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Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes, y todos los ministros presentes y ministros que se encuentran en otras naciones; y también todos los creyentes en el Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob, todos los creyentes en el Dios Creador de los Cielos y de la Tierra.

Quiero expresarle un saludo y un feliz cumpleaños al reverendo Neftalí Díaz de San Félix, Venezuela. Que Dios te bendiga, Neftalí, te prospere espiritualmente y te use siempre grandemente en Su Obra en este tiempo final, junto a tu familia y a la congregación que Dios te ha dado para pastorear. Dios te bendiga, y continúes pasando un feliz cumpleaños.

Para esta ocasión leemos en el libro del Apocalipsis, el último libro de la Biblia, en el cual tenemos —en estos símbolos apocalípticos— eventos y personajes que estarían presentes en la historia de la raza humana.

Leemos en el libro del Apocalipsis, capítulo 8, verso 1 al 5. Vamos a leer. Dice:

“Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora.

Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas.

Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono.

Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos.

Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“SIENDO BENDECIDOS CON EL CUMPLIMIENTO DE LA MEDIA HORA DE SILENCIO EN EL CIELO.”

Este Libro sellado con siete sellos que aparece en Apocalipsis, capítulo 5, verso 1 en adelante, dice:

“Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos.

Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?

Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo.

Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo.

Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.”

Este Libro sellado con siete sellos, que se encuentra en la diestra del que está sentado en el Trono —o sea, de Dios— es el Título de Propiedad de los Cielos y de la Tierra, es el Libro de la Redención, donde están escritos los nombres de todas las ovejas del Padre, que le serían dadas al Mesías, a Cristo, para que las buscara y les diera vida eterna, para que las buscara y las salvara, conforme a San Lucas, capítulo 19, verso 10, donde dice Cristo: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”

Este Libro contiene los nombres de todas esas personas. Es el Libro de la Vida del Cordero, es el Libro de la Vida, es el Título de Propiedad de la vida eterna, es el Título de Propiedad de toda la Creación; por eso es tan importante ese Libro que está en el Cielo.

Adán lo tuvo en una ocasión, pero lo perdió cuando Adán y Eva pecaron contra Dios siguiendo lo que la serpiente les dijo o les recomendó; escucharon la voz de la serpiente a través de la cual el diablo les estaba hablando, y entonces siguieron la voz del maligno y no se mantuvieron con lo que Dios le había dicho a Adán, pues Dios le había dicho que el día que comiera del árbol de la ciencia del bien y del mal, ese día moriría; moriría a la vida eterna, la cual tenía, y solamente le quedaría vida temporera que se le acabaría en cierta etapa de su vida terrenal.

Por cuanto pecó Adán y Eva, perdieron la vida eterna y solamente les quedó vida temporera, que es lo que le ha dado o le han dado a su descendencia como herencia: vida temporera.

Ahora, en este Libro sellado con siete sellos está, en todos estos símbolos apocalípticos, todo lo que sería la historia de la raza humana, y sobre todo, de Cristo hacia acá.

Ahora, estos Sellos contienen el misterio de las cosas que sucederían a través de estos dos mil años y algo más; o sea, esto llega hasta la eternidad, las cosas que sucederían. Por eso encontramos estos símbolos en cada uno de estos Sellos apocalípticos, pero esos símbolos tienen un significado, y ese significado está ligado a la historia de la familia humana.

Y ahora, estos Sellos se irían cumpliendo, o sea, el contenido de estos Sellos se materializaría en la historia de la raza humana, se irían cumpliendo en estos Sellos, o el cumplimiento de ellos tendría bendición divina para todos aquellos que siguieran el camino de Dios, pero también estarían juicios divinos que vendrían sobre los que no seguirían el camino de Dios.

Encontramos ahí también las persecuciones a las cuales serían sometidos tanto los hebreos o judíos, como también el cristianismo; encontramos también guerras, encontramos grandes conflictos que serían manifestados en medio de las naciones.

Ahora, este Libro mientras está en la diestra del que está sentado en el Trono, se iría cumpliendo, pero la mayor parte de las personas no comprenderían lo que estaría sucediendo en medio de la raza humana, porque no comprenderían estos misterios que están en diferentes símbolos en el libro del Apocalipsis.

Luego que se cumplen estos Sellos en la Tierra, luego que Cristo, el cual ha estado como Sumo Sacerdote en el Cielo haciendo intercesión con Su propia Sangre, la Sangre del Nuevo Pacto, por todos aquellos que lo recibirían como su único y suficiente Salvador, cuando haya entrado hasta el último escrito en el Libro de la Vida del Cordero, al Cuerpo Místico de Cristo, se habrá completado la Iglesia del Señor Jesucristo, se habrá completado el Templo espiritual de Dios, que es la Iglesia del Señor Jesucristo que forma el Lugar Santo y el Lugar Santísimo.

Y la Iglesia del Señor Jesucristo está compuesta por gentiles y por judíos también; comenzó con judíos porque la salvación viene de los judíos, y aun el Salvador tenía que venir de los judíos. Eso fue lo que le dijo Jesucristo a la mujer samaritana:

“Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos.”

Capítulo 4 de San Juan [verso 22].

Y ahora, la salvación para toda la humanidad viene de los judíos, porque es el pueblo llamado por el mismo Dios: “Israel es mi hijo, mi primogénito.”

Por lo tanto, viene la Bendición de la Primogenitura: de Israel, viene la bendición del Mesías: de Israel, y todas las bendiciones que trae el Mesías para todos los que lo recibirían como su Salvador.

Ahora, hablando de este Séptimo Sello que está abierto en el Cielo, el último de los siete sellos con los cuales está sellado este Libro… Recuerden que en aquellos tiempos en que el Ángel le reveló a Juan el apóstol este Libro, en aquel tiempo los libros eran en forma de rollos, así.    Por eso la Torá en las sinagogas, ustedes la pueden ver cuando la sacan del lugar donde la tienen, y encontrarán que es un rollo pero parecen ser dos; es que de uno enrollan hacia el otro, es uno solo.

Ahora, este Libro de los siete sellos está sellado, y por consiguiente pues no está abierto. Tiene cada uno de esos Sellos el contenido, y está sellado; pero en el Sello, cuando es abierto el Sello, ahí se ve el símbolo, está en forma de símbolo el contenido ahí; y tiene Dios que revelar su contenido.

En el Cielo es abierto este Libro por el Cordero, que se convierte en el León de la tribu de Judá. Juan lloraba mucho en el Cielo porque no fue hallado ninguno digno, ni en el Cielo ni en la Tierra ni debajo de la Tierra, de tomar ese Libro y abrirlo o de leerlo, ni aun de leerlo; y Juan lloraba mucho; porque si este Libro no es tomado por una persona digna para hacerlo y que está reconocida digna por el mismo Dios, toda la Creación regresará a lo que era antes de la Creación: a la nada. Y eso, solamente pensarlo trae tristeza a cualquier persona, y más a una persona como Juan el apóstol.

Es como cuando apareció Jesús, tuvo Su ministerio, y cuando llegó cierto momento en que Él fue al monte allí, a los Olivos, al Huerto de los Olivos, y orando allí Él decía:

“Señor, Padre, si quieres, pasa de mí esta copa (si es posible); pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.” [San Lucas 22:42]

Si Jesús no tomaba esa copa (o sea, tomaba nuestros pecados, se hacía mortal y moría en la Cruz del Calvario): la raza humana tenía que morir; y solamente quedaría Él viviendo en el planeta Tierra. Eso Él lo muestra en San Juan, capítulo 12, verso 24, cuando dice: “Si el trigo no cae en tierra y muere, él solo queda; pero si cae en tierra y muere, mucho fruto lleva.”

Cristo es el grano de trigo, la simiente original. Recuerden que Cristo representó en el trigo a los hijos del Reino, y Cristo es el que siembra el trigo. Es Cristo el grano de trigo, el Hijo de Dios que tenía que morir para traer a existencia la Iglesia, que viene a ser la planta de trigo y viene a ser también la segunda Eva, porque Cristo es el segundo Adán, el postrer Adán.

Y así como Dios le dio a Adán una compañera idónea, la cual Él sacó del mismo Adán para que se reprodujera, se multiplicara en muchos hijos e hijas de Dios, porque Adán es un hijo de Dios; y ahora, el segundo Adán recibe una compañera idónea, que es Su Iglesia, para reproducirse en muchos hijos e hijas de Dios; así como al grano de trigo que es sembrado le es dada una compañera: una planta de trigo, para —la vida del grano de trigo— reproducirse en muchos granos de trigo.

Y ahora, la Vida de Cristo, el grano de trigo, es el Espíritu Santo, el cual se está reproduciendo en muchos hijos e hijas de Dios en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo, a través de la Iglesia del Señor Jesucristo; y así es como se ha estado produciendo el nuevo nacimiento de millones de seres humanos que han recibido a Cristo como único y suficiente Salvador.

Ahora, a través de todas estas etapas del cristianismo, encontramos que se han estado cumpliendo estos Sellos contenidos en este Libro o Título de Propiedad, Título de Propiedad de la vida eterna y Título de Propiedad de toda la Creación.

Adán lo perdió y regresó a la diestra de Dios, que es el dueño original; y en Su diestra ha estado por miles de años. Digamos, unos seis mil años en la diestra de Dios: desde que Adán, al cual le fue otorgado, lo perdió, le fue quitado. Porque el que tenga ese Título de Propiedad vivirá eternamente y será el Rey del planeta Tierra, porque es el Título de Propiedad del planeta Tierra, de la vida eterna y de toda la Creación.

Y ahora, en el Cielo ha estado en el Trono, o en el que está sentado en el Trono, porque el rey es el que tiene que tener el título de propiedad para gobernar.

Y ahora, ese Título de Propiedad en el Cielo, tiene que ser abierto cuando Cristo concluya Su Obra de Intercesión en el Cielo, en el lugar de Intercesión. O sea, cuando complete Su Iglesia, entonces Cristo saldrá del Trono del Padre, del lugar de Intercesión, y tomará el Título de Propiedad; por lo cual se está pidiendo que una persona se presente y tome ese Título de Propiedad: “¿Quién es digno de tomar el Libro y abrir sus Sellos?”  Es la pregunta de Apocalipsis, capítulo 5 [verso 2]:

“¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?”

Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, era digno de tomar ese Libro y abrirlo, ni aun de mirar el Libro. Y por eso Juan lloraba mucho. Pero el anciano le dice a Juan:

“No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.”

Y ahora, es Cristo en el Cielo al que le corresponde tomar ese Libro y abrirlo luego que Él ha completado Su Iglesia.

A través de la historia de la raza humana se han estado cumpliendo estos símbolos contenidos en este Libro sellado con siete sellos; y para este tiempo final corresponde la apertura de ese Título de Propiedad. Por consiguiente, en el Cielo se estará llevando a cabo un evento muy importante, que tendrá que ver con el futuro de la raza humana.

Cuando Cristo toma ese Título de Propiedad, ya no es Cordero ni Sacerdote; es el León de la tribu de Judá, Rey de reyes y Señor de señores. Y luego que lo toma y lo abre en el Cielo, luego se convierte, el Trono del Padre, el Trono de Intercesión en donde Cristo estaba como Sumo Sacerdote, se convierte en un Trono de Juicio; y entonces, desde ese Trono será efectuado el juicio sobre todas las naciones y sobre todos los seres humanos, sobre todos aquellos que no le dieron importancia a la salvación y vida eterna por medio de Cristo.

Ahora, hay algo muy importante en ese Libro y el tiempo para ser abierto. Para ser abierto, ya esos Sellos tienen que tener su historia; y por consiguiente, el cumplimiento de esos Sellos a través de la historia, para millones de seres humanos ha traído bendición y vida eterna; han sido bendecidos millones de seres humanos en el cumplimiento de esos Sellos; para los creyentes en el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, para los creyentes en el Dios Creador de los Cielos y de la Tierra.

Y cuando es abierto el Séptimo Sello en la Tierra, hay una bendición muy grande para todos los creyentes en el Dios Creador de los Cielos y de la Tierra.

En ese tiempo de la apertura de ese Séptimo Sello, se estará viviendo un momento muy importante en el Cielo y por consiguiente en el planeta Tierra; y por consiguiente, ya tendrá historia ese Séptimo Sello.     Y la historia de ese Séptimo Sello es el misterio del Séptimo Sello, el misterio de la Venida del Señor.

Será un tiempo de muchas bendiciones espirituales para la familia humana, será un tiempo en que los seres humanos podrán conocer al Dios Creador de los Cielos y de la Tierra. Dice la Escritura que “la Tierra será llena del conocimiento de la gloria del Señor, como las aguas cubren el mar.” Habacuc, capítulo 2, verso 14, e Isaías, capítulo 11, verso 9.

Será bajo la revelación o cumplimiento del Séptimo Sello, que vendrá todo ese conocimiento de la gloria de Dios para los seres humanos; y se llegará a cierto momento en que el conocimiento será tan grande que todos van a conocer y a ver la Venida del Señor, van a saber lo que será la Venida del Señor.

Así como los discípulos del Señor Jesucristo llegaron a saber en su tiempo, y sobre todo después del Día de Pentecostés, lo que era la Venida del Señor; pero aún estando con Jesús, antes del Día de Pentecostés, en el ministerio de Jesús por tres años y medio, los apóstoles, los discípulos del Señor, todas aquellas personas que lo seguían, supieron que se estaba viviendo en la Venida del Mesías.

Así será para los creyentes en el Dios Creador de los Cielos y de la Tierra en este tiempo final: van a estar conscientes; como estaban allá los apóstoles conscientes de que la aparición de aquel joven llamado Jesús era la Venida del Mesías para quitar el pecado del mundo.

Vino un precursor llamado Juan el Bautista, con el espíritu y virtud de Elías; y luego del precursor y aún en el tiempo del precursor, apareció un joven llamado Jesús, un carpintero de Nazaret; y ése era el Mesías.

Juan dice que el que lo mandó bautizar le dijo que sobre el cual él viera el Espíritu Santo descender en forma de paloma y permanecer sobre Él, ése era el Mesías, ésa era la persona al cual él le estaba preparando el camino.

Y cuando bautizó a Jesús, vio el Espíritu Santo en forma de paloma venir sobre Jesús, y entonces dijo que Éste era Aquel del cual él había dicho que después de él vendría uno mayor que él y que era primero que él, el cual les bautizaría con Espíritu Santo y Fuego; y por consiguiente produciría el nuevo nacimiento en las personas, traería esa transformación interior en los seres humanos, traería esa adopción espiritual, traería la adopción o redención en la esfera espiritual.

Y luego, para la Segunda Venida del Señor, conforme al cristianismo, vendrá la redención del cuerpo, que es la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos glorificados, y la transformación de los que estén vivos en ese tiempo en que ocurrirá la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos glorificados. Y entonces todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo, los que murieron y los que estén vivos que serán transformados, serán inmortales: tendrán un cuerpo nuevo, eterno, inmortal, incorruptible, glorificado y joven para toda la eternidad.

Para esa transformación física y resurrección de los muertos en Cristo, el Séptimo Sello estará siendo cumplido en este planeta Tierra. El Séptimo Sello es la Venida del Señor en el Día Postrero. Y después que esté cumplido en la Tierra, ese misterio luego se abrirá en el Cielo, y se cumplirá Apocalipsis, capítulo 8.

O sea, que habrá un lapso de tiempo en la Tierra en que el Séptimo Sello se estará cumpliendo, aún sin estar abierto el Séptimo Sello en el Libro sellado con siete sellos; sin todavía estar abierto ese Séptimo Sello en el Cielo, en la Tierra va a estar el cumplimiento del Séptimo Sello.

Recuerden que los Sellos y el Libro de los Siete Sellos es abierto después que ya se han cumplido esos Siete Sellos, esos misterios que están ahí contenidos, y luego que Cristo como Sumo Sacerdote ha terminado Su labor en el Cielo y luego sale del lugar de Intercesión, como el sumo sacerdote hacía el día diez del mes séptimo de cada año, allá en el tabernáculo que construyó Moisés y luego en el templo que construyó el rey Salomón y en los demás templos que vinieron después de ese templo, que fueron restauraciones del templo en una forma o en otra forma.

Y ahora, estamos viviendo en un tiempo muy, pero que muy importante. El reverendo William Branham dijo algo muy importante que no debe ser pasado por alto por el cristianismo, y tampoco debe ser pasado por alto por el judaísmo y por ninguna religión.

Dice en el libro de “Los Sellos,” en este mensaje o este libro que contiene las conferencias dictadas por el reverendo William Branham, dice en la página 472 en español, en esta versión, dice:

“Noten bien el Mensaje del tiempo del fin (este Sello)...”

¿Qué Sello? El Séptimo Sello. ¿Cuál es el Mensaje del tiempo del fin? El Séptimo Sello.

“Él nos ha revelado los seis sellos, pero no dice nada del séptimo. El Sello del tiempo del fin, cuando empiece (o sea, cuando comience) será algo completamente secre­to, según la Biblia.”

“El Sello del tiempo del fin, cuando comience será algo secreto completamente según la Biblia.” Y el Séptimo Sello es la Venida del Señor.

La Primera fue un secreto para muchas personas, no para todas. Y la Venida del Hijo del Hombre para el Día Postrero está anunciada como un secreto, a tal grado que el mismo Jesús dijo, hablando de la Venida del Hijo del Hombre, que ni los ángeles saben cuándo será el día y la hora en que el Hijo del Hombre se manifestará. [San Mateo 24:36] Y aun Jesús mismo no sabía hasta que murió y resucitó glorificado.

Así que es el misterio más grande de todos los misterios de la Biblia: la Segunda Venida del Señor o la Venida del Señor en el Día Postrero, el Séptimo Sello. Ahora vean, será un secreto completamente cuando comience.

“Pero antes de conocer eso... Recuerden Apocalipsis 10:1-7: que al fin del mensaje del séptimo ángel, TO­DOS los misterios de Dios serían conocidos. Estamos en el tiempo del fin, la apertura del Séptimo Sello.”

Ahora, recuerden que una cosa es la apertura del Séptimo Sello en el Cielo, cuando Cristo como León de la tribu de Judá toma el Título de Propiedad, el Libro sellado con siete sellos y lo abre en el Cielo. El contenido de esos Sellos, viene a ser lo que ha sido la historia en medio de la raza humana durante diferentes lapsos de tiempo o edades.

Así que, el Séptimo Sello tendrá una historia como los demás Sellos, y tiene que ser abierto en el tiempo en que esté al final de su historia.

Ahora, ya vimos... Vean dice:

“El domingo pasado, hace una semana hoy, cuando estaba predi­cando sobre: ‘Sed humildes, sed humildes, recuerden que Dios obra en cosas pequeñas,’ en verdad no me daba cuenta de lo que estaba hablando, pero ahora lo veo bien. Será de una manera tan humilde (será de una manera tan humilde, una manera humilde). Uno pensaría que una cosa tan tremenda sería revelada allá en el Vaticano, pero más bien viene como vino Juan el Bautis­ta.”

¿Cómo vino Juan el Bautista? Vino como el Elías que tenía que venir en aquel tiempo, vino como un profeta.

“Viene como el nacimiento de nuestro Señor, ¡allá en un esta­blo! ¡GLORIA A DIOS! ¡La hora está a la mano! ¡Aquí esta­mos! ¡Oh hermano!”

Y ahora, viene el Séptimo Sello, la Venida del Señor. ¿Cómo viene? Como vino Juan el Bautista y como vino Jesús allá en Belén de Judea; o sea, ahí están los tipos y figuras, porque el Hijo del Hombre viene con Sus Ángeles; por eso aparece Cristo allá en el Monte de la Trasfiguración, transfigurado, y a cada lado Suyo Moisés y Elías, los Ángeles del Hijo del Hombre.

Por eso también dice el reverendo William Branham que la Séptima Trompeta (que son Moisés y Elías) y el Séptimo Sello, son o es la Venida del Señor. ¿Cómo puede ser, la Séptima Trompeta (o sea, Moisés y Elías, los Dos Olivos) y el Séptimo Sello (la Venida del Señor), lo mismo? Sencillo, porque viene con Sus Ángeles. Y ahora, ahí hay un misterio que lo dejamos quieto por el momento.

Ahora, veamos un poco más acerca de esto para tener un cuadro más claro; no va a ser abierto completamente este misterio, pero vamos a verlo aquí un poco más: Página 464 y 465 del libro de “Los Sellos,” dice:

“Pedimos que el Dios del Cielo nos ayude, es mi ora­ción. Debemos recordar que este Séptimo Sello es el fin del tiempo de todas las cosas. Correcto. Las cosas escritas en el Libro de la Redención, sellado desde antes de la fundación del mundo con siete sellos, todo termina.”

Ahora vean, este Libro de los Siete Sellos fue escrito desde antes de la fundación del mundo, porque es el Título de Propiedad de todo lo que Dios iba a crear, es el Título de la vida eterna.

“Las cosas escritas en el Libro de la Redención, sellado desde antes de la fundación del mundo con siete sellos, todo termina. Es el fin de este mundo agitado, el fin de la naturaleza agitada y es el fin de todo. En eso también encontramos el fin de las Trompetas, de las Copas, de la tierra; y aun es el fin del tiempo. El tiempo termina, así nos lo dice la Biblia en Apoca­lipsis 10:1-7, donde el Ángel dijo: ‘El tiempo no será más.’ Y eso será en el día cuando este gran evento suceda. Allí todo termina.”

Recuerden, termina el tiempo de redención.

“Al final de este Séptimo Sello es el fin de la edad de la Iglesia; es el fin del Séptimo Sello (ahora vean, es el fin también del Séptimo Sello); es el fin de las Trompetas, es el fin de las Copas y aun es el fin de la entrada al Milenio. Todo eso es contenido en el Séptimo Sello.”

Y sigue ahí mencionando que es como un cohete; de esos cohetes que disparan en navidades y en fiestas y aniversarios de las naciones, a ese tipo de cohetes es que se refiere, esos fuegos artificiales. Dice:

“Así es el Séptimo Sello. Allí termina el tiempo para el mundo. Es el fin del tiempo para esto y aquello y todas las cosas (o sea, para todas las cosas). Todo termina con el Séptimo Sello. Ahora, ¿cómo lo va a hacer Dios? Eso es lo que no sabemos, no lo sabemos. En esto será el tiempo para todas estas cosas y la entrada del Milenio.

Ahora, noten que la apertura de este Sello fue tan tremenda que hasta los Cielos mismos fueron silenciados por este evento por el tiempo de media hora. Ahora, ¿es tremendo? ¿Qué es? No hubo nada que se moviera por ese tiempo.”

En el Cielo hubo silencio y todo estuvo quieto; pero primero tiene que cumplirse en la Tierra el Séptimo Sello, como los demás Sellos han estado siendo cumplidos en la Tierra.

Así como con el cumplimiento de cada uno de los Sellos pasados, en la esfera espiritual de parte de Dios hubo bendición para los que amaban a Dios y servían a Dios, para este tiempo también será así para los creyentes del Creador de los Cielos y de la Tierra; y por consiguiente, estarán siendo bendecidos con el cumplimiento de la media hora de silencio en el Cielo.

O sea, con lo que causa la media hora de silencio en el Cielo, la apertura de ese misterio, con toda esa manifestación del Séptimo Sello que estará cumpliéndose en la Tierra, seremos bendecidos: recibiremos la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Los Siete Truenos del Ángel Fuerte que desciende del Cielo, que clama como cuando un león ruge y siete truenos emiten sus voces, en Apocalipsis, capítulo 10, verso 1 en adelante; esos Siete Truenos es la Voz de Cristo clamando, hablando como Rey, como León de la tribu de Judá.

Y así será Su Mensaje para la raza humana en este tiempo final: estará hablando como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, porque Él viene para llevar a cabo Su Obra de Reclamo, viene para revelarle a Su pueblo, a Su Iglesia, estos misterios; y darle así la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Por lo tanto, estamos viviendo en un tiempo que habrá muchas bendiciones, grandes bendiciones para todos los creyentes en el Señor Jesucristo, en el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, en el Dios Creador de los Cielos y de la Tierra; y la Tierra va a ser llena del conocimiento de la gloria de Dios, como las aguas cubren el mar, en este tiempo final. “Y el Señor será uno, y uno Su Nombre. Y el Señor será Rey sobre toda la Tierra.” Zacarías, capítulo 14, verso 9.

Por lo tanto, hay grandes bendiciones para la familia humana en este tiempo final, y serán notificadas a los seres humanos por medio de la Palabra de Dios.

Vean aquí. Nos dice el mismo Jesús en San Mateo, capítulo 24, verso 14: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.”

La señal del fin va a ser vista: la predicación del Evangelio del Reino a todas las naciones, para testimonio a todas las naciones.

Jesucristo y Juan el Bautista predicaban el Evangelio del Reino, del Reino de Dios; por eso hablaban del Reino de Dios que sería establecido en la Tierra. Luego que fue rechazado Cristo, luego el Día de Pentecostés se comenzó a predicar el Evangelio de la Gracia, el Evangelio de nuestra salvación, el Evangelio de la paz. Para este tiempo final se volverá a predicar el Evangelio del Reino en el Día Postrero.

En Apocalipsis, capítulo 14, versos 6 al 7, dice:

“Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo,

diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.”

Este mensajero... Recuerden que “ángel” significa: “mensajero.” Este mensajero viene predicando el Evangelio Eterno a todos los moradores de la Tierra. Por lo tanto, tiene que ser una persona, un hombre, que aparezca en esta Tierra predicando el Evangelio Eterno a los moradores de la Tierra. Para predicar el Evangelio a los moradores de la Tierra, tiene que estar en la Tierra. Y vean su Mensaje, dice:

“Diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria...”

Enseñando a la gente a temer a Dios y a darle gloria a Dios, a adorar a Dios.

“...porque la hora de su juicio ha llegado...”

Y viene también anunciando que el tiempo para el juicio divino sobre la raza humana ha llegado. Estará dando a conocer los juicios divinos que han de venir sobre la raza humana, como anunció Moisés los juicios divinos que vendrían sobre Egipto, y como anunciaron los profetas los juicios divinos que vendrían sobre el pueblo hebreo y también sobre otras naciones. O sea, que viene profetizando los juicios divinos que han de venir sobre la humanidad.

Por lo tanto, será un profeta dispensacional, que es la clase de profeta más grande que Dios tiene, de los cuales solamente tiene siete profetas dispensacionales:

Adán para la Dispensación de la Inocencia.

Set para la Dispensación de la Conciencia.

Noé para la Dispensación del Gobierno Humano.

Abraham para la Dispensación de la Promesa.

Moisés para la Dispensación de la Ley.

Jesús para la Dispensación de la Gracia.

Y ese mensajero con el Evangelio del Reino, con el Evangelio Eterno, para la Dispensación del Reino.

Su Mensaje será con el cual será llena la Tierra, la humanidad, del conocimiento de Dios. Su Mensaje será el Mensaje de Dios para la Dispensación del Reino, y por consiguiente para el Reino de Dios que va a ser establecido en la Tierra, lo cual será la restauración del Reino de David. Ese Mensaje del Evangelio del Reino, será el Mensaje para esa Dispensación del Reino de Dios en la Tierra.

Y por consiguiente, habrá grande bendición para los seres humanos que estarán escuchando la predicación del Evangelio del Reino, del Evangelio Eterno, por ese mensajero que Dios enviará a este planeta Tierra; y así estaremos siendo bendecidos con el cumplimiento de la media hora de silencio en el Cielo; o sea, con el contenido, con lo que contiene ese Séptimo Sello que causa silencio en el Cielo como por media hora. Lo cual se estará cumpliendo antes de que sea abierto en el Cielo ese Séptimo Sello y antes de que sea abierto ese Título de Propiedad, y antes de que sea tomado de la diestra de Dios por el Mesías, por Cristo como León de la tribu de Judá; antes que lo tome en el Cielo, el Séptimo Sello se va a estar cumpliendo en la Tierra. Tan simple como eso.

Y luego se llegará a una etapa culminante, en donde el poder de Dios en toda Su plenitud estará manifestado en medio de Su pueblo, con la adopción de todos los hijos e hijas de Dios, obteniendo la inmortalidad al ser resucitados en cuerpos eternos y glorificados, y los vivos en Cristo siendo transformados; y obteniendo la inmortalidad, y por consiguiente la vida eterna física, que es lo que nos falta; porque tenemos vida eterna en nuestra alma y nuestro espíritu, y nos falta la vida eterna física, que será la adopción o redención del cuerpo.

Esa bendición está dentro del misterio del Séptimo Sello, dentro del misterio de la Venida del Señor, porque Él viene para resucitar a los muertos creyentes en Él y transformar a los vivos creyentes en Él.

Por eso es que San Pablo en Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, versos 13 al 17, nos habla de la Venida del Señor con Aclamación, Voz de Arcángel y Trompeta de Dios; y dice:

“Y los muertos en Cristo resucitarán primero.

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.”

Y en Primera de Corintios, capítulo 15, verso 49 al 58, nos dice:

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos (o sea, no todos vamos a morir); pero todos seremos transformados,

en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos (en Cristo) serán resucitados incorruptibles (o sea, en cuerpos eternos, en cuerpos glorificados, igual al cuerpo glorificado de Jesucristo), y nosotros (los que vivimos) seremos transformados.”

Esa es la promesa de la cual habla San Pablo en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58. Y como confirmación de que esto es así, dice en Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Nuestra ciudadanía ¿dónde está? En el Cielo. Es que tenemos doble ciudadanía: la ciudadanía terrenal por nuestro nacimiento terrenal que obtuvimos a través de nuestros padres, y hemos nacido en alguna nación y tenemos la ciudadanía de esa nación. Pero el nuevo nacimiento es del Cielo, y por consiguiente nuestra ciudadanía, que corresponde a la del nuevo nacimiento, es celestial, es de la Jerusalén celestial; por eso pertenecemos a la Jerusalén celestial, estamos en lugares celestiales con Cristo Jesús Señor nuestro, sentados en lugares celestiales.

Así que, viendo que nuestra ciudadanía es del Cielo, entonces levantemos nuestras cabezas al Cielo porque nuestra redención está cerca; o sea, nuestra transformación está cerca; y la resurrección de los muertos en Cristo está cerca también.

Nuestra redención está cerca, nuestra adopción, que será la transformación nuestra, en donde obtendremos el cuerpo eterno y glorificado y joven, como el cuerpo glorificado de Cristo nuestro Salvador, el cual está tan joven como cuando subió al Cielo; y lo vamos a ver; cuando tengamos el cuerpo glorificado entonces lo vamos a ver.

Por tanto, para este tiempo final la promesa es que estaremos siendo bendecidos con el cumplimiento de la media hora de silencio en el Cielo, estaremos siendo bendecidos con todo el misterio que causa silencio en el Cielo como por media hora.

Todavía ese silencio en el Cielo no ha ocurrido, pero va a ocurrir. Primero se tiene que cumplir el contenido del Séptimo Sello, y luego se abre en el Cielo y se da a conocer la historia del Séptimo Sello, como sucede con los otros Sellos; y entonces se da a conocer la historia en el Cielo a los ángeles y a todos los creyentes en Cristo que están en el Cielo (porque partieron de la Tierra, murieron, y están en el Paraíso, en la sexta dimensión), y a todos los santos del Antiguo Testamento que resucitaron con Cristo, que están en el Cielo también, la noticia.

Con la apertura del Séptimo Sello en el Cielo causa un silencio total, porque nadie sabía, nadie conocía ese misterio; y luego es abierto en el Cielo dándose a conocer lo que era ese Séptimo Sello, lo que era la Venida del Señor, la Venida del Hijo del Hombre.

Todos necesitamos las bendiciones que están prometidas para ser dadas en el cumplimiento de lo que Él ha prometido para este tiempo final.

Yo necesito esas bendiciones. ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también, y de ustedes que están en otras naciones.

Hemos llegado al tiempo más glorioso del Programa Divino, hemos llegado a la Edad de Oro del Reino de Dios, hemos llegado a la Edad de Oro del cristianismo; hemos llegado al tiempo en que de un momento a otro se va a completar la Iglesia del Señor Jesucristo, y Cristo cambiará de Sumo Sacerdote a Rey, de Cordero a León, y comenzará una nueva etapa en el Programa Divino, para el reclamo de todo lo que Él ha redimido con Su Sangre preciosa.

Reclamará a todos los que Él con Su Sangre ha limpiado de todo pecado y los restaurará a la vida, pero no a la vida física temporera, sino a la vida eterna; y reclamará el Reino de David, que es el Reino de Dios en la Tierra; porque Él es el heredero del Trono de David y Reino de David, porque Él es el Hijo de David; y también, por cuanto Él es el Hijo del Hombre, Él es el heredero al Reino del planeta Tierra completo; y Él también es, como Hijo de Dios, el heredero de los Cielos y de la Tierra. Cada uno de esos títulos de hijo: Hijo del Hombre, Hijo de David, Hijo de Dios, y así por el estilo, tiene una herencia.

Así que, conscientes de estas cosas y de que este Séptimo Sello contiene el misterio de la Venida del Señor para el Día Postrero —misterio que no conocían los ángeles y que será abierto en este tiempo final y que traerá grandes bendiciones para todos los hijos de Dios— entonces levantamos nuestras cabezas al Cielo porque nuestra redención está cerca.

Ya yo lo recibí como mi Salvador y Él me ha asegurado en Su Reino. Él es el que nos asegura a nosotros. Solamente podemos estar asegurados con Cristo en Su Reino eterno, y por consiguiente en la vida eterna.

¿Y quién más ha asegurado su futuro eterno con Cristo? Cada uno de ustedes también, que están aquí presentes y también los que están en otras naciones.

Si hay alguno que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador para tener seguro su futuro eterno, puede hacerlo en estos momentos, y estaremos orando por usted.

Pueden pasar acá al frente, y en cada nación también pueden pasar al frente, allá en el auditorio o iglesia donde ustedes se encuentren, o templo donde ustedes se encuentren, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que están recibiendo a Cristo como su único y suficiente Salvador.

Dios tiene mucho pueblo en esta nación de Chile, y los está llamando para colocarlos en Su Reino, en Su Redil. Ustedes están escuchando la predicación del Evangelio de Cristo porque el nombre de ustedes está escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida, y por esa causa Dios les guió para estar en esta ocasión escuchando la predicación del Evangelio de Cristo.

Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, para que Cristo les reciba en Su Reino, pues Cristo dijo:

“Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.” [San Mateo 19:14]

Dios tiene mucho pueblo en esta ciudad y en toda la nación de Chile. Cuando Dios bendice a Sus hijos, a Su pueblo, por consiguiente también está bendiciendo a la nación donde ellos están viviendo.

Por lo tanto, para toda nación, tener personas creyentes en el Dios Creador de los Cielos y de la Tierra, personas creyentes en Cristo, es una bendición muy grande para las naciones. La oración de esos creyentes en Cristo por su nación, llega a la presencia de Dios, y Dios envía bendición para su nación; pues todos queremos que Dios bendiga nuestras naciones. Todos queremos que Dios bendiga a Chile, que Dios bendiga a Paraguay, que Dios bendiga a la Argentina, que Dios bendiga a Uruguay, que Dios bendiga a Perú, que Dios bendiga a Ecuador, que Dios bendiga a Colombia, que Dios bendiga a Venezuela, que Dios bendiga al Brasil, que Dios bendiga a Bolivia, que Dios bendiga a todo el Caribe.

Todos queremos que Dios bendiga los pueblos latinoamericanos y que Dios bendiga a todas las familias de la Tierra; queremos que Dios bendiga a todas las naciones. Por lo cual, se predica el Evangelio de Cristo en todas las naciones, y así Dios trae bendición para todas las naciones.

Queremos que Dios bendiga al Medio Oriente, queremos que Dios bendiga a Israel, queremos que Dios bendiga a los pueblos del Medio Oriente, que Dios bendiga a todas las naciones; y queremos que pronto el Reino del Mesías, el Reino de Dios, sea establecido en la Tierra, porque ahí habrá bendición para todas las naciones; y la paz que tanto desean y buscan las naciones, está la paz permanente dentro del Reino del Mesías.

Es el único Reino que tiene promesa de una paz permanente, imperecedera, que dará Dios por medio del Mesías. Por eso es tan importante también la Venida del Mesías para el Día Postrero.

Todavía continúan viniendo más personas que, como ustedes, quieren tener seguro su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno. En las demás naciones también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han estado viniendo a los Pies de Cristo. Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna.”

Es para recibir la vida eterna que recibimos a Cristo como nuestro Salvador, al escuchar la predicación del Evangelio de Cristo. Él dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16.

Si falta alguna persona por venir a los Pies de Cristo, puede venir, para que quede incluida en la oración que estaremos haciendo.

Vamos a preguntar a los que están en las cámaras si ya están listos en México, en Venezuela, en Colombia, en Puerto Rico y demás naciones, para la oración por los que están viniendo a los Pies de Cristo.

Ya vamos a orar. Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo y están aquí presentes o en otras naciones, repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Tu Primera Venida. Creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente. Sálvame, Señor, Te lo ruego. Te lo pido en el Nombre Eterno Tuyo Señor. En Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Te lo ruego. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo todos decimos: ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! AMÉN.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes escucharon la predicación de Su Evangelio y lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.

Ahora ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, lo más pronto posible, porque Él dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo.’ Quiero ser bautizado lo más pronto posible, en agua, en el Nombre del Señor Jesucristo.” Como hacían todos los que lo recibían como Salvador en el tiempo de los apóstoles. Así ha sido todo el tiempo a través de la historia del cristianismo, y así se sigue haciendo en nuestro tiempo.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua es tipológico. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan simple, así es el bautismo en agua, su significado.

En el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

Continúen pasando todos una tarde llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador; y dejo al doctor Patricio Lara, para que les indique cómo hacer para colocarse las ropas bautismales y ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Que Dios por medio de Cristo, les continúe bendiciendo a todos ustedes y a mí también. Amén.

En cada nación dejo al ministro correspondiente, para que haga en la misma forma en que estará haciendo el reverendo Patricio Lara.

Dios les bendiga y les guarde a todos.

“SIENDO BENDECIDOS CON EL CUMPLIMIENTO DE LA MEDIA HORA DE SILENCIO EN EL CIELO.”

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