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Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; es una bendición y privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Aprecio y agradezco mucho el respaldo que le están dando al proyecto de la gran Carpa-Catedral, y también el respaldo que le están dando a AMISRAEL. Ya ustedes vieron la transmisión o el video de lo que se está llevando a cabo en otras naciones en esta “Conferencia Internacional Jerusalén 2009,” que vieron ustedes transmitida o pasado el video.

Ustedes han visto cómo está trabajando AMISRAEL; por lo tanto, aprecio mucho el respaldo que le están dando a AMISRAEL y vuestras oraciones por AMISRAEL y también por el proyecto de La gran Carpa-Catedral.

En esta ocasión leemos en Segunda de Crónicas, capítulo 20, y dice verso 18 en adelante:

“Entonces Josafat se inclinó rostro a tierra, y asimismo todo Judá y los moradores de Jerusalén se postraron delante de Jehová, y adoraron a Jehová.

Y se levantaron los levitas de los hijos de Coat y de los hijos de Coré, para alabar a Jehová el Dios de Israel con fuerte y alta voz.

Y cuando se levantaron por la mañana, salieron por el desierto de Tecoa. Y mientras ellos salían, Josafat estando en pie, dijo: Oidme, Judá y moradores de Jerusalén . Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados.

Y habido consejo con el pueblo, puso a algunos que cantasen y alabasen a Jehová, vestidos de ornamentos sagrados, mientras salía la gente armada, y que dijesen: Glorificad a Jehová, porque su misericordia es para siempre.

Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, Jehová puso contra los hijos de Amón, de Moab, y del monte de Seir, las emboscadas de ellos mismos que venían contra Judá, y se mataron los unos a los otros.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“CREED EN SUS PROFETAS Y SERÉIS PROSPERADOS.”

Para creer en lo profetas de Dios, hay que creer en Dios, por eso el rey Josafat dice:

“Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros...”La seguridad para el ser humano está en Dios, la seguridad del alma del ser humano solamente la encuentra en Dios, la seguridad de la Vida eterna, solamente se encuentra en Dios por medio de Jesucristo. Y dice el rey:

“...Creed a sus profetas, y seréis prosperados.”

Hay una bendición grande en creer en los profetas que Dios envía a Su pueblo en cada tiempo, edad o dispensación correspondiente, porque los profetas de Dios... hay también falsos profetas, y no puede haber algo falso si no hay algo verdadero; por lo tanto, los falsos profetas son una imitación de lo verdadero, están tratando de imitar lo verdadero, tratando de imitar a un verdadero profeta de Dios.

La manifestación de Dios por medio de los profetas, trae la Palabra de Dios al pueblo, y por consiguiente la identificación más grande de que Dios está en ese hombre, es que Dios ha colocado Su Palabra en la boca de ese hombre.

Esto fue lo que le dijo Dios a Moisés que haría con él: le daría la Palabra de Dios correspondiente a aquel tiempo para hablarla al pueblo de Israel. Dice la Escritura que Dios envió a Moisés para libertar al pueblo hebreo, y Dios colocó en Moisés Su Palabra en la boca de Moisés. Moisés era el enviado de Dios para el pueblo hebreo para efectuarse esa liberación, sin Moisés no podía ocurrir la liberación del pueblo hebreo.

Sigue la Escritura hablándonos acerca de Moisés en el capítulo 3 y capítulo 4, en donde nos dice Dios, cuando Moisés pidió que Dios enviara por el que debía enviar, o sea, un ayudante para Moisés, uno que pudiera hablar bien porque Moisés tenía problema para hablar; y leemos aquí en el capítulo 4 del Éxodo, versos 10 en adelante, dice:

“Entonces dijo Moisés a Jehová: ¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua.”

¿Ven? Moisés tenía problemas para hablar, sin embargo era el mensajero de Dios para el pueblo hebreo, era el que Dios había elegido y en el cual Dios había colocado Su mensaje, Su Palabra de liberación para el pueblo hebreo:

“Y Jehová le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová?

Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar.

Y él dijo: ¡Ay, Señor! envía, te ruego, por medio del que debes enviar.

Entonces Jehová se enojó contra Moisés, y dijo: ¿No conozco yo a tu hermano Aarón, levita, y que él habla bien? Y he aquí que él saldrá a recibirte, y al verte se alegrará en su corazón.

Tú hablarás a él, y pondrás en su boca las palabras, y yo estaré con tu boca y con la suya, y os enseñaré lo que hayáis de hacer.

Y él hablará por ti al pueblo; él te será a ti en lugar de boca, y tú serás para él en lugar de Dios.

Y tomarás en tu mano esta vara, con la cual harás las señales.”

Y ahora vean, lo que identifica a un profeta delante del pueblo, es la Palabra que Dios ha colocado en su boca, ese es Su mensaje para esa edad o para esa dispensación; si es un profeta para una edad, pues trae el mensaje para esa edad, el cual Dios ha colocado en el corazón, en la boca de ese hombre; si es un mensajero dispensacional, entonces viene con un mensaje dispensacional para abrir una nueva dispensación.

Los mensajeros, los profetas mensajeros dispensacionales son los más grandes en el Programa Divino, y Dios no tiene muchos profetas dispensacionales, solamente tiene siete profetas dispensacionales para siete dispensaciones. Para la primera dispensación, la Dispensación de la Inocencia está Adán; para la segunda, Dispensación de la Conciencia, está Set; para la tercera, Dispensación del Gobierno Humano, está Noé; para la cuarta dispensación, la Dispensación de la Promesa está Abraham; para la quinta dispensación, la Dispensación de la Ley, está Moisés; para la Dispensación de la Gracia está Jesucristo.

Jesús, aquel joven profeta el cual es nada menos que el Mesías, el cual vino en medio del pueblo hebreo y el cual fue rechazado para ser muerto y la humanidad tener un Sacrificio de Expiación por sus pecados. Por lo tanto el que Cristo muriera no fue un problema, sino una bendición para el pueblo hebreo y para todas las naciones, para toda la familia humana.

En el día en que Jesús murió, tenía que morir todo ser humano a causa del pecado, pero Cristo tomó nuestros pecados y se hizo mortal para así pagar en lugar nuestro, pagar por nuestros pecados; y por esa causa es que todavía hay seres humanos en la Tierra viviendo; porque UNO, Jesucristo, murió por todos para que todos pudieran continuar viviendo y pudieran tener la oportunidad de ser reconciliados con Dios por medio del Sacrificio de Expiación que fue llevado a cabo en la Cruz del Calvario.

Luego Cristo después de tres días resucitó glorificado, subió al Cielo, se presentó allá y presentó Su Sacrificio, pues Él es el Sumo Sacerdote del Templo celestial según el Orden de Melquisedec, Él es el Sumo Sacerdote, Melquisedec del Templo celestial, y Él es el Rey de reyes y Señor de señores, Él es Rey y Sumo Sacerdote.

Y Él también es Juez. Él, luego que definitivamente se fue al Cielo cuarenta días después, ya ha permanecido en el Cielo como Sumo Sacerdote haciendo Intercesión por toda persona que lo recibe como único y suficiente Salvador; por eso es tan importante la predicación del Evangelio de Cristo en todas las naciones, para que así todos sepan el privilegio y derecho que tiene todo ser humano, es el derecho más grande que tiene cada ser humano: el derecho a la Vida eterna, y tiene que obtenerlo por medio de Cristo nuestro Salvador (obtener la Vida eterna).

Y cada persona tiene el libre albedrío para obtener la Vida eterna por medio de Cristo; como también tienen los seres humanos sus derechos: derecho a comer, a la alimentación; tienen derechos a los estudios, pero hay algunos que no quieren usar esos derechos; y por consiguiente no son efectivos para esas personas; tienen derecho a la libertad, pero hay algunos que no quieren usar ese derecho y quieren estar presos, hacen cosas incorrectas y entonces pierden esa oportunidad de estar libres completamente.

Ahora, viendo a través de la Escritura que la forma de Dios hablar a los seres humanos es por medio de seres humanos, veamos cómo es que ha estado funcionando este mecanismo Divino en Su Programa... veamos Zacarías, capítulo 7.

Recuerden que los profetas vienen con las dos conciencias juntas: consciente y subconsciente lo tienen junto. En el capítulo 7 de Zacarías, verso 11 al 12 y también Éxodo, capítulo 23, versos 20 al 23. Vamos a leer primero el capítulo 23, del Éxodo. Dice:

“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él. (¿dónde está el Nombre de Dios, conforme a lo que esta diciendo Dios aquí? En Su Ángel, el Ángel del Pacto).

Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.

Porque mi Ángel irá delante de ti...”

Y sigue diciendo:

“...y te llevará a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo, a los cuales yo haré destruir.”

En este pasaje vemos la forma en que Dios se revela al pueblo, la forma en que Dios le habla al pueblo. Por medio del Ángel del Pacto es que Dios ha estado obrando todo el tiempo, por medio del Ángel del Pacto le habló a Moisés, por medio del Ángel del Pacto le dio las tablas de la Ley, por eso la Escritura dice que la Ley fue dada por comisión de ángeles; eso está por ahí por Hebreos, en la Carta de San Pablo a los Hebreos, el capítulo 2, verso 2:

“Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución,

¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron,

testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad.”

Y ahora vean, la Palabra dicha por los ángeles, por comisión de ángeles, fue dada la Palabra al pueblo por medio del profeta Moisés; fue dada a Moisés y Moisés la dio al pueblo. También hay otros pasajes en la Biblia que nos hablan acerca de la Ley dada por comisión de ángeles. Por lo tanto, vean, miren aquí, dice:

“Este es aquel Moisés que estuvo en la congregación en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, y que recibió palabras de vida que darnos.” [Hechos 7: 38].

Era el Ángel de Dios, el Ángel del Pacto el que le hablaba a Moisés, y Dios estaba en el Ángel; por comisión de ángeles fue dada la Ley, fue recibida por Moisés.

Y ahora, ¿quién es este Ángel del Pacto que es tan importante y que es el más importante de todos los ángeles, a tal grado que dice Dios que Su Nombre está en el Ángel? Ese Ángel es el que vendría conforme a Malaquías, capitulo 3, verso 1, y eso sería la Venida del Mesías. Vamos a verlo aquí en Malaquías, capítulo 3, verso 1:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí.”

O sea, ese es el precursor de la primera Venida del Señor, y Juan el Bautista fue ese mensajero que vino predicando el Evangelio del Reino, y preparando al pueblo, anunciándole al pueblo que después de él vendría uno mayor que él, y que Él los bautizaría con Espíritu Santo y Fuego (el que vendría después de Juan).

Ese que vendría después de Juan fue bien anunciado por Juan el Bautista. Juan decía: “Después de mi viene uno mayor que yo, del cual yo no soy digno de desatar la correa de su calzado.” Y también decía: “El cual es antes que yo.” Y Jesús nació seis meses después de Juan el Bautista. ¿Y cómo puede ser que Jesús fuera mayor que Juan? ¿Y que fuera también primero que Juan y nació después de Juan? Por lo tanto, Juan en edad era mayor y era primero que Jesús.

Pero, Jesús, Jesucristo dijo en San Juan, capítulo 8, versos 56 al 58: “Abraham vuestro padre deseó ver mi día, lo vio, y se gozó.” Le dijeron los judíos: “Aún no tienes cincuenta años, ¿y dices que has visto a Abraham?” o sea, poniendo en duda de que era cierto lo que Cristo estaba diciendo, porque ellos veían que Él no tenía ni cincuenta años, era un joven de treinta a treinta a tres años de edad.

¿Y cómo podía un joven de treinta a treinta a tres años de edad haber visto a Abraham, y Abraham haberse gozado al verlo? Y entonces, Cristo les dice: “Antes que Abraham fuese, yo soy.” Por lo tanto, tenemos que ver esa verdad a la luz de las Escrituras. Para comprender bien este pasaje, esta Escritura de Malaquías nos da la luz, dice:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis ( o sea, Dios el Padre), y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros.”

El Ángel del Pacto, el Ángel en el cual está el Nombre de Dios, el Ángel que le apareció al profeta Moisés, ese Ángel del Pacto, ese Ángel de Dios, el Ángel de Jehová que es traducido en algunas versiones de la Biblia, ese Ángel vendría. A Él, le estaría preparando Juan el Bautista el camino; y eso sería el Verbo hecho carne en medio del pueblo hebreo. “El Verbo, que era con Dios y era Dios y creó todas las cosas, y nada de lo que está creado fue creado sin Él, en Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.” Todo eso lo dice en San Juan, capítulo 1, versos 1 al 18.

Y luego el Verbo, aquella luz verdadera que alumbra a todo hombre, venía a este mundo; y en el mundo estaba, y el mundo por Él fue hecho, y el mundo no le conoció.” (capítulo 1, verso 9 de San Juan). Dice:

“A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.”

O sea, vino al pueblo hebreo el Verbo, ¿y cómo vino? Vino en carne humana.

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.”

Esto es a los que creen en Jesucristo, el Verbo hecho carne, dice también:

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.” (San Juan, capítulo 1, verso 14).

Y ahora, el Verbo que era con Dios y era Dios, por medio del cual Dios creó todas las cosas, siendo el Ángel del Pacto venía a este mundo, y vino en carne humana, se hizo carne, creó en el vientre de María esa vida que fue multiplicándose célula sobre célula hasta que llegó el tiempo de nacer ese cuerpecito, al cual le fue puesto por nombre Jesús, el cual es el heredero al Trono de David y Reino de David.

Y ahora, Jesucristo es nada menos que Emanuel, conforme a Isaías, capítulo 7, verso 14, que nos dice: “Y la virgen concebirá, porque la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel.” Será llamado el nombre del Hijo de la virgen: Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.

Y ahora, podemos ver quién es Jesucristo el cual nació en Belén de Judea; lo que nació en Belén de Judea fue Su cuerpo de carne, pero Su cuerpo angelical es el Ángel del Pacto, el cual le habló a Moisés y libertó al pueblo hebreo por medio del profeta Moisés, el cual también habló por medio de los demás profetas, eso es lo que nos dice Zacarías.

Ahora vean, vamos a terminar aquí.

“...y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.”

¿Quién vendría? El Señor, o sea, el Padre, Dios, y el Ángel del Pacto, el Ángel del Pacto donde está el Nombre de Dios; y por consiguiente en el cuerpo que creo en el vientre de la virgen María colocó Su Nombre, por eso Cristo dice, o el Ángel Gabriel le dice a la virgen María que le ponga por Nombre Jesús al niño que va a nacer y que será llamado Hijo de Dios, y que Dios le dará el Trono de David su Padre, y reinará sobre la casa de Jacob para siempre y Su Reino o tendrá fin, será un Reino eterno. Cristo en San Juan, capítulo 5, verso 43, dice: “Yo he venido en Nombre de mi Padre.”

Así que vean, viene en el Nombre del Padre Jesucristo y el Ángel del Pacto también aparece en el Nombre del Padre, en el Nombre de Dios, del Dios eterno; porque Dios dijo que colocó Su Nombre, ¿en dónde? En Su Ángel, y luego el Nombre también fue colocado en el velo de carne que nació a través de la virgen María, el Ángel Gabriel le dice a la virgen María que le ponga por Nombre Jesús.

Y así podemos ver quién es Jesucristo; por eso antes que Abraham fuese, Cristo era en Su cuerpo angelical. El Ángel del Pacto es Cristo en Su cuerpo angelical, por eso el precursor Juan el Bautista estaba preparándole el camino al Señor, a Dios y al Ángel del Pacto que vendrían ¿dónde? En el cuerpo de carne llamado Jesús, por eso Emanuel significa: Dios con nosotros; Dios visitando a Su pueblo en y a través de un velo de carne llamado Jesús.

Dios estaba en Cristo reconciliando consigo mismo al ser humano, era Dios manifestado en toda Su plenitud en Jesús, por eso Jesucristo es la persona más importante, más grande que ha pisado este Planeta Tierra; dice la Escritura que heredó un Nombre más excelente que el de los ángeles del Cielo, heredó el Nombre de Dios. Tan simple como eso, porque no hay un Nombre más excelente que el Nombre de Dios, de tal modo que aún la Jerusalén celestial tiene un Nombre, tiene el Nombre de Dios, la Ciudad de nuestro Dios tiene el Nombre de nuestro Dios.

Y ahora, podemos ver más claramente quién es Jesucristo, y tenía que ser un profeta como Moisés, un profeta dispensacional en el cual la Palabra de Dios estaría y hablaría Palabra de Dios al pueblo, por eso Cristo decía: “Yo no hablo nada de mí mismo, lo que oigo al Padre hablar, eso es lo que yo hablo.” Su mensaje no era personal, era de Dios.

Y ahora, encontramos que así son todos los profetas que Dios envía; Dios cuando envía un profeta, encontramos que lo envía con las dos conciencias juntas, por lo cual puede escuchar de Dios, puede escuchar a Dios, puede escuchar del Ángel del Pacto.

El Ángel del Pacto es Cristo en Su cuerpo espiritual que es el Espíritu Santo, el cual dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” (San Mateo, capítulo 28, verso 20). ¿Cómo Él iba a estar? En Espíritu Santo, Su cuerpo angelical está en el Cielo, en el Trono de Dios, y allí está como Sumo Sacerdote haciendo Intercesión por todos los que lo reciben como único y suficiente Salvador.

Ahora, veamos aquí en el capítulo 7, verso 11 al 12 de Zacarías:

“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;

y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos.”

Dios se enoja con todos aquellos que no quieren escuchar la Palabra de Dios que Él coloca en la boca del profeta que Él tiene para ese tiempo.

Y ahora vean, los que no quisieron escuchar la Palabra que hablaba Dios por medio de Su Espíritu, o sea, por medio del Ángel del Pacto que es el Espíritu Santo a través de los profetas, hicieron que Dios se enojara contra ellos y no pudo Dios bendecirlos, sino traer los Juicios Divinos, maldiciones que Dios había dicho que vendrían contra aquellos que fueran rebeldes a la Palabra de Dios.

Y ahora, hay bendición y maldición para los seres humanos. Como en el Huerto del Edén, el Árbol de la Vida y el árbol de ciencia del bien y del mal, así está todo ser humano en este Planeta Tierra, está para el ser humano el bien y el mal, la vida y la muerte; y Dios recomienda al ser humano que escoja la Vida para que viva él y su familia.

Cuando queremos lo mejor para nuestra familia, estamos llamados a escoger la Vida escuchando la Voz de Dios y guardando Sus mandamientos. “Escoge la Vida para que vivas tú y tu familia,” aconseja Dios.

Y ahora, la Palabra de Dios, dice Amós, capítulo 3, verso 7, que viene a los profetas: “Porque no hará nada el Señor Jehová, sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos Sus profetas.” Y en el capítulo 18 de Deuteronomio, versos 15 en adelante, dice:

“Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis.”

¿A quién Dios dice que escuchemos? Al profeta que Él envía a Su pueblo.

“Conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera.

Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho.

Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.

Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta.”

Tremendo problema tendrán todos aquellos que no escuchen la Palabra que Dios coloca en la boca del profeta que envía para el tiempo en que las personas están viviendo.

Y ahora, los profetas del Antiguo Testamento hasta Juan el Bautista profetizaron dice Cristo, cuando dice: “los profetas hasta Juan profetizaron.” Y luego de Juan tenemos a Jesús, un profeta mayor que Juan, porque un profeta dispensacional es mayor que un profeta de una edad, de una etapa de la Iglesia.

Está la Iglesia del Antiguo Testamento que es el pueblo hebreo, Israel, y está la Iglesia del Nuevo Testamento, la Iglesia del Señor Jesucristo que está dentro del Nuevo Pacto con la Sangre del Nuevo Pacto aplicada en su vida, que es la Sangre Cristo nuestro Salvador.

Y ahora, veamos si para el Nuevo Testamento, para la Iglesia del Señor Jesucristo, si Dios tiene prometido enviar profetas. En San Mateo, capítulo 23, versos 34 en adelante, dice:

“Por tanto, he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad.”

El mismo Cristo es el que dice que va a enviar profetas; pero vamos a ver si los apóstoles como Pablo, vamos a ver si estaba de acuerdo con esas Palabras de Jesús. En Efesios, capítulo 4, verso 8 en adelante, para que tengan el cuadro claro, dice:

“Por lo cual dice:

Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad,

Y dio dones a los hombres.

Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra?

El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo.

Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas ( dice que ha constituido profetas, apóstoles, y todo esto en Su Iglesia.); a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros.”

Vean, estos son los cinco ministerios que vemos aquí señalados: apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros; y dice que es... dice:

“A fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo (¿ve? Para la Iglesia, el Cuerpo Místico de Cristo),

hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.”

Esto es hasta que todos seamos transformados los que vivimos, y los que murieron sean resucitados en cuerpos eternos. Y leemos también el capítulo 12 de Corintios, versos 27 y 28, dice:

“Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.

Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas.”

Y ahí sigue diciendo:

“¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas? ¿todos maestros? ¿hacen todos milagros?

Tienen todos dones de sanidad? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos?

Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un camino aun más excelente.”

Y ahora, podemos ver que San Pablo habla en dos lugares acerca del ministerio de apóstoles, profetas, maestros, pastores y así por el estilo. Es Cristo el que ha colocado esos ministerios, y por consiguiente viene la Palabra de Dios a esos profetas.

Hay personas que tienen... que están en el ministerio como San Pedro, en el cual operaba no solamente el ministerio de apóstol, sino el de profeta también; por eso ustedes encuentran en las cartas de San Pedro profecías, porque también era profeta y era evangelista, o sea, hacía la Obra misionera, la Obra envangelística, la labor de profeta, la de maestro.

Pueden estar los cinco ministerios en una sola persona, en un mensajero para una edad, y en un mensajero para una dispensación obligatoriamente tienen que estar los cinco ministerios.

Y ahora, lo vemos en Moisés y en los demás, en Jesús también, en Abraham también; por lo tanto, así será en el Día Postrero en el cual Dios enviará un mensajero el cual está señalado en la Escritura, y Cristo dice: “El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí.” Esas Palabras de Cristo muchas personas pueden decir: “Yo creo eso que Cristo dice.” Pero ¿lo creerá cuando se cumpla? Todos sabemos que es Palabra de Cristo, dice:

“De cierto, de cierto os digo: El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió.”

También, en San Mateo, capítulo (eso es San Juan, capítulo 13, verso 20)... y en San Mateo, capítulo 10, Cristo nos dice, versos 41 al 42:

“El que recibe a un profeta por cuanto es profeta, recompensa de profeta recibirá; y el que recibe a un justo por cuanto es justo, recompensa de justo recibirá.

Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.”

Hay recompensa de parte de Cristo, de parte de Dios, y Cristo viene en Apocalipsis, capítulo 22, verso 12, diciendo:

“He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.”

Y ahora, ¿tendrá Cristo para este tiempo final en Su Programa profético enviar a un profeta para cumplir la profecía? La Escritura dice en Apocalipsis, capítulo 14, versos 6 al 7:

“Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo,

diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.”

Este profeta mensajero, vean, este Ángel... recuerden que ángel significa mensajero, y si va a predicar el Evangelio eterno con el cual viene, lo va a predicar a todos los moradores de la Tierra, tiene que estar en la Tierra y tiene que ser un predicador. Y dice: “Temed a Dios y dadle gloria.” Él viene enseñando a temer a Dios y a darle gloria a Dios, alabar a Dios, servir a Dios, y viene anunciando también que la hora del juicio divino ha llegado; por lo tanto estará hablando del juicio divino que ha de caer en el tiempo de la gran tribulación.

Vendrá hablando de esas plagas, de esas copas, de esas Trompetas, que están en el libro del Apocalipsis, y dice:

“Y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.”

Viene enseñando a las personas a adorar al único Dios verdadero, al Creador de los Cielos y de la Tierra. Ese mensaje que él trae que es el Evangelio eterno, el Evangelio del Reino, será con el cual la Tierra será llena del conocimiento de la gloria del Señor, de la gloria de Dios, de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar, conforme a Habacuc, capítulo 2, versos 14 y también Isaías, capítulo 11, verso 9.

Ese es el mensaje, la revelación Divina con el cual se llenará el Planeta Tierra y todos los seres humanos del conocimiento del único Dios verdadero, Creador de los Cielos y de la Tierra, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

Esto también y de esto también fue que habló Cristo cuando dijo en San Mateo, capítulo 24, verso 14:

“Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.”

Ese mensajero con el Evangelio eterno, el Evangelio del Reino, será el que cumplirá esta profecía, vendrá predicando el Evangelio del Reino en todo el mundo para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin, entonces vendrá el tiempo de la gran tribulación y el fin del reino de los gentiles, el fin del tiempo de redención, el fin del tiempo de Cristo en el Lugar Santísimo en el Cielo como Sumo Sacerdote haciendo Intercesión, y entonces Cristo tomará el Libro sellado con siete Sellos que está en la diestra de Dios en el Cielo, y lo abre en el Cielo y lo trae a la Tierra.

Ahora vean, en Apocalipsis, capítulo 10, también ese librito abierto que Cristo trae a la Tierra. Recuerden que ese Ángel es Cristo, el Ángel del Pacto en Su cuerpo angelical, lo trae a la Tierra ese Libro y lo entrega a un hombre que fue en aquel tiempo en la visión, fue Juan el apóstol, el cual es tipo y figura del mensajero del Día Postrero con el Evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra.

En Juan el apóstol está representada la Iglesia del Señor con todos los mensajeros que Cristo enviaría a Su Iglesia; por lo tanto, también está representado ese Ángel mensajero, ese profeta mensajero que viene con el Evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la Tierra, viene predicando el Evangelio del Reino, el Evangelio eterno para todos los seres humanos.

Y serán bienaventurados los que estarán escuchándolo, los que estarán recibiéndolo, los que estarán creyendo en el mensaje que Él traerá para la raza humana, para la Iglesia del Señor Jesucristo, para el pueblo hebreo y para todas las naciones, y recibirán la bendición, prosperidad espiritual y también la física está incluida, y así será no solamente para los individuos sino para las naciones también.

Para las naciones, vean, viene predicando para toda nación, pueblo y lengua; por lo tanto ahí va a haber un evento muy importante a nivel mundial, tiene que ver con las naciones que van a entrar al Reino del Mesías y con las que no van a entrar.

Así que, eso lo veremos en otra ocasión lo que tiene que ver con las naciones; ahora nos interesa lo que tiene que ver con nosotros como individuos; por lo tanto como individuos somos bienaventurados al recibir la Palabra de Dios que vendrá por medio de un mensajero, de un profeta dispensacional en este tiempo final. Y seremos prosperados en todos los sentidos, y el sentido más importante es el espiritual. Lo material no puede ocupar el primer lugar, sino lo espiritual; pero también habrá bendición, prosperidad física para los que lo recibirán.

Ese Ángel mensajero con el Evangelio eterno, el Evangelio del Reino, es nada menos que el Ángel del Señor Jesucristo de Apocalipsis, capítulo 1, verso 1 al 3, del cual dice la Escritura que son bienaventurados los que leen, los que oyen y leen las Palabras de esta profecía. Los que leen y oyen son bienaventurados, son bendecidos; él viene con la revelación de Jesucristo. En Apocalipsis, capítulo 22, verso 16, dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias...”

Es el mismo Cristo el que dice que Él ha enviado Su Ángel. Y sigue diciendo:

“...Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.”

Y en Apocalipsis, capítulo 22, verso 6 también nos habla de este Ángel que aparece en el Apocalipsis todo el tiempo, trayendo la revelación Divina a Juan el apóstol. Dice capítulo 22, verso 6 del Apocalipsis:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto.”

Si viene mostrando las cosas que deben suceder pronto, es un profeta, porque los profetas son los que profetizan las cosas que van a suceder, es enviado para dar a conocer las cosas que han de suceder, viene profetizando, dando a conocer, revelando todo lo que ha de acontecer a través de la historia de la Iglesia, y en el Día Postrero vendrá en carne humana.

Durante las diferentes etapas de la Iglesia ha estado en medio de la Iglesia en cuerpo angelical, cuerpo espiritual; por eso nos habla que Dios es el Dios de los espíritus de los profetas, el Señor es el Dios de los espíritus de los profetas, ¿qué son los espíritus de los profetas? Los cuerpos angelicales de los profetas; un espíritu es un cuerpo de otra dimensión, un cuerpo angelical. Por eso dice la Escritura que “Dios hace a Sus ángeles espíritu (son espíritus, cuerpos espirituales), y a Sus ministros, llama de fuego;” y Él envía ángeles también a Su Iglesia. Dice:

“¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?” Capítulo 1, versos 14 de la Carta de San Pablo a los Hebreos; y la cita anterior es Hebreos, capítulo 1, versos 5 al 7.

Así que, en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo han estado Ángeles de Dios todo el tiempo trabajando en favor de los creyentes en Cristo, por lo tanto, un espíritu de profeta será enviado en este tiempo final en carne humana en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo, y a través de él Cristo va a cumplir muchas profecías que están en la Biblia y Cristo va a bendecir a Su Iglesia; y Cristo va a estar en él, el Ángel del Pacto estará en él, Dios estará en él, Cristo, la estrella resplandeciente de la mañana estará en él manifestándose y hablándonos Su Palabra.

Él, Cristo pondrá Su Palabra en la boca de ese profeta mensajero, y serán bienaventurados todos aquellos que creerán esa Palabra que él estará hablando y serán prosperados espiritualmente, crecerán espiritualmente, se llenarán de conocimiento de Dios y de todo el Programa de Dios para nuestro tiempo, y del Programa de Dios que se llevó a cabo en el pasado y el Programa de Dios que se llevará a cabo en el futuro; porque “la Tierra será llena del conocimiento de la gloria del Señor como las aguas cubren el mar.”

Así será que será cumplida esa profecía: por medio de la enseñanza, del mensaje revelado de Dios por medio del Ángel, del mensajero que viene con el Evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la Tierra, y eso será la gran Voz de Trompeta, la Trompeta de Dios, la Voz de Dios hablándole al pueblo, la Voz de Cristo, el Ángel del Pacto, el Ángel Fuerte que desciende del Cielo, hablando Cristo por medio de ese mensajero, hablando como León, como Rey las cosas que nosotros necesitamos conocer para este tiempo final.

“CREED A SUS PROFETAS Y SERÉIS PROSPERADOS.”

Pero, antes de creer a Sus profetas hay que creer en Dios. Por lo tanto, dice Segunda de Crónicas, capítulo 20, verso 20, el rey Josafat hablando:

“Creed en Jehová vuestro Dios ( ¿y qué más dice?)... Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados.”

Yo digo a esas Palabras: Amén. ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted, para que Cristo le reciba en Su Reino, le bendiga y lo coloque en Su Cuerpo Místico de creyentes con Vida eterna, lo coloque en Su Reino, pues todos queremos vivir eternamente, todos queremos entrar al Reino de Dios, para lo cual tenemos que nacer del Agua y del Espíritu dice Cristo en San Juan, capítulo 3, versos 1 al 6, hablando con Nicodemo, lo cual es nacer del Evangelio de Cristo y del Espíritu Santo.

Ya hemos escuchado el Evangelio de Cristo siendo predicado, la fe de Cristo ha nacido en vuestros corazones y ahora creen en Cristo, los que primero no habían recibido a Cristo y ahora pueden dar testimonio público de su fe en Cristo, recibiéndole como único y suficiente Salvador, y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino. Para lo cual pueden pasar acá al frente y estaremos orando por usted.

Es un privilegio muy grande recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, Cristo es el Hombre, el profeta más grande que ha pisado este Planeta Tierra, y llevó a cabo la Obra de Redención nuestra en la Cruz del Calvario muriendo por mí. ¿Y por quién más? Por cada uno de ustedes también; si Cristo no moría allá en la Cruz del Calvario, nosotros no estaríamos aquí.

Y ahora, usted tiene la oportunidad de dar testimonio público de su fe en Cristo, recibiéndole como único y suficiente Salvador, le toca a usted porque usted tiene libre albedrío, creer, porque el libre albedrío es para creer o dudar, creer en Dios, creer en Cristo o no creer; la responsabilidad es suya.

Usted se encuentra como Adán y Eva se encontraban en el Huerto del Edén: con el Árbol de la Vida frente a ellos y el árbol de ciencia del bien y del mal; no escoger el Árbol de la Vida significaba entonces que aceptaban el árbol de ciencia del bien y del mal, y así ellos hicieron y murieron, murieron a la Vida eterna y después solamente les quedó vida temporera que se le terminó a Adán a los novecientos treinta años, y a Eva no sabemos cuánto tiempo le duró el cuerpo físico que ella tenía. No pudieron continuar viviendo, porque habían perdido la Vida eterna, habían muerto a la Vida eterna.

Y ahora, Cristo nos restaura a la Vida eterna, porque Cristo es el segundo Adán. Para ser restaurados a la Vida eterna necesitamos a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador, y tenemos que recibirlo mientras estamos viviendo en esta Tierra, después que la persona muere, ya no tiene oportunidad de decir: “Ahora yo quiero recibir a Cristo como mi Salvador.”

Si muere sin Cristo, se quedará sin Cristo para siempre, si muere con Cristo, habiendo creído y recibido a Cristo como Salvador, va al Paraíso y vivirá con todos los que se encuentran allá: los apóstoles y todos los creyentes en Cristo de tiempos pasados; y en el Día Postrero Cristo dice: “Y yo les resucitaré.” Dice Cristo: “Y yo les resucitaré,” esto es a todos los que creen en Él, San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40 y San Juan, capítulo 11, versos 25 al 27, cuando Cristo fue a resucitar a Lázaro en el capítulo 11 de San Juan, versos 25 al 27, Él dice: “Yo soy la resurrección y la vida.”

Él es la resurrección y la Vida, “y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente.” “El que vive y cree,” ¿ve? El que vive, el que vive en este Planeta Tierra y cree en Cristo, la promesa es que no morirá eternamente.

“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.”

Por lo tanto, la persona si muere sabe que va a volver a vivir en esta tierra, y por lo cual va a recibir un cuerpo nuevo y glorificado en la resurrección. Pero, mientras llega el momento de la resurrección la persona si murió físicamente esta en el Paraíso esperando la resurrección, en un sitio muy hermoso en donde hay árboles, hay lagos, hay peces, hay pajaritos, aves de diferentes especies, animales también pero de otra dimensión, y allí no se cansan de estar allá; allá no hay noche, todo el tiempo es de día, no tienen que madrugar para ir a trabajar como hay que hacer acá en esta dimensión terrenal, no hay los problemas que tenemos acá en esta Tierra.

Ellos están allí muy felices, pero ellos van a regresar en cuerpos nuevos y eternos, cuerpos glorificados como el cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador; esa es la clase de cuerpo que nosotros necesitamos, Él está tan joven como cuando subió al Cielo.

Por lo tanto, yo voy a tener un cuerpo joven y eterno como el cuerpo glorificado de Cristo mi Salvador. ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también; no es solamente para mí esa bendición, es para todos ustedes también, porque hemos recibido al profeta más grande de toda la historia de la raza humana, que es el Señor Jesucristo, un profeta como Moisés, el cual es el Mesías Príncipe; por lo tanto, prosperidad espiritual y física Él nos dará.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo. En las demás naciones también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos.

Y los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo. Recuerden que no hay edad para venir a los Pies de Cristo, tampoco hay edad para físicamente la persona morir, por lo tanto, todos necesitamos a Cristo no importa la edad que tengamos.

Es estando en esta tierra, en estos cuerpos mortales en que hacemos la conexión, el contacto con la Vida eterna a través de Cristo nuestro Salvador. Él dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.” (San Juan, capítulo 14, verso 6).

Y si no hay otra forma para llegar a Dios, solamente Jesucristo, entonces todos necesitamos a Jesucristo, porque todos queremos llegar a Dios, todos queremos ser reconciliados con Dios, todos queremos vivir eternamente con Dios en Su Reino.

La exclusividad de la Vida eterna la tiene un Hombre, una persona, y Su Nombre es SEÑOR JESUCRISTO, por eso el que tiene a Cristo, tiene la Vida: la Vida eterna; el que no tiene a Cristo, no tiene la Vida eterna.

Todos necesitamos a Cristo para obtener la Vida eterna, de eso es que nos habla Primera de Juan, capítulo 5, versos 10 al 13, y también hay otras Escrituras que nos hablan acerca de esta bendición.

“El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.” (Dice Cristo en San Juan, capítulo 5, verso 24).

Y también en San Juan, capítulo 10, versos 27 en adelante, dice: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna.”

Él me conoce a mí y te conoce a ti, y por eso escuchamos Su Voz, porque somos Sus ovejas y Él nos da Vida eterna. Por lo tanto el nombre de cada uno de ustedes está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida, y por esa causa ustedes han estado escuchando la Voz de Cristo, el Evangelio de Cristo para creer, para que nazca la fe de Cristo, si no lo habían recibido todavía como Salvador; y para los que lo habían recibido continuar escuchando la Voz de Cristo para aprender más de Cristo, de Su Palabra y llenar nuestra alma de alimento espiritual: “Porque no solamente de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios.”

Tenemos que alimentar nuestra alma con la Palabra de Dios, porque no hay otro tipo de alimento para el alma. Deuteronomio, capítulo 8, versos 1 al 9, y San Mateo, capítulo 4, verso 4:

“No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.”

Ya vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo, los que están en otras naciones también pueden estar puestos en pie para orar, y con nuestras manos levantadas al Cielo y nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos, repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio de Cristo y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo en que podemos ser salvos, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por mis pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre y sea producido en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer de nuevo, quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente Contigo en Tu Reino, Sálvame, Señor. Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como único y suficiente Salvador.

Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible; porque Él dijo:

‘Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Es un mandato de Cristo ser bautizado en agua en Su Nombre. Cuando Pedro predicó el Evangelio de Cristo el Día de Pentecostés como tres mil personas creyeron y le preguntan a Pedro y a los apóstoles: “Varones hermanos, ¿qué haremos?”

Pedro les dice: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para los que están lejos, y para los que están cerca, para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.”

Y con otras muchas palabras les exhortaba, y luego como tres mil personas que habían creído, fueron bautizadas en agua en el Nombre del Señor Jesucristo y fueron añadidos a la Iglesia del Señor Jesucristo.

Así ha sido siempre en medio del Cristianismo, en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo: se predica el Evangelio, se da la oportunidad que vengan a los Pies de Cristo para recibirlo como Salvador, se ora por las personas presentándolos ante la Presencia de Dios en el Nombre del Señor Jesucristo, y luego son bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

 Ahora, el agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo. Y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado. Y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva Vida, a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Ahí tenemos el simbolismo del bautismo en agua en el cual nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio de la Palabra de Dios, el Evangelio de Cristo nuestro Salvador.

Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. Dejo al ministro en estos momentos, para que les indique a ustedes cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Con ustedes el reverendo Ricardo Santos Camacho, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo; y en cada nación dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“CREED A SUS PROFETAS Y SERÉIS PROSPERADOS.”

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