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Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas y de internet en diferentes naciones. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes, y nos abra en esta ocasión las Escrituras y el entendimiento para comprender la Palabra de Dios. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para esta ocasión quiero expresarles mi aprecio y agradecimiento por el respaldo que le están dando al proyecto divino de la obra misionera y evangelística en todas las naciones, y también por el respaldo que le están dando al proyecto de La Gran Carpa-Catedral, y el respaldo que le están dando a AMISRAEL.

Para esta noche, para esta ocasión quiero leer un pasaje muy importante, el cual parte corresponde a este tiempo final, y parte se cumplió dos mil años atrás; es el capítulo 4 de Malaquías, versos 1 al 6, dice:

“Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama.

Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada.

Hollaréis a los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies, en el día en que yo actúe, ha dicho Jehová de los ejércitos.

Acordaos de la ley de Moisés mi siervo, al cual encargué en Horeb ordenanzas y leyes para todo Israel.

He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.

El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión es: “EL ÁNGEL DEL PACTO VINIENDO A SU TEMPLO EN EL DÍA POSTRERO.”

“EL ÁNGEL DEL PACTO VINIENDO A SU TEMPLO EN EL DÍA POSTRERO.” Aquí tenemos cuatro partes muy importantes para tratar: el Ángel del Pacto, número uno;  número dos: la Venida del Ángel del Pacto; número tres: el Templo al cual Él vendrá; y número cuatro: el Día Postrero. En el capítulo 3 de Malaquías, verso 1 en adelante, dice:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.”

Aquí tenemos la promesa de la Venida del Señor y la Venida del Ángel del Pacto, y también tenemos la promesa aquí de la venida del mensajero que vendrá preparándole el camino al Señor; por cuanto la Venida del Señor tiene dos partes: Su primera Venida y Su segunda Venida; Su primera Venida para quitar el pecado del mundo como Cordero, y Su segunda Venida como León para llevar a cabo la Obra de Reclamo como Rey de reyes y Señor de señores, y juzgar al mundo como juez.

Ahora veamos, nos dice: “...y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros.”

Siendo que Dios creó al ser humano a Su imagen y semejanza, lo creó trino, porque encontramos a Dios en una trinidad que muchos no han comprendido todavía y que no la pueden explicar como realmente es; lo más que se parece a Dios es el ser humano, y lo más que se parece al ser humano, pues es Dios, porque Dios creó al ser humano a Su imagen y semejanza. En el capítulo 1, versos 26 al 28 del Génesis, dice: “Hagamos al hombre conforme a nuestra imagen y semejanza.” Veamos:

“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.

Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”

¿Y qué de la semejanza de Dios? Pues aquí los creó a Su imagen; la semejanza se la da luego Dios al hombre en el capítulo 2 del Génesis, verso 7, donde dice:

“Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.”

Cuando Dios creó al hombre a Su imagen, lo creó en cuerpo angelical, a la imagen de Dios, pues la imagen de Dios es el cuerpo angelical de Dios llamado el Ángel del Pacto, y ese es Cristo, el Ángel del Pacto, la imagen del Dios viviente del cual habla el apóstol Pablo en Colosenses, capítulo 1, verso 15, donde dice hablando de Cristo:

“El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.”

Y ahora, estamos viendo quién es el Ángel del Pacto. En Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 3, nos dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo;

el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia...”

Y ahora, ¿quién es la imagen misma de la sustancia divina? El Hijo de Dios, Jesucristo en Su Cuerpo angelical; por eso Cristo decía: “Antes que Abraham fuese, Yo soy.” (San Juan, capítulo 8, versos 56 al 58, y también el capítulo 8, verso 47).

Y ahora, podemos ver que Jesucristo no es un hombre común como han pensado algunos, que es un hombre más que nació en esta Tierra; es nada menos que el Ángel del Pacto, el cual había libertado al pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto.

Y ahora, la relación entre el Ángel del Pacto y Dios, es que es que el Ángel del Pacto es el Cuerpo angelical de Dios, es llamado también el Espíritu Santo; porque un espíritu es un cuerpo de otra dimensión.

Y ahora, estamos viendo quién es este Ángel del Pacto del cual dice San Pablo que es el Verbo que era con Dios, es:

“...el resplandor de su gloria (de Dios), y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.”

 Y ahora vean ustedes, San Pablo nos dice que Dios en estos postreros días nos ha hablado por Su Hijo:

“En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo;”

Cuando nos habla de que Dios por medio de Cristo nos ha hablado en los postreros días, estando Cristo dos mil años atrás hablando, predicando al pueblo, nos muestra que los postreros días comenzaron en los días de Jesucristo, ¿y qué son entonces los días postreros? Ahora estamos hablando del Ángel del Pacto, mostrando que ese Ángel del Pacto es el Cuerpo angelical de Dios a través del cual Dios libertó al pueblo hebreo.

Por eso encontramos que cuando le apareció al profeta Moisés, el Ángel del Pacto le dice: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac, y de Jacob.” ¿Y cómo puede ser el Ángel del Pacto, el Dios de Amram (el padre de Moisés), y Dios de Abraham, de Isaac, y de Jacob? Porque Dios está en Su Ángel que es el Cuerpo angelical de Dios, que es ese Cuerpo teofánico en el cual Dios aparecía en medio del pueblo hebreo a diferentes profetas, diferentes hombres de Dios; por ejemplo, tenemos casos en donde muchos hombres de Dios vieron al Ángel del Pacto, a un hombre, y hasta le preguntaron cuál es Su Nombre.

Por ejemplo tenemos el caso de Jacob luchando con el Ángel de Dios y el Ángel cambiándole el nombre a Jacob, y Jacob preguntándole cuál era Su Nombre; también encontramos a Manoa... ahora vean, Jacob luego que el Ángel se fue, llamó Peniel al sitio donde había encontrado al Ángel y con quien había luchado, porque dijo: “Vi a Dios cara a cara.” Luego también (eso está en el capítulo 32 del Génesis, versos 24 al 32)... y luego encontramos a Manoa (padre de Sansón), antes de tener a su hijo Sansón, el cual fue el hombre más fuerte, pero no por fuerza humana, sino porque el Espíritu de Dios se manifestaba en él, y cuando se manifestaba era la fuerza, el poder de Dios a través de él.

Y ahora, cuando le aparece en el capítulo 13 del libro de los Jueces, a la esposa de Manoa, y después Manoa ora a Dios para que envíe nuevamente al Ángel, y el Ángel aparece, le da a conocer a Manoa lo mismo que le había dicho a la señora Manoa, y luego le pregunta Manoa: “¿Cuál es Tu nombre? Para que cuando se cumpla lo que Tú has dicho te honremos;” y el Ángel le dice: “¿Por qué preguntas por mi Nombre, el cual es Admirable?” Y si lo llevan a Isaías, capítulo 9, verso 6 al 7, encuentra que es el Príncipe de Paz el niño que nacería, que sería Admirable, Dios Fuerte, Padre Eterno.

Y luego el Ángel sube en la llama de fuego que estaba consumiendo la ofrenda de aquel cabrito que había ofrendado Manoa a Dios, y entonces Manoa se da cuenta que no es cualquier Ángel, no es cualquier hombre, es un hombre de otra dimensión. Recuerden que los ángeles son hombres de otra dimensión, personas de otra dimensión; no estamos solos en este mundo.

Y Manoa le dice a su esposa: “hemos de morir, porque hemos visto a Dios cara a cara.” Es que Dios le había dicho a Moisés, cuando Moisés quiso ver la gloria de Dios, Dios le dijo: “No podrás ver mi rostro porque no me verá hombre y vivirá, vas a ver mi espalda (o mis espaldas) cuando Yo pase delante de ti.” O sea, iba a ver al Ángel del Pacto, a Dios en Su Cuerpo angelical pasando frente a Moisés, y así sucedió; pero ahora Manoa está viendo al Ángel del Pacto en quien estaba, está y estará eternamente Dios, porque ese es el Cuerpo angelical de Dios, es la imagen del Dios viviente.

Recuerden que así como el ser humano es trino: alma, espíritu y cuerpo; Dios, lo encontramos en una trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, pero hay que saber, se tiene que saber cuál es cada una de esas partes; usted tiene que saber quién y qué es usted: usted y yo somos almas, almas vivientes, pero tenemos un espíritu que es un cuerpo de otra dimensión, y tenemos un cuerpo físico de esta dimensión.

Cuando la persona muere realmente no ha muerto, lo que murió fue su cuerpo físico, pero la persona por cuanto es alma viviente y tiene un cuerpo espiritual, continúa viviendo en ese cuerpo espiritual que es de otra dimensión; si es un creyente en Cristo su cuerpo es de la dimensión de los ángeles de Dios, es la dimensión del Paraíso y va a vivir al Paraíso, hasta que ocurra la resurrección de los muertos en Cristo; y si no es un creyente, pues va a otra dimensión.

Y ahora, el espíritu de la persona, pues es un cuerpo de otra dimensión, y el alma de la persona es lo que en realidad es la persona; por eso cuando Cristo habla acerca de la Salvación, dice en San Mateo, capítulo 16, versos 26 al 28: “¿De qué le vale al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según sus obras.”

Ahora, vean que Cristo habla de la perdición del alma de la persona, porque eso es lo que en realidad es la persona: alma viviente, y por eso es que en algunas ocasiones cuando se hace la invitación para recibir a Cristo, se dice: “Dale tu alma, o dale tu corazón,” porque el corazón representa el alma de la persona: “Dale tu alma, dale tu corazón a Cristo.” Esa es la parte más importante del ser humano: el alma, eso es lo que en realidad es el ser humano, es lo mayor que hay en usted; y así es en Dios.

Encontramos a Dios el Padre con un Cuerpo angelical llamado el Ángel del Pacto, ese es el Espíritu Santo, porque un espíritu es un cuerpo de otra dimensión; y encontramos a Dios con Su Cuerpo angelical dentro de un cuerpo de carne llamado Jesús, y ahí está la plenitud de la Divinidad en forma humana caminando en medio del pueblo hebreo, y llevando a cabo las obras que Él prometió realizar en Su Venida en y a Su Templo, Su Templo de carne; porque somos templo humano, Templo de Dios.

El Templo humano de Dios es el Cuerpo llamado Jesús nacido de la virgen María; por eso Cristo dijo: “Destruyan este templo, y en tres días Yo lo levantaré,” pensaron que estaba hablando del templo del piedras que hizo Herodes, pero no entendieron que Él estaba hablando de Su Cuerpo, de Su Templo, y cuando murió y resucitó entonces los discípulos comprendieron que les había hablado del Templo de Su Cuerpo.

Somos como personas, templo de Dios; y como el templo que construyó el rey Salomón y el templo o tabernáculo que construyó Moisés en el desierto, tenía tres partes importantes: atrio, lugar santo y Lugar Santísimo. El ser humano también es trino, tiene Atrio que es el cuerpo de carne, tiene Lugar Santo que es el espíritu de la persona, el cuerpo angelical, y tiene Lugar Santísimo que es el alma de la persona que es en sí lo que es la persona; por eso es que se pide a Dios que entre al corazón, al alma de la persona, porque ese es el Trono de Dios para Dios morar en la persona y gobernar, reinar sobre el Trono que está ahí en el ser humano: el alma de la persona.

Y ahora, encontramos a Jesús hablando del Espíritu Santo que estaba en Él, cuando dice en San Lucas, capítulo 4, versos 12 en adelante: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido.” Y comienza a enumerar las cosas para las cuales había sido ungido.

El Señor Jesucristo cuando fue bautizado por Juan el Bautista, recibió esa unción, y antes de Cristo ser bautizado por Juan, era el Hijo de Dios, pero no era el Mesías, no era ungido, no era el Cristo, hasta el momento en que el Espíritu Santo vino sobre Él, porque el Cristo, el Mesías lo que significa es: el ungido, el ungido con el Espíritu Santo; fue ungido para la semana setenta y ahí cumplir el ministerio mesiánico que duró tres años y medio, y llevó a cabo la Obra de Redención en la Cruz del Calvario.

El Ángel del Pacto en Jesús era el que hacía las Obras; ahora, Cristo dice: “El Padre que mora en mí, Él hace las obras,” o sea, Dios el Padre por medio del Espíritu Santo obraba en el velo de carne llamado Jesús. Tan sencillo como eso. Es como sucede en nosotros: algunas veces pensamos que somos nosotros la parte humana, el cuerpo físico el que hace las obras, el que hace las cosas, no, es el alma de la persona obrando por medio del espíritu que está en él a través del cuerpo de carne, tan sencillo como eso; por eso es que cuando sale el alma de la persona y sale el espíritu de la persona, el cuerpo ya no puede hacer nada, usted le dice: “Mueve la mano,” y no la puede mover, ¿por qué? Porque salió la persona, salió del velo de carne, de ese templo humano en el cual vivió por una cantidad de tiempo.

Ahora, encontramos que la persona sigue viviendo pero en otra dimensión con el cuerpo espiritual, cuando Cristo murió, lo que murió fue Su Cuerpo físico, pero Él dice la Escritura que descendió a las partes más bajas de la Tierra (Efesios, capítulo 4). Y también en Primera de Pedro, nos habla de lo que sucedió; en Primera de Pedro, capítulo 3, versos 18, en adelante, dice:

“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu;

en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados,

los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua.”

Y ahora, Cristo murió en la carne, pero en Espíritu vivificado fue al infierno y predicó a los espíritus que estaban allí encarcelados, los cuales habían muerto con el diluvio en el tiempo de Noé, los cuales fueron desobedientes, no creyeron en el mensaje de Noé y no sirvieron a Dios, no se arrepintieron y vino el diluvio y se los llevó a todos, no entendieron. “Y no entendieron y vino el diluvio y se los llevó a todos,” dice Jesús.

Eso muestra que cuando la persona muere va a otra dimensión, el mismo Cristo fue a otra dimensión, ¿y por qué Él bajó al infierno siendo el Hijo de Dios? Porque Dios cargó en Jesús todos los pecados del ser humano; y por tener los pecados nuestros tuvo que ir al infierno donde nosotros teníamos que ir a causa de nuestros pecados, y allí le quitó las llaves del infierno y de la muerte al diablo, y resucitó, y trajo... y pasó por el Paraíso y trajo a los santos del antiguo Testamento que estaban en el seno de Abraham, por eso dice también la Escritura que muchos de los santos que habían muerto se levantaron de los sepulcros después de la resurrección de Él, de Cristo, y aparecieron a muchos en la ciudad de Jerusalén. Eso está en el capítulo 27 de San Mateo, capítulo 27, verso 51 en adelante, dice:

“Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron;

y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron;

y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos.”

Esa fue la resurrección de los santos del antiguo Testamento los cuales se levantaron con Cristo, y por eso Cristo con ellos subió al Cielo llevando cautiva la cautividad, y el Salmo 24 se cumple ahí cuando Cristo va con ellos y claman: “Abrid, oh puertas eternas vuestras cabezas, levantad oh puertas eternas vuestras cabezas, y entrará el Rey de gloria.” Y entonces preguntan en el Cielo: “¿Quién es este Rey de gloria?” Y entonces los que van con Él dicen: “Jehová de los ejércitos es el Rey de la gloria.”

Pero en ese Salmo se repite dos veces lo mismo, ¿por qué? Porque la primera parte corresponde a los santos del antiguo Testamento que resucitaron con Cristo cuando suben al Cielo, y la segunda parte corresponde a los santos del Nuevo Testamento que resucitarán en el Día Postrero, y a los que estarán vivos en ese tiempo serán transformados que irán en el rapto o arrebatamiento de la Iglesia al Cielo, y las puertas eternas serán abiertas para dar la bienvenida a todos los creyentes en Cristo que serán arrebatados con Cristo al Cielo, para ir a la fiesta más grande que se haya llevado a cabo en el Cielo, en la Casa del Padre celestial: la fiesta de la Cena de las Bodas del Cordero.

Y ahora, veamos un poco acerca del Ángel del Pacto, ya sabemos que en Jesús estaba Dios el Padre, el cual hacía las obras, del cual Cristo dice: “El Padre que mora en mí, Él hace las obras, el Padre es mayor que Yo,” o sea, que Cristo mismo dice que el Padre siendo mayor que Él, es el que hace las obras por medio del Espíritu Santo. Siempre el cuerpo físico es menor que el espíritu de la persona, y el cuerpo físico y el espíritu de la persona es menor que el alma de la persona, lo mayor de la persona es el alma, y por consiguiente Dios el Padre es mayor que el cuerpo angelical, y que el cuerpo de carne llamado Jesús. Y ahora, en el capítulo 23 del Éxodo, versos 20 al 23, dice:

“He aquí yo envío mi Angel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.”

¿El Nombre de Dios dónde está? En el Ángel del Pacto, en el Cuerpo angelical de Dios, en ese Cuerpo teofánico que es el que libertó al pueblo hebreo a través del profeta Moisés.  Ahora sigue diciendo:

“Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.

Porque mi Angel irá delante de ti...”

Y ahora, es por medio del Ángel de Dios, el Ángel del Pacto que Dios ha estado hablándole al ser humano, recordando que el Ángel del Pacto es el Espíritu Santo, y es por medio del Ángel del Pacto, el Espíritu Santo, el Verbo que era con Dios y era Dios, y luego se hizo carne y lo conocimos como Jesús, el velo de carne. Por medio de ese Ángel del Pacto que es el Verbo que era con Dios, fue que Dios creó todas las cosas, tan sencillo como eso; y es por medio del Ángel del Pacto en donde está Dios y donde está el Nombre de Dios, que Dios se manifiesta, se revela, llevó a cabo la creación del Universo, y es el heredero de toda la creación; y cuando se hace carne en la persona de Jesús, ahí tenemos la plenitud de la Divinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. A Dios le agradó que en Jesús morara la plenitud de la Divinidad, por eso Jesucristo es la persona más importante que ha pisado este planeta Tierra.

Ahora, podemos comprender porqué también el Ángel del Pacto cuando aparecía a diferentes personas, hablaba en algunas ocasiones en primera persona, hablaba como Dios; era Dios hablando a través de Él. Y también encontramos a través de la Escritura a Jesús diciendo: “El Padre y Yo, una cosa somos, el que me ha visto a mí ha visto al Padre.” Estas cosas las podemos comprender, si comprendemos el misterio de Dios el Padre y de Cristo, del cual nos dice San Pablo en Colosenses, capítulo 12, versos 2 al 3.

 “En quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.”

Cuando comprendemos estas cosas, podemos comprender también qué y quién es el ser humano en este planeta Tierra; por eso cuando Dios ha visitado la raza humana, lo ha hecho en la forma de un hombre llamado Jesús, o sea, en un velo de carne. “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.” (San Juan, capítulo 1, verso 14):

Ahora podemos ver quién es el Ángel del Pacto y para qué vino: vino para llevar a cabo la Redención del ser humano, esa Obra de Redención y establecer un Nuevo Pacto que estaba prometido que Él llevaría a cabo; por eso en la última Cena con Sus discípulos en la víspera de la Pascua, en el capítulo 26, versos 26 al 29 de San Mateo, dice:

“Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.

Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos;

porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”

Y ahora vean, Cristo está hablando aquí del Nuevo Pacto y mostrando que Su Sangre es la Sangre del Nuevo Pacto que va a ser derramada por muchos, o sea, por todos aquellos que lo van a recibir como su único y suficiente Salvador para obtener las personas la remisión de sus pecados, ser quitados los pecados de la persona y ser remitidos al diablo que fue el originador del pecado.

Cristo siendo el Ángel del Pacto, el cual le dio el Pacto al pueblo hebreo a través del profeta Moisés en el monte Sinaí, ahora vino en carne humana para establecer el Nuevo Pacto que Él prometió en Jeremías, capítulo 31, versos 31 al 36; y San Pablo en el capítulo 8 y capítulo 10 de su carta a los Hebreos, nos habla de este Nuevo Pacto y nos dice: “Este es el Nuevo Pacto que Dios dijo que establecería con la casa de Israel y con la casa de Judá.”

Y ahora, ninguna otra persona podía establecer el Nuevo Pacto; porque el Nuevo Pacto lo tiene que establecer el Ángel del Pacto no hay otra persona, y el Ángel del Pacto es Cristo en Su Cuerpo angelical, Dios por medio de Su Ángel, el Ángel del Pacto que se hizo carne estableció el Nuevo Pacto, tan sencillo como eso.

Recuerden que siempre es Dios, pero usando Su Cuerpo angelical, el Ángel del Pacto en donde está Su Nombre, y luego usando el velo de carne llamado Jesús para establecer el Nuevo Pacto; por eso es que en Hebreos, capítulo 13, verso 20 al 21, dice que la Sangre de Cristo es la Sangre del Pacto eterno, no habrá otro Sacrificio por y para el ser humano, y no habrá otra Sangre que pueda limpiar al ser humano de todo pecado excepto la Sangre de Jesucristo, es la Sangre del Pacto eterno.

El Ángel del Pacto hemos visto que es Cristo en Su Cuerpo angelical, el Cuerpo angelical de Dios, el Cuerpo teofánico de Dios en donde está el Nombre de Dios, y es a través del cual Dios establece el Nuevo Pacto cuando se hace carne el Ángel del Pacto en la persona de Jesús; y eso es Emanuel: Dios con nosotros, vestido de un Cuerpo de carne, y eso fue la primera Venida del Señor, la primera Venida de Dios en carne humana en medio de la raza humana allá en medio del pueblo hebreo, el Templo, el velo de carne llamado Jesús al cual vino el Señor, Dios el Padre y el Ángel del Pacto.

Y en cuanto al Templo físico, pues allí lo encontramos en diferentes ocasiones predicando en el templo que estaba allí en Jerusalén, pero el cual había sido construido por Herodes. Y el Día Postrero, desde los días de Jesús comenzaron: “Porque un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día,” nos dice el apóstol Pedro, en Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8 y el Salmo 90, verso 4, o sea, que delante de Dios, un día de los de Dios para nosotros son mil años; por eso es que en Oseas, nos dice en el capítulo 6, versos 1 en adelante:

“Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará.

Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él.”

Y ahora, el tercer día del cual habla aquí, es el tercer milenio. El tercer milenio de Cristo hacia acá ya comenzó conforme al calendario gregoriano, y ya llevamos diez años dentro del Día Postrero, los días postreros son como en la semana, el quinto día de la semana que es jueves, el sexto día de la semana que es viernes, y el séptimo día de la semana que es el sábado, esos son los tres días postreros de la semana; y de la semana de Dios los días postreros son: quinto milenio, que comenzó cuando tenía Cristo de tres a siete años de edad; y por eso San Pedro y San Pablo dicen que “Dios habló por medio de Su Hijo en estos postreros días;” y también San Pedro en el libro de los Hechos, capítulo 2, dice que Dios había prometido que derramaría de Su espíritu sobre toda carne en los días postreros, y allí el Día de Pentecostés está derramando ese Espíritu sobre todos los que creyeron en Cristo como Salvador.

Ahora, vean cómo comenzaron los días postreros y cuando se predica el Evangelio y se habla de los días postreros hay que entender qué son los días postreros delante de Dios, y cuando hablamos de los días postreros para este tiempo y decimos que estamos en los días postreros, podemos explicar en cuál de los días postreros estamos, estamos en el Día Postrero delante de Dios que es el séptimo milenio de Adán hacia acá; y el día postrero de la semana para el pueblo hebreo es el sábado, el día de reposo, el día del Señor para el pueblo hebreo, del cual el mismo Cristo dijo que “el Hijo del Hombre es Señor del sábado.”

Y el Día Postrero delante de Dios es el séptimo milenio en el cual el Mesías va a establecer Su Reino, ese es el día del Señor para el Mesías, ese es el día del Señor para el pueblo hebreo como milenio, y es el tiempo para la segunda Venida de Cristo, es el tiempo para la resurrección de los muertos en Cristo, el mismo Cristo lo dijo cuando dijo en San Juan, capítulo 6, versos 39 en adelante, y lo vamos a leer, capítulo 6, versos 39 en adelante, dice Cristo:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Y si continuamos leyendo ese capítulo hasta el verso 58, encontraremos que en otros versículos menciona la resurrección para el Día Postrero, y la resurrección para el Día Postrero es la resurrección para el séptimo milenio de Adán hacia acá, o tercer milenio de Cristo hacia acá. Tan sencillo como eso.

Ahora podemos ver porqué en estos dos mil años que han transcurrido no podía ocurrir la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los vivos, porque la promesa es para el Día Postrero.

Y ahora, estando ya en el Día Postrero, el milenio Postrero, el séptimo milenio de Adán hacia acá que es el sábado milenial o tercer milenio de Cristo hacia acá, podemos estar esperando la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos glorificados y la transformación de los vivos, pero no sabemos el año en que va a ocurrir, pero tenemos que estar apercibidos, preparados porque en algún momento va a ocurrir en este milenio postrero, y deseamos que sea en nuestro tiempo mientras estamos vivos, porque hay una promesa que dice que “los que vivimos seremos transformados.”

Yo la estoy esperando a esa promesa, estoy esperando el cumplimiento de ella en mí. ¿Y en quién más? Pues en cada uno de ustedes también, pero si alguno se va antes, lo esperaremos de regreso en un cuerpo glorificado. Yo le pido a Dios que me ayude a permanecer en buena salud hasta la transformación.

Todas las señales que dio Cristo que identificarían el tiempo para Su Venida están cumplidas; por lo tanto el pueblo de Dios está llamado a estar esperando el cumplimiento de la Venida del Señor con Aclamación, Voz de Arcángel y Trompeta de Dios, para obtener la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, porque Él viene por Su Iglesia para transformarnos conforme a Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21. Es que hay una fiesta muy importante en el Cielo a la cual yo he sido invitado. “Bienaventurados los que son convidados a la Cena de las Bodas del Cordero.” (Apocalipsis, capítulo 19, versos 9 al 10) ¿Y quién más ha sido invitado, convidado? Pues cada uno de ustedes también.

Por eso estamos preparándonos para esa gran fiesta de las Bodas del Cordero y así como Elías fue raptado en un carro de fuego, también serán raptados todos los creyentes en Cristo, y esos carros de fuego son platillos voladores, si lo quieren entender mejor, son los ángeles de Dios que vendrán por los creyentes en Cristo en el Día Postrero.

Y ahora, hemos visto el Ángel del Pacto, hemos visto lo que será Su Venida, hemos visto lo que es el Templo y hemos visto lo que es el Día Postrero; todos queremos ser transformados si permanecemos vivos hasta la Venida del Señor, todos queremos ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; y recuerden que la Cena es la recepción de Boda, es la recepción de la unión matrimonial de Cristo con Su Iglesia.

No puede haber una Cena de las Bodas del Cordero si no hay una unión, una boda, un matrimonio de Cristo con Su Iglesia Novia; primero es en lo espiritual, de lo cual San Pablo nos habla y luego viene la parte física de la unión física de Cristo con Su Iglesia para todos ser iguales a Él físicamente. Eso ya es esa unión entre Cristo y Su Iglesia, todos iguales como dijo Adán, como dijo Adán cuando vio a Eva, y dice: “Esto es carne de mi carne, y hueso de mis huesos,” y entonces cuando seamos transformados podremos decir o Cristo podrá decir: “Esto que tú tienes es carne de mi carne, cuerpo glorificado como mi Cuerpo glorificado.” Son promesas que están en la Palabra de Dios para mí. ¿Y para quién más? Pues para ustedes también.

Todavía se continúa predicando el Evangelio de Cristo, porque todavía hay personas que tienen que venir a los Pies de Cristo para completarse la Iglesia del Señor Jesucristo. Él dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y Yo las conozco y Yo les doy Vida eterna.” Ya yo le recibí como mi Salvador al escuchar Su Voz y Él me ha dado Vida eterna, y me ha colocado en Su Redil, en Su Reino, en Su Iglesia. ¿Y a quién más? Pues a cada uno de ustedes también.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como su Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado, y lo bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en usted el nuevo nacimiento, luego que usted haya sido bautizado en agua en Su Nombre. Por lo tanto, pueden venir a los Pies de Cristo, pueden pasar acá al frente y estaremos orando por usted.

Lo más importante es la Vida eterna, no hay nada más importante que la vida, y sobre todo la Vida eterna; sin Vida eterna no hay esperanza de vivir eternamente en el Reino de Dios. Todos queremos vivir eternamente, y la exclusividad de la Vida eterna la tiene el Señor Jesucristo, por lo tanto hay que venir a los Pies de Cristo para que nos dé la Vida eterna. El mismo Señor Jesucristo nos dijo en San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” Tan simple como eso.

Es importante para el ser humano que sepa que ha sido establecido un Nuevo Pacto por el Ángel del Pacto, Jesucristo, y que la Sangre del Nuevo Pacto es la Sangre de Cristo la cual nos limpia de todo pecado; y ahora todo ser humano tiene la oportunidad de entrar al Nuevo Pacto por medio de Cristo el Ángel del Pacto y Su Sacrificio Expiatorio en la Cruz del Calvario.

Dios tiene mucho pueblo en esta ciudad de Cali, en la República de Colombia, y los está llamando. Él dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y Yo las conozco y Yo les doy Vida eterna.” (San Juan, capítulo 10, versos 27 en adelante) Y también Él dijo: “También tengo otras ovejas que no son de este Redil, las cuales también debo traer; y oirán mi Voz, y habrá un rebaño y un pastor” (capítulo 10 de San Juan, versos 14 al 18).

¿Y quiénes son, y dónde están esas ovejas? Somos todos nosotros que escucharíamos Su Voz que es el Evangelio de Cristo siendo predicado, el Evangelio de nuestra salvación, el Evangelio del Pacto eterno, del Nuevo Pacto, el Evangelio de la paz.

Saber que hay una oportunidad de Vida eterna es importante, Dios ha colocado delante del ser humano la vida y la muerte, la bendición y la maldición, el Árbol de la Vida ¿saben quién es? Tiene un nombre, muchos se han preguntado qué nombre tendría el Árbol de la Vida que estaba en el Huerto del Edén, el Nombre es: SEÑOR JESUCRISTO, Él es el Árbol de la Vida; no es que hay un árbol literal de Vida eterna, Cristo es el Árbol de la Vida. Él mismo dijo también: “Yo soy el pan de Vida, el que come de este pan vivirá eternamente.”

Todavía vienen más personas que como ustedes quieren vivir eternamente, quieren recibir a Cristo como Salvador, porque al escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en su alma y han creído en Cristo y ahora vienen para dar testimonio público de su fe en Cristo, recibiéndole como su único y suficiente Salvador. La fe viene por el oír la Palabra de Dios, y con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. En las demás naciones también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por las personas que están viniendo a los Pies de Cristo.

Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, pues Cristo tiene lugar en Su Reino para los niños también. Recuerden que Él dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los Cielos.”

La decisión más importante que el ser humano hace de todas las decisiones que tiene que hacer el ser humano es una sola, la cual lo coloca en la Vida eterna, y es recibir a Cristo como único y suficiente Salvador; no hay otra decisión más grande que esa, la cual el ser humano pueda hacer, es tan importante que Cristo dijo: “El que me confesare delante de los hombre, Yo le confesaré delante de mi Padre que está en los Cielos; mas el que me negare delante de los hombres, Yo le negaré delante de mi Padre que está en los Cielos.” (San Mateo, capítulo 10, versos 32 al 33).

Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, los que están presentes y los que están en otros países y nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, en mi alma, creo en Tu primera Venida y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo en que podemos ser salvos, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por mis pecados y por los de todo ser humano.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor, doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente, sálvame Señor. Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo lo más pronto posible. ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón; por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua es tipológico, pero es un mandamiento del Señor Jesucristo, el mismo Jesucristo fue bautizado por Juan el Bautista, cuando Juan predicaba y bautizaba en el río Jordán y llegó Jesús para se bautizado por Juan, y Juan le dice: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” y Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces lo bautizó. Si Cristo tuvo la necesidad de ser bautizado por Juan, cuánto más nosotros tenemos necesidad de ser bautizados en el Nombre del Señor como está establecido en la Escritura.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo. Y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales en el Nombre del Señor, tipológicamente está siendo sepultado. Y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

El bautismo en agua está establecido en la Escritura y es a semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo; por lo tanto, cuando la persona es bautizada en agua en el Nombre del Señor, está pasando tipológicamente por esas etapas que Cristo pasó de muerte, sepultura y resurrección; por eso es que en el bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Por lo cual pueden ser bautizados y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El apóstol Pedro cuando predicó el Día de Pentecostés y creyeron como tres mil personas, le preguntan a Pedro y a los apóstoles:

“...Varones hermanos, ¿qué haremos?

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.”

Y como tres mil personas fueron bautizadas, y fueron añadidas aquel día como tres mil personas a la Iglesia del Señor Jesucristo, eso está en el capítulo 2 del libro de los Hechos, versos 31 al 48.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Jesucristo nuestro Salvador.

Continúen pasando una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador, y dejo en estos momentos al reverendo Mauricio Vivas, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo todos los que han recibido a Cristo como único y suficiente Salvador.

Continúen pasando todos una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo los que están presentes y los que están en otras naciones, los cuales también pueden ser bautizados en estos momentos.

“EL ÁNGEL DEL PACTO VINIENDO A SU TEMPLO EN EL DÍA POSTRERO.”

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