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Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes y todos los que están a través del satélite Amazonas en diferentes naciones; es para mí un privilegio y bendición grande estar con ustedes en esta ocasión, día de la dedicación de este auditorio, de esta casa para Dios; es para mí un privilegio grande estar con ustedes junto al doctor Salomón Cunha y la doctora Kélita de Cunha, para así estar acompañando al reverendo Noel Nonato, ministro en esta congregación y amigo personal mío también.

Que las bendiciones del Cielo sean sobre todos ustedes, y que en este lugar siempre esté la presencia de Dios y el Alimento espiritual para todos los hijos e hijas de Dios que aquí siempre se estarán reuniendo, que es la Palabra de Dios correspondiente a nuestro tiempo.

Y que Dios use grandemente al ministro Noel Nonato, y también a cada uno de ustedes en la Obra de Dios correspondiente a este tiempo final, y que Dios continúe añadiendo a esta congregación más y más almas, más y más personas, y que la obra evangelística y misionera que ustedes llevan a cabo, lleve mucho fruto, muchos hijos e hijas de Dios al Reino de Dios.

Y que siempre Dios los tenga bien unidos a vuestro pastor en toda la Obra de Dios que se lleva a cabo en este lugar y desde este lugar. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Ya ha sido dedicado este lugar a Dios, para que la gloria de Dios esté aquí manifestada y las bendiciones de Dios vengan a cada uno de ustedes.

Quiero leer un pasaje que se encuentra en Génesis, capítulo 28, versos 10 en adelante, dice:

“Salió, pues, Jacob de Beerseba, y fue a Harán.

Y llegó a un cierto lugar, y durmió allí, porque ya el sol se había puesto; y tomó de las piedras de aquel paraje y puso a su cabecera, y se acostó en aquel lugar.

Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella.

Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia.

Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente.

He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho.

Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía.

Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo.”

“LA CASA DE DIOS Y PUERTA DEL CIELO.”

En este pasaje bíblico tenemos esta experiencia tan hermosa por la cual pasó Jacob.

Ahora, Dios le muestra esta escalera y Ángeles subiendo y bajando por esta escalera, y Jacob dice que es un lugar terrible y que es casa de Dios y puerta del Cielo y él no lo sabía, no conocía la casa de Dios y la puerta del Cielo, lo cual le fue mostrado allí.

A este pasaje es que Cristo hace referencia en San Juan, capítulo 1, verso *49, esto fue cuando estaba hablando con Natanael:

“Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel.

Respondió Jesús y le dijo: ¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que estas verás.

Y le dijo: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre.”

Aquí Cristo le habla de la casa de Dios y puerta del Cielo, cuando le está hablando de estos Ángeles que van a estar subiendo y bajando sobre el Hijo del Hombre.

Ahora, aquella experiencia que tuvo Jacob, en donde él exclamó diciendo que era un lugar terrible y que no era otra cosa sino casa de Dios y puerta del Cielo; ahora veamos una casa de Dios como territorio, una casa de Dios como un edificio, una casa de Dios como un pueblo y una casa de Dios como un individuo.

Ahora, como pueblo, Israel dice San Pablo que es casa de Dios, un pueblo, una nación casa de Dios. Vamos a leerlo en Hebreos, capítulo 3, verso 1 al 6, donde dice:

“Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús;

el cual es fiel al que le constituyó, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios.

Porque de tanto mayor gloria que Moisés es estimado digno éste, cuanto tiene mayor honra que la casa el que la hizo.

Porque toda casa es hecha por alguno; pero el que hizo todas las cosas es Dios.

Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir;

pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.”

Y ahora, el apóstol Pablo nos habla de una casa, casa de Dios como pueblo, que son los creyentes en Cristo, esa casa es una familia, o sea, una casa de Dios como familia; esta casa es la Iglesia del Señor Jesucristo, veamos lo que nos dice San Pablo en Primera de *Timoteo, capítulo 3, verso 14 al 16:

“Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte (está escribiéndole a Timoteo. Esto es Primera de Timoteo, capítulo 3, verso 14 en adelante),

para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.”

Y ahora, aquí San Pablo le dice a Timoteo que la Iglesia del Señor Jesucristo es casa de Dios, la casa de Dios como Cuerpo Místico de creyentes. También lo dijo San Pablo a los Efesios en el capítulo 2, verso 19 en adelante:

“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios.”

Cada creyente en Cristo es miembro de la familia de Dios, por eso puede decir: “Padre nuestro que estás en los Cielos,” porque es un hijo o una hija de Dios, y por eso le llama a Dios: “Padre nuestro.” La familia de Dios, los hijos e hijas de Dios, los descendientes de Dios son la Iglesia o miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo, y por consiguiente la Iglesia es la casa de Dios, tipificada allá en el sueño que tuvo Jacob.

La casa de Dios tiene una puerta por la cual se entra, y Cristo dijo en una ocasión en San Juan, capítulo 10, verso 9: “Yo soy la puerta, el que por mí entrare, será salvo.” La puerta de la casa de Dios es Cristo; se entra a la casa de Dios para formar parte de esa casa, de esa familia, se entra a través de Cristo que es la puerta, y por consiguiente las personas dentro de esa casa, que son los creyentes en Cristo nacidos de nuevo, son los descendientes de Dios, hijos e hijas de Dios por medio del segundo Adán que es Jesucristo.

Y ahora, sigue diciendo San Pablo:

“Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,

en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor.”

Y ahora, la Iglesia del Señor Jesucristo va creciendo para ser un Templo santo en el Señor, o sea, que está siendo construido ese Templo con piedras vivas que son los creyentes en Cristo.

Y cuando se complete esa casa de Dios, ese Templo espiritual, esa familia celestial, porque son nacidos del Cielo por medio del nuevo nacimiento, y por consiguiente pertenecen a la Jerusalén celestial. Por eso San Pablo dice:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra (¿para qué?), para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.” (Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21).

Y ahora, encontramos que Cristo va a transformar a todos los creyentes en Él nacidos de nuevo, y eso significa que así como Cristo fue glorificado y tiene un cuerpo glorificado, joven y eterno, cada creyente en Cristo como individuo, como Templo espiritual, como persona, va también a ser glorificado.

Cristo en una ocasión dijo: “Destruyan este templo, y en tres días yo lo levantaré.” Las personas le decían: “Este templo fue hecho en 46 años, ¿y tú dices que lo vas a levantar en tres días?” Pero la Escritura dice que Él no hablaba del templo de piedra, sino que hablaba de Su cuerpo. Cuando resucitó entonces Sus discípulos comprendieron de lo que Él estaba hablando: estaba hablando de Su cuerpo, que es Templo de Dios.

Cada creyente en Cristo como individuo es un templo espiritual donde mora Dios, acá en el corazón, en el alma, que es el lugar santísimo de usted como templo espiritual para morada de Dios ahí en su alma, en su corazón; y la Iglesia del Señor Jesucristo como un Cuerpo Místico de creyentes, también es un Templo espiritual.

Ahora, continuemos aquí para terminar esta lectura de Efesios... la lectura que les cité de Jesús como el templo, Su cuerpo como Templo de Dios, está en San Juan, capítulo 2, verso... les voy a dar el verso también para que lo tengan: verso 19 al 22. Y ahora, continuamos aquí en Efesios donde hicimos una parada, dice:

“En quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor.”

Y ahora, está siendo construido ese Templo, siendo edificado, que es la Iglesia del Señor Jesucristo como Templo espiritual, y cada creyente en Cristo también está siendo edificado para Dios morar en toda Su plenitud en cada creyente, y eso va a ser cuando Él glorifique a cada creyente en Él.

Cuando tengamos el cuerpo glorificado, el cuerpo eterno, inmortal, incorruptible y joven para toda la eternidad, Dios estará en cada uno de ustedes y en mí también, morando en toda Su plenitud, habrá glorificado la casa de Su gloria como individuo, a cada uno de los creyentes en Él.

Y en la Iglesia estará morando en toda Su plenitud, porque ya cada miembro de Su Iglesia estará glorificado, Él dijo: “Glorificaré la casa de mi gloria” (Isaías, capítulo 60, verso 7), esa es la meta divina: glorificar Su casa de morada como individuo, que son los creyentes en Cristo, y como Cuerpo Místico que es la Iglesia del Señor Jesucristo, esa es la familia de Dios, la descendencia de Dios.

Ahora, tenemos como nación terrenal la casa de Dios que es el pueblo hebreo, donde Dios moró y donde Dios va a morar en toda Su plenitud, y esto será cuando el Reino de Dios, que es el Reino de David terrenal, sea restaurado al pueblo hebreo, y Dios estará morando en el Mesías en medio del pueblo hebreo en toda Su plenitud. Así será glorificado Israel, así será glorificada Jerusalén, Israel como nación.

Ahora, hemos visto los diferentes aspectos de la glorificación de la casa de Dios; yo quiero ser glorificado lo más pronto posible, porque eso significa la transformación de mi cuerpo para recibir o tener un cuerpo eterno y glorificado y joven, como el cuerpo glorificado que Jesucristo tiene, eso será la adopción, la redención del cuerpo de la cual nos habla San Pablo en Romanos, capítulo 8, versos 14 al 31, la adopción, la redención del cuerpo.

Y esa será la ocasión en que también en cada creyente en Cristo ocurrirá la transformación para los que están vivos, y entonces Dios morará en toda Su plenitud en mí, ¿y en quién más? En cada uno de ustedes también, eso será la glorificación para cada creyente en Cristo.

Así como Jesús fue glorificado, será glorificado cada creyente en Él, y la Iglesia del Señor Jesucristo como Cuerpo Místico de creyentes será glorificada y entonces podrá ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Por eso es que ha estado siendo construido este Templo espiritual: la Iglesia del Señor Jesucristo, sobre la cual Cristo está puesto como Hijo sobre Su casa. Pertenecer a la Iglesia del Señor Jesucristo es el privilegio más grande que una persona tiene como perteneciente a un cuerpo de creyentes.

El apóstol Pedro también decía en Primera de Pedro, capítulo 2, verso 4 en adelante, que somos piedras vivas. Así como Cristo es la piedra del ángulo, la piedra angular, también cada creyente en Cristo es una piedra viva que está colocada en la casa de Dios. Capítulo 2, verso 4 en adelante dice San Pedro:

“Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa,

vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.

Por lo cual también contiene la Escritura:

He aquí, pongo en Sión la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa;

Y el que creyere en él, no será avergonzado.”

Hemos visto que Cristo es esa piedra viva del ángulo, y cada creyente en Cristo es una piedra viva que ha sido colocada en la construcción del Templo de Dios, de ese Templo espiritual que es la Iglesia del Señor Jesucristo.

Vean cómo también dice en Primera de Corintios, capítulo 3, versos 16 al 17 de Primera de Corintios:

“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?”

Como individuos somos Templo de Dios, y el Espíritu de Dios mora en nosotros:

“Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.”

Aquí está claramente que cada creyente en Cristo es Templo de Dios, y los que destruyan el Templo de Dios serán destruidos por Dios. Todas esas persecuciones que han llevado a cabo naciones e individuos en contra de los creyentes en Cristo, será de destrucción para ellos: el que destruya el Templo de Dios, Dios lo destruirá a él. Sea individuo o sea una o más naciones que destruyan el Templo de Dios a través de la historia de la Iglesia de Jesucristo, serán destruidos.

Por eso el juicio de las naciones que Cristo lleva a cabo en San Mateo, capítulo 25, versos 31 al 46, dice a los que entran al Reino del Mesías, al Reino del Señor, dice: “Por cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, o sea, “por cuanto lo hicisteis a uno de estos miembros de mi Iglesia,” que son los hermanos menores de Jesucristo, dice “a mí lo hicisteis,” y entonces entran al Reino del Mesías cuando Él se siente en el Trono de Su gloria, que es el Trono de David, para restaurar el Reino de David.

Pero los que no sirvieron, no ayudaron a estos hermanos menores de Jesucristo, dice el mismo Cristo que serán echados en el fuego, en el fuego o infierno preparado para el diablo y sus ángeles (San Mateo, capítulo 25, versos 31 al 46), o sea, que Cristo va a juzgar a todas las naciones, cuando se siente en el Trono de David que es el Trono del Mesías, para reinar sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones.

Ahora, hemos visto la glorificación del Templo de Dios, la glorificación de la casa de Dios que es puerta del Cielo.

Hemos visto lo que será la glorificación de la Iglesia del Señor Jesucristo, donde está la puerta del Cielo que es Cristo. Él dijo: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí,” porque Él es la puerta al Cielo, Él es el camino y la puerta al Cielo que lleva a la Vida eterna.

“LA CASA DE DIOS Y LA PUERTA DEL CIELO.”

Y es un privilegio grande pertenecer a esa casa, a esa familia: la familia de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo, para lo cual se predica el Evangelio, nace la fe de Cristo en el alma de las personas y dan testimonio público de su fe en Cristo, recibiéndole como su único y suficiente Salvador, lo cual sucedió en mí, ¿y en quién más? En cada uno de ustedes también.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, y al escuchar la predicación del Evangelio de Cristo en estos momentos, en esta ocasión, ha nacido la fe de Cristo, puede dar testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como único y suficiente Salvador.

La fe viene por el oír la Palabra, y con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación, se confiesa a Cristo como único y suficiente Salvador, lo recibe como su Salvador. Para lo cual puede pasar acá al frente y estaremos orando por usted.

Y en las demás naciones que están escuchando en estos momentos, pueden también venir a los Pies de Cristo los que han escuchado, para que queden incluidos en esta oración que estaremos haciendo por todos los que en esta noche reciban a Cristo como único y suficiente Salvador.

Casa de Dios y puerta del Cielo, eso es lo que Cristo es y es la Iglesia del Señor Jesucristo: la casa de Dios y puerta del Cielo. Por eso es tan importante entrar por esa puerta, que es Cristo, puerta que está abierta en la Iglesia del Señor Jesucristo.

Recibir a Cristo como Salvador es Vida eterna para el ser humano, sin Cristo el ser humano no tiene esperanza de vivir eternamente, todos necesitamos a Cristo:

“El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida (dice Cristo en San Juan, capítulo 5, verso 24).”

“...El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.”

El ser humano cuando pecó en el Huerto del Edén, perdió la Vida eterna, murió, aunque continuó viviendo físicamente, y vivió unos 950 años, con todo y eso estaba muerto a la Vida eterna, fue la Vida eterna a la que murió, y le quedó vida temporera que se le acabo a los 900 y algo de años.

Y nosotros al nacer en esta Tierra hemos nacido a esa vida temporera, pero por medio de Cristo nacemos a la Vida eterna, eso es el nuevo nacimiento, nacer a la Vida eterna por medio de Cristo nuestro Salvador. 930 años vivió Adán, pero murió porque la vida que le quedó fue temporera.

Y ahora, por medio del segundo Adán: Jesucristo, somos restaurados a la Vida eterna, por eso esperamos algún día obtener nuestra transformación, y eso será obtener la inmortalidad física, para lo cual recibiremos un cuerpo eterno, inmortal, incorruptible y glorificado, así también sucederá con los creyentes en Cristo que ya murieron físicamente: resucitarán glorificados, resucitarán en un cuerpo eterno, cuerpo inmortal.

Así es como obtendremos la inmortalidad física, obteniendo, pues un cuerpo inmortal; y solamente Cristo es el que tiene esa promesa, esa bendición para todos los creyentes en Él.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo, mientras tanto pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo los que faltan por venir.

Recuerde que es una oportunidad que Dios nos da para entrar al Reino de Dios y vivir eternamente con Cristo en Su Reino eterno. El mismo Cristo dijo:

“Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.” (San Mateo, capítulo 16, versos 26 al 28).

Es importante que despertemos a esta realidad bíblica para poder recibir la Vida eterna por medio de Cristo. La vida no termina cuando el cuerpo físico muere, la vida continúa, la persona continúa viviendo en un cuerpo espiritual de otra dimensión, pasa a otra dimensión, pero pasa a otra dimensión buena o mala, de acuerdo a como haya elegido en esta Tierra.

Si eligió a Cristo como Salvador, pues pasa al Paraíso cuando muere su cuerpo físico, y volverá a la Tierra en un cuerpo glorificado y eterno en la resurrección de los muertos en Cristo, y esa bendición es exclusivamente para los creyentes en Cristo.

Cristo dijo: “El que vive y cree en mí, aunque esté muerto vivirá; y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente,” eso está en San Juan, capítulo 11, versos 25 al 26, que fue la conversación que tuvo Cristo con Marta la hermana de Lázaro, cuando Cristo fue a resucitar a Lázaro.

Cristo dijo en San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40 que todo aquel que cree en Él, no morirá eternamente, Él dice que lo va a resucitar, y aun Él dice el tiempo en que lo va a resucitar. Dice:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

¿Qué es el Día Postrero? El séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá, porque un día delante del Señor es como mil años para los seres humanos, eso lo dice San Pedro, en Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8 y el Salmo 90, verso 4.

Así que, el Día Postrero es el séptimo milenio de Adán hacia o tercer milenio de Cristo hacia acá; en ese séptimo milenio es que Cristo va a resucitar a todos los creyentes en Él.

Al decir el Día Postrero, es el milenio postrero de Adán hacia acá, o de los días postreros que es de los milenios postreros, que son el quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio, en el Día Postrero, tercer milenio de Cristo hacia acá es que Él va a resucitar a los creyentes en Él y transformar a los que estén vivos creyentes en Él.

Pero no sabemos en qué año de ese milenio postrero, ojalá y sea en el primer siglo, y que sea en el primer tercio de ese primer siglo, ¿por qué? Porque entonces estaríamos aquí en la Tierra todavía y entonces seríamos transformados.

Estamos ya al final del tiempo, conforme al calendario gregoriano ya estamos dentro del séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá, lo cual significa que ya estamos en el Día Postrero.

Todavía pueden continuar viniendo las personas que faltan por venir, y los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo.

Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, los que están presentes y los que están en otras naciones, los que han venido a los Pies de Cristo repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo en el cual podemos ser salvos, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego y produzcas en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer de nuevo, quiero nacer en la Vida eterna y en Tu Reino eterno, sálvame Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. El bautismo en agua es tipológico, Cristo dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible.” El mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista, cuánto más nosotros necesitamos ser bautizados; es un mandamiento del Señor que ha estado siendo obedecido desde el tiempo de los apóstoles hasta nuestro tiempo, porque en el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

El bautismo en agua, les dije que es tipológico. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando es sumergido en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Dejo con ustedes al reverendo Noel Nonato, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“LA CASA DE DIOS Y PUERTA DEL CIELO.”

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