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Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes, los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferente naciones; es una bendición y privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Aprecio y agradezco mucho el respaldo que le están dando al proyecto de La gran Carpa-Catedral y también el respaldo que le están dando a AMISRAEL.

Que Dios les bendiga por eso que están haciendo, y que quede todo almacenado en el Reino de Cristo como tesoros hecho en el Cielo como Cristo dijo que hiciéramos tesoros en el Cielo, y que en el Reino del Mesías todos disfrutemos de esos tesoros.

Para esta ocasión leemos en San Juan, capítulo 13, verso 20, y nos dice Cristo:

“De cierto, de cierto os digo: El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema es: “RECIBIENDO AL ENVIADO DE DIOS Y SUS BENDICIONES.”

A través de la historia bíblica encontramos que Dios ha tenido en la Tierra muchos enviados, para cada tiempo Él ha enviado a alguien para bendecir a los seres humanos. Por ejemplo, tenemos el caso de Noé, un hombre enviado de Dios para dar a conocer que el fin de aquella generación había llegado. Por lo tanto su mensaje fue el mensaje final de Dios para aquella generación antediluviana.

Los que lo que recibieron y creyeron por supuesto su mensaje, entraron con él al arca y se salvaron; y estuvieron también trabajando con él en ese proyecto, que era el proyecto divino para aquel tiempo: la construcción de un arca en donde se salvarían los que entrarían a ese lugar.

Para aquel tiempo quizás para algunos humanamente era difícil creer el mensaje de Noé, pues no llovía en aquel tiempo sino que de la tierra subía un vapor que regaba la tierra durante la noche, y decir que vendría un diluvio, una lluvia que inundaría el planeta Tierra, eso era algo inconcebible a la mente humana, pero por cuanto el que lo dijo fue el mismo que creó las aguas que estaban en el mar y también en los ríos, Él sabía cómo hacer para que lloviera sobre la Tierra.

Por lo tanto, si Él lo dijo y se lo comunicó a Su profeta Noé, y Noé lo dio a conocer, Dios iba a respaldar lo que Noé estaba diciendo. Noé era el que informaba al mundo antediluviano en aquel tiempo de Noé, lo que Dios iba a llevar a cabo.

Dios le dijo a Noé que había llegado el fin para todo ser viviente, pero Noé había hallado gracia delante de Dios, porque Noé ofrecía a Dios el sacrificio por el pecado suyo y de su familia, él era el patriarca de su familia, de su casa, y por consiguiente sus pecados junto con los de su familia estaban cubiertos con la sangre de aquellos animalitos que él sacrificaba a Dios por el pecado; por eso halló gracia delante de Dios, y Dios no vio sus pecados, lo vio justo delante de Su presencia.

Y por cuanto Dios no destruye al justo con el injusto, no podía destruir a Noé por causa de que Noé era justo; tuvo que darle un medio de escape a Noé, y fue la construcción de un arca, y le tocaba a Noé construir el arca junto con su familia y con las personas con las cuales él le pagara sus horas de trabajo.

No sabemos cuántas personas usó en la construcción, cuántos trabajadores, pero eso lo vamos a saber en el Reino Milenial; no sabemos exactamente cuántos años duró la construcción del arca, pero lo vamos a saber algún día, y el arca si logra pasar el tiempo de la gran tribulación, la vamos a ver también en el Reino Milenial. Será colocada como en un museo para que todos vean esa parte de la historia del mundo antediluviano, en donde un hombre oyó a Dios, creyó a Dios e hizo lo que Dios le dijo, y se salvó. Y gracias a que ese hombre creyó, nosotros estamos viviendo en este tiempo, porque de él luego vino una nueva generación.

Ahora, vemos que era muy importante creer al que Dios estaba enviando aquel tiempo, y cuando Dios envía a un hombre, lo envía con un mensaje, es entonces el mensajero de Dios para ese tiempo, en el cual está Dios en Espíritu Santo morando, obrando, hablando por medio de ese hombre.

Por ejemplo, tenemos el caso de Zacarías, capítulo 7, el cual ya es muy conocido para nosotros, es un caso aquí, unas Escrituras que dan mucha luz en cuanto a Dios y la forma de Dios obrar. El capítulo ¿qué? Capítulo 7, versos 11 al 12, que dice:

“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;

y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos.”

Ahora, ¿cómo Dios hablaba? Dios hablaba por medio de Su Espíritu a través de Sus profetas, era el Espíritu de Cristo, el Espíritu de Dios en los profetas, como nos dice Dios por medio de San Pedro en este pasaje de una de las cartas del apóstol Pedro a los creyentes. Dice la Escritura que Dios habló por medio de los profetas en el pasado, y todavía Él sigue hablando por medio de seres humanos.

Dios siempre ha estado hablándole a los seres humanos por medio de otros seres humanos enviados para ese propósito. Vean, el capítulo 1 de Primera de Pedro, dice, verso 10 en adelante:

“Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación,

escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos (el Espíritu de Cristo, el Espíritu Santo que estaba en los profetas), el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos.”

El mismo Espíritu de Cristo que estaba en los profetas, estaba anunciando los sufrimientos que vendrían a Cristo, el Mesías, y luego las glorias que vendrían después de esos sufrimientos, pues después de la resurrección la gloria de Dios la recibió: resucitó glorificado, (empezó con gloria su resurrección), subió al Cielo, se sentó a la diestra de Dios en el Trono y recibió todo poder y autoridad sobre los Cielos y la Tierra, y Él es el Rey de los Cielos y la Tierra, Rey de reyes y Señor de señores. Ahora, de los profetas dice:

“A éstos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles.”

Y ahora, los que han predicado el Evangelio por el Espíritu Santo, o sea, los que han predicado el Evangelio llenos del Espíritu Santo, o sea, el Espíritu Santo hablando a través de ellos el Evangelio para salvación de los que escuchan el Evangelio de Cristo.

Ahora, veamos, nos dice que Dios habló por medio de Su Espíritu a través de los profetas. Y ahora vamos a ver un pasaje aquí que nos da más luz en cuanto a este tema, para que tengamos el cuadro claro de la forma en que Dios habla a Su pueblo. Capítulo 23, versos 20 en adelante, verso 20 al 23 del Éxodo, nos dice de la siguiente manera:

“He aquí yo envío mi Angel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.

Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.

(¿Por qué?) Porque mi Angel irá delante de ti, y te llevará a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo, a los cuales yo haré destruir.”

Y ahora, Dios dice aquí que escuchemos la Voz del Ángel, ese Ángel de Dios o Ángel de Jehová como es llamado en algunas traducciones o versiones de la Biblia, es Cristo en Su cuerpo angelical, y si es Cristo en Su cuerpo angelical, es nada menos que el Espíritu Santo, porque un espíritu es un cuerpo de otra dimensión.

Por eso el Espíritu de Cristo que estaba en los profetas, o sea, el Ángel del Pacto que estaba en los Profetas, Dios hablando por medio de Su Espíritu, por medio del Ángel del Pacto, esa es la forma en que Dios habla; un espíritu es un cuerpo angelical de otra dimensión, en palabras más claras, un hombre de otra dimensión.

Por eso es que en Ezequiel, capítulo 9 aparece un personaje muy importante de entre los que están en ese pasaje. Dice:

“Clamó en mis oídos con gran voz, diciendo: Los verdugos de la ciudad han llegado, y cada uno trae en su mano su instrumento para destruir.

Y he aquí que seis varones venían del camino de la puerta de arriba que mira hacia el norte, y cada uno traía en su mano su instrumento para destruir. Y entre ellos había un varón vestido de lino, el cual traía a su cintura un tintero de escribano; y entrados, se pararon junto al altar de bronce.

Y la gloria del Dios de Israel se elevó de encima del querubín, sobre el cual había estado, al umbral de la casa; y llamó Jehová al varón vestido de lino, que tenía a su cintura el tintero de escribano,

y le dijo Jehová: Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y ponles una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella.

Y a los otros (o sea, a los otros varones) dijo, oyéndolo yo: Pasad por la ciudad en pos de él (o sea, detrás del que estaba vestido de lino y tenía el tintero de escribano)... Pasad por la ciudad en pos de él, y matad; no perdone vuestro ojo, ni tengáis misericordia.

Matad a viejos, jóvenes y vírgenes, niños y mujeres, hasta que no quede ninguno; pero a todo aquel sobre el cual hubiere señal, no os acercaréis; y comenzaréis por mi santuario. Comenzaron, pues, desde los varones ancianos que estaban delante del templo.

Y les dijo: Contaminad la casa, y llenad los atrios de muertos; salid. Y salieron, y mataron en la ciudad.

Aconteció que cuando ellos iban matando y quedé yo solo, me postré sobre mi rostro, y clamé y dije: ¡Ah, Señor Jehová! ¿destruirás a todo el remanente de Israel derramando tu furor sobre Jerusalén?

Y me dijo: La maldad de la casa de Israel y de Judá es grande sobremanera, pues la tierra está llena de sangre, y la ciudad está llena de perversidad; porque han dicho: Ha abandonado Jehová la tierra, y Jehová no ve.

Así, pues, haré yo; mi ojo no perdonará, ni tendré misericordia; haré recaer el camino de ellos sobre sus propias cabezas.

Y he aquí que el varón vestido de lino, que tenía el tintero a su cintura, respondió una palabra, diciendo: He hecho conforme a todo lo que me mandaste.”

Ese varón con el tintero en su cintura es nada menos que el Espíritu Santo, Cristo, en Su cuerpo angelical, y Él había dicho cuando estuvo en carne humana que Jerusalén sería destruida y el templo sería destruido y no quedaría piedra sobre piedra que no fuera destruida.

Pero los discípulos le habían preguntado: “¿Cuándo serán estas cosas y qué señal habrá de Tu venida y del fin del mundo (o del fin del siglo)?” San Mateo, capítulo 24, verso 1 al 3, y Cristo comienza a decir las cosas que iban a suceder a la ciudad, dice a ellos todas las señales que iban a ser vistas para la ciudad ser destruida.

Vean, nos dice que cuando vean a Jerusalén cercada de ejércitos, ha llegado su destrucción; eso ustedes lo encontrarán en diferentes lugares de la Escritura, y nos enseña Cristo que Jerusalén va a ser destruida porque no conoció el tiempo de su visitación. Capítulo 19 de San Lucas, versos 41 en adelante, esto fue cuando entró a Jerusalén como rey, y aun si leemos un poco antes tendremos el cuadro más claro. Vamos a comenzar en el verso 35 de este capítulo 19 de San Lucas:

“Y lo trajeron a Jesús; y habiendo echado sus mantos sobre el pollino, subieron a Jesús encima.

Y a su paso tendían sus mantos por el camino.

Cuando llegaban ya cerca de la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzó a alabar a Dios a grandes voces por todas las maravillas que habían visto,

diciendo: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor; paz en el cielo, y gloria en las alturas!

Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos.

El, respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían.

Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella,

diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos.

Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán,

y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.”

Por cuando no conocieron el tiempo de la visitación de Dios en carne humana en la persona de Jesús en quien estaba la plenitud de la Divinidad, la plenitud de Dios, esa destrucción vendría sobre Jerusalén, y por consiguiente la señal de que la destrucción de Jerusalén había llegado el tiempo para su destrucción, era que sería rodeada de un ejército.

Por lo tanto, cuando los discípulos del Señor Jesucristo vieron que Jerusalén estaba rodeada de ejércitos en el año 68 de la era común o era cristiana, y fue rodeada Jerusalén por dos años, hasta el año 70 de la era cristiana o común, cuando ellos vieron eso, estaban viendo la señal que Cristo les había indicado.

Por consiguiente ellos se fueron de Jerusalén, pero ya el Ángel, el varón con el tintero de escribano en su cintura, los había sellado, desde el Día de Pentecostés los había sellado con el Espíritu Santo:

“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.” Dice San Pablo en Efesios, capítulo 4, verso 30, y también en el capítulo 1, versos 11 al 14 de Efesios.

Así que vean, este Ángel o varón, ¿ven? Es un hombre que sellaría con el Espíritu Santo, con el Sello del Dios Vivo a los creyentes en Cristo, ese es el Ángel del Pacto, es el Espíritu Santo, el Ángel de Dios, el Ángel de Jehová del cual Dios dice que escuchemos Su voz y que Él no perdonará nuestra rebelión porque el Nombre de Dios, dice: “Porque mi Nombre está en Él.”

Ese es nada menos que Cristo en Espíritu Santo, Cristo en cuerpo angelical. Por eso fue que Cristo dijo en San Juan, capítulo 8, verso 56 al 58:

“Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.

Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?

Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.”

¿Cómo era Cristo antes de Abraham? Cristo era el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios que es el Espíritu Santo; y recuerden que un espíritu es un cuerpo de otra dimensión, un cuerpo espiritual o angelical.

Y ahora, ya teniendo todo este conocimiento, este entendimiento, vamos a ir más adelante: en Cristo estaba el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, pues esto fue lo que fue prometido para el cumplimiento y lo que sería el cumplimiento de la Venida del Mesías, y vamos a verlo aquí en Malaquías, capítulo 3, verso 1, donde dice:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí...”

Juan el Bautista fue ese mensajero, y debió todo el pueblo recibirlo porque ese fue el enviado de Dios para el pueblo hebreo en aquella ocasión, para preparar un pueblo bien apercibido para recibir al Mesías en Su Venida. Sigue diciendo... y ese profeta: Juan el Bautista, vino con el espíritu y virtud de Elías, dice el Ángel Gabriel al sacerdote Zacarías en San Lucas, capítulo 1, versos 11 en adelante.

Por lo tanto, vean, ese fue el Elías para aquel tiempo. Cuando Dios promete enviar un profeta (un hombre, un profeta), y usa el nombre de un profeta que ya vino en el pasado, eso significa que el Espíritu Santo estará en ese hombre operando el ministerio que operó en ese otro profeta, por lo tanto, es al ministerio que el Espíritu Santo opera en ese hombre, que reconoce como... y con el nombre de aquel otro profeta que había venido en tiempo pasado.

Por ejemplo, cuando Dios ha dicho: “HE aquí yo os envío a Elías,” eso es otro hombre pero en el cual estará el mismo Espíritu Santo que estuvo en Elías Tisbita, estará operando nuevamente ese mismo ministerio.

Por ejemplo, cuando Elías subió al Cielo, Eliseo estaba con Elías y le había dicho Elías a Eliseo antes de subir al Cielo: “Yo voy a ser quitado de en medio de ti, por lo tanto, ahora pide lo que tu quieras,” y Eliseo le dice: “Yo quiero que venga sobre mi una doble porción del espíritu que está en ti,” y Elías le dice: “Cosa difícil has pedido.”

No hubo una cosa más importante que pudiera pedir Eliseo, que una doble porción del espíritu que estaba en Elías, y es cosa difícil, porque una persona no puede decir: “Yo quiero ser un profeta,” y Dios decirle: “Vas a ser un Profeta, te voy a conceder esa petición.”

Los profetas ya vienen profetas cuando nacen en la Tierra. Son enviados, son los enviados de Dios para Su pueblo, y nacen con las dos conciencias juntas, consciente y subconsciente juntos, por lo cual pueden estar actuando en el consciente o en el subconsciente.

Ahora, Juan el Bautista como el profeta Eliseo, vean, tenían el mismo espíritu que estaba en Elías, que es el Espíritu Santo operando el ministerio de Elías en Eliseo por segunda vez y en Juan el Bautista por tercera vez, y en el reverendo William Branham por cuarta ocasión.

Y está prometido que volverá a ser operado ese ministerio de Elías por quinta ocasión, juntamente con el ministerio de Moisés nuevamente, lo cual significa que habrá un hombre en la Tierra enviado de Dios en el cual el Espíritu Santo estará operando esos ministerios.

Y ahora, ¿vieron lo simple que es todo? Siempre será el mismo Espíritu Santo, porque Él es que tiene ministerios, y ese es el Espíritu que estuvo en Elías Tisbita, que estuvo en Eliseo, que estuvo en Juan el Bautista, que estuvo en el reverendo William Branham y que estará en Elías en su quinta manifestación, en otro hombre que aparecerá en la Tierra; y es el mismo Espíritu Santo que estuvo en Moisés, que estuvo en Jesús y que estará en un hombre de este tiempo final. Es así de sencillo todo este misterio de la manifestación del Espíritu Santo operando el ministerio que operó en un profeta del pasado.

Ahora, les dije que la Venida del Mesías era la Venida del Ángel del Pacto; vamos a ver, ya les mostré ese mensajero que fue Juan el Bautista, que vino preparándole el camino al Señor para la primera Venida del Señor, ¿y saben ustedes que para la segunda Venida del Señor ya Dios envió un profeta operando en él el ministerio de Elías y ya se fue? Y el que lo quiera conocer, su nombre es William Marrion Branham, reverendo William Branham, y ya terminó su tiempo en la Tierra; y por consiguiente la Venida del Mesías, la segunda Venida de Cristo se cumplirá con forme a como Él dijo que sería el cumplimiento de la Venida del Señor en el Día Postrero.

La Escritura nos enseña que el Hijo del Hombre vendrá con Sus Ángeles, por eso el precursor dijo (de la Venida del Señor)... dijo que vendrá el Señor, y vendrán Moisés y Elías, los ministerios de Moisés y Elías, que son los Ángeles que con Gran Voz de Trompeta son enviados en San Mateo, capítulo 24, verso 31, para llamar y juntar ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, esos escogidos donde dice:

“Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.”

Depende en cuál de los evangelios usted lo lea, vamos a leerlo aquí en San Mateo para que quede exactamente como lo dice Jesús. En San Mateo, capítulo 24, verso 31 dice:

“Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.”

Esos escogidos con ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu, aunque también están los escogidos del Cristianismo, de la Iglesia del Señor Jesucristo que también son llamados en el Día Postrero, pero estos a los cuales se refiere aquí, son ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu, los cuales serán llamados y juntados por el ministerio de Elías y de Moisés siendo operados esos ministerios por el Espíritu Santo, por el Ángel del Pacto, por Cristo en Su cuerpo angelical, que estará manifestándose a través de un hombre que será enviado en este tiempo final.

Recuerden que Cristo en Espíritu Santo ha estado en medio de Su Iglesia todo el tiempo, recuerden que Él dijo: “He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” San Mateo, capítulo 28, verso 20.

Y ahora, vamos a ver aquí en Malaquías, capítulo 3 donde estamos leyendo, ya vimos quién es el mensajero que vendría preparándole el camino al Señor para Su primera Venida, y el que vendría preparándole el camino al Señor para Su segunda Venida, para Su primera Venida el mensajero precursor fue Juan el Bautista, para la segunda Venida del Señor el mensajero precursor es el reverendo William Branham y ya se fue, y él dijo: “Yo no moriré de viejo sin que él esté aquí.”

En este año ha sido el cumpleaños 100, 100 años tendría si estuviera aquí en la Tierra, o sea, que nació hace 100 años en Norteamérica. Así que, ya se fue en el año 1965, pero dejó su mensaje; y su mensaje, él dijo que introduciría a Cristo al mundo; su mensaje, el mensaje y el mensajero es lo mismo, porque el mensaje es lo que habló el mensajero para preparar al pueblo para la venida del Señor. Por lo tanto, tiene que ser la Venida del Señor conforme a como el Espíritu Santo habló a través del mensajero precursor.

Y ahora, continuamos acá en Malaquías, capítulo 3, ya vimos el precursor de la primera Venida del Señor y el precursor de la segunda Venida del Señor. Ahora, luego que apareció el precursor de la primera Venida del Señor, ¿qué aparecería luego? Vamos a ver, dice:

“Y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis (Dios el Padre, Dios), y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros.”

Y el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios, el Espíritu Santo, el cuerpo angelical de Dios, la imagen del Dios Viviente que es el cuerpo angelical de Cristo. Por eso Él podía decir: “Antes que Abraham fuese, yo soy,” ¿cómo era? Era el Ángel del Pacto. Y ahora, ¿quién vendría luego que aparecería el precursor de la Venida del Señor? Luego aparecería el Señor, Dios, el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios. Dios se ha revelado a través del Ángel del Pacto que es Cristo en Su cuerpo angelical, por medio del cual creó todas las cosas.

Y ahora, conforme a la promesa divina de Isaías, capítulo 7, verso 14.

“He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel (que traducido es Dios con nosotros).” Eso está en Isaías, capítulo 7, verso 14.

Dios estaría en la Tierra en el Mesías Príncipe, y estaría Dios con Su cuerpo angelical que es el Ángel del Pacto, por consiguiente estaría el Nombre de Dios y el Nombre del Ángel del Pacto que es el Nombre de Dios también, porque Dios dice: “No le seas rebelde porque él no perdonará vuestra rebelión porque mi Nombre está en él.”

Y luego en el velo de carne también estaría el Nombre de Dios, por lo cual Jesús dijo en San Juan, capítulo 5, verso 43: “Yo he venido en Nombre de mi Padre.” Así que en la misma forma en que el Ángel vino a los profetas en el Nombre del Padre, en el Nombre de Dios (porque Dios lo envió en Su Nombre, estaba el Nombre de Dios en el Ángel), también el Mesías Príncipe viene, vino en el Nombre de Dios.

Pero vean una cosa: luego Cristo cuando está anunciando que se tiene que ir de la Tierra, antes de ser crucificado ya está anunciando esto, miren, lo que nos dice... recuerden que es necesario recibir al que Dios ha enviado; y Él dijo: “Yo he enviado mi Ángel delante de vosotros para que les introduzca en la tierra que yo les he prometido. No le seas rebelde porque él no perdonará vuestra rebelión porque mi Nombre está en él.”

Y ya vimos que ese Ángel es el cuerpo angelical de Dios, el cual es Cristo en Su cuerpo angelical.

Ahora veamos: cuando viene el velo de carne donde está el Ángel del Pacto y por consiguiente Dios también hay que recibirlo, hay que darle le bienvenida, recibirlo, porque se está recibiendo a Dios que está en ese hombre, y se está recibiendo al Espíritu Santo que está en ese hombre, Dios en Su cuerpo angelical y el cuerpo angelical es el Espíritu Santo, está ahí Padre, Hijo y Espíritu Santo, está ahí presente delante de los seres humanos, y hay que recibirlo, recibir al enviado de Dios, al velo de carne en quien está Dios con Su cuerpo angelical.

Pero ahora veamos algo más en el capítulo 14 de San Juan, versos 15 en adelante dice:

“Si me amáis, guardad mis mandamientos.

Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre:

el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.

No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.”

¿Cómo vendría? En Espíritu Santo, “yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

“Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis.

En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.

El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.

Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo?

Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.

El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió.

Os he dicho estas cosas estando con vosotros.

Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre...”

¿En qué Nombre Dios el Padre, enviaría el Espíritu Santo, al Ángel del Pacto? En el Nombre del Señor Jesucristo, por eso cuando le aparece a Saulo de Tarso y Saulo pregunta: “Señor, ¿quién eres?” el Señor le dice: “Yo soy Jesús a quien tú persigues, el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo siempre en el Nuevo Testamento estará usando el Nombre de Jesucristo, porque Él viene en el Nombre del Señor Jesucristo, porque ese es el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Y ahora, hemos visto que Dios le ha dado a Jesús un Nombre que es sobre todo nombre, es el Nombre de Dios.

“Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.”

El Espíritu Santo es enviado para enseñar a los creyentes en Cristo, para enseñar a los ministros, para enseñar a todas las personas, eso es Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, enseñándole todas las cosas que deben conocer los cristianos, los creyentes en Cristo, y luego les dice:

“La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros. Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre mayor es que yo.”

Luego en el capítulo 15 de San Juan, nos dice en el verso 26:

“Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.

Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio.”

La predicación del Evangelio de Cristo, los predicadores ungidos con el Espíritu Santo, es nada menos que el Espíritu Santo dando testimonio de Cristo usando seres humanos, usando ministros predicadores como el apóstol Pedro y los demás apóstoles y el apóstol Pablo y así por el estilo a través de la toda la historia del Cristianismo.

Y ahora, en el capítulo 16, versos 5 en adelante, dice:

“Esto no os lo dije al principio, porque yo estaba con vosotros.

Pero ahora voy al que me envió; y ninguno de vosotros me pregunta: ¿A dónde vas?

Antes, porque os he dicho estas cosas, tristeza ha llenado vuestro corazón.”

Como cuando nuestros padres ya cuando están por irse de esta dimensión terrenal, o sea, por morir físicamente, le dicen a sus hijos ya estando de cama el padre o la madre, le dice: “Hijo, ya me tengo que ir, ya mis días en la Tierra están terminando,” y los hijos ya cuando sus padres le dicen así, ya se ponen muy triste y ya comienzan a llorar: “Ya papá (o mamá), ya se va a morir de un momento a otro, ya se está despidiendo.” Eso era lo que hacía Cristo con Sus discípulos: despidiéndose:

“Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuese, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.”

Si Jesús no se iba, el Espíritu Santo no podía venir, ¿y qué significaría eso? Que se quedarían sin nacer de nuevo; era importante que Jesús se fuera para que viniera el Espíritu Santo que es el Ángel del Pacto en Su cuerpo angelical, para así producir el nuevo nacimiento en todos los creyentes en Cristo, y así Cristo reproducirse, multiplicarse en muchos hijos e hijas de Dios:

“Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.

De pecado, por cuanto no creen en mí; 10 de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más;

y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.

Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar.”

Dice Cristo que tiene muchas cosas que decirle a los creyentes en Él, pero en aquellos días no las podrían sobrellevar, ¿y quién iba a estar escribiendo todas esas cosas? Eran muchas, dice:

“Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad...”

El Espíritu de verdad es el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, Cristo en Su cuerpo angelical, y dice que nos va a guiar, nos va a enseñar todas las cosas y nos va a guiar a toda la verdad.

Desde el Día de Pentecostés vino y está todavía en medio de Su Iglesia y ha estado guiando a Su Iglesia en todas las cosas y ha estado enseñándole todas las cosas, revelándole todas las cosas que Cristo tenía que darle a conocer a los creyentes en Él, por eso tenemos las cartas de San Pedro y San Pablo, tenemos también el Evangelio en los cuatro... el Evangelio en cuatro, o sea, en el Evangelio según San Juan, según San Lucas, según San Marcos y según San Mateo (los dije de atrás hacia adelante). Ahora, sigue diciendo:

“Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.”

Vigilemos entonces el Espíritu Santo en la forma en que se estaría moviendo en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo y lo que estaría haciendo: enseñándole a la Iglesia todas las cosas que debe saber, dándole a conocer todas las cosas que han de suceder, y guiando a la Iglesia en toda la verdad. Eso es lo que estaría haciendo el Espíritu Santo y cumpliendo todas las promesas que Cristo ha hecho para Su Iglesia.

El Espíritu Santo ha estado en medio de Su Iglesia y eso es Cristo con Su Iglesia todos los días hasta el fin del mundo, Cristo en Espíritu Santo, Cristo en Su cuerpo angelical, y ha estado manifestándose por medio de seres humanos, por medio del apóstol Pedro; cuando Pedro predicó, fue el Espíritu Santo hablando por medio de Pedro; cuando Él estableció todas las cosas a través de Pedro para los judíos, era el Espíritu Santo a través de San Pedro, a través de San Pablo para los gentiles.

Era guiando a Su Iglesia por medio de esos instrumentos que Él usó, guiándola en y a toda la verdad, y dando a conocer las cosas que han de venir, por eso encontramos en las cartas de San Pedro y San Pablo y otras cartas como de Primera de Juan, y Segunda y Tercera de Juan, y así por el estilo, profecías de cosas que han de suceder.

Por ejemplo, tenemos la promesa de la resurrección de los muertos en Cristo a la final trompeta; la final trompeta es el final mensaje de Dios, la Voz de Dios hablando por última vez en la tierra, y eso es la Gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino siendo predicada.

Cristo dijo: “Y será predicado este Evangelio del Reino para testimonio a todas las naciones.” Será predicado este Evangelio del Reino a todas las naciones para testimonio y entonces vendrá el fin. (San Mateo, capítulo 24, verso 14).

Y si va a ser predicado el Evangelio del Reino a todas las naciones para testimonio y entonces vendrá el fin, la señal para la venida del fin es la predicación del Evangelio del Reino y para lo cual tiene que haber un instrumento de Dios en donde esté el Espíritu Santo hablándonos el Evangelio del Reino, el Evangelio que comenzó a predicar Juan el Bautista y Jesús.

Luego de Cristo ser crucificado ya los apóstoles comenzando con San Pedro comenzaron a predicar el Evangelio de la Gracia, el Evangelio de nuestra salvación, el Evangelio de la redención, el Evangelio de la paz; pero ahora para el tiempo final se volverá a predicar el Evangelio del Reino, por lo tanto, el Espíritu Santo estará en alguna persona hablando a Su Iglesia y hablándole al pueblo hebreo y hablándole a todas las naciones.

Así como el Evangelio de la Gracia, el Evangelio de Cristo, es para todas las naciones, para todos los moradores de la Tierra, el Evangelio del Reino también es para todos los moradores de la Tierra. Dice en San Lucas... vamos a leer Apocalipsis, capítulo 14, y vamos a ver quién será el enviado del Señor Jesucristo con el Espíritu Santo para predicar el Evangelio eterno, el Evangelio del Reino a todos los moradores de la Tierra, para saber a quién vamos a recibir como enviado de Dios en este tiempo final, porque hay muchos predicadores, pero aquí en la Escritura hay uno que vendrá predicando el Evangelio del Reino a todas las naciones para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin.

Cuando él termine su ministerio entonces vendrá el fin para todo lo que tiene que llegar a su fin: el reino de los gentiles tiene que llegar al final porque el Reino de Dios va a ser establecido en la Tierra, el Reino del Mesías, y no habrá dos reinos a la misma vez en la Tierra, el Reino del Mesías será mundial. Apocalipsis, capítulo 14, verso 6 al 7 dice:

“Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo.”

Ese es el enviado de Dios, si va a predicar el Evangelio eterno a todos los moradores de la Tierra, tiene que estar en la Tierra, tiene que ser un hombre, un mensajero. Recuerden que Ángel significa mensajero, un mensajero de Dios, un profeta de Dios con el Evangelio eterno, el Evangelio del Reino para predicarlo a todos los moradores de la Tierra, un hombre.

“Diciendo a gran voz...”

Cuando nos habla de gran voz, nos habla de la Gran Voz de Trompeta, de la trompeta final, de un mensaje dispensacional, esa es la trompeta final que Primera de Corintios, capítulo 15, verso 50 en adelante menciona el apóstol Pablo, en donde nos dice que la final trompeta, “porque será tocada la trompeta, los muertos en Cristo resucitarán incorruptibles y nosotros los que vivimos seremos transformados.”

En el tiempo en que esté este Ángel mensajero, este profeta predicando el Evangelio eterno, el Evangelio del Reino, ocurrirá la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos glorificados, y los que vivimos seremos transformados.

“Diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria (enseñando a la humanidad a temer a Dios, porque el principio de la sabiduría es el temor a Dios, comienza a enseñarle sabiduría divina: temer a Dios).”

“...Temed a Dios y dadle gloria (glorificar a Dios, alabar a Dios, servir a Dios), porque la hora de su juicio ha llegado...”

Y ahora, nos habla de la hora del juicio divino, porque el juicio divino va a caer sobre la raza humana, las plagas van a caer sobre la raza humana durante el tiempo de la gran tribulación que durará tres años y medio y que completará la semana número setenta de la profecía de Daniel, capítulo 9, versos 21 al 27.

Y ahora, este mensajero de Dios vendrá hablando cosas relacionadas a Dios y a la adoración a Dios y a la humanidad para que sirva a Dios, enseñándoles por medio del Evangelio del Reino las cosas que las personas deben comprender y cómo deben hacer con relación a Dios.

Este profeta mensajero conocerá el Evangelio del Reino y también el Evangelio de la Gracia, y conocerá el mensaje de la ley. Sigue diciendo. Dice:

“... porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.”

Y ahora vean, le dice a la humanidad, a las personas que adoren a Dios, el que hizo los Cielos y la Tierra, al Creador; o sea, que vendrá con una enseñanza en el aspecto espiritual para los seres humanos, vendrá enseñando cómo servir a Dios, cómo adorar a Dios, cómo servir a Dios en este tiempo final en el cual estamos viviendo. Ese es el enviado de Dios con el Evangelio eterno, el Evangelio del Reino para dar testimonio de estas cosas a las naciones, para predicar el Evangelio del Reino a todas las naciones por testimonio, y luego vendrá el fin.

Y luego vendrá la gran tribulación y final del reino de los gentiles, porque los reinos de este mundo van a ser ¿de quién? De Jesucristo nuestro Salvador, esto está aquí, capítulo 11, verso 15 en adelante del Apocalipsis, dice:

“El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.”

Este séptimo Ángel con la Séptima Trompeta es nada menos que el cumplimiento de la venida de los Ángeles con la Gran Voz de Trompeta, para llamar y juntar ciento cuarenta y cuatro mil hebreos; es el mensajero del Día Postrero con el Evangelio del Reino, sonando la trompeta, la trompeta final, el mensaje final de Dios, son los ministerios de Moisés y Elías repitiéndose:

“Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos (los veinticuatro ancianos son los doce patriarcas hijos de Jacob o Israel, y los doce apóstoles del Señor. Judas no está, Judas Iscariote porque perdió esa bendición de estar en el trono, en un trono, y le fue dada esa bendición a otro apóstol)...

“... los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos, se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios,

diciendo: Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran poder, y has reinado.

Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido (la ira son los juicios divinos que caen sobre la raza humana durante la gran tribulación que durará tres años y medio), y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas (¿ven? Tiempo de dar el galardón a los siervos de Dios, los Profetas), a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra.

Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo. Y hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo.”

El Trono de Dios ahí ya está convertido en un trono de juicio porque hay “relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo.” Cuando escuchamos así como ayer en la noche truenos y relámpagos, yo pienso en estas Escrituras, truenos y relámpagos y todas esas cosas es señal de juicio.

Y ahora, señal de la ira de Dios. Ahora, miren ustedes lo que nos dice, dice aquí: “Y de dar el galardón a tus siervos los profetas.” Pero también tiempo de juzgar y de venir la ira de Dios. Ahora, vean lo que dice acá en Apocalipsis, capítulo 22, verso 12:

“He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.”

¿Ven? Él viene con su galardón para cada uno de aquellos que han servido a Dios, para Sus profetas, los santos, los que temen a Dios, para todos ellos habrá galardón, para los pequeños y para los grandes, eso es lo que dice la Escritura; y de todas estas cosas estará hablándonos ese Ángel mensajero, ese profeta de Apocalipsis, capítulo 14, verso 6 al 7 que viene con el Evangelio eterno para proclamar, predicar a todos los moradores de la Tierra.

Es el mismo que aparece aquí en Apocalipsis, capítulo 22, verso 16, que dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias...”

Ese Ángel del Señor, ese mensajero del Señor es el que viene con el Evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la Tierra, dice:

“Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana...”

Y de este misterio de la estrella resplandeciente de la mañana y de la raíz de David estará hablándonos ese Ángel del Señor Jesucristo, ese mensajero, ese profeta del Señor Jesucristo en el Día Postrero, la estrella de la mañana dice Cristo ahí que es Él, dice: “Yo soy la estrella resplandeciente de la mañana.”

Cristo en Su cuerpo angelical, Cristo en Espíritu Santo es la estrella resplandeciente de la mañana. Cuando San Pablo lo vio, cuando le apareció en el camino a Damasco, dijo que era más fuerte su luz, que la luz del sol, y cayó del caballo completamente ciego, cuando Moisés lo vio en aquella zarza ardiente, dijo que era una Columna de Fuego, una luz, y guió al pueblo hebreo también durante la noche alumbrándoles el camino, y durante el día siendo nube de sombra.

Él es la estrella resplandeciente de la mañana, Él es la Columna de Fuego, el Pilar de Fuego, y en Apocalipsis, capítulo 2, verso 28 dice al vencedor:

“Le daré la estrella de la mañana...”

O sea, la Columna de Fuego, el Espíritu Santo, Cristo en el mensajero que viene para llamar y juntar ciento cuarenta y cuatro mil, el cual viene con el Sello del Dios vivo, o sea, viene con el Espíritu Santo que es el Sello del Dios vivo. En él viene Cristo en Espíritu Santo manifestado hablándole y llamando ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, ahí viene el Ángel del Pacto, el que los libertó de la esclavitud en Egipto por medio del profeta Moisés, viene en ese Ángel, ese mensajero de Apocalipsis, capítulo 7, versos 1 en adelante (1 al 17).

Está relacionado también no solamente con lo judíos, sino que va a tener un impacto en medio del Cristianismo y en medio de todas las naciones; ese es el que Dios ha prometido enviar en el tiempo final con el Evangelio eterno, con el Evangelio del Reino predicándolo a todas las naciones, ese es el que estaremos recibiendo en este tiempo final.

“RECIBIENDO AL ENVIADO DE DIOS Y SUS BENDICIONES.”

Porque viene con bendiciones para los creyentes, para la Iglesia del Señor Jesucristo y para el pueblo hebreo, el mismo Cristo dice: “El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió (o sea, al Padre).” Esa fue la lectura que tuvimos al principio de San Juan, capítulo 13, verso 20; y también Cristo dice en el capítulo 10, versos 41 al 42 de San Mateo de la siguiente manera, y vamos a leerlo ya para terminar porque ya con lo que hemos hablado sabemos lo que Cristo ha prometido. El capítulo 10, verso 40 al 42 de San Mateo, dice:

“El que a vosotros recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió.

El que recibe a un profeta por cuanto es profeta, recompensa de profeta recibirá (o sea, recibe la bendición con la cual viene para el pueblo ese profeta); y el que recibe a un justo por cuanto es justo, recompensa de justo recibirá (así como el que recibe a profeta, ¿qué recibe? Recibe recompensa, recibirá... recompensa de profeta recibirá).

Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.”

O sea, que las personas que le hacen favores a los creyentes en Cristo, serán recompensados por el Señor Jesucristo, Dios los recompensará; por eso es que en la parábola del juicio de las naciones en San Mateo, capítulo 26, versos 31 al 46, nos habla del Hijo del Hombre sentándose en el Trono de Su gloria, o sea, en el Trono de David, sentándose el Mesías y reuniendo delante de Él todas las naciones: a unas pondrá a su derecha como el pastor coloca a su derecha las ovejas, y a otras las colocará a la izquierda como el pastor coloca a su izquierda los cabritos; y a los de su derecha dirá: “Entrad en el Reino preparado para vosotros, porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber,” y así por el estilo.

Y a los de la izquierda dirá: “Malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles, porque tuve hambre y no me diste de comer, tuve sed y no me diste de beber,” y así por el estilo, y ellos dirán: “¿Pero cuándo te vimos así y no te servimos?” y Él dirá: “Por cuanto no lo hicisteis a uno de estos mis hermanos pequeñitos o más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis.”

¿Ven? De acuerdo a cómo hayan actuado las personas con los creyentes en Cristo, luego serán juzgados; los que habrán ayudado a los cristianos, a los creyentes en Cristo, podrán ser recompensados por Cristo; los que no los ayudaron, sino que los persiguieron, les criticaron, les hicieron mal, esos son los de la izquierda, los representados en los cabritos, y así también es para las naciones.

Por lo tanto, es importante también los unos a los otros ayudarnos mutuamente, si para ellos hay bendición, cuánto más para los creyentes en Cristo cuando se ayudan unos a otros; y para todos los que trabajan en la Obra del Señor de todo corazón, la bendición es mayor.

Por lo tanto, adelante sirviendo a Cristo nuestro Salvador y sabiendo que tenemos la promesa de un mensajero dispensacional con el mensaje del Evangelio eterno, el mensaje del Evangelio del Reino predicándolo a todos los moradores de la Tierra, a toda nación, pueblo y lengua.

Ese es el enviado de Dios prometido para este tiempo final, al cual estaremos recibiendo con regocijo y con agradecimiento a Dios que lo haya enviado, y ahí vendrán grandes bendiciones de Dios para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también; ahí vendrá la revelación divina de todas las cosas que deben suceder en nuestro tiempo, la revelación divina para nuestra transformación y rapto, la revelación divina para todo lo que Dios estará haciendo en este tiempo final, y por consiguiente ahí estará la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado, sea bautizado en agua en Su Nombre y Cristo lo bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en usted el nuevo nacimiento, y así nazca a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno, para lo cual pueden pasar acá al frente y estaremos orando por usted.

Los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo para que Cristo también les reciba a ustedes en Su Reino. Recuerden que lo más importante es entrar al Reino de Dios, Cristo dijo que se requiere nacer de nuevo para ver el Reino de Dios, nacer del Agua y del Espíritu para entrar al Reino de Dios, le dice a Nicodemo en San Juan, capítulo 3, versos 1 al 6.

Todos queremos entrar al Reino de Dios, el mismo Cristo dice en San Mateo, capítulo 6, verso 33, que busquemos primeramente el Reino de Dios y Su justicia y las demás cosas serán añadidas, por lo tanto, lo más importante es buscar y entrar al Reino de Dios.

No hay otra cosa más importante que entrar al Reino de Dios para obtener la Vida eterna. La Vida eterna es lo más importante que puede recibir una persona. Sin la Vida eterna la persona no puede vivir eternamente con Cristo en Su Reino, y solamente hay una persona que nos puede dar la Vida eterna, y Su Nombre es Señor Jesucristo, Él es nuestro Salvador, nuestro Redentor.

Dios le ha dado a Cristo la exclusividad de la Vida eterna para que la dé, la imparta a todos los que lo reciben como único y suficiente Salvador. El que tiene a Cristo porque lo ha recibido en Su corazón como su Salvador, tiene la Vida eterna, el que no tiene a Cristo porque no lo ha recibido como Salvador, no tiene la Vida eterna, solamente tiene una vida temporera que se le va a terminar, y no sabe cuándo se le va acabar.

Por lo tanto, tenemos que comprender que nuestra estadía aquí en la Tierra tiene un propósito divino: es que hagamos contacto con Cristo para obtener la Vida eterna y vivir eternamente en el Reino de Dios, no queremos dejar de existir, somos alma viviente, vivimos en estos cuerpos mortales, pero con la promesa de que todos los que reciben a Cristo como Salvador vivirán eternamente con Cristo en cuerpos eternos, cuerpos glorificados, cuerpos inmortales, cuerpos jóvenes para toda la eternidad.

Así que, no nos podemos conformar solamente con vivir en este cuerpo mortal y después que se acabe toda nuestra existencia, tenemos derecho y oportunidad de obtener la Vida eterna por medio de Cristo nuestro Salvador:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito , para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

El que se pierda, pues será echado en el lago de fuego y ahí desaparecerá y nunca más aparecerá ni en esta Tierra ni en ninguna dimensión, pero los creyentes en Cristo vivirán con Cristo por toda la eternidad.

Cristo está tan joven como cuando subió al Cielo, y esa misma clase de cuerpo es la que Él tiene para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también, para que vivamos eternamente con Él en Su Reino. El único Reino que existirá por toda la eternidad y que gobernará no solamente sobre el planeta Tierra, sino sobre todo el Universo y sobre todas las dimensiones, sobre el mundo visible y sobre el mundo invisible.

Por lo tanto, nos colocamos del lado de la victoria, del lado de la Vida eterna colocándonos en las manos de Cristo, recibiéndolo como nuestro único y suficiente Salvador. Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Si falta alguno por venir, puede venir, y también los que están en otras naciones pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Recuerden que recibir a Cristo como Salvador, es un asunto de Vida eterna. Él dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y yo las conozco y me siguen, y yo les doy Vida eterna.” (San Juan, capítulo 10, verso 27). Es Vida eterna lo que significa creer en Cristo, recibirlo como nuestro único y suficiente Salvador.

Si falta alguno por venir a los Pies de Cristo, puede venir. Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, los que están aquí presentes o en otras naciones o en alguna otra ciudad de la República Mexicana, o en algún otro lugar de la República Mexicana. Dios tiene mucho pueblo en la República Mexicana y los está llamando, y también en todas las naciones y los está llamando en este tiempo final.

El nombre de ustedes está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida, por lo cual ustedes han estado escuchando la predicación del Evangelio de Cristo, ustedes que están presentes y los que están en otras naciones a través del satélite Amazonas o de internet.

La bendición más grande es tener el nombre, nuestro nombre escrito en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero. El mismo Cristo dijo a Sus discípulos, los cuales estaban muy contentos porque habían echado fuera demonios cuando fueron a predicar el Evangelio, y Cristo les dice: “No os gocéis de que los espíritus se os sujetan en mi Nombre, gozaos de que vuestros nombres están escritos en el Cielo.”

Ese es el motivo de gozo: que nuestros nombres están escritos en el Cielo y por eso escuchamos la Voz del Señor, el Evangelio de Cristo y lo recibimos como nuestro único y suficiente Salvador, y eso indica que somos ovejas del Señor, hijos e hijas de Dios.

Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Tu primera Venida y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres en que podemos ser salvos, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mi el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino, sálvame Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.

Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo,” porque Él dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.’ (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16). ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta de ustedes. Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca ustedes el nuevo nacimiento.

El mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista, y si Él necesitó ser bautizado, cuánto más nosotros. Los apóstoles bautizaban a todas las personas que escuchaban a Cristo predicar y creían en Cristo, y el Día de Pentecostés Pedro predicó lleno del Espíritu Santo y creyeron como tres mil personas, las cuales fueron bautizadas en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Pedro les dijo, cuando ellos preguntaron:

“Varones hermanos, ¿qué haremos?

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos (y para cuantos están cerca); para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba.”

Y como tres mil personas creyeron y fueron bautizadas en el Nombre del Señor Jesucristo y fueron añadidas a la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y ahora, bien pueden ser bautizados, en el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección, o sea, que todo lo que pasó allá, está tipificado en el bautismo en agua.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, tipológicamente muere al mundo. Y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente, simbólicamente está siendo sepultado. Y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan simple como esto es el bautismo, el simbolismo del bautismo en agua.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

Continúen pasando todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Dejo con ustedes al reverendo Carlos Albores Gutiérrez, para que les indique cómo hacer para colocarse las ropas bautismales y ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y en cada nación dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando un día, una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“RECIBIENDO AL ENVIADO DE DIOS Y SUS BENDICIONES.”

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