ImprimirImprimir

Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes y todos los que están a través del satélite Amazonas y de internet en diferentes naciones; es una bendición y privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Pido al ministro y a su esposa, su familia, se acerquen acá. Vamos a dedicar este lugar a Dios para la gloria de Cristo y la reunión de todos los hijos e hijas de Dios, que Dios llame para alabar a Dios en este lugar y oír Su Palabra. Vamos a inclinar nuestros rostros para orar:

Dios eterno, he aquí este lugar ha sido construido para Tu obra, para que Tu presencia esté aquí y Tus hijos estén aquí para glorificar y alabar Tu Nombre, y para alimentar Tus ovejas en este lugar con Tu Palabra correspondiente a este tiempo final.

Dios eterno, presento a Ti también al ministro, Enrique Cano Hernández y a su esposa Daría González de Cano, su hija Alicia, su nuera Miyelypex y su nieto Yafet Isaías. Y Te ruego, Señor, Tú les uses en este lugar junto al pastor para bendición de todos los que aquí se reúnan siempre.

Te ruego los uses a ellos junto a la congregación en todas las labores correspondientes a Tu Iglesia en la evangelización, también en la actividades de reuniones en este lugar y todas las demás labores respaldando todo Tu Programa correspondiente a este tiempo final.

Te pido Tu bendición y presencia en ellos, en el ministro junto a su familia, y también en toda la congregación que aquí se reúne, que sean de bendición para esta comunidad y para toda la República Mexicana y sobre todo para el Reino de Dios. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Este lugar ha sido dedicado para Dios en la presencia de Cristo en Espíritu Santo en medio de Su pueblo, en medio de Su Iglesia, y para la reunión de todos los hijos e hijas de Dios que aquí vendrán para alabar a Dios, glorificar a Dios y escuchar Su Palabra y trabajar por la Obra de Dios.

Nos habla la Escritura del consejo divino, del consejo de Dios; y todos UNIDOS TRABAJANDO CON LOS CONSEJOS QUE EL SEÑOR JESUCRISTO NOS DA, obtendremos siempre éxito en la Obra de Dios correspondiente a este tiempo final.

Vean, San Pablo nos dice en el libro de los Hechos, capítulo 20, verso 20 al 21 y luego 27 al 28, de la siguiente manera:

“Y cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas (o sea, que no ha rehuido),

testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo.

Ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy a Jerusalén, sin saber lo que allá me ha de acontecer.”

Y luego, verso 27 al 28, dice:

“Porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios.

Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre.”

Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

La Iglesia del Señor Jesucristo está compuesta por las personas creyentes en Cristo, los cuales lo han recibido como único y suficiente Salvador, y ese es el pueblo de Dios bajo el nuevo Pacto del cual Dios habló en Jeremías, capítulo 31, versos 31 al 36, cuando dijo:

“He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá.”

De esto es que San Pablo nos habla en Hebreos, capítulo 8, verso 7 en adelante cuando dice:

“Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo.

Porque reprendiéndolos dice:

He aquí vienen días, dice el Señor,

En que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto;

No como el pacto que hice con sus padres

El día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto;

Porque ellos no permanecieron en mi pacto,

Y yo me desentendí de ellos, dice el Señor.

Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel

Después de aquellos días, dice el Señor:

Pondré mis leyes en la mente de ellos,

Y sobre su corazón las escribiré;

Y seré a ellos por Dios,

Y ellos me serán a mí por pueblo.”

Aquí podemos ver que Dios ha estado escribiendo Sus leyes en la mente y el corazón de todos aquellos que han entrado a este nuevo Pacto que Dios ha hecho con Su pueblo, y este nuevo Pacto que Dios ha hecho con Su pueblo, lo ha establecido por medio de Cristo nuestro Salvador.

Vean aquí, de este nuevo Pacto que habló en Jeremías, capítulo 31, versos 31 al 36, y en Hebreos San Pablo (Hebreos, capítulo 8); ahora Cristo en la última cena que tuvo con Sus discípulos, la última pascua, la cena pascual, dice en el capítulo 26 de San Mateo, versos 26 al 29:

“Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.

Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos;

porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”

Y ahora, vean cómo Cristo nos habla aquí del nuevo Pacto que Dios había prometido hacer con Su pueblo, y la Sangre del nuevo Pacto es la Sangre de Cristo, el Sacrifico del nuevo Pacto para el ser humano ser reconciliado con Dios, es el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario, ese es el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, de lo cual estaba prometido en Isaías, capítulo 53, verso 10, hablando acerca del Mesías Príncipe y representándolo en una oveja.

Recuerden que Juan cuando vio a Jesús dijo: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.” Por lo tanto, está tipificado en una oveja, en el cordero pascual y también en el macho cabrío de la expiación. El cordero pascual fue sacrificado por cada familia allá en Egipto, por cada familia hebrea, para preservación de la vida de los primogénitos en cada hogar hebreo; y esa noche la muerte pasaría por Egipto y morirían todos los primogénitos comenzando desde el hijo primogénito del faraón.

Y toda familia que no tuviera en el dintel y los postes de la puerta de su hogar la sangre aplicada, la sangre del cordero pascual, el primogénito tenía que morir; pero los hebreos tenían el consejo divino que fue dado a Moisés, y Moisés lo dio al pueblo hebreo, tenían la revelación divina de cómo escapar del juicio divino que vendría sobre Egipto en la noche de la Pascua.

Y ahora, veamos aquí lo que nos dice, hablando del Mesías Príncipe, profetizando del Mesías Príncipe, Isaías, capítulo 53, verso 6 en adelante... tenemos que comenzar un poco antes, verso 4 en adelante dice de Isaías 53:

“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.

Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.

Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca (por eso le preguntaban y Él permanecía callado).

Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido.

Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca.

Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada (aquí nos muestra que pondrá Su vida en Expiación por el pecado).

Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos.”

Ahora vean, esta profecía de Isaías se cumplió en Jesús cuando fue tomado preso, fue castigado, juzgado y castigado y luego crucificado, ¿y qué se estaba llevando a cabo allí? El Sacrificio de Expiación por nuestros pecados; estaba Él llevando nuestros pecados y así vino a ser mortal, muriendo por todos nosotros con y por nuestros pecados, para reconciliarnos con Dios.

Vean, en Romanos el apóstol Pablo nos dice en el capítulo 5, versos 6 en adelante:

“Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.

Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno.

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.

Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.

Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.”

Hemos recibido la reconciliación con Dios por medio de Cristo y Su muerte en la Cruz del Calvario, que es el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, para ser limpios de todo pecado con la Sangre de Cristo nuestro Salvador.

Así es como en el consejo divino obtenemos el perdón de nuestros pecados, somos limpios de todo pecado con la Sangre de Cristo, somos luego bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y luego Él nos bautiza con Espíritu Santo y Fuego y produce en nosotros el nuevo nacimiento, y así es como nacemos del Agua y del Espíritu, del Evangelio de Cristo y del Espíritu Santo, y entramos al Reino de Dios, al Reino del cual le habló Cristo a Nicodemo en el capítulo 3, verso 1 al 6 de San Juan, en donde Nicodemo vino a Jesús de noche y Jesús le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios,” Nicodemo pensó que le estaba hablando de un nuevo nacimiento físico, y le pregunta: “¿Cómo puede hacerse esto? ¿Puede acaso el hombre ya siendo viejo, entrar en el vientre de su madre y nacer?” Cristo le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es. No te maravilles de que te dije: os es necesario nacer de nuevo.”

Y para todo ser humano es necesario nacer de nuevo para entrar al Reino de Dios, así como para entrar a este reino terrenal en el cual vivimos, tuvimos que nacer, el que no nació, pues no ha vivido en esta Tierra.

Y ahora, al nacer en esta Tierra obtenemos y venimos con una vida: vida temporera, que nos dura una cantidad de años, pero luego se acaba, pero que al venir a esta Tierra para vivir una temporada, nos da la oportunidad de obtener la Vida eterna por medio de Jesucristo nuestro Salvador, y así es como el consejo de Dios dado para el ser humano nos enseña cómo obtener la Vida eterna, y ese es el consejo divino que está revelado en el Evangelio de Cristo, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga Vida eterna.

De eso es que nos habla San Juan, capítulo 3, verso 13 en adelante, dice:

“Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo.

Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado,

para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Ese es el propósito divino de la Venida de Cristo dos mil años atrás a la Tierra, Su muerte en la Cruz del Calvario, levantado como Moisés había levantado la serpiente de bronce en una vara para que todas las personas que eran mordidas por serpientes venenosas, que quedan sentenciados a muerte, tuvieran una oportunidad, una última oportunidad y tuvieran así la esperanza de continuar viviendo, de no perder la vida; y eso era dándole una mirada de fe a aquella serpiente de bronce que Moisés había levantado en el desierto, la cual era un tipo y figura de Cristo crucificado.

Ahí estaba el secreto del porqué tenía ese efecto positivo para las personas que con una mirada de fe miraran a esa serpiente de bronce levantada en una vara. No era que el bronce o la vara tenía un poder, no, era que representaba a Cristo siendo crucificado en la Cruz del Calvario, el cual con Su muerte en la Cruz del Calvario llevando nuestros pecados, sería la única esperanza de salvación y Vida eterna para el ser humano; con una mirada de fe a Cristo y Su Sacrificio en la Cruz del Calvario, la persona obtiene la esperanza de vivir eternamente, porque creyendo a Cristo y Su muerte en la Cruz del Calvario, y recibiéndolo como único y suficiente Salvador y siendo bautizado en agua en Su Nombre y recibiendo Su Espíritu Santo, la persona obtiene la Vida eterna con una mirada de fe a Cristo.

Por lo tanto, vean, aún nosotros sin haber nacido en la Tierra, ya Cristo estaba muriendo por nosotros en la Cruz del Calvario para que pudiéramos obtener el perdón de nuestros pecados, ser limpios de todo pecado, ser bautizados en agua en Su Nombre, recibir Su Espíritu Santo y obtener la Vida eterna. Por eso fue que Él dijo a Sus discípulos.

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

Y ahora, podemos ver que es un asunto de fe. Una mirada de fe a Cristo y Su muerte en la Cruz del Calvario nos da la salvación y Vida eterna para tener así asegurado nuestro futuro eterno. ¿En qué otra forma usted podría asegurar su futuro eterno? No hay otra forma. Cristo mismo dijo: “Porque el Hijo del Hombre ha venido para buscar y salvar lo que se había perdido.” San Lucas, capítulo 19, verso 10; y San Mateo, capítulo 18, verso 11 al 14: “Porque no es la voluntad de nuestro Padre que está en los Cielos que se pierda uno de estos pequeñitos,” de estas personas que también están representados en ovejas. Vean, Cristo dijo en San Juan, capítulo 10:

“Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.”

Y también dijo: “También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.”

La Voz de Cristo el buen Pastor, es el Evangelio de Cristo, y las ovejas que escucharían Su Voz serían aquellas personas que escucharían la predicación del Evangelio de Cristo y lo recibirían como único y suficiente Salvador, y dice: “Y habrá un rebaño y un pastor.” El rebaño es la Iglesia del Señor Jesucristo compuesto por todos los creyentes en Cristo, y el buen Pastor es Jesucristo, y las ovejas ¿quiénes son? Todos nosotros creyentes en Cristo.

También Él dijo en San Juan (eso fue San Juan, capítulo 10, versos 14 al 18)... Él dijo:

“Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.”

O sea, que Él vino con una misión divina a la Tierra, y era morir por todos nosotros para redimirnos, para regresarnos a Dios y Su Reino con Vida eterna. También en San Juan, capítulo 10, versos 27 en adelante, dice:

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

y yo les doy vida eterna.”

Escuchamos la predicación del Evangelio de Cristo, que es la voz de Cristo, lo seguimos, lo recibimos como nuestro Salvador y Él nos da Vida eterna. No hay otra persona que nos pueda dar Vida eterna, porque la exclusividad de la Vida eterna Dios la ha dado a Jesucristo para que por medio de Cristo nosotros obtengamos la Vida eterna, por lo tanto, Él es el que nos otorga la Vida eterna.

Vean, Primera de Juan, capítulo 5, versos 10 en adelante, dice:

“El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo.

Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.”

Dios nos ha dado Vida eterna. ¿Y dónde está la Vida eterna que Dios nos ha dado? Está en Jesucristo. Dice:

“El que tiene al Hijo, tiene la vida (o sea, el que ha recibido a Cristo, tiene a Cristo en su corazón, tiene la Vida eterna); el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.”

No tiene la Vida eterna, lo que tiene es una vida temporera que se le va a terminar en algún momento, y ni siquiera sabe cuándo se le va a terminar la vida temporera.

El ser humano nace en la Tierra con angustia existencial, porque no sabe de dónde ha venido, no sabe porqué está aquí en la Tierra, y no sabe a dónde va cuando muera su cuerpo físico; y hay algunos que no saben ni lo que son como seres humanos.

Dios, así como Dios es trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo, el ser humano que fue creado por Dios también es trino, porque Dios lo creó a Su imagen y semejanza, por lo tanto, el ser humano es alma, espíritu y cuerpo.

Cuando termina nuestro tiempo aquí en la Tierra lo que muere es el cuerpo físico que se va poniendo viejo y muere de edad avanzada o por alguna enfermedad o por algún accidente, y muere a cualquier edad; no tiene una edad determinada para morir el cuerpo físico, mueren los bebés, mueren los niñitos, mueren lo jovencitos, mueren los adultos y mueren también los ancianos, en diferentes etapas de la vida mueren los seres humanos. O sea, en alguna de esas etapas la persona tiene que dejar esta habitación terrenal, el cuerpo de carne, para pasar a otra dimensión; y hay dos dimensiones, una para los creyentes en Cristo llamado el Paraíso, y otra para los no creyentes que son llamados también incrédulos, la cual es la quinta dimensión llamada por muchos el infierno, tan claro como eso usted lo debe de comprender para que antes de terminar Su vida en la Tierra sepa a dónde ir, para que usted que tiene libre albedrío, porque Dios le dio libre albedrío al ser humano desde Adán, le toca a usted saber a dónde va cuando terminen sus días aquí en la Tierra.

Así como Dios colocó delante de Adán el Árbol de la Vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal, que vino a ser el árbol de la muerte, todo ser humano también tiene delante de sí la vida y la muerte; Cristo es el Árbol de la Vida.

Por lo tanto, todos estamos llamados a recibir a Cristo como Salvador, lo cual es comer del Árbol de la Vida, para vivir eternamente con Cristo en Su Reino. De otra forma no tendremos esperanza de vivir eternamente en el Reino de Dios, de otra forma no tendremos la esperanza de resucitar en el Día Postrero en la primera resurrección que corresponde a los creyentes en Cristo que han muerto físicamente, y para los que estén vivos creyentes en Cristo nacidos de nuevo, será la transformación de sus cuerpos, de cuerpos mortales a cuerpos inmortales, cuerpos incorruptibles, cuerpos glorificados, cuerpos jóvenes para toda la eternidad.

De eso es que se trata el día de la redención para la redención de la persona que será la redención del cuerpo en donde obtendrá la inmortalidad la persona, y vivirá eternamente en un cuerpo físico, joven y glorificado y eterno, incorruptible, como el cuerpo glorificado de Cristo nuestro Salvador.

Hay un Programa Divino para vivir eternamente, no puede ser de acuerdo a como la persona desee, el ser humano nunca ha encontrado de sí mismo la inmortalidad, es Dios el que la tiene y la otorga a todos aquellos que reciben a Cristo como único y suficiente Salvador.

Vean a Cristo hablando en San Juan, capítulo 5, verso 24, dice:

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.”

Esta es la promesa de Cristo, y también el capítulo 6, verso 39 al 40 de San Juan, dice:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Estas son palabras del mismo Cristo, y cuando Cristo fue a resucitar a Lázaro su amigo, le dice a Marta en el capítulo 11, versos 23 en adelante de San Juan:

“Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.

Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.”

Y ahora, aquí hemos escuchado las palabras de Cristo para todos aquellos que creen en Él, tienen la promesa de la Vida eterna y tienen la promesa de una resurrección en el Día Postrero. Esas son palabras de Cristo de acuerdo al consejo divino, por lo cual se trabaja en medio del Cristianismo dando a conocer el consejo divino, y se trabaja con el consejo divino para que todos sepan lo que será el porvenir de cada ser humano; todos queremos lo mejor para nuestra familia y para nosotros mismos.

¿Y qué es lo mejor para todos nosotros? La Vida eterna, la Vida eterna en el Reino eterno de Jesucristo nuestro Salvador, para lo cual recibimos a Cristo como único y suficiente Salvador, cuando escuchamos la predicación del Evangelio de Cristo y se da la oportunidad de recibirlo dando testimonio público de nuestra fe en Cristo. La fe viene por el oír la Palabra de Dios, el Evangelio de Cristo, y “con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.” De eso es que habla San Pablo en Romanos, capítulo 10, versos 1 al 15.

Y ahora, yo escuché la predicación del Evangelio de Cristo y nació la fe de Cristo en mi alma, y lo recibí como mi único y suficiente Salvador, fui bautizado en agua en Su Nombre, Él me bautizó con Espíritu Santo y Fuego y me dio la Vida eterna, produjo en mí el nuevo nacimiento.

Y ahora, sé que cuando termine mi tiempo en la Tierra en este cuerpo de carne, si parto de esta Tierra, voy al Paraíso que es la sexta dimensión, donde están todos los apóstoles del Señor Jesucristo y todos los cristianos de tiempos pasados y algunos de nuestro tiempo que han partido; pero si ocurre la resurrección de los muertos creyentes en Cristo en cuerpos glorificados, cuando nos aparezcan y yo todavía no he partido físicamente, seré transformado, ¿y quién más? Cada uno de ustedes, porque hemos asegurado nuestro futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno, de acuerdo al consejo de nuestro amado Señor Jesucristo, consejo que se predica en el Evangelio de Cristo.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador y por consiguiente no ha asegurado su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, para lo cual puede pasar acá al frente para que oremos por usted y Cristo le reciba en Su Reino.

“El que es de Dios, la Voz de Dios oye,” dice Cristo en San Juan, capítulo 8, verso 47. Usted ha estado escuchando la Voz de Cristo, el Evangelio de Cristo, porque usted es una oveja del Señor, usted tiene su nombre escrito en el Cielo en el Libro de la Vida, aunque no lo sabía, pero ahora sí lo sabe; por esa causa usted ha estado escuchando el Evangelio de Cristo, y algunos de ustedes ya recibieron a Cristo, pero hay algunos que no lo han recibido y ahora tienen la oportunidad de hacerlo. Pueden pasar acá al frente, recuerden que Cristo dice: “ Mis ovejas oyen mi Voz, y yo las conozco y me siguen, y yo les doy Vida eterna.”

El ser humano hace muchas decisiones en su vida, pero hay una que lo coloca en la Vida eterna, y esa es recibir a Cristo como único y suficiente Salvador. No hay otra decisión que coloque al ser humano en la Vida eterna, solamente hay una, y es recibir a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador.

Dios tiene mucho pueblo, muchos hijos, muchas ovejas de Cristo el buen Pastor aquí en esta ciudad, y los está llamando, si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón, Él te está llamando para darte Vida eterna.

Lo más importante es la vida, y si esta vida terrenal es tan importante, cuánto más la Vida eterna, pues la Vida eterna es la que nosotros necesitamos y por esa causa es que hemos venido a esta Tierra con esta vida temporera para recibir a Cristo como nuestro Salvador, ser lavados con la Sangre de Cristo de todo pecado, ser bautizados en agua en Su Nombre, recibir Su Espíritu Santo y obtener la Vida eterna, ese es el Programa Divino, el consejo divino para el ser humano obtener la Vida eterna. O sea, que hay un Programa Divino de redención y Vida eterna para todos los seres humanos.

De acuerdo a lo que la persona haga mientras vive en la Tierra, con relación al programa de salvación y Vida eterna, será el futuro de la persona, dijo Cristo en San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Ahí podemos ver cuál será el futuro de cada ser humano: unos serán salvos y vivirán eternamente, otros, los que no creerían, serán condenados, eso es lo que Cristo dijo que será con los seres humanos que viven o vivirían en este planeta Tierra.

Vean, también en San Juan, capítulo 3, versos 34 al 36 del capítulo 3 de San Juan, dice:

“Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla; pues Dios no da el Espíritu por medida.

El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano.

El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida (o sea, no verá la Vida eterna), sino que la ira de Dios está sobre él.”

Miren, tan sencillo que es para entender sobre quién está la bendición de la Vida eterna y sobre quiénes está la ira de Dios. El que cree en Cristo tiene la bendición de Dios, recibe la Vida eterna y vivirá eternamente con Cristo en Su Reino, el que rehúsa creer en Cristo, dice: “La ira de Dios está sobre él.” Por lo tanto, será condenado y dejará de existir, solamente se conformó con vivir unos años en estos cuerpos mortales y no le interesó, luego de esta vida terrenal, vivir eternamente en un cuerpo eterno y glorificado y joven para toda la eternidad.

Por lo tanto, si no le interesó, si no quiso esa vida, y tuvo que hacer la decisión aquí, si no la quiso, pues no puede decir después que Dios es injusto: es justo, le dio la oportunidad a todo ser humano para recibir la Vida eterna por medio de Cristo, y dijo Dios que el que rehúsa creer en el Hijo de Dios, en Jesucristo, no verá la Vida eterna, sino que la ira de Dios está sobre él, y Dios lo muestra en Su Palabra.

Por lo tanto, no hay excusas delante de Dios que pueda presentar un ser humano, Dios ha colocado delante del ser humano la vida y la muerte. Y dice: “Escoge la vida para que vivas tú y tu familia,” porque también guiamos a nuestra familia en el camino de Dios para que reciban a Cristo como su único y suficiente Salvador.

Todos queremos vivir eternamente, y todos tenemos la misma oportunidad de obtener la Vida eterna: por medio de Cristo nuestro Salvador, y Cristo le da vida a quien Él quiere, ¿y a quiénes Él quiere darle Vida eterna? A aquellos que lo reciben como su único y suficiente Salvador, dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y yo las conozco y me siguen, y yo les doy Vida eterna.”

Es para los que escuchan Su Voz, Su Evangelio y lo siguen, lo reciben como su Salvador. Los que están en otras naciones también pueden pasar al frente para recibir a Cristo como Salvador allá en los auditorios e iglesias donde se encuentren en los diferentes lugares donde se encuentren, y los niños de diez años en adelante también pueden recibir a Cristo como Salvador, pues Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mi, y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los Cielos.”

Vamos todos a estar puestos en pie, los que están en la congregación (en las sillas), y también en las demás naciones, los que están sentados en las demás naciones pueden estar puestos en pie y vamos ya a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, nuestros ojos cerrados, repitan conmigo esta oración los que han venido a los Pies de Cristo:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Tu primera Venida, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo en que podemos ser salvos.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador, salva mi alma Señor, Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, y reconozco que no hay otro Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos, y reconozco que no hay otro sacrificio de expiación por el pecado sino el tuyo en la Cruz del Calvario.

Por lo tanto, Señor, Te ruego salves mi alma, sálvame Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso. Señor Jesucristo amén.

Y con nuestras manos levantadas a Cristo, el Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén y amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador, y ustedes también que están en otras naciones y han recibido a Cristo como vuestro Salvador en estos momentos.

Ahora, ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible, porque Él dijo. ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo.’ ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta de cada uno de ustedes.

El mismo Cristo dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.” Es un mandamiento del Señor Jesucristo, el mismo Cristo cuando Juan el Bautista estaba en el Jordán bautizando, Jesús llegó, entró a las aguas del Jordán para que Juan lo bautizara, y Juan decía: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Y no quería bautizarlo, pero Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces lo bautizó.

Si a Jesús le convenía cumplir toda justicia siendo bautizado por Juan, cuánto mas yo, y cuánto más ¿quién más? Cada uno de ustedes también; nos conviene cumplir toda justicia.

El agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo para todos los que lo reciben como su Salvador, los apóstoles fueron bautizados por Juan el Bautista, y todos los que escuchaban a Jesús predicar y creían, eran bautizados por los apóstoles del Señor en los días de Jesús, y luego el Día de Pentecostés cuando Pedro predicó, como tres mil personas creyeron y fueron bautizadas en agua en el Nombre del Señor Jesucristo; ellos preguntaron cuando escucharon la predicación de Pedro:

“Varones hermanos, ¿qué haremos?

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

Y con otras muchas palabras testificaba (y les decía que escaparan, que fueran salvos de esa perversa) y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.”

Y los que creyeron fueron bautizados y eran como tres mil personas y fueron añadidas a la Iglesia del Señor Jesucristo. Eso está en el capítulo 2 del libro de los Hechos, versos 31 al 47.

Y ahora, “¿Qué haremos?” Es la pregunta. Todos ahora tienen la oportunidad, derecho y bendición de hacer lo mismo que hicieron aquellas personas que creyeron cuando Pedro predicó, creyeron en Cristo y fueron bautizados y eran como tres mil personas.

En el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida, a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Tan simple como esto es el simbolismo del bautismo en agua, por lo tanto, bien pueden ser bautizados si tienen agua, si están listos aquí... vamos a ver si están listos. Tienen agua, tienen ropas bautismales también para que no mojen la ropa que ustedes tienen; hay ropas bautismales y hay ministros también que les bautizarán.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo los bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y continúen pasando todos una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Los que están en otras naciones también pueden ser bautizados. Dejo al ministro aquí presente para que él les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y recuerden que la meta es la Vida eterna.

“UNIDOS TRABAJANDO CON LOS CONSEJOS QUE EL SEÑOR JESUCRISTO NOS DA.”

Encuéntrenos

Carretera No.1 Km 54.5
Barrio Monte Llano
Cayey, Puerto Rico
00736

Twitter