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Muy buenas tardes, amables amigos y hermanos presentes y cada pastor, ministros presente y también los que estén en otras naciones junto a sus congregaciones, y a toda persona que también está a través del satélite Amazonas o de internet conectado con esta actividad. Que las bendiciones del Creador de los Cielos y de la Tierra sean sobre todos ustedes.

Para esta ocasión leemos en San Lucas, capítulo 24, versos 44 al 49, y dice de la siguiente manera, Jesús hablando en este pasaje, lo vamos a escuchar:

“Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.

Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras;

y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día;

y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.

Y vosotros sois testigos de estas cosas.

He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.

Y los sacó fuera hasta Betania, y alzando sus manos, los bendijo.

Y aconteció que bendiciéndolos, se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo.

Ellos, después de haberle adorado, volvieron a Jerusalén con gran gozo;

y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios. Amén.”

Nuestro tema es: “LA IGLESIA DEL SEÑOR JESUCRISTO CON EL PODER DE DIOS.”

¿Qué es la Iglesia del Señor Jesucristo? Así como el pueblo hebreo que fue sacado de la esclavitud de Egipto o estando en Egipto, fue llevado al monte Sinaí y allí Dios estableció un pacto con el pueblo hebreo, y eso es una unión matrimonial en términos espirituales, la unión de Dios con Su pueblo Israel, la única nación de la cual Dios dice: “Israel es mi hijo, mi primogénito,” es la nación primogénita de Dios.

Al ser libertados de la esclavitud en Egipto, ser sacados de Egipto, es la Iglesia del Dios de Israel, del pacto que le fue dado en el monte Sinaí, porque Iglesia lo que significa es: “Los sacados.” Sacados de Egipto, el pueblo hebreo viene a ser la Iglesia del Pacto que Dios estableció con el pueblo hebreo en el monte Sinaí a través del profeta Moisés.

Y la Iglesia del Señor Jesucristo está compuesta por las personas que han sido sacadas del mundo, del reino de las tinieblas y colocados en el Reino del Hijo de Dios. Por lo tanto, conforman la Iglesia del Señor Jesucristo, el pueblo de los sacados fuera de la esclavitud del reino de las tinieblas y colocados en el Reino de Dios.

Cristo mismo hablando en San Mateo, capítulo 16, habla de Su Iglesia, dice: “Sobre esta roca yo estableceré mi Iglesia,” eso está en San Mateo, capítulo 16, dice, verso 18:

“Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.

Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo.”

Y ahora, aquí Jesucristo está hablando de Su Iglesia, la cual estaba en Él y con Su muerte en la Cruz del Calvario, así como Dios colocó sueño sobre Adán para sacar de él, de su costado una parte de Adán, formar un cuerpo femenino y colocar en ese cuerpo femenino el espíritu femenino que estaba en Adán, porque Adán era varón y hembra, masculino y femenino.

Y ahora, por medio del primer Adán tenía que ser poblado el planeta Tierra de hijos e hijas de Dios, descendientes de Adán y Eva; hubo un problema allá en el Huerto del Edén, pero en el Programa Divino todas las cosas obran para bien y en alguna ocasión vamos a ver en qué obró para bien.

Dios le había dicho a Adán que no comiera del árbol de la ciencia del bien y del mal, porque el día que lo hiciera, ese día moriría; Adán tenía Vida eterna, pero el día que comiera del árbol de la ciencia del bien y del mal, moriría, perdería la Vida eterna y luego solamente le quedaría vida temporera que se le terminaría luego de cierta cantidad de años, y esa sería la vida que le dejaría como herencia a su descendencia: vida temporera.

Por cuanto pecaron en el Huerto del Edén, Eva primero y Adán luego, murieron, fue la primera muerte en medio de la raza humana, allí murió la raza humana completa, pero Adán continuó viviendo, viviendo una vida temporera, pero la Vida eterna la perdió; Vida eterna física él tenía, no tenía por qué ponerse viejo, pero al pecar, entonces perdió esa Vida eterna, y por consiguiente la herencia de la Vida eterna no se la podría dejar a sus hijos y a su descendencia porque la perdió; perdió también la bendición de tener el Título de Propiedad de la Vida eterna, de toda la creación en su mano el cual regresó a la diestra de Dios.

Por eso en Apocalipsis, capítulo 5 encontramos ese Libro sellado con siete Sellos en la diestra de Dios, ese es el Título de Propiedad de los Cielos y de la Tierra, el Título de Propiedad de la Vida eterna.

Y ahora, encontramos que la raza humana luego de la caída en el Huerto del Edén, vive temporeramente en la Tierra cada individuo que nace aquí, pero la promesa es que el Mesías Príncipe vendría, el cual heriría en la cabeza al maligno (Génesis, capítulo 3, verso 15). El Mesías Príncipe vendría por medio de una mujer virgen, Isaías, capítulo 7, verso 14 dice que “la virgen concebirá y dará a luz un niño, y se llamará Su Nombre Emanuel, que traducido es ‘Dios con nosotros”. Ya se está abriendo el misterio de que va a ser por medio de una joven virgen hebrea, descendiente del rey David.

Luego encontramos que ese Mesías Príncipe será el segundo Adán y por consiguiente va a tener una compañera idónea, esa será la Iglesia del Señor Jesucristo, la cual estaba en Él como Eva estaba en Adán; y así como salió Eva de Adán, ahora la Iglesia del Señor Jesucristo sale de Cristo el cual fue crucificado, y de sus heridas surge la Iglesia del Señor Jesucristo, de su costado.

Y ahora, el Día de Pentecostés nació la Iglesia del Señor Jesucristo, Dios colocó el Espíritu de Cristo en el Cuerpo Místico de creyentes, aquel grupo de creyentes en Cristo que lo acompañó en Su ministerio terrenal.

Y ahora, así como Dios colocó el espíritu femenino que estaba en Adán, lo colocó en el cuerpo físico que hizo para la compañera de Adán, ahora Dios ha colocado el Espíritu de Cristo en la Iglesia del Señor Jesucristo el Día de Pentecostés, y ha estado en medio de la Iglesia todo el tiempo. El mismo Cristo lo había dicho en San Mateo, capítulo 28, versos 16 al 20, cuando dice:

“Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

Él está con Su Iglesia todo el tiempo en Espíritu Santo, el Espíritu de Cristo en Su Iglesia, ¿y qué ha estado sucediendo en la Iglesia? Cristo dijo en San Juan, capítulo 12, verso 24:

“Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.”

Cristo se está representando en el grano de trigo. Y ahora, Cristo como la simiente de Dios, como el Hijo de Dios, tiene que morir para que surjan más hijos e hijas de Dios en este planeta Tierra, y esto ocurriría por medio de la unión de Cristo y Su Iglesia, el cual se reproduce en muchos hijos e hijas de Dios.

Por eso tenía que nacer la Iglesia del Señor Jesucristo por medio del Espíritu Santo para estar ahí el poder de Dios, el poder del Espíritu Santo, para la creación de una nueva raza con Vida eterna.

La Iglesia del Señor Jesucristo es una nueva raza con Vida eterna, es la descendencia del segundo Adán, y eso tenemos que comprenderlo para saber porqué Cristo ha prometido darle Vida eterna a todos los que escuchan Su Voz y lo siguen, cuando dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo las conozco y yo les doy Vida eterna” (San Juan, capítulo 10, verso 27), está hablándonos de una nueva raza con Vida eterna que Él va a crear.

Dios por medio de Cristo, del segundo Adán, está creando una nueva raza con Vida eterna. Adán primero tuvo la parte invisible o espiritual en donde Dios le dio Su imagen que es el cuerpo angelical, y después le dio la semejanza física que fue el cuerpo de carne creado por Dios del polvo de la Tierra.

Ese es el orden para venir una persona con Vida eterna; para tener Vida eterna física, tiene que tener Vida eterna física espiritual primero, o sea, tiene que tener el cuerpo angelical eterno que es el espíritu de Dios en cada creyente en Cristo, y recuerden que un espíritu es un cuerpo de otra dimensión.

Por eso la Iglesia primitiva sabía que los creyentes en Cristo tienen su ángel, cada creyente en Cristo tiene su ángel que es su cuerpo espiritual, o sea, el espíritu de cada creyente en Cristo, que es un cuerpo angelical de otra dimensión, de la dimensión de los Ángeles, es llamado el ángel de la persona.

El ser humano es creado por Dios a Su imagen y semejanza, por lo tanto, si Dios tiene Su Ángel que es Su cuerpo angelical, el Ángel del Pacto, pues cada ser humano tiene su ángel, su espíritu.

Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ha creado al ser humano a Su imagen y semejanza, por lo tanto, el ser humano es alma viviente con un cuerpo espiritual, ese es el espíritu de la persona, y con un cuerpo físico, ese es el cuerpo de carne, el cuerpo espiritual es la imagen y el cuerpo de carne es la semejanza física.

Y ahora, podemos ver porqué el ser humano es lo más importante que hay sobre la Tierra, porque es la única criatura creada por Dios a imagen y semejanza de Dios, es la corona de la creación, por eso Dios le entregó al ser humano este planeta Tierra, para que lo gobernara, gobernara sobre los animales, sobre las aves, sobre los peces, sobre todo lo que hay en la Tierra; el rey del planeta Tierra fue Adán en aquel tiempo, sigue siendo el ser humano, y por esa causa es que el Rey que gobernará por el milenio y por toda la eternidad el planeta Tierra será un hombre también: el Mesías Príncipe, el segundo Adán.

El segundo Adán ha estado reproduciéndose por medio de la segunda Eva, Su Iglesia, reproduciéndose en muchos hijos e hijas de Dios, produciendo el nuevo nacimiento en cada persona que escucha la predicación del Evangelio de Cristo, nace la fe de Cristo en su alma, cree en Cristo, lo recibe como su Salvador dando testimonio público de su fe en Cristo, es bautizada en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego y produce en la persona el nuevo nacimiento. La persona recibe el Espíritu de Cristo y por consiguiente ha recibido poder de Dios, porque el poder está en el Espíritu.

Y ahora, la Iglesia del Señor Jesucristo con el poder de Dios es un ejército celestial, el más poderoso ejército que hay, dirigido, comandado por el Señor Jesucristo, el Ángel del Pacto; ese es Su ejército, y ha estado conquistando corazones por medio de la predicación del Evangelio de Cristo, esa es la conquista de paz más hermosa, sin derramamiento de sangre, sino, una conquista de amor, como nos conquistó Cristo a nosotros, Dios por medio de Cristo nos conquistó con amor y por amor:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito , para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Dios quiere que vivamos eternamente, y yo también quiero vivir eternamente, y todos tenemos la misma oportunidad de vivir eternamente, pues hay un Programa Divino, un plan divino: el plan de la redención, el Programa de la Redención para que todo ser humano tenga acceso a él y asegure su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno. Tan simple como eso, no necesita ir a la universidad para después conseguir la Vida eterna.

Ha sido diseñado por Dios en la forma más simple, a tal grado que cualquier persona puede obtener la Vida eterna, es por medio de la fe en Cristo y Su Sacrificio en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, en donde Cristo al tomar nuestros pecados, porque Él no tenía pecado, siendo el segundo Adán no podía morir, si no cae en tierra y muere, queda solo el grano de trigo, todavía estaría caminando por la Tierra en el cuerpo que tenía y sin ponerse viejo, pero estaría solo.

Y si a alguien no le gusta la soledad, es al Señor Jesucristo, Él le gusta compartir con las demás personas, tampoco a nosotros nos gusta la soledad, pues piense, si usted estuviera en un cuartito, en una casa grande viviendo solo sin ninguna otra persona, sin pajaritos tampoco volando, sin escuchar nada. ¿Verdad que no le gustaría estar solo? Aunque estuviera rico, ¿de qué le valdría la riqueza? De nada le serviría.

Ahora, piense usted, Cristo viviendo en el cuerpo de carne que tenía sin ningún ser humano sobre la Tierra, sin animales sobre la Tierra, un planeta como el que está, como Venus en la actualidad, solitario, no es la voluntad del Señor tener esa clase de vida y tampoco Él desea que nosotros seamos solitarios, Él desea que nosotros estemos con Él en Su Reino disfrutando todas las bendiciones, toda la herencia divina que Él hereda y nosotros como coherederos con Él disfrutaremos junto a Él.

Recuerden que San Pablo en Romanos, capítulo 8, versos 14 en adelante, nos dice que somos herederos de Dios y coherederos con Cristo Jesús Señor nuestro, por lo tanto, heredaremos juntamente con Cristo; somos coherederos, a todo lo que Cristo es heredero, yo soy heredero también, soy coheredero con Él. Y cada uno de ustedes también.

Por lo tanto, ser parte de la Iglesia del Señor Jesucristo es el privilegio y bendición más grande que puede tener una persona, y en la Iglesia del Señor Jesucristo está el poder de Dios, y se manifiesta en todo momento que es necesario.

El poder de Dios ha estado maniféstandose, produciendo el nuevo nacimiento en millones de seres humanos, o sea, produciendo una transformación interior, y luego en el Día Postrero cuando haya terminado de producir esa transformación interior, hasta en los últimos que formarán Su Iglesia, entonces traerá la resurrección de los muertos creyentes en Él y la transformación de los que estén vivos creyentes en Él. Y eso será la redención del cuerpo, la adopción de los hijos e hijas de Dios adoptados como hijos e hijas de Dios con Vida eterna física en el cuerpo físico.

Cuerpos glorificados van a tener todos los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo y por consiguiente jóvenes como todos queremos permanecer, y no solamente eso, sino inmortales, y sin ningún problema ni de salud ni de ninguna otra clase de problemas. El Señor Jesucristo hablando, dice que serán como los Ángeles del Cielo, dice que ni se casan ni se dan en casamiento.

Así que el que se vaya a casar, tiene que hacerlo estando en el cuerpo físico mortal, en el cuerpo eterno y glorificado no habrá casamientos, no será para tener niños tampoco, sino que será la Iglesia, los que forman la Iglesia, el cuerpo administrativo del Señor Jesucristo en Su Reino, por eso son reyes y sacerdotes; lo mismo que Cristo es, lo son los creyentes en Cristo, los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo tienen el nivel más alto del Programa Divino de entre todos los seres humanos, la Escritura dice que los santos juzgarán al mundo. O sea, que son jueces también, o sea, en el Reino del Mesías serán los miembros del poder judicial y serán también los miembros del sacerdocio celestial, pues son reyes y sacerdotes y son también miembros de la realeza celestial.

Esa es la generación del Mesías, y la Escritura dice en esa profecía que se refiere al Mesías y a Su pueblo: “Derramaré mi Espíritu sobre tu generación.” Es la generación del Mesías, de los creyentes en Cristo que Dios derramaría Su Espíritu.

El Día de Pentecostés encontramos a Dios derramando de Su Espíritu sobre ciento veinte creyentes en Cristo. Encontramos que lo mismo que pasó cuando Jesús fue bautizado por Juan el Bautista, que vino el Espíritu Santo sobre Jesús, ahora viene el Espíritu Santo sobre ciento veinte personas creyentes en Cristo que estaban en el aposento alto, y lenguas de fuego se posaron sobre ellos.

Y así ha continuado ocurriendo con todas las personas que han estado recibiendo a Cristo como Salvador, Dios ha estado produciendo una nueva creación. Recuerden que Cristo dijo a Nicodemo en San Juan, capítulo 3, verso 1 al 6: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios.” Para ver el Reino de Dios hay que nacer de nuevo conforme a las palabras de Cristo; ahora, Nicodemo pensó que era nacer literalmente de una mujer, y ahora tenía la preocupación de cómo él iba hacer, quizás su madre ya estaba anciana o había muerto: “¿Puede acaso el hombre ya siendo viejo, entrar en el vientre de su madre y nacer?”

¿Ven? Esa era la pregunta de Nicodemo, Cristo le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.” Todos queremos entrar al Reino de Dios, Nicodemo también quería entrar; pero ahora, hay requisitos: porque la persona sea buena no lo coloca eso en el Reino de Dios, es naciendo de nuevo, así como para nosotros estar en este reino terrenal de seres humanos donde podemos ver esta reino terrenal, podemos ver los edificios, podemos ver los automóviles, los aviones, las personas.

Pero ¿qué tuvo que hacer usted para poder ver eso? Nacer, tan sencillo como eso, el que no nació, pues no ve nada, no ha estado aquí en la Tierra, y para ver el Reino de Dios hay que nacer, y para entrar al Reino de Dios hay que nacer, nacer de nuevo, nacer del Agua y del Espíritu, nacer del Evangelio de Cristo y del Espíritu Santo, y entonces la persona ha nacido como un bebé en el Reino de Dios y va creciendo a medida que se alimenta con la Palabra de Dios, y va su fe creciendo, va aumentando el conocimiento en el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob y la angustia existencial se desaparece, ya no tiene miedo de qué será cuando termine sus días en la Tierra, sabe que va al Paraíso donde están los apóstoles, donde están los Ángeles.

Un lugar de reposo porque descansa de las labores terrenales, un lugar donde no hay noche, un lugar donde no hay que salir a trabajar en la mañana para tomar el tráfico que es pesado en la mañana y después regresar cansado y tomar el tráfico otra vez, y si cae un aguacero, entonces se complica el tráfico.

Pero en el Paraíso no hay esos problemas, allí se está en el cuerpo espiritual que no tiene problemas y no tiene la necesidad de tener un automóvil allá porque en el cuerpo espiritual se viaja sin importar la distancia a una rapidez que usted ni se imagina, y allá no hay problemas, están todos muy felices allí esperando algo.

Así como el Señor Jesucristo cuando murió, descendió en Espíritu, en el cuerpo espiritual al infierno y le predicó a los espíritus encarcelados que fueron desobedientes en el tiempo de Noé, luego de eso pasó al Paraíso, al seno de Abraham y con Abraham y todos los que estaban allá salió el día de la resurrección, domingo en la mañana, y luego dice la Escritura que aparecieron a muchos en la Ciudad de Jerusalén, no solamente Jesucristo, los santos que con Él resucitaron. Aquí está, capítulo 27 de San Mateo, verso 51 en adelante dice:

“Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron;

y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron;

y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él (o sea, después de la resurrección de Cristo), vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos.”

O sea, a Abraham, Isaac, Jacob, los patriarcas, los profetas, todos esos caminando por la santa Ciudad de Jerusalén en cuerpos jovencitos, y las personas cuando los veían, se preguntarían: “¿Quiénes serán esos jóvenes? ¿Habrá una convención de jóvenes aquí en Jerusalén?”

Habían venido de muy lejos, habían venido del seno de Abraham. La resurrección para Vida eterna es para los creyentes, para los incrédulos no hay bendiciones, porque no las creen, no creen las bendiciones y por eso no reciben las bendiciones de Dios.

Las bendiciones de Dios vienen por medio del Señor, Él tiene un Programa Divino para darnos bendiciones en abundancia, así como Él colocó delante de Adán y Eva la vida y la muerte al colocar el Árbol de la Vida y el árbol de ciencia del bien y del mal.

Ahora, delante de todo ser humano está la vida y la muerte, la bendición y la maldición, y Dios recomienda que la persona escoja la vida para que viva él y su familia para siempre, Cristo dijo: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.”

Todos queremos llegar a Dios, todos queremos entrar al Reino de Dios, hay un camino, es Jesucristo, hay una Vida eterna y es Jesucristo; Él es el Árbol de la Vida, por eso Él decía: “El que no coma mi carne y beba mi Sangre, no tiene vida permaneciente en sí,” o sea, tiene que creer el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario y recibirlo como Salvador, ser bautizado en agua en Su Nombre, Él lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego y produce en la persona el nuevo nacimiento, y así recibe la persona la Vida eterna. Tan sencillo como eso, es tan sencillo que hasta los niños lo pueden entender.

Por lo tanto, la Iglesia del Señor Jesucristo siendo la segunda Eva, tiene los hijos e hijas de Dios bajo el nuevo Pacto; recuerden sobre el nuevo Pacto lo que Cristo dijo, ya que Jeremías había dicho en el capítulo 31, verso 31 en adelante:

“He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá.

No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto.”

Y ahora, el nuevo Pacto es de una unión entre la Iglesia del Señor Jesucristo y Cristo, y esa es la unión de seres humanos con Dios, siendo reconciliados con Dios. Cristo es la cabeza de la Iglesia, San Pablo decía: “Os he desposado como una virgen pura a Cristo,” ¿ven? El nuevo Pacto en términos espirituales es un pacto matrimonial entre Cristo y Su Iglesia.

El mismo Cristo en San Mateo, capítulo 26, versos 26 al 29 hablando del nuevo Pacto dice... esto fue en la última cena que tuvo con Sus discípulos antes de ser crucificado, dice capítulo 26, verso 26 en adelante de San Mateo:

“Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo...”

Está tipificando Su cuerpo en el pan, y luego sigue diciendo:

“...Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos;

porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”

Y ahora, Cristo aquí está diciendo que Su Sangre es la Sangre del nuevo Pacto, está hablándonos del nuevo Pacto que Jeremías había profetizado en el capítulo 31. Nuevo Pacto en donde el ser humano se une con Dios, con Su Creador, en donde el ser humano es reconciliado con Dios para ser restaurado a la Vida eterna, y así comienza el programa de restauración o de redención del ser humano, Dios volviendo el ser humano a la Vida eterna por medio del segundo Adán.

Por un hombre entró la muerte: por Adán, y por el segundo Adán, la Vida eterna para todos los que lo reciben como Salvador. Yo le he recibido como mi Salvador y he sido restaurado a la Vida eterna, Él me ha colocado en Su Reino con Vida eterna y viviré eternamente con Él en Su Reino. ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted. También los que están en otras naciones pueden recibir a Cristo como Salvador, pueden pasar al frente en el auditorio o en la iglesia donde ustedes se encuentren en otras naciones también, y los que están aquí presentes pueden pasar acá al frente para que oremos por usted.

Los niños de diez años en adelante también pueden pasará acá al frente para recibir a Cristo, pues ya tienen edad y tienen conocimiento del bien y del mal. Recuerden que Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los Cielos.” Cristo tiene lugar en Su Reino para los niños también; para todos Él tiene lugar, para todos aquellos que escuchan el Evangelio de Cristo, el Evangelio de la paz, el Evangelio de nuestra salvación y nace la fe de Cristo en nuestra alma y lo recibimos como Salvador.

Todos queremos vivir eternamente y todos tenemos la misma oportunidad. No hay cosa más importante para el ser humano que la Vida eterna, la Vida eterna es lo más grande, lo más importante. Sin Vida eterna el ser humano no tiene esperanza.

La vida es lo más precioso que Dios le ha dado al ser humano, el Señor Jesucristo dijo: “¿De qué le vale al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma?” Recuerden que el ser humano es alma viviente, el alma es lo que en realidad es la persona.

El ser humano en su vida tiene que hacer muchas decisiones, pero ninguna de esas decisiones le coloca en la Vida eterna, excepto una: recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, por lo tanto, esa es la decisión más grande que un ser humano puede hacer en la Tierra, no hay otra decisión más grande. Y los que han hecho esa decisión han sido colocados en la Vida eterna.

En las demás naciones pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo para que también queden incluidos en la oración que estaremos haciendo. Dios tiene mucho pueblo en esta ciudad de San Pablo, y los está llamando en este tiempo final y en todas las ciudades del Brasil, y los está llamando.

También en toda la América Latina Dios tiene mucho pueblo, y los está llamando para colocarlos en Su Reino, y en todas las naciones Dios tiene mucho pueblo y los está llamando en este tiempo final que es el tiempo del llamado final, de la trompeta final para recoger a todos los hijos e hijas de Dios. Recogerlos ¿dónde? En el Reino del Señor.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión. Si falta alguna persona por venir, puede pasar al frente; y en las demás naciones, vamos a ver si ya están listos en las demás naciones, a través del satélite Amazonas se está transmitiendo a todo el continente americano, y estamos esperando respuesta de los demás países para saber si ya están listos porque lo mismo que está sucediendo aquí, está sucediendo en otros países, y Dios está llamando a Sus hijos, a Su pueblo en este tiempo final.

Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Dios, a Jesucristo, y nuestros ojos cerrados los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos, repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador, te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Señor, sálvame, te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes escucharon la predicación del Evangelio de Cristo y nació la fe de Cristo en vuestra y lo han recibido como vuestro Salvador.

Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible, pues Cristo dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor lo más pronto posible. ¿Cuándo me pueden bautizar?” Por cuanto ustedes han creído en Cristo, bien pueden ser bautizados.

En el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. El bautismo en agua es a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo, ahí está el tipo y figura, y nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección al ser bautizados en agua en Su Nombre.

Aun el mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista, y si Cristo fue bautizado, cuánto más nosotros tenemos necesidad de ser bautizados, el mismo Cristo dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.” Es un mandamiento del Señor Jesucristo.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino del Señor Jesucristo nuestro Salvador.

Continúen pasando todos una tarde feliz, Dios les bendiga y les guarde, y dejo con ustedes al reverendo Oswaldo Aparecido para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“LA IGLESIA DEL SEÑOR JESUCRISTO CON EL PODER DE DIOS.”

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