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Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes y todos los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y les bendiga espiritualmente y materialmente, y les use grandemente en Su Obra en este tiempo final. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

 Un especial saludo para el doctor Franklin Enriques junto a su esposa, y a todos los hombres y mujeres de negocios en el Reino de Dios, que han estado fusionando sus negocios en el Reino de Dios allá en el Ecuador.

Que Dios le bendiga y les guarde y les prospere grandemente en sus negocios; y así como bendijo a Abraham, a Isaac y a Jacob en sus negocios terrenales, les bendiga a ustedes grandemente y también les use grandemente en Su Programa Divino correspondiente a este tiempo final.

Y ahora, un saludo también para el doctor Miguel Bermúdez Marín y para la doctora Kélita Machado y el doctor Salomón Cunha; doctor Salomón Cunha y su esposa Kélita allá en la República del Brasil.

Para esta ocasión leemos en el libro del Apocalipsis, capítulo 19, versos 7 al 10, que nos dice:

“Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado.

Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos.

Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.

Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Por cuanto todos estamos interesados en estar en las Bodas del Cordero en el Cielo, tenemos nosotros la bendición de saber que así como para bodas muy importantes, las personas no pueden decir: “Yo voy a estar en esa boda,” sino que tienen que haber recibido una invitación para estar en esa boda.

Y si la boda es para los hombres con ropa, traje de etiqueta, tiene que aparecer con traje de etiqueta, sino no lo dejan entrar; y si para las mujeres es cierta clase de vestido, tiene que ir vestida en esa forma, no puede ir con ropa, unos pantalones de jeens y unos tenis, porque esa no es la ropa para ese tipo de actividad.

Pero lo más importante es que tiene que haber sido invitada la persona, y si eso es así para una fiesta importante, para una boda importante en esta Tierra, ¿cuánto más para la Cena de Boda, la recepción de Boda del Hijo de Dios con Su Novia-Esposa que es la Iglesia del Señor Jesucristo; se requiere la invitación para poder estar en la Cena de las Bodas del Cordero. Y aquí dice, el Ángel le dice a Juan el apóstol:

“Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.”

Por lo tanto, hay una invitación, hay un llamado para ir a la Cena de las Bodas del Cordero, son convidadas estas personas para esa gran fiesta.

Y ahora, para cuando le preguntan a los creyentes en Cristo: “Bueno, ¿y para dónde tú vas siendo un creyente en Cristo? ¿Hacia dónde te va a llevar eso? ¿A dónde vas?” Porque el que brega o trabaja en la política dice: “Pues, yo voy para ser diputado o para ser alcalde; mi ruta, mi camino es para llegar a cierta posición política,” o “voy en esa ruta para llegar a ser el alcalde o presidente municipal, o ser miembro del consejo municipal, del cabildo, o ser gobernador, o ser miembro de la cámara de diputados de la gobernación, del estado, o para ser diputado de la nación a nivel federal, o ser senador, senador o tener un puesto importante en la presidencia, en el grupo de la administración presidencial, o ser presidente.”

Pero los cristianos, ¿hacía dónde van? ¿Para dónde van? Con su fe puesta en Cristo. “¿A dónde vas como Cristiano?” “Es que me llamaron para la gran Cena de las Bodas del Cordero, me convidaron, fui convidado.”

La Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, es la fiesta más importante que jamás se haya llevado a cabo en el Cielo, en la casa del Padre celestial, del Creador de los Cielos y de la Tierra; y por consiguiente para ir a esa gran fiesta: la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, tiene que surgir una invitación.

Y los que aceptan, reciben esa invitación y la aceptan, estarán en esa gran Cena de las Bodas del Cordero. De esto fue también que habló Cristo en San Mateo, capítulo 22, cuando enseñando en Su ministerio terrenal fue rechazado, dice en el capítulo 22, versos 7 en adelante, comencemos un poquito antes, versos 1 en adelante de San Mateo, capítulo 22, dice:

“Respondiendo Jesús, les volvió a hablar en parábolas, diciendo...”

¿Y por qué Cristo hablaba en parábolas? Dice Cristo, respondiendo a la pregunta de los apóstoles cuando les habló de la parábola del sembrador, en el capítulo 13, versos 9 en adelante [San Mateo], dice:

 “El que tiene oídos para oír, oiga.

El que tiene oídos para oír, oiga. Todas las personas tienen oídos para oír, excepto los que están con problemas, son impedidos en ese sentido. Pero hay millones de personas que no tienen oídos para oír lo que Dios por medio de Su Espíritu dice para los seres humanos, y dicen: “Yo no estoy interesado en esas cosas religiosas.” No está interesado en su futuro eterno, se conforma con una vida terrenal que dura una cantidad de años y que nadie sabe cuánto tiempo va a durarle esta vida terrenal; porque algunos mueren siendo bebés, otros mueren ya siendo niños que caminan, otros mueren jovencitos, otros mueren siendo ya personas de dieciocho a veinticinco años, otros mueren de veinticinco a cuarenta años a sesenta años, otros mueren a los setenta años, otros a los ochenta mas o menos (por ahí), y algunos llegan a cien años, pero con mucho trabajo, se llega; porque después de los cuarenta años, la vida como que es cuesta arriba.

Uno luchando y de momento le sale un achaque por un lado, un problemita de salud por un lado y después se resuelve ese y le sale otro por otro lado y va a esa edad más avanzada con mucho trabajo, muchos problemas; la mayor parte de las personas pasan esa experiencia; pero con todo y eso todos queremos vivir aunque pasemos trabajo y cuando pasamos de los sesenta, queremos continuar viviendo; por eso comemos, dormimos, vamos al médico cuando tenemos problemas de salud; porque la vida aunque tenemos problemas en esta vida terrenal, es buena.

Ahora, cuánto más una vida sin problemas de salud, sin problemas económicos y en una posición de miembros de la realeza, ¿les gustaría una vida así? Pues esa vida es la que Cristo tiene para todos los creyentes en Él. En el Reino del Mesías, de Cristo vean lo que está dicho en la Escritura y el que tiene oídos para oír la Voz de Dios, para oír la Palabra de Dios. Escuche lo que dice en Apocalipsis, capítulo 1, versos 5 al 6:

“Y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra.”

Vean quién es Jesucristo. Y ahora:

“Al que nos amó (nos ama la persona más importante del Cielo y de la Tierra que Dios tiene, en quien moró, mora y morará eternamente Dios en toda Su plenitud)...

Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre (para eso fue que Él murió, para lavarnos con Su Sangre de todos nuestros pecados),

y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre.”

Y ahora, nos ha hecho Reyes y Sacerdotes, pertenecemos a la realeza del Reino celestial; y por consiguiente cuando establezca Su Reino aquí en la Tierra, vamos a ocupar la posición de miembros de la realeza de ese Reino del Mesías, que será el Reino de David que será restaurado al cual el Mesías es el heredero; por eso el Ángel Gabriel a la virgen María, en el capítulo 1, de San Lucas, versos 30 al 36, le apareció y le dice: “¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres.” Porque sería la primera mujer en la historia de la raza humana que tendría un hijo sin la unión con un hombre, sería por obra y gracia del Espíritu Santo, y a ese niño le pondría por nombre, el nombre que el Ángel Gabriel le dijo. Le dice: “Ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande delante de Dios, y Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Israel, o sea, sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.”

Ese es un Reino eterno y es un Reino mundial, gobernará no solamente sobre la casa de Israel, sobre el pueblo hebreo, sino sobre todas las naciones y es en ese Reino que es realmente habrá la verdadera justicia social, y en donde habrá verdadera paz, la paz permanente; y por consiguiente donde los seres humanos serán felices completamente; todo eso es para ser hecho una realidad en el Reino del Mesías cuando se siente en el Trono de David y gobierne sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones, será un reino mundial; porque el Mesías como Hijo del Hombre es el heredero al planeta Tierra con todo lo que tiene y con todo lo que tendrá en el futuro.

Y en ese Reino es que todos los creyentes en Cristo estarán como Reyes, como Sacerdotes y como Jueces; porque los santos que son los creyentes en Cristo juzgarán al mundo y también a los ángeles en el juicio final, o sea, que el poder político, el poder religioso también y el poder judicial y todo otro poder será de Cristo y los creyentes en Él; porque a todo lo que Cristo es heredero, también son herederos con Él, o sea, coherederos con Cristo todos los creyentes en Él nacidos de nuevo.

Ahora, miren todas las bendiciones que hay para los creyentes en Cristo, todas esas bendiciones las pierden los que no creen en Cristo.

Y ahora, veamos otro pasaje que nos habla de lo que somos en el Reino de Cristo, de esto mismo que leímos, pero vamos a verlo en otros pasajes del Apocalipsis, para que así quede confirmado para todos nosotros lo que Él tiene para nosotros en Su Reino. Capítulo 5 del Apocalipsis, versos 9 en adelante, estos son todos los creyentes en Cristo en el Cielo. Vean, dice:

“Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;

y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.”

Con Cristo es que reinaremos sobre este planeta Tierra. Por lo tanto, la bendición grande para los creyentes en Cristo, será en el Reino del Mesías, la bendición física que han de tener en ese glorioso Reino. También en el capítulo 20, versos 4 al 6, dice:

“Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar...”

Por lo tanto, son jueces en ese Reino; porque los santos juzgarán al mundo y también los doce patriarcas y los doce apóstoles se sientan sobre veinticuatro tronos, doce para los apóstoles y doce para los doce hijos de Jacob y van a juzgar los doce apóstoles a las doce tribus de Israel. Sigue diciendo:

“...y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.”

Y ahora, el Reino del Mesías terrenal será de mil años y luego vendrá el juicio final, y después entrará la eternidad, donde ahí Cristo entrega el Reino al Padre y la Jerusalén celestial desciende sobre la Tierra y habrá un monte alto que surgirá de la Tierra por medio de los volcanes y ahí estará Cristo con Su Iglesia; esa será la Capital, la nueva Jerusalén de la cual nos habla Apocalipsis, capítulo 21 y capítulo 22. Será un monte alto que surgirá de la Tierra, donde habitarán todos los creyentes en Cristo, con Cristo; y así la ciudad que será establecida en la Tierra, la nueva Jerusalén...

 ¿Ven? Si es nueva Jerusalén, ya la Jerusalén actual va a desaparecer, donde está la Jerusalén actual ahí surgirá desde el corazón de la Tierra, por medio de los volcanes, surgirá un monte muy alto y ahí será donde Cristo con Su Iglesia, todos esos miembros de la Jerusalén celestial vendrán a morar y se convertirá ese territorio, que será grande, no tan pequeño como es en la actualidad, será un territorio muy pero que muy grande, mil quinientas millas de ancho por mil quinientas millas de largo (lo cual es muy grande) y la Jerusalén celestial descenderá y habitarán ahí todos los hijos e hijas de Dios; y todas esas huestes celestiales también estarán ahí; ahí estará el Trono de Dios, el Padre y el Trono de Cristo.

Y ahí, vean ustedes, será que el Universo tendrá materializado en un planeta el Trono de Dios, con el Trono del Cordero, el Trono de David y ese será, el planeta será el planeta capital del Universo y la nueva Jerusalén establecida ahí será la Capital, no solamente del planeta Tierra, sino de todo el Universo; vean porqué este planeta es tan importante para Dios, y porqué el territorio de Israel es tan importante en el Programa Divino; porque ahí es donde la nueva Jerusalén será establecida y será más grande que todo el territorio que tiene Israel en la actualidad.

Así que, vean ustedes porqué el interés de muchas naciones de ese territorio. También tenemos la promesa de que ese Reino, convertirá el Mesías Príncipe en Su Reino, las armas de guerra en herramientas de trabajo; cuando nos habla de la espada, será convertida en una herramienta de trabajo, en azadones y en arados y así por el estilo; eso nos habla que ya las guerras no van a existir en el planeta Tierra y tampoco en el Universo, porque también en el juicio final, los malos serán echados en el lago de fuego, el diablo va a desaparecer y todos los malos también con él.

Por lo tanto, no habrá problemas, todo será paz y felicidad para los seres humanos, pero en lo que llegamos a ese momento habrá problemas en la Tierra, habrá problemas en las naciones y así por el estilo, porque eso ya está profetizado a causa de que en el planeta Tierra hay buenos y hay malos, y por esa causa vienen los problemas.

Ahora, encontramos que en la parábola que dio Cristo aquí en San Mateo, capítulo 22, nos habla de la fiesta que fue preparada, una fiesta de boda, y dice a continuación en el pasaje que estábamos leyendo, dice:

“Respondiendo Jesús, les volvió a hablar en parábolas, diciendo...”

Ahora, la pregunta era porqué Cristo les hablaba en parábolas, Él mismo dice: “Porque a vosotros es concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, mas a los demás no es concedido.”

“El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo;

y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas; mas éstos no quisieron venir.

Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas.

Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios;

y otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron.”

Los siervos, vean, son tanto los profetas que Dios enviaba, como también a los apóstoles del Señor y demás misioneros, demás profetas que Él enviaba al pueblo. Sigue diciendo:

“Al oírlo el rey, se enojó...”

Y el Rey es Dios, el cual envió a Cristo y el cual preparó una fiesta de boda, una cena de boda. Fiesta de boda dice aquí. Y ahora:

Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad.”

Y por cuanto todo esto está relacionado al pueblo hebreo, encontramos que al rechazar a Cristo en Su Venida, rechazaron la invitación a la cena que Dios preparó, cena de boda, la Cena de las Bodas del Cordero, y luego en el año 70 qué sucedió? Lo que dice aquí. Dice:

“Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad.”

Eso pasó en el año 70 de la era cristiana o era común, cuando el general romano Tito por dos años cercó la ciudad desde el año 68 de la era común o cristiana, hasta el año 70, y les permitía salir de la Ciudad de Jerusalén los que quisieran salir.

Cristo ya había dicho que todas esas edificaciones serían destruidas, cuando los discípulos en el capítulo 24, versos 1 al 3, le dicen al Señor: “Mira Señor, qué edificios tan hermosos,” (porque realmente es hermosa la Ciudad de Jerusalén), y Cristo les dice: “De cierto, de cierto os digo que no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derribada,” y los discípulos luego que fueron con Jesús al Monte de los Olivos, aparte le preguntan: “Señor, cuándo serán estas cosas? (o sea, cuándo será la destrucción de Jerusalén) y qué señal habrá de Tu Venida y del fin del mundo.”

Y entonces Cristo comienza a explicarles cuándo sería las señales que serían manifestadas, Él les dice que cuando vean a Jerusalén cercada de ejércitos ha llegado el tiempo para su destrucción, esa era la señal grande para la destrucción de Jerusalén, y fue vista cercada por dos años la ciudad de Jerusalén por el general romano Tito Vespasiano; y Él les dijo a Sus discípulos que cuando vieran a Jerusalén cercada de ejércitos los que estaban en Jerusalén, salieran de Jerusalén, salieran de la ciudad porque había llegado el tiempo para la destrucción de la ciudad y también del templo, y los que estaban fuera de la ciudad no regresaran, no vinieran a la ciudad porque había llegado el tiempo para la destrucción de Jerusalén y de todos esos edificios que le habían mostrado Sus discípulos.

Cuando los discípulos en el año ‘68 de la era cristiana comenzaron a ver los ejércitos cercando a Jerusalén, vieron la señal y se fueron de Jerusalén, y no murieron cuando fue destruida Jerusalén; ya eso estaba profetizado en el libro del Profeta Daniel, capítulo 9, versos 21 al 27.

La destrucción de Jerusalén sería después de la muerte del Mesías, por consiguiente sería después de la muerte de Cristo. Más adelante, en algún año subsiguiente ocurriría la destrucción de Jerusalén, y Cristo hablando en San Lucas, capítulo 19, dice porqué causa vendría la destrucción de Jerusalén, por cuanto no conocieron el tiempo de Su visitación, la visitación de Dios en el Mesías, y por Cristo lloraba sobre la ciudad capital de Su pueblo Israel.

Es como si alguno de ustedes sabe que va a ser destruida la capital de la República y que eso va a ser así, no hay forma de evitarlo, usted se pone muy triste y llora a causa de lo que va a suceder, y trataría de sacar su familia de esa ciudad.

Ahora, Jesús que amaba a Su pueblo y a todas las ciudades, podemos ver lo triste que estaba al saber lo que le iba a pasar a Jerusalén y al templo.

Ahora, podemos ver que esto fue de acuerdo a como Cristo en las parábolas dijo que sucedería, y ya estaba también hablado en los profetas del Antiguo Testamento.

Ahora, sigue diciendo (vean, ellos no recibieron la invitación a la Cena de las Bodas del Cordero, excepto algunas personas que creyeron en Cristo):

“Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la verdad están preparadas; mas los que fueron convidados no eran dignos.

Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis.

Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados.”

Esto se ha estado cumpliendo por mandato de Cristo, pues Cristo en San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16, dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Esa es la invitación a la Cena de las Bodas del Cordero, y el que la recibe, la acepta, es el que acepta a Cristo como su único y suficiente Salvador.

Ahora, se requiere estar vestido de boda. Ahora vean, dice:

“Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos...”

Por eso en medio del Cristianismo encontramos que ha estado el trigo y la cizaña, los buenos y los malos, y algunas veces hay personas que tropiezan cuando ven en medio del Cristianismo personas que no son muy buenas, y dicen: “Yo no voy a entrar a ser un creyente en Cristo porque veo gente malas también ahí,” es que así fue profetizado: que serían juntados buenos y malos, y Cristo dijo que el Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró trigo en su campo, y el campo es el mundo, y luego vino, mientras dormían los siervos vino el enemigo, un enemigo que es el diablo y sembró cizaña.

Y luego cuando nació el trigo, brotó el trigo, también apareció la cizaña. Los hijos del malo, aparecen ¿dónde? En medio del Cristianismo en este planeta Tierra; juntamente aparecen los buenos y los malos, el trigo y la cizaña, y dicen los siervos: “Señor, quieres que arranquemos la cizaña?”

Porque a nadie le gustaría que en medio del trigo esté la cizaña, como a nadie le gustaría en su terreno donde ha sembrado usted buena simiente, buena semilla, que le aparezca a usted hierba mala porque usted no la necesita, no la quiere allí.

Pero el Señor dice: “Dejen que crezca, no vayan arrancar la cizaña, porque arrancando la cizaña pueden también arrancar el trigo,” y lo importante es el trigo; y por causa de que se puede afectar el trigo, los hijos de Dios, entonces hay que dejar la cizaña también en el campo, “y dejen todo que al tiempo de la siega, de la cosecha, el Hijo del Hombre (Cristo).” Dice: “Yo diré a los segadores, recoged primero la cizaña y atadla en manojos para ser quemada, ser echada en el fuego y ser quemada,” y también dice que será recogido el trigo en el granero.

El trigo son los hijos de Dios que serán recogidos en el tiempo final, los escogidos serán transformados los que estén vivos, y los muertos en Cristo serán resucitados en cuerpos glorificados para ser llevados a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, y la cizaña pues será echada a la gran tribulación, donde será el lloro y el crujir de dientes, donde dice Malaquías, capítulo 4:

“Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama.”

Así terminarán los malos, la cizaña, y los buenos, pues en la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, con el Señor en la casa del Padre celestial, y después cuando termine esa fiesta en el Cielo que durará tres años y medio en donde habrá repartición de galardones también, mientras en la Tierra se estará pasando por ese tiempo de juicio divino donde los volcanes entrarán en erupción y la lava volcánica cubrirá la Tierra, y la ceniza volcánica se esparcirá por el planeta Tierra, y todo eso preparando el planeta para el Reino del Mesías.

Pero para los malos será un grave problema que estará sucediendo, eso es de lo que nos habla el profeta Malaquías, después de ese tiempo de gran tribulación llamado gran tribulación o apretura de Jacob que durará tres años y medio en donde también una tercera guerra mundial atómica va a llevarse a cabo, vean, luego de ese lapso de tiempo Cristo viene con Su Iglesia, con todos los creyentes en Él ya con cuerpos inmortales y glorificados, y los ángeles también vienen con Él, para el establecimiento del Reino del Mesías en la Tierra, el Reino de paz, de amor y de felicidad para todos los seres humanos que estarán vivos en la Tierra y que entrarán al Reino del Mesías.

Ahora, veamos cómo ha surgido, ha salido la invitación para ir a la Cena de las Bodas del Cordero, esa invitación es la predicación del Evangelio de Cristo y todo el que crea y sea bautizado, dice Cristo: “Será salvo, mas el que no crea, será condenado.” Tan simple como eso. Frente a la predicación del Evangelio de Cristo la persona solamente puede hacer una de dos cosas: o creer o no creer, ser creyente o ser incrédulo; y eso va a determinar lo que será el futuro de cada persona en la Tierra: o la Vida eterna, o la muerte y destrucción en el lago de fuego.

Ahora, veamos a continuación lo que dice en esta misma parábola, pero explicada en otra forma, allá en San Lucas, capítulo 14, verso 16, dice que los siervos cuando fueron y colocaron dentro de la casa donde sería la fiesta, colocaron las personas que vinieron, dice que el siervo dijo: “Hemos hecho como ordenaste y todavía hay lugar,” se ha hecho así durante dos mil años y ahora en este tiempo todavía hay lugar para entrar a la casa de Dios, a formar parte del pueblo de Dios, de la Iglesia del Señor Jesucristo, y ser así identificado como uno que ha sido convidado y aceptó la invitación.

Y luego fueron a buscar más personas, que es lo que pasa en nuestro tiempo: todavía se está evangelizando, se está predicando el Evangelio de Cristo y dándole a conocer a las personas que hay oportunidad de recibir a Cristo como Salvador para obtener la salvación y Vida eterna y para después ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo. Son bienaventuradas esas personas que escuchan y reciben a Cristo como Salvador, porque han aceptado la invitación para la Cena de las Bodas del Cordero.

Ahora, dice el Señor Jesucristo en San Juan, capítulo 6, versos 1 al 6 hablándole a Nicodemo (después continuaremos aquí en este pasaje que estamos leyendo), dice a Nicodemo:

“De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.”

Y ahora, se requiere nacer del Agua y del Espíritu, o sea, nacer de la predicación del Evangelio de Cristo, del Evangelio de Cristo es nacer del Agua, y nacer del Espíritu es recibir el Espíritu Santo y así la persona ha obtenido el nuevo nacimiento y por consiguiente ha nacido en el Reino de Dios, ha entrado al Reino de Dios; así como para entrar en este Reino terrenal tuvimos que nacer, el que no nació y el que no nació vivo, no vio este reino terrenal, por lo tanto, para ver y vivir en este reino terrenal tuvimos que nacer, y para ver y vivir en el Reino del Señor que está en la esfera espiritual, tenemos que nacer de nuevo, para luego cuando venga ese Reino en la esfera física, también vivir en ese Reino del Mesías.

Y ahora, continuamos aquí con la parábola, dice:

“Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda.”

¿Ven? Les dije que para fiestas importante hay una forma en que la persona tiene que estar vestida. El vestido de boda para la Cena de las Bodas del Cordero es el Espíritu Santo en donde la persona recibe el Espíritu Santo y obtiene el nuevo nacimiento y por consiguiente obtiene un cuerpo angelical.

Recuerden que nuestros cuerpos es un vestido terrenal en donde estamos habitando, y el espíritu de la persona es un vestido espiritual, una casa espiritual, un cuerpo espiritual, parecido al cuerpo físico, pero de otra dimensión; y cuando la persona recibe el Espíritu de Cristo, el Espíritu Santo, recibe un cuerpo angelical y por eso cada creyente en Cristo tiene su Ángel, le llaman el Ángel de la guarda o Ángel guardián, y cuando Pedro estuvo preso y fue libertado por el Señor llegó a la casa donde estaban orando por él un grupo de cristianos, y una joven llamada Rode cuando escuchó que alguien estaba tocando la puerta, fue abrir la puerta y al escuchar que era Pedro, de gozo no abrió la puerta y se regresa donde están las demás personas y les dice: “Es Pedro el que está llamando a la puerta,” le dicen: “Rode, estás loca, es su ángel.”

¿Ven? Ellos tenían conocimiento de que cada creyente en Cristo tiene su ángel que es el cuerpo angelical. En algunas naciones cuando ven que una persona aparece y desaparece, dicen: “Fulano de tal al cual vimos y desapareció, va a morir o murió, porque hemos visto su espíritu.” Y en algunos países dicen: “Está desandando.” Va, pasa, visita algunos familiares y amigos y algunas veces, algunas personas ven eso y dicen: “Va a morir o murió.” Eso pensaban de Pedro.

Y ahora, ese es el vestido de boda, el Espíritu Santo, las vírgenes insensatas en la parábola de las diez vírgenes del capítulo 25, verso 1 al 13 de San Mateo, nos habla también del Espíritu Santo representado en el aceite que tenían que tener las lámparas, o sea, en sus vidas, el Cristianismo fue representado en diez vírgenes, cinco prudentes y cinco insensatas, que en algunas versiones les llaman fatuas.

Una persona fatua es una persona insensata, dice que las prudentes tomaron consigo aceite en sus lámparas, pero las insensatas no tomaron consigo aceite; es como cuando se va a dar un viaje largo en automóvil y las personas no mira a ver si tiene gasolina el auto o se van con muy poco, por lo tanto, no van a llegar al sitio que quieren llegar; pero el que es prudente, le echa la gasolina porque sabe que el carro no camina con aire, es con gasolina, y va a llegar al lugar que quiere llegar, porque lleva el conductor correcto.

Así le pasa a las vírgenes prudentes y las vírgenes insensatas: las prudentes tomaron consigo aceite en sus lámparas, o sea, recibieron el Espíritu Santo; porque para entrar al Reino de Dios o Reino de los Cielos se requiere nacer del Agua y del Espíritu, y los que van a ser llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, los que van a entrar con Cristo a las bodas del Cordero son los que tienen aceite en sus lámparas.

Y las vírgenes insensatas que no tenían aceite en sus lámparas, no tenían el Espíritu Santo, eran creyentes profesantes, eran personas que creyeron en Cristo, lo recibieron como Salvador, pero luego no recibieron, no siguieron adelante para recibir el Espíritu Santo y por consiguiente esas personas no nacieron de nuevo, solamente fueron creyentes profesantes.

Y ahora, se cumple en las vírgenes prudentes y las vírgenes insensatas lo que dijo Cristo: “Porque muchos son llamados y pocos son escogidos,” los escogidos son los que están representados en las vírgenes prudentes, los que tienen el Espíritu Santo y han obtenido el nuevo nacimiento y están listos para recibir la transformación de sus cuerpos, y si murieron, recibir la resurrección en cuerpos eternos para después ir a la Cena de las Bodas del Cordero al Cielo.

Ahora, así como nosotros tenemos la vestidura exterior y la vestidura interior, así también es con la vestidura de boda, se recibe primero el bautismo del Espíritu Santo en donde se recibe el cuerpo angelical, y luego se recibirá el cuerpo físico glorificado para ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, porque ninguna persona puede subir al Cielo en un avión o en un cohete, no hay línea aérea que sepa llegar a la casa del Padre celestial.

Pero vean, Cristo subió al Cielo y está en el Trono de Dios, también el profeta Elías subió en un carro de fuego, así es que hay viajes hacia la casa del Padre celestial, al Cielo, pero las líneas aéreas no tienen esa exclusividad (no tienen); la exclusividad la tiene Dios y se la ha dado a Cristo, por lo tanto, esas líneas aéreas terrenales no tienen esa ruta de un aeropuerto al Cielo.

Enoc también se lo llevó Dios al Cielo, y también va a llevar... se llevó a los que resucitaron cuando Cristo resucitó, muchos de los santos del Antiguo Testamento que habían muerto físicamente, y va a resucitar a los muertos creyentes en Él nacidos de nuevo por supuesto, los cuales están en el Paraíso y van a venir para recibir el cuerpo eterno y glorificado, y los creyentes en Cristo nacidos de nuevo que estén vivos, van a ser transformados, y entonces estaremos con la doble vestidura de boda, la espiritual y la física, el cuerpo angelical y el cuerpo físico glorificado; porque solamente los que sean transformados serán los que podrán ir a la Cena de las Bodas del Cordero, de los que estén vivos, y los que sean resucitados en cuerpos glorificados y eternos podrán ir a la Cena de las Bodas del Cordero, el resto de los muertos no resucitará hasta la segunda resurrección.

La resurrección de los creyentes en Cristo es la primera resurrección, o sea, pertenece al grupo de la primera resurrección, y esa resurrección es para Vida eterna.

Y ahora, vean aquí lo que dice:

“Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció.

Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.

Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.”

Los escogidos son representados en las vírgenes prudentes, en el trigo, y los muchos en las vírgenes insensatas.

Y ahora, para los creyentes en Cristo... ¿hacia dónde vas? ¿A dónde vas como creyente en Cristo? Pues vamos a la Vida eterna con Cristo a recibirlo. Él nos da la Vida eterna, Él perdona nuestros pecados y con Su Sangre limpiarnos de todo pecado y ser bautizados en agua en Su Nombre y Él nos bautiza con Espíritu Santo y Fuego y produce en nosotros el nuevo nacimiento.

Ya tenemos Vida eterna, y hemos entrado al Reino de Cristo que está en la esfera espiritual, pero nos falta recibir la Vida eterna física que será la adopción física como hijos e hijas de Dios, esa será la redención del cuerpo de la cual habla San Pablo en Romanos, capítulo 8, versos 14 al 29, y estamos esperando esa transformación de nuestros cuerpos y también estamos esperando los muertos en Cristo que resuciten, porque van a estar con nosotros una temporada, como Cristo estuvo una temporada ya resucitado, estuvo una temporada de 40 días con Sus discípulos apareciéndoles en diferente ocasiones (no menos de ocho veces apareció a Sus discípulos) y hablándoles acerca del Reino de Dios.

Por lo tanto, será un tiempo para predicarse el Reino de Dios en esos días, que van a ser unos 30 ó 40 días ya transformados estrenando el cuerpo nuevo, y ya para ir en algún momento con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, porque hemos sido invitados, llamados para la gran Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo.

Y ahora, podemos ver la contestación a la pregunta: “¿A dónde vas? Pues voy a la Cena de las Bodas del Cordero porque he sido invitado y he aceptado la invitación, voy para la fiesta más grande que se haya llevado a cabo en el Cielo, a la cual solamente se puede llegar por la invitación que hemos recibido, y ha sido una invitación directa de parte de Dios, por eso el Ángel le dice a Juan el apóstol: “Estas palabras son fieles y verdaderas.”

Por lo tanto, siendo fieles y verdaderas estamos seguros que vamos a la Cena de las Bodas del Cordero y que somos bienaventurados, porque hemos sido convidados, invitados a la Cena de las Bodas del Cordero y hemos aceptado la invitación y hemos recibido el vestido de boda, el Espíritu Santo y recibiremos el vestido físico de boda que será el cuerpo nuevo, el cuerpo glorificado y eterno que Cristo nos dará cuando nos transforme, y entonces todos seremos jóvenes.

Cuando se va a una fiesta de boda, todo el mundo dice: “Qué bonita, qué hermosa se ve la novia y el novio también,” y los invitados, porque todo están bien preparaditos. Y Cristo cuando nos transforme todos vamos a ser iguales a Él con cuerpos glorificados y jóvenes, y todos van a ser vistos hermosos, bonitos y con el privilegio de tener la bienaventuranza de haber sido convidados a la Cena de las Bodas del Cordero, que será en el Cielo en la casa de nuestro Padre celestial.

Y si aquí en la Tierra se prepara un lugar tan hermoso para una fiesta importante, de gente que tienen mucho dinero, cuánto más en el Cielo Dios ha preparado, Dios el Padre para Su Hijo Jesucristo y Su Iglesia, los creyentes Él, en donde estarán los ángeles, querubines, Arcángeles, todos en esa gran fiesta, y los santos del Antiguo Testamento que fueron resucitados con Cristo en el capítulo 27, verso 51 en adelante del Evangelio según San Mateo.

Así que va a ser una gran fiesta celestial, una gran fiesta literal allá en el Cielo, y yo he sido convidado e invitado, acepté la invitación y Él me ha dado la vestidura de boda espiritual, y me dará la vestidura física de boda que será el nuevo cuerpo eterno, inmortal, y glorificado, ¿y a quién más? A cada uno de ustedes también.

Si hay alguna que todavía no está lista, no ha aceptado la invitación para la Cena de las Bodas del Cordero, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted, la fe de Cristo ya nació en su alma al escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, y ahora tiene la oportunidad y el privilegio de dar testimonio público de su fe en Cristo recibiéndolo como único y suficiente Salvador, porque “la fe viene por el oír,” y ya usted escuchó el Evangelio de Cristo, la invitación a la Cena de las Bodas del Cordero. “Y con el corazón se cree para justicia,” ya usted está creyendo en Cristo; pero “con la boca se confiesa para salvación.” Por eso Cristo decía: “El que me confesare delante de la gente, yo le confesaré delante de mi Padre que está en los Cielos,” pero también decía: “Pero el que me niegue delante de los hombres, yo le negaré delante de mi Padre que está en los Cielos.” (San Mateo, capítulo 10, verso 32 al 33).

Así que podemos ver que es muy importante dar testimonio público de nuestra fe en Cristo recibiéndole como único y suficiente Salvador, para lo cual pueden continuar pasando acá al frente para orar por ustedes en esta noche.

Los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo para que Cristo les reciba en Su Reino. Los niños también de diez años en adelante pueden venir a los Pies de Cristo, Cristo tiene lugar en Su Reino para los niños también, Él lo dijo cuando dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los Cielos.” Y si Cristo lo dijo, así es. Por lo tanto, los niños también tienen el derecho y oportunidad de venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Dios tiene mucho pueblo en esta ciudad, en Ciudad del Carmen, y en todas las ciudades de la República Mexicana, y los está llamando, en todo el territorio de la República Mexicana Dios tiene mucho pueblo, muchos hijos y los está llamando para estar en la Cena de las Bodas del Cordero con Cristo, y esos hijos son los que oyen la Voz de Cristo el Buen Pastor, pues Cristo lo dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y yo las conozco y me siguen, y yo les doy Vida eterna,” así que Cristo dijo que usted iba a creer e iba a seguir a Cristo, y Cristo le iba a dar Vida eterna, ya es algo determinado por Dios.

Ustedes está escuchando el Evangelio de Cristo porque el Nombre suyo está escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida, y por esa causa Dios le guió para estar en esta ocasión escuchando la predicación del Evangelio de Cristo, y también ustedes que están en otras naciones tienen sus nombres escritos en el Cielo en el Libro de la Vida, por lo cual ustedes están escuchado la predicación del Evangelio de Cristo en estos momentos.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Si falta alguno por venir, puede venir para que asegure su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno.

Todos decimos: “Yo quiero asegurar mi futuro, voy a estudiar una carrera, yo quiero asegurar mi futuro, quiero hacer tal y tal cosa, yo quiero asegurar el futuro de mis hijos, los voy a mandar a estudiar en el colegio mejor, y quiero que luego vayan a la universidad para que tengan su profesión y así tengan su futuro asegurado.” Pero luego si se muere, luego que termine sus estudios, terminó toda la esperanza suya de asegurarle el futuro, porque la vida terrena es por un tiempo, y nadie sabe cuándo se le va a terminar a la persona.

La forma de asegurar el futuro, pero el futuro eterno es con Cristo, y el único que tiene el seguro del futuro eterno es Jesucristo nuestro Salvador, la Escritura dice que Dios nos ha dado Vida eterna, y esta vida está en Su Hijo, en Jesucristo, y dice: “El que tiene al Hijo, tiene la vida (o sea, tiene la Vida eterna), mas el que no tiene el Hijo de Dios no tiene la vida,” no tiene la Vida eterna, lo que tiene es una vida temporera que se le va a terminar y no sabe cuándo se le va acabar; y la buena noticia para los creyentes en Cristo es que tenemos Vida eterna, eso es de lo que habla Primera de Juan, capítulo 5, verso 10 al 13; y el mismo Evangelio según San Juan, capítulo 3, vero 16, dice:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Así es como aseguramos nuestro futuro y el futuro eterno de nuestra familia: recibiendo a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador. Por eso Él dijo: “Mis ovejas oyen mi voz y yo las conozco y me siguen, y yo les doy Vida eterna.” Es Vida eterna lo que Él nos da cuando lo recibimos como nuestro único y suficiente Salvador; y nadie más puede darnos Vida eterna, solamente Cristo porque Él tiene la exclusividad de la Vida eterna.

Ya vamos a orar por todos los que han venido a los Pies de Cristo, si falta alguno por venir, puede venir, y en las demás naciones si falta alguno por venir, puede también pasar al frente donde ustedes se encuentran.

Vamos a levantar nuestras manos al Cielo y con nuestros ojos cerrados repitan conmigo esta oración los que han venido a los Pies de Cristo:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti de todo corazón, creo en Tu primera Venida y en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo en que podemos ser salvos, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino. Sálvame Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado porque ustedes lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Por cuanto ustedes al escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en vuestra alma, en vuestro corazón, o sea, que fue una Obra de Dios por medio del Espíritu Santo en usted.

Y ahora, por cuanto Cristo dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.” Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado, o bautizada en agua lo más pronto posible.” Porque fue Cristo que dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.” Aun el mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista, el cual no lo quería bautizar y le decía: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por ti, y Tú vienes a mi para que yo te bautice?” Y Cristo le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces lo bautizó y vino el Espíritu Santo sobre Jesús.

Y ahora, ¿cuánto más yo tenía necesidad de ser bautizado en agua en el Nombre del Señor? ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también.

Y ahora, el agua en el bautismo no le quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo que ha estado siendo obedecido por todos los que han recibido a Cristo como Salvador, y Él mismo fue bautizado por Juan el Bautista.

Y ahora, veamos, el Día de Pentecostés Pedro predicó y como tres mil personas creyeron y fueron bautizadas en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, ellos habían dicho: “Varones hermanos, qué haremos?” Porque habían escuchado a Pedro predicar y le preguntan a Pedro y a los apóstoles qué tenían que hacer, Pedro les dice:

“Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos (y los que están cerca); para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.”

Es para todo el mundo. Por lo tanto, bien pueden se bautizados como fueron bautizados aquellas personas, y eran como tres mil personas, fueron bautizadas aquel día como tres mil personas y fueron añadidas a las Iglesia del Señor Jesucristo.

Y ahora, el bautismo en agua es tipológico, pero es un mandamiento del Señor. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente, simbólicamente está siendo sepultada la persona, porque los muertos tienen que ser sepultados, y la persona muere al mundo y tiene que ser sepultado en ese simbolismo; y luego cuando el ministro lo levanta de las aguas bautismales está resucitando, levántandose a una nueva vida, a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Por eso en el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Así que, bien pueden ser bautizados en el Nombre del Señor Jesucristo. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Jesucristo nuestro Salvador, y nos veremos en la gran Cena de las Bodas del Cordero.

Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Dejo en estos momentos al ministro, reverendo Rigoberto Gómez Aburto para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo en estos momentos. Y a los que están en otras naciones, dejo al ministro correspondiente para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en estos momentos en el Nombre del Señor Jesucristo.

Recuerden que hay agua, hay ropas bautismales aquí y también en las demás naciones que están en estos momentos conectados con esta conferencia.

Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“¿A DÓNDE VAS? ES QUE ME LLAMARON A LA CENA DE LAS BODAS DEL CORDERO.”

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