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Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes y los todos que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; que las bendiciones del Creador de los Cielos y de la Tierra sean sobre todos ustedes.

Para esta ocasión, leemos un pasaje muy importante que se encuentra en Hebreos, capítulo 3, versos 1 al 6, en donde el apóstol San Pablo, nos dice:

“Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús;

el cual es fiel al que le constituyó, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios.

Porque de tanto mayor gloria que Moisés es estimado digno éste, cuanto tiene mayor honra que la casa el que la hizo.

Porque toda casa es hecha por alguno; pero el que hizo todas las cosas es Dios.

Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir;

pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión es: “LA CASA DE DIOS BAJO EL NUEVO PACTO.”

El apóstol Pablo, conocedor de todo el Programa Divino y conocedor del Pacto que Dios le había dado a Su pueblo en el monte Sinaí, y luego conocedor de la promesa de un nuevo Pacto que Dios había hecho por medio del profeta Jeremías, en el capítulo 31, versos 31 al 36, donde Dios dice que hará un Nuevo Pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá, no como el Pacto antiguo que Él había hecho con el pueblo hebreo allá en monte Sinaí, porque ellos invalidaron ese Pacto que Dios había hecho con ellos en el monte Sinaí.

Ahora, por medio del profeta Jeremías Dios da la promesa de un Nuevo Pacto que Él hará con la casa de Israel y con la casa de Judá; cuando se nos habla de la casa de Israel y de la casa de Judá, se nos está hablando de los dos reinos que Dios tenía en medio del pueblo hebreo; el Reino de David es el Reino de Dios en la Tierra y el Trono de David es el Trono de Dios en la Tierra, y es cada rey servidor de Dios sentado en el Trono de David, tipo y figura del Mesías Príncipe.

Y todo rey servidor de Dios sentado en el trono de la casa de Israel, el reino del Norte, compuesto por las diez tribus, luego que fue dividido el reino de David en dos reinos: reino de Judá con dos tribus: la tribu de Judá y la tribu de Benjamín, reino que estaba al Sur de Israel; y reino de Israel que está compuesto por la diez tribus del Norte, las cuales le fueron dadas a Jeroboam, un descendiente de José por la línea de Efraín hijo de José.

Y ahora, se le llama al reino del Sur, luego que fue roto el Reino de David en dos reinos, se le llama al reino del Sur, reino de Judá o casa de Judá; y al reino del Norte se le llama el reino de Israel o casa de Israel. Cuando el Señor Jesucristo estuvo sobre la Tierra, Él habló de la casa de Israel en el capítulo 10 y capítulo 15 de San Mateo; en el capítulo 10, Jesús dice de la siguiente manera, y lo vamos a leer, capítulo 10, verso 26... recuerden que Jesús conocía bien este misterio, capítulo 10, verso 6 (corrijo) comenzando en el verso 5, dice:

“A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis,

sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel.

Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado.”

Y ahora, cuando nos habla de la casa de Israel, se está refiriendo al reino del Norte compuesto por las diez tribus; también nos dice en el capítulo 15 de San Mateo, el Señor Jesucristo hablando de la casa de Israel o reino del Norte, capítulo 15, verso 24, dice:

“Él respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.”

Cuando se menciona la casa de Israel, se refiere al reino del Norte compuesto por las diez tribus de Israel; y siendo que Cristo les llama las ovejas perdidas de la casa de Israel, nos habla de los descendientes de estas diez tribus, que son llamadas las tribus perdidas de Israel.

Y ahora, siendo que la promesa es que Dios hará un Nuevo Pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá, de este Nuevo Pacto el mismo Cristo nos habla diciéndonos en el capítulo 26, versos 26 en adelante de San Mateo, en la última Cena que Él tuvo con Sus discípulos, dice:

“Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.

Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos;

porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”

En este pasaje Cristo nos habla del Nuevo Pacto que Dios dijo que hará con la casa de Israel y con la casa de Judá; y Cristo dijo que Él vino por las ovejas y a las ovejas perdidas de la casa de Israel. El apóstol Pablo hablándonos de este Nuevo Pacto, nos dice en Hebreos, capítulo 13, verso 20 en adelante, que la Sangre de Cristo es la Sangre del Pacto eterno, y el Pacto eterno es el Nuevo Pacto que Dios haría con la casa de Israel y con la casa de Judá.

Ahora, podemos ver porqué en la primera Venida de Cristo, Él tenía que morir para el establecimiento del Nuevo Pacto que estaba prometido; porque no se establece un Pacto sin derramamiento de Sangre, conforme a esos Pactos que Dios llevaría a cabo.

Y ahora, la casa de Dios como templo físico fue el tabernáculo que construyó el profeta Moisés en el desierto, y también el templo que construyó el rey Salomón y todas las restauraciones que se hicieron del templo allá en Jerusalén.

La Casa de Dios como pueblo, es el pueblo hebreo bajo el Pacto antiguo dado en el monte Sinaí, y es bajo el Nuevo Pacto la Iglesia del Señor Jesucristo, la Casa de Dios como Reino es el Reino de David, compuesto, luego de la ruptura del Reino David, compuesto luego por el reino de Judá o casa de Judá, y por el reino de Israel o reino de Efraín, compuesto ese reino de Efraín por las diez tribus que se les llama: “las diez tribus perdidas de la casa de Israel.”

Y ahora, la Casa de Dios como Iglesia, recuerden que cuando nos habla de la Casa de Dios como pueblo, el pueblo hebreo, y la Iglesia del Señor Jesucristo, los miembros de esa casa, pues son los creyentes; no es una casa de piedras, sino compuesta por seres humanos, unos en el Pacto antiguo: el pueblo hebreo, y otros en el Nuevo Pacto, los cuales son los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Por lo tanto la Casa de Dios bajo el Pacto antiguo es el pueblo hebreo, y la Casa de Dios bajo el Nuevo Pacto es el Cristianismo, tan sencillo como eso; y la Casa de Dios, encontramos que son los hijos e hijas de Dios que forman esa casa, esa familia; la Casa de Dios es la familia de Dios, el pueblo de Dios, hijos e hijas de Dios.

En el Nuevo Pacto encontramos la formación de la Casa de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo que nació el Día de Pentecostés, y por consiguiente cada persona que nace de nuevo como Cristo dice a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.” (San Juan, capítulo 3, versos 1 al 6).

Y ahora, la Casa de Dios bajo el Nuevo Pacto es la familia de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo que es un Templo espiritual, una casa espiritual formada, construida por piedras vivas, o sea, seres humanos; así como Cristo es la Piedra Angular, la Piedra que los edificadores desecharon conforme a San Mateo, capítulo 21, verso 43, y el apóstol Pablo también dice que Cristo es el principal fundamento de ese Templo espiritual. Vean lo que nos dice San Pablo en Primera de Timoteo, capítulo 3, versos 14 en adelante, dice:

“Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte,

para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.”

Y ahora, vean cómo San Pablo nos dice que la Casa Dios es la Iglesia del Dios viviente, o sea, la Iglesia del Señor Jesucristo. Veamos otro pasaje importante que nos habla de esta Casa de Dios, o sea, de esta familia de Dios, lo encontramos en Efesios, capítulo 2, versos 11 en adelante, donde dice:

“Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne.

En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.

Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.

Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación,

aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz,

y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.

Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca;

porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.

Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios.”

Y ahora, vean como todos los creyentes en Cristo son miembros de la familia de Dios, de la Casa de Dios, del pueblo de Dios.

“...edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,

en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor”

Y ahora, este es un Templo hecho con seres humanos, los creyentes en Cristo que forman la Iglesia del Señor Jesucristo, forman ese Templo espiritual, es un Templo Místico de creyentes en donde mora Dios en Espíritu Santo todos los días. Recuerden que Cristo en el capítulo 28 de San Mateo, versos 16 al 20, dice: “Y Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” ¿Cómo estaría Cristo en medio de Su Iglesia, en medio de los creyentes en Él? En Espíritu Santo.

Y ahora, sigue diciendo el apóstol Pablo:

“...en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.”

Y ahora, encontramos que así como los creyentes en Cristo son los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo, de ese Templo espiritual, de ese Cuerpo Místico de creyentes, también cada creyente en Cristo como individuo es un Templo espiritual para Dios morar en él, y Dios reinar en la vida del individuo.

O sea, que lo mismo que es la Iglesia: un Templo espiritual, lo es cada creyente en Cristo miembro de esa Iglesia del Señor Jesucristo, la Iglesia del Señor Jesucristo es esa Casa de Dios espiritual, en la cual Él dijo que estaría todos los días hasta el fin del mundo, y de la cual nos habla la Escritura que Dios haría un Nuevo Pacto con la casa de Israel. Ahí tenemos la Iglesia del Señor Jesucristo como la Casa de Dios, ese Templo espiritual que fue reflejado o representado o tipificado en el tabernáculo que hizo Moisés y en el templo que hizo el rey Salomón, y que también fue representada la Iglesia del Señor Jesucristo, ese Templo espiritual, esa Casa de Dios, esa familia de Dios fue representada en el pueblo hebreo.

Por eso es que comenzó en medio del pueblo hebreo la Iglesia del Señor Jesucristo, comenzó el Cristianismo en medio del pueblo hebreo, y son millones de descendientes de Abraham por medio de la descendencia de Israel que han entrado a formar parte de la Iglesia del Señor Jesucristo, y han venido a formar parte de la Casa de Dios del Nuevo Testamento o Nuevo Pacto que Dios haría con la casa de Israel y con la casa de Judá.

Ser parte de esta Casa de Dios bajo el Nuevo Pacto es el privilegio más grande que pueda tener o que puede tener un ser humano; las personas que forman parte de esta Casa de Dios, o sea, de la Iglesia del Señor Jesucristo, son llamados en la Escritura los primogénitos de Dios escritos en el Cielo.

Veamos lo que nos dice el apóstol San Pablo acerca de estas personas, capítulo 12 de la carta de San Pablo a los Hebreos, nos dice del verso 22 en adelante:

“sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,

a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,

a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.”

Y ahora, todos los que han recibido a Cristo como único y suficiente Salvador, no se han estado acercando al monte Sinaí y el Pacto que Dios dio allá en el monte Sinaí para el pueblo hebreo, sino que se han estado acercando al Monte de Sión, a la Ciudad del Dios vivo, y han entrado a formar parte de este Templo espiritual que es la Iglesia del Señor Jesucristo, han venido a formar parte de la Casa de Dios, o sea, de la familia de Dios.

No es una casa de piedras literales, sino que es una casa, una familia: la familia de Dios; y por eso son llamados hijos e hijas de Dios, Dios les ha dado el privilegio a todos los creyentes en Cristo de ser hechos hijos e hijas de Dios, y por consiguiente son llamados hijos e hijas de Dios. Vean aquí nos habló la Escritura en San Juan, capítulo 1, verso 11 en adelante, donde dice:

“A lo suyo vino (o sea, el pueblo hebreo), y los suyos no le recibieron.

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.”

Cada creyente en Cristo al recibir a Cristo como Salvador y ser bautizado en agua en Su Nombre y Cristo bautizarlo con Espíritu Santo y Fuego, ha producido en la persona el nuevo nacimiento, ha nacido de Dios, ha nacido del Cielo y ha entrado a formar parte de la Casa de Dios, de la familia de Dios; y por consiguiente la persona ha obtenido la Vida eterna, tan sencillo como ese es el Programa Divino para venir a formar parte de la Casa de Dios bajo el Nuevo Pacto.

Toda persona desea ser hijo de Dios, muchas personas han deseado ser hijos de un rey, de una reina; pero usted no tuvo la oportunidad de escoger hijo de quién usted iba a ser en esta Tierra, pero ahora bajo el Nuevo Pacto tenemos la oportunidad de escuchar la predicación del Evangelio de Cristo y recibir a Cristo como nuestro Salvador, nacer la fe de Cristo en nuestra alma para que Cristo produzca en nosotros el nuevo nacimiento y nazcamos en el Reino de Dios como hijos e hijas de Dios.

Es el privilegio más grande que tenemos aquí en la Tierra: escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, recibirlo como Salvador, ser bautizados en agua en Su Nombre, y Él bautizarnos con Espíritu Santo y producir en nosotros el nuevo nacimiento y así nacemos como queríamos: ser hijos de un Rey, Jesucristo es el Rey de reyes y Señor de señores, y está sentado en el Trono de Dios, a la diestra de Dios, y es el que ha recibido poder y autoridad en los Cielos y en la Tierra. Recuerden que Cristo dijo: “Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra.

Y ahora, todos los creyentes en Cristo son hijos del Rey, Jesucristo Rey de reyes y Señor de señores. Recuerden que Cristo en una parábola dijo allá en San Juan, capítulo 12, verso 24: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, él solo queda; pero si cae en tierra y muere, mucho fruto lleva.” Cristo es el grano de trigo, esa semilla, y Él tenía que morir para poder reproducirse en muchos hijos e hijas de Dios.

Si Él no moría quedaba solo en este planeta Tierra, estaría caminando por todo el planeta Tierra, pero el planeta Tierra sin más seres humanos. Pero ahora, Cristo está en la Tierra en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, caminando en medio de todos los creyentes en Él. Él, como el grano de trigo que fue sembrado en tierra, que murió y fue sembrado en tierra, lo encontramos reproduciéndose en muchos granos de trigo, en muchos hijos e hijas de Dios, por medio de esa unión espiritual entre Cristo y Su Iglesia.

La planta de trigo es la Iglesia del Señor Jesucristo, a través de la cual la Vida de Cristo que es el Espíritu Santo estaría manifestándose y reproduciéndose en muchos hijos e hijas de Dios; todos los creyentes en Cristo que nacen de nuevo, han nacido como hijos e hijas de Dios en medio de la Iglesia del Señor; así como el trigo nace en la planta de trigo, los hijos e hijas de Dios nacen en la Iglesia que es la planta de trigo, por medio de la obra de reproducción de Cristo en y como Hijo de Dios reproduciéndose en muchos hijos e hijas de Dios; y por esa causa es que la Escritura dice que Dios nos ha hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y dice que reinaremos con Cristo por mil años en este planeta Tierra en el Reino del Mesías; de eso es que nos habla Apocalipsis, capítulo 1, verso 5 al 9, Apocalipsis, capítulo 5, versos 8 al 11, y Apocalipsis, capítulo 20, versos 4 al 6.

Y ahora, podemos ver lo importante que es ser parte de la Casa de Dios bajo el Nuevo Pacto, ser parte de la Iglesia del Señor Jesucristo, y por consiguiente ser hijo o hija de Dios por medio de Cristo nuestro Salvador, por eso es que se predica el Evangelio de Cristo a toda criatura, y Cristo dijo:

“El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

También nos dice la Escritura en el capítulo 10 de Romanos, que la fe viene por el oír, o sea, por el oír la Palabra de Dios, el Evangelio de Cristo, así es como nace la fe de Cristo en nuestra alma, en nuestro corazón; y nos dice que con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Cada uno de ustedes que han creído en Cristo, escucharon la predicación del Evangelio de Cristo y nació la fe de Cristo en vuestra alma, y han dado testimonio público de vuestra fe en Cristo recibiéndole como único y suficiente Salvador, y han sido bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y Cristo los ha bautizado con Espíritu Santo y Fuego y ha producido en ustedes el nuevo nacimiento; y ahora ustedes son Casa de Dios bajo el Nuevo Pacto.

Si hay alguno que todavía no ha recibido Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Casa, en Su Iglesia, en Su Reino, y así tenga usted asegurado su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno, para lo cual puede usted pasar acá al frente y estaremos orando por usted para que dé testimonio público de su fe en Cristo, y Cristo le reciba en Su Reino en esta ocasión.

Pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo en estos momentos para dar testimonio público de vuestra fe en Cristo nuestro Salvador. Dios tiene mucho pueblo en esta ciudad, y los está llamando por medio del Evangelio de Cristo, esa es la forma en que Él llamaría Sus ovejas y Sus ovejas escucharían Su Voz, la Voz de Cristo llamando a Sus ovejas es Su Evangelio, el Evangelio de Cristo, y esas ovejas que escucharían Su Voz, ¿quiénes son? Ustedes y yo, y el Redil es la Iglesia del Señor Jesucristo donde Él colocaría Sus ovejas, y Él dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y Yo las conozco, y Yo les doy Vida eterna.” (San Juan, capítulo 10, versos 1 al 30).

¿Para qué se predica el Evangelio de Cristo y se recibe a Cristo como Salvador y seguimos a Cristo? Para que Él nos dé la Vida eterna. Cristo tiene la exclusividad de la Vida eterna, Dios nos ha dado Vida eterna, y esta Vida está en Su Hijo Jesucristo; el que tiene al Hijo (a Jesucristo) tiene la Vida eterna, el que no tiene a Cristo el Hijo de Dios, no tiene la Vida eterna, solamente tiene una vida temporera que se le va a terminar y no sabe ni siquiera cuándo se le va a acabar la vida temporera, la vida terrenal.

Y si no ha recibido a Cristo como Salvador mientras está viviendo en la Tierra para que le dé la Vida eterna, luego no habrá otra oportunidad para recibir la Vida eterna luego que la persona ha terminado sus días en este planeta Tierra; por lo tanto el propósito por el cual vivimos en este planeta Tierra es para que escuchemos la Voz de Cristo el buen Pastor, escuchemos el Evangelio de Cristo, nazca la fe de Cristo en nuestra alma, lo recibamos como Salvador, Él con Su Sangre nos limpie de todo pecado, seamos bautizados en agua en Su Nombre, y Él nos bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en nosotros el nuevo nacimiento y así entremos a formar parte de la Casa de Dios, de la familia de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo, y así tengamos asegurado nuestro futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno.

Todos queremos vivir eternamente, y hemos visto que hay una forma en la cual obtenemos la Vida eterna: es por medio de Cristo nuestro Salvador bajo el Nuevo Pacto, la Sangre de Cristo es la Sangre del Pacto eterno, de ese Pacto que sería establecido con la casa de Israel y con la casa de Judá.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo, en las demás naciones también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador. También los niños de diez años en adelante pueden venir a los Pies de Cristo, pues ya tienen conciencia del bien y del mal. Recuerden que Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí; y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los Cielos.”

Dios tiene mucho pueblo en la bella Colombia y en todas las naciones, y se está llenando en esta noche, en esta ocasión, el Reino de Dios de colombianos, y también de todos ustedes que están en otras naciones recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador; y si Cristo dijo que en el Cielo hay gozo cuando un pecador se arrepiente, ¿cómo estará el Cielo gozoso al ver que cada uno de ustedes está viniendo a los pies de Cristo, recibiéndolo como único y suficiente Salvador?

Vean, cómo se produce gozo en el Cielo: cuando las personas reciben a Cristo como único y suficiente Salvador. Vamos a levantar nuestras manos al Cielo, y con nuestros ojos cerrados los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos, que están aquí presentes o en otras naciones, repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma. Señor, doy testimonio público de mi fe en Ti, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador; Señor, te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente, sálvame Señor. Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador, ustedes me dirán, Cristo dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Ustedes me dirán: “Escuché la predicación del Evangelio de Cristo, creí y lo he recibido como mi Salvador, quiero ser bautizado en agua en Su Nombre lo más pronto posible. ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón. Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, aun el mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista, cuando Juan estaba bautizando en el Jordán, Cristo llegó, entró a las aguas del Jordán, y Juan le dice: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Cristo le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia.” Y si a Cristo le convenía cumplir toda justicia siendo bautizado por Juan en las aguas del Jordán, cuánto más a nosotros nos conviene cumplir toda justicia siendo bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Recuerden que el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, el bautismo en agua no le quita los pecados porque el agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado. El bautismo es tipológico, en el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo. Y cuando la persona es sumergida en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultada. Y cuando es levantada de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva Vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Conscientes del significado del bautismo en agua, y conscientes de que es tipológico y que es un mandamiento del Señor, y que el apóstol Pedro también hablando del bautismo en agua, dice en el capítulo 2 del libro de los Hechos, cuando Pedro predicó, dice:

“Al oír esto (la gente), se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.”

Para todos los que el Señor llame el bautismo en agua es llevado a cabo, y el Espíritu Santo es dado a las personas que reciben a Cristo y son bautizados en agua en Su Nombre.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y vengan así a formar parte de la Casa de Dios bajo el Nuevo Pacto.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes que están aquí presentes y con ustedes que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; también ustedes que están en otras naciones y han recibido a Cristo en estos momentos, pueden ser bautizados y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

Continúen pasando todos una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. Y recuerden, pueden ser bautizados en estos momentos en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, dejo al ministro reverendo Ceballos, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y en cada nación y para cada nación dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma en estos momentos.

Que las bendiciones de Dios sean sobre todos ustedes. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Con ustedes el reverendo Ceballos.

“LA CASA DE DIOS BAJO EL NUEVO PACTO.”

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