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Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; es para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta ocasión, para saludarles y pedirle a Cristo Sus bendiciones sobre cada uno de ustedes; también un cordial saludo para el doctor Miguel Bermúdez Marín, y también la doctora Kélita Machado, y el doctor Salomón Cunha, que se encuentran en el Brasil; y también el doctor Miguel se encuentra en otra ciudad de la República Mexicana.

También mis saludos para el señor honorable licenciado Xicotencat González Hernández, presidente municipal y también para todos los ministros presentes y también los que están en otras naciones.

Para esta ocasión hemos de tener un tema muy importante y que es una incógnita para todos los predicadores, para todos los líderes religiosos del Cristianismo, del Judaísmo y del Islam; porque los tres están esperando la Venida del Hijo del Hombre, la Venida del Mesías. Es un misterio o un evento que Cristo dijo que nadie sabía cuándo sería el día y la hora en que el Hijo del Hombre se manifestaría, se revelaría, dijo: “Ni aun los ángeles del Cielo, sino solo mi Padre.” Y en uno de los Evangelios dice: “Ni aun el Hijo,” ni aun el Hijo sabe, o sea, Jesucristo, Jesús como hombre en aquellos días, no sabía hasta que luego resucitó glorificado y entonces ya sabía todas las cosas; y sobre todo ese evento, que es el más importante de la Biblia, el misterio más grande de toda la Biblia, el cual ni los ángeles, dijo Cristo, sabían cuándo sería el día y la hora de la Venida del Hijo del Hombre, o sea, de la segunda Venida de Cristo para los Cristianos; para los judíos, pues la Venida del Mesías que para ellos sería la primera; porque la primera, la Venida de Jesús no la reconocieron como la Venida del Mesías.

Y ahora, vamos a ver, a leer, aquí en San Lucas capítulo 12, versos 35 al 46, acerca de este evento lo que Jesús dijo en este pasaje:

“Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas;

y vosotros sed semejantes a hombres que aguardan a que su señor regrese de las bodas, para que cuando llegue y llame, le abran en seguida.

Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando (¿velando por qué? Por la Venida del Señor); de cierto os digo que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles.

Y aunque venga a la segunda vigilia, y aunque venga a la tercera vigilia, si los hallare así, bienaventurados son aquellos siervos.

Pero sabed esto, que si supiese el padre de familia a qué hora el ladrón había de venir, velaría ciertamente, y no dejaría minar su casa.

Vosotros, pues, también, estad preparados, porque a la hora que no penséis, el Hijo del Hombre vendrá.

Entonces Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola a nosotros, o también a todos?

Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente al cual su señor pondrá sobre su casa, para que a tiempo les dé su ración?

Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.

En verdad os digo que le pondrá sobre todos sus bienes.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión es: “LA HORA DE LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE COMO LADRÓN EN LA NOCHE.”

Nos habla la Escritura que el día de la Venida del Hijo del Hombre, será un día como ladrón en la noche, dice San Pablo y San Pedro; San Pablo en Primera de Tesalonicenses, capítulo 5, versos 1 en adelante, dice:

“Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba.

Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche.”

Vean, el día del Señor es como ladrón en la noche y la Venida del Señor es como ladrón en la noche también; tanto el día, como el Hijo del Hombre, ambos: el día y el Hijo del Hombre, vendrán como ladrón en la noche.

Ahora, vamos a ver aquí, más adelante, dice:

“Que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina...”

¿Cuando digan qué? Paz y seguridad; porque esa paz y seguridad de la cual estarán hablando las naciones, y la cual va a ser establecida y creerán que habrán obtenido la paz que buscaban y cuando la obtengan por tratados o pactos internacionales, después vendrá destrucción repentina, esto es una guerra mundial que vendrá y alguien la va a comenzar.

Ahora, vean:

“...como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán.

Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón.”

O sea, que habrá un grupo de personas que no estará en tinieblas y por consiguiente no estará de noche, estará de día. Por lo tanto, esto no significa de día de las doce horas del día, ni de noche las horas de la noche. Dice la Escritura en Segunda de Pedro, capítulo 3, versos 8 al 10.

“Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día.”

Y ahora, cuando se habla de un día delante del Señor, para los seres humanos son mil años, por ejemplo esos seis, siete días que aparecen en el Génesis, donde dice que en el primer día, cuando Dios dijo: “Sea la luz, y fue la luz y vio Dios que la luz era buena y llamó Dios a la luz, día, y a las tinieblas llamó noche y fue el primer día.” Esos son días delante de Dios que para los seres humanos son milenios, cada día es un día de mil años para los seres humanos.

Y ahora, sigue dice diciendo el Señor en el Salmo 90, verso 4, también habla sobre esto que un día es como mil años y mil años como un día.

“El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza...”

O sea, que hay algunos que dicen: “No, el Señor tarda Su Venida.” Pero no saben que Dios tiene un tiempo asignado, no es que se tarda, es que Dios tiene un tiempo asignado para cumplir la Venida del Hijo del Hombre, y será en el día señalado, el día del Hijo del Hombre. Y esto vamos a ver cual es ese Día que entrará, comenzará en medio de la raza humana sin la humanidad darse cuenta que ese es el Día que vendría, que entraría como ladrón en la noche.

Ahora, sigue diciendo:

“...sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.”

Dios no quiere que el ser humano deje de existir, Él quiere que todos los seres humanos vivan eternamente, y por esa causa envió a Jesucristo al mundo para que muriera en la Cruz del calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, para que todo ser humano tuviera un Sacrificio de Expiación para ser reconciliado con Dios, para obtener el perdón de sus pecados, ser limpios de todo pecado con la Sangre de ese sacrificio de Cristo y recibir el Espíritu de Cristo, el Espíritu Santo y obtener el nuevo nacimiento. Bien le dijo Cristo a Nicodemo en el capítulo 3 de San Juan, versos 1 al 6: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del agua y del espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.”

Nacer del agua es nacer el Evangelio de Cristo, por eso Cristo ordenó predicar el Evangelio a todo el mundo. “Y el que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” Ven lo sencillo, lo simple que es todo? Es un asunto de creer para ser salvo o de no creer para ser condenado.

Y yo no puedo obligarle a nadie a creer o a no creer; porque Dios le ha dado al ser humano libre albedrío, así como Dios tiene libre albedrío para hacer lo que Él desea hacer, le ha dado al ser humano el libre albedrío. Por eso cuando colocó a Adán en el Huerto del Edén, vean, le dio libre albedrío y le dijo que no comiera del árbol de la ciencia del bien y del mal; el día que lo hiciera, que comiera, le dijo: “Ese día vas a morir.”

¿Ven? Pero no lo obligó, le dio libre albedrío y Adán decidió; así también usted y yo tenemos libre albedrío para escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, creer en Cristo como nuestro Salvador, ser bautizado en agua en Su Nombre y recibir Su Espíritu Santo y obtener el nuevo nacimiento, y por consiguiente la Vida eterna; porque nacemos de nuevo en el Reino de Dios, que es eterno; y por consiguiente obtenemos así la Vida eterna. Pero cada uno es responsable por su elección y la recomendación de Dios es: “Escoge la Vida, para que vivas tú y tu familia.”

¿Ven? La recomendación es escoger la Vida y la otra recomendación es: “No escoger la muerte.” Si estamos vivos, estamos conscientes de que existimos, de que somos seres humanos, que fuimos hechos, creados, a imagen y semejanza de Dios, ¿cómo vamos a perder la oportunidad de vivir eternamente como Dios vive eternamente? No la podemos perder; ya hay un Sacrificio de Expiación por el pecado del ser humano, para ser perdonado y limpiado de todo pecado la persona, el ser humano, y ser reconciliado con Dios para ser restaurado a la Vida eterna y estar en relación directa con Dios por medio de Cristo nuestro Salvador; y así aseguramos nuestro futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno, pues es el único Reino que va a existir por toda la eternidad.

Y ahora, ya hemos visto que hay una forma de obtener la Vida eterna y es sencilla, es sencilla para que los que no han estudiado tengan la misma oportunidad que tienen los que estudiaron. Por eso la Escritura dice: “Bienaventurados el que lee y el que oye.” El que lee porque sabe leer y el que oye, porque no sabe leer y alguien le lee o escucha a alguien leyendo la Palabra de Dios.

Y ahora, la Venida del Hijo del Hombre dos mil años atrás fue para tomar nuestros pecados y morir por nosotros como el Sacrificio de Expiación, el cual estuvo representado, tipificado, en el macho cabrío de la expiación que sacrificaba el sumo sacerdote el día diez del mes séptimo de cada año conforme a Levítico, capítulo 23, versos 26 al 29.

Y también conforme al sacrificio del cordero pascual que se efectuaba en el primer mes del año religioso hebreo, el cual fue llevado a cabo por primera vez allá en Egipto antes de la salida del pueblo hebreo, en donde Dios le ordenó a Moisés y Moisés al pueblo, que tomara cada familia, el padre de familia, tomara un corderito de un año, lo separara por unos cuatro días y observara que no tenía defectos y luego el día de la víspera de la Pascua, el día antes de la Pascua lo sacrificaría, colocaría la sangre de ese animalito en el dintel de los postes de las puertas de los hogares hebreos; cada familia tenía que hacer lo mismo con un corderito de un año, para la preservación de los primogénitos, de los hijos primogénitos o del hijo primogénito que estaba en esa familia; porque solamente en un matrimonio puede haber un hijo primogénito (el primero que nace).

Y ahora, el seguro para continuar viviendo cada primogénito en cada familia hebrea, era que la sangre del cordero estuviera aplicada en el dintel de los postes de ese hogar; porque en la noche de la Pascua estarían también comiéndose el cordero que sería asado en fuego el día antes de la Pascua, y en la noche de la Pascua ya lo tendrían dentro de sus hogares y estarían cenando, comiendo la Pascua, comiendo el cordero pascual con hierbas amargas y así por el estilo.

Mientras en Egipto, en los hogares egipcios el juicio de la muerte sobre los primogénitos estaría cayendo, comenzando con el hijo del faraón, hasta el hijo del que estaba en la cárcel, y también morirían los primogénitos de las aves, de los animales y así por el estilo.

Y ahora, la única cosa que protegía de la muerte a los primogénitos hebreos, era la sangre de ese cordero aplicada en el dintel de los postes de sus hogares y que estuvieran dentro del hogar, dentro de la casa, comiendo el cordero pascual.

Y ahora, San Pablo, en Primera de Corintios, capítulo 5, verso 7, dice: “Porque nuestra Pascua, la cual es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.”

Y ahora, aquel cordero pascual es tipo y figura de Cristo, y la Sangre del Cordero pascual nuestro, que es Cristo, ha sido aplicada en el dintel de los postes de nuestro corazón; eso es lo que nos protege de la muerte eterna, de la muerte del alma, no de la muerte física; porque estos cuerpos mortales son temporeros; pero de la muerte del alma lo único que protege al ser humano es la Sangre de Cristo cuando lo recibimos como nuestro único y suficiente Salvador.

Por eso es tan importante el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario para la familia humana, para que pueda vivir eternamente la persona que lo recibe como su Salvador y queda protegido con la Sangre de Cristo, por medio de la vida de la Sangre, que es el Espíritu Santo, dentro de la persona.

Y ahora, recordamos a Juan el Bautista en San Juan, capítulo 1, versos 29 al 36, cuando vio que Jesús venía a una de sus actividades donde Juan estaba predicando y también bautizaba, cuando ve a Jesús dice: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” Juan sabía que el Mesías vendría para quitar el pecado del mundo. ¿Y cómo Juan pudo saber eso? Pues está en la Biblia y Juan era un estudiante (Juan el Bautista) un estudiante muy aplicado de las Escrituras.

Vean aquí en el libro del profeta Daniel, capítulo 9, versos 18 en adelante, vamos a leer, capítulo 9, vamos a comenzar verso 21 para no leer mucho, esto fue cuando el Ángel o Arcángel Gabriel le apareció a Daniel, el cual era nada menos que un gobernador de la provincia, del estado de Babilonia; un político, pero un político que conocía a Dios y servía a Dios y era de la decendencia de la realeza del pueblo hebreo, de la tribu de Judá, un descendiente del rey David, de la realeza, no era cualquier persona. Dice, capítulo 9, versos 20 en adelante, dice:

“Aún estaba hablando y orando (vean, era un hombre de oración), y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y derramaba mi ruego delante de Jehová mi Dios por el monte santo de mi Dios (o sea, por Israel, por el pueblo hebreo y por su tierra);

aún estaba hablando en oración, cuando el varón Gabriel, a quien había visto en la visión al principio, volando con presteza, vino a mí como a la hora del sacrificio de la tarde.

Y me hizo entender...”

Es un ángel que viene para hacer entender a las personas a las cuales les aparece. ¿Recuerdan a Zacarías el sacerdote? Le vino con la respuesta de parte de Dios a la oración que Zacarías había hecho delante de Dios todo el tiempo, que era que Dios le diera un hijo a través de su esposa Elizabet, la cual era estéril y ya estaba avanzada en edad; pero para Dios no hay nada imposible, y le dijo que iba a tener un hijo, que sería grande delante de Dios, que sería profeta delante de Dios y que vendría con el espíritu y virtud de Elías. Eso está en San Lucas, capítulo 1, versos 11 en adelante.

Y luego, seis meses después, le aparece a la virgen María y le dice: “Salve muy favorecida, el Señor es contigo, bendita tú entre todas las mujeres.” ¿Y cómo una joven puede ser bendita entre todas las mujeres? Porque sería la primera mujer en la historia que tendría un hijo sin relaciones íntimas con un hombre, sería por gracia y obra del Espíritu Santo; y por consiguiente ese sería el Mesías que estaba prometido para venir a través de una virgen conforme a Isaías, capítulo 7, verso 14, donde dice: “He aquí la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y se llamará su nombre Emanuel.” ¿Y Emanuel qué significa? Dios con nosotros, eso fue lo que le explicó también el Ángel Gabriel a José, el marido o esposo de la virgen María, cuando él quería dejarla secretamente, porque estaba embarazada y él no sabía lo que había pasado y el Ángel le aparece y le dice: “José, no temas recibir a María tu mujer como esposa, porque en lo que ella es engendrado del Espíritu Santo es y tendrá un hijo y llamarás su nombre Jesús; porque él salvará a su pueblo de sus pecados.”

Vean, cómo vendría la salvación para el pueblo hebreo: por medio de un niño que iba a nacer, el cual cuando estuviera grande moriría como la Expiación por el pecado de Su pueblo y de todo ser humano.

Ahora, continuamos leyendo, dice:

“Y me hizo entender, y habló conmigo, diciendo: Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento.”

Ahí tenía el mejor maestro para enseñarle el Programa Divino, es el Ángel que tiene acceso al Libro de la Verdad y él mismo lo dice en el capítulo 10, versos 21, cuando dice el Ángel Gabriel:

“Pero yo te declararé lo que está escrito en el libro de la verdad; y ninguno me ayuda contra ellos, sino Miguel vuestro príncipe.”

El Ángel Miguel o Arcángel Miguel ayuda al Arcángel Gabriel cuando el Arcángel Gabriel lo necesita, es un Arcángel que tiene su ejército, así Gabriel como Miguel; ambos tienen sus ejércitos celestiales y cuando Gabriel necesita ayuda, llama al Arcángel Miguel con su ejército y entra en acción.

Para estos cambios de gobierno del imperio de los gentiles, para el cambio del imperio babilónico al imperio Medo-Persa, intervino el Ángel Gabriel y también el Ángel o Arcángel Miguel con sus ejércitos, o sea, son Arcángeles guerreros también, no crean que son solamente para hablar suavemente y hablar de bendiciones, también hablan los juicios divinos.

Estos fueron los Ángeles que visitaron a Abraham con Elohím, con Dios; comieron, almorzaron con Abraham al mediodía, digamos de 12:00 a 3:00 de la tarde, el horario del calor del día (era verano también, porque era tiempo de calor); y luego se levantaron y se fueron estos dos Ángeles Gabriel y Miguel a Sodoma, ya en la tarde, para una misión divina que ellos eran los que sabían; y cuando Lot, que era una persona importante, un político, allá en Sodoma. Recuerden que lo llamaron, le dijeron a él: “¿Eres tú juez de nosotros? ¿Estás como juez? O sea, vendría a ser el gobernador o el alcalde de ese territorio, un político, sobrino de Abraham.

Pero Elohím se quedó con Abraham revelándole el motivo para el cual había venido. Los Ángeles se iban a quedar en la plaza, porque esa noche iban a destruir a Sodoma y Gomorra, y todas esas ciudades cercanas; eran Ángeles de juicio, venían no para bendición sino para juicio de esa ciudades. Lot los vio y les dijo: “No se pueden quedar en la plaza.” Y se los llevó, ellos no querían ir con Lot, pero Lot luchó con ellos, habló con ellos y los forzó a ir con él, mientras Abraham estaba hablando con Elohím y estuvo intercediendo por su sobrino Lot, cuando está diciendo: “No haga tal cosa el Juez de toda la tierra, que vaya a destruir al justo con el injusto.”

Estaba pensando en su sobrino Lot que está allá en la ciudad y comienza a hablar: “Si hay cincuenta justos allí, ¿destruirás tú la ciudad, destruirás al justo con el injusto? No haga tal cosa el Juez de toda la tierra, o no hará tal cosa el Juez de toda la tierra.” Dios le dice: “Si hay cincuenta justos, no destruiré la ciudad.” Así que vean, Dios está mostrándole a Abraham que vino con Sus Ángeles y ejércitos celestiales para destruir a Sodoma y Gomorra; y ya que Dios comienza a escuchar a Abraham, Abraham le dice: “Pero, quizás no hay cincuenta, quizás solamente hay cuarenta justos, ¿destruirás la ciudad porque hay solamente cuarenta justos? O vamos a leer; porque en un momento dice, habla de veinte en veinte y después habla de diez en diez, Génesis, capítulo 18, dice:

“Y se acercó Abraham y dijo: ¿Destruirás también al justo con el injusto?

Quizá haya cincuenta justos dentro de la ciudad: ¿destruirás también y no perdonarás al lugar por amor a los cincuenta justos que estén dentro de él?

Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío, y que sea el justo tratado como el impío; nunca tal hagas. El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo (vean, Abraham está hablando con Dios en términos jurídicos, en términos de derecho)?

Entonces respondió Jehová: Si hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a todo este lugar por amor a ellos.”

Las naciones, los estados, las ciudades y los pueblos, y las comunidades, no saben lo importante que es tener personas justas viviendo en su lugar, personas que conozcan a Dios, que aman a Dios y que sirven a Dios; porque por amor a ellos Dios perdona el lugar y trae bendición para ese lugar.

“Y Abraham replicó y dijo: He aquí ahora que he comenzado a hablar (vean, abrió la puerta para hablar y ya sigue hablando; porque ama mucho a su sobrino Lot y desea que él escape)... He aquí ahora que he comenzado a hablar a mi Señor, aunque soy polvo y ceniza.

Quizá faltarán de cincuenta justos cinco (vean, está hablando ahora de cinco en cinco y después hablará de diez en diez), ¿destruirás por aquellos cinco (por aquellos cinco que faltan) por aquellos cinco toda la ciudad? Y dijo: No la destruiré, si hallare allí cuarenta y cinco.”

Vean, no son muchos; lo importante es que sean personas que aman a Dios, que conozcan a Dios, que sirvan a Dios y que tengan el Sacrificio de Expiación por sus pecados, sacrificio que conocía Lot; porque lo había aprendido de Abraham y ese sacrificio que ellos efectuaban tipificaba el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario, por eso funcionaba así delante de Dios.

“Y volvió a hablarle, y dijo: Quizá se hallarán allí cuarenta. Y respondió: No lo haré (o sea, no la destruiré) por amor a los cuarenta.

Y dijo: No se enoje ahora mi Señor, si hablare: quizá se hallarán allí treinta.”

Ahora comienza de diez en diez; porque las cosas van buenas para Abraham, Dios está diciendo que sí; cuando alguien está diciendo que sí, pues la persona se aprovecha para pedir todo lo que quieren.

Es como los niños, que cuando su padre, va a lo de su padre y le dice: “Papi, quiero que me compres unos zapatos.” Y el papá le dice: “Sí, hijo mío.”

– “Ah y que me compres unos pantalones también.” Y el papá le dice: “Sí hijo mío.”

– “Y que me compres la camisa también.” Porque le está diciendo que sí y hay que aprovechar cuando le están diciendo a uno que sí; cuando le dicen que no, ya uno ahí se detiene; porque si le dicen que no, después en otra ocasión que quiera pedir eso, le van a decir: “Hijo, ya te dije que no hace tiempo.” Por eso uno entonces se detiene, deja de pedir para cuando las cosas están a su favor.

“Y respondió: No lo haré si hallare allí treinta (con treinta personas justas Dios no destruiría a Sodoma y Gomorra, y las ciudades cercanas)

Y dijo: He aquí ahora que he emprendido el hablar a mi Señor: quizá se hallarán allí veinte (¿qué le dice Dios?). No la destruiré, respondió, por amor a los veinte.”

Y ahora, va la última petición:

“Y volvió a decir: No se enoje ahora mi Señor...”

¿Ve? Porque algunas veces los mismos padres cuando sus hijos insisten, ya se enojan, y los padres: “Ya te dije que no.” Le piden algo grande y entonces le dicen que no, y entonces piden una cosa más pequeña y si le dicen que no, entonces piden otra más pequeña, y va bajando. Pero ya en cierto momento el niño puede pensar: “Ya mi papá está enojado, está enojado conmigo y me está diciendo no a todo.”

Y ahora, aquí Abraham le puede decir: “Le voy a hacer la última petición.” Y aquí Abraham le va a hacer la última petición a Dios.

“Y volvió a decir: No se enoje ahora mi Señor (¿ve? Porque se podía enojar Dios, ya me ha estado preguntando mucho, vine a destruirla y voy a destruirla) quizá se hallarán allí diez.”

Pues está pensando en Lot y su familia, está pensando: “Bueno Lot puede tener a través de su esposa... y como en aquellos días algunas veces tenían más de una compañera, de seguro debe tener más de diez.”

Bueno, y otra cosa: Cuando Noé, cuando Noé, vean, no hubo diez personas justas, solamente Noé, su esposa, sus dos hijos y las esposa de ellos, ocho personas solamente, y Dios destruyó al mundo antediluviano que estaba tan adelantado como el nuestro; y quizás en algunas cosas, en algunos campos, quizás más adelantados y en otros quizás no tanto, pero estaban muy adelantados.

Si el ser humano actual, con tan pocos años que vive, años productivos, digamos cien años, ha logrado tanto, aquellos que vivían antes del diluvio, vivían quinientos, seiscientos, setecientos, ochocientos y novecientos y algo de años. Matusalén vivió 969 años; Adán vivió 930 años, y así por el estilo ¿Cuánto no se puede adelantar en una vida de quinientos a novecientos años? Mucho más de lo que se puede adelantar en una vida actual.

Y ahora, dice:

“Y volvió a decir: No se enoje ahora mi Señor, si hablare solamente una vez.”

Ya sabía que de diez no podía bajar; porque con ocho Dios destruyó al mundo antediluviano y si lo destruyó con ocho personas justas que habían, Noé y su familia, entonces no le podía decir Abraham de nuevo, “luego de esta te voy a hacer otra pregunta.” No.

“...quizá se hallarán allí diez (Dios le dice) No la destruiré, respondió, por amor a los diez.”

Vean, hasta por diez personas justas Dios perdona una ciudad; por eso es tan importante que en todas las naciones hayan personas que crean en Dios, que alaben a Dios, que sirvan a Dios y oren a Dios, y oren por los líderes políticos, oren por los gobiernos, oren por todas las autoridades como dice San Pablo, que oremos por las autoridades, las cuales han sido puestas por Dios.

Miren, en el tiempo de Jonás, en donde venía el juicio divino para Nínive, lo escuchó el rey de Nínive, ¿y qué hizo? No dijo: “Ese hombre es un loco.” Dijo: “No, traigan a ese hombre para acá,” y entonces escuchó lo que ese hombre, Jonás... el cual no quería ir a Nínive, y por no ir se montó en un barco que iba para Jope y allá en el barco estaba contento, porque iba para otro lugar, no para Nínive, y hubo una tempestad en el mar y los marineros dijeron: “Hay alguien aquí, por el cual está viniendo este problema.” Y comienzan a investigar y a preguntar y Jonás dice: “Soy yo.” Bueno, y ahora, ¿cómo se va a resolver este problema? Bueno “me toman, me tiran al agua y ya se acaba el problema.” Hicieron así, vean Jonás quería morirse, no quería ir a cumplir un mandato divino.

Pensaron que ese pueblo, como era pagano, no iba a escuchar su mensaje y como no era un pueblo judío, hebreo, vean (y *Jonás) sí, no quería ir allá; no estaba interesado que la misericordia de Dios fuera extendida sobre esa nación.

Un servidor de Dios debe desear que la misericordia de Dios sea extendida para todas las naciones, todas las ciudades, todas las comunidades, todos los seres humanos, dándole a conocer el Programa Divino, dándole a conocer lo que es agradable a Dios y lo que no es agradable a Dios; y mostrándoles porqué vienen los juicios divinos sobre individuos y sobre naciones, para que puedan actuar bien y reciban la bendición de Dios.

Algunas veces queremos la bendición de Dios para nuestra nación, pero no sabemos qué hacer para que venga la bendición de Dios.

Y ahora, Jonás era así, no quería, no quería ir allá a Nínive y cuando lo tiraron al mar Dios tenía un gran pez; no era un tiburón, porque un tiburón muerde y se come a la persona; era una ballena, y ahí como va un barco de vapor botando y sonando, y botando el humo arriba (como recuerdan los trenes antiguos), iba esa ballena directa a Nínive.

Jonás iba en un barco y Dios le cambió el boleto; él quiso cambiar el boleto, quiso irse al seno de Abraham, pero Dios le cambió el boleto y lo mandó en un submarino y allá cuando llegó a las playas lo vomitó, o sea, que salió rapidito, y allá comenzó, se encontró en Nínive y comenzó a hablar lo que vendría sobre Nínive, llegó a oídos del rey, lo mandó a buscar, le preguntó, le explica él lo que viene, estuvo predicando: “Dentro de unos cuarenta días, dentro cuarenta días Dios va a destruir esta ciudad.” Y Jonás no les estaba diciendo que hicieran algo para evitar eso, fue el rey el que, cuando escuchó lo que vendría, creyó y llamó a todo el pueblo, y él mismo, se pusieron en ayuno, hasta a los animales los puso en ayuno. Se echaron cenizas en la cabeza y en todo el cuerpo y clamaron a Dios por misericordia.

Algunas veces nos acordamos de Dios cuando sabemos que el juicio viene, y no debe ser así, debe ser todo el tiempo amando a Dios y sirviendo a Dios, y no pasar por momentos de apretura como esa que pasó Nínive.

Pero vean, el juicio divino ya estaba señalado, no quiere decir que Dios no iba a destruir a Nínive, pero pospuso la destrucción de Nínive, para otro tiempo, después, muchos años después fue destruida Nínive; estuvo en las manos de otro rey; pero mientras estuvo en las manos de ese rey la misericordia de Dios fue extendida sobre Nínive.

Y Jonás estaba muy enojado cuando pasaron los cuarenta días y Dios no destruía a Nínive; porque Jonás quería que fuera destruida, para quizás decir: “¿Ve? Lo que yo dije se cumplió.” Pero Dios le dice: “¿Por qué te enojas?” Hace crecer una calabacera, como era tiempo de verano y hacía mucha calor y más en ese territorio, y ahí se metía en la sombra todos los días esperando la destrucción de Nínive, iba, anunciaba y después se iba a la sombra.

Y llega el día cuarenta y nada pasa, y se enoja; y Dios para darle una lección envía un gusano que se come la calabacera y se queda Jonás sin sombra. Y con esa lección ahí que le da Dios, le dice: “Tú no sembraste la calabacera, y ahora te enojas porque vino un gusano y se la comió. Tú querías misericordia para la calabacera (claro era la que le daba sombra) y ahora tú quieres que yo destruya a Nínive, ¿tú no viste lo que hizo el rey con toda su gente y los animales, que estuvo en ayuno y con cenizas sobre sus cabezas clamando a mí por misericordia?” Y no destruyó a Nínive.

Y vean, Jonás como que aprendió un poco de lo que es la misericordia de Dios, la misericordia de Dios no tiene limitaciones.

Y ahora, continuando... vieron que luego Abraham no continuó preguntándole a Dios, Señor: si hay ocho, si hay cinco; porque ya sabía que de ahí hacia abajo no podía preguntar.

Ahora, pasando al caso de Daniel, hemos visto que el Ángel Gabriel tiene acceso al Libro de la Verdad; hemos visto que le aparece a Daniel en el capítulo 9, versos... ya estamos por el verso 23, donde dice:

“Al principio de tus ruegos fue dada la orden (o sea, a principio de la oración de Daniel fue dada la orden), y yo he venido para enseñártela (es un maestro el Arcángel Gabriel, un profeta de otra dimensión, conoce las cosas que han de suceder y las da a conocer al profeta Daniel y a otros profetas también), porque tú eres muy amado.”

Palabras de un Arcángel como Gabriel para un hombre, un ser humano: tú eres muy amado, ¿dónde? En el Cielo, tú eres muy amado. Dice:

“Entiende, pues, la orden, y entiende la visión.

Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado (¿ven? Para poner fin al pecado), y expiar la iniquidad (¿y cómo se expía la iniquidad? Por medio de un sacrificio), para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos.

Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas...”

O sea, sesenta y nueve semanas, pero son semanas de años, y al principio le dijo que están determinadas setenta, pero hasta el Mesías Príncipe transcurrirán sesenta y nueve semanas; setenta semanas de años son cuatrocientos noventa años, y sesenta y nueve semanas son cuatrocientos ochenta y tres años; y ahí, a los cuatrocientos ochenta y tres años, desde el momento que comenzaran esas setenta semanas, que se diera la orden para la restauración de Jerusalén y del Templo, aparecería el Mesías, aparecería el Mesías Príncipe.

Por eso cuando Jesús fue al Jordán y Juan el Bautista lo bautizó, estaba comenzando la semana setenta, o sea, ya se estaba al final de las sesenta y nueve semanas; o sea, ya habían transcurrido cuatrocientos ochenta y tres años, y ahora va a comenzar la última semana de años y cada semana de años son siete años; y tuvo un ministerio que comenzó en aquellos días, el cual muchas personas creían que iba a continuar por un tiempo indefinido, por años y años y que iba a establecer el Reino de Dios en la Tierra en esos días, o sea, iba a restaurar el Reino de David y se iba a sentar en el Trono de David.

Por eso antes de subir al Cielo le preguntan Sus discípulos: “Señor, ¿restaurarás tú el Reino a Israel en este tiempo? Y ya estaba para irse al Cielo, para sentarse en el Trono de Dios y recibir toda autoridad en el Cielo y en la Tierra. Dice:

“...se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos (ya eso se cumplió).

Y después de las sesenta y dos semanas (y antes de eso, transcurrieron siete), se quitará la vida al Mesías, mas no por si...”

O sea, que Él no se la quitará, ni tampoco morirá de viejo, ni de enfermedad; le será quitada la vida al Mesías, lo cual ocurrió cuando fue crucificado por los romanos en la Cruz del Calvario allá en Jerusalén. No hay otra persona que pueda cumplir esas profecías del Mesías aparte de Jesucristo. Él fue el único que cumplió todas las profecías correspondientes a la primera Venida del Mesías.

Le fue quitada la vida en ese tiempo correspondiente a la semana número setenta, cuando tenía tres años y medio de ministerio dentro de la semana número setenta, a la mitad de la semana le fue quitada la vida al Mesías. ¿Y qué de los otros tres años y medio? Esos comenzarán a correr, a cumplirse, luego que Cristo resucite a los muertos creyentes en Él en cuerpos glorificados y a los creyentes vivos en Cristo nacidos de nuevo los transforme y luego de una temporada aquí en la tierra, como la que Cristo tuvo después de resucitado (estuvo cuarenta días), los creyentes en Cristo que serán transformados, juntamente con los que resucitarán en cuerpos eternos, estarán una temporada aquí, digamos, estrenando el cuerpo nuevo, cuerpo joven, eterno, inmortal, incorruptible y glorificado, como el cuerpo glorificado de Cristo, el cual está tan joven como cuando subió al Cielo; y después de eso nos iremos con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Y entonces comenzará a correr el tiempo de la segunda parte de la semana número setenta; porque hubo una brecha, se abrió una brecha en la mitad de la semana número setenta, en donde se ha estado predicando, desde el Día de Pentecostés hacia acá, el Evangelio de Jesucristo para salvación a todo aquel que escucha, cree, es bautizado en agua en Su Nombre y recibe el Espíritu Santo.

Se abrió así la Dispensación de la Gracia en esa brecha en la mitad de la semana número setenta, ahí se abrió ese espacio para la predicación del Evangelio de Cristo, para llamar a Sus ovejas que estarían perdidas entre todas las naciones, en el campo, en el mundo.

Pero cuando se complete la Iglesia del Señor Jesucristo, o sea, se complete el Redil del Señor con las últimas ovejas que entren, ya Cristo resucitará a los muertos creyentes en Él y a los vivos los transformará, y entonces Cristo será el Rey de reyes y Señor de señores, el León de la Tribu de Judá; Su Venida, Su segunda Venida es como León de la Tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores para hacer Su Obra de Reclamo, reclamará todas las ovejas que el Padre le dio, las cuales lo han recibido como Salvador, los resucitará en cuerpos eternos y a los vivos los transformará; también va a reclamar Su Trono, el Trono de David al cual Él es el heredero y el Reino de David, va a hacer Su Obra de Reclamo como León de la Tribu de Judá, ya no será como Cordero; porque como Cordero era para Su Primera Venida y sería conocido como Cordero de Dios durante la Dispensación de la Gracia.

Pero durante la Dispensación del Reino será conocido como el León de la Tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de reclamo, como el Hijo de David; el heredero al Trono de David y Reino de David, y cuando eso suceda ya la misericordia de Dios para las naciones habrá terminado; porque ya Cristo no estará como Sumo Sacerdote en el Cielo con Su Sangre haciendo Intercesión por las personas; y entonces el que esté sucio no hay Sangre para limpiarlo de todo pecado, será un tiempo muy terrible para la familia humana; pero para los creyentes en Cristo será el tiempo más glorioso, porque serán transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Y ahora, veamos aquí lo que nos dice, luego de haber leído este pasaje.

“Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí (y eso ya sucedió dos mil años atrás allá en Jerusalén); y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario...”

Ese fue Tito Vespasiano, ese general romano que destruyó en el año setenta de la era cristiana, la ciudad de Jerusalén y el templo que estaba allí en Jerusalén. Vean, que la destrucción por ese general romano Tito con su ejército ocurriría después que le sería quitada la vida al Mesías. Por lo tanto, hay que buscar qué hombre fue muerto, ¿a qué hombre mataron, que cumpliera los requisitos para ser reconocido como el Mesías? Y solamente hay UNO y Su Nombre es SEÑOR JESUCRISTO.

También en Isaías decía que Él pondría Su Vida en Expiación por el pecado (Isaías, capítulo 53, versos 10 al 15). Sigue diciendo:

“... y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones (allá en Jerusalén).”

Por eso cuando le preguntan a Cristo en el capítulo 24 de San Mateo, versos 1 al 3, allí cuando Cristo les dice: “¿Veis todo esto?” Cuando le enseña los edificios del templo y todos aquellos edificios que estaban allí y le dice: “Mira que edificios tan hermosos (porque son hermosos todos esos edificios que están allí y los que destruyeron también eran hermosos). Cristo le dice: “¿Veis todo esto? De cierto os digo que no quedará piedra sobre piedra que no sea derribada.” Y entonces los discípulos se quedaron con la interrogante: “¿Cuándo va a acontecer esto.” Y cuando ya están en el monte de los Olivos, le preguntan a Cristo: “Señor, ¿cuándo serán estas cosas? La destrucción del templo y de todos esos edificios que ya estaban. ¿Y qué señal habrá de Tu venida y del fin del mundo, o fin del siglo, o fin del tiempo”? Y Cristo comienza a enumerar las señales que van a ser vistas en los Cielos y en la Tierra.

Una de las señales grandes, vean, dice que habrá señales en el sol, la luna y las estrellas; habrá guerras también, habrá maremotos, terremotos, será vista la señal del Hijo del Hombre en el Cielo.

Recuerden que cuando vino en Su primera Venida dos mil años atrás fue vista una señal en el cielo, llamada la estrella de Belén. Pero, ¿quiénes vieron esa señal? Los magos que eran estudiosos de las estrellas y sabían que cuando Dios va a hacer algo en la Tierra, cuando un evento mayor va a ocurrir en la Tierra, es señalado por Dios en el cielo, hay señales en el cielo.

Recuerden que la descendencia de Abraham Dios le dijo que sería como las estrellas del cielo; por eso cuando se habla de la descendencia de Abraham, todo descendiente de Abraham está representado en una estrella del cielo, y el Mesías Príncipe también. ¿No dice Cristo?:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.” [Apocalipsis 22.16].

Cristo está representado en la estrella resplandeciente de la mañana, en Venus, no es que Él es ese planeta, sino que ese planeta lo representa, como los sacrificios que efectuaba el pueblo hebreo representaban, tipificaban, a Cristo.

Y ahora, encontramos que esas señales en el cielo están señalando cosas que van a suceder en la Tierra, aún el profeta Balaam dijo que de Jacob saldría estrella, refiriéndose al Mesías; y por consiguiente en el cielo aparecería esa señal.

Cuando los magos fueron a Jerusalén buscando el Mesías, entran a Jerusalén y preguntan: “¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque Su estrella hemos visto en el Oriente” Ellos vivían allá en el área de Ur de los Caldeos y Babilonia, por allá por Irak y Persia; porque Irak es Babilonia e Irán es Persia, nombres modernos: pues Irak e Irán.

Y ahora, esos magos sí sabían lo que habían visto y lo que significaba esa señal en el cielo, y los sacerdotes no sabían nada y el rey Herodes tampoco; pero el rey Herodes fue el más que se interesó. Por lo tanto, el mundo político se interesó más que el mundo religioso, pero por conveniencia; porque si había nacido el rey de los judíos, el reino de Herodes, la posición de Herodes como rey, iba a desaparecer.

Por lo tanto, él quería matar al Mesías estando pequeñito, antes que formara un ejército e hiciera una rebelión y lo destronara, destronara a Herodes; así que le tenía miedo a ese niñito que nació. Los magos vieron esa señal, Herodes se interesó y les preguntó: “¿Cuánto tiempo hace, desde cuando ustedes están viendo esa estrella?” Y le dijeron que era unos dos años, conforme a la información que los magos le dieron a Herodes, esos sabios, astrólogos o astrónomos, y les dijo: “Vayan y busquen al Mesías, al niño, lo adoran y me avisan para yo ir a adorar.” Pero era para ir a matarlo; por eso el ángel les dijo a los magos, después que encontraron al Mesías; porque salieron de ver al rey Herodes y entonces comenzaron a ver la señal, la estrella de nuevo y siguieron la dirección a la cual y hacia la cual señalaba la estrella y llegaron al lugar y vieron al niño, ya tenía unos dos años de edad, lo adoraron ,le entregaron oro, incienso y mirra.

Y por eso fue que después el ángel le dice en sueños a los magos: “Regresen por otro lugar, no regresen a donde Herodes.” Porque sabían que si iban donde Herodes, Herodes pues iba a mandar el ejército para matar al niño. Y a José le dice: “Toma el niño y a su madre, y vete a Egipto, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.” Y ya tenía oro, tenía con qué ir, o sea, tenía dinero para el pasaje, fuera en burro o en camello, y para estar un tiempo allá en Egipto.

Se va a Egipto y cuando Herodes ve que los magos no llegan, dice: “Estos magos me han engañado, no regresaron por acá.” Mandó a matar a todos los niños de dos años hacia abajo, pensando que iba a matar al Mesías que tendría unos dos años; pero Dios lo protegió.

Y ahora, podemos ver que ha sido una lucha la que ha habido por miles de años. Es que mientras exista un judío, existe la promesa de que el Mesías va a sentarse en el Trono de David, el Mesías va a venir y ese era el temor de Herodes.

Y ahora, hubo mucha información de la Venida del Mesías, decía que sería una virgen que concebiría y daría a luz un hijo; y por consiguiente tenía que ser de los descendientes de la tribu de Judá, del rey David; y que nacería en Belén de Judea.

Pero para la segunda Venida del Hijo del Hombre no hay tanta información, hay mucha profecía pero sin detalle de lugar y sin muchos otros detalles; porque ese es el misterio más grande en el Cielo que ni los ángeles saben cuándo será el día y la hora; pero no será un día de veinticuatro horas, ni será una hora de sesenta minutos.

El día delante de Dios para la Venida del Hijo del Hombre es el séptimo día milenial de Adán hacia acá o tercer día milenial de Cristo hacia acá, o sea, ese es el séptimo milenio donde la Venida del Hijo del Hombre se hará una realidad.

Cristo mismo dijo: “El Señor, el Hijo del Hombre es Señor del sábado.” Y el sábado es el séptimo día, el Día del Señor para los judíos y para todas las personas que guardan el sábado, y ese día séptimo de la semana representa al séptimo milenio donde Cristo establecerá Su Reino milenial; y que será de reposo para toda la raza humana, en donde “será llena la humanidad del conocimiento de la gloria del Señor como las aguas cubren el mar,” como dice Habacuc, capítulo 2, verso 14, e Isaías, capítulo 11, verso 9.

Y ahí se terminarán las disputas teológicas, porque todos van a conocer a Dios y Su Programa. Y ya la Escritura en Zacarías, capítulo 14, verso 9, dice: “Y aquel día Jehová será rey sobre toda la tierra. Y Jehová será uno, y uno su nombre.” Ya se habrán terminado las diferencias religiosas.

En el Reino del Mesías, vean ustedes, habrá justicia social, habrá paz, y por consiguiente felicidad para los seres humanos, será un Reino mundial; porque el Mesías como el Hijo del Hombre es el heredero al planeta Tierra completo, y habrá descanso, reposo para el planeta Tierra con todos sus habitantes, los que entren a ese Reino del Mesías. Recuerden que no todas las naciones van a entrar, pero esperamos que México entre y que entren todos los países latinoamericanos.

¿Cómo que algunos países no van a entrar? Miren, en la parábola del juicio sobre las naciones, cuando el Hijo del Hombre se siente sobre Su Trono, el Trono de David, en San Mateo, capítulo 25, versos 31 al 46, dice que juntará delante de Él a todas las naciones y entonces colocará a Su derecha a esas naciones, a una naciones, como el pastor coloca a su derecha las ovejas; y a otras las colocará a Su izquierda, como el pastor coloca los cabritos a su izquierda, y las juzgará: A las de la derecha les dirá: “Benditos de mi Padre, entrad al Reino de Dios, preparados para vosotros desde antes de la fundación del mundo.”

Eso era lo que Dios tenía desde antes de la fundación del mundo para los seres humanos; y a los de la izquierda les dirá: “Apartaos de mí malditos al fuego, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.” O sea, que habrá una separación. Recuerde que Él es el que separa las ovejas de los cabritos, y las ovejas entran con Cristo al Reino mesiánico que durará mil años y después vendrá el juicio final y después la eternidad.

Ahora, podemos ver porqué es tan importante la Venida del Hijo del Hombre en este tiempo final. Él vendrá como Juez, como el León de la Tribu de Judá; y por consiguiente vendrá en Su Obra de Reclamo, va a reclamar todo lo que Él ha redimido con Su Sangre preciosa.

Y el día y la hora es muy importante, ya hemos visto que el día es el día séptimo milenial delante de Dios, que es el séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá; porque el tercer milenio de Cristo hacia acá está representado en el séptimo día de la semana; los días postreros de los cuales tanto se ha estado hablando en medio del Cristianismo y entre los judíos también, vean, comenzaron en los días de Jesucristo, eso lo dice San Pedro en el libro de los Hechos, capítulo 2, versos 14 en adelante, citando lo que dice el profeta Joel en el capítulo 2, versos 21 al 29, cuando dice que “en los postreros días Dios derramará de Su Espíritu sobre toda carne.” Y el Día de Pentecostés estaba derramando de Su Espíritu sobre toda carne que lo recibieron como único y suficiente Salvador. Y el apóstol Pedro en Hebreos, capítulo *1, versos 1 al 3, nos dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.”

Y dice: “El cual es la imagen del Dios viviente”¿qué es la imagen de Dios? el cuerpo angelical de Dios que es el Ángel del Pacto que libertó al pueblo hebreo, que es ese Ángel del cual Dios dice en Éxodo, capítulo 23, verso 20, que Su Nombre está en Él (en ese Ángel), ese es el Ángel del Pacto o cuerpo angelical de Dios, o cuerpo angelical de Cristo. Recuerden que Cristo dijo: “Antes que Abraham fuese yo soy.”

¿Cómo era Cristo antes de Abraham? Era el Ángel del Pacto. Por eso es tan importante conocer todas estas cosas para saber quién es Dios, quién es Jesucristo, y así conocer el misterio de Dios el Padre y de Cristo en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento, dice San Pablo en Colosenses, capítulo 2, versos 2 al 3.

Y ahora, viendo que Cristo es nada menos que el Ángel del Pacto; por esa causa podía decir: “Yo he venido en nombre de mi Padre.”

Y ahora, podía cumplir esta promesa de Malaquías, capítulo 3, donde dice que sería el Ángel del Pacto el que vendría, capítulo 3 de Malaquías, que nos habla de la venida de Juan el Bautista, ya sabemos que fue Juan el Bautista el precursor de la primera Venida de Cristo, dice capítulo 3, verso 1, de Malaquías:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá (ese fue Juan el Bautista)... y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.”

¿Quién vendría? El Señor, el Padre y el Ángel del Pacto que es el cuerpo angelical de Dios que es este Ángel que le apareció a Moisés y le dijo: “Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob,” el cual a través de Moisés libertó al pueblo hebreo y de ese Ángel Dios dice que no le seamos rebeldes, sino que escuchemos Su voz. Dice, Éxodo, capítulo 23, versos 20 en adelante:

“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.”

¿Dónde estaba el Nombre de Dios? En el Ángel del Pacto, por eso cuando Moisés le pregunta al Ángel en el capítulo 3, del Éxodo, versos 1 al 16. “Si voy al pueblo allá en Egipto y ellos me preguntan: ¿cuál es tu nombre? ¿Qué les voy a responder?” El Ángel le dice: “YO SOY EL QUE SOY. Y dirás: YO SOY me envió a vosotros. Este es mi nombre, este es mi memorial para siempre.”

Y también, en el capítulo 6, verso 1 en adelante, dice que con ese nombre Él no se reveló a Abraham, Isaac y Jacob; se está revelando, ¿a quién? A Moisés, el primer hombre del cual la Escritura habla de que recibió la revelación del Nombre de Dios y fue un profeta dispensacional, el quinto profeta dispensacional.

Recuerden que Dios tiene muchos profetas a través de la historia bíblica, pero profetas dispensacionales solamente tiene siete: Adán, Set, Noé, Abraham, Moisés el quinto, Jesús el sexto, y un profeta dispensacional que está prometido para venir en este tiempo final predicando el Evangelio del Reino. “Y será predicado este Evangelio del Reino a todas las naciones, por testimonio o para testimonio a todas las naciones.” (San Mateo, capítulo 24, verso 14).

Y luego en Apocalipsis capítulo 14, verso 6 al 7, aparece un Ángel poderoso con el Evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la Tierra, a toda nación, pueblo y lengua, diciendo: “Adorad a Dios, porque el día de su ira ha venido.” Y vean, viene llamando a las personas a servir a Dios y anunciándoles el juicio divino que va a venir sobre la raza humana, y luego le repite que adoren a Dios el que hizo los Cielos y la Tierra; o sea, que viene mostrándole también la misericordia de Dios, para que adoren a Dios y obtengan la misericordia de Dios, éste no hizo o no hará como Jonás.

Y ahora, ése será el que estará predicando “el Evangelio del Reino por testimonio y para testimonio a todas las naciones y entonces vendrá el fin.” Eso es lo que dice Cristo.

Y ahora, ese mensajero tendrá el conocimiento de todo el Programa Divino; porque es el séptimo profeta mensajero dispensacional para la Dispensación del Reino, que entrelazará la Dispensación del Reino con la Dispensación de la Gracia como hizo Cristo, el sexto mensajero dispensacional que entrelazó la Dispensación de la Gracia con la Dispensación de la Ley. Tan simple como eso.

Por eso es que los judíos no han recibido el Evangelio de la Gracia, el Evangelio de Cristo; porque el mensaje, el Evangelio que ellos recibirán, será el Evangelio del Reino; ellos están interesados en la Venida y restauración del Reino de Dios en la Tierra, que será la restauración del Reino de David. Por eso le preguntan a Cristo: “Señor, ¿restaurarás tú el reino de Israel en este tiempo?”

¿Ven? Estaban interesados; y en una ocasión luego de la multiplicación de los panes y los peces hubo un grupo de personas que querían tomar a Cristo y coronarlo, proclamarlo Rey; porque están esperando la Venida del Reino de Dios, para lo cual también están esperando al profeta Elías que aparecerá proclamando la paz imperecedera, o sea, estará proclamando la paz en el Reino del Mesías, mostrando que será esa paz que el pueblo hebreo espera, será en el Reino del Mesías.

Por lo tanto, las cosas en este tiempo están muy buenas en el Programa de Divino, estamos ya dentro del séptimo milenio de Adán hacia acá, conforme al calendario gregoriano, y ya llevamos nueve años dentro del séptimo milenio de Adán hacia acá; y los días postreros comenzaron en los días de Jesús, los días postreros de la semana son el jueves que es el quinto día, el viernes que es el sexto día y el sábado que es el séptimo día y día postrero, último de la semana. Así es delante de Dios, de los días postreros delante de Dios tenemos tres, que son: el quinto milenio, en el cual Cristo vivió y tuvo Su ministerio, el sexto milenio, segundo de los días postreros delante de Dios (de los milenios postreros) y tercer milenio del tercer día delante de Dios milenial, que es el milenio en el cual estamos viviendo; porque de Cristo hacia acá ya han transcurrido dos días delante de Dios, que para los seres humanos son dos milenios.

Y ahora, estamos en el tercer milenio de Cristo hacia acá, que es el Día Postrero delante de Dios; ya tenemos cuál es el día para la Venida del Hijo del Hombre, el Día Postrero delante de Dios, pues Cristo mismo dice para todos los creyentes en Él. Recuerden que todo esto está en la Escritura.

Vean, en San Juan, capítulo 6, versos *39 en adelante, dice Cristo:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.”

Por lo tanto, tenemos que saber cuál es el Día Postrero; porque ese es el día para la resurrección, ese es el Día Postrero delante de Dios, que es el séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá, de los días postreros es el tercero, de lo siete días delante de Dios es el séptimo milenio.

“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Le va a resucitar en el Día Postrero y por esa causa estamos esperando la Venida del Señor, ¿cuándo? En el Día Postrero, para la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos. Cuando Cristo fue a resucitar a Lázaro en el capítulo 11 de San Juan, versos 23 en adelante, Cristo le dice a Marta.

“Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.

Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero (ella sabía, porque ya Cristo lo había enseñado).

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.”

Y nosotros ¿qué decimos a la pregunta de Cristo? “Sí Señor, también nosotros lo creemos.” Por eso creemos en Cristo y sabemos que aunque nuestro cuerpo físico muera, no hay problema, continuamos viviendo en el Reino del Mesías celestial, vamos al Paraíso en cuerpo angelical; y allí vivimos sin la necesidad de ir a trabajar, no hay que madrugar como tenemos que hacer en este tiempo, no hay prisa allá, tampoco se come en los cuerpos angelicales, en esos cuerpos teofánicos, y tampoco hay prisa allá; y todo es paz y amor, todo allí es felicidad, allí no se cansan de estar allí en el Paraíso, pero ellos quieren regresar acá, porque Cristo lo ha prometido; y cuando llegue el momento correspondiente en el Día Postrero, Cristo pasará por el Paraíso, como hizo cuando murió, fue sepultado, Él pasó por el seno de Abraham y resucitó a Abraham, a Isaac, Jacob, a los patriarcas y a muchos más y aparecieron, cuando Cristo resucitó, aparecieron a muchos en la ciudad (capítulo 27, de San Mateo, verso 51 en adelante).

Y Cristo, luego que subió al Cielo, con Él subieron todos ellos, o sea, que ya una resurrección que corresponde, es una parte de la primera resurrección ese grupo; y le seguirán los creyentes en Cristo, los cuales van a resucitar en la Venida del Señor conforme a las palabras de San Pablo, en Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, versos 13 al 17, Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58: “A la final trompeta porque se tocará la trompeta, y los muertos en Cristo resucitarán primero, resucitarán incorruptibles, y nosotros los que vivimos seremos transformados.” Son promesas para los creyentes en Cristo, o sea, son exclusivamente para los creyentes en Cristo.

Y en Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21, dice: “Porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Señor, a Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra.”

¿Ve? Va a transformarnos, va a glorificarnos y vamos a tener un cuerpo joven, eterno, inmortal, incorruptible y glorificado como el cuerpo glorificado que tiene Jesucristo el cual está tan joven como cuando subió al Cielo, esa es la clase de cuerpo que yo necesito y más en la edad que ya tengo; y ustedes jóvenes también, porque los años pasan y no pasan en vano. Pero, yo digo, cada vez que cumplo un año digo, cuando cumplo un año más digo: “Estoy un año más cerca del cuerpo glorificado que Cristo me va a dar.” Tengo que verlo desde el punto de vista positivo del Programa Divino.

Por lo tanto, estoy muy cerca de ese momento en donde Cristo me va a transformar. ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también. No es solamente para mí, es para todos los creyentes en Cristo; y eso es conforme a las Palabras de Cristo para ser efectuado en el Día Postrero, que es el séptimo milenio de Adán hacia acá y tercer milenio de Cristo hacia acá. Estamos en los días postreros, ¿en cuál de los días postreros? En el último de los días postreros, en el Día Postrero. Ya los otros dos días postreros pasaron, que son dos mil años para los seres humanos. Si leen en Oseas, capítulo 6, versos 1 al 6, encontrarán más información sobre estos días postreros delante de Dios.

Y ahora, la hora de Su Venida, la hora de Su Venida es de acuerdo... en términos de números es de acuerdo al Día Postrero, es en un lapso de tiempo, que al dividir mil años en días, entonces usted encontrará que una hora son cuarenta y algo de años, va a haber un lapso de tiempo de cuarenta y algo de años que va a corresponder a la Venida del Hijo del Hombre, y eso será en el tercer milenio de Cristo hacia acá o séptimo milenio de Adán hacia acá.

Por lo tanto, en términos así de números, de días y años, ya hemos visto lo que es la hora de Su Venida; en términos espirituales como etapas o edades de la Iglesia, será para el momento del final de la séptima edad de la Iglesia o séptima etapa de la Iglesia y comienzo de la Edad de la Piedra Angular; y también el día final o postrero como dispensación, es la séptima dispensación, día dispensacional, séptimo día dispensacional, que es la dispensación séptima, la Dispensación del Reino y días como años, séptimo milenio de Adán hacia acá es el Día Postrero delante de Dios y ese es el día de Su Venida, el Día Postrero. Día Postrero, séptimo milenio de Adán hacia acá, Día Postrero, tercer milenio de los tres milenios postreros de Cristo hacia acá. Tan simple como eso.

Y la Venida del Hijo del Hombre, ¿qué será y cómo será? Vamos a dejar eso para otra ocasión, pero si quieren una idea, una sorpresa grande para muchas personas es que los musulmanes, sus líderes religiosos, creen que Jesús va a aparecer y va a establecer un Reino.

Con los líderes religiosos del Islam hemos estado hablando, y tenemos entrevistas hechas a ellos donde ellos hablan acerca de esto, y no vamos explicar mucho, ellos son muy buenos, muy amables y con amabilidad nos hablan de todas estas cosas y nos permiten grabarlas.

Ellos, hablando un líder, un Imán, un jeque sobre estas cosas, allí con líderes rabinos estábamos en Río de Janeiro, decía el líder del Islam: “Bueno, nosotros no tenemos ningún problema con judíos ni con cristianos; porque nosotros creemos en la Toráh, creemos en Moisés, creemos en Abraham, creemos en Isaac, en Jacob, en los patriarcas, creemos en la virgen María, creemos en Jesús. Por lo tanto, no tenemos ningún problema con los cristianos ni con los judíos; porque creemos también en la Toráh y en los profetas, si es como dicen los judíos estamos bien, si es como dicen los cristianos también estamos bien.”

 Todo eso está grabado y se le preguntó si el Mesías, o sea Jesús, va a establecer un Reino y dicen que sí y que ellos van a estar en ese Reino y los judíos están esperando al Mesías, están esperando un hombre que aparezca en este tiempo y que reúna las calificaciones para ser reconocido como el Mesías. Y recuerden que el Mesías lo que significa es: “Ungido;” un hombre ungido con el Espíritu Santo cumpliendo todas esas promesas mesiánicas, y creen que será un hombre del tiempo en que le corresponda aparecer, o sea, un hombre de carne y hueso nacido en la Tierra.

Y el Cristianismo está esperando el regreso de Jesús, y todo eso es el misterio de la Venida del Hijo del Hombre para el Día Postrero, y el día que ya sabemos cuál es, y la hora que ya sabemos cuál es.

En el tiempo de Jesús nadie la sabía, pero estamos en un tiempo en que estamos siendo preparados para nuestra transformación y arrebatamiento al Cielo con Cristo para ir a la Cena de las Bodas del Cordero; por lo cual todos estos misterios están siendo abiertos al Cristianismo y a todos los que quieran conocer acerca de estos misterios proféticos contenidos en los sagrados libros, los sagrados escritos, las sagradas escrituras, contenidos en la Biblia que es la sagrada Escritura.

Y ahora, hemos visto nuestro tema y hasta ahí vamos a llegar con nuestro tema, vamos a ver si dice algo más, pero aquí yo creo que podemos detenernos, el tema es: “LA HORA DE LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE COMO LADRÓN.”

Y si viene como ladrón, nadie sabrá el momento, vendrá y dirán: “Ese es un falso profeta.” ¿No dijeron eso acerca de Jesús? Y era el Mesías; cuánto más en la segunda Venida del Señor que será como ladrón en la noche. Y no quiere decir que será de noche literalmente, en la noche las naciones están en oscuridad, y por consiguiente de noche. “Los que duermen de noche duermen,” dice san Pablo. Pero dice: “Pero vosotros sois hijos del día; no estáis en tinieblas para que aquel día os sobrecoja como ladrón.”

Los creyentes en Cristo nacidos de nuevo, la Iglesia del Señor Jesucristo, no está de noche, está de día, Cristo es la luz, el Sol de Justicia. Él dijo: “Yo soy la luz del mundo.” Y si Cristo está, pues estamos de día, tenemos luz. El mundo, las naciones están en oscuridad, están de noche, por eso tantos problemas entre las naciones.

Y ahora, el Hijo del Hombre vendrá como ladrón en la noche, porque viene para buscar, transformar y llevar con Él a los creyentes en Él nacidos de nuevo, viene para buscar a Su Iglesia para llevarlas a la Cena de la Bodas del Cordero.

Quizás ni un 20%, por no decir menos, se darán cuenta de lo que pasó, o quizás ni un 5%, quizás un grupo muy pequeño se dará cuenta del cumplimiento de esa promesa de la Venida del Hijo del Hombre como ladrón en la noche. Por eso tenemos que saber qué cosas están prometidas que el Mesías estará haciendo, que el Mesías, el Hijo del Hombre, estará hablando, enseñándole a la Iglesia para darle la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de la Bodas del Cordero.

 “LA HORA DE LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE COMO LADRÓN EN LA NOCHE.”

Pero para los creyentes en Cristo la Palabra es: “Despiértate, levántate tú que duermes y te alumbrará Cristo.” Efesios, capítulo 5, verso 14, que fue tomado por San Pablo de Isaías, capítulo 60, versos 1 en adelante, donde Dios dice allá en Isaías, capítulo 60, dice:

“Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz (y la luz es Cristo, es la Venida del Señor, la Venida del Mesías), y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti.

Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria.

Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento.”

Y por ahí sigue enumerando las cosas que estarán sucediendo en este tiempo final. Por lo tanto, es un mensaje para la Iglesia del Señor Jesucristo y para el pueblo hebreo.

“LA HORA DE LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE COMO LADRÓN EN LA NOCHE.”

Todavía Cristo está llamando y juntando Sus ovejas que faltan para completar Su Redil, Su Rebaño, que es Su Iglesia; por lo cual los que ya lo han recibido como Salvador, han sido bautizados en agua en Su Nombre y han recibido Su Espíritu, ya entraron al Redil, yo también entré a Su Redil.

Si hay alguno que todavía no ha entrado al Redil del Señor, todavía no lo ha recibido como Salvador, recuerde, ya estamos al final del tiempo y de un momento a otro terminará el tiempo de redención, tiempo de recibir a Cristo como Salvador; la puerta del Reino de los Cielos se cerrará en algún momento conforme a la parábola de las diez vírgenes, que cuando las fatuas fueron a comprar aceite y regresaron ya la puerta estaba cerrada, y las vírgenes prudentes estaban dentro, San Mateo, capítulo 25, versos 1 al 3, y también en San Lucas, capítulo 13, versos 22 al 27, donde el Padre de familia se levanta y cierra la puerta; y ya no habrá más oportunidad para las personas escapar del juicio divino que ha de venir sobre la Tierra; porque ya habrán entrado los que han de entrar al Reino de Dios y luego serán transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo, y nació la fe de Cristo en su alma al escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, puede dar testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como único y suficiente Salvador; para lo cual puede pasar acá al frente y oraremos por usted, y los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo para recibirlo como único y suficiente Salvador. Y los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, pues Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los Cielos.”

Es importante estar dentro del Reino de Cristo antes que se cierre la puerta del Reino del Señor, del Redil del Señor; lo más importante es la vida y si la vida física es importante, ¿cuánto más la Vida eterna? Sin la vida física usted no estaría viviendo aquí en la Tierra y sin la Vida eterna usted no vivirá eternamente con Cristo en Su Reino, para lo cual necesita nacer a la Vida eterna con Cristo en Su reino eterno, recibiéndolo como único y suficiente Salvador, naciendo del Agua y del Espíritu, lo cual es nacer del Evangelio de Cristo y del Espíritu Santo.

Cristo tiene mucho pueblo en esta ciudad de Champotón, y también en toda la República Mexicana y en todas las naciones y los está llamando en este tiempo final; porque Él dijo que llamaría a Sus ovejas por su nombre y que Sus ovejas escucharían Su Voz, y dijo: “Y habrá un rebaño y un pastor.” (San Juan, capítulo 10, versos 14 en adelante). Y también dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz, y yo las conozco y me siguen, y yo les doy Vida eterna.” [San Juan 10: 27].

Se predica el Evangelio de Cristo para que los que están escritos en el Cielo en el Libro de la Vida, escuchen la Voz del buen pastor y lo reciban como Salvador y Cristo les dé Vida eterna. Es para recibir la Vida eterna que venimos a los Pies de Cristo nuestro Salvador, recibiéndole como nuestro único y suficiente Salvador. No hay otra persona que nos pueda dar Vida eterna, solamente hay UNO y Su Nombre es SEÑOR JESUCRISTO.

La exclusividad de la Vida eterna la tiene Jesucristo; y por consiguiente tenemos que recibirla a través del que tiene la exclusividad y Su Nombre es SEÑOR JESUCRISTO. Y Él quiere que nosotros vivamos eternamente en Su Reino, para lo cual mandó a predicar el Evangelio a toda criatura, y dice: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” Tan simple como eso.

Por lo tanto, todos queremos ser salvos, para lo cual escuchamos Su Voz, el Evangelio de Cristo y lo confesamos públicamente como nuestro único y suficiente Salvador; es Vida eterna lo que queremos y es Vida eterna lo que Él nos da al recibirlo como nuestro único y suficiente Salvador.

En las demás naciones pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo, pues Cristo tiene lugar para ustedes también. Lo más importante que un ser humano puede hacer en su vida, lo más importante es una sola cosa: recibir a Cristo como único y suficiente Salvador.

La decisión más grande que un ser humano puede hacer en la Tierra, la más grande que lo coloca en la Vida eterna, es una sola: recibir a Cristo como único y suficiente Salvador. Recuerde que venimos a Cristo para que Él nos dé el perdón de nuestros pecados, con Su Sangre nos limpie de todo pecado, seamos bautizados en agua en Su Nombre, y Él nos bautice con Espíritu Santo y Fuego, y nos dé la Vida eterna, nos coloque en Su Reino eterno con Vida eterna; y todos queremos vivir eternamente.

Vamos a estar puestos en pie todos para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo. Y los que están en otras naciones también puestos en pie para la oración por todos los que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Si falta alguno por venir, puede venir.

Recuerde: si oyes hoy Su Voz no endurezcas tu corazón, tú eres una oveja del Señor, y por eso has estado escuchando la predicación del Evangelio de Cristo, llegó a tu alma la Palabra de Cristo; y ahora te toca dar testimonio público de tu fe en Cristo como único y suficiente Salvador tuyo, a ti te toca la parte de la decisión, es la más sencilla; la más importante, la más grande la hizo Cristo en la Cruz del Calvario. Y ahora, te toca a ti aceptarlo, recibirlo como tu único y suficiente Salvador, creyendo en Su muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por tus pecados.

Ya vamos a orar por todos los que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión. Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados los que están presentes y los que están en otras naciones y los que han venido a los Pies de Cristo, que están aquí presentes o en otras naciones, repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Ti con toda mi alma; creo en Tu primera Venida, y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres en que podemos ser salvos, creo que soy pecador, reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Por lo cual doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre y sea producido en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino, quiero nacer en y a la Vida eterna Contigo en Tu Reino; Señor, sálvame, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todo decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.

Ahora, ustedes me dirán: “Escuche la predicación del Evangelio de Cristo, creí y lo he recibido como mi Salvador.” Él dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.” [San Marcos, 16:15- 16].

“Quiero se bautizado en agua lo más pronto posible.” Me dirán ustedes desde lo profundo de vuestro corazón. “¿Cuándo me pueden bautizar?” Esa es la pregunta de ustedes, desde lo profundo de vuestro corazón. Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El agua, al ser bautizados, no les limpia del pecado, no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado. Pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo que ha estado siendo obedecido por los apóstoles; y por todos los ministros bautizando a todas las personas que reciben a Cristo como único y suficiente Salvador.

Por lo tanto, todos los creyentes en Cristo han estado cumpliendo el mandato divino de parte de Cristo de ser bautizados en agua. Recuerden que es un mandamiento del Señor Jesucristo. El mismo Cristo fue bautizado para cumplir toda justicia, y cuánto más nosotros tenemos que cumplir toda justicia y ser bautizados como fue el Señor Jesucristo.

Y ahora, el bautismo en agua es tipológico; cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan simple como eso es el simbolismo del bautismo en agua.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y ustedes que están en otras naciones también pueden ser bautizados en estos momentos y que Cristo a ustedes también les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de nuestro amado Señor Jesucristo.

Continúen pasando todos una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Dejo aquí con ustedes al pastor, reverendo Manuel de Jesús Castillo Coo para que les indique hacia dónde dirigirse para ser bautizados en el Nombre del Señor Jesucristo como está en las Escrituras y como hacían los apóstoles cuando las personas recibían a Cristo como su Salvador; porque la meta es nacer de nuevo, la meta es recibir la Vida eterna. Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Dejo con ustedes aquí al ministro para que les indique cómo hacer, al ministro, reverendo Manuel de Jesús Castillo Coo y a cada ministro en cada nación para que haga en la misma forma.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“LA HORA DE LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE COMO LADRÓN EN LA NOCHE.”

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