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Muchas gracias, doctor Miguel Bermúdez Marín.

Muy buenas tardes para todos, es un privilegio y bendición grande estar en medio de un pueblo milenario que tiene la oportunidad de vivir eternamente en el Reino del Mesías, en el Reino del Cristo, que va a ser establecido en la Tierra, al cual van a pertenecer muchas naciones, y esperamos que la nación de Bolivia pertenezca a ese Reino del Mesías, del Rey que gobernará sobre todo el planeta Tierra y en donde estarán todas las bendiciones del Cielo y de la Tierra para los pueblos que entrarán a ese Reino del Mesías.

Tenemos la Escritura que nos promete esta Vida eterna en el Reino del Mesías, dice la Escritura en el libro del Apocalipsis, capítulo 22, versos 16 al 17, de la siguiente manera:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.

Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.”

Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos conceda la Vida eterna como Él aquí lo ha prometido: “El que quiera tome del agua de la Vida eterna gratuitamente.”

“EL AGUA DE LA VIDA ETERNA.”

En el tiempo de los conquistadores, mucho tiempo atrás (cientos de años) estaban buscando la fuente del agua de la vida, porque la Biblia señala que hay una fuente de Agua de Vida eterna, por lo tanto estaban buscando la fuente de la juventud; pero no la encontraron porque la fuente de la juventud está para todos los seres humanos disponibles, y aquí en el libro del Apocalipsis, capítulo 22 hemos leído que hay un agua, una agua de Vida eterna para todo aquel que quiere, que tiene sed de tomar de esa Agua para vivir eternamente.

En el mismo libro del Apocalipsis, capítulo 21, versos 5 al 7, nos dice:

“Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.

Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.”

Aquí también tenemos la promesa para todo aquel que tiene sed del Agua de la Vida, Él promete darle de la fuente del Agua de la Vida; de esto era que hablaba el Señor Jesucristo a la mujer samaritana, en el capítulo 4, verso 10 y verso 14, donde dice:

“Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.”

Luego, más adelante el verso 14 de ese mismo capítulo 4 de San Juan, en la conversación que tiene Cristo con la mujer samaritana, ella escucha las palabras que Cristo dice:

“Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.”

Es el Agua de la Vida eterna, y la fuente es Jesucristo, Él es la fuente del Agua de la Vida eterna; por eso en el capítulo 7 de San Juan, cuando Jesús estuvo allá en Jerusalén y estuvo en la fiesta de los Tabernáculos, la fiesta de las Cabañas, en el último y gran día de la fiesta Jesús se puso en pie y habló unas palabras que ningún otro hombre ha podido hablar de sí mismo; dice San Juan, capítulo 7, versos 37 al 39:

“En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.

El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.

Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.”

Y ahora, aquí Cristo se presenta como la fuente del Agua de la Vida eterna para todos aquellos que quieren vivir eternamente, siendo que Él tiene el Agua de la Vida eterna, ¿qué es el Agua de la Vida eterna? Porque todos queremos tomar del Agua de la Vida eterna para vivir eternamente en el Reino del Mesías.

Miles de años atrás cuando el pueblo hebreo fue libertado por Dios a través del profeta Moisés, en el capítulo 17 del libro del Éxodo y en el capítulo 20 del libro de Números, encontramos en esas dos ocasiones que el pueblo tuvo sed y clamó a Dios y a Moisés, y le fue dicho a Moisés que fuera a la roca que estaba allí en el monte Sinaí, en Horeb y con su vara hiriera esa roca, y la roca daría aguas para el pueblo, daría agua y el pueblo entonces no moriría; porque una persona o un pueblo sin agua, perece, así como los árboles perecen si no hay agua; Moisés hirió la roca y salió un río de agua para todo el pueblo que eran alrededor de dos millones de personas.

Luego, en la otra ocasión fue Cades-barnea, en donde Dios le dijo a Moisés que le hablara a la roca y la roca daría agua para el pueblo, y la roca dio agua para todo el pueblo en aquella ocasión en que el pueblo estaba sediento, tenía sed y no encontraba agua. La roca tipifica a Cristo y el agua tipifica al Espíritu Santo, así como sin agua el pueblo muere, las personas mueren si no hay agua; el ser humano sin el Espíritu Santo muere espiritualmente y no tiene esperanza de una Vida eterna.

Por lo tanto Cristo, la roca fue herido en la Cruz del Calvario para darnos el Agua de la Vida eterna, Su Espíritu Santo; para todo aquel que en Él cree, la promesa es que Él le dará Agua de Vida eterna, le dará el Espíritu Santo como ha sido prometido que sería derramado sobre toda carne, sobre toda persona que recibiría a Cristo como único y suficiente Salvador. Así es como aseguramos nuestro futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno, y vivimos con la fe puesta en Cristo sabiendo que vamos a vivir eternamente en Su Reino.

Ya la persona que ha recibido a Cristo como Salvador, ha sido bautizada en agua en Su Nombre y ha recibido Su Espíritu, ha obtenido el nuevo nacimiento y por consiguiente ha nacido de nuevo, ha nacido en el Reino de Dios con Vida eterna, su alma tiene Vida eterna y su espíritu también; y ahora solamente falta que Él nos de la Vida eterna física lo cual ocurrirá cuando Él resucite a los muertos creyentes en Él que han muerto físicamente en tiempos pasados y algunos en nuestro tiempo; y luego transforme a los creyentes que estarán vivos en el momento en que Él produzca la resurrección de todos los creyentes en Él.

Recuerden que Él prometió resucitar a todos los creyentes en Él en Su segunda Venida; aquí tenemos la promesa en el capítulo 6 de San Juan, verso 39 al 40, donde dice:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Aquí tenemos la promesa gloriosa de la resurrección en cuerpos eternos, cuerpos inmortales, cuerpos glorificados iguales al cuerpo glorificado que tiene Jesucristo el cual está tan joven como cuando subió al Cielo; y así es como Cristo va a darle la inmortalidad física a todos los creyentes en Él; aunque hayan muerto físicamente, los va a resucitar en un cuerpos nuevo, eterno, inmortal y glorificado con Vida eterna y joven para toda la eternidad.

Y a los creyentes en Cristo que estén vivos en ese momento los transformará, eso es la adopción, la redención del cuerpo, eso es lo que Él va a hacer conmigo. ¿Y con quién más? Con cada uno de ustedes también; porque ustedes han creído en Cristo de todo corazón, lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador, han sido bautizados en agua en Su Nombre, y Él les ha bautizado con Espíritu Santo y Fuego y ha producido en ustedes el nuevo nacimiento.

Y ahora, tenemos la esperanza de la Vida eterna, sabemos que vamos a vivir eternamente con Cristo en Su Reino y que esta vida terrenal que tenemos es temporera y tiene un propósito: es que escuchemos la predicación del Evangelio de Cristo, nazca la fe de Cristo en nuestra alma y lo recibamos como único y suficiente Salvador y Él con Su Sangre nos limpie de todo pecado, seamos bautizados en agua en Su Nombre y Él nos bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en nosotros el nuevo nacimiento; y así nacemos del Cielo, de esa dimensión celestial de los ángeles, de Cristo y de Dios, y entonces estaremos conscientes que tenemos Vida eterna y que viviremos eternamente en el Reino del Señor; y el que tiene esa esperanza en Cristo, se perfecciona.

“EL AGUA DE LA VIDA ETERNA.” Hemos visto que es el Espíritu Santo, y la fuente del Agua de la Vida eterna es Jesucristo, el cual nos da esa bendición tan grande.

Cuando el apóstol San Pedro predicó el Día de Pentecostés en el capítulo 2 del libro de los Hechos, versos 29 en adelante, hablando el rey David, citando al rey David, dice aquí San Pedro:

“Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy.

Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción.

A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.

Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.

Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor:

Siéntate a mi diestra,

Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.

Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.

Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.

Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.

Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.”

Y el verso 47, dice que permanecían:

“Alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.”

Los que han de ser salvos son aquellos que toman del Agua de la Vida, toman de la fuente del Agua de la Vida, o sea, toman, reciben el Espíritu Santo de parte de Cristo, porque escuchan la predicación del Evangelio de Cristo, nace la fe de Cristo en su alma y creen en Cristo y lo reciben como único y suficiente Salvador dando testimonio público de su fe en Cristo, porque la fe viene por el oír; pero con el corazón se cree para justicia y con la boca se confiesa para salvación, se confiesa públicamente a Cristo como único y suficiente Salvador para Salvación de nuestra alma, y Cristo lo recibe en Su Reino. Por lo tanto, así como preguntaron aquellos que escucharon a San Pedro predicando, le preguntan:

“Varones hermanos, ¿qué haremos?

Pedro les dice: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo, y para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.”

O sea, recibiereis el Agua de la Vida eterna, porque han creído y recibido a Cristo que es la roca, y la roca les da el Agua de la Vida eterna, el Espíritu Santo.

Y ahora, ustedes preguntarán, los que todavía no han tomado del Agua de la Vida eterna... ya yo recibí a Cristo como Salvador y tomé del Agua de la Vida eterna, del Espíritu Santo, y ahora tengo Vida eterna. ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como único y suficiente Salvador para así tomar de la fuente del Agua de la Vida eterna, tomar del Espíritu Santo a través de Cristo, al recibir a Cristo como Salvador y Él darnos del Espíritu Santo, si alguno todavía no lo ha recibido como Salvador, lo puede hacer en estos momentos para que tome del Agua de la Vida eterna, del Espíritu Santo, del Espíritu de Cristo y reciba la Vida eterna.

Pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo para que oremos por usted en esta ocasión, y los que están en otras naciones también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo, la fuente del Agua de la Vida, para que nos dé el Agua de la Vida eterna que es el Espíritu Santo.

Él, en una ocasión allá en San Juan, capítulo 10, versos 27 en adelante dijo: “Mis ovejas oyen mi voz y me siguen; y Yo las conozco, y Yo les doy Vida eterna; y no perecerán jamás, mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” Y también en San Juan, capítulo 10, versos 14 en adelante Él dice: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen,” y también dice: “También tengo otras ovejas que no son de este Redil, las cuales también debo traer, y oirán mi Voz, y habrá un rebaño y un pastor.”

El Pastor es el buen Pastor, Jesucristo, el rebaño es la Iglesia del Señor Jesucristo, y las ovejas ¿quiénes son? Todos nosotros que escuchamos la Voz de Cristo, el buen Pastor; escuchando Su Voz, Su Palabra estamos recibiéndolo como nuestro único y suficiente Salvador porque ha nacido la fe de Cristo en nuestra alma, y ahora estamos recibiendo la roca inconmovible de los siglos, la fuente del Agua de la Vida eterna, para que nos dé el Agua de la Vida eterna, el Espíritu Santo, porque es para cada uno de ustedes y para vuestros hijos también, para los que están lejos, para los que están cerca, para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

Y así es como son añadidos a la Iglesia del Señor Jesucristo con Vida eterna, así es como nacen en el Reino de Cristo, y por consiguiente han obtenido la Vida eterna. Vuestra alma tiene Vida eterna, porque ha recibido a Cristo como vuestro único y suficiente Salvador. Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, pues Él dijo: “Dejad a los niños venir a mí; y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los Cielos.”

Lo más importante para el ser humano es la vida, no hay nada más importante; si la vida termina para una persona, terminó lo más importante que tenía, no se puede llevar su dinero, sus bienes materiales, sus propiedades y tampoco puede llevarse su profesión, porque allá a donde va no se vive en la forma que acá se vive, porque allá no se trabaja, no se duerme, no hay noche y no hay las necesidades que tenemos nosotros en esta vida terrenal.

Por eso lo más importante para la persona es la vida; y si la vida terrenal es importante, cuánto más la Vida eterna, no hay nada más importante que la Vida eterna para el ser humano, para la familia humana. Sin la Vida eterna la persona no puede vivir por toda la eternidad, solamente tiene la vida temporera que se le va a terminar en algún momento, y ni siquiera la persona sabe cuándo se le va a terminar la vida terrenal.

Por eso tenemos que asegurar nuestro futuro eterno con Cristo el Rey eterno, en Su Reino eterno, tenemos que asegurar nuestro futuro eterno en la Vida eterna; y el único que nos puede asegurar el futuro eterno en la Vida eterna es Jesucristo nuestro Salvador, por eso Él dice: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo les doy Vida eterna.” Ninguna otra persona nos puede dar Vida eterna, solamente hay uno, y Su Nombre es SEÑOR JESUCRISTO.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo. Si hay alguna otra persona que todavía no ha recibido a Cristo, puede pasar acá al frente para que quede incluido en la oración que estaremos haciendo; y los que están en otras naciones pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo.

Tomar del Agua de la Vida eterna es un privilegio que Dios nos da a todos nosotros como seres humanos, todos tienen la misma oportunidad de tomar del Agua de la Vida eterna a través de la roca, de la fuente de la Vida eterna que es Cristo, para vivir eternamente; por lo tanto todos los que todavía no han recibido a Cristo, lo pueden hacer para tomar de esa Agua de la Vida eterna, del Espíritu Santo, del Espíritu de Cristo que Él le dará a todos los que lo reciben como único y suficiente Salvador.

Vamos ya a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo, los que están en otras naciones también preparados, puestos en pie para la oración por todos los que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.

Con nuestras manos levantadas al Cielo y nuestros ojos cerrados, repitan conmigo esta oración que estaré haciendo por todos los que han recibido a Cristo como único y suficiente Salvador:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida y en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados. Creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres en que podemos ser salvos.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre y sea producido en mi el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente. Sálvame Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Por lo cual ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo lo más pronto posible.” Pues Cristo dijo en San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

También Él dijo en San Mateo, capítulo 10, versos 32 al 33:

“A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.

Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.”

Todos queremos que Cristo nos confiese delante del Padre como creyentes en Él que lo hemos recibido como nuestro único y suficiente Salvador, que hemos dado testimonio público de nuestra fe en Cristo y hemos sido bautizados en agua en Su Nombre, y Él nos bautizará con Espíritu Santo y Fuego y producirá en nosotros el nuevo nacimiento y así es como nosotros entramos al Reino de Dios, “porque el que no nazca del Agua y del Espíritu no puede entrar al Reino de Dios,” le dice Cristo a Nicodemo en San Juan, capítulo 3, versos 1 al 6.

Por lo tanto, la pregunta de vuestro corazón: “¿Cuándo me pueden bautizar?” Está contestada, bien pueden ser bautizados en estos momentos, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad.

El bautismo en agua es tipológico, cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo. Cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente, simbólicamente está siendo sepultado. Y cuando el ministro lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Tan sencillo como eso es el simbolismo en el bautismo en agua en el Nombre del Señor, en el cual nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección, porque el bautismo en agua es a semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo; por eso nos identificamos con Cristo en el bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo; y que Cristo les bendiga grandemente a todos, les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Recuerden, el mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista; y si Cristo fue bautizado, necesitó ser bautizado para cumplir toda justicia, cuánto más nosotros necesitamos ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Por lo tanto bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, les dé el Agua de la Vida eterna que es el Espíritu Santo y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino del Señor Jesucristo.

Continúen pasando todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. Dejo aquí al ministro para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y en cada nación que está conectada a través del satélite Amazonas o de internet, también pueden ser bautizados los que han recibido a Cristo como Salvador en estos momentos, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y por consiguiente nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Jesucristo, el Mesías.

Dios les bendiga y les guarde a todos.

“EL AGUA DE LA VIDA ETERNA.”

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