ImprimirImprimir

Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones, y a todos los ministros también mis saludos. Y que Dios los bendiga a todos ustedes y les conceda las peticiones de vuestro corazón y les hable directamente a vuestra alma y nos edifique a todos en esta ocasión. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para esta ocasión leemos un pasaje que es muy conocido por todos. Pero antes quiero expresarles mi aprecio y agradecimiento por el respaldo que le están dando al gran proyecto de La gran Carpa-Catedral y también por el respaldo que le están dando a AMISRAEL.

Para esta ocasión leemos en el Evangelio según San Mateo, capítulo 16, versos 25 en adelante hasta el 28 y también el capítulo 17 de San Mateo, versos 1 al 13, y es para que tengamos un cuadro claro de esa ocasión. Dice verso 24:

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.

Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.

Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.

De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.

Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto;

y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.

Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.

Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías.

Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd.

Al oír esto los discípulos, se postraron sobre sus rostros, y tuvieron gran temor.

Entonces Jesús se acercó y los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis.

Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron sino a Jesús solo.

Cuando descendieron del monte, Jesús les mandó, diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del Hombre resucite de los muertos.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión es: “A ÉL OÍD.”

Estas son las palabras que Dios dijo cuando Cristo estuvo en el Monte de la Transfiguración con Moisés y Elías, pues allí Pedro estaba opinando diciendo al Señor: “Bueno es para nosotros que estemos aquí,” le dice al Señor “Si quieres haremos aquí tres enramadas: una para ti (o sea, para Jesús), una para Moisés y otra para Elías,” o sea, tres casas, tres enramadas, pero lugares para vivir allá en el monte donde estaban viendo la gloria de Dios.

Pero Jesús estando con ellos y siendo vista la gloria de Dios allí, la Voz del Cielo, desde una nube de luz que los cubrió, dijo: “Éste es mi Hijo amado, a Él oíd.” O sea, que no era oír a Pedro, sino oír al Señor Jesucristo, Él es el que tiene la comisión de hablar de parte de Dios todo lo que Dios desea que sepamos.

Y ahora, esto concuerda con las palabras dadas allá en Deuteronomio, capítulo 18, donde nos dice el profeta Moisés de parte de Dios, capítulo 18, versos 15 en adelante:

“Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis.”

Esta profecía se ha estado cumpliendo temporeramente en los profetas del Antiguo Testamento, y luego se cumplió plenamente en el Señor Jesucristo. Luego en el Nuevo Testamento se ha estado cumpliendo en los apóstoles y también en los diferentes mensajeros que Dios ha enviado a Su Iglesia, como San Pablo para los gentiles, y así otros mensajeros importantes que han sido enviados a la Iglesia del Señor Jesucristo.

Para el Día Postrero estaremos o estaríamos como en los días de Jesús, y por consiguiente Jesucristo estaría hablando ya no por los apóstoles ni por los mensajeros de las diferentes etapas de la Iglesia en etapas pasadas, sino que Él va a decir a quién vamos a escuchar. Pero siempre estaremos escuchando lo mismo que habló a Moisés.

Vamos a ver este misterio para que tengamos el cuadro claro en el libro del Éxodo, capítulo 23, versos 20 en adelante... pues todos queremos escuchar la Voz de Dios y tenemos que saber cómo viene la Voz de Dios para Su pueblo. Dice Éxodo, capítulo 23, verso 20 al 23:

“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.

Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.

Porque mi Ángel irá delante de ti, y te llevará a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo, a los cuales yo haré destruir.”

Aquí está el secreto, el misterio de la forma en que Dios estaría hablándole a Su pueblo en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento, es por medio del Ángel del Pacto, el Ángel de Dios que es el cuerpo angelical de Dios.

Por eso cuando le apareció el profeta Moisés en el Éxodo, capítulo 3, le dice: “Yo soy el Dios de tu padre (o sea, el Dios de Amram el padre de Moisés), el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob,” el mismo Dios, pero el que le apareció a Moisés fue el Ángel de Dios.

¿Cuál es el misterio del Ángel y de Dios? Es el que Ángel es el cuerpo angelical de Dios, ese cuerpo angelical de Dios es el instrumento a través del cual Dios ha estado hablando siempre y a través del cual Dios creó todas las cosas. Cuando Dios habló a existencia las cosas, fue a través del Ángel, ese es el Verbo que era con Dios y era Dios.

Y ahora, en el libro de los Jueces, capítulo 13, le aparece este Ángel a la esposa de Manoa, o sea, a la señora Manoa y le dice que ella va a tener un niño (ella era estéril) y luego ella se lo dice a su esposo Manoa; y Manoa ora a Dios para que ese Ángel también le aparezca a él, y le aparece nuevamente a la esposa de Manoa y ella va a y busca a su esposo y viene donde el Ángel y hablan con el Ángel y le pregunta: “¿Qué hemos nosotros de hacer? ¿Cómo hemos de hacer cuando se cumpla lo que tú le has dicho a mi esposa? Que va a tener un niño, ¿cómo debemos criar a ese niño?” El Ángel le explica nuevamente, le explica nuevamente como le había dicho a la esposa de Manoa, le dice a él también.

Y luego Manoa le dice: “¿Cuál es tu Nombre? Para cuando se cumpla lo que tú has dicho, te honremos.” El Ángel le dice: “¿Por qué preguntas por mi Nombre el cual es admirable?” también Manoa le quiere ofrecer comida para que coma, “te prepararé un cabrito para que comas,” y el Ángel le dice: “No, no comeré de tu comida, si quieres hacer ofrenda a Dios, sacrificar, sacrifícalo a Dios,” y así lo hizo y en la llama de fuego subió el Ángel, y cuando Manoa ve esto, se da cuenta que es el Ángel de Dios, el Ángel del Pacto, y le dice a su esposa: “Hemos de morir porque hemos visto a Dios cara a cara.” Y su esposa que por sentido común se sabía que no iban a morir, le dice: “No hemos de morir porque de otra forma no nos prometería que hemos de tener un niño,” entonces se tranquilizó Manoa.

Es que la Escritura dice que a Dios nadie le vio jamás, y Dios le dice a Moisés: “No me verá hombre y vivirá,” pero le dice... porque Moisés quería ver la gloria de Dios, y le dice Dios a Moisés: “Yo voy a pasar delante de ti y te voy a colocar en la roca, en una hendidura de la roca, pasaré delante de ti, y cuando haya pasado quitaré de mi mano de sobre ti y entonces verás mis espaldas.” y así sucedió, pasó delante de Moisés y vio las espaldas de Dios, ¿qué vio? Las espaldas de un hombre, al Ángel del Pacto de espalda porque había pasado delante de Moisés, eso está en el capítulo 33, versos 18 al 23. En el verso 20 al 23 dice:

“Dijo más: No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá.

Y dijo aún Jehová: He aquí un lugar junto a mí, y tú estarás sobre la peña;

y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado.

Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro.” Y así sucedió.

Y ahora, vean cómo Manoa conocía esta Escritura y pensó que iba a morir; también encontramos a Jacob en el capítulo 32, versos 24 al 32, el cual luchó con un Ángel toda la noche luchó con ese Ángel y no lo soltaba, y el Ángel le dice: “Suéltame que raya el alba,” tenía que irse, y Jacob le dice: “Yo no te soltaré hasta que me bendigas.”

Esa es la forma de agarrarse de Dios: hasta recibir la bendición de Dios, y el Ángel le dice, le pregunta: “¿Cómo te llamas?” Jacob le dice: “Jacob,” el Ángel le dice: “No se dirá más tu nombre Jacob sino Israel porque has luchado con Dios y con los hombres y has vencido,” y lo bendijo allí.

Y luego Jacob cuando pasó Peniel, o llegó a Peniel, rayaba el alba, o sea, estaba saliendo el sol, le salió el sol y le colocó por nombre Peniel al sitio, porque dijo: “Vi a Dios cara a cara y fue librada mi alma.”

Y ahora, encontramos en San Juan, capítulo 1, verso 18 que nos dice que a Dios nadie le vio jamás, y en la Biblia no hay contradicciones, ahí puede haber una aparente contradicción pero luego que entendemos el significado podemos ver que no hay contradicciones, dice en el capítulo 1, verso 18 de San Juan:

“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.”

Jesucristo en Su cuerpo angelical, el Hijo de Dios en el Antiguo Testamento, el cual es el Ángel del Pacto en el Antiguo Testamento dio a conocer a Dios, Dios se dio a conocer a través del Ángel del Pacto, por eso los que veían al Ángel del Pacto decían que habían visto a Dios cara a cara, pero a Dios nadie lo vio jamás, Dios estaba dentro del Ángel del Pacto.

Ahora veamos la promesa de Malaquías, capítulo 3, que nos ayuda a comprender mejor este misterio divino, recuerden que San Pablo nos enseña que debemos conocer ese misterio de Dios el Padre y de Cristo en Colosenses, capítulo 2, verso 2 al 3, y dice:

“Para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo,

en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.”

Necesitamos conocer ese misterio de Dios el Padre y de Cristo. Y ahora, veamos en Malaquías, capítulo 3, verso 1, que nos dice:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.”

Y ahora, nos dice aquí: “He aquí, yo envío mi mensajero (lo envía ¿cómo?)... “He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí.” Ese mensajero fue Juan el Bautista, el mismo Cristo hablando de Juan dice: “Si ustedes lo quieren recibir, él es aquel Elías que había de venir,” eso está en el capítulo 17, versos 10 al 13 del Evangelio según San Mateo, vean cómo lo dice Cristo cuando le hacen la pregunta acerca de Elías:

“Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?

Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas.

Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos.

Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista.”

Ahora, aquí tenemos el Elías que vendrá y restaurará todas las cosas, pero para aquellos días de Jesús el Elías que tenía que venir fue Juan el Bautista, preparándole el camino al Mesías en Su primera Venida, o sea, al Señor en Su primera Venida.

Pero Elías está prometido para venir en el tiempo final, eso está en Malaquías, capítulo 4, verso 5 al 6:

“He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.

El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.”

O sea, antes de venir el juicio divino sobre la raza humana, antes de venir el tiempo de la gran tribulación, y por consiguiente el día del Señor, el día ardiente como un horno en donde se cumplirá el tiempo que se le llama la gran tribulación o apretura de Jacob, donde los juicios divinos caerán sobre la tierra, un lapso de tiempo que durará tres años y medio y que será lo que completará la semana número setenta de la profecía de Daniel, de las setenta semanas de Daniel.

La semana número setenta consta de siete años, tres años y medio los cumplió Cristo en Su ministerio terrenal y allí se detuvo cuando Cristo fue crucificado, y faltan tres años y medio para el pueblo judío, para cumplir esas setenta semanas en donde Dios se manifestará al pueblo hebreo, se revelará al pueblo hebreo, comenzará a tratar nuevamente con el pueblo hebreo, porque cuando Cristo fue crucificado ya se detuvo el trato de Dios con el pueblo hebreo, y comenzó un nuevo Pacto el Día de Pentecostés.

Y la Sangre de ese nuevo Pacto Cristo mismo dijo en la última cena en el capítulo 26, verso 26 al 29, tomando el pan dio gracias al Padre y lo partió y dio a Sus discípulos y dijo: “Comed, esto es mi cuerpo.” Y luego tomando la copa de vino dando gracias al Padre, luego dio a Sus discípulos diciendo: “Tomad de ella todos porque esta es mi Sangre del nuevo Pacto que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”

Vean la Sangre del nuevo Pacto, es que Dios había hablado de un nuevo Pacto que haría con la casa de Israel y con la casa de Judá en Jeremías, capítulo 31, versos 31 al 36, y ahora, el nuevo Pacto tiene que establecerlo Dios por medio del Ángel del Pacto, no hay otro que pueda establecer el nuevo Pacto.

Por lo tanto, el Ángel del Pacto tenía que venir a la Tierra, por eso en Malaquías, capítulo 3, dice:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí (ese fue Juan el Bautista, precursor de la primera Venida de Cristo); y vendrá súbitamente a su templo el Señor (o sea, Dios el Padre) a quien vosotros buscáis (el pueblo hebreo como todo ser humano busca a Dios, al Padre), y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros.”

¿Ven? Al Señor y al Ángel del Pacto, vendrá quién? El Señor, Dios el Padre, y el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios donde está el Nombre de Dios. Para conocer el Nombre de Dios Moisés tuvo que ver al Ángel del Pacto y preguntarle cuál era Su Nombre, y en el capítulo 23 del Éxodo, verso 20 al 23, leímos que Dios envía Su Ángel, el Ángel del Pacto, y dice que lo escuchemos, que no seamos rebeldes porque “Él no perdonará vuestra rebelión porque mi Nombre está (¿dónde dice Dios?) En él (en el Ángel del Pacto).”

Por lo tanto, encontramos que la revelación de Dios y de Su Nombre, viene por medio del Ángel del Pacto; es un Ángel misterioso, un personaje misterioso, pero ahora la promesa es que vendrá a la Tierra, vendrá el Señor Dios, visitará Su pueblo y el Ángel del Pacto, en palabras más claras, Dios con Su cuerpo angelical. ¿Y cómo vendrá? En carne humana:

“En el principio era el Verbo (o sea, el Ángel del Pacto), y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.”

Y ahora, la luz vendría a este mundo, a esta Tierra, y el mundo fue hecho por Él, pero el mundo no lo conoció, y dice:

“A lo suyo vino (o sea, al pueblo hebreo), y los suyos no le recibieron (cuando vino en carne humana no le recibieron:

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios (esto es por medio del Espíritu de Dios. Sigue diciendo).

Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.” (San Juan, capítulo 1, verso 1 al 14).

En el verso 14 es que dice que el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y cuando se hizo carne y habitó entre nosotros, entonces el Nombre de Dios que estaba en el Ángel del Pacto donde Dios lo había colocado, es colocado también en el velo de carne llamado Jesús, por eso le fue puesto ese nombre al niño que nacería a través de la virgen María, el Ángel Gabriel le dio el nombre para el niño que iba a nacer a través de la virgen María.

Por lo tanto, el Nombre de Dios estaría también en el velo de carne, en el Mesías. Por eso Cristo en el capítulo 5, verso 43 de San Juan, nos dice de la siguiente manera, y vamos a leerlo para que tengamos el cuadro claro, dice: “Yo he venido en Nombre de mi Padre.”

Y ahora, el Ángel del Pacto encarnado con un cuerpo de carne, ahora ha venido el Nombre del Padre. Vean, aquí está el misterio de Dios el Padre y de Cristo. En una ocasión allá en San Juan, capítulo 8, verso 56 al 58, algunas personas pensaban que Cristo era muy controversial, pero era la gente las que eran así, contra Cristo, Cristo estaba diciendo la verdad, por eso Él algunas veces decía: “Si les he dicho cosas terrenales y no creéis, ¿cómo será si les digo las celestiales?” Eso le dijo a Nicodemo en el capítulo 3, verso 1 al 6 de San Juan.

Pero ahora veamos lo que dice aquí, también Él había dicho en el capítulo 3 de San Juan, versos 12 en adelante:

“Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo.”

Y estaba en la Tierra. Así que, vean, estando en la Tierra estaba en el Cielo, es que Cristo vivía en más de una dimensión a la misma vez. Y ahora, en el capítulo 8, verso 56 en adelante, dice:

“Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.

Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?

Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.”

¿Cómo era Jesucristo antes de Abraham? Era el Ángel del Pacto, ya lo hemos estado viendo a través de la Escritura, el misterio de este Ángel, es que ese Ángel es Cristo en Su cuerpo angelical, es el Verbo que era con Dios y era Dios a través del cual Dios creó todas las cosas. De esto es que habla San Pablo en Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 3 cuando dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas.”

¿Cómo habló Cristo en el Antiguo Testamento al pueblo hebreo? Por medio de los profetas, este misterio de cómo habló Dios por medio de los profetas, también lo explica el profeta Zacarías, si quieren ustedes tener un cuadro más claro, en el capítulo 7, verso 11 en adelante donde dice:

“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír (esto sucedió con el pueblo hebreo);

y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos.”

Y ahora, ¿cómo Dios hablaba a Su pueblo? Por medio de Su Espíritu enviaba Su Palabra a través de los profetas. El Ángel del Pacto, Cristo en Su cuerpo angelical es nada menos que el Espíritu Santo, ese Ángel del Pacto es el Espíritu Santo. Un espíritu es un cuerpo de otra dimensión, por eso también en Ezequiel, capítulo 9 ese Ángel con el tintero de escribano en su cintura, ese varón, es el Espíritu Santo.

Ahora, vamos entendiendo mejor este misterio de Dios el Padre, y de Cristo, y estamos entendiendo mejor a quién estamos llamados a escuchar, y cuando se hizo carne el Ángel del Pacto, el Verbo que era con Dios y era Dios se hizo carne, allá cuando fue bautizado por Juan el Bautista en el Jordán, Dios dijo: “Éste es mi Hijo amado en quien tengo complacencia, a Él oíd.”

Al Ángel del Pacto todos estamos llamados a escucharlo, que es el Espíritu Santo, y cuando hablaba por medio de los profetas, todas las personas estaban llamadas a escuchar lo que Dios por medio de Su Espíritu Santo estaba hablando, y cuando se hizo carne en la persona de Jesús era nada menos que Emanuel como dice Isaías, capítulo 7, verso 14:

“He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo (un niño), y llamará su nombre Emanuel (que traducido es Dios con nosotros).”

Esa fue la forma en que Dios visitó Su pueblo manifestado en toda Su plenitud, se dio a conocer a través de Su velo de carne llamado Jesús, pero Jesús es Dios, el velo de carne es Dios, pero Dios estaba en Jesús. Por eso Cristo decía allá en el capítulo 14, y otros capítulos de la Biblia decía en San Juan, decía que Él no hacía, no obraba nada de Sí mismo, sino que el Padre que estaba en Él era el que hacía las obras, y no hablaba nada de Sí mismo sino que era el Padre que estaba en Él el que le mostraba las cosas que tenía que hablar, era Dios por medio de Su Espíritu hablando a través de Jesús.

Por eso la lectura que comenzamos aquí en Hebreos, que la vamos a continuar donde ya leímos dice Dios, capítulo 1:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.”

Por medio de Su Hijo Jesucristo. Y ahora, dice: “En estos postreros días,” en los días de Jesús ya habían comenzado los días postreros, algunas veces escuchamos a personas decir: “Ya estamos en los días postreros;” miren, ya estamos en los días postreros desde que Cristo estaba aquí en la Tierra. Pablo dice aquí:

“En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.”

Es que algunas personas creen que los postreros días son tres días de 24 horas cada uno, o unos cuantos días de 24 horas, pero cuando se habla de los días postreros delante de Dios, para los seres humanos son los milenios postreros. “Porque un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día,” nos dice Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8 y el Salmo 90, verso 4.

Por lo tanto, los días postreros delante de Dios, en los cuales Él derramaría de Su Espíritu sobre toda carne, comenzaron allá en el tiempo de Jesús. Por eso Dios estuvo hablando, dice Pablo: “En estos postreros días por medio de Su Hijo,” y también derramando de Su Espíritu Santo en los postreros días desde los tiempos de Jesús y de los apóstoles.

El Día de Pentecostés derramó de Su Espíritu Santo sobre 120 personas que estaban en el aposento alto, y después sobre unos tres mil que escucharon a Pedro predicar, creyeron y fueron bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Y ahí ha estado derramando de Su Espíritu sobre toda carne, sobre toda persona que lo recibe como único y suficiente Salvador y produce en la persona el nuevo nacimiento, la persona nace del Agua y del Espíritu, o sea, del Evangelio de Cristo y del Espíritu Santo y entra al Reino de Dios, eso fue lo que le dijo Cristo a Nicodemo, cuando le dijo: “De cierto, de cierto te digo que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.” (San Juan, capítulo 3, verso 1 al 6).

Y ahora, continuamos aquí leyendo, ya hemos visto lo que son los días postreros, son los milenios postreros, así como los días postreros de la semana son jueves, el quinto día, viernes el sexto día y sábado el séptimo día; ese séptimo día, el sábado, es el último día, el Día Postrero de la semana, y esos siete días de la semana tienen los días postreros, los tres últimos días de la semana son los días postreros de la semana, que son tipo y figura de los milenios postreros.

Esos siete días de la semana representan siete milenios de Adán hacia acá. En los días de Jesús comenzaron los milenios postreros para los seres humanos, que delante de Dios son dos días postreros, porque un día de los de Dios, para los seres humanos es un milenio. De Cristo hacia acá han transcurrido dos mil años, pero para Dios solamente dos días.

Cristo por ejemplo, encontramos que Él habló mucho de los días postreros, y sobre todo del Día Postrero; en San Juan, capítulo 6, verso 39 al 40, y dice:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Y ahora, el Día Postrero ya hemos visto que es el séptimo milenio de Adán hacia acá, el Día Postrero delante de Dios. También en San Juan, capítulo 11 cuando Cristo fue a resucitar a Lázaro se encontró con Marta la cual cuando supo que Jesús venía, fue a recibirlo, y vean, en el capítulo 11 de San Juan, verso 21, dice:

“Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.

Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará.

Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.

Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero (porque esto es lo que había enseñado Cristo: que en el Día Postrero Él va a resucitar a todos los creyentes en Él que hayan muerto físicamente).

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Le dijo: Sí, Señor...”

Marta le dijo: “Si señor,” ella lo creía, y ahora, ella le sigue diciendo

“... yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.”

Y ahora, vean el conocimiento que Marta tenía del tiempo para la resurrección de todos los creyentes en Cristo que han muerto físicamente; en el Día Postrero Cristo los resucitará, Él mismo lo enseñó, y el Día Postrero es el séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá, de los días postreros es el último, el tercero. Y ya conforme al calendario gregoriano estamos en el Día Postrero, ya llevamos 9 años dentro del Día Postrero, del milenio postrero delante de Dios.

Y ahora, continuamos aquí en Hebreos, capítulo 1, dice:

“En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.”

¿Quién es el heredero de toda la creación, de todas esas galaxias, del mundo visible y del mundo invisible? Pues Jesucristo. Dice:

“A quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.”

Fue por medio de Cristo que hizo el Universo, ¿y para quién? Para Cristo, y Cristo es el Ángel del Pacto el cual luego se creó un cuerpo de carne en la virgen María, en el vientre de la virgen María, el cual creció ahí y luego nació, luego tuvo Su ministerio de tres años y medio; ya a los 29 años y medio comenzó Su ministerio hasta los 33 años de edad y murió, murió físicamente, fue sepultado, luego de haber sido crucificado, pero resucitó al tercer día y resucitó glorificado, y ahora está en el Trono de Dios en el Cielo a la diestra de Dios, y todo le pertenece.

El mismo Cristo en San Mateo, capítulo 28, versos 16 al 30 dijo: “Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra,” porque el que está sentado en el Trono es el que tiene el poder, el poder del Reino, y también Él dijo que fueran por todas las naciones, hicieran discípulos a todas las naciones, y también dijo: “Y yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

¿Y cómo Cristo va a estar con nosotros si está sentado en el Trono de Dios, en el Trono celestial a la diestra de Dios? Su cuerpo físico está glorificado y está en el Trono de Dios y está allí como Sumo Sacerdote haciendo intercesión delante del Padre con Su Sangre.

Por eso dice la Escritura que si alguno ha pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo Su Hijo, el Hijo de Dios, pero en Espíritu Él está con Su Iglesia, con los creyentes en Él desde el Día de Pentecostés descendió y comenzó a bautizar con Espíritu Santo y Fuego a todos los creyentes en Él.

¿Y qué ha estado Él haciendo? Ha estado creando una nueva generación de seres con Vida eterna, en términos más fáciles de entender, una nueva raza con Vida eterna. Pero todavía tenemos el cuerpo físico mortal, pero no hay problema, vamos a tener uno nuevo como el cuerpo glorificado de Cristo, joven, inmortal, incorruptible y todo eso será para el Día Postrero en donde Cristo resucitará los muertos creyentes en Él en cuerpos incorruptibles, nos dice San Pablo en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58, y dice que será a la final Trompeta.

¿Y qué es la final trompeta? Es la Voz de Dios, es el Evangelio del Reino siendo predicado en el Día Postrero, y escucharán los que van a ser transformados y los que van a ser resucitados, escucharán la Voz del Hijo del Hombre, la Voz de Cristo, la Voz del Ángel del Pacto; y eso será la gran Voz de Trompeta, la Voz de Cristo hablándole a Su pueblo en el Día Postrero, hablándole con la Trompeta final o gran Voz de Trompeta, o sea, el Evangelio del Reino, que es el mensaje final de Dios.

Y los muertos en Cristo van a resucitar en cuerpos incorruptibles, glorificado y los que vivimos vamos a ser transformados, o sea, que todo tiene su tiempo (Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58; y Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, versos 13 al 17); y también en Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21 nos dice:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya (o sea, cuerpo glorificado), por el poder (con Su poder) con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Con ese poder el cual están sujetas a Él todas las cosas, Él va a transformar a los vivos creyentes en Él, y a los que han muerto físicamente, los va a resucitar.

Ahora, Él ha estado en medio de Su Iglesia hablando de etapa en etapa, de edad en edad, ha estado en Espíritu Santo, y por medio de esa manifestación de Cristo, el Ángel del Pacto, en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, ha estado hablando por medio de los apóstoles, por medio de los diferentes mensajeros que Él ha colocado en Su Iglesia, eso ha sido la Voz de Cristo, el Espíritu Santo hablando por medio de seres humanos.

Esos son los que han predicado el Evangelio por el Espíritu Santo, o sea, el Espíritu Santo en ellos hablando, y dice San Pablo en este mismo libro o carta a los Hebreos, capítulo 12, versos 22 en adelante:

“Sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,

a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos...”

Esos primogénitos que están inscritos en los Cielos, son los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo, los que recibirían a Cristo como único y suficiente Salvador, los cuales tienen sus nombres escritos en los Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero:

“...a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,

a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.”

Nos hemos acercado a todo esto que ha sido dicho aquí, ya no nos hemos acercado al monte Sinaí porque estamos en otra dispensación, no estamos en la Dispensación de la Ley, sino que estamos en la Dispensación de la Gracia; durante todo ese tiempo del Día de Pentecostés hacia acá, se ha estado viviendo en la Dispensación de la Gracia en el día o tiempo de salvación, en el tiempo o día aceptable delante del Señor, en donde Dios acepta toda persona que recibe a Cristo como único y suficiente Salvador. Ahora, sigue diciendo:

“Mirad que no desechéis al que habla...”

¿Y quién es el que habla? Porque recuerden que Dios dijo: “A Él oíd.”

“Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos.”

Si desecháremos al que amonesta desde los Cielos, ¿y quién es el que amonesta desde los Cielos? El Espíritu Santo. Cristo en Espíritu Santo es el que amonesta desde los Cielos:

“La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo.

Y esta frase: Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles.

Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia;

porque nuestro Dios es fuego consumidor.”

Y ahora, el que habla desde el Cielo es el Espíritu Santo, Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, Él ha estado hablando en medio de Su Iglesia de etapa en etapa, y ahora para tener un cuadro más claro, leemos lo que Cristo dice en Apocalipsis, capítulo 1, verso 1 al 3:

“La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan.”

Y ahora, así como Dios el Padre en el Antiguo Testamento dice que ha enviado Su Ángel, y que Su Nombre está en el Ángel y que escuchen al Ángel porque “Él no perdonará vuestra rebelión porque mi Nombre está en Él,” dice Dios, está en el Ángel, ahora, en la misma forma, ahora Cristo en el Nuevo Testamento dice que Él tiene un Ángel y que ha enviado Su Ángel, dice:

“Que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto.

Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.”

Y ahora, vamos entonces a ver un poco del misterio del Ángel del Señor Jesucristo, así como vimos el misterio del Ángel de Dios del Antiguo Testamento. En Apocalipsis, capítulo 22, verso 16, dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias...”

Es Jesucristo el que dice que tiene un Ángel y lo ha enviado para dar testimonio de estas cosas en las Iglesias, así como Dios tuvo Su Ángel, el Ángel del Pacto en medio del pueblo hebreo que es la Iglesia del Antiguo Testamento, ahora Cristo dice que tiene un Ángel y lo ha enviado para dar testimonio de estas cosas en las Iglesias. Sigue diciendo:

“...Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.

Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.”

Y ahora, toda persona tiene la oportunidad de tomar del Agua de la vida, o sea, del Espíritu Santo para vivir eternamente al recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo y Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego y produce en la persona el nuevo nacimiento y obtiene la Vida eterna.

Y ahora, el Espíritu Santo y la Esposa, la Iglesia, tienen que estar diciendo la misma cosa, el mismo mensaje, en el capítulo 22, verso 6 también nos dice del Apocalipsis.

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas (¿quién es el Dios de los espíritus de los profetas? El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, ¿y qué son los espíritus de los profetas? Son los cuerpos angelicales de los Profetas)... el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto.”

El Ángel del Señor en el Nuevo Testamento, es un espíritu de profeta que estaría en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo dando a conocer, mostrando a sus siervos todas estas cosas que deben suceder pronto, y así como el Ángel del Pacto al final se hizo carne, este Ángel en el Día Postrero aparecerá en medio de la Iglesia en carne humana.

En la misma forma en que Dios hizo con Su Ángel, que colocó Su Nombre en Él, Cristo coloca el Nombre del Padre, de la Ciudad de nuestro Dios, la Jerusalén celestial, y Su Nombre nuevo, esto lo ha prometido Cristo, y lo colocará en Su Ángel, dice en el capítulo 3, verso 12 de Apocalipsis:

“Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo.”

Eso es lo que dice Cristo, dice:

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”

Cristo en Espíritu Santo está diciendo estas cosas: que va a escribir el Nombre de Dios, el Nombre de la Ciudad de nuestro Dios y Su Nombre nuevo lo va a escribir en el vencedor, así como Dios el Padre escribió Su Nombre eterno en Su Ángel, el Ángel del Pacto, y cuando se hizo carne el Ángel del Pacto, ahí también estaba el Nombre de Dios.

Así en esa misma forma es que Cristo va a ser con Su Ángel, en el capítulo 2, verso 17 del Apocalipsis, dice:

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe.”

Un Nombre nuevo, el Nombre nuevo del Señor, el Nombre del Señor en una forma nueva, y eso no lo vamos a explicar mucho; y ahora, eso en la misma forma en que Dios el Padre escribió Su Nombre en el Ángel, Su cuerpo angelical, y luego en el velo de carne en donde moró Dios en toda Su plenitud, en donde moró Dios con Su cuerpo angelical, en donde mora Dios con Su Ángel, el velo de carne lleva también el Nombre de Dios.

Y ahora, en el capítulo 3, verso 20 al 21, dice:

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”

Y ahora, la promesa es que al que venciere Cristo lo sentará con Él en Su Trono, así como Él venció y se sentó con el Padre en Su Trono celestial. El Trono del Padre es el trono celestial, el Trono de Cristo es el Trono terrenal, el Trono de David, en la misma forma en que Dios el Padre ha hecho con Jesucristo, que venció y subió al Cielo y se sentó con el Padre en Su Trono, así Cristo sentará con Él en Su Trono terrenal, el Trono de David, al vencedor, en el cual estará el Nombre del Padre, de Dios, el Nombre de la Ciudad de nuestro Dios y Nombre nuevo del Señor; en la misma forma en que el Padre ha hecho con Jesucristo, Cristo hará con Su Ángel. Tan simple como eso.

Y cuando estemos en el Reino milenial lo vamos a entender mejor, porque ahí veremos quién estará sentado con Cristo en Su Trono. Todo va a ser muy sencillo, todo será paralelo a lo que ya ocurrió en el Cielo, por lo tanto, estaremos escuchando la Voz de Cristo, el Hijo de Dios, por medio del instrumento que Él tenga para el Día Postrero, así como se escuchó la Voz de Cristo en Espíritu Santo por medio de San Pedro, por medio de San Pablo y demás apóstoles y demás mensajeros que Dios ha enviado, en este Día Postrero estaremos escuchando la gran Voz de Trompeta, la Trompeta de Dios, el Evangelio del Reino por medio del Espíritu Santo a través del Ángel del Señor Jesucristo, que será un profeta que Cristo enviará, un profeta que está anunciado en la Escritura.

Por lo tanto, profeta como Moisés Dios tendrá en este tiempo final como también lo tuvo en los días de Jesús. Jesús fue un Profeta como Moisés y fue un Profeta dispensacional, y fue el Ángel del Pacto, y Cristo tendrá un profeta como Moisés en el Día Postrero, un profeta dispensacional para hacer el entrelace Cristo por medio de ese profeta, el entrelace de la Dispensación del Reino con la Dispensación de la Gracia. Ese mensajero será el que aparece en Apocalipsis, capítulo 14, verso 6 al 7, donde dice:

“Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo,

diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.”

Si va a predicar el Evangelio eterno, el Evangelio del Reino, a todos los moradores de la Tierra, todo pueblo, nación y lengua, a toda nación, tribu, lengua y pueblo, pues tiene que estar en la Tierra y tiene que ser un profeta, porque vendrá profetizando el juicio que ha de venir sobre la Tierra, el día o la hora del juicio divino sobre la Tierra, la hora del juicio divino sobre la Tierra, o sea, estará profetizando los juicios divinos que han de venir sobre la Tierra y estará también enseñando y llamando al pueblo, a la gente a que busquen a Dios y adoren a Dios. Ese es el que cumplirá esa profecía, será el Ángel del Señor Jesucristo que vendrá en carne humana, tendrá un cuerpo de carne y estará predicando el Evangelio eterno, que es el Evangelio del Reino, y estará haciendo el entrelace del Evangelio del Reino con el Evangelio de la Gracia.

El Señor Jesucristo también en San Mateo, capítulo 24, nos habló de este evento y nos dijo en el capítulo 24, versos 13 al 14 de la siguiente manera:

“Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.

Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.”

Juan el Bautista y Cristo predicaron el Evangelio del Reino, pero cuando fue rechazado y fue crucificado, después Pedro que recibió las llaves del Reino de los Cielos comenzó a predicar el Evangelio de la Gracia; y por dos mil años se ha estado predicando el Evangelio de la Gracia en donde toda persona obtiene la fe, la revelación para obtener la salvación y Vida eterna por medio de Cristo, recibiéndolo como su único y suficiente Salvador; y luego en este tiempo final se entrelazará la predicación del Evangelio del Reino con la predicación del Evangelio de la Gracia.

Por lo tanto, este Ángel mensajero (Ángel significa Mensajero) conocerá el Evangelio de la Gracia, conocerá también el mensaje de la ley, y hará el entrelace del Evangelio del Reino con el Evangelio de la Gracia, así como hubo un entrelace del Evangelio de la Gracia con el mensaje de la ley, así será en este tiempo final.

El Cristianismo ha estado tratando de convertir el pueblo hebreo a Cristo y no ha podido. Como nación Israel no ha recibido a Cristo, como individuos algunas personas sí lo han recibido, es que Israel, el Evangelio que recibirá será el Evangelio del Reino, bajo el ministerio y predicación de este Ángel mensajero, de ese mensajero de Apocalipsis, capítulo 14, verso 6 al 7, que viene con el Evangelio del Reino para predicarlo a todos los moradores de la Tierra; viene con el Evangelio eterno, el Evangelio de la Dispensación del Reino, que se estará predicando en el Día Postrero, y esa es la gran Voz de Trompeta o Trompeta final, es la Voz de Dios para el Cristianismo, para el judaísmo y para todos los seres humanos que estarán viviendo en este tiempo final.

Y por consiguiente eso será el Espíritu Santo hablándonos en este tiempo final por medio de ese mensajero, y la recomendación de Dios es: “A Él oíd, he aquí yo envío mi Ángel (dice), para dar testimonio de estas cosas en las Iglesias.” Y Jesús es el que lo dice: “Yo Jesús he enviado mi Ángel para manifestar todas estas cosas,” lo leemos para que entonces sepamos bien el tiempo que vivimos:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias.”

¿Y a quién vamos a oír? Al que Jesús envía a través del cual Jesús, Jesucristo estará hablándonos, Jesucristo en Espíritu Santo estará a través de ese mensajero hablándonos todas estas cosas que deben suceder pronto. Y si estará hablándonos todas estas cosas que deben suceder pronto, es un profeta, profetizando las cosas que van a suceder, tan sencillo como eso.

Y ahora, ya para terminar, leemos un pasaje muy, pero que muy importante en el Programa Divino. El capítulo 13 de San Juan, verso 20, donde nos dice.

“De cierto, de cierto os digo: El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió.”

Y Cristo dice: “Yo Jesús he enviado mi Ángel para daros testimonio de estas cosas en las Iglesias.” El que recibe ese Ángel está recibiendo a Cristo, y estará escuchando a Cristo en Espíritu Santo a través de él, dándonos a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, este Ángel, este mensajero en espíritu, o sea, en cuerpo angelical, ha estado en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo todo el tiempo, y en el Día Postrero vendrá, se manifestará en medio de la Iglesia en carne humana, y al pueblo hebreo también.

Y el pueblo hebreo lo va a reconocer, lo va a recibir, cuando veamos al pueblo hebreo poniendo su mirada en algún hombre, algún mensajero predicando el Evangelio eterno, el Evangelio del Reino, recuerden, ese será el Ángel que viene con el Evangelio eterno, el que viene predicando el Evangelio del Reino para testimonio a todas las naciones y luego vendrá el fin. La señal más grande del fin será ese mensajero predicando el Evangelio eterno, predicando el Evangelio del Reino.

“A ÉL OÍD.”

El que lo estará escuchando, estará escuchando al que lo envió: a Cristo, Cristo estará en él manifestado hablándole a Su Iglesia, hablándole al pueblo hebreo y hablándole a todas las naciones, y ese será el mensaje final para la raza humana: el Evangelio del Reino.

“A ÉL OÍD.”

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes dándoles testimonio de a quién dice Dios que debemos escuchar, y a quién dice Cristo en el Nuevo Testamento que debemos recibir, que debemos escuchar: “El que tiene oídos, oiga lo que el Espíritu Santo dice a las Iglesias,” y es por medio de ese Ángel que ha estado hablando y que estará hablando en el Día Postrero, y lo enviará en el Día Postrero en carne humana, con un cuerpo de carne para hablarle a Su Iglesia en el Día Postrero.

“A ÉL OÍD.”

Y eso es oír al Espíritu Santo, a Cristo, al Ángel del Pacto, a Dios, hablándonos en este tiempo final.

Hemos estado escuchando la Voz de Cristo en Espíritu Santo a través de estos dos mil años, y millones de seres humanos han escuchado la Voz de Cristo, el Evangelio de Cristo, lo han recibido como Salvador y han obtenido la Vida eterna, y todavía se predica el Evangelio de Cristo y todavía miles de personas o millones continúan recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador, y así han estado asegurando su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno.

Si hay alguno que todavía no lo ha recibido, tiene la oportunidad de recibirlo. Yo lo recibí como mi único y suficiente Salvador y Él me dio Vida eterna, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también. Recuerden que Él dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y yo las conozco y me siguen, y yo les doy Vida eterna.” (San Juan, capítulo 10, verso 26 en adelante).

Has estado escuchando la predicación del Evangelio de Cristo porque eres una oveja del Señor, tu nombre está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida, y eso es motivo de regocijo tener el nombre escrito en el Cielo. Recuerden, Cristo dijo a Sus discípulos, los cuales estaban muy felices porque habían echado fuera demonios, y le dicen a Cristo: “Mira, aun hasta los espíritus se nos sujetan en Tu Nombre,” Cristo les dice: “No os gocéis de que los espíritus se os sujetan en mi Nombre, gozaos de que vuestros nombres están escritos en el Cielo.”

Es motivo de gozo saber que nuestro nombre está escrito en el Cielo, y por consiguiente somos las ovejas del Padre que le han sido dadas a Cristo para que nos dé Vida eterna. Yo lo recibí y Él me dio Vida eterna, y así Él ha asegurado mi futuro eterno en Su Reino eterno, ¿y quién más? ¿Y a quién más? A cada uno de ustedes también.

Si hay alguna persona que todavía no ha asegurado su futuro eterno con Cristo, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted. Recuerde que lo más importante es la Vida eterna, y el lugar para tener la conexión con la Vida eterna es en esta Tierra mientras vivimos.

Es como cuando usted va en un vuelo aéreo para otra ciudad, pero que no hay un vuelo directo para esa ciudad sino que usted tiene que pasar por Ciudad México, por el Distrito Federal para hacer la conexión ahí, y si no la hace, usted tiene que ir a pie o en autobús, y no puede perder el vuelo que ya tiene asignado, porque es el vuelo que le corresponde; y en cada tiempo, en cada edad, en cada época, está la conexión para los que van a vivir eternamente, para los que van hacia el Cielo y tienen que conectarse en ese tiempo con Cristo.

Y para este tiempo tenemos que hacer la conexión con Cristo recibiéndolo como único y suficiente Salvador, nuestro tiempo aquí en la Tierra es para ser esa conexión con Cristo para ir a la Vida eterna, para obtener la Vida eterna. Por eso Cristo dice:

“Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?”

No hay forma de uno pagar por la salvación de nuestra alma, el precio de nuestra salvación lo pagó Cristo en la Cruz del Calvario, fue, dar Su vida por nosotros. Pueden venir a los Pies de Cristo todos los que ha escuchado el Evangelio de Cristo y ha nacido la fe de Cristo en su alma, y los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo. “Si oyes hoy Su Voz (la Voz de Cristo) no endurezcas tu corazón,” Él te está llamando porque tu nombre está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, y la Voz de Cristo es el Evangelio de Cristo.

Dios tiene mucho pueblo en esta Ciudad y en el Estado de Tabasco y en toda la República Mexicana, y los está llamando en este tiempo final, por eso es que hay dentro de nuestros corazones ese sentir espiritual, ese llamado interno, es Dios llamando a Sus ovejas directamente en sus corazones, es Cristo hablándonos por Su Espíritu directamente a y en nuestra alma. “Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón,” Él te está llamando para darte Vida eterna.

El ser humano hace muchas decisiones en la Tierra, para estudiar, para hacerse un profesional, para casarse, para tener niños, todas esas decisiones que hace son buenas, para trabajar también en el trabajo que desea trabajar, pero ninguna de esas decisiones coloca a la persona en la Vida eterna, ninguna de esas decisiones le asegura la Vida eterna a la persona, solamente hay una decisión en la vida, y esa es la más grande: recibir a Cristo como único y suficiente Salvador. Esa es la única decisión que coloca al ser humano en la Vida eterna.

Y mientras estamos en la Tierra tenemos la oportunidad de recibirlo como nuestro único y suficiente Salvador, y dice: “Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón,” porque tú no sabes si mañana estás vivo, es en tiempo presente: Si oyes hoy Su Voz,” no sabes si mañana la vas a escuchar, es en tiempo presente, no sabes cuántos días de vida en la Tierra te quedan, y como no sabes, tienes que tener tu futuro eterno asegurado con Cristo en Su Reino eterno, porque después que terminen sus días aquí en la Tierra, ya ahí no hay oportunidad de decir “Yo quiero recibir a Cristo ahora,” ya a la dimensión que vas no se hacen llamamientos para recibir a Cristo, es aquí en la Tierra donde se hace el llamamiento para recibir a Cristo como único y suficiente Salvador.

Aquí en la Tierra es que hacemos la conexión con la Vida eterna y con el Reino eterno de Dios por medio de Cristo nuestro Salvador. Cristo dijo: “Yo quiero que donde yo estoy, vosotros estéis también.” Así que vamos a estar con Cristo todo el tiempo en Su Reino.

“A ÉL OÍD.” O sea, a Cristo por medio del Evangelio del Señor Jesucristo siendo predicado, y en todos los tiempos ha tenido personas a través de los cuales Cristo en Espíritu Santo ha estado hablando y llamando Sus ovejas, Él dijo en San Juan, capítulo 10, versos 14 en adelante: “Yo soy el buen Pastor, y el buen Pastor su vida da por sus ovejas.”

“También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.

Por eso (Él dice) me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.

Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo.”

Él la puso por nosotros muriendo en la Cruz del Calvario, esas otras ovejas que Él tiene que el Padre le dio y que buscaría y les daría Vida eterna, ¿quiénes son? Somos nosotros que hemos estado escuchando Su Voz, el Evangelio y lo hemos estado recibiendo como nuestro único y suficiente Salvador.

Has estado escuchando el Evangelio de Cristo porque eres una oveja del Señor y te ha estado llamando en esta ocasión, ¿para qué? Para darte Vida eterna, Él es el buen Pastor, Su redil es Su Iglesia, y Sus ovejas, pues somos nosotros.

Ya vamos a orar por todos los que han recibido a Cristo como Salvador en esta ocasión, en las demás naciones pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador, y los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, vamos a estar puestos en pie todos los presentes y los que están en otras naciones para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo y están aquí presentes, y también los que están en otras naciones.

Si falta alguno por venir, puede venir para que quede incluido en la oración que estaremos haciendo. Recuerden que recibir a Cristo es un asunto de Vida eterna. Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo repitan conmigo esta oración.

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti y creo en Tu primera Venida, creo que Tu eres el Mesías prometido, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos. Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino, sálvame Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Recuerden que Él dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

Ustedes me dirán: “Escuché el Evangelio siendo predicado, nació la fe de Cristo en mi alma y lo he recibido como mi Salvador, quiero ser bautizado en agua en Su Nombre lo más pronto posible. ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón.

Por cuando ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

El mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista, Juan no lo quería bautizar, le decía: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” y estaban ya en el Jordán, dentro del agua, y Cristo le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces Juan lo bautizó.

Si para Cristo cumplir toda justicia le convenía ser bautizado, ¿cuánto más a nosotros? Los discípulos del Señor Jesucristo fueron bautizados por Juan el Bautista, los apóstoles, y todos los que creían cuando Cristo predicaba, eran bautizados por los apóstoles, y el Día de Pentecostés San Pedro predicó el Evangelio de Cristo, el Evangelio de la Gracia, y como tres mil personas creyeron y fueron bautizadas en agua en el Nombre del Señor Jesucristo y fueron añadidas a la Iglesia del Señor Jesucristo.

Así ha sido todo el tiempo en medio del Cristianismo, todo el tiempo en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo, y así es en nuestro tiempo también.

El gua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, donde nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Conociendo este simbolismo del bautismo en agua, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

Los que están en otras naciones, también pueden ser bautizados, y que Cristo también les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Ahora, dejo al ministro correspondiente aquí, reverendo José Cruz Alfaro, para que les indique qué hacer y cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, hay agua, bautisterios, ropas bautismales y ministros que les bautizarán.

También en cada país, en cada nación y en cada ciudad, en cada lugar, dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

Y que Dios les bendiga a todos y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, a todos los que serán bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo en esta ocasión; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

Continúen pasando todos una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“A ÉL OÍD.”

Encuéntrenos

Carretera No.1 Km 54.5
Barrio Monte Llano
Cayey, Puerto Rico
00736

Twitter