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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, y también los que están a través del satélite Amazonas y de internet en diferentes naciones; un saludo muy especial para el reverendo, doctor Miguel Bermúdez Marín, donde se encuentra en estos momentos; y también para la doctora Kélita Machado de Cunha y su esposo Salomón Cunha, y para todos los ministros en todos los países donde se encuentran y también los que están aquí presentes.

Para esta ocasión tenemos una lectura muy conocida por todos nosotros, se encuentra en Hebreos, capítulo 12, versos 18 en adelante. Y leemos esta Escritura, que es muy importante para todos nosotros, nos haba del monte Sinaí y también del monte de Sión y de Jerusalén la celestial. Dice:

“Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar, y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad,

al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más,

porque no podían soportar lo que se ordenaba: Si aun una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada con dardo;

y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando;

sino que os habéis acercado al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,

a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,

a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.

Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos.

La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo.

Y esta frase: Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles.

Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia;

porque nuestro Dios es fuego consumidor.”

Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión es: “DIOS HABLANDO HOY.”

Y tomamos ese pasaje que dice: “Mirad que no desechéis al que habla (el que está hablando en nuestro tiempo)...” Dice el verso 25, y dice las consecuencias que hubo para aquellos que desechaban al que les hablaba allá en el monte Sinaí y durante toda la trayectoria que tuvo el pueblo hebreo por el desierto hasta llegar a la tierra prometida, y luego Él continúa hablando al pueblo a través de Josué y de los diferentes profetas.

“La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo.”

Y ahora, nuestro tema: “DIOS HABLANDO HOY,” es muy importante para nosotros y para todo ser humano.

Para poder saber cómo Dios habla y qué está hablando hoy, tenemos que saber cómo Él ha estado hablado desde el tiempo de Génesis, capítulo 1 en adelante, hasta nuestro tiempo; porque si no sabemos como Él habla, ¿cómo vamos a escuchar Su Voz? Por lo tanto, necesitamos saber cómo Él habla a Su pueblo; para lo cual damos un recorrido a través de la Escritura y entonces encontraremos cómo Él tiene que estar hablando en nuestro tiempo; porque todos queremos escuchar la Voz de Dios. Dios dijo: “Si oyes hoy mi Voz, no endurezcas tu corazón.”

Y ahora, ¿cómo vamos a escuchar la Voz de Dios? En el Génesis, capítulo 1, nos dice que Dios creó los Cielos y la Tierra, “y la Tierra estaba desordenada y vacía, pero el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas.” Y luego, encontramos que dijo: “Sea la luz,” y fue la luz; y continuó hablando Dios y continuaron sucediendo las cosas para traer a recreación el planeta Tierra y colocar vida en este planeta Tierra, aves, reptiles, animales, peces y al ser humano, que es la corona de la creación, es lo más importante que Dios crearía en la Tierra; porque el ser humano fue hecho a Su imagen y semejanza, los animales no.

Por lo tanto, lo único que fue hecho a imagen y semejanza de Dios es el ser humano, y por consiguiente es lo más importante de toda la creación, diríamos: “El planeta Tierra es más importante que el ser humano.” No. El planeta Tierra no fue creado a imagen y semejanza de Dios, el planeta Tierra fue creado por causa del hombre, para Dios colocar al hombre en este planeta Tierra.

Y ahora, encontramos que Dios hablaba a existencia y las cosas sucedían, así creó Dios los Cielos y la Tierra.

Ahora, siempre la Escritura nos dice en Hebreos, capítulo 11, versos 1 al 3, que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. Por lo tanto, en otra dimensión fue hecho todo, fue creado todo en otra dimensión y luego fue materializado en este planeta Tierra; por eso es que hay vida en otras dimensiones.

Por ejemplo, los ángeles, las personas no los ven pero sabemos que existen; y aún más, están con nosotros y nos cuidan. Dios envía (dice) ángeles administradores a los herederos de salvación. Hebreos, capítulo 1, verso 14. Estos son los que traen la Palabra de Dios al pueblo de Dios.

Y ahora, podemos ver que también para el nacimiento de Jesús, Dios envió al Arcángel o Ángel Gabriel para darle la buena noticia a la virgen María, y también al sacerdote Zacarías envió Dios al ángel Gabriel para decirle que Zacarías y su esposa iban a tener un niño y le pusieran por nombre Juan y sería grande delante de Dios, sería un profeta; porque eso es lo más grande delante de Dios: un profeta.

Por eso el Mesías príncipe en Su Venida sería un Profeta, y eso es un Hijo de Hombre; y por eso Él usaba el Título de Hijo de Hombre, porque era un Profeta; y un profeta para tener su ministerio en medio del pueblo es manifestado en carne humana. Mientras no esté en carne humana, tiene que hablar y revelar a otros hombres profetas o apóstoles para que hagan saber aquí en la Tierra, lo que Él trae de parte de Dios; como el Ángel Gabriel para darle a conocer a Nabucodonosor y a otros reyes lo que está escrito en el Libro de la Verdad, tuvo que revelárselo al profeta Daniel, el cual también era gobernador en la provincia de Babilonia, o sea, en el departamento de Babilonia.

Y ahora, vamos a ver cómo Dios creó los Cielos y la Tierra. San Juan, capítulo 1. Ese es muy importante saber. San Juan, capítulo 1.

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.”

O sea, que todas las cosas fueron hechas por el Verbo que era con Dios y era Dios, y ahí ya vamos entendiendo la instrumentalidad de Dios para crear todas las cosas. Dice:

“En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.

Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él.

No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.

Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.

En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.”

Y ahora, el Verbo que era con Dios y era Dios es también la luz del mundo y es también la luz que alumbra a todo hombre y venía a este mundo.

“... y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.

A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.”

O sea, vino al pueblo hebreo y el pueblo hebreo no le recibió. Pero vamos a ver cómo sucedió esto:

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios (a los que le recibieron, a los que creen en Su Nombre).”

Y ahora, ¿cómo van a creer en el nombre del Verbo de Dios a través del cual Dios creó todas las cosas y que es la luz del mundo? Y en Él estaba la Vida, la Vida para todos los seres humanos, la luz para todo ser humano.

Vean, y ahora:

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.”

Y toda persona quiere ser un hijo de Dios o una hija de Dios; y vamos a ver aquí cómo ocurre esto: cuando hemos nacido en esta Tierra, hemos nacido como hijos de papá y mamá; y por consiguiente como descendientes de Adán y Eva, los cuales perdieron la Vida eterna y solamente les quedó vida temporera; y eso es lo que hemos heredado de Adán y Eva, una vida temporera, hemos nacido como hijos de este mundo.

Y ahora, toda persona que quiera vivir eternamente tiene que entrar al Reino de Dios; porque en este reino terrenal en que hemos nacido, lo que tiene como vida es vida temporera, y nosotros queremos Vida eterna, sin desechar la vida temporera; porque es muy útil para muchas cosas: para manifestarnos en la Tierra, para tener compañerismo los unos con los otros, para trabajar, para formar una familia, pero sobretodo para obtener la Vida eterna por medio de Cristo nuestro Salvador, para nosotros y para nuestra familia. Es aquí en la Tierra donde podemos obtener la Vida eterna por medio del Verbo que era con Dios y era Dios, y dice que venía a este mundo y dice que vino a Su pueblo, a los Suyos, al pueblo hebreo y no lo recibieron, pero alguien lo va a recibir.

“Mas a todos los que le recibieron...”

¿Ve? Mas a todos los que le recibieron, los apóstoles, todas aquellas personas que seguían a Jesús y todos aquellos que cuando Pedro predicó creyeron en Cristo y fueron bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo; y todos aquellos que a medida que se ha estado predicando el Evangelio de Cristo, han estado recibiendo a Cristo como Salvador y han estado siendo bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y Cristo ha estado bautizándolos con Espíritu Santo y fuego; esas personas han nacido del agua y del espíritu, del Evangelio de Cristo y del Espíritu Santo, lo cual es un requisito para entrar al Reino de Dios, le dijo Cristo a Nicodemo, en San Juan, capítulo 3, versos 1 al 6: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios.”

Así como nosotros para ver el reino terrenal en que vivimos tuvimos que nacer; el que no nació no vio este reino terrenal. Nicodemo pensó que le estaba hablando de nacer otra vez a través de su madre y si estaba muerta era algo imposible, y si estaba anciana, ¿qué pensaría Nicodemo? “Mi madre ahora con... embarazada o yo entrando dentro de mi madre y ahora que estoy grande, ¿cómo voy a entrar? ¿Cómo voy a entrar para nacer de nuevo?” O sea, que era un problema grave para Nicodemo, para poder entrar al Reino de Dios y tener Vida eterna; pero Cristo se lo resolvió rápido:

“De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del agua y del espíritu, no puede entrar el Reino de Dios. No te maravilles de que te dije: ‘Os es necesario nacer de nuevo.”

Y ahora, vean lo sencillo que Cristo colocó lo que es el nuevo nacimiento; pero todavía no puede ser comprendido a menos que usted sepa que nacer del agua es nacer de la predicación del Evangelio de Cristo y nacer del espíritu es nacer del Espíritu Santo recibiendo el Espíritu Santo, luego de haber sido bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Recuerden que San Pedro el Día de Pentecostés, luego que predicó aquel maravilloso mensaje, las personas le preguntan, le dicen a Pedro y a los apóstoles: “Varones hermanos, ¿qué haremos?” O sea, estaban compungidos de corazón, el mensaje había llegado al alma de todos ellos. Pedro les dice: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo; porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.” [Hechos 2:37]. O sea, para los que están lejos y para los que están cerca, es para todo ser humano, no importa el país donde viva.

Y entonces fueron bautizados aquel día y fueron añadidas a la Iglesia del Señor Jesucristo como tres mil personas. Esas personas nacieron del agua y del espíritu, y así tiene que ser para todo ser humano. Recuerden que Cristo también fue bautizado en agua y luego vino el Espíritu Santo sobre Él: tiene la persona que pasar por esa misma trayectoria. Por eso Cristo ordenó a Sus discípulos diciendo en San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Tan simple como eso. Se predica el Evangelio para que nazca la fe de Cristo en el alma de las personas, de todas aquellas personas que son las ovejas que el Padre le dio a Cristo para que las busque y les dé Vida eterna, como dijo Cristo. “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” (San Lucas, capítulo 19, verso 10. Y San Mateo, capítulo 18, versos 11 al 14).

“Porque, no es la voluntad de vuestro Padre que se pierda uno de estos pequeños.” ¿Por qué pequeños? Porque el mayor es Cristo, el Primogénito es Cristo, Él es nuestro hermano mayor y nosotros somos Sus hermanos menores que Él, representados en ovejas, como también Cristo fue representado en una oveja, un Cordero. Juan cuando lo vio dijo: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.” (San Juan, capítulo 1, versos 28 al 36).

Y ahora, continuamos aquí leyendo, ya vimos cómo nacer de nuevo. Dice:

“...los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne...”

O sea, no son engendrados por un hombre en una mujer, no es engendrado, y nacimiento natural, como el que hemos tenido para aparecer en la Tierra, sino que es... vamos a ver:

“...los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.”

¿Ve? Es un nacimiento que viene del Cielo de parte de Dios, es el nacimiento del agua y del espíritu, del Evangelio de Cristo y del Espíritu Santo.

Ahora, vamos a ver el Verbo que era con Dios y era Dios; vamos a ver quién es, porque tiene un Nombre:

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.”

Y ahora, el Verbo se hizo carne, ¿y cuál es el Nombre del Verbo hecho carne? SEÑOR JESUCRISTO. Es el niño, el Hijo que le dijo el Ángel Gabriel a la virgen María en San Lucas, capítulo 1, que ella daría a luz. Pues estaba prometido en Isaías, capítulo 7, versos 14. “Porque he aquí la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará, se llamará su nombre, ¿cómo? Emanuel, que traducido es: “Dios con nosotros.”

Y ahora, el Verbo hecho carne a través del cual Dios creó todas las cosas se llama: Jesús. Por eso el Ángel le dice a la virgen María en el capítulo 1 de San Lucas, versos 30 en adelante:

“Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.

Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS.

Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;

y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.”

Ahora vean, la bendición tan grande que va a recibir la virgen María: concebir sin la unión con un hombre, sino por Obra y gracia del Espíritu Santo. Vean, aquí mismo lo dice:

“Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón.

Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.”

Y para aumentarle la fe a la virgen maría, miren lo que le dice:

“Y he aquí tu parienta Elizabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril;

porque nada hay imposible para Dios.

Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue (de ella)...”

Luego se fue el Ángel de ella, pero María dijo: “Hágase conmigo conforme a Tu Palabra.”  Y así aconteció, conforme a la Palabra que el Ángel le dijo a la virgen María; como también le había hablado a Zacarías el sacerdote, que el sacerdote Zacarías tendría un hijo a través de su esposa Elizabet, el cual sería profeta de Dios, grande delante de Dios (sería profeta de Dios), vendría con el espíritu y virtud de Elías, y vendría para preparar un pueblo bien apercibido para el Señor; ese sería el mensajero de Malaquías, capítulo 3, verso 1, y luego vendría a Su templo el Señor, vendría a Su Templo humano que es el cuerpo llamado Jesús y luego también vendría al templo de piedra, predicando como lo hizo luego en Su ministerio terrenal.

Pero el Templo de Dios, el más importante, es el Templo humano llamado Jesús. Recuerdan que en el capítulo 2 de San Juan, versos 17 al 21, Cristo dice: “Destruyan este templo, y en tres días yo lo levantaré.” Le dicen los judíos: “En cuarenta y seis años fue construido este templo, ¿y ahora tú dices que en tres días lo destruyamos y en tres días tú lo vas a levantar?”

Ahora, podían pensar algunos que era un terrorista, diciéndole a la gente que destruyeran el templo, incitando a la gente a destruir el templo. ¿Ven? Por eso cuando lo juzgaron fue una de las cosas que sacaron en el juicio que le hizo el concilio del Sanedrín.

Y ahora, el Verbo que era con Dios y era Dios, a través del cual Dios creó los Cielos y la Tierra, se hizo carne y fue conocido por el Nombre de Jesucristo. Jesucristo es el Verbo hecho carne, que era con Dios y era Dios, y creó todas las cosas. Este es uno de los misterios de grandes.

Pero vean, San Pablo lo aclara aquí en Hebreos, capítulo 1, cuando nos dice (capítulo 1, versos 1 al 3):

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas...”

¿Cómo es que Dios ha hablado? Siempre por medio de los profetas; por eso también el Mesías príncipe tenía que ser un profeta, un profeta en Su primera y segunda Venida).

Y ahora, dice:

“...en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo (o sea, por Jesucristo), a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.”

Vean, ¿quién es el heredero de toda la Creación? ¿Quién es el heredero del Universo, del Universo físico y del Universo invisible? Jesucristo, ¿y cómo fue hecho? ¿Cómo lo creó Dios? Por medio de Jesucristo, el cual estaba en Su cuerpo angelical, llamado el Verbo que era con Dios y era Dios. Estando en Su cuerpo angelical Cristo era primero que Juan el Bautista.

 Recuerden que Juan dijo que el que vendría después de él... Juan decía: “Yo no soy digno de desatar la correa de su calzado.” Él decía: “El que viene después de mí (o tras de mí), ese es mayor que yo; porque era primero que yo.” Y nació después de Juan el Bautista, seis meses después que Juan nació, nació Jesús. ¿Y cómo puede ser primero que Juan y mayor que Juan? En su cuerpo físico vino después de Juan; pero en Su cuerpo angelical es primero que Juan, es primero que Moisés, es primero que Abraham y es primero que Adán también; porque Él estaba en el principio. “En el principio era el Verbo y el Verbo era con Dios y el Verbo era Dios.” Y luego el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros los seres humanos; y vimos Su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad, y en Él estaba el Nombre de Dios.

Ahora, sigue diciendo San Pablo, vean:

“...a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.”

¿Ven? Por medio de Cristo fue que Dios creó el Universo.

Ahora, estamos viendo que Jesucristo es el Verbo que era con Dios y era Dios; y también estamos viendo algo aquí muy importante. Dice que en estos postreros días Dios nos ha hablado por Su Hijo, o sea, por Jesucristo.

Y ya hace dos mil años atrás que Cristo estuvo físicamente en la Tierra y Dios estuvo hablando por medio de Él. Él decía: “Yo no habla nada de mí mismo, como yo oigo al Padre hablar, así hablo; y como veo al Padre hacer, así yo hago.” Él también decía: “La obras que yo hago, no las hago de mí mismo, el Padre que mora en mí, Él hace las obras.” Era Dios por medio de Su Espíritu, el Ángel del Pacto obrando en Jesús, ese es el misterio que estaba en Cristo, el misterio de Dios el Padre y de Cristo, en donde están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. (Colosenses, capítulo 2, versos 2 al 3).

Y ahora, estamos viendo este misterio que estaba en Cristo; porque en Cristo moraba, mora y morará eternamente la plenitud de Dios. La Escritura nos dice que a Dios le agradó que en Él, en Jesús, morase la plenitud de la divinidad; esto es Padre, Hijo y Espíritu Santo; por eso Cristo decía: “El Padre que mora en mí, Él hace las obras.” Y cuando fue bautizado Juan vio el Espíritu Santo descender y posarse sobre Jesús; y también en San Lucas, capítulo 4, versos 11 en adelante, Cristo dice: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido.” Así que estaba el Padre y estaba el Espíritu Santo en Jesús.

Dios el Padre por medio de Jesús, a través del Espíritu Santo obraba todas aquellas maravillas y hablaba todas esas hermosas palabras y esas grandes verdades, las cuales algunas veces no eran bien recibidas, pero era la verdad. Y la verdad es la verdad y no tiene forma de ser adornada la verdad. Solamente la verdad es el adorno más grande que pueden tener las palabras de Jesús.

Ahora, vean cómo es que funciona el Dios hablarle a los seres humanos. En Zacarías, capítulo 7, versos 11 al 12, hablando del pueblo hebreo y de cómo Dios le hablaba al pueblo hebreo. Dice:

“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;

y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos.”

Aquí hemos visto cómo es que Dios hablaba por medio de los profetas. Dios hablaba y enviaba la Palabra y les hablaba por medio de Su Espíritu Santo, las cuales eran enviadas de parte de Dios, a través del Espíritu Santo a los profetas y los profetas las hablaban al pueblo, ese es el orden divino; y eso es nada menos lo que fue dicho en Éxodo, capítulo 23, para tener aquí el cuadro claro, dice:

“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz...”

¿Cómo vamos a oír la Voz del Ángel del Pacto enviado por Dios? A través de los profetas.

Ahora, porque el Ángel del Pacto le hablaba a Moisés, más adelante cuando Moisés terminó su ministerio, le hablaba a Josué; y más adelante cuando Josué terminó su tiempo, le hablaba a través de los jueces, a través de los profetas, le habló a través de Juan el Bautista también, luego a través de Jesús y de ahí en adelante, ¿cómo ha continuado hablando Dios? Ya lo vamos a ver. Pero recuerden:

“Guárdate delante de él (o sea, guárdate delante del Ángel), y oye su voz, no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.

Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.” (Éxodo, capítulo 23, versos 20 al 23).

Ahora, Dios envía Su Ángel, el mismo Ángel que vio Moisés en la zarza, en aquel árbol, que le habló y le dijo: “Yo soy el Dios de tu padre,” o sea, el Dios de Amram (el padre de Moisés), el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob.

Y ahora, el Ángel del Pacto está diciéndole a Moisés que Él es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, ¿cómo puede ser que un Ángel sea el Dios de Abraham de Isaac y de Jacob, que sea Dios? Es que ese Ángel en donde está el Nombre de Dios, es el cuerpo angelical de Dios, llamado también el Espíritu Santo; y por consiguiente el Nombre de Dios está en Él; y cuando se hizo carne y habitó en medio de la raza humana el Nombre de Dios fue también colocado en el velo de carne llamado Jesús (en hebreo Yeshua).

Y por eso Cristo decía en San Juan, capítulo 5, verso 43. “Yo he venido en nombre de mi Padre.” El Nombre de Dios estaba en Jesús.

Y ahora, Cristo en la Tierra es nada menos que la imagen y semejanza de Dios; antes de tener Su cuerpo físico, era la imagen del Dios viviente, que es el cuerpo angelical de Dios; y Su cuerpo físico de carne, es la semejanza física de Dios: “Emanuel, Dios con nosotros,” como fue prometido en Isaías, capítulo 7, verso 14; y que luego es citado en San Mateo, cuando le aparece el Ángel Gabriel a José, el esposo o marido de la virgen María. Dice capítulo 1 de San Mateo, versos 18 en adelante, dice:

“El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo.

José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente.

Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.

Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.

Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo:

He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo,

Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.”

Dios el Padre, con Su cuerpo angelical llamado el Ángel del Pacto dentro de un cuerpo de carne llamado Jesús. Eso era Dios visitando a Su pueblo, como dice en San Lucas, capítulo 7, cuando Jesús resucitó al hijo de la viuda, allá en la ciudad de Naín; la gente luego decía: “Dios ha visitado a Su pueblo; porque un gran profeta se ha levantado entre nosotros.” Esa es la forma en que Dios visita a Su pueblo, porque Dios viene dentro de ese profeta hablándole al pueblo y llevando a cabo lo que Dios ha prometido hacer en medio de Su pueblo.

Muchas personas dicen o ven a un hombre haciendo cosas, pero el que tiene entendimiento de la forma en que Dios obra y la forma en que Dios habla, siempre dirá: “Yo veo a Dios obrando por medio de ese hombre, de ese profeta.” Por eso Cristo decía: “Las obras que yo hago, no las hago de mí mismo, el Padre que mora en mí, Él hace las obras.” Siempre ha sido en esa forma, la forma en que hemos visto a través de la Escritura.

Por ejemplo, hemos visto a los profetas hablando la Palabra de Dios y también haciendo milagros; pero ellos no hablaron nada de sí mismos y tampoco hicieron milagros de sí mismos; era el padre celestial, Dios por medio de Su Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, que estaba en ellos haciendo esos milagros y hablando esas palabras, por lo cual es la Palabra de Dios; porque fue hablada por Dios a través de Su Espíritu Santo, por medio de hombres, de profetas.

Y ahora, ya podemos ver con más claridad este misterio de Dios el Padre, y de Cristo, como Dios se manifestaba, hablaba a través de Cristo como lo había hecho a través de los profetas del Antiguo Testamento. Y Dios le dijo a Moisés que “Profeta como tú les levantaré de en medio del pueblo, y pondré mi Palabra en su boca y él hablara todo lo que yo le mandare.” Eso está en el libro de Deuteronomio, capítulo 18, versos 15 en adelante.

También Moisés dijo: “Dios levantará de en medio del pueblo profeta como yo, a Él oíd.” ¿A quién hay que escuchar? Al profeta que Dios levanta en medio de Su pueblo; porque en él está Dios en Espíritu Santo, con Espíritu Santo, en el Espíritu Santo hablándole al pueblo y obrando lo que Él prometió hacer en este tiempo.

En el tiempo de Jesús Dios prometió para ese tiempo llevar a cabo la Obra de Redención, la Obra de Expiación por los pecados del pueblo; y lo hizo a través del velo de carne llamado Jesús, porque eso era lo que estaba prometido para aquel tiempo.

Y ahora, San Pedro nos dice en la Carta de San Pedro... vamos a ver Primera de Pedro, capítulo 1, versos 10 al 12:

“Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación,

escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos...”

Vean, el Espíritu de Cristo, el Espíritu Santo, que estaba en los profetas, pero ahora lo encontramos en Jesús; o sea, el Ángel del Pacto que estaba en los profetas, luego lo encontramos en Jesús.

“...el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos.”

Era el Espíritu Santo, el Espíritu de Cristo, que estaba en los profetas, el cual anunciaba por medio de los profetas la Venida del Señor y los sufrimientos que iba a tener en Su primera Venida.

“...y las glorias que vendrían tras ellos.”

Y las glorias que vendrían tras esos sufrimientos, luego que Él resucitara de los muertos, ascendiera al Cielo y se sentara a la diestra de Dios; ya esas son glorias que vendrían tras esos sufrimientos.

“A éstos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles.”

Y ahora, lo que los profetas del Antiguo Testamento administraban, todas esas profecías que traían y todas esas cosas que realizaban, y todos esos tipos y figuras de sacrificios de animalitos, todos esos sacrificios eran tipo y figura del sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario; era lo que un hombre en el cual estaría Dios en toda Su plenitud y que sería el Mesías, llevaría a cabo muriendo, al llevar nuestros pecados, tomar nuestros pecados, hacerse mortal y morir por todos nosotros.

Y ahora, los que han predicado el Evangelio de Cristo por el Espíritu Santo, hablando el Espíritu Santo a través de ellos, ¿qué es lo que ha sido oído? A Dios hablando por medio de los apóstoles y diferentes mensajeros de Dios que han sido enviados a la Tierra en medio del pueblo de Dios.

Recuerden que la Iglesia del Señor Jesucristo es la casa de Dios, el templo de Dios, el pueblo de Dios. Y Él ha estado hablando en medio de Su pueblo, que está bajo y dentro de un nuevo Pacto, así como habló en medio del pueblo hebreo, bajo el Pacto de la Ley.

Y ahora, encontramos que Dios ha continuado hablando y continuará hablando en nuestro tiempo, dándonos Su Palabra revelada para recibir así la bendición de la salvación y Vida eterna, recibir el Espíritu Santo, ser bautizados en agua en Su Nombre y obtener así la Vida eterna, y luego recibir la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Eso es Cristo hablando en medio de Su Iglesia. Por eso dice: “No desechéis al que ahora habla desde el Cielo, porque si aquellos no escucharon al que les hablaba en la Tierra, allá en el monte Sinaí, ¿nosotros cómo escaparemos si desechamos al que habla desde el Cielo? O sea, al Espíritu Santo, que es Cristo en Espíritu Santo, Cristo en Su cuerpo angelical, el cual dijo estando en la Tierra antes de subir al Cielo para sentarse allá y permanecer allá con el Padre y estar como Sumo sacerdote haciendo Intercesión por todos los que lo reciben como Salvador y limpiándolos de todo pecado, antes de subir al Cielo, luego de cuarenta días de estar con Sus discípulos, antes les dijo: “He aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

¿Y qué estaría haciendo Cristo en medio de Su Iglesia sin Su cuerpo físico, teniendo Su cuerpo físico glorificado en el Cielo? Pues estaría en Espíritu Santo hablando por medio de Sus diferentes ministros y llevando a cabo la Obra correspondiente a la Dispensación de la Gracia.

Él dijo: “También tengo otras ovejas que no son de este redil, las cuales también debo llamar, debo traer, y habrá un rebaño, y un pastor.” Dice: “Y escucharán mi voz.”

¿Y cómo van a escuchar la Voz de Cristo si Su cuerpo glorificado está en el Cielo en el Trono de Dios, porque Él estaría en medio de Su Iglesia en Espíritu Santo, o sea, en Su cuerpo angelical, que es el Ángel del Pacto; y estaría hablando por medio de Sus mensajeros, los apóstoles y diferentes mensajeros que Él ha enviado, junto a los cuales estarían los ministros de cada etapa, de cada edad, trabajando en la Obra del Señor en la Iglesia del Señor Jesucristo.

Así que, hemos estado viendo cómo Dios estaría obrando, estaría hablando durante todo ese tiempo, desde el Día de Pentecostés hacia acá. El Día de Pentecostés descendió el Espíritu Santo, o sea, Cristo en Espíritu Santo, y habló por medio de San Pedro aquel glorioso mensaje. Pero era Pedro predicando por el Espíritu Santo, el Espíritu Santo hablando a través de San Pedro.

Esto también estaba prometido en San Mateo, capítulo 10, verso 19, que el Espíritu Santo hablaría por medio de Sus mensajeros, de Sus apóstoles. Capítulo 10, verso 17 en adelante, para tener el cuadro claro, dice:

“Y guardaos de los hombres, porque os entregarán a los concilios, y en sus sinagogas os azotarán;

y aun ante gobernadores y reyes seréis llevados por causa de mí, para testimonio a ellos y a los gentiles.

Mas cuando os entreguen, no os preocupéis por cómo o qué hablaréis; porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar.

Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros.”

¿Ven? Esto lo dijo Cristo, y por consiguiente a través de la historia del Cristianismo hemos visto cómo habló por San Pedro, cómo habló por San Pablo, San Pedro entre los judíos y también en la casa de Cornelio, que era un gentil romano; y también cómo habló por medio del apóstol Pablo predicando el Evangelio de Cristo, predicando el Evangelio de Cristo por medio del Espíritu Santo. Esa es la forma para predicar el Evangelio de Cristo.

Vean, San Marcos también, capítulo 13, verso 11, nos habla de esto, cuando dice de la siguiente manera, versos 10 al 11:

“Y es necesario que el evangelio sea predicado antes a todas las naciones.

Pero cuando os trajeren para entregaros, no os preocupéis por lo que habéis de decir, ni lo penséis, sino lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo.”

Vean, el espíritu Santo hablando por medio de hombres, por medio de los apóstoles, por medio de ministros de Dios; por eso Dios ha colocado en Su Iglesia diferentes ministerios: para por medio de Su Espíritu hablarle a Su pueblo y hablarle a todos los seres humanos.

Encontramos en Apocalipsis, capítulo 14, verso 6 al 7; y San Mateo, capítulo 24, verso 14, ahí dice: “Y será predicado este Evangelio del Reino, por testimonio para todas las naciones...” Vamos a leerlo cómo lo dice:

“Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.”

Por lo tanto, habrá alguien que por el Espíritu Santo estará predicando este Evangelio del Reino a todas las naciones por testimonio, y para testimonio a todas las naciones. Y en Apocalipsis, capítulo 14, aparece el que estará predicando ese Evangelio a toda nación, a todos los moradores de la Tierra. Dice capítulo 14, versos 6 al 7:

“Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra...”

¿Para predicarlo a quiénes? A los moradores de la Tierra. Por lo tanto, tiene que venir en medio de los moradores de la Tierra en carne humana, y tiene que ser un profeta. Vamos a ver porqué:

“...para predicarlo a los moradores de la tierra a toda nación, tribu, lengua y pueblo.”

Es un mensajero, un Ángel mensajero. Recuerden que ángel significa: “Mensajero.” Y si va a predicar el Evangelio, el Evangelio es para ser predicado por seres humanos. San Pablo decía: “En los cuales desean mirar los ángeles.” Ahora, sigue diciendo:

“diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado...”

Está profetizando, hablándole el juicio divino que va a venir como lo hizo Noé, que estuvo profetizando el juicio del diluvio que vendría sobre la raza humana y le pondría fin a aquella generación antediluviana; y aquí este mensajero viene predicando y en su mensaje dando a conocer que la hora del juicio divino ha llegado para la raza humana.

“...y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.”

Y viene llamando a la humanidad a servir a Dios, a buscar a Dios y adorar a Dios y escuchar Su Palabra, o sea, que es un profeta que será enviado a la Tierra. Por lo tanto, es un espíritu de profeta de otra dimensión que será enviado a la Tierra en un cuerpo de carne humana.

Recuerden que los espíritus de los profetas están en otra dimensión y son enviados de tiempo en tiempo para traer la Palabra de Dios, porque la Palabra viene a los profetas. “Porque no hará nada el Señor Jehová, sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos Sus profetas.” (Amós, capítulo 3, verso 7).

Y en Apocalipsis, capítulo 1, hay un ángel (capítulo 1, verso 1 al 3) que es enviado a la Tierra, a la Iglesia del Señor Jesucristo, para dar a conocer las cosas que han de suceder. Es un profeta que viene dando a conocer las cosas que han de suceder, o sea, que viene profetizando (capítulo 1, verso 1 al 3). Él viene con la revelación de Cristo para toda la Iglesia. En Apocalipsis, capítulo 22, verso 16, dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias...”

Ese Ángel mensajero, ese profeta mensajero viene para dar testimonio de estas cosas en las iglesias, o sea, de todas estas cosas que van a suceder; es un profeta. En Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, dice:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto.”

Vean, el Dios de los espíritu de los profetas, ¿qué envía? Un espíritu de profeta que aparezca en la Tierra; pero antes de aparecer (que le toca el tiempo final), el Espíritu ha estado en medio de la Iglesia todo el tiempo. Así como el Ángel del Pacto, ha estado todo el tiempo, estuvo en medio del pueblo hebreo, estuvo desde Adán en medio de la raza humana, y después se hizo carne, el Verbo que era con Dios, el Ángel del Pacto y habitó en medio del pueblo hebreo y fue llamado Jesús, Dios con nosotros; y en Él estaba el Nombre de Dios.

Para el Día Postrero va a aparecer este Ángel que ha estado en medio de la Iglesia de Jesucristo todo el tiempo, va aparecer en carne humana en medio de la Iglesia, y ahí se va a cumplir lo que Cristo dice: “Al que venciere, yo le daré o yo lo haré columna del Templo de mi Dios, y nunca más saldrá fuera; y escribiré sobre él el Nombre de mi Dios, el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del Cielo, de mi Dios, y mi Nombre nuevo.” (Apocalipsis, capítulo 3, verso 12).

Y si Cristo dice que va a escribir sobre el Vencedor el Nombre de Dios, el nombre de la ciudad de nuestro Dios y Su Nombre nuevo; entonces va a aparecer en la Tierra un mensajero, un profeta en el cual Dios va a cumplir esa promesa. “Y los entendidos, entenderán;” porque ese mensajero estará revelándole al pueblo todos eso misterios, va a estar hablándole acerca de todos estos misterios, estas promesas divinas.

Su mensaje será para el tiempo final, el mensaje que se entrelaza con el mensaje del Evangelio de la Gracia, o sea, que será el Evangelio del Reino que estará predicando juntamente con el Evangelio de la Gracia, para traer los últimos que faltan para completar la Iglesia; y luego con el Evangelio del Reino darle a conocer el misterio de la Venida del Señor para el Día Postrero, hablar de todos esos misterios divinos para recibir así cada creyente en Cristo la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

En esa forma es que Dios en este tiempo final le va a estar hablando a la Iglesia del Señor Jesucristo, le estará hablando tanto con el mensaje del Evangelio de la Gracia como con el mensaje del Evangelio del Reino; o sea, que ese mensajero estará predicando por el Espíritu Santo, por medio del Espíritu Santo ungido con el Espíritu Santo, el Evangelio de la Gracia y el Evangelio del Reino; y eso será la lluvia temprana (el Evangelio de la Gracia), la lluvia de enseñanza; y la lluvia tardía de la enseñanza del Evangelio del Reino que gira alrededor de la segunda Venida de Cristo; así como el Evangelio de la Gracia gira alrededor de la primera Venida de Cristo. Tan simple como eso es todo el Programa Divino correspondiente a este tiempo final.

Y eso será: “DIOS HABLANDO HOY.”

Todos queremos escuchar a Dios hablando en este tiempo final. Él habló en el monte Sinaí, pero ahora Pablo nos dice: “No os habéis acercado a monte Sinaí, al monte que se podía palpar,” el cual, en donde se escuchaba la Voz de Dios, donde estaba el fuego divino, donde estaba la tempestad y la oscuridad, “no nos hemos acercado a ese lugar donde los que escucharon y vieron, dijeron: ‘Que no nos hable más Dios, porque hemos de morir.” El mismo Moisés estaba asustado y temblando. Pero Aarón dice: “Sino que nos hemos acercado al monte de Sión, a Jerusalén la celestial, la ciudad del Dios vivo.” Eso es la Iglesia del Señor Jesucristo, donde y desde donde Dios por medio de Su Espíritu Santo ha estado hablándole a Su pueblo.

Eso es Jesucristo en medio de la Iglesia en Espíritu Santo llevando a cabo la Obra correspondiente a la Dispensación de la Gracia, y luego llevando a cabo la Obra correspondiente a la Dispensación del Reino.

Esa es la forma establecida por Dios para Él hablarle a Su pueblo, a los creyentes en Cristo, a Su Iglesia y después al pueblo hebreo y a toda la humanidad; porque ese ministerio del Ángel que viene con el Evangelio eterno para predicarlo a todos los moradores de la Tierra, vean, estará predicándolo por el Espíritu Santo, el Espíritu Santo a través de él; es con un mensaje dispensacional del Evangelio del Reino y ese es el que tendrá el sello del Dios vivo, el Espíritu Santo, que es el sello del Dios vivo para llamar y juntar ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu, conforme a Apocalipsis, capítulo 7, versos 1 al 17; y Apocalipsis, capítulo 14, versos 1 al 5, donde aparecen ya ciento cuarenta y cuatro mil con el Cordero sobre el monte de Sión y con el Nombre del Padre y del Cordero escrito en sus frentes.

O sea, conociendo cuál es el Nombre de Dios y el Nombre del Señor, del Cordero, obtendrán el conocimiento de ese Nombre eterno de Dios; pues Dios dijo que “todos conocerían Su Nombre.” Eso está por Isaías, capítulo 52, versos 5 al 7, y en otros pasajes de la Biblia.

Por lo tanto, todos conocerían el Nombre de Dios para la primera Venida del Señor como Redentor, como Salvador; y todos conocerán el Nombre de Dios en la segunda Venida del Señor. Todo va a ser muy sencillo, como lo fue en la primera Venida de Cristo.

Y Dios estará hablando en este tiempo final, como ha estado hablando a través de las diferentes etapas de la Iglesia del Señor Jesucristo; porque Él está hablando en Su casa, Su Iglesia, Su familia, los creyentes en Cristo; en medio de Su Iglesia, Él ha estado todo el tiempo, y no ha estado sin hacer nada, ha estado llevando a cabo el Programa Divino para Su Iglesia, llamando y juntando a todas Sus ovejas y las ovejas escuchando la Voz de Cristo el buen Pastor, por medio de los diferentes ministros, mensajeros que han estado predicando el Evangelio de Cristo por el Espíritu Santo, ungidos con el Espíritu Santo; y esto ha sido Dios hablando de edad en edad, y así es como Dios estaría hablando hoy en nuestro tiempo.

Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón; ya yo escuché la Voz del Señor, creí en Él y lo recibí como mi Salvador, fui bautizado en agua en Su Nombre y Él me bautizó con Espíritu Santo y Fuego y produjo en mí el nuevo nacimiento. Y ahora tengo Vida eterna y estoy en el Reino de Cristo, he entrado en Su Reino, pues Él dijo: “El que no nazca del agua y del espíritu no puede entrar al Reino de Dios; pero el que nace del agua y del espíritu, del Evangelio de Cristo y del Espíritu Santo ha entrado en el Reino de Dios. ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también.

Si hay alguna persona que todavía no ha entrado al Reino de Cristo, al Reino de Dios, porque no lo ha recibido como Salvador, puede hacerlo y estaremos orando por usted; para lo cual puede pasar acá al frente y estaremos orando por usted.

Recuerden que recibir a Cristo como Salvador es un asunto de Vida eterna, no es un asunto de meterse a una religión, es un asunto de recibir a Cristo para que Cristo le dé Vida eterna. “Mis ovejas oyen mi Voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy Vida eterna.” O sea, que es un asunto de Vida eterna recibir a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador.

Es en esta Tierra que aseguramos nuestro futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno; si no aprovechamos el tiempo que Dios nos ha dado para vivir en esta Tierra, para recibir a Cristo como Salvador y ser rociados con la Sangre de Cristo y limpiados de todo pecado, y nos toca morir, ya no tendremos oportunidad de entrar al Reino de Dios, no tendremos oportunidad de decir: “Yo quiero ahora recibir a Cristo para que me dé la Vida eterna.” Si no lo recibió cuando vivió en la Tierra, para que Él le diera la Vida eterna, después que muere ya no puede hacer nada.

Por lo tanto, tenemos que aprovechar nuestro tiempo aquí en la Tierra para ser rociados con la Sangre de Cristo, recibiéndole como único y suficiente Salvador.

Todos queremos vivir eternamente, nuestra alma clama por la Vida eterna; por eso es que algunas veces hacemos muchas cosas para vernos más jóvenes: porque queremos vivir eternamente.

Es importante entender cómo obtener la Vida eterna, lo cual el mismo Cristo ya lo dijo, es creyendo en Él.

Vean, mientras llegan las personas (en los demás países también pueden venir a los Pies de Cristo, pues Cristo tiene lugar para ustedes también), vean, Cristo dijo en San Juan, capítulo 5, versos 24:

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.”

Esa es la forma de obtener la Vida eterna. Vean otro pasaje muy importante en el capítulo 6 de San Juan, versos 39 al 40, dice:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.”

¿Ven? La voluntad de Dios es que no se pierda ni una de esas almas de Dios, de esas ovejas que Dios el Padre le ha dado a Cristo para que las busque y les dé Vida eterna.

“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

¿Ven? Aquí está la forma en que la persona obtiene la Vida eterna y en que tiene la promesa de que si muere físicamente Cristo lo va a resucitar en el Día Postrero, en un cuerpo eterno, inmortal, incorruptible y glorificado. De eso es que nos habla San Pablo en Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21, donde nos dice: “Porque nuestra ciudadanía está en los Cielos, de donde esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, con el poder con el cual puede también sujetar a Sí mismo todas las cosas.”

Él tiene el poder para sujetar el Universo completo bajo Su gobierno y tiene el poder para resucitar a los muertos creyentes en Él en cuerpos glorificados, y para los que estén vivos, creyentes en Él, transformarlos, darles cuerpos eternos, jóvenes y glorificados para vivir con Él por toda la eternidad, tener cuerpos como el que Él tiene.

Esa es la clase cuerpo que todos necesitamos para poder vivir físicamente por toda la eternidad. Esa es la clase de cuerpo que Él le dará a todos los creyentes en Él que Él resucitará, y a los que estén vivos que transformará. Eso es exclusivamente para los creyentes en Cristo; el que no lo reciba se pierde la bendición más grande la Vida eterna, en un cuerpo eterno y glorificado. Son bendiciones grandes las que reciben los que reciben a Cristo como único y suficiente Salvador.

En las demás naciones pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo, ya vamos a orar por todos, vamos a estar puestos en pie. Algunas veces hay personas tímidas que les da timidez o vergüenza pasar al frente para recibir a Cristo como Salvador.

Pero recuerde, Jesucristo es la persona más importante que ha pisado este planeta Tierra, es la persona más importante que Dios tiene en el Cielo, está en el Trono de Dios. Él es el Rey de reyes y Señor de señores. Más bien es un privilegio, una honra, una bendición recibirlo como nuestro Salvador al Rey de los Cielos y de la Tierra.

¿No sería una honra, un privilegio y una bendición recibir al presidente de su nación en su hogar? Que le diga: “Quiero visitarte en tu hogar.” Eso es un privilegio grande.

Y ahora, Cristo quiere visitarte acá en tu alma, en tu corazón. Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón, Él quiere entrar a tu corazón, a tu alma, para bendecirte, darte la bendición de la Vida eterna. No hay otra persona que te pueda dar Vida eterna.

La exclusividad de la Vida eterna Dios la ha dado a Jesucristo. Dios nos ha dado Vida eterna y esta Vida está en Su Hijo Jesucristo. El que tiene a Cristo tiene la Vida eterna, el que no tiene a Cristo; porque no lo ha recibido como su Salvador, pues no tiene la Vida eterna se conformó con una vida temporera que no sabe cuánto tiempo le va a durar y cuando se le acabe pues no podrá vivir eternamente; porque no recibió a Cristo, para que Cristo le diera Vida eterna.

Ya vamos a orar por todas las personas que han venido a los Pies de Cristo que desean asegurar su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno. Cristo dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre sino por mí.” [San Juan14: 6]

No podemos buscar otra persona para llegar a Dios y para vivir eternamente, solamente hay una y Su Nombre es SEÑOR JESUCRISTO, y tenemos que asegurar nuestro futuro eterno mientras estamos en esta Tierra.

El que no segura su futuro eterno, no sabe porqué vino a la Tierra, no sabe porqué vive aquí en la Tierra, no sabe de dónde vino, porqué está aquí y a dónde va cuando muera; pero el creyente en Cristo sabe que vino de donde vino Cristo, del Padre, de la casa de nuestro Padre celestial y sabe que está aquí para ser lavado con la Sangre de Cristo al recibirlo como su Salvador; y sabe a dónde va, sabe que va al Paraíso donde están los apóstoles y todos los creyentes en Cristo que han partido en otros tiempos y que serán resucitados en un cuerpo eterno cuando Cristo lo resucite; y si permanece vivo hasta ese momento de la resurrección, será transformado, Cristo lo transformará y entonces tendrá un cuerpo eterno, glorificado, como el cuerpo de Jesucristo nuestro Salvador, que está tan joven como cuando subió al Cielo.

Así será el cuerpo que Él le dará a todos los creyentes en Él, y joven para toda la eternidad, que es lo que queremos: Vida eterna, vivir eternamente en cuerpos jóvenes, cuerpos glorificados, cuerpos interdimensionales.

Recuerden que Cristo subió al Cielo sin necesidad de un avión, ¿por qué? Porque en ese cuerpo se puede ir de una dimensión a otra. Recuerden que ya resucitado les aparecía a Sus discípulos y desaparecía delante de ellos, porque pasaba de una dimensión a otra; porque así es el cuerpo glorificado; y se puede comer también. Él comió un pedazo de pescado y un panal de miel que le dieron cuando Él les apareció; y ellos creían que era un espíritu, pero era real, había resucitado y ahora estaba glorificado. Así será conmigo. ¿Y con quién más? Con cada uno de ustedes creyentes en Cristo.

Vamos ya a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo.

La responsabilidad de Cristo era llevar a cabo el Sacrificio de Expiación y llamar Sus ovejas por medio de los predicadores. Mi responsabilidad es anunciarles, predicarles el Evangelio de Cristo y la responsabilidad de cada uno de ustedes es recibirlo como único y suficiente Salvador; porque usted tiene libre albedrío y le corresponde a usted escoger entre la vida y la muerte.

Dice la Escritura: “He aquí yo pongo delante de vosotros la vida y la muerte.” Y Cristo es la Vida. Por lo tanto, todo el que escoge la Vida, la Vida eterna recibiendo a Cristo como Salvador, vivirá por toda la eternidad.

Vamos ya a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo, nuestro Salvador, para lo cual levantamos nuestras manos al Cielo y con nuestros ojos cerrados, los que están presentes, los que están en otras naciones y en otras ciudades, los que han venido a los Pies de Cristo, repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón; creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados; reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor.

Señor, doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer de nuevo, quiero vivir eternamente Contigo en Tu Reino. Sálvame, Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes escucharon la predicación del Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en vuestras almas, y lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. También ustedes que están en otras naciones, ustedes me dirán: “Cristo dijo: ‘Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” Ustedes me dirán: “Escuché la predicación del Evangelio de Cristo, creí y ahora lo recibí como mi Salvador, y quiero ser bautizado en agua en Su Nombre lo más pronto posible. ¿Cuándo me pueden bautizar?”

Recuerden, Cristo fue bautizado por Juan el Bautista, él no lo quería bautizar; pero Cristo le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y si Cristo necesitó ser bautizado, cuánto más nosotros.

El Día de Pentecostés creyeron como tres mil personas y fueron bautizadas por los apóstoles y fueron añadidas a la Iglesia como tres mil personas; y así ha sido todo el tiempo en medio del Cristianismo, en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo; y todavía es así, porque todavía Dios sigue hablando a Su pueblo, Dios sigue hablándonos directamente a nuestra alma.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida, a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Ahí tenemos el simbolismo del bautismo en agua.

En el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. El agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo nuestro Salvador la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, en donde nos identificamos con Él en Su muerte, sepultura y resurrección.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Aprovecho también en estos momentos para dedicar este lugar a Dios, a la predicación de Su Evangelio y para congregar a los creyentes en Cristo que desean venir a este lugar para alabar a Dios, glorificar a Dios por medio de Cristo y ser alimentados con la Palabra de Dios, escuchando la predicación del Evangelio de Cristo.

Vamos a pedirle al ministro que pase aquí con su esposa y su niña, para dedicar este lugar y luego ser bautizados todos los que han recibido a Cristo como su único y suficiente Salvador. Con nuestros ojos cerrados:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti, juntamente con el pastor Daniel Arias Adame, su esposa María Inés Enciso Dennis de Arias y su hija Daniela Arias Enciso, los dedico a Ti y dedico también esta congregación y este edificio, este auditorio, este templo de piedras, de bloques, para Ti, para Tu servicio, para la predicación del Evangelio de Cristo y para reunirse Tus ovejas, los creyentes en Cristo, para glorificarte, cantarte, alabarte y escuchar Tu Evangelio, Tu Palabra y ser alimentados espiritualmente en sus almas todas las veces que aquí se lleven actividades a cabo; y también para recibir Tu Palabra escrita, y también en videos y así ser alimentados espiritualmente todo el tiempo.

En el Nombre del Señor Jesucristo dedico a Ti el ministro, a su esposa, a su hija, a esta congregación y este edificio, este auditorio para Ti, para Tu servicio en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora dejo al ministro Daniel Arias Adame, y a cada ministro en cada nación para que les indiquen hacia dónde dirigirse para colocarse las ropas bautismales y ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de nuestro amado Señor Jesucristo.

Que Dios les bendiga y les guarde y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Con ustedes el ministro aquí presente, el ministro reverendo Daniel Arias y cada ministro en cada país para que haga en la misma forma que él estará haciendo.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“DIOS HABLANDO HOY.”

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