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Muy buenos días, damas presentes en esta ocasión, trabajadoras en la Obra de Cristo del tiempo final; es una bendición y un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios, alrededor del tema: “CÓMO OBTENER EL MAYOR FRUTO EN LA OBRA DE DIOS.” O sea, cómo dar mayor fruto en la Obra de Dios, para lo cual tomamos dos parábolas importantes, una es el terreno donde se siembra la buena semilla.

La buena semilla de la Palabra de Dios se siembra en el terreno, y el planeta Tierra tiene muchos tipos de terreno, unos son fértiles y otros no; la semilla tiene que ser sembrada porque se requiere para alimentación de los seres humanos, sino el ser humano dejaría de existir.

Tenemos la parábola del terreno, de la buena semilla sembrada en el terreno, dice:

“Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador (San Mateo, capítulo 13, verso 18 al 23):

Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón.”

Es que la Palabra es para ser entendida, para ser asimilada; si se siembra una semilla en la tierra y no es germinada, entonces deja de existir esa semilla. No entendió para asimilar y para reproducir esa semilla en muchas simientes iguales a ella. La tierra la mató, mató la semilla, la semilla era buena.

Por lo tanto, la Palabra es para ser entendida, y toda persona tiene que ocuparse para entender la Palabra, para lo cual tiene que leerla, tiene que orar a Dios para que le dé entendimiento, porque de otra forma es como un estudiante que lee un libro y después no sabe qué significa lo que leyó, cuando le dan el examen reprueba porque no entendió lo que leyó.

Así sucede con los que oyen la Palabra y no entienden. Recuerden que la Palabra es para ser entendida, por eso se enseña la Palabra, por eso Dios colocó en Su Iglesia maestros, colocó también apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, la Palabra Dios la da para ser entendida. Para el que oye la Palabra y no la entiende, no le es de beneficio. Dice:

“Viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino.”

Y el malo arrebatando lo que fue sembrado en el corazón, lo representa en aves comiéndose esa semilla que fue sembrada junto al camino:

“Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo;

pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza.”

Por eso ustedes encuentran en medio del Cristianismo que llegan personas y con gozo reciben a Cristo como Salvador, luego vienen las etapas por las cuales llegan, pasan por pruebas, algunas veces la persecución le comienza en la casa donde le dicen: “¿Ahora te metiste a la religión?”  Y si no era muy bueno, “y ahora tú que no eras nada de bueno, ¿ahora te metiste a la religión para ser bueno?”

Pero no es para ser bueno que la persona recibe a Cristo, es para ser salvo, para recibir perdón de pecados, ser limpio con la Sangre de Cristo, ser bautizado en agua en Su Nombre, Cristo bautizarlo con Espíritu Santo y Fuego y producir en la persona el nuevo nacimiento, es para nacer de nuevo, para nacer en la Vida eterna, para recibir Vida eterna es que la persona recibe a Cristo como Salvador, no para ser un religioso.

Y ahora, en la casa algunas veces después se mofan, se ríen de él, los amigos también en el trabajo, y así por el estilo, y luego también vienen otros problemas, persecuciones, tratan de presionarlo en el trabajo o en la casa, y entonces ¿qué sucede? Tropieza, dice: “Yo no sabía que uno al recibir a Cristo... ahora es que tengo problemas.”

Problema lo tiene toda persona que no tiene a Cristo, tiene el problema más grande de su vida y no lo sabe, que está condenado a muerte, a ser echado en el lago de fuego y dejar de existir y no lo sabe, pero con Cristo tiene Vida eterna la persona, es la única esperanza de Vida eterna para el ser humano. Ahora, esas personas que con gozo recibe la Palabra y luego tropiezan, están representadas en el terreno pedregoso, y:

“El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.”

O sea, no da fruto, no produce ni el nuevo nacimiento para producir el fruto de hijos e hijas de Dios, o sea, para producir hijos e hijas de Dios. Por lo tanto, ya tenemos ahí tres terrenos que no son buenos para producir fruto, pero se siembra en todos los terrenos, porque Cristo dijo: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura,” o sea, a todo terreno: junto al camino, terreno pedregoso, terreno lleno de matas de espinos y terreno bueno. “Predicad el Evangelio a todo terreno, en todo terreno (terreno bueno y terreno malo).” Y ahora, sigue diciendo:

“Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye (¿y cuál es la diferencia con los demás terrenos? Miren aquí)... éste es el que oye y entiende la palabra...”

“Este es el que oye y entiende la Palabra,”porque la Palabra es para ser entendida para que pueda producir el fruto, para que pueda germinar:

“...éste es el que oye y entiende la Palabra y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.”

O sea, se siembra uno, se recogen cien; se siembra uno, se recogen sesenta; se siembra uno, se recogen treinta, o sea, todas las plantas no producen la misma cantidad, aunque se siembra la misma cantidad, pero unas producen un poquito más y otros un poquito menos.

Y a cuál... ¿qué usted quiere que produzcan más? Pues échele un poquito más de agua, a las que le echen más agua, esas van a producir más. A las que les echen más agua de la Palabra, más enseñanza y le dé también el Espíritu Santo enseñando esa Palabra por el Espíritu, va a producir más.

Y ahora, la buena tierra son los escogidos de Dios en donde produce el fruto que se requiere. Ahora, eso es la Iglesia como Cuerpo Místico, es bien importante porque la Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo, pero el Cristianismo completo contiene los cuatro terrenos.

Y ahora, encontramos que a través de las diferentes  (estamos tomando estos pasajes para platicar sobre ellos, es una conversación lo que tenemos)... en la Iglesia encontramos que han nacido hijos de Dios e hijas de Dios de edad en edad, de etapa en etapa, la siembra ha venido de Este a Oeste, se comenzó allá en el Este, la tierra de Israel con los apóstoles, luego se continuó con San Pablo entre los gentiles y así por el estilo.

La buena tierra es el Cuerpo Místico de Cristo como Iglesia, y ha pasado por diferentes etapas. Recuerde que la buena tierra pasa por la etapa en que es sembrada la simiente en ella y donde va creciendo, pero después llega al final, más al final donde echa el fruto y después donde se lleva a cabo la cosecha, y la cosecha se lleva a cabo en el tiempo del verano, y la cosecha por cuanto es para el tiempo del verano, corresponde al Oeste, en la Iglesia estando en la etapa final, la etapa de la cosecha donde el Hijo del Hombre envía Sus Ángeles para juntar a Sus escogidos; esos son los Ángeles de la cosecha, los mismos Ángeles que aparecen en la parábola del trigo y de la cizaña, los cuales son enviados en el tiempo final.

Dice que serán enviados en el fin del siglo, en el fin del ciclo divino de la Iglesia del Señor Jesucristo, para recoger el trigo. La cizaña es almacenada en manojos para ser quemada en el fuego durante la gran tribulación.

Y ahora, la Iglesia del Señor Jesucristo que es la buena tierra, en el Día Postrero estará en la etapa de la cosecha, y como la Iglesia viene de Este a Oeste, estará en la etapa que corresponde al Oeste, al territorio donde vivimos nosotros.

Por eso es tan importante conocer la Palabra, para saberse situar en la etapa correcta del Programa Divino, y eso es la Iglesia conociendo su posición en el Cuerpo Místico de Cristo. Si no sabe cuál es su posición en el tiempo en que está viviendo, no sabe lo que tiene que hacer en ese tiempo, no sabe cuál es el mensaje para su tiempo, no sabe cuál es el mensajero de su tiempo, y no sabe cuál es el territorio donde Dios está obrando, cumpliendo esa etapa de Su Programa, cumpliendo esa edad. Y por consiguiente estará ciego en cuanto al conocimiento del Programa Divino correspondiente a ese tiempo; pero los escogidos del Día Postrero entenderán, entenderán lo que muchos mensajeros quisieron entender. Para nuestro tiempo vivimos en la etapa para la cosecha.

En los días de Jesús por ahí por el capítulo 4 ó 5 de San Juan, Cristo dice a Sus discípulos: “Mirad los campos porque ya están blancos para la siega.” O sea, estaban en una etapa en donde faltaban ¿cuántos meses? ¿Cuatro meses Miguel? Para la cosecha, para la siega, y el Señor les dice: “Ya están blancos,” o sea, ya habían florecido ¿no? Estaba florecido todo, iba a ser una buena cosecha y entonces le da la aplicación espiritual.

Porque el Programa Divino está reflejado en la misma naturaleza, por eso en los términos de la agricultura se habla la Palabra de Dios; Cristo hablaba la Palabra usando los términos de la agricultura, de la pesca, de la ganadería y así por el estilo, y también lo usaba, hablaba la Palabra usando también las estrellas y así por el estilo. Es que en la misma creación está reflejada la Palabra, el Programa Divino.

Y ahora, para nuestro tiempo que corresponde al Oeste, es el tiempo de la cosecha; y por lo tanto la Obra que Dios estará haciendo en nuestro tiempo, será cosechar el trigo, los hijos e hijas de Dios.

Por lo tanto, habrá otro pentecostés, y ese otro pentecostés, así como aquel pentecostés de dos mil años atrás trajo una transformación interior para los creyentes que seguían al Mesías, al que vino, al que vino después de Juan el Bautista, al que vino después del precursor, porque los seguidores del precursor eran bautizados, dice Juan: “Yo les bautizo en agua para arrepentimiento, pero el que viene después de mí es mayor que yo, el cual los bautizará con Espíritu Santo y Fuego.”

Seguir al precursor era bueno, porque lo guiaba al que vendría después de él, era el que tenía que señalar, tenía que señalar cuál era el Mesías, cuál era el ungido por el Espíritu de Dios. Y el que lo mandó a bautizar le dijo a Juan: “Sobre aquel que tú veas el Espíritu Santo venir sobre Él y permanecer sobre Él, ese es Él, ese es el que les bautizará con Espíritu Santo y Fuego, es aquel al cual tú le estás preparando el camino.”

Y cuando bautizó a Jesús vio el Espíritu Santo que descendió en forma de paloma sobre Jesús y escuchó la Voz de Dios que dijo: “Este es mi Hijo amado en quien tengo complacencia,” el mismo Dios que lo envió a bautizar identificó a aquel al cual Juan le estaba preparando el camino. Las demás personas no escucharon la Voz, quizás escucharon un trueno, pero Juan siendo profeta escuchó la Voz.

Y ahora, el que vino después de Juan era al cual Juan le estaba preparando el camino, en ese que vino después de Juan, venía el Ángel del Pacto, era el Ángel del Pacto vestido de carne humana el cual establecería un nuevo Pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá.

La Venida del Mesías es la Venida del Ángel del Pacto vestido de carne humana para entenderlo mejor, y ese es el que hace el cambio; ese trajo una transformación interior para todas las personas que lo recibieron como Salvador, y así ha estado obrando por dos mil años, bautizando con Espíritu Santo y Fuego a todos los que lo reciben como único y suficiente Salvador.

Ese fue el que Juan dijo que era mayor que Él y que los bautizaría con Espíritu Santo y Fuego, y así lo ha estado haciendo y produciendo la transformación espiritual, transformando interiormente a las personas que lo reciben como Salvador. Ciento veinte recibieron esa transformación el Día de Pentecostés, y después como tres mil personas más, y así ha estado sucediendo por dos mil años.

Por lo tanto, todas esas personas han estado teniendo un pentecostés, porque es la fiesta de pentecostés, y habrá otro pentecostés que producirá una transformación física. Por eso Dios envió el precursor de la segunda Venida de Cristo, para prepararle el camino al Señor para Su segunda Venida y preparar al pueblo para que sepa lo que tiene que estar esperando en el Día Postrero: al que bautizará con Espíritu Santo y Fuego y producirá una transformación física en donde obtendremos el cuerpo eterno, inmortal y glorificado.

Los que murieron, resucitarán en cuerpos glorificados, y los que estamos vivos y permanezcamos vivos hasta ese momento, seremos transformados. Tan sencillo como eso. Y eso será otro pentecostés, el pentecostés del tiempo de la cosecha, la fiesta de la cosecha; ustedes saben que en muchos países luego que se lleva a cabo la cosecha que toma unos cuantos días, luego se hace una fiesta en una ciudad, y ahí llevan también de los frutos del campo y todas esas cosas, no sé cómo le llaman por acá, pero hay una fiesta agrícola, y esa era una fiesta agrícola en medio del pueblo hebreo, pero lo que significaba en el campo espiritual era glorioso, porque todo era tipo y figura de lo que Dios haría con seres humanos.

Y ahora, habrá otro pentecostés, otra fiesta de pentecostés, pentecostés es cincuenta, habrá otro cincuenta, otra fiesta de cincuenta, y eso corresponde a la Edad de la Piedra Angular, siempre la Edad de la Piedra Angular es el cincuenta.

Han transcurrido siete edades de la Iglesia. Las siete eras de la Iglesia están dentro de los cuarenta y nueve años que anteceden al año cincuenta o al día cincuenta. Para el Día Postrero la Edad de la Piedra Angular corresponde al día cincuenta y al año cincuenta también (el año del jubileo de Levítico, capítulo 25, versos 8 al 13), la fiesta para cada uno regresar a su familia, a su casa, a su heredad, y estaremos regresando a la casa de nuestro Padre celestial con cuerpos glorificados para la gran fiesta de bienvenida en el Cielo: la Cena de las Bodas del Cordero.

Así que podemos ver el tiempo que nos ha tocado vivir; por ejemplo también tenemos en la parábola de la vid donde Cristo dice... eso está en San Juan, capítulo 15, donde Cristo dice:

“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.

Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.”

O sea, le irá quitando las cosas que le estorban en la vida para que pueda llevar más fruto. Sigue diciendo:

“Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.”

Con la Palabra es limpiada la persona de todas las cosas que le estorban en la vida para dar mucho fruto, a través de la Palabra la persona sabe lo que no le conviene, y entonces es quitado de su vida y puede dar más fruto:

“Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.”

O sea, que una persona no puede dar el fruto de Cristo, la vida de Cristo por medio del Espíritu de Cristo; si no está en Cristo, tiene que estar conectado a Cristo:

“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos (o sea, los gallos, las ramas); el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.

El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden.”

Eso sucederá para los que no estén en Cristo:

“Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará (los quemará), ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama (Malaquías, capítulo 4, verso 1).

Mas a vosotros los que teméis mi nombre (o sea, a las ramas, los pámpanos que están en Cristo), nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación.”

[San Juan 15:7-9]:“Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.

En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.

Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor.”

Ahora, ¿cómo nos ama Cristo? Como Dios el Padre ama a Cristo, Cristo nos ama a nosotros, ahí podemos ver el gran amor de Cristo hacia nosotros; el mismo amor con el cual Dios ama a Jesucristo, nos ama Cristo a nosotros, y también Él dice por ahí en el capítulo 16, capítulo 17 de San Juan, que como Dios ha amado a Cristo, nos ama a nosotros. Por eso es que dice la Escritura que:

“De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

También dice que:

 “Mas Dios muestra Su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” (Romanos, capítulo 5, verso 5 al 10). Y la otra cita anterior fue San Juan, capítulo 3, verso 16.

Así que todos sabemos que Dios nos ama, como amó a Jesucristo nos ama a nosotros, y Él desea que llevemos mucho fruto, en eso es glorificado nuestro Padre celestial: en que llevemos mucho fruto.

Hemos visto cómo obtener el mayor fruto en la Obra de Dios. Trabajemos en la Obra del Señor conscientes del tiempo en que estamos viviendo, Cristo, la Vid verdadera encontramos que sus raíces de esa Vid verdadera están en Israel, Él dice: “Yo soy la raíz y el linaje de David” (Apocalipsis, capítulo 22, verso 16). Y en Isaías, capítulo 11 dice que de Isaí saldrá una vara, un retoño, y esa es la vara que está prometida para el Día Postrero: el Mesías.

Ahora, la Vid que es Cristo, que nació allá en la tierra de Israel y que es la raíz y el linaje de David, esa Vid, esa planta de uvas ha tenido muchas ramas para dar el fruto de la vid, porque es en las ramas que nacen las uvas, el fruto, las ramas de uva.

Tuvo la rama allá de entre los apóstoles, mucho fruto, muchos hijos e hijas de Dios; tuvo también la rama paulina entre los gentiles en Asia Menor, esa rama, esa edad, primera edad entre los gentiles: la edad de Efeso, tuvo muchos frutos, muchas uvas, muchos hijos e hijas de Dios.

Después surgió otra rama allá en Francia con Ireneo, la rama ireneana con mucho fruto, muchas uvas, muchos hijos de Dios. Después surgió una tercera rama entre los gentiles, esa fue ¿cuál, Miguel? Martin, y después surgió otra: *Colombo; en todas esas ramas, edades ha habido mucho fruto, muchas ramas de uva, muchos hijos e hijas de Dios.

Después surgió otra rama en Alemania: la rama luterana, muchos hijos de Dios también. Después surgió otra rama: rama wesleyana en Inglaterra; todo eso está surgiendo de la Vid, son ramas de la planta de uva, y ese Árbol de uva está teniendo muchos hijos e hijas de Dios pero a través de las ramas, así como el hombre tiene sus hijos a través de su esposa, a través de una mujer.

Y ahora, surge la rama séptima entre los gentiles en Norteamérica, porque cinco ramas surgieron en Europa allá en Francia, Irlanda, Alemania e Inglaterra, cinco ramas (falta una de mencionar, Francia), y luego viene la séptima rama de entre los gentiles, de la edad de Laodicea; cada rama es conocida por el nombre del mensajero y está representada en cada una de las siete Iglesias de Asia Menor mencionadas en el libro del Apocalipsis, y cada pastor de cada una de esas Iglesias tipifica, representa al mensajero de cada edad.

Pero luego la promesa es que de la raíz de David, ahí del tronco surgirá un vástago, un retoño, eso está en Isaías, capítulo 11. Y ahora, de la Vid verdadera, de Cristo, va a surgir de sus raíces *un retoño, y ahí va a estar la bendición grande para la Iglesia del Señor, esa es la rama o retoño que conecta con el pueblo hebreo, esa es la rama o retoño que está ligada tanto al Cristianismo como al pueblo hebreo.

Y ahora, podemos ver que la Iglesia va a tener en la parte alta esa bendición, eso es en la Edad de la Piedra Angular, y esa bendición después va a pasar al pueblo hebreo; ellos van a ver esa bendición y van a decir: “Si esto es lo que nosotros estamos esperando.” Dios es el que va a obrar para que eso sea así.

Y ahora, estamos en la etapa más gloriosa de todas, la etapa que corresponde al Oeste. La Iglesia ha ido subiendo, y eso es de Este a Oeste, el Oeste está representado en la Edad de la Piedra Angular, la obra para el Oeste es la obra para la Edad de la Piedra Angular, es ahí donde esa rama va a dar el fruto prometido para el Día Postrero.

Y los creyentes del Día Postrero a través de la Palabra revelada que tendrán, van a saber cómo dar mucho fruto, cómo trabajar en la Obra del Señor y qué hacer para que lo que Dios ha prometido para Su Iglesia en el Día Postrero, se haga una realidad.

Recuerden que hay que trabajar alrededor de lo que Dios ha prometido, para que se cumpla lo que Dios prometió. Si no se trabaja entonces uno no obtiene resultados. Por ejemplo, si se le dice a una persona: “Aquí te estoy entregando estas semillas de trigo, vas a tener un campo lleno de trigo, de plantas de trigo y van a dar muchos granos de trigo y vas a tener una cosecha grande de trigo, aquí está la semilla.”

Si la persona se queda con la semilla y no trabaja para sembrarla, cuidarla y esperar la cosecha, nunca va a tener esa cosecha, hay que trabajar, por eso es que Dios no quiere vagos en Su Obra; el siervo que escondió el talento tuvo problemas con Dios, porque Dios no da las cosas para que la persona las esconda, sino para que las use en beneficio del Programa Divino.

Dios nos está dando los materiales para trabajar y obtener mucho fruto en la Obra de Dios. Los siervos fieles y prudentes son trabajadores, y esos son los que reciben las bendiciones de Dios, y no son compartidas con los vagos, el vago que escondió su talento o el talento de Dios, porque nadie tiene nada, todo es de Dios, y nosotros mismos también.

El que escondió el talento, vino y lo entregó, le fue quitado el talento y fue echado para donde es el lloro y el crujir de dientes, no entró al Reino; pero los que trabajaron fueron bendecidos, y lo que ellos habían recibido y lo que ganaron, Dios no dijo: “Ahora esto es mío, lo recojo y ya, váyanse ustedes tranquilos,” no, les dejó todo. Estamos trabajando para nosotros mismos.

Como un hombre rico que le da dinero a su hijo y le ayuda para que monte un buen negocio, y el hijo cree que está montando un negocio para su papá, pero cuando llega el tiempo el padre le dice: “Todo eso es tuyo, es tu herencia, has estado trabajando bien, multiplicaste lo que puse en tu mano,” y así es con nosotros, estamos trabajando para nosotros mismos en el Reino de Dios, lo cual disfrutaremos cuando estemos con Cristo en Su Reino aquí en la Tierra.

Él viene para recompensar a cada uno según sea su obra, está la Venida a Su Iglesia para la resurrección y transformación, pero está la Venida del Señor con Su Iglesia después de la Cena de las Bodas del Cordero al final de la gran tribulación, Cristo viene con Su Iglesia para establecer Su Reino en la Tierra; pero Su Venida a Su Iglesia antes de la gran tribulación es para darnos la fe para ser transformados, es para llevarnos con Él a la Cena de las Bodas del Cordero, es para resucitar los muertos creyentes en Él y transformarnos a nosotros los que vivimos, por lo cual tenemos que tener la fe, la revelación para ser transformados y llevados con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

Y esa fe de rapto y transformación está en el séptimo Sello, así como la fe para la transformación interior está en la primera Venida de Cristo, y la fe para ser transformados literalmente está en la Venida del Señor para el Día Postrero, está en el séptimo Sello que es la Venida del Señor.

Y ahora, Dios nos va a estar dando mucha revelación divina de la segunda Venida de Cristo, tanto de lo que es la Venida del Señor a Su Iglesia antes de la gran tribulación, como también lo que es la segunda Venida de Cristo después de la gran tribulación que viene con Su Iglesia ya transformada del Cielo ya como Reina, Cristo como Rey, para establecer el Reino aquí en la Tierra.

O sea, que hay que saber hacer la diferencia, la separación entre la Venida de Cristo a Su Iglesia antes de la gran tribulación que viene con Gran Voz de Trompeta para la transformación de los vivos y resurrección de los muertos, y lo que es la Venida del Señor con Su Iglesia del Cielo, de la gran fiesta de la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, para establecer el Reino Milenial, o sea, para comenzar el Reino Milenial.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, platicando con ustedes de cómo obtener el mayor fruto en la Obra de Dios.

Adelante trabajando en la obra del Señor, en la obra misionera, la obra evangelística, el proyecto de La Gran Carpa-Catedral y en todas las demás cosas que se están llevando a cabo en el Programa Divino en la edad que nos corresponde vivir.

No estamos trabajando para una edad pasada, estamos trabajando en y para nuestra edad, y por eso tenemos que concentrar nuestro trabajo en la edad que nos corresponde, en todo aquello que hay que hacer en nuestro tiempo, en nuestra edad.

Que Dios les bendiga y les guarde, y dejo nuevamente con ustedes al misionero, doctor Miguel Bermúdez Marín para continuar y finalizar, y mañana nos vemos en la actividad pública para lo cual les pido que oren mucho por esa actividad.

Dios les bendiga y les guarde a todas.

“CÓMO OBTENER EL MAYOR FRUTO EN LA OBRA DE DIOS.”

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