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Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes, y los que están a través del satélite Amazonas y de internet en diferentes naciones; es un privilegio y una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Para lo cual buscamos en la Escritura, pero antes quiero expresarles mi aprecio y agradecimiento por el respaldo que le están dando al proyecto La gran Carpa-Catedral, en Puerto Rico, y también a AMISRAEL.

Que Dios les bendiga por todo lo que están haciendo y les use siempre grandemente en Su Programa en este tiempo final.

San Mateo, capítulo 24, versos 30 en adelante, dice:

“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.

Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.

De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca.

Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas.

De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre.

Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre.

Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca,

y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión es: “¿QUÉ HORA ES EN EL RELOJ DE DIOS?”

La Escritura nos dice que “un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día.” (Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8; y también el Salmo 90, verso 4). Por lo tanto, cuando se nos habla de un día de los de Dios para los seres humanos son mil años; el ejemplo lo tenemos aquí en Oseas, capítulo 6, versos 1 al 3, donde nos dice hablando de Israel:

“Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará.

Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él.

Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra.”

Aquí nos habla que después de dos días, Dios va a resucitar a Israel, estos dos días delante de Dios son dos mil años, o sea, dos días mileniales; ya desde los días de Cristo Jesús hasta acá han transcurrido dos mil años, pero delante de Dios solamente dos días, son dos días proféticos que son dos mil años.

Y ahora, vean, en el tercer día, la promesa es que Dios va a resucitar a Israel, el tercer día es el tercer milenio de Cristo hacia acá. Veamos, en la Escritura nos habla de la resurrección al tercer día. El tercer día, veamos en Joel también nos dice que, conforme a las palabras de San Pedro en el libro de los Hechos, capítulo 2, versos 14 en adelante, dice:

“Entonces Pedro, poniéndose en pie (esto fue el Día de Pentecostés)... poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.

Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día.

Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:

Y en los postreros días, dice Dios,

Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,

Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;

Vuestros jóvenes verán visiones,

Y vuestros ancianos soñarán sueños;

 Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días

Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.

Y daré prodigios arriba en el cielo,

Y señales abajo en la tierra,

Sangre y fuego y vapor de humo;

 El sol se convertirá en tinieblas,

Y la luna en sangre,

Antes que venga el día del Señor,

Grande y manifiesto;

Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.”

Ahora, vean cómo aquí San Pedro por el Espíritu Santo en él, les habla que Dios por medio del profeta Joel, había prometido que derramaría de Su Espíritu sobre toda carne, y que... esto lo dice Joel en el capítulo 2, versos 28 en adelante.

Y ahora, desde el Día de Pentecostés Dios estaba derramando de Su Espíritu sobre toda carne, sobre toda persona que recibía a Cristo como único y suficiente Salvador, y comenzó el Día de Pentecostés con ciento veinte personas creyentes en Cristo, que fueron los apóstoles y demás personas que seguían a Cristo en Su ministerio terrenal. Pero ahora vean, San Pablo el apóstol de los gentiles también concuerda que aquellos eran ya los postreros días, cuando dice en Hebreos, capítulo 1, versos 1 al 3, de la siguiente manera:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.”

¿Cuándo dice el apóstol Pablo que Dios habló por medio de Su Hijo Jesucristo? En los postreros días, y ya han transcurrido dos mil años desde ese evento hasta acá; porque los postreros días delante de Dios son los milenios postreros, así como la semana tiene siete días y los días postreros de la semana son el quinto día, que es el jueves, el sexto día que es el viernes, y el séptimo día que es el sábado; al sábado le llaman el día del Señor en el Antiguo Testamento, los judíos le llaman el día de descanso, el día del Señor, que es dedicado para Dios, y entre los gentiles, en medio del Cristianismo, los que guardan el sábado también le llaman el día del Señor.

Y el mismo Jesucristo hablando del sábado en una ocasión dijo: “Porque el Señor es Señor del sábado.” O sea, del día de reposo.

Y ahora, el séptimo milenio es, delante de Dios, el milenio en donde el Mesías Príncipe establecerá Su Reino, que es el Reino de Dios, lo cual será la restauración del Reino de David; en el Trono de David se sentará el Mesías y gobernará sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones.

Y ahora, esta promesa es para ser cumplida en el Día Postrero o Día del Señor, que será el séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá. Los días postreros delante de Dios son: quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio; por eso que en los días en que Jesús estaba en Su ministerio terrenal habían comenzado los días postreros delante de Dios.

Y ahora, el Día del Señor, el séptimo milenio, el día grande y terrible del Señor donde Cristo ha prometido llevar a cabo la resurrección de todos los muertos creyentes en Él, los cuales no están muertos porque los santos no mueren sino que duermen, están durmiendo físicamente, pero ellos en alma y espíritu están en el Paraíso.

Por lo tanto, ellos van a ser levantados, resucitados, o sea, traídos del Paraíso donde ellos están en cuerpos angelicales, y les va a ser dado un cuerpo físico, inmortal, incorruptible y glorificado como el cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador. Recuerden que cuando Cristo fue a resucitar a Lázaro el día cuarto, Él dice, había dicho: “Lázaro nuestro amigo, duerme.”

Pero los discípulos de Jesucristo pensaron que estaba dormido físicamente, del sueño físico, y le dicen: “Si duerme está bien, despertará luego.” Y Jesús les dice claramente: “Lázaro nuestro amigo ha muerto, y voy a despertarlo.” Les había dicho: “Voy a despertarlo. Lázaro nuestro amigo duerme y voy a despertarlo (o sea, voy a resucitarlo).” Y cuando fue, en el capítulo 11 de San Juan, versos 21 al 27, dice:

“Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.

Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará.

Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.

Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.”

Vean, Marta, dos mil años atrás, sabía que la resurrección iba a ser llevada a cabo en el Día Postrero, pues Cristo ya lo había enseñado; y también en Daniel, capítulo 12, nos habla que para el fin del tiempo Dios va a efectuar la resurrección y muchos de los que duermen en el polvo serán levantados, resucitados; esto es cuando el Arcángel Gabriel o Miguel se levante, el Príncipe que está de parte del pueblo hebreo.

Vamos a leerlo aquí, para que tengamos el cuadro claro de todo este misterio, para que sepamos la hora delante de Dios en la cual estamos viviendo. Capítulo 12 del libro del profeta Daniel, dice: “Le fue dicho a Daniel.” Y esto es el Ángel Gabriel, el Ángel profeta de otra dimensión que tiene acceso al Libro de la Verdad donde está contenido todo lo que sucedería en medio de la raza humana, dice:

“En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo (o sea, de Israel); y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro.

Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua.”

Luego, en el mismo capítulo 12, dice... porque Daniel escuchó al Ángel, al varón que estaba que estaba sobre las aguas del río. Vamos a leerlo aquí, sigue diciendo:

“Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad.

Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará (vemos la ciencia, que se ha aumentado).

Y yo Daniel miré, y he aquí otros dos que estaban en pie, el uno a este lado del río, y el otro al otro lado del río.

Y dijo uno al varón vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río: ¿Cuándo será el fin de estas maravillas?

Y oí al varón vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río, el cual alzó su diestra y su siniestra al cielo, y juró por el que vive por los siglos, que será por tiempo, tiempos, y la mitad de un tiempo. Y cuando se acabe la dispersión del poder del pueblo santo, todas estas cosas serán cumplidas.

Y yo oí, mas no entendí.”

Este varón aquí que está sobre las aguas del río es el mismo varón que aparece en Apocalipsis, capítulo 10, es Cristo, el Ángel del Pacto, el que libertó al pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto:

“Y yo oí, mas no entendí. Y dije: Señor mío, ¿cuál será el fin de estas cosas?

El respondió: Anda, Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin.”

Selladas y cerradas, ¿hasta qué tiempo? Hasta el tiempo del fin, porque en el tiempo del fin serán reveladas todas estas cosas por Dios, por medio de Su Programa, por medio del Espíritu de Dios a la persona asignada para este propósito, y él las dará a conocer a la Iglesia del Señor Jesucristo.

 “El respondió...”

 Y dice:

“Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados...”

¿Cómo serán muchos limpios, emblanquecidos y purificados? Por medio del Programa de redención en la Dispensación de la Gracia, los cuales escucharán la predicación del Evangelio de Cristo y lo recibirán como único y suficiente Salvador.

“...los impíos procederán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán.

Y desde el tiempo que sea quitado el continuo sacrificio hasta la abominación desoladora, habrá mil doscientos noventa días.

Bienaventurado el que espere, y llegue a mil trescientos treinta y cinco días.

Y tú irás hasta el fin, y reposarás, y te levantarás para recibir tu heredad al fin de los días.”

 Tiene Daniel aquí una promesa, promesa de resurrección.

Ahora continuando con la visita de Jesús a Betania para resucitar a Lázaro, aquí está la conversación que estábamos leyendo hace unos minutos, donde Marta dice:

 “Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero (San Juan, capítulo 11, estamos por el verso 24).

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.”

¿Y quién más cree esto que Jesús dijo? Yo lo creo, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también. Por lo tanto, Cristo resucitará a todos los creyentes en Él que han muerto, y a los vivos que estén en este tiempo los transformará; y entonces todos habrán obtenido la redención física que es la glorificación, la transformación de sus cuerpos. Tendrán todos cuerpos eternos, cuerpos glorificados. Vean aquí también Jesús, en el capítulo 6 de San Juan, versos 39 al 40, había dicho:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Y ahora, el Día Postrero sabemos que es el séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá. Conforme al calendario gregoriano ya estamos dentro del Día Postrero, dentro del séptimo milenio de Adán hacia acá o dentro del tercer milenio de Cristo hacia acá.

Por lo tanto, estamos en el día milenial llamado el Día Postrero, en el Día del Señor, en donde el Hijo del Hombre es Señor de este Día Postrero, y va a traer a la Tierra las bendiciones del Cielo; es el Mesías el que y en el que vendrá el Reino por el cual Cristo dijo que orando pidamos la Venida del Reino de Dios.

En San Mateo, capítulo 6, verso *9, Cristo enseñó a Sus discípulos a orar, y les dice que orando digan: “Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea Tu Nombre. Venga Tu Reino. Hágase Tu voluntad, como en el Cielo, aquí en la Tierra (o también en la Tierra).”

La voluntad de Dios a nivel mundial será hecha en la Tierra en el Reino del Mesías. Por lo tanto, se requiere la Venida del Rey, del Mesías, para que la humanidad haga la voluntad de Dios, viva conforme a la voluntad de Dios, conforme a las leyes del Reino de Dios. Esto es lo que establecerá el Mesías en Su Reino, y la Escritura nos dice que será un Reino en donde la paz estará establecida y cubrirá todo Su Reino; eso está en Isaías, capítulo 9, versos 6 al 7, donde dice:

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.

Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.”

Será una Obra de Dios para que así sea establecido el Reino del Mesías, del Príncipe de paz, que es el único que puede traer la paz permanente a Israel, a todo el Medio Oriente y a todas las naciones. Por eso el Mesías Príncipe es el Deseado de todas las naciones, porque todas las naciones quieren justicia social, quieren la paz para obtener la felicidad. Vean también en este pasaje de Isaías, capítulo 11, nos muestra un cuadro claro de lo que será el Reino del Mesías. Y nos dice el verso 9, dice:

“No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar.”

Y en Habacuc, capítulo 2, verso 14, dice:

“Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová (del Señor), como las aguas cubren el mar.”

O sea, que durante el Reino del Mesías, la Tierra será llena del conocimiento divino para todos conocer al Dios eterno, creador de los Cielos y de la Tierra, a tal grado que en la profecía de *Zacarías, capítulo 14, verso 9, dice:

“Y Jehová será rey sobre toda la tierra. En aquel día Jehová será uno, y uno su nombre.”

O sea, que todos conocerán a Dios, conocerán el Nombre de Dios y servirán a Dios, el Dios eterno creador de los Cielos y de la Tierra; todo eso será para el Día Postrero, para el séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer del milenio de Cristo hacia acá. Por eso en Oseas dice: “Y conoceremos, y proseguiremos en conocer al Señor.” O sea, conocer a Jehová, como dice la traducción o versión en donde usan el nombre Jehová.

Y ahora, podemos ver que ese es el Día del Señor, el séptimo milenio es el sábado milenial; y así como el sábado entre los judíos es para dedicarlo a Dios y escuchar Su Palabra, el séptimo milenio, el sábado milenial será un tiempo de enseñanza divina para todos conocer al Dios creador de los Cielos y de la Tierra. “Y de año en año subirán a Jerusalén a adorar en la Fiesta de las Cabañas o Fiesta de los Tabernáculos (dice Zacarías, capítulo 14, del verso 9 en adelante); y la nación que no suba a Jerusalén a adorar, sobre ella no vendrá lluvia,” y por consiguiente un año sin lluvia para un país es la ruina.

Y ahora, podemos ver que todo esto nos habla de un día muy especial, llamado el Día del Señor. También en, digamos en la primera, el primer tercio de ese día milenial ocurrirán los juicios divinos sobre la raza humana, llamado ese tiempo la gran tribulación, en donde se cumplirán los tres años y medio que le faltan a la semana número setenta de la profecía de Daniel; porque los primeros tres años y medio de esa semana de años fue cumplida en el ministerio de Jesucristo nuestro Salvador.

Así que, vean también en esas setenta semanas encontramos que no son semanas de siete días, sino de siete años cada semana, y siete por setenta, ¿son cuántos? Encontramos que corresponde a las semanas de Daniel en donde son cuatrocientos noventa años, y ya se han cumplido cuatrocientos ochenta y seis años y medio, y faltan solamente tres años y medio porque la semana se detuvo cuando Cristo fue crucificado. Por lo tanto, de trato de Dios con Israel para la introducción al Reino de Dios y restauración del Reino de David, o Reino de Dios a Israel, vean ustedes, le faltan tres años y medio de esa semana número setenta, pues después de sesenta y nueve semanas que están divididas en siete semanas de años y después sesenta y dos semanas que suman sesenta y nueve semanas, después de esas sesenta y nueve semanas, le sería quitada la vida al Mesías, no por sí. Eso está en el capítulo 9, versos 21 al 27, del libro del profeta Daniel.

Y ya la vida al Mesías le fue quitada dos mil años atrás, y Jerusalén fue destruida y el templo también fue destruido allá en el año 70 de la era común o era cristiana. Pero ahora en estos tres años y medio que le faltan a esa semana número setenta, Dios volverá a tratar con el pueblo hebreo como nación; porque Dios trata con Israel como nación y con los gentiles los trata como individuos o con individuos.

Y ahora, ya estamos viendo que hay días que representan años y hay días que representan milenios o mil años.

Ahora, encontramos también que nos habla de la hora de la Venida del Hijo del Hombre, por lo tanto en esos días delante de Dios hay milenios, hay también meses, hay semanas y hay días.

Y ahora en relación a un día delante del Señor como mil años para los seres humanos, media hora o una hora delante de Dios son cuarenta y algo de años.

Y ahora, nos habla Cristo del día, el día y la hora de la Venida del Hijo del Hombre. Para entender bien todo este Programa Divino que está en las profecías, y por consiguiente está sellado en parábolas a través de diferentes profecías, nos habla Cristo acerca de la Venida del Hijo del Hombre, qué fue la Venida del Hijo del Hombre dos mil años atrás. Al profeta Ezequiel y a otros profetas, Dios le llama a ellos: Hijo del Hombre, porque el título “Hijo de Hombre” es título de profeta; todo profeta es un Hijo de Hombre.

Y ahora, ¿qué fue la primera Venida del Señor o la Venida del Hijo del Hombre dos mil años atrás? Fue la Venida nada menos que del Señor, de Dios el Padre y del Ángel del Pacto vestidos de un cuerpo humano llamado Jesús, un profeta de en medio del pueblo hebreo.

Vean, aquí está para que tengamos el cuadro claro y vayamos viendo este misterio del Hijo del Hombre y Su Venida. Malaquías, capítulo 3, versos 1, dice:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.”

Ahora, dice que enviará Su mensajero el cual, ¿fue quién? Juan el Bautista, que vino con el espíritu y virtud de Elías para prepararle el camino al Señor, al Hijo del Hombre que vendría. En el libro de Deuteronomio, capítulo 18, versos 15 al 19, dice Dios a Moisés, y Moisés al pueblo: “Profeta...,” dice:

 “Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis...”

¿A quién está llamado el pueblo a escuchar? Al profeta que Dios levanta de en medio del pueblo, porque a los profetas es que viene la Palabra del Señor. “Porque no hará nada el Señor Jehová sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos Sus profetas.” (Amós, capítulo 3, verso 7).

“Y Jehová me dijo: han hablado...” Dice:

“...conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera.

Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho.

Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.

Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta.”

Y ahora, aquí Dios promete profeta como Moisés, en donde Dios colocará Su Palabra; siempre la Palabra de Dios ha estado en la boca de los profetas que Él ha enviado. Pero ahora, en los diferentes profetas que Dios ha enviado parcialmente se cumplía esta profecía, pero plenamente se cumple en el Mesías Príncipe. Veamos cómo se cumplía en cada profeta, dice Zacarías, capítulo 7, verso11 al 12, dice que el pueblo hebreo no quiso escuchar la Voz de Dios. Veamos cómo venía la Voz:

“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;

y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos.”

Y ahora, ¿cómo venía la Palabra de Dios al pueblo? La Palabra de Dios hablada por Dios dice que venía por medio de Su Espíritu, el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios, a través de los profetas; o sea, Dios en Su Ángel, el Ángel del Pacto manifestado velándose y revelándose a través de cada uno de Sus profetas y hablándoles al pueblo. Y luego vino en toda Su plenitud en Jesús, era nada menos que el Verbo, la Palabra, el Ángel del Pacto velado en carne humana, dice San Juan, capítulo 1, verso 1 al 20.

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.”

Y ahora, en el...sigue diciendo:

“Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan (o sea, Juan el Bautista).

Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él.

No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.

Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.

En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.

A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.”

O sea, vino al pueblo hebreo, ¿cómo vino? Vino en carne humana y los suyos no le recibieron.

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.”

Estos son los que reciben a Cristo como Salvador y obtienen el nuevo nacimiento por medio del Espíritu Santo, nacen como hijos e hijas de Dios en el Reino de Dios, y por consiguiente su ciudadanía está en los Cielos, como dice San Pablo, en Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21.

“...nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Y esa es la promesa para los que su ciudadanía está en los Cielos, los cuales tienen una doble ciudadanía: nacieron en la Tierra y tienen una ciudadanía terrenal del país donde nacieron y donde fueron registrados, pero por el nuevo nacimiento ahora tienen una ciudadanía celestial también, es la ciudadanía del nuevo nacimiento; porque el nuevo nacimiento, ¿de dónde es? Del Cielo. Ahora el verso 14, de este mismo capítulo 1 de San Juan, dice:

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.”

Y ahora, el Verbo que era con Dios, el Ángel del Pacto en el cual Dios estaba se hizo carne, y al hacerse carne se cumple la promesa de Isaías, capítulo 7, verso 14, donde dice:

 “He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo (un niño), y llamará su nombre (¿cómo) Emanuel (que traducido es Dios con nosotros).”

 Esa es la forma en que Dios vino vestido de un cuerpo humano llamado Jesús. En ese cuerpo estaba Dios el Padre y estaba el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, o sea, estaba nada menos que el Señor Dios de Israel y Dios de los Cielos y de la Tierra, creador de los Cielos y de la Tierra, y estaba el Ángel del Pacto o Ángel de Dios; y por consiguiente el Nombre de Dios que está en Dios, lo había colocado en Su Ángel, el Ángel del Pacto, y luego es colocado en el velo de carne llamado Jesús. Por eso Jesús decía: “Yo he venido en Nombre de mi Padre.” (San Juan, capítulo 5, verso 43).

¿Y en qué nombre venía y se manifestaba el Ángel del Pacto en el Antiguo Testamento? Veamos en el Éxodo, capítulo 23, lo que nos dice para que tengamos el cuadro claro de todo este Programa Divino, dice:

“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.”

¿Dónde Dios colocó Su Nombre? En Su Ángel, el Ángel del Pacto. Y luego cuando se hace carne, ¿dónde colocó Su Nombre? En Su velo de carne que nació de la virgen María. Y le fue dicho a la virgen María por el Arcángel que le pusiera “por nombre Jesús, y que Dios le daría el Trono de David Su padre y Él reinará sobre Israel para siempre.” (San Lucas, capítulo 1, versos 30 al 36).

Y ahora, encontramos que esa fue la forma en que Dios visitó a Su pueblo Israel. Por eso cuando Cristo resucitó el hijo de la viuda de Naín, que había muerto y lo llevaban para sepultarlo, el pueblo decía: “Dios ha visitado a Su pueblo, porque un gran profeta se ha levantado entre nosotros.” Un hombre que podía resucitar a los muertos; ya iban de camino para llevarlo, para sepultarlo y lo resucita, porque Él es la resurrección y la vida.

Y ahora, Cristo dice, hablando del tiempo final, que cuando nosotros veamos todas esas señales que Él dijo que estarían siendo manifestadas: “Levantemos nuestras cabezas al Cielo, porque nuestra redención está cerca.”

Y ahora, veamos esto en San Lucas, capítulo 21, donde nos dice de la siguiente manera. Capítulo 21, verso 27 en adelante, dice:

“Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria.

Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.”

La redención es la transformación de nuestros cuerpos y la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos glorificados, esa es la redención del cuerpo que dice San Pablo en Romanos, capítulo 8, versos 19 al 24, y también dice San Pablo en Efesios, capítulo 4, verso 30:

“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.”

Vean, el día de la redención, el día como día delante de Dios o Día Postrero, es el séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá; y día como dispensación, es también la que corresponde al siete, la séptima dispensación, que es la Dispensación del Reino; y en la Dispensación del Reino habrá un etapa, una edad que será la Edad de Oro de la Iglesia en donde la Iglesia llegará a tener la manifestación plena de Dio,; y en donde la Venida del Hijo del Hombre se cumplirá en medio de la Iglesia del Señor; porque Él viene por Su Iglesia, viene Cristo, el Ángel del Pacto en Apocalipsis, capítulo 10, versos 1 al 11. Ese Ángel Fuerte que desciende del Cielo con el librito abierto en Su mano, es Cristo, el Ángel del Pacto que libertó al pueblo hebreo, el mismo que estaba en un velo de carne llamado Jesús.

Y ahora, aparece en Apocalipsis, capítulo 10, con el librito abierto en Su mano, para entregarlo a un hombre, para que se lo coma y profetice sobre muchos pueblos, naciones y lenguas; y luego en Apocalipsis 11, encontramos a los dos Olivos profetizando sobre muchos pueblos, naciones y lenguas; y también en Apocalipsis, capítulo 7, encontramos al Ángel que sube desde donde nace el sol y viene con el Sello del Dios vivo, o sea, que viene con el Espíritu Santo, viene con el Ángel del Pacto en él manifestado, pues esa es la promesa que Cristo hace en Apocalipsis, capítulo 2, verso 28, al vencedor, donde dice: “Y la daré la estrella de la mañana.” ¿Y qué es la estrella de la mañana? En Apocalipsis, capítulo 22, verso 16, nos dice lo que es. Dice Jesús:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.”

Eso es lo que dice Cristo, el Espíritu Santo, en este pasaje.

Y ahora, es Cristo, el Espíritu Santo el que está hablando en medio de Su Iglesia. Ha hablado por medio de Sus diferentes mensajeros, y en el Día Postrero estará hablando por medio de aquel al cual le será dada la Estrella de la mañana, o sea, le será dado el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, el cual estará en él hablando a través de ese velo de carne que obtendrá la victoria; y ése será el que estará llamando y juntando a los escogidos con la gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino. Estará llamando y juntando ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu, porque para la restauración del Reino de David tienen que ser juntadas todas las tribus de Israel, y por consiguiente ése es el que buscará las tribus perdidas por medio de la gran Voz de Trompeta o gran Trompeta de Isaías, capítulo 28, verso 13.

Y también en diferentes Escrituras nos habla de esa gran Voz de Trompeta, que es la Trompeta final que tiene que sonar para ocurrir la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los vivos, conforme a las palabras de San Pablo en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58, y Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, verso 13 al 17.

A través de ese velo de carne, Cristo, el Ángel del Pacto estará velado y revelado, hablándonos este mensaje de gran Voz de Trompeta en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio de Adán hacia acá, o tercer milenio de Cristo hacia acá. Y ese tiempo será el tiempo más glorioso para el Cristianismo y también para el Judaísmo, y eso nos habla de la hora de Su Venida, corresponde a la hora de Su Venida.

Cuando estemos escuchando esa gran Voz de Trompeta, Trompeta final que es la Voz de Cristo, el Ángel Fuerte que desciende del Cielo proclamando como cuando ruge un león, y siete Truenos emitiendo Sus voces y abriéndose el misterio del Séptimo Sello, el misterio de la Venida del Hijo del Hombre, recuerden que estaremos viviendo en la hora que Él dijo que nadie conocía, “ni el día ni la hora.” Y el día es el Día Postrero, ya está abierto, y la hora es, como edad, la Edad de la Piedra Angular, y la hora como tiempo es este ciclo de cuarenta y algo de años donde se estará cumpliendo todo eso, y eso corresponde en el Programa Divino a esta profecía de la Venida del Hijo del Hombre.

Y ahora, de eso no se puede dar a conocer mucho para que no sea interrumpido, pero con lo que ya han escuchado yo creo que tendrán un entendimiento claro de lo que es la Venida del Hijo del Hombre, ¿qué fue la Venida del Hijo del Hombre dos mil años atrás? Fue la Venida de Dios el Padre con y en el Ángel del Pacto, que es el cuerpo angelical de Dios, donde está el Nombre de Dios dentro de un velo de carne llamado Jesús, dentro de un profeta.

Por eso Él usaba el Título de Hijo del Hombre porque era un profeta, era Dios el Padre y el Ángel del Pacto, que es el cuerpo angelical de Dios, dentro de un velo de carne llamado Jesús. Eso fue la Venida del Hijo del Hombre dos mil años atrás, esa fue la Venida del Mesías dos mil años atrás, el Mesías, o sea, el Ungido, el Ungido con la Presencia de Dios, el Ungido con el Espíritu Santo. Recuerden que el Espíritu Santo está tipificado en el aceite.

Y ahora, vean que todo va a ser muy pero que muy sencillo, ha sido dicho que la Venida del Señor será un secreto completamente cuando comience, o sea, la apertura o manifestación del Séptimo Sello, que es la Venida del Señor.

Pero al final del Séptimo Sello, o sea, al final de esa manifestación será el fin para la Iglesia, será el fin para el mundo agitado, será el fin de las Copas, será el fin de las Trompetas, será el fin para el mundo, o sea, corresponde al fin también del tiempo, el fin o el final del Séptimo Sello, al final del Séptimo Sello es que conocerán lo que es el Séptimo Sello, lo que era la Venida del Señor. O sea, lo que es la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

Y por eso la Venida...[corte de audio]...Sus Ángeles, los Ángeles son enviados para llamar y juntar ciento cuarenta y cuatro mil. Y vienen los Ángeles, los ministerios de los dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías vienen, ¿con qué? Con la gran Voz de Trompeta, que es el mensaje del Evangelio del Reino; y por consiguiente esos ministerios de los Ángeles de Moisés y Elías, de los dos Olivos, son los únicos que pueden hacer contacto con el pueblo hebreo, y ser bien recibidos y producir el cumplimiento de lo que ha sido prometido. Por eso están esperando la Venida de Elías que vendrá proclamando la paz imperecedera, la paz que el Mesías traerá en su Reino, la paz de Dios.

Y también están esperando a Moisés, o sea, un Moisés, uno como Moisés como fue prometido, y por consiguiente están esperando a un profeta en quien se cumplirá el ministerio de Elías y se cumplirá el ministerio de uno como Moisés.

Ahora, no vamos a especificar mucho sobre ese misterio. Pero recuerden: los judíos están esperando todas esas cosas y están esperando al Mesías, porque solamente en el Reino del Mesías es que Israel tendrá la paz permanente, la paz imperecedera, porque la paz permanente solamente viene de Dios por medio del Mesías en el Reino del Mesías.

Y ahora, podemos ver qué hora es en el reloj de Dios. Recuerden que Israel es el reloj de Dios.

Para el próximo domingo espero que antes de comenzar a predicar, hayan pasado la Conferencia Internacional “Jerusalén 2009, ” para ver todo lo que allá aconteció, y ahí van a ver algo muy importante que estuvo sucediendo allá, por lo cual vamos a ver más claramente en qué hora estamos viviendo conforme al reloj de Dios, que es Israel; representado Israel en la higuera, y los demás pueblos, los demás árboles son los demás pueblos.

Ahora, Cristo dijo: “Cuando ustedes vean todas estas cosas comenzar a suceder, erguíos y levantad vuestras cabezas, porque vuestra redención (o sea, nuestra transformación, la redención del cuerpo) está (¿qué?) cerca.” Por lo tanto, estamos esperando ¿qué? Nuestra transformación, nuestra redención física, en donde obtendremos la inmortalidad física al obtener el cuerpo eterno, inmortal, incorruptible y glorificado, como el cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador.

“¿QUÉ HORA ES EN EL RELOJ DE DIOS?”

Estamos en la hora correspondiente a la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, estamos en el tiempo, en la hora, para la Venida del Reino de Dios a la Tierra, esta es la hora más gloriosa de todos los tiempos del Cristianismo y del Judaísmo; esta es la hora más gloriosa para los creyentes en Cristo.

Aprovechemos bien este tiempo profético, en donde hay grandes bendiciones para todos los creyentes en Cristo. Yo estoy esperando mi transformación física para obtener la inmortalidad física como Cristo la ha prometido y Sus apóstoles también han hablado de esta bendición, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también.

Si hay alguno que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, no tiene esta esperanza; pero usted está aquí presente o en alguna de las naciones que están conectadas en estos momentos a través del satélite o de internet, y está escuchando todo lo que ha sido hablado, porque el nombre suyo está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida, por esa causa es que usted ha estado escuchando, Cristo dijo:

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

y yo les doy vida eterna...”

Por lo tanto, el nombre suyo está escrito en el Cielo. Recuerdan que Cristo a Sus discípulos, en una ocasión que vinieron contentos diciéndole a Jesús: “Mira Señor, aún los demonios, aún los espíritus se nos sujetan en Tu Nombre.” Cristo les dijo: “No os gocéis de eso, gozaos de que vuestros nombres están escritos en el Cielo.”

 Y ahora, yo les digo: Vuestros nombres están escritos en el Cielo, lo cual es motivo de gozo, saber que nuestros nombres están en el Cielo; por consiguiente usted es una oveja del Señor, Él dijo que “llamaría a Sus ovejas por su nombre.” (San Juan, capítulo 10.) Y dijo que: “Sus ovejas escucharían Su Voz y lo seguirían, y Él les daría Vida eterna.” San Juan, capítulo 10, verso 27; y San Juan, capítulo 10 versos 14 al 18.

Por lo tanto, si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón, si no le has recibido todavía como Salvador, lo puedes hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted.

También los que están en otras naciones, pueden recibirlo en estos momentos como su único y suficiente Salvador, para lo cual pueden pasar acá al frente los que están aquí presentes, para dar testimonio público de su fe en Cristo, recibiéndole como único y suficiente Salvador; y los que están en otras naciones, también pueden venir a los Pies de Cristo allá donde se encuentra pasar al frente, para que queden incluidos en esta oración que estaremos haciendo por todos los que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador, para lo cual ya pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo.

Los niños también de diez años en adelante, pueden venir a los Pies de Cristo porque ya tienen conciencia del bien y del mal. Cristo tiene lugar en Su Reino para los niños también, pues Él dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el Reino de los Cielos.”

De todas las decisiones que el ser humano hace en su vida, hay una que le coloca en la Vida eterna, y por consiguiente en el Reino de Dios, y es recibir a Cristo como único y suficiente Salvador; no hay otra decisión en la vida que pueda colocar al humano en el Reino de Dios, y por consiguiente en la Vida eterna.

Todos queremos vivir eternamente, y Cristo llevó a cabo el Programa de Redención, de Salvación, para que todos podamos obtener la Vida eterna, y así todos vivir en el Reino de Dios por toda la eternidad.

Dice el Evangelio según San Juan, capítulo 3, verso 16:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

La Vida eterna todos la queremos, y hay una persona que tiene la exclusividad de la Vida eterna, y Su Nombre es: SEÑOR JESUCRISTO.

Por eso es que en Primera de Juan, capítulo 5, verso 10 al 13, dice que “el que tiene al Hijo (por supuesto porque lo ha recibido como Salvador) tiene la vida,” o sea, la Vida eterna, y dice: “Más el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida,” o sea, no tiene la Vida eterna, tiene una vida temporera que se le va a terminar en algún momento y si no ha acudido a Cristo no tiene la Vida eterna. Por lo tanto, no tiene esperanza de vivir eternamente.

La única esperanza de vivir eternamente está en Jesucristo, por eso la esperanza de resurrección está en Jesucristo. Él es el que dijo, para todos los creyentes en Él: “Y yo les resucitaré en el Día Postrero.”

Es un privilegio grande recibir a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador, Él es el Rey de los Cielos y de la Tierra, y está sentado a la diestra de Dios, en el Trono de Dios, y está con Su cuerpo glorificado y tan joven como cuando subió al Cielo, y así es que Él quiere que nosotros seamos: eternos con cuerpos glorificados y jóvenes para toda la eternidad.

Todavía vienen más personas que como ustedes quieren vivir con Cristo en Su Reino, y estamos esperando a que lleguen para luego orar por todos ustedes que están presentes y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones.

Hay personas algunas veces que son tímidas, y les da timidez o vergüenza que lo vean viniendo a los Pies de Cristo para recibirlo como único y suficiente Salvador.

Pero recuerden: Jesucristo es la persona más importante en los Cielos y en la Tierra; y si recibir en nuestro hogar a un presidente de nuestra nación o de otra nación, es un privilegio grande y es una honra, cuánto más recibir al Rey de los Cielos y de la Tierra, a Jesucristo nuestro Salvador, Rey de reyes y Señor de señores.

Y ahora, no hay otro nombre en el Cielo ni en la Tierra en que nosotros podamos ser salvos. “Porque no hay otro nombre dado a los hombre en que podamos ser salvos,” nos dice San Pedro en el libro de los Hechos, capítulo 4, verso 12. Porque la Salvación pertenece al Señor, el cual dijo: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” (San Lucas, capítulo 19, verso 10; y San Mateo, capítulo 18, versos 11 al 14). O sea, que Él vino a buscarme a mí y a salvarme a mí. ¿Y a quién más? A cada uno de ustedes también. O sea, que vino por todos nosotros, vino por las ovejas del Padre que le fueron dadas para que las busque y les dé Vida eterna.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo, mientras continúan viniendo más personas a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Todos queremos ser dignos de estar en pie delante del Hijo del Hombre en Su Venida, en la hora de Su Venida, por lo cual necesitamos recibir a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador.

En las demás naciones pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Ya vamos a orar por todos los que han venido a los Pies de Cristo, nuestro Salvador. Si falta alguno por venir, puede venir para que quede incluido en la oración que estaremos haciendo por todos.

Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados los que han venido a los Pies de Cristo en esta noche, repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos; creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el único Sacrificio de Expiación por nuestros pecados. Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento.

Señor, acepto Tu Sacrificio de Expiación, acepto la redención, la salvación que Tú ganaste para mí en la Cruz del Calvario, y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Salva mi alma Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Él dijo: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado será salvo, más el que no creyere será condenado.” Tan simple como eso. (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

Por lo cual ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo lo más pronto posible.” Porque Cristo así lo ordenó, es un mandamiento del Señor Jesucristo el bautismo en agua.

El bautismo en agua es tipológico, es simbólico. El agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero vean ustedes que el mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista; entró a las aguas del Jordán cuando Juan estaba bautizando y se presenta a Juan para que lo bautice y Juan le dice, Juan el Bautista le dice: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Cristo le dice: “Deja, nos conviene cumplir toda justicia.”

Y si a Jesús le convenía cumplir toda justicia siendo bautizado, cuánto más a mí, ¿y a quién más? A cada uno de ustedes. Así que, nos conviene cumplir toda justicia y ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo; aun los apóstoles de Jesucristo fueron bautizados por Juan el Bautista, y cuando Cristo predicaba los que creían eran bautizados en agua por los apóstoles; y luego el Día de Pentecostés cuando Pedro predicó, los que creyeron que fueron como tres mil personas, fueron bautizadas en agua en el Nombre del Señor Jesucristo y fueron añadidos a la Iglesia del Señor Jesucristo, porque Dios les dio el Espíritu Santo.

Y ahora, nos conviene cumplir toda justicia. En el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida, a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan simple como eso es el simbolismo del bautismo en agua.

Y ahora, sabiendo, conociendo el simbolismo del bautismo en agua y el porqué es necesario ser bautizado, y sabiendo que es un mandamiento del Señor el cual ordenó que fueran bautizados todos los que creyeran en Él, ahora bien pueden ser bautizados.

Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro amado Señor Jesucristo.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, y pido a Dios que Sus bendiciones por medio de Cristo sean sobre todo ustedes.

Dejo con ustedes al ministro, reverendo Hugo Rodríguez Mares, para que les indique hacia dónde dirigirse cada uno para colocarse las ropas bautismales y ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y en cada nación dejo al ministro correspondiente para hacer en la misma forma. Y nos continuaremos viendo por toda la eternidad.

Pasen todos una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

 “¿QUÉ HORA ES EN EL RELOJ DE DIOS?”

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