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Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes, y los que están a través satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa a este tiempo final.

Aprecio y agradezco mucho el respaldo que le están dando a AMISRAEL, y también el respaldo que le están dando al gran proyecto de La gran Carpa-Catedral en Puerto Rico.

Que Dios les bendiga por lo que están haciendo, les prospere espiritualmente y materialmente también, y les quede acumulado en el Reino de los Cielos todo lo que están haciendo, para que lo disfruten en el glorioso Reino del Señor Jesucristo; en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para esta ocasión leemos en la Escritura de San Lucas, capítulo 2, versos 8 en adelante, donde dice acerca del nacimiento de Jesús en Belén de Judea. Dice:

“Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño.

Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor.

Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo:

que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“UN PODEROSO SALVADOR,” Dios ha levantado un poderoso Salvador.

También el sacerdote Zacarías cuando estuvo él tomando en sus brazos a su hijo Juan el Bautista (luego de haber nacido), dice Zacarías, lleno del Espíritu de Dios, dice capítulo 1, verso 67 en adelante de San Lucas:

 “Y Zacarías su padre (o sea, el padre de Juan el Bautista) fue lleno del Espíritu Santo, y profetizó, diciendo:

Bendito el Señor Dios de Israel,

Que ha visitado y redimido a su pueblo,

Y nos levantó un poderoso Salvador

En la casa de David su siervo,

Como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio.”

Aquí nos muestra que este poderoso Salvador que Dios levantó de la familia, de la casa, de la descendencia de David, había ya sido hablado por boca de los profetas de Dios, que Dios haría en esa forma, porque todo lo que Dios hace primero lo habla. “Porque no hará nada el Señor sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos Sus profetas.” (Amós, capítulo 3, verso 7). Por lo tanto, en palabras más claras: todo lo que Dios hace es lo que Él habló, dio a conocer que Él llevaría cabo.

Y ahora, encontramos que Dios había prometido un Salvador para Su pueblo, y cuando nació Jesús de Nazaret, allí estaba el Salvador, el Mesías Príncipe, el que salvaría a Su pueblo de sus pecados; le dice el Ángel a José cuando quedó embarazada la virgen María (en el capítulo 1 de San Mateo), y José siendo justo, quería dejarla porque no sabía qué había pasado. Y dice el capítulo 1, versos 18 en adelante de San Mateo:

“El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo.

José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente.

Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.

Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.

Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo:

He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo,

Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.

Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer.

Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS.”

Jesús en el idioma hebreo es el mismo nombre que le fue revelado al profeta Moisés como el Nombre de Dios. Ese es el Nombre de Dios para salvación, para redención del ser humano: “Porque no hay otro Nombre dado a los hombres en que podamos ser salvos,” dice el apóstol Pedro en el libro de los Hechos, capítulo 4, verso 12.

Por lo tanto, Jesús podía decir: “Yo he venido en el Nombre de mi Padre.” Y estaba diciendo la verdad, pues en Él estaba el Nombre de Dios; por lo cual la obra que Jesús llevaba a cabo era en el Nombre del Dios eterno; por eso Él no tenía que decir: “En el Nombre de Dios, o en el Nombre que le fue revelado a Moisés, o el Nombre de Jehová ¡levántate!” Él les decía mas bien: “Levántate, toma tu lecho y anda, o levántate, o sé sano.” O sea, “conforme a tu fe,” porque el Nombre estaba en Él.

Por eso todos los milagros que eran hechos por Jesús, cuando la gente preguntaba: “¿Cómo fueron hechos? ¿Quién lo hizo?” Jesús. ¿Ve? Ahí está el Nombre. Por cuanto estaba el Nombre de Dios ahí, todo lo que hablaba el Espíritu de Dios por medio de Jesús, vean, estaba siendo hablado en el Nombre que estaba en ese velo de carne; por lo cual era una Obra divina la que estaba siendo llevada a cabo por medio de un hombre. La cita o el pasaje que les cité donde Jesús le dice: “Yo he venido en el Nombre de mi Padre,” es San Juan, capítulo 5, verso 43, donde dice:

“Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, a ése recibiréis.”

O sea, al anticristo que viene en su propio nombre, al hombre de pecado. Pero Cristo vino en el Nombre del Padre, en el Nombre de Dios; porque todo hijo viene en el nombre de su padre.

Y ahora, para que el nombre sea colocado en una persona, pues tiene que ser en el hijo; porque el padre le coloca el nombre a sus hijos y desde antes de nacer, aun desde antes de ser concebidos los hijos, ya cuando una pareja se casa comienzan a buscar nombres para el primer hijo o hija que tengan, y buscan un nombre de niña y un nombre de varón, por si acaso; si sale niña, ya tienen el nombre de niña; y si sale varón, tienen el nombre de varón; y algunos para que sea el mismo nombre, buscan el nombre y lo ponen en masculino y en femenino. Si sale nena es el mismo nombre pero en femenino. Por ejemplo, si nace varoncito y le van a poner por nombre José, ahí tienen José; pero si nace nena, pues Josefina. Si le quieren poner Gabriel, pues ahí tienen Gabriel; y si nace nena, Gabriela, ¿ve? O sea, que no fallan.

Ahora, Dios ha levantado un poderoso Salvador, ¿por qué? Porque la raza humana necesitaba un poderoso Salvador; porque desde el día que el ser humano pecó en el Huerto del Edén perdió la vida, o sea, que el crimen más grande en la historia de la raza humana que se haya llevado a cabo, digamos que son tres: el primero no fue el de Abel, fue el de Adán y Eva, en donde el diablo por medio de la serpiente mató a Adán y a Eva. ¿Cómo que los mató, si ellos quedaron vivos? Quedaron vivos físicamente, pero murieron a la Vida eterna.

Por lo tanto, les quitó la Vida eterna a Adán y Eva. Un crimen es que una persona le quite la vida a otra; le quitó la Vida eterna a Adán y Eva, fue el crimen más grande; porque fue a la vida más importante, a la Vida eterna que murió Adán y Eva. Y Dios le había advertido a Adán, que el día que comiera del árbol de ciencia del bien y del mal, ese día moriría.

Y ahora, encontramos que luego, más adelante, novecientos treinta años después, físicamente Adán murió; porque lo que había quedado era vida temporera a Adán y a Eva; y eso es lo que al nacer nosotros en la Tierra, a través de nuestros padres terrenales, esa es la clase de vida que hemos heredado de nuestros padres, que hemos heredado de Adán y Eva, los padres de la raza humana, de la raza que viene a ser mortal. Pero ahora se necesita un poderoso Salvador, un poderoso Redentor que regrese a la Vida eterna... [Corte de audio].

...Que coma del árbol de la Vida, para que viva eternamente, y el Árbol de la Vida es Cristo, el Mesías; por eso Él decía: “Yo soy el Pan de vida que descendió del Cielo, si alguno come de este Pan vivirá para eternamente.” Ahí tienen el Árbol de la Vida, no es que era un árbol literal, era un hombre (todos saben eso), así como el árbol de ciencia de bien y del mal no era un árbol literal.

Y ahora, encontramos que la raza humana necesitaba un poderoso Salvador, un poderoso Redentor; así como el pueblo hebreo allá en Egipto estaba viviendo como esclavos, como Dios le había dicho a Abraham que su simiente sería, viviría en tierra ajena, habitaría en una tierra ajena, extraña (no le dijo que era Egipto), y luego sería esclava allí por cuatrocientos años, pero luego de los cuatrocientos años Dios los libertaría.

Recuerden que hay tiempo para todo en el Programa de Dios: hay un tiempo para la redención, para la liberación. Y dice: “Y en la cuarta generación volverán acá.” O sea, volverán a la tierra donde estaba Abraham, que sería luego la tierra prometida para el pueblo hebreo que estaba en Egipto.

Y ahora, dice: “Y a la nación a la cual servirán, juzgaré Yo.” O sea, Dios los juzgaría y establecería o hablaría el juicio que tenía que venir, o sea, la sentencia que tenía que venir sobre esa nación, la cual fue Egipto, y a través del profeta Moisés. Y el profeta Moisés, Dios le revelaba en cada momento el juicio o la sentencia; y fueron diez plagas. Es como decir nosotros: condenan a una persona, lo juzgan, lo condenan por algo, y lo sentencian a tantos años, y algunos con trabajos forzados, o forzosos.

Y aquí la sentencia fueron las plagas, diez plagas. En cada momento en que Dios le hablaba a Moisés y le mostraba, y le decía: “Esta es la plaga que viene, el castigo que viene sobre Egipto. Vé y dilo al Faraón, al rey.” Y Moisés iba y lo decía, y todo el pueblo también (hebreo) sabía por medio de Moisés el juicio que vendría sobre Egipto, no sobre el pueblo hebreo, sobre Egipto. Y luego aparecería, aparecía el juicio, la plaga sobre el pueblo egipcio.

Y así fueron diez plagas; la última fue la muerte de los primogénitos, comenzando con el hijo del faraón, el heredero al trono. Con esas diez plagas... miren, actualmente con el problema o la plaga de la influenza porcina, que le llaman, miren el problema grande: la economía de algunos países ha ido cayendo, porque con ese problema el país que es azotado, cae su moneda bastante, el turismo. Nadie quiere ir para un sitio que tenga ese problema y los aviones van con pocos pasajeros, y pueden cerrar la frontera de algún país; ya no quieren que las personas que llegan de otro país que está contaminado grandemente con ese problema de enfermedad, no quieren que pasen a su país, porque lo van a contaminar más de lo que puedan estar. Y la situación ha ido empeorando cada día, y por consiguiente la economía va cayendo, y el turismo va cayendo también.

Por lo tanto, vean, eso solamente, vamos a decir una gripe pequeña, una gripecita, una de las gripes que ahora tomó ciertas características, y que no hay vacunas todavía para evitar o prevenir. ¿Cómo serían diez plagas? Diez plagas, pero de las bravas. Con esas diez plagas quedó Egipto arruinado, y el ejército ahogado en el Mar Rojo, y el faraón... Ahí hay un pasaje que dice que faraón y su ejército fueron ahogados en el mar. [Éxodo 15:4]. Y el heredero del trono, el hijo del faraón, murió en la muerte de los primogénitos de Egipto.

Pero de los hebreos no murieron porque tenían el Sacrificio del Cordero Pascual, el cual tipifica a Cristo. Ahí está el secreto de porqué ese sacrificio de aquel corderito de un año que cada familia sacrificaba, por qué libraba de la muerte a los primogénitos hebreos. Era porque tipificaba a Cristo, el cual moriría como el Sacrificio Pascual, el Cordero Pascual, como lo anunció Juan el Bautista cuando vio a Jesús y le dijo: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.” [San Juan 1:29].

Por lo tanto, tipificando aquel cordero pascual de un año, allá en medio del pueblo hebreo, y que cada familia tomaba un corderito de un año, lo tenía por unos cuantos días y luego lo sacrificaba (tenía que ser sin defecto).

Y ahora, encontramos que el misterio de por qué funcionaba, era porque era tipo y figura del Mesías Príncipe que vendría como el Cordero de Dios para quitar el pecado del mundo, y así quitar el problema por la cual la muerte viene al ser humano, para quitar la muerte espiritual, para evitar que los hijos e hijas de Dios, los elegidos de Dios, los primogénitos escritos en el Cielo... vean que era para los primogénitos allá; y los primogénitos escritos en el Cielo, son los que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo.

Vean aquí en Hebreos, capítulo 12, el apóstol Pablo nos habla de este misterio, capítulo 12, versos 22 en adelante, cuando dice:

“Sino que os habéis acercado al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,

a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos.”

Esta congregación de los primogénitos inscritos en los Cielos, son los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo; la congregación es la Iglesia del Señor Jesucristo compuesta por todos los creyentes en Cristo, los cuales tiene sus nombres escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero.

¿Recuerdan a Jesús cuando envió a Sus discípulos a predicar y echar fuera demonios, y a sanar enfermos? Ellos fueron, cumplieron el mandato de Cristo, la misión de Cristo, y cuando regresan muy felices, le dicen a Jesús: “Señor, aun los espíritus se nos sujetan en Tu Nombre.” Cristo les dice: “No os gocéis de que los espíritus se os sujetan en mi Nombre, sino gozaos de que vuestros nombres están escritos en el Cielo, o en los Cielos.” [San Lucas 10:20].

Y es una bendición grande que nuestros nombres están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero. De eso es que habla San Pablo aquí:

“A la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos.” [Hebreos 12:23].

¿En qué parte del Cielo? En la Jerusalén celestial. Ahí, en el Libro de la Vida del Cordero están escritos los nombres de todos los hijos e hijas de Dios que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo, y que Cristo representó o tipificó en ovejas, y dice que Él llamaría Sus ovejas por Su Nombre, y que Sus ovejas escucharían Su Voz y le seguirían, y Él les daría Vida eterna. De eso es que nos habla Cristo en San Juan, capítulo 10, versos 1 al 30. Y también en San Mateo, capítulo 18, versos 11 al 14, cuando dice: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” Y también San Lucas, capítulo 19, verso 10. Y dice, [San Mateo 18:12]: “¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va tras la que se había descarriado, y va por los montes, por todos los lugares hasta encontrarla, y si la encuentra regresa con ella, de gozo le dice a la gente, a sus amigos, que ha encontrado esa oveja que se le había descarriado, y forma una gran fiesta.

 ¿No es eso lo que dice Cristo también? Cuando dice: “Cuando un pecador se arrepiente hay gozo en el Cielo.” [San Lucas 15:7]. Es lo mismo, es la fiesta del buen pastor encontrando la oveja que se le había perdido, y dándolo a conocer a sus amigos, y formando una gran fiesta. Cuando uno se arrepiente, un pecador se arrepiente, hay gozo en el Cielo; y cuando dos se arrepienten hay más gozo en el Cielo; y cuando diez se arrepienten, hay más gozo en el Cielo, o sea, que ya sabemos que hay algo que se hace en la Tierra que causa gozo en el Cielo.

Y ahora, para que eso sea posible Dios ha enviado un poderoso Salvador, un poderoso Redentor, el cual es nuestro amado Señor Jesucristo; para libertarnos, salvarnos, redimirnos, sacarnos del reino de las tinieblas y colocarnos en el Reino de Dios, que es el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Vean, aquí lo dice en Colosenses, capítulo 1, versos 12 en adelante, donde dice:

“Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz.”

Los santos en luz tienen una herencia: “Son herederos de Dios y coherederos con Cristo Jesús, Señor nuestro.” Eso es lo que dice Romanos... San Pablo en Romanos, capítulo 8, versos 14 al 23. Ahora, sigue diciendo aquí:

“El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas...”

Así como Dios libertó y libró de la potestad, del poder del Faraón al pueblo hebreo y los llevó a la tierra prometida, así también, miren:

“El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas.”

O sea, del reino de las tinieblas, del reino del maligno, del reino del diablo; y de esa dimensión quinta, en la cual existe el reino del maligno; y en donde existen esos seres, el diablo y esos ángeles caídos, esos espíritus malignos, pues están ellos en cuerpos espirituales:

“El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo,

en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.”

Y ahora, nos ha librado de la potestad de las tinieblas, del poder de las tinieblas, del poder de ese reino de las tinieblas, y nos ha trasladado, ¿dónde? Al Reino de Su amado Hijo, al Reino de Cristo.

Vean, por eso San Pablo decía que no tenemos lucha contra y carne ni sangre, sino que nuestra lucha es contra potestades, contra poderes de otro mundo, de otra dimensión, y así por el estilo. Es una lucha, una batalla que existe hace miles o millones de años, desde que el diablo se reveló en contra de Dios en el Cielo; y esa batalla, esa lucha, esa guerra ha venido a la raza humana, a la Tierra, y ha continuado acá en la Tierra.

Por eso ustedes encuentran desde el Génesis el bien y el mal, al Árbol de Vida y árbol de ciencia del bien y del mal. Y así por el estilo ustedes encontrarán que siempre se ha estado llevando a cabo una lucha entre el bien y el mal. Pero, conforme a las profecías bíblicas, el bien obtendrá la victoria.

Por lo tanto, Cristo obtendrá la victoria y Su Reino lo establecerá en la Tierra.

Ahora, hubo una lucha grande, porque cuando Cristo estuvo aquí en la Tierra, y la lucha fue por el Trono celestial; el Trono de Dios en el Cielo en el cual se tenía que sentar un hombre, una persona con Dios; era el tiempo para eso, y ahora el diablo trató de obtener ese Trono; si lo obtenía toda la creación sería gobernada por el reino de las tinieblas, que estaría fusionado con el Reino de Dios. Pero si el Mesías Príncipe obtenía la victoria, entonces se sentaría el Mesías Príncipe en el Reino celestial de Dios con un cuerpo glorificado, y el Reino de Dios estaría fusionado con el Reino del Mesías, el Reino de luz, el Reino del bien, para bendición de la raza humana y de toda la creación.

Se tenía que pagar el precio de la redención y el diablo no podía, ni tampoco llevó a cabo la redención; hubiera tenido que por medio de Judas Iscariote, que era su instrumento, realizar la redención. Pero miren, en un árbol, pero no es el árbol de la Cruz del Calvario; en otro árbol se ahorcó, no fue crucificado. ¿Ve?

Y ahora, el Mesías Príncipe tenía que morir para llevar a cabo la redención con Su Sangre, y tenía que ser conforme al Programa Divino, así lo hizo y al tercer día resucitó; resucitó victorioso, glorificado, ni lo conocían. Hay una diferencia entre el cuerpo que había sido tan maltratado por Sus enemigos, desfigurado, hasta Su imagen humana fue alterada con los golpes y todo lo que hicieron contra Él, y Su cuerpo también.

Y cuando resucitó, resucitó glorificado lleno de energía. Entraba donde estaban los discípulos, aunque tenían las puertas cerradas, entraba, ¿y por dónde entró Él? Decían: “Es un espíritu, pues tenemos las puertas cerradas y nos aparece dentro, y ahora está con nosotros y desaparece, es un espíritu.” Pero no, Cristo les dice: “Soy Yo.”

Ahora, no lo conocían, de un cuerpo y de un rostro que había sido todo alterado con los golpes y todas estas cosas. ¿Ven el fanatismo religioso hasta dónde lleva? Y el fanatismo político también, que se unieron y los dos trataron muy mal el cuerpo de Cristo, lo desfiguraron; pero en la resurrección, por cuanto la resurrección es en cuerpo glorificado, así será para los creyentes en Cristo.

Cristo resucitó glorificado, y María Magdalena que conocía a Jesús, ahora cuando lo ve, allí en donde estaba el sepulcro, creyó que era el que estaba a cargo del cementerio, y le dice: “Si tú has tomado el cuerpo de mi Señor, dámelo.” Ella quería que le dijera donde estaba, que le entregara el cuerpo. Y está hablando con este joven, y Él le dice: “María,” y de seguro le habló el nombre en la misma forma que en otras ocasiones, cuando estaba todavía en Su cuerpo físico, antes de ser crucificado, y cuando ella escucha el nombre se da cuenta que es la voz de Jesús.

En la resurrección el cuerpo es joven, glorificado, eterno, inmortal, incorruptible e interdimensional, puede pasar a través de las paredes sin ningún problema; porque pasa de una dimensión a otra y aparece en un sitio y desaparece. Dijo a María Magdalena y a las otras mujeres que estaban allá: “Vayan a mis discípulos y les dicen que vayan allá a Galilea, y allá Yo les voy a ver.” Y cuando ellos llegaron, ya Jesús estaba allá; y no solamente eso: le aparecía en diferentes ocasiones durante cuarenta días, y aunque tenían las puertas cerradas por miedo a los judíos, Él entraba y luego salía.

Los caminantes de Emaús viajaron, y Él iba con ellos hablándoles las Escrituras, y ellos sentían que esa Palabra llegaba a lo profundo del alma, del corazón, ardía adentro como un fuego; y cuando llegan al lugar adonde se tenían que detener para pasar la noche y allí cenar, Jesús hace como que va a seguir, como cuando ustedes van con alguien y quieren que lo inviten a tomar algún café o algo así, y usted le dice:  – “Bueno, nos vemos.”

– “No, no te vayas.” Eso era lo que usted quería que le dijeran que no se fuera.

O sea, usted se está invitando, quieren que lo invite, se está invitando en esa forma, en una forma indirecta; y así mismo hizo Jesús. Y ellos le dicen: “No, ya está cayendo la tarde, el día, ha caído el día ya, va a anochecer. ¡Quédate con nosotros!” Les gustó lo que le estaba hablando.

Es que la Palabra es dulce en la boca y en el corazón, aunque por causa de la Palabra vienen persecuciones y algunas personas critican al creyente, pero esa es la parte amarga; pero en el alma, dentro de la persona es dulce como la miel. No hay cosa más dulce que la Palabra de Dios, la Palabra de Dios revelada para el tiempo en que la persona está viviendo.

Y ahora, se sientan a la mesa, lo invitan a cenar, colocan el pan, colocan lo que van a comer, y entonces Jesús toma el pan y levantando los ojos al Cielo, da gracias y parte el pan. Y cuando hace esto, se dan cuenta que es Jesús; porque lo hizo en la misma forma que siempre lo hacía cuando estaba con ellos; y desapareció. Se levantan de la mesa, van a donde están los apóstoles, los demás apóstoles, a darles la noticia de que habían visto al Señor; y las mujeres también que habían visto a Jesús dan la misma noticia, y ya se corre la voz que Jesús ha resucitado.

Pero como Pedro, ni Tomás tampoco lo habían visto, todavía faltaba para ellos, ellos verlo para creer; porque algunos son como Tomás: “Si yo no veo, no creo.”

Y ahora, ya Cristo resucitado y glorificado, vean, aparecía y desaparecía. ¿A cuántos les gustaría un cuerpo como ese? Pues la buena noticia es que esa es la clase de cuerpo que Cristo ha prometido para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también. Así que, en este cuerpo físico que tenemos lo que hacemos es pasar una temporada, unas vacaciones para hacer contacto con la Vida eterna, para tener nuestro pasaje a las Cena de la Bodas del Cordero comprado; Cristo lo pagó, y el boleto es el Espíritu Santo.

El bautismo del Espíritu Santo es la evidencia de que vamos a estar en la Cena de las Bodas del Cordero; y luego, la otra evidencia será el cuerpo nuevo y eterno. O sea, ambas cosas: el bautismo del Espíritu Santo y el cuerpo glorificado, es la vestidura de Boda.

La primera porción de la vestidura de Boda: el bautismo del Espíritu Santo donde obtenemos el cuerpo angelical; y la segunda parte del vestido de Boda: el cuerpo físico glorificado que hemos de recibir; y cuando lo tengamos vamos a estar una temporadita aquí en la Tierra como Jesús: luego de estar resucitado estuvo una temporada de cuarenta días, pues estaremos de treinta a cuarenta días aquí, y ahí habrá una manifestación muy grande del poder divino; porque todos los hijos e hijas de Dios, de la Iglesia, los miembros de la Iglesia de Jesucristo, los redimidos de las edades pasadas y de nuestro tiempo estarán con nosotros aquí en la Tierra en cuerpos glorificados, cuerpos eternos y con todo el poder de Dios en ellos.

No habrá limitaciones en cuanto a las cosas que estarán pasando. Dios estremecerá este mundo como nunca antes lo había hecho; y después, pues nos iremos de aquí a la Cena de las Bodas del Cordero a la fiesta más grande que se haya llevado a cabo en el Cielo. ¿Y por qué no se había llevado a cabo antes? Porque estaba esperando por nosotros.

Todos los invitados tienen que estar listos con la vestidura de boda puesta, para ir a la Cena de las Bodas del Cordero. Por tanto, estamos esperando esa vestidura de boda física también: el cuerpo físico, eterno, inmortal, incorruptible y glorificado como el cuerpo glorificado de Jesucristo, el cual está tan joven como cuando subió al Cielo; y también el cuerpo glorificado que Él nos dará será joven para toda la eternidad.

Por lo tanto, no tendremos que preocuparnos del cabello, siempre va a tener el mismo color, no habrá necesidad de tinte y de cosas así, ya tendrá el cuerpo nuevo todo lo que se requiere para vivir eternamente, y entonces seremos físicamente inmortales, así como Jesucristo es inmortal físicamente también.

Y ahora, estamos esperando ese momento glorioso, pero no puede ocurrir la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los vivos hasta que no haya recibido a Cristo hasta el último escogido, hasta el último elegido, hasta el último que formaría la Iglesia del Señor Jesucristo o que completaría la Iglesia del Señor Jesucristo. Por eso se continúa evangelizando por todos los lugares; si usted y yo supiéramos dónde está el último escogido, lo buscaríamos; pero antes del último viene el penúltimo, y vienen los que están antes del último.

Así que, puede ser un familiar de ustedes el último, el penúltimo; por lo tanto hay que tenerle la Palabra a ellos, invitarlos también a las actividades para que escuchen y nazca la fe de Cristo en su alma, crean en Cristo y lo reciban como único y suficiente Salvador; por eso se continua evangelizando, pues es la orden de Cristo cuando dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” Tan simple como eso. [San Marcos 16:15-16].

El ser humano solamente para escoger tiene una de dos cosas: cree o no cree; no puede escoger las dos. Con el corazón se cree y también con el corazón se duda, se es creyente o se es incrédulo acá en el corazón. Por lo tanto, se predica el Evangelio para que nazca la fe de Cristo en el alma de todas las personas, y así los que son de Dios escucharán la Voz de Dios, “el que es de Dios, oye la Voz de Dios.” Las ovejas del Señor, dice Cristo:

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

 y yo les doy Vida eterna...” [San Juan 10:27-28].

Se predica el Evangelio para que escuchen la Voz de Cristo, que es el Evangelio, y crean y lo reciban como Salvador y Cristo les dé Vida eterna. Ese es el Programa Divino, por eso también Él dijo a Nicodemo en San Juan, capítulo 3, versos 1 al 6: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.” Esa es la forma en que se entra: nacer del Agua, es nacer del Evangelio de Cristo; y nacer del Espíritu, es nacer del Espíritu Santo. Tan simple como eso.

Y así es como se nace de nuevo, porque el nacimiento que tuvimos por nuestros padres fue a la vida terrenal, a la vida temporera, pero el nuevo nacimiento es a la Vida eterna. Para entrar a este reino terrenal tuvimos que nacer, y para entrar al Reino de Dios, tenemos que nacer de nuevo, nacer del Agua y del Espíritu; para eso se predica el Evangelio de Cristo, y se da la oportunidad a las personas que reciban a Cristo como único y suficiente Salvador; y se les anuncia que por medio de Cristo y Su Sangre derramada en la Cruz del Calvario, Su Obra de Redención en la Cruz, la persona creyendo y recibiéndolo como Salvador, obtiene el perdón de sus pecados y obtiene la salvación y Vida eterna.

Vean lo que dice Cristo en San Lucas, capítulo 24, versos 43 en adelante:

“Y él lo tomó (esto fue cuando ya había resucitado)...lo tomó, y comió delante de ellos.

Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.

Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras.”

Dios tiene que abrirle el entendimiento a la persona para que pueda comprender las Escrituras, tiene que ser una obra de Dios.

“Y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día;

y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.

Y vosotros sois testigos de estas cosas.

He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.”

Porque la predicación tiene que ser bajo la unción del Espíritu Santo, y eso será el Espíritu Santo hablando por medio del predicador, del ministro.

Y ahora, hemos visto que Él ordenó que se predicase en Su Nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. El arrepentimiento y perdón de pecados se predica en el Nombre del Señor Jesucristo. “Porque no hay otro Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos.” (Libro de los Hechos, capítulo 4, verso 12).

Yo escuché la predicación del Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en mi alma y lo recibí como mi único y suficiente Salvador; porque Él es el poderoso Salvador, poderoso Redentor que Dios ha levantado para efectuar la redención, la salvación del ser humano. Él es mi poderoso Salvador, ¿y de quién más? De cada uno de ustedes también.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, como su poderoso Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted. Los que están aquí presentes y también los que están en otras naciones pueden recibirlo como vuestro único y suficiente Salvador, si todavía no lo han recibido; y estaremos orando por usted.

También los niños de diez años en adelante pueden recibirlo (también) como su Salvador, pues ya tienen conciencia del bien y del mal, para lo cual pueden pasar acá al frente todos los que todavía no lo han recibido, para recibirlo como su único y suficiente Salvador. Y los que están en otras naciones también pueden pasar al frente para recibirlo y para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que le reciben como su Salvador en esta ocasión.

Dios tiene mucho pueblo en esta ciudad de New York, y los está llamando; y en toda la nación americana. Y también en toda la América Latina y en todas las naciones. Las ovejas del Señor, los hijos e hijas de Dios están en todas las naciones, y por medio del Evangelio de Cristo las ha estado llamando y continúa llamándolas en este tiempo final. Por eso Él dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.”

¿Por qué? Porque las ovejas, los hijos de Dios estarían ¿dónde? En todo el mundo; por eso el trigo fue sembrado en el campo y el campo es ¿qué? El mundo entero; y el trigo son los Hijos del Reino, los que serían restaurados al Reino de Dios, al Reino de Jesucristo, el Hijo de Dios.

Vuestros nombres están escritos en el Cielo en el Libro de la Vida, pues Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen.” Por eso se predica el Evangelio, y Dios por Su Espíritu guía a las personas para que escuchen la predicación del Evangelio y nazca la fe de Cristo en su alma y lo reciban como su único y suficiente Salvador.

Por lo tanto, no tengan duda en que vuestros nombres están escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, aunque nunca antes hayan recibido a Cristo como Salvador, pero están escuchando la predicación del Evangelio, y ha nacido la fe de Cristo en vuestra alma y ahora tienen la oportunidad de dar testimonio público de vuestra fe en Cristo recibiéndole como vuestro único y suficiente Salvador.

Cristo dijo: “El que me confesare delante de los hombres, Yo le confesaré delante de mi Padre que está en los Cielos.” (San Mateo, capítulo 10, versos 32 al 33). “Mas a cualquiera que me negare delante de los hombres, Yo también le negaré delante de mi Padre que está en los Cielos.”

Si le negamos, Él nos negará delante del Padre celestial; si lo confesamos públicamente como nuestro único y suficiente Salvador, Él nos confesará delante del Padre celestial. Lo más importante para el ser humano es una sola cosa, ¿qué es? La Vida eterna. No hay otra cosa más importante para el ser humano. Y la Vida eterna solamente se puede obtener por medio de Jesucristo nuestro Salvador.

“Dios nos ha dado Vida eterna y esta Vida está en Su Hijo Jesucristo. El que tiene al Hijo (a Jesucristo) tiene la Vida, la Vida eterna.” De eso es que nos habla Primera de Juan, capítulo 5, versos 10 al 13. “También Dios muestra Su amor para con nosotros, en que siendo aun pecadores, Cristo murió por nosotros.”

Él es la Expiación de nuestros pecados, y por nuestros pecados. De eso fue que habló San Pablo en Romanos, capítulo 5, versos 6 al 10. El eslabón entre Dios y el ser humano tiene un Nombre: SEÑOR JESUCRISTO. En la cadena de la decendencia de Dios el eslabón más importante es el que une al ser humano con Dios, y ese es Jesucristo.

La ciencia está buscando el eslabón perdido entre el ser humano y la raza animal; pero cuando se predica el Evangelio de Cristo, se le muestra al ser humano el eslabón entre el ser humano y Dios, que es Cristo, ¿para qué? Un eslabón une una parte de la cadena con la otra parte de la cadena. Y en la cadena de Dios y Su descendencia, Cristo es ese eslabón que nos une con Dios. Sin Cristo el ser humano no sabe que hay Dios, pero con Cristo queda el ser humano unido a Dios.

En la misma imagen y semejanza, que es Cristo, serán todos los hijos e hijas de Dios, los creyentes en Cristo nuestro Salvador; por eso la resurrección de los muertos en Cristo será en cuerpos eternos, cuerpos glorificados, cuerpos interdimensionales, pues para ir a la Cena de las Bodas del Cordero que será en la Casa del Padre celestial, no hay aviones que lleguen allá, no hay cohetes que lleguen allá.

El ser humano no tiene ningún medio científico, ningún medio mecánico que nos puede llevar a la Casa de Dios, a la Casa del Padre celestial, a esa dimensión divina. Pero Cristo subió al Cielo sin ningún medio de transporte, y fue llevado a la Jerusalén celestial, al Trono de Dios, y allí está como Sumo Sacerdote intercediendo por todos los que lo reciben como su único y suficiente Salvador. Y para la Casa de nuestro Padre celestial Él nos va a llevar, Él sabe el camino, Él es nuestro guía. Bien dijo Él: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.” [San Juan 14:6]. Por lo tanto, tenemos el guía correcto: Jesucristo nuestro Salvador.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo. Los que están en otras naciones, también puestos en pie para a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Si recibir al presidente de la nación donde uno vive o al rey es un privilegio grande, cuánto más recibir al Rey de los Cielos y de la Tierra, a Jesucristo que está sentado en el Trono de Dios, el cual es el Rey de reyes y Señor de señores; recibirlo acá en nuestra alma, en nuestro corazón es el privilegio más grande, y tenerlo ahí para que gobierne nuestra vida; tenerlo ahí como nuestro Señor, gobernando, dirigiendo nuestra vida.

Ya vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo. Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo repitan conmigo esta oración, los que está presentes y los que están en otras naciones.

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero entrar a Tu Reino, quiero vivir eternamente Contigo en Tu Reino. Sálvame Señor; Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo con Su Sangre los ha limpiado de todo pecado, los ha recibido en Su Reino a todos, porque ustedes han escuchado la predicación del Evangelio de Cristo y nació la fe de Cristo en vuestra alma, y lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Me preguntarán ustedes: “¿Cuándo me pueden bautizar? Pues Él dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado será salvo.”

¿El próximo domingo hay bautismos? El próximo domingo hay bautismos en las diferentes congregaciones, por lo tanto vayan preparados para el bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo; habrá bautisterios, y también ropas bautismales en la iglesia o diferentes iglesias en las cuales o a una de las cuales usted puede estar el domingo próximo y ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

 Continúen pasando todos una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Voy a dejar al reverendo, al doctor Miguel Bermúdez Marín por aquí, el cual concluirá nuestra parte en esta noche, y luego le pasará al ministro correspondiente.

Fue un privilegio grande estar con ustedes, verles y saber que les veré por toda la eternidad en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Dios les bendiga y les guarde a todos. Para los que están en otras naciones y tienen bautisterios allá, pueden ser bautizados en estos momentos también en las demás naciones que tienen bautisterios. Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“UN PODEROSO SALVADOR.”

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