ImprimirImprimir

Muy buenas noches, ministros, colaboradores y colaboradoras en la Obra del Señor de este tiempo final; es una bendición y privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para saludarles y pedirle a Cristo Sus bendiciones sobre cada uno de ustedes. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes.

Conscientes de que estamos viviendo en el tiempo profético correspondiente a las promesas divinas del tiempo final, necesitamos conocer cuáles son esas promesas y ver esas promesas a medida que van siendo cumplidas; y aun antes de eso, a medida que se va preparando todo para el cumplimiento de esas promesas; lo que ocurre antes de cumplirse una promesa divina es una labor que precursa esa promesa que va a ser cumplida, prepara el camino para el cumplimiento de ella; así son todas las promesas divinas.

Y ahora, a nosotros nos ha tocado el tiempo para el cumplimiento de promesas que fueron hechas en la Escritura, las cuales ya han sido anunciadas, precursadas; y también precursando promesas que van a ser cumplidas más adelante; y se precursa anunciando lo que va a venir, y trabajando para que se cumpla lo que está prometido. Tan sencillo como eso.

Por ejemplo, tenemos la venida de Elías y la Venida del Mesías, en Malaquías, capítulo 3; y Juan el Bautista vino precursando la Venida del Mesías, por lo tanto vino anunciando que después de él vendría uno mayor que él, y vino trabajando en el proyecto que haría realidad esa promesa, vino predicando y bautizando; y dijo que el que lo mandó a bautizar le dijo: “Sobre aquel que tú veas el Espíritu Santo venir y permanecer sobre él, ése es el que viene después de ti.” ¿Ven? Por lo tanto, él tenía que estar predicando y bautizando, porque iba a ver al Mesías, y lo iba a reconocer; le fue dada la señal que estaría sobre el Mesías: la Columna de Fuego, el Espíritu Santo apareciendo sobre el Mesías y permaneciendo sobre el Mesías; y ahí fue ungido ese hombre sobre el cual apareció esa señal, fue ungido como el Mesías, de ahí en adelante era el Mesías; antes era Jesús, un hombre carpintero de Nazaret, y no era reconocido en un ministerio ni nada de eso; era el Hijo de Dios, pero no había comenzado Su ministerio mesiánico, y por consiguiente no había comenzado la era mesiánica, no habían comenzado los tres años y medio o los primeros tres años y medio de la semana número Setenta que consta de siete años; los otros tres años y medio corresponden a este tiempo final.

Y ahora, se lleva a cabo una labor para que se haga realidad lo que ha sido prometido; por ejemplo, si está prometido que va a ser llamado y juntado todo escogido, todas las ovejas del Señor de las cuales Cristo dijo: “También tengo otras ovejas que no son de este Redil, las cuales también debo traer; y oirán mi Voz, y habrá un rebaño y un pastor.” (San Juan, capítulo 10, versos 14 al 18). Y también San Juan, capítulo 10, versos 27 en adelante, dice: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo las conozco; y yo les doy Vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.”

Y ahora, si eso está prometido que va a suceder, para que se cumpla tiene que el Señor por medio de Su Espíritu estar hablando a través de seres humanos en la predicación del Evangelio para que vengan y oigan la Voz de Cristo, que es el Evangelio de Cristo, y reciban a Cristo como Salvador, vengan a formar parte del Redil del Señor, escuchen Su Voz  y vengan a Cristo y sean colocados en el Redil del Señor, y así tengan a Cristo como el buen pastor, y puedan decir como el Salmo 23, “Jehová (o el Señor) es mi pastor.” ¿Ve?

Y ahora, bajo el Nuevo Pacto Jesucristo es nuestro pastor, el pastor de las ovejas, que con la Sangre del Nuevo Pacto, Su Sangre, nos ha limpiado de todo pecado.

Y ahora, para que se haga realidad el llamado y oigan la Voz de Cristo las ovejas, tienen que estarse predicando el Evangelio, que es la Voz de Cristo por medio del Espíritu Santo en los que predican el Evangelio, y así Cristo por medio de Su Espíritu, del cual Él dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.”

Y ahora, por medio de Su Espíritu es que viene el llamado a todas las ovejas a través de la predicación del Evangelio de Cristo, que es la Voz de Cristo, y reciban a Cristo como Salvador, son bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, Cristo los bautiza con Espíritu Santo y Fuego, produce en esas personas el nuevo nacimiento, nacen en el Redil del Señor como ovejas, como corderitos en el Redil del Señor, en el Reino de Cristo. Siempre se tiene que llevar a cabo una labor basada en lo que está prometido para que se haga realidad lo que fue prometido, y esa es una labor de fe, esas son obras o es una obra de fe.

Y ahora, no es solamente decir: “Yo creo en el Evangelio de Cristo,” es luego trabajar para que otros también crean y sean colocados  en el Cuerpo Místico de Cristo, la Iglesia del Señor Jesucristo, el Redil del Señor, donde Él reúne Sus ovejas.

Y ahora, al ver que para cada promesa hay una labor que tiene que ser llevada a cabo, que precursa, ese es el cumplimiento de esa promesa; entonces necesitamos conocer qué cosas Dios ha dicho que han de suceder en medio de la Iglesia del Señor.

Por ejemplo, tenemos la promesa de la Visión de la Carpa, por lo tanto habrá personas que conocerán  esa promesa, ¿y qué van a estar haciendo? Haciendo la labor de precursar ese cumplimiento, o sea, trabajando en ese proyecto divino. Es un proyecto divino que tiene que hacerse una realidad, y Dios por medio de Su Espíritu estará respaldando ese Proyecto Divino; porque es un proyecto divino y Él no puede negar lo que Él ha prometido, y no puede dejar de respaldar lo que Él ha prometido;  por lo tanto, Él no se puede negar a Sí mismo, no puede decir una cosa y luego no respaldar eso que Él ha dicho que tiene que ser cumplido.

Sabemos que el socio de Dios es el ser humano y por eso es que en la Obra de Dios va a tener una recompensa cuando Cristo reparta los galardones. Si hay galardones eso habla de bendiciones, y los galardones es para los que han trabajado en la Obra del Señor; es como la parábola, también, del Señor que envió, el padre de familia, que envió a llamar a los convidados a una cena que él hizo para su hijo, y los convidados pusieron excusas para no ir; y entonces dijo a su siervo que fuera por ciudades, por el campo, por aldeas, por los caminos, buscando personas y colocándolos en la casa; y la Casa es la Casa de Dios, la Iglesia; y vino e hizo lo que le fue ordenado, regresó y dijo al Rey, al Padre de familia: “He hecho como mandaste, y todavía hay lugar,” y entonces el Padre de familia dijo que fuera a las salidas de los caminos, y así por el estilo, y los forzara a entrar.

Y ahora, este es un tiempo en que es una entrada forzada: se lucha, se trabaja, para que entren las ovejas que faltan por entrar. Es un trabajo de mucho esfuerzo, pero la recompensa también es grande.

Y ahora, el lugar que hay luego de las siete edades se puede decir: ya el trabajo de las siete edades se hizo, se hizo como Dios ordenó, fue hecho por el Espíritu Santo, que es el siervo que a través de diferentes mensajeros llevó a cabo ese trabajo y se hizo como Dios ordenó, como ordenó el Padre de familia; pero dice el siervo, el Espíritu Santo: “Todavía hay lugar en la Casa de Dios;” y ahora ya se hizo el trabajo para las siete edades, el Lugar Santo del Templo espiritual de Cristo, que es el pueblo de Dios, y hay lugar.

En el templo literal que construyó el rey Salomón y el tabernáculo que construyó el profeta Moisés, encontramos que luego del atrio y el lugar santo hubo un lugar muy especial: el Lugar Santísimo, donde estaba la presencia de Dios, donde estaba el arca del Pacto, los querubines de oro sobre el Propiciatorio, y el Propiciatorio era de oro puro, era la tapa del arca del Pacto; y el único lugar que queda después del Atrio y del Lugar Santo, pues es el Lugar Santísimo; y el pueblo, la Iglesia, viene a ser el Templo de Dios.

Y ahora, ya transcurrieron las siete edades de la Iglesia, pero todavía hay lugar en la Casa de Dios, el Lugar Santísimo, el lugar donde en la trayectoria del arca del Pacto entrando al Templo llega al lugar donde tiene que permanecer para siempre en la Iglesia, tipificado allá en el tabernáculo que construyó Moisés y el templo que construyó el rey Salomón; llega al Lugar Santísimo. El arca era cargada por sacerdotes, y ahora eso representa a los siete mensajeros que son sacerdotes también, pues la Escritura dice que somos hechos para Dios Reyes y Sacerdotes. Según el Orden de Melquisedec es que somos Reyes y Sacerdotes, y Jueces también.

Y ahora, al Lugar Santísimo en el Día Postrero, Él entra el arca del Pacto, la Palabra de Dios y ahí permanecerá, no se moverá para otra edad; ya las edades pasaron, ya en el Templo de Dios se recorrieron las diferentes etapas: de Adán hasta Cristo, el Atrio; de Cristo hasta el séptimo mensajero, el Lugar Santo; y ahora le ha tocado a la Iglesia la etapa del Lugar Santísimo en el Programa Divino, donde permanecerá la Palabra, y de ahí es que saldrá para todo ser humano, para el Cristianismo, para el judaísmo y para todas las naciones; de ahí saldrá para todos los seres humanos, para todas las religiones. “Porque la Tierra será llena del conocimiento de la gloria de Dios.” (Habacuc, capítulo 2, verso 14, e Isaías, capítulo 11, verso 9).

Y si va a ser llena del conocimiento de Dios toda la Tierra, de la gloria de Dios, pues tiene que haber una enseñanza; y si tiene que haber una enseñanza, pues el Espíritu Santo tiene que estar dando esa enseñanza por medio de alguien, tiene que estar en la Edad de la Piedra Angular esa enseñanza con el cual se va a nutrir toda la humanidad. Ahí es que estará la Lluvia Temprana y Tardía, o sea, el Evangelio de la Gracia y el Evangelio del Reino, para ser conocido el misterio contenido en el Evangelio del Reino y el Evangelio de la Gracia, ser conocido por Israel y por todas las naciones; y obtener la fe para ser transformados los creyentes en Cristo que estarán viviendo en el Día Postrero; y los que murieron creyentes en Cristo, resucitarán en cuerpos glorificados.

Así que, todo va a ser sencillo, pero habrá personas que serán instrumentos de Dios por medio del Espíritu de Dios para trabajar en ese proyecto divino que será coronado con la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos; pero tenemos que pasar por las etapas correspondientes, la labor que le corresponde, hasta llegar al cumplimiento de la Visión de la Carpa y llegar al cumplimento de lo que Dios estará haciendo en ese lugar; o sea, que puede ser que luego de tener el cumplimiento de la Visión de la Carpa, entonces falte la Obra que Dios estará haciendo en esa Gran Carpa-Catedral, que puede comenzar en forma sencilla y ser coronado todo con esa manifestación plena de Dios en ese lugar que fue visto por el reverendo William Branham.

Así que, todo va a cumplirse y habrá personas instrumentos de Dios, para Dios por medio de esas personas llevar a cabo la labor para que se cumpla lo que Él prometió. Dios despertará el espíritu de esas personas para trabajar en el programa de la Gran Carpa-Catedral, y el programa correspondiente a lo que será en esa Gran Carpa-Catedral.

Así que, antes de ver la manifestación de Dios plena, hay que tener el lugar donde está prometido que se va a cumplir. ¿Ve? Tan sencillo como eso.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, y continuaré con ustedes en la próxima actividad.

Que Dios les bendiga y les guarde, y dejo al misionero, doctor Miguel Bermúdez Marín con ustedes, para continuar con ustedes en esta reunión.

Dios les bendiga y les guarde a todos.

“PALABRAS DE SALUDO A MINISTROS Y OBREROS QUE TRABAJAN  POR LA GRAN CARPA-CATEDRAL.”

Encuéntrenos

Carretera No.1 Km 54.5
Barrio Monte Llano
Cayey, Puerto Rico
00736

Twitter