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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes.

En Colombia se comenzó el proyecto “Los Pueblos del Mundo Escriben la Biblia,” y todos están invitados para participar de este importante proyecto; para más información comuníquense con el doctor Iban Sarmiento, que es el delegado de Amisrael allá en Colombia, es un proyecto que está respaldado por el Estado de Israel, la embajada de Israel en Colombia y AMISRAEL, el cual está llevando a cabo ese proyecto en coordinación con el gobierno de Israel, la Embajada de Israel y el creador de ese proyecto.

También en Colombia se ha comenzado o comenzará el día 12 el programa de televisión: “Alimento para el alma,” que será transmitido por el canal 1 y programa que la Oficina Nacional de Apoyo al Evangelismo estará llevando a cabo, al cual es bueno que todos los ministros de Colombia se unan respaldando esa labor que la Oficina Nacional de Apoyo al Evangelismo está llevando a cabo, oficina que el misionero Dr Miguel Bermúdez Marín apoya, y también vuestro servidor.

Mi aprecio y agradecimiento por el respaldo que ustedes le están dando al gran proyecto de La gran Carpa-Catedral en Puerto Rico y también por el respaldo que le están dando a Amisrael. Ustedes vieron el documental que fue pasado hace algunos minutos, de la actividad, la conferencia internacional Jerusalén 2009, de este junio pasado, y ustedes vieron los resultados.

También para todo el pueblo de Villahermosa y de todo el Estado de Tabasco, les expreso mis condolencias por la partida del político José Francisco Fuentes, y especialmente le expreso mis condolencias a sus padres, sus familiares, y todos sus compañeros políticos.

Para esta ocasión, leemos en San Juan, capítulo 5, verso 1 al 10, las palabras de Cristo; esto ocurrió en una ocasión en el ministerio de Cristo, dice capítulo 5 de San Juan, verso 1 al 11:

“Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén.

Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos.

En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua.

Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese.

Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo.

Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano?

Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo.

Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda.

Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día.

Entonces los judíos dijeron a aquel que había sido sanado: Es día de reposo; no te es lícito llevar tu lecho.

El les respondió: El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu lecho y anda.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión es: “¿QUIERES SER SANO?”

Esas fueron las palabras de Cristo a aquel hombre: “¿QUIERES SER SANO?”

La Escritura nos dice que Dios es nuestro Sanador, y dice que Él envió Su Palabra y nos sanó, por lo tanto hay esperanza para el ser humano para obtener su sanidad, y esto se refiere a su sanidad de su cuerpo, de su espíritu y de su alma; es sanidad para la persona, para el ser humano integral, que es alma, espíritu y cuerpo, y también sanidad para las naciones.

Lo mismo que es para el individuo también es para las naciones, por eso ustedes encuentran que Dios habla a través de la Escritura a Israel como nación, y les habla de enfermedades para el pueblo hebreo como nación, también la Escritura dice que los pueblos enfermaron y cayeron, por lo tanto hay enfermedad física para el cuerpo humano y hay enfermedad para las naciones, que no es enfermedad física pero que las naciones sufren gravemente, las cuales pueden ser curadas. Vean en el capítulo 14, verso 4 de Oseas, dice:

“Yo sanaré su rebelión, los amaré de pura gracia; porque mi ira se apartó de ellos.”

Luego en el capítulo 6 de Oseas, verso 1 al 3, dice:

“Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará.

Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él.

Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra.”

Y ahora, encontramos que hay sanidad para los pueblos, para las naciones, como también para los individuos, y todo esto tiene que ser por la Palabra, “envió Su Palabra y nos sanó, nos curó,” por lo tanto la Palabra de Dios es la medicina para todos los problemas de salud que tienen los individuos y que tienen las naciones, que son los problemas que tienen todas las naciones, esos son nada menos que enfermedades en las naciones.

Y ahora, para la sanidad del cuerpo, encontramos que Dios ha enviado Su Palabra hecha carne dos mil años atrás y fue conocida la Palabra hecha carne, el Verbo hecho carne, por el nombre de Jesús, eso está en San Juan, capítulo 1, versos 1 al 18, y por medio de Cristo todo ser humano puede recibir su salud física porque Él es nuestro Sanador, también puede recibir la salud, la sanidad de su espíritu y también la sanidad para su alma.

En el Salmo 11, verso 4, nos dice de la siguiente manera, y vamos a leerlo para tener un cuadro claro acerca de la sanidad en sus diferentes formas. Salmo 41, vamos a ver cómo nos habla aquí, Salmo 41, verso 4, dice, y esto es el rey David hablando:

“Yo dije: Jehová, ten misericordia de mí;

Sana mi alma, porque contra ti he pecado.”

Aquí nos habla de la sanidad del alma, aunque podía también su cuerpo físico estar enfermo. También nos dice el Salmo 147, verso 3:

 “El sana a los quebrantados de corazón,

Y venda sus heridas.”

Sana a los quebrantados de corazón así como sana nuestros cuerpos quebrantados por problemas de salud.

Y ahora, la sanidad para el cuerpo es muy importante para los que están enfermos, la sanidad del espíritu es muy importante para los que están enfermos en el espíritu; la sanidad para el espíritu nos la da Dios por medio de Cristo cuando produce el nuevo nacimiento en nuestras vidas, y nos da un cuerpo angelical que no está enfermo, y si nos enfermamos en el espíritu clamamos a Él y Él nos da sanidad espiritual, y la sanidad para el alma, que es lo que somos en realidad.

Vean, Dios por medio de Cristo sana nuestra alma de la enfermedad, de la lepra del pecado, cuando lo recibimos como nuestro Salvador, confesamos a Cristo nuestros pecados y con Su Sangre nos limpia de todo pecado, y luego somos bautizados en agua en Su Nombre y Él nos bautiza con Espíritu Santo y Fuego y produce en nosotros el nuevo nacimiento y así obtenemos la sanidad para nuestra alma, y por consiguiente la Vida eterna, y si en algún momento se nos enferma el alma, tenemos un Sanador, un Salvador, al Señor Jesucristo, del cual la Escritura, dice:

“Y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.”

Y ahora, la sanidad más importante es la del alma, porque eso es lo que somos nosotros, Él llevó nuestras enfermedades, y por Su llaga fuimos nosotros curados, eso está en el libro del profeta Isaías, en el capítulo 53, y dice que el castigo de nuestra paz fue sobre Él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

Así que tenemos un Salvador, un Sanador, “envió Su Palabra y nos sanó,” es por medio de la Venida de la Palabra de Dios, la cual se hizo carne, que hemos obtenido la bendición de la sanidad, sanidad para el alma, para el espíritu y para el cuerpo físico; y en el Día Postrero, cuando resucite a los muertos creyentes en Él en cuerpos glorificados y nos transforme a los que vivimos, entonces recibimos una sanidad física permanente, porque nunca más nos enfermaremos en esta Tierra, recibiremos una total sanidad. En Malaquías, capítulo 4, verso 2, dice:

“Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación.”

Sanidad, eso es nada menos en la segunda Venida de Cristo, por lo tanto esperamos esa sanidad permanente del cuerpo cuando tengamos el nuevo cuerpo, pero mientras tanto clamamos a Dios por medio de Cristo por la sanidad del cuerpo físico cuando nos enfermamos, y cuando nos enfermamos espiritualmente clamamos a Cristo para que nos dé sanidad espiritual, sanidad para el espíritu y sanidad para el alma.

Por lo tanto, la pregunta de Cristo: ¿Quieres ser sano?” vean ustedes, tiene que tener una respuesta nuestra: yo escuché la predicación del Evangelio de Cristo y lo recibí como mi Salvador, por consiguiente, acepté la pregunta de Cristo, la acepté en forma positiva y recibí la sanidad del alma y del espíritu y del cuerpo también; y cuando me enfermo clamo a Cristo para que me dé sanidad física; o cuando es enfermedad espiritual clamo a Cristo para que me dé sanidad espiritual ¿y quién más? Cada uno de ustedes también.

Él sana, cura el corazón enfermo, el corazón abatido, el corazón triste y el espíritu desanimado, lo sana con Su poder; por lo tanto encomiende a Cristo sus necesidades y Él le ayudará. Lo más importante es la sanidad del alma, porque obtenemos la Vida eterna para vivir con Él por toda la eternidad.

Y ahora, para las naciones ya se aplica en cierta forma y produce sanidad para las naciones. Pero hoy estamos hablando de la sanidad para el individuo integral, la sanidad para alma, espíritu y cuerpo y cómo funciona, y recuerden que tiene que actuar en fe y con fe para recibirla. En muchos casos Jesús decía a las personas: “Sea hecho conforme a tu fe,” y así es para la sanidad del cuerpo, del espíritu y del alma.

También al usar esa fe ha aceptado la Palabra de Dios que dice que Él llevó nuestras enfermedades, tanto las físicas como las espirituales, también para las naciones Él va a sanar la humanidad, las naciones y van a tener paz, y eso será en el Reino del Mesías.

Y ahora, ¿quiere ser sano y vivir eternamente con Cristo en Su Reino? ¿Quieres recibir la sanidad del alma y del espíritu que es lo más importante? Pues cree lo que Dios dice en Su Palabra acerca de Cristo: que Él tomó nuestros pecados y murió para nosotros en la Cruz del Calvario y ahora tenemos un Salvador, un Sanador que sana todas nuestras dolencias, tanto las físicas como las espirituales; pero hay que creerlo, recibir esa Palabra creyéndola, o sea, con fe, para que se haga una realidad en nuestras vidas, en la parte en donde tengamos el problema, si es en el cuerpo, sanidad para el cuerpo; si es en el espíritu, sanidad para el espíritu; y si es en el alma, sanidad para el alma.

Para esta ocasión toda persona que desea la sanidad para el alma, para que Cristo le dé salud, Vida eterna, necesita aceptar a Cristo como su único y suficiente Salvador, tan simple como eso.

Y ahora, hemos visto lo que es la sanidad, no está limitada solamente al cuerpo físico ni a un individuo, sino también se extiende para las naciones.

Y ahora, toda persona que todavía no ha recibido la sanidad de su alma, la Vida eterna en su alma, puede obtenerla recibiendo a Cristo como su único y suficiente Salvador, para que así pueda desaparecer de la persona los problemas del alma y pueda la angustia existencial desaparecer del alma de la persona, porque nace con ese problema espiritual porque no sabe de dónde vino, no sabe porqué está aquí en el planeta Tierra y no sabe a dónde va cuando terminen sus días aquí en la Tierra; no entiende que hay vida después que terminan sus días en este cuerpo terrenal, pasa a otra dimensión.

Pero si no ha recibido a Cristo no sabe a dónde va, tampoco sabe porqué está aquí en la Tierra y ocupa su tiempo en los quehaceres de la vida terrenal y se olvida de lo más importante, que es asegurar su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno. Bien dijo Jesús:

“¿De qué le vale al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.” (San Mateo, capítulo 16, versos 26 al 28).

Cristo aquí, en ese pasaje que les cité, le da la importancia principal al alma, porque el ser humano es alma, alma viviente y vive en un cuerpo físico y un cuerpo espiritual. Pero vean, si muere el cuerpo físico la persona sigue viviendo porque es alma viviente, va a vivir en otra dimensión.

Por lo tanto, cuando se habla de que el ser humano se pierde o se salva es el alma, lo cual es el ser humano, la persona, porque Dios hizo al ser humano alma viviente; por eso le tenemos que dar el primer lugar a nuestra alma, ella es la que vivirá eternamente o la que dejará de existir.

Para vivir eternamente Dios nos va a dar un cuerpo eterno físico y entonces seremos inmortales como Jesucristo nuestro Salvador, que tiene Su cuerpo físico glorificado y está tan joven como cuando se fue al Cielo, así voy a ser yo, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también, es para todos los creyentes en Cristo, por eso es que Cristo dijo en San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna...”

O sea, que la única forma de asegurar la Vida eterna es con Cristo. También cuando fue a resucitar a Lázaro, encontramos este pasaje que nos dice en el capítulo 11, verso 21 en adelante:

“Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.

Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará.”

En esa forma es que nosotros tenemos que creer, sabiendo que cuando oramos a Dios el Padre en el Nombre del Señor Jesucristo, Dios escuchará nuestra oración, y Cristo dijo: “Y todo lo que pidamos al Padre en mi Nombre (dice Cristo) yo lo haré.” Y también dice: “El Padre os lo dará,” Él lo asegura y si nosotros lo creemos, obtendremos lo que pedimos a Dios. Ahora, sigue diciendo:

“Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.

Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero (pues era una enseñanza de Cristo, que Él resucitaría los creyentes en Él en el Día Postrero).

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.”

Y ahora, vean la fe firme que tenía Marta en Jesús y sabía quién era Jesús, y Cristo le muestra que el que vive en esta Tierra y cree en Cristo no morirá eternamente, si muere físicamente, va a ser resucitado en un cuerpo nuevo, eterno, inmortal y glorificado como el cuerpo glorificado y joven que tiene Cristo nuestro Salvador, así vamos a ser todos los creyentes en Cristo, y entonces seremos físicamente inmortales.

Lo que los conquistadores españoles buscaban: la inmortalidad, la fuente de la juventud para obtener la inmortalidad, vea, la fuente de la juventud es Cristo, por eso Él dijo: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba,” y esto dijo del Espíritu Santo que había de recibir cada creyente en Él, pues aún no había venido el Espíritu Santo porque Jesús todavía no había sido glorificado, pero cuando fuera glorificado, cuando muriera y resucitara glorificado, entonces Él enviaría Su Espíritu Santo, y eso sucedió el Día de Pentecostés, y el Espíritu Santo sería ese río de agua viva que correría en el interior de los seres humanos creyentes en Cristo.

De eso es que no habló en ese pasaje que les cité, el cual se encuentra en el capítulo 7, versos 37 al 39 de San Juan, y es lo mismo de lo cual le habló la mujer samaritana, cuando le dijo: “Si alguno toma del agua que yo le daré, será en él una fuente de agua (o sea, de agua viva) que salta para Vida eterna,” es para Vida eterna que recibimos el Espíritu de Cristo, el Espíritu Santo, el Espíritu de Vida eterna.

Por lo tanto, toda persona que ha recibido a Cristo como Salvador y ha recibido el Espíritu de Cristo tiene Vida eterna, y no perecerá jamás, y nadie lo va a arrebatar de la mano del Señor y del Padre Celestial, vivirá eternamente con Cristo en Su Reino eterno. Recuerden que Él dijo:

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

y yo les doy vida eterna.”

Se predica el Evangelio para que nazca la fe de Cristo en el alma de las personas y las personas luego dan testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como único y suficiente Salvador, con la promesa de que recibirán perdón de pecados, serán limpios de todo pecado con la Sangre de Cristo, serán bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo y Cristo los bautizará luego con Espíritu Santo y Fuego y producirá en la persona el nuevo nacimiento, y así recibirá la sanidad del alma, que es la más importante.

¿QUIERES SER SANO? Tú que no has recibido todavía a Cristo, puedes venir a los Pies de Cristo para dar testimonio público de tu fe en Cristo en estos momentos y estaremos orando por ti, para que Cristo te reciba en Su Reino y té de la sanidad de tu alma.

Cristo es nuestro sanador, el que nos da la salvación y Vida eterna, Él mismo dijo:

“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”

O sea, que vino para buscarme a mí y salvarme a mí ¿y a quién más? A cada uno de ustedes también.

Por lo tanto, si todavía no has recibido a Cristo como Salvador, lo puedes hacer en estos momentos y estaremos orando por ti, para que Cristo te reciba en Su Reino, te perdone, con Su Sangre te limpie de todo pecado y te bautice con Espíritu Santo y Fuego y te dé la salvación y Vida eterna, o sea, sane tu alma.

Puedes pasar acá al frente, y estaremos orando por ti en esta ocasión, y los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo, los que todavía no lo habían hecho, para que Cristo les reciba en Su Reino y les dé la sanidad del alma, les dé la salvación y Vida eterna, y tengan asegurado así su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno.

Cristo tiene mucho pueblo en esta ciudad de Villahermosa y los está llamando para darle la salvación y Vida eterna, sanar sus almas y colocarlos en Su Reino para que vivan eternamente con Cristo en Su Reino eterno.

También los que están en otras naciones pueden venir a los Pies de Cristo, para que Cristo les reciba también en Su Reino. Recuerden que lo más importante es la sanidad del alma, lo más importante es la salvación del alma que es lo que en realidad es la persona: alma viviente, eso es lo que soy yo: alma viviente y eso es lo que tú eres: alma viviente. Por eso Cristo dice o pregunta: “¿De qué le vale al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” ¿Ven? Lo que se pierde o se salva es el alma, es lo que es en realidad la persona.

Por lo tanto, se dice a través de dos mil años, normalmente se dice: dale tu alma, tu corazón a Cristo, para que Él salve tu alma, tu corazón, o sea, que está representada (el alma) en el corazón, por eso se dice: Dale tu corazón,” pero se refiere al alma de la persona.

Todos queremos vivir eternamente y si pudiéramos vivir eternamente con estos cuerpos físicos que tenemos, lo haríamos, pero en estos cuerpo físicos solamente podemos vivir una cantidad limitada de tiempo, esto es porque hubo un problema en el Huerto del Edén en los días de Adán y Eva, y Adán y Eva perdieron la Vida eterna, solamente les quedó vida temporera y eso es lo que hemos heredado de Adán y Eva.

Pero Cristo es el segundo Adán, el cual nos da la Vida eterna para que en Su Reino vivamos eternamente en alma, espíritu y cuerpo.

Y mientras llega ese momento, obtenemos la Vida eterna para nuestra alma, y entramos al Reino del Señor, el cual está en la esfera espiritual; y cuando esté en la esfera física, lo cual será el Reino de Dios en la Tierra, en el cual el Mesías será el Rey, y eso será la restauración del Reino de David, en donde Cristo el Mesías, se sentará en el Trono de David y reinará sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones.

La capital del Reino del Mesías será Jerusalén, por eso el mismo Cristo dijo que Jerusalén es la ciudad del Rey y también dice que Dios ha puesto su Rey en Sión.

El Trono de David es el Trono terrenal de Dios y el Reino de David es el Reino terrenal de Dios al cual es heredero el Mesías Príncipe, y reinará sobre el pueblo hebreo y desde Jerusalén reinará sobre todas las naciones; será un Reino mundial, o sea, un Imperio, en donde habrá justicia social, habrá paz, y por consiguiente felicidad para todos los seres humanos, por eso el Mesías es el deseado de todas las naciones.

Ese es el Reino en el cual se hará la voluntad de Dios como en el Cielo aquí en la Tierra, por eso el Mesías es el deseado de todas las naciones, porque todas las naciones desean que aparezca ese Rey y establezca ese Reino, y a toda nación le gustaría que el Mesías, el Cristo, sea el presidente de su nación, para que traiga la paz, para que acabe con todos los problemas en la forma que Él ya tiene determinado que acabará los problemas, que traerá la sanidad para las naciones.

Y ahora, por cuanto el Reino de Dios, el Reino de Cristo, está en la esfera espiritual, recibimos sanidad para nuestra alma y nuestro espíritu y cuando nos enfermamos físicamente y clamamos a Dios con fe, también recibimos la sanidad física; es sanidad para el ser humano integral, o sea, para el ser humano que es alma, espíritu y cuerpo, y tiene derecho a la sanidad en esas tres esferas del ser humano.

Todavía vienen más personas que como ustedes quieren vivir eternamente, quieren la sanidad del alma que Cristo realizará en vuestras vidas. En las demás naciones pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo, pues Cristo tiene mucho pueblo en este tiempo final, y Él los está llamando. “Si oyes hoy Su voz, no endurezcas tu corazón,” tu nombre está escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida y por eso estás escuchando la predicación del Evangelio de Cristo, eres una de las ovejas del Señor, de Dios, que el Padre le ha dado a Cristo, para que te busque y te dé salvación y Vida eterna.

Todos queremos vivir eternamente, si vivir en estos cuerpos mortales es tan bueno, tan hermoso y tan importante, cuánto más en un cuerpo eterno, joven, inmortal, glorificado, como el cuerpo de Jesucristo en el cual no sufriremos. Desde que Cristo recibió Su cuerpo glorificado, desde que resucitó, no ha sufrido, no ha sufrido físicamente; Su cuerpo es inmortal, glorificado. Cuando tengamos el nuevo cuerpo terminarán los sufrimientos físicos para los creyentes en Cristo.

Ya vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo, pero veo que todavía vienen algunas personas caminando, es que Dios tiene mucho pueblo en Villahermosa y en toda la República Mexicana y los está llamando y se está llenando el Reino de Cristo de mexicanos, y eso es bueno, y también se está llenando de brasileiros o brasileños, de puertorriqueños, de venezolanos, de colombianos, de peruanos, de bolivianos, de paraguayos, también de argentinos, también de ecuatorianos, y así por el estilo se está llenando de latinoamericanos, y también de americanos que lo estén recibiendo en estos momentos, porque en diferentes países en estos momentos están conectados con esta actividad, esta trasmisión en vivo y están viniendo también a los Pies de Cristo en diferentes naciones y diferentes continentes, pues todos queremos vivir eternamente, pues a todos la sanidad que más nos interesa, es la sanidad para el alma, porque esa es la que nos coloca en la Vida eterna, pero también queremos para el espíritu y para el cuerpo.

Ahora, estamos recibiendo a Cristo como Salvador para la sanidad de nuestra alma, para la salvación y Vida eterna.

Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, pues Cristo tiene lugar en Su Reino para los niños también. Recuerden que Él dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.”

Y también Él dijo: “Si ustedes no son como uno de estos niños, si no son como niños, no entraréis al Reino de Dios o Reino de los Cielos.” ¿Y cómo podemos ser como niños cuando ya tenemos cierta edad, ya no somos niños físicamente? Pues naciendo de nuevo, y eso es lo que Cristo hace: produce en nosotros el nuevo nacimiento.

Fue de lo que le habló Cristo a Nicodemo: “ De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo, no puede ver el reino de Dios.”

Nicodemo pensó que era nacer físicamente a través de su madre nuevamente y que si su mamá, su madre, estaba ya anciana y ya Nicodemo siendo grande ¿cómo es posible entrar en el vientre de su madre y nacer de nuevo? Era una interpretación literal que ya tenía Nicodemo cuando Jesús le dice que tiene que nacer de nuevo, pero Cristo le explica: “ De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.”

Nacer del Agua es nacer del Evangelio de Cristo y nacer del Espíritu es nacer del Espíritu Santo, recibir el Espíritu Santo, y le dice Cristo: “ No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.” No es cosa de uno maravillarse, es cosa de que es una necesidad para cada persona nacer de nuevo para entrar al Reino de Dios, al cual todos queremos entrar para vivir eternamente en el Reino de Dios con Jesucristo nuestro Salvador.

Vamos a estar puestos de pie todos para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador; si falta alguno por venir puede venir... veo que vienen más personas, es que Dios tiene mucho pueblo aquí en Villahermosa y los está llamando, también en todas las demás naciones que están viniendo a los Pies de Cristo, es porque tiene Dios mucho pueblo, muchos hijos y los está llamando para darles la salvación y Vida eterna, para salvar sus almas.

Vamos a preguntarle aquí a los que están en las cámaras sobre las demás naciones cuando ya están listos en las demás naciones... vamos ya a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo.

Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos, y están aquí presentes o en otras naciones, repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de tu Evangelio y nació tu fe en mi corazón, creo en tu primera Venida y creo en tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos, creo en tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, te ruego Señor tengas misericordia de mí, doy testimonio público de mi fe en ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador, te ruego perdones mis pecados y con tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y fuego luego que yo sea bautizado en agua en tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en tu Reino, sálvame Señor, te lo ruego en tu Nombre eterno y glorioso Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén y amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes, al escuchar el Evangelio de Cristo, nació la fe Cristo en vuestra alma y han dado testimonio público de vuestra fe en Cristo recibiéndole como único y suficiente Salvador. Él dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, me preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar? Quiero ser bautizado lo más pronto posible en el Nombre del Señor Jesucristo,” como hacían los ministros, los apóstoles, cuando alguna persona creía o una multitud como aquella del Día de Pentecostés cuando Pedro predicó, como tres mil personas creyeron y fueron bautizadas ese mismo día como tres mil personas y fueron añadidas a la Iglesia del Señor Jesucristo; la meta es que obtengan el nuevo nacimiento, nazcan en el Reino de Dios.

Por lo tanto, ustedes, desde lo profundo de vuestra alma, me preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar?” Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y los que están en otras naciones y han recibido a Cristo en estos momentos como Salvador también pueden ser bautizados. Y que Cristo a ustedes también les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales está resucitando a una nueva vida, a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

El agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado. El bautismo en agua es tipológico, simbólico. En el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección; aun el mismo Cristo cuando Juan el Bautista estaba en el Jordán predicando y bautizando las personas, Jesús entró a las aguas del Jordán, para que Juan lo bautizara, y Juan le dice a Jesús: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por ti y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” O sea, que Juan reconoció que Jesús era mayor que él, pero Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces lo bautizó.

Si Jesús para cumplir toda justicia necesitaba ser bautizado, siendo el Cordero de Dios el cual tenía que ser lavado antes de ser sacrificado, y Él tres años y medio después iba a ser sacrificado como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Después Juan lo reconoció en San Juan, capítulo 1, versos 29 al 36; y cuando lo vio, dijo: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.”

Y ahora, si Jesús, para cumplir toda justicia, fue bautizado, cuánto más necesidad tengo yo de ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también.

Todos los creyentes en Cristo han sido bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo desde la antigüedad, y todavía se sigue bautizando en agua a todos los que reciben a Cristo como Salvador; por lo tanto bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio de Cristo como nuestro único y suficiente Salvador, como el sanador de nuestra alma; y por cuanto ustedes también han querido ser sanos en vuestra alma, recibiendo a Cristo, bien pueden ser bautizados ahora que ya han recibido a Cristo como vuestro único y suficiente Salvador.

Dejo al doctor Andrés Cruz Gallego, para que les indique a ustedes cómo hacer y hacia dónde dirigirse para cada uno de ustedes, para colocarse las ropas bautismales y ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Aquí tienen unos ocho bautisterios, cuatro a cada lado, y también, ¿tienen más aparte de estos? Doce. Sí, hay acá también doce bautisterios, por lo tanto bien pueden ser bautizados, así como Cristo fue bautizado por Juan el Bautista y así como todos los que creyeron el Día de Pentecostés fueron bautizados por los apóstoles, se sigue bautizando en la misma forma hasta nuestro tiempo.

Que Dios les bendiga y les guarde y dejo con ustedes al reverendo Andrés Cruz Gallego y en cada nación dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

Dios les bendiga y les guarde y continúen pasando un día feliz lleno de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“¿QUIERES SER SANO?”

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