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Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes, y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; es una bendición y privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Aprecio y agradezco mucho el respaldo que le están dando a La Carpa-Catedral, y también el respaldo que le están dando a AMISRAEL. Que Dios les bendiga por lo que están haciendo y Dios le acredite en el Reino de los Cielos como tesoros todo lo que ustedes están haciendo, y les recompense grandemente Dios, y en el Reino milenial disfruten todo lo que han trabajado en la Obra del Señor. Dios les dé grandes galardones para disfrutarlos en Su Reino milenial.

Mañana, como escuchamos estaremos en la marcha o concentración correspondiente al día de mañana, donde les veré nuevamente.

Para esta ocasión leemos en Apocalipsis, capítulo 8, versos 1 en adelante, donde dice:

“Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora.

Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas.

Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono.

Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos.

Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto.

Y los siete ángeles que tenían las siete trompetas se dispusieron a tocarlas.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“LOS EVENTOS PROFÉTICOS CONTENIDOS EN EL SÉPTIMO SELLO.”

El séptimo Sello es la Venida del Señor, o sea, que el contenido del séptimo Sello está dentro de la Venida del Señor, es la Venida del Señor, y todos los eventos que se llevarán a cabo en la Venida del Señor, en la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

Todo lo que está prometido que sucederá en la Venida del Hijo del Hombre, está contenido en el Séptimo Sello: las Trompetas y el sonar de las Trompetas, las copas de Apocalipsis, capítulo 15, versos 1 en adelante, y las plagas que están en esas copas que serán derramadas sobre la Tierra.

Estas plagas vimos que ocurrieron en el tiempo del profeta Moisés allí en Egipto para la liberación del pueblo hebreo. Estas plagas vendrán porque el ministerio de Moisés estará nuevamente sobre la Tierra, es uno de los dos Olivos, los cuales se encuentran en Apocalipsis, capitulo 11, y por eso es que tienen poder sobre la Tierra y pueden hablar a existencia lo que ellos deseen hablar y eso sucederá. Eso lo encontramos en Apocalipsis, capítulo 11, versos 3 en adelante, donde nos dice:

“Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio.

Estos testigos son los dos olivos, y los dos candeleros que están en pie delante del Dios de la tierra.

Si alguno quiere dañarlos, sale fuego de la boca de ellos, y devora a sus enemigos...”

O sea, el fuego es la Palabra, ese es el fuego del Espíritu, por eso sale fuego de la boca, como en Apocalipsis, capítulo 19, sale una espada aguda de Su boca, es la misma Palabra; y Apocalipsis, capítulo 1, versos 12 al 18.

“...Si alguno quiere dañarlos, sale fuego de la boca de ellos, y devora a sus enemigos; y si alguno quiere hacerles daño, debe morir él de la misma manera.

Estos tienen poder para cerrar el cielo, a fin de que no llueva en los días de su profecía...”

¿Quién cerró los Cielos en el tiempo pasado? El profeta Elías, por tres años y medio, y dijo que no habrá lluvia ni aún rocío sino por su palabra; eso está por el capítulo 17 de Primera de Reyes. Sigue diciendo:

“... y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre (¿quien convirtió las aguas en sangre? Moisés, convirtió las aguas del río Nilo en sangre.), y para herir la tierra con toda plaga, cuantas veces quieran.”

Eso es un ministerio en un hombre que será adoptado como Hijo de Dios en el Día Postrero, y sigue hablando lo que sucederá.

Y ahora en el capítulo 11 mismo, del verso 15 en adelante, dice:

“El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían...”

Ahora recuerden, ese séptimo Ángel que toca la Trompeta, eso es el ministerio de Moisés y Elías, el ministerio de los Ángeles del Hijo del Hombre, el ministerio de los dos Olivos, ellos son los que llaman y juntan ciento cuarenta y cuatro mil judíos o hebreos, doce mil de cada tribu, son los mismos Ángeles de los cuales Cristo dice en San Mateo, capítulo 24, verso 31:

“Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, desde un extremo del cielo hasta el otro (en San Marcos también habla de ellos).”

Y ahora, estos ministerios también aparecen en Zacarías, capítulo 4, versos 1 al 14, son los dos árboles de Olivo y las dos ramas de Olivo, que son los dos Ungidos que están delante de la presencia de Dios.

En los días de Zacarías, los dos Olivos eran el Príncipe o gobernador descendiente de David: Zorobabel, y el otro era el sumo sacerdote Josué; los cuales son tipo y figura de los dos Olivos del Día Postrero de Apocalipsis, capítulo 11. En el Cielo son los Arcángeles Miguel y Gabriel, los que están delante de la presencia de Dios, esos ministerios de los dos Olivos están prometidos para ser manifestados en este tiempo final.

En Malaquías, capítulo 4, versos 4 al 6, nos dice:

“He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.

El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.”

O sea, que antes del Día grande y terrible del Señor, en donde la gran tribulación que durará tres años y medio, y esos tres años y medio son la parte final de la semana número setenta de la profecía de Daniel, capítulo 9, versos 21 al 27. Cada semana de esas setenta semanas son siete años, y setenta semanas de años; siete por setenta son cuatrocientos noventa años.

A los cuatrocientos ochenta y tres años de esas setenta semanas, apareció Cristo en Su ministerio terrenal y ministró tres años y medio, o sea, hasta el año cuatrocientos ochenta y seis y medio, hasta que Cristo fue crucificado, y le faltan tres años y medio de esa semana setenta de trato de Dios con el pueblo hebreo, porque están determinadas para el pueblo hebreo Setenta semanas de años; y ahora faltan tres años y medio, que son los tres años y medio de la gran tribulación, en donde Dios estará hablándole al pueblo hebreo.

Veremos los ministerios de los Ángeles del Hijo del Hombre en este tiempo final, haciendo la conexión con el pueblo hebreo, estaremos viendo un acercamiento y un entrelace con los líderes religiosos del pueblo hebreo, porque Dios trata con el pueblo como nación; es como cuando Dios le dijo a Moisés que fuera para sacar de Egipto al pueblo hebreo, y le dice: “Vé y reúne a los ancianos,” a los líderes del pueblo hebreo, los líderes religiosos que estaban en Egipto.

Y ahora, encontramos que eso vamos a estar viendo, el comienzo, ese entrelace, y eso va a ser una señal grande porque estará predicándose el Evangelio del Reino, conforme a las Palabras de Cristo en San Mateo, capítulo 24, versos 13 al 14; el verso 14 nos dice de la siguiente manera:

“Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.”

Entonces vendrá el fin para el reino de los gentiles, el fin de las Trompetas, el fin de las copas, el fin del mundo, pues Cristo dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” El tiempo del fin son esos tres años y medio que corresponde a la gran tribulación.

Por lo tanto, a la humanidad le espera una etapa muy difícil en el tiempo en que se esté predicando el Evangelio del Reino; ese es el mensaje final de Dios para Su Iglesia para darle la fe para ser transformada y raptada, y también es el mensaje para el llamado de ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu, por el Espíritu Santo a través del Ángel que viene con el Sello del Dios Vivo, en Apocalipsis, capítulo 7, verso 2 en adelante.

Y en Apocalipsis, capítulo 14, verso 1 al 5, ya aparecen los ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu en el Monte de Sión con el Nombre del Padre (o sea, de Dios) y el Nombre del Cordero escrito en sus frentes; porque el Ángel vino para sellar en la frente a los siervos de Dios, doce mil de cada tribu de los hijos de Israel.

Y luego de eso, encontramos a un mensajero con el Evangelio eterno, el Evangelio del Reino. Capítulo 14, verso 6 al 7, donde dice:

“Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo,

diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.”

Aquí tenemos a un Ángel, o sea, un mensajero. Recuerden que “Ángel” significa: “mensajero;” y si viene con el Evangelio eterno, si tiene el Evangelio eterno, el Evangelio del Reino, para predicarlo a los moradores de la Tierra, pues tiene que estar en la tierra para predicar el Evangelio del Reino, el Evangelio eterno; y si va a predicarlo, tiene que ser un predicador; y si va a decir que la hora de Su juicio ha llegado, va a estar profetizando de los juicios divinos que han de venir sobre la Tierra.

Por lo tanto, tiene que ser un profeta, y tiene que ser un profeta dispensacional. Y viene no solamente anunciando los juicios divinos, diciendo que la hora del juicio divino ha llegado, sino también estimulando a las personas a que busquen a Dios, enseñándoles el camino de Dios y enseñándole a la humanidad a que adore a Dio; dé gloria al que vive por los siglos de los siglos, al Creador de los Cielos y de la Tierra, al que hizo los Cielos y la Tierra.

Por lo tanto, ese será el profeta mensajero de la Dispensación del Reino, con el Evangelio del Reino predicándolo a todos los moradores de la Tierra; porque un mensaje dispensacional es para todos los seres humanos, y solamente lo puede traer un profeta mensajero dispensacional.

Y con ese mensaje abre la puerta de la Dispensación del Reino, y la puerta es Cristo, siempre la puerta ha sido Cristo, la puerta del Reino de Dios que va a ser establecido en la Tierra es Cristo, Él es la puerta y Él tiene la llave de David; y si tiene la llave de David, tiene que abrir la puerta del Reino de David.

Ese mensajero viene con el mensaje del Evangelio del Reino para abrir la Dispensación del Reino e introducir el Reino del Mesías, introducir todo el Programa Divino correspondiente a la restauración del Reino de David; viene con toda la revelación para hacer esa labor, ya viene con todo ese Programa sellado en él.

Como cuando usted coloca un programa en una computadora, ya está ahí; alguien que sepa bregar con la computadora o el que lo colocó sabe cómo abrir todo ese programa y ponerlo a trabajar; así siempre ha sido con el mensajero que Dios ha enviado para cada dispensación o para cada edad: ya viene a la Tierra con el Programa Divino correspondiente al tiempo en que él tendrá el ministerio de parte de Dios en la Obra de Dios.

Así fue también en Moisés, fue también en Jesús, también había sido así en Juan el Bautista, fue así en los apóstoles. Vean, aun Cristo les dijo: “Ustedes se sentarán en doce tronos y juzgarán a las doce tribus de Israel, ya eso estaba en el Programa Divino y venía sellado en esos apóstoles, eran doce tronos para los doce apóstoles, y doce tronos para los doce patriarcas hijos de Jacob o hijos de Israel.

Y ahora, en el séptimo Sello están contenidos los eventos correspondiente al Día Postrero. Los eventos proféticos contenidos en el séptimo Sello son los correspondientes a este tiempo final; fue dicho que el séptimo Sello cuando sea abierto, no será abierto públicamente su comienzo, cuando comience el séptimo Sello será un misterio, un secreto por completo.

Pero, luego también cuando llegue a su final el séptimo Sello, ya será conocido por los que van a ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, ya estará o quedará abierto para esos escogidos de Dios que van a ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Así como la fe para obtener la Salvación y Vida eterna y obtener la transformación espiritual gira alrededor de la primera Venida de Cristo, la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero y la resurrección de los muertos en Cristo, gira alrededor del séptimo Sello, o sea, de la segunda Venida de Cristo; y así como la predicación del Evangelio de la Gracia gira alrededor de la primera Venida de Cristo y Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario, la predicación del Evangelio del Reino gira alrededor de la segunda Venida de Cristo y Su Obra de Reclamo. Tan sencillo como eso.

El Evangelio del Reino, el Evangelio eterno será predicado a todas las naciones para testimonio a ellas y luego vendrá el fin, será el fin para el reino de los gentiles, el fin para el mundo, el fin para el mismo séptimo Sello; en el séptimo Sello están todos esos misterios, todos esos eventos, y está también el cumplimiento de la Visión de La Carpa, está también esa manifestación divina que va a ser llevada a cabo en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo.

O sea, que en el séptimo Sello está todo lo que estará pasando en este tiempo final. Todos los eventos del Día Postrero están dentro del séptimo Sello.

Por lo tanto, el séptimo Sello es muy importante no solamente para Dios, no solamente para Cristo, sino también para toda la Iglesia del Señor Jesucristo que está viva en este tiempo final y para los que ya partieron de esta Tierra, o sea, murieron físicamente.

Del séptimo Sello, la Venida del Señor, depende la Iglesia para su transformación y el rapto, y dependen también los judíos o los hebreos, porque Él Viene con Sus Ángeles, con los dos Olivos.

“Porque el Hijo del Hombre viene con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.”

Porque el Hijo del Hombre viene para llevar a cabo la Obra de Reclamo de todo lo que Él ha redimido con Su Sangre preciosa. En Malaquías, capítulo 4, verso1 al 2, dice:

“Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará (o sea, los quemará), ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama.”

Pero, ¿qué será de los creyentes en Cristo? ¿Qué será de los que aman y sirven a Dios y temen a Dios?

“Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia (eso es la Venida del Señor, porque Cristo es la luz del mundo, el Sol de justicia), y en sus alas traerá Salvación...”

Bajo el ministerio de los dos Olivos, las alas del Hijo del Hombre como aparecieron allí en el Monte de la Transfiguración a cada lado de Jesús, Moisés y Elías, esas son las alas del Hijo del Hombre.

En el Monte de la Transfiguración de San Mateo, capítulo 17 y capítulo 9 de San Lucas y capítulo 9 de San Marcos, está el orden la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, está ahí el orden de la Venida del Reino de Dios, y todo eso está dentro del séptimo Sello.

Por lo tanto, todos los eventos proféticos del Día Postrero están dentro del séptimo Sello, misterios que estarán siendo abiertos a la Iglesia del Señor Jesucristo para recibir la fe, la revelación para ser transformados y arrebatados al Cielo para ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

La revelación de la Venida del Señor, de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, le dará ese fe para ser transformados y raptados; por eso es tan importante para la Iglesia del Señor Jesucristo el séptimo Sello, o sea, la Venida del Señor en el Día Postrero, pues la Iglesia está esperando la Venida del Señor.

Recuerden que el Cristianismo está representado, tipificado en diez vírgenes: cinco prudentes que tenían aceite en sus lámparas, o sea, que tenían el Espíritu Santo en sus almas, y cinco insensatas que no tenían aceite en sus lámparas, o sea, que no habían recibido el Espíritu Santo y por consiguiente no habían nacido de nuevo, no habían entrado al Reino de Dios, porque se entra al Reino de Dios naciendo del Agua y del Espíritu, dijo Cristo a Nicodemo en San Juan, capítulo 3, verso 1 al 6.

Esas vírgenes insensatas no vieron la Venida del Señor, no vieron al Señor viniendo por Su Iglesia. Se necesita al Espíritu Santo en el Día Postrero para ver la Venida del Señor a Su Iglesia, para entrar con el Señor, el Esposo, a las Bodas, e ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Recuerden que las vírgenes prudentes cuando vino el Esposo, entraron con Él a las Bodas y se cerró la puerta. La puerta de la Gracia, de la misericordia, que es Cristo, se cerrará; fue abierta el Día de Pentecostés y será cerrada en este tiempo final.

En San Lucas nos habla de esa puerta. Recuerden también en la parábola de las diez vírgenes de San Mateo, capítulo 25, versos 1 al 13, nos habla que las vírgenes prudentes entraron con el Esposo a las Bodas y se cerró la puerta, la puerta de la redención, la puerta del Reino de los Cielos. Y en San Lucas, capítulo 13, del verso 22 en adelante, dice:

“Pasaba Jesús por ciudades y aldeas, enseñando, y encaminándose a Jerusalén.

Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo:

Esforzaos a entrar por la puerta angosta...”

Y la puerta angosta es Cristo, recuerden que en San Mateo, capítulo 7, versos 13 al 14, Cristo les dijo que la puerta es angosta. Vamos a leerlo para que quede entrelazado con San Lucas, capítulo 13. Capítulo 7, versos 13 al 14 dice, de San Mateo:

“Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella;

porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.”

La puerta y el camino que lleva a la Vida, es o son angostos, la puerta es angosta, que es Cristo, Cristo dijo: “Yo soy la puerta, y el que por mí entrare será salvo.” (San Juan, capítulo 10, verso 9).

Y ahora, esta puerta fue abierta el Día de Pentecostés por Pedro que tenía la llaves del Reino de los Cielos, y será cerrada por Cristo a través del Ángel Mensajero que viene predicando el Evangelio del Reino, el Evangelio eterno.

Y ahora, continuamos leyendo aquí en San Lucas 13, verso 24, que dice:

“Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.

Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta...”

¿Ven que la puerta va a ser cerrada? El Padre de familia es Cristo, el cual en el Día Postrero a través del siervo fiel y prudente que Él habrá colocado en Su casa, y Su casa es Su Iglesia, la casa de Dios, sobre la cual Cristo fue colocado, y Cristo ha colocado sobre Su casa siervos fieles y prudentes: son los apóstoles y los siete mensajeros de las siete edades y el mensajero para la Edad de la Piedra Angular, la Edad que viene luego de las siete edades.

Dice también: “¿Quién es el siervo fiel y prudente al cual puso Su Señor sobre Su casa, para que les dé el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo al cual cuando Su Señor venga le halle haciendo así.” O sea, el siervo fiel y prudente que esté dándole el mensaje, la Palabra; porque no solamente de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de boca de Dios.

La Iglesia del Señor Jesucristo compuesta por los creyentes en Cristo, ha estado siendo alimentada por la Palabra de Dios a través de las diferentes etapas de la Iglesia, la cual Cristo ha hablado por medio de cada uno de Sus mensajeros en cada etapa, en cada edad.

Y para el Día Postrero nos estará trayendo también Palabra del Cielo, Maná que no fue dado en las edades pasadas, o sea, el Evangelio del Reino que corresponde a la Edad de la Piedra Angular, juntamente con el Evangelio de la Gracia.

Y la puerta será cerrada, porque se habrá cerrado la Dispensación de la Gracia, y ahora se abre la Dispensación del Reino, la puerta de la Dispensación del Reino, y la puerta es Cristo en Su segunda Venida, Él es la puerta del Reino de Dios bajo la predicación del Evangelio del Reino, para la restauración del Reino de Dios en la tierra, que será la restauración del Reino de David; por eso Él tiene la llave de David en Apocalipsis, capítulo 3, verso 7. Y ahora, vean:

“Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois.

Entonces comenzaréis a decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste.

Pero os dirá: Os digo que no sé de dónde sois; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad.

Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos.”

Así como las vírgenes insensatas tocaron a la puerta diciendo: “Ábrenos Señor,” así también ocurre en este pasaje, es lo mismo.

Por lo tanto, todos estos misterios se cumplirán en este tiempo final bajo el misterio y apertura del séptimo Sello de Apocalipsis, capítulo 8, verso 1; por esa causa en este tiempo final los eventos proféticos correspondientes al Día Postrero que están contenidos en las profecías del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento, se harán una realidad; para lo cual, los que estarán viviendo en este tiempo final estarán siendo parte de los eventos del Día Postrero, pues entre los que estarán viviendo en este tiempo final, estarán las vírgenes prudentes con aceite en sus lámparas para ver la Venida del Señor, porque mientras iban a compra aceite las vírgenes insensatas vino el Esposo, o sea, se cumplió la Venida del Señor a Su Iglesia; porque dice: “Y las que estaban preparadas (o sea, las que tenían aceite en sus lámparas, las vírgenes prudentes), entraron con Él a las Bodas y se cerró la puerta.”

La puerta que estaba abierta se cerró, y entonces luego vinieron las insensatas tocando a la puerta, primero podían entrar, pues estaba abierta la puerta, pero cuando está cerrada, entonces se toca la puerta, pero ya está cerrada.

Y ahora, “LOS EVENTOS PROFÉTICOS CONTENIDOS EN EL SÉPTIMO SELLO,” son los eventos bíblicos que se estarán llevando a cabo en este tiempo final y los estaremos viendo con nuestros propios ojos.

Y cuando estemos viendo esos eventos proféticos correspondiente al Día Postrero, tenemos que tener nuestros ojos puestos en las cosas del Cielo, las cosas celestiales, porque nuestra redención, o sea, la redención del cuerpo, la transformación de nuestros cuerpos está cerca, y la resurrección de los muertos en Cristo también está cerca, ellos resucitan primero en cuerpos glorificados, y nosotros los que vivimos luego seremos transformados cuando los veamos aparecer.

Estamos ya en el Día Postrero, que es el séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá; así como el séptimo día de la semana es el día postrero de la semana, el séptimo milenio es el Día Postrero delante de Dios. “Porque un día delante de Dios es como mil años para los seres humanos, y mil años como un día.” (Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8 y Salmo 90, verso 4).

Por lo tanto, es importante que todas las ovejas del Señor escuchen la Voz del buen Pastor, el Evangelio de Cristo, el Evangelio de nuestra Salvación, y sean colocados en el Redil del Señor que es la Iglesia del Señor Jesucristo, y esto ocurre cuando la persona escucha el Evangelio de Cristo siendo predicado, nace la fe de Cristo en su alma y da testimonio público de su fe en Cristo, recibiéndole como único y suficiente Salvador, y es bautizado en agua en el Nombre del SEÑOR JESUCRISTO, y Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego y produce en la persona el nuevo nacimiento; esa persona ha nacido del Agua: del Evangelio de Cristo, y del Espíritu: del Espíritu Santo, y por consiguiente ha nacido en el Reino de Cristo, en el Reino de Dios a la Vida eterna, porque la Vida en el Reino de Cristo, en el Reino de Dios, es la Vida eterna.

Para lo cual se le da la oportunidad a las personas que escuchan el Evangelio de Cristo, de dar testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como único y suficiente Salvador; y entre los eventos del Día Postrero, está el llamado de las últimas ovejas que entrarán al Redil del Señor, al Reino de Cristo, porque tienen sus nombres escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero.

Por lo tanto, si oye hoy Su Voz, recuerda que eres una oveja del Señor y tienes tu nombre escrito en el Cielo en el Libro de la Vida, y Él te está llamando; si oyes hoy Su Voz no endurezcas tu corazón, Él te está llamando para darte Vida eterna y colocarte en Su Reino, en Su Redil, en Su Iglesia.

Por lo tanto, puedes pasar al frente para recibirlo como tu único y suficiente Salvador, dando testimonio público de tu fe en Cristo y recibiéndole como tu Salvador; los que están presentes pueden pasar al frente para recibirlo como su Salvador si no lo han hecho antes, y los que están en otras naciones también pueden recibirlo como su Salvador en estos momentos, si no lo han recibido ya, todavía.

Cristo tiene mucho pueblo en esta ciudad y los está llamando, y también tiene mucho pueblo en todas las ciudades y comunidades de la República Mexicana y los está llamando, y en todas las naciones de toda la América Latina, de todo el Caribe, en Norteamérica también y en todas las naciones, y los está llamando, los está llamando por medio de la Trompeta del Evangelio de la Gracia y del Evangelio del Reino.

Si oyes hoy Su Voz no endurezcas tu corazón, eres una oveja del Señor, y por eso estás escuchando la predicación del Evangelio de Cristo, y ese es el llamado a la Cena de las Bodas del Cordero, y son bienaventurados los que son llamados, convidados a la Cena de las Bodas del Cordero, dice la Escritura en Apocalipsis, capítulo 19, versos 7 al 10.

Y es un privilegio ser llamado, ser convidado a la Cena de las Bodas del Cordero, pues es la fiesta más grande, más importante que se haya llevado a cabo en el Cielo, esa es la Cena de las Bodas del Cordero, de las Bodas de Cristo con Su Iglesia, Su Novia, Su Esposa; la unión de Cristo y Su Iglesia en el Cielo. Esa fiesta, la conmemoración de las Bodas del Cordero, o sea, la recepción de las Bodas del Cordero es la fiesta más importante que se haya llevado a cabo en el Cielo.

Así como la fiesta más importante en un hogar es las bodas, la recepción que se lleva a cabo por las bodas del hijo de esa familia y de la hija de esa familia, o sea que hay dos hogares de fiesta: el hogar del novio y el hogar de la novia, y se unen para la recepción de las bodas de sus hijos amados.

Así es en el Cielo, la fiesta de la recepción de las Bodas del Cordero, de las Bodas de Cristo con Su Iglesia es la fiesta más importante en el Cielo y yo he sido invitado, he sido convidado y he recibido la invitación por medio del Evangelio de Cristo, y he recibido el traje de boda que es el bautismo del Espíritu Santo, y recibiré el traje físico de boda, que es el cuerpo nuevo, glorificado con el cual iré a la Cena de las Bodas del Cordero. ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también, para eso recibimos a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador, y Él nos da las vestiduras de bodas, nos da la Vida eterna.

Si falta alguno por venir a los Pies de Cristo para dar testimonio público de su fe en Cristo, puede venir, los que están presentes, también los que están en otras naciones. Vamos ya a estar puestos en pie para la oración por las personas que han Venido a los Píes de Cristo en esta ocasión.

Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo y nuestros ojos inclinados, los que han venido a los Pies de Cristo repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché Tu Voz, Te he recibido como mi Salvador dando testimonio público de mi fe en Ti en estos momentos; por lo tanto doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Señor, Te ruego salves mi alma. Sálvame, Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.

Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible. ¿Cuándo me pueden bautizar?” Por cuanto ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador, bien pueden ser bautizados en agua en estos momentos. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, pero el bautismo en agua es un mandamiento de nuestro amado Señor Jesucristo, el cual dijo:

“El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

El mismo Jesucristo fue bautizado por Juan el Bautista, Cristo vino donde Juan estaba bautizando en el Jordán, entró a las aguas bautismales, Juan no lo quería bautizar y le dice Juan a Jesús: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Y Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces lo bautizó.

Si Jesús necesitó ser bautizado por Juan para cumplir toda justicia y venir el Espíritu Santo sobre Jesús, y Juan vio al Espíritu Santo que vino sobre Jesús y reposó sobre Jesús y permaneció sobre Jesús, cuánto más nosotros para cumplir toda justicia y recibir el Espíritu Santo; pues la promesa es conforme a la Palabra de Dios hablada por el Espíritu Santo a través de San Pedro el Día de Pentecostés, en el capítulo 2 del libro de los Hechos, versos 36 en adelante:

“Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos (y para los que están cerca); para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.”

Y los que creyeron fueron bautizados en el Nombre del Señor Jesucristo, y fueron como tres mil personas que creyeron y fueron bautizados y fueron añadidos a la Iglesia del Señor Jesucristo; eso está en el capítulo 2 del libro de los Hechos, desde el verso 31 al verso 47. Y el Señor añadía a Su Iglesia cada día los que habían de ser salvos.

Los que han de ser salvos son añadidos a la Iglesia del Señor Jesucristo, pues esos son los que escuchan la predicación del Evangelio de Cristo, esas son las ovejas del Padre que oyen la Voz de Cristo, y Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo las conozco y yo les doy Vida eterna.” (eso esta en San Juan, capítulo 10, versos 27 en adelante).

Por esa causa ustedes escucharon la Voz de Cristo, el Evangelio de Cristo y lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador, y Cristo les dará Vida eterna. Por lo tanto: “Arrepentíos y convertíos y bautícese cada uno de vosotros en el Nombre de Jesucristo para perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo, porque para vosotros es la promesa.”

Ahora, en el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo. Y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado. Y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados y así identificarse con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Jesucristo nuestro Salvador.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes, dándoles testimonio de: “LOS EVENTOS PROFÉTICOS CONTENIDOS EN EL SÉPTIMO SELLO.”

Dejo al ministro correspondiente aquí, al reverendo Mayorga, para que les indique hacia dónde dirigirse para colocarse las ropas bautismales y ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

También los que están en otras naciones pueden ser bautizados, por lo cual dejo también al ministro correspondiente en cada nación para que haga en la misma forma en que hará el ministro, reverendo Mayorga, al cual dejo con ustedes.

Continúen pasando una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. Y nos veremos por toda la eternidad en el Reino glorioso de Cristo nuestro Salvador. Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“LOS EVENTOS PROFÉTICOS CONTENIDOS EN EL SÉPTIMO SELLO.”

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