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Muy buenas noches, amables amigos presentes, y los que están a través del satélite Amazonas y de internet en diferentes naciones.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y en esta noche nos enseñe Su Palabra, nos abra el entendimiento y las Escrituras para comprender Su Palabra y Su Programa correspondiente a este tiempo final. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para esta ocasión leemos un pasaje muy conocido que se encuentra aquí en San Lucas, capítulo 21, versos 25 al 36, y dice:

“Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas;

desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas.

Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria.

Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.

También les dijo una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles.

Cuando ya brotan, viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano está ya cerca.

Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.

De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.        Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día.

Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra.

Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre.”

Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema es:

“Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.”

“NUESTRA REDENCIÓN ESTÁ CERCA.”

Es nuestro tema tomado de ese pasaje de San Lucas, capítulo 21, verso 28.

Nuestra redención está cerca cuando veamos estas señales en el sol, la luna, y las estrellas; y las gentes confundidas a causa del bramido del mar y de las olas.

En estos días, el domingo pasado, hubo una señal muy grande en el sol que se repite cada 300 años, y esas son señales en el sol.

Recuerden que ha sido dicho que habrá señales en el sol, la luna, y las estrellas; y en la Tierra angustia de las gentes, de los hombres, a causa del bramido del mar y de las olas, o sea, a causa de los maremotos y tsunamis, y en el Cielo señales que indican cosas que han de suceder en la Tierra. Todas estas señales que están marcadas en la Biblia indican que nuestra redención está cerca.

Y ahora, ¿la redención qué es? Es la redención del cuerpo que será la glorificación del cuerpo de todos los creyentes en Cristo de edades pasadas y de nuestro tiempo también, en donde cada creyente en Cristo tendrá un cuerpo eterno, joven, glorificado como el cuerpo glorificado que tiene Jesucristo nuestro Salvador.

Él resucitó glorificado y está tan joven como cuando subió al Cielo, pues el cuerpo glorificado que se recibe en la resurrección es joven, es eterno, inmortal, para toda la eternidad; así será para todos los creyentes en Cristo, porque serán a imagen y semejanza de Cristo con cuerpos eternos y glorificados, en adición al cuerpo angelical que tienen como el cuerpo angelical de Jesucristo llamado el Ángel del Señor, llamado el Ángel del Señor para Cristo y llamado el Ángel del Señor para los creyentes en Cristo.

Esta es una promesa y por lo tanto Cristo dice: “Nuestra redención está cerca (hablando de los creyentes en Él); vuestra redención.” Y ahora, yo digo: “nuestra” porque es para mí también y para cada uno de ustedes.

En Efesios, capítulo 4, el apóstol San Pablo, conocedor de este misterio y que fue el más que habló de la resurrección en cuerpos glorificados y de la transformación de los que están vivos, estarán vivos en el Día Postrero para ser transformados, dice en Efesios, capítulo 4, verso 30. Dice:

“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.”

Para el día de la redención del cuerpo, que es la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos glorificados y la transformación de los que estén vivos.

Y ahora, los creyentes en Cristo han sido sellados con el Espíritu Santo, han obtenido el nuevo nacimiento por consiguiente, y han sido sellados para el día de la redención, o sea, sellados para ser transformados en el Día postrero, en la etapa más importante de la Iglesia del Señor Jesucristo, que es la etapa de la Edad de la Piedra Angular. Como Edad, ése es el Día más glorioso, representado en el día domingo; Cristo fue resucitado el día domingo y los muertos en Cristo serán resucitados en la edad representada en el domingo.

El domingo es el día octavo, si contamos los siete días de la semana y le añadimos un día más, pero es también un nuevo día de una nueva semana, de un nuevo ciclo o Programa Divino.

El octavo día, que es el domingo, representa la eternidad. Cristo resucitó para vivir eternamente en ese cuerpo glorificado; y ahora tiene que venir una Edad representada en el domingo y la Iglesia ha pasado entre los gentiles por siete edades, que son los siete días de la semana que representan esas siete edades, y ahora ha subido o ha llegado a un nuevo día, día domingo espiritual, en donde todas esas promesas de la redención del cuerpo para los muertos en Cristo, resucitando en cuerpos eternos y glorificados y los vivos creyentes en Cristo serán trasformados, ya ha llegado ese Día, el Día, pero no sabemos en qué momento de ese Día, de esa Edad, ocurrirá la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los vivos; pero para tener una idea, será cuando sea completada la Iglesia del Señor Jesucristo, por eso la Iglesia del Señor Jesucristo continúa evangelizando, predicando, llevando a cabo la obra misionera, y Cristo continúa llevando a cabo la salvación de almas recibiendo en Su Reino todas esas ovejas que oyen Su Voz y vienen a Él, lo siguen, son bautizados en agua en Su Nombre, Cristo los bautiza con Espíritu Santo y Fuego y produce en esas personas el nuevo nacimiento; esas personas son las ovejas que Cristo dijo que escucharían Su Voz y lo seguirían y Él les daría Vida eterna.

Y ahora, viendo las señales en el sol, la luna y las estrellas, y en la Tierra angustia de las gentes confundidas a causa del temor y de la expectación de las cosas que han de sobrevenir sobre la Tierra, las cosas que sobrevendrán, las olas en el mar con esos maremotos y tsunamis, y terremotos y así por el estilo, encontramos que estamos viendo esas señales; y Cristo dijo que cuando veamos esas señales, nuestra redención está cerca, y también dijo: “El Reino de Dios está cerca.” Dice, y esto cuando veamos la parábola de la higuera siendo cumplida y la higuera representa al pueblo hebreo, y ya podemos ver al pueblo hebreo allí en su tierra como una nación libre y soberana. Dice:

“También les dijo una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles.

Cuando ya brotan, viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano está ya cerca.

Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.

De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.”

Y ahora, la higuera está en su tierra; ha reverdecido como nación libre y soberana, otras naciones también han venido a ser naciones libres y soberanas; y tenemos a la vista nuestra la señal de la higuera reverdecida: Israel. Y Él dice que: “Cuando veamos estas cosas, el Reino de Dios está cerca,” ¿qué es el Reino de Dios? En la esfera espiritual está cumpliéndose en la Iglesia, en la esfera física será la restauración del Reino de David, que es el Reino de Dios en la Tierra y el Trono de David es el Trono de Dios terrenal, ese es el Trono del cual Cristo habló en Apocalipsis, capítulo 3, versos 20 al 21, donde dice:

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.”

Aquí Cristo hace la diferencia entre el Trono suyo y el Trono del Padre. Cristo se ha sentado en el Trono del Padre cuando subió al Cielo victorioso luego de Su resurrección y está allá en el Trono del Padre sentado a la diestra de Dios como Él lo dijo en San Mateo, capítulo 26, versos 64, cuando estaba siendo juzgado por el Concilio del Sanedrín; y el sumo sacerdote le dice en el capítulo 26, versos 63 en adelante, de San Mateo, dice:

“Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios.

Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.

Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: ¡Ha blasfemado! ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora mismo habéis oído su blasfemia.

¿Qué os parece? Y respondiendo ellos, dijeron: ¡Es reo de muerte!”

Y ahora, vean ustedes, Cristo sabía que iba a obtener la victoria en contra del diablo, Él sabía que con Su muerte iba a llevar a cabo la Obra de Redención para la reconciliación del ser humano con Dios y que iba a descender al infierno e iba a tomar las llaves del infierno y de la muerte, del diablo, se las quitaría y resucitaría con los santos del Antiguo Testamento, los cuales luego de ir Cristo al infierno y predicar a las almas encarceladas allá, luego pasaría al lugar donde estaba Abraham, Isaac, Jacob y los santos del Antiguo Testamento, en el Paraíso o Seno de Abraham, y con ellos los traería en la resurrección; por eso en el capítulo 27, versos 51 en adelante, cuando Cristo fue crucificado, dice... verso 50 en adelante:

“Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu.

Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron;

y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron;

y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos.”

Y ahora, aquí podemos ver que con la resurrección de Cristo aparecieron en la Ciudad, salieron de los sepulcros y aparecieron a muchos; y luego cuando Cristo subió al Cielo, luego de estar cuarenta días con Sus discípulos, ya resucitado, ellos también subieron al Cielo con Cristo y ahí se cumplió la primera parte del Salmo 24, donde decía: “Abrid, oh puertas eternas, vuestras cabezas, y entrará el Rey de gloria.” Y allá en el Cielo preguntaban: “¿Quién es este Rey de gloria?” Y los santos que iban con Cristo dicen: “Jehová, el fuerte y valiente, Él es el Rey de la gloria,” y así por el estilo. Ustedes lo pueden leer y lo encontrarán en la forma en que está escrito.

Luego vuelve y repite lo mismo, esta repetición habla de lo que acontecerá en el Día Postrero con la resurrección de los creyentes en Cristo y el arrebatamiento, transformación de los vivos y el arrebatamiento de los creyentes en Cristo en donde se repetirá la entrada al Cielo, a la Casa del Padre celestial. Tan sencillo como eso.

Y ahora, tenemos que estar erguidos, levantados. “Despiertate tú que duermes y te alumbrará Cristo,” dice Efesios, capítulo 5, verso 14, él toma esa referencia de Isaías, capítulo 60, de ahí la toma San Pablo.

Y ahora, tenemos que estar levantados, despiertos espiritualmente, comprendiendo que estamos en el tiempo final y viendo y entendiendo las señales de los Cielos y de la Tierra que indican que hemos llegado al tiempo en que nuestra Redención está tan cerca que de un momento a otro se va a completar la Iglesia del Señor Jesucristo y Cristo terminará Su Obra de Intercesión en el Cielo, saldrá del Trono del Padre y hará Su Obra de Reclamo como León de la Tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo. Él va a tomar el Título de Propiedad, que es el libro de los siete Sellos y hará Su Obra de Reclamo.

Por lo tanto, estemos apercibidos, estemos despiertos espiritualmente porque nuestra redención está cerca. Yo espero que muy pronto ocurra, no quiero llegar a cien años y yo creo que Miguel tampoco, él llegaría primero que yo y él no quiere llegar, por lo tanto yo tampoco quiero llegar a los cien años, sino ser transformado antes.

Por lo tanto esperamos la resurrección de los muertos en Cristo y nuestra transformación, por lo cual pues tenemos que estar trabajando para que se complete la Iglesia del Señor Jesucristo; porque no nos podemos ir de aquí de la Tierra sin que entre al Cuerpo Místico de Cristo hasta el último escogido, hasta la última oveja                del Señor; por lo tanto la obra misionera y evangelística es esencial en el Programa Divino. Bien dijo el Señor Jesucristo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” [San Marcos 16:15 al 16].

Es una misión divina dada por Cristo a todos los creyentes en Él, o sea, que todos tienen esa comisión y todos contribuyen orando y también llevando el Evangelio y en todas las formas que hay para trabajar en esa labor misionera y evangelística para que entre hasta el último escogido de Dios para que oiga la Palabra, nazca la fe de Cristo en su alma, crean, confiesen a Cristo como Salvador y entren al Cuerpo Místico de Cristo.

Así que no nos podemos ir de la Tierra hasta que se complete la Iglesia, como tampoco podía venir el diluvio sin que Noé terminara el arca y entrara al arca, porque era el lugar de salvación para él y su familia. Dice la Escritura que en los días de Noé la paciencia de Dios mientras se preparaba el arca; ¿ve? La paciencia de Dios era por Noé y su familia y la labor que le había sido dada para hacer, que era para salvación de Noé y su familia y animales, reptiles y aves, y peces que entrarían al arca.

Y no puede venir el juicio de la gran tribulación sin que antes haya entrado al Cuerpo Místico de Cristo hasta el último escogido de Dios. Cristo es el arca de Salvación nuestra, y hasta que haya entrado al Cuerpo Místico de Cristo hasta la última alma, no nos iremos de aquí. Tan sencillo como eso.

Por eso es que a través de estos dos mil años que han transcurrido de Cristo hacia acá, muchos han dicho: “Desde los días de los apóstoles se está predicando que Jesucristo viene, que está cerca Su Venida, que está cerca la resurrección, que está cerca el rapto, el arrebatamiento y no ha acontecido.” Claro porque no puede acontecer sin que hasta el último escogido, la última oveja, entre al rebaño del Señor, entre al Cuerpo Místico de Cristo; porque ningún elegido, ningún escogido de Dios, ningún predestinado de Dios se puede perder, ni se puede quedar aquí en la Tierra para pasar por la gran tribulación, tiene que recibir a Cristo como único y suficiente Salvador mientras vive en este planeta Tierra, no se puede ir de esta Tierra, no puede morir hasta que haya recibido a Cristo como Salvador, ni puede ocurrir la resurrección y la transformación sin que haya entrado hasta el último escogido al Cuerpo Místico de Cristo.

Así que todavía tenemos trabajo en la obra misionera y evangelística para beneficio, para bien del Cuerpo Místico de Cristo que tiene que completarse.

A ninguna persona le gustaría tener un hijo sin un brazo o sin pies, o que le falte alguna parte del cuerpo; y mucho menos a Cristo le gustaría tener un Cuerpo Místico de creyentes que le falte un brazo o un pie, lo que tipifica en el Cuerpo Místico un brazo, un pie o algo por el estilo. Él desea un Cuerpo Místico de creyentes completo, y usted y yo somos parte de ese Cuerpo Místico de creyentes.

Así que la obra misionera y evangelística continúa hasta que haya entrado hasta el último escogido de Dios. Es muy importante esa labor en el Cuerpo Místico de Cristo. ¿Y quién más puede hacer esa labor? Más nadie, porque quien ha sido comisionado para hacer esa labor es la Iglesia del Señor Jesucristo por medio del Espíritu Santo en Su Iglesia.

Así que, adelante trabajando en la Obra del Señor, conscientes de que nuestra Redención está cerca, porque estamos viendo todas las señales que Él mencionó que serían cumplidas, realizadas, en el sol, la luna y las estrellas, y en la Tierra.

Así que, adelante sirviendo a Cristo trabajando en Su Obra y esperando nuestra Redención, la redención del cuerpo, que es la transformación nuestra para los que estemos vivos en ese momento, y para los muertos en Cristo la resurrección en cuerpos glorificados.

En Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, versos 13 al 17, habla de esta resurrección y de la transformación; y también Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58. Por lo tanto, esa es una promesa para mí. ¿Y para quién más? Para cada uno de ustedes también. Hay otro pasaje en Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21, que habla también de la Venida del Señor para transformar nuestros cuerpos; y Él lo va a hacer.

Es una bendición muy grande estar con ustedes dándoles testimonio de nuestra Redención, y dándoles a conocer las Palabras que Cristo dio o dijo cuando dijo que cuando veamos estas cosas suceder, esas señales, nuestra Redención está cerca; dice que levantemos nuestras cabezas, nos levantemos, porque nuestra Redención está cerca; o sea, un levantamiento espiritual en donde ocurre un avivamiento espiritual buscando al Señor, recibiéndole como Salvador y trabajando en Su Obra, sirviéndole y escuchando Su Voz, Cristo abriendo nuestro entendimiento para comprender y dándonos Su Palabra prometida para nuestro tiempo.

Este es el tiempo en que Él abre todos esos misterios que antes no entendíamos, todas esas Escrituras, esas parábolas, esas profecías Él gradualmente las estará abriendo en nuestro tiempo y entonces las estaremos conociendo.

Por ejemplo, tenemos el tesoro escondido del capítulo 24, verso 44 ó 45, donde dice... vamos a ver dónde se encuentra... vamos a ver si Miguel nos ayuda por aquí: 13:44, es el lugar de las parábolas, 13:44 [San Mateo], donde nos dice el mismo Jesucristo. Dice:

“Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.”

Esas son las tribus perdidas de la casa de Israel que están en el campo, el mundo, entre todas las naciones; y Cristo habla de la casa, de la casa de Israel, las ovejas perdidas de la casa de Israel, sabe dónde se encuentran y luego dice que vende todo lo que tiene: “...y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.” Cristo pagó, compró ese campo con Su muerte en la Cruz del Calvario, dando Su Vida gloriosa, Su Vida hermosa, para comprar ese campo, como también nos compró a nosotros.

Así que, vean lo sencillo que es todo cuando Cristo nos abre las Escrituras, el trigo y la cizaña, la parábola del trigo y la cizaña habla del Cristianismo donde hay trigo y cizaña, donde están los buenos y los malos.

Recuerden en la parábola del Padre de familia que Él dijo que fueran a buscar a las personas: buenos y malos, ¿ve? Trigo y cizaña; y ahí podemos ver porqué en el Cristianismo ha estado el trigo y la cizaña.

Ahora Cristo sabe, conoce el trigo y conoce la cizaña, y Él dice que para el tiempo final, para el final va a separar el trigo de la cizaña, va a hacer una separación para lo cual va a enviar Sus Ángeles: son los ministerios de Moisés y Elías. ¿Ve? Todo es sencillo.

Así que, todas esas cosas van a estar cumpliéndose y van a estar abiertas o siendo abiertas a la Iglesia del Señor Jesucristo, pues son los que tienen que entender estas cosas, el mundo no las tiene que entender porque no es para ellos entenderlas. ¿Y cómo puede ser posible que sea para un grupo de personas el entender estas cosas y para otros no? Bueno, vamos a ver si la Escritura dice eso, en el capítulo 13, de San Mateo, versos 10 en adelante, dice:

“Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas?

El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado.”

Y si Cristo lo dice así, pues tiene que ser así.

Y ahora, del verso... de este mismo capítulo 13, verso 16, dice y 17.

“Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.

Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.”

Los santos profetas y justos desearon ver ¿qué? Desearon ver la Venida del Señor y oírlo, ver y oír, ¿ve? Y allí estaba el cumplimiento de la primera parte de la Venida del Señor y estaban escuchándolo. Eso era lo que todos los santos profetas y justos deseaban ver y deseaban oír al Mesías hablando, predicando; pero no les tocó a ellos sino les tocó a los creyentes en Cristo de aquel tiempo. Así será para el Día Postrero: lo que han deseado ver y oír todos los creyentes en Cristo de edades pasadas y los mensajeros de edades pasadas, lo estarán viendo los encogidos del Día Postrero en el ciclo divino de la Edad de la Piedra Angular cuando esté en cumplimiento todo eso que ha sido prometido; y gradualmente estaremos viendo las cosas correspondientes a nuestro tiempo a medida que van siendo abiertas para nosotros.

Por ejemplo, la trayectoria de Cristo en medio de Su Iglesia de Este (la tierra de Israel) a Oeste, pues Él dijo que estaría con Su Iglesia todos los días hasta el fin del mundo, dice: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.” (San Mateo, capítulo 28, verso 20).

Y ahora, de etapa en etapa, de edad en edad, Cristo ha estado en medio de Su Iglesia a través de cada etapa o edad de Su Iglesia, de la tierra de Israel entre los judíos pasó a Asia Menor, de Asia Menor a Europa donde se cumplieron unas cinco edades y de Europa pasó a Norteamérica, donde se cumplió la séptima edad de la Iglesia o séptima etapa de la Iglesia entre los gentiles.

¿Y luego hacia dónde se movió Cristo en Espíritu Santo? Continúa en el Oeste, en el Conteniente Americano, ¿pero qué hizo? Bajó hacia los Latinoamericanos y Caribeños, ese es un misterio que nunca antes había sido revelado a la Iglesia del Señor, pero está en los tipos y figuras, está en la trayectoria divina que sería tomada por Cristo, está en las profecías.

Y ahora, como relámpago que sale del Oriente: la tierra de Israel, y se muestra en el Occidente: el Continente Americano, así será la Venida del Hijo del Hombre, ¿para qué? Para que estemos en pie delante del Hijo del Hombre en el Día Postrero.

En San Mateo, capítulo 24, es que Él dice que será como el relámpago (capítulo 24, verso 27, para que tengan ahí el verso el cual lo podrán leer). Y ahora es en el Occidente donde se mostrará el Hijo del Hombre, en la primera Venida fue ¿dónde? En el Este; y en el Día Postrero será en el Oeste; por eso cuando los judíos vean a Cristo, el Ángel del Pacto, viniendo por Su Iglesia, ellos dirán: “Este es el que nosotros estamos esperando.” Él vendrá por Su Iglesia, y eso cumplirá Apocalipsis, capítulo 10, el Ángel Fuerte que desciende del Cielo que es Cristo, el Espíritu Santo viniendo por Su Iglesia.

Y ahora, vamos a dejarlo quietecito ahí. Y si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, y ha escuchado la Palabra y ha llegado a su corazón, y ha nacido la fe de Cristo en su alma, ahora está creyendo en Cristo, porque la fe viene por el oír la Palabra, el Evangelio de Cristo, y con el corazón, el alma, se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.

Y ahora, pueden confesar públicamente a Cristo para salivación recibiéndole como único y suficiente Salvador. Lo más importante para el ser humano es la Vida eterna, no hay otra cosa más importante.

Por lo tanto, pueden venir acá al frente, pasar acá al frente, y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino.

Dios tiene mucho pueblo y los está llamando en este tiempo final, y va a completar Su Iglesia en este tiempo final; y vamos a decir que más del 50%, y ése más del 50%, pues puede ser hasta el noventa y algo por ciento que será con latinoamericanos y caribeños; porque es la etapa que corresponde a la América Latina y el Caribe, es la etapa que corresponde al Continente Americano a la parte Sur del Continente Americano; porque ya la que corresponde a la parte Norte se cumplió en la séptima edad y tuvo su mensajero.

La bendición grande para la Iglesia del Señor corresponde a este tiempo final, a los latinoamericanos y caribeños y ese es otro de los misterios grandes, así como la bendición grande para cada edad, pues correspondía al grupo de cada edad con el mensajero de cada edad y se originaba esa bendición en el territorio donde Dios colocaba el mensajero y de ahí se extendía esa bendición para otros pueblos, naciones y lenguas; y así será en nuestro tiempo: se extenderá la bendición de Dios para el Día Postrero de en medio de la Iglesia del Señor de la parte latinoamericana para todas las demás naciones, y ese es un misterio grande pero es la verdad en el Programa Divino.

Así que, hay una bendición grande para el pueblo latinoamericano y caribeño y por esa causa Él estará abriendo Su Palabra, Sus misterios, para que los podamos comprender.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo, los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo, los que todavía no han recibido a Cristo como Salvador, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo.

Recuerden que Dios tiene mucho pueblo y los está llamando en este tiempo. Él va a completar a Su Iglesia con seres humanos representados en ovejas del Señor y también representados en Piedras vivas.

Ahora, con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados, repitan conmigo esta oración los que han venido a los pies de Cristo y están aquí presentes, y los que están en otras naciones también:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados. Doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y sea producido en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente. Sálvame Señor. Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible,” porque Cristo dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón.

El bautismo en agua es tipológico, el agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado. El bautismo en agua es a semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador muere al mundo; y cuando la persona es sumergida en las aguas bautismales, es sepultada tipológicamente; y cuando es levantada de las aguas bautismales, resucita a una nueva Vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Ahí tenemos la tipología, el simbolismo del bautismo en agua; por eso en el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección, tan sencillo como eso es la tipología del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

El Día de Pentecostés, cuando Pedro predicó, los que creyeron le preguntan a Pedro y los apóstoles: “Varones hermanos, ¿qué haremos?” Pedro les dice: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, para cuantos el Señor nuestro Dios llamare,” o sea, para los que están lejos y para los que están cerca también, para todos es la promesa del bautismo del Espíritu Santo, por lo cual se predica el Evangelio, se da oportunidad que reciban a Cristo y son bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo y Cristo los bautiza con Espíritu Santo y Fuego, y produce en la persona el nuevo nacimiento.

Recuerden que Cristo dijo a Nicodemo, en San Juan, capítulo 3, versos 1 al 6: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.”

Y ahora, la forma de entrar al Reino de Dios es naciendo del Evangelio de Cristo, la Palabra y del Espíritu Santo, lo cual ocurre cuando la persona escucha la predicación del Evangelio de Cristo, nace la fe de Cristo en su alma, cree y da testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como único y suficiente Salvador, eso es nacer del agua y es bautizado en agua en el Nombre del Señor; y nacer del Espíritu es recibir el Espíritu Santo, y así nace, nace a una nueva Vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno y así ha quedado asegurado su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno, la persona tiene Vida eterna, esa es la forma en que Cristo le da Vida eterna a las ovejas que el Padre le dio para que las llame y las recoja dándoles Vida eterna.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y ustedes que están en otras naciones también pueden ser bautizados.

Que Dios les bendiga y les guarde, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Cristo nuestro Salvador.

Pasen todos muy buenas noches, dejo al reverendo Carlos Figueroa con ustedes, y ya el domingo estaremos ¿dónde? En La Florida, él les dirá en qué lugar de La Florida estaremos.

Bueno que Dios les bendiga y les guarde, y adelante sirviendo al Señor Jesucristo.

“NUESTRA REDENCIÓN ESTÁ CERCA.”

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