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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas y de internet en diferentes naciones; que las bendiciones del Dios Creador de los Cielos y de la Tierra, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Aprecio y agradezco mucho a la hermana Berta Lea Botero que haya cedido este lugar tan hermoso, este coliseo del Colegio El Carmen Teresiano, para esta actividad, que Dios les bendiga por eso.

Para esta ocasión leemos un pasaje de la Escritura muy importante que se encuentra en el último libro de la Biblia, el Apocalipsis o Revelación, capítulo 22, versos 16 al 17, y dice de la siguiente manera:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.

Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.”

Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión es: “EL QUE QUIERA, TOME DEL AGUA DE LA VIDA GRATUITAMENTE.”

En este pasaje tenemos a Jesucristo identificándose aquí y diciéndonos que Él envía Su Ángel para dar testimonio de estas cosas en las Iglesias, y Él nos dice que Él es la raíz y el linaje de David y que es la estrella resplandeciente de la mañana, y también nos expresa aquí que “el Espíritu y la Esposa dicen ven, y el que oye diga ven, y el que tiene sed, venga y el quiera tome del Agua de la vida gratuitamente.”

Nuestro tema por consiguiente trata del libre albedrío que tiene todo ser humano, de la oportunidad que tiene todo ser humano de obtener la Vida eterna al tomar del Agua de la Vida eterna, y también la buena noticia, que es gratuita el Agua de la Vida eterna.

Dios creó al ser humano a Su imagen y semejanza, por lo tanto el ser humano es la corona de la creación, por cuanto Dios lo encontramos siendo identificado en la Palabra de Dios como Padre, Hijo y Espíritu Santo, encontramos una Trinidad divina que debemos comprender.

Y si Dios creó al ser humano a Su imagen y semejanza, entonces el ser humano también es trino, es alma, espíritu y cuerpo. El alma es lo más importante del ser humano, así como Jesús dice: “El Padre mayor es que Yo.” el alma del ser humano es lo que en realidad es la persona, alma viviente.

Por esa causa es que Jesús en San Mateo, capítulo 16, versos 26 al 28, dice:

“Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.”

¿De qué le vale al hombre si gana todo el mundo, se convierte en una persona muy rica en este planeta Tierra y pierde su alma? El alma es lo que en realidad es la persona, el espíritu de la persona es un cuerpo espiritual de otra dimensión, porque un espíritu es un cuerpo de otra dimensión. Dios dice que Él hace a Sus Ángeles espíritus, y a sus ministros llama de fuego (Hebreos, capítulo 1, versos 5 al 7). Y en Proverbios también nos habla acerca de esto, por ahí el capítulo 1, verso 23 de Proverbios.

Y ahora, el cuerpo físico del ser humano es lo visible aquí en la Tierra y con lo que trabajamos en esta Tierra, es para comunicarnos los unos con los otros y para vivir en esta Tierra, en esta dimensión terrenal y llevar a cabo las labores que nos corresponden conforme al Programa Divino.

Estar en esta Tierra viviendo en cuerpos mortales es un privilegio, porque le da al ser humano la oportunidad de hacer contacto con la Vida eterna, tomar del Agua de la vida y obtener la Vida eterna y por consiguiente vivirá eternamente en el Reino de Dios.

Ahora, la oportunidad que tiene el ser humano de obtener la Vida eterna la tiene mientras viva en la Tierra en el cuerpo de carne, por eso es que Jesús dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

Y ahora, el ser humano siendo alma que es lo que en realidad es, y espíritu, tiene un cuerpo espiritual de otra dimensión, y cuando muere va a vivir a otra dimensión, en el cuerpo y con el cuerpo que tiene de la dimensión a la cual pertenece ese cuerpo, porque el ser humano no muere cuando piensa que muere; porque muchos piensan que cuando muere su cuerpo físico, murió la persona, lo que murió fue la casa humana, el templo humano donde habitaba esa persona, pero la persona sigue viviendo en otra dimensión.

Es muy importante saber eso y así apreciar el privilegio que tenemos de ser seres humanos, de ser personas creadas por Dios a imagen y semejanza de Dios.

Y ahora, el ser humano en este pasaje que leímos tiene la oportunidad de escoger, por eso dice: “Y el que quiera, tome del Agua de la vida gratuitamente,” porque Dios le dio al ser humano libre albedrío; los animales no tienen libre albedrío porque no son a imagen y semejanza de Dios, no tienen alma los animales, pero si tienen espíritu, son cuerpo físico y espíritu, cuerpo espiritual.

Y ahora, el ser humano tiene libre albedrío porque es a imagen y semejanza de Dios, y Dios tiene libre albedrío, por eso para Dios el ser humano es tan importante y para el ser humano consciente de la realidad de lo que es Dios, tiene mucha importancia para él.

Sabemos que si encontramos en la trayectoria que nos lleva al hogar o al lugar donde nos quedamos, encontramos muchos edificios hechos y si alguien le dice a usted: “Mira todos esos edificios tan hermosos, aparecieron ahí,” usted le dirá: “No, alguien pensó en hacer esos edificios, hicieron unos planos, hubo un ingeniero y un arquitecto, y fueron hechos.”

Cuánto más al ver tantas personas aquí presentes podemos decir: hubo un Arquitecto divino que pensó en mí y en usted para crearnos a imagen y semejanza suya. Si hay una creación, pues tiene que haber un Creador, tan sencillo como eso.

Y ahora, el ser humano pertenece a la parte más importante de la creación divina, por esa causa cuando se anunció que Dios vendría a la Tierra, la plenitud de Dios vendría a la Tierra entre los seres humanos. Cuando apareció, apareció en un velo de carne llamado Jesús, Emanuel que significa Dios con nosotros como estaba prometido en Isaías, capítulo 7, verso 14:

“Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel.” (Que traducido, pues es: Dios con nosotros).

Por eso Jesús decía: “El Padre que mora en mí, Él hace las obras.” Él decía que Él no obraba por Sí mismo ni hablaba de Sí mismo, era el Padre que moraba en Él, y en algunas ocasiones Él decía: “El Espíritu del Señor está sobre mí por cuanto me ha ungido,” y enumera las cosas para las cuales había sido ungido en San Lucas, capítulo 4, versos 12 en adelante, lo cual estaba prometido en Isaías, capítulo 61, verso 1 en adelante.

Ahora, Él se detuvo leyendo, al leer ese pasaje, leyó hasta donde decía: “El Espíritu del Señor está sobre mí por cuanto me ungió el Señor para dar buenas nuevas a los pobres,” o sea, para predicar el Evangelio, “y para predicar el año de la buena voluntad del Señor,” y no continuó leyendo, ¿por qué? Porque a continuación decía: “Y el día de venganza del Dios nuestro.” Y el día de venganza es para ser proclamado, predicado en este tiempo final.

En la primera Venida de Cristo se predicaría el año de la buena voluntad del Señor, en donde todo ser humano tendría la oportunidad de tomar del Agua de la vida y vivir eternamente, para lo cual podemos ver que hay un Programa Divino, un Programa de Redención para el ser humano que perdió la Vida eterna allá en el Huerto del Edén con el problema que hubo allá, ahora tiene la oportunidad de regresar al hogar del Padre celestial, tiene la oportunidad de regresar a la Vida eterna por medio del programa o proyecto divino de redención, el cual está representado en el cordero pascual, la fiesta de la pascua en donde un corderito fue sacrificado por cada padre de familia hebreo cuando estaban allá en Egipto, y la sangre fue aplicada sobre la puerta, el dintel y los postes de su hogares para la preservación de la vida de los primogénitos que estaban en esos hogares. (Eso está allá en el capítulo 12, versos 11 al 28 del Éxodo).

Si los padres de familia hebreos no sacrificaban ese corderito de un año, la vida de sus hijos primogénitos y aun ellos, los padres si eran primogénitos también, morirían en la noche de la pascua. Algo tan simple como eso que Dios les dijo que hicieran, preservaba a la vida de los primogénitos, y algo tan sencillo como lo que vimos que ocurrió dos mil años atrás allá en Jerusalén, un hombre muriendo en una Cruz, llamado: “El Rey de los Judíos” en el escrito que estaba sobre su cabeza allá en la cruz escrito, porque tenían que colocar la causa por la cual lo sentenciaron a muerte y lo crucificaron. “Jesús, el Rey de los Judíos,” por ser Rey, murió.

Con esa muerte de Cristo, del cual Juan el Bautista cuando lo vio, al comienzo de Su ministerio Juan, vio a un joven entre la multitud que iba a la actividad de Juan, al cual Juan había bautizado como a las demás personas, dice Juan a Sus discípulos: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo,” y San Pablo en Primera de Corintios, capítulo 5, verso 7 dice: “Porque nuestra pascua, la cual es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.”

En Cristo muriendo en la Cruz del Calvario, se está cumpliendo la pascua, y aquello vino a ser lo que hizo el pueblo hebreo en Egipto sacrificando un cordero en la víspera de la pascua, viene a ser el tipo y figura de Cristo como Cordero de Dios muriendo en la Cruz del Calvario para quitar el pecado y con Su Sangre limpiarnos de todo pecado y preservar la vida de todos los que lo recibirían como único y suficiente Salvador.

De esas personas es que habla San Pablo en Romanos, capítulo 8, y dice de esas personas que son los predestinados, los elegidos, los primogénitos escritos en el Cielo. (Ahí en Hebreos, capítulo 12, versos 22 al 25 nos habla de los primogénitos).

Y ahora, para la preservación de los primogénitos escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, está el Sacrificio del Cordero de Dios: Jesucristo, y Su Sangre aplicada en el dintel y los postes de nuestro corazón, de nuestra alma, y por esa causa sabemos que viviremos eternamente con Cristo en Su Reino.

También la muerte de Cristo estaba representada en la fiesta de la expiación que se efectuaba el día diez del mes séptimo de cada año conforma a Levítico, capítulo 23, versos 20 al 29, y ese sacrificio del macho cabrío de la expiación que era por el Señor, tipifica a Cristo muriendo por nosotros al tomar nuestros pecados, y así se hizo mortal y murió por nosotros, para que nosotros podamos vivir eternamente.

El otro macho cabrío que era por Azazel, luego el sumo sacerdote, luego de llevar la sangre de la expiación al Lugar Santísimo y colocar sobre el propiciatorio siete veces, luego salía, tomaba el macho cabrío que era por Azazel, colocaba sus manos sobre la cabeza de ese macho cabrío, confesaba los pecados del pueblo y llevaban lejos ese macho cabrío por el desierto llevando los pecados del pueblo.

Ese también representa a Cristo, Cristo llevó nuestros pecaos lejos, cuando Cristo murió dice Primera de Pedro, capítulo 2, versos 11 al 23, que Cristo murió en la carne pero en Espíritu fue vivificado y fue y predicó a los espíritus encarcelados que fueron desobedientes en el tiempo de Noé.

O sea, que Cristo en Su cuerpo angelical, porque Cristo es el Ángel del Pacto, el mismo Ángel del Pacto que le apareció a Moisés, el mismo Ángel del Pacto que libertó al pueblo hebreo a través del profeta Moisés, el mismo Ángel del Pacto que guiaba al pueblo hebreo por el desierto en una nube que los protegía del sol durante el día, y durante la noche era una Columna de Fuego, el mismo Ángel del Pacto que moró en el tabernáculo, en el Lugar Santísimo sobre el propiciatorio. Ese Ángel del Pacto que aparecía en algunas ocasiones también en forma de un hombre de otra dimensión, a Moisés, también le apareció a Josué en el capítulo 5, versos 14 en adelante del libro del profeta Josué, vamos a darles exactamente la cita, en el libro de Josué.

Ese Ángel, ese hombre que apareció a él con una espada en la mano, es nada menos que el Ángel del Pacto, es nada menos que Cristo en Su cuerpo angelical, ahí en el mismo capítulo 5, verso 13 en adelante dice:

“Estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su mano. Y Josué, yendo hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos?

El respondió: No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora. Entonces Josué, postrándose sobre su rostro en tierra, le adoró; y le dijo: ¿Qué dice mi Señor a su siervo?

Y el Príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo. Y Josué así lo hizo.”

Vean, Josué se postró en tierra delante de ese varón, de se hombre de otra dimensión y lo adoró, y solamente a Dios se puede adorar, era nada menos que el Ángel del Pacto en quien estaba Dios, en palabras más sencillas, era nada menos que el cuerpo angelical de Dios, por esa causa en las diferentes ocasiones en que aparecía este Ángel a diferentes personas, como a Jacob, con el cual luchó Jacob y no soltó a ese Ángel hasta que recibió la bendición de ese Ángel.

Y luego Jacob le coloca el nombre de Peniel al lugar donde ocurrió esto, porque dijo: “Vi a Dios cara a cara y fue librada mi alma.” Vean, estas personas decían que vieron a Dios cara a cara, lo mismo pasó con el padre de Sansón, o sea, Manoa, y la señora Manoa: vieron al Ángel del Pacto y no sabían que era el Ángel del Pacto hasta que ofrecieron un cabrito en ofrenda a Dios, y mientras el fuego que estaba consumiendo ese sacrificio subía, el Ángel subió en la llama de fuego, y entonces Manoa dijo: “Hemos de morir porque hemos visto a Dios cara a cara.”

¿Y por qué él pensaba de esa forma? Porque Dios le había dicho a Moisés: “No me verá hombre y vivirá, por lo tanto no podrás ver mi rostro, porque no me verá hombre y vivirá.” Eso se lo había dicho Dios a Moisés cuando Moisés quiso ver la gloria de Dios.

Pero Moisés recibió de parte de Dios las palabras: “Yo voy a pasar delante de ti y voy a colocar mi mano delante de ti, y cuando haya pasado la quitaré (o las quitaré) y entonces verás mis espaldas.” O sea, iba a ver al Ángel de Dios, el cuerpo angelical de Dios pasando frente a Él (eso está en el capítulo 33 del Éxodo, versos 14 en adelante). Por lo tanto, vean aquí, el verso 20 dice:

“Dijo más: No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá.”

Por eso Manoa y su esposa, los cuales vieron al Ángel del Pacto cara a cara, Él habló con ellos y ellos hablaron con Él, como hablamos nosotros unos con los otros, y ahora, cuando sube en la llama de fuego se da cuenta que es el Ángel de Dios, o sea, el cuerpo angelical de Dios, el Mensajero de Dios a través del cual Dios habló, habla y hablará eternamente.

Ese Ángel del Pacto tiene el Nombre de Dios conforme a Éxodo, capítulo 20, versos 20 al 23, ese Ángel del Pacto es llamado también el Espíritu Santo, porque el Espíritu es un cuerpo de otra dimensión. También aparece ese Ángel del Pacto, el Espíritu Santo en Ezequiel, capítulo 9.

Y ahora, el caso de Manoa lo encontramos en Jueces, capítulo 13. La esposa de Manoa le dice a su esposo: “No hemos de morir,” lo está tranquilizando, porque cualquier persona cuando piensa que va a morir, se asusta mucho, y ella le dice: “No vamos a morir, porque de otra manera no nos diría que vamos a tener un niño.” O sea, por la lógica ella sabía que no iban a morir. (Sansón fue uno de los jueces de Israel).

Y ahora, estamos viendo quién es ese Ángel del Pacto, es también llamado el Verbo que era con Dios y era Dios, allí lo encontramos en San Juan, capítulo 1, versos 1 al 20:

“Y aquel Verbo (dice el verso 14) fue hecho carne, y habitó entre nosotros.”

Y cuando se hizo carne y habitó entre los seres humanos, fue conocido por el nombre de Jesús. Tan sencillo como eso. El cuerpo que nació de la virgen María, la mujer más bienaventurada que ha pisado este planeta Tierra, no hay otra más bienaventurada que la virgen María, ¿por qué? Porque es la única mujer, la única virgen que concibió y dio a luz un hijo, un niño sin tener relaciones íntimas con un hombre, fue por obra y gracia del Espíritu Santo, del Ángel del Pacto.

Ese niño que nació es la semejanza física de Dios, la parte tangible de Dios en donde habitó la plenitud de la Divinidad. En Jesús estaba Dios en toda Su plenitud: Padre, Hijo y Espíritu Santo estaba todo en Jesús. Cristo dijo: “El Padre que mora en mí, Él hace las obras.” ¿Estaba o no estaba? Estaba, Él dijo: “El Espíritu del Señor está sobre mí,” ¿estaba o no estaba? Estaba. La plenitud de Dios, la plenitud de la Divinidad la encontramos en la persona de nuestro amado Señor Jesucristo.

Por lo tanto, así como María es la mujer más bienaventurada de todas las mujeres que han pisado este planeta Tierra, porque se cumplió en ella y ella logró lo que Eva tenía que hacer; esa era la forma en que los hijos de Adán y Eva tenían que venir a la Tierra para que vinieran con Vida eterna.

Pero ahora la segunda Eva que es en ese caso María, la cual tipifica a la Iglesia del Señor Jesucristo, que en realidad es la segunda Eva, la Iglesia del Señor Jesucristo, y el Segundo Adán es Jesucristo. Para Dios por medio de Cristo reproducirse en muchos hijos e hijas de Dios que llamarán a Dios: “Padre nuestro que estás en los Cielos, Santificado sea Tu Nombre. Vega Tu Reino y hágase Tu voluntad como en el Cielo, también en la Tierra. Venga Tu Reino.”

El Reino de Dios en la Tierra es el Reino de David, y el Trono de Dios en la Tierra, es el Trono de David, por eso está la promesa de la restauración del Reino de David en Ezequiel, capítulo 37, versos 15 al 29, ese es el Reino del cual los discípulos del Señor Jesucristo en el capítulo 1 del libro de los Hechos, versos 1 al 10, le preguntan a Cristo el cual les había hablado tanto acerca del Reino de Dios y de que estaba cerca, ahora le preguntan antes de Jesús subir al Cielo: “Señor, ¿restaurarás Tú el Reino de Israel en este tiempo?”

¿Ven? Ellos querían la restauración del Reino de Israel, querían la restauración del Reino de David, ese es el Reino de Dios en la Tierra, y de eso da testimonio Primera de Crónicas, ahí tenemos claro que David se sentó en el Trono de Dios y por consiguiente reinó sobre el pueblo hebreo; Primera de Crónicas, capítulo 28, verso 5, dice el rey David:

“Y de entre todos mis hijos (porque Jehová me ha dado muchos hijos), eligió a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del reino de Jehová sobre Israel.”

El Trono del Reino de Dios sobre el pueblo hebreo es el Trono de David, luego en el capítulo 29 de este mismo libro de Crónicas, Primera de Crónicas, verso 29, el 22 y 23 dice:

“Y comieron y bebieron delante de Jehová aquel día con gran gozo; y dieron por segunda vez la investidura del reino a Salomón hijo de David, y ante Jehová le ungieron por príncipe, y a Sadoc por sacerdote.

Y se sentó Salomón por rey en el trono de Jehová en lugar de David su padre, y fue prosperado; y le obedeció todo Israel.”

¿En qué Trono se sentó Salomón? Dice: “Se sentó Salomón por rey en el Trono de Jehová, en lugar de David su padre.”

Y ahora, el Reino de Dios en la Tierra es el Reino de David, y el Trono de Dios en la Tierra, es el Trono de David, el Reino de Dios en la Tierra, Reino de David, representa, es la representación del Reino celestial de Dios, está representado en el Reino de David, y el Trono celestial de Dios está representado en la Tierra en el Trono de David.

En palabras más claras, la embajada celestial en cuanto a Reino terrenal, es el Reino de David con el Trono de David, en el campo espiritual la embajada de Dios en la Tierra es la Iglesia del Señor Jesucristo. Por eso San Pablo dice: “Somos embajadores en Nombre de Cristo.”

Así que la Iglesia es importante para la familia humana, la Iglesia del Señor Jesucristo es el pueblo de Dios del nuevo Pacto. Cristo siendo el Ángel del Pacto que se hizo carne, el Verbo que se hizo carne y habitó entre nosotros, en la última cena que tuvo con Sus discípulos, en la víspera de la pascua toma el pan, parte el pan dando gracias también, y da a Sus discípulos, y dice a ellos de la siguiente manera, y lo vamos a leer, capítulo 26 de San Mateo, verso 26 en adelante, dice:

“Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.

Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos;

porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”

Y ahora, aquí Cristo nos está hablando del nuevo Pacto, y que Su Sangre es la Sangre del nuevo Pacto, del Pacto eterno como dice San Pablo en Hebreos, capítulo 13, verso 20 al 21, donde dice: “La Sangre del nuevo Pacto,” señalando la Sangre de Cristo.

Y ahora, siendo que Cristo es el Ángel del Pacto, vestido de carne humana viene para establecer un nuevo Pacto en donde el ser humano es reconciliado con Dios, es limpiado de todo pecado con la Sangre de Cristo y es bautizado en agua en Su Nombre y Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego y produce en la persona el nuevo nacimiento, y así la persona nace de nuevo, nace en el Reino de Dios.

Recuerden a Nicodemo cuando visitó a Jesús en el capítulo 3 de San Juan, versos 1 al 6, Cristo le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios,” así como para ver el reino terrenal en el cual vivimos tuvimos que ¿qué? Tuvimos que hacer ¿qué? Pues nacer.

Y para ver y entrar al Reino de Dios, tenemos que nacer de nuevo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.” Nacer del Agua es nacer del Evangelio de Cristo, y nacer del Espíritu es nacer del Espíritu Santo. Tan sencillo como eso.

Y ahora, Cristo estuvo hablando a la mujer samaritana del Agua, la fuente de Agua que salta para Vida eterna. Cristo es la fuente que tiene el agua de Vida eterna. Y ahora, en el capítulo 7 de San Juan nos habla Cristo de esa Agua, capítulo 7, versos 37 al 39, eso fue en la fiesta de los tabernáculos allá en la tierra de Israel, y dice para saber que era la fiesta de los tabernáculos, en el capítulo 7, verso 2 dice:

“Estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los tabernáculos.”

Esto fue cuando Él fue hacia allá, y ya cuando está allá ha comenzado la fiesta y en este pasaje que Él habla de Agua de Vida eterna, ya está en el último día de la fiesta de los tabernáculos, dice el capitulo 7, verso 37 al 39:

“En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.

El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.

Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.”

Y ahora descubrimos aquí que el Agua de la Vida eterna o el Agua que salta para Vida eterna, es el Espíritu Santo. Cuando habla de que el que tenga sed y venga a Él y beba, está hablándonos del Espíritu Santo que han de recibir los que creerían en Él, por eso toda persona que escucha la predicación del Evangelio de Cristo tiene la oportunidad de recibir la fe de Cristo, porque la fe viene por el oír la Palabra de Dios, el Evangelio de Cristo, y con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.

Por esa causa es que Cristo envió a Sus discípulos a predicar el Evangelio a toda criatura, y dijo:

“El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

Y ahora, la Escritura que leímos al principio en Apocalipsis, capítulo 22, verso 16 al 17, en donde nos dice: “Y el Espíritu y la Esposa dicen ven.” El Espíritu: el Espíritu Santo, y la Esposa: la Iglesia del Señor Jesucristo. ¿Ven? Lo que dice el Espíritu Santo es lo que también dice la Iglesia, el mismo mensaje, la predicación del Evangelio de Cristo para que todo aquel que tenga sed, para que todo aquel que tenga sed de recibir el Espíritu Santo, venga a Cristo, “si alguno tiene sed, venga a mí y beba.” Y reciba la Vida eterna.

“Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.”

Esa es la forma, el Programa Divino para cada persona obtener la salvación y Vida eterna. Por eso es que se ha estado predicando por dos mil años el Evangelio de Cristo, mostrando que el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario es el Sacrificio de Expiación por el ser humano, Su Sangre nos redime, Su Sangre nos limpia de todo pecado.

En el antiguo pacto o Antiguo Testamento en medio del pueblo hebreo, encontramos que se efectuaba sacrificios, y el Sacrificio de Expiación por el pecado de día diez del mes séptimo de cada año, el sacrificio o la fiesta de la expiación o Ion Kipur, ya se hizo realidad en la persona de Cristo, ya el templo fue destruido pero no hay problema, aunque no se lleva a cabo porque no hay templo y era en el templo que tenía que efectuarse, hay un Sacrificio de Expiación por el pecado del ser humano, y Su Sangre fue llevada al Templo celestial y fue esparcida sobre el propiciatorio, Cristo subió al Cielo y se presentó porque Él es el Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec del Templo celestial, y por eso ha estado por estos dos mil años intercediendo con Su propia Sangre por cada persona que lo recibe como su único y suficiente Salvador.

Algún día tendrá que salir del Lugar Santísimo de Su obra de Sumo Sacerdote y entonces será el Rey de reyes y Señor de señores y Juez de toda la Tierra, ya no habrá oportunidad para salvación, no habrá oportunidad para la persona decir: “Ahora quiero recibir a Cristo,” ya será demasiado tarde, pero todavía Él está en el Lugar Santísimo del Templo celestial como Sumo Sacerdote para interceder por cada persona que lo recibe como único y suficiente Salvador y limpiarlo de todo pecado con Su Sangre y presentarlo a Dios sin mancha, sin pecados.

Él es nuestro Redentor, y Él ha establecido el nuevo Pacto y Su Sangre es la Sangre del nuevo Pacto y el Sacrificio del nuevo Pacto es el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario para la reconciliación del ser humano con Dios.

Ahora, todo ser humano tiene la oportunidad de ser reconciliado con Dios, porque hay un Sacrificio de Expiación que efectuó Cristo en la Cruz del Calvario, y Él está como Sumo Sacerdote en el Cielo haciendo intercesión por los que escuchan la predicación del Evangelio de Cristo, nace la fe de Cristo en su alma y lo reciben como su único y suficiente Salvador; y así la persona al recibir a Cristo, luego recibe el Agua de la Vida eterna que es el Espíritu Santo, el Espíritu de Vida eterna, el Espíritu Santo, y así es como la persona nace en el Reino de Dios y queda asegurado su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno.

Hay un solo Redentor, hay un solo Salvador, y Su Nombre es Señor Jesucristo, y todos tenemos la oportunidad de recibirlo como nuestro único y suficiente Salvador. Yo lo recibí como mi único y suficiente Salvador, Él perdonó mis pecados, con Su Sangre me limpió de todo pecado, fue bautizado en agua en Su Nombre y Él me bautizó con Espíritu Santo y Fuego y así me dio el Agua de la Vida eterna, porque Él es la fuente del Agua de la Vida eterna, Él es la fuente del Espíritu Santo, del Espíritu de Vida eterna.

Y ahora, yo sé que viviré eternamente en el Reino del Señor, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también, no es solamente para mí esa bendición, todos tenemos el mismo derecho de vivir eternamente al ser reconciliados con Dios por medio de Cristo Jesús.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador para ser reconciliado con Dios, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted, para lo cual y por lo cual puede pasar acá al frente para que oremos por usted.

Dios tiene mucho pueblo en esta ciudad de Bogotá, y en todas las ciudades de la República de Colombia, y en todas las naciones, y los está llamando en este tiempo final, para ser reconciliados con Dios.

“ Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” San Juan , capitulo 3, verso 16.

Y también Romanos, capítulo 5, versos 6 al 10 nos dice San Pablo que Dios muestra Su amor para con nosotros en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

La muestra más grande del amor de Dios hacia nosotros, es que Cristo murió por nosotros, el cual fue enviado y dado a la raza humana, ha dado Su Hijo unigénito para que todo aquel que en Él cree no se pierda, mas tenga Vida eterna, lo dio para y para que realizace el Sacrificio de Expiación para la reconciliación del ser humano con Dios; solamente Él podía efectuar ese Sacrificio, porque Él es el Ángel del Pacto. Y al efectuar ese Sacrificio ha establecido un nuevo Pacto en el cual entramos al recibir a Cristo como Salvador, ser bautizados en agua en Su Nombre y recibir Su Espíritu Santo, el Agua de la Vida eterna.

Y ahora, bajo el nuevo Pacto tenemos Vida eterna. Recibir a Cristo como Salvador es la bendición más grande que una persona puede tener, de todas las decisiones que el ser humano hace en su vida y usted me puede decir: “Yo he tenido que hacer muchas decisiones y también he tenido que hacer grandes decisiones,” pero ninguna de ellas le ha colocado en la Vida eterna, excepto una, y es recibir a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador, esa es la única decisión que coloca el ser humano en la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Y cada persona lo tiene que hacer de todo corazón al nacer la fe de Cristo en Su alma, creer en Cristo y dar testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como su único y suficiente Salvador, por lo tanto, la responsabilidad le toca a la persona, porque tiene libre albedrío para decidir, para elegir entre la vida y la muerte, entre el bien y el mal.

Por eso es que el ser humano también dará cuenta a Dios, porque tiene libre albedrío. Los animales no tendrán que dar cuenta a Dios, no tienen libre albedrío, pero los seres humanos si tienen libre albedrío, y es un privilegio tener libre albedrío.

Dios no nos obliga, Él nos da a conocer la verdad, nos da a conocer Su programa de salvación, nos da a conocer el Sacrificio de Expiación, que es el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario para que nosotros sepamos, nazca la fe de Cristo en nuestra alma, creamos en Cristo y lo recibamos como nuestro único y suficiente Salvador y así cumplamos el propósito para el cual vivimos en este planeta Tierra: es para escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, creer en Cristo y ser rociados con la Sangre de Cristo y limpiados de todo pecado.

No hay otra cosa que quite nuestros pecados, solamente la Sangre de Cristo. Todos tenemos la misma oportunidad, así como yo decidí creer en Cristo al tener el libre albedrío, también ustedes han hecho, han hecho ustedes la decisión más importante de vuestra vida: creer en Cristo para que Cristo les reciba en Su Reino en y dentro del nuevo Pacto.

Todavía vienen más personas que como ustedes han creído, ha nacido la fe de Cristo en sus almas y ahora vienen para dar testimonio público de su fe en Cristo recibiéndolo como único y suficiente Salvador.

En las demás naciones también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo, y los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, pues Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los Cielos.” Cristo dijo:

“A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.

Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.” (San Mateo, capítulo 10, verso 32 al 33).

No queremos que Cristo nos niegue delante del Padre, queremos que Él nos confiese como creyentes en Él para que así Él nos dé la entrada a Su Reino.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador para tomar del Agua de la Vida eterna gratuitamente. En las demás naciones también todos con nuestras manos levantadas al Cielo, los que están presentes también, nuestros ojos cerrados y los que han venido a los Pies de Cristo y están presentes o en otras naciones, repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, en mi alma, creo en Ti con toda mi alma, reconozco, creo que no hay otro Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos, creo en Tu primera Venida y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el único Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mi el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente; creo que Tú efectuaste la salvación en la Cruz del Calvario, creo en Tu Sacrificio expiatorio, creo que allí Tú pagaste el precio de nuestra redención, que se haga realidad en mi vida la salvación y Vida eterna.

Sálvame Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor lo más pronto posible. ¿Cuándo me pueden bautizar?” Pregunto al ministro, a los ministros ¿cuándo pueden ser bautizados? ¿Hay bautisterio?

El Día de Pentecostés cuando Pedro predicó, preguntaron las personas, como tres mil personas que creyeron, preguntaron:

“Varones hermanos, ¿qué haremos?

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.”

Y fueron bautizado aquel día como tres mil personas y fueron añadidas a la Iglesia del Señor Jesucristo, y así sucedía cada vez que San Pedro predicaba, se añadían a la Iglesia miles de personas.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y que Cristo los bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua es tipológico, somos bautizados a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo, por eso en el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo. Y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado. Y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida en el Reino de Jesucristo nuestro Salvador. Tan sencillo como eso es el simbolismo, la tipología del bautismo en agua en el Nombre del Señor.

El Señor Jesucristo dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” Pues el que no cree, pues no es bautizado.

Ahora, Cristo dio la orden del bautismo en agua, es por consiguiente un mandamiento del Señor, y aun el mismo Cristo cuando Juan el Bautista estaba en su ministerio predicando y bautizando a las personas en el Jordán, llegó Jesucristo, entró a las aguas del Jordán donde estaba Juan bautizando, y cuando Juan lo ve, le dice: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Recuerden que eran primos.

María y Elisabet eran parientas, ellas estaban conscientes del niño que Elisabet tenía, y del niño que la virgen María tenía, porque ella fue a visitar a Elisabet luego que el Ángel Gabriel le apareció a la virgen María, y se quedó como tres meses allá en las montañas de Judea y de seguro se quedó hasta que nació Juan el Bautista, y allá María de seguro estuvo ayudando a Elisabet.

Y ahora, encontramos que Juan espera de seguro que Jesús sea el que lo bautice a él, y Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces Juan lo bautizó y el Espíritu Santo descendió sobre Jesús en forma de paloma y Juan lo vio, y por eso Juan luego podía decir: “Éste es el Hijo de Dios, éste es el Cordero de Dios, porque el que me mandó a bautizar me dijo que sobre el cual yo viera al Espíritu Santo descender, ese era el Mesías.” Si Jesucristo tuvo la necesidad de ser bautizado por Juan para cumplir toda justicia, cuánto más nosotros, es un mandamiento del Señor, y Pedro dijo:

“Bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.” O sea, “recibiréis el Agua de la Vida eterna que es el Espíritu Santo.”

Bien pueden ser bautizados y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, o sea, les dé el Agua de la Vida eterna que es el Espíritu Santo, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino del Señor Jesucristo.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio de este tema: “EL QUE QUIERA, TOME DEL AGUA DE LA VIDA GRATUITAMENTE.”

Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Jesucristo nuestro Salvador. Dejo con ustedes al ministro Alejandro Sarria con nosotros, Alejandro Sarria para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“EL QUE QUIERA, TOME DEL AGUA DE LA VIDA GRATUITAMENTE.”

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