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Muy buenas noches, amables amigos y amigas, hermanos y hermanas presentes y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; es para mí un privilegio grande estar con ustedes aquí en Medellín, esta hermosa ciudad de Colombia, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Leemos una Escritura, dentro de algunos momentos, que se encuentra en Job, capítulo 38, versos 1 en adelante. Quiero antes agradecerles el respaldo que le están dando a la obra misionera y evangelística, y también al proyecto de la Gran Carpa-Catedral, y el respaldo que le están dando a AMISRAEL.

Y ahora, leemos en Job, capítulo 38, verso 1 en adelante, que nos dice:

“Entonces respondió Jehová a Job desde un torbellino, y dijo:

¿Quién es ése que oscurece el consejo Con palabras sin sabiduría?

Ahora ciñe como varón tus lomos;

Yo te preguntaré, y tú me contestarás.

¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra?

Házmelo saber, si tienes inteligencia.

¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes?

¿O quién extendió sobre ella cordel?

¿Sobre qué están fundadas sus bases?

¿O quién puso su piedra angular,

Cuando alababan todas las estrellas del alba,

Y se regocijaban todos los hijos de Dios?”

Y así sigue Dios preguntándole a Job, para que Job le conteste a Dios, y el ser humano tiene tres preguntas muy importantes, las cuales vamos a tratar en esta ocasión.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema es: “LA SOLUCIÓN A LA ANGUSTIA EXISTENCIAL DEL SER HUMANO.”

Todo ser humano, así como Job, recibe la pregunta: “¿dónde estabas tú?” Como le preguntó Dios a Adán, luego que Adán pecó, le pregunta: “¿Dónde estás tú?”

Y ahora, el ser humano tiene la misma pregunta en su mente y en su corazón: “¿Dónde estaba yo antes de venir a esta Tierra? ¿Quién era yo antes de estar en la Tierra? ¿Y quién soy yo en esta Tierra? ¿Y quién seré y hacia dónde iré cuando terminen mis días en esta Tierra? O sea, ¿de dónde he venido, porqué estoy aquí en la Tierra, y hacia dónde voy después que muera mi cuerpo físico?”

Eso es lo que causa la angustia existencial del ser humano, desde que tiene el ser humano conciencia de que le ha tocado vivir en esta Tierra, y aún desde niño se están preguntando: “¿De dónde yo he venido?” Eso ya lo trae por dentro la persona; y eso causa esa angustia existencial; porque el ser humano quiere existir eternamente; y por eso es que trabajamos, compramos alimentos y comemos para no morir; porque cualquiera que no le interesa la vida, pues deja de comer y se muere, o dejar de respirar que es más fácil, le  sale más barato, y se muere; pero cuando le falta un poquito de aire enseguida está buscando aire, ¿por qué? Porque no quiere morir.

Ahora, el ser humano tiene delante de sí la vida y la muerte, ya eso viene en él y es como una historia que hay acerca de dos perros que iban a pelear; y una persona le pregunta a la otra: ¿Cuál tú crees que va a ganar? Y la persona le dice: “Al más que yo alimente, al que yo alimente, ese va a ganar.”

Y el ser humano trae la vida y la muerte, la tiene frente a él, Dios le ha colocado delante de él, como en el Huerto del Edén, puso el Árbol de la Vida y el árbol del ciencia del bien y del mal, que viene a ser el árbol de la muerte, y por eso le dice Adán que no comiera del árbol de la ciencia del bien y del mal, porque el día que comiera de él, moriría. Por cuanto el ser humano es a imagen y semejanza de Dios, tiene libre albedrío, porque Dios tiene libre albedrío, y por consiguiente el ser humano creado a imagen y semejanza de Dios, también tiene libre albedrío.

Y ahora, veamos aquí en Deuteronomio, capítulo 30 lo que nos dice, verso 14 en adelante, dice:

“Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas.

Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal.”

Dios ha colocado delante del ser humano el bien y el mal, la vida y la muerte; eso lo vimos ahí en el capítulo 30, verso 15, y luego en el capítulo 30 mismo, verso 19 en adelante, dice:

“A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia;

amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar.”

Ahí encontramos que ahora no le podemos echar la culpa a Adán y a Eva. Ellos tuvieron su tiempo aquí en la Tierra, pero ahora le toca a todo ser humano; la vida o la muerte está delante de todo ser humano. Toda persona se pregunta: “¿De dónde yo he venido.” Esa misma pregunta está contestada en Génesis, pues Dios creó al ser humano conforme a como Él dijo: a Su imagen y semejanza; pero cuando crea al ser humano, dice ahí al comienzo, en el capítulo 1, versos 26 al 27:

“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.

Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”

¿Y qué pasó con la semejanza? La imagen es el cuerpo angelical, cuerpo espiritual que pertenece a otra dimensión, parecido a nuestro cuerpo, pero de otra dimensión, de la dimensión de los ángeles de Dios, o sea, un cuerpo teofánico que puede aparecer y desaparecer, que puede aparecer en forma de luz, o de una nube, o puede aparecer en forma de un ángel.

En esa forma fue que Dios creó al ser humano: a Adán, el primer hombre, y le dio autoridad sobre toda la Tierra, vino a ser el rey de la Tierra; la Tierra con todo lo que tenía fue la herencia que Dios le dio; y así como Dios por medio del Cuerpo angelical llamado el Ángel del Pacto, que aparecía en forma de una nube durante el día y una luz durante la noche, y que en algunas ocasiones apareció en la forma de un hombre, pero de otra dimensión, en esa misma forma estaba Adán; y dice la Escritura:

“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”

Y ahora, Adán guiaba, gobernaba sobre el planeta Tierra, y todos los animales del campo, las aves, y los peces; desde esa condición de hombre espiritual, de hombre en cuerpo espiritual, cuerpo angelical. Luego, en el capítulo 2, verso 7, dice:

“Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.”

Y ahora, en el capítulo 2 le crea el cuerpo de carne, o sea, la semejanza física; y nos dice que era varón y hembra también; y luego de Adán tomó de su costado una costilla y formó un cuerpo de carne físico, ya tierra, pero ya en un estado humano, en un estado más avanzado, y colocó en ese cuerpo femenino que creó Dios, que formó Dios, colocó el espíritu femenino, o sea, el cuerpo angelical femenino que estaba en Adán; y entonces Adán quedó, no como varón y hembra, sino que quedó varón; y el otro cuerpo: hembra o una mujer, para llevar a cabo un Programa Divino de la reproducción del ser humano en la Tierra, conforme al Programa Divino. Adán ya sabía de dónde había venido. Estando en el cuerpo angelical se saben todas las cosas; y si el cuerpo angelical pasa a un cuerpo físico creado por Dios, continúan sabiendo las cosas.

Y ahora, Adán ya sabemos de dónde vino: vino de Dios; en la genealogía que se hace de Jesús, dice: “Y Adán de Dios,” ¿de dónde vino Adán? De Dios; pero el ser humano por cuanto pecó, perdió el conocimiento divino, fue perdiéndolo gradualmente, pero en el Programa Divino encontramos que Dios tiene la redención para el ser humano, para volver el ser humano a Dios, para ser el ser humano reconciliado con Dios.

Mientras el ser humano, la persona, no esté reconciliada con Dios, tendrá la angustia existencial, no sabrá de dónde ha venido, no sabrá porqué está aquí en la Tierra, y pensará que está aquí en la Tierra para comer, dormir y trabajar y ponerse viejo y después morir; pero ese es un pensar muy poco inteligente.

Luego, el ser humano que no está reconciliado con Dios, piensa: “Bueno, después que se me acaben los días en la Tierra, muero y dejo de existir.” No comprende que el ser humano sigue viviendo, porque lo que muere es su cuerpo físico; pero la pregunta es: ¿Y adónde va? Va a otra dimensión; si es un creyente en Cristo nacido de nuevo, está reconciliado con Dios y va a la dimensión de los ángeles, la sexta dimensión, llamada el Paraíso, donde están todos los creyentes que han servido a Dios; y allí no tienen que trabajar, pero no es un sitio para vagos, es un sitio para creyentes en Dios, y los creyentes en Dios son trabajadores; pues tienen el mandato divino que con el sudor de su frente comerán su pan, y suplirán por supuesto para su hogar.

No hay que pagar luz eléctrica porque allí no hay noche, no hay que estar con bombillos como tenemos aquí, no se cansan tampoco de estar allí, no tienen que comer tampoco, porque no tienen un cuerpo de carne que es el que tiene estas necesidades que todos nosotros experimentamos, pero tienen la promesa de que van a resucitar, de que van a vivir nuevamente en cuerpos físicos, cuerpos iguales al cuerpo glorificado de Jesucristo, y entonces podrán comer; porque Cristo comió cuando resucitó, creían que era un espíritu, pero ya estaba en cuerpo glorificado, por eso no lo conocían, pensaban que era un fantasma, otros no sabían que era Jesús, porque el que ellos habían visto por última vez fue en la Cruz, y luego cuando lo bajaron de la Cruz ya estaba desfigurado todo, lleno de heridas.

Y ahora, aparece un joven diciendo que Él es Jesús, no lo conocían; pero por la Palabra que Él hablaba y por el partimiento del pan que lo hacía en la misma forma como de costumbre con Sus discípulos, y daba gracias en la misma forma, los caminantes de Emaús lo conocieron, se les abrieron los ojos para conocer quién era ese joven.

Y cuando apareció a los discípulos que estaban encerrados por miedo a los judíos, creyeron que era un fantasma, y entonces como piensan algunos: “Ahora con miedo a los judíos y ahora nos aparece un fantasma para colmo,” pero era Jesús; y Él cuando aparecía a ellos, decía: “Paz a vosotros,” pues ellos estaban muy nerviosos, muy asustados y pensaban que era un fantasma, y Él les dice: “¿Tienen algo de comer?” Le dan un pedazo de pescado: come; le dan un pedazo de panal de miel: come también; y luego desaparece.

Es que en el cuerpo glorificado no hay limitaciones, es un cuerpo interdimensional, y esa clase de cuerpo es el que van a recibir todos los creyentes en Cristo que murieron y serán resucitados; y los que estén vivos creyentes en Cristo, nacidos de nuevo, van a ser transformados y van a tener esa clase de cuerpo también; y esos serán los que no van a ver muerte estando vivos, porque van a ser transformados.

Pero, ¿qué será de los que no son creyentes en Cristo? Pues cuando mueran van a un lugar que nadie quisiera ir, y que ya a través de la predicación del Evangelio han escuchado que los que no sirven a Dios van a ese lugar, es la quinta dimensión; y si lo quieren escuchar en palabras más comunes, es llamado el infierno, del cual Cristo habló en la parábola del hombre rico y Lázaro el mendigo, en donde mostró que el hombre rico murió y fue al infierno, y Lázaro el mendigo murió y fue al seno de Abraham.

En aquel tiempo, por cuanto la sangre de los animales no quita el pecado, sino que solamente cubre el pecado, no podían subir al Cielo, iban a un lugar llamado el seno de Abraham, pero que era muy bueno, y desde allí podían ver hacia el infierno o quinta dimensión, y todo eso está bajo esta Tierra.

El mismo Cristo cuando murió, por cuando Él tomó nuestros pecados y por consiguiente murió como pecador llevando nuestros pecados, porque Dios cargó en Él el pecado de nosotros, tuvo que ir al infierno para que nosotros no tengamos que ir al infierno, y dice la Escritura que fue y le predicó a los espíritus encarcelados que fueron desobedientes en el tiempo de Noé.

Todos los desobedientes a Dios, los que no sirven a Dios, los que no entran al Pacto divino, mueren y van a ese lugar; no es que Dios los quiera enviar allí, es que la persona misma eligió ir allí porque no escogió el camino de la Vida, que es hacia arriba, el cual es Cristo; escogió el camino de la muerte que es hacia abajo.

Ahora, Cristo estuvo allá; por eso es que Él luego resucita, sale del infierno, porque Él tomó, le quitó al diablo las llaves del infierno y de la muerte; y en Apocalipsis, capítulo 1, versos 16 en adelante nos dice Cristo: “Yo tengo las llaves del Hades y de la muerte,” por eso pudo resucitar; y resucitará a todo creyente en Él, y eso será a la final Trompeta, o sea, al mensaje final que es un mensaje de parte de Dios, dispensacional, el cual es el mensaje el Evangelio del Reino.

Y ahora, el ser humano tiene la oportunidad de ser libertado de la angustia existencial al recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, y así ser reconciliado con Dios, ser limpiado con la Sangre de Cristo de todo pecado y tener paz para con Dios, “porque Cristo es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno” (Efesios, capítulo 2, versos 11 al 22).

Y ahora, teniendo a Cristo en nuestro corazón, tenemos paz para con Dios, y por consiguiente no tenemos angustia existencial, ya sabemos de dónde hemos venido: hemos venido de Dios; estamos aquí con y para un propósito divino, para escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, que es el Evangelio de la paz, el Evangelio de nuestra Salvación, y creer: nace la fe de Cristo en nuestra alma, porque la fe viene por el oír la Palabra de Dios, el Evangelio de Cristo, el Evangelio de nuestra Salvación.

Y al nacer la fe de Cristo en nuestra alma, creemos en Cristo y damos testimonio público, creemos en Cristo para justicia, y damos testimonio público de nuestra fe en Cristo, recibiéndole como nuestro Salvador, ¿para qué? Para Salvación, para Salvación y Vida eterna; y así somos reconciliados con Dios y tenemos paz para con Dios y desaparece así la angustia existencial; esa es la única solución a la angustia existencial del ser humano.

Cuando la persona sabe de dónde ha venido, sabe que ha venido de Dios, y sabe porqué está aquí en la Tierra, dice la Escritura que es para obedecer y ser rociados con la Sangre de Cristo. Por lo tanto, al conocer esto la persona cree en Cristo porque para eso es que Dios lo ha enviado a vivir en esta Tierra. Cristo dijo, o preguntó en San Mateo, capítulo 16, versos 26 al 28. “¿De qué le vale al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según sus obras.”

Ahora, ¿por qué Cristo dice: “¿De qué le vale al hombre, si ganare todo el mundo y perdiere su alma?” Porque el ser humano es alma viviente, eso es lo que usted y yo somos: alma viviente, el cuerpo es temporero, es una casa terrenal humana, el espíritu es otro cuerpo de otra dimensión, pero el alma es lo que usted y yo somos en realidad, somos alma viviente, almas vivientes, y por consiguiente se habla de la Salvación del alma; por eso la Escritura dice: “El alma que pecare, esa morirá.”

Y ahora, la muerte del alma es la segunda muerte, porque la muerte del cuerpo es la primera muerte, pero la persona sigue viviendo en otra dimensión; pero en el juicio final los incrédulos serán juzgados y condenados, y echados en el lago de fuego, que es la segunda muerte; y ahí dejará de existir la persona en alma, porque en cuerpo ya dejó de existir, pero va a resucitar después para el juicio final, después del Reino Milenial del Mesías, que será el tiempo después del Reino Milenial que se llevará a cabo el juicio final.

Ahora, todos queremos vivir eternamente en el Reino de Dios, y todos tenemos la misma oportunidad porque Dios ha colocado delante de todo ser humano la Vida y la muerte, la bendición y la maldición; y el mismo Dios da Su recomendación al ser humano, diciéndole: “Escoge la Vida para que vivas, para que vivas tú y tu descendencia, tus hijos,” porque todos queremos vivir eternamente y queremos que nuestros hijos también vivan eternamente; y hay un Programa Divino para que podamos vivir eternamente, por lo cual el ser humano tiene la misma responsabilidad en la actualidad, que tuvo Adán y Eva en el Huerto del Edén.

Y ahora, la culpa no la vamos a echar a Adán y Eva, la culpa del que no reciba a Cristo como Salvador para vivir eternamente, la culpa de que vaya a dejar de existir su alma, la tiene la misma persona; cada persona es responsable de sí misma, por consiguiente tenemos que encarar esa realidad; después que la persona muere, ya no hay oportunidad de la persona decir: “Ahora yo quiero creer en Cristo, ya sé que cuando la persona muere va a otro mundo.” Pero ya no hay oportunidad después que la persona muere, ha tenido la oportunidad mientras está viviendo en la Tierra.

El apóstol Pablo nos dice en Romanos, capítulo 5, versos 6 en adelante, de la siguiente manera, y vamos a leer este pasaje que es muy importante para todos los seres humanos.

“Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.

Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno.

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.

Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.

Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.”

La muestra, la manifestación mayor del amor de Dios hacia el ser humano, fue que ha dado a Su Hijo unigénito para que muriera en la Cruz del Calvario por cada uno de nosotros; por eso es que San Juan, capítulo 3, verso 16, dice:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

La Vida eterna Dios la ha dado al ser humano por medio de Jesucristo. Hay un Programa Divino para que todo ser humano reciba la Vida eterna, y la exclusividad de la Vida eterna la ha dado Dios a Jesucristo; y por consiguiente hay que buscar al que tiene la exclusividad de la Vida eterna, para que nos dé Vida eterna; por esa causa es que Cristo dijo en San Juan, capítulo 10, verso 27 en adelante: “Mis ovejas oyen mi Voz,” ¿Y cuál es la Voz de Cristo? El Evangelio de Jesucristo, el Evangelio de nuestra Salvación, el Evangelio de la paz: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, Yo las conozco, y Yo les doy Vida eterna.”

Hay solamente una persona que le puede dar Vida eterna al ser humano, y Su Nombre es: SEÑOR JESUCRISTO. Vean lo que nos dice Primera de Juan; el discípulo amado nos dice en el capítulo 5, verso 10 en adelante, dice:

“El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo.

Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.

El que tiene al Hijo, tiene la vida (o sea, el que tiene al Hijo de Dios, a Jesucristo porque lo ha recibido como Salvador, pues tiene la Vida); el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.”

La persona puede decir: “Si tengo vida, estoy vivo,” pero eso es una vida temporera que se le va a terminar y no sabe cuándo se le va a acabar; pero Vida eterna solamente la persona la puede obtener teniendo a Cristo en su alma, en su corazón.

“Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.”

La buena noticia para los creyentes en Cristo es que tenemos Vida eterna, esta Vida nos la ha dado Dios a través de Jesucristo nuestro Salvador; y ahora, sabemos no solamente de dónde hemos venido, ni dónde estamos y porqué estamos aquí en la Tierra, sino hacia dónde vamos en el futuro, ahora conocemos cuál es el futuro nuestro al ser creyentes en Cristo como nuestro único y suficiente Salvador: viviremos eternamente en el Reino de Jesucristo, que es el único Reino con promesa para existir por toda la eternidad, y todos queremos vivir eternamente con Cristo en Su Reino, para lo cual todos necesitamos a Cristo, y todos por consiguiente necesitamos recibirlo como nuestro único y suficiente Salvador; y así asegurar nuestro futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno.

Ya yo aseguré mi futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno. ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también. Si hay alguna persona que todavía no ha asegurado su futuro eterno con Cristo, lo puede hacer en estos momentos recibiéndolo como vuestro único y suficiente Salvador, y estaremos orando por usted en esta ocasión en esta noche; para lo cual puede pasar acá al frente, y oraremos por usted para que también Cristo le reciba en Su Reino, y le asegure a usted su futuro eterno en Su Reino eterno, pues todos queremos vivir eternamente y todos queremos que se vaya esa angustia existencial de nuestra alma y de nuestra mente.

Pueden pasar acá al frente y estaremos orando por usted; y los niños también de diez años en adelante pueden venir a los Pies de Cristo, pues Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí; y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los Cielos.”

Lo más importante para el ser humano es la Salvación de su alma, no hay nada más importante, porque no hay nada más importante que la Vida eterna; y a medida que nos pasan los años nos damos cuenta de la necesidad que tenemos de tener una Vida eterna, y que solamente hay una persona que nos puede dar la Vida eterna, y Su Nombre es: SEÑOR JESUCRISTO. No hay otro que nos pueda dar Vida eterna.

Dios tiene mucho pueblo, muchos hijos, en esta ciudad de Medellín, y los está llamando en este tiempo final; y también en todas las ciudades de la bella Colombia, y los está llamando. Y el Cielo, el Reino de Dios, se está llenando de colombianos; y es una bendición no solamente para la persona, sino para todo Colombia, toda Colombia tiene representación en el Reino de Dios; por lo cual pueden orar por Colombia y Dios les escuchará.

Recuerden que cuando visitaron a Abraham tres Ángeles, los cuales eran los Arcángeles Gabriel y Miguel y Dios, Abraham intercede por Lot y por el territorio donde Lot vivía, porque iba a ser destruido, y pregunta: “¿Si hay 50 justos allí, destruirás Tú ese lugar?” Abraham le dice: “¿No destruirás Tú al justo con el injusto?” Dios le dice: “No lo destruiré, si hay 50 justos allí.” “Pero, ¿si hay 40?” “No lo destruiré tampoco.” “Pero ¿si hay 30?” “Tampoco lo destruiré.” “Pero ¿si solamente hay 20?” “Tampoco lo destruiré,” “¿Y si hay 10?” “Pues tampoco lo destruiré.”

Por lo tanto, para todas las naciones que haya personas creyentes en Cristo, los cuales han sido justificados con la Sangre de Cristo, es una garantía delante de Dios, es una bendición y garantía de que Dios escuchará la oración de esos creyentes en Cristo por su nación.

En las demás naciones que están conectadas a través del satélite Amazonas o de internet en esta ocasión, pueden también continuar viniendo a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo. Recuerden que estamos conectados con otras naciones a través del satélite Amazonas o internet, y hasta el África están conectados por internet, y en todo el continente americano desde la parte Norte hasta el Sur a través del satélite Amazonas; es que Dios tiene mucho pueblo, y los está llamando en este tiempo final.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Si falta alguna persona por venir a los Pies de Cristo, puede venir, ya vamos a orar. Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos y están presentes o en otras naciones, repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, en mi alma, creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu primera Venida y en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por mis pecados y por los de todo ser humano, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres en que podemos ser salvos.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador, te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento. Sálvame, Señor. Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo con Su Sangre los ha limpiado de todo pecado porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible en el Nombre del Señor Jesucristo,” porque Él dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

El bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, aun el mismo Jesucristo fue bautizado en el Jordán por Juan el Bautista; cuando Juan predicaba y bautizaba en el Jordán llegó Jesucristo, entró a las aguas del Jordán donde Juan estaba; y Juan le dice: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para yo te bautice?” Y Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia.” Y entonces lo bautizó, y el Espíritu Santo vino sobre Jesús.

San Pedro predicando el Día de Pentecostés, cuando la multitud que allí estaba pregunta: “Varones hermanos, ¿qué haremos?” Pedro les dice: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el Nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.” [Hechos 2: 38 al 39].

Por lo tanto, el bautismo en agua es importante para todos los que escuchan la predicación del Evangelio de Cristo y lo reciben como Salvador; aunque el bautismo en agua no quita los pecados de la persona, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor, es tipológico.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo. Y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado. Y cuando lo levanta de las aguas bautismales el ministro, está resucitando a una nueva Vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Por lo tanto, el bautismo en agua es simbólico y estamos siendo sepultados a la semejanza de la sepultura de Cristo, allá cuando murió y fue sepultado, y siendo levantados a la semejanza de Cristo cuando resucitó; por eso en el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

Dejo al ministro, reverendo Acero con ustedes, para que les indique a ustedes cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes, dándoles testimonio de: “LA SOLUCIÓN A LA ANGUSTIA EXISTENCIAL DEL SER HUMANO.” La solución es Cristo, porque Él es nuestra paz, y Él es el que trae la paz a nuestra alma, a nuestro corazón.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Jesucristo nuestro Salvador. Pasen todos muy buenas noches.

“LA SOLUCIÓN A LA ANGUSTIA EXISTENCIAL AL SER HUMANO.”

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