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Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes y los que están en otras naciones y también en otras ciudades de la República del Brasil; es para mí un privilegio y bendición grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Quiero expresarle a ustedes mi agradecimiento y aprecio por todo lo que están llevando a cabo en pro del proyecto de La gran Carpa-Catedral, y también por el respaldo que le están dando a AMISRAEL y también el respaldo a la obra misionera, a la obra de evangelismo.

También quiero expresarle mis condolencias a la familia del reverendo Roberto Atilio Escobar, pastor en el Salvador, el cual ha partido con el Señor, está en el Paraíso, pero han quedado sus hijos, su esposa, sus familiares y la congregación, reciban mis condolencias y también recuerden que él regresará en un cuerpo joven y eterno para estar nuevamente con ustedes y con todos los creyentes en el Señor.

Su hijo David Escobar queda atendiendo la congregación, por lo tanto, toda la congregación estén brazo a brazo con él en las labores correspondientes a esa congregación allá en El Salvador o San Salvador.

Para esta ocasión leemos en Isaías, capítulo 60, versos 1 en adelante, y dice de la siguiente manera:

“Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti.

Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria.

Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento.

Alza tus ojos alrededor y mira, todos éstos se han juntado, vinieron a ti; tus hijos vendrán de lejos, y tus hijas serán llevadas en brazos.

Entonces verás, y resplandecerás; se maravillará y ensanchará tu corazón, porque se haya vuelto a ti la multitud del mar, y las riquezas de las naciones hayan venido a ti.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema es: “EL DESPERTAMIENTO DE ISRAEL EN EL DÍA POSTRERO.”

Siendo que hay una promesa de un despertamiento para el pueblo hebreo, tiene que haber algo que lo despierte, eso es la Voz de Dios, el mensaje de Dios para el Día Postrero, porque ese despertamiento está prometido para ser llevado a cabo en el Día Postrero, un despertamiento espiritual y también un despertamiento en el campo nacional o político, pues Dios trata con Israel como nación, Dios dice: “Israel es mi hijo, mi primogénito.” (Éxodo, capítulo 4, verso 22).

Y ahora, teniendo esa promesa tan grande el pueblo hebreo, para ser cumplida en el tiempo final o Día Postrero, veamos algunos detalles sobre esa promesa; en Oseas, capítulo 6, verso 1 al 3, dice:

“Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará.

Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él.

Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra.”

En este pasaje profético encontramos lo que será este despertamiento de Israel en el Día Postrero, después de dos días dice aquí la Escritura, en el tercer día nos resucitará y viviremos delante de Él, ya han transcurrido dos días delante de Dios, que son dos milenios o dos mil años; y ahora hemos entrado al tercer día delante de Dios, que es el tercer milenio de aquel tiempo hacia acá, durante estos dos días que han transcurrido, se ha estado llevando a cabo en el Programa Divino la Dispensación de la Gracia, donde Dios ha estado llamando de entre los gentiles un pueblo para Su Nombre.

Y ya de Cristo hacia acá, ya han transcurrido dos mil años, que son delante de Dios dos días, porque un día delante del Señor es como mil años o son como mil años, como mil años para los seres humanos, y mil años de los seres humanos es como un día delante de Dios.

Para los días postreros la promesa es que Dios derramará de Su Espíritu sobre toda carne (Joel, capítulo 2, versos 21 al 29). Esto ha estado ocurriendo desde el Día de Pentecostés hacia acá, porque los días postreros delante de Dios son los milenios postreros para los seres humanos.

Los días postreros comenzaron en los días de Jesús, y por esa causa encontramos el Día de Pentecostés viniendo el Espíritu Santo y bautizando con Espíritu Santo y Fuego a 120 creyentes en Cristo, y de ahí en adelante Dios ha continuado enviando de Su Espíritu Santo sobre toda carne que ha recibido a Cristo como Salvador.

Ya han transcurrido de los días postreros, los primeros dos días postreros delante de Dios, pero son tres los días postreros delante de Dios que para los seres humanos son los tres milenios postreros: quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio, así como los días postreros de la semana son jueves, viernes y sábado; esos son los tres días postreros de la semana, que son tipo y figura de los tres milenios postreros para los seres humanos, de una semana milenial o una semana de siete milenios, que comenzó con Adán y terminará al final del Reino del Mesías.

Y ahora, ¿qué parte tiene el pueblo hebreo en los días postreros y sobre todo en el Día Postrero? El despertamiento, una resurrección espiritual nacional que está prometida, en donde la gloria de Dios será manifestada, e Israel verá esa manifestación de Dios y despertará, será la Voz de Dios hablando en el Día Postrero, el mensaje del Evangelio del Reino para la restauración del Reino de Dios en la Tierra, lo cual será la restauración del Reino de David, porque el Reino de Dios en la Tierra es el Reino de David, y el Trono de Dios en la Tierra, es el Trono de David.

Por lo cual el misterio de la venida del Reino de Dios en la Tierra, de la cual Cristo habló y dijo en el ‘Padre nuestro’ que orando pidamos la venida del Reino de Dios, dijo:

“Vosotros, pues, oraréis así:

Padre nuestro que estás en los cielos,

Santificado sea tu nombre.

Venga tu reino.

Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.”

La venida del Reino de Dios en la Tierra, será la restauración del Reino de David con el pueblo hebreo, Reino al cual Israel entrará. En Primera de Crónicas, capítulo 28, nos habla claro de lo que es el Reino de Dios y lo que es el Trono de Dios en la Tierra, capítulo 28, verso 4 en adelante dice... esto fue cuando por orden del rey David fue declarado heredero del Trono de David y colocado en ese Trono. Dice de la siguiente manera, el rey David hablando dice, verso 3 en adelante:

“Mas Dios me dijo: Tú no edificarás casa a mi nombre, porque eres hombre de guerra, y has derramado mucha sangre.

Pero Jehová el Dios de Israel me eligió de toda la casa de mi padre, para que perpetuamente fuese rey sobre Israel; porque a Judá escogió por caudillo, y de la casa de Judá a la familia de mi padre; y de entre los hijos de mi padre se agradó de mí para ponerme por rey sobre todo Israel.

Y de entre todos mis hijos (porque Jehová me ha dado muchos hijos), eligió a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del reino de Jehová sobre Israel.

Y me ha dicho: Salomón tu hijo, él edificará mi casa y mis atrios; porque a éste he escogido por hijo, y yo le seré a él por padre.

Asimismo yo confirmaré su reino para siempre, si él se esforzare a poner por obra mis mandamientos y mis decretos, como en este día.”

Aquí nos habla del Reino de Dios sobre Israel, del cual el rey David se sentó en el trono de ese Reino de Dios sobre Israel. Por eso el Trono de David es el Trono terrenal de Dios, pero Dios tiene Su Trono celestial allá en el Cielo.

Ahora, el capítulo 29 de este mismo libro de Primera de Crónicas, verso 22 al 23:

“Y comieron y bebieron delante de Jehová aquel día con gran gozo; y dieron por segunda vez la investidura del reino a Salomón hijo de David, y ante Jehová le ungieron por príncipe, y a Sadoc por sacerdote.

Y se sentó Salomón por rey en el trono de Jehová en lugar de David su padre, y fue prosperado; y le obedeció todo Israel.”

En este pasaje vemos más claramente que el rey Salomón se sentó en el Trono de Jehová, porque el Trono de David es el Trono terrenal de Dios. No hay otro trono en la Tierra que haya sido señalado por Dios como Su Trono terrenal.

Por lo tanto, ese es el Trono del cual el Ángel Gabriel le habló a la virgen María y le dijo que el hijo que ella iba a tener por obra del Espíritu Santo, el cual haría sombra sobre ella y concebiría y daría a luz un hijo y le pondría por nombre Jesús, o sea, Yeshua, y Dios le dará el Trono de David su Padre, y reinará sobre todo Israel. El Mesías Príncipe es el heredero al Trono de David.

Y ahora, en Apocalipsis, capítulo 3, verso 20 al 21, Jesucristo habla de ese Trono. Recuerden que el libro del Apocalipsis es la revelación de Jesucristo, ha sido Cristo hablando en medio de Su Iglesia por medio de Su Espíritu Santo de etapa en etapa, de edad en edad, y este libro del Apocalipsis encontramos que le fue revelado a Juan el apóstol por el Ángel del Señor Jesucristo a través del cual Dios estuvo hablándole a Juan todas estas cosas que iban a suceder, las reveló a Juan por medio de Su Ángel. Apocalipsis, capítulo 22, verso 6:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto.”

El enviado por Dios para mostrar a la Iglesia y a Juan el apóstol todas estas cosas que deben suceder pronto, el enviado es el Ángel del Señor Jesucristo, más claramente lo dice en Apocalipsis 22, verso 16, cuando dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias...”

¿A quién envía Jesucristo? A Su Ángel, Cristo dice: “El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió.” Así que hay una bendición muy grande para todos los que estarán recibiendo al Ángel del Señor Jesucristo con la revelación de Jesucristo.

El pasaje que les cité está en San Juan, capítulo 13, verso 20, donde dice: “El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí.” Ahora continuando la lectura del capítulo 22, verso 16 del Apocalipsis, sigue diciendo:

“Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.”

Y ahora, ya hemos visto quién es el enviado de Jesucristo, de Dios para dar testimonio de estas cosas tanto al Cristianismo como a toda la humanidad.

Y ahora, leemos en el libro del Apocalipsis, capítulo 3, verso 20 al 21, donde dice:

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.”

Habla de cenar, por lo tanto, está hablando del tiempo de la cena, que es el tiempo de la tarde, y también nos está hablando del tiempo para la Cena de las Bodas del Cordero.

Ahora, cenar con Él aquí en la Tierra, tiene que haber una comida para cenar, es la cena de la Palabra de Dios que es dada, el maná escondido que está prometido que será dado al vencedor, y por consiguiente todos los que estarán con Él, estarán cenando en la casa de Dios; y la casa de Dios es la Iglesia del Señor Jesucristo, ese Ángel mensajero de Jesucristo es el siervo fiel y prudente del Día Postrero (San Mateo, capítulo 24, versos 41 al 47).

Por eso pregunta: “¿Quién es pues el siervo fiel y prudente al cual puso su Señor sobre Su casa?” La casa del Señor es la Iglesia del Señor Jesucristo bajo el nuevo Pacto, y la pregunta es: “¿Quién es el siervo fiel y prudente?” Ahora, veamos capítulo 3 de Hebreos, verso 5 al 6:

“Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir;

pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros...”

Y ahora Cristo como hijo sobre Su casa, Él es la cabeza. Y ahora dice: “La cual casa somos nosotros,” la casa de Dios, la familia de Dios, el Templo espiritual de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo bajo un nuevo Pacto.

Y ahora, ¿quién es el siervo fiel y prudente al cual su Señor ha puesto sobre Su casa, sobre Su Iglesia? De edad en edad tenemos un mensajero que ha sido colocado como un siervo fiel y prudente, pero para la Iglesia del Señor Jesucristo, la familia de Dios por medio del segundo Adán, Cristo, encontramos que Él ha colocado un siervo fiel y prudente, el cual le dice a Juan cuando quiere adorarlo, en el capítulo 19 del Apocalipsis, versos 9 al 10:

“Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.

Yo me postré a sus pies para adorarle (Juan dice)... Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo (¿ven? Es un consiervo del apóstol Juan, por consiguiente es un creyente en Cristo, es un mensajero de Dios, pero ahí él está en su cuerpo angelical)... yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.”

Ahí tenemos al Ángel del Señor Jesucristo, consiervo de Juan y demás apóstoles, trayendo la revelación divina de todas estas cosas que sucederían, las cuales están en el libro del Apocalipsis en estos símbolos apocalípticos.

Y ahora, continuamos con las palabras del Señor, el cual habla por medio de Su Espíritu, dice:

“Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”

Estas son palabras del Espíritu Santo por medio del Ángel del Señor Jesucristo; este Ángel va a estar en la Tierra en carne humana en el Día Postrero, y estará dándonos a conocer todas estas cosas correspondientes al Día Postrero, y él va a abrir la puerta de una nueva dispensación, de la Dispensación del Reino, y el Señor, el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo, entrará por esa puerta que abrirá el Ángel del Señor Jesucristo, esa puerta que abrirá el vencedor, dice:

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.”

Él también abre la puerta en el Día Postrero de la etapa o Edad de la Piedra Angular.

Y ahora, ¿qué puerta va a abrir? ¿Cuál es esa puerta? Cristo dijo: “Yo soy la puerta, el que por mí entrare, será salvo,” San Juan, capítulo 10, verso 9; y en ese mismo capítulo 10 lo dice también al principio, en donde se identifica como la puerta.

San Pedro el Día de Pentecostés abre la puerta, pues él recibió las llaves del Reino de los Cielos, para abrir la puerta del Reino de los Cielos que es Cristo, la puerta del Reino de los Cielos, así abrió la puerta de una nueva dispensación, la Dispensación de la Gracia, abriendo el misterio de la primera Venida de Cristo, y Cristo es la puerta. Cuando abre el misterio, abrió la puerta de esa dispensación, la puerta del Reino de los Cielos.

Y ahora, la puerta del Reino de Dios que será establecido en la Tierra, es la Venida del Mesías para el Día Postrero, habrá un mensajero que abrirá la puerta de la segunda Venida del Señor, la Venida del Mesías, y por consiguiente estará abriendo una nueva dispensación: la Dispensación del Reino, y ahí habrá una gran fiesta.

El que estará abriendo esa puerta, será el Ángel del Señor Jesucristo, así como dice aquí Cristo en Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, dice:

“Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.”

Y Él era el Ángel del Pacto que se hizo carne, habitó en medio de la raza humana en un cuerpo de carne que fue creado en el vientre de María, y nació allá en Belén de Judea, y fue llamado Hijo de Dios. El Hijo de Dios.

Y ahora, es en el Día Postrero el Ángel del Señor Jesucristo, el que aparecerá al final de la Dispensación de la Gracia para tener un ministerio en el cual va a estar introduciendo una nueva dispensación: la Dispensación del Reino, y estará introduciendo el Reino del Mesías.

Él será el que estará llevando a cabo la introducción del milenio, la introducción del Día Postrero, del séptimo milenio donde el Mesías Príncipe se sentará en el Trono de David y reinará sobre el pueblo hebreo, con Él se sentará en el Trono de David el vencedor: el Ángel del Señor en el Día Postrero. Tan simple como eso.

Cuando veamos al Ángel del Señor Jesucristo en el Día Postrero manifestado en carne humana, estaremos viendo al que se sentará con Cristo en Su Trono, así como todos aquellos que vieron a Jesús, estaban viendo al Ángel del Pacto vestido de un cuerpo de carne humana llamado ese cuerpo: Jesús, por las personas de aquel tiempo, el cual luego dijo que se sentaría a la diestra de Dios en el Cielo (capítulo 26, verso 61 al 65 de San Mateo).

Y cuando subió al Cielo, se sentó a la diestra de Dios en el Trono de Dios, por eso aquí en Apocalipsis, capítulo 3, verso 21, dice:

“Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.”

El Trono del Padre, el Trono de Dios está en el Cielo, y en ese Trono Cristo ya resucitado con Su cuerpo glorificado, subió al Cielo y se sentó en el Trono de Dios, por eso podía decir: “Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra.” Y también dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

¿Cómo estaría? En Espíritu Santo en medio de Su Iglesia hablando en medio de Su Iglesia por medio de diferentes mensajeros, y en medio de Su Iglesia tendría a Su Ángel, estaría en cuerpo angelical, pero al final estaría con un cuerpo de carne y estaría como el mensajero del Día Postrero abriendo el misterio del séptimo Sello, el misterio de la Venida del Señor, y así abriendo la puerta del séptimo milenio, abriendo la puerta del Reino milenial. Porque la puerta del Reino milenial es la Venida del Mesías, es el Mesías en Su Venida en el Día Postrero.

Y ahora, en el Día Postrero cuando estemos viendo a ese Ángel del Señor en medio de la Iglesia del Señor y luego también teniendo una amistad, un relacionamiento con los judíos, pues estaremos viendo al que se sentará con el Señor en el Trono terrenal de Dios, que es el Trono de David, y ahí en ese Reino Israel estará restaurado al Reino de Dios que es el Reino de David.

Por lo cual antes de comenzar el Reino milenial, habrá un despertamiento de Israel en el Día Postrero, el Día Postrero conforme al calendario gregoriano ya comenzó, y ya llevamos unos *nueve años dentro del Día Postrero, o sea, dentro del tercer milenio de Cristo hacia acá, o séptimo milenio de Adán hacia acá.

El avivamiento grande prometido por Dios para el Día Postrero, corresponde a Israel, bajo los ministerios de los dos Olivos. Los ministerios de Moisés y Elías estarán repitiéndose en este tiempo final, el Espíritu Santo que es el que tiene ministerios y el que los opera a través de seres humanos, estará operando el ministerio de Moisés y Elías en el Día Postrero, y por consiguiente habrá un hombre, un profeta como el profeta Elías en el cual el Espíritu Santo estará operando el ministerio por quinta ocasión, de Elías.

Habrá un profeta en el cual el Espíritu Santo estará operando el ministerio de Moisés por segunda vez, será un profeta como Moisés en el cual Dios colocará Su Palabra; Dios colocará en la boca de ese profeta Su Palabra, la Palabra divina, y él la hablará y Dios cumplirá las cosas que estarán siendo habladas, y por medio de él será que serán habladas las cosas que estarán sucediendo en el Día Postrero.

Esos ministerios de Moisés y Elías fueron mostrados en el Monte de la Transfiguración, cuando Jesús se transfiguró delante de Sus discípulos Pedro, Jacobo y Juan en el capítulo 17 de San Mateo, versos 1 al 9; y en San Lucas, capítulo 9 y en San Marcos, capítulo 9.

Él estaba mostrando allí la venida del Reino de Dios en donde el Hijo del Hombre viene con Sus Ángeles, esos Ángeles son los ministerios de Moisés y Elías, son los mismos Ángeles de los cuales habló Cristo en San Mateo, capítulo 24, verso 31, donde dice:

“Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.”

Esos escogidos son hebreos, doce mil de cada tribu que aparecen en Apocalipsis, capítulo 7, versos 1 en adelante, en donde aparece el Ángel con el sello del Dios vivo, el mensajero con el Espíritu Santo que es el sello del Dios vivo para llamar y juntar ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu.

Y luego en Apocalipsis, capítulo 14, versos 1 al 5, aparecen ya reunidos, juntados y están sobre el Monte de Sion con el Cordero, y tienen el Nombre del Cordero y de Su Padre escrito en la frente, o sea, tienen la revelación del Nombre del Cordero y el Nombre del Padre.

En ese mismo capítulo 14, versos 6 al 7, aparece un Ángel con un Libro en su mano, o sea, con el Evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la Tierra, a toda nación, pueblo y lengua, diciendo... vamos a leerlo para que tengan el cuadro claro:

“Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo,

diciendo a gran voz...”

O sea, Él viene predicando el Evangelio del Reino, el Evangelio que está esperando el pueblo hebreo, que es el Evangelio eterno, el Evangelio del Reino, ese mensaje es una gran Voz de Trompeta, o sea, que en una trompeta está representado el mensaje del Evangelio del Reino, en la gran Voz de Trompeta que aparece en Primera de Corintios, capítulo 15, verso 50 al 58.

En el tiempo que ese Ángel esté predicando el Evangelio eterno, será que ocurrirá la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos glorificados y la transformación de los que estén vivos creyentes en Cristo:

“...diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.”

Y ahora, enseña adorar a Dios, le habla a la humanidad para que le den la gloria a Dios, para que teman a Dios, para que sirvan a Dios, al Creador de los Cielos y de la Tierra, porque solamente Él es digno de ser adorado, de ser glorificado y de ser servido.

Tenemos un Ángel, un mensajero. Recuerden que Ángel, significa: “Mensajero,” con el Evangelio eterno, el Evangelio del Reino. En San Mateo, capítulo 24, nos habla de la predicación del Evangelio del Reino, del Evangelio eterno, y nos dice en el capítulo 24, verso 14, dice Jesús:

“Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.”

La señal del fin es un mensajero con el Evangelio eterno, predicándolo a toda la humanidad, a todos los moradores de la Tierra, a toda nación, pueblo y lengua, él viene con un mensaje mundial, un mensaje para toda la humanidad, para testimonio a todas las naciones.

El Evangelio del Reino lo estuvo predicando Juan el Bautista y también Jesús, pero del Día de Pentecostés en adelante se comenzó a predicar el Evangelio de la Gracia; pero se volverá a predicar el Evangelio del Reino, y el mensajero que lo estará predicando será este Ángel que viene con el Evangelio eterno, el Evangelio del Reino, y ese es el mensaje de la gran Voz de Trompeta, de la Trompeta final, el mensaje para la Dispensación del Reino.

Con ese mensaje despertará a Israel en el Día Postrero: estará escuchando la Voz de Dios, el mensaje del Evangelio del Reino, el mensaje del Evangelio eterno.

Hemos visto lo que traerá el despertamiento de Israel en el Día Postrero, para entrar al Reino de Dios, para entrar al Reino de David que será restaurado en el Día Postrero. Por lo tanto, el séptimo Sello introducirá el milenio en el cual el Mesías se sentará en el Trono de David y reinará sobre el pueblo hebreo.

Hemos visto el despertamiento de Israel en el Día Postrero, en donde recibirá vida, la Vida de Dios, porque el Espíritu de Dios, la gloria de Dios, la presencia de Dios volverá al pueblo hebreo bajo el tiempo de la predicación del Evangelio eterno, del Evangelio del Reino, bajo el ministerio de ese Ángel que viene con el Evangelio eterno, que es el Ángel del Señor, el Ángel que Cristo envía para dar testimonio de todas estas cosas que deben suceder pronto.

Y ese es el Ángel mensajero que se sentará con Cristo en Su Trono, en la misma forma en que Cristo ya glorificado se sentó en el Trono del Padre. Cuando esté glorificado este mensajero, se sentará con Cristo en Su Trono, o sea, en el Trono de David. Tan sencillo como eso.

Por lo tanto, cuando lo estemos viendo, pues estaremos viendo al que se va a sentar con Cristo en Su Trono, así como cuando estuvieron viendo a Jesús, estaban viendo al que se sentaría con el Padre en el Trono celestial.

La lucha, la batalla era por el Trono celestial. Por eso cuando le ofrecieron a Jesús el Trono terrenal del reino de los gentiles, el trono romano, porque cuando Cristo estuvo ayunando por 40 días, al final el diablo vino para tentarlo y lo tentó con la oferta de los reinos de este mundo, le dijo que le daría todos los reinos de este mundo, para lo cual tenía que sentarse en un trono, y el trono de los gentiles en aquel tiempo era el trono de Roma, el trono de los césares. El Trono de David es el Trono del Reino de Dios.

Y ahora, Cristo rechazó la oferta y encontramos que cuando iba a ser crucificado, Él dijo: “Mi Reino no es de este mundo,” o sea, que no era del sistema mundial del reino de los gentiles que estaba en la etapa de las piernas de hierro, en la visión o sueño que tuvo el rey Nabucodonosor y le interpretó el profeta Daniel, en el capítulo 2 del libro de Daniel. Porque el Reino del Señor terrenal es el Reino de David, porque ese es el Reino de Dios terrenal, y el Trono de Dios terrenal es el Trono de David. Tan simple como eso.

Y ahora, Cristo estaba en una batalla, y la meta era sentarse en el Trono *celestial de Dios, y lo logró: sentarse con Dios en Su Trono celestial. Luego de Cristo hacia acá, la lucha será o sería sentarse con Cristo en Su Trono terrenal, el Trono de David, esa ha sido la lucha. Por eso el pueblo hebreo ha sido tan perseguido, perseguido a muerte.

El Reino de David gobernado desde el Trono de David por el Mesías Príncipe, gobernará sobre el pueblo hebreo, sobre todo el Medio Oriente y sobre todas las naciones, traerá la justicia social, la paz y por consiguiente la felicidad de Israel, de todo el Medio Oriente, del mundo árabe y también de todas las naciones, de todos los seres humanos. Ahí está la felicidad para la familia humana.

Fuera de ese Reino no habrá paz, no habrá justicia social completa ni habrá felicidad completa para la familia humana. La justicia divina, la paz de Dios y la felicidad que Dios dará a la familia humana está prometida para el Reino del Mesías; por eso Cristo enseñó a orar por la venida del Reino de Dios en la Tierra.

Es tiempo para despertar, no solamente el pueblo hebreo sino todas las naciones, es tiempo de despertar también para la Iglesia del Señor Jesucristo. Recuerden que en la parábola de las diez vírgenes se oyó un clamor que decía: “He aquí el Esposo viene, salid a recibirle,” o sea, el anuncio de la Venida del Señor, y las diez vírgenes se levantaron, hubo un movimiento espiritual y las insensatas y las sabias, prudentes, encendieron sus lámparas.

Las insensatas no había tomado consigo aceite y sus lámparas se les apagaban; usted sabe que cuando algo, una lámpara de aceite o de gas se quiere apagar porque le falta combustible, comienza a humear y comienza a menguar su luz, y ya esa es una señal de que se va apagar.

Y piden aceite a las prudentes, y las prudentes les dicen a las demás: “Para que no nos falte a vosotras y a nosotras, id a los que venden y comprad para vosotras.” Y mientras ellas iban a comprar, vino el esposo, esa es la venida del Señor, y las que estaban preparadas, entraron con Él a las bodas y se cerró la puerta; se cierra la Dispensación de la Gracia.

La puerta es Cristo, y mientras está abierta la puerta en la casa de Dios, en el Reino de Dios, en el Reino de los Cielos, hay oportunidad para entrar al Reino de Dios, al Reino de los Cielos que está en la esfera espiritual, recibiendo a Cristo como Salvador.

Pero cuando se cierre esa puerta, ya no es efectivo recibir a Cristo como Salvador, el que esté sucio, ensúciese más, ensuciese aún porque ya no hay con qué limpiarlo de todo pecado, porque ya la Sangre no está en el Lugar Santísimo sobre el Propiciatorio, ya Cristo habrá salido del Trono de Intercesión y por consiguiente ya no hay forma para que la persona sea limpio de todo pecado.

Las vírgenes prudentes hicieron lo correcto, por eso son reconocidas como prudentes. Ahora, la Escritura dice, el mismo Cristo hablando, que la puerta va a ser cerrada, la puerta del Reino de los Cielos, la puerta del Reino divino. Eso está en el capítulo 13 de San Lucas, versos 22 en adelante donde dice:

“Pasaba Jesús por ciudades y aldeas, enseñando, y encaminándose a Jerusalén.

Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo:

Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.”

Y recuerden que la puerta es Cristo. San Mateo, capítulo 7, versos 13 al 15, dice que la puerta angosta es la que lleva a la vida: a la Vida eterna, y el camino angosto es el que lleva a la Vida eterna. Y Cristo es el camino, la verdad, y la vida; “y nadie viene al Padre, sino por mí,” dice Cristo en San Mateo, capítulo 14, verso 6, y también Él es la puerta, Él dijo: “Yo soy la puerta, el que por mi entrare, vivirá...” vamos a leerlo tal y como lo dice el mismo Cristo:

“Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos (porque la salvación viene de los judíos, a través de Cristo nuestro Salvador).”

Y ahora, encontramos que esta puerta el cual es Cristo, la puerta de la casa de Dios, la puerta de la Iglesia de Jesucristo, por donde entran para formar parte de la Iglesia, va a ser cerrada algún día, pero ya estará cerrada, ya estará llena la casa de Dios, la Iglesia; todos los convidados a la Cena de las Bodas del Cordero ya estarán en la casa de Dios, en la Iglesia del Señor Jesucristo. Sigue diciendo:

“Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.

Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois.”

Ahí podemos ver que la puerta va a ser cerrada, y en San Mateo, capítulo 25, verso 10 al 13, también encontramos que la puerta va a ser cerrada, dice:

“Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta.

Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos!

Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco.

Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir.”

Hemos visto que la puerta de la casa de Dios que es Cristo, va a ser cerrada algún día, pero ya estarán dentro del Cuerpo Místico de Cristo, del Templo espiritual de Cristo, de la casa de Dios, la familia de Dios, todos los escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, que lo recibirían como único y suficiente Salvador, ya se habrá completado la casa de Dios, la familia de Dios, los hijos e hijas de Dios, los Reyes y Sacerdotes y Jueces del Reino de Dios, del Orden de Melquisedec.

Y ahora, estamos en un tiempo en que de un momento a otro se cerrará esa puerta y Dios comenzará a tratar con el pueblo hebreo. Cuando vemos la higuera reverdeciendo, y la higuera representa al pueblo hebreo, tenemos una señal muy grande frente a nosotros que nos habla que estamos viviendo en el Día Postrero o tiempo final.

Un despertamiento ha ocurrido en medio del pueblo hebreo, despertamiento político, como antesala al gran despertamiento de Israel en el Día Postrero que vendrá a causa de la Palabra de Dios, la Voz de Dios, la gran Voz de Trompeta, para llamar y juntar todos los escogidos de Dios del pueblo hebreo, y para la introducción al Reino del Mesías.

El mensajero para ese tiempo será el Ángel del Señor Jesucristo o Ángel de Dios, vestido de carne humana; ese será el mensajero con el Evangelio del Reino, el Evangelio eterno predicándolo a todos los moradores de la Tierra, toda nación, pueblo y lengua.

Israel verá a ese mensajero y dirá: “Éste es el que nosotros estamos esperando,” y lo va a recibir, y eso va a traer el despertamiento más grande que el pueblo hebreo haya tenido, y eso es para el Día Postrero, y el Día Postrero ya comenzó, conforme al calendario gregoriano ya llevamos nueve años en el Día Postrero o séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá.

Por lo tanto, esa gran Voz de Trompeta con su mensaje, despertará a Israel, lo despertará a la realidad, lo despertará para ver el día en que estamos viviendo, y ver las promesas que Dios ha hecho para el pueblo hebreo para el Día Postrero.

Ese mensaje de la gran Voz de Trompeta o trompeta de Dios, será un mensaje que despertará a Israel, y es como decir: “¡Despierta Israel!” Cuando veamos al Ángel mensajero (recuerden que Ángel, significa “Mensajero”), cuando veamos el mensajero con el Evangelio eterno predicándolo para todas las naciones, recuerden: estaremos viendo también el comienzo de un entrelace del pueblo hebreo con ese mensajero del Día Postrero, él hará el entrelace dispensacional, él hará ese entrelace que está prometido para el tiempo final; o sea, será Dios a través de él obrando todas estas cosas.

Por eso es tan importante para todo ser humano que al escuchar la predicación del Evangelio de la Gracia y despertar, nacer la fe de Cristo en su alma, si no ha recibido a Cristo como Salvador, lo reciba lo más pronto posible. Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón, Él te está llamando para colocarte en la familia de Dios, la casa de Dios, porque tu nombre está escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida, si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón, recíbelo como tu único y suficiente Salvador.

Para lo cual en estos momentos puede pasar al frente y estaremos orando por usted, y los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo y estaremos orando por usted. Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, y todos lo que están en diferentes ciudades y lugares en la República del Brasil, también pueden venir a los Pies de Cristo en estos momentos y estaremos orando por usted.

Lo más importante para el ser humano es la Vida eterna, no hay otra cosa más importante; si la vida física es tan importante, cuánto más la Vida eterna. Estamos en un tiempo de restauración, restauración a la Vida eterna, restauración al Reino de Dios, restauración a todo lo que perdió Adán y Eva al pecar allá en el Huerto del Edén.

Dios tiene mucho pueblo en el Brasil, en toda la América Latina y en todas las naciones, y los está llamando en este tiempo final. Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón, tu nombre está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida, y por eso estás escuchando la predicación del Evangelio de Cristo.

Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Algunas veces hay personas tímidas y les da timidez o vergüenza pasar al frente para recibir a Cristo como Salvador, pero es bueno saber qué Cristo piensa de esas personas que les da vergüenza recibirlo como Salvador, que el mismo Cristo lo diga. Capítulo 10 de San Mateo, versos 32 al 33:

“A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.

Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.”

Cristo aquí dice lo que pasará con aquellos que lo niegan delante de los hombres. La persona más importante que ha pisado este planeta Tierra es el Señor Jesucristo, y es el Rey de reyes y Señor de señores. Recibirlo como nuestro Salvador, confesarlo públicamente como nuestro Salvador es una honra, es un privilegio, es una bendición y es una oportunidad para salvación y Vida eterna.

El mismo Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, yo las conozco y yo les doy Vida eterna, y nadie las arrebatará de mi mano, mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre” (San Juan, capítulo 10, versos 26 al 27). Así que, podemos ver que el que es de Dios, escucha la Voz de Dios y sigue a Cristo.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos. Los que están en otras naciones también puestos en pie. Si falta alguno por venir, puede venir, para que quede incluido en la oración que estaremos haciendo en esta ocasión.

Con nuestras manos levantadas al Cielo los que están presentes y los que están en otras naciones, y con nuestros ojos cerrados los que han venido a los Pies de Cristo repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados; reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, y reconozco que no hay otro nombre bajo el Cielo, dado a los hombres en que podamos ser salvos. Doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego y produzcas en mí el nuevo nacimiento, quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino.

Sálvame Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo lo más pronto posible,” pues Él dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

“Quiero ser bautizado en agua en Su Nombre lo más pronto posible. ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón. Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

El bautismo en agua es tipológico, el mismo Cristo fue bautizado en agua por Juan el Bautista, el cual al principio no quería bautizarlo y le decía a Jesús: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Y Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia.” Si Cristo necesitó ser bautizado para cumplir toda justicia, cuánto más nosotros tenemos necesidad de ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

El bautismo en agua les dije que es tipológico, en el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado, o sea, simbólicamente; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan simple como eso es el simbolismo del bautismo en agua.

Por lo tanto, entendiendo el simbolismo del bautismo en agua, bien pueden ser bautizados y así ser identificados con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino del Señor Jesucristo, del Mesías.

Dejo al ministro, doctor Oswaldo Aparecido Natale para que les indique a ustedes hacia dónde dirigirse para colocarse las ropas bautismales y ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. ¿Hay bautisterio? Hay bautisterio y hay agua, hay también ropas bautismales, por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y en que cada nación dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. Dios les bendiga y les guarde a todos.

Yo voy a estar aquí en la oficina hasta que termine la actividad, voy a estar aquí juntamente con ustedes, porque ustedes también permanecen hasta que se haga la oración final para regresar en paz a vuestros hogares, y esa oración, esa bendición queremos llevarla también.

“EL DESPERTAMIENTO DE ISRAEL EN EL DÍA POSTRERO.”

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