ImprimirImprimir

Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; es una bendición y privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Para lo cual leemos en el libro del profeta Daniel, capítulo 12, verso 1 en adelante, donde nos dice:

“En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro.

Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua.

Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad.

Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará.

Y yo Daniel miré, y he aquí otros dos que estaban en pie, el uno a este lado del río, y el otro al otro lado del río.

Y dijo uno al varón vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río: ¿Cuándo será el fin de estas maravillas?

Y oí al varón vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río, el cual alzó su diestra y su siniestra al cielo, y juró por el que vive por los siglos, que será por tiempo, tiempos, y la mitad de un tiempo. Y cuando se acabe la dispersión del poder del pueblo santo, todas estas cosas serán cumplidas.

Y yo oí, mas no entendí. Y dije: Señor mío, ¿cuál será el fin de estas cosas.

El respondió: Anda, Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin.

Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados; los impíos procederán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“EL SEÑOR JESUCRISTO ABRIENDO EL ENTENDIMIENTO A LOS ESCOGIDOS DE DIOS EN EL DÍA POSTRERO.” Ese es nuestro tema para esta ocasión.

El profeta Daniel descendiente de la realeza, miembro de la realeza de Israel, de la tribu de Judá, y el cual fue en la deportación a Babilonia cuando el rey Nabucodonosor llegó en cautiverio al reino del Sur o reino de Judá, encontramos que Él fue colocado en una posición muy importante en el Reino del rey Nabucodonosor. Dios obró en la vida de Daniel para colocarlo en esa posición.

Daniel era un hombre, un joven temeroso de Dios y llegó a una posición tan importante que vino a ser el gobernador de la provincia de Babilonia; una posición muy importante, o sea, era el gobernador del Estado de Babilonia.

Y él siendo profeta, tenía las dos conciencias juntas y Dios le enviaba al Ángel Gabriel en diferentes ocasiones, para contestarle una respuesta de las oraciones de Daniel. Por ejemplo, cuando el rey Nabucodonosor tuvo un sueño y se le olvidó, y luego solamente hubo una persona que podía dar a conocer ese sueño, porque tenía conexión directa con Dios, ése era el joven Daniel; los magos, los astrólogos, los adivinos, todas esas personas no pudieron darle a conocer al rey Nabucodonosor cuál era el sueño que él había tenido. Y decían: “Nadie ha hecho tal cosa, de pedirle que le den la interpretación de un sueño que se le ha olvidado al rey y no nos puede contar el sueño.”

Pero la situación era difícil para todos esos sabios, magos, adivinos, todos esos astrólogos también, porque la sentencia era muerte, si no podían darle la interpretación al rey de un sueño que a él se le había olvidado. Cosa difícil estaba pidiendo el rey. Pero para Dios no hay nada imposible. Dios tenía allí un hombre, un joven, era todavía un joven con las dos conciencias juntas, y por lo tanto era un profeta, porque los profetas vienen con las dos conciencias juntas, que aun estando despiertos pueden ver en otras dimensiones; así como muchas personas sueñan cuando se acuestan y ven en otros mundos, un profeta estando despierto puede soñar despierto.

Son los únicos a los cuales el dicho “tú estás soñando despierto,” no se le puede aplicar para hablar en contra de él, porque pueden soñar despiertos, pueden ver en otros mundos, en otras dimensiones como el mismo Jesús y como el profeta Moisés también; y como los demás profetas. Son los únicos que pueden hacer eso y ser verdaderos, y lo que ven ser verdadero.

Ahora, Daniel ya había subido a una posición muy alta, ser gobernador allá en la provincia de Babilonia, tenía una posición muy buena; vean, los políticos también pueden servir a Dios, y pueden algunos ser hasta profetas de Dios, como el profeta Daniel y como otros hombres de Dios como el rey David, que era rey, pero también era profeta de Dios.

¿Y saben ustedes una cosa? Que el Mesías príncipe no solamente será rey, sino que también profeta, profeta dice Moisés: “Profeta como yo os levantará el Señor vuestro Dios, a él oiréis.” En el Mesías príncipe se cumple en toda Su plenitud esa Palabra divina.

Por eso en el pueblo hebreo al estar esperando al Mesías, ¿qué está esperando? Un profeta, el cual será el que se sentará en el Trono de David, y gobernará sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones. Por esa causa el rey que gobernará sobre el mundo entero, será el Mesías Príncipe, un rey, sacerdote y profeta. Así como también era Moisés, él estaba como la cabeza del pueblo hebreo, los había libertado de la esclavitud en Egipto y los llevaba a la tierra prometida. Él era el líder político y religioso del pueblo hebreo.

Y era un profeta dispensacional, al cual le aparecía Dios en diferentes ocasiones, para darle los mandamientos y ordenanzas divinas para el pueblo. Venía por decreto divino todo lo que el pueblo tenía que hacer; las leyes para un pueblo siempre son dadas en el parlamento, pero para el pueblo hebreo fueron dadas por Dios a Moisés, y Moisés la dio al pueblo hebreo, fue por decreto divino.

Y ahora, Daniel viene a ser un hombre muy importante allá en Babilonia, descendiente del pueblo hebreo, y por lo tanto tenía una bendición de parte de Dios; y siendo un profeta, pudo no solamente interpretar el sueño de Nabucodonosor sino ver cuál era el sueño, porque Dios se lo mostró, y luego darle la interpretación de ese sueño; y quedó satisfecho el rey Nabucodonosor, por lo cual lo colocó en una posición muy importante.

Y ahora, en el libro del profeta Daniel encontramos que un Arcángel muy importante llamado Gabriel, le habla al profeta Daniel en diferentes ocasiones, es un Ángel que está en la presencia de Dios; y cuando Dios quiere enviarle por medio de ese Ángel la respuesta a un profeta, lo envía a esa persona para que le hable lo que Dios ha dicho.

Es el mismo Ángel que luego más adelante le apareció al sacerdote Zacarías para darle la buena noticia que él y su esposa Elisabet iban a tener un hijo. Y vendría con el espíritu y virtud de Elías, para convertir el corazón de los padres a los hijos, y vendría para preparar al Señor un pueblo bien apercibido, o sea, prepararle al Señor en Su primera Venida un pueblo que lo recibiría con los brazos abiertos.

Y el Ángel Gabriel le dice al sacerdote Zacarías, que ese niño va a ser profeta de Dios. Será grande y será llamado profeta de Dios. Y Jesús hablando de Juan el Bautista dice: “De los nacidos de mujer no hubo ninguno mayor que Juan.” Pero dice: “Pero el más pequeño del reino de los Cielos es mayor que Juan.” O sea, el más pequeño del Cuerpo Místico de Cristo, de los Cristianos, es mayor que Juan.

¿Y por qué es mayor que un profeta como Juan el Bautista? Porque Juan el Bautista pertenece a la Dispensación de la Ley, y por consiguiente pertenece a una dispensación, perteneciente a los siervos de Dios, el pueblo hebreo, que en la Escritura nos dice que son los siervos de Dios. Y los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo son los hijos e hijas de Dios. ¿Qué es más grande en el Reino: un siervo o un hijo? Un hijo es más grande, porque es el hijo del rey y de la reina.

Así son los creyentes en Cristo nacidos de nuevo, son hijos e hijas de Dios, Dios les ha dado potestad de ser hechos hijos de Dios no por medio de carne y sangre, no por medio del nacimiento natural que tenemos a través de nuestro padres terrenales, sino por medio del nacimiento espiritual, por medio de nacer del Agua y del Espíritu, o sea, nacer del Evangelio de Cristo y del Espíritu Santo; así es como se obtiene el nuevo nacimiento, el nacimiento como hijo o hija de Dios, por lo cual San Pablo dice en Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21.

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Vean, y ahora, ¿cómo podemos entender que nuestra ciudadanía esta en el Cielo y nacimos aquí en la tierra? Nuestra ciudadanía terrenal es porque nuestro físico nació en la Tierra y somos ciudadanos de la nación donde hemos nacido. Pero el nuevo nacimiento no es terrenal, es del Cielo, y por lo tanto nuestra ciudadanía es del Cielo, de donde hemos recibido el nuevo nacimiento. Tan sencillo como eso.

Y ahora, hemos de tener un cuerpo celestial, glorificado, como el cuerpo glorificado de Cristo nuestro Salvador, porque nuestra ciudadanía es del Cielo y ya hemos recibido la Vida eterna, hemos recibido el Espíritu de Cristo, hemos recibido el cuerpo angelical y ahora nos falta el cuerpo físico, glorificado y eterno, y joven para toda la eternidad, igual al cuerpo glorificado de Jesucristo que está tan joven como cuando subió al Cielo; por eso es que cuando Cristo resucitó, Sus discípulos no lo conocían, María Magdalena no lo conocía y habló con Él. Pero cuando Él le dice: “María,” ella dice: “Raboni” (que quiere decir: “Maestro”), y entonces lo reconoció por las palabras que Cristo habló, por Su Voz y la forma de hablar.

Así también los caminantes de Emaús estuvieron caminando un día con Jesús y Él hablándoles de las escrituras y mostrándoles todos los pasajes bíblicos del Antiguo Testamento que hablaban del Mesías y de Su muerte y de Su resurrección; y esa Palabra era como un fuego acá en el alma, en el corazón de esos dos caminantes a Emaús; pero no sabían que era Jesús. Y cuando llegan a la casa adonde iban allá en Emaús, Jesús hace como que va a seguir de largo y ellos le dicen: “Quédate con nosotros, ya está cayendo la noche, está viniendo ya la noche, quédate con nosotros.” Les había gustado la compañía, la conversación. Él les hablaba del Mesías y eso los estaba consolando, pues ellos estaban de luto, porque Jesús había muerto y había sido sepultado.

Y los que han perdido un ser querido saben lo doloroso que es ese momento, y dura unos cuantos días.

Y ahora, se sientan a la mesa a cenar, Jesús toma el pan, da gracias al Padre lo parte y le da a ellos para comer y Él come también y entonces se dieron cuenta que era Jesús; en la misma forma que Él siempre hacía cuando cenaban, hizo en esa ocasión y lo conocieron, pero por el físico no lo habían conocido; porque un cuerpo glorificado es en apariencia de dieciocho a veintiún años de edad; y Jesús cuando murió en la Cruz del Calvario tenía treinta y tres años, o sea, que ahí hay una diferencia de unos catorce o dieciséis, de unos diez a dieciséis años; por lo tanto, la diferencia se nota en una persona de dieciocho años a una persona de treinta y tres años.

Pero lo grande de todo esto es que esa es la clase de cuerpo que Él le va a dar a todos los creyentes en Él que han muerto; cuando los resucite, los va a resucitar en un cuerpo glorificado, eterno, inmortal, incorruptible, como Su propio cuerpo; y a los que estén vivos creyentes en Él los transformará, y entonces seremos inmortales físicamente con un cuerpo joven que representará de dieciocho a veintiún años de edad e inmortal; y así seremos inmortales físicamente también.

Pero desde el momento que la persona recibe a Cristo es bautizado en agua en Su Nombre y Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego, ya la persona recibió la Vida eterna, tiene Vida eterna en su alma, su alma vivirá por toda la eternidad; pero necesitamos Vida eterna física para poder vivir en este planeta Tierra en el Reino del Mesías; y por consiguiente necesitamos un cuerpo como el que tiene Jesucristo: eterno, inmortal, joven y glorificado; y eso es lo que Él nos va a dar a todos nosotros.

Por lo tanto, no se preocupen por el cuerpo que tienen ustedes, yo tampoco me preocupo por el que tengo, aunque se vaya poniendo viejo a medida que les pasen los años; piense cada vez que cumpla un año, diga o piense: “Estoy un año más cerca del nuevo cuerpo, estoy un año más cerca de mi juventud eterna, estoy un año más cerca de la inmortalidad física.” Así es para los creyentes en Cristo. Así que contamos el tiempo como el tiempo que nos falta para obtener el cuerpo nuevo. Así que no se preocupe por los años que hayan cumplido y los que les falta por cumplir; algún día obtendremos el nuevo cuerpo. Esto es para el Día Postrero, como dijo Cristo en San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40, diciendo:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada...”

Esas son las ovejas que el Padre le dio para que las busque y les dé Vida eterna; y ninguna de ella se va a perder. Sigue diciendo:

“...que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.”

¿Ve? Para el Día Postrero Él va a resucitar a todos los creyentes en Él que han muerto físicamente y a los vivos creyentes en Él los va a transformar.

“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

¿Y qué es el Día Postrero? Pues hemos escuchado muchas conferencias, muchas predicaciones importantes que hablan del Día Postrero y dicen: “Estamos en los días postreros.” ¿Qué son en sí los días postreros? “Un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día.” (Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8; y el Salmo 90, verso 4).

Cuando se habla del Día Postrero delante de Dios o el Día del Señor, se está hablando del milenio postrero que está representado en el día postrero de la semana, el cual en los días de la semana, el día postrero es sábado, o sea, el séptimo día; y delante de Dios el séptimo milenio es el Día Postrero delante de Dios, séptimo milenio de Adán hacia acá, ese es el milenio donde el Mesías establecerá Su Reino y donde sobre Israel gobernará sentado sobre el Trono de David, restaurará el Reino de David, que es el Reino de Dios en la Tierra.

Algunas personas se preguntan: “Bueno, ¿y qué es el Reino de Dios en la Tierra o qué es la Venida del Reino de Dios? La Escritura nos enseña que el Reino de David es el Reino de Dios en la Tierra y que el Trono de David es el Trono terrenal de Dios, pero Él tiene Su Trono celestial donde está Cristo sentado a la diestra de Dios, pero el Trono terrenal de Dios es el Trono de David. Eso fue lo que le dijo el Ángel Gabriel a la virgen María en San Lucas, capítulo 1, versos 30 en adelante y leemos ese pasaje para ir entiendo este misterio del Ángel que le habla al profeta Daniel.

Vean, aquí en San Lucas, capítulo 1, versos 30 en adelante, el mismo Ángel que le apareció al sacerdote Zacarías, luego seis meses después le aparece a la virgen María, dice:

“Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.

Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS.

Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;

y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.

Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón.

Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.

Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril;

porque nada hay imposible para Dios.

Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia.”

Se fue luego de su presencia, vean cómo el Ángel Gabriel le dice a la virgen María que ella va a tener un niño y que será llamado Hijo de Dios, Hijo del Altísimo, que el Espíritu Santo va a venir sobre ella, la va a cubrir con Su sombra y va a concebir un hijo y va a dar a luz a ese hijo, y va a ser llamado Hijo de Dios, y le dice que le ponga por nombre Jesús y dice que Dios le va a dar el Trono de David Su Padre y va a reinar sobre Jacob, sobre Israel para siempre y Su Reino no va a tener fin.

Ese es el Reino del Mesías, la capital será Jerusalén y el Distrito Federal será todo Israel. Será un Reino mundial, será un Imperio que traerá la justicia social para la humanidad, traerá la paz y como resultado la felicidad para la familia humana; por eso el Mesías príncipe es el deseado de todas las naciones, ahí será resuelto el problema de la violencia, el problema económico, los problemas sociales todos van a ser resueltos ahí, y todos los problemas políticos también quedarán resueltos.

Por lo tanto, todos oramos a Dios para que Dios traiga a existencia ese Reino, fue lo que Cristo enseñó en el Padre nuestro, cuando les dijo que orando oren así: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.” La voluntad de Dios se hará en la Tierra en el Reino del Mesías. Todas las naciones harán la voluntad de Dios, todas las naciones estarán en paz, no habrá mas guerras y las herramientas o armas de guerra serán convertidas en herramientas de trabajo, y por consiguiente habrá alimento en abundancia, no habrán problemas de hambrunas en la Tierra, no habrá territorios con los problemas que tienen en la actualidad, porque el Reino del Mesías traerá la prosperidad espiritual y material para la raza humana.

Y ahora, este Ángel o Arcángel Gabriel, el cual tiene un ejército grande y al cual también lo ayuda el Arcángel Miguel cuando él necesita y le pide ayuda como lo narra este Ángel Gabriel al profeta Daniel en su libro, en diferentes ocasiones.

Vean, este ángel anunció la primera Venida de Cristo a la virgen María y anunciará la segunda Venida de Cristo, es el Ángel mensajero de Dios con esta misión divina, es el Ángel con la misión divina de dar a conocer las cosas contenidas en el Libro de la Verdad, es el Ángel de la revelación divina, es el Ángel profeta de otra dimensión; por eso este Ángel cuando habla con el profeta Daniel en el capítulo 9, y también en el 8.... vean aquí en el capítulo 8, verso 9 en adelante, vamos a ver aquí, capítulo 9, verso 20 en adelante, dice del libro del profeta Daniel.

“Aún estaba hablando y orando, y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y derramaba mi ruego delante de Jehová mi Dios por el monte santo de mi Dios;

aún estaba hablando en oración, cuando el varón Gabriel, a quien había visto en la visión al principio, volando con presteza, vino a mí como a la hora del sacrificio de la tarde.

Y me hizo entender (vea, es un Ángel que hace entender a las personas el Programa Divino)...”

“Y me hizo entender, y habló conmigo, diciendo: Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento.”

Vean, este Ángel viene para dar sabiduría y entendimiento de los misterios divinos.

“Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado (Daniel era muy amado en el Cielo). Entiende, pues, la orden, y entiende la visión.

Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos.

Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas...”

Siete semanas, y sesenta y dos semanas son sesenta y nueve semanas, o sea, que el Mesías príncipe se manifestaría, se revelaría al pueblo de Israel, luego de las sesenta y nueve semanas, o sea, en la semana número setenta de esta profecía, el Mesías tendría Su ministerio terrenal. Estas son semanas de años, cada semana son siete años y como son setenta semanas, son... setenta semanas de años, son cuatrocientos noventa años.

Y ahora, el Mesías vendría luego de la Palabra para restaurar a Jerusalén, vendría en Su ministerio, comenzaría Su ministerio cuatrocientos ochenta y tres años después del Rey dar la orden para restaurar a Jerusalén, y por consiguiente todo el pueblo estaba llamado a estar esperando al Mesías en Su ministerio en la semana número setenta. Vino, fue ya a los veintinueve años y medio, fue bautizado por Juan el Bautista en el Jordán, comenzó Su ministerio que duró tres años y medio y cumplió la primera mitad de la semana número setenta; cuando Cristo fue crucificado allí se detuvo la semana número setenta, y por consiguiente quedan tres años y medio para Dios tratar con el pueblo hebreo; porque estas setenta semanas son de trato de Dios con el pueblo hebreo.

Esa mitad de la semana que falta, los cuales son tres años y medio corresponden al tiempo del fin, ese es el tiempo del fin: tres años y medio que corresponden a la llamada gran tribulación o apretura de Jacob, por la cual no solamente el pueblo hebreo pasará por ese tiempo terrible, sino todos los gentiles también. Es el tiempo en que el juicio divino será derramado sobre el planeta Tierra.

¿Y qué será de los creyentes en Cristo nacidos de nuevo? Los muertos antes de comenzar ese tiempo de la gran tribulación, antes de comenzar esos tres años y medio, los muertos en Cristo serán resucitados en cuerpos eternos y glorificados y los que estén vivos serán transformados para luego ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, que durará esa gran Cena tres años y medio; o sea, que mientras la humanidad estará pasando por un tiempo terrible de juicios divinos cayendo sobre la raza humana como fue en el tiempo de Noé y como fue en el tiempo de Lot, los creyentes en Cristo nacidos de nuevo estarán con Cristo en el Cielo, en la casa de nuestro Padre celestial, en la Cena de las Bodas del Cordero.

Es que Dios no envía juicio al mundo sobre los justos, no destruye a los justos con los impíos, por lo tanto los saca de esta Tierra y los lleva a una fiesta importante, la fiesta más importante que se haya llevado a cabo en el Cielo; y ahí yo he sido invitado para estar con Cristo en esa fiesta. ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también, dice Apocalipsis, capítulo 19, versos 9 al 10, que “son bienaventurados los que son convidados a la Cena de las Bodas del Cordero.” Somos bienaventurados, pues hemos aceptado la invitación que ha venido a nosotros al escuchar la predicación del Evangelio de Cristo y recibirlo como nuestro Salvador. Y hemos recibido el vestido de boda, el traje de boda, que es el Espíritu Santo, en donde hemos obtenido el cuerpo angelical y luego recibiremos el cuerpo físico, glorificado, y estaremos listos para ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Por lo tanto, somos bienaventurados todos los creyentes en Cristo.

Ahora, hemos visto ese tiempo de la Escritura que nos dice que será por tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo; tiempo es un año, tiempos dos años, ya son tres y la mitad de un tiempo medio año: tres años y medio; y ese es el tiempo del ministerio de los dos Olivos de Apocalipsis, capítulo 11, verso 3, en donde los ministerios de Moisés y Elías estarán con el pueblo hebreo, por eso el pueblo hebreo está esperando la venida del Elías; porque en Malaquías, capítulo 4, versos 5 al 6, dice: “He aquí, yo envío al profeta Elías, antes que venga el día del Señor, grande y terrible. No sea que yo venga y con destrucción hiera la tierra o con maldición hiera a la tierra.”

Antes que llegue la gran tribulación, esos tres años y medio el ministerio de Elías tiene que estar en este planeta Tierra y tiene que estar proclamando la paz imperecedera, la cual será en el Reino del Mesías, por consiguiente tiene que estar predicando el Evangelio del Reino, dando a conocer estos misterios divinos que... y de los cuales el Ángel Gabriel le dice al profeta Daniel que todo eso es para el tiempo del fin, y el Ángel que estaba sobre las aguas le dice, dice que todo esto es para el tiempo del fin y que estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin, por lo tanto en el tiempo final es que serán abiertas para ser comprendidas, y para eso Dios enviará el ministerio correspondiente; será bajo la predicación del Evangelio del Reino que todos estos misterios serán abiertos a los creyentes en Cristo y luego al pueblo hebreo.

 ¿Y por qué no para los incrédulos? A los incrédulos también se les dará a conocer estas cosas, pero dice la Escritura que no entenderán y el mismo Jesús dijo que “como fue en los días de Noé, así será la Venida del Hijo del Hombre, comían, bebían, se casaban, se daban en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca y no conocieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos.” San Mateo, capítulo 24, versos 34 al 39, y también en San Lucas, capítulo 17. Así que, los incrédulos no entenderán, eso es lo que dice la Escritura que los incrédulos no entenderán, pero los entendidos entenderán.

Por lo tanto, esto será abierto para los entendidos. Aún le preguntan Sus discípulos a Cristo: “Señor, ¿por qué Tú les hablas por parábolas?” Y el Señor mire lo que contesta en San Mateo, capítulo 13, versos 11 en adelante:

“Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas?

El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado.”

A unos es concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos y a otros no les es concedido, los entendidos entenderán, pero los demás no entenderán. Eso es lo que nos dice en el libro del profeta Daniel.

Y ahora, siendo que esto es así, los que entienden estas cosas cuando son dadas a conocer, abiertas, deben darle gracias a Dios que son entendidos, que son las personas de las cuales el Ángel le dice a Daniel que entenderán. Para este tiempo final bajo el mensaje del Evangelio del Reino, que es el mensaje de la dispensación séptima, la Dispensación del Reino, todos estos misterios serán abiertos por el Señor para Su pueblo, pues Cristo dijo en San Mateo, capítulo 24, versos 13 al 14, y lo vamos a leer para tener el cuadro claro:

“Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.

Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.”

Antes de que venga el tiempo de la gran tribulación de los tres años y medio, se estará predicando antes el Evangelio del Reino para testimonio a todas las naciones, y luego dice: “Y entonces vendrá el fin.” O sea, que la señal del que el fin está muy cerca es la predicación del Evangelio del Reino que estará siendo proclamado en el Día Postrero, conforme a Apocalipsis, capítulo 14, versos 6 al 7. Habrá un mensajero... recuerden que un ángel, ángel es mensajero, significa mensajero; y si es un mensajero, un Ángel que va a predicar a todas las personas y a todas las naciones, pues tiene que estar en la Tierra y tiene que estar en medio de la humanidad.

“Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno (ese es el Evangelio del Reino) para predicarlo a los moradores de la tierra (si lo va a predicar a los moradores de la Tierra, tiene que ser un predicador, y vamos a ver qué clase de predicador tiene que ser), a toda nación, tribu, lengua y pueblo (es un mensaje para todos los seres humanos, un mensaje mundial),

diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria (enseñando a la humanidad a temer a Dios y a darle gloria a Dios, a servir a Dios, a adorar a Dios), porque la hora de su juicio ha llegado...”

Anuncia el juicio divino, anuncia el tiempo para el juicio de la gran tribulación; por lo tanto está profetizando las cosas que han de venir, por lo tanto es un profeta, un profeta mensajero con el Evangelio del Reino, el Evangelio eterno predicándolo a todos los seres humanos y anunciándoles que el juicio divino está por caer sobre la raza humana.

“... la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.”

O sea, que enseña y estimula a los seres humanos a adorar a Dios, a servir a Dios, por lo tanto ése será el que vendrá dando a conocer todas las cosas que deben suceder pronto, y en él estará Cristo, el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo manifestándose y hablándonos por medio de él.

Recuerden que Cristo dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” Y Él a través de diferentes hombres de Dios ha estado manifestándose y hablándole a los seres humanos, y éste será el último profeta mensajero que Dios enviará a la Tierra, el último de los profetas dispensacionales; porque Dios solamente tiene siete profetas dispensacionales y el último es ese profeta que viene con el Evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la Tierra, predicando el Evangelio del Reino; por eso estará hablando siempre del Reino de David que va a ser restaurado y la Capital del Reino que será Jerusalén, y la paz para la humanidad que vendrá de parte del Mesías en el Reino del Mesías.

Todas estas cosas que no eran entendidas en tiempos pasados serán abiertas, serán reveladas por el Espíritu Santo a través de ese mensajero en el mensaje del Evangelio del Reino que él estará predicando, y así nos abrirá la mente, el entendimiento y el corazón para entender y creer todas estas cosas que estarán siendo predicadas, proclamadas en el Evangelio del Reino que ese mensajero estará predicando, y así es como a los escogidos de Dios le será abierto el entendimiento para entender todas estas cosas que han de suceder, todas estas cosas que estaban selladas y cerradas, en esas palabras que dijo el Ángel que estaba sobre las aguas del río al profeta Daniel.

Vean aquí, para tener un cuadro claro, dice, Daniel dice: “Yo oí, mas no entendí.” Escuchó lo que el Ángel que estaba sobre las aguas del río, el cual es Cristo, el cual es Cristo en Espíritu Santo, Cristo en Su cuerpo angelical y él levantó Su diestra y Su siniestra al Cielo.

“...y juró por el que vive por los siglos, que será por tiempo, tiempos, y la mitad de un tiempo (o sea, por tres años y medio). Y cuando se acabe la dispersión del poder del pueblo santo, todas estas cosas serán cumplidas.

Y yo oí, mas no entendí (estamos en el verso 8 del capítulo 12 de Daniel). Y dije: Señor mío, ¿cuál será el fin de estas cosas?

El respondió: Anda, Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin.

Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados...”

¿Y cómo serán limpios, y emblanquecidos y purificados? Por medio de Cristo y Su Sacrificio en la Cruz del Calvario, el cual con Su Sangre nos limpia de todo pecado, nos purifica, eso nos muestra ahí que vendría el tiempo de la Dispensación de la Gracia en donde Dios aceptaría a toda persona que recibirían a Cristo como su único y suficiente Salvador. Por eso es que San Pablo en Segunda de Corintios, capítulo 6, verso 2, dice: “Hoy es el día de salvación, hoy es el día aceptable delante del Señor.” Ese hoy no significa un día de veinticuatro horas, sino un día dispensacional, la Dispensación de la Gracia, que es la sexta dispensación, donde todo ser humano recibe a Cristo como Salvador, es bautizado en agua en Su Nombre y Cristo lo bautiza con Su Espíritu Santo, ha quedado limpio, emblanquecido y purificado.

Veamos, aquí lo que nos dice en Apocalipsis, capítulo 1, versos 5 al 6, y tendremos el cuadro aún mas claro, dice:

“Y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre (somos limpios por la Sangre de Cristo),

y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén.”

Y en el capítulo 5, versos 9 en adelante, del Apocalipsis, también nos dice:

“Y cantaban un nuevo cántico (¿quiénes? Los creyentes en Cristo en el Cielo), diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;

y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.”

Reinaremos sobre la Tierra con Cristo en Su Reino, en donde estaremos en la posición más importante que se puede estar en un reino, estaremos en la posición de la realeza, como Reyes y Sacerdotes con Cristo nuestro Salvador, esa es la posición más alta que hay en un Reino, pues son el rey, la reina y sus hijos, su familia, la familia del rey; y todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo son los hijos e hijas de Dios, son los miembros de la realeza celestial. Y en el Reino de Dios en la Tierra estaremos con Cristo reinando por mil años, luego estaremos con Él como jueces en el Juicio Final. “Los santos juzgarán al mundo y aun a los ángeles.” Dice San Pablo, en Primera de Corintios... les voy a dar la cita exacta: Primera de Corintios, capítulo 6, versos 2 al 4.

Y también, vean, no solamente pertenecen al gabinete del Reino como Reyes, sino que también pertenecen al poder judicial, son Jueces con Cristo que es el Juez Supremo que juzgará a los vivos y a los muertos; y también dice que Dios nos ha hecho Sacerdotes para Dios. Cristo nos ha hecho Reyes y Sacerdotes para Dios Su Padre, por lo tanto también pertenecemos a la realeza del sacerdocio. Cristo es el Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec del Templo celestial y los creyentes en Cristo pertenecen a ese Orden de Melquisedec. Por lo tanto, vean ustedes los creyentes en Cristo tienen la bendición más grande que se pueda tener en el Reino del Mesías.

Y ahora, todas estas cosas están en la Escritura y las hemos visto, hemos leído acerca de ellas.

Y ahora, vean aquí, para cuando comience el Reino del Mesías en la Tierra, vean lo que estará sucediendo, Apocalipsis, capítulo 20, verso 4, en adelante dice... aun verso 1 en adelante para que vean lo que le va a pasar al diablo; es que Cristo no lo quiere en ese tiempo de Su Reino milenial, dice:

“Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano.

Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años;

y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo.”

Después que termine el Reino del Mesías, el Reino milenial esos mil años, va a ser desatado de la prisión el diablo, pero va a hacer lo mismo, va a engañar nuevamente a las naciones; no escarmienta, no cambia con mil años de prisión, cuando sale no sale regenerado, sigue siendo diablo y Satanás, enemigo y engañador, enemigo y adversario, y mentiroso siempre.

Ahora, sigue diciendo:

“Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.

Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección.”

Los que resucitan en esta primera resurrección, resucitan para vivir eternamente, resucitan en cuerpos eternos.

“Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.”

Esa es la bendición para todos los creyentes en Cristo, estaremos con Cristo en Su Reino, luego de la Cena de las Bodas del Cordero, y luego de ese Reino de mil años estaremos con Cristo juzgando en el juicio final y luego entraremos a eternidad con Cristo y ya no habrá más problemas, el diablo ya estará en el lago de fuego, será destruido y todos los que no fueron creyentes también en el lago de fuego, y todos los que no estaban escritos en el Libro de la Vida también fueron echados al lago de fuego. Solamente vivirán eternamente aquellos que sirvieron a Dios, los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo y aquellos que en el juicio final saldrán libres para entrar al Reino eterno de Dios.

Así podemos ver lo que será el futuro de todos los seres humanos, unos para ser juzgados y echados en el lago de fuego y otros para vivir con Cristo en Su Reino por toda la eternidad. Por eso, vean ustedes lo que nos dice la Escritura en San Juan, capítulo 3, versos 35 al 36, dice:

“El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano.”

Todas las cosas Dios las ha entregado, ¿dónde? En las manos de Cristo, por eso Cristo tiene la exclusividad de la Vida eterna y a quién Él quiere le da Vida eterna.

¿Y a quiénes Él quiere darles Vida eterna? A todos los que lo reciben como su único y suficiente salvador, esas son las ovejas del Padre que le han sido dadas para que las busque y les dé Vida eterna, esas personas tienen sus nombres escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, son las ovejas del Señor de las cuales Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen; y yo les doy Vida eterna.” Es Vida eterna lo que recibe la persona cunado recibe a Cristo como Su único y suficiente Salvador.

“El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.”

Ahí podemos ver cómo se encuentran los seres humanos ante Dios, unos con Vida eterna, y otros la ira de Dios sobre ellos, no verán la Vida, la Vida eterna, porque no han recibido a Cristo, han rehusado creer en Cristo como su único y suficiente salvador y el que rehúsa a creer en Cristo, en el Hijo de Dios, no verá la Vida eterna, sino que la ira de Dios está sobre esa persona.

En este tiempo en que vivimos podemos comprender todas estas cosas de una forma más clara y ver lo que será el futuro de todos los creyentes en Cristo, será un futuro glorioso en el Reino de nuestro amado Señor Jesucristo, el único Reino eterno. El reino del maligno es temporero y va a ser echado al lago del fuego, el maligno, el diablo con todo su reino. Por lo tanto, es importante que todos tengamos asegurado nuestro futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno. Ya yo aseguré mi futuro eterno con Cristo en Su Reino y ahora tengo Vida eterna. ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también.

Si hay alguna persona que todavía no ha asegurado su futuro eterno con Cristo en Su Reino, lo puede hacer en estos momentos recibiéndolo como único y suficiente Salvador, para lo cual puede pasar acá al frente y estaremos orando por usted.

En las demás naciones también pueden venir a los Pies de Cristo, para dar testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como su único y suficiente Salvador, los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador, pues Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis porque de los tales es el Reino de los Cielos.”

Dios tiene mucho pueblo en esta ciudad de Minatitlán, Veracruz, República Mexicana, y los está llamando en este tiempo final, y en toda la República Mexicana Dios tiene mucho pueblo, y en toda la América Latina y el Caribe Dios tiene mucho pueblo y en todas las naciones, y los está llamando en este tiempo final. Para lo cual pueden venir a los Pies de Cristo dando testimonio público de vuestra fe en Cristo, para que Cristo les reciba en Su glorioso Reino.

Recuerde que lo más importante para el ser humano es la vida; y si esta vida terrenal es importante, cuánto más la Vida eterna, la Vida eterna es lo más importante, por lo cual necesitamos todos recibir a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador.

Todavía continúan viniendo más personas a los Pies de Cristo, por lo cual estaremos esperando unos minutos mientras llegan; y también en las demás naciones continúan viniendo más personas a los Pies de Cristo, pues están conectados por vía satélite y por vía internet con esta actividad en diferentes naciones, y están viniendo también a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Si oyes hoy Su Voz no endurezcas tu corazón, eres una oveja del Señor, por eso has estado escuchando la predicación del Evangelio de Cristo, aunque no sabías que tu nombre estaba escrito en el Cielo y que eras una oveja del Señor, ahora sí lo sabes; por eso la Palabra del Señor llega al alma, al corazón de la persona, nace la fe de Cristo en su alma, cree en Cristo y da testimonio público de su fe en Cristo recibiéndolo como único y suficiente Salvador.

Cristo dijo: “El que me confesare delante de los hombres, yo le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. (San Mateo, capítulo 10, versos 32 al 33). También dice: “Mas al que me negare delante de los hombres, yo le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.” Y si le niega delante del Padre celestial no entrará a la Vida eterna, no será reconciliado con Dios; pero los que confiesan públicamente a Cristo como su Salvador, lo reciben como Su Salvador, Cristo lo confiesa delante del Padre celestial y el Padre celestial le da entrada a Su Reino eterno.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. En las demás naciones también puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Jesucristo, para dar testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como único y suficiente Salvador; porque no hay otro Salvador, no hay otro Redentor, solamente hay UNO y Su Nombre es SEÑOR JESUCRISTO, el cual murió por nosotros en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, y ordenó luego de resucitado a Sus discípulos: “Id por todo el mundo predicando el Evangelio a toda criatura, y el que creyere y fuere bautizado, dice, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al l6). Y en San Lucas, capítulo 24, versos 45 en adelante, dice:

“Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras...”

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador es porque Dios le abre el entendimiento para entender las escrituras.

“...y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día;

y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.”

El arrepentimiento y perdón de pecados se predica en el Nombre del Señor Jesucristo, para que así la persona obtenga el perdón de sus pecados y obtenga la Vida eterna. Ya vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo. Si falta alguno por venir, puede venir para que quede incluido en la oración que estaremos haciendo.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos con nuestros ojos cerrados, los que están presentes y los que están en otras naciones, los que han venido a los Pies de Cristo repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Tu primera Venida, y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador, Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento. Quiero vivir eternamente, quiero nacer en Tu Reino. Señor, sálvame, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Por lo cual me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible en el Nombre del Señor Jesucristo, pues Él dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.”

El mismo Jesucristo fue bautizado por Juan el Bautista, y le dice a Juan: “Nos conviene cumplir toda justicia.” Y entonces Juan lo bautizó. Si a Cristo le convenía ser bautizado en agua en el Nombre de Dios que Juan bautizaba, cuánto más a nosotros necesitamos ser bautizados.

El bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, aún cuando Cristo predicaba los que creían era bautizados por los apóstoles; y el Día de Pentecostés cuando Pedro predicó, todos los que creyeron fueron bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y fueron añadidos a la Iglesia del Señor Jesucristo como tres mil personas que creyeron en Cristo como Salvador; y así ha sido todo el tiempo en la Iglesia del Señor Jesucristo con todos los que reciben a Cristo como único y suficiente Salvador.

Cuando el ministro sumerge a la persona en agua, algo grande tipológicamente ha sucedido con la persona: la persona que ha recibido a Cristo como Salvador, ha muerto al mundo; y cuando una persona muere hay que enterrarla, y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, tipológicamente está resucitando a una nueva vida, a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno; y así nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Por eso es tan importante el bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

San Pedro dijo a los que creyeron cuando él predicó el Día de Pentecostés, les dice:

“Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos (y para todos los que están cerca); para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.”

Eso está en el libro de los Hechos, capítulo 2, versos 31 al 47. Por lo tanto, la promesa del Espíritu Santo es para nosotros también luego de creer en Cristo, recibirlo como Salvador y ser bautizados en agua en Su Nombre. Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Jesucristo nuestro Salvador.

Continúen pasando todos una noche feliz llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. Dejo con ustedes al ministro reverendo Vicente Pérez Pérez, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo; y en cada nación dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

Continúen pasando todos una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“EL SEÑOR JESUCRISTO ABRIENDO EL ENTENDIMIENTO A LOS ESCOGIDOS DE DIOS EN EL DÍA POSTRERO.”

Encuéntrenos

Carretera No.1 Km 54.5
Barrio Monte Llano
Cayey, Puerto Rico
00736

Twitter