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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas y de internet en diferentes naciones, y también un saludo muy especial para el reverendo, doctor Miguel Bermúdez Marín, y para el doctor Salomón Cunha y la doctora Kélita Machado de Cunha allá en Brasil, y para todos los ministros presentes y los que están también a través del satélite y de internet en diferentes naciones, y también los que están aquí presentes.

Aprecio y agradezco mucho todo lo que están haciendo por el gran proyecto de La gran Carpa-Catedral en Puerto Rico y también por lo que están haciendo por AMISRAEL.

Que Dios los bendiga y les prospere espiritualmente y materialmente, y siempre les use grandemente en Su Obra en este tiempo final. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para esta ocasión leemos en el libro de Cantares, capítulo 2, versos 8 en adelante, 8 al 17, dice:

“¡La voz de mi amado! He aquí él viene

Saltando sobre los montes,

Brincando sobre los collados.

Mi amado es semejante al corzo,

O al cervatillo.

Helo aquí, está tras nuestra pared,

Mirando por las ventanas,

Atisbando por las celosías.

Mi amado habló, y me dijo:

Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven.

Porque he aquí ha pasado el invierno,

Se ha mudado, la lluvia se fue;

Se han mostrado las flores en la tierra,

El tiempo de la canción ha venido,

Y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola.

La higuera ha echado sus higos,

Y las vides en cierne dieron olor;

Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven.

Paloma mía, que estás en los agujeros de la peña, en lo escondido de escarpados parajes,

Muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz;

Porque dulce es la voz tuya, y hermoso tu aspecto.

Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas;

Porque nuestras viñas están en cierne.

Mi amado es mío, y yo suya;

El apacienta entre lirios.

Hasta que apunte el día, y huyan las sombras,

Vuélvete, amado mío; sé semejante al corzo, o como el cervatillo

Sobre los montes de Beter.”

Que Dios bendiga Su Palabra y nuestros corazones con Su Palabra y nos abra el entendimiento y el corazón para entender y recibir Su Palabra en este tiempo final. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

“FELIZ PORQUE LA VOZ DE LA TÓRTOLA SE OYE EN MI PAÍS.”

Así como el aceite representa el Espíritu Santo y también las aguas que le ofreció Cristo a la mujer samaritana en el capítulo 4 de San Juan, el agua que Él le daría sería una fuente que saltaría para Vida eterna; y también en el capítulo 7 de San Juan, versos 37 en adelante, dice Cristo de la siguiente manera, y vamos a leerlo. Dice:

“En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.

El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.

Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.”

Aquí Cristo nos está hablando de este río de agua viva; y lo que significa este río de agua viva es el Espíritu Santo viniendo a los creyentes en Cristo para tomar de ese río de agua de Vida eterna.

Cristo ofreció dar de Su Espíritu a todos los creyentes en Él, y aun en San Juan, capítulo 1, nos habla de los que habrían de creer en Él, habrían de recibirlo. A todos los que le recibieron...

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.”

Engendramos por medio del Espíritu Santo como hijos e hijas de Dios en el Reino de Dios, y Cristo hablando del Espíritu Santo que daría a los creyentes en Él, dice en el capítulo 14, verso 26:

“Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.”

La promesa de venir el Espíritu Santo tanto al individuo creyente en Cristo, como al Cuerpo Místico de Cristo, que es Su Iglesia, vean, Cristo lo ha cumplido de etapa en etapa. Desde el Día de Pentecostés vino el Espíritu Santo y esto es, vino Cristo en Espíritu Santo, vino el Ángel del Pacto que es el Espíritu Santo, vino a Su Iglesia, los redimidos por la Sangre de Cristo que estaban el Día de Pentecostés esperando la Venida del Espíritu Santo. Cristo había dicho: “Y yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” San Mateo, capítulo 28, verso 20, ahí encontramos esas palabras de Jesús.

Y ahora, así como este río de agua viva que Él promete para los creyentes en Él y les extiende la invitación a todo el que tenga sed de esa agua de Vida eterna, del Espíritu Santo para que vengan a Él porque solamente en Él está y a través de Él es que podemos recibir esa agua de Vida eterna, el Espíritu Santo, que es como un río que viene y entra a la persona y trae la Vida eterna, es una fuente de agua que salta para Vida eterna.

Y ahora, vean cómo esta promesa corre a través de toda la Escritura; vean, en Joel también decía que todos los que invocaren el Nombre del Señor serán salvos, y también dice que Dios derramará de Su Espíritu, en los postreros días Dios derramará de Su Espíritu sobre toda carne, o sea, sobre toda persona que recibe a Cristo como Salvador, lava sus pecados en la Sangre de Cristo, es bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego y produce en la persona el nuevo nacimiento.

Vean, sigue diciendo en el capítulo 15, versos 26 al 27 de San Juan:

“Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.

Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio.”

Sigue diciendo en el capítulo 16 de San Juan, dice, verso 7 en adelante:

“Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuese, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.

Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.

De pecado, por cuanto no creen en mí;

de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más;

y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.

Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar.

Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.”

El Espíritu Santo estaría recordando todas las cosas que Cristo dijo en Su ministerio, estaría hablando todo lo que escuchara en el Cielo del Padre, y estaría también dando a conocer todas las cosas que han de suceder; o sea, estaría profetizando el Espíritu Santo, hablando como hablaba en el Antiguo Testamento a través de los profetas, en el Nuevo Testamento también estaría hablando por los apóstoles y por cada mensajero de cada edad hasta el tiempo final.

“El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.

Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber.”

Y ahora, encontramos que todas las cosas que Cristo sabe, pues las ha recibido del Padre, ahora el Espíritu Santo, el Espíritu de Cristo vendría a Su Iglesia y daría a conocer todas estas cosas que Cristo sabe, las daría Cristo a conocer por medio de Su Espíritu a Su Iglesia. En Gálatas, capítulo 4, versos 1 al 7, dice:

“Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo;

sino que está bajo tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre.

Así también nosotros, cuando éramos niños, estábamos en esclavitud bajo los rudimentos del mundo.

Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley,

para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.

Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!

Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.”

Y ahora, podemos ver lo que ha hecho el Espíritu Santo en cada creyente, en cada persona que ha recibido a Cristo como Salvador el Espíritu Santo al bautizarlo, entra a la persona, ha producido el nuevo nacimiento, ha nacido como un hijo o una hija de Dios en el Reino de Dios.

Y ahora, esa persona ha obtenido la redención de su alma, ahora esa persona ha quedado libre y ha sido colocada en el Reino de Cristo. Por eso dice en el capítulo 8 de Romanos, capítulo 8, verso 9, dice... vamos a leerlo, dice:

“Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.”

El que no tenga el Espíritu de Cristo no es de Él, no ha nacido en el Reino de Dios como un hijo o una hija de Dios, y del mismo capítulo 8, verso 14 en adelante del libro o carta a los Romanos, San Pablo dice:

“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.

Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.

Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente...”

Ahora vean, vamos a ser glorificados cuando seamos transformados, eso es la glorificación, tendremos un cuerpo eterno, inmortal, incorruptible y glorificado y joven para toda la eternidad.

“Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.

Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.

Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza;

porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora;

y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.”

La redención de nuestro cuerpo para los que murieron siendo creyentes en Cristo nacidos de nuevo, será la resurrección en cuerpos glorificados, jóvenes, eternos, como el cuerpo glorificado de Cristo nuestro Salvador, y la adopción o redención del cuerpo para los creyentes en Cristo que estén vivos en ese momento, será la transformación, serán transformados de mortales a inmortales; de sus cuerpos... sus cuerpos serán transformados de cuerpos corruptibles a cuerpos incorruptibles, de cuerpos de este mundo a cuerpos celestiales, de cuerpos terrenales a cuerpos glorificados, como el cuerpo glorificado de Cristo nuestro Salvador, y entonces estaremos unos días aquí en la Tierra como Cristo luego de resucitar estuvo unos cuarenta días, cuarenta días  en la Tierra apareciendo a Sus discípulos por no menos de ocho ocasiones, ellos estarán con nosotros una cantidad de tiempo en la Tierra, nosotros seremos transformados y estaremos también estrenando el nuevo cuerpo por una cantidad de días, pero luego nos iremos con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, donde me están esperando, ¿y a quién más? A cada uno de ustedes también, porque la Cena de las Bodas del Cordero está preparada en el Cielo y está esperando por nosotros.

Y ahora, podemos ver lo importante que es tener a Cristo en nuestra alma, en nuestro corazón, haberlo recibido como nuestro único y suficiente Salvador. Los creyentes en Cristo nacidos de nuevo forman la Iglesia del Señor Jesucristo, han recibido el mismo Espíritu Santo que recibió Cristo de parte de Dios.

Vean, Cristo cuando fue bautizado, dice Juan el Bautista que vio el Espíritu Santo descender en forma de paloma sobre Jesús, así como el río de agua viva que anunció Cristo para los creyentes en Él que les daría, el aceite también representa el Espíritu Santo, y así por el estilo la paloma o el Espíritu Santo descendiendo en forma de paloma, vean está representado en forma de paloma porque la paloma o tórtola representa el Espíritu Santo, por eso usted encontrará que algunos grupos religiosos representan al Espíritu Santo en una paloma, y algunos tienen cuadros así representando el Espíritu Santo en una paloma.

Y Juan vio al Espíritu Santo descender sobre Jesús en forma de paloma. La paloma, vean, esa es una tórtola de la especie de las tórtolas, y aquí en Cantares nos dice.

“Porque he aquí ha pasado el invierno.”

O sea, el tiempo del frío y de la lluvia que nos habla del tiempo de juicio divino:

“Se ha mudado, la lluvia se fue;

Se han mostrado las flores en la tierra (ya eso es primavera),

El tiempo de la canción ha venido,

Y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola.”

La Voz del Espíritu Santo hablando en medio del pueblo de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo, Sión la celestial, Jerusalén la celestial, “porque nuestra ciudadanía está en los Cielos, de donde esperamos a nuestro Señor Jesucristo, el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya,” para que sea un cuerpo glorificado, como el que Él tiene. Eso está en Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21. Y ahora, dice:

“La higuera ha echado sus higos.”

Y la higuera representa a Israel. Cristo hablando de Israel dijo que cuando veamos la higuera reverdecer y a los demás árboles (las demás naciones), y ahora lo hemos visto a Israel como una nación libre y soberana desde 1948, la higuera está siendo vista, y la higuera tiene que echar sus higos y también dice:

“Y las vides en cierne dieron olor;

Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven.”

Y ahí tenemos el llamado de Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, donde Juan representando a la Iglesia del Señor escucha, ve una puerta abierta en el Cielo y escucha una Voz que le dice: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas.” o sea, las cosas que han de suceder después de las que ya han sucedido en las siete etapas o Edades de la Iglesia.

“Paloma mía (le dice aquí)...”

Esta paloma representa a la Iglesia del Señor Jesucristo, así como el Espíritu Santo está representado en una paloma, una tórtola, también la Iglesia del Señor Jesucristo, como Cristo está representado también en un cordero y la Iglesia también está representada en ovejas, en corderos; esas son las parábolas que son más fáciles de entender porque tienen que ver con el diario vivir del pueblo hebreo y de la mayor parte de todas las naciones en el tiempo de Jesús.

Y ahora, dice:

“Paloma mía, que estás en los agujeros de la peña, en lo escondido de escarpados parajes,

Muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz;

Porque dulce es la voz tuya, y hermoso tu aspecto.”

Vean, recuerden que aquí la Iglesia está representada en esta paloma del Señor, y por consiguiente Cristo en Espíritu Santo es también representado en una paloma, y Cristo en Espíritu Santo y la Iglesia del Señor Jesucristo, entonces son dos palomitos enamorados. Y ahora, dice:

“Paloma mía, que estás en los agujeros de la peña...”

Cristo es la peña, la roca, y vean ustedes, ella está descansando en las heridas de Cristo que recibió en la Cruz del Calvario y con Su Sangre hemos sido limpios de todo pecado.

“En lo escondido de escarpados parajes,

Muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz;

Porque dulce es la voz tuya, y hermoso tu aspecto.”

Cristo ve hermosa a Su Iglesia y Su Voz para Cristo es muy dulce. Vamos a ver la voz de la Esposa de Cristo, del Cordero, la Esposa del palomo, Cristo y Su Iglesia, Su paloma. En Apocalipsis, capítulo 22, verso 16 al 17, dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias...”

Por lo tanto, lo que el Ángel del Señor Jesucristo esté hablando, es la Voz de Cristo, el Esposo, para Su Iglesia, porque también la Iglesia quiere oír la Voz de Cristo, la Voz de Su amado. Sigue diciendo:

“...Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.”

Cristo siendo la raíz y el linaje de David es el heredero al Trono de David y Reino de David (como le dijo el Ángel Gabriel a la virgen María, San Lucas, capítulo 1, versos 30 al 36), y dice:

“Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.”

Cristo es la estrella resplandeciente de la mañana, o sea, que siendo Cristo la estrella resplandeciente de la mañana, en un nuevo amanecer dispensacional y un nuevo amanecer milenial, o sea, en el comienzo de una nueva dispensación, la séptima dispensación, y en el comienzo del séptimo milenio estaremos viendo la estrella resplandeciente de la mañana resplandeciendo.

Recuerden que Dios prometió a Abraham que su descendencia, su simiente sería como las estrellas del Cielo y serían incontables, le dice a Abraham: “Cuenta las estrellas del Cielo si las puedes contar, así será tu descendencia, tu simiente.”

Y ahora, dentro de las estrellas del Cielo, una de esas estrellas sería el Mesías, o sea, que en las estrellas del Cielo están representados toda la descendencia de Abraham, todos los descendientes de Abraham. Los descendientes de Abraham son en el nuevo Pacto todos los nacidos de nuevo, todos los creyentes en Cristo, todos los que son de la fe en Cristo y de la fe de Cristo, dice San Pablo en Gálatas, capítulo 3, verso 29, dice:

“Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.” (Gálatas 3:29).

Así que, podemos ver este misterio tan glorioso aquí, del cual San Pablo nos habla.

Y ahora, continuando aquí, la estrella de la mañana, miren lo que Cristo dijo de ella en el capítulo 2 del Apocalipsis, verso 28, cuando hace la promesa, yo creo que vamos a leer capítulo 2, verso 26 en adelante, 26 al 29, dice:

“Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones,

y las regirá con vara de hierro (las gobernará con vara de hierro), y serán quebrantadas como vaso de alfarero; como yo también la he recibido de mi Padre.”

O sea, como Cristo recibió esa autoridad del Padre al sentarse a la diestra de Dios, y luego en el capítulo 28 de San Mateo, verso 16 al 20, dice: “Toda potestad me es dada en el Cielo y en la Tierra,” o sea: “Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra,” por eso a Él están sujetos Ángeles, potestades y así por el estilo, nos dice San Pedro en Primera de Pedro, capítulo *3, verso 22, dice:

“Quien habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades.”

O sea, que Él gobierna sobre los Cielos, gobierna sobre todas las huestes celestiales.

Y ahora, continuando aquí: en la misma forma en que Cristo recibió autoridad en el Cielo, y todo está sujeto a Él en el Cielo, ahora en esa misma forma Cristo le va a dar autoridad al vencedor sobre las naciones, no sobre el Cielo, sino sobre las naciones que están sobre el planeta Tierra, porque ese estará con Cristo en Su Trono. Dice:

“Y le dará la estrella de la mañana.”

Y la estrella de la mañana es Cristo, Cristo en Espíritu Santo es la estrella de la mañana. Recuerden que en el libro del Apocalipsis, está hablando Cristo en Espíritu Santo, y esa revelación Cristo la ha enviado por medio de Su Ángel a su siervo Juan, de todas estas cosas que van a suceder.

Y así como en el Antiguo Testamento el Ángel del Pacto estuvo ministrando por medio de diferentes profetas, así también en el Nuevo Testamento como Dios envió Su Ángel en el Antiguo Testamento, ahora Cristo en el Nuevo Testamento ha enviado Su Ángel a Su pueblo, a Su Iglesia y ha estado ministrando, revelando estas cosas, toda la revelación de Cristo, todo lo que Cristo estaría haciendo y las cosas que Cristo estaría anunciando que han de suceder; todo eso lo ha enviado a Su Iglesia por medio de Su Ángel, el cual es un espíritu de profeta que ha estado en Su Iglesia todo el tiempo, y así ha estado hablándole a la Iglesia del Señor Jesucristo por medio de diferentes mensajeros, a los cuales les ha aparecido y les ha hablado.

Luego Juan es ahí uno de ellos, a los cuales el Ángel del Señor Jesucristo le apareció para darle toda esta revelación del Apocalipsis, y en el capítulo 22, verso 6, dice:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas (o sea, son la verdad). Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas (los espíritus de los profetas son los cuerpos angelicales de los profetas, cuerpos espirituales parecidos a nuestro cuerpo pero de otra dimensión)... el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto.”

Y ahora, ¿qué estaría dando a conocer el Ángel del Señor Jesucristo a la Iglesia del Señor? Las cosas que sucederían. En Apocalipsis, capítulo 22, verso 16, dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias.”

Ese Ángel del Señor Jesucristo, así como el Ángel del Pacto que es Cristo en Su cuerpo angelical fue enviado en el Antiguo Testamento al pueblo hebreo, para darle a conocer todo el Programa Divino, y obrar en medio del pueblo hebreo y todo eso lo llevó a cabo por medio de Sus diferentes profetas, diferentes mensajeros, profetas mensajeros de diferentes etapas del Programa Divino, con Su pueblo, la descendencia de Abraham.

Este Ángel del Pacto es Cristo en Su cuerpo angelical, y llegó el tiempo, al final, cuando se cumplió el tiempo, apareció en carne humana y su velo de carne fue llamado Jesús, se hizo carne el Ángel del Pacto, y en Él estaba la plenitud de Dios, esto es Padre, Hijo y Espíritu Santo.

En el Nuevo Testamento ha estado en la misma forma Cristo obrando, como obró el Padre en el Antiguo Testamento enviando Su Ángel con la revelación divina, y luego se hizo carne al final en el Nuevo Testamento; Cristo ha estado obrando en medio de Su Iglesia, ha enviado Su Ángel y ha estado en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo, dando testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto; ha estado trayendo a la Iglesia la revelación de Jesucristo por medio de diferentes mensajeros, apóstoles y profetas del Señor Jesucristo en Su Iglesia, ha estado Cristo por medio de Su Ángel revelándose en medio de Su Iglesia por medio de velos de carne llamados mensajeros, profetas, mensajeros de diferentes etapas de la Iglesia.

Al final Cristo lo enviará en carne humana, y va a estar con la Iglesia del Señor Jesucristo en la etapa de la Edad de la Piedra Angular, la etapa o edad de oro de la Iglesia del Señor Jesucristo, como en el Antiguo Testamento el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios, que es Cristo en Su cuerpo angelical, estuvo con el pueblo hebreo todo el tiempo, y luego al final se hizo carne y estuvo en esa edad de oro, la edad de la Venida del Mesías, para lo cual antes de entrar a esa edad, apareció Juan el Bautista como el mensajero de la séptima etapa de la Iglesia hebrea bajo la Ley con el ministerio de Elías por tercera ocasión.

Para el tiempo final aparecerá Elías en su cuarta manifestación en medio del Cristianismo en la séptima edad o etapa del Cristianismo que es la Edad de Laodicea, y ya eso se cumplió. Los que quieran recibir a Elías en su cuarta manifestación, es el reverendo William Branham, si lo quieren recibir, para todos los que lo quieran recibir de todos los grupos del Cristianismo y de los demás grupos de las demás religiones.

Pero luego de él vendrá la edad de oro de la Iglesia, la Edad de la Piedra Angular, donde va a estar el Ángel del Señor Jesucristo ministrando, estará en carne humana dando a conocer todas estas cosas que deben suceder pronto, Cristo lo habrá enviado a Su Iglesia, y por medio de él Cristo estará hablándole a Su Iglesia en el Día Postrero.

Hemos visto lo que ha sido la Voz de Cristo, el buen Pastor, lo que ha sido la Voz de Cristo como el palomo de Su Iglesia, la paloma, la Esposa del Cordero, la Esposa de Cristo, la Esposa del palomo celestial. Y recuerden que Pablo dijo: “Yo les he desposado como una Iglesia virgen a Cristo.”

Y ahora, Cristo y Su Iglesia, vean ustedes, en el tipo y figura acá en Cantares, cómo se expresan su amor y cariño, Cristo le dice a Su Iglesia... ella le dice, la Iglesia le dice a Cristo:

“¡La voz de mi amado! He aquí él viene

Saltando sobre los montes,

Brincando sobre los collados.

Mi amado es semejante al corzo,

O al cervatillo.

Helo aquí, está tras nuestra pared,

Mirando por las ventanas,

Atisbando por las celosías.

            Mi amado habló, y me dijo:

Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven.”

Y eso vean ustedes, ha estado sucediendo de edad en edad, la Iglesia Novia escuchando la voz de Cristo, su amado, y para el Día Postrero, vean ustedes, es que Él viene para darle la fe para ser transformados los creyentes y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

“Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven.

Porque he aquí ha pasado el invierno.”

O sea, el tiempo de la lluvia, el tiempo del frío, el tiempo del juicio.

“Se ha mudado, la lluvia se fue;

Se han mostrado las flores en la tierra (ya eso es etapa de primavera),

El tiempo de la canción ha venido.”

El tiempo de primavera y regocijo, y luego en el tiempo de verano hay regocijo también, hay gozo porque es el tiempo de la cosecha en donde se recoge el fruto y hay gozo y alegría, y los que han trabajado porque su labor no se perdió, sino que fue un éxito la siembra, el mantenimiento, el crecimiento y luego con la cosecha se recoge todo el fruto.

Por lo tanto, ha llegado el tiempo del gozo, regocijo de la cosecha para el pueblo de Dios. El mismo Cristo hablando dijo que cuando nosotros “veamos la higuera reverdecer y los demás árboles, levantemos nuestras cabezas al Cielo porque nuestra redención está cerca,” (San Lucas, capítulo 21, versos 25 en adelante, sobre todo el verso 27 y 28), y nos dice que cuando todo eso esté sucediendo, sepamos que “el verano está cerca.”

Y luego explica lo que es “el verano está cerca,” dice: “Cuando ustedes vean suceder estas cosas, sabed que está cerca el Reino de Dios.”

Y ahora, en la parábola del trigo y de la cizaña, vean en el capítulo 13 de San Mateo, versos 30 al 43, dice que el trigo son los hijos del Reino, y el que sembró el trigo es el Hijo del Hombre, y dice que la cizaña son los hijos del malo, y el que sembró la cizaña en el campo es el diablo, y el campo es el mundo.

Este planeta Tierra con todos los sistemas que tiene políticos, religiosos, académico, de todos los sentidos, y dice que la siega es el fin del siglo, es en el fin del tiempo, del siglo en donde se lleva a cabo la cosecha, la cizaña se recoge en manojos para ser amontonada y echada al fuego, y ser quemada, ser quemado durante la gran tribulación:

“Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama.” (Malaquías, capítulo 4, verso 1)

Pero para los creyente en Cristo dice:

“Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación.”

Eso es la Venida del Hijo del Hombre, la Venida del Señor, y sus alas son los ministerios de Moisés y Elías, “porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con Sus Ángeles,” y en el Monte de la Transfiguración aparecieron allí en esa visión en donde Cristo está mostrándole a Pedro, Jacobo y Juan el orden de la Venida del Reino de Dios, y por consiguiente de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles. Le está mostrando allí esa gloriosa visión, Cristo, el Hijo del Hombre allí con Su rostro como el sol, Sus vestiduras como la luz o como blanca lana también, blanca Su vestidura resplandeciente, Su rostro como el sol y a cada lado de Jesús aparecen Moisés a un lado y Elías al otro lado, porque esos son los ministerios de los dos Olivos, y de los dos candeleros que están delante de la presencia de Dios, son los dos Ungidos que están delante de la presencia de Dios.

De eso es que nos habla, de esto que les he hablado nos habla Cristo en San Mateo, capítulo 16, verso 26 al 28; San Mateo, capítulo 17, verso 1 al 13, le preguntan a Cristo: “Señor, ¿por qué dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero y restaure todas las cosas?” Cristo les dice: “A la verdad Elías vendrá primero y restaurará todas las cosas, mas yo os digo que ya Elías vino y no le conocieron e hicieron de él todo lo que quisieron, así harán al Hijo del Hombre.” (San Mateo, capítulo 17, verso 10 al 13).

Y ahora, para los que temen el Nombre del Señor, Malaquías, capítulo 4, verso 2 dice:

“Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación.”

Esta es la promesa de la Venida del Señor para este tiempo final, y allá como vino en Su primera Venida a Su pueblo que estaba bajo el pacto antiguo, encontramos que vino para la edad de oro, la Edad de la Piedra Angular, y el mismo Cristo es la piedra del ángulo, la piedra angular, por eso es que para Su segunda Venida en Daniel, capítulo 2, versos 30 al 45, dice Daniel que esa piedra no cortada de manos vendrá, herirá en los pies de hierro y de barro cocido, o sea, al reino de los gentiles en la etapa final, los pies de hierro y de barro cocido en donde se encuentran en la actualidad por muchos años ya, y será quitado el reino de los gentiles y serán dados a Él todos los reinos de la Tierra, a Cristo, y Él gobernará sobre todas las naciones.

Dice que esa piedra creció y se hizo un gran reino, se hizo un gran monte (monte representa reino), es el Reino del Mesías que cubrirá todo el planeta Tierra, y eso será el Reino de David y Trono de David siendo heredado por Cristo el Mesías, y en ese Trono de ese Reino, el Trono de David, es que Cristo dice en Apocalipsis, capítulo 3, verso 21, que al que venciere, Él dice:

“Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.”

El Trono del Padre donde Cristo se ha sentado es el Trono celestial, y el Trono de Cristo donde Él sentará al vencedor con Él, es el Trono de David, el Trono de ese Reino que Él va a establecer sobre este planeta Tierra.

Ese Trono es la representación del Trono celestial, la representación de ese Trono celestial en la Tierra es el Trono de David. O sea, que el Trono terrenal de Dios es el Trono de David, y el Reino terrenal de Dios es el Reino de David, a los cuales el Mesías es heredero. No hay otro heredero a ese Trono y a ese Reino de David, y ahí es donde Cristo va a sentar en Su Trono con Él al vencedor.

Y con el vencedor van a estar todos los que han trabajado en la Obra de Señor, estarán como Su gabinete, y todos los creyentes en Cristo seremos el gabinete de Cristo en Su Reino, el gabinete del Reino, estaremos como Reyes; o sea, que la realeza de ese Reino, vean, es Cristo y Su Iglesia, Cristo y todos los que forman Su Iglesia a través de todas las etapas o edades, y también dice que Él nos ha hecho no solamente Reyes, sino Sacerdotes.

El Orden sacerdotal de ese Reino será el de Melquisedec, el orden celestial, porque el Reino de Dios va a ser establecido en la Tierra, va a venir, y ese orden de Melquisedec lo tienen los creyentes en Cristo que van a estar transformados y por consiguiente van a ser perfectos; y también el orden judicial corresponde a Cristo, al cual Dios ha puesto por Juez de los vivos y de los muertos, y nos ha hecho a nosotros Jueces también, dice San Pablo en Primera de Corintios, capítulo 6, verso 1 en adelante que los santos juzgarán al mundo y aun a los ángeles. Por lo tanto, pertenecen al poder judicial del Reino de Cristo. Capítulo 6, versos 2 al 3 de Primera de Corintios.

Ahora vean, estos tres poderes importantes corresponden a Cristo y a Su Iglesia, Él gobernará sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones, y Su Reino al ser mundial, será el imperio más grande y perfecto que haya tenido la raza humana, la familia humana, por eso el Mesías es el deseado de todas las naciones, porque todas las naciones desean la justicia social, la paz y la felicidad y solamente la puede traer, puede traer estas tres cosas, la justicia social perfecta, la paz perfecta y la felicidad perfecta para la raza humana, el Príncipe de Paz, que es el Mesías Príncipe de Isaías, capítulo 9, verso 6 al 7.

Y eso no será una obra humana, el celo del Señor hará esto como Él lo ha prometido; por consiguiente va a ser un tiempo muy feliz en donde también la Voz de la tórtola, la Voz de Cristo, la Voz del Espíritu Santo se estará escuchando también en el Reino del Mesías, la misma Voz que habló en el Antiguo Testamento por medio de los profetas, que fue la Voz del Espíritu Santo, porque Dios el Padre por medio del Espíritu Santo es que habló a través de los profetas, y habló a través de Jesús y habló a través de los apóstoles.

Ha hablado a través de las diferentes edades de la Iglesia, y estará hablando en este Día Postrero en esta Edad de la Piedra Angular, y estará hablando durante el Reino milenial también, estará hablando en forma consecutiva en la Edad de la Piedra Angular y en el Reino milenial, estará hablando por el mismo instrumento que tenga en la etapa de la Edad de la Piedra Angular. Tan simple como eso.

Y estará hablando el mensaje del Evangelio del Reino para la Dispensación del Reino y para darle la fe a los creyentes en Cristo para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, ese mensaje gira alrededor de la Venida del Mesías para el Día Postrero, como León de la Tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores y Su Obra de Reclamo. En Su primera Venida vino como Cordero para efectuar el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, en Su segunda Venida será como león, por consiguiente como Rey de reyes y Señor de señores, y Su Nombre como Rey para reinar sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones.

Y eso será la Voz de la tórtola escuchándose en medio de la Iglesia, lo que Él estará hablándonos en este tiempo final, como fue también en edades pasadas la Voz de Cristo en Espíritu Santo hablando por diferentes mensajeros y como fue también en el Antiguo Testamento la Voz de Dios por medio del Ángel del Pacto, el Espíritu Santo hablando a través de los profetas del Antiguo Testamento.

Y ahora, en nuestro país, la Iglesia del Señor Jesucristo, el pueblo de Dios bajo el nuevo Pacto que vienen a ser todos, compuesto ese pueblo de Dios bajo el nuevo Pacto compuesto por todos los creyentes en Cristo, en este tiempo final se estará escuchando la Voz de la tórtola, la Voz del Espíritu Santo.

Recuerden que la tórtola es la paloma, es una paloma. Y yo estoy escuchando la Voz de la tórtola en este tiempo final en medio del pueblo de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo, y eso me hace feliz, ¿y a quién más? Porque la Voz de la tórtola se oye en mi país, en la Iglesia del Señor Jesucristo, que es el Monte de Sión, la Jerusalén celestial.

Si hay personas que no habían oído la Voz de Cristo, la Voz del Espíritu Santo, a través de la predicación del Evangelio de Cristo y no habían recibido a Cristo como Salvador, recuerden, ya yo lo recibí y Él me recibió en Su Reino, ¿y a quién más? A cada uno de ustedes también.

Si hay alguno que todavía no lo ha recibido como Salvador, puede hacerlo en estos momentos y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino.

Ya hemos escuchado la Voz del Espíritu Santo, la Voz de Cristo, hablándonos por medio de Su Evangelio, el Evangelio de Cristo, y ahora, por cuanto la fe viene por el oír la Palabra de Dios, el Evangelio de Cristo, y con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación, ahora tienen la oportunidad y privilegio de confesar públicamente a Cristo como su único y suficiente Salvador para que Cristo le reciba y le confiese delante del Padre celestial, y así usted entre al Reino de Cristo, para lo cual puede pasar acá al frente y estaremos orando por usted.

Vamos a dar unos minutos para que puedan pasar al frente los que están acá presentes, y también los que están en otras naciones, puedan pasar al frente para recibir a Cristo como único y suficiente Salvador.

Lo más importante es la Vida eterna, y solamente hay una persona que nos puede dar la Vida eterna, y Su Nombre es Señor Jesucristo. Recuerden que Él dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo las conozco y yo les doy Vida eterna. ¿Qué otra persona puede darle a usted Vida eterna? No la hay, solamente hay una y Su Nombre es SEÑOR JESUCRISTO.

La Escritura nos dice... la que les cité está en San Juan, capítulo 10, versos 27 en adelante; y en Primera de Juan, capítulo 5 nos dice de la siguiente manera, y vamos a leerlo para que tengamos el cuadro claro de la bendición tan grande que hay para todos los que reciben a Cristo como único y suficiente Salvador.

Recuerden que recibir a Cristo como Salvador es un asunto de Vida eterna, la exclusividad de la Vida eterna la tiene Jesucristo, no la tiene ninguna otra persona, solamente Jesucristo. Por eso Cristo decía: “El que oye mi Palabra y cree al que me envió, tiene Vida eterna, y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.” San Juan, capítulo 5, verso 24. Y aquí en Primera de Juan, capítulo 5, verso 10 al 13, dice:

“El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo.

Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.”

Dios nos ha dado Vida eterna, ¿y dónde está la Vida eterna que Dios nos ha dado? Está en Jesucristo, el Hijo de Dios para lo cual lo recibimos como nuestro Salvador y Él nos da Vida eterna:

“El que tiene al Hijo, tiene la vida (o sea, tiene la Vida eterna); el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.”

El que no tiene a Cristo porque no lo ha recibido como Salvador, no tiene la Vida eterna, lo que tiene es una vida temporera que se le va a terminar y no sabe cuándo se le va acabar. Tenemos que asegurar nuestro futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno, y eso tiene que ser mientras vivimos en este planeta Tierra; después que la persona muere, ya no hay tiempo para decir: “Ahora yo quiero recibir a Cristo como Salvador.” Sigue diciendo:

“Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.”

La buena noticia para los creyentes en Cristo es que tenemos Vida eterna, Él nos ha dado Vida eterna, “mis ovejas oyen mi Voz, y yo las conozco y me siguen, y yo les doy Vida eterna,” San Juan, capítulo 10, verso 27 en adelante.

Y ahora, vean la promesas mientras vienen los que faltan por llegar. San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40, dice Cristo:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.” (San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40). Y San Juan, capítulo 11 también cuando Cristo fue a resucitar a Lázaro, estaba Marta la hermana de Lázaro, y Cristo le dice:

“Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.

Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.”

Y ahora, vean lo que Cristo dice: “Todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente.” Habrá una resurrección en cuerpos eternos, inmortales, incorruptibles, glorificado como el cuerpo glorificado de Cristo nuestro Salvador, y entonces seremos físicamente eternos como Jesucristo es eterno en Su cuerpo físico glorificado.

Y ahora, podemos ver que hay una bendición muy grande para todos los creyentes en Cristo que lo han recibido como su único y suficiente Salvador. Le damos gracias a Dios por haber enviado a Jesucristo a este planeta Tierra para morir por nosotros en la Cruz del Calvario y darnos la Vida eterna. De eso es que se tata cuando dice en San Juan, capítulo 3, verso 13 en adelante, dice:

“Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo.

Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado (o sea, sea levantado en la Cruz, ¿para qué?),

para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Y ahora, vean el motivo por lo cual Dios envió a Jesucristo Su Hijo a este planeta Tierra, para que muriera en la Cruz del Calvario y con una mirada de fe a Cristo obtuviéramos el perdón de nuestros pecados y obtuviéramos la Vida eterna, para que podamos vivir en Su Reino por toda la eternidad.

Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo y los jóvenes y también los adultos y ancianos, que todavía no han recibido a Cristo, pueden venir a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por ustedes.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Los que están en otras naciones pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Ya vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Jesucristo nuestro Salvador. Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados repitan conmigo esta oración los que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, Señor, creo en Tu primera Venida, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres en que podemos ser salvos, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario, como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados; reconozco que soy pecador y necesito un Salvador.

Señor, doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador, Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre y sea producido en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente Contigo en Tu Reino, sálvame Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todo decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén y amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.

Ahora, ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible, porque Cristo dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.’ (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16). ¿Cuándo me pueden bautizar?” Esa es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón. Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón y lo han recibido como Salvador, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

El mismo Cristo fue el Jordán cuando Juan estaba bautizado, Juan el Bautista, y Juan no lo quería bautizar, decía: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Y Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces lo bautizó.

Si a Cristo le convenía cumplir toda justicia siendo bautizado, cuánto más a mí, ¿y a quién más? A cada uno de ustedes también. Por lo tanto, nos conviene cumplir toda justicia siendo bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, en donde nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

El bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo. Todos los que han recibido a Cristo como Salvador, han sido bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. El Día de Pentecostés cuando San Pedro predicó, como tres mil personas creyeron en Cristo y fueron bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y fueron añadidos a la Iglesia del Señor Jesucristo como tres mil personas.

Esas personas cuando escucharon predicar a San Pedro, luego le preguntan a Pedro y a los apóstoles:

“Varones hermanos, ¿qué haremos?

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos (y para los que están cerca); para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.”

Es para todos la promesa del Espíritu Santo luego de ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo habiendo creído en Cristo como nuestro único y suficiente Salvador.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, ustedes que están presentes, que han recibido a Cristo y los que están en otras naciones y han recibido a Cristo en estos momentos como su único y suficiente Salvador; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino de nuestro amado Señor Jesucristo, ese Reino eterno en donde todos queremos vivir.

Ha sido una bendición y privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, continúen pasando todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador, y dejo aquí con ustedes al reverendo Miguel Aldana Margally para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Con nosotros el reverendo Miguel Aldana.

“FELIZ, PORQUE LA VOZ DE LA TÓRTOLA SE OYE EN MI PAÍS.”

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