerpo de Jesucristo y joven para toda la eternidad.

Jesucristo está tan joven como cuando subió al Cielo el día que se despidió de Sus discípulos; quedaron ellos muy tristes y llorando, pero no hay ningún problema, Él los va a resucitar en cuerpos glorificados iguales al cuerpo glorificado que Jesucristo tiene.

Esa es la bendición que Él tiene para todos los creyentes en Él, y eso será cuando todos los creyentes en Él obtengan ese cuerpo nuevo y eterno, eso será la adopción física de cada hijo e hija de Dios por la cual clama y gime toda la creación; y nosotros mismos clamamos y gemimos dentro de nosotros mismos por la adopción, la Redención del cuerpo que será la transformación nuestra en cuerpos... para tener cuerpos eternos y glorificados igual al de Jesucristo, y la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos glorificados, cuerpos eternos y cuerpos jóvenes para toda la eternidad, y cuerpos perfectos, y esa será una nueva raza.

Esa raza comenzó con Jesucristo, por eso Él es el primero, la cabeza de esa nueva raza, y vamos a llamarla como la llamó el precursor de la Venida del Señor: una super raza, porque ese tipo de raza inmortal, incorruptible con cuerpos glorificados y con todo el poder de Dios en ellos no se ha visto en la Tierra, excepto en los días de Jesucristo.

Por lo tanto, Jesucristo ya glorificado es la cabeza de esas personas que tendrán cuerpos glorificados, y esos son los hijos del Reino, esos son los descendientes de Dios, esas personas han venido, sus almas han venido de donde vino Jesucristo: del Cielo, y están aquí por causa de un Programa de redención, para ser adoptados espiritualmente primero como hijos e hijas de Dios.

Esa adopción se obtiene cuando la persona escucha la predicación del Evangelio de Cristo, nace la fe de Cristo en su alma, lo recibe como su Salvador, es bautizado en agua en Su Nombre y Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego, y ha producido en la persona el nuevo nacimiento.

Esa es la redención espiritual, ya su alma ha sido redimida y tiene Vida eterna, ya fue restaurada al Reino de Dios, ya fue restaurada a la Vida eterna, aunque todavía tiene el cuerpo físico que es mortal, que no tiene Vida eterna física, pero ya en su alma tiene Vida eterna.

Y solamente nos falta ¿qué? La Vida eterna física; la adopción física traerá esa Vida eterna física, ¿cómo? Trayendo para nosotros un cuerpo nuevo, eterno, inmortal, incorruptible y glorificado como el cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador.

Por eso los jóvenes no pueden pensar que los ancianos que son creyentes en Cristo están muy viejos. No, ese es el cuerpo físico que se pone viejo, pero ellos tienen un cuerpo nuevo eterno, incorruptible, joven y glorificado, como el cuerpo glorificado de Jesucristo, y lo van a recibir pronto en la adopción de los hijos e hijas de Dios, y entonces así es como recibirán esa segunda parte de la adopción: la adopción física, la redención física, la redención del cuerpo la cual estamos esperando.

Y así como la revelación divina de la primera Venida de Cristo y Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario nos trajo la Adopción espiritual y nos ha traído el cuerpo angelical, la revelación de la segunda Venida de Cristo como León de la Tribu de Judá y Rey de reyes y Señor de señores nos trae la fe para creer en Su Venida como León de la Tribu de Judá y Rey de reyes y Señor de señores y Juez de toda la Tierra para ser adoptados físicamente y obtener el cuerpo glorificado, eterno, inmortal e incorruptible, como el cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador. Por eso es que dice Pablo:

“Mas nuestra ciudadanía está en los Cielos de donde también esperamos al Salvador, al señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya.”

O sea, para que sea igual al cuerpo glorificado que Él tiene, y así toda la familia de Dios, todos los hijos e hijas de Dios, todos los hijos del Reino, todos los descendientes de Dios, todos los miembros de la realeza. Dios es el Rey de los Cielos y de la Tierra y Sus hijos son príncipes y princesas, llamados en el libro del Apocalipsis Reyes y Sacerdotes, y también en Primera de Corintios, capítulo 6, es dicho que los santos juzgarán al mundo y aun a los ángeles.

Por lo tanto, también son jueces pertenecientes al poder judicial celestial del cual Jesucristo ha sido colocado como Juez de los vivos y de los muertos. Jesucristo es el Juez Supremo, y los creyentes en Cristo son Jueces de esa Corte Celestial, de ese poder judicial celestial, y son también Sacerdotes de ese Orden sacerdotal de Melquisedec, del Templo que está en el Cielo; y son Reyes del Reino Celestial.

Y por consiguiente en la Venida del Reino de Dios en la Tierra, esas personas estarán como Reyes, Sacerdotes y Jueces en el Reino del Mesías, serán el gabinete del Mesías en el Reino del Mesías, el cual se sentará en el Trono de David y restaurará el Reino de David en la Tierra, porque el Reino de David es el Reino terrenal de Dios, y el Trono de David es el Trono terrenal de Dios.

Y ese es el Trono terrenal del Mesías, el Trono del cual el Ángel Gabriel le dice a la virgen María que el niño que ella va a tener le ponga por nombre: Jesús, y le dice: “Dios le dará el Trono de David Su Padre, y reinará sobre Israel para siempre.” O sea, que el heredero a ese Trono es Jesucristo. Y Él dice: “Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi Trono, así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en Su Trono.” En la misma forma Él va a hacer con el vencedor, y vamos a estar con Él como Reyes, Sacerdotes y Jueces, o sea, el gabinete de gobierno del Mesías.

¿Quiere ver y saludar a algún miembro del gabinete del Reino del Mesías? Pues dele la mano a su vecino que está a su lado, y usted estará saludando a un miembro del gabinete del Reino del Mesías. O sea, nos miramos los unos a los otros y nos reconocemos como miembros del Reino del Mesías, o sea, que en el Reino del Mesías es que está nuestra herencia, es que está la bendición grande. La bendición terrenal para nosotros está en el Reino del Mesías.

Por lo tanto, en estos cuerpos mortales y en este reino terrenal, este reino terrenal del reino de los gentiles, no nos preocupa que no tengamos una posición muy alta. Aquí trabajamos y luchamos para sobrevivir, y los que puedan estudiar y hacerse de sus profesiones, hagan eso: estudien y podrán vivir un poco mejor económicamente, pero sobre todo pensando siempre en la Obra del Señor; porque todo lo que hagamos en la Tierra, en nuestra mente debe estar para servir mejor a Dios en Su Obra correspondiente a nuestro tiempo.

Nunca piense en el beneficio para usted, sino en el beneficio para la Obra del Señor, y así Dios los bendecirá y verán la mano del Señor siempre obrando en favor de ustedes.

Y ahora, hemos visto lo que es la adopción: es la adopción del cuerpo, o sea, la redención del cuerpo, donde obtendremos el cuerpo inmortal, incorruptible y glorificado, y eso será en la Tercera Etapa; y la Tercera Etapa es la Etapa de la Palabra creadora siendo hablada, esta Etapa tendrá su parte culminante en el cumplimiento de la Visión de la Carpa, visión que será hecha una realidad porque habrá un pueblo que estará trabajando en pro de La Carpa-Catedral que fue vista y tiene que ser materializada. Y Dios usa seres humanos para llevar a cabo Su Programa.

Cuando Dios le ordenó al profeta Moisés construir un tabernáculo, el pueblo tuvo la oportunidad de participar en ese Programa Divino; ellos recibieron la noticia de que ofrendaran, podían ofrendar de todo corazón; el que no pudiera hacerlo de todo corazón no debía de ofrendar.

No debe la persona sentirse obligada, sino debe sentirse llena de amor y de deseo de trabajar en el Programa que Dios tiene para su tiempo.

Por lo tanto, cuando Moisés le da la noticia al pueblo, todos con alegría de corazón comenzaron a ofrendar, a tal grado que Dios le dijo a Moisés: “Ya diles que no ofrenden más, que ya es suficiente.”

Yo espero que algún día Dios nos pueda decir lo mismo, no porque no deseemos ofrendar para ese proyecto sino porque ya se haya completado lo que se requiere y se haya completado la labor de La Gran Carpa-Catedral. Y para otras cosas después continuaremos ofrendando.

Es una bendición y privilegio grande ofrendar y diezmar para Dios, pues todo eso está en la Escritura.

Y ahora, la Tercera Etapa tendrá su parte culminante en el cumplimiento de La Visión de la Carpa, de una gran Carpa-Catedral que fue mostrada cuando Dios transportó al reverendo William Branham al tiempo final, porque en su tiempo no fue posible la materialización de esa visión, aunque él mismo deseó y trató de hacer realidad esa visión; pero no le fue permitido a él la materialización de esa visión porque era para más adelante, y por supuesto y por consiguiente en la Edad de la Piedra Angular, que es la Edad de la Adopción.

Ahí es donde único se podía materializar esa visión. Para lo cual, habrá personas entendidas, conscientes de que es para nuestro tiempo y de que tenemos la oportunidad de parte de Dios de estar brazo a brazo trabajando en pro de ese proyecto divino.

El socio de Dios, o los socios de Dios, ¿saben quiénes son? ¿Quiénes son? Somos nosotros. Dios siempre ha obrado por medio de seres humanos.

Y ahora, esa Visión de la Carpa se hará una realidad, y ahí la Tercera Etapa estará manifestada en toda su plenitud, y esa será la parte culminante de la Iglesia en donde se completará todo el Programa Divino con Su Iglesia aquí en la Tierra en cuerpos mortales, y luego tendremos los cuerpos inmortales, cuerpos glorificados.

Y ahora, podemos ver que hay un proyecto divino con la Iglesia del Señor Jesucristo.

Yo aprecio y agradezco mucho el respaldo que ustedes le están dando al proyecto de La gran Carpa-Catedral, y deseo que Dios les bendiga grandemente y que en el Reino milenial de Cristo, Cristo les recompense por todo el respaldo que ustedes le han estado dando al proyecto de La gran Carpa-Catedral, y también por el respaldo que le han estado dando a AMISRAEL.

Y ahora, hemos visto cómo estamos preparándonos para la Adopción en la Tercera Etapa. La Tercera Etapa es la etapa de la Palabra creadora siendo hablada.

Por lo tanto, Él tendrá un instrumento a través del cual estará hablando esa Palabra creadora y las cosas estarán sucediendo, aun para la materialización de La gran Carpa-Catedral, también la Palabra creadora estará siendo hablada y las cosas estarán sucediendo.

Pero cuando llegue el tiempo de La Carpa-Catedral, en algún momento, en algún momento cuando ya esté en funcionamiento (en algún momento) todas las cosas que fueron vistas, las veremos también nosotros, o sea, el que surja La gran Carpa-Catedral no quiere decir que desde el primer día se va a ver todo: todo irá en una forma progresiva como siempre ha sucedido en el Programa Divino. Puede ser que pasen algunos días y solamente estemos escuchando predicaciones, todo va a depender de cómo Dios esté obrando, dirigiendo las cosas.

Si dependiera de mí, pues yo desearía que desde el primer día estuviéramos viendo todas las cosas y también que desde el primer día yo esté transformado; pero todavía no estoy transformado y deseo ser transformado, deseo la adopción, la redención de mi cuerpo, para lo cual me estoy preparando, y me estoy preparando con el mensaje correspondiente a nuestro tiempo, juntamente con el mensaje de la Dispensación de la Gracia, el Evangelio de la Gracia y con el mensaje del Evangelio del Reino.

Con el mensaje del Evangelio del Reino es que viene la revelación, la fe, la revelación, la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. La revelación de la Venida del Señor con Sus Ángeles, la Venida del Señor con los dos Olivos.

Y por consiguiente, esos ministerios van a estar ahí en la Iglesia del Señor en la etapa del Lugar Santísimo de Su Templo espiritual, que es la etapa de la Edad de la Piedra Angular, por eso será, por eso es que va a ser posible el contacto, no solamente con la Iglesia Novia, sino también con todo el Cristianismo, con el mundo entero y también con el pueblo hebreo; esa es la única Edad que podrá, en la cual se podrá llevar a cabo todo eso que ha sido prometido.

Por lo tanto, estaremos viendo cómo se estarán moviendo todas las cosas en la Edad de la Adopción, la Edad de la Piedra Angular, la Edad del Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo.

Y el Templo espiritual de Cristo es la Iglesia del Señor Jesucristo, es ahí donde los ministerios de los dos Olivos están mostrando lo que va a pasar en este tiempo final; es ahí donde aparecen también los dos querubines de oro sobre el Propiciatorio, y también en el templo que construyó Salomón aparecen dos querubines de madera de olivo cubiertos de oro, tipo y figura de los dos Olivos con la presencia del Espíritu Santo.

El oro representa la divinidad, y ahí la madera de olivo representa… los dos olivos representan los dos ungidos que están delante de la presencia de Dios.

En Zacarías, capítulo 4, versos 11 al 14, aparecen, y también en Apocalipsis, capítulo 11, versos 1 al 14, también aparecen los dos Olivos, que son los dos ministerios de Moisés y Elías que estarán en el Día Postrero siendo manifestados en la Tierra, surgirán de en medio de la Iglesia en la Edad de la Piedra Angular, en el Lugar Santísimo del Templo de Dios, de la Iglesia, que es el Templo de Dios, el Templo de Jesucristo, y luego en medio del pueblo hebreo.

Ellos están esperando a Elías y van a ver a Elías, ellos están esperando a Moisés y van a ver a Moisés, ellos están esperando el Mesías y van a ver al Mesías, y ellos van a decir: “Éste es el que nosotros estamos esperando.”

Y ahora, ni será Elías literalmente, porque será un hombre de este tiempo final en el cual estará ese ministerio por quinta ocasión; no será Moisés literalmente, pero el ministerio de Moisés estará en un hombre de este tiempo final, y no será Jesús literalmente pero el ministerio que estaba en Jesús, estará en un hombre de este tiempo final, porque en él estará el Sello del Dios vivo, que es el Espíritu Santo, que es el único que opera los ministerios y el único que tiene ministerios.

El que operó el ministerio de Elías, el que operó el ministerio de Moisés y el que operó el ministerio de Jesús, ¿es quién? El Espíritu Santo.

Por lo tanto, el Espíritu Santo, que es el Sello del Dios vivo, estará en un hombre de este tiempo final en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo, en la etapa del Lugar Santísimo de este Templo espiritual, que es la Edad de la Piedra Angular. Tan simple como eso.

Y será un mensajero dispensacional, será el mensajero de la Dispensación del Reino, de la séptima dispensación, y por eso podrá entrelazar la Dispensación del Reino y el Evangelio del Reino con la Dispensación de la Gracia y el Evangelio de la Gracia sin ningún problema.

Él conocerá cómo hacer ese entrelace, porque será el Espíritu Santo en él obrando y haciendo ese entrelace; y estará el Espíritu Santo a través de él, dándonos la revelación del misterio del Séptimo Sello, del misterio de la segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles, lo cual nos dará la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Por lo tanto, habrá un pueblo que estará preparándose, estará recibiendo la fe, la revelación para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. ¿Y dónde estará ese pueblo? Yo soy uno de ellos, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también, y ustedes que están a través del satélite Amazonas y de internet, ustedes también son parte de esas personas que estarán recibiendo la fe para ser transformados y raptados en este tiempo final.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión. Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted, para lo cual puede pasar acá al frente; pueden pasar acá al frente y estaremos orando por ustedes.

Recuerden que no podemos ser transformados y los muertos en Cristo no pueden resucitar, hasta que se complete la Iglesia del Señor Jesucristo, hasta que haya entrado al Cuerpo Místico de Cristo hasta el último elegido, escogido de Dios, predestinado de Dios para Vida eterna, para formar parte de la Iglesia del Señor Jesucristo, pues tienen sus nombres escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, y por eso fueron representados en las ovejas que el Padre le dio a Cristo para que las llame y les dé Vida eterna. Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy Vida eterna.” (San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30).

También Él dijo en otra ocasión: “No os gocéis...,” dice a Sus discípulos que había enviado a predicar y a sanar enfermos y a echar fuera demonios, cuando regresan vienen muy felices y le dicen a Jesús: “Aun los espíritus se nos sujetan en Tu Nombre.” Jesús les dice: “No os gocéis de eso, no gocéis de que los espíritus se os sujetan en mi Nombre, gozaos de que vuestros nombres están escritos en el Cielo.”

Y eso es lo que causa el gozo mayor: que nuestros nombres están escritos en el Cielo en el Libro de la Vida. Recuerden que Cristo dijo que llamaría Sus ovejas por su nombre; es que nuestros nombres están escritos en el Cielo en el Libro de la Vida, pues Cristo lo dice y también San Pablo lo dice en la lectura que tuvimos de Hebreos, capítulo 12, versos 22 en adelante:

“...sino que os habéis acercado al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,

a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos...”

La congregación de los primogénitos, es la Iglesia del Señor Jesucristo, los primogénitos por los cuales Cristo murió y tienen la Sangre de Cristo aplicada en sus almas para la preservación de la vida, tienen la Sangre de Cristo aplicada en sus almas por medio del Espíritu Santo, que es la Vida de la Sangre.

Al tener la Vida de la Sangre, el Espíritu Santo, tienen la Sangre de Cristo aplicada en sus vidas y sus nombres están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

También en el libro del Apocalipsis aparece aquí que los nombres, que hay personas que tienen sus nombres escritos en el Cielo, dice Apocalipsis, capítulo 13 (enseña que esas personas no adorarían la bestia)... dice capítulo 13 del Apocalipsis, verso 8, aquí dice que los que adoran la bestia, pues no tienen sus nombres escritos en el Cielo, no tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida. Dice a los que adoraron la bestia, de ellos dice:

“Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.”

O sea, que los creyentes en Cristo nacidos de nuevo, no adoraron la bestia, esas personas, los creyentes en Cristo nacidos de nuevo que forman la Iglesia del Señor, tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero. Ese Libro, es el Libro sellado con siete Sellos que aparece en Apocalipsis, capítulo 5, en la mano del que está sentado en el Trono, o sea, en la Mano de Dios. En Apocalipsis, capítulo 17, verso 8, también dice:

“La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo e ir a perdición; y los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida, se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será.”

Y ahora vean, nos habla mucho de los que están escritos en el Libro de la Vida, el Libro de la Vida del Cordero contiene los nombres de todos los que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y ahora, todavía faltan personas que están escritas en el Cielo y que todavía no han venido a los Pies de Cristo, y Él los está llamando en este tiempo final. Es el llamado final de Dios en donde se completará la Iglesia del Señor Jesucristo.

Ser un miembro de la Iglesia del Señor Jesucristo es el privilegio más grande que puede tener una persona, su nombre está escrito en el Cielo desde antes de la fundación del mundo, es una oveja del Señor para lo cual Cristo vino para buscarla y darle Vida eterna. Por eso es que se predica el Evangelio de Cristo conforme al mandato de Cristo que dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” Tan simple como eso.

Y ahora, ustedes escucharon la predicación del Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en vuestra alma, creyeron y lo han recibido como Salvador, vienen para dar testimonio público de vuestra fe en Cristo. Por lo cual vamos a orar por ustedes en estos momentos.

Vamos a estar puestos en pie, los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo. En las demás naciones también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.

Si falta alguna persona por venir, puede venir, pues todavía hay lugar para usted. Recuerde que su nombre está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida, y por eso usted ha estado escuchando la predicación del Evangelio de Cristo.

Solamente hay un Salvador, y Su Nombre es Señor Jesucristo, solamente hay una persona que tiene la Vida eterna, la exclusividad de la Vida eterna para otorgarla a todo aquel que lo recibe como su único y suficiente Salvador; y el nombre de esa persona que tiene la exclusividad de la Vida eterna, al cual Dios le ha dado esa exclusividad, tiene un Nombre, y Su Nombre es SEÑOR JESUCRISTO, es nuestro hermano mayor: Jesucristo, el cual vino para buscar y salvar lo que se había perdido, o sea, que vino para buscarme a mí y salvarme a mí. ¿Y a quién más? A cada uno de ustedes también.

Y ahora, vamos ya a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador, para lo cual levantamos nuestras manos al Cielo y con nuestros ojos cerrados y nuestros rostros inclinados, repitan conmigo está oración los que han venido a los Pies de Cristo, los que están aquí presentes y los que están en otras naciones:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como la Expiación por mis pecados y por los de todo ser humano, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos.

Doy testimonio público de mi fe en Ti, reconociendo que soy pecador y que necesito un Salvador. Y Te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego y sea producido en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente. Señor, sálvame, Te lo ruego, en Tu Nombre eterno y glorioso Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes escucharon la predicación del Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en vuestra alma y lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.

Y ahora, ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible en el Nombre del Señor Jesucristo, pues Él dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo.’ ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta de ustedes. Por cuanto han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado. Pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, el mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista, Juan no lo quería bautizar y le decía: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Y Cristo le dice: “Deja, nos conviene cumplir toda justicia.” Y entonces Juan lo bautizó. Si a Jesús le convenía cumplir toda justicia siendo bautizado, cuánto más a nosotros.

Los apóstoles fueron bautizados también por Juan el Bautista; y también cuando Cristo predicaba los que creían eran bautizados por los apóstoles; y luego el Día de Pentecostés cuando Pedro predicó, como tres mil personas creyeron y fueron bautizadas en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Y así continuó Pedro predicando y los demás apóstoles, e iban siendo bautizados en agua todos los que recibían a Cristo como Salvador, porque la meta es que nazcan de nuevo y entren por consiguiente al Reino de Dios.

Luego que la persona escucha la predicación del Evangelio de Cristo y lo recibe, ¿cuánto tiempo le vamos a dar para que logre entrar al Reino de Dios? Pues lo más pronto posible. Y Pedro allí les dijo que fueran bautizados, y fueron bautizados; porque la meta es que entren al Reino de Dios, que sean bautizados en agua, y Cristo los bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ellos el nuevo nacimiento.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego.

En el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo, muere al mundo; y cuando es sumergida en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando, está levantándose a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan simple como eso.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados conociendo la tipología y simbolismo del bautismo en agua, y que en el bautismo en agua nos estamos identificando con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Dejo al ministro Patricio Lara aquí con ustedes, para que les indique hacia dónde dirigirse para colocarse las ropas bautismales y ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y en cada nación dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de nuestro amado Señor Jesucristo.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos.

“PREPARÁNDONOS PARA LA ADOPCIÓN EN LA TERCERA ETAPA.”

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