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Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas y de internet en diferentes naciones. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes.

Para esta ocasión leemos un pasaje muy importante en San Lucas, capítulo 14, verso 16 al 24.

Quiero también expresarles mi aprecio y agradecimiento por el respaldo que le están dando al proyecto de La Gran Carpa-Catedral en Puerto Rico, y también el respaldo que le están dando a la obra misionera y evangelística y también el respaldo que le están dando a AMISRAEL.

Capítulo 14, verso 15 en adelante, 15 hasta el 24 de San Lucas, es la parábola de la gran cena, y nos dice en esa parábola de la gran cena, de la siguiente manera, y vamos a leerlo... permítanme, dice de la siguiente manera:

“Oyendo esto uno de los que estaban sentados con él a la mesa, le dijo: Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios.

Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos.

Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado.

Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses.

Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses.

Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir.

Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Ve pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos.

Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar.

Dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa.

Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena.”

Tomamos este verso 22 que dice:

“Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar.”

“AUN HAY LUGAR EN LA CASA DE DIOS.” Aún hay lugar en la Casa de Dios.

Y ahora, estaremos viendo nuestro tema para esta ocasión, dice: “Todavía,” número uno; número dos: “Hay lugar,” número tres: “En la Casa de Dios,” y número cuatro: “Para usted y para toda persona que vive en este tiempo.”

La Casa de Dios es la Iglesia del Señor Jesucristo, y lo vamos a ver aquí para que podamos ver de qué se trata esta parábola del Señor. En Hebreos, capítulo 3, verso 1 en adelante, dice:

“Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús;

el cual es fiel al que le constituyó, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios.

Porque de tanto mayor gloria que Moisés es estimado digno éste, cuanto tiene mayor honra que la casa el que la hizo.

Porque toda casa es hecha por alguno; pero el que hizo todas las cosas es Dios.

Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir;

pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.”

Y ahora, esa Casa de Dios dice que somos nosotros, son las personas que forman la Iglesia del Señor Jesucristo de etapa en etapa, de edad en edad, son representadas estas personas en piedras vivas, recuerden que Juan el Bautista dijo que “Dios podía levantar (dice) de estas piedras, hijos a Abraham.”

Y ahora, todos los creyentes en Cristo son identificados como piedras vivas, así como Cristo es la piedra del ángulo, la Piedra Angular, la piedra que los edificadores desecharon. Es que Dios tipifica a los creyentes en Cristo en piedras vivas, porque Cristo también está representado en una piedra de ángulo, piedra angular, y Él está construyendo un Templo espiritual con piedras vivas, ese es el Templo del Señor bajo el nuevo Pacto.

Aún cada creyentes en Cristo como individuo también es un templo espiritual.

El apóstol Pablo decía: “No saben ustedes que son templo de Dios, y el Espíritu de Dios mora en vosotros,” y la Iglesia como Cuerpo Místico de creyentes también es un Templo espiritual para morada de Dios en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, el cual dijo en San Mateo, capítulo 28, verso 20:

“Y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” (San Mateo, capítulo 28, verso 20).

“...he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

Y ahora, Cristo ha estado, está y continuará estando en medio de Su Iglesia todos los días hasta el fin del mundo, ha estado, está y estará en Espíritu Santo. Él es el Ángel del Pacto que libertó al pueblo hebreo por medio del profeta Moisés.

Por lo tanto, Él podía decir: “Antes que Abraham fuese, yo soy” (San Juan, capítulo 8, verso 56 al 58).

Y ahora, en la Casa de Dios que es la Iglesia del Señor Jesucristo, que es el, redil del buen Pastor: Cristo, y las ovejas ¿quiénes son? Pues somos todos nosotros, Él dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo las conozco y yo les doy Vida eterna,” San Juan, capítulo 10, verso 27 en adelante, y en San Juan, capítulo 10, versos 14 en adelante nos dice también: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen,” y también dice: “También tengo otras ovejas que no son de este redil, las cuales también debo traer, y oirán mi Voz, y habrá un rebaño y un pastor.”

El rebaño es la Iglesia del Señor Jesucristo, el buen Pastor es Cristo, y las ovejas, pues somos nosotros, todos los que hemos escuchado Su Voz, que es el Evangelio de Cristo siendo predicado por el Espíritu Santo a través de seres humanos, de ministros enviados por Dios de etapa en etapa, de edad en edad, en donde encontramos que entre los gentiles han transcurrido siete etapas con siete mensajeros a los cuales se han unido ministros para trabajar en el Programa Divino, en la Casa de Dios, y llevar el Evangelio de Cristo y Cristo llamar y juntar Sus ovejas cada oveja en el tiempo que le toca vivir en la edad o etapa que le toca vivir.

Y ahora, vean ustedes cómo en esta parábola el siervo que es el Espíritu Santo, usando diferentes instrumentos ungidos por el Espíritu Santo, ha estado buscando las personas que entrarían a la Casa de Dios, la Iglesia, para la gran cena, la cena preparada por Dios el Padre, para Su Hijo Jesucristo.

Recuerden que es un rey que le prepara una gran cena de boda a su hijo, y aquí en esta parábola encontramos que el gran Dios eterno que prepara esta cena... y ahora, cuando se habla de cena, no se habla de la mañana; si alguien le invita a una cena en la mañana, qué usted le dice: “No, será un desayuno.” ¿Ven? Y si lo invita a una cena al mediodía, entonces usted le dirá: “No, será almorzar, un almuerzo,” pero si le dice: “Esta tarde o esta noche tendremos una cena, estás invitado.”

Ahora vean que es en el tiempo de la tarde que se lleva a cabo una cena y el sol sale por el Este y se pone por el Oeste, por lo tanto, por el Oeste viene la cena, o sea, cuando cae el sol, a la caída del sol, cuando ya cae el sol, de ahí para adelante se puede hacer una cena, porque las cenas se hacen en la tarde, es la última comida para el 75% de las personas, exceptuando algunos países que comen en la noche una comidita más liviana quizás después de haber cenado y permanecer despiertos algunas horas más.

Ahora, la invitación encontramos que fue puesta allá en los días de Jesús, y no quisieron entrar, no quisieron atender la invitación a la cena, y entonces es dada la orden del Padre de familia, de Rey para que vayan por todos los lugares, caminos, ciudades o sea, por el mundo entero, y recuerden que esa orden la dio Dios el Padre por medio de Jesús cuando dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16.

Algunas personas no han comprendido que la predicación del Evangelio en donde se le da la oportunidad a las personas que han escuchado, ha nacido la fe de Cristo en su alma, han creído, se les da la oportunidad de confesar públicamente con su boca a Cristo como su único y suficiente Salvador.

¿Y ahí qué está aceptando la persona? A Cristo, y por consiguiente está aceptando la invitación a la cena, esa es la Cena de las Bodas del Cordero, es la recepción de las bodas del Cordero, y esa recepción será en el Cielo en la casa de nuestro Padre celestial.

Pero aquí en la Tierra tipifica esa cena y esa comida espiritual, es tipificada en la Palabra de Dios que es dada al pueblo de Dios en el tiempo de la tarde. El sol sale por el Este y se pone en el Oeste, y Cristo, el sol de justicia, vean, por el Este salió, surgió y ha estado recorriendo el planeta Tierra de Este, la tierra de Israel, la tierra allá del Medio Oriente pasando luego por Asia Menor, luego pasando a Europa y luego pasando a Norteamérica, y de Norteamérica bajando un poquito para visitarnos a nosotros en el tiempo de la cena.

Miren, aquí está también en Apocalipsis, capítulo 3, verso 20 al 21, dice:

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.”

Y ahora, tenemos aquí una invitación grande para el que abre la puerta, la puerta de su corazón, la puerta de su alma en el Día Postrero, y deja entrar a Cristo en su corazón, a su alma, y deja que Cristo lo coloque en Su Casa, Su Iglesia, entrando por la puerta que es Cristo, para esa gran Cena de las Bodas del Cordero que estará siendo representada en la Iglesia en el Día Postrero la cual estará comiendo la Palabra de Dios para el Día Postrero, para el tiempo de la tarde que corresponde al Oeste, así como en el tiempo de los apóstoles allá estaban comiendo, digamos, el desayuno porque estaba comenzando el día de la Gracia allá, y acá está terminando el día de la Gracia.

Y ahora, allá en Israel estaba comenzando el día de la Gracia cuando los apóstoles recibieron el Espíritu Santo, pero en los días de Jesús estaba llegando a su final la Dispensación de la Ley, por lo tanto, era cena, “no solamente de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios.”

Y ahora, la cena para el pueblo queda enmarcada en un lapso de tiempo muy, pero que muy importante, en los días de Jesús la invitación para ir a la cena, llenarse la casa de Dios de judíos o hebreos, estaba enmarcada en el tiempo de la semana número setenta, y es muy importante eso; era para el tiempo, del año desde que salió la orden para la restauración de Jerusalén y del templo. Comenzó la semana número setenta, cuando Jesús fue bautizado por Juan el Bautista, y por eso tiene tres años y medio de ministerio Jesús, que corresponden a la primera mitad de la semana número setenta, y ahí estaba la invitación para la cena.

Y ahora, encontramos que al ser rechazada la invitación y al ser rechazado Cristo, y ser crucificado, se detuvo allí la semana número setenta; esa semana número setenta volverá a estar en acción, y son los tres años y medio que le faltan a esa semana número setenta de ser cumplidos, para los creyentes en Cristo que habrán comido la Palabra de Dios en el Día Postrero que estarán cenando Palabra de Dios en el Día Postrero en el tiempo de la tarde, tiempo de cena; luego serán resucitados los muertos en Cristo en cuerpos eternos, inmortales, jóvenes y glorificados, y luego los creyentes vivos en Cristo, serán transformados, y entonces iremos con Cristo a la casa del Padre celestial en lo que en medio del Cristianismo se le conoce como el rapto o arrebatamiento de la Iglesia, y allá tendremos una gran fiesta, una gran cena en la casa del Padre celestial (la recepción), y son bienaventurados los que son convidados a la Cena de las Bodas del Cordero. (Apocalipsis, capítulo 19, versos 9 al 10).

Y ahora, cenamos aquí la Palabra correspondiente al Día Postrero, a la etapa de la Edad de la Piedra Angular, y luego cenaremos, tendremos la oportunidad de estar en la Cena de las Bodas del Cordero, o sea, la recepción de la unión de Cristo con Su Iglesia, en donde luego Cristo podrá decir al tocar nuestras manos, decir: “Esto es carne de mi carne y hueso de mis huesos.” O sea, pues cuerpo glorificado, es este de usted como el cuerpo glorificado de Cristo; así será, serán una misma carne: carne glorificada, esto es para todos aquellos que han ocupado el lugar que le corresponde en la etapa correspondiente al tiempo en que han vivido en la Tierra.

Luego de las siete etapas de la Iglesia, en donde han entrado millones de seres humanos al Cuerpo Místico de Cristo, la Casa de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo, el Espíritu Santo dice al Padre: “Se ha hecho como Tú mandaste,” o sea, con el Evangelio de Cristo se ha estado evangelizando, llevando el mensaje por todas las naciones y han estado entrando a la casa de Dios millones de seres humanos, pero todavía hay lugar.

Y por cuanto la Iglesia es un templo espiritual, encontramos que tiene Atrio que corresponde al tiempo de Adán hasta Cristo, tiene Lugar Santo que corresponde del tiempo de Cristo al tiempo del séptimo ángel mensajero de la séptima etapa o edad de la Iglesia entre los gentiles, y luego tiene también Lugar Santísimo, porque un templo sin Lugar Santísimo no es un templo para Dios.

Es un templo sin Lugar Santísimo, como una persona sin alma. Lo que hace que usted y yo seamos seres humanos, es que tenemos alma, si no tuviéramos alma, seríamos animales, porque la diferencia entre los animales y el ser humano es que los animales no tienen alma, y el ser humano sí tiene alma, el ser humano es alma viviente; y tiene también espíritu que es un cuerpo espiritual de otra dimensión, y tiene cuerpo físico que es el cuerpo en el cual vivimos y nos comunicamos aquí en la Tierra.

Si muere nuestro cuerpo físico, pues ya no nos podemos comunicar aquí en la Tierra, entonces estaremos viviendo en otra dimensión, la dimensión del espíritu, del cuerpo espiritual que tenemos, y los creyentes en Cristo, pues mueren y van al Paraíso donde están todos los creyentes en Cristo de edades pasadas.

Y sigue allí viviendo pero no con las luchas de aquí de esta dimensión terrenal, no tienen que madrugar ni tampoco tienen que acostarse a dormir, pues allí no hay noche y tampoco el cuerpo angelical, tampoco se cansa, no tiene necesidad de dormir y tampoco tiene necesidad de comer, tampoco tiene la necesidad por consiguiente de trabajar, porque trabajamos para poder comer, vestir y llevar los niños a la escuela y demás cosas.

Por lo tanto, allí se está en tranquilidad, en paz, en reposo de los trabajos terrenales, pero los que están allí han dicho que van a regresar a la Tierra, van a recibir un cuerpo físico, glorificado por supuesto y entonces podrán comer. Por lo tanto, son nuestros invitados, nuestros huéspedes para nosotros ser sus anfitriones que les ofrezcamos de comer de lo que tengamos.

Y ahora, sin tener el cuerpo, algunos por un año, otros por cien años, otros por mil años, y otros por dos mil años sin tener el cuerpo físico, miren todo el tiempo que llevan sin comer, están deseosos de tener un cuerpo nuevamente físico con el cual puedan comer y con el cual puedan comunicarse con nosotros.

Pero nosotros también cuando los veamos vamos a ser transformados y vamos a tener un cuerpo como el de ellos, glorificado, eterno, inmortal, incorruptible, igualito al de Jesucristo y joven para toda la eternidad, que representará de 18 a 21 años de edad.

Eso es lo que Dios tiene para todos aquellos que entran a la Casa de Dios recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador, siendo bautizados en agua en Su Nombre y Cristo bautizándolos con Espíritu Santo y Fuego y produciendo en esas personas el nuevo nacimiento, y así esas personas han entrado a formar parte de la familia de Dios, la Casa de Dios.

Recuerden que la Casa de Dios no es un edificio de cuatro paredes, es un Cuerpo Místico de creyentes, el cual es llamado la Casa de Dios. Recuerdan a Josué cuando el pueblo ya había entrado a la tierra prometida, él dice a ellos: “Ustedes escojan a quién van a servir,” un poquito de diferencias, y... “pero yo y mi casa serviremos al Señor,” “yo y mi casa,” eso quiere decir: “Yo y mi familia.”

Y ahora, la Casa de Dios es la familia de Dios, esto lo encontramos aquí en Efesios, capítulo 2, versos 19 en adelante donde dice:

“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios.”

Para ser un miembro de la familia de Dios, tiene que ser un descendiente de Dios, y por eso es que son llamados hijos e hijas de Dios:

“Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,

en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor;

en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.”

Y ahí podemos ver que todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo, pertenecen a una familia: la familia de Dios, son descendientes de Dios. Algunas veces hay personas que dicen: “A mí me gustaría ser un descendiente de un rey y una reina de un país de estos que tienen reyes en la actualidad,” pero no se preocupen, todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo, son hijos e hijas de Dios y Él es el Rey de los Cielos y de la Tierra, somos hijos del Rey eterno Creador de los Cielos y de la Tierra.

La Iglesia del Señor Jesucristo es un Templo espiritual compuesto por todos los creyentes en Cristo. Ya encontramos que las siete etapas o edades de la Iglesia han estado transcurriendo en estos dos mil años que han pasado, y ya hemos entrado a un nuevo milenio, al milenio postrero o Día Postrero delante de Dios, “porque un día delante de Dios es como mil años, y mil años como un día,” dice Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8, y el Salmo 90, verso 4.

Ese es el Día Postrero delante de Dios, y los días postreros, pues son los milenios quinto, sexto y séptimo. Y ahora, todavía hay lugar en la Casa de Dios. ¿En qué parte de la Casa de Dios? En el Atrio ya entraron de edad en edad, ahora el lugar que hay en la Casa de Dios disponible para entrar  es el Lugar Santísimo de ese Templo espiritual que corresponde a la Edad de la Piedra Angular, y corresponde al Oeste.

¿Para qué parte estaba el Lugar Santísimo en el templo que construyó el rey Salomón? Para el Oeste, por lo tanto, si estaba el Lugar Santísimo para el *Oeste allá en el templo, pues en el Templo espiritual de Cristo tiene que estar también para el *Oeste, y ahí está la bendición para los latinoamericanos y caribeños.

Y ahora, es en esa parte donde Cristo habla en Apocalipsis... ya les leí que Él dice: “Yo estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi Voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él y el conmigo.” Ahora vean esta otra Escritura para que tengamos un cuadro claro de lo que Cristo tiene para los creyentes en Él, capítulo 2, verso 17 del Apocalipsis, dice:

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe.”

Y ahora, aquí nos dice: “Al que venciere, daré a comer del maná escondido.” Dónde en el templo que construyó Salomón y en el tabernáculo que había construido el profeta Moisés, ¿dónde estaba el maná escondido? Estaba en el arca del Pacto en una vasija de oro que fue colocada allá por Aarón y Moisés, y el arca del Pacto ¿dónde estaba? En el Lugar Santísimo, ahí lo tienen, el maná allá estaba en el Lugar Santísimo escondido, y solamente el sumo sacerdote cuando entraba lo podía ver. También Moisés cuando estaba vivo y entraba, lo podía ver, pero nadie más.

Y ahora, Él promete darle a comer del maná escondido a los creyentes en Cristo del Día Postrero que estarán escuchando la Voz del Espíritu Santo, dice:

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias.”

Tiene que escuchar lo que el Espíritu dice, y ahora, para el Día Postrero habrá personas que estarán escuchando la Voz de Cristo por medio del Espíritu Santo, dándonos Su Palabra, Su mensaje final: el Evangelio del Reino, juntamente con el Evangelio de la Gracia, lo cual es la Lluvia Tardía, el Evangelio del Reino, y la Lluvia Temprana el Evangelio de la Gracia.

La Lluvia Temprana gira alrededor de la primera Venida de Cristo, el Evangelio de Cristo, revelando el misterio de la primera Venida de Cristo; y el Evangelio del Reino gira alrededor de la segunda Venida de Cristo para revelar la segunda Venida de Cristo en el Día Postrero, en el séptimo milenio de Adán hacia acá, en la etapa del Lugar Santísimo que es la etapa de la Edad de la Piedra Angular y corresponde al Oeste.

Y como ya la séptima edad de la Iglesia gentil se cumplió en Norteamérica y corresponde al séptimo milenio, ahora para el Lugar Santísimo ser construido, pasa el Espíritu Santo a la parte de la América Latina y ahí está construyendo el Lugar Santísimo de ese Templo espiritual, y de ahí se extiende, pues a otras naciones también. Tan sencillo como eso.

Esas personas que estarán en esa etapa de la edad de oro, la Edad de la Piedra Angular, estarán viviendo un tiempo como los que vivieron en el día de Noé, como los que vivieron en el día de Lot y como los que vivieron también en el día de Jesús. Es un tiempo paralelo.

Estarán viviendo en ese ciclo que está representado en la semana número setenta, para la Iglesia, pues en términos espirituales, y luego cuando Dios se torne al pueblo hebreo y los hebreos lo vean, y reciban la Palabra, el Evangelio del Reino ya comenzará de nuevo la semana número setenta y habrá tres años y medio que corresponden también a la gran tribulación, pero que la Iglesia Novia del Señor Jesucristo estará en el Cielo, en la casa del Padre celestial en la Cena de las Bodas del Cordero. ¿Ven?

Los tres años y medio de la semana número setenta los pasaremos ¿dónde? En el Cielo en la casa del Padre celestial, disfrutando de esa gran fiesta llamada la Cena de las Bodas del Cordero, de la cual dice la Escritura, Apocalipsis, capítulo 19, versos 9 al 10, que son bienaventurados los que son convidados, invitados, llamados a la Cena de las Bodas del Cordero, los que son invitados y aceptan esa invitación.

La invitación viene por medio de la predicación del Evangelio de Cristo, y luego cuando la persona recibe a Cristo, aceptó la invitación a la Cena de las Bodas del Cordero. Y ahora, se ha estado llenando la Casa de Dios, la parte del Lugar Santo ya se llenó en las siete edades, y si quedan algunos pertenecientes a esa edad, pues que Dios los bendiga grandemente, y si hay más, pues les ayudaremos a que entren a esa edad, y los que les corresponde la Edad de la Piedra Angular, la edad de oro, la edad del Lugar Santísimo, pues les ayudaremos también, pues dice que los... vamos a ver cómo fue que dijo aquí, en el capítulo 14 de San Lucas, que fue el cual leímos al principio, verso 22 en adelante dijo:

“Y dijo el siervo (o sea, el Espíritu Santo): Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar.

Dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar.”

Es una entrada un poquito forzada, pues hay muchas dificultades en el mundo, y con tantas cosas que el mundo tiene, para que entren al Reino de Dios, hay que trabajar, y entonces hay que llevar a cabo labores en donde se cumpla esta Palabra.

Por lo tanto, la casa se completará, se acabará de llenar la parte del Lugar Santísimo en este tiempo final, y cuando haya entrado hasta el último escogido al Cuerpo Místico de Cristo, a la Edad de la Piedra Angular, entonces Cristo habrá terminado Su Obra de Intercesión en el Cielo, habrá limpiado con Su Sangre preciosa hasta el último que tiene su nombre escrito en el Cielo, habrá hecho intercesión por él, porque Él está como Sumo Sacerdote, o sea, como Abogado en el Cielo haciendo intercesión con Su propia Sangre por todos aquellos que lo reciben como único y suficiente Salvador.

Y por consiguiente Él no puede salir del Trono de Intercesión, del Trono del Padre hasta que haya hecho intercesión hasta por el último escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero que formaría parte de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Pero cuando haya entrado hasta el último, entonces Él saldrá como salió el sumo sacerdote el día diez del mes séptimo de cada año en medio del pueblo hebreo en el día de la expiación; cuando Él terminaba sus labores y salía, ya quedaba hecha la reconciliación por todos los hebreos que se habían arrepentido y habían pedido perdón a Dios y quedaban reconciliados todos ellos.

Y el que no había hecho así, pedir perdón a Dios para que Dios lo perdonara y ser reconciliado con Dios para vivir un año más, el que no lo hubiera hecho así, entonces moriría conforme a la Palabra de Dios, perdía el derecho a vivir un año más.

Y ahora, el día de la expiación se hace una realidad en Cristo y Su Sacrificio en la Cruz del Calvario para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga Vida eterna, para que todo aquel que en Él cree sea limpiado de todo pecado con la Sangre de Cristo y sea reconciliado con Dios para vivir no un año más, vivir eternamente en el Reino de Dios. Tan sencillo como eso.

Por lo tanto, todos los que han de vivir eternamente como parte del Cuerpo Místico de Cristo, miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo, son las personas que habrán escuchado la predicación del Evangelio de Cristo y lo habrán recibido como único y suficiente Salvador, habrán sido bautizados en agua en Su Nombre y Cristo los habrá bautizado con Espíritu Santo y Fuego y habrá producido el nuevo nacimiento en esas personas.

Recuerden que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios,” dijo Cristo a Nicodemo en el capítulo 3, verso 1 al 6 de San Juan. Nacer del Agua es nacer de la predicación del Evangelio de Cristo, o sea, nacer del Evangelio de Cristo, y nacer del Espíritu es nacer del Espíritu Santo, recibir el Espíritu Santo, ser bautizado con el Espíritu Santo. Por lo tanto, se requiere nacer del Agua y del Espíritu para entrar al Reino de Dios y formar parte de los miembros de la familia de Dios, de la Casa de Dios.

Todavía hay lugar en la Casa de Dios para usted que todavía no ha recibido a Cristo como único y suficiente Salvador. Los que han recibido a Cristo como Salvador, pueden decir: “Aún, todavía hay lugar en la casa de Dios, y ya yo entré en la casa de Dios,” por lo tanto, entró a la casa más importante: la Casa de Dios.

Así como en medio del pueblo hebreo cuando estaban en Egipto y Moisés fue a libertarlos por mano del Ángel del Pacto, en la víspera de la pascua, Dios le dijo para la víspera de la pascua que sacrificara un Cordero de un año, el cual tenían que tener por unos cuatro días, y luego sacrificarlo y colocar la Sangre en el dintel y los postes de las puertas de sus hogares para la preservación de la vida de los primogénitos que estaban allí.

Y ahora los primogénitos escritos en el Cielo, son los que recibirían a Cristo como único y suficiente Salvador, y entrarían y estarían ¿dónde? En la Casa de Dios, en donde estaría la Sangre del Cordero pascual, de Jesucristo, y estaría en la puerta, y Cristo es la puerta; la Sangre del Cordero pascual está en la Puerta, está en Cristo, y el que entra por esa puerta, por Cristo, entra a la casa de Dios y es salvo. Él mismo dijo: “Yo soy la puerta, el que por mí entrare, será salvo (San Juan, capítulo 10, verso 9).

Así que vean, ustedes, se entra a la Casa de Dios para estar ahí seguros, para estar con Vida eterna y para ser parte del grupo del Día Postrero para lo cual el Espíritu Santo, el siervo diría a Dios el Padre: “Se ha hecho como dijiste, o sea, se ha hecho en las diferentes edades de la Iglesia como se tenía que hacer y por consiguiente se ha llenado la Casa de Dios, esa parte, pero todavía hay lugar.

Esa es la parte del Lugar Santísimo en el Templo espiritual de Cristo, la parte de la Edad de la Piedra Angular que nos corresponde ¿a quiénes? A nosotros, porque no podemos ser colocados en otra edad pasada, es en tiempo presente, y no hay otro lugar, sino la Edad de la Piedra Angular, la edad de la adopción, la edad donde van a ser adoptados todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo, y la adopción será la adopción del cuerpo, la transformación del cuerpo para tener cuerpos inmortales, glorificados, eternos, como el cuerpo glorificado del Señor Jesucristo.

Es la única etapa de la Iglesia, la única edad que tiene la promesa de transformación para un grupo grande perteneciente a esa edad, si alguno se ha ido antes, pues no hay problema, regresará para estar de nuevo con nosotros; pero es la única edad que tiene promesa de que no todos van a dormir, sino que habrá la resurrección de los muertos en Cristo y luego a transformación de los que estamos vivos.

Para lo cual habrá una Gran Voz de Trompeta sonando, dice: “A la final trompeta, porque será tocada la trompeta y los muertos en Cristo resucitarán incorruptibles, en cuerpos inmortales, y nosotros los que vivimos seremos transformados,” porque “es menester que esto corruptible sea vestido de incorrupción y esto mortal sea vestido (¿de qué?) de inmortalidad, y entonces se cumplirá la Palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.” (Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58).

Así que esas son promesas para los miembros de la Casa de Dios, que es la Iglesia del Señor Jesucristo en donde han estado siendo colocados todos aquellos que tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero que serían los que escucharían la Voz de Cristo, la predicación del Evangelio de Cristo y nacería la fe de Cristo en su alma, creerían en Cristo y darían testimonio público de su fe en Cristo recibiéndolo como único y suficiente Salvador.

Esa experiencia la he pasado yo, ¿y quién más? Cada uno de ustedes. Y ahora nos encontramos ¿dónde? Dentro de la Casa de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo, el Cuerpo Místico de Cristo.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, recuerde, todavía hay lugar en la Casa de Dios para usted, por lo cual puede dar testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como único y suficiente Salvador, pues ya al escuchar la predicación del Evangelio de Cristo nació la fe de Cristo en vuestra alma, cree en Cristo y ahora puede dar testimonio público de su fe en Cristo de su fe en Cristo recibiéndole como su único y suficiente Salvador para que Cristo le reciba ¿dónde? En Su casa, para lo cual puede pasar acá al frente y estaremos orando por usted.

Los que están en otras naciones pueden también venir a los Pies de Cristo los que todavía no lo han hecho, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo, y los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo. Recuerden que Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los Cielos.

Dios tiene mucho pueblo en Argentina y en toda la América Latina, y los está llamando y en muchas otras naciones también. Lo más importante para el ser humano es la vida, y si esta vida terrenal que es temporera, es tan importante, cuánto más la Vida eterna para nosotros.

¿Cómo podemos obtener la Vida eterna? ¿Cómo obtuvimos esta vida terrenal? Pues naciendo, y Cristo dijo a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios,” así como para ver este reino terrenal en el cual vivimos, tuvimos que nacer, fuimos engendrados y nacimos en esta Tierra.

Y ahora, para ver el Reino de Dios hay que nacer de nuevo, nacer en el Reino de Dios por medio de escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, recibirlo como Salvador, ser bautizado en agua en Su Nombre y Él bautizarnos con Espíritu Santo y Fuego y producir en nosotros el nuevo nacimiento y así entramos al Reino de Dios, nacemos en el Reino de Dios.

Recuerden que el nacimiento en el Reino de Dios no es físico, es espiritual, y el nuevo nacimiento no es terrenal, es celestial. Es muy importante saber que hay oportunidad, hay lugar aún en el Reino de Dios, en la Casa de Dios para entrar y obtener la Vida eterna, pues todos queremos vivir eternamente.

Recuerden las palabras de San Juan, capítulo 3, verso 16 en adelante, que dicen:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Es Vida eterna lo que obtienen los que creen en Cristo y lo reciben como único y suficiente Salvador, es la única forma en que usted puede obtener la Vida eterna, solamente hay un Salvador y Su Nombre es Señor Jesucristo, la exclusividad de la Vida eterna la tiene Jesucristo, por eso Él dice: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo las conozco y yo les doy Vida eterna.”

¿Qué otra persona puede decir que nos da Vida eterna? No lo hay, solamente hay uno, y Su Nombre es Señor Jesucristo, por eso es que todos necesitamos a Cristo, todos necesitamos recibirlo como nuestro único y suficiente Salvador porque todos queremos vivir eternamente.

Mientras estamos en esta Tierra es que tenemos la oportunidad de obtener la Vida eterna, a través de Cristo nuestro Salvador. En la vida tenemos que hacer muchas decisiones, pero ninguna de ellas nos coloca en la Vida eterna, excepto una, y es recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, y algunas personas dejan esa decisión para lo último, y algunos terminan su vida en la Tierra y no hicieron esa decisión y perdieron la oportunidad de obtener la Vida eterna. Después que la persona termina sus días en la Tierra, ya no puede decir: “Ahora quiero recibir a Cristo como Salvador,” tiene que ser mientras vive en este planeta Tierra. Dice Cristo:

“El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. En las demás naciones también pueden estar puestos en pie para la oración en favor de todos los que han recibido a Cristo como único y suficiente Salvador.

Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo y nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos, repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador, te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre.

Señor, te ruego me salves, reconozco Tu Sacrificio Expiatorio en la Cruz del Calvario y lo he aceptado, te he aceptado a Ti como mi único y suficiente Salvador; Señor sálvame, se haga una realidad en mí Tu Salvación. Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en Su Nombre, en el Nombre del Señor Jesucristo lo más pronto posible, porque Él dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo.’ ¿Cuándo me pueden bautizar?” es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón.

Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua es tipológico. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo. Y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado. Y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida, a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Por eso el bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo es a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo, y por eso nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección en el bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Por lo tanto, pueden identificarse con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección en estos momentos, siendo bautizados en agua en el Nombre del Señor.

El mismo Señor Jesucristo cuando Juan predicaba y bautizaba allá en Judea, allá en el Jordán, Jesucristo fue, entró al Jordán donde Juan estaba bautizando para que Juan lo bautizara, y cuando Juan lo ve... recuerden que eran primos, María y Elisabet la madre de Juan el Bautista eran parientas.

Y ahora, Juan cuando lo ve, le dice a Jesús: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, y Tú vienes a mí para que yo te bautice,” y Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces lo bautizó.

Y si a Jesucristo para cumplir toda justicia le convenía ser bautizado por Juan el Bautista, cuánto más a nosotros nos conviene ser bautizados; es un mandamiento del Señor Jesucristo el bautismo en agua, y es tipológico el bautismo en agua.

Con este conocimiento ya que han obtenido, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Jesucristo nuestro Salvador.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, en las demás naciones también pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes también el nuevo nacimiento, y por consiguiente nos continuaremos viendo por toda la eternidad.

Dejo al ministro correspondiente en cada nación y también al ministro correspondiente aquí, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor, el reverendo Julio Alejandro Pérez con ustedes, y en cada nación al ministro correspondiente.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“Y AÚN HAY LUGAR.”

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